EXPEDICIÓN GEODÉSICA PARA LA MEDICIÓN DE LA TIERRA

Antonio de Ulloa y Jorge Juan quedarán siempre unidos a la Historia de la Geodesia gracias a la labor fundamental que realizaron en la expedición franco-española para la medición de la Tierra. Ambos marinos españoles calcularon el arco meridiano en Ecuador, que resultaría determinante para hallar la forma exacta de la Tierra.



ANTONIO DE ULLOA
JORGE JUAN



Durante el periodo de la Ilustración francesa, la Real Academia de Ciencias de París tenía la intención de concluir una controversia existente entre los astrónomos sobre si la Tierra estaba achatada por los polos o por el ecuador, con la consiguiente aportación que este hallazgo reportaría a la navegación, la cartografía y otras disciplinas. Ya habían surgido Newton y Huygens, entre otros, cuyos análisis matemáticos no podían validar casos reales de navegación, y contradecían las idealizaciones de Cassini y Descartes.

En 1733 la Academia parisina decidió organizar una expedición científica a Laponia, en el norte de Finlandia con el objetivo de medir un grado de meridiano terrestre bajo el círculo polar, y al mismo tiempo enviar otra expedición al virreinato del Perú, en las cercanías del ecuador para medir otro grado del meridiano en la línea ecuatorial de América del sur, lo cual se hizo en la capital Quito, territorio bajo dominio español. Fue la internacional Misión Geodésica para la medición de la Tierra, de cuyos datos permitieron comprobar de una vez la medida y forma reales del mundo.

El rey de España, Felipe V, primo del francés Luis XV, autorizó la realización de esta segunda expedición al virreinato, al fin de cuentas el primero de los Borbones españoles estaba familiarmente unido a los monarcas franceses. Pero a cambio exigió la participación de dos excelentes almirantes científicos españoles al grupo expedicionario. El secretario de Marina e Indias, José Patiño, comisionó a dos excelentes marinos ilustrados del momento en calidad de matemáticos y astrónomos: el alicantino Jorge Juan y Santacilia y el sevillano Antonio Ulloa; marinos ilustrados de altos conocimientos científicos. Entre los ilustrados franceses se encontraban el geógrafo Charles Marie de La Condamine, el astrónomo Louis Godin y el matemático Jusieu, dirigidos por Pierre Bouguer.

Se eligió la ciudad de Quito porque era preciso un punto por el que pasase la línea ecuatorial y que, a la vez, fuera un lugar seguro y habitado.


FIGURA APROXIMADA SOBRE AL FORMA DE LA TIERRA


Por entonces tenían Juan y Ulloa 21 y 19 años respectivamente y eran unos desconocidos guardiamarinas que habían demostrado una gran valía personal y profesional, que terminarían por consolidarse como dos de las figuras más sobresalientes de la Ilustración científica española. Jorge Juan ingresó en la Escuela Naval Militar de San Fernando en 1720 y participó en la expedición contra Orán y en la campaña de Nápoles, mientras que Antonio Ulloa con una gran experiencia y tradición familiar en la marinería ingresó en la Real Academia de Guardamarinas de la marina española en 1733.
 
Ambos, recién ascendidos al grado de tenientes de navío, partieron de Cádiz en mayo de 1735 a bordo de las fragatas Conquistador e Incendio con unas instrucciones y órdenes muy concretas que hoy se podrán considerar como labores de espionaje industrial y científico.

Una vez reunidos con los académicos franceses en Cartagena de Indias, se dirigieron a Quito. Allí establecieron en Guayaquil la línea base para efectuar algunas observaciones y aplicaciones botánicas de la zona y, por supuesto, triangulaciones geodésicas. El proceso de medición triangular no fue sencillo ya que era necesario tomar datos en puntos muy concretos del terreno ecuatoriano en condiciones climatológicas y físicas extremas como ciénagas, terrenos escarpados y cumbres de gran altitud como el Pichancha, el Corazón o el Sinasaguan. Las tareas de medición, que se prolongaron desde 1736 hasta 1744, se vieron obstaculizadas por las continuas disputas surgidas entre los académicos franceses, y también por los recelos que su trabajo despertaba entre la población indígena y la animadversión de las desconfiadas autoridades locales. Las continuas discusiones entre La Condomine, Godin y Bouguer consiguieron que separasen sus estudios en tres grupos independientes para cubrir diferentes áreas de trabajo.

De todas formas, cuatro años más tarde, en 1740, Juan y Ulloa hubieron de interrumpir sus observaciones para atender las llamadas del virrey, el marqués de Villagarcía, que en calidad de marinos les encargó la organización de la defensa de las costas y plazas del Pacífico sur americano, principalmente de Guayaquil y de El Callao, ante los ataques del comodoro inglés George Anson, quien, tras doblar el cabo de Hornos, había saqueado el puerto de Paita.

 
GRABADO SOBRE MEDICION


Ese mismo año Ulloa se reunió en Quito con integrantes de la expedición francesa y juntos participaron en la observación de un cometa. Junto con Bouguer, Ulloa realizó la descripción de un arco iris originado por la niebla.

Ambos marinos patrullaron las costas de Chile y las islas del archipiélago Juan Fernández, circunstancia que aprovecharon, al igual que desde su salida de Cádiz, para anotar rumbos, derroteros, corrientes y vientos, realizar observaciones astronómicas, barométricas, de latitud y del péndulo, así como para levantar planos de las costas, bahías y ciudades por las que pasaban. El resultado final fue impresionante, superó cualquier expectativa, incluso el de los franceses.

Tomando muestras minerales traídas En el Chocó (Colombia), en 1735 Antonio Ulloa descubre la existencia del elemento químico Platina, debido a su parecido con la Plata y que con el tiempo ha sido llamado PlatinoFue el primero en realizar un riguroso análisis y descripción del elemento de número atómico 78. Fue un hallazgo científico singular.

Durante aquel tiempo fue un metal considerado como basura, en la industria de la extracción del oro era considerado como un metal sin valor durante el proceso de beneficio, incluso los incas ya habían utilizado este metal para fabricar adornos. Pero desde las investigaciones de Ulloa empezó a tomarse como un valioso metal, en la actualidad sirve como material de fabricación para circuitos electrónicos, como catalizador en vehículos junto con elementos de su misma familia como el paladio y el rodio, e incluso para la industria química y joyería. 

Es destacable el gesto que las autoridades españolas hicieron con respecto a este metal, ya que en lugar de crear un monopolio o una industria exclusiva, repartieron muestras del mismo a toda academia científica que solicitase su conocimiento y experimentación. Fue un paso más para el objetivo de fundir y malear el metal de forma más cómoda y útil.

Concluidas todas sus comisiones, los dos españoles embarcaron por separado en dos barcos franceses desde el puerto de El Callao, doblando del cabo Hornos hasta llegar a Santo Domingo. Desde allí regresaron a Europa, pero con desigual final. Mientras que el navío Lis en el que viajaba Jorge Juan llegó a Brest sin incidencias, el navío Nuestra señora de la Deliberanza de Ulloa fue detenido y enviado a Gran Bretaña.

Este permaneció durante un tiempo en Londres, ciudad en la que se integró como miembro de la Royal Society desde 1746. Gozaba de gran reputación dentro de los círculos ilustrados de Europa, y aunque siguió prisionero, se le otorgó algunos privilegios por ser una autoridad científica. Conoció a Martin Folkes, presidente de la Real Sociedad de Londres, quien permitió la devolución de los papeles donde Ulloa escribió el resultado de sus investigaciones. Aquella valiosísima información completaría más tarde, junto a la aportada por Jorge Juan, la Relación histórica del viaje a la América meridional. Y tras ser liberado, regresó a España.

En cambio, Jorge Juan trabajó diecinueve años en América estudiando la organización de aquellos territorios por encargo de la corona.


DIFERENCIAS ENTRE ALTURAS Y LATITUDES

INSTRUMENTAL UTILIZADO EN LAS MEDICIONES


En 1748, una vez ya ambos marinos en la península, el marqués de la Ensenada reconoció la importancia de las investigaciones que habían efectuado y son ascendidos a capitán de navío. Adelantándose a los científicos franceses, publicaron conjuntamente la Relación histórica del viaje a la América Meridional, una obra de cuatro tomos redactada por Ulloa sobre historia, política, geografía, etnografía y otras cuestiones del virreinato; y las Observaciones Astronómicas y Phisicas hechas en los Reinos del Perú, redactada por Jorge Juan, donde exponían los resultados científicos de la medición. Estas conclusiones fueron vitales para el posterior desarrollo de la navegación, la cartografía y para, siglos más tarde, la rotación de los satélites artificiales alrededor de la Tierra.

Sus conclusiones, puestas en relación con las obtenidas por la expedición francesa enviada a Laponia, confirmaban que, efectivamente, la Tierra no es una esfera perfecta, sino un geoide que está achatado por los polos y con ciertas irregularidades, tal y como preconizaba el científico británico Isaac Newton. Y se consiguió el grado de achatamiento de la Tierra.

Cuando regresó Ulloa de Londres acababa de morir Felipe V, reinaba entonces Fernando VI siendo ministro el marqués de la Ensenada. Fue este quien le encargó la tarea de viajar por Europa para conseguir información de carácter científico con total discreción, recorriendo Francia, Suiza, Flandes, Holanda, Alemania, los países bálticos y Rusia.

Conscientes de que la armada española comenzaba a estar anticuada, ese mismo año de 1748, Jorge Juan fue enviado a Londres también en misión de espionaje industrial para conocer las nuevas técnicas navales inglesas. Tras una arriesgada estancia de dieciocho meses, logró traer a España a decenas de técnicos en construcción naval, libros e instrumental científico, planos, y fórmulas secretas para la mejora de la industria patria, información sobre el funcionamiento de las máquinas de vapor, la organización de los arsenales ingleses y los progresos experimentados en el diseño y construcción de barcos.

Puesto por el ministro Ensenada al frente de los planes de modernización naval en España, Jorge Juan dirigió y supervisó las obras de construcción y reforma de los arsenales y astilleros de Cádiz, Ferrol y Cartagena, donde construyó los dos primeros diques de carenar en seco del Mediterráneo, y elaboró el Nuevo método de construcción naval, un sistema propio de arquitectura de buques en el que aplicó sus conocimientos de mercancía, hidráulica y cálculo diferencial e integral. Su actividad tuvo tan buenos resultados que pocos años después los ingleses devolvieron la visita para estudiar el modo por el cual Jorge Juan había revolucionado la construcción naval en España. En la ciudad murciana de Cartagena fundó el Colegio de Guardamarinas, sito en la Muralla del Mar, actual edificio de los Servicios Generales de la Armada Española.

En el año 1751 Jorge Juan fue nombrado capitán de la Compañía de Guardiamarinas de Cádiz y director de su Academia, en 1760 fue nombrado jefe de escuadra de la Armada Real, y a partir del 1770, dirigió el Real Seminario de Nobles de Madrid. Juan modernizó los planes de estudios de ambas instituciones e implantó las enseñanzas más avanzadas de la época. Su afán por lograr el desarrollo de la ciencia en España le llevó, en 1753, a fundar el Real Observatorio Astronómico de Cádiz y, en 1755, la Asamblea Amistosa Literaria, considerada como la primera academia científica española.

Mientras tanto, Antonio Ulloa estuvo realizando una misión por el continente americano en calidad de científico e informarse de los avances científicos que se iban produciendo. En 1758 fue nombrado gobernador de Huancavelica, en Perú, y superintendente de las importantes minas de mercurio de la región, tratando de recuperar la productividad de la mina. Sus planes sobre la reestructuración de las explotaciones no fueron puestas en práctica ante las acusaciones que el gremio de mineros denunció sobre un falso abuso de poder; sus innovadoras reformas nunca fueron comprendidas por los funcionarios virreinales.

Fue relevado de su cargo a finales de 1764 y se estableció en La Habana a la espera de un nuevo destino. Ulloa aprovechó su estancia en la isla de Cuba para elaborar un informe sobre el funcionamiento de las comunicaciones postales entre España y el Perú a raíz de la creación de la empresa estatal de los Correos Marítimos. En su Modo de facilitar los Correos de España con el Reino del Perú, escrito en 1765, no sólo ponía de manifiesto la inviabilidad de la ruta existente, también ofrecía una posible alternativa al respecto. Por aquel entonces, la correspondencia para América se enviaba desde La Coruña a La Habana, para su posterior reparto por todo el continente. Este trabajo nos describe a la perfección las dificultades por las que atravesaba la distribución del correo por la América meridional, problemas que se solventaron cuando en 1767 una nueva línea postal quedase inaugurada entre La Coruña y Buenos Aires.

Tras la Guerra de los Siete Años, y Por el Tratado de Fontainebleau de 1762, Francia cedía a España el territorio del actual estado de Luisiana como compensación a las pérdidas sufridas por sus compromisos en el Pacto de Familia en la lucha contra Inglaterra. El cargo de gobernador fue encomendado a Ulloa en 1765, tomando posesión en 1766. Allí, de igual manera que en Perú, encontró una seria oposición por los colonos franceses que no aceptaron el dominio español y mucho menos la restricción del comercio a seis puertos peninsulares. Durante su mandato prohibió el comercio y la entrega de armas a los indios, pero no tuvo éxito en su reclamación de ayuda económica a la metrópoli.

Al año siguiente, lo fue de la Florida occidental, y más tarde ocupó el cargo de almirante general de la flota de Nueva España, participando en la organización de la flota del virreinato de la Nueva España y la creación de un astillero en Veracruz. Estuvo al mando de la última gran flota de Cádiz al nuevo continente.

Por ese tiempo, en 1767, Jorge Juan fue nombrado embajador plenipotenciario del rey Carlos III ante la corte de Marruecos, viajó hasta Marrakech, donde, tras seis meses de negociaciones, firmó con el sultán un ventajoso tratado de paz y comercio que rigió durante muchos años las relaciones entre ambas naciones.



OBSERVACIONES ASTRONOMICAS Y FISICAS
 
COMPENDIO DE NAVEGACION


Escribió obras de gran interés en materias como la matemática, la navegación y la construcción naval, tales como el Compendio de Navegación para el uso de los Caballeros Guardias Marinas en 1757, el Examen Marítimo teórico-práctico en 1771, que está considerado como su obra cumbre, la ya citada obra Observaciones Astronómicas y Físicas, publicada en 1748 y reeditada en 1773, y el Estado de la astronomía en Europa en 1774.

Fue nombrado Caballero de la Orden de Malta y comendador de Aliga, fue consiliario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la Academia de Agricultura del reino de Galicia y de la Junta de Comercio y Moneda, así como miembro de la Academia de Ciencias de París, de la Royal Society de Londres, y de la Real Academia de Ciencias de Berlín, muestra todo ellos de la consideración y respeto internacionales logrados por el científico y explorador alicantino. No es de extrañar que ante tan magna trayectoria en Europa fuera conocido como “el sabio español”. Su imagen ha sido representada en el reverso de los antiguos billetes de 10.000 pesetas.

En 1768 Ulloa emprendió el regreso a España. Durante la travesía, observó, estudió y definió por primera vez un eclipse total de sol en alta mar.

A partir de entonces, desarrolló acciones militares en las que no destacó precisamente. Participó en el Gran Sitio a Gibraltar de 1779 y de 1780, siendo comandante de la flota de Azores. Fracasó en la misión que le fue encomendada como comandante de la flota de las Azores que partió desde Cuba para la recuperación de Florida. Y es que, a pesar de ser miembro de alto grado en la Armada, su vocación fue la de la ciencia y su pasión se centró en la Ilustración reformista, realizando actividades de asesoramiento científico.

Fue el fundador del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid, actual Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Observatorio Astronómico de Cádiz y el primer laboratorio de metalurgia del país, así como miembro de la Real Academia sueca, la Academia de Berlín y correspondiente de la Real Academia de Ciencias de París. Fue también comendador de Ocaña en la Orden de Santiago.


BILLETE CONMEMORATIVO A JORGE JUAN

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