| TORNAVIAJE DEL PACÍFICO POR ANDRÉS DE URDANETA |
En 1519, zarpaba desde Sevilla la primera Expedición al archipiélago de las Molucas, islas de las Especias, formada por cinco naves al mando de Fernando de Magallanes, que supuso el regreso de la nao Victoria de Juan Sebastián de Elcano en 1522 y la primera vuelta al Mundo.
Tras este relativo éxito, el emperador Carlos V quiso reeditar la empresa exploratoria y comercial. Primero, abrió una segunda Casa de la Contratación en La Coruña que gestionaría los viajes y el comercio con las islas de la Especiería en competencia con Portugal.
Después, organizó la segunda Expedición a las islas Molucas, formada por siete naves de gran tonelaje y unos 400 tripulantes, que contaría con más medios y la experiencia del anterior. Sería dirigida por García Jofré de Loaysa, un personaje de la noble pero sin experiencia en la navegación. Por eso, se puso a Elcano como segundo comandante, piloto mayor y guía de la Armada, además de ser el capitán de la nave Espíritu Santo. A las órdenes del capitán guipuzcoano, viaja un joven de diecisiete años, también guipuzcoano, llamado Andrés de Urdaneta y Cerain, que serviría como paje o grumete personal. Era natural de Villafranca de Oria, actual Ordizia, donde nació hacia 1508, y perteneciente a la burguesía de su pueblo natal, pues su padre Juan Ochoa de Urdaneta fue alcalde en 1511.
En julio de 1525, esta poderosa Armada expedicionaria partió de La Coruña. Tanto en el estrecho de Magallanes como en la singladura del Pacífico, las naves sufrieron fuertes tormentas, se fueron dispersando y perdiendo, las enfermedades como el escorbuto diezmaron la dotación, y tanto Loaysa como Elcano fallecieron en aguas oceánicas. En esta catastrófica expedición llegó tan solo uno de los siete barcos, en el que viajaba el joven Urdaneta. En octubre de 1526, alcanzaron la isla de Mindanao, en Filipinas, bajo el mando de Íñigo de Carquizano, y en enero de 1527, la de Tidore, en Molucas.
 | | EXPEDICIÓN DE LA ESPECIERÍA DE GARCÍA DE LOAYSA |
Durante el periplo, Urdaneta adquirió muchos conocimientos náuticos, cartográficos y cosmográficos de la mano de su promotor y hombre de confianza, el fallecido Elcano. Y redactó un diario de navegación que permitió conocer algunas efemérides acontecidas. Permaneció en la isla de Gilolo (Halmahera), entregado a la construcción y reparación de naves, continuó adquiriendo conocimientos de geografía y navegación, tomó contacto con los pueblos indígenas y aprendió sus lenguas, que le servirían en empresas posteriores.
Junto al grupo de españoles supervivientes, Urdaneta tuvo que defenderse de los ataques de algunos estados moluqueños y de la Armada portuguesa, que había instalado sus bases en aquellas latitudes. Aun así, los españoles aguantaron en frecuentes escaramuzas, pasando de isla en isla, aliándose con tribus indígenas. Urdaneta destacó por su valentía e inteligencia, y en una de las persecuciones sufrió la explosión de un barril de pólvora que le produjo quemaduras en la cara. También intentaron atravesar el Pacífico desde Filipinas hacia México, pero todos los intentos fracasaron.
La posición española se reforzó con la llegada de la expedición de Álvaro de Saavedra, pero el proyecto se fue abandonando mediante la firma del Tratado de Zaragoza de 1529, que actualizaba al de Tordesillas. Carlos V cedía los derechos sobre las Molucas a la Corona portuguesa, la cual permitía a la Monarquía hispánica la soberanía sobre las Filipinas. En adelante, los españoles tenían prohibido la navegación por el océano Índico, además los portugueses llevaban décadas instalados en enclaves de la costa africana y asiática, cuya ruta comercial estaba consolidada.
Finalmente, en febrero de 1535, después de ocho años, emprendió el regreso a España junto a otros 24 supervivientes en una embarcación de portugueses, con quienes habían negociado la rendición. Tras pasar por Malaca y Cochín, llegaron a Lisboa en 1536, dando así la vuelta al mundo. En la capital lusa le requisaron sus escritos, sus libros y todos los materiales acumulados durante su estancia en el océano Pacífico, que incluían los derroteros de Loaysa y de Saavedra, cartografías y "otras memorias y escripturas, lo cual tomó la dicha Guarda Mayor sin auto de escribano, ni nada, sino así de hecho".
 | | TRATADO DE ZARAGOZA |
En febrero de 1537, pudo cruzar la frontera y llegar a Valladolid, sede de la Corte, y entregar a Carlos V una Relación escrita de los sucesos de la armada del comendador Loaisa desde el 24 de julio de 1525 hasta el año de 1535. Se trataba de una relación bastante detallada del largo viaje y de los sucesos acontecidos que incluía rutas marinas, mapas y otros datos, lo cuales tuvo que reproducir de memoria otra vez después de que los originales fuesen requisados por las autoridades portuguesas. Todo esto refleja su capacidad de observación y conocimiento de las islas orientales que utilizaría en el futuro.
También se tiene constancia de que Urdaneta regresó a España junto a una hija joven que había traído durante su estancia en las Molucas con una mujer indígena. La puso al cuidado de su familia en Ordizia y siempre la recordaría.
En 1538, Urdaneta se instaló en la ciudad de México en el Virreinato de la Nueva España, después de pasar por la isla La Española. Allí se puso a la órdenes de Pedro de Alvarado, con el que tuvo una buena sintonía como hombres de acción que eran. Ambos ostentaron el mando de las tropas que acudieron a sofocar una revuelta indígena en la región de Guadalajara y otra acción de guerra en Nueva Galicia, en 1540. Después, con el rango de capitán, preparó una expedición por orden de Alvarado, cuya muerte en 1541 frustró el proyecto. A partir de entonces, desempeñó diversos cargos en la administración neoespañola, cuyo virrey era Antonio de Mendoza, y ejerció como corregidor en varias poblaciones.
En 1547, fue nombrado almirante de las Armada que debía viajar al Virreinato del Perú en ayuda de Pedro de la Gasca. Este emisario de Carlos V, tenía el objetivo de sofocar la Gran Rebelión de los Encomenderos liderados por Gonzalo Pizarro, quien se había sublevado contra la Corona española tras la promulgación de las Leyes Nuevas. Pero, el líder rebelde fue vencido y decapitado antes de que Urdaneta partiese.
En 1553, a los cuarenta y cuatro años, ingresó en la Orden de los Agustinos, con quienes había mantenido contactos a raíz de su expedición moluqueña, y fue nombrado maestro de novicios en el monasterio de los agustinos de México. En 1557, fue nombrado sacerdote. Quiso cambiar su vida tras décadas de viajes y combates. En aquellos años, se implicó en la organización de la exploración de Tristán de Luna sobre Florida en 1558, entre otras.
 | | ANDRÉS DE URDANETA |
Mientras tanto, nuevas expediciones que partieron desde la costa pacífica del Virreinato neoespañol con destino a los archipiélagos de las Molucas y las Filipinas se habían revelado infructuosos. Se sabía cómo llegar a estas tierras, el problema es que nadie había descubierto un itinerario de vientos favorables que escapara a los fuertes temporales y que cerraba la ruta en ambas direcciones.
El primero fue en 1522 por la nave Trinidad, mandada por Gonzalo Gómez de Espinosa durante la expedición de Magallanes, que había partido desde la isla de Tidore y concluyó con el regreso al punto de partida.
Igual suerte habían corrido el segundo y el tercer intentos, ambos realizados desde Tidore por la nave Florida, de la expedición de Álvaro de Saavedra. En 1528 la nave volvió al mismo lugar de partida, y en 1529 fue a parar a la isla de Gilolo (Hawai), donde el comandante de la expedición encontró la muerte. Los vientos y corrientes contrarias y las tormentas impidieron alcanzar el objetivo americano, regresando a Tidore, en el archipiélago de las Molucas. Quince años después, la expedición dirigida por Ruy López de Villalobos lo intentó otras dos veces, igualmente sin éxito, con la nave San Juan. La primera vez en 1544, al mando de Bernardo de la Torre, partió de la isla de Sarangani, en las Filipinas, y la segunda vez en 1545, mandada por Íñigo Ortiz de Retes, zarpó de la isla de Tidore y descubrió la isla de Nueva Guinea.
El proyecto de establecer una ruta comercial entre América y Asia fue quedando en el olvido por las autoridades durante el reinado de Carlos V. Pero, con la llegada de Felipe II, la Monarquía hispánica renovó su voluntad para continuar la expansión por las indias orientales. Por eso, el rey concedió al virrey Luis de Velasco plenos poderes para organizar expediciones oceanográficas.
En Valladolid, con fecha de 24 de septiembre de 1559, el rey firmó dos cartas. El primer documento daba respuesta al virrey, ordenando la organización de una armada con cuatro objetivos fundamentales: acceder al mercado de las especias, asegurar la presencia española en Oriente de manera estable, encontrar una ruta que permita la vuelta por el Pacífico, y evangelizar a los pueblos nativos encontrados. La segunda carta iba dirigida a Urdaneta, instándole a servir a Velasco para asesorarle en la organización de tal armada.
"Devoto Padre fray Andrés de Urdaneta, de la Orden de San Agustín. Yo he sido informado que vos, siendo seglar, fuisteis en la Armada de Loaisa y pasasteis el Estrecho de Magallanes, donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque ahora nos habemos encargado a D. Luis de Velasco, nuestro visorrey en esa Nueva España, que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas del poniente hacia los Malucos, y les ordene lo que han de hacer conforme a la instrucción que se le ha enviado, y porque, según la mucha noticia que dice que teneis de las cosas de aquella tierra y entender, como entendéis, bien la navegación de ella y ser buen cosmógrafo, sería de gran efecto que vos fuésedes en los dichos navíos, así para lo que toca a la navegación como para el servicio de Dios nuestro Señor y nuestro. Yo vos ruego y encargo que vayáis en los dichos navíos y hagáis lo que por el dicho Virrey os fuera ordenado, que, de más del servicio que haréis a nuestro Señor, yo seré muy servido y mandaré tener cuenta con ello para que recibáis merced en lo que hubiere lugar.
De Valladolid a 24 de septiembre de 1559.
Yo el Rey."
A su vez, el virrey Velasco envío una carta al rey Felipe II exponiendo su parecer:
"... la navegación que se ha de hacer ninguna persona es estos reinos ni es ésos lo entiende tan bien como él, además que para toda manera de negocios es prudente y templado y tiene muy buen parecer."
 | | FELIPE II Y LUIS DE VELASCO |
La elección de Urdaneta y la voluntad de Velasco por emprender aquel proyecto convenció a la Corte de la viabilidad, permitiendo comenzar el desarrollo de la expedición transpacífica. Velasco organizó una junta de pilotos y cosmógrafos, en la que Urdaneta presentó sus credencias para tal propósito al virrey, y escribió un Derrotero de la navegación que debía hacerse desde Acapulco para las islas de Poniente.
Urdaneta había sido nombrado piloto mayor, una especie de director técnico que debía guiar la flota hasta su destino final. Además de director náutico, sus superiores religiosos le nombraron guía espiritual, esta última función bajo el título de prelado y de "protector de los indios" de las tierras por descubrir. Su plan inicial era el de atravesar el océano Pacífico en dirección a Nueva Guinea y pasar por Filipinas solo para recoger a los supervivientes de la expedición de Ruy López de Villalobos de 1542-1545. Pero no pretendía establecerse allí, pues este territorio consideraba que le pertenecía a Portugal por el Tratado de Zaragoza, sino que debería establecer un derrotero de regreso. Pero el propósito de Felipe II era mucho más amplio.
Según el virrey, Urdaneta era "el mejor y más cierto cosmógrafo que hay en esta Nueva España". Sus conocimientos cosmográficos y experiencias marítimas le capacitaban para resolver el dilema de regresar a América desde la Especiería asiática por el océano Pacífico. Además, tras haber pasado ocho años en las Molucas, tenía conocimientos de las lenguas nativas.
También es verdad, que ya habían pasado varias décadas de aquella aventura y en México existían otros marinos con conocimientos y experiencias más recientes. Fray Gerónimo de Santisteban, también agustino, o Escalante Alvarado habían marchado con Villalobos y también participaban en los debates previos. Sin embargo, Urdaneta se destacó sobre los demás pretendientes mediante la elaboración de un plan de campaña muy realista, la instrucción sobre la navegación transpacífica que ofreció a Felipe II mediante cartas, y la redacción de su Derrotero de la Navegación.
Con quien Urdaneta tuvo alguna disputa fue Juan Pablo de Carrión, piloto veterano de la expedición de Villalobos, encargado de la construcción de las embarcaciones para la flota. Había sido elegido por el virrey para dirigir las operaciones navales. Ante las discrepancias entre ambos, el cosmógrafo agustino solicitó que fuese relevado del cargo y sustituido por Miguel López de Legazpi. Este era un rico empresario y alto administrador asentado en el Virreinato desde hacía casi tres décadas, natural de Zumárraga, y por tanto guipuzcoano como Urdaneta. Eran amigos y parientes, y miembros de la Cofradía del Santísimo Nombre de Jesús en México.
 | | ANDRÉS DE URDANETA |
A mediados del siglo XVI, los marinos españoles ya sabían que en el Atlántico, los vientos dominantes en los trópicos soplan constantes hacia el oeste, mientras que los que dominan alrededor de los 40º Norte lo hacen en dirección inversa, hacia Europa. Y, con la precariedad del saber de la época, todo parecía que en el Pacífico los vientos también funcionaban de forma parecida. La hipótesis teórica estaba servida, pero faltaba la prueba empírica que la demostrase.
Un dato muy relevante sobre el circuito de vientos del Pacífico ya la había adelantado Juan Rodríguez de Cabrillo tras su viaje de 1542. En un principio, su intención era poner rumbo norte por la costa de California hasta encontrar un paso marítimo que uniese el Pacífico y el Atlántico en la costa más septentrional. Pero tan solo pudo llegar hasta los 38º Norte, antes de ser arrastrado por los fuertes vientos hacia el sur.
Urdaneta tuvo en su poder la única copia conservada de la relación del viaje de Cabrillo. Por tanto, estaba en la certeza de que desde el centro norte del Pacífico, a la altura de 38ºNorte, soplaban fuertes y constantes vientos del noroeste hasta el litoral americano. Solo había que encontrar el origen de tales vientos al otro lado del Pacífico y que estos propulsaran las naves españolas para el tornaviaje.
Otro aspecto que Urdaneta tendría en mente fue el tema de la logística, muy importante. Supo que la nao Trinidad de Gómez de Espinosa que formaba parte de la flota Magallánica estaba muy castigada y con tripulantes muy fatigados tras partir de Sevilla y navegar durante dos años y medio. Esta nao tenía un peso de 100 toneladas, muy poco robusta y fuerte en cuanto a las dimensiones necesarias para resistir a las tormentas marítimas, y de muy pequeña capacidad para almacenar víveres, agua y otras provisiones. Es por eso, que más tarde se puso al mando de una sólida nave de 500 toneladas, la San Pedro, unas 400 más que la Trinidad.
 | | CARTA HIDROGRÁFICA DE LAS FILIPINAS, POR PEDRO MURILLO VELARDE |
En los astilleros del puerto de Barra de Navidad se construyeron dos buques de gran porte, que se unirían a otros que ya estaban operativos. Siguiendo las instrucciones de Felipe II, el objetivo de la expedición debía mantenerse en absoluto secreto para evitar que fuese conocido por la Corona de Portugal. Desde un principio, el virrey Velasco intentó distraer la atención de los rumores afirmando que las embarcaciones en construcción iban a servir para enlazar los puertos marítimos de los Virreinatos de la Nueva España y del Perú, al mismo tiempo que harían funciones de guardacostas.
Otra decisión importante fue la propuesta del virrey para nombrar a Miguel López de Legazpi, como comandante de la expedición, en febrero de 1561. Velasco escribió a Felipe II para informarle del nombramiento, destacando que el guipuzcoano:
"... veintinueve años que está en esta Nueva España, y de los cargos que ha tenido y negocios de importancia que se le han cometido ha dado buena cuenta y a los que de su cristiandad y bondad hasta ahora se entiende no se ha podido elegir persona más conveniente y más a contento de fray Andrés de Urdaneta."
Como se comprueba en la carta, que el mando de la expedición estuviese en su amigo, pariente y también guipuzcoano Legazpi, sustituyendo a su rival Carrión, fue una afortunada sorpresa.
La muerte del virrey Luis de Velasco trajo una serie de cambios en el programa inicial de la expedición. A partir de ese momento los nuevos impulsores del proyecto fueron el visitador real Jerónimo de Valderrama y la Audiencia de México. Estos se encargaron de hacer cumplir los deseos de Felipe II para colonizar las islas Filipinas, dejando por el momento a un lado las Molucas, y respetar el Tratado de Zaragoza firmado con Portugal. Una vez emprendido el proceso de colonización, se debía organizar un viaje de vuelta a América por alguna embarcación para consolidar la posición.
Las nuevas autoridades guardaron en silencio el objetivo final de la expedición a su piloto mayor, pues la verdadera intención de Urdaneta era el de alcanzar las Molucas, ricas islas de las especias. Era de vital importancia su liderazgo, pues los preparativos estaban muy avanzados y nadie como él reunía las capacidades para desarrollar el proyecto con éxito. Dictaron una carta de Instrucción con las nuevas órdenes que debía ser abierto por Legazpi cuando estuviesen a más de cien millas del puerto de salida, evitando así la deserción del fraile navegante y de otros responsables.
La expedición sufrió retrasos por diversas circunstancias, hasta que a finales de 1564 ya estaba dispuesta una flota de cinco embarcaciones: la nao capitana San Pedro de 500 toneladas, la nao almiranta San Pablo de 300 toneladas, el patache San Juan de Letrán de 80 toneladas, el patache San Lucas de 40 toneladas, y el bergantín San Pedro. Estas naves transportaban a unos 380 hombres, de los cuales 150 eran marineros, 200 solados, 5 misioneros agustinos y varios criados y otros oficios.
 | | ESCULTURAS DE LEGAZPI Y URDANETA |
El 21 de noviembre de 1564, partió del puerto de Barra de Navidad, en Jalisco. Cuatro días después, algo avanzada la travesía, el comandante Legazpi reunió en la nao capitana San Pedro, a los frailes agustinos, capitanes, oficiales de la Real Hacienda, alférez, sargento mayor, alguacil mayor y pilotos, para que actuasen como testigos en la apertura del sobre lacrado que contía la Instrucción. El escribano de la gobernación mexicana Hernando de Riquel se encargó de leer las ordenes de tan Instrucción antes todos los presentes:
"... su derecha derrota avían de ser las islas felipinas y a las demás a ellas comarcanas, que están dentro de la demarcaçión, de su majestad..."
La sorpresa inicial de Urdaneta fue seguida de un momentáneo enfado que, ante las circunstancias, tuvo que asumir el nuevo objetivo y continuar con la dirección náutica de la flota.
La navegación continuó sin problemas hasta que se produjo un amotinamiento de algunos de los pilotos. Aseguraban que Urdaneta estaba errando en sus cálculos náuticos y que las Filipinas había quedado atrás de su trayecto. Se negaban a continuar y obligaban a dar la vuelta hasta encontrarlas. El cosmógrafo agustino demostró con datos sobre la cartografía la posición de la flota sobre el océano Pacífico, consiguiendo que los rebeldes pilotos continuaran la navegación.
A partir de enero de 1565, se fueron sucediendo los descubrimientos, como los de las islas de los Barbudos, en la actualidad Marshall: Placeres, Pájaros, Corrales y Jardines. Posteriormente arribaron a isla Guam, perteneciente a las islas de los Ladrones, que son las actuales Marianas. El día 26 de enero, el comandante ordenó el desembarco de tripulantes, tomó posesión de las islas en nombre de Felipe II y Urdaneta celebró una misa de agradecimiento a la que asistieron los principales oficiales. Allí pudo relacionarse medianamente con algunos nativos en su idioma.
El 3 de febrero de 1565, tras aprovisionarse de vituallas y agua, la flota reanudo el viaje. Diez días después, alcanzó Cibabao, la actual Ibabao, en la isla de Leyte, ya en el archipiélago de Filipinas, que había nombrado así Villalobos. A partir de este punto iban a surgir problemas y dificultades.
 | | PACTO DE SANGRE ENTRE LEGAZPI Y SIKATUNA |
En la isla de Bohol, la falta de víveres se hizo preocupante y la hostilidad de los nativos empeoró aún mas la situación. Legazpi reunió a sus oficiales para plantearles la necesidad de seguir buscando un lugar adecuado para construir un asentamiento permanente, un enclave serviría de fuerte defensivo y base operativa para la conquista y colonización del archipiélago. Continuaron explorando por las islas de Samar, Limasawa, Camiguín, Mindanao, Siquijor y Negros.
El 27 de abril de 1565, las naos San Pedro y San Pablo, y el patache San Juan, arribaron a las costas de la isla Cebú. Lo hicieron junto a un poblado donde décadas antes, en 1521, se produjo la emboscada en la que murió Diego de Barbosa, comandante de la primera expedición a las Molucas iniciada por Magallanes, durante un supuesto banquete honorífico. Ahora, estos expedicionarios anunciaron su llegada con descargas de artillería y disparos de arcabuz, que atemorizaban a los nativos.
En aquella población pudieron capturar algunos restos de comida como arroz o frutos que tanta falta hacía, pero hubo un hallazgo que rozaba lo milagroso. En el interior de una de las cabañas, el marinero Juan Camuz, natural de Bermeo, encontró una pequeña escultura del Niño Jesús. Legazpi enfatizó este hallazgo con carácter de milagro divino para insuflar algo de moral entre la fatigada tripulación. Prometió fundar en aquel lugar una iglesia, pues se trataba de un signo enviado desde el Cielo para continuar con la causa.
Casi con toda probabilidad, aquella escultura del Niño Jesús había sido entregada por el veneciano Antonio Pigafetta, cronista de la expedición de Magallanes, a la reina de Cebú para celebrar su bautismo. Desde entonces, había sido guardada como un valioso recuerdo, como hicieron con otros obsequios entregados a los nativos en aquel viaje y que también fueron encontrados. En la actualidad, rinde honor y homenaje a este acto la Basílica del Santo Niño de Cebú, siendo el santo con más devoción en todo el país filipino.
 | | NIÑO JESÚS DE CEBÚ |
El 8 de mayo, Legazpi fundó en aquel asentamiento la villa de San Miguel. Era el momento de establecer el Tornaviaje, objetivo principal del cosmógrafo agustino.
El 1 de junio de 1565, Urdaneta zarpó desde San Miguel en la nave San Pedro, junto al nieto de Legazpi, el capitán Felipe de Salcedo, y los pilotos más experimentados: Esteban Rodríguez y Rodrigo de Espinosa.
Partió desde Cebú, cruzando entre las islas de Samar y Luzón por el estrecho de San Bernardino. Tras abandonar el archipiélago filipino a mar abierto, puso rumbo hacia el noreste, en dirección a Japón, pero sin alcanzarlo, en busca de los contra-alisios. Unos días después, se hallaba aproximadamente frente a la isla de Taiwán. El 3 de agosto, se encontraba al norte de Japón, desde donde derivó hacia el este, evitando así la acción de los vientos y aprovechando la corriente marina favorable de Kuro-Shivo, en el paralelo 40. A partir de aquí enlazaba con el Pacífico norte que le llevaría hasta la costa de California.
Así, el 26 de septiembre alcanzó el cabo Mendocino de California, en honor del primer virrey Antonio de Mendoza. Recorrió la costa de Nueva España en dirección sur hasta llegar a Barra de Navidad el 1 de octubre, y unos días después, el 8 de octubre, el puerto de Acapulco. Habían sido 130 días de navegación y casi 1.900 leguas recorridas.
Durante el trayecto, sufrieron varias penalidades, especialmente devastador fue la enfermedad del escorbuto. Habiendo alcanzando la costa californiana, murieron el piloto mayo Esteban Rodríguez y el contramaestre Martín de Ibarra. En el diario del segundo piloto, Rodrigo de Espinosa, se registró el terrible dato de que no habían más de 18 hombres hábiles para trabajar, pues los demás estaban enfermos.
 | | MONUMENTO A ANDRÉS DE URDANETA EN PANGASINAN |
Cuarenta años después, los intentos sexto y séptimo fueron coronados por el éxito. Pero, antes de llegar Urdaneta ya lo había hecho Alonso de Arellano, el 17 de julio de aquel año, después de haber partido desde Mindanao el 22 de abril. Fue este quien había completando así la primera Ruta de Poniente. No obstante, su conducta insolidaria, las escasas indicaciones náuticas legadas y la valoración de su empeño más como fruto de un afortunado azar que de una acción planificada han menoscabado el mérito de la empresa en favor de la realizada por Urdaneta.
Desde Acapulco volvió a México, y luego partió desde Veracruz para llegar Sanlúcar de Barrameda, donde arribó al año siguiente, y de allí se trasladó a Madrid y Valladolid. Ante Felipe II y una junta de expertos, presentó los resultados de sus descubrimientos: mapas, relaciones de la expedición y libros de navegación. Asimismo, expuso sus ideas sobre la legitimidad o ilegitimidad de las empresas españolas en unos territorios que posiblemente se encontrasen en la demarcación asignada a Portugal por el Tratado de Zaragoza, dando lugar a una significativa publicación: Ocho pareceres dados por Andes de Urdaneta y otros cosmógrafos en 1566 y 1567, sobre si las islas Filipinas estaban comprendidas en el empeño que el emperador había hecho al rey de Portugal, y si las Molucas y otras estaban en la demarcación de Castilla.
Tras ello, en el año 1567, regresó a México para vivir en su convento de los hermanos agustinos, donde murió el 3 de junio de 1568. Fue enterrado en la cripta de la iglesia conventual.
 | | MAPA DEL TORNAVIAJE DE URDANETA |
Urdaneta inauguraba una ruta por el norte del Pacífico que se utilizaría durante dos siglos y medio, era la Ruta del Galeón de Manila, que escapaba de los temibles alisios del sur. No obstante, la información náutica de su tornaviaje fue redactada por los pilotos del San Pedro.
Este descubrimiento permitió la posterior colonización de las posesiones asiáticas y la existencia de una vía de comunicación regular que propiciaría las relaciones comerciales entre Filipinas y Nueva España, sobre todo, el comercio de la plata, tan codiciada por los chinos y con los que, ya entonces, se iniciaron los primeros contactos. Con ello se haría posible la evangelización y la presencia española, haciendo que el océano Pacífico fuera un mar español durante dos siglos.
El viaje de Acapulco a Manila necesitaba un promedio de 3 meses para recorrer las 7.300 millas que separan ambos puertos. Desde Acapulco, los buques navegaban al suroeste hasta alcanzar el paralelo de los 12º norte, corriendo dicha latitud hacia el oeste para recalar en la isla de Guam, y desde allí dar rumbo al estrecho de San Bernardino, entre el extremo sur de la isla de Luzón y el norte de la isla de Samar.
El Tornaviaje precisaba entre 6 y 9 mese de navegación para recorrer 7.800 millas. Los buques ponían rumbo a las islas Marianas, aprovechando las corrientes favorables para recalar en el cabo Mendocino, al norte de la actual bahía de San Francisco. En este punto se completaba todo el aparejo y se giraba al sur a estribor para bajar la costa de California hasta fondear en Acapulco.
En el Virreinato de Nueva España, un largo camino terrestre, llamado el Camino de los Virreyes, comunicaba la ciudad atlántica de Veracruz con la capital, Méjico, y ésta con el puerto de Acapulco, en el Pacífico, a través del llamado Camino de Asia.
 | | MONUMENTOS AL GALEÓN DE MANINA Y ANDRÉS DE URDANETA |
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Da la casualidad de que este ilustre hombre es paisano mío, y por ello le agradezco encarecidamente que ayude a la difusión de su nombre y de sus gestas, pues es cierto que ha sido una figura desconocida de nuestra historia, aunque, sin embargo, sea mucho mas conocido en otras tierras, y sobre todo, en otros mares.
ResponderEliminarUn saludo, y gracias por publicar este artículo.
Quisiera ademas mostrarle un documental producido por la television autonomica vasca dedicado a este ilustre marino.
http://www.eitb.tv/es/#/video/1424614002001
Hola Alex, gracias por recomendarme ese documental, lo veré en cuanto pueda. Y me alegra saber que también la EITB se dedica a hacer documentales de grandes ilustres vascos que han participado en las grandes gestas y hazañas de toda España.
EliminarPor cierto, estoy reuniendo las biografías de varios ilustres marinos y conquistadores vascos y navarros en este foro, te lo recomiendo por la cantidad de personalidades como la de Urdaneta que ha aglutinado.
http://foroespana.foroactivo.com/t142-patriotas-vascos-y-navarros
saludos
Gran reportaje y estricta precisión en la descripción de lo que significaba el TORNAVIAJE.
ResponderEliminarUrdaneta, no sé porqué, está dentro del SANTORAL de los nacionalistas mientras que no lo están ni Legazpi, ni Elcano ni todos los retantes marinos ilustres vascos como Blas de Lezo, Cosme Churruca, los Oquendos, etc. etc.
Probablemente porque al fraile le consideran un "basko" que iba a su aire, y en cambio a los otros los tienen como "empleados" de España y a su servicio.
También hoy felicitaciones, como siempre.
Hola Javier, no sabía que existía San Urdaneta en Vascongadas, la razón también puede estar en que fue eclesiástico pero ya puestos pues que le hagan un homenaje a fray Zumárraga, primer obispo de la ciudad de México, o a fray Francisco de Vitoria, ese gran humanista fundador de la Escuela económica de Salamanca y promotor de los derechos de los indígenas americanos y del Derecho Internacional.
EliminarLo cierto es que Urdaneta cumplía órdenes de Felipe II y muy necesarias para la expansión marítima de España hacia el Pacífico y el oeste asiático.
saludos amigo