CAMINO DE SANTIAGO


CAMINO DE SANTIAGO - RUTA JACOBEA

1 EL ORIGEN Y DESARROLLO DEL CAMINO


1.1 LOS ORIGENES DE LAS PEREGRINACIONES DE LA HUMANIDAD

La Peregrinación es un viaje a un lugar santo en el cual se ha manifestado de un modo particular la presencia de un poder sobrenatural. Desde la prehistoria han existido lugares de peregrinación: Mathura y Benares para los hindúes; el sepulcro de Confucio para los chinos; Delfos y Olimpia para el mundo helénico; Jerusalén para los hebreos; la Meca y la tumba de Mahoma en Medina para los musulmanes.

Los primeros cristianos profesaron particular devoción a los Santos Lugares, santificados por Jesucristo, y a los Santos Mártires, especialmente a los más allegados al Maestro: Pedro, Santiago, Andrés; Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela son los tres vértices del gran triángulo medieval, meta preferida de las peregrinaciones cristianas.


1.2 SANTIAGO EL MAYOR

En el Nuevo Testamento existen varios personajes como el nombre de Jacobo. Este, en concreto, fue llamado Jacobo el Mayor. En hebreo fue llamado Jacob; en griego, Jákobos; en latín, Jacobus; y en las diversas lenguas españolas como Jacobo, Iago, San Yago y Santiago. La vida y milagros de Santiago el Mayor se encuentra también en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles.

Era hermano mayor de Juan Evangelista, también apóstol, e hijo de Zebedeo y Salomé, originarios de Betsaida, habitaban en la cercana Cafarnaún, trabajando en el negocio familiar de pesca en las riberas del Lago de Genesaret. Estaban asociados con otra pareja de hermanos, Pedro y Andrés, en la industria de la pesca del lago para cuyo trabajo contaban con empleados ocasionales. De este círculo de pescadores, Jesús se llevó sus cuatro primeros discípulos: Pedro y su hermano Andrés, Jacobo y su hermano Juan.

Estos cuatro discípulos acompañaron a Jesús en los primeros días de la difusión de su doctrina. Jacobo estuvo presente en el Monte de los Olivos recibiendo de los labios de Jesús el anuncio de la destrucción del templo de Jerusalén, de la completa ruina de la ciudad y de las catástrofes que precederán al final de los tiempos; y fue testigo de la última aparición de Jesús en Galilea tras su resurrección.

Jacobo, junto con Pedro y Juan, fue uno de los apóstoles que tuvo una relación más íntima y especial confianza con Jesús, obteniendo el puesto de testigo privilegiado en los momentos más importantes. El mismo Jesús apodó a Jacobo y a Juan con el sobrenombre de hijos del trueno seguramente por su arrojo y decisión. Jacobo aparece como una persona apasionada, capaz de ponerlo todo en juego; un hombre que arrasa por su iniciativa y valor.
SANTIAGO EL MAYOR
1.3 EL APÓSTOL JACOBO EN LA HISPANIA ROMANA

Tras la muerte de Jesucristo, Santiago forma parte del grupo inicial de la Iglesia Primitiva de Jerusalén. Los apóstoles se reparten las áreas geográficas por las que predicar, a Santiago le corresponde Hispania y las regiones occidentales.

Llegó a algún puerto de Andalucía embarcado en cualquier carguero que surcaba la ruta comercial entre Hispania Palestina. Comienza la evangelización de las tierras de Hispania desde el sur para ir desplazándose por tierras lusitanas, hasta llegar al final de la tierra o mundo conocido, el Finis Terrae. Continuó su labor dirigiéndose hacia el este peninsular, pasando por Zaragoza y zarpando de nuevo en un barco mercante hacia Jerusalén desde la costa hispánica mediterránea. Hay que tener en cuenta que
al comienzo de la Era cristiana se desarrollaba el transporte de minerales como el estaño, oro, hierro o cobre desde la Hispania romana a las costas de Palestina

Una vez en Jerusalén completaría su tarea, acompañado de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Por orden de Herodes Agripa, brazo ejecutor de los alocados caprichos de Calígula, Santiago y Pedro cayeron presos como figuras representativas para dar un escarmiento a la comunidad cristiana y contentar a los judíos. En aquel año 44, el rey de los judíos, tratando de conseguir la confianza de Roma, intensificó la persecución de las primeras comunidades cristianas. El intento fue inútil. Santiago muere decapitado a los 42 años, convirtiéndose en el primer apóstol en verter su sangre por Jesucristo. Así lo dejó escrito Lucas: “Herodes Agripa quitó la vida con la espada a Santiago, hermano de Juan”.

Los judíos arrojan el cuerpo fuera de la ciudad, sus dos seguidores Atanasio y Teodoro recogen sus restos para ser enterrado en la tierra donde había predicado. Estos lo embarcaron en el puerto de Jaffa, cruzaron el Mediterráneo, subieron por la costa portuguesa hasta llegaron a las costas la provincia de Gallaecia.
La tradición recoge que fue un barco de piedra; la explicación actual explica que en realidad fue un barco cargado de piedra, tratándose de un mercante dedicado al importante comercio del mármol y otros tipos de piedras por todo el imperio romano.

Allí, en un pequeño asentamiento de origen romano del noroeste ibérico llamado Iria Flavia, la actual Padrón, en la confluencia del Sar y el Ulla, en el fondo de la ría de Arousa, buscaron un lugar adecuado para dar sepultura al maestro. Cerca de allí vivía en una soberbia fortaleza celta Lupa. Los discípulos de Jacobo intentaron enterrar al apóstol en un sepulcro dentro de sus posesiones, pero aquella mujer, que no fue creyente del apóstol, encerró a los dos hombres en las mazmorras, donde terminaron muriendo junto al cuerpo del santo.

Más tarde la reina Lupa se convirtió al cristianismo y levantó una cripta con una capilla en el monte Liberum Donum, en un lugar vagamente designado como Arcis Marmoricis, para dar sepultura cristiana a los restos del apóstol y a sus dos discípulos.


HISPANIA ROMANA

1.4 LA INVASIÓN ISLÁMICA

Pasaron los siglos, el mundo se olvidó de la reina celta y de aquel pequeño santuario de Iria Flavia. La Península, mientras tanto, pasó por manos de varios colonizadores. Las invasiones bárbaras obligaron a los hispanos a ocultar las reliquias del santo, hasta que los musulmanes levantaron el estandarte de la media luna desde Gibraltar hasta los Pirineos, provocando un retroceso del Cristianismo a los territorios francos de Aquitania y el occidente de Europa.

Las tropas árabes penetraron en el sur de Galia por los desprotegidos puertos de la cordillera pirenaica, venciendo a los ejércitos de los reyes merovingios, que no pudieron hacer nada para contener la fuerza del Islam, hasta que el duque Carlos Martel, en 732, detuvo la ofensiva del califato omeya en la batalla de Poitiers.

Gran parte de la población de Al-Ándalus se convertía a la nueva religión, mientras que los judíos y cristianos que decidían permanecer fieles a su fe podían seguir manteniendo ritos y creencias a cambio del pago de un impuesto. La Península estaba desconectada del resto de Europa y, por tanto, fuera del control del papado de Roma.
Mahoma había prometido a los que diesen su vida en la guerra santa las más reconfortantes delicias ultraterrenas, convirtiéndose las batallas en un peculiar deporte espiritual. El fanatismo produjo grandes frutos a la media luna, y simétricos desastres a los descendientes de los hispano-visigodos.

Además, las peregrinaciones a La Meca, que debían hacerse al menos una vez en la vida, servían para cohesionar un mundo árabe en pleno apogeo imperialista. Habría que sumar la fundación de la mezquita de Córdoba sobre una iglesia anterior por Abderramán I, convirtiéndose en la Meca de Occidente y un famoso lugar de peregrinaje gracias a la obtención de varias reliquias del profeta Mahoma. 

EL CALIFATO DE CÓRBOBA

1.5 LA EPOPEYA DE CARLOMAGNO

Carlomagno, hijo de Pepino el Breve y nieto de Carlos Martel, acaparó el poder del Imperio franco en el año 768. Emprendió varias campañas bélicas por Europa y sometió a sajones, avaros, eslavos y lombardos. Declaró la guerra a los musulmanes, atravesó los Pirineos, tomó la ciudad de Pamplona y sitió Zaragoza, estableciendo la Marca Hispánica entre valle del Ebro y los Pirineos.

Mientras regresaba a Francia, la retaguardia del ejército carolingio cayó en una emboscada de tropas vasconas, aliadas de los árabes de la dinastía de los Banu Qasi, y sufrió una terrible derrota en el paso de Roncesvalles. En la contienda murieron Roldán y los Doce Pares de Francia, una gesta épica narrada en la obra literaria Chanson du Roland, que sirvió de inspiración a una parte importante del simbolismo del Camino de Santiago.



MONUMENTO A LA BATALLA DE RONCESVALLES



1.6 EL RENACIMIENTO CAROLINGIO

En la Navidad del año 800, el papa León III coronaba a Carlomagno Imperator Romanorum en una espectacular ceremonia. La elección del nuevo jefe político y religioso del imperio occidental culminaba un paulatino proceso de ruptura entre el papado y Bizancio, comenzando una etapa de esplendor para el arraigo del cristianismo en el occidente europeo, denominado Renacimiento Carolingio, una etapa que coincide con un resurgimiento de las artes y las ciencias y la construcción de bibliotecas, escuelas y obras arquitectónicas.

Carlomagno murió en el 814, un año después del hallazgo de los restos del apóstol Jacobo en la costa gallega, y el mundo cristiano comenzó un imparable proceso de desintegración.

El territorio cayó bajo el dominio de la nobleza feudal y no cesaban las invasiones y saqueos de los pueblos normandos desde el norte, eslavos y mongoles por el este, y sarracenos desde la península Ibérica del extinto reino Hispano-visigodo.

Las guerras intestinas entre los señores feudales destruían los campos y devastaban las ciudades, dejando a su paso plagas, hambre y epidemias. Era necesario un acontecimiento que levantara el ánimo y la fe de una Europa barrida por la miseria.
CARLOMAGNO

1.7 LA CREACION DEL MITO JACOBEO

A principios del siglo IX, un monje ermitaño llamado Pelagio acudió a Teodomiro, obispo de Iria Falvia, contando un extraño fenómeno que presenció en un monte cercano llamado Libredón.

Según la leyenda, el ermitaño habría avistado luces provenientes de estrellas y se escuchaban voces angelicales en el lugar sagrado. Teodomiro ordenó investigar el terreno y aparecieron las ruinas de una capilla y un sepulcro romano de mármol blanco con los restos del apóstol Jacobo y sus dos discípulos. Se trataba del Arca Marmérea. Era el año 813. El obispo Teodomiro abandona Iria Flavia, e instala en Compostela su sede episcopal de forma temporal y aquí reside hasta su muerte.

Este hallazgo fue un hecho trascendental que deslumbró y conmovió profundamente a los pueblos del Occidente Medieval. El cristianismo ya tenía un mito por quien luchar Santiago, y un lugar para venerarle, Compoestela, que significa campus estellae (campo de estrellas) o, según algunas fuentes, compositum (cementerio).

El papa León III avaló el hallazgo según lo contara en 1077 la Concordia de Atealtares, el primer testimonio escrito de los hechos.

Desde este momento, queda establecida oficialmente la tumba del apóstol en aquel mágico lugar, cercano al cabo de Finisterre, punto situado en el extremo occidental de Europa. El camino a Finisterre era indicado desde cualquier lugar de Europa por las estrellas de la Vía Láctea. Desde antiguo se creía que allí se acababa el mundo y que el Atlántico era “la tumba del sol”. Posiblemente estos hechos geográficos y astronómicos ayudaron a reforzar el magnetismo que desde entonces provocó en millones de almas la ruta jacobea.


1.8 LA VEROSIMILITUD DEL HALLAZGO


Las primeras noticias sobre la vinculación del apóstol con el territorio peninsular habían sido ya defendida por numerosos autores grecolatinos durante los siglos VI y VII, es decir, mucho antes de que se produjera el sorprendente descubrimiento de su sepulcro en Galicia. El hallazgo constituía el final lógico de una tradición oral y escrita, recogida en algunos beatos y códices que, tras la muerte de Jesucristo, ubicaba a Santiago el Mayor como evangelizador en tierras de la antigua Hispania y que fue enterrado en Galicia.

Las afirmaciones de San Jerónimo ratifican que fue establecido, al disponerse la salida de los Apóstoles hacia todos los rumbos de la tierra, que al morir “...cada uno descansaría en la provincia dónde había predicado el Evangelio.”

Posteriormente, el Breviarum Apostolorum (
Breviario de los apóstoles), texto redactado hacia el año 650 a partir de fuentes bizantinas, recoge la predicación de Santiago en Hispania y en regiones occidentales y de su enterramiento en el Arca Marmárica.

La invasión árabe y los tumultuosos cambios políticos, sociales y religiosos que acarrearon en el país silencian durante un tiempo la incipiente tradición jacobea en España. Pronto resurge la tradición escrita cuando, hacia el año 776, el asturiano Beato de Liébana, escribe en su Comentario al Apocalipsis de San Juan: “¡Oh Apóstol, dignísimo y santísimo, cabeza refulgente y dorada de España, defensor poderoso y Patrono nuestro.”

Los textos firmados por el anglosajón Beda Venerabilis
(Beda el Venerable), a principios del siglo VIII describieron con meticulosa precisión la localización exacta del cuerpo del Apóstol en Galicia.

BEDA EL VENERABLE

Tras el hallazgo, la noticia se propagó por toda la cristiandad europea, y recogida en diversos documentos. León XIII informa al mundo del descubrimiento en una epístola. Un informe efectuado por el rey asturiano Alfonso II al pueblo y clero de Tours en 906 supuso un revulsivo para su conocimiento en la cristiandad europea. Y en 914, el obispo Sisnando I envía un documento al monasterio de San Sebastián de Pico Sagro.

En la España islámica también se conoció la noticia, el poeta árabe Algazel llamó en 845 a Compostela “la Kaaba de los cristianos”.

El primer relato extenso que se conserva sobre el hallazgo es la Concordia de Antealtares escrito en 1077, en la que se narra cómo hacia el año 820-834 un eremita, llamado Pelayo, presenció en las inmediaciones de Solovio, en el bosque de Libredón, una serie de prodigiosos fenómenos luminosos (lluvias de estrellas) y apariciones angélicas. Todo ello, se afirma, era la prueba inequívoca de que allí reposaban los míticos restos del apóstol Santiago.

Ya en el siglo XII, el hecho histórico también es verificado por las explicaciones proporcionadas por el Códice Calixtino de Aumeryc Picaud o la Legenda Aurea para dar fe de su traslado a tierras del confín continental, el final de la tierra llamado Finnis Terrae. La Guía del Peregrino de Santiago de Compostela, recogida en el Códice Calixtino dio una gran propaganda a la ciudad, siendo la primera guía turística escrita en tierras cristianas.

La bula Regis Aeterni, concedida por el papa Alejandro III en 1179, confirma la concesión del privilegio de jubileo a Compostela por el papa Calixto II en el año 1120 por lo que serán Años Santos Compostelanos o Años Jubilares todos aquéllos en los que el día 25 de Julio, día de Santiago, coincida en domingo. Compostela aventaja claramente a la propia Roma en este aspecto. Allí los años jubilares suelen coincidir cada 25 años, en Compostela cada seis. Aquella bula papal también concede el perdón de los pecados a todos los peregrinos que en año santo concluyan la ruta desde su lugar de origen a la ciudad santa y en su catedral presenciase alguna misa.

Numerosas relaciones de monjes y personas importantes, códices e himnos, breviarios de Braga, Lugo, Orense, Zamora, Burgos y otros, realizan una gran labor publicitaria de la aparición y de su peregrinación.

Los estudios arqueológicos del reciente siglo pasado han arrojado más luz sobre la tumba y el culto sepulcral a Santiago el Mayor durante los nueve primeros siglos de la era cristiana. Las excavaciones realizadas en el subsuelo de la Catedral de Santiago de Compostela han permitido situar el mausoleo dentro de una necrópolis cristiana, romana y germánica entre los siglos I y VII. Todos estos datos han ayudado a aclarar, unir y armonizar los datos inconexos de la tradición compostelana.
Por otra parte, San Pablo en su Epístola a los Romanos, escrita hacia el año 58, tras decir que pensaba predicar donde no lo habían hecho otros (Romanos 15), expresaba su deseo de hacerlo en Hispania. Aunque cuando Jesús dijo a sus discípulos que tenían que ser sus testigos hasta los extremos de la tierra (Hechos de los Apóstoles 1), muchos han identificado uno de los “extremos de la tierra” con Finisterre.


1.9 LOS INICIOS EN EL REINO DE ASTURIAS

Los siglos IX y X representan la consolidación del reino asturleonés en condiciones muy difíciles desde el punto de vista político, religioso y militar.

Cuando tuvo noticia del hallazgo del cuerpo del Apóstol, reinaba en Asturias Alfonso II el Casto, que reinó durante un largo periodo de tiempo, entre el año 791 y el 842. Fue un personaje fundamental en la historia de la Ruta Jacobea y de la Reconquista, y aliado de Carlomagno ya que les unía su mutua lucha contra el islam. Había liberado grandes extensiones en Galicia, León y Castilla e intentó recuperar el ideal unificador de la Monarquía hispano-visigoda.

Este gran gobernante estableció la capital en Oviedo, a la que dotó de numerosos edificios públicos y construyó numerosas iglesias y palacios, tratando de imitar el antiguo esplendor del Toledo visigodo. La iglesia ovetense se enfrentó a la de Toledo, famosos son los cruces dialécticos entre Beato de Liébana y Elipando de Toledo a cuenta de la herejía adopcionista. Para los asturianos la iglesia de Toledo había caído en la tolerancia e incluso complicidad con ciertas creencias islámicas.

Enterado de la sorprendente noticia, Alfonso II viajó con su cortejo real desde Oviedo al lugar del descubrimiento considerándose el primer peregrino jacobeo de la historia. En Iria Flabia ordenó construir la primera iglesia del apóstol Sant Yago en honor del santo, de estilo románico asturiano, típica del siglo IX, pequeña y rústica.

Varios años antes, siguiendo las proclamas del Beato de Liébana, el monarca declaró a Santiago patrón del reino de Asturias y de toda la península, territorio que aún faltaba por conquistar al infiel.
En el lugar del santo hallazgo se instaló una pequeña comunidad de agustinos que constituyó el primer núcleo de lo que más tarde sería Santiago del Campo de Estrellas.

El mismo Alfonso II dio cuenta del prodigioso suceso a Carlomagno, y la noticia se propagó entonces con rapidez por toda Europa. Esto es lo que se relata en el Códex Calixtinus escrito por Aymeric Picaud. La realidad coincide con la leyenda en el hecho de que Alfonso II ordenó la construcción de un templo dedicado al Apóstol.

Antes de terminar el siglo IX, Alfonso III el Magno encargaba la construcción de una basílica mayor a Sant Yago, digna del acontecimiento que comenzaba a mover a los fieles de Europa. Este hecho fue documentado en la crónica de Sampiro en el año 872. La nueva iglesia que sustituía a la anterior constaba de sillería con columnas y bases de mármol.

El enorme prestigio que proporciona la presencia de las reliquias de Santiago el Mayor, fue aprovechado hábilmente por los monarcas asturianos para legitimar su poder y consolidar su reino en oposición a Al-Ándalus y para darse a conocer al resto de la Cristiandad europea. Por lo tanto, el hallazgo se presentó para el núcleo de resistencia astur como una necesidad. Qué mejor elemento de identidad de un reino en fase embrionaria que el de la aparición en su área de acción del cuerpo del apóstol Santiago. Razón de sobra para que en el año 906 Alfonso III informase al clero de Tours del gran hallazgo.


1.10 EL SÍMBOLO DE LA LUCHA CONTRA EL ISLAM

Para los reyes asturianos, el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Mártir fue un hecho muy importante no solo en el aspecto religioso, sino también militar.

En el primer tercio del siglo IX, la invasión musulmana estaba prácticamente consolidada y únicamente los reinos del norte se resistían a su dominación. Alfonso II, al contrario que sus antecesores, era partidario de reanudar la guerra contra los árabes.
 
El hallazgo de los restos de Santiago, fechados hacia el año 830, supuso encontrar también las señas de identidad necesarias para unir a los reinos cristianos, para legitimar su poder, para luchar contra el enemigo invasor, para fundamentar su recién nacido espíritu de reconquista y para aproximarse al resto de la cristiandad en la que aspiraban a integrarse.

Por otro lado, Al-Ándalus se había fortalecido políticamente desde la creación del Emirato, primero, y del Califato de Córdoba, después. Este nuevo poder peninsular quedó reflejado el establecimiento de tributos a los reinos del norte peninsular y en la puesta en marcha de numerosas incursiones militares durante los siglos IX y X, llegando a su máxima expresión en los tiempos de devastación de Almanzor, quien arrasó Santiago y destruyó la basílica de Santiago en el 997. Las quince campanas de la catedral fueron transportadas hasta Córdoba por cristianos esclavizados como botín de guerra. Tuvieron que pasar muchos años hasta que Fernando II devolviese las campanas, esta vez a hombros de esclavos moros.
Surgen otros enemigos inesperados, los vikingos y normandos sembraron de destrucción las cotas gallegas cercanas, saqueando los pueblos hasta donde podían llegar con sus barcos.

Aparece la figura de Santiago Matamoros, que de apóstol se convierte en guerrero ecuestre contra el islam. Santiago es representando en su caballo blanco, armado con espada y escudo, aplastando los cuerpos de los moros y degollando sus cabezas. Un santo defensor del cristianismo hispánico que encabezara el ataque de los ejércitos en las más importantes batallas de la Reconquista.

La presencia de Santiago en el imaginario y mentalidad de los pueblos cristianos aportó un aliciente y moral en su empresa contra el invasor islámico. Así, la figura de Santiago reencarnado en guerrero tomó consciencia por primera vez el 23 de mayo del 844 en la batalla de Clavijo, cerca de Logroño. El rey Ramiro II de Asturias se enfrenta a las tropas musulmanas de Abderramán II en clara desventaja numérica. Según la leyenda, en pleno fragor de la batalla, el apóstol Santiago aparece espada en mano a lomos de su caballo blanco atacando a los infieles. Los cristianos vencen contra pronóstico y el mito jacobeo traspasa definitivamente los Pirineos.

Los historiadores científicos han concluido que esta batalla no se libró jamás, pues se trata de una batalla legendaria como la de Arrigorriaga u otras de la época.

En señal de agradecimiento por la ayuda prestada a las tropas cristianas, el rey Ramiro II estableció el denominado “voto de Santiago”. Un impuesto cuya primera mención explícita aparece en la bula Iustitiae ac rationis ordo que el papa Pascual II  concedió al obispo de Compostela Gelmírez en el año 1101.


SANTIAGO MATAMOROS

La primera batalla considerada como cruzada fue la efectuada por los cristianos pontificios, franceses, italianos, catalanes y aragoneses frente a Barbastro, en 1064. Pocos años más tarde, en 1085, la ciudad de Toledo, antigua capital del reino visigodo, es recuperada por los castellanos de Alfonso VI. Con esta victoria se incorporó al reino de Castilla el área comprendida entre el sistema Central y el Tajo.
Surgió un paralelismo entre Tierra Santa e Hispania, entre Jerusalén y Compostela, y ambas ciudades se convirtieron en meta de peregrinaciones y en centro del ideal cristiano frente al infiel. Durante este período, Santiago fue mostrándose como principal líder de las tropas cristianas; la tradición oral, más tarde, los textos recogieron sus hazañas sobrenaturales y milagros.

La iconografía de Santiago Matamoros fue con el espíritu de las órdenes militares. Aquellos monjes guerreros, defensores de la Iglesia participaron tanto en las cruzadas de la Tierra Santa como de la Reconquista. En ellos coincidió el sentido religioso propio de las órdenes monásticas y el espíritu caballeresco y militar de la época. No resulta extraño ver al apóstol con la espada en la mano combatir, a la cabeza de las tropas cristianas, contra los ismaelitas. La fundación de la Orden de Caballeros de Santiago se sitúa en 1170.

En 1184, los almohades amenazaron Lisboa y Santarem por tierra y por mar, pero fueron derrotados por fuerzas cristianas, entre ellas 20.000 hombres del arzobispo compostelano Suárez de Deza, lo que supuso una buena propaganda para su ciudad y las peregrinaciones.

Y ya en el siglo XII, hacia el 1125, el obispo Diego Gelmírez construyó una flota de galeras para hacer frente a las invasiones por mar.

Siglos más tarde, la política fiscal de los Reyes Católicos restauraría el “voto de Santiago” destinado a financiar el final de la Reconquista.

MOSAICO DE SANTIAGO CABALLERO DE SU ORDEN

1.11 EL CAMINO DE LA COSTA 

La noticia de la aparición se extendió por Europa y comenzaron a peregrinar fieles de todos los rincones del continente.

Los reinos cristianos peninsulares van recuperando sus dominios y convierten a Compostela en el principal foco de atracción espiritual del reino de Asturias-León, y poco después de toda Europa. En el siglo X la peregrinación a Compostela es un hecho consolidado en la cristiandad. Al comenzar el culto al Santo y aumentar el prestigio del mismo, se traza un camino, aprovechando antiguas vías romanas por la costa cantábrica, asturiana, vasca y gallega. La intención era tomar un camino hacia Compostela por el norte peninsular, más seguro y libre del asedio de los sarracenos, que controlaban los caminos del sur de la cordillera Cantábrica. Son los orígenes del Camino del Norte o Camino de la Costa. En él, los peregrinos reducen los riesgos de los posibles saqueos y razias morunas que sufrían las ciudades del norte.

El Camino de la Costa encuentra su origen en Irún para posteriormente recorrer las tierras de Guipúzcoa, Vizcaya, Cantabria, Asturias y Galicia. El paso obligado era la ciudad de Oviedo, capital del reino de Asturias, y su catedral, con las reliquias sagradas de la cristiandad. Los peregrinos acudían a millares cada año, se levantaban hospitales, albergues, iglesias y nuevos burgos, villas y ciudades.


RUTAS HISTÓRICAS DEL CAMINO

1.12 LAS RUTAS HISTÓRICAS

La primitiva senda de la costa fue trasladándose hacia el sur a medida que la Reconquista cristiana iba ensanchando sus territorios. Expulsadas las tropas musulmanas del norte de España, fue necesario repoblar el territorio, establecer un nuevo camino por el sur de la cordillera Cantábrica que enlazara con una sólida red de caminos para la circulación de personas, mercancías e ideologías que vinieran del resto de Europa atravesando los Pirineos. Esa nueva ruta, por la cual pasaban la mayoría de los peregrinos, fue llamada Camino Francés.
Las rutas marinas comenzaron en el siglo X, siendo muy utilizadas a partir del siglo XIV. Entre ellas están las recorridas por los que desembarcaban en Muxía, Finisterre, Corcubión, Muros o Noya, pero hay dos que destacan sobre el resto: el Camino Inglés y la Ruta del Mar de Arosa.
En total se formaron ocho rutas históricas, tanto terrestres como marítimas, denominadas Itinerarios Jacobeos:


El Camino Primitivo es el primer Itinerario Jacobeo iniciado desde Oviedo por el rey de Asturias, Alfonso II el Casto quien fue primer peregrino oficial.


El Camino Francés es el más transitado y el más promocionado. Su nombre se debe a que a él conducen las cuatro vías principales provenientes de Francia: la Podense desde Le Puy, la Lemovicense desde Limoges, la Touronense desde Tours y la Tolosana desde Toulouse. Las tres primeras se adentran en la península atravesando los Pirineos por Roncesvalles y la cuarta lo hace por Somport. Se unen en Puente la Reina, pasan por ciudades como Viana, Logroño, Nájera, Burgos, León y Astorga, atravesando las provincias de Huesca, Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y La Coruña.
 
El monasterio riojano de Albelda, en la orilla del río Iregua, fue uno de los primeros puntos que fueron definiendo el Camino. Hasta el siglo XI era difícil que los peregrinos marcharan tan cerca del valle del Ebro hasta Briviesca y Burgos debido a que era territorio de la Taifa de Zaragoza. En el siglo XI estaban en posesión del reino de Sancho III Garcés el Mayor de Nájera-Pamplona lugares tan emblemáticos como San Millán de la Cogolla, Nájera y la ruta militar de Grañón y Burgos por los Montes de Oca, parajes míticos en los orígenes de las peregrinaciones jacobeas.

Los monarcas sucesores de Sancho el Mayor, apoyados por la Iglesia y los nobles, establecieron hospitales, puentes y calzadas, arreglaron caminos, promulgaron leyes y fundaron poblaciones con nuevos colonos para facilitar el tránsito pacífico y seguro de los peregrinos, consolidando la unidad del mundo cristiano en una calzada jacobea entre Roma y Santiago, los dos grandes santuarios de la cristiandad.

Los principales promotores y protectores de la ruta en el siglo XI fueron Alfonso VI en Castilla y León y Sancho Ramírez en Navarra y Aragón, quien cambió el rito mozárabe por el francés, demostrando el denso flujo de peregrinación, viajeros y comerciantes francos que circulaban por el norte peninsular en los albores del Camino.
 El Camino del Norte o de la Costa fue el primero en establecerse; recorre la costa al norte de la cordillera Cantábrica que sirvió como valladar en los siglos IX y X ante el peligro sarraceno al sur. Parte desde Irún, sigue por San Sebastián, Bilbao, Santander, Llanes, Oviedo, y entre en Galicia por Ribadeo y Fonsagrada. A partir del siglo XIII, la ruta cantábrica continúa nutriéndose tanto de peregrinos que llegan de Francia por el paso de Irún como de aquellos que desembarcan en Bilbao y Bermeo procedentes de países europeos del norte. Innumerables muestras del pre-románico en Vizcaya avalan esta teoría, prueba de ello es la vasta iconografía que existe en el País Vasco. Después caminaban, cruzando Cantabria por Castro Urdiales y Laredo, hacia Santander desde donde continuaban dirección Asturias.


El Camino Inglés es el conjunto de las singladuras marítimas que parten del norte de Europa y de las islas Británicas hacía el puerto de A Coruña y o de El Ferrol. Desde este último continuaban a pie cruzando por Puentedeume y Betanzos, y se unían en La Coruña hasta Santiago.


La Vía de la Plata es el camino del sureste de España que prolonga hasta Galicia la antigua calzada romana utilizada para el transporte de minerales entre las ciudades de Mérida y Astorga. Entra en Galicia por A Mezquita, y desde A Gudiña cuenta con dos ramales que atraviesa numerosos pueblos gallegos hasta alcanzar su destino.


El Camino de Fisterra-Muxía es una prolongación peregrina desde Santiago, que se hacía tras venerar al santo, hasta el Cabo Neiro, en Finisterre, considerado por entonces como el fin del mundo.


La Ruta Marítima del mar Arousa y de la ría Ulla, que puede hacerse por vía marítimo-fluvial en lugar de terrestre, y que conmemora la llegada en barco del apóstol desde Palestina. Tiene dos puntos de entrada en Galicia y se funde en Padrón con el Camino Portugués.


 1.12 LA COLUMNA VERTEBRAL DE EUROPA
Gracias a la corte carolingia toda Europa se enteró del suceso, dando comienzo las peregrinaciones que se guían en dirección oeste siguiendo la estela de estrellas de la Vía Láctea.


ALFONSO II DE LEÓN
Y JIMENA DE NAVARRA

En el siglo XI, España construyó una de las columnas vertebrales de Europa. Según Goethe "Europa nace de la peregrinación". Dante escribió que sólo merecían el nombre de peregrinos los que viajaban a Compostela, los que viajaban a Roma serían romeros, y a Jerusalén palmeros pues traían palmas de Jericó.

El Camino de Santiago como centro espiritual es una de las grandes aportaciones españolas a Europa y a la Cristiandad.

El principal difusor del hallazgo de los restos del apóstol fue Carlomagno, faro de la Cristiandad occidental y aliado de Alfonso II. La Corte de Aquisgrán estaba alentando una auténtica reconstrucción del Imperio de Occidente, no sólo militar, sino también en el terreno religioso y cultural. Muchas representaciones pictóricas francesas de la época atribuyen, falsamente, al monarca franco como autor del hallazgo.






En el año 899, otro rey asturiano, Alfonso III el Magno, consagró a Santiago con la construcción de una nueva catedral, en el mismo emplazamiento que la anterior, pero más grande y rica.
El Islam no ignoraba la gran importancia religiosa y cultural de Santiago, y así, el sanguinario caudillo moro Almanzor, en el año 977, organizó una expedición de saqueo contra la capital jacobea. Destruyó la catedral y se llevó las campanas, sin conseguir llevarse la tumba.

Pero es a comienzos del siglo XI, cuando se popularizaron las peregrinaciones a Santiago, como antes lo hicieran los romeros con Roma o los palmeros con Jerusalén, y eso que Jerusalén y Roma llevaban siglos de ventaja a Santiago.

Almanzor moría en 1002 y la dinastía Omeya se hundía en una Al-Ándalus que se fragmentaba en taifas. La Reconquista cristiana progresó, Sancho III el Mayor de Pamplona, conquistó y repobló Nájera y La Rioja.

En 1073, el rey Alfonso VI y el obispo Diego Peláez promovieron la construcción de un tercer y definitivo templo, digno de la fama y grandeza del santo, una auténtica joya monumental de estilo románico. Y dos años más tarde se colocó la primera piedra de la actual catedral de Santiago de Compostela, que se levantó sobre el emplazamiento de la anterior basílica. El rey asturiano suprimió el portazgo de la entrada de Galicia “en favor de los peregrinos que desde España, Francia, Italia y Alemania se dirigen a Compostela”.

Multitudes de gentes comenzaron a llegar de todas partes de Europa dando un toque cosmopolita a las ciudades por las que pasa el itinerario. Para ello, fue fundamental la labor de las órdenes religiosas hospitalarias. Desde el corazón de Europa, la orden de Cluny promovió las peregrinaciones.

Con el obispo Diego Gelmírez, entre los siglos XI y XII, Compostela adquirió un enorme esplendor. Consolidó la construcción de la actual catedral, trasladó la sede episcopal desde Iria Flavia y logró el arzobispado de Roma.

A comienzos del siglo XII tuvo lugar el viaje diplomático a Santiago del emir Alí ben Yusuf, allí tenía la reina doña Urraca la Corte. El caudillo sarraceno preguntó: “Quién es éste a quien la multitud de los cristianos acude con tanta devoción?”.

En 1122 el Papa Calixto II proclamaba Año Santo Jacobeo aquel en el que el 25 de julio coincida en domingo. El 25 de julio fue proclamado, años más tarde, el día del patrón y santo de España, gracias a la importante contribución que Santiago Matamoros realizó en las campañas de Reconquista.

En 1171 se fundó la Orden de Santiago en el monasterio gallego de Santa María de Loio, fundado para defender la fe cristiana en nombre del apóstol y proteger los caminos de asaltantes y saqueadores.

Y en 1211 se consagró definitivamente la basílica y las peregrinaciones alcanzaron su mayor auge durante este siglo.

Cuando el territorio peninsular es ganado al moro, las peregrinaciones abandonan las rutas cantábricas y los reyes y condes de la Hispania cristiana promueven el fervor jacobeo. Fomentan otros itinerarios más meridionales y, al mismo tiempo, facilitaban la repoblación de los nuevos territorios reconquistados a los árabes, fortaleciendo las inestables fronteras con nuevos colonos.
Los romeros aprovechaban las calzadas romanas que llegaban de Burdeos, entrando por Irún, Ibañeta y el valle del Ebro, pasando por Vitoria y Briviescas, camino de Astorga y Compostela.

Surge así, el Camino Francés, que es el más utilizado y por Roncesvalles se constatan miles y miles de peregrinos en estos años. Más tarde, con la conquista de Zaragoza, se habilitó el ramal de Somport a Puente La Reina, quedando plenamente consolidado el Camino Francés en el siglo XI.

Los monarcas comprendieron que mantener el camino libre y seguro era asegurarse una vía de vital importancia económica, comercial y militar para controlar su territorio. Desde Carlomagno hasta Alfonso X el Sabio dictaron normas en defensa de los viajeros, obligando a los moradores de villas y burgos a darles aposento y vituallas.

Los reyes de Asturias y los de Pamplona fomentaron con dedicación el auge de la ruta, destacando el navarro Sancho III el Mayor y el castellano Alfonso VI. Se implicaron en el apoyo logístico del Camino dotándole de una serie de infraestructuras: señalizando rutas, sentando calzadas, construyendo puentes, levantando hospitales y albergues.
Destacable también fue la colaboración de prelados, burgomaestres y ermitaños como San Lesmes de Burgos, Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega.


1.13 EL PODER DE UNA RUTA MILENARIA

El Camino ejerce una gran influencia en la vida económica y social de los reinos cristianos peninsulares. La llegada de diversos grupos de artesanos y mercaderes, la mayoría francos y judíos, en diferentes lugares de la ruta terminan fundando núcleos urbanos o burgos. Los habitantes de estas ciudades dedicadas al comercio recibieron importantes privilegios en los fueros municipales, dando origen a una próspera burguesía, que protagonizó diversas revueltas contra el poder de los señores feudales a lo largo del Camino.


La ruta jacobea impulsaría durante los siglos XI y XII una renovación económica de gran importancia para península Ibérica al promover el comercio del norte cristiano con Flandes, Francia e Inglaterra, y crear un espacio de producción orientado al consumo de visitantes y de intercambio entre la España musulmana y Europa.

Como explica Yves Bottineau: “el origen de las relaciones entre la repoblación del camino y el peregrinaje se encuentra en parte en la importancia económica de este último”.

Los mercaderes acuden atraídos por los santiaguistas que demandan ciertos artículos, la población del norte de España experimenta un considerable aumento, y estas dos circunstancias convierten al camino en la gran ruta comercial del norte peninsular.

En el transcurso de los siglos XI y XII, los reinos de la península Ibérica pasan de una economía agrícola rudimentaria a una fase de comercio bastante activo con países de Europa. De Francia, Flandes e Inglaterra llegan al sur de los Pirineos sobre todo lanas. Pieles, caballos y trigo constituyen las principales exportaciones de España. Comerciantes gallegos operan incluso en las ferias de Champagne.

A partir del siglo XIII, esta actividad comercial utiliza los mismos caminos que emplean los peregrinos en Navarra, Guipúzcoa o bien los del mar. Los mercaderes españoles establecidos en Brujas a principios del siglo XV poseían un sello en el que figuraba la imagen de Santiago y la inscripción: “Sello de la Nación Española”.

A lo largo del camino se establecieron importantes mercados: los lunes en Sahagún, los martes en Pamplona y Jaca, los miércoles en León, los jueves en Estella, en Burgos una feria franca que duraba quince días.

En el mismo Santiago, el gran número de peregrinos planteaba problemas de alojamiento, abastecimiento y seguridad. Según la Historia Compostelana, en 1130 una importante expedición comercial procedente de Inglaterra desembarcó en padrón; el valor de las mercancías se elevaba a 22.000 marcos de plata. El arzobispo Diego Gelmírez organizó un grupo armado para proteger el convoy de los ataques de nobles gallegos que querían apoderarse del cargamento. También reaccionó contra la subida abusiva de precios y en 1133 reglamentó los precios de los alimentos, calzado, caballos y cera. Por otra parte, los cambistas de moneda exigían, a menudo, tasas abusivas.

Como testimonio del floreciente comercio de los puertos marítimos de Padrón o La Coruña hacia Inglaterra, Irlanda, Noruega o Francia destaca el de Chaucer, autor de los Cuentos de Canterbury, quien dejó escrito que los mercaderes aventureros de Bristol y el gremio de vinateros de Londres generaban fortunas con la importación de vinos y la exportación de paños, al tiempo que utilizaban sus barcos para el transporte de peregrinos. Y William Wey, un peregrino inglés del siglo XV, pudo contar ochenta y cuatro barcos de peregrinos de todas las naciones del norte en el puerto de La Coruña.

El camino se convirtió en una ruta militar, un camino de fe, una vía de comunicación y comercio y un flujo imparable para la expansión del cristianismo. Era normal que los soberanos fomentaran la repoblación de las ciudades con francos y gentes del norte de Europa, y la fundación de barrios habitados por judíos. Entre los extranjeros podían encontrase santiaguistas, que habían utilizado el viaje para comerciar y al regreso se instalaron en la ciudad que les parecía más conveniente.


1.14 EL DECLIVE

A partir del siglo XIV, el Camino sufre una etapa de declive. El avance de la Reconquista traslada la importancia de las ciudades cristianas a tierras más al sur del itinerario jacobeo.

La peste negra y las hambrunas que diezman la población de la Europa del siglo XIV consiguen reducir seriamente el número de peregrinaciones. Las guerras desarrolladas entre reinos europeos entre los siglos XIV y XVI y los salteadores de caminos la convierten en una ruta insegura y decadente. Hubo algunos años en los que prácticamente no hubo peregrinos.

Pero lo que verdaderamente hizo daño al Camino fue el Cisma que se produjo en el mundo cristiano en 1378 y la aparición del Protestantismo en el siglo XV. La Cristiandad se divide. Los protestantes consideraban las peregrinaciones como actos populacheros. Las prédicas de Lutero difunden una imagen muy negativa de la peregrinación jacobea y disuade a sus seguidores de viajar hasta la tumba del apóstol expresando “...que no se sabe si allí yace Santiago o bien un perro un caballo muerto...” y que “...por eso, déjale yacer y no vaya allí...”.

Durante siglo XV, el camino sufrió el desgaste producido por la revolución de las hermandades en toda Galicia, cuando el pueblo llano se alzó por sus libertades y contra los privilegios de los señores feudales. El gran terrateniente Pedro Madruga murió asesinado en 1486, el mismo año en que los Reyes Católicos llegaron a Compostela, donde tras recibir homenaje, garantizaron las libertades del estamento llano y su autoridad real en detrimento del poder de la nobleza gallega.

Tras el descubrimiento de América, España ensanchan el mundo, y los monarcas hispánicos dedican mayor esfuerzo a la misión evangelizadora en el Nuevo Mundo.

También surgió un movimiento de desprestigio contra el Camino organizada por cristianos protestantes, en clara sintonía a la leyenda negra de España. El principal fue Erasmo, pero ya en el siglo XIII, había sido muy violento un predicador franciscano, Bertoldo de Ratisbona, quien comenzó por atacar a las mujeres peregrinas en sus primigenias manifestaciones feministas. Otro fue un médico inglés, Andrew Boorde, que viajó en 1542 y ocho años después de la separación de la iglesia de Inglaterra de Roma, escribe El primer libro de la introducción al conocimiento, arremetiendo contra las reliquias del Apóstol.

Entonces, se estaba reaccionando contra los falsos peregrinos, dedicados a la delincuencia, por eso las ordenanza de Berna en 1523 equiparaba a los peregrinos jacobeos con los buhoneros, vagabundos y gitanos. Las de Friburgo de Brisgovia en 1565 no permitían pedir limosna a peregrinos sin acreditación. Y la pragmática de Felipe II de 1590 prohibía a los españoles llevar el hábito de peregrino, en cambio lo hacía obligatorio para los extranjeros además de llevar la credencial y no salirse del trayecto.

En 1583, el pirata Francis Drake, corsario al servicio de la corona británica, intentó saquear La Coruña tras ser derrotado por los españoles en Lisboa. Entonces amenazó con arrasar Santiago y destruir la catedral y el relicario del apóstol. Ante la amenaza, el arzobispo de Santiago, Juan de San Clemente, ocultó los restos del apóstol en secreto, y muere sin aportar la información. Pocos años más tarde, La Coruña sufre el ataque de la "Contra-Aramada Invencible" de Drake y Norris, en cuya resistencia lideró una heróica María Pita.

En Francia, Luis XIV prohibió peregrinar fuera del reino, en 1671 y 1687, aunque sin resultado.

Éste y otros motivos consiguen que, durante los siglos XVII y XVIII, las peregrinaciones a Compostela entrasen en una decadencia de tal manera que a Compostela solo acudían unas decenas de peregrinos al año.

La mejora de las comunicaciones y la recepción de peregrinos ilustres consiguen recobrar parte del prestigio perdido.

El extravío de los resto de Santiago no fue definitivo. En 1877, el arzobispo de Santiago, el cardenal Payá Rico, y un acreditado arqueólogo, el canónigo López Ferreiro, se dedican a su búsqueda y lo encuentran en un pozo en el trasaltar mayor. Los restos fueron sometidos a un examen conforme a la ciencia de su tiempo, que era la misma ciencia que estaba excavando Troya y las pirámides de Egipto. El proceso de análisis, llamado Proceso Compostelano, en el que participa la Real Academia de la Historia, confirma la autenticidad.
En 1884, el Papa León XIII ratifica la decisión en su bula Deus Omnipotens. Diez siglos antes, el primer Papa que acreditó a Santiago fue León III. Sin embargo en el siglo XIX los librepensadores, los descubrimientos científicos, la revolución industrial y el desarrollo urbano surgieron como efemérides modernas que se contraponían a un modo de vida con reminiscencias medievales.

DEFENSA DE LAS MURALLAS DE LA CORUÑA POR MARÍA PITA

1.15 EL RENACIMIENTO CONTEMPORANEO

A partir de los años sesenta del siglo XX, comienzó a revitalizarse el Camino y las peregrinaciones a Compostelas resurgieron el último cuarto de siglo. Surgía el Renacimiento de un camino milenario.

En 1962, surgen en París y en Estella las dos primeras asociaciones y cofradías de amigos del Camino de Santiago, cuya labor de promoción e información al viajante es fundamental en su resurgimiento. Ese mismo año, la Ruta fue considerada conjunto histórico-artístico por el Estado español.

En 1965, Elías Valiña, párroco de la villa de O Cebreiro, en Lugo, realizó una tesis doctoral sobre el Camino de Santiago, dando comienzo una labor de recuperación de esta ruta, promovida principalmente por las asociaciones. Valpiña restauró el Hostital y Santuario de Santa María del Cebreiro para renovar la tradición acogida al peregrino, y terminó señalizando el Camino desde los Pirineos, tramo a tramo, con las útiles flechas amarillas. Su Guía del Camino fue la referencia fundamental del peregrino durante aquellos años.

En 1976, recogieron la Compostelana 31 peregrinos, que acreditaron haber realizado, al menos, cien kilómetros a pie, en bicicleta o en cabalgadura.

También influyó la promoción turística organizada desde las administraciones públicas y las visitas del Papa Juan Pablo II.

PLACA CONMEMORATIVA DEL PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS

Conocido también como Ruta Jacobea, ha alcanzado múltiples reconocimientos internacionales. El Consejo de Europa lo distinguió como Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987.

En 1993, Años Santo Jacobeo, la Ruta fue considerada Patrimonio Universal de la Humanidad por la UNESCO.

Ya en el siglo XXI, el Camino de Santiago fue certificado como Gran Itinerario Cultural Europeo y recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2004.

Reconocimientos que contibuyen a aumentar el número de peregrinos anualmente, pero también es incuestionable que la Ruta Jacobea se ha ganado su prestigio actual gracias a su valor eminentemente espiritual, justamente en una sociedad cada vez más materialista.

La situación de Santiago de Compostela en el extremo noroccidental de la península Ibérica, y la de ésta en el suroccidental de Europa, han hecho que a lo largo de los siglos las populosas peregrinaciones a la ciudad de Santiago hayan forjado un rico patrimonio artístico y cultural a lo largo y ancho de toda la geografía española, enriquecido por un entorno natural de extraordionario valor paisajístico y ecológico.

La Ruta Jacobea atrae al visitante por la riqueza de sus mútiples facetas: espiritual, artística, cultural, histórica, paisajística o deportiva.

Desde 2009, más de 150.000 personas realizaron el Camino de Santiago a pie, en bicicleta o a caballo, cifra que aumenta cada Años Jacobeo. El 65% de los peregrinos son extranjeros; Alemania, Italia, Francia y Portugal fueron los principales mercados emisores de peregrinos, tras los cuales les siguieron otros países como Estados Unidos y Canadá. En cuanto a España, la mayor movilización está a cargo de madrileños, catalanes, andaluces y valencianos.

POSTE DE ÍNDICATIVO ITINERARIO CULTURAL EUROPEO


2- EL CAMINO FRANCÉS


739 kilómetros desde la Colegiata de Roncesvalles, en el Pirineo Navarro, si se empieza desde territorio español, porque oficialmente comienza en San Juan de Pie de Puerto, en Francia. El camino atraviesa una gran cantidad de ciudades y villas de importantísimo interés histórico, cultural y religioso: Pamplona, Puente la Reina, Estella, Viana, Logroño, Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Carrión de los Condes, León, Astorga, Villafranca del Bierzo, Ponferrada, O Cebreiro, Sarria y Arzúa.


2.1 NAVARRA

En Roncesvalles se recuerda la batalla entre carolingios y vascones. Carlomagno y sus legendarios paladines los Doce Pares de Francia, encabezados por el guerrero Roldán, murieron emboscados mientras volvían de saquear Pamplona, y enterrados, según la tradición, en la capilla románica del Sancti Spiritus, denominada “Silo de Carlomagno”. 

Aquellas andanzas quedaron narradas en el poema épico La Chanson de Roland (La Canción de Roldán), escrito en el siglo XI en francés antiguo.
La Real Colegiata, construida por Sancho VII el Fuerte en 1219, el rey navarro vencedor en Navas de Tolosa, cuyos restos mortales y los de su mujer, Clemence de Toulouse, reposan en un sepulcro gótico. El conjunto se completa con la capilla de Santiago, del siglo XIII, y un monumento que representa la mítica lucha entre Roldán y Ferragut.
Tras pasar por Burguete y Zubiri, el puente gótico de la Magdalena da la bienvenida a Pamplona, para dirigirse bajo el Baluarte del Redín hasta el Portal de Francia, seguido por Navarrería hasta la catedral del siglo XV, construida sobre una anterior románica.
Esta catedral fue reconstruida por Carlos III en Noble de Navarra tras su hundimiento en 1390, quien también promovió los soberbios palacios fortificados de Tafalla y Olite. La nueva catedral gótica se apropió de las riquísimas dependencias añadidas durante los siglos XIII y XIV.  El claustro gótico, de los mejores de cuantos existen, posee un despliegue escultórico extraordinario.

MONUMENTO A LOS PEREGRINOS EN EL ALTO DEL PERDÓN

El conjunto gótico de la catedral quedó en buena parte oculto al levantarse, a finales del siglo XVIII, la nueva fachada clasicista por el maestro Esteban. Ese frente clásico, erigido a costa de demoler los que quedaba de la seo románica, es una notable obra de arquitectura.

Los peregrinos medievales recorrían la llanura navarra donde la Crónica de Turpín ubicaba el campamento de Carlomagno y salvaba el Alto del Perdón, la primera prueba de superación personal y tentación frente al diablo, que esperaba en la subida disfrazado de falso peregrino y tentaba a los romeros para que abandonasen la peregrinación.


Los romeros compostelanos llegaban a Puente la Reina fortalecidos física y espiritualmente, redían culto al Cristo del Crucifijo, custodiado por templarios hasta 1314, y recorrían la rúa Mayor, que conserva su aspecto medieval. Se trata del punto donde se une el Camino Aragonés con el Francés. A la salida de la villa se encuentra el Puente del río Arga o Puente Regina, dedicado a doña Mayor, mujer del poderoso rey Sancho III el Mayor. Se trata de una espléndida obra de seis ojos del siglo XI, que contaba con dos torres defensivas hasta mediados del siglo XIX. Está considerado el puente más hermoso del Camino Francés.

El enclave era estratégico hasta el punto en el que los templarios terminaron siendo señores de la villa. También son valiosas la iglesia y el convento del Crucifijo, de estilo renano, y la iglesia de Santiago, que conserva la imagen más antigua del apóstol, y la iglesia de San Pedro, que guarda una imagen gótica de la leyenda de la Virgen del Puy del Txori (del pájaro).

Estella es una ciudad monumental fundada en 1090 gracias al flujo de las peregrinaciones, y relacionada con las canciones de gesta. En ella se asentaron comerciantes y cambistas, principalmente francos y judíos. Cerca del río Ega está la iglesia del Santo Sepulcro, en estilo gótico, con su tímpano y las estatuas de los apóstoles a los lados. En el siglo XIV fue famosa por su floreciente comercio y por albergar seis hospitales para peregrinos.

El Camino continua por Ayegui y el monasterio de Santa María de Irache, fundado por benedictinos en el siglo XII, en las faldas del mítico Montejura, sede de la primera universidad navarra.

En el templo de Villamayor sigue la lucha entre Roldán y Ferragut. En Los Arcos destaca su torre plateresca. En Torres del Río se encuentra la iglesia del Santo Sepulcro, un pequeño templo románico atribuido a los templarios.

El último punto del Camino por Navarra es Viana, ciudad-fortaleza. Construida por los reyes navarros para reforzar militar y económicamente la parte suroeste del reino. La iglesia de Viana conserva el sepulcro de César Borgia en su suelo, un personaje que inspiró El Príncipe de Maquiavelo.

SEPULCRO DE CERSAR BORGIA EN LA IGLESIA DE VIANA

2.2 LA RIOJA

Un puente de piedra permite el paso a Logroño, en la provincia de La Rioja. Otra ciudad fronteriza beneficiada por las peregrinaciones, donde se encuentra las iglesias de San Bartolomé y San María de Palacio con magníficos restos románicos.

A las afueras de Logroño, se encuentran Navarrete, con su antiguo hospital de la Orden de San Juan, Tricio, con el Poyo de Roldán, donde tuvo lugar el legendario enfrentamiento entre Roldán y Ferragut, gigante sirio descendiente de Goliat que venció a los mejores guerreros de Carlomagno, excepto a Roldán, quien le derribó lanzándole una piedra.

Nájera es la capital más histórica de La Rioja. Su monasterio de Santa María la Real, de 1032, su iglesia gótica, el panteón real y el magnífico Claustro de los Caballeros resumen su importancia histórica, en ellos se conservan dos hermosos sepulcros románicos pertenecientes a Blanca de Navarra, García Sancho el Néjera y Garcilaso de la Vega.


SEPULCRO DE BLANCA DE NAVARRA
SEPULCRO DE SANCHO DE NAVARRA





























Santo Domingo de la Calzada fue fundado precisamente por el santo que lleva su nombre, Domingo García, uno de los artífices del Camino que fue enterrado en la calzada que él mismo construyó, un gran "ingeniero de caminos". La erección del puente sobre el río Oja, el inicio del bosque que los precede y la fundación de un hospital fueron los ejes de la fundación de un núcleo urbano destinado al auxilio de los peregrinos en el siglo XI.

Esta ciudad se desarrolló con el aporte de los peregrinos: en 1120 se empezaron a asentar edificios en torno al sepulcro de Domingo, fallecido a comienzos del XII; se creó un santuario; más tarde se levantó una iglesia surgida como colegiata y destinada a convertirse en catedral; el mismo arquitecto del templo románico, el maestro Garsión, se ocupó de trazar los solares y calles de un núcleo en crecimiento; la villa adquirió titularidad de burgo en 1232, cuando sería nombrado cabeza de diócesis episcopal.

La Catedral de El Salvador posee una magnífica cabeza, unos gentiles ábsides y un hosco triángulo militar, que al iguela que sus nuevas murallas urbanas, revela su erección durante una época beligerante. El último componente de la catedral responde al esplendor arquitectónico de La Rioja en el siglo XVIII y se encuentra separado físicamente del templo: la torre, la más alta y representativa de la región, fue elevada sobre fuertes cimientos, aparejos de cal, arena y cuernos de vacuno, tras el fracaso de sus predecesores.

Junto a la puerta principal, que es la lateral, se encuentra el sepulcro de santo Domingo, con una grandiosa efigie yacente del siglo XIII y un templete gótico más tardío.

En este templo destaca el gallinero gótico con una pareja de gallo y gallina blancos, que son reemplazados semanalmente, son símbolos de una de las leyendas peregrinas más famosas. La célebre frase "Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada" hace referencia a la leyenda de un joven peregrino alemán que, tras ser ahorcado por culpa de una acusación falsa, resucitó por intersección del santo. Cuando los padres del muchacho fueron a contárselo al corregidor, este dijo incrédulo que se hallaba tan muerto como el ave asado que estaba a punto de devorar, y que recuperó la vida y se puso a cacarear.

CATEDRAL DE EL SALVADOR DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA


2.3 BURGOS

Los 114 kilómetros burgaleses del Camino Francés conservan una importante huella religiosa, cultural e histórica en villas como: Redecilla del Camino, Belorado, Villafranca, Montes de Oca, San Juan de Ortega, Atapuerca, Burgos, San Antón y Castrojeríz son sus hitos importantes.

San Juan de Ortega fue favorecido por reyes, nobles y eclesiásticos para atender a los peregrinos en una zona especialmente peligrosa y estratégica como eran los Montes de Oca. Fue el lugar de reiro de este santo a su vuelta de Palestina y aquí decidió construir el Monasterio de San Juan de Ortega, obra cumbre de todas sus edificaciones levantadas en el siglo XII.

En la Edad Media la traza románica jacobea atravesaba la nave de la iglesia, se iluminaba con rayos de luz que entraban por las arquivoltas y pasaban por la puerta del monasterio, alumbrando las esculturas de piedra. En un capitel de la nave de este monasterio, que repreoduce la triple escena de la Navidad (la Aunciación, la visita de la Virgen María a su prima Isabel y el nacimiento de Jesús) es iluminado fugazmente por los rayos del Sol. Este efecto luminoso, llamado "Milagro de la Luz", se produce en cada equinocio a las cinco de la tarde (hora solar). Esta curiosa escena sirvió para difundir a paganos y creyentes en un mensaje que todavía esconde misterios sin resolver, transmitido mediante la arquitectura de la Orden de los Hermanos Constructores.

ENTRADA PRINCIPAL DEL MONASTERIO DE JUAN DE ORTEGA

En Burgos se encuentra el prototipo de hospital modélico más influyente de todo el Camino, fundado por Alfonso VIII después de la batalla de Alarcos en 1195. Llegó a aglutinar 30 hospitales-albergues y a reunir unos 70.000 peregrinos al año en el siglo XVI. Estaba custodiado por las monjas del monasterio de Huelgas y la Orden de Calatrava.

La impresionante Catedral de Burgos constituye una de las joyas españolas de estilo gótico, aunque tiene añadidos renacentistas y barrocos. Fue fundada por Fernando III el Santo y el obispo Mauricio, quien había presenciado la eclosión de nuevos templos franceses en el siglo XIII. Construido por maestros galos se le fue añadiendo con el tiempo varias capillas, dependencias y anexos que los enriquecieron.

El gótico framígero coronó la catedral con nuevas flechas caladas y capillas excelsas, como por ejemplo, la capilla del Condestable. La fachada principal es la Puerta Real o del Perdón, restaurada en el siglo XIII por Juan de Colonia y flanqueada por unas torres del siglo XV. A la derecha del crucero está la puerta Sacramental, en la que destaca la imagen de Cristo Doctor, rodeado por las alegrías de los cuatro evangelistas. La Escalera Dorada, la nueva sillería coral o los relieves del trasaltar son aportes renacentistas de Diego y Gil de Siloé. Junto a la escalera, la nueva torre del cimborrio de Juan de Vallejo sirve de culminación del templo, en una obra que conjuga las tres tradiciones (gótica, renacentista y andalusí) que imperaba en el arte español del siglo XVI. El Papamoscas es uno de los pocos relojes con autómatas que aún se mantienen en funcionamiento en España.

CATEDRAL DE BURGOS


Otro monumento de gran interés artístico es el Real Monasterio de la Huelgas, de monjas de Cister, fundado en 1187 por Alfonso VIII y Leonor de Aquitania, así como la Cartuja de Miraflores, palacio del rey Enrique III, donado por Juan II a los monjes cartujos.

Poco antes de Castrojeriz, asombran las ruinas del monasterio de San Antón, fundado en el siglo XII por la Orden de los Antonianos para curar a peregrinos enfermos de ergotismo. Castrojeriz fue en el Medievo la segunda población burgalesa más importante del Camino. En su entrada se ve la gran silueta de la ex colegiata de Santa María del Manzano, un monumento románico-ojival. En el interior se puede apreciar la talla de Nuestra Señora del Manzano, virgen popular y milagrera de las cantigas de Alfonso X el Sabio.

CONVENTO DE SAN ANTÓN

2.4 PALENCIA

En esta provincia se halla la más preciosa de la iglesias románicas del Camino. La iglesia de San Martín de Fromista, erigida en 1066, es un templo de tres naves paralelas cortadas por otra de crucero, sobre la que surgen una linterna octogonal del siglo XV. Más de cien capiteles y trescientos canecillos representan todo el estilo románico.

En Villalcázar de Sirga destaca Santa María la Blanca, donde se venera una virgen inmortalizada en las cantigas del rey sabio por conceder milagros.

Concilios y cortes tuvieron como sede a Carrión de los Condes, patria del marqués de Santillana. Su iglesia de Santa María del Camino, construido en románico del siglo XII, es el templo más antiguo de la ciudad, posee alusiones al Tributo de las Cien Doncellas.

Palencia es tierra de construcciones de barro, una arquitectura humilde que tiene sus mayores referencias en Sahagún, centro de la influencia cluniacense en España. Tuvo jurisdicción sobre casi un centenar de monasterios, conventos e iglesias y que en el siglo XIV llegó a tener universidad de teología y derecho canónigo. En sus cercanías se alza el monasterio de San Pedro de Dueñas.

IGLESIA DE SAN MARTÍN DE FROMISTA

2.5 LEÓN

La primera población importante en territorio leonés es Mansilla de las Mulas, que conserva buena parte del lienzo de sus murallas, que asoman a la ribera del Esla. En las cercanías de este río hubo antaño un elevado número de grandes monasterios que han ido desapareciendo, ahora quedan tres monumentos de interés: Santa Mría de Sandoval y Santa María de Gradefes, los dos del siglo XII y cistercienses, y San Miguel de la Escalada, del X.

León fue capital de un importante reino cristiano peninsular durante el Medievo. la plaza de Regla siempre fue un espacio asociedo a la catedral, donde tenía lugar fiestas, celebraciones, torneos y corridas de toros.

La catedral de León es la más pura del gótico francés en España, inspiarada en la de Reims, no es la más grande en cuanto a medidas, pero es la más grandiosa en concepción y espiritualidad. Consigue, mediante la depuración de sus estructura, la máxima desamortización posible.

Tiene 125 ventanales con más de 1.900 metros cuadrados de vidrieras. El ornato pétreo se reservó para las portadas, donde figuran algunas de las mejores creaciones de la escultura gótica europeoa. El obispos Manrique de Lara emprendió las obras de la edificación gótica, pero hasta 1301 no se terminó lo fundamental de la misma. La actual capilla de Santiago es la antigua librería de la catedral, cuyos muros delatan la presencia medieval de anaqueles y estanterías. En el Pórtico Real existen piezas, como el relieve de los Condenados y los Justos, a su pie se conserva el Locus apellationis, el lugar donde se celebran los juicios a las puertas del templo.


BASÍLICA DE SAN ISIDORO DE SEVILLA
La colegiata de San Isidoro, románica al estilo de la de Jaca o Fromista, con añadidos góticos y resto del templo anterior. Adosado a este se halla el Panteón Real, en el que convive un románico primitivo con la inspiración de los artistas de la corte asturiana y aun la visigótica. En él destaca la colección de capiteles, las pinturas de muros y bóvedas con detalles del Apocalipsis y del Nuevo Testamento, así como temas agrarios y geométricos; es el mejor conjunto de pinturas de la época: 23 reyes o reinas, donde infantes y nueve condes recibieron sepultura es este lugar.

El monasterio de San Marcos es una obra plateresca, sede en su día de la Orden de Santiago en la que penó Francisco de Quevedo, y hasta cuartel militar. A su lado se encuentra un iglesia en gótico decadente, decorada con motivos platerescos y con una fachada renacentista llena de conchas de peregrinos.

A las afueras de León, está la población de la Virgen del Camino, con el santuario de la patrona de la región. El puente de Óbigo es famoso por el torneo de caballería andante más estúpido de la historia, protagonizado por Suero de Quiñones.

Tras una docena de kilómetros pasando Hospital de Órbigo aparece la capital de la Maragatería, Astorga, la antigua Asturiaca Augusta. El recinto amurallado y los restos arqueológicos recuerdan el pasado de un núcleo relacionado con las explotaciones auríferas de El Bierzo y que hacia el siglo III comenzó a tener un papel importante en el establecimiento del cristianismo peninsular.

Posee una magnífica catedral gótica, basada en una iglesia románica medieval que se fue demoliendo desde el último tercio del siglo XV para construir la actual, en la que la variedad y riqueza de las bóvedas son la mejor expresión de un gótico meduro. Tras levantar su espigada cabecera de parecido gótico norte-europeo, la catedral se extendió hasta su fachada principal, que copia a la que tuvo la Catedral de León. El pintor y escultor Gaspar Becerra creó el retablo mayor de esta catedral, acso el mejor de España entre los de su tiempo.

El conjunto catedralicio astorgano se extiende mucho más allá del templo mayor: el hospital de San Juan, y dependencias diversas como el seminario, las paneras del cabildo, o el palacio episcopal levantado por Gaudí y hoy convertido en Museo del Camino.

En esta ciudad romana destaca el estilizado Palacio Episcopal, rodeado de una larga muralla que envuelve a una gran parte de la ciudad maragata. Fue proyectado por el genial Antonio Gaudí entre 1887 y 1889, año en que se inició su construcción, que finalizó en 1915. Los personajes más populares de Astorga son los maragatos autómatas que dan las horas en el reloj del barroco Ayuntamiento.

PALACIO EPISCOPAL DE GAUDÍ

Los peregrinos cruzaban los montes de León por los valles de La Cepeda, al norte de Astorga, entrando por el valle del río Tremor, o por Rabanal y Foncebadón.

Al salir de Astorga se alza Castrillo de los Polvazares, conjunto histórico-artístico, pero más conocido por su cocido maragato. A la izquierda se encuentra el monte Teleno y el río Duerna, antiguas explotaciones auríferas de los romanos.

El roble de Rabanal del Camino es un ejemplar centenario vinculado con los templarios que forjaron en los montes de León una de sus poderosas encomiendas, mientras que Foncebadón, en el que se celebró un concilio en 946, está depoblado.

La mítica Cruz de Ferro es un humilde altar de piedras en la cima de los Montes de León, coronada con un poste de madera que tiene clavado en la punta una pequeña cruz metálica. Se encuentra a 1.500 metros de altitud, en un paso de montaña duro, desolado y peligroso durante la Edad Media, pudiendo tratarse de un monumento funerario.

En el descenso hacia El Bierzo, el primer núcleo habitado es El Acebo, de arquitectura berciana y tejados de pizarra, y con una iglesia de San Miguel del siglo XVI.

En Poferrada, capital de la comarca de El Bierzo, destaca el Castillo Templario, y a corta distancia de Cacabelos se halla el monasterio cisterciense de Santa María de Carracedo, fundado al filo del milenio y reconstruido en tiempos de Alfonso VII.

CASTILLO DE LA ÓRDEN DEL TEMPLE EN PONFERRADA

En Villafranca del Bierzo se encuentra la confluencia de los ríos Burbia y Valcarce, destaca de la iglesia de Santiago, erigida entre los siglos XII y XIII. Su Puerta del Perdón se abre únicamente en Año Xacobeo, como la Puerta Santa de la catedral compostelana. Tiene la peculiaridad de otorgar el jubileo, perdón o consecución de la peregrinación en sustitución a la catedral gallega de Santiago, a los peregrinos enfermos. No es de extrañar que muchos caminantes con problemas de salud se den la vuelta en Villafranca justo antes de subir por las duras rampas del puerto de Piedrafita, que se interna en Galicia.


2.6 LUGO

En la cima del puerto de Piedrafita se ubica O Cebreiro, una pequeña aldea ubicada en un antiguo enclave romano a 1.300 metros de altitud y que supone la puerta de entrada a Galicia. Unas reconstruidas pallozas circulares rodean la prerrománica iglesia de Santa María la Real, la más antigua de toda la ruta jacobea, que fue escenario en el Medievo, según la leyenda, de un milagro eucarístico. En el templo se conserva el cáliz y una patena de origen romano, cuto vino y hostia se convirtieron supuestamente en sangre y carne. Este icono es conocido como Santo Grial y aparece en el escudo de Galicia.


CRUCEIRO EN EL MONTE O CEBREIRO
ESCULTURA AL PEREGRINO EN EL ALTO DO POIO

Tras un largo descenso del valle aparece Triacastela, después se halla Samos, con uno de los grandes monasterios gallegos, y Sarria, dominada por los restos del viejo castillo donde murió Alfonso IX mientras peregrinaba a Compostela.

A lo largo de este trayecto se suceden pueblos y caseríos al lado de ermitas románicas y viejos castros, como Barbadelo y la iglesia románica de un antiguo monasterio fundado en el año 874.

Puertomarín abraza el río con sus dos barrios: San Pedro y San Nicolás; unidos por el puente romano, destruido en las luchas del Medievo y reconstruido hacia 1120, por otro impulsador de la peregrinación: Pedro Peregrino. La iglesia de la Orden de San Juan tuvo que ser trasladada piedra por la construcción en 1962 del embalse de Belesar.

En Villar de Donas existe un pequeño monumento románico que fue el lugar de enterramiento de los caballeros de Santiago radicados en Galicia.

PUENTE SOBRE PUERTOMARÍN

2.7 A CORUÑA

En pleno corazón de Galicia abundan las viejas mansiones señoriales hasta llegar a Mellid, importante enlace jacobeo en el que se unía el Camino Francés con la ruta que proveniente de Asturias a travésn de Ribadeo y Mondoñedo.

El Hito 100 indica que queda una centena de kilómetros hasta llegar a Santiago. Facilita la adquisición de la Compostelana a los peregrinos que acrediten mediante su credencial, al menos, cien kilómetros a pie o doscientos a caballo o en bicicleta.

Dos kilómetros antes de llegar a Ligonde se encuentra el Cruceiro de Lameiros, del siglo XVII. Aparece cerca de un hospital de peregrinos  abierto hasta finales del siglo XVIII, rodeado de un paisaje sereno y acogedor, en compañía de un viejo roble centenario y campos de hierva, con inquietantes esculturas y mensajes canteriles. En su base hay serpientes enroscadas, calaveras y esculturas relacionadas con los clavos, las espinas y otros símbolos de la crucifixión de Cristo. Y en la cruz de piedra la Virgen representa la maternidad y la vida. En las colinas de los alrededores tuvo lugar el enfrentamiento entre las tropas cristianas y el ejército de Almanzor en el año 820.

El Cruceiro de Melide, en la provincia de A Corula, es el más antiguo de Galicia, ya que data del siglo XIV.

Justo antes de entrar a Santiago de Compostela, los peregrinos ascienden al Monte de Gozo, a 380 metros de altitud, en su cumbre vislumbran las torres de la catedral. Precisamente su nombre procedente del sentimiento de satisfacción que sienten al encontarser, tras un ruta llena de penalidades, tan cerca de la meta. El primero de un grupo o congregación de peregrinos en coronar esta cima era denominado "Rey de la peregrinación", king, roi, könming, etc.

ESCULTURAS AL PEREGRINO EN LA CIMA DEL MONTE O GOZO

Dentro de Santiago de Compostela, el detino final se consigue en la Plaza del Obradoiro.


3 SANTIAGO DE COMPOSTELA

El hallazgo o invención del sepulcro de apóstol Jacobo el Mayor en Galicia fue una genialidad de la España cristiana, necesitada de algo que la vertebrara y la motivara para expandirse hacia el sur.

Santiago es la meta de cualquier peregrino, una ciudad-convento que se desarrolló con el hallazgo del sepulcro. Teodomiro, Sisinando y Gelmírez son los tres obispos que establecieron las bases de su futuro crecimiento urbano y arquitectónico, apoyados por monarcas que favorecieron el patronazgo del apóstol. Decenas de templos y centros de vida religiosa se fueron edificando para atender las necesidades crecientes de la urbe sacra, hasta convertirse en la tercera ciudad de la cristiandad, después de Roma y Jerusalén.

Por la rúa de San Pedro, entrada de la ciudad, se encuentra el crucero de Home Santo de Bonaval, del siglo XV, y en la plaza que queda detrás se encuentra el antiguo convento de Santo Domingo de Bonaval fundado en 1220 por santo Domingo de Guzmán. En una de sus capillas se halla el panteón de Gallegos Ilustres y en gran parte de sus dependencias está instalado el museo do Pobo Galego dedicado a la etnografía de la región.

Los peregrinos entran en el antiguo recinto amurallado por el espacio que ocupaba la puerta del Camino, una de las siete que había en la Edad Media. Esta muralla fue reconstruida en el siglo XI, después de que Almanzor saqueara la ciudad en el año 997.

El primer edificio de la calle de las Casas Reales es la iglesia de Santa María del Camino, del siglo XVIII, en un ensanchamiento de la calle se alzan el pazo barroco de los Fondevila y la neoclásica capilla de las Ánimas, ambas del siglo XVIII.

En la plaza de Cervantes, además de la fuente con el busto del autor del Quijote, están la iglesia de San Benito del Campo, también neoclásica del siglo XVIII, y el museo del Azabache. Cerca de esta plaza se encuentra el monasterio de San Paio de Antelatares, fundado por Alfonso II en el siglo IX para alojar a una comunidad de monjes benedictinos encargada de custodiar el sepulcro del Apóstol. Desde la misma se accede al museo de Arte Sacro, en el que se expone una colección de escultura, pintura, orfebrería y ornamentos litúrgicos.

En la plaza de la Inmaculada, cerca de la catedral, se encuentra el antiguo monasterio de San Martín Pinario, que compite en tamaño con la propia catedral. En la actualidad es la sede del
Seminario Mayor y del archivo histórico diocesano.

El Arco del Palacio comunica la plaza de la Inmaculada con la del Obradoiro. El pasadizo del arco queda debajo del palacio Episcopal, que engloba las estancias románicas del pazo de Gelmírez, construidas en los siglos XII y XIII.

La Plaza del Obradoiro, cuyo nombre se debe a los trabajadores de los talleres canteros donde labraron las peidras que levantaban la Catedral de Santiago en el siglo XI, es el epicentro de la ciudad. En este gran caja de piedra se alza la gótica fachada de la Catedral, en el lado Poniente, el románico del palacio de Gelmírez y del pórtico del palacio de San Jerónimo, el plateresco del Hospital de los Reyes Católicos, el renacentista del cercano Colegio Fonseca, el barroco ene la misma fachada catedralicia, y el noeclásico del palacio Rajoy, en el lado Levante.

El Hospital de los Reyes Católicos fue un antiguo Hospital Real para enfermos y peregrinos construido en 1501. Ahora es un parador de turismo.

El Palacio de Rajoy fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII, para albergar el Seminario Mayor. En el relieve del frontón central se representa la batalla de Calvijo, y en el remate se sitúa una estatua de Santiago Matamoros.

Junto al colegio de San Jerónimo de estilo románico se encuentra, en le rúa del Franco, el colegio de Fonseca, fundado en 1544 por el arzobispo Alfonso de Fonseca. Fue sede de la universidad y actualmente alberga la biblioteca universitaria.

La Catedral de Santiago es el resumen del mito jacobeo. Se comenzó a construir en el año 1075 en estilo románico, el propio de la época. Curiosamente, la conversión de este primer templo románico en sede catedralicia y el inicio de su reconstrucción, ambas cosas durante el último cuarto de siglo XI, supuso la destrucción del primitivo mausoleo, demolido por el arzobispo Diego Gelmírez.

Se convirtió en el modelo más elaborado de iglesia de peregrinación: edificio muy amplio, apto para muchedumbres, con naves alargadas y tribunas; en cuya construcción intervinieron aportaciones españolas, francesas y andalusíes e incluso elementos del románico lombardo.

La obra escultórica más valiosa y fundamental del románico del Camino de Santiago, construida por el maestro Mateo y transmitida por el lenguaje mágico de las piedras mediante los evangelistas, profetas, músicos, artesanos, dioses y demonios que van apareciendo en el panteón de piedra. Es un templo clásico, útil para todo tipo de oficios eclesiásticos, que permite a la vez la liturgia oficial y el flujo de gentes que circulan ordenadamente ante las reliquias.

Durante los siglos XVII y XVIII la catedral se cubrió con un ropaje barroco espectacular y escenográfico, acorde con el despliegue urbanístico que lo rodea, bajo el cuerpo medieval al que se anexiona, y sin perder la autenticidad del gran edificio románico que asombra en su interior.

La basílica tiene planta de tres naves con tribuna, crucero, girola y en los laterales las capillas ábsidales. Arriba en el techo se encuentra una bóveda de cañón muy hermosa que cubre la nave principal y la bóveda de arista en los laterales. De estilo románico y planta cruz latina, fue una de las catedrales más bellas de las que se construyeron por entonces. Se acabó de construir en 1128 aunque hasta el siglo XVIII se reformó varias veces; incluso hay varios movimientos artísticos dentro del templo. La extraordinaria longitud de la nave mayor estaba concebida para contener el coro capitular.

La fachada principal, en el lado occidental de la plaza, es de estilo barroco, por ella entran la mayoría de los visitantes. Fue construida entre 17738 y 1750 por Fernando de Casas. También de esa época son los remates barrocos de las torres, originalmente románicas, como la mayor parte del edificio.

La catedral, además de como templo, ejerció como fortaleza. Su gótico torre del Reloj se levantó como elemento defensivo, y bajo esta se construyó la puerta Real en 1666.

La puerta Santa se abre durante los años compostelanos. Fue abierta en el muro románico en el siglo XVI, aunque las actuales puertas de brocense se colocaron en 2004. También en el mismo siglo se construyó el claustro, siguiendo la moda hispánica de combinar una estructura gótica con ornamentos renacentistas.

Famosos son sus pórticos, como el de las Platerías y el de la Gloria. El maestro Mateo ejecutó la obra, promovido por los obispos Diego Peláez y Diego Gelmírez, y por el rey de Castilla, Raimundo de Borgoña.

El Pórtico de la Gloria fue creado durante el reinado de Fernando II en 1168. Su tímpano se construyó unos años después en 1188. El tímpano de este pórtico representa la visión apocalíptica de la Gloria Celestial, presidida en el centro por Cristo y rodeado de varias imágenes, como cuatro de sus apóstoles y tal vez, uno de ellos represente a Santiago el Mayor. Cristo representa el sufrimiento mostrando sus llagas.

Las portadas Platerías y Azabachería son obras de arte. Los apóstoles que le acompaña en los laterales son reconocidos como San Juan, San Lucas, San Mateo y San Marcos, el médico. Algunas figuras de hombres llamados “Los justos”. Los ángeles que aparecen como elementos sostienen una cruz, una corona de espinas, una lanza, una esponja, etc. Elementos relacionados con la pasión de Cristo antes de su muerte. Otros apóstoles reconocidos en otro de sus arcos son: San Bartolomé y Santo Tomás. El Arcángel favorito de Dios, su mano derecha, San Gabriel, también aparece en el arco de la derecha. En el arco izquierda aparecen algunos profetas del Antiguo Testamento.

Llaman la atención las capillas radiales y las capillas laterales como la de San Andrés, San Antonio, Santa Catalina, la capilla de la Comunión, la de San Juan, la de la Concepción, la de Nuestra Sra. de la Concepción, la de la Virgen del Pilar, entre otras por su rica ornamentación.

El panteón real alberga la tumba del conde Raimundo de Borgoña y Galicia, la de la esposa de Alfonso VII, Berenguela; la de Inés de Castro, el de Fernando II y el de Alfonso IX.

En el altar mayor se encuentra la figura románica tallada en piedra del apóstol Santiago Peregrino sentado sobre un trono. Fue esculpido por el maestro Mateo en el siglo XIII. En su mano izquierda sujeta una vara de peregrino, vestido con una capa y con el símbolo de la Orden de Santiago. En la otra mano sujeta un pergamino abierto con unas palabras en latín. La figura de un obispo que sujeta dicho pergamino, pudiera ser el de Teodoromiro. Su cuerpo está recubierto de plata y pedrería del siglo XVIII. Los peregrinos suben hasta ella para abrazarla por una escalera situada a su espalda, en la girola. Bajo el altar mayor está el Sepulcro catedralicio, ubicado en el interior de un cripta. Allí se encuentran los restos del Apóstol, una sepultura en plata, muy trabajada al puro estilo románico.

El Botafumeiro es un enorme quemador de incienso, empleado solamente en las misas solemnes, pero en su origen se utilizaba para enmascarar el mal olor que desprendían los esforzados peregrinos. El botafumeiro original era de plata, se colocó en el siglo XVI y fue un regalo del monarca galo Luis XI, pero fue robado por las tropas de Napoléon durante la Guerra de la Independnecia. El actual, frabricado en 1815, solo lleva un baño de plata, mide alrededor de un metro y medio de altura y pesa 62 kgs., a los que hay que sumarle los 40 kgs. de la carga de incienso y carbón. Resulta impresionante verlo oscilar a más de 20 metros del suelo, manejado por ocho hombres, los tiraboleiros.

Entre el modélico templo románico y las impresionantes reformas barrocas, el Renacimiento aportó a la catedral estancias sobresalientes como el claustro, trazado por Juan de Álava, y la casa del Tesoro, debida a Rodrigo Gil de Hontañón.

El órgano de la Catedral es del siglo XVIII. Como uno de los destacados promotores de la Catedral fue el obispo Teodomiro aparece con su lápida sepulcral. Su sala capitular y su biblioteca son de gran belleza. Son notables el museo capitular, la plaza y escalinata del Obradoiro, del siglo XVIII, que llama su atención por su belleza en conjunción con la piedra gris oscura típica de Galicia. Junto a la fachada de la Azabachería se ve la torre del Reloj.



4 LOS ITINERARIOS


La recuperación de la memoria histórica vinculada con las peregrinaciones medievales y el trabajo se señalización y divulgación de los nuevos itinerarios jacobeos, facilitados por las Asociaciones de Amigos del Camino, permite disponer de varias rutas jacobeas principales que llegan directamente a Santiago, como son los Caminos Francés, Portugués o Inglés, y otras secundarias como la Ruta de la Plata, del Norte, Primitivo, Vasco o Aragonés, que enlazan con ellas y pequeños ramales marcados con las flechas amarillas en casi todas las regiones españolas.


Toda Europa se convirtió en Camino hacia Santiago. La corriente peregrina procedía de los más apartados rincones: Inglaterra, Escandinavia, Rusia, Turquía, Gracia, Egipto y Abisinia y hasta la lejana India. Los ríos humanos de peregrinos fluían hacia Francia donde se concentraban en torno a cuatro rutas principales perfectamente fijadas: Vía Turonense, Vía Lemovicense, Vía Podiense y Vía Tolosana; por los cuales entraban en la península cruzando los Pirineos. Viajeros ilustres describieron otros caminos terciarios que partían de lugares más remotos todavía, en especial destacan los Caminos Suizo, Transalpino y Marítimos Ingleses.


4.1 EL CAMINO PORTUGUÉS

116 kilómetros si se inicia en territorio español en el Puente internacional del río Miño, en Tui, en la provincia de Pontevedra, atravesando las rías gallegas y pasando por Vigo, Redondela, Castro Lupario, Pontevedra y Padrón, hasta llegar directamente a Santiago de Compostela.

El Camino Portugués propiamente dicho parte desde Lisboa, toma dirección nordeste, remonta la cuenca del Tajo y pasa por Azambuja, Cartaxo, Santarém, Golega, Tomar, sede de la Orden del Cristo, Alvaiázere, Ansiao, Condeixa y Coimbra. Seguía en gran parte una vía romana perteneciente al itinerario de Antonio, construida en el siglo II. El trazado ha sido descrito ampliamente en las Rutas Imperiales de la Hispania y en los relatos de ilustres viajeros, como Rosmerithal, Lassota o Canfalonieri. Es la ruta habitual usada por los peregrinos procedentes de Lisboa, Santarém, Coimbra y Porto, y por los monarcas portugueses, como Sancho III, Alfonso III, don Manuel, doña Isabel y la Reina Santa.

El otro ramal portugués, menos transitado, es el Camino Portugués del Interior, que parte también de Lisboa, toma rumbo oeste, visitando Mafra, Torres Vedras, Óbidos, Caldas de Rainha, Alcabaça, Batalha, Liría, Pombal, Montemos o Velho y la ciudad universitaria Coimbra, que guarda el sepulcro de la Reina Santa, dos catedrales y una iglesia medieval dedicada a Santiago.

En tierras gallegas la vía lusitana compostelana pasa por Rúa de Francos, donde se encuentra el Castro Lupario, antigua residencia de la reina Lupa, que intentó impedir el traslado de los restos del Apóstol a Santiago; y Padrón, el puerto pesquero donde atracó la barca con el cuerpo custodiado por sus discípulos. Estas vías lusitanas participaron efusivamente en la expansión de la noticia del descubrimiento de los resto del Apóstol desde el primer momento.


4.2 EL CAMINO INGLÉS

113 kilómetros entre El Ferrol y Santiago de Compostela, pasando por Betanzos, Bruma y Sigüeiro.

La peregrinación al sepulcro de Santiago el Mayor llegó hasta los lejanos puertos del Báltico y la península de Escandinavia, la temida Scandia romana, pasando por las poblaciones cristianas de los Países Bajos, Irlanda, Inglaterra y el norte de Francia, que aprovecharon las rutas navieras comerciales para viajar en barco a Noia, Muros, Padrón, Baiona, Neda y La Coruña, evitando las peligrosas rutas terrestres.

El puerto habitual de desembarco de peregrinos a partir del siglo XI fue la ensenada de Ferrol, afrontando después una amena y dura travesía por el agro más íntimo y profundo del territorio coruñés.

El geógrafo El-Idrisi describió la ruta jacobea por mar en sus crónicas del siglo XII, alcanzando gran popularidad a partir de la guerra de los Cien Años, entre los siglos XIV y XV.


4.3 LA PROLONGACIÓN A FISTERRA Y MUXÍA

87 desde Santiago hasta Fisterra atravesando Negreira, Oliveira, o 92 por Hospital, Vilastose hasta Muxía.

El origen de esta prolongación se basó en la tradición por llegar al “final de la tierra”, el fin del mundo conocido o finis terrae, símbolo de una tradición vinculada con la creencia de que más allá de la costa gallega moraba un abismo que marcaba los límites del mundo para los pueblos celtas y romanos. Los primeros datos fiables de peregrinos que ampliar su marcha por esta vía hacia el mar aparecieron en el siglo XV.

La prolongación del Camino de Santiago por Negreira, en la cuenca del tambre, Hospital, Cee y Corcubión hasta el cabo Finisterra es más pobre y discreta en monumentalidad que las rutas del norte peninsular, pero ofrecen el atractivo del medio rural gallego y la magia de los viajes que sucumben en el océano. La nueva señalización de la ruta con las inmortales flechas jacobeas y los hitos de las viejas vieiras amarillas sale del Obradoiro por la Rúa das Hortas y la Robleda, junto al convento de san Lorenzo, atraviesa las aldeas del concejo de Ames y lleva el peregrino durante casi noventa kilómetros al mítico cabo gallego por pueblos con encanto, corredoiras, veredas emboscadas y apacibles carreteritas locales.

La población más importante es Negreira, de origen medieval, con albergue para peregrinos. La ruta de Múxia deja el camino de Fisterra en Hospital, sigue el camino Real de Vilastose y San Martiño y lleva al santuario de A Barca, fusión sagrada de la leyenda, magia y fe en la orilla del infinito océano, creador de un conjunto de piedras abaladoiras (oscilantes) con poderes curativos que indican el lugar donde encalló la barca de la Virgen cuando llegó a la Costa da Morte.


4.4 EL CAMINO DEL NORTE O CAMINO DE LA COSTA

830 kilómetros desde Irún en Guipúzcoa hasta Arzuá en la provincia de La Coruña, donde se une al Camino Francés a 40 kilómetros del destino final. Discurre por ciudades de la importancia de San Sebastián, Zumaia, Markina, Gernika, Zamudio, Bilbao, Portugalete,  Castro Urdianles, Santander, Santillana del Mar, Comillas, Unquera, Llanes, Ribadesella, Sebrayo, La Vega, Oviedo, Avilés, Cudillero, Luarca, Navia, Ribadeo, Mondoñedo, Vilalba y Sobrado do Monxes.

Naturalmente había sus variantes. Algunos peregrinos hacían parcialmente esta ruta y subían desde Torrelavega dirección sur por Reinosa y Aguilar de Campoo atravesando los Picos de Europa hasta enlazar con el Camino Francés en Fromista, o bien se unían más adelante, desde Oviedo a León, por los puertos de Pajares y Arbas.

Suponen un  interminable mundo verde de bosques, pastos, vegas y bellas aldeas rurales para el peregrino que recorre el Camino del Norte, de la Costas Cantábrica, o también llamado en Galicia Camiño Norte.

En el siglo XII las regiones costeras tenían fama de estar habitadas por gentes salvajes que hablaban idiomas desconocidos y vivían en caseríos dispersos. También existía el obstáculo geográfico que suponía salvar las numerosas rías que salpican el litoral, custodiadas por barqueros que cobraban el traslado entre orillas. En otros lugares, los romeros daban grandes rodeos para evitar las entradas de mar y las desembocaduras de los ríos, afrontando multitud de peligros por las extrañas tierras del interior.

Hasta el siglo XIII no aparecieron los primeros núcleos urbanos estables, durante los reinados de Alfonso VIII y Alfonso X. Se trataba de un trayecto muy peligroso y difícil por la agresividad de su costa, la dureza de sus montañas y la adversidad de su meteorología , pero hasta el siglo XI era más seguro que el Camino Francés, mucho más expuestos a los ataques de los sarracenos.


4.5 EL CAMINO PRIMITIVO

240 kilómetros desde la capital de Asturias hasta Palas del Rei, en Lugo, punto donde enlaza con el Camino Francés, pasando por Salas, Tineo, Pola de Allande, Grandas de Salime, Consagrada y Lugo.

Enterado del hallazgo del sepulcro de Santiago el Mayor en Iria Flavia, en el 813, el rey asturiano Alfonso II el Casto, quien mantenía buenas relaciones con Carlomagno, viajó con su cortejo real desde Oviedo al lugar del descubrimiento, ordenando construir una ermita de culto y devoción en honor del santo y sus dos discípulos. El auge de las peregrinaciones a Oviedo para adorar las reliquias sagradas de la cristiandad, a finales del siglo XI, estableció nuevas rutas en el norte peninsular, enlazando con las romerías a Santiago. La ruta lleva el nombre de Camino Primitivo porque durante los primeros tiempos de las peregrinaciones era la única vía disponible desde Oviedo, el principal centro cristiano en la península hasta el momento.

Las crónicas medievales hablan de un hospital jacobeo en Llanes, en 1330, una de las primeras hospederías conocida para peregrinos nacionales y extranjeros que transitaban a Santiago de Compostela. También existen documentos de un hospital en Pola de Siero fundado en 1141, relacionado posiblemente con las peregrinaciones de culto a la Cámara Santa de la catedral de Oviedo. Y varias crónicas de los siglos XV y XVI hablan de un camino francés en la zona de Grada, sin duda relacionado también con las romerías medievales por la Cordillera Cantábrica buscando el trazado del Camino Primitivo. Algunos grupos de peregrinos acudían a Oviedo desde León, salvando la Cordillera Cantábrica por el hospital de Santa María de Arabas, fundando por el conde Fruela, conectando en la capital asturiana con los romeros procedentes de Irún por el litoral, un recorrido mucho más penoso y menos atendido de fundaciones hospitalarias.


4.6 LA VIA DE LA PLATA

492 kilómetros desde Mérida hasta Astorga, pasando por Cáceres, Cáparra, Baños de Montemayor, Salamanca, Zamora y Benavente.

Discurre por la calzada romana número XXIV, construida entre Mérida y Astorga, Iter ab Emerita Asturicam, alrededor del 25 a.C. para facilitar la incursión de las legiones romanas en tierras cántabras y astures. Posteriormente, arquitectos hispanorromanos ampliaron y mejoraron el trazado de este primitiva calzada militar convirtiéndose en la principal vía comercial y ganadera de la Hispania romana, usada por vetones, astures, vacceos y lusitanos para desplazarse por el oeste peninsular. Los árabes admiraron el fabuloso pavimento de la calzada romana y llamaron a la ruta Al-Balat (camino empedrado).

La ruta sale de Mérida, la “Roma” española, por el Parque Natural de Cornalvo y en embalse de Proserpina, de origen romano, iniciando una solitaria aventura por las bellas llanuras extremeñas de encinares adehesados. Las principales dificultades aparecen después de pasar Cáceres y salvar el puerto de los Castaños, en las colinas de Grimaldo y el valle del Jerte. El tramo más solitario y bucólico es la etapa de montaña entre Carcaboso y Béjar, con el aliciente de las ruinas romanas de Cáparra, la calzada de Baños de Montemayor y el puente de la Malena, en el río Cuerpo de Hombre, rodeado de robles, miliarios, pueblos medievales y grandes sierras.

Por él acudían tanto los cristianos que vivían en territorios musulmanes como los nuevos cristianos que se convirtieron tras la Reconquista. Otros venían de Portugal por Ciudad Rodrigo pasando la frontera por el lugar de San Felices de los gallegos. Unos y otros solían visitar el Santuario de Peña de Francia.

Desde la ciudad universitaria de Salamanca proseguía por Zamora, Granja de Moreruela y Benavente, hasta Astorga donde se unían a los del Camino Francés. La Vía de la Plata cuenta con la variante del Camino Sanabrés. En Zamora deja la ruta principal de Astorga y toma rumbo a Puebla de Sanabria, pasa por Verín, Orense y concluye en Santiago.

El monje fray Justo Pérez de Urbel aventuró la hipótesis de un traslado de las reliquias de Santiago desde Mérida a Galicia por la Vía de la Plata en la génesis del mito jacobeo. De cualquier manera, la antigua vía romana coincide con la expansión del Reino de León en la Reconquista.

En 1062, en tiempos de Fernando I fue trasladado por esta vía el cuerpo de San Isidoro desde Sevilla a León.

Una vez tomadas las ciudades de Sevilla, Jaén y Córdoba por Fernando III en el siglo XIII, el camino quedó libre y seguro para los peregrinos. Este rey hizo devolver a Compostela las campanas que Almanzor llevara a Córdoba.


4.7 EL CAMINO DE MADRID

321 kilómetros desde Madrid hasta Sahagún. En el siglo XII la población de Madrid contaba con varias parroquias dedicadas a Santiago y es fácil pensar que los peregrinos jacobeos siguen el trazado de la antigua vía romana XXIV del Itinerario Antonino para enlazar con el Camino Francés en Sahagún. Esta vía atraviesa el Sistema Central por el puerto de Fuenfría, la etapa reina del itinerario, visita la monumental ciudad de Segovia, el monasterio de Santa María la Real de Nieva, las históricas villas castellanas de Simancas y Medina del Rioseco, y surca los horizontes llanos y serenos de Tierra de Campos hasta Sahagún, donde conecta con el Camino Francés.

SAHAGÚN, PUERTA DE ENLACE DEL CAMINO DE MADRID
4.8 RUTA VASCA O VÍA DE BAYONA

263 kilómetros desde Irún, en Guipúzcoa, hasta la ciudad de Burgos, donde se une al Camino Francés.

Su vinculación y origen es una de las primitivas vías romeras seguidas por los peregrinos francos en el norte peninsular, anterior al Camino Francés y por supuesto al temido Camino del Norte por la costa cantábrica, vinculada con el tránsito de la calzada romana de Briviesca a las Galias.

Con la entrada de Irún al Reino de Castilla, a principios del siglo XIII, el fronterizo puerto anclado en la desembocadura del Bidasoa se convirtió en un importante enclave comercial en el Pirineo occidental, flujo de mercaderes, viajeros y peregrinos procedentes del norte de Francia que seguían la denominada Vía de Bayona, Ruta Vasca o Ruta del Interior, porque esquivaba el temido itinerario costero del Cantábrico.

La ruta recorre el valle del río Oria hasta Tolosa, aunque existe otra variante por Zerain menos documentada en las crónicas medievales. El itinerario jacobeo hasta Zegama es ameno y entretenido por las poblaciones del fondo del valle, con abundantes muestras de arquitectura tradicional vasca y bellos monumentos. Después asciende por los hayedos de la sierra de Aizkorri donde se encuentran los restos de una ermita rupestre y una calzada medieval en el antiguo Camino de Castilla. La Llanada Alavesa es un apacible paseo por el viejo camino de los romanos que pasa por Salvatierra y Vitoria. El ambiente agrícola y sereno, plagado de pórticos, ábsides y campanarios románicos. Los meandros del río Zadorra y las poblaciones de Ariñez y La Puebla de Arganzón dirigen el Camino de Santiago hacia Miranda del Ebro y el desfiladero de Pancorbo, en los Montes Obarenes, paso secular de imperios y ejércitos desde el origen de los tiempos. El tramo final sigue el camino romano de Briviesca, capital de la Bureba, paso natural de la meseta castellana al País Vasco y el occidente de la Cordillera Cantábrica.


4.9 LA RUTA DE LA LANA

556 kilómetros desde Alicante hasta Burgos donde se une al Camino Francés. La Ruta de la Lana o Camino Real de Burgos a Valencia es la tradicional vía meseteña usada durante siglos por los rebaños trashumantes, pastores, esquilachadores y peregrinos durante la Edad Media desde La Mancha de Cuenca hasta Burgos, capital comercial durante los cinco siglos que duró la época gloriosa de la Mesta.

El oficio inicial de esta ruta, en proceso de señalización definitivo, se efectúa desde Alicante, donde también nace el Camino del Sureste. Ambas rutas discurren juntas hasta Villena. La Ruta de la Lana continúa por el valle de Cofrentes, pasando por Novelda y Almansa, hasta Cuenca, donde entra el trazado primitivo original de la vía pecuaria, y sigue por Salmerón, Cifuentes, Atienza y San Esteban de Gormaz, coincidiendo con el itinerario del Camino de Cid, que también pasó con sus mesnadas por el camino medieval en su épico destierro hacia las tierras de Valencia.


4.10 EL CAMINO CATALÁN O CAMÍ DE SANT JAUME

470 kilómetros desde el emblemático Monasterio de Monserrat, en la provincia de Barcelona, rodeado de un bello entorno natural y uno de los santuarios más venerados de Cataluña. Los primeros en utilizar esta vía fueron los peregrinos europeos procedentes del sur de Francia por Arles que buscaban el apoyo de los monasterios catalanes, especialmente el santuario de Monserrat y el monasterio de Ripoll, o que desembarcaban en las ciudades portuarias de Gerona, Barcelona y Tarragona.

El itinerario sigue dos trazados: Las ruta septentrional parte de Tárrega, pasa por Santas Creus y Poblet, y recorre la provincia de Huesca por los Monegros para conectar con el Camino Aragonés en Puente la Reina de Jaca. La ruta meridional es la más usada, busca el valle del Ebro por las ciudades de Igualada y Lérida, y por la campiña de Fraga.

El Camino del Ebro es una variante procedente de Sant Jaume d´Encija, en el delta del Ebro, continúa por Zaragoza y la ribera del Ebro, visitando poblaciones de notable tradición histórica como Tudela y Logroño, donde conecta con el Camino Francés.

El Camí de Sant Jaume cuenta con el ramal denominado Camí Gironí, procedente del este de Francia por La Jonquera y Figueres. Recorre la provincia de Gerona y ofrece el atractivo de los monasterios de Sant Pere de Rodes, Santa María de Panissars, Sant Benet de Bages o el monasterio de Folgueroles.


4.11 EL CAMINO ARAGONÉS

163 kilómetros desde Puerto de Somport, en el Pirineo aragonés en Huesca, pasando por Jaca, descendiendo el valle del río Aragón hasta la monumental Sangüesa, continúa por Monreal y el simbólico templo románico de Santa María de Eunate hasta enlazar con el Camino Francés en Puente la Reina. Algunas guías y asociaciones de peregrinos consideran esta ruta como el sector B o un segundo ramal del Camino Francés.

El Codex Calixtinus de Aymeric Picaud en el siglo XII señala dos rutas para salvar los Pirineos que responden a dos caminos naturales por los que pasaban las vías romanas: de Burdeos a Astorga, por Roncesvalles; y del Bearne a Zaragoza, por el puerto de Somport, donde se encontraba el hospital de Santa Catalina.

En el pueblo bearnés de Broce se agrupaban los peregrinos europeos que llegan por la Vía Tolosana antes de internarse en las gargantas del Aspe, pasar por Canfranc  y afrontar la dura y peligrosa subida al puerto Somport (Summus Portus). En su cima el Codex Calixtinus ubica uno de los tres hospitales paran peregrinos más importantes del mundo: el de Jerusalén, en Tierra Santa; el Mont Joux, en los Alpes, camino de Roma; y el Santa Cristina, en las inhóspitas geografías del Alto Aragón.

Jaca es la primera ciudad española de este camino, origen del Reino de Aragón. La seo es soberbia, en la entrada del oeste se puede apreciar las dos esculturas de leones que custodian el crismón. A 4 kms. se encuentra su monasterio de Santa María, del siglo XII, fundado por las tres hermanas de Sancho Ramírez.

El monasterio de San Juan de Peña, clavado en la misma roca, fue el prototipo de lugar telúrico con un claustro románico. Fue foco de la reforma cluniacense para toda España.

El monasterio de San Salvador de Leyre fue el “centro y corazón de mi reino” según declaró Sancho III el Mayor. En este centro benedictino se sitúa la leyenda de San Virila, el abab que tenía dudas sobre el misterio de la eternidad y se pasó 300 años embelesado con el canto de un pajarillo creyendo que solo habían pasado unas horas.

Pasado Yesa, se llega al castillo de Javier, cuna del patrón de Navarra, San Francisco Javier, y objeto de visita y peregrinación continuas que tienen su culminación anual en las famosas “javieradas”.

Cerca de halla Sangüesa, ciudad fundada como pueblo-calle del Camino. Sus principales monumentos son la iglesia de Santa María, con una impresionante fachada, un triple ábside románico y una torre octogonal gótica; y el convento de San Francisco de Asís.

El camino discurre por Oloz, con su bella torre-palacio gótico y su iglesia románica, Enériz, y llega a la iglesia de Santa María de Eunate, un monumento funerario o “iglesia-faro” con hospital, relacionada con los templarios por su forma octogonal aunque con bóveda de influencia califal.

Justo ante de llegar a Puente la Reina se encuentra Obanos, relaciona con el misterio de San Guillén, duque aquitano que mató a su hermana Santa Felicia por haber abandonado su Corte para hacer el Camino. En él también se celebra la romería de Arnotegui.


La vinculación de este camino a las peregrinaciones está vinculada desde que el cáliz de Cristo llegase a Hispania en manos de un legionario romano, que entregó el grial a los padres de san Lorenzo. Se trata de la copa en la que bebió Jesucristo en la última cena, y en la que se derramó su sangre tras clavarle una lanza el legionario Longinos mientras estaba crucificado. La reliquia estuvo en Huesca, Yebra, Siresa y San Adrián de Sesabe, escapando sucesivamente del acoso musulmán. El grial llegó a Jaca en los albores del reino de Aragón, y Ramiro I, primer rey aragonés, mandó levantar la catedral para albergar la copa sagrada.

En el siglo XI pasó por San Juan de la peña y en 1399 estaba en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, de donde pasó a la Capilla Real de Barcelona en 1410. La historia señala el 18 de marzo de 1437 cuando Alfonso V entregó la reliquia a la catedral de Valencia, donde se conserva en una capilla especial.


4.12 EL CAMINO MOZÁRABE

380 kilómetros desde Granada hasta Mérida, en Badajoz, donde enlaza con la Vía de la Plata. Pasa por ciudades como Moclín, Alcalá la Real, Baena, Córdoba, Monterrubio y Campanario.

Es la ruta seguida a partir dl siglo X por las poblaciones mudéjares que habitaban en las taifas musulmanas del sur peninsular. El auge de las peregrinaciones jacobeas al santuario compostelano de la plaza del Obradoiro llegó a las poblaciones cristianas que vivían en los territorios musulmanes del sur de España en el siglo X, abriendo una clara ruta romera desde las grandes ciudades andalusíes de Granada y Córdoba hasta la antigua villa romana de Mérida, donde continuaba por la Vía de la Plata hacia el templo gallego.

La misma ruta mozárabe fue usada por Almanzor para la campaña de Santiago de Compostela en el año 997. Las tropas árabes destruyeron el templo prerrománico de la capital gallega pero respetaron el sepulcro, manteniendo vivo el fervor jacobeo en el mundo cristiano. Se llevaron las campanas de la catedral a Córdoba y fueron recuperadas y devueltas a Santiago dos siglos después por Fernando III el Santo.


4.13 EL CAMINO DEL SURESTE

813 kilómetros entre Alicante y Astorga, travesando varias ciudades importantes como Novelda, Villena, Albacete, Toledo, Ávila, Tordesillas y Benavente.

Este camino está descrito por los Reportorios del valenciano Juan Pedro Villuga en 1546, una serie de mapas que dibujan una completa red de caminos históricos distribuidos en todas las regiones peninsulares.

Uno de ellos muestra un trazado claro desde Alicante hasta Zamora, pasando por Albacete, Toledo, la capital del reino en aquellos tiempos, y Ávila, conectando con la antigua calzada romana de la Vía de la Plata. Crónicas de la misma época describen las aventuras de los peregrinos que recorrían esta ruta milenaria, los hospitales edificados para los romeros y el estado de las calzadas.

La recuperación e integración del camino Real de Murcia y otras vías históricas del Levante en el Camino de Santiago del Sureste facilita el viaje a los habitantes del sureste peninsular en un itinerario largo y variado, ofreciendo un espectacular recorrido que supera los mil kilómetros hasta la plaza del Obradoiro, combinando paisajes de la España mediterránea, las mesetas castellanas, las cuencas del Tajo y el Duero y el mundo rural gallego. La ruta coincide con la Vía de la Plata en varias etapas y permite buscar el flujo romero del Camino Francés en Astorga o tomar la variante del Camino Sanabrés por Puebla de Sanabria hacia Verín.


4.14 EL CAMINO MANCHEGO

104 kilómetros entre Ciudad Real y Toledo, pasando por Malagón, Los Yébenes y Sonseca. El Camino Manchego es reciente y puede considerarse un ramal de enlace entre Ciudad Real y la capital del antiguo Reino Hispano-visigodo, donde enlaza con el Camino del Sureste.

Desde el siglo XVI, los peregrinos jacobeos atravesaban la llanura manchega, escenario de las andanzas de Don Quijote y tierra de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, así como los montes de Toledo.


4.15 LA VIA TURONENSE

Se iniciaba desde San Martín de Tours y desde París. Desde allí partían los peregrinos francos y otros provenientes de Flandes y los países nórdicos, sobretodo alemanes, quienes seguían el Camino bajo, que comprendía los territorios del Bajo Rhin y los Países Bajos. Se reunían en la Torre de Santiago, en París, que todavía sigue en pié.


4.16 LA VIA LEMOVICENSE

La Vía Lemovicense o Lemosina partía de la abadía de la Madeleine de Vézelay. Los romeros procedentes de regiones de Champaña, Lorena y Ardenas se reunían en Vezélay para proseguir por Limoges y Périgueux hasta llegar a Ostaba, en el Pirineo Francés.


4.17 LA VÍA PODIENSE

Comenzaba desde la basílica de Notre Dame de Puy y se internaba en las impresionantes gargantas de la región de la Auvernia hasta Conques, donde se encuentra la notable abadía de Saint Pierre de Moissac. Más tarde se unía a las vías Lemovicense y Touronense.


4.18 LA VIA TOLOSANA

Partía de Arles, pero debe su nombre a su paso por la ciudad de Toulouse. Era utilizada por los peregrinos que venían de Italia, Oriente y varios ramales de las rutas germánicas. Pasaba por Montpellier y se adentraba en pleno corazón del Languedoc para llegar a Toulouse, importante ciudad que conserva las reliquias de San Saturnino. Descendiendo aún más, llega a Oloron Saint Marie para preseguir hasta Borce y emprender la subida del Somport, en el Pirineo Aragonés. Desde allí llega hasta Jaca para unirse al Camino Francés.


LOS CAMINOS DE EUROPA OCCIDENTAL

4.19 CAMINO SUIZO

Desde Einsiedeln, el monje alemán Herman Künig von Vach trazó el itinerario del Camino Suizo, que desciende por el valle del Ródano, pasando por Lucerna, Berna, Lausanne, Génova, Chamberý, Valence, y Avignon, hasta enlazar con la Vía Tolosana cerca de Arles.


4.20 CAMINO TRANSALPINO

Otro alemán llamado Arnold von Harff emprendió su viaje desde Egipto donde embarcó hasta Venecia. Su Camino Transalpino conecta las ciudades de Venecia, Verona, Brescia, Bérgamo, Milán Turín y Grenoble, hasta conectar con la Ruta Suiza de Kúnig.


4.21 CAMINO MARÍTIMO INGLÉS

El inglés Samuel de Purchas publicó dos derroteros marítimos, los Caminos Marítimo Inglés, con referencia a un  texto titulado Purchas his Pilgrimes, que parten la ciudad británica de Plymouth, y cruzan el Canal de la Mancha. Un itinerario llega a la Bretaña francesa; desde Brest va pasando por Vannes, Nantes, La Rochelle, Saintes, Burdeos hasta Sant Jean de Pied de Port, donde conecta con el Camino Francés. El otro llega directamente hasta Burdeos.



5 LOS PEREGRINOS


5.1 LOS PRIMEROS PEREGRINOS

Fueron los primeros turistas de España, los peregrinos de toda la cristiandad que guiados por la Vía Láctea hacia Occidente atravesaron los Pirineos. Caminantes la mayoría de las veces, gentes rudas y hermosas, de encendida fe: artesanos, menestrales, campesinos, mendigos, juglares, y gentes de toda clase social. Algunos viajeros del norte de Europa llegaban por barco a Galicia, que conocían con el nombre de Jakobsland, desembarcando en sus rías.
Los peregrinos sufrieron los peligros del viaje: las expediciones normandas, las razzias musulmanas, los asaltadores de caminos, o las inclemencias naturales como la nieve, el granizo, las inundaciones, el calor abrasador, las aguas no potables, o la escasa e insalubre comida ponían difíciles las condiciones. Hay que añadir los ataques de animales: de perros que surgían para defender las huertas, de osos en el Pirineo o en los montes astur-leoneses, o de lobos en los Montes de Oca y en la subida al Cebreiro.

Pero sus propósitos eran de los más variopinto: ganar indulgencias, redimir culpas, cumplir votos y penitencias, comerciar o simplemente por aventura.

Los peregrinos recibían una certificado del señor feudal para recibir la caridad de los albergues y hospitales. Se distinguían por su atuendo: un sombrero de alas redondas para protegerse del sol y de la lluvia; una esclavina o capa abrigadora de lana y color pardo; un zurrón o bolsa de piel, generalmente de ciervo, y adornada con una concha; y el bordón, que era una fuerte garrota para apoyarse, para colgar la calabaza llena de agua o vino, e incluso para defenderse de animales y ladrones con la punta afilada de hierro.

PEREGRINOS DEL SIGLO XXI

5.2 LOS PEREGRINOS ILUSTRES

Por el Camino de Santiago han pasado gentes ilustres que han ocupado un nombre en la Historia de Europa, incluidos reyes, obispos y nobles que hacían las jornadas a caballo.
Algunos miembros de casas reales fueron: Matilde, hija del rey de Inglaterra Enrique I en 1125; Guillermo X, duque de Aquitania, en 1137; Alfonso VII, rey de Castilla en 1138; el rey Luis VII de Francia, casado con una hija de Alfonso VII, en 1154; Santa Isabel de Portugal, en 1325; Eduardo I de Inglaterra, Juan de Brienne, rey de Jerulaén; la princesa sueca Ingrid; etc.

El primer peregrino ilustre del que hay constancia fue Godescalco, obispo de Le Puy-Velay. En el año 950, recorrió el camino desde Aquitania con su corte y sus caballeros, pues en aquella época ser obispo más que un servicio eclesiástico era un título nobiliario. Inició un camino en dos direcciones por donde viajaba el arte, la cultura, la cristiandad, las tradiciones, los conocimientos, las mercancías y la leyenda.
Nueve años más tarde lo hizo el abad de Santa Cecilia de Montserrat, Cesáreo. También Hugo de Vermandois, arzobispo de Reims, que no pudo tomar posesión de su sede. En el mismo siglo, el marqués de Gothia, Raimundo II, muere asesinado en el trayecto. Como explica Yves Bottineau: “la boga del peregrinaje se vio atenuada por los peligros que entrañaban los caminos”.
Simeón de Armenia, un santo ermitaño, fue el primer peregrino oriental del que se tiene noticia, en la décima centuria. Desde Escandinavia también acuden reyes, nobles y altos eclesiásticos, como por ejemplo el rey Sigurd en 1108, llamado desde entonces el peregrino a Jerusalén, o el conde Rognvald el Santo en 1151. En 1180 llegó una familiar del obispo sueco Eskil, y al año siguiente un clérigo danés, Absalón. Desde las islas británicas, el primer peregrino conocido en llegar fue el mercader Gondric de Finchale, en 1102. Desde Dantzig llegó un grupo en 1378.

Según el Romancero castellano, Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid Campeador, uno de los grandes héroes de la Reconquista, fue uno de los ilustres peregrinos que llegaron a Compostela a postrarse ante el apóstol Santiago. Aunque la información aportada sobre este hecho está confirmada por leyendas jacobeas surgidas tras su muerte.
En el año 1100, el obispo Gelmírez escribe la Historia Compostelana. Esta contiene un significativo paisaje de un embajador del emir Aliben, yusuf de Córdoba: “¿Quién es ese personaje tan grande e ilustre para que los cristianos se dirijan a él desde detrás de los Pirineos, y más lejos? Es tas grande la multitud de los van y vienen que apenas dejan libre la calzada hacia Occidente”.
Guillermo IX de Aquitania cayó muerto ante el altar del Apóstol, después de haber recibido la comunión en 1137.

Fue también en el siglo XIII cuando se consagró la monumental catedral compostelana. A la ceremonia, que tuvo lugar en abril de 1211, asistió el rey Alfonso IX bajo cuya soberanía estaba el territorio gallego.
En 1172, a su vuelta de Santiago, el duque Felipe de Flandes jugó su papel en la reconciliación entre Enrique II de Inglaterra y Luis VII de Francia.

Años más tarde, en 1293 Dante escribió en su Libro de la Vita Nuova: “no se entiende por peregrino sino al que va hacia Santiago o vuelve de ahí”.

Un documento de 1312 detalla cómo el francés Yves Lebreton cumplió los requisitos de la peregrinación por delegación a nombre de la condesa de Artois.
Una reina peregrina, santa Isabel de Portugal, la mujer del rey trovador Dionís, sería una de las iniciantes del camino secundario, el llamado portugués, en 1325.
El santo Francisco de Asís fue ejemplo entre las turbulentas masas, dejándolo escrito en su crónica: “Per la sua devozione andó a San Giacome di Galizia”.
En 1510 peregrinó Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán por sus victorias contra los franceses en Italia. Del metal de una armadura que donó se hizo la lámpara que alumbra la imagen del Apóstol a la que es costumbre abrazar.

Felipe II de España, poderoso monarca que llegó a gobernar, en la segunda mitad del siglo XVI, un extenso Imperio que daba la vuelta al mundo, recorrió la Ruta Jacobea.
 


5.3 LAS CLASES DE PEREGRINACIÓN

El hombre del medievo, eminentemente religioso, consideraba la vida como una búsqueda de Dios, que a veces se convertía en la razón de su existencia. Las reliquias le ponían en contacto casi material con la divinidad, con su salvación. Esta era la idea fundamental del hecho de que existan las peregrinaciones, pero no los únicos motivos ya que fueron otros cuantos:

Peregrinación voluntaria, acordada por devoción, por satisfacción de culpas, incluso por negocios o por curiosidad.
Peregrinación forzada, tiene un carácter penitencial expiacionista de honda raíz religiosa, y posteriormente fue incorporada también al catálogo de penas impuestas por la autoridad civil.

Peregrinación por manda testamentaria, acordada por el testador y a ejecutar por los herederos.

Peregrinación en nombre del pueblo o de la comunidad, como voto acordado en casos de peste, catástrofe, etc. Peregrinación por delegación, o encargo de terceros

Peregrinación caballeresca

5.4 LOS HÁBITOS DEL PEREGRINO

La estampa clásica del peregrino aparece en muchas representaciones escultóricas y pictóricas a los largo del Camino de Santiago, en obras literarias u en cantos de peregrinos. Los peregrinos utilizaron elementos que pronto se convirtieron en sus símbolos distintivos:
Sombrero de ala ancha para protegerse del sol y de la lluvia

Túnica o tabardo con esclavina para resguardarse de la nieve y el frío.
Ambas prendas eran entregadas al peregrino en la ceremonia de su despedida en la iglesia de su procedencia, en la cual se le invocaba la protección divina y se le recordaba que la peregrinación era un símbolo del viaje de la salvación eterna.

Bordón o bastón robusto que les servía de apoyo en los pasos difíciles y en momentos de cansancio, y de protección contra perros y fieras.

Calabaza o cantimplora colgada del bordón o de la cintura, que proporcionaba agua o vino.

Zurrón o alforja que era una despensa alimenticia o refugio bancario de ducados y maravedíes.

Vieira o concha venera precedente la las playas de Galicia, se colocaba en el sombreo o túnica al llegar a Compostela, porque acreditaba la visita y el éxito de la aventura.




5.5 LA ASISTENCIA AL PEREGRINO

Toda una red de asistencia al peregrino cubrió los caminos hacia Compostela.

La asistencia religiosa se prestaba en las iglesias, ermitas, monasterios, catedrales.

La asistencia jurídica había creado leyes protectoras contra ladrones, posadero y señores feudales.
La asistencia hospitalaria había organizado hospederías y cementerios para atender todas las necesidades. A veces realizaban en el peregrino delicadezas propias de nuestro tiempo: les afeitaban a navaja, les cortaban el pelo e incluso para asearse y bañarse; se encendía fuego en invierno, etc. Las comidas eran abundantes y gratuitas. Si caían enfermos, se les atendía hasta curarlos; y si morían, se les enterraba en los cementerios con la asistencia obligatoria de cofrades o cabildos.
La asistencia técnica mejoró los caminos, tendió puentes, cuidó los pasos montañosos, a veces con obras ingeniosas: En Arbas, Puerto de Pajares, se abría paso la nieve “por debajo, dejando bóvedas formadas y abriendo el camino de dos y tres varas de hondo, sin que por eso se llegase a la tierra”. En Navarra destaca el puente románico construido sobre el río Arga, en el siglo XI probablemente por orden de doña Mayor, esposa del rey Sancho III el Mayor, o doña Estefanía, esposa del rey García de Nájera.
La asistencia militar se aseguró por las Órdenes de Santiago y del Temple, que se dedicaron a proteger los caminos de los asaltos de los bandidos y de los saqueos de los sarracenos.

La asistencia cartográfica empezó con la publicación del Códice Calixtino, la primera guía turística europea, en cuyo libro V Aimerico Picaud daba una serie de consejos y explicaciones sobre los trazados y etapas, distancias, pueblos, santuarios, monumentos, gentes, gastronomía, etc.

HOSPITAL DE SAN NICOLÁS EN BURGOS

6 LA CULTURA DE PEREGRINACIÓN



6.1 EL ROMÁNICO, PRIMER ESTILO PANEUROPEO

La vinculación entre los reinos cristianos de la península Ibérica con los reinos europeos permitió la circulación de corrientes de pensamiento y de movimientos literarios y artísticos. La comunicación se dio también a la inversa y, gracias al Camino, la Europa cristiana pudo enriquecerse con la aportación cultural hispánica. Los peregrinos llegados de todas partes de Europa convierten al Camino en un catalizador para el desarrollo artístico, social y económico.
Por otra parte, la Corte Carolingia incluyó en su Renacimiento el culto a Santiago, sentando las bases de la Europa Medieval. La literatura y las representaciones iconográficas medievales de la Corte de Aquisgrán conceden al emperador Carlomagno un importante papel en el descubrimiento del santo sepulcro.

La consolidación del Camino durante los siglos XI y XII coincide con el máximo desarrollo del arte románico, primer estilo artístico internacional de la Edad Media, acorde con la unificación de la liturgia que entonces demanda la Iglesia. Los intercambios culturales surgidos de la peregrinación provocaron que este movimiento artístico, con sus variantes regionales, se extendiera por toda Europa.

CATEDRAL DE LOGROÑO

Los dos focos difusores del románico fueron la abadía y Orden del Cluny, en el centro de Francia, y la iglesia de Lombardía, en el norte de Italia. El arte cluniacense se difundió por los territorios del Camino Francés, mientras que el románico lombardo tuvo una gran implantación en el reino de Aragón y en los valles pirenaicos de los condados catalanes. La liturgia romana se fue imponiendo sobre la hispánica, y el estilo mozárabe es vencido por las nuevas corrientes europeas.


También, la llegada de nuevos colonos a los núcleos poblacionales del Camino, la repoblación de villas en el territorio reconquistado a los moros por los reinos cristianos y el nacimiento de una burguesía comercial y artesana ayudaron a la extensión del románico por todo el norte peninsular.

Tanto en Francia como en España se construyó una arquitectura civil gracias a la donación de los peregrinos y a la acción de los nuevos colonos y mercaderes, compuesta por barrios, castillos, puentes, hospederías y hospitales, que desarrollaron los burgos medievales. Esta arquitectura civil fue complementaria a la religiosa, compuestas de santuarios, monasterios, abadías, ermitas, iglesias y catedrales. Francia y España se influenciaron mutuamente, el románico hispánico recibió la influencia mudéjar, por ello, el románico europeo conoció elementos musulmanes que se transmitieron desde la península Ibérica.

Los motivos andalusíes se extendieron por las iglesias de Aquitania, Auvernia o Borgoña mientras el mozárabe de los beatos se refleja en las iluminaciones de  los monasterios del suroeste de Francia, y muchos de los cantares de gesta (ciclo de Carlomagno y de Roldán) reprodujeron el ambiente exaltado de las peregrinaciones y las cruzadas peninsulares del siglo XII.

CATEDRAL DE LEÓN
Grupos y escuelas de canteros, maestros de obras, pintores y escultores, maestros de obras, todos caminaban la Vía Láctea en ambos sentidos; solicitados por obispos y reyes, tomaban de ambos lados del Pirineo nuevos hallazgos técnicos y decorativos.

Como ha descrito el historiador francés Marcel Durliat: “El camino no se limitó a transmitir a España fuentes de inspiración procedentes del exterior, sino que llevó a su vez, a Francia, influencia del arte musulmán, bien sea directamente o por la mediación del arte mozárabe”.

Otro erudito francés, Emile Mâle, en 1927 sostuvo que el modelo de iglesia de peregrinación, citado a la de San Martín de Tours, pasó los Pirineos desde Francia, pero fue inmediatamente sustituido por su acuñación en Santiago. Además subrayó la influencia en Francia de algunos elementos decorativos islámicos a través del Camino.

Cuatro años antes, el norteamericano Kingsley Porter había destacado el papel decisivo de la arquitectura de Santiago en el románico francés, contribuyendo a ello los peregrinos lombardos.

Las antiguas construcciones cristianas de techumbre de madera y reducidas dimensiones se transformaron en otras más resistentes y monumentales. En la Hispania cristiana desaparece el eclecticismo imperante hasta ese momento, que mezclaba detalles bizantinos con influencias locales, paleocristianas o godas. Aunque sí se siguió cultivando algún componente local como los arcos fajones.

CATEDRAL ROMÁNICA DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

El templo románico llegó a comienzos del siglo XI y se caracterizó por la utilización de la planta de cruz latina, provista de cimborrios y ábsides redondos y fortificados, arcos de medio punto, bóvedas de cañón repletas de santos, ángeles y estrellas, y torres. En las columnas y paredes aparecen figurillas policromadas representando escenas religiosas y paganas, vírgenes, divinidades, leones, serpientes, demonios y arpías. Su característica fundamental es la sencillez, el purismo en sus líneas y formas, que sirven como afirmación del poder político y espiritual.

La catedral es la gran creación del arte románico. Tomando sus fundamentos arquitectónicos de las basílicas romanas y bizantinas, ingenia un edifico de gruesos muros y potentes columnas. Está hecha de piedra: caliza, granito, mármol o escoria volcánica. Es espaciosa y está orientada hacia levante, mirando hacia Jerusalén, la Tierra Santa, y de esta forma, aprovechando los primeros rayos de sol que penetran por las abocinadas ventanas del ábside, permiten celebrar los ritos de la madrugada.

La nave transversal o cruceiro se crea para sujetar la estructura, equilibrar la planta y simbolizar la cruz de la Redención. Tras el altar mayor, se abre el deambulatorio o girola, que facilita los rituales. Las altivas torres surgen en las fachadas o en el centro, terminadas en un chapitel  de pizarra o alcuza.

En el otro extremo del edificio románico, contrapesando el Oriente religioso, se encuentra el Occidente pagano: el mundo, las tentaciones, la carne… Es la gran fachada de piedra, generalmente con dos recias torres y tres entradas, especie de muro que aísla bajorrelieves de la Divinidad, esculturas de santos, de reyes, de vírgenes, de peregrinos, escenificación de anécdotas morales y de milagros, representaciones del Infierno y del Juicio Final.

El románico de peregrinación se materializó brillantemente en lugares como Leyre, Jaca, Frómista, León y Santiago. 


IGLESIA ROMÁNICA DE FROMISTA
En el siglo XIII, la ruta jacobea se convertía en una vía de recepción de un arte mucho más impresionante: el Gótico. Surgido del románico, y con los mismos planteamientos y símbolos, crea un nuevo espacio arquitectónico, un nuevo lenguaje plástico de espectacular belleza. El peso del edificio ya no radica en los recios muros de carga, ni en las pilastas, ni en las columnas; mediante arbotantes y contrafuerzas, las columnas se vuelven tan estilizadas como troncos de palmeras, las naves se levantan más altas aún, las gruesas paredes de piedra se convierten en vitrales multicolores, en muros resplandecientes.


6.2 LA ARQUITECTURA

Durante la Edad Media, para que una población ostentase el título de ciudad debía de contar con murallas que la protegiesen y delimitasen su ámbito fiscal, y con una catedral que la señalizase como cabeza de un obispado y, por ello, de un territorio. La catedral no era sólo un templo, sino la sede del gobierno de la diócesis, receptora de los impuestos que se recaudaban a través de parroquias y arciprestazgos y en cuya sala capitular se decidían las funciones y obras públicas a las que iría a parar una parte de lo recaudado.

Las necesidades de peregrinación crearon un tipo peculiar de arquitectura que se repite a través de todo el Camino. Estas “iglesias de peregrinación” presentan, en su conjunto, una eficaz solución al problema de dar cabida a grandes multitudes y facilitar su circulación para venerar las diversas reliquias en ellas depositadas.

Efectivamente, las catedrales solían disponer de altares y reliquias de especial valor, que atraían a los fieles y a sus dádivas y limosnas; a cambio, el templo disponía también de una infraestructura de asistencia al peregrino, a quien se recibía en hospitales-albergues, gestionados, muchas veces, por las respectivas catedrales. Son famosas las fundaciones hospitalarias que acogían a los viajeros en Pamplona, Santo Domingo, Astorga o Santiago.

CATEDRAL ROMÁNICA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

Las catedrales de peregrinación del Camino francés fueron 7: Jaca, Pamplona, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, León, Astorga y Santiago de Compostela, originalmente construidas en estilo románico. De estas siete, las de Pamplona, Logroño, Burgos y León, fueron reconvertidas en templos de estilo gótico y renacentista. 

Aunque no existen rasgos homogéneos entre todas ellas que determinen un tipo de catedral peregrina, si existen paralelos entre algunas de ellas: el Camino empieza y termina en España con construcciones románicas (Jaca y Santiago); las catedrales góticas de Burgos y León siempre pugnaron por destacar la una sobre la otra.

La arquitectura y los objetos de arte dotan a las catedrales de una apariencia monumental, pero también fueron utilizados como lugares de oración, como centros de reunión y de asistencia a los oficios, y hasta de usos administrativos. Su interior podría ser definido como la gran plaza mayor cubierta de la ciudad medieval, equivalente al ágora o el foro de las ciudades de la Antigüedad.

Junto a estas grandes construcciones religiosas que las catedrales se desarrollaron otras menores compuestas de santuarios, monasterios, abadías, ermitas, iglesias y catedrales. Su número de hace interminable: Jaca, La Serós, San Juan de la Peña, Leyre, Sangüesa, Pamplona, Estella, Torres del Río, Logroño, Nájera, Santo Domingo, San Juan de Ortega, Frómista, Carrión, Sahagún, León, Villafranca, Puertomarín, Melide, etc.

CATEDRAL DE BURGOS

6.4 LA ESCULTURA

En el arte románico, la escultura tiene primordialmente un sentido didáctico, de enseñanza religiosa, directamente o a través de simbolismos. El arte románico es un arte mucho más profundo de lo que generalmente se cree; pero es necesario penetrar en el significado de sus símbolos para poder comprender y gustar plenamente su belleza y su hondura de expresión. La figura humana predomina en ella.

Esta escultura se explaya y ofrece sus mejores creaciones en las iglesias (portales y capiteles) y en los claustros (capiteles y machones angulares), sin que menosprecien la variedad y fino sentido humorístico que se reflejan en canecillos e impostas.
Destaca el asombroso pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago culmina la historia de la plástica románica, el maestro Mateo esculpe su propia Biblia de piedra.

PÓRTICO DE LA GLORIA

6.5 LA PINTURA

La  pintura románica, como la escultura, se orienta fundamentalmente a la instrucción religiosa. La fundición decorativa prevalece sobre el naturalismo de la figuras y tiende hacia la esquematización y el hieratismo mayestático. España ha producido los ejemplares más valiosos de pintura románica, heredada de nuestras famosas escuelas de códices miniados y de marfiles.
Dentro del Camino de Santiago destacan los frescos del Panteón Real de San Isidoro de León, llamado con justicia “la Capilla Sixtina del románico”, o los muros, bóvedas y ábsides de las dos iglesias catalanas de Tahull.

Durante los siglos XVII y XVIII hubo un renacimiento del Camino en Francia, que contribuyó a la inspiración de literatos modernos. El inglés Robert Southey escribió El peregrino a Compostela, escéptico y romámtico; los dibujos de peregrinos del pintor del XVIII Watteau, en especial su grabado Mademoiselle Desmares interpretando el papel de peregrina, y su obra emblemática El embarque para Citerea, la isla de amor en la cual disfrazaba a los enamorados con la plena indumentaria jacobea, capa, sombrero, veneras y bordón; o el pintor Oudry quien retrató en Nancy al rey de Polonia, Stanislas Laczynski, vestido de lo propio.  


6.6 LA MÚSICA

El canto de la multitud y la armonía o polifonía, llevan en sus mismas entrañas un mensaje de unión y de concordia. El Códice Calixtino constituyó el primer elenco de cantos de la peregrinación y uno de los monumentos musicales más importantes. Destacan entre ellos, el canto de peregrinos Dum Paterfamilias, más conocido por Ultreia; y el Congaudeant catholici, que es la composición, para 3 voces reales, más científica entre las conocidas de la Europa medieval según Higinio Anglés, y desde luego la más antigua.


Alfonso X el Sabio dedicó varias de sus Cántigas a temas jacobeos, ensalzando los milagros que la Virgen obraba con los peregrinos en dos de los santuarios marinos ubicados en plena ruta jacobea: Villasirga y Virgen del Manzano.

En Moissac se hizo una colección de cantos peregrinos que recogía los más usados y preferidos como la Gran Canción, conocidísima composición itinerante que va señalando las etapas del Camino y dando consejos útiles para el viaje.

Los peregrinos se proveían de libros de cantos, de cancioneros y hojas volantes con los textos literarios que les servían de guías, de alimento espiritual y de solaz en la interminable marcha.

En Francia se imprimieron varios cancioneros compostelanos, gozó de gran popularidad la Canción de los peregrinos, escrito por el abate Dandichon en el siglo XVIII, autor de villancicos navideños. Muy famosa fue la recopilación de las Canciones de los peregrinos a Santiago, impresa en Troyes en 1718.

Algunas piezas del Calixtinus son precursoras de la polifonía de la liturgia, que pronto se acuño en Notre-Dame de París. La música litúrgica jacobea se proveía tanto del canto llano como del uso de tropos; estos eran interpolaciones en los textos obligados de la liturgia o adiciones a los mismos. La utilización de estos tropos y la polifonía contribuyeron a la decadencia de los cantos gregorianos.

Se han escrito refranes como: "Por Santiago y Santa Ana pintan las uvas, por la Virgen de Agosto ya están maduras".

JUGLAR DEL CAMINO

Cursaba una canción de peregrinos, una "canción de ciego", grito típico celta, horadó los aires de España y se postró de rodillas ante un Papa, sucesor de San Pedro, invitándole al Jubileo en lengua gallega de la época:

O alalá foi a Roma
o alalá foi e veu;
foi decirle o Padre Santo
que viñese o xubileu.


En tierras gallegas la gaita celta es un símbolo musical. Sobre el bordón de su tensa alma, la melodía desgrana su morriña y estremece el corazón de Galicia:

Miña gaitiña gallega
sinte como una persoa
unas veces canta e ríe
e otras veces, xime o chora.


El Canto al Hospital de Roncesvalles elogia la caridad sin límites terrestres ni fronteras ideológicas o religiosas, porque si así fuera, dejaría de ser caridad:

Abre sus cancelas a enfermos y santos
así a los católicos como a los paganos,
judíos, herejes, mendigos y vanos,
y a todos abraza como a sus hermanos.


La representación de músicos alcanza al tímpano del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago. En él se encuentran los 24 ancianos del Apocalipsis que forman el Senado de Cristo, dispuestos en parejas dialogan mientras afinan sus instrumentos musicales: cítaras, arpas, salterios, violas, y en un lugar preferente, la zanfona, tradicional instrumento de juglares gallegos y que Faustino Santalices describe como:
Cinco cordas que cantan,
que suspiran, rin ou choran;
son a i-alma de Galicia
morriñente e soñadora.

LAS MÚSICAS DE LOS CAMINOS DE SANTIAGO

6.7 LA LITERATURA DEDICADA AL CAMINO

¿En qué consistía la peregrinación? ¿Cúales fueron los motivos que movían las gentes? Se preguntaron los literatos que escribieron sobre esta calle mayor de Europa.

Álvaro Cunqueiro describió el Camino entre la realidad histórica y la ficción literaria: "la peregrinación es como un río lento y oscuro, que viene de muy lejos. No hay cosa que le sea más fácil a mi imaginación que figurar peregrinos a Compostela. Los voy poniendo por las posadas, en Tours o en Puente la Reina, en Sahagún quizás, o simplemente les veo hacer camino, sentado ya cabe una fuente, a la sombra de una castaño, y converso con ellos, curioso de lenguas y de países, y también del hermano corazón: en esto, cada peregrino es un vasto secreto".

Para los peregrinos, la posesión de la tumba del Apóstol era una compensación a la invasión islámica y a la pérdida de la cristiandad hispana. Así lo expresaba el Poema de Fernán González:

Quiso Dios fuertemente a España honrar
cuando el Apóstol Santo quiso allí enviar,
frente a Inglaterra y Francia quísola mejorar.
sabed, no yace apóstol en todo aquel lugar.

Rafael Dieste: "Y no os diré todo lo que vieron los peregrinosporque en aquellas almas nacientes, ante aquellos ojos con miles de años de mocedad, era nunca visto"; y Dante: "Sólo el que va a Compostela puede llamarse peregrino".

Uno de los motivos de la peregrinación era el de cumplir una promesa de agradecimiento a Dios. Cervantes lo explicó en Las dos doncellas, un caso entre tantos ordinarios y cotidianos: "Es de saber que, en el tiempo que Marco Antonio estuvo en el lecho, hizo voto, si Dios le sacase, de ir en romería a pie a Santiago de Galicia, en cuya promesa le acompañaría don Rafael, Leocadia y Teodosia, y aun Galvete, el mozo de mulas".

En el Siglo de Oror de la literarura española, una de las llamadas comedias de santos de Agustín Moreto, llamada San Franco de Sesa o el lego del Carmen, tiene de protagonistas a un pecador arrepentido que hace la peregrinación.

Tirso de Molina escribió La romera de Santiago, una comedia de honor nobiliario, parte de la cual se desarrolla en el Camino.

Quevedo dedicó unos versos:

A Santiago de Galicia
se parece tu aposento,
donde acude todo el mundo
en figura de romero.

Hasta don Quijote se planteó peregrinar a Santiago por dos motivos, el dicho de que toda alma cristiana, si no lo hace en vida lo hará después de la muerte, y el deseo de emplear su brazo justiciero al servicio de peregrinos, para evitar los crímenes sin nombre que acontecían la ruta trillada tanto por santos como por ladrones. Otro camino más para el Quijote: "Y así, subiendo de la Marcha al reino de León, pasando Astorga, por el camino de Villafranca a la frontera gallega, se dirigió a Triacastela a la ciudad del Apóstol".

El poeta boliviano Ricardo Jaime Freyre evocó la peregrinación de esta manera:

Bajo la luminosa, nocturna estela,
entre la polvareda de los caminos,
en busca de Santiago de Compostela
pasan, cantando, los peregrinos.


Y Federico García Lorca de esta otra manera:

Esta noche ha pasado Santiago,
su camino de luz en el cielo.
Esta noche ha pasado entre

El arcipreste de Hita inmortalizó a un peregrino en un castellano severo, altivo, grave y sonoro del siglo XIV:

El viernes de indulgencia visitó una esclavina,
gran sombrero redondo, mucha concha marina,
bordón lleno de imágenes, en él la palma fina,
esportilla e cuentas para rezar aína.
Los zapatos redondos e bien sobresolados,
echó un gran doble sobre sus costados,
gallofas e bodigos lleva allí condensados:
de estas cosas romeros andan aparejados.

Para León Felipe, el romero es símbolo de ese anhelo que bulle en lo hondo de toda gran alma y acertó a expresarlo así:

Ser en la vida
romero,
romero solo que cruza
siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida
romero,
sin más oficio, sin otro nombre
y sin pueblo;
ser en la vida romero
romero,
solo romero.



El dramaturgo Mira de Amescua escribió en su Pedro Telonario que los franceses pidieron piedad al protagonista:

Toda la Francia confía
que la nuestra pena aplaques.
Por Dios e Sancta María
e por el señor San Jacques.


POESÍA ESCRITA EN UN MURO DEL CAMINO





Las ciudades y villas por las que pasaba el Camino también despertaron una fascinación en los viajeros y literatos:

Gonzalo de Berceo escribió en el monasterio de Yuso de la Alta Rioja y en una recién nacida lengua castellana los Milagros de Nuestra Señora para adoctrinar y consolar a las gentes devotas de la Ruta Jacobea, aunque también para atraerlas a San Millán de la Cogolla.

Sergio Fernández, en su poema Calle de la rúa, escrito en 1963, evocó su paso por León:

León por ti se llena de llamadas,
León por ti se llena de caminos,
León por ti se llena de posadas.


La peregrinación a San Salvador de Oviedo estuvo siempre unida a la compostelana. Conocidos son los versos antiguas canciones:

Quien va a Santiago
y no al Salvador,
visita al criado
y deja al Señor


Una ventana a la carretera es el título de una novela de Antonio Pereira, el escritor de Villafranca, quien dedicó estos versos a la patrona de El Bierzo:

Dulce señora de mi amor berciano,
cansado estoy de andar por el camino,
contempla mi bordón de peregrino,
aun con el polvo de un país lejano.


Francisco López de Zárate cantó a Logroño y sus torres:

Esa ciudad que superior preside
a estas amenidades,
y con sus torres las estrellas mide,
gloria de España honor de las ciudades.


El Crucero de Lameiros, pequeña aldea de la ruta, contempla el caminar jadeante de miles de peregrinos:

¿A dond´irá meu romeiro,
meu romeiro a dons´irá?
Camino de Compostela
non sei s´alí chegará...

Continuando la marcha esforzada y con la mirada fija en cruceros como el de Lameiros, exclamaba el peregrino en el mismo romance:

S´agora non teño forzas...
meu espíritu m´as dara...


A esa imagen epléndida de la plaza del Obradoiro, símbolo y meta de la peregrinación dedicó un bello contrapunto poético Gerardo Diego:

También la piedra, si hay estrellas, vuela.
Sobre la noche biselada y fría,
creced, mellizos lirios de osadía,
creced, pujad torres de Compostela.


El pórtico de la Gloria, esa Biblia románica de piedra que dejó esculpida el maestro Mateo, fue objeto de entusiasmo por el escrito bilbaíno Miguel de Unamuno:

Cuanto se diga del pórtico de la Gloria, ese poema en piedra en que se respira el arte y la piedra medievales, será poco. La eterna juventud de la piedra nos habla aquí de una fe juvenil, Virgen madre de las más consoladoras visiones.


No podía faltar Rosalía de Castro, cuyos románticos versos caminan despacio bajo la llovizna entre plazas, estrechas rúas y conventos:

¡Ciudad extraña, hermosa y fea a un tiempo,
a un tiempo apetecida y detestada,
cual ser que nos atrae y nos desdeña!
Algo hay en ti que apaga el entusiasmo,
y del mundo feliz de los ensueños
a la aridez de la verdad nos lleva.


Y por supuesto, la Guía del peregrino del Códice calixtino escrito por el monje francés Aymeric Picaud hacia el 1135 sobre la meta final, la catedral de Santiago:

En la referida y venerable catedral yace honoríficamente, según se dice, el verdadero cuerpo de Santiago, guardado en un arca de mármol, en un excelente sepulcro abovedado, trabajada admirablemente y de conveniente amplitud, bajo el altar mayor, que se levanta en su honor. Y también se considera que este cuerpo es inamovible, según tertimonio de san Teodomiro, obispo de la misma ciudad, quien en otro tiempo lo descubrió y en modo alguno pudo moverlo.


Uno de los textos hagiográficos de la Edad Media es la Vida de Tiebalo, un monje peregrino que va a Compostela, escrita por el benedictino Riniero. La actriz Shirley Mac Laine ha escrito El camino. Un viaje espiritual; Toni Bennássar, Un viaje a Occidente; y Valentín Redín, Viaje a Occidente. Un relato esotérico para el Camino de Santiago.

El Peregrino (1993) de Jesús Torbado; El sueño y la herida (1987) es el relato dedicado por el noveslita Luis Mateo Díez; un astorgano, Esteban Carro Celada, ha titulado un libro Picaresca, milagrerías y malandanzas en el Camino de Santiago.

La Guía para perezosos de cáracter histórico está dedicada al noble salteador del Camino, Álvaro Sánchez de Ulloa, con su base en Felpas, cerca de Palas del Rey. Peregrino de la herejía es una novela de Trancy Saunder, que vuelve sobre la fantasía de ser el sepulcro venerado el de Prisciliano.

La "calle de Europa" era considerada por Salvador de Madariaga quien dedicó su Bosquejo de Europa; Estrada de Santiago, novela del postugués Aquilino Ribeiro.

Y películas como Saint Jacques...La Mecque, de Coline Serrau, en español la han llamado Peregrinos; Al final del camino es de Roberto de Santiago.



6.8 LA LITERATURA DEDICADA A SANTIAGO


No podía faltar entre la literatura referente al Camino la exclusicamente dedicada a la figura de Santiago en sus diferentes manifestaciones: Apóstol, Peregrino, Caballero, etc.

La Historia de la vida y obra del apóstol como del desarrollo del Camino y su influencia en los reinos cristianos hispánicos quedó documentada en las grandes crónicas de la época: la Historia Compostelana, el Libro de Santiago, las Cántigas de Santa María del rey Alfonso X, la Epístola del Papa León del siglo IX, etc. Santiago llegó a ser perseverante en la predicación, actividad esta seguida con interés y admiración por la sociedad medieval.
Jacobo de la Vorágine, historiador y hagiógrafo genovés del siglo XIII, escribió sobre la vida y obra del apóstol en la Leyenda Aúrea:

Llámasele Bonaerges o hijo del trueno por la conmoción que su predicación producía; en efecto, cuando ejercía su ministerio hacía temblar de espanto a los malos, sacaba de su tibieza a los perezosos, y despertaba a todos con la profundidad de sus palabras. Su voz resonaba tan fuertemente que llegaba a los últimos confines; de haber levantado un poco más el tono, el mundo hubiese sido incapaz de contener la resonancia dentro de sus propios límites.

Otras personalidades, como el papa Gregorio el Grande, del siglo XI, aluden a su virtud de la paciencia, acaso como consecuencia de las numerosas leyendas en que aparece el apóstol obteniendo escaso éxito en su papel evangelizador. Por su parte, el Códice Calixtino le califica de "santo de admirable poder, bienaventurado por su vida, asombroso por sus virtudes, de ingenio esclarecido, de brillante facundia".

Según Jacobo de la Vorágine, "el apóstol Santiago, después de la Ascensión del Señor, predicó durante algún tiempo por las regiones de Judea y de Samaria, trasladándose luego a España y sembrando en sus tierras la palabra de Dios; pero viendo que el fruto que obtenía era escaso y que a pesar de haber predicado mucho en dicho país no había logrado reclutar en él más que nueve discípulos dejó allí a dos de ellos para que siguieran predicando, tomó consigo a los otros siete y regresó a Judea. El maestro Juan Beleth dice que el apóstol Santiago convirtió en España solamente a una persona".

Ya en Palestina, Santiago se convirtió en el primero de los apóstoles en sufrir martirio. El rey de Judea Herodes Agripa lo condenó a muerte por decapitación en el año 44. Así narró los hechos Eusebio de Cesarea: "En aquel tiempo, el rey Herodes se puso a maltratar a algunos de la Iglesia. Y mató a Santiago, el hermano de Juan, con la espada".


Hacia el 700, el obispo de Sherborn, Adhelmo, dedica a Santiago el siguiente poema, uno de los primeros textos literarios en recobrar la evangelización del apóstol por tierras de la Hispania romana aún pagana:

Aquí Santiago, nacido de padre anciano,
defiende su excelso altar con su santa guarda.
Éste, llamado piadosamente por Cristo a la orilla del mar,
dejaba su propio padre y la curva nave:
lo primero convirtió con su enseñanza a las gentes hispanas,
convirtiendo con palabras divinas bárbaras multitudes,
que antes viejos ritos y apestosos santuarios
celebraban, ofuscados por las artes del horrendo demonio.


El himno litúrgico O Dei Verbum patris, es un escrito de finales del siglo VIII probablemente por Beato de Liébana, quien señala ya a Santiago como evangelizador de España y le invoca como cabeza áurea refulgente de territorio peninsular, el verdadero patrono protector de un Estado; le pide que proteja al rey, al clero y al pueblo, que los preserve de daños y enfermedades, de suerte que con su ayuda puedan alcanzar la gloria final:

Oh muy digno y muy santo Apóstol,
dorada cabeza refulgente de Hispania,
sé nuestro protector y natural patrono
evitando la peste, sé nuestra salud celeste.


Según cuenta la tradición Carlomagno sufrió un sueño en el que se le apareció Santiago y encomendó una misión y un camino a seguir: el manto blanco de estrellas de Oriente a Occidente le llevaría a las tierras que liberar del islam al frente de sus soberbios nobles:

Yo soy Santiago, discípulo de Cristo, hijo de Zebedeo… El camino de estrellas que viste en el cielo significa que desde estas tierras hasta Galicia has de ir con un ejército a combatir las pérfidas gentes paganas, y a liberar mi camino y mi tierra, y a visitar mi basílica y mi sarcófago. Y después de ti irán peregrinando todos los pueblos, de mar a mar, pidiendo el perdón de sus pecados y pregonando las alabanzas del Señor.


En uno de los cinco tomos que conforman en Códice Calixtino, concretamente el Libro de los Milagros, fue el primer testimonio escrito que explica una heroica acción militar de Santiago en beneficio de los cristianos; narró cómo el apóstol liberó a veinte vasallos del conde Armengol de la prisión musulmana de Zaragoza y cómo posteriormente les condujo sanos y salvos hasta un castillo cristiano.

De nuevo, el Codex Calixtinus representó a Santiago como caballero combatiendo contra el Islam. Su legendaria intervención permitió a las tropas de Fernando I la conquista de Coimbra en el año 1064. De esta manera se narra la victoria cristiana contra los musulmanes:

Cuando el templo del Señor en Jerusalén asediaban los enemigos
en el cielo aparece por los aires un ejército maravilloso:
con sus caballos blancos, doradas armas, vestes refulgentes,
caballeros en defensa de la justa fe.
Así el poder del Señor y todo un ejército del cielo
prosiguen una batalla contra los enemigos de la fe.
Allí fue, donde muchos, los fieles que lo merecían,
vieron al gran Santiago llevando su bandera.

La trascendencia del suceso debió de ser tan grande que, a partir de esa fecha, quedó vinculada definitivamente la imagen de Santiago a la Guerra Santa que significaba la Reconquista. Desde entonces, sus apariciones en los campos de batalla se multiplicaron hasta convertirse en un mito que llegó a penetrar en la historia oficial y en sus crónicas.

Ese tópico se encuentra en la Historia de los hechos sucedidos en España donde la imaginación del arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada incluyó como un hecho histórico la legendaria batalla de Clavijo. Se trata de una visión de apóstol comprometido activamente en la lucha contra los infieles. Del latín de este arzobispo de Toledo pasaría más tarde al castellano de Alfonso X el la Primera crónica de España, reflejando que en los inicios de la historiografía española se funde lo pasado y lo presente, lo maravilloso y los cotidiano, lo real y lo irreal la Biblia y los cantares de gesta:

También el apóstol Santiago fue con ellos, tal como les prometiera, y esforzábalos a la batalla, y hería él mismo muy de recio a los moros, de modo que a ellos semejaba… Los moros fueron vencidos; y murieron allí bien setenta mil veces mil de ellos, como cuenta la historia. Y de los otros que escaparon, huyeron todos los que pudieron huir.


Una nueva intervención militar del apóstol se produjo en el siglo IX. Esta vez el ejército cristiano de Ramiro I se enfrentó a los de Abderramán II para no cumplir el denominado “tributo de las cien doncellas”. Un impuesto, de dudosa verificación, que consistía en entregar anualmente cien jóvenes mujeres a cambio de mantener la paz. Pero fueron derrotados en la ciudad riojana de Albelda, retirándose a las rocas de Clavijo. En este lugar, por la noche, mientras esperaban una probable derrota, se apareció el apóstol al monarca y le recordó que él era su patrono y protector. Según la Crónica General, el apóstol se dirigió al rey Ramiro I en estos términos:

N. S. Jhesu Cristo partió a todos los otros apóstoles, mios hermanos et a mí, todas las otras provincias de la tierra, et a mí solo dio a España que la guardasse et la amparasse de manos de los enemigos de la fe... Et porque non dubdes nada en esto que yo te digo, veerm'edes cras ('mañana') andar y en la lid, en un cavallo blanco, con una seña blanca et grand espada reluzient en la mano.


Efectivamente, según cuenta la historia de la batalla legendaria, al amanecer el bando cristiano apareció liderado por el apóstol Santiago que acudía a la batalla montado sobre un caballo blanco portando en la mano izquierda el estandarte del alférez de la milicia de la fe y en la derecha una espada. El resultado fue terrible: él solo llegó a decapitar a más de setenta mil musulmanes, decayendo la victoria para el ejército cristiano.

Este suceso legendario consolidó definitivamente la imagen del Santiago Matamoros participando junto al ejército cristiano en la lucha contra los infieles dentro del imaginario y mentalidad de la sociedad cristiana de la época. Fue una falsa victoria moral más que real.


REPRESENTACIÓN DE LA MITOLÓGICA BATALLA DE CLAVIJO EN LA IGLESIA DE VILLADANGOS DEL PÁRAMO (LEÓN), LAS TROPAS LEONESAS DE RAMIRO I ACAUDILLADOS POR SANTIAGO MATAMOROS CONTRA LAS DE ABDERRAMÁN II


Aquellas batallas imaginarias como la de Clavijo y la invocación al apóstol Santiago caballero calaron en las arengas militares y en la conciencia colectiva como talismán de la victoria, refulgente en las páginas de Gonzalo de Berceo, en los relatos de los cronistas de Indias, y por supuesto, en las hazañas del Poema de Mío Cid que presenta a Santiago ya totalmente popularizado:

Vierais allí tanta lanza hundir y alzar
traspasar y romper tantas adargas
quebrantar y desmallar tantas lorigas
salir tintos en sangre tantos pendones blancos,
ya tantos caballos espléndidos trotar sin sus dueños.
Los moros gritan "¡Mahoma!", y los cristianos "¡Santiago!"
en muy poco espacio cayeron muertos al menos mil trescientos.


El poeta riojano Gonzalo de Berceo, que quizá siga el contenido de la Crónica Silense, cuenta en la vida de San Millán cómo el conde castellano Fernán González y el rey leonés Ramiro II vencieron al califa Abderramán III en la batalla de Simancas, en el 939, gracias a la intervención conjugada del apóstol y del santo Emiliano. El poeta narra la batalla como si la estuviese viendo:

Mientre en esta dubda
sedién las buenas yentes,
asuso contra 'I cielo   
fueron parando mientes;
vidieron dues personas   
 fermosas e luzientes,
mucho eran más blancas   
qe las nieves rezientes.
            
Vinién en dos cavallos plus    
blancos que cristal,
armas quales non vió   
nunqa omne mortal;
el uno tenié cror;a,   
mitra pontifical,
el otro una cruz,   
onme non vió tal.

Quando cerca de tierra   
fueron los cavalleros,
dieron entre los moros   
dando colpes certeros;
fizieron tal domage   
en los más delanteros,
qe plegó el espanto   
a los más postremeros

Gonzalo de Berceo terminó explicando que no fue un sólo patriarca divino el que lideró las tropas cristianas sino que fueron dos: Santiago y San Millán. De esta manera, los castellanos tuvieron por patrón al santo Emiliano y, en la monarquía común con León, desde 1230, estuvo igualado por un tiempo con Santiago.

El qe tenié la mitra   
e la croça en mano,
éssi fue el apóstol   
de sant Jüán ermano;
el que la cruz tenié   
e el capiello plano
éssifue sant Millán   
el varón cogollano.


6.9 EL CODEX CALIXTINUS, LA PRIMERA GUÍA TURÍSTICA DEL MUNDO

La primera Guía del peregrino de Santiago de Compostela fue escrita a mediados del siglo XII por el abate francés Aymeric Picaud, uno de los peregrinos más ilustres. Esta obra está considerada la primera guía turística de la Cristiandad Occidental, y contenida en el Libro V del Codex Calixtinus, (Códice Calixtino). El título fue atribuido por los “monjes negros” de la Orden de Cluny al Papa Calixto II, Guido de Borgoña, quien propuso a Aymerch Picaud seguir el camino y redactar la obra.

Desde principios del siglo XX, por influencia del erudito francés Bédier, se empezó a denominar Liber Sancti Jacobi (Libro de Santiago).

Aymeric Picaud era un cura poitevino de Parthenay-leVieux, que hizo personalmente el trayecto en 1109, en compañía de su hermano Martín y de su amigo Gilles, y anotando en su diario las experiencias de sus jornadas viajeras. Al regresar a su villa natal, escribe un minucioso tratado sobre el viaje basándose además en sus apuntes. Este libro serviría de gran valor para los sucesivos caminantes pues incluye un pormenorizado y exacto estudio de la Ruta Jacobea; en él se advierten de los peligros, se informa de los accidentes geográficos y de las costumbres de los diversos pueblos, de las mejores rutas y alojamientos, así como de las distancias entre las principales ciudades.

El libro fue escrito hacia 1123 y publicado en 1139, tuvo un amplio conocimiento y por ello se gestaron varios manuscritos, el más notable de los cuales es un manuscrito de 225 folios, conservado en la catedral de Santiago hasta su hurto en julio de 2011.

El contenido es misceláneo, una recopilación variada y dividida en cinco partes que se fueron redactando en diversas épocas y en forma independiente. El conjunto comienza con la supuesta carta que envió el Papa Calixto II en 1119 solicitando la elaboración del mismo, y termina con otra de su sucesor Inocencio II, fallecido en 1143.

CÓDICE CALIXTINO

La primera parte del códice es el Libro de las Liturgias, contiene textos litúrgicos y de predicación para el culto al Apóstol, siendo el núcleo principal del códice.

La segunda, el Libro de los Milagros, relata veintidós milagros de este, acaecidos en distintos países de Europa, gracias al poder curativo del Apóstol Santiago, procedente del divino don que Dios otorgó a los apóstoles, así como la historia de la evangelización por tierras hispánicas. El relato de estos milagros pretende promocionar la peregrinación al Santuario.

La tercera es la narración legendaria de la Traslación de su cuerpo a Santiago. No sólo del traslado desde Jerusalén, sino también la historia del descubrimiento de su cuerpo en Iria Falvia el año 813, bajo el reinado de Alfonso II. Además comenta la costumbre de los primeros peregrinos de recoger conchas marinas en las costas gallegas. En este libro se inserta otra carta pontificia falsificada, atribuida a León III, un texto del siglo IX o del X, añadido en letra visigótica a un manuscrito del monasterio francés de San Marcial de Limoges.

La cuarta parte, Conquistas de Carlomagno, fue escrita por Turpín, el arzobispo benedictino de Reims, por eso es conocida como el Seudo Turpín. Pertenece a la literatura épica, es la Historia de Carlomagno y Rolando en la batalla de Roncesvalles, por lo tanto tiene el mismo argumento de la obra más emblemática de la epopeya francesa, la Chanson de Roland. Su inclusión se debe a considerar a los caídos en Roncesvalles en mártires y al emperador franco en un santo que vino a España en una cruzada para liberarla de los musulmanes siguiendo el camino de estrellas. Ante esta consideración mitológica, en 1610 esta parte fue separada del resto para formar otro volumen con el título Historia Turpini. Se atribuye al Arzobispo de Reims, Turpín, aunque en realidad es obra de un escritor anónimo del siglo XI

HISTORIA TURPIN DEL CÓDICE CLIXTINO

La parte última, Libro V,  se titula Libro de la Peregrinación (Liber Peregrinationis), también llamado Guía del peregrino de Santiago de Compostela, es una guía del viaje para los peregrinos.

Por lo tanto, el libro primero es de carácter litúrgico, el segundo hagiográfico, el tercero y cuarto de naturaleza histórica y el quinto, que alcanzó una mayor celebridad, de carácter turístico, se convierte en una guía para el peregrino.

Cuando Aymerc Picaud escribió la Guía del peregrino imperaba en el reino de León Alfonso VII el único Emperador castellano de Romanos, siendo rey de Aragón Alfonso I el Batallador y arzobispo de Compostela Diego Gelmírez. Un guía sensacional que vio laluz en Cluny hace más de 850 años, antes de que apareciese el Cantar del Mío Cid.

Aymerch dividió el Camino Francés en siete etapas a caballo que son trece etapas a pié, oscilando entre los veintiséis y los noventa y un kilómetros. Son las de Monreal-Puente la Reina, veintiséis; Saint Michel-Viscarret, treinta y cinco; Viscarret-Pamplona, cuarenta; Borce-Jaca, cuarenta y cinco; Estella-Nájera, setenta y cuatro; Nájera-Burgos, ochenta y nueve; y Jaca-Monreal, noventa y uno, estas dos últimas para hacerlas a caballo. El resto, según el autor al alcance de los peones, varía de los cincuenta a los setenta, debía hacerse en vario días.

El texto del cronista cluniacense señala distancias entre pueblos, describe paisajes, santuarios y monumentos, e incluyó observaciones sobre gastronomía, potabilidad de las aguas, carácter de las gentes y costumbres de los pueblos, y transmite un asombro especial por la masiva afluencia y variedad de romeros, conviviendo durante su viaje con "francos, normandos, escoceses, íberos, georgianos, libios, cirenenses y pánfilos de Cilicia, de Judea y otras tribus y naciones". Está mezclado con un relato de viaje en el que se incluyen reflexiones moralizantes.


CÓDICE CALIXTINO

Esta guía de Aymerich es una obra original y muy personal, a veces caprichosa, con una visión muy particular y nada favorable de los pueblos hispánicos que atravesaba el Camino. Esta “mala prensa” que realiza el francés es considerada como antecesora de la leyenda negra de España. Denota en su escrito un amargo recuerdo de la derrota carolingia en Roncesvalles a manos de los vascones, destilando peste de los navarros. Se nota su preferencia por su patria francesa.

Describe con precisión a los barqueros con cobran un abusivo precio por cruzar el río en su barca, a los aduaneros que se excedían en el precio de sus visados, a los venteros, y a los salteadores y forajidos, poniendo de relieve el peligro de perderse en aquellos barrios de las ciudades que rodeaban a la catedral poblados por mercante, abundantes en mesones y tabernas, donde el vino, la música y las bailarinas hacían olvidar al peregrino el motivo espiritual de su viaje y la promesa a la que se encomendó.



El capítulo segundo de su Guía, Aymeric Picaud informa de los cuatro caminos que por Tours, Vézelay, Le Puy y Saint Gilles atraviesan Francia. Los tres primeros, reunidos en Ostabat, al pie de los Pirineos, entran en España por Saint Jean Pied de Port, Valcarlos y Roncesvalles. El segundo, tras llegar a Aragón por el puerto seco de Somport, se une al itinerario anterior en la hermosa y transitada ciudad de Puente la Reina, desde donde “todos los caminos se hacen uno solo hasta Compostela”. La ruta será conocida como el “Camino Francés”, pues el mayor contingente de peregrinos pertenecía a esta nación.

Las descripciones viajeras del poitevino Aymeric, presentadas en secuencias de una gran fuerza plástica, resultan casi siempre poéticas y llenas de rudo encanto; aunque, a veces, la literatura deja paso a acusaciones furibundas, plagadas de denuestos y anatemas. Pero la Guía es documento impresionante por el que transcurren montes y llanuras, villas y ciudades, ríos de aguas buenas y malas, hombres malvados y almas benditas inundadas de la Gracias de Dios. Refleja en su potente prosa su condición áspera de hombre románico, su emocionante testimonio de ser el primer cronista del Camino.

Por ejemplo, su llegada a la Catedral compostelana la reflejó elogiando su perfección y reflejando la impresión que produce a los peregrinos: "En esta iglesia no hay grieta, ni defecto alguno". Describío las tres puertas de entrada al templo, las vidrieras, y el sepulcro, con una belleza no superada por ningún palacio real conocido".

Su Orden de Cluny organizó técnicamente la peregrinación desde Francia, convirtiéndose en realidad en la primera agencia de propaganda en Europa.

El profesor Díaz y Díaz ha dicho que la Guía de Peregrinos tiene su verdadera razón de ser en “el afán de encandilar y deslumbrar al lector, tan típico de la lectura culta de la época” pero, en cualquier caso, sigue siendo un documento esencial para conocer cómo se hizo el prodigio de la peregrinación a la ciudad de Compostela.

CÓDICE CALIXTINO EN EL MUSEO DEL CAMINO

6.10 OTROS LIBROS DE VIAJE

Después de la guía de Aymeric Picaud hubo otros peregrinos que dejaron constancia de su viaje relatando su experiencia personal, los monumentos y santuarios visitados, y las características geográficas y humanas de las comarcas.

Empezaron a aparecer muchas guíos y relatos medievales desde el siglo XV, un ejemplo es la Relación de la peregrinación de Sebastián Ilsung, de la segunda mitad de siglo. Es una especie de crónica del viaje por España hizo Sebastián Ilsung, de Augsburgo, llegando también a Santiago, en la que dejó constancia del esplendor de las ceremonias catedralicias. Otro relato es el de Jean de Tournay, llamado Récits de Pélgrime, de la misma época.

Nompar de Caumont fija en su libro, publicado en 1417, las etapas y el número de leguas que las separan. Afamado por ser el primero en contar el milagro del ahorcado en Santo Domingo de la Calzada.

Otro inglés, William Mey, vino a Santiago por mar en 1456 y contó la cantilena con la que los niños de la ciudad pedían a los peregrinos la propina y que acompañaban de un baile elemental.
En 1466 llegó a Santiago el barón de Rosmithal, en un viaje cortesano por Europa, del que se escribieron dos relatos, uno en latín por una persona de su servicio y otro en alemán por el noble bohemio Gabriel Tetzel.

Un noble polaco germanizado nacido en Wroclaw, Nicolás Popplan, llegó a Compostela en 1484 desde Portugal, adonde había llegado en barco desde Inglaterra. También un polaco de Silesia fue autor de otro relato de su viaje, Erich Lassota de Steblau, venido con las tropas alemanas en socorro de Felipe II, en 1581.
Juan de Tournai, comerciante flamenco, sale de Valenciennes el 25 de febreo de 1488, “con su hermano abad y varios compañeros”.
Un monje alemán procedente de la región de Fulda, Herman Künig von Vach, hizo el camino en 1495. Partió desde Einsiedeln, siguiendo la Ruta de Suiza, cruzando los Alpes y el valle del Ródano, pasando por Nimes, Montepellier y Toulouse, y penetrando en la península por el paso aragonés de Somport. A su regreso alternó varios ramales del Camino, desde Burgos hasta el País Vasco, por donde pasa a Francia; después París y, por último Aquisgrán, donde termina la guía y la sugestiva información. Escribió una pequeña guía rimada en su idioma, publicada en Estrasburgo y de la que existe actualmente una versión francesa del año 1989: Un guide du Pelerin vers Saint Jacques de Compostelle. El itinerario de ida recibió el nombre de Obertrasse (vía alta), mientras que el de vuelta el de Niedertrasse (vía alta).

Un año más tarde, en 1496, siguiendo en gran parte el itinerario de Künig, otro alemán llamado Arnold von Harff emprendió su viaje. De noble familia renana, marchó primero a Egipto donde visitó el Monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí. A su vuelta, desde Venecia, se dirige a Santiago: “Para consolar y salvar mi alma yo, Arnold von Harff, he decidido cumplir un beneficioso peregrinaje, pero también para conocer las ciudades y países y las costumbres de los pueblos”. Fue un valioso testimonio del estado de los caminos, alojamientos, costumbres y mentalidad social de la España de finales del siglo XV.

Von Harff critica el cobro desmesurado en varios pasos del Camino, la mala comida de las posadas, y el espectáculo de los ahorcados a la entrada de las poblaciones. Ya en su ciudad se mostró más complaciente con la ciudad, a la que definió como pequeña, bonita y alegre, sometida al rey de Castilla. Destaca su Catedral, comentando el ritual que dentro de ella efectuaban los peregrinos alemanes: “Encima del altar mayor hay un gran santo de madera representando a Santiago, rematado con una corona de plata y los peregrinos, subiendo por detrás del altar, se tocan la corona, lo que provoca las burlas de los habitantes de la ciudad hacia nosotros, los alemanes”.

CRÓNICA-RELATO HISTÓRICO DE VIAJE JACOBEO

También alemán de Feldkirch, en Tirol, es el geógrafo, médico y coleccionista de libros Jerónimo Münzer, del que se sabe que entró en España por Perpiñán en septiembre de 1494 y salió en febrero del año siguiente por Roncesvalles, tras haber recorrido toda la costa de la península a caballo, acompañado por tres amigos. Desde Coimbra inició su peregrinación por el Camino Portugués, que pasa por Oporto, Barcelos, Ponto de Lima, Valença do Minho y Tuy, por donde entra a España, para llegar a Santiago en diciembre.

Su guía, publicada en castellano con el nombre de Viaje por España y Portugal es, según algunos autores, el relato más interesante de un viaje por España en la Edad Media, debido en gran parte a cuestiones que se alejan de las meramente peregrinas. En concreto, algunos autores han señalado tanto lo sorprendente del itinerario como la proximidad de Münzer a los intereses de los comerciantes de Nuremberg y al emperador Maximiliano, todo ello en un momento en que Colón volvía de su descubrimiento y se firma el Tratado de Tordesillas entre ambos países hispánicos. También han llamado la atención sus importantes contactos, tanto con España como en Portugal, donde es recibido por Juan II.

Más pintoresca, por lo lejano de su procedencia, es la peregrinación que efectuó el obispo Mártir de la ciudad armenia de Arzedjan, en Armenia, de donde salió en 1489. El documento fue publicado en castellano en 1898, con el título de Relación de un viaje por Europa con la peregrinación a Santiago de Compostela, verificado a fines del siglo XV por Mátir, obispo de Arzendjan. La originalidad del relato consiste en la elección de una ruta no muy transitada ya en aquella época: la Ruta del Cantábrico. Entró por Bayona, siguió por San Sebastián, Santander, Oviedo y Betanzos. Después de permanecer en Santiago ochenta y cuatro días se dirigió a Finisterre, desde allí hasta Guetaria, y en barco hasta Andalucía.

En el siglo XVI hay ya numerosas guías. Destacan las guías breves publicadas en Francia, de itinerarios variados, como por ejemplo la conocida De París a Compostela. Antoine Lalaing, hizo su viaje en 1501, acompañado de Felipe el Hermoso.

En Italia destacaron las publicaciones de Francesco Piccardi escrito en verso en 1472; la de Bartolomeo Fontana en 1550, desde Venecia pasando por Roma; la de Cosme III de Médicis en 1666, redactada por Lorenzo Magalotti y pintada por Pier-María Baldi; siete años después el del clérigo boloñés Doménico Laffi, que había estado dos veces, en 1666 y 1670, y admirado la reciente escalera del Obradoiro y la abundancia del mercado de abastos; la de Nicola Albani, titulado La historia verídica del viaje de Nápoles a Santiago, en 1743; y por último la de Giacomo-Antonio Naia, uno de los que prolongaron la peregrinación hasta Padrón.


Samuel de Purchas publicó en 1625 un texto  titulado Purchas his Pilgrimes que se remonta a fines del siglo XIV, escrito anónimo en un inglés versificado, confuso, pero lleno de encanto. El manuscrito fue hallado, según señala el profesor Vázquez de Parga, en la biblioteca de sir Roberto Cottons y reúne el itinerario de respectivas peregrinaciones a los lugares sagrados del cristianismo: Jerusalén, Roma y Santiago. Aporta valiosa información sobre los valores monetarios, sobre comida y bebida, y sobre las reliquias e indulgencias que se podían ganar en las iglesias de Camino.

El anónimo peregrino partió de Plymouth, cruzó el Canal de la Mancha, siguió por Burdeos, Bayona y Sant Jean de Pied de Port, hasta entrar por Roncesvalles. Hace mención del monte Gozo y de la ciudad compostelana, pero su viaje continuó hasta Padrón (Patrovum), Pontevedra y Camposancos, cerca de la actual población de La Guardia, donde terminó su recorrido.

Juan de Sobieski, padre de Juan III de Polonia, estuvo en Santiago durante un viaje de seis años por Europa, algo habitual para la formación de la nobleza polaca y publicó su relato en 1636.

En 1726 un joven viajero de Carlepont llamado Guillaume Manier describió los remedios de la medicina popular, contando sus propias experiencias en los hospitales.

Uno de los escritores españoles más pintorescos y versátiles, Diego de Torres Villaroel, conocido como El gran piscator de Salamanca, catedrático la universidad, peregrinó en 1763 como cumplimiento a una promesa estando preso en Portugal.

Manuel C. Díaz y Díaz publicó su estudio Código Lógico en 1988.

En el año 2011, el Códice Calixtino es robado de sus dependencias de la Catedral de Santiago. La ausencia del códice, que se guardaba en una caja fuerte del archivo, se detectó el 5 de julio por la tarde. De nada sirvieron las potentes medidas de seguridad. La Policía Nacional sospecha que una banda organizada habría ejecutado el hurto por encargo de algún coleccionista extranjero.


6.11 LAS REPRESENTACIONES DE SANTIAGO

Los artes románico, gótico, renacentista y barroco nos ofrece una particularidad esencialmente jacobea: la iconografía del Apóstol, representada en multitud de cuadros, esculturas, miniaturas y relieves durante todo el Camino. 

Las primeras representaciones no lo presentan sin atributo especial que lo distinga de los demás Apóstoles: así, en la Portada de las Platerías, en el Códice Calixtino, etc.

El primer Santiago peregrino, con escarcela, concha y bordón, es el de Sta. Marta de Tera (Zamora), abadía muy famosa ya en el siglo XII. Uno de los más interesantes es el Santiago Peregrino de Puente la Reina, llamado familiarmente “Beltza” (el Negro). El del parteluz, en el Pórtico de la Gloria, no parece que sea representación de Santiago como peregrino que camina, sino más bien como el gran Patrón que recibe a sus devotos.

Existen contados ejemplos de Santiago peregrino a caballo (distinto del Matamoros) de gran ingenuidad: el del Museo de los Caminos, en Astorga, otro en Vitoria, etc.

MOSAICO DE SANTIAGO ORDENADO CABALLERO DE SU ORDEN

A veces aparece Santiago como Peregrino arrodillado, como por ejemplo en la tabla del Coro en la Catedral de Burgos, postrado a los pies ante la Virgen.

También ha sido representado como Santiago Doctor o Evangelizador que ensaña la doctrina recibida de Cristo, como en la estatua del Museo de San Marcos en León.

De Evangelizador pasó a ser Santiago Mantenedor de la fe contra los enemigos, es el Santiago Matamoros. Un icono ecuestre que portando el estandarte de la cruz sobre un caballo enjalbegado de poderes milagrosos se apareció en la batalla de Clavijo hacia el año 844 para conducir a los cristianos hacia su triunfo sobre las huestes musulmanas. El guerrero in equo albo encarnaba el triunfo del color blanco intrínseco al bien sobre el color negro que manchaba el mal. La estampa del caudillo triunfante que, picando espuelas a su caballo blanco, capitanea la carga contra sus enemigos infieles, quedaría grabada en el imaginario de los pueblos cristianos hispánicos que protagonizaron la lucha contra el islam.

ESCULTURA ECUESTRE DE SANTIAGO MATAMOROS
El tímpano de Clavijo de la Catedral compostelana y el grandioso de la portada de Santiago, en Logroño, son dos ejemplos entre la abundantísima iconografía de Santiago Matamoros. Esta idea del Matamoros se aplicó a dos santos: San Isidoro y San Millán Matamoros que son la competencia, a lo divino, del Apóstol debelador de los enemigos.

Distinto del Santiago Peregrino y del Matamoros, es el Santiago del Espaldarazo, del Monasterio de las Huelgas, que con un brazo articulado daba el espaldarazo a los reyes, armándoles Caballeros para la cruzada contra los musulmanes.

Y como derivación del fervor de la peregrinación es notable la representación de Jesucristo como Peregrino, en la escena de Emaús en Silos, y en un relieve de León, procedente del convento de Agustinas, y la de la Virgen Peregrina, en Pontevedra y en Sahagún: el rostro de la Divina Romera refleja los soles de todos los Caminos; en el extremo de su bordón se balancea la calabaza en una de las fuentes del Paraíso.

Con el tiempo aparece ya fuera del Camino, en multitud de templos, libros, obras de arte y referencias de la vida española. Es comentando por la pluma de Cervantes en El Quijote como “el patrón de las Españas, San Diego Matamoros”, al tiempo que había pasado a América como Santiago Mataindios. De peregrino apacible había mudado a cruzado belicoso. 

Al imprimirse la imagen del Apóstol en expedientes oficiales, si inició una mecanismo psicológico de propaganda jacobea. Porque los burócratas veían el icono antes de abrir las carpetas de los documentos.

ESCULTURA DE SANTIAGO MATAMOROS
EN LA FACHADA DEL PALACIO DE LOS GUZMANES (LEÓN)
También se puso de moda, sobre todo entre los maestres de la Orden de Santiago, colocar en sus capillas la imagen del santo como compañero de viaje hacia la eternidad. De forma que los enterramientos santiaguistas de la Catedral de Toledo o los del Monasterio de El Parral y los sepulcros de don Álvaro de Luna o del marqués de Villena, aparecen rematados por la figura guerrera del Apóstol. Y lo mismo sucede en la obra, donde la Orden culminó su propaganda publicitaria, como fue el Hospital de San Marcos de León.

Esta metamorfosis obraba en la figura de Santiago, que le hizo pasar de Peregrino a Matamoros, contradecía las cabalgatas místicas de las religiones monoteístas. Pues estaba muy alejada de la galopada que hizo el profeta Mahoma en su ascensión a los cielos. Muy opuesta al viaje ecuestre del Mesías sonando el shofar para anunciar la reconstrucción del Templo. Muy distinta de la entrada de Jesús en Jerusalén, a lomos de un humilde borrico. El mensaje pacífico de las marchas místicas que se dirigieron hacia la morada de Dios se trocó así en una bélica contienda terrenal en la que el santo tomaba partido.

ESCULTURA ECUESTRE DE SANTIAGO MATAMOROS
EN LA IGLESIA DE VILLADANGOS DEL PARAMO

6.12 LA ICONOGRAFÍA JACOBEA

El Camino de Santiago es un universo de símbolos relacionados con dicha efeméride religiosa. Se encuentran esculpidos o pintados en los pórticos, los capiteles, las columnas, los claustros, etc. de los edificios de la peregrinación.

La Concha o Vieira es el símbolo más popular, un amuleto obligado para creyentes, ateos, deportistas, jinetes, viajeros indecisos y todo tipo de romeros. Según las crónicas medievales, se adquiría en la ciudad compostelana procedentes de las costas gallegas como recuerdo de vuelta al origen y como demostración garantista del éxito del viaje, como hacían los palmeros que visitaban Jerusalén volviendo con una rama de palma.

Así lo relató en su guía de peregrinos Arnold von Harff cuando al llegar a Santiago "delante de la catedral, encuentras muchísimas conchas de distintos tamaños que tienes que comparar y cosar a tu sombrero si quieres demostrar que has llegado allí".

Al final, aquellas conchas eran tomadas posteriormente por quienes iniciaban el camino convirtiéndose en una tradición que además era usada para recoger agua, pedir limosna y cortar comida.

Las Arcadas de los Pórticos románicos y los Canecillos de los Ábsides y Capiteles expresan la vida cotidiana del labriego, del artesano, del pastor, el herrero, y del resto de gremios tradicionales mezclados con escenas bíblicas, adornos vegetales con formas geométricas y escenas de interpretación particular de cada maestro cantero. Destaca la perta del Perdón de la iglesias de Santiago, en Villafranca del Bierzo.

Un Puente une dos naturalezas o sirve como lazo entre la razón y el corazón. Representa la evolución del viaje místico iniciado, puesto que al cruzarlo se enfrenta a las adversidades, pero también a sí mismo y a sus temores. El más emblemático es el de Reina, sobre el río Arga, cuya construcción fue ordenada por doña Mayor, esposa del rey Sancho III de Navarra.

Desde el punto de vista cristiano, el Árbol representa lo sagrado y la únión que hay entre el Cielo (la copa) y la Tierra, donde están las raíces, y donde tronco es el camino evolutivo para transcender.

El Roble era un árbol sagrado para las culturas prerrománicas y simboliza el vínculo de unión entre los pueblos medievales de las montañas del País Vasco, León y Galicia con los árboles, especialmente con el roble, símbolo de solidez, energía y longevidad. En la mitología celta el roble es la divinidad Dagda que representa la Creación. Los pueblos celtas divulgaron el cultoal roble en el siglo III a.C., manteniendo una estrecha relación con el árbol en multitud de actos públicos que se celebraban debajo de robles particulares, con debates, sucesiones reales, distribuciones de poderes o reparto de riquezas. Como ejemplos claros son el roble de Rabanal, en León, o el roble de Gernika, en Vizcaya.

Por otra parte, las Palmeras representan los árboles del Paraíso y su representación pretende animar al viajero y recordarle que al final del camino le espera el paraíso terrenal.

Los Millardoiros eran los "humilladeros" utilizados en Galicia donde los peregrinos se arrodillaban a dar gracias, implorar, ofrecer, rendir culto o arrojar piedras sobre la tumba de algún peregrino fallecido durante el viaje. En ocasiones estos milladoiros eran coronads con una cruz, como el de la Cruz de Ferro en los Montes de León, o adquirían formas diversas.

Los Barcos son una alegoría a la Iglesia católica, ya que los pescadores son los sacerdotes que se ocupan de atrapar a los pescadores, mientras que las Anclas representaban la cruz de Cristo.

Los Vasos y Recipientes simbolizan la fertilidad de las ideas y la capacidad de renovación. Metafóricamente el vaso o la tinaja es el cuerpo humano en tanto que el agua o líquido que contiene su alma.

Las Aves conectan al hombre con el Cielo, representan la capacidad de todo ser para deshacer del plano material para elevarse al mundo espiritual. Muchas veces los pájaros aparecen volando o preparándose para hacerlo, pero en ocasiones permanecen en el suelo o picotenado sus patas, como por ejemplo en uno de los capiteles del monasterio de Leyre (Navarra).

Las Flechas Amarillas aparecen pintadas en las piedras, en los muros de las casas, en los árboles, en el asfalto de las carreteras y en las señales de tráfico. Una iconografía moderna que señaliza la dirección correcta del camino para conseguir una eficiente orientación del peregrino.

Los Hitos kilométricos son símbolos modernos que han sido adquiridos, al igual que las flechas, en la historia reciente. Su finalidad es informar de la distancia hasta el destino final.

Los Azulejos, con la concha de Santiago en amarillo, adosadas en las fachadas de los edificios, y las Señales de Tráfico instaladas en las carreteras, son indicativos modernos del itinerario. Son colocadas por las asocieciones de Amigos del Camino, en el primer caso, y por la D.G.T., en el segundo.

Los Cruceiros de piedra han sido uno de los hitos que guiaban a los peregrinos antes de la aparición de las flechas amarillas. Solían colocarse en cruces de caminos, en cementerios y junto a las iglesias con una finalidad protectora.

El Camino de Santiago pasa siempre por delante de iglesias, catedrales, monasterios y templos parroquiales. Los Edificios Templarios fueron construidos para la protección de los peregrinos por estos monjes guerreros. Destacan el castillo de Ponferrada, en León, o la ermita de Santa María de Eunate y la iglesia de Torres del Río, ambas en Navarra.

El Baño Renovador que el peregrino efectuaba al llegar a Santiago consistía en visitar el "fin del mundo", la Casa de la Muerte, y en ella una de las playas más relevantes: Da Langosteira. El baño en la playa representaba la muerte del humano vulgar que había cumplido el camino y el renacimiento del nuevo ser limpio y puro.

La Credencias del peregrino lo identifica como tal. Debe proveerse de ella antes de iniciar el viaje en alguna asociación de Amigos del Camino. En ella irá estampado el sello de los albergues, iglesias y otras enclaves por los que vaya pasando. Una vez en Santiago debe mostrarla para obetener la Compostelana, que certifica que ha completado la peregrinación.



7 LA HOSPITALIDAD Y LA MEDICINA

Los hospitales del Camino englobaron a las enfermerías y a los albergues diseminados por toda su longitud, aunque los públicos y gratuitos fueron más frecuentes a medida que avanzaba a su final, también existieron los privados y particulares. El concepto de hospital era más bien el de hospitalidad para acoger al que necesitaba ser acogido por cualquier motivo. En esos hospitalillos se hacía una medicina casera, con aceites y hierbas.

En Nájera hubo 4, en Logroño 6, pero ya en León la cifra se dispara a 17 y en Astorga a 25, Burgos llegó a tener 32 de estos edificios que surgieron todos a partir del siglo XI. En Compostela hubo 15 antes de que Isabel y Fernando ordenasen en 1499 la edificación del bellísimo Hospital de los Reyes Católicos en la plaza del Obradoiro, ahora reconvertido en Hostal.

En la ciudad burgalesa el Hospital del Rey, fundado por Alfonso VIII en 1187, estaba atendido por una comunidad religiosa de regla propia. Fue el más grande, con capacidad para 100 personas, algo más de la mitad para los enfermos, y repartían unas 250 raciones diarias. El Hospital Real de Santiago o de los Reyes Católicos llegó a superarlo con 200 camas. En Santo Domingo de la Calzada se daba de comer a 200 peregrinos. Otros hospitales destacados también fueron los de Somport y Roncesvalles, el de Puente la Reina, o el de San Isidoro de León.
Casi todos los hospitales eran pequeños, de dos o tres habitaciones, cada uno con dos o tres camas para una o dos personas. Fueron pocos los medianos, que pasaba de seis habitaciones, como el Hospital San Juan de Burgos.

Eran atendidos por monjes, canónigos regulares, el clero diocesano, cofradías, ayuntamientos, y hasta por ciertas oligarquías como los mercaderes, muy interesados en el tránsito comercial que aportaban estos distribuidores tan especiales llamados peregrinos. Los grandes hospitales contaban con la ayuda de un equipo de profesionales médicos, cirujanos y enfermeras.

HOSPITAL DE LOS REYES CATÓLICOS EN SANTIAGO DE COMPOSTELA
Las órdenes militares nacieron precisamente como órdenes hospitalarias y salvaguardas de peregrinos frente a posibles los posibles actos de bandidaje y saqueos musulmanes. Entre los hospitales militares más famosos se encuentran el de León por Orden de Santiago, el de Ponferrada y Villalcázar de Sirga por los Templarios, el de Castrojeriz por los Antonianos, y algunos más pertenecientes a los Caballeros de San Juan u Orden de Malta y los de Calatrava.

La estancia del peregrino en un hospital era de una noche como norma general, y la ración de comida modélica fue la del Hospital del Rey: dos panes, dos vasos de vino, un caldo o un plato de legumbres u hortalizas, y un filete de carne de ovino, de oveja o de carnero. Pero también se escribió en la guías la repartición de otros alimentos: huevos o cocido, “potaxe” en El Cebreiro, bacalao en Pamplona, sidra o “txacoli” en las Provincias Vascas, en Asturias y en Galicia.

La Ruta Jacobea permitió una inmensa recolección de conocimientos médicos que llegaron a España desde Europa  a través de sus peregrinos, y que desde la Santiago de Compostela se distribuyeron al resto de la cristiandad. Los diversos itinerarios de la Ruta Jacobea han sido recolectores y difusores de medicina, atención sanitaria, caridad y hospitalidad.

HOSPITAL DE SAN NICOLAS EN BURGOS
Aymeric fue muy crítico con los drogueros en su Codex Calixtinus, detalló ciertos fármacos usados en la peregrinación, y se refiere a la preparación por los médicos de jarabes, purgantes y otros compuestos, aunque en su tiempo la farmacia se iba separando ya de la medicina. Además, Santiago surgió como un gran centro comercial para los herboristas, situados principalmente en la plaza de la Azabachería. La farmacia del Hospital del Rey fue la mejor del Camino, e incluso del Reino; era rica en aceites, ungüentos, conservas, dulces, drogas, especias y aguas diversas. Las aves de corral y la fruta eran consideradas por medicinales.

El obispo Gelmírez se trajo de Italia a su ciudad episcopal un médico de Salerno, ya que desde el siglo XII la Escuela salernitana de Medicina tenía mucho prestigio en Europa, precursora de la futura  Universidad de Salerno. En el siglo XIV consta que ejercía allí un médico traído de otra escuela con renombre, el maestre Jacome de Montpellier.

El Hospital de San Roque fue fundado en 1577 en el casco histórico de Santiago fundado por el arzobispo Fernando Blanco para atender las enfermedades venéreas, especialmente la sífilis. Los médicos del Hospital Real de Santiago fueron los primeros en aplicar en España la anestesia con cloroformo, tan sólo 17 días después de que se aplicase en Edimburgo y Estados Unidos con fines a evitar el dolor en el paciente. No es la única innovación de la anestesia compostelana, ya que la primera vez que en ese mismo hospital se aplicó el éter con indicaciones médicas en España.

Esta primera gran recolección de saber médico medieval se convirtió en una auténtica escuela de medicina que distribuyó sus conocimientos en todas las direcciones, desarrollando la denominación de origen “medicina compostelana”.


SÍMBOLO HOSPITAL DE PEREGRINOS



8 LA LEY DE PEREGRINACIÓN

8.1 EL DESARROLLO JURÍDICO

La peregrinación estuvo tan bien valorada por los poderes civiles y jerarquía eclesiástica que llegaron a incluir leyes que garantizasen la protección de los individuos y colectivos en los cuerpos jurídicos, como el Fuero Real las Siete Partidas y la Nueva Recopilación.

Las primeras leyes castellanas permitieron el libre tránsito y la agravación de los delitos cometidos contra ellos, incluidos los abusos de los posaderos. El derecho navarro equiparaba el peregrino a esos efectos con el mercader.

La masiva afluencia de peregrinos extranjeros conllevó la fundación de nuevos barrios y poblaciones, y la aprobación de los llamados Fueros de Francos (francigeni, que en latín significaba extranjero). Eso ocurrió en Puente la Reina, Sangüesa, Belorado, Villafranca del Bierzo o León. Los inmigrandos eran comerciantes, artesanos, constructores y eclesiásticos. Este fenómeno social terminó por consolidar una naciente burguesía, hostil al poder señorial desde el siglo XII.

En el Fuero de Jaca, concedido por Sancho Ramírez en 1065, los burgueses son los protagonistas principales. El Fuero de Logroño, concedido por Alfonso Vi en 1095, modélico y ejemplo a implantar en otras villas y ciudades, fue el primero en referirse tanto a españoles como a franceses y otros extranjeros. Las Partidas de Alfonso X incluían leyes para la resolución de la muerte de peregrinos.

La Nueva Recopilación reconocía a los peregrinos extranjeros a ir a Santiago y a volver en libertad a su patria, pidiendo limosna si fuese necesario, pero sin apartarse del camino más de cuatro leguas a ambos lados o mendigar. El Fuero Real garantiza la libertad de hacer estamento, en ocasiones muy necesario para los caminantes, también el derecho a vivir en las ciudades y villas por las que paasaba el itinerario.


LOGOTIPO MODERNO DEL CAMINO



8.2 EL ORIGEN DE LA INDULGENCIA PLENARIA

En la Edad media existía una confusión entre lo laico y lo religioso, y aquella mentalidad lo invadía todo. Obispos y bades imponían en caso de graves pecados la penitencia de peregrinar a diversos lugares religiosos como Jerusalén, Santiago, Roma y otros santuarios menores situados en España, Francia, etc. Por ellos, el juez civil terminó por asumir también esta posibilidad, imponiéndola no como penitencia, sino como pena en caso de la comisión de delitos especialmente graves.

Este tipo de pena suavizó las terribles condenas que se imponían en la época, no ya la pena de muerte sino tormento, tortura y mutileciones. Este tipo de peregrinación satisfacía dos finalidades: sustituía la venganza privada por una respuesta institucional ciertamente no exenta de peligros y dificultades ya que la peregrinación supenía tomar riesgos y sufrir penalidades; y prevenía a la sociedad en general de las consecuencias de cometer determinados delitos.

El papa Calixto II concede en 1122 la posibilidad de que los peregrinos obtengan la indulgencia plenaria en los Años Santos Compostelanos. Nacen así las indulgencias compostelanas o Gran Perdonanza que liberan a los peregrinos de sus delitos y los salva de sus pecados. Las condiciones para ganar este jubileo fueron la visita en Año Santo a la Catedral de Compostela donde se guarda la tumba del Apóstol Santiago, el rezo y asistencia a alguna misa, y la recepción de los Sacramentos de la Penitencia y la Comunión, dentro del período comprendido entre los quince días anteriores y posteriores a la visita a Compostela.

El Liber Sancti Jacobi de Americh de Picaud, en el Libro V referido a la guía de peregrinación escribió: “El peregrino alejándose de su domicilio es enviado a la peregrinación por un sacerdote, en pena de sus pecados, como un destierro. Y por la gracias de Dios si confiesa bien y termina su vida abrazando la penitencia, se salva”.
La documentación más detallada de esta peregrinación forzada impuesta por el juez civil se encuentra alrededor de los siglos XIII-XIV y procede de los Países Bajos, Francia y Alemania. Muy esquemáticamente se pueden citar algunas ordenanzas:


1. Estatutos de la ciudad de Lieja, año 1328. Se impone la peregrinación a Santiago, Roma y Tours por delitos de homicidio y otros semejantes.


2. Estatutos de Jean d´Archel, 1366. Se impone el peregrinaje a Santiago al juez o escribano que faltare a la probidad en los litigios de bienes o créditos.


3. Ordenanzas de Saint Troud de 1423. Se impone la peregrinación a Santiago por impago de rentas en delitos contra la propiedad.


4. Carta de Tongres. Se impone la peregrinación a Santiago al que sacare espada o cuchillo contra el prójimo.


5. Documento La paix de Saint Jaques de 1487. Se impone la peregrinación a Santiago al raptor de mujer o hija de otro.


6. Estatutos de Maastricht. Se impone como sustitutivo de la pena de multa y en concreto al violador de la tregua de Dios se le impone la peregrinación a Santiago.


7. Ordenanzas de Saint Troud de 1499. Se impone peregrinar a Santiago a quien facilita alojamiento en caso de adúlteros.


8. También en las mismas Ordenanzas de Saint Troud pero del año 1523 se impone a los adúlteros públicos la peregrinación a Tours, pasados quince días del regreso de dicha peregrinación, si siguen viviendo juntos se les impone peregrinar a Santiago y a la vuelta de la peregrinación si persisten se acuerda el destierro.


También se encuentran referencias a la peregrinación a diversos lugares santos y en concreto a Santiago en las ordenanzas de varias ciudades como Gantes, Namour y Brujas.

En caso de incumplimiento, es decir, de que el obligado a peregrinar no lo hiciese, se imponía un nuevo peregrinaje. En algún caso excepcional se llegó a acordar la decapitación. En cuanto a la comprobación de haber efectuado el viaje en su totalidad, este quedaba acreditado con la correspondiente documentación que se expedía al término de la peregrinación por la autoridad correspondiente.

También se llegó a admitir en época más tardía el rescate de la peregrinación mediante el pago de una cantidad, en principio equiparada al rescate de la peregrinación a Roma.

Como es lógico abundan las disposiciones y normas jurídicas dadas por reyes, obispos y príncipes para la protección jurídica del peregrino al que se le consideraba persona inviolable.

En este sentido se puede citar el Concilio de León de 1114 en el que se decía que “Peregrini in pace sint, secure per terras eant, ut nemo in eos vel eorum, manus mittat”.

Y también se cuenta con un corpus jurídico de protección al peregrino tanto de su persona y bienes como previsiones en caso de enfermedad, muerte, entierro, protección de sus bienes, etc.