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TELÉGRAFO ÓPTICO POR JUAN JOSÉ DE LERENA Y BARRY


Marino, diplomático e ingeniero militar, Juan José de Lerena y Barry destacó por desarrollar un sistema de telegrafía óptica poniendo la telegrafía civil al servicio del Estado, paso necesario para la llegada del telégrafo eléctrico.

Su telégrafo óptico diurno y nocturno conectaba los Reales Sitios con la Corte de Madrid en 1832, siendo uno de los primeros sistemas de comunicación en España como los que había en los principales países de Europa.

TELEGRAFÍA ÓPTICA DE JUAN JOSÉ DE LERENA

Juan José de Lerena y Barry nació en Cádiz en 1796. Era hijo del capitán de fragata Antonio de Lerena Barreda.

Su tradición familiar por la marinería le sirvió para incorporarse a la Academia de Guardias Marinas del Departamento Naval de Cádiz, situado en la isla de León, en 1809. Participó en diversas expediciones navales, pero su primer combate tuvo lugar a los catorce años en 1810 en el apostadero de Gallineras contra la Armada francesa durante la Guerra de la Independencia española.

En 1817, a las órdenes del brigadier Pascual Enrile, sirvió en la escuadra que transportaba tropas de infantería al mando del general Pablo Morillo con destino a la provincia de Venezuela, en el Virreinato de Nueva Granada. Después, pasó a la costa del Pacífico y asistió a la defensa de Guayaquil. En el Virreinato del Perú, se distinguió por su arrojo y heroísmo como ayudante del virrey Joaquín de la Pezuela, con el que regresó a España en 1821 tras ser destituido del cargo.

En 1823, durante el Trienio Liberal, participó en la defensa constitucional de Cádiz frente a las tropas francesas del duque de Angulema y los 100.000 hijos de San Luis. Tras la rendición y la vuelta al poder del Régimen absolutista de Fernando VII, sus méritos militares fueron revocados y tuvo que exiliarse a Estados Unidos.

En Nueva York inició una nueva etapa como escritor y profesor. A mediados de la década de 1820, fundó uno de los primeros periódicos neoyorkinos impreso en español, El Redactor, y publicó uno de los primeros manuales de enseñanza de la lengua española para angloparlantes, el llamado Spanish Telegraph.

TELÉGRAFO ÓPTICO DE LERENA SOBRE LA TORRE DE LOS LUJANES

Pero por lo que pasó a la historia de las comunicaciones fue por haber inventado un sistema de telegrafía óptica para ser utilizado de día y de noche. Este telégrafo fue presentado ante una comisión de la Real Marina española en 1829, en Cuba, a bordo del navío Soberano. El sistema fue aceptado y valorado de forma positiva para una posible implantación en la España peninsular. Esta situación le permitió reincorporarse al ejército con su antiguo grado de teniente de navío, además de patentar su innovador telégrafo óptico.

En 1830, se encontraba en la Corte de Madrid sirviendo como director de la Red Nacional de Telégrafos. Realizaba pruebas de su sistema de telegrafía mediante señales visuales a distancia que se podían observar con anteojos de larga distancia.

En 1831, reinauguró la primera línea de telégrafos Madrid-Aranjuez. Partía desde la Torre de los Lujanes en la plaza de la Villa, pasaba por otras dos torres ubicadas en el Cerro de los Ángeles en Getafe y el Cerro de Valdemoro, y la última torre estaba en el Monte Parnaso junto al Real Sitio de Aranjuez. En realidad, se trataba de reabrir una línea telegráfica formada por el ingeniero Agustín de Betancourt mediante su sistema telegráfico óptico en 1800, que cayó en desuso durante la Guerra de la Independencia.

TELÉGRAFO ÓPTICO DE LERENA EN EL MONTE PARNASO DE ARANJUEZ

En los sucesivos años, fue ampliando la red de telégrafos ópticos conectando otros reales sitios. En 1832, la segunda línea conectaba Madrid con La Granja de San Ildefonso, después con El Pardo y Rijofrío. Sin embargo, fracasó en el intento de establecer una línea Madrid-Burgos como consecuencia del estallido de la primera Guerra Carlista, entre 1833 y 1839, y de los problemas económicos derivados de la misma.

En 1836, los telégrafo de los Reales Sitios que dirigía Lerena dejaron de funcionar y fueron desmantelados en 1838. Volvió a chocar con la incomprensión de la Administración y quedó apartado de la dirección de la red de telégrafos. Durante algunos años, Lerena estuvo justificando sus cuentas como responsables de estas líneas telegráficas.

Pero su obra no quedó en balde, los sistemas telegráficos de Lerena fueron los modelos para otros posteriores como los que a mediados del siglo XIX inventó el brigadier José María Mathé Aragua, creador del Cuerpo de Telégrafos y promotor del sistema de telegrafía óptica Mathé. El éxito que alcanzaron las líneas telegráficas del Ministerio de la Gobernación a mediados del siglo XIX, por la labor del ingeniero Mathé, tuvo una gran deuda con su maestro Lerena.

TELÉGRAFOS ÓPTICOS POR INGENIERON ESPAÑOLES

En 1843, Lerena se reincorporó a las operaciones navales en alta mar como comandante del bergantín Nervión y comisario regio para dirigir una expedición en la isla de Fernando Poo de Guinea. La misión consistía en recuperar los derechos coloniales españoles en esa isla de dominio inglés, cambiando nombres ingleses por españoles y organizando la vida administrativa de la ciudad.

Prosiguiendo su labor de reconocimiento y explotación de las demás islas del golfo de Guinea, anexionó Corisco a la Corona de España a petición de su rey indígena, colonizando además una zona del continente desde la desembocadura del río Benito hasta el Cabo de Santa Clara (Guinea continental). Tomó también posesión de las islas Elobeyas y de la isla de Annobón, pasada la línea del ecuador. Su dominio del idioma inglés y su habilidad como comisionado regio le sirvieron para conseguir un éxito indudable.

A su regreso a España, en un viaje lleno de penalidades, rindió un completo informe al secretario de Despacho de Estado, que motivó la organización de una segunda expedición más amplia que debía ser dirigida también por él. Aquel proyecto se frustró ante los desafortunados acontecimientos políticos. Lamentablemente Lerena fue destituido cuando preparaba una segunda expedición a Guinea, que después comandó Manterola.

MODELO DE TORRE TELEGRÁFICA LERENA

Por sus servicios a la Reina Isabel II fue premiado con el nombramiento de brigadier honorífico.

Quebrantada su salud, se retiró a Chiclana, donde inició un proyecto también fracasado de un canal navegable que comunicara la Bahía de Cádiz con Chiclana, atravesando el término municipal de San Fernando. Esta empresa le llevó a su ruina económica al fallarle el presupuesto y sus accionistas.

El brigadier Juan José de Lerena falleció en Madrid en 1866, estando en posesión de las Encomiendas de Isabel la Católica y Carlos III.

Gracias a la obra Historia de la telegrafía óptica en España por Sebastián Olivé y a la biografía Lerena, ese ignorado pionero de las telecomunicaciones, de Gilles Multigner, la vida y obra de este ingenioso marino ha llamado la atención de muchos expertos, al ser uno de los pioneros de esta telegrafía óptica, anterior a la de Morse. También sus logros en expediciones militares le han servido para que José Cervera Pery le dedicase el libro Juan José de Lerena, un marino en la historia de Guinea.

LINEA TELEGRÁFICA MADRID-ARANJUÉZ

PRIMERA VUELTA AL MUNDO POR MAGALLANES Y ELCANO


La Expedición de las especias a las islas Molucas de 1519 iniciada por el comandante Fernando de Magallanes desde el puerto de Sevilla supuso la primera vuelta al mundo en la historia de la humanidad cuando en 1522 finalizó con el regreso de la nao Victoria en Sanlúcar de Barrameda al mando del capitán Juan Sebastián de Elcano.

Esta hazaña supuso la primera circunnavegación del planeta realizada por el sur humano, demostrando la esfericidad de la Tierra de forma empírica y científica. Cambió la manera de relacionarse el hombre con su entorno y la concepción del planeta en pleno Renacimiento. Entre otras aportaciones geográficas y geodésicas estuvo la comprobación por la cual dando la vuelta al mundo en dirección oeste se sustrae un día al calendario, es decir, que al girar por todo el globo rumbo oeste se ganaban 24 horas cronométricas con respecto al lugar de origen.

PRIMERA VUELTA AL MUNDO POR MAGALLANES Y ELCANO

El objetivo principal de la expedición fue acceder a las islas Molucas, conocidas como islas de las Especias, para obtener uno de los productos más valiosos del mercado internacional a inicios del siglo XVI, especialmente la pimienta, el clavo y la nuez moscada. Este mercado había sido descubierto por los portugueses, habían establecido algunas colonias por las costas de África y el sur de Asia, y controlaban las rutas comerciales en dirección este.

Pero además, se tenía constancia de que este archipiélago no se encontraba dentro de la demarcación portuguesa establecida en el Tratado de Tordesillas de 1494, entre los Reinos de Castilla y de Portugal, pues tal límite al otro lado del mundo no estaba muy claro.

Bajo estas dos premisas se movieron los administradores y mercaderes de la Casa de Contratación de Sevilla para contratar a Fernando de Magallanes. Este era un militar y marino de nombre original Fernâo de Magalhâes, que pertenecía a la baja nobleza lusitana y probablemente nació en Oporto, en 1481. Era un experto en las artes de navegar e intrépido aventurero. Había realizado su primer viaje a la India formando parte de la escuadra que acompañaba a Francisco de Almeida, primer virrey de aquel territorio, en 1505. Allí, permaneció durante ocho años, asistiendo a diversas acciones, siendo la más importante la conquista de Malaca, en 1511. Empezó a ganar relevancia cuando salvó la vida del capitán Francisco Serrâo por una conspiración.

FERNANDO DE MAGALLANES

Cuando Magallanes regresó a Portugal en 1515, era sabedor de la enorme riqueza que generaba la importación de las especias asiáticas a Europa y, lo más importante, la ubicación aproximada de aquel territorio. Después, participó en la batalla de Azamor, plaza norteafricana en poder luso y asediada por berberiscos, donde recibió una herida que lo obligó a cojear el resto de su vida. Sin embargo, y a pesar de su valentía demostrada, fue acusado de trafico ilícito con los asediantes o de efectuar un mejor reparto para sí del botín de guerra capturado a los mismos, según cada versión. Esta situación provocó la desconfianza con la Corte portuguesa, y cuando ofreció su proyecto de buscar una ruta alternativa hacia las especiería a la ya establecida, Magallanes fue rechazado por su rey Manuel I el Afortunado. Por eso, pasó a ofrecer sus servicios al rey de Castilla.

Sólo España estaba en condiciones de reunir la experiencia marinera, el conocimiento geográfico y cartográfico, la audacia humana, la voluntad política y los recursos económicos para emprender tal aventura marítima. Por eso, en septiembre de 1516, Fernando de Magallanes se presentó en Sevilla, puerto de salida y llegada de la Flota de la Carrera de Indias. Y lo hizo en compañía de otro cosmógrafo lusitano, Rui Faleiro, también postergado por sus reyes.

En Sevilla, se puso en contacto con el factor Juan de Aranda y el tesorero Sancho Matienzo, altos dirigentes de la Casa de la Contratación, quienes se convirtieron en sus principales valedores. Fue acogido por el teniente alcaide de los Reales Alcázares, su compatriota Diego Barbosa, con cuya hija Beatriz de Barbosa contrajo matrimonio en febrero de 1517. El hijo de ambos fue Rodrigo de Magallanes, que murió siendo niño.

CERÁMICA EN SANLÚCAR CON MAGALLANES Y ELCANO

En 1518, Magallanes y Faleiro consiguieron que su proyecto expedicionario fuese interesado por el emperador Carlos V, quien les recibió en Valladolid, sede de una de las dos chancillerías de la Corona de Castilla. Allí, vivieron momentos de tensión entre la vieja aristocracia castellana y las nuevas autoridades flamencas que estaban accediendo a los cargos de poder en la administración carolina. Este ambiente de rechazo al extranjero que solicitaba favores y conseguía mercedes desde la Corte no era, precisamente, nada beneficiosa para dos portugueses en Valladolid. Sin embargo, contaron con el apoyo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, presidente del Consejo de Indias, el organismo más importante en la política imperial de España con América junto a la Casa de la Contratación.

El apoyo de Fonseca fue decisivo para que el 22 de marzo de 1518 se firmaran las capitulaciones. El plan consistía en abrir una ruta por el oeste, rodeando el continente americano por su extremo sur, buscando un estrecho marítimo en la América meridional que permitiera pasar al mar del Sur, aquel mismo mar que la expedición de Vasco Núñez de Balboa en Panamá llamó Pacífico, y desde allí poner rumbo oeste. El objetivo principal era la adquisición de especias en las islas Molucas para que España se convirtiera en la principal suministradora de pimienta, clavo, nuez moscada y otras en el mercado europeo.

En esas capitulaciones se concretaban los detalles relativos a la jefatura de la escuadra o normas a cumplimentar. Especificaba que la expedición tenía que durar dos años y estaría formada por cinco embarcaciones. Una de aquellas normas señalaba:
"El tan descubrimiento habéis de hacer, con tanto que no descubráis ni hagáis cosa en la demarcación e límites del sacratísimo Rey de Portugal, mi muy caro y muy amado tío e hermano, ni en perjuicio suyo, salvo dentro de los límites de nuestra demarcación."

En otra capitulación se especificaba la participación de Magallanes y Faleiro en los beneficios que se derivan de la expedición, una 5%:
"... de todo lo que a la vuelta de esta primera armada (...) de allá trugérades, hayáis y llevéis el quinto, sacadas todas las costas que en la dicha Armada se hicieren."

TRATADO DE TORDESILLAS

Magallanes era nombrado "Adelantando y Capitán de la Armada para el descubrimiento de la Especiería", que incluía el monopolio de la ruta por diez años, la facultad para el nombramiento de gobernadores en las tierras descubiertas, y algunas prebendas más. El reglamento impedía que embarcasen mujeres embarazadas, especificaba el código de señales para la comunicación entre embarcaciones en alta mar, y el orden de navegación.

Surgió una dificultad diplomática, ya que según el meridiano de Tordesillas, ambos reinos se habían repartido el mundo en dos mitades. Por tanto, si las islas Molucas quedaban del lado luso, Carlos V quebrantaría las relaciones diplomáticas con Portugal, pero si estaban del lado español, podría reclamar la exclusividad española. Por tanto, un segundo objetivo era averiguar en cual de las dos jurisdicciones se encontraba este archipiélago. Personalmente, Magallanes tenía datos que aseguraban que la Especiería quedaba en el hemisferio castellano, confirmados también por Rui Faleiro. Magallanes, basándose en los mapas de su tiempo, creyó que la travesía occidental era viable y que las primeras islas asiáticas estaban cerca del continente americano. Con posterioridad, se trató de un error de cálculo, pero beneficioso.

El proyecto que se fue avanzando no gustó en absoluto al embajador de Portugal ante la Corte castellana, Álvaro da Costa, quien consideraba al navegante y al cosmógrafo como traidores. Lanzó varios ataques a su compatriotas cuando estaban en Zaragoza, mientras Carlos V hacía juramento en las Cortes de Aragón.

MAQUETAS DE NAOS EN LA EXPOSICIÓN FUIMOS LOS PRIMEROS

En verano de 1518, Magallanes estaba de vuelta en Sevilla, donde muy pronto se pondría al frente de las cinco naos de la Armada de las Molucas: la capitana Trinidad, la Concepción, la Victoria, la Santiago y la San Antonio; que fueron construidas en astilleros vizcaínos.

La voz de nao además de ser sinónimo de barco, en castellano designa a un tipo de embarcación con grandes superestructuras: un castillo a proa y un alcázar a popa. Estaban dotadas de dos mástiles para su propulsión, alguna incluso tres: el palo mayor y el de mesana, además del trinquete en la proa y el bauprés en la popa. Esta tipología de embarcaciones se extendió por el Mediterráneo durante los siglos XII y XIII, llegando al punto más alto de su evolución en el siglo XVI, cuando se convirtieron en protagonistas de los grades descubrimientos geográficos.

La fortaleza estructural, la gran capacidad de carga, el cuidado diseño de sus cascos, la especialización de su arboladura y su velamen las convirtieron en naves resistentes, marineras y veloces, aptas para hacer frente a las mareas gruesas de las navegaciones transoceánicas. Desplazaron a las carabelas del descubrimiento del Nuevo Mundo para convertirse en las embarcaciones de las primeras flotas de Indias por excelencia, hasta ser sustituidas por los potentes galeones.

NAO SAN ANTONIO

Estas eran las características de las naos:

San Antonio
Coste: 330.00 maravedíes
Porte: 120 toneles (144 toneladas)
Arboladura: 3 palos
Tripulación: 56 hombres

Trinidad
Construcción: Bilbao
Coste: 270.00 maravedíes
Porte: 110 toneles (135 toneladas)
Arboladura: 3 palos
Tripulación: 62 hombres

Concepción
Coste: 228.00 maravedíes
Porte: 90 toneles (120 toneladas)
Arboladura: 3 palos
Tripulación: 44 hombres

Vitoria
Construcción: Zarauz
Coste: 300.00 maravedíes
Porte: 85 toneles (110 toneladas)
Arboladura: 3 palos
Tripulación: 45 hombres

Santiago
Coste: 187.500 maravedíes
Porte: 75 toneles (90 toneladas)
Arboladura: 3 palos
Tripulación: 32 hombres

MAQUETA DE LA NAO VICTORIA

Durante los siguientes meses se acometió el proceso de contratación de tripulantes, pertrechos navales, provisiones y armas. Se necesitaba embarcar vituallas para dos años y más de dos centenares y medio de hombres.

Sobre la financiación, la Corona española asumió el pago de las tres cuartas partes del coste total de la expedición, mientras que la cuarta restante estuvo a cargo de un mercader y armador burgalés afincado en Sevilla, llamado Cristóbal de Haro. Al final, el presupuesto de las cinco naos con su equipamiento, víveres, cartas e instrumentos náuticos, mercaderías y sueldos para cuatro meses ascendió a 8.334.335 maravedíes, de los cuales la Corona financiaba 6.454.209 y Cristóbal de Haro asumía 1.880.126 maravedíes.

Para trazar correctamente el derrotero, se destinaron cartas de marear, cuadrantes, astrolabios y agujas de marear, y al registro de los descubrimientos y de los gastos, pergaminos y cuadernos.

Por si se producían situaciones de guerra, las cinco naves portaban cañones, bombardas y falconetes, con sus balas de plomo y piedra, y con 5.000 libras de pólvora, que también se emplearían para los 50 arcabuces a bordo. Asimismo, llevaban armas blancas, como ballestas, flechas, dardos, lanzas y picas, y armas defensivas como petos, cascos y escudos, además de dos armaduras completas.

Para las labores cotidianas se embarcaron cabos, lonas, poleas, clavos, faroles, tablones, candados, cazos para la pez, una fragua con fuelle, herramientas, una piedra de amolar, escudillas, cuencos, medias, pesas, balanzas y libros de cuentas; para imponer la imprescindible disciplina, grilletes, y para el servicio religioso, hostiarios, cálices, misales, manteles de misa, corporales, baptisterios y vinagreras.

Pero la misión fundamental del viaje era comercial, y a este fin se destinaron otros productos como tejidos, plomo, alumbre, cobre, peines, cuchillos, vidrio, gorros, pulseras y campanillas, con los que realizar el truque con los nativos.

RÉPLICA DE LA NAO VICTORIA EN SEVILLA

En las últimas semanas, las autoridades portuguesas trataron de sabotear la expedición por todos los medios a su alcance. Lograron que la relación entre Magallanes y Faleiro empeorase, hasta el punto de que el cosmógrafo oficial fue apartado, por orden real, y sustituido por Juan de Cartagena. Este adquirió el cargo de veedor de la expedición y nombrado por el rey "persona conjunta" del portugués.

Un acto muy emotivo fue la jura de banderas que llevarían en los barcos, cuya ceremonia se realizó en la iglesia del convento de Santa María de la Victoria, en Triana. Estuvieron presentes las autoridades de la Casa de la Contratación y del cabildo hispalense, el consejero real Sancho Martínez de Leyva, así como cartógrafos, cosmógrafos, pilotos, oficiales, etc. Magallanes juró fidelidad a las banderas que portarían los barcos, y tomó juramento a todos los miembros de las tripulaciones.

Aunque Magallanes jurase fidelidad a Carlos V, no pudo naturalizarse castellano porque la Cortes prohibieron este derecho a todos lo extranjeros de forma generalizada, como consecuencia de la acumulación de cargos administrativos por el séquito carolino de Flandes.

Otro destacado tripulante fue el italiano Antonio Pigafetta, que había financiado su pasaje y marcharía sin una función específica, en el grupo de "criados del capitán y sobresalientes". A su regreso, escribiría la crónica Primo viaggio in torno al Globo Terracqueo, un relato como testigo de lo acontecido.

PARTIDA DE LA ARMADA MAGALLÁNICA DESDE SEVILLA, POR SÁNCHEZ COELLO

El 10 de agosto de 1519, la Armada magallánica formada por 265 hombres partió del puerto de Sevilla en el Guadalquivir rumbo a Sanlúcar. Había una gran expectación de cientos de personas que presenciaban la partida desde el Arenal y las riberas, mientras se escuchaban salvas de artillería.

En el puerto de Sanlúcar de Barrameda se hizo la primera parada para ultimas los preparativos, que llevaría algunas semanas. Se entregaron todas las provisiones: vino, aceite, vinagre, azúcar, miel, mostaza, harinas, arroz, habas, garbanzos, alcaparras, ajos, cebollas, quesos, almendras, uvas, higos, ciruelas pasas, membrillo, galletas, bizcocho, tocino, pescado seco, anchoas, sardinas, arenques, y siete vacas que les proporcionaban leche fresca, y por supuesto muchos toneles de agua potable. Por si las reservas se agotaban, levaban arpones, anzuelos y redes.

Magallanes realizó los últimos trámites burocráticos y dictó testamento el 24 de agosto aún en Sevilla. Junto algunos de los capitanes, se incorporó a la flota en Sanlúcar, donde zarparon definitivamente el 20 de septiembre de 1519.

Desde la costa andaluza, la armada siguió la misma ruta que trazó Cristóbal Colón en 1492, primero hacia el oeste y luego rumbo sur, hasta las islas Canarias. El 26 de septiembre, recaló en Tenerife, donde permaneció tres días, antes de seguir hacia el sur por la costa africana y las islas de Cabo Verde, que se alcanzó el 3 de octubre. A la altura de La Mina, en la costa africana, viró suroeste hacia el cabo de San Agustín, en Brasil. El avance oceánico se ralentizó un tanto, pues el viento soplaba en contra.

TRAYECTO OCCIDENTAL DE LA EXPEDICIÓN MAGALLÁNICA

A mitad del océano, y a medio camino de África y América, se atravesó la línea del ecuador. Pigafetta anotó en su diario de viaje el momento en el cual la estrella Polar, guía secular de navegantes en el hemisferio norte, desapareció del horizonte y los navegantes dejaron de verla en el cielo nocturno.

La travesía por esa ruta ya era bien conocida en 1519, de modo que las cinco naves alcanzaron la costa de Brasil, que los italianos como Pigafetta llamaban Verzino. El 13 de diciembre de 1519, desembarcaron en la bahía de la actual ciudad Río de Janeiro, donde entablaron contacto con los indígenas, entre los que había algunos grupos de caníbales. Les suministraron patatas, aves y otros productos mediante trueque. Así escribió Pigaffeta el encuentro:
"Los brasileros, tanto las mujeres como los hombres, se pintan el cuerpo, especialmente el rostro, de una manera extraña y en diferentes estilos. Tienen los cabellos cortos y lanudos, y carecen de pelos en todo el cuerpo, porque se los arrancan. Usan una especie de chupa hecha de plumas de loro, dispuestas de manera que las mayores de las alas y de la cola les formen un círculo en la cintura, lo que les da un figura extraña y ridícula. Casi todos los hombres llevan el labio inferior taladrado con tres agujeros por los cuales pasan pequeños cilindros de piedra del largo de dos pulgadas. Las mujeres y los niños no poseen este incómodo adorno. Añadid a esto que andan enteramente desnudos por delante. Su color es más bien oliváceo que negro. Su rey lleva el nombre de cacique."

Tras trece días en aquella bahía, partieron rumbo sur, pasando delante de unas islas donde abundaban los pingüinos y los lobos marinos. Durante dos meses navegaron de cabotaje por las costas de los actuales Brasil y Uruguay. A comienzos de marzo de 1520, exploraron la boca del Río de la Plata, que ya había sido descubierto por Juan de Solís y llamado Río de Solís, en 1516. Tras reponer agua y leña, continuaron más al sur por el litoral de la costa argentina.

JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO Y SU ESCUDO DE ARMAS

La climatología iba empeorando tanto por la navegación hacia el sur como por el final del verano austral, que acaba el 21 de marzo. La costa suramericana parecía interminable, no aparecía ningún paso hacia el otro lado y, además, a bordo hacía un frío insoportable. Las temperaturas eran tan bajas y las condiciones del mar tan malas que Magallanes decidió invernar en la bahía patagónica de San Julián. Era una zona de la Patagonia donde soplaban fuertes vientos, se producían acusadas mareas y el terreno era fangoso e inestable.

Fue entonces cuando comenzaron a surgir los verdaderos problemas y las desconfianzas de la tripulación con respecto a Magallanes debido a varios motivos. Primero, el comandante de la armada mantenía en secreto el objetivo y programa de su viaje, como era su deber, pero también es verdad que todavía no había entregado a los capitanes las cartas de navegación escritas para ellos. Esto inquietaba a los de capitanes, quienes mostraban ya su descontento.

Uno de aquellos capitanes en desacuerdo, Cartagena, fue relevado de su puesto y apresado por Magallanes, al haberle recriminado que no compartiera con los tripulantes el destino final. Pero además, la desconfianza de los capitanes españoles con el comandante Magallanes fue debida a las discusiones establecidas con agentes portugueses en Sanlúcar. Los capitanes acusaron a Magallanes de comportarse de manera tiránica, de secretismo, de actuar en su exclusivo beneficio e, incluso, de actuar a favor de la Corona portuguesa en contar de la española.

MOTÍN EN LA NAO VICTORIA POR MENDOZA

Ante este ambiente de desconfianza y malestar en gran parte de la marinería, estalló una sublevación formada por 44 miembros de la oficialidad. De todos ellos, los cabecillas fueron el veedor Juan de Cartagena, el tesorero Luis de Mendoza, el contratador Antonio de Coca y el capitán de la nao Concepción Gaspar de Quesada, que se apoderaron de tres de las cinco naves. Los amotinados se negaron a seguir adelante y estaban dispuestos a deponer del mando a Magallanes, que solo controlaba las naos Santiago y Trinidad.

Pero, los fieles a Magallanes asaltaron por sorpresa la Victoria, en tanto las otras dos naves rebeldes fueron reducidas sin apenas resistencia. Los otros tres cabecillas fueron reducidos y apresados.

Magallanes pudo resolver el problema con astucia, pero fue severo con algunos cabecillas del complot: Luis de Mendoza ya había sido ejecutado durante la toma de la Victoria; Gaspar de Quesada fue el único ejecutado por decapitación el 31 de marzo de 1520; y Juan de Cartagena fue abandonado en tierra, junto al clérigo Sánchez de la Reina. Con los 44 tripulantes rebeldes prefirió contemporizar, pues eran muy necesarios para continuar el viaje, pero se les asignaron las tareas más duras.

Uno de los más beneficiados por aquella indulgencia fue el contramaestre Juan Sebastián de Elcano, subordinado de Gaspar de Quesada, que estaba entre los amotinados. Se vio atrapado en un conflicto de fidelidades: o seguir al capitán de su barco, o seguir al jefe de la expedición. Primero se sublevó, pero luego contribuyó a sofocar el motín, ganándose la confianza de Magallanes.

CASTIGO DE MAGALLANES A LOS AMOTINADOS EN LA BAHÍA DE SAN JUAN

En la bahía de San Julián sobrevivieron durante cinco meses bajo el frío, cazando animales como avestruces, zorros y moluscos y derritiendo el agua de bloques de hielo. La nao Santiago, durante un reconocimiento, se estrelló contra la costa por un temporal, sin consecuencias. Entraron en contacto con los indios tehuelches, llamados "patagones" por las enormes huellas que sus abarcas dejaban en la nieve. Uno de ellos lo embarcaron y le dieron el nombre de Juan.

A inicios de agosto, la nao Santiago se había adelantado para continuar la exploración, sin embargo, varó en una ría a la que denominaron puerto de Santa Cruz, sufrió un golpe con unas rocas y terminó por hundirse frente a una montaña a la que llamaron Montecristo. Al menos, se salvaron 37 tripulantes, y dos de ellos recorrieron 200 kilómetros caminando para avisar a Magallanes de lo sucedido. Durante la espera, aprovecharon todo lo utilizable, recogieron leña y buscaron agua potable y alimentos.

El 21 de agosto de 1520, las otras cuatro naos partieron de la bahía de San Julián rubo sur, bordeando el litoral de la Patagonia, en busca de los tripulantes asentado en el puerto de Santa Cruz y, después, del paso al Mar del Sur.

Magallanes aprovechó el reparto de tripulantes rescatados entre las otras cuatro naos para remodelar la jerarquía de oficiales. Con actitud despótica colocó a familiares y amigos portugueses en las posiciones importantes. Por ejemplo, Juan Serrano fue nombrado capitán de la Concepción, pese haber sido el responsable del hundimiento de la Santiago, y Duarte de Barbosa lo fue de la Victoria.

MONUMENTO A JUAN SEBASTIÁN ELCANO EN SEVILLA

A inicios de octubre de 1520, el clima mejoró con la primavera austral. La armada magallánica navegó por la costa sur de la Patagonia hasta descubrir un profundo canal que podrían servir de paso al otro lado. En ese momento, los tripulantes no sabían que existía el paso entre los dos océanos, aunque Magallanes tenía información secreta al respecto, obtenida durante sus años de servicio a la Corona portuguesa. El cronista Pigafetta lo describió así:
"Toda la tripulación estaba tan persuadida que este estrecho no tenía salida al oeste, que no se habría aun pensado en buscarla sin los grandes conocimientos del comandante en jefe. Este hombre, tan hábil como valeroso, sabía que era necesario pasar por un estrecho muy oculto, pero que él había visto figurado en un mapa que el rey de Portugal conservaba en su tesorería, construido por Martín de Bohemia, muy excelente cosmógrafo."

El 21 de octubre de 1520, encontraron el paso al que el comandante denominó como estrecho de Todos los Santos y estrecho de las Once Mil Vírgenes, ahora estrecho de Magallanes. Este ordenó a las naos Concepción y San Antonio que se adentrasen por este canal, mientras, las naos Trinidad y Victoria quedaban a la entrada esperando noticias. Al otro lado del continente estaba la isla Tierra del Fuego, que dieron nombre así por las hogueras de los indígenas iluminadas en la oscuridad de la noche. Aquel canal era un laberinto de ensenadas, bahías e islas entre montañas cubiertas de nieve y glaciares, azotado por tormentas, y donde resultaba fácil perderse.

La nao San Antonio estaba capitaneada por Álvaro Mezquita, marino ambicioso que se adelantó a las demás, pero estaba gobernada por el piloto Esteban Gómez, que odiaba a Magallanes, y por el tesorero Jerónimo Guerra, que se confabularon para deponer a Mezquita y tomar el control. Aprovechando la noche del 27 de octubre, dieron media vuelta, salieron por donde habían entrado y pusieron rumbo a España, adonde llegó el 6 de mayo de 1521, en un claro acto de deserción.

ESTRECHO DE MAGALLANES POR TIBURCIO SPANOQUI

Entre tanto, Magallanes creía perdidas las dos naos que había enviado por delante y dio orden a la Trinidad y la Victoria para entrar en el canal. En la travesía encontraron la Concepción, pilotada por Juan Serrano. La Trinidad sufrió una vía de agua que hubo que reparar y achicar el agua entrada. Pese a las dificultades, las tres naos Trinidad, Concepción y Victoria de la reducida armada siguieron adelante.

El 27 de noviembre, salieron al Mar del Sur, al que renombraron mar Pacífico por la tranquilidad de sus aguas y mar de las Damas por la suavidad de los vientos alisios que soplaban. Desconocían la ferocidad de este inmenso océano.

Magallanes tomó el rumbo oeste-noroeste por un océano que navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas. Las tripulaciones se iban diezmando al carecer de agua potable y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. Primero se alimentaron de galletas podridas y bebieron agua fétida. Cuando los víveres se agotaron, llegaron a ingerir cueros, ratas, cucarachas y todo lo que encontraban. Llegaron a pagarse hasta dos ducados de oro por un solo ejemplar de rata. El problema de intendencia había comenzado durante el cruce del estrecho, cuando la nao San Antonio que desertó transportaba la mayoría de los víveres.

Pero es que fue mala surte que solo vieran dos islas inabordables de los miles que componen la Micronesia. Además, el desconocimiento de las estrellas australes no permitía orientarse con exactitud.

CARTOGRAFÍA DE LAS ISLAS AFORTUNADAS POR ANTONIO PIGAFETTA

El 16 de marzo de 1521, divisaron el extremo oriental de la isla de Guam, perteneciente al archipiélago de los Ladrones, ahora de las Marianas, a unas 1.500 millas al este de Filipinas. Fueron llamadas así porque los indígenas entraban en los barcos y robaban todo cuanto encontraban. En aquellos días, recorrieron otras islas, donde libraron diversas escaramuzas con los indígenas.

El 7 de abril, las tres naos Trinidad, Concepción y Vitoria y sus 115 supervivientes alcanzaron una playa de la isla Cebú, perteneciente al archipiélago de que llamaron San Lázaro, ahora Filipinas. Establecieron buenas relaciones con los nativos tagalos y una alianza con el rajá Humabón.

En este punto, el comandante cambió el plan establecido según las capitulaciones firmadas y trató de garantizar la soberanía española sobre unas poblaciones que había que evangelizar previamente. Pero lo peor es que llegó a entrometerse en los conflictos que había entre la tribu de Cebú y la de Mactán. Mientras tanto, las tripulaciones se abastecieron de agua y víveres y se recuperaron de fatigas y enfermedades.

ESCULTURA A LAPU-LAPU Y MONUMENTO A MAGALLANES EN MACTÁN

El 27 de abril, surgieron las complicaciones en la isla de Mactán. Magallanes desembarcó con 60 hombres armados para obtener la soberanía española sobre todas aquellas islas. Contaba con el apoyo del rajá Humabón de Cebú y sus soldados. Pero, mientras entraban en amigables tratos con los tagalos durante un pequeño banquete, el jefe cacique local Lapu-Lapu se negó a reconocer a Magallanes como su señor. Este lanzó un ataque de unos 1.500 isleños rebeldes que cayeron sobre ellos.

Durante la emboscada, los soldados españoles en clara minoría atacaban con fuego de mosquetón y tiros de ballesta, mientras que los indios se protegían con escudos de madera y contraatacaban con flechas envenenadas.

Casi una década antes, en 1511, Magallanes había participado en una expedición para conquistar Malaca, en la India portuguesa. Sus compatriotas se impusieron a los nativos debido a la ventaja que les proporcionaba la artillería y resto de armas de fuego. Ahora, a la vista de unos indígenas filipinos técnicamente incapaces de hacer frente a los europeos, el portugués cometió el error de infravalorarlos y no tomar las debidas precauciones, constándole la vida y la de algunos de sus compañeros. También fue un error el haberse implicado en una contienda de jefes locales, pues por lo visto al cacique Lapu-Lapu no le gustó que la expedición apoyase al cacique de Cebú.

Así describió Pigafetta aquella emboscada:
"Como conocían a nuestro comandante, dirigían principalmente los tiros hacia él, de suerte que por dos veces le hicieron saltar el casco de la cabeza; sin embargo, no cedió, combatiendo nosotros a su lado en reducido número. Esta lucha tan desigual duró cerca de una hora. Un isleño logró al fin dar con el extremo de su lanza en la frente del capitán, quien, furioso, le atravesó con la suya, dejándosela en el cuerpo. Quiso entonces sacar su espada, pero le fue imposible a causa de que tenía el brazo derecho gravemente herido. Los indígenas, que lo notaron, se dirigieron todos hacia él, habiéndole uno de ellos acertado un tan gran sablazo en la pierna izquierda que cayó de bruces; en el mismo instante los isleños se abalanzaron sobre él. Así fue cómo pereció nuestro guía, nuestra lumbrera y nuestro sostén."

Sobrevivieron 114 hombres para tres barcos. La expedición quedó al mando de varios de sus capitanes que se disputaban el poder sucesivamente, mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los jefes locales y buscando la ruta de las Molucas.

ALEGORÍA DE LAS ISLAS MOLUCAS

Cuando llegaron a Cebú junto a sus aliados tagalos, volvieron a recibir otra nueva emboscada pues los guerreros de Humabón vieron la posibilidad de derrotarles como habían hecho los de Mactán. Allí, el capitán Duarte de Barbosa fue asesinado junto con 24 tripulantes, donde los otros capitanes Lopes Carvalho y Gómez de Espinosa dieron orden de zarpar a toda prisa.

El mando superior de la expedición pasó a Juan Carbajo, quien también fue capitán de la nao capitana Trinidad. Los tripulantes eligieron por equivocación a un marino que poseía conocimientos náuticos suficientes para manejarse en aguas desconocidas. También eligieron a Gonzalo Gómez de Espinosa por capitán de la Victoria y Juan Sebastián de Elcano de la Trinidad.

En Bohol, los tres capitanes acordaron hundir la nao Concepción, debido a una plaga de moluscos que había carcomido el casco, además que se se hacía difícil manejar las tres naves con gente con tan pocos tripulantes. La cada vez más mermada tripulación se repartió entre las dos únicas naves efectivas, y estos reeligieron a sus nuevos capitanes. Carvalho fue depuesto por su inoperancia, y para sustituirlo eligieron un triunvirato compuesto por Gómez de Espinosa como capitán de la Trinidad, Juan Sebastián de Elcano como capitán de la Victoria, y el contador Martín Méndez, escribano esta última nao.

CARTOGRAFÍA DE LUZÓN POR HERNANDO DE LOS RÍOS CORONEL (1597)

Este triunvirato había convencido a la mayoría de los tripulantes que los jefes portugueses colaboradores de Magallanes habían eludido a propósito las Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucrativo monopolio comercial, prefiriendo encontrar otras islas alternativas.

Como ni Carvalho ni Espinosa tenían experiencia marinera y conocimientos náuticos, el guipuzcoano Elcano fue elegido también comandante de la expedición y de una disminuida armada de dos embarcaciones y menos de un centenar de tripulantes. Además de jefe de carácter extraoficial, fue nombrado tesorero, y a partir de entonces se asentaron en los libros de cuentas todos los rescates que se efectuaban, algo que no hicieron ni Magallanes ni Carvalho. Al tomar posesión de tales cargos, Elcano pudo comprobar que, efectivamente, ambos comandantes portugueses evitaron llegar a las Molucas porque no habían detallado la ruta seguida en los libros de navegación, posiblemente para no desvelar la posición. Pero bajo la jefatura del guipuzcoano esto iba a cambiar.

A partir de ese momento debía demostrar sus dotes de líder y habilidades náuticas para encontrar alguna isla con abundancia de especias en aquel laberinto de archipiélagos, sin ningún conocimiento de las estrellas australes en dicha posición ni de las corrientes marinas y flujos de viento. Y después de esto, encontrar un tornaviaje hasta el Virreinato de la Nueva España o directamente hasta Sevilla.

JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO, POR IGNACIO ZULOAGA

Juan Sebastián de Elcano era natural de Guetaria, villa portuaria de Guipúzcoa donde nació en 1486. Fue hijo de Domingo Sebastián del Elcano y Catalina del Puerto, familia hidalga de pescadores acomodados con casa solariega y embarcaciones propias, y tuvieron otros cuatro hijos, dos de los cuales también fueron marinos. Elcano tuvo un hijo llamado Domingo con su mujer María Hernández de Hernialde, y otra hija de una relación extra matrimonial con María de Vidaurreta, que vivía en Valladolid.

Fue pescador desde su adolescencia y llegó a tener una nave de 200 toneles, poseía amplios conocimientos náuticos y una gran experiencia marinera al enrolarse desde su juventud en barcos pesqueros y comerciales.

En 1509, participó con nave propia en la conquista de Orán, Bujía y Trípoli en la campaña de las plazas norteafricanas organizada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. También ayudó a servir en la flota marítima que auxilió al general Gonzalo Fernández de Córdoba en las campañas de Italia. No debió obtener fortuna porque tuvo que vender la nao para pagar las deudas contraídas.

Permaneció en Sevilla, apoyado por el poderoso grupo de marinos y mercaderes de origen vasco que realizaban negocios en la ruta de la Carrera de Indias y desempeñaban cargos en la Casa de Contratación. Allí estuvo esperando a servir en alguna expedición al Nuevo Mundo hasta que, en 1518, tuvo conocimiento del proyecto de Magallanes, y tomó partida en él como contramaestre de la nave Concepción. Durante el trayecto, pasó al cargo de maestre, siendo capitán de esa nao Gaspar de Quesada y piloto Juan Lopes Carvalho. Después de participar en el motín de San Julián fue relegado a contramaestre de la misma nao.

PRIMUS CICUMDEDISTI ME, POR AUGUSTO FERRER-DALMAU

La expedición ya había pasado por las islas de Cebú y Mactán, después por Mindanao, y tras hacer escala en Bohol y Panilongo, llegaron a Cimbonbon, donde Elcano accedía a la dirección de las dos embarcaciones. Poniendo rumbo suroeste, atravesó los archipiélagos de Basilán y Joló, y desembarcó en las islas de Batuán, Calagán y Monolipa, Cuando a finales de 1521, encontraron una canela de gran calidad, todos sabían que habían alcanzado el destino de las ricas especias, el archipiélago de las Molucas. Allí, en la isla de Tidore, establecieron tratados comerciales muy ventajosos con los jefes nativos. Adquirieron un importante cargamento de especias, mayormente clavo, con lo que se cumplió el objetivo del viaje, y se aprovisionaron de agua y víveres.

La nao Trinidad se encontraba en un estado de desgaste con claro riesgo de fragmentarse, por lo que Elcano y Espinosa decidieron que debía carenarse y calafatearse en la bahía de la moluqueña isla Tidore, al amparo de cacique local. Tras ser reparada, debía emprender el viaje de regreso se efectuaría con rumbo este, atravesando el océano Pacífico hasta llegar al Darién, entre Panamá y Colombia. Pero el plan fracasó, el capitán Espinosa no consiguió encontrar una travesía de vientos que les retornase a América, todas las corrientes le devolvían hacia la costa asiática, hasta que en una ocasión fueron encontrados y apresados por naves portugueses. Estos estaban informados de la llegada de la flota magallánica y desde sus bases lanzaron expediciones con la intención de interceptarla.

El difícil hallazgo del T ornaviaje tuvo que esperar medio siglo, hasta que el cosmógrafo Andrés de Urdaneta encontró una ruta de vientos y corrientes favorable desde las Filipinas, rumbo noreste, que escapara del sudeste asiático navegando de forma paralela a Japón y atravesar el Pacífico más al norte hasta alcanzar la costa más septentrional de California.

MAPA DE LAS MOLUCAS EN EL PREMIER VOYAGE AUTOUR DU MONDE

Mientras tanto, el 21 de diciembre de 1521, Elcano partió de Tidore en la Victoria, junto a 47 tripulante españoles y 13 naturales isleños. La proximidad de los portugueses hizo que Elcano pusiese rumbo al oeste, momento en el que se gestó el proyecto de dar la vuelta al mundo. Pero, regresar a España por el océano Índico suponía la violación del Tratado de Tordesillas, por lo que se hacía necesario tomar una latitud más baja para evitar algún encuentro indeseable.

El 8 de enero de 1522, la Victoria entró en el mar de Banda, a poniente de las islas Molucas, llegando a la isla de Timor el 26 de enero, donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia. Allí efectuó la última escala en islas asiáticas para aprovisionarse y reparar la nave.

Se adentró en el océano Índico rumbo oeste-suroeste, por una ruta lo más meridional posible, directamente hacia el cabo de Buena Esperanza, siendo Elcano el primero en abrir esa nueva derrota. Fue una travesía de dos meses en la que los tripulantes vieron como se agotaron las provisiones de arroz y el agua potable, sufrieron pasaron hambre, sed y enfermedades, padecieron tormentas y averías en la nao, y tuvieron que repararla en varias ocasiones mientras achicaban el agua.

Cuando Elcano alcanzó el cabo de las Tormentas, en el cono sur africano, no había visto nada parecido a los confusos vientos y fuertes corrientes en un paso que unía los océanos Índico y Atlántico. Parte de la tripulación quiso haber hecho escala previamente en la isla de Madagascar antes de afrontar el reto. La intención del guipuzcoano era cruzar el cabo de Buena Esperanza a una latitud muy meridional, llegando a los 40º y 24' sur, pero los vientos contrarios de poniente le ponían en riesgo de quebrar la ya maltrecha embarcación. Decidió cambiar la derrota y arrimarse más a la costa africana para vencer las corrientes contrarias y aprovecharse de vientos favorables. Esta decisión fue comunicada a los marinos pues, por contra, corrían el riesgo de encontrase con buques portugueses.

ESCULTURAS DE JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO EN GUETARIA

Cuando la nave de Trinidad de Espinosa fue capturada, los portugueses conocieron los planes de Elcano. Por eso, con total celeridad, fueron informando a todos los puertos y enclaves marítimos que la Corona de Portugal había establecido por la costa del Índico y Atlántico, dando la orden de sabotear la nueva ruta que la Victoria había emprendido, así como rechazar cualquier ayuda a las expediciones españolas. Y en el cabo de Buena Esperanza, Portugal tenía un puerto comercial desde el que poder lanzar un ataque cuando los españoles sean descubiertos.

Por si esta situación fuese pequeña, el escorbuto volvió a aparecer, la mayoría de la dotación estaba extenuada y el frío era insoportable. Aún así, Elcano consiguió dominar la impaciencia de sus hombres, ansiosos de bajar a tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique.

El 15 de mayo de 1522, tras varios intentos, consiguió doblar el cabo de las Agujas, el punto más al sur de África. Tres días después, el 18, dobló el cabo de Buena Esperanza contra la marejada y bastante cerca de la costa. Y, dos más tarde, el 20, pudo poner rumbo norte-noroeste, cuando los vientos se calmaron. Finalmente, efectuó una escala en la bahía de Mena, al norte de Ciudad del Cabo para descansar.

TRAYECTO ORIENTAL DE LA EXPEDICIÓN MAGALLÁNICA

Tras varias semanas de travesía atlántica, el 1 de julio, Elcano decidió tomar alguna isla del archipiélago de Cabo Verde, en el África occidental. Decidió enviar a trece hombres en una pequeña embarcación, un esquife, para conseguir víveres sin revelar su identidad. La colonia era de dominio portugués, y su gobernador se ofreció a comerciar. Cuando consiguieron agua y comida, cometieron el error de querer pagar en especias, descubriendo su ilegal procedencia, por lo que los marineros fueron apresados. El gobernador de la isla envió a alguna embarcación hasta la Victoria para solicitar a Elcano su rendición.

Elcano y los otros 22 tripulantes comprenden la situación, nadie puede aportar ayuda a sus compañeros apresados, y decidieron de común acuerdo morir durante la travesía antes que quedar presos. Pusieron de rumbo final por la costa oeste del Atlántico hacia España.

Pero antes de partir, en Cavo Verde hubo un hallazgo de carácter científico jamás antes comprobado. Supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber circundado la Tierra navegado de este a oeste, por tanto, sustrayéndole 24 horas al calendario. Un descubrimiento geográfico y geodésico más, comprobado empíricamente por la expedición.

En el Atlántico, la carencia de alimentos se hizo sentir de nuevo. Durante sucesivos días, los supervivientes navegaron sin probar alimento fresco. El escorbuto se cebó en los hombres, a los enfermos se les hinchaban las encías y se les caían los dientes, algunos murieron completamente extenuados entre grandes dolores. Sólo el indomable tesón de Elcano mantuvo la moral de sus hombres para hacer frente a tanta adversidad. Cuando ya estaban cerca, una enorme tormenta desvía la nao Victoria hacia las portuguesas islas Azores.

EL DESEMBARCO DE ELCANO EN SEVILLA, POR ELÍAS SALAVERRÍA

Por fin, el 6 de septiembre de 1522, la expedición al mando de Magallanes-Elcano entraba en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda. Y el 9, desembarcaron en el puerto de Sevilla. Había recorrido 14.000 leguas, unos 80.000 kilómetros, durante tres años menos catorce días de navegación.

En Sevilla, Elcano y la tripulación superviviente se dirigió a las iglesias de Nuestra Señora de la Victoria y de Santa María de la Antigua para cumplir las promesas hechas durante la travesía y dar gracias por haber vuelto.

De los 237 tripulantes iniciales, había conseguid llegar sólo 18 supervivientes, exhaustos, hambrientos y enfermos, a bordo de la nave Victoria, la única que quedaba de las cinco que partieron, eso sí, con las bodegas cargadas de especias. Misión cumplida.

Los 18 supervivientes tenían los siguientes cargos y nacionalidades

Juan Sebastián Elcano, capitán (Guetaria, España)
Juan de Acurio y Berrizo, contramaestre (Bermeo, España)
Francisco Albo, contramaestre (Axila, Grecia)

Miguel de Rodas, contramaestre (Rodas, Grecia)
Juan de Arratia, grumete (Bilbao, España)
Juan de Santander, grumete (Cueto, España)
Vasco Gómez Gallego el "portugués", grumete (Bayona, Galicia)

Juan Rodríguez, marinero (Huelva, España)
Antonio Hernández Colmenero, marinero (Huelva, España)
Diego Carmeno el "gallego", marinero (Bayona, España)
Martín de Ludicibus, marinero (Génova, Italia)
Nicolás de Nauplia el "griego", marinero (Nauplia, Gracia)
Miguel Sánchez, marinero (Rodas, Grecia)
Francisco Rodríguez, marinero (Portugal)
Hernando de Bustamante, marinero y barbero (Alcántara, España)

Juan de Zubileta, paje (Baracaldo, España)

Antonio Lombardo Pigafetta, sobresaliente (Vicenza, Italia)
Hans de Aquisgrán, artillero (Aquisgrán, Alemania)

CERÁMICA DE LOS SOBREVIVIENTES EN SANLÚCAR

El cargamento traído en la nao Victoria era de 381 sacos de especias, con un peso de 524 quintales. Su venta en el mercado español y europeo cubría los gastos de la expedición y obtuvo un beneficio de 346.220 maravedíes. Los supervivientes recibieron la cuarta parte de la veintena real de los beneficios obtenidos con la venta de la carga.

Por la llegada de la Victoria sin Magallanes y por la información aportada por los desertores de la San Antonio, el alcalde de Casa y Corte, el bachiller Díaz de Leguizamo, fue encargado para abrir una investigación acerca de los ocurrido. Se hacía necesario que algunos testigos ofrecieran su versión de los hechos ocurridos en el motín de San Julián, la muerte de Magallanes, y las anotaciones de los rescates realizados. A tal fin se interrogó a Elcano, a Francisco Albo y a Fernando Bustamante.

El testimonio de Elcano ayudó mejor a comprender lo ocurrido en la emboscada de Cebú:
"... que después de la muerte de Magallanes huyeron de aquella isla porque les mataron veinte y siete hombres con tres capitanes por una traición que hizo un esclavo de Fernando de Magallanes... La causa porque el esclavo hizo la traición fue porque Duarte Barbosa le llamó pero.."

Respecto a la enemistad de los capitanes con Magallanes, explicó que esta debía consultarles, particularmente a Cartagena, que "venía en conjunta persona con Fernando de Magallanes por mandato de Su Majestad... y que el dicho Magallanes le decía que no se había provisto aquello bien, ni ello entendía".

En la explicación del proceder de Magallanes en San Julián, Elcano apuntó hacia un control de la expedición por los portugueses, al explicar que "hizo justicia de Quesada y Mendoza y otras personas... porque día el dicho capitán Magallanes que los susodichos rebelaban la gente", además de por sus quejas y "porque teniendo capitanes portugueses tenía toda la gente de su mano y harían lo que quisiese", insistiendo en la marcha de la expedición era para "hacer a sus parientes capitanes y hacer de los armada lo que quisiese".

Respecto a la muerte de Magallanes, Elcano declaró que no sabía nada por estar enfermo y añadió que antes de la muerte de Magallanes no había escrito nada, pero después de elegido capitán, "lo que pasó lo tiene escrito y extendido lo tiene dado a Samano, o parte de ello lo que tiene en su poder... Que su algún mal ha hecho, los revisores lo dirán, y que esto es lo que sabe y de presente se acuerda".

CARLOS V CONCEDE EL ESCUDO DE ARMAS A JUAN SEBASTIÁN

Desde Sanlúcar, aquel 6 de septiembre, día de la llegada a España, Elcano escribió una masiva al emperador Carlos V anunciándole su regreso y describiéndole todo lo vivido durante la expedición. Días después, el 13 de septiembre, el monarca le respondió solicitándole su comparecencia ante la Corte de Valladolid, junto a otros dos compañeros. Estos fueron los ya interrogados Francisco Albo y Fernando Bustamante.

Allí presentaron a los indios que traían de aquellas remotas islas, los regalos de sus reyes, pájaros raros, producciones exquisitas, y las valiosas especerías adquiridas.

Antonio Pigafetta, el principal cronista de la expedición era muy consciente de la importancia de su registro, y al personarse ante el emperador:
"Partiendo de Sevilla, pasé a Valladolid, donde presenté a la sacra Majestad de Don Carlos, no oro ni plata, sino cosas para obtener mucho aprecio de tamaño Señor. Entre las otras, le di un libro, escrito por mi mano, con todas las cosas pasadas, día a día, en nuestro viaje."

El emperador llenó de honores a los héroes de tal hazaña, y se preocupó de que fueran liberados los marineros apresados por los portugueses tanto en Filipinas como en Cavo Verde. Elcano fue nombrado caballero, como algunos de sus compañeros, y recibió un escudo de armas basado en un globo terráqueo, que lleva la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me diste la vuelta). Se le perdonaron sus culpas pasadas, y recibió una cuantiosa renta vitalicia de 500 ducados anuales.

ESCUDO DE ARMAS DE JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO

Tras el hallazgo, la legalidad sobre la posesión de las Molucas fue cuestionada debido a la indefinición en Asia de la línea del Tratado de Tordesillas en 1494. Las Cortes de Castilla y de Portugal intentaron negociar la pertenencia del archipiélago por medio de jueces y cosmógrafos instruidos.

En marzo de 1524, la Junta de Vitoria reunió a tres cosmógrafos y otros tres marinos para establecer la posición de la línea de Tordesillas. Después, continuaron las Juntas de Elvas-Badajoz, pero sin lograr una resolución en el plazo establecido que terminó el 31 de mayo de 1525. Elcano formaba parte de aquellas juntas científicas, por ser el gran testigo ocular de la verdadera situación de aquellas islas; su voto y manifiesto fue razón de mucho peso y autoridad en las conferencias.

En 1526, mediante el matrimonio real entre Carlos de España e Isabel de Portugal, ambas coronas acordaron que las Molucas pertenecían al Imperio luso y las Filipinas al español, además las arcas lusas deberían entregar 350.000 ducados de oro a las hispánicas en concepto de compensación. Estos acuerdo fueron ratificados con la firma del Tratado de Zaragoza, el 22 de abril de 1529.

ESTRECHO DE MAGALLANES EN LA CRÓNICA DE PIGAFETTA

En 1523, Antonio Pigafetta entregó al emperador una Relación del primer viaje alrededor del Mundo, también conocido como la Relación de Pigafetta. Es una de las fuentes principales de información sobre el viaje de Magallanes y Elcano, y casi la única sobre la propia vida de Pigafetta. Recoge el descubrimiento de la Patagonia y del estrecho de Magallanes, así como las primeras noticias en Europa del idioma de Filipinas, el tagalo.

Su relato es naturalista, realista y fantasioso a la vez, pleno de espíritu renacentista, rico en detalles etnográficos, zoológicos y geográficos, aunque también describió las carencias y sufrimientos de sus compañeros. Pero, ante todo, fue la crónica que demostraba por primera vez que el planeta Tierra era redondo desde una perspectiva científica y empírica. Rompía, por tanto, con la tradicional tesis especulativa.

Más tarde, se dedicó a redactar la crónica Relazioni in torno al primo viaggio di circumnavigazione. Notizia del Mondo Nuovo con le figure dei paesi scoperti, basada en la anterior, dedicada a Felipe de Villiers, gran maestre de la Orden de Rodas a la que pertenecía, y fue publicada en 1534 de forma póstuma.

SALIDA DE LA EXPEDICIÓN DE LOAYSA Y ELCANO, POR PABLO DE URANGA

Apenas cuatro años después de la hazaña, Elcano regresaba al mar, se enroló en la expedición marinera de García Jofre de Loaysa para la conquista de las islas Molucas. Algunas de las embarcaciones fueron construidas en Portugalete, bajo la contratación de Elcano, que se unirían a las fabricadas en La Coruña, haciendo un total de siete barcos y 450 tripulantes.

Loaysa era el comandante de la expedición y capitán de la nao Santa María de la Victoria, mientras Elcano era subcomandante en jefe, piloto mayor y capitán de la nao Espíritu Santo. En aquella potente flota de exploración y transporte, viajaban los dos hermanos marinos de Elcano, varios marinos procedentes de su Guetaria natal y de otros puntos de Guipúzcoa, su compañero de circunnavegación Fernando Bustamante, y un joven grumete Andrés de Urdaneta.

El 24 de julio de 1525, zarpó la segunda armada a la especiería, siguiendo un derrotero parecido al anterior con muchas complicaciones. El 28 de diciembre, una fuerte tormenta dispersó la flota. La nao capitana y otra más no volvieron a unirse a las otras cinco, por lo que Elcano asumió el mando y decidió esperar. Los capitanes le convencieron que siendo verano era mejor atravesar el estrecho de Magallanes y así salieron al Pacífico el 26 de mayo de 1526. Aunque la nave capitana de Loaysa se reencontró con el resto de la flota, otro temporal las dispersó otra vez.

El 26 de junio de 1526, atravesaron el ecuador, para entonces Elcano estaba enfermo. Hizo testamento ante el contador Íñigo Cortés y siete testigos. Confesó creer en la Iglesia católica, encomendaba su alma a Dios y pedía la intersección de la Virgen. Dejó como herederos a su hijo e hija del patrimonio que tenía, y las concesiones reales no cobradas aún fueron donadas a una serie de iglesias y fundaciones piadosas.

El 30 de julio de 1526, murió el comandante Loaysa. La instrucción secreta convertía a Elcano en el sucesor al mando. El 4 o el 6 de agosto de 1526, Elcano murió por enfermedad de escorbuto, mientras atravesaba el Pacífico al mando de la nave Espíritu Santo. Al día siguiente se celebró la misa en su honor y se arrojó el cuerpo al océano.

DESPEDIDA A ELCANO POR SUS COMPAÑEROS, POR FRANCISCO GUEVARA

Hay un viejo dicho latino que Plutarco atribuye a Pompeyo y que la Liga Hanseática adoptó como lema: Navigare necesse este, vivere non est necesse (Navegar es necesario, vivir no es necesario). este lema también podría ser atribuido al estilo de vida de hombres como el español Juan Sebastián de Elcano.

MONUMENTO DE JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO EN GUETARIA