REYES CATÓLICOS, PRECURSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS


Los Reyes Católicos fueron precursores en el establecimiento de los Derechos Humanos, a diferencia de otros imperios de la época moderna como el portugués o otomano, o más tarde el inglés, el holandés o el francés, donde existió el esclavismo o la aniquilación sistemática de indígenas.

El sistema de población que Isabel y Fernando proyectaron en el Nuevo Mundo estuvo basado en el tradicional sistema de repoblación de la Reconquista, que se materializó en el régimen de encomiendas, con trabajadores nativos libres de servidumbre que percibían un salario justo por el trabajo desempeñado en las mismas.

Tanto la Monarquía hispánica como la Iglesia católica hicieron grandes esfuerzos para proteger a los indios y erradicar los abusos de los colonizadores que se concretaron en la redacción de las Leyes de Burgos de 1513. Un hecho sin precedentes en cualquier Imperio de Occidente hasta aquel momento.

 
REYES CATÓLICOS


La colonización del Nuevo Mundo fue un proceso realmente complicado, no sólo por la exploración de un continente desconocido y por la adaptación física a un medio difícil, sino también por el modelo de colonización que se pretendió establecer y su puesta en práctica.

Durante los primeros dos o tres años del descubrimiento, los colonizadores sufrieron una extraña mezcla de locura del oro y fiebre tropical que produjo latrocinios, asesinatos, abusos de nativos y hasta muertes masivas de colonos por enfermedad. El origen del desastroso sistema que Colón estableció fue consecuencia de la falta de previsión ante un  descubrimiento inesperado. Además, Colón hizo todo lo posible para que en la Corte no supieran que había comenzado un incipiente tráfico de indígenas.

Los Reyes Católicos pusieron todo su empeño en controlar las nuevas tierras y en el segundo viaje de Colón enviaron a dos hombres de su confianza, dos catalanes: Pere Margarit, un prestigioso militar caballero de Santiago, que se encargó del dominio político y militar de la zona; y fray Bernardino Boil, un benedictino que se convirtió en el primer vicario apostólico. Ambos informaron a la Corte del inadecuado sistema de dominio y control que Colón y sus parientes habían establecido allí. Años más tarde otros enviados volvieron con las mismas denuncias.

Durante los primeros años el marino genovés desarrolló en la isla La Española el mismo sistema que los portugueses estaban efectuando en África y que, además, coincidía con el modelo de explotación mercantilista al estilo italiano: factorías comerciales, colonización en régimen asalariado donde el trabajador no pueda establecerse con sus familias y poseyera tierras propias, derechos económicos compartidos exclusivamente por el descubridor y la Corona, esclavización y venta de la población nativa, etc. 

Ese modelo de colonización fue rechazado sin contemplaciones por Isabel I, porque era contrario a su proyecto de evangelización de las nuevas tierras. Desde los primeros momentos del descubrimiento, esta reina de Castilla dictó leyes tanto a favor de la protección real de sus nuevos súbditos americanos, como también en la regulación de la posible ambición que pudiese tentar a los conquistadores.

 

DESEMBARCO DE COLÓN, POR TEÓFILO DE LA PUEBLA 


En el año 1500, Isabel dictó un decreto por el que se prohibía la esclavitud de los pobladores del territorio americano, de hecho, dictaminó que aquellas gentes eran hombres libres tal como los habitantes de Castilla. Sus disposiciones suponían una auténtica revolución en cuanto a Derechos humanos para la mentalidad occidental de la época. Estas leyes quedaban aún englobadas en el Derecho medieval, ya que estaban dictados por la libre disposición de un monarca que obra con una legitimidad emanada de una bula papal, pero suponían el inicio de las Leyes de Indias.

En aquellos tiempos el comercio con personas era una práctica muy extendida y el proceder de la reina fue realmente atípico para su época, por lo tanto, son muchos quienes afirmaron que Isabel I fue una precursora de los Derechos de la Humanidad. Tales actos, tan fuera de lo común en su época, fueron uno de los tantos fundamentos que se presentaron ante la Santa Sede para canonizar a la reina. Pero el proceso quedó inconcluso debido a la presión que un cardenal alemán ejerció para evitarlo.

ENCOMIENDA AMERICANA


El modelo de dominio y población que los Reyes Católicos proyectaron estaba basado en el tradicional sistema de repoblación y colonización efectuado durante la Reconquista en las tierras arrebatadas al moro, es decir, en la figura del campesino libre cristiano, también del campesino soldado, que llegaba a unas tierras ganadas al islam, las ocupaba con su familia, las trabajaba y las defendía como propietario de ellas frente a posibles ataques sarracenos. Esta era una forma de iniciativa privada popular, muy lejos de lo que Colón pretendió.
 
En este sentido establecieron que seguirían siendo propiedad de los indios aquellas tierras que les pertenecían con anterioridad, mientras que el resto de territorios libres pasarían a titularidad de la Corona, para posteriormente ser repartidos entre los colonos.

La Monarquía española implantó en América un nuevo modelo de colonización que ninguna de las potencias de la época estaba aplicando. Consistía en la asignación de un grupo de indígenas a cada colono para su evangelización y explotación económica mediante una remuneración monetaria tasada por el gobernador. Dicho salario entraba en el derecho que pretendía diferenciar la libertad jurídica reconocida al indio encomendado frente a la servidumbre del esclavo.

Este novedoso sistema de encomiendas fue aprobado por Real Provisión de 20 de diciembre de 1503, firmado por la reina Isabel I en Medina del Campo y dirigida al gobernador Nicolás de Ovando. Antes de que la reina firmara este importante documento, pasaron diez años de ensayo y hubo consultas a expertos teólogos, a letrados y a juristas.

Tiene similitudes con el sistema que Roma desplegó en la fase alta del Imperio, pero con la importante excepción de que se prohibió la esclavización de las poblaciones autóctonas, acorde al sentido evangelizador que tuvo la conquista desde el primer momento.

Los Reyes Católicos habían establecido que la condición jurídica de los indios era la de personas libres y no sujetas a servidumbre, tal como los habitantes de Castilla. Esta característica a favor de la dignidad y libertad de las poblaciones indígenas es exclusiva del Imperio español. No se realizó por otra potencia de la época como los Imperios portugués y otomano, como tampoco en la gran era colonial, ni en la América anglosajona, ni en el África bajo dominio europeo.



ISABEL I DE CASTILLA


En un fragmento del Codicilio anexo al Testamento de la reina Isabel I, otorgado en Medina del Campo a 23 de noviembre de 1504, pocos días antes de morir, la reina Católica pidió un buen trato para los indios, vecinos y habitantes de las Indias:

“Cuando nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierra Firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, como así se lo suplicamos al Papa Alejandro VI, de dichosa memoria, que nos lo concedió, nuestra principal intención fue procurar inducir y traer a los pueblos de allá y convertirlos a nuestra fe católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme prelados, y religiosos, y clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios, instruir a los vecinos y moradores de ellas en la fe católica, y enseñarles y adoctrinarles en las buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida, según en las letras de la dicha concesión se contiene, por tanto suplico al rey mi señor, muy afectuosamente, y encargo y mando a la princesa Juana, mi hija, y al príncipe Felipe, su marido, que así lo hagan y cumplan, y que este sea su principal fin, y que en ello pongan mucha diligencia, y que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno ni en su persona ni en sus bienes, sino que manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es mandado”.

La inicial aportación de Isabel I no fue suficiente, la Iglesia católica y las siguientes ordenanzas durante el reinado de Fernando el Católico continuaron la defensa de la dignidad de los hombres y mujeres de aquellas tierras. Entonces, un dominico llamado fray Antonio Montesinos sentó en la conquista de América las bases del respeto y la dignidad del hombre, germinando una corriente de grandes defensores que desembocaría en los actuales Derechos Humanos.


ESTATUA DEDICADA A ANTONIO MONTESINOS EN SANTO DOMINGO

El 21 de diciembre de 1511 en la ciudad de Santo Domingo, capital de las Indias, Montesinos pronunció su discurso denunciando el sistema de encomiendas en el que trabajaban los indígenas de la isla La Española.

El sermón de Montesinos, que alcanzó resonancias universales, tuvo como tema central el cuestionamiento de la licitud del dominio español en las Antillas, así como la censura frente a la explotación a la que los colonizadores (especialmente los encomenderos) sometían a la población nativa.

Planteó tres graves preguntas a los colonos de la isla:

- ¿en qué condiciones podía hacerse la guerra justa contra los indígenas?

- ¿con qué título se ejercía para predicar el cristianismo en América?

- ¿podía emplearse la fuerza contra los indígenas para predicar el cristianismo, o esta predicación debía realizarse solo por medios pacíficos?

Por una parte, atacó con dureza el sistema de encomiendas, al mismo tiempo que denunciaba las injusticias y abusos cometidos contra los indios. Por otra, cuestionaba la legitimidad de los títulos de soberanía de la Corona de Castilla sobre el Nuevo Mundo, que eran el Tratado de Tordesillas y las Bulas Alejandrinas.

En palabras del historiador norteamericano Lewis Hanke, el célebre sermón de Montesinos “fue el hito iniciador de la lucha por la justicia”.


ENCOMIENDA AMERICANA

Montesinos, elegido por su comunidad religiosa para iniciar la protesta, subió al púlpito y abroncó a los líderes de aquella primera posesión española de la siguiente manera:

“Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestable guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas; donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Éstos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¡Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo!”

Este es un resumen del famoso sermón de Montesinos que fue escrito por el fray Bartolomé de las Casas, presente entre los oyentes, y que ningún historiador ha puesto en duda.

El eclesiástico sevillano continuó describiendo el ambiente que se respiraba tras escuchar los asistentes aquella denuncia:
 
“Finalmente de la manera explicó la voz que antes había muy encarecido, que los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más empedernidos y algunos algo compugidos, pero a ninguno, a lo que yo después entendí, convertido”.

 
BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

El sermón y el papel de esos primeros dominicos tuvieron un lugar importante en la historia de los Derechos Humanos. Fueron profetas que encarnaron la figura del buen samaritano, que escucharon el gemido de los indígenas maltratados, y hablaron en nombre de Dios.

Aquellas intenciones de Montesinos y la polémica generada tuvieron su repercusión en la Corte. Por eso, en 1512 el rey Fernando el Católico no dudó en convocar en Burgos una Junta formada por expertos teólogos y juristas, además de consejeros religiosos de los reyes con el objetivo de analizar la situación y pronunciarse sobre tal controversia. A este debate asistieron fray Antonio Montesinos y el franciscano Alonso del Espinar que partieron hacia España en primavera de ese mismo año.

El resultado de aquella Junta fueron las Leyes de Burgos de finales de 1512 y principios de 1513 para que los indios “se les guarden las excepciones y privilegios que se les concedieron”, lo cual es importantísimo, porque significa que los indios son sujetos de derecho. En la elaboración de estas Reales Ordenanzas dadas para el buen regimiento y tratamiento de los indios influyó más el compresivo Alonso del Espinar que el crítico Montesinos.

Asentó jurídicamente los derechos de los reyes a hacer la guerra a los indígenas que se resistieran a la evangelización y encontrar un equilibrio entre el predominio social de los colonizadores españoles y la protección al indígena, que se quería conseguir con la encomienda. En definitiva, mejoraron la situación del indios, pero manteniendo las encomiendas. Fue un triunfo, pero a medias, aunque un gran avance para la época moderna.


CATEDRAL DE BURGOS

Por supuesto que habría abusos y excesos pero, precisamente, pudieron ser denunciados porque existieron unas leyes que protegían a los indios. Las crónicas están plagadas de casos en los que no solo encomenderos, sino también funcionarios reales de alto nivel fueron investigados por la justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos.

De sobra es sabido que habría encomenderos brutales, que habría colonizadores que tras arriesgar su vida y conquistar tierras sufrieron el enorme impacto psicológico que debió de ser la prohibición de la esclavitud en una época donde la misma seguía siendo una institución social vigente. Todas las potencias tenían esclavos: los portugueses, los árabes, los otomanos; pronto los ingleses, los holandeses y los franceses. Precisamente por eso comenzó la importación de esclavos negros, vendidos por los mercaderes árabes y por las tribus africanas.
 

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