ATLAS DE LOS EXPLORADORES ESPAÑOLES


Atlas de los Exploradores Españoles
Sociedad Geográfica Española, Editorial geoPlaneta (2009), 320 páginas



El Atlas de los exploradores españoles es una obra académica y de divulgación sin precedentes que recoge las más importantes aportaciones de los exploradores y viajeros españoles al conocimiento geográfico y científico del mundo.

Se trata de un amplio conjunto de 198 personajes, desde la Antigüedad hasta el siglo XX, que, desde España, descubrieron nuevos territorios, océanos, selvas, cordilleras y desiertos, recorrieron todos los continentes y abrieron nuevas vías de comunicación entre los pueblos. Estas biografías y expediciones están narradas por destacados especialistas, que incluyen más de 140 mapas y 800 ilustraciones.

Este Atlas de los exploradores españoles está editado por geoPlaneta, bajo el patrocinio de Caser Seguros. Pero su promotor es la Sociedad Geográfica Española (SGE), que se propuso como objetivo la recuperación y la difusión de las apasionantes hazañas de los exploradores y viajeros más notables que han contribuido a un mejor conocimiento del mundo.

Pocos países han dado a la historia de la exploración tantos nombres y epopeyas heroicas como España. Desde los peregrinos comerciantes o viajeros de la Antigüedad hasta los exploradores de nuestros días, España ha contribuido con miles de nombres a la historia del descubrimiento geográfico del planeta. Durante varios siglos, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, los españoles fueron los protagonistas de uno de los capítulos más trascendentales de la historia de la humanidad: la ampliación definitiva de sus límites geográficos conocidos y la exploración de todo el planeta. Pese a la dimensión épica de muchos de estos viajeros, que han explorado los cinco continentes, sus nombres no han encontrado la difusión y el público reconocimiento que les corresponde.

Con este atlas, la Sociedad Geográfica Española, geoPlaneta y Caser Seguros propusieron el objetivo de divulgar la historia de la exploración española y las biografías de sus principales protagonistas, ofreciendo una visión caleidoscópica de más de veinticinco siglos de exploración.

Es una obra de consulta, casi a modo de diccionario enciclopédico, pero también tiene una segunda lectura como un apasionante recorrido por los diferentes capítulos de la extraordinaria historia de la exploración y el reconocimiento del mundo. Para ello se ha contado con la colaboración de los mejores especialistas en cada personaje y con el apoyo de las principales instituciones españolas e internacionales dedicadas a la investigación de la historia de las exploraciones.

El volumen incluye casi doscientas biografías con sugerencias bibliográficas e imágenes seleccionadas entre los fondos de los principales museos y archivos de todo el mundo. Cada texto se completa con una excelente cartografía diseñada para este atlas. 

La obra, dividida en 8 capítulos, hace un recorrido por las hazañas de los exploradores al servicio de España desde la antigüedad hasta nuestros días:

Capítulo 1: Finis Terrae. Viajes desde el fin del mundo

Las primeras imágenes de España en el imaginario viajero de Occidente remiten a una percepción vinculada a su situación geográfica en el extremo del Mediterráneo, allí donde el escenario de la civilización se desvanecía, frente al océano Atlántico. Todo aquello que se evocaba en las narraciones y los relatos de griegos, fenicios, cartagineses y romanos reforzaba la concepción de aquella tierra indómita y montañosa como frontera del Orbe. Con el paso del tiempo aconteció la fundación de la próspera Hispania, pero en un principio sólo hubo campamentos volantes de soldados y mercenarios y surgieron asentamientos de veteranos, que fundaron ciudades y pueblos llamados a perdurar. El carácter de frontera no se perdió. Las costas peninsulares sirvieron entonces como base y refugio de quienes avanzaron sobre el océano tenebroso. Tras el comienzo de nuestra era, de aquella Hispania lejana no dejaron de partir viajeros, comerciantes, soldados y curiosos, gentes nacidas para permanecer en movimiento.


CAPÍTULO 1: FINIS TERRAE. VIAJES DESDE EL FIN DEL MUNDO

Capítulo 2: Viajeros de las tres culturas

La historia de España presenta la particularidad de la presencia musulmana, que, al vincularse durante la Edad Media con la de judíos y cristianos, conformó una cultura singular, abierta y fronteriza. La nómina de viajeros y exploradores de la España medieval en su procedencia de las tres culturas exhibe, de acuerdo con este rasgo, una idiosincrasia propia, hispánica, en detrimento del origen común de cada uno de ellos, dictado por la pertenencia y el culto debido a cada una de las tres religiones del libro.


CAPÍTULO 2: VIAJEROS DE LAS TRES CULTURAS

Capítulo 3: La Edad de Oro de los descubrimientos españoles

"¿Dónde está el testamento de Adán?", preguntó enfurecido el rey de Francia Francisco I, cuando sus corsarios capturaron parte de los fabulosos tesoros aztecas, enviados desde México por Hernán Cortés para congraciarse con el recién elegido emperador Carlos V.

Corría el año de 1520. Apenas veintiocho años antes, el genovés Cristóbal Colón había logrado arribar al islote Watling en las Bahamas. El enfado del monarca de los franceses estaba bien fundado, pues entre el viaje del descubrimiento de América, una auténtica jugada contra el destino por parte de los Reyes Católicos que salió bien, y el retorno de Juan Sebastián Elcano de la primera vuelta al mundo en 1522, gracias a las empresas protagonizadas por los navegantes y exploradores españoles, el mundo se hizo uno. El Descubrimiento y sus consecuencias hicieron de Europa una verdadera metrópoli y de América su gran frontera.


CAPÍTULO 3: LA EDAD DE ORO DE LOS DESCUBRIMIENTOS

Capítulo 4: Un tiempo de transición

En el siglo XVII la tendencia al movimiento y la curiosidad no desaparece, sino que se especializa y regionaliza, reflejando la fragmentación del poder político y el colapso de los mecanismos de centralización del poder real. Se trata de un período en que la voluntad recopiladora de los conocimientos geográficos y las exploraciones anteriores y contemporáneas resulta fundamental. También, en estricta correspondencia con una etapa de crisis y reacomodo imperial, aparecen personajes que, como el "falso Inca" Pedro Bohórquez, se atreven a fundar reinos por libre, cruzan la frontera hacia el mundo indígena y retornan con ideas propias y proyectos alucinantes. O como la "Monja Alférez", Catalina de Erauso, verdadera trotamundos que acaba muriendo cerca de Veracruz después de toda clase de pendencias, aventuras y hallazgos.


CAPÍTULO 4: UN TIEMPO DE TRANSICIÓN

Capítulo 5: Los curiosos pertinentes. Viajeros y expedicionarios ilustrados

Durante la Edad de Oro de las expediciones científicas, siglo XIX, la aportación española fue ciertamente deslumbrante. A partir de 1720 se fueron creando una serie de expectativas de cambio político que las favorecieron. Desde entonces, la ilusión de reforma de las estructuras administrativas, económicas y sociales de España y sus territorios ultramarinos tuvo directa correlación con el desarrollo de una determinada política científica, de modo que las expediciones expresaron, entre otras cosas, un intento de reordenación imperial a través de dos tipos de acciones encaminadas por una parte a la creación de instituciones como jardines botánicos, gabinetes de historia natural o escuelas náuticas y, por otra, a la organización de las propias expediciones.


CAPÍTULO 5: LOS CURIOSOS PERTINENTES. VIAJEROS Y EXPEDICIONARIOS

Capítulo 6: Un esfuerzo continuado

El inventario de los viajeros y exploradores de inicio de siglo XIX se encontraba en supuesto retroceso, aunque ofreció, junto a impulsos corporativos encomiables como los que mantuvieron las comisiones hidrográficas de la Real Armada, una serie de individualidades descollantes y originales, gentes que hicieron del oficio de explorar la aventura de sus vidas. No se puede desconocer que con mucha frecuencia representaron las fuerzas más progresivas e innovadoras de la España de su tiempo, pues aglutinaron una actitud de disconformidad con el devenir de su patria, generadora a largo plazo de programas regeneracionistas y neocríticos.


CAPÍTULO 6: UN ESFUERZO CONTINUADO

Capítulo 7: Viajeros de las Españas

Tras la derrota española de 1898 en la guerra hispano-estadounidense no solo quedó el pesar de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, también se hizo visible un fuerte rechazo a la política anterior de decadencia y pesimismo, y se apoderó de la sociedad española un ansia de renovación. Mientras aparecían nuevos medios y técnicas de comunicación, como el cine o el fotoperiodismo por ejemplo, las posibilidades de crear públicos para reportajes y relatos de viaje y exploración se multiplicaban. La curiosidad geográfica se aliaba con estas nuevas demandas, que perfilaban la aparición de nuevos héroes, entre los cuales los pioneros de la aviación ocuparon un lugar destacado, Sus hazañas constituyeron una reafirmación y una apuesta de futuro. Quizá para matizar tanto impulso, tanta transformación colectiva, junto a ellos formaron parte de la exploración española individualidades inclasificables, como el gallego Alfonso Graña, el "indio blanco", misterioso amazonauta. O José Pérez de Barradas, estudioso de los vestigios prehispánicos y de civilizaciones americanas desaparecidas.

CAPÍTULO 7: VIAJEROS DE LAS ESPAÑAS

Capítulo 8: Los penúltimos

La guerra civil y la amarga posguerra congelaron la imagen de la España exploradora, instalada desde entonces en el aislamiento, el arcaísmo y el rechazo. También trajeron una diversificación de los impulsos de sus viajeros y exploradores. En todo caso, lo importante es que un sentido déficit de conocimiento del mundo formó una conciencia radicalmente distinta sobre los viajes. Los avances tecnológicos, que ampliaron el conocimiento del planeta, redujeron los márgenes de incertidumbre y dificultad para los nuevos descubrimientos geográficos. Pero la herencia de una historia tan fecunda de exploraciones por todo el mundo mantuvo el espíritu de aventura y el ansia de superación en las últimas generaciones.


CAPÍTULO 8: LOS PENÚLTIMOS