ANDANZAS Y VIAJES DE PERO TAFUR


Pedro Tafur fue hidalgo, viaje y escritor de mediados del siglo XV, que ganó cierta relevancia por su serie de viajes realizados por el centro de Europa, el norte de África y el Oriente próximo entre 1436 y 1439, más con un carácter etnográfico que comercial, incluso en alguna ocasión con función diplomática.

El resultado de sus cuatro expediciones con base en Venecia fue el libro Las Andanças y Viajes de Pero Tafur, en el que describió los Santos Lugares de las tres culturas como Jerusalén, La Meca o Tel-Aviv, y especialmente de Constantinopla, capital del Imperio romano oriental, poco antes de su caída por el Imperio otomano.

LAS ANDANZAS Y VIAJES DE PERO TAFUR

Pedro Tafur nació en Sevilla, en 1410. Era de origen hidalgo, pertenecía a la clase más adinerada de su ciudad y poseía cierto nivel cultural. Siendo joven fue criado del maestre de la Orden de Calatrava, Luis de Guzmán, que vivía en Córdoba.

Su vocación fue la de ser viajero y escritor, su objetivo de vida fue el de recorrer largas distancias a través de Europa central, el mar Mediterráneo, el norte de África y el Oriente próximo. No era embajador ni mercader, tan solo un hidalgo con entusiasmado por descubrir el mundo conocido. En Castilla reinaba Juan II.

En otoño de 1436, comenzó el primer viaje partiendo desde Sanlúcar de Barrameda. En Gibraltar fue testigo de la muerte del conde Niebla. Su primer destino fue Venecia, que utilizaría como base de sus futuras exploraciones. En esta próspera ciudad de mercaderes y viajeros conoció al explorador y comerciante Niccolo de Conti, que ya había recorrido el sudeste asiático y llegado hasta la India. Este le proporcionó informaciones sobre estos territorios y la manera de organizar los viajes a Oriente próximo.

Después, visitó Roma, capital de la Cristiandad, pasando por Pisa, Florencia y Génova. No había mejor santo lugar que Roma para ganar alguna indulgencia y contemplar reliquias para un cristiano como Tafur.

VENECIA, SIGLO XV

El segundo viaje fue el más largo y arriesgado, en el que recorrería territorios de los tres continentes que hasta el momento se conocía. Pero el objetivo principal era la visita a Tierra Santa. Desde Venecia, partió rumbo oriente por el mar Adriático, embarcado en una nave de peregrinos cuyo destino era la ciudad de Jerusalén, en Tierra Santa, a la que llegó haciendo diversas escalas en puertos del Mediterráneo oriental. La ciudad estaba dominada por los mamelucos desde tiempos de Saladino, a finales del siglo XII. Durante tres semanas, Tafur se adentró en los santos lugares realizando detalladas descripciones sobre sus templos religiosos y edificios civiles. Para pasar desapercibido tuvo que disfrazarse de islámico.

Después, pasó por Jaffa, al sur de la actual Tel-Aviv, y Beirut, urbe desde la que embarcó con rumbo a Chipre. En esta isla, el rey le encargó una misión diplomática, la entrega de unas cartas al sultán de Egipto. En el viaje que emprendió alcanzó el desierto del Sinaí y las orillas del mar Rojo, para regresar a El Cairo y Alejandría. Tras abandonar el Sultanato de Egipto, regresó a Chipre con los resultados de su comisión diplomática.

La última fase de este exótico segundo viaje tenía por objetivo llegar a la península de Crimea. Desde Chipre, se embarcó para rodear toda la península de Anatolia, pasando por el mar Egeo, el canal de Dardanelos, el mar Mármara, y el estrecho del Bósforo hasta presentarse en Constantinopla, la capital de Imperio Romano de Oriente refundada por el emperador Constantino, antigua Bizancio. Esta ciudad no tardaría mucho en ser tomada por un Imperio otomano en expansión. Visitó la cercana ciudad de Adrianópolis, una urbe fundada por el emperador hispanorromano Adriano, que también fue un consumado viajero. Tafur tendría una supuesta devoción por este emperador natural de la provincia de Baetica y la villa de Itálica, actual municipio de Santiponce, muy cercano a su ciudad natal Sevilla, pues no solo compartían origen territorial sino la inquietud de viajar.

Su último lugar en visitar fue la península de Crimea. Había llegado por tierra, bordeando la costa occidental del mar Negro, atravesando los caudalosos ríos Danubio y Dniéper.

En 1438, llegó de vuelta a Venecia. En la ciudad de Ferrara, se entrevistó con el papa Eugenio IV. El sumo pontífice se encontraba involucrado en conflictos con el Concilio de Basilea y, durante ese año en particular, había trasladado a esta ciudad a los conciliaristas griegos para intentar la unión con la Iglesia ortodoxa junto a la católica, en lo que fue el Concilio de Ferrara. También tuvo la fortuna de conocer al emperador de Constantinopla, Juan VIII Paleólogo, pues también se encontraba en involucrado en el Concilio ferrarés para buscar apoyos contra los turcos otomanos y gestionar la unión de ambas iglesias. Y, en este sentido, el testimonio de Tafur sobre su reciente visita posiciones otomanas y bastiones militares sería tenido en cuenta por el monarca constantinopolitano.

CONSTANTINOPLA, SIGLO XV

El tercer viaje iba a recorrer las tierras al norte de la cordillera de los Andes. Desde Venecia, pasó por Parma y Milán, para intentar atravesar esta barrera natural tan sinuosa y peligrosa en los meses de invierno. Para logar este objetivo, el sevillano se sirvió de una especie de trineo y dos bueyes para vencer la fatiga. Así, consiguió atravesar el paso de San Gotardo hasta llegar a Basilea. Permaneció en esta ciudad recuperándose del desgaste físico, así como en la cercana Baden-Baden, en la Selva Negra, donde pudo tomar las aguas termales curativas que brotan del suelo a 68ºC. Sin duda, pudo reconfortase de tan heladoras jornadas alpinas.

Tafur continuó hacia el noroeste hasta alcanzar Estrasburgo, conocer la feria comercial de Frankfurt, y quedarse en Colonia, de la que aseguró que era la ciudad más rica de toda Europa central. Desde este punto alcanzó el río Mosa, que le llevó hasta Amberes, y visito la región de Flandes.

El regreso lo hizo más o menos por los mismos lugares hasta Basilea, donde comenzaba la segunda parte de su viaje por ciudades al noreste de la cordillera de los Alpes y el valle del Danubio. Pasó por la ciudad de Costanza, las regiones de Moravia y Bohemia hasta la ciudad de Breslau, actual Wroclaw. Después, emprendió el regreso por Viena, Ulm y Nüremberg.

JERUSALÉN, SIGLO XV

El cuarto viaje supuso su regreso al Reino de Castilla. Comenzaba con un recorrido por el norte de la península Itálica, pasando por Verona, Vicenza, Ferrara y Bolonia. Durante un mes, esperó en Venecia hasta conseguir una embarcación apropiada que recorriera los mares Adriático y Jónico, haciendo escala en los puertos de Rímini, Pesaro, Fano, Ancona y Brindisi, hasta llegar a Catania, en Sicilia. Desde algún puerto siciliano transbordó con destino a Cerdeña, bordeando la isla siciliana por el norte, donde pudo contemplar el estrecho de Messina, el amenazante volcán Etna y el majestuoso volcán Strómboli, en los cercanos islotes Eolia.

Una tempestad arrastró la embarcación a la costa del Sultanato de Túnez, que estaba bajo el dominio de la dinastía Hafsidam, antes de que fuera integrado en el Imperio otomano, en el siglo siguiente. Desde ahí, hizo escala en Cerdeña, hasta llegar a Sanlúcar de Barrameda, su destino final, en 1439.

Atrás quedaron momentos de frío, hambre y soledad; en una ocasión recibió el impacto de una fecha que le hirió levemente y en otra esquivó un intento de atraco en las cercanías de Viena. Pero también supo establecer relaciones diplomáticas con algunas autoridades locales que le ayudaron a cruzar alguna frontera o bien evitar entrar en alguna prisión.

Entre los personajes que le ayudaron a sobrevivir destacaron un intérprete de mercaderes en negocios comerciales que conoció en Egipto; en la isla griega Quíos le ayudó a llegara a la costa turca un patrón de nao llamado Juan Caro, natural de Sevilla; en Cafa, actual ciudad de Teodesia en Crimea, le ayudó el magistrado Paolo Imperiale, que había vivido también en Sevilla; y en Constantinopla conoció a otro trujamán al servicio del emperador y músico llamado Juan de Sevilla.

VIAJES DE PERO TAFUR

El resultado de sus viajes entre 1436 y 1439 fue descrito en una de las obras maestras de la literatura medieval de viajes: Las Andanças y Viajes de Pero Tafur, cuyo título original fue Tractado de las andanças e viajes de Pero Tafur o Itinerario.

En la actualidad, se conserva un único códice manuscrito de inicios del siglo XVIII, de 91 folios, en el fondo histórico de la Biblioteca Universitaria de Salamanca. En 1874, fue publicado por primera vez con el título Andanças é viajes de Pero Tafur por diversas partes del mundo ávidos.

Autores como Ambrosio de Morales o Gonzalo Argote de Molina citaron este libro con el título Itinerario, por lo que era conocido. De hecho, Argote de Molina tuvo un manuscrito de Tafur entre sus libros de consulta para escribir su gran obra Nobleza de Andalucía.

Tardó catorce años en ponerse a escribir el libro, entre 1453 y 1457 estuvo ordenando todos los datos y referencias, y componiendo el texto del libro. Fue un libro de referencia en el que narró sus experiencias, muchas de ellas conmovedoras y cautivadoras, con un estilo refinado, un explícito sentido del humor, en un periodo en transición de la Baja Edad Media al Renacimiento. En su relato a veces inocente, otras algo fantástico, introdujo mitos como el de las sirenas.

Pero, ¿por qué tardó tanto en poner se a escribir sus Andanças y viajes? ¿qué pasó concretamente en 1453? Sucedió que aquel año, fue la toma de Constantinopla por el Imperio otomano, lo que supuso la caída del antiguo Imperio romano de Occidente, y la suplantación del Cristianismo por el Islamismo en aquella ciudad, que pasó a llamarse Estambul. Para los historiadores, esta fecha supone el cambio de edad de la Media a la Moderna, pero para un cristiano como Tafur que había visitado y admirado esa ciudad años atrás supuso un drama. Quizás, el motivo de su libro de viajes era presentar a Constantinopla como una ciudad cristiana, de herencia greco-romana, es sintonía con Roma o Santiago de Compostela.

MONASTERIO DE SANTA CATALIA EN LAS ANDAZAS DE PERO TAFUR

En el texto incluyó mayormente datos etnográficos y culturales de los territorios y ciudades por los que pasaba, desde edificios hasta costumbres. Hacía especial énfasis en presentar aspectos exóticos y diferentes con respecto a la cultura castellana y cristiana. Por ejemplo, aseguró que en El Cairo estuvo “mirando cosas e muy extrañas, mayormente a las de nuestra nación”. O, por ejemplo, se mostró asombrado por la belleza de la ribera del Rin, pues aseguró que era “sin duda la más fermosa cosa de ver en el mundo”.

Solía hacer comparaciones de las ciudades que visitaba con las castellanas, especialmente con Sevilla. Por ejemplo, la torre Giralda de su ciudad fue comparada con la veneciana torre del Campanile de San Marcos o con las pirámides de Egipto. Y, en cuanto a tamaño, asemejaba Sevilla con Cafra, Braslau, Padua, Palermo y la Meca.

Y resaltaba el hecho de haber trabado amistad con el papa de Roma, el emperador de Constantinopla, el sultán de Egipto, el rey de Chipre, y otros gobernadores de ciudades y territorios, quienes siempre le recibieron con honores y prestaron su protección, debido a su condición de caballero.

Tiene especial relevancia el relato que hizo sobre los otomanos. Su intención era informar a los reinos occidentales acerca de las costumbres de los pueblos considerados como antagónicos, e incluso rivales, de la Cristiandad. Ensalzaba sus logros y adelantos, pero también describía las debilidades y atrasos de su administración política y desarrollo económico. De hecho, puso especial interés en la describir la organización defensiva y militar de los otomanos para poder asaltar sus puertos y ciudades, por si en un futuro se convirtieran en rivales de las potencias cristianas. Y como si fuese un oráculo, la expansión del Imperio otomano hasta las costas del Mediterráneo occidental se fue desarrollando un siglo después enfrentado a los española en Lepanto. En el siglo XV, no era nada habitual entre escritores la descripción de una cultura y etnografía diferente a la suya.

ANDANZAS Y VIAJES DE PERO TAFUR

INFLUENCIA DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL EN LA NOVELA BRITÁNICA


Durante el Siglo de Oro de las Letras españolas, la literatura tuvo tal grandeza y esplendor que incluso una potencia enemiga como era el Reino de Inglaterra se dejó influenciar, siendo sus grandes literatos traducidos al inglés y leídos por los círculos letrados del reino: Rojas, Alemán, Quevedo, Góngora, Lope de Vega y especialmente Cervantes.

INFLUENCIA DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL EN LA NOVELA BRITÁNICA

Pese a provenir de una nación enemiga, la literatura española era muy conocida en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. El tema hispánico se puso de moda en este reino durante el Siglo de Oro de las Letras españolas, traduciéndose al inglés múltiples textos literarios. Bellos ejemplos que verifican este hecho artístico son The Spanish Tragedy de Thomas Kyd, de 1582, o la armónica The Spanish Maze, de 1603.

La publicación Mid-Century Quixotism and the Defence of the Novel, escrita por Brean Hammond en 1998, para la revista Eighteenth Century Fiction, y el libro Don Quixote in England, por el especialista en literatura y arte británicos del XVIII Ronald Paulson, demuestran la determinante influencia de la narrativa del Siglo de Oro español en la novela británica del siglo de la Ilustración.

En su obra Influencia de la literatura española en la literatura inglesaJohn W. Baker explicó que los temas españoles que más atracción artística causaron en el lector anglosajón fueron seis: la Reconquista contra los moros; los estudios universitarios (filosóficos); las peregrinaciones a Santiago de Compostela; el comercio; las bodas reales; y las guerras.

A esto hay que añadir la extraordinaria calidad literaria de estos textos, que han contribuido a definir un Siglo de Oro, así como la excelencia de las traducciones, muy especialmente las de James Mabbe.

THE ROGUE, POR MATEO ALEMÁN

El Lazarillo de Tormes fue traducido en 1576, por David Rowland of Anglese, siendo la primera gran obra española convertida al inglés en el siglo XVI, haciéndolo La Segunda parte del Lazarillo de Tormes, en 1602. De hecho, Lázaro fue convertido en personaje de teatro isabelino en Blunt Master Constable or the Spaniards Nighte-Walke, en 1602.

James Mabbe tradujo el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, en 1622, con el título The Rogue (El Pícaro), porque Guzmán fue en Inglaterra, al igual que en España, el prototipo del pícaro. Para Gustav Ungerer, los partidarios de la Monarquía británica hallaron en este personaje la antítesis del estricto sentir puritano de la República de Cromwell, siendo Guzmán la fuente de cuantos highwaymen (saltadores de caminos) y panders (medianeros) proliferaron en la prosa inglesa del XVII.

También la Celestina fue traducida por James Mabbe, en 1631, con el título The Spanish Bawd, haciendo que la famosa alcahueta, la madre Celestina, fuera reconvertida en vieja isabelina tras ser nombrada The Spanish Bawd.

THE SPANISH BAWD, POR FRANCISCO DE ROJAS

Según Baker, Geoffrey Chaucer tuvo oportunidad de conocer libros e historias españolas y aprovecharse de todo eso. Por eso, existe un paralelismo entre los textos del Pardoner's Tale de Chaucer y del Libro de buen amor de Juan Ruiz, no solo en partes del relato, sino aun en las palabras, las ideas y el orden de ellas. El literato inglés debió conocer el texto del Arcipreste de Hita, o que ambos tuvieron una fuente común, que podría ser el De contemptu mundi del papa Inocencio III.

Richard Croshaw trasladó seis de los Sueños de Francisco de Quevedo, en 1640, el mismo año que se produjo la edición suelta de El infierno enmendado (Hell Reformed) de Edward Messervy. En 1667, Robert L´Estrange trasladó el resto. El Buscón fue traducido en 1657, 1670 y 1683.

En la Inglaterra del siglo XVII, las obras de Quevedo fueron tan populares que el autor llegó a convertirse en personaje. Por ejemplo, en Los viajes de don Francisco de Quevedo por la desconocida tierra austral (The travels of don Francisco de Quevedo through Terra Australis Igcognita, 1684) se escribió un viaje imaginario del literato español ataviado como un pre-Gulliver por el Polo Sur. Seguramente, no podría el madrileño reprimir una sonrisa al saber que su enemigo literario Luis de Góngora no pudo haber sido conocido por muchos más ingleses del XVII que Thomas Stanley, que intentó infructuosamente traducir las Soledades en 1651.

THE PILGRIM OF CASTILE, POR LOPE DE VEGA

Félix Lope de Vega tuvo una traducción de El peregrino en su patria (The Pilgrim of Castile) en 1621. Su teatro inspiró a numerosos dramaturgos ingleses, en especial a John Crowne y a Thomas Gage, ambos del siglo XVII. Incluso textos hoy considerados menores como el Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor lascivo (Madrid, entre 1615 y 1618), del Céspedes y Meneses, fueron traducidos como Gerardo, the unfortunate spaniard, por Leonard Digges, y teatralizados como The spanish curate, obra tardojacobina escrita por John Fletcher y Philip Massinger en 1622.

Mediante este grupos de títulos se concluye que la literatura española estuvo muy valorada por el Reino de Inglaterra en la época de William Shakespeare, e incluso décadas después de su muerte en 1616. Es indudable que Shakespeare leyó otros autores españoles. El biógrafo Stephen Greenblatt destacó la profunda influencia que la traducción del Book of prayer and meditation (1582) de fray Luis de Granada ejerció en el genio de Stratford on Avon: "Shakespeare had evidently read and absorbed the Catholic book." (Shakespeare había leído y absorbido el libro católico de manera evidente.)

De entre la literatura caballeresca que triunfó en Inglaterra destacaron dos series: las dos partes del Palmerín de Oliva de Francisco Vázquez, que fueron recogidos por Anthony Munday, en 1588 y 1597; y los tres libros del Espejo de Príncipes y Caballeros (The Mirror of Princely Deeds) de Diego Ortúñez de Calahorra, traducidos por Magaret Tyler, en 1575, 1585 y 1586.

GRANADA´S MEDITATIONS, POR LUIS DE GRANADA

En cuanto a Miguel de Cervantes, dos de sus Novelas Ejemplares, La gitana y La fuerza de la sangre, fueron también convertidos en material teatral en The Spanish Gypsy (1622), una obra de Thomas Middleton, William Rowley, Thomas Dekker y John Ford que combina ambas. En 1612, Thomas Shelton publicó su traducción del Quijote con el título de The Delightful History of the Witty Knight-Errant Don Quixote. Quizás la traducción estuvo beneficiada por la popularidad de la novela de caballerías española en la tierra del rey Arturo.

Aunque la primera traducción del Quijote al inglés fue publicada por Thomas Shelton en 1612, llevaba casi un lustro escribiéndose en versiones manuscritas. El propio Don Quixote influyó de manera innegable en la obra de Beaumont y Fletcher titulada El caballero del pistardero ardiente (The Knight of the Burning Pestle), publicada en 1631, y representada por la compañía de niños de Blackfriars en 1607-1608. De este mismo año existen varias referencias al Quijote en textos como The Miseries of the Enforced Five Gallant, de Thomas Middleton. Un poco después, otro de los grandes dramaturgos isabelinos, Ben Jonson, también hizo referencia a Don Quijote en The Silent Woman (1610). Todas estas menciones se deben a que Shelton reconoció haber traducido la obra cinco o seis años antes, por lo que las traducciones fueron manuscritas dando lugar a múltiples lecturas.

EXEMPLARY NOVELS, POR MIGUEL DE CERVANTES

Las causas intrínsecas que provocaron la admiración por los clásicos españoles fueron de tipo literario y social. Entre las literarias se cuentan la dicotomía novela-romance y la calidad de los ejemplos españoles.

El género picaresco y el Quijote representaban en la literatura española el paso del romance a la novela. La prosa del romance se caracterizaba por su Idealismo, mientras que la de la novela por su Realismo formal.

En cambio, en Gran Bretaña, la prosa de principios del XVIII estaba dominada por el romance. Hasta entonces, la literatura inglesa sólo había ofrecido obras de un tono puritano y tratados filosóficos e históricos. Además, los autores británicos seguían sin ingeniar modelos de referencia con un alto nivel de inspiración y transcendencia.

Durante las primeras décadas del siglo XVIII, hubo un esfuerzo consciente por establecer las bases comunes de la novela y distinguirla de los romances. Por ello, los padres de la novela inglesa se fijaron en el novelista y la novela que habían logrado esos mismos objetivos hacía más de un siglo, esto es, en Cervantes y el Quijote. Comenzó a aparecer el humor, la crítica social, la sátira, las dimensiones ontológicas y las técnicas narrativas, que eran propias de la novela picaresca española y el Quijote.

Las causas históricas fueron el incremento demográfico y de los centros urbanos ingleses; la convivencia en grandes ciudades de la clase pudiente con las más desfavorecidas; el aumento de la delincuencia; la subida de impuestos por el mal estado de la deuda nacional debido a sus interminables guerras; el desarrollo del Imperio y las rutas comerciales; y los intereses políticos que alentaban la crítica social.

Este influjo que los novelistas británicos del Setecientos recibieron fue debido a su admiración por la literatura picarescas en general, siendo las cinco obras que disfrutaron de una mayor difusión en Gran Bretaña a lo largo de los siglos XVII y XVIII: el Quijotede Miguel de Cervantesel Guzman de Alfarache, de Mateo Alemán; la Celestina, de Fernando de Rojas; el Buscón, de Francisco de Quevedo; y el Lazarillo de Tormes.

Desde finales del siglo XVI, en las Islas Británicas hubo una tremenda fascinación por la novela picaresca española, cuyas obras se extendieron por sus bibliotecas en traducciones producidas por un grupo de esforzados hispanistas. Si estos libros fueron de los más leídos y reimpresos en la Inglaterra de los Estuardo lo fue gracias a que desde inicios del siglo XVI ya existía en Gran Bretaña un tipo de relatos de corte picaresco, conocido como beggar-books. Por eso, tanto lectores como literatos encontraron en las ingeniosas andanzas de Guzman, de Celestina, de Lázaro, de Pablos, de Pícara Justina o del Buscón un estilo de entretenimiento así como un modelo literario en que inspirarse.

GERARDO, THE UNFORTUNATE SPANIARD, POR FÉLIX LOPE DE VEGA

Los novelistas británicos hallaron en la picaresca española una prosa de realismo y calidad, identificando en estas narraciones españolas de los siglos XVI y XVII un marco análogo al de la sociedad que deseaban retratar con un realismo propio de la novela. Las similitudes entre la España del Siglo de Oro y la Gran Bretaña del XVIII propiciaron que los británicos leyesen con interés y admiración la literatura española que supo reflejar esos mismos condicionantes sociales y que, en muchas ocasiones, adaptaron sus obras según las directrices españoles.

Las similitudes entre los viajes de los picaros españoles y los protagonistas de las novelas británicas son evidentes. Un ejemplo claro es de los viajes de Tom Jones y los de Pablos, y en cómo los episodios son de la misma factura cómica, descriptiva e, incluso, temporal: el episodio (VII, 10) en que Tom se cree perdido en su viaje a Bristol, y la conversación que mantiene con un oriundo tras preguntarle el camino es de reminiscencias quevedianas, en concreto del diálogo entre Pablos y el matemático.

Pero fue Miguel de Cervantescomo autor de Don Quixote y las Exemplary Novels, quien logró una abierta admiración de Inglaterra por la narrativa del Siglo de Oro español. Su influencia fue anterior a la de Mateo Alemán y condicionó la que ejerciese CelestinaLa mayor influencia cervantina tuvo lugar en el Siglo de Oro de la narrativa inglesa: novelistas de renombre como Fielding, Smollett, Sterne, Swift o Lennox, en poetas de la talla de Shaftesbury, Addison, Steel, o Butler, en pintores como Hogarth y John Vanderbanken, y en pensadores como Miltonentre otros.

La admiración que los intelectuales británicos profesaron a la obra de Cervantes derivó en una desmedida pasión por las letras castellanas. Este fue el caso de una defensora del Protestantismo en Gran Bretaña y los Estados Unidos y una enemiga del Catolicismo español: Susanna Rowson. A pesar de recriminar la política exterior de España, siempre reconoció la influencia de Cervantes en el prólogo de su Slaves in Algiers, e incluso tomó prestados el género, tema y título del Viaje del Parnaso para su Trip to Parnassus. Y gracias a su Cervantismo, continuó leyendo traducciones de otras obras del Siglo de Oro español, y así se inspiró en la Celestina de Fernando de Rojas para redactar su Charlotte Temple, primer best-seller de la literatura norteamericana.

Sin embargo, la presencia de Cervantes en las letras inglesas no ha sido reconocida por la crítica y la filología inglesa hasta comienzos del siglo XX, gracias los estudios publicados por James Fitzmaurice-Kelly y Gustav Becker. Han reconocido la presencia hispánica sólo un reducido grupo de especialistas en el periodo, como Jill Campbell, S. Oilman, Aurelien Digeon, Ernest Baker, Martin Battestin o, más recientemente Clive Probyn, Walter Reed y Michael McKeon. Este último incluso dedicó un capítulo de su Origins of the Novel a Cervantes.

DON QUIXOTE IN ENGLAND

La aportación de Ronald Paulson ha ofrecido una nueva perspectiva en el estudio del Cervantismo del siglo XVIII inglés, situando a Don Quixote en el contexto político y artístico de la época. En 1998, el editor de Don Quixote in England, por Paulson, anunciaba este volumen proclamando en la contraportada:
"Seldom has a single book, much less a translation, so deeply affected English literature as did the translation of Cervantes' Don Quixote in 1612. The comic novel inspired drawings, plays, sermons, and other translations, making the name of the Knight of la Mancha as familiar as any folk character in English lore."

A finales del siglo XX, Edwin Knowles aseguraba que:
"Along with the Bible, Bunyan, and Shakespeare it (Don Quixote) has been a book that almost every literate English-man for the past two hundred years has read, at least in part."

Sobre esta admiración británica por CervantesWalter Starkie declaró orgulloso:
"England is always proud of having been the first foreign nation to recognize the genious of Cervantes."

Y Joseph Jones decía una verdad a medias al proclamar que "Cervantes was Laurence Sterne's favorite author", puesto que el Quijote fue lectura y modelo predilecto de un buen número de literatos británicos del XVIII.

Así lo aseguraba también Britton
"Outside Spain (Don Quixote's) impact has been particularly marked in England, at no point more evidently than during the eighteeth century."

Si Tom Jones es la primera novela en lengua inglesa y Henry Fielding el padre de la novela británica, sería bastante acertado afirmar que Cervantes es el antecedente más directo de la novela inglesa, según las conclusiones a las que han llegado filólogos ingleses como Alexander Parker y Walter Scott o el español J. A. G. Ardila.

Esta relación directa entre el Cervantismo y la obra de Fielding también ha sido propuesta por Harry Levin, quien, siguiendo a Albert Thibaudet, designó por "quixotic principle":
"the direct line of Cervantes" impact as the basic process he discovered and its wider employment."

Levin entiende que la presencia de la literatura cervantina en Gran Bretaña consiste en la elaboración de la dicotomía romance-novela, en especial a través de las figuras de Don Quijote y Sancho.

J. A. G. Ardila ha probado que el tono paródico de las dos novelas The Female Quixote y Northanger Abbey es genuinamente cervantino. Además, demostró las analogías entre el Quijote de Cervantes y el Tom Jones de Fielding en la casi totalidad de los recursos narratológicos. También ha emparentado las aventuras del Quijote con La expedición de Humphry Clinkerla novela picaresca más afamada de Tobias Smollett, quien además fue traductor.

Pardo García ha argumentado la influencia del Cervantismo en la obra de Joseph Andrews y la del Quijotismo en la de Laurence Sterne, incluyendo a Samuel Richardson en una tradición narrativa de ficción específicamente fructífera como la del siglo XVIII, que referencia una:
"dialogical form by incorporating the discarded romance world-view as one of the main participants in the dialogue of world-views, by making the confrontation between romance idealism and debased realism the basis of a dialogue, by investigating the romantic imagination separated from the world."

Brean Hammond ha preferido reclamar el Cervantismo de la totalidad de los novelistas de renombre que dio la Gran Bretaña del XVIII, afirmando que su influencia alcanzó muy especialmente a las obras de Smollett, Sterne y Fielding. Hammond explicó que:
"Mid-century reinscriptions of Don Quixote were important, I suggest, since they enabled a form of fiction that, while it still qualified as "serious" on the criteria that were evolving in the period, nevertheless provided the readerly satisfactions that (as readers from Samuel Johnson to Sir Walter Scott have testified) it appeared to be Richardson's express purpose to deny."

THE SPIRITUAL QUIXOTE, POR RICHARD GRAVES

Aún hoy se emplean los términos quixotic fiction y picaresque fiction para designar dos corrientes de la novela británica del siglo XVIII, evidencia léxica del impacto que las letras hispanas tuvieron en los novelistas británicos.

Edward Riley advirtió que en la primera mitad del siglo XVIII, el Quijote pasó a ser admirado especialmente por su ironía y su sátira, entendido como una épica burlesca en prosa y como una parodia donde el caballero era una caricatura del héroe.

De hecho, el término quixotic fiction sigue empleándose en la actualidad para designar la prosa del XVIII, cuyos personajes sufren un trastorno mental que les convierte en figuras paródicas y cómicas. Son los casos de novelas como The Female Quixote, Northanger Abbey, Sir Launcelot Greaves de David Skilton, y The Spiritual Quixote de Richard Graves, entre otros.

Los novelistas británicos se fijaron en seis aspectos temáticos y estilísticos del Quijote:
1. su carácter satírico y paródico
2. su comicidad
3. su estructura narratológica
4. su hibridismo genérico
5. ciertas situaciones
6. personajes que imitaron, fundamentalmente Don Quijote, Sancho y Dulcinea

Aquellos rasgos fueron denominados como Quixotic characters, aquellos que sufren una locura quijotescas, es decir, quixotic madness, que son diferentes a los cervantean narrative. El término quixotic fiction agrupa al tipo de narrativa cómico-paródica británica que presenta un personaje de locura quijotesca, mientras que el cervantean fiction engloba a las novelas que tomen de las otras cinco características.

El término quixotic fiction, según la crítica angloparlante, designaba las imitaciones del Quijote, tales como The Female Quixote, The Political Quixot, The Spiritual Quixote, etc.

THE LIFE OF MICHAEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1742)