MONASTERIOS MEDIEVALES CENTROS DE CULTURA Y CIENCIA


Durante la Edad Media, fue el estamento de la Iglesia cristiana, y no la real o aristocrática, el que se dedicó al cultivo de las humanidades y desarrollo de las ciencias. El monasterio y la abadía se había convertido en un centro de erudición, utilizando un método escolástico de enseñanza basado en la lección, y clasificando todo el saber humano en las siete Artes Liberales.

Los clásicos textos greco-latinos, religiosos y paganos, eran su referente intelectual. A través de los scriptorium, los monjes traducían del arábigo al latín y copiaban los manuscritos, que guardaban en pequeñas bibliotecas monasteriales.

Los principales centros de enseñanza y práctica de la medicina y cirugía quedaron localizados en los monasterios, y con el tiempo en los hospitales monásticos. A comienzos de la Alta Edad Media cobraron importancia las escuelas catedralicias, donde se desarrolló la medicina escolástica a cargo del clero secular.

También fue importante la labor desarrollada en el campo jurídico-religioso, ya que elaboraron compendios de textos religiosos, jurídicos e históricos en los que se fundamentara la monarquía.

Los manuscritos más frecuentes eran el Salterio, la Biblia, el Liber misarum, el Liber commicus, la Colección canónica hispana o los Beatos, y escritos de San Agustín, San Gregorio o San Isidoro de Sevilla.

MONASTERIOS MEDIEVALES CENTROS DE CULTURA Y CIENCIA

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente y las invasiones bárbaras, la única institución que dirigió la sociedad fue la Iglesia. La ciencia de la Europa cristiana estaba reunida en los monasterios, siendo el clero la clase culta, y no la realeza, ni la aristocracia, ni la burguesía.

A partir de los siglos V y VI, la Iglesia cristiana, en especial la occidental, fue adquiriendo cada vez una mayor importancia en todos los ámbitos. Fue la depositaria de tradiciones romanas, entre ellas el latín y la visión de un orden universal. También acogió la nueva cultura germánica, coronando a los nuevos emperadores cristiano-germánicos.

En las instituciones de gobierno de cada reino contaban con los eclesiásticos más prestigiosos del momento. Sus bibliotecas tuvieron como objetivo fundamental la continuidad de la tradición romana: los textos latinos antiguos, religiosos y paganos, constituyéndose en referente intelectuales.

REAL COLEGIATA DE SAN ISIDORO DE LEÓN

Un pionero fue San Isidoro de Sevilla, quien hizo un gran esfuerzo para salvar el patrimonio de la cultura clásica, por medio de una Biblioteca y de una Escuela, que serían más adelante enraizadas en la obra imperial de Carlomagno. El método de enseñanza entonces recomendado consistía en dar lectura a un texto para comentarlo después; de ahí vino la costumbre de llamar Lección al método de enseñanza. En aquella biblioteca figuraban abundantes ejemplares de autores romanos así como de los padres de la Iglesia. La Escuela, siguiendo el modelo de Boecio y de Casiodoro, dividía todo el saber humano en siete Artes Liberales (Trivium y Quadrivium): Gramática, Retórica, Dialéctica, Aritmética, Geometría, Astronomía y Música o Física.

Aunque la Biblioteca Isidoriana fue destruida por la invasión de los musulmanes, el legado cultural del Isidorismo fue instalándose en las bibliotecas de los monasterios que resistían al islam o en los centros donde se recluían los mozárabes. Por otra parte, el pensamiento de San Isidoro de Sevilla ejerció gran influencia en la conformación de las doctrinas políticas que se desarrollaban a partir de la nueva noción augustiana de la civitas christiana. Pues, el principal colaborador de San Agustín fue Osorio, el gran precedente de Isidoro.

SAN ISIDORO DE SEVILLA

Tras la invasión islámica en el año 711 y la desaparición del Reino hispano-visigodo, los monasterios se levantaron en el norte peninsular de la España perdida como guardianes de la cultura y la ciencia, junto a las sedes episcopales.

En la fundación y consolidación de las Monarquías hispánicas cristianas durante las primeras fases de Reconquista tuvo un papel de vital importancia el desarrollo de una amplia red de monasterios, ya que estos custodiaban el saber en sus bibliotecas y en las personas de sus abades y obispos. Y prestaban dirección ideológica a la nobleza, al pueblo y a la corona. Esta dirección estaba basada principalmente en la defensa de la fe cristiana y su expansión peninsular frente al islam. Y se mantenía gracias a los códices de la Hispania visigoda y a la memoria colectiva de la España cristiana, con sus Concilios de Toledo, su colección canónica hispana y la obra inolvidable de san Isidoro de Sevilla.

Las donaciones que los reyes hicieron a los monasterios muestran el carácter cristiano de las monarquías y de sus reinos: Estado e Iglesia, política y religión, marcharon conjuntamente.

Además de las funciones pastorales en sus diócesis, los obispos del reino eran consejeros natos del monarca, miembros del Aula Regia (Consejo asesor de nobles), y cercanos colaboradores reales que firmaban los diplomas regios.

SAN ISIDORO DE SEVILLA Y RODRIGO JIMÉNEZ DE RADA

La creciente importancia política de los valles del Duero y el Ebro, fronteriza con el enemigo musulmán, justificaba la envidiable posición que alcanzaron las abadías y los monasterios leoneses, castellanos, navarros y aragoneses, cuyas labores sobrepasaban las religiosas. Su posición estratégica controlaba los respectivos valles en los que se asentaban, lo que hacía de ellos auténticas fortalezas protectoras. A su vez, actuaban como agentes de la Monarquía, organizando la actividad económica y social mediante políticas de repoblación.

La influencia carolingia fue especialmente visible en la zona próxima a Aragón, donde hubo numerosos monasterios dotados de importantes bibliotecas. En los monasterios situados más al sur de Navarra y La Rioja, los monjes mozárabes efectuaron una amplia labor de conservación de los textos clásicos, muchos de los cuales se habían perdido incluso en la avanzada y cosmopolita Córdoba.

San Eulogio de Córdoba fue el divulgador de estos textos clásicos cuando, forzado por la inestabilidad del Reino franco de Carlos el Calvo, se vio obligado a suspender el viaje que le llevaba hasta el Rin, permaneciendo en Navarra durante el 848. En compañía del obispo de Pamplona, Teodemundo, inició una visita que le llevó por los más importantes monasterios, como eran los de Igal, Urdaspal, Leyre, Cillas y Siresa. Durante su estancia en el monasterio de Leyre, quedó sorprendido por su rica biblioteca y, de regreso a Córdoba, se llevó algunas copias de La ciudad de Dios de San Agustín, la Eneida de Virgilio, las Fábulas de Avieno, los Poemas de Juvenal y de Horacio, opúsculos de Porfirio iluminados, epigramas de Adelelmo, y varios himnos católicos, entre otras obras. Se trataba de una serie de libros carolingios desconocidos por los mozárabes.

Los reyes de Navarra beneficiaron especialmente al Monasterio de San Salvador de Leyre, situado en el solar originario de la dinastía Jimena. Pero es un caso aislado dentro de Navarra, ya que la actividad monacal se desplazó hacia el sur, a los nuevos territorios conquistados en La Rioja. El Monasterio de San Martín de Albelda fue fundado por Sancho I Garcés y su esposa Toda, en conmemoración de la conquista de la región.

El Monasterio de San Millán de Yuso era un antiguo cenobio visigodo construido de la cueva del santo homónimo. Tras su paso a la órbita navarra, la institución se renovó y engrandeció consagrándose un nuevo edifico, el conocido actualmente como Monasterio de San Millán de Suso, en el 954, por García I Sánchez. Sancho III el Mayor convirtió al monasterio de San Millán de la Cogolla en un centro de intereses religiosos, económicos y políticos.

MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE LEYRE

También la ciencia de la Edad Media estaba reunida en los monasterios, dando amparo a los indigentes aparecidos por la disolución del Imperio, las invasiones bárbaras, la pobreza y los estragos de la peste y el paludismo.

La práctica de la Medicina quedó en manos de los monjes, como misión caritativa, y los principales centros de enseñanza y práctica médica estaban localizados en los monasterios y, con el tiempo, en los Hospitales Monásticos. Se fue desarrollando gracias a la transmisión e interpretación de la obra de Galeno, conocido a través de comentaristas, puesto que entonces ya no se sabía leer en griego. Los textos de la medicina monástica, escritos en latín, eran en su mayoría fragmentos simplificados o resúmenes de las grandes obras griegas y tenían un carácter práctico.

A comienzos de la Alta Edad Media cobraron importancia las Escuelas Catedralicias, donde se desarrolló la Medicina escolástica a cargo del clero secular. Pero fue en este última etapa del Medievo cuando se produjo una clara división entre la Medicina y la Cirugía. La práctica quirúrgica quedó subordinada a la médica y, menospreciada, finalmente quedó en manos de los barberos. Esta creencia se mantuvo e, incluso, se acrecentó con el Cristianismo, donde el cuerpo del hombre era una vil presión del alma y el organismo humano no merecía mayor estudio. Este empobrecimiento de la Medicina medieval fue debido a que tenía un fuerte carácter especulativo. La teoría médica constituía la parte más importante y sustancial, mientras que la labor práctica era desdeñada. Se debió también a un elemento religioso, puesto que la enfermedad era considerada como el castigo a pecadores, o la posesión por el demonio, o la consecuencia de una brujería.

La Medicina monástica se extendió hasta el Concilio de Clermont, en 1130, que prohibió a los monjes ejercer la medicina porque perturbaba la vida sacerdotal. Y, asimismo, la Medicina dejó de enseñarse en los monasterios por influencia de los árabes.

MONASTERIO DE SAN MILLÁN DE LA COGOLLA

Hubo también construcciones de hospitales anexos a los monasterios, y a estos habría que añadir los fundados bajo influencia árabe. Estos Hospitales cristianos eran hospicios, es decir, estaban destinados a albergar a peregrinos y pobres, enfermos o sanos. Sólo algunas órdenes, como la de San Juan, administraron centros con carácter propiamente médico.

La transformación del hospicio en hospital se aceleró en el siglo XIII. En España el primer establecimiento hospitalario que aparece documentado es el Hospital de Mérida, fundado por el obispo Masone, en el año 580. El documento más antiguo sobre un hospital hispano-árabe es la inscripción fundacional del Hospital de Granada, en el siglo XIV.

En la España cristiana hubo albergues para peregrinos, vagabundos, pobres y enfermos que aparecieron a lo largo del Camino de Santiago y junto a los grandes monasterios como Montserrat, Poblet y, sobre todo, Guadalupe.

El Hospital del Monasterio de Guadalupe, fundado en 1389, tuvo una escuela de medicina propia. Aquel precario laboratorio experimentó con mohos, comprobando su eficacia antiinfecciosa y trataron de reproducirlos. Los mohos del pan fueron recetados para los enfermos, consiguiendo curaciones que no pudieron demostrar de forma científica según los criterios de la época. Aquellos descubrimientos pasaron a la Universidad de Salamanca con el fin de continuar las investigaciones por los profesores y estudiantes.

Hacia los siglos XI y XII, surgieron los establecimientos destinados a albergar, más que cuidar, a los enfermos de lepra: las Leproserías, cuyo número llegó a ser altísimo. Los hospitales, a veces especializados según el tipo de enfermos que recibían, solían estar dirigidos por personal religioso.

Esta acción social ejercida desde los monasterios y abadías se mantuvo durante los siglos de la Baja Edad Media, hasta que fue institucionalizada en las llamadas Casas de Misericordia, hospitales especializados y albergues para pobres en la Edad Moderna, cuando además aparecieron los primeros estatutos legislativos de la acción asistencial.

HOSPITAL MEDIEVAL

En monasterios y abadías se creó el llamado Escritorio, scriptorium. Era un taller especializado en la escritura a mano de manuscritos, la traducción de obras clásicas o arábigas al latín y la copia manual de libros, en buena parte, por los monjes con destino a las pequeñas bibliotecas de sus monasterios. El acto de transcripción además era un acto de meditación y oración, y no de simple copia. Los libros copiados se vendían a otros monasterios, catedrales, conventos, abadías, o nobles muy ricos, y este beneficio servía para adquirir otros nuevos. Y el conjunto de libros que se iba formando se guardaba en un armario para guardas Biblias, cuya denominación se conocería como Biblioteca. Pero estas bibliotecas se enriquecían con copias que se obtenían incluso del territorio más allá de la frontera islámica.

Estos libros eran imprescindibles para la vida monástica, tanto en el aspecto litúrgico y formativo de los monjes como para la transmisión de la moral y religiosidad imperante. Otros libros trataban sobre el pensamiento de filósofos y eruditos muy conocidos: Porfirio, Boecio, Casiodoro, Alcuino, Rabano, Mauro, san Beda el Venerable, san Isidoro de Sevilla, etc.

Las influencias que recibieron los copistas e ilustradores fueron numerosas, desde la antigua tradición cristiana hasta la musulmana, pasando por elementos procedentes del mundo carolingio e incluso irlandés. Los más famosos de estos talleres fueron los de san Millán de la Cogolla, santo Domingo de Silos, san Pedro de Cardeña y san Martín de Albelda. En algunos de ellos existieron personalidades notables como Florencio o Magio.

SCRIPTORIO MONÁSTICO

Los centros intelectuales más notables fueron los monasterios de Escala, Leire, Roda, san Juan de la Peña y especialmente Ripoll, que pronto superó el centenar de códices, junto a Silos y san Millán.

La biblioteca medieval más importante de España fue la del Monasterio de Ripoll, que en 1046 contaba con 192 códices, cantidad que fue incrementando. A ella se invitó a viajar al sabio más importante de su tiempo, Gerberto de Aurillac, donde conoció el tratado matemático de Al-Kwarizmi, que él rescató y tradujo. De este modo, en las matemáticas las letras mayúsculas latinas fueron sustituidas por las cifras o guarismos, entre las cuales el cero y el infinito iban a permitir expresar cantidades sin valor y sin límites, respectivamente. Desde aquel monasterio, el álgebra y el cálculo infinitesimal pudo ser introducido en Europa.

Otras bibliotecas monasteriales importantes de los Condados Catalanes fueron la de Vic y la Seo de Urgel. En el Monasterio de Montserrat existe una buena biblioteca a pesar de los avatares de guerras e incendios, que cuenta con 400 incunables.

Muy importantes fueron también las bibliotecas del Monasterio de San Salvador de Oña, que en el siglo XII tenía 132 códices; y la del Monasterio de Santo Domingo de Silos, que un siglo después tenía 105 manuscritos.

El Monasterio de Santa María de Vallbona tuvo un escritorio importante de donde salieron grandes ejemplares y completar una relevante biblioteca. Del escritorio de Real Monasterio de Nuestra Señora de Rueda, en Aragón, todavía se conserva su espacio.

Otra biblioteca a tener en cuenta fue la del Monasterio de Santa María de Huerta, en Soria, cuyo salón fue construido en el siglo XII y decorado en el XVII.

En el Monasterio de Valvanera perdura su rica biblioteca donde se conservan documentos sobre la Biblia Políglota de Valvanera.

Sobre las bibliotecas medievales de los Estudios Generales y Universidades se posee muy poca información y, sobre todo, muy pocos ejemplares, por haber sido robadas, saqueadas o minimizadas por el fuego u otros accidentes.

BIBLIOTECA DEL MONASTERIO DE MONTSERRAT

El término "códice" proviene del latino codex, que se refiere a copia hecha normalmente en pergamino y con plumas de ganso, cuervo o cisne mojadas en tinta negra. A partir del siglo XII, aparecería el papel, una forma más barata de reproducir esos mismos textos. No todos los incunables, impresos antes del año 1500, fueron códices.

La labor más importante de los monasterios se efectuó en el campo jurídico-religioso. Las Cortes reales aprovecharon las cualidades intelectuales de los monjes para la elaboración de una serie de manuscritos que fueran un compendio de textos religiosos, jurídicos e históricos en los que se fundamentara la monarquía.

Los manuscritos más frecuentes eran el Salterio, la Biblia, el Liber misarum, el Liber commicus, la Colección canónica hispana o los Beatos, y escritos de San Agustín, San Gregorio o San Isidoro, etc.

CÓDICE ALBENDENSE

Pero los códices españoles más valiosos en la actualidad podrían ser los siguientes:

1. Codex Calixtinus. El Códice Calixtino fue la primera guía de viaje que existe del Camino de Santiago. Redactada en el siglo XII por un monje cistercense francés, describió la etnografía de los pueblos de la España medieval por los que fue pasando. Se conserva en el Museo Catedralicio de Santiago de Compostela.

2. Beato de Liébana. Elaborado a finales en 786 por Beato de Liébana, un monje del monasterio de San Martín de Turieno, quien escribió unos Comentarios al Apocalipsis de San Juan en estilo mozárabe con influencias carolingias. Constituye la primera gran manifestación artística de la pintura española. Se encuentra en el Museo diocesano de La Seu d'Urgel.

3. Codex Emilianense. Son glosas o anotaciones al margen de un códice y que está considerado el primer testimonio de un dialecto romance en la península Ibérica. Fue escrito en 992 por un monje del Monasterio de San Millán de la Cogolla y se conserva en la Real Academia de la Historia de Madrid.

4. Beato de Girona. También llamado Beato de San Salvador de Távara, fue escrito en 970. Conserva la primera ilustración del apóstol Santiago.

5. Códice Áureus. Son evangelios escritos con letras de oro en 1043. Fue un regalo del rey Felipe II a su tía la reina María de Hungría. Es uno de los libros más valiosos de la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.

CÓDICE CALIXTINO

6. Reja de San Millán. Es un documento de 1025, procedente del cartulario del Monasterio de la Cogolla. Tiene un enorme valor por la información toponímica que aporta sobre la zona del alto Ebro.

7. Códice Albeldense. El Códice Vigilano fue confeccionado en el año 976. Posee una completa colección de los cánones de los concilios españoles y de los concilios generales de la Iglesia, las decretales papales desde San Gregorio.

8. Fuero Juzgo. Fue el texto legislativo más importante de los visigodos, redactado en el siglo VII y ampliamente utilizado en la Edad Media. Contiene un compendio de las obras históricas más recientes, como la Crónica Profética y la Crónica Albeldense, además de otras obras más breves pero no por ello menos importantes, como un Calendario, donde aparecen por primera vez en Europa los números hindúes del 1 al 9.

9. Códice de Roda. De origen najerense, está compuesto de textos históricos donde destacan algunos opúsculos muy relevantes para conocer la historia navarra altomedieval, como son el De laude Pampilone, las Genealogías de Roda, la Epístola de Honorio y el Poema de Leodegundia.

10. Códice de Fernando y doña Sancha. Es una copia del original Beato de Liébana del año 786, y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

También son dignos de consideración las obras clásicas de la literatura castellana de aquella época como son el Cantar del Mio Cid (siglo XI) y el Libro del Buen Amor del arcipreste de Hita (siglo XIV) del que solo existen tres copias, o las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (1284), que se componen de 1.300 miniaturas de las que se conservan tan solo cuatro copias.

CÓDICE DE FERNANDO Y DOÑA SANCHA

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA


El capitán de milicia y administrador virreinal Vasco Núñez de Balboa fue adelantado de la Costa del Mar del Sur entre 1514 y 1519, gobernador de las Provincias de Darién entre 1511 y 1514, de Veragua entre 1511 y 1512, y de Panamá y Coiba entre 1514 y 1519. Además, fue el cofundador del primer núcleo poblacional estable en Tierra Firme americana, la ciudad Santa María la Antigua del Darién, en 1510, y la villa de Acla, en 1516.

Sin embargo, pasó a la historia por ser el primer europeo en descubrir el océano Pacífico desde el interior continental, cuya toma para el Reino de España la efectuó en 1513, atravesando el istmo de Panamá. Con este hallazgo geográfico comprobó que las Indias americanas eran un continente distinto a Asia.

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Vasco Núñez de Balboa nació en Jerez de los Caballeros, Badajoz, en 475. Era un hidalgo pobre que es estableció en el castillo de Moguer como escudero de Pedro de Portocarrero. A este señor de Moguer le ayudó a preparar el viaje del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492.

En 1500, a los veinticinco años, influido por su señor, se alistó en la Expedición a la costa del Caribe liderada por el capitán Rodrigo de Bastidas junto al marino y cartógrafo Juan de la Cosa. Esta expedición recorrió el litoral caribeño de las actual Colombia, descubriendo el golfo de Urabá, llegando hasta el este de Panamá y regresando a la isla La Española, base de las expediciones colonizadoras por el continente americano. Fruto de este viaje fue la cartografía que Juan de la Cosa realizó sobre el litoral atlántico de América, el primer mapamundi en el que se representaba este continente.

Tras la recompensa que recibió, en 1502, se asentó en una hacienda agropecuaria y ganadera en La Española. De todas formas, la explotación sufrió perdidas después de haber conseguido créditos que no pudo pagar, y esta situación le llevó a la ruina.

En 1509, queriendo escapar de sus prestamistas en Santo Domingo, Balboa se embarcó como polizón junto a su perro Leoncio, en uno de los barcos de la expedición de Martín Fernández de Enciso que pretendía apoyar al adelantado Alonso de Ojeda, en Nueva Andalucía. Durante el trayecto, los marinos de Enciso descubrieron a Balboa, pero convencido de la experiencia del extremeño en estas aventuras y apoyado por algunos marinos que le conocían le permitió formar parte de la hueste expedicionaria.

MAPA DE CASTILLA DEL ORO Y VERAGUA

En aquellos años, la Tierra Firme se había dividido en dos gobernaciones: Nueva Andalucía, gobernada por Alonso de Ojeda, recorría la costa oriental desde el golfo de Urabá hasta el cabo de Gracias a Dios, frontera entre las actuales Nicaragua y Honduras, poco después de llamaría Castilla del Oro; y Veragua, gobernada por Diego de Nicuesa, recorría la costa occidental desde el mismo golfo hasta el cabo de la Vela, en la actual Colombia.

La armada de Enciso desembarcó en San Sebastián de Urabá, un fuerte construido por Ojeda y protegido por Francisco Pizarro tras haber sido atacado por alguna tribu indígena local. Enciso pudo comprobar que lo que decían de aquella región del golfo de Urabá era cierto, pues estaba poblada de tribus indígenas guerreras y belicosas que usaban flechas envenenadas. Enciso y Pizarro pretendían regresar a la isla La Española, pero Balboa le informó que siendo él partícipe de la expedición de Rodrigo de Bastidas, en 1501, había visto en la parte occidental un territorio fértil para el cultivo y poblado por tribus más apacibles, era la región de Darién, perteneciente a Nueva Andalucía. Eso es lo que escribió el cronista y eclesiástico Bartolomé de Las Casas.

A propuesta de Balboa, Enciso trasladó el original asentamiento de San Sebastián a Darién, en el litoral caribeño de la actual Panamá, donde les esperaba el caudillo indígena Cémaco al mando de unos quinientos guerreros preparados para entablar combate. El escritor panameño e hispanista Octavio Méndez Pereira relató esta batalla de Darién, donde los españoles salieron victoriosos:
"Balboa había peleado como un Aquiles, con su tizona invencible, hiriendo incansable y múltiple, parando golpes, empujando al enemigo desde lo alto del cerro, multiplicándose para infundir coraje y aliento a sus compañeros."

El capitán Enciso fundó el enclave de Santa María de La Antigua del Darién, el primer asentamiento estable de Tierra Firme, en 1510, cuyo nombre honraba a la Virgen de la Antigua de Sevilla.

MONUMENTO A VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Poco después, Enciso fue acusado de prácticas autoritarias y despóticas por sus huestes, lo que provocó que Balboa y el resto de los colonizadores le depusieran. Como argumento, utilizó que Darién no estaba situado en Nueva Andalucía, sino en Veragua, por tanto dejaba de ser un lugarteniente de Ojeda, sino de Nicuesa, y perdía toda autoridad en dicha jurisdicción. A través de un cabildo itinerante y según las vigentes leyes de Indias, se escogió a Balboa como alcalde mayor de Darién de forma provisional, que ejerció entre 1510 y 1514, junto a Martín Zamudio como teniente alcalde.

Diego de Nicuesa, gobernador de Veragua, futura Castilla del Oro, pensaba que el asentamiento era una intromisión en sus dominios y se dispuso a expulsar a los nuevos colonizadores. Balboa paró sus intenciones, ganándose la confianza de sus pobladores y la del virrey Diego Colón, máxima autoridad en el Nuevo Mundo, quien le confirmó en el cargo de gobernador del Darién. Era una decisión justificada ante la desaparición del titular, Alonso de Ojeda, así como por el desconocimiento de los derechos de Martín Fernández de Enciso.

Balboa envió al soldado Pedro de Valdivia a La Española y al teniente alcalde Martín Zamudio a la Corte al objeto de informar de todo lo sucedido y solicitar el reconocimiento oficial. Así, el 23 de diciembre de 1511, una orden real de Fernando el Católico confirmaba a Balboa como capitán y gobernador de la Provincia de Darién y a partir de entonces se hacía con el mando absoluto de Santa María de Darién y de Nombre de Dios. Sobre sus enemigos, a Nicuesa le dejó partir en el barco maltrecho con el que llegó junto a algunos de sus incondicionales y desapareció sin conocer su paradero final; y Enciso fue puesto en libertad y enviado a La Española junto a dos representantes de Balboa para defender la causa del nuevo gobernador.

VASCO NÚÑEZ DE BALBOA Y PANQUIACO

Usando un mínimo de fuerza, en contraste con la brutalidad de sus predecesores Ojeda y Nicuesa, pudo establecer relaciones amistosas con los indios locales, respetando sus estructuras tribales, y llegando a ser árbitro entre tribus enfrentadas, como las de los caciques Coibá, Poncha y Careta. En busca de aliados entre los indios limítrofes, en 1512, llegó al territorio del cacique Careta, quien contribuyó a pactar una alianza con Balboa y fue convertido al Cristianismo. Un primer acuerdo fue la entrega de alimentos a cambio de utensilios de hierro. Para afianzar el pacto, Careta supo encauzar con habilidad la preferencia de Balboa por su hija, la princesa Anayansi.

Según relató Méndez Pereira en su obra Vasco Núñez de Balboa o El Tesoro del Dabaibe, en 1934:
"Careta hizo llamar al español y le dijo sin ambages ni preámbulos: Señor, ¿qué ganas con tenerme prisionero aquí con mi familia? ¿Qué daño te hemos hecho? Si me pones en libertad yo te prometo cultivar el campo para proveerte de granos y vivir en paz con tu gente. Si quieres, como prenda de amistad, te doy a mi hija por compañera."
Balboa aceptó la oferta y, en compensación, ayudó a Careta en el conflicto que mantenía con otro cacique de la región llamado Ponca.

Con este acuerdo político y esta especie de unión matrimonial, Balboa pudo aprender el dialecto por medio de Anayansi, quien a su vez fue aprendiendo el idioma español por medio de Balboa. Según Méndez Pereira, el amor de Balboa por Anayansi marcó la visión del extremeño por los indígenas:
"Siempre que se trataba de proteger al indio, y sobre todo a la mujer, Balboa obraba bajo la influencia de Anayansi. Ella le había enseñado que no había diferencias fundamentales entre las dos razas, que las diferencias en las costumbres y los hábitos eran cuestión de ambiente y de grado de civilización más bien que de vicio o torpeza innata."

Al mando de su gobernación, Balboa fue construyendo la ciudad de Santa María del Darién, logró la siembra del maíz, pacificó alguna revuelta de colonizadores que cuestionaron su autoridad, y confiscó algunas piezas de oro de las tribus indias con destino a La Española. Mientras tanto, fue organizando una expedición formada por españoles e indígenas que se internarían por el istmo de Panamá. Para su puesta a punto, envió una carta a la Corte solicitando solados y colonos habituados al clima y condiciones del Caribe, armas, provisiones, carpinteros con materiales necesarios para construir un astillero y varios buques, y le explicó que "He ido adelante por guía y aun abriendo los caminos por mi mano."

ESCULTURAS DE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Esta expedición partió en dirección al territorio indio de los caciques Ponca y Comagre, el primero huyó y se escondió en las montañas, y el segundo recibió a los expedicionarios de forma pacífica, con la intención de establecer acuerdos, y también se convirtió a la fe de Dios. Panquiaco, hijo mayor de Comagre, informó de la existencia de un gran mar hacia el sur, así como la posibilidad de encontrar tierras con abundancia de metales preciosos. Quizá aquellas noticias iban referidas al Imperio inca del Perú, y aquel mar permitiría el paso hacia Asia y la Especiería.

Ante estas informaciones obtenidas por el contacto con las etnias locales, Balboa quiso informar al virrey Colón enviando a Pedro de Valdivia. Solicitaba efectivos para acometer la empresa, pero Valdivia naufragó y hubo de esperar hasta 1513, cuando cuatrocientos hombres llegados de La Española arribaron a Santa María del Darién.

El 1 de septiembre de 1513, Balboa dirigió una nueva expedición formada por ciento noventa españoles y algunos indios que hacían de guías, que penetraría por el istmo de Panamá en busca del mar por el lado suroeste. Primero, se embarcó en un bergantín y diez canos y siguió el litoral caribeño rumbo noroeste hasta las tierras de su aliado Careta.

El día 6, arribó en un lugar que posteriormente sería fundado como Acla, donde se unieron un contingente de mil indios de Careta y su hijo Ponquiaco. Puso marcha hacia las tierras del cacique Poca, que fue derrotado y convertido al Cristianismo. Tras aceptar la autoridad de Balboa mediante un acuerdo, le cedió otro contingente de hombres para la expedición.

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Después de atravesar el río Chucunaque y las sabanas cercanas, el día 24, se produjo un enfrentamiento con la tribu del cacique Torecha, en el poblado de Cuarecuá, que fue derrotado en combate. Tras esto, los guerreros del caído Torecha se unieron a la expedición que, algo exhausta y herida, se estableció en Cuarecuá para recuperarse.

Pero Balboa no quiso esperar y decidir formar un grupo de sesenta y siete españoles sanos y recuperados apoyados por un número indeterminado de indígenas, entre los que cuales se encontraban Ponquiaco y el soldado Francisco Pizarro. Esta avanzadilla marchó por la cordillera del río Chucunaque (montañas Urrucallala) y, desde lo alto de una cumbre, Balboa descubrió el mar del Sur, el 25 de septiembre de 1513.

Cuatro días después del avistamiento, el día 29, Balboa llegaba una la playa cercana de la actual Punta Buena Vista, junto a otros 26 expedicionarios, y se dispuso a realizar el ritual de conquista. Alzó los brazos portando una espada y un estandarte con la imagen de la Virgen María, entró al mar hasta las rodillas y tomó posesión en nombre de Juan de Castilla y Fernando de Aragón. Denominó a esta masa de agua llamada ahora océano Pacífico como mar del Sur, por la dirección que siguió desde la orilla atlántica del istmo, y a la bahía donde estaba como golfo de San Miguel por ser el día de San Miguel Arcángel.

El escribano de Balboa relató así la escena sobre aquel hallazgo:
"En martes veinticinco de aquel año de mil quinientos trece a las diez horas del día, yendo el capitán Vasco Núñez en la delantera de todos los que llevaba por un monte raso, vio desde su cumbre la Mar del Sur antes que ninguno de los cristianos compañeros que al lado iban."

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo describió el acontecimiento geográfico en su Historia General:
"Un martes, veinte y cinco de septiembre de aquel año de mil quinientos y trece, a las diez horas del día, yendo el capitán Vasco Núñez en la delantera de todos los que llevaba por un monte raso arriba, vio desde encima de la cumbre dél la Mar del Sur, antes que ninguno de los cristianos compañeros que allí iban; y volvióse incontinente la cara hacia la gente, muy alegre, alzando las manos y los ojos al cielo, alabando a Jesucristo y a su gloriosa Madre la Virgen Nuestra Señora; y luego hincó ambas rodillas en tierra y dio muchas gracias a Dios por la merced que le había hecho en le dejar descubrir aquella mar... Y mandó a todos los que con él iban que asimismo se hincasen de rodillas y diesen las mismas gracias a Dios... Todos lo hicieron así muy de grado y gozosos, y incontinente hizo el capitán cortar un hermoso árbol, de que se hizo una cruz alta, que se hincó e fijó en aquel mismo lugar... Y porque lo primero que se vio fue un golfo o ancón que entra en la tierra, mandóle llamar Vasco Núñez golfo de San Miguel, porque era la fiesta de aquel arcángel desde a cuatro días."

El historiador estadounidense Charles Fletcher Mummis relató el descubrimiento de Vasco Núñez de Balboa en Los exploradores españoles del siglo XVI:
"… desde la cima de una sierra, los harapientos y ensangrentados héroes contemplaron la inmensidad azul del Mar del Sur, que no se llamó Pacífico hasta mucho tiempo después. Bajaron a la costa, y Balboa, vadeando el nuevo Océano hasta la rodilla, blandiendo en alto su espada con la mano derecha y con la izquierda el invicto pendón de Castilla, tomó posesión solemne de aquel mar en nombre del rey de España."

En octubre, se dirigió a Chape y recorrió las tierras de los caciques de Cuquera y Tumaco, y también exploró el archipiélago de las Perlas embarcado en canoas. Para el regreso, tomó un itinerario diferente, del río Maje al Bayano para llegar sucesivamente a las localidades de Thevaca, Pacra, Bucheribuca, Pocorosa, Comogre, Ponca y Cueva, donde descansaron. Durante el trayecto, rindió a los caciques Tubanamá y Pocorosa, este último en el golfo de San Blas, en la orilla caribeña. La última etapa se hizo por las tierras de los caciques aliados Comagre, donde su hijo Panquiaco le había sucedido, de Ponca y de Careta.

El 19 de enero de 1514, se presentó en Santa María del Darién con un botín basado en artículos de oro y perlas, y otros tantos de algodón. Envío a Pedro de Arbolancha con destino a la Corte para informar del descubrimiento oceánico, así como para la entrega de la quinta parte del botín obtenido en concepto de impuesto. Pero esta ruta pronto dejó de utilizarse, pues en 1517, se abrió un camino más corto y fácil entre las ciudades de Nombre de Dios y Panamá.

EXPEDICIÓN DE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

En Santa María del Darién, Balboa fue informado de que la Corte nombró gobernador de la nueva provincia de Castilla del Oro a Pedro Arias de Ávila, más conocido por Pedrerías Dávila, quien reemplazaría a Balboa en el gobierno de Veragua cuando llegó en abril de 1514. Primero Enciso y después Nicuesa realizaron falsas acusaciones sobre Balboa, quienes consiguieron que el obispo Juan Rodríguez de Fonseca actuase en su contra.

Pero, cuando la Corte conoció que Balboa había conseguido este hito en el conocimiento de la geografía de América, el rey Fernando el Católico le nombró adelantado del Mar del Sur y gobernador de Panamá y Coyba. Esta decisión no fue aceptada por Dávila, pues Balboa estaba subordinado.

Pedrerías cambió la política de alianzas con las tribus indígenas que Balboa había establecido. Había llegado de diecisiete buques y miles de colonos, dando comienzo una serie de enfrentamientos y saqueos. Balboa protestó ante la Corte y solicitó su cese inmediato, calificando a Dávila de cruel, sanguinario, enfermizo y corrupto. Sin embargo, sus demandas fueron desestimadas por sus antecedentes, pero también porque nunca enviaba remesas de metales preciosos y otras riquezas desde su gobernación con destino a España.

Como Dávila no le permitía reclutar hombres para continuar sus exploraciones, mando ir a buscarlos en Cuba, pero el gobernador regresó repentinamente. Creyendo que Balboa estaba conspirando para desbancarlo de la gobernación, fue acusado de rebeldía y apresado durante dos meses. Dávila le liberó a cambio de dos condiciones: la petición de arrepentimiento y perdón, y la aceptación de su hija María como mujer, ante el natural disgusto de Anayansi.

AVISTAMIENTO DEL MAR DEL SUR POR NÚÑEZ DE BALBOA

En 1516, Balboa fundó la ciudad de Acla y estableció la Compañía de la Mar del Sur con objetivos comerciales y marítimos. Cerca de allí construyó un astillero junto al río Chucunaque, pero un derrumbamiento y una plaga del gusano de barco, especie de almeja de agua salada, acabó con la instalación. Dávila prestó el dinero necesario a Balboa para la reconstrucción del astillero. Reparados los buques, consiguió alcanzar la isla Rica, después Puerto Peñas (Jaque) y regresó por el golfo de San Miguel, haciendo escala en Chochama. De nuevo, envío a un emisario para solicitar una prórroga a Dávila, pero este había sido depuesto de su cargo en favor de Lope de Sosa.

Ante el riesgo de que su solicitud fuese rechazada, Balboa decidió fundar una villa desde la que partir hacia las ricas tierras del Perú, de las que había oído hablar a los caciques locales. Dávila, enterado de los planes de Balboa, levantó un proceso legal contra él y ordenándole que se presentara en Acla. Fue acusado de traición al gobernador y al rey, de entregar falsos informes, de haber actuado con mala intención, de maltrato a los indígenas y de haber preparado un plan para hacerse independiente en el mar del Sur.

Fue determinante que uno de los mejores colaboradores de Balboa, Andrés de Garavito, se uniese a esta traición basadas en mentiras y calumnias que sirvieron para que el extremeño fuese apresado, condenado a muerte y ejecutado en público en Acla, en enero de 1519.

Lummis describió aquella traición:
"… su suegro, celoso del brillante porvenir de Balboa, le llamó a Darién, engañándolo con un mensaje traicionero; y le prendió y lo hizo ejecutar en público en enero de 1519, acusándole falsamente de alta traición. Tenía Balboa todo el temple de un gran explorador, y, a no ser por la infame traición de Ávila, es probable que hubiese alcanzado más altos honores. Su valor era pura audacia, y su energía incansable; pero fue imprudente y descuidado en su actitud con respecto a la Corona."

En la cercanía del fallecimiento de Vasco Núñez de Balboa, la princesa Anayansi le escribió una carta de amor y más tarde bailó una danza secreta del sol para él.

En cuanto al istmo de Panamá, el padre Berlanga y el capitán Francisco Barrionuevo, ambos de Soria, idearon un plan para construir un canal navegable que atravesara este territorio uniendo ambos océanos.

ESCULTURAS DE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

RAID MADRID-MANILA POR JOAQUÍN LORIGA


El Raid Madrid-Manila fue realizado con éxito en 1926 por la Escuadrilla Elcano, reducida a una única aeronave biplano y biplaza Breguet XIX de las tres iniciales, tras 106 horas y 15 minutos de vuelo, unos 39 días de raid, realizados en 18 etapas y 18.900 kilómetros de recorrido. Fue el primer vuelo efectuado en avionetas militares entre ambas capitales en una época del auge de las largos raids intercontinentales de las aviaciones occidentales.

Su principal promotor fue el capitán de aviación Joaquín Loriga Taboada, en colaboración de los capitanes Eduardo González-Gallarza Iragorri y Rafael Martínez Esteve, y los tres mecánicos Arozamena, Pérez y Calvo.

RAID MADRID-MANILA POR JOAQUÍN LORIGA

Con motivo del auge de los grandes raids que se estaban efectuando en los países europeos, en 1924, el Ejército español programó tres vuelos con destino a las antiguas provincias del Imperio, cada uno a un continente diferente: uno a Suramérica, otro a Guinea y otro a Manila. El motivo de este en particular era el mantenimiento de lazos fraternales entre ambos países, pues seguía existiendo una gran cantidad de población de origen español, además la Gobernación española de Filipinas se recordaban como más beneficiosa que la actual ocupación de Estados Unidos.

El primer proyecto para realizar un vuelo entre Madrid y Manila fue el intentado por el comandante José Carrillo Durán. Pero la necesidad de disponer de todas las fuerzas aéreas en la Guerra de Marruecos hizo que se paralizase la empresa, además el comandante murió en combate. Sin embargo, meses después, tras terminar la contienda bélica, dos capitanes de la Aviación española retomaron el proyecto. Estos eran Joaquín Loriga Taboada y Rafael Martínez Esteve.

Joaquín Loriga Taboada, nacido en Laín, Pontevedra, en 1895, era uno de los mejores aviadores del momento. Tras ingresar en la Academia de Artillería de Segovia, en 1912, accedió al Ejército del Aire en 1920, con rango de capitán. Durante esta contienda marroquí del Rif, en la que participó como jefe de escuadrilla, Loriga fue condecorado con la Medalla al Mérito Militar junto a otros dos capitanes que tomaría parte del Raid a Manila. También se encargó de realizar la prueba inaugural del autogiro de Juan de la Cierva en el aeródromo de Getafe.

Rafael Martínez Esteve, nacido en Valencia, en 1894, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1911, y en la Academia del Ejército del Aire en 1920. Siendo capitán, fue trasladado a las Fuerzas Aéreas de África donde participó en operaciones al mando de un biplano Breguet XIV y obtuvo la Cruz de la Orde de María Cristina. También destacó por su participación en algunos de vuelos internacionales de la Aviación Española, por ejemplo, en la expedición que enlazó por vía aérea la península Ibérica con las islas Canarias, en 1923, dejando escrito el relato Memoria de un vuelo transatlántico.

Ambos presentaron un proyecto con algunas modificaciones sobre el original. En aquella época la aviación militar de larguísimas distancias estaba en desarrollo y la planificación de una empresa de tal magnitud y dificultad debía ser extremadamente preparada. Hasta el momento, de los anteriores treinta raids intentados, se habían conseguido terminar tan solo doce. Tras la larga gestación del proyecto, fue aprobado a finales de 1924, con un presupuesto total de 94.000 pesetas.

JOAQUÍN LORIGA TABOADA

El raid hay que englobarlo en los vuelos militares pioneros en la aviación con banco de pruebas para los posibles vuelos regulares entre Europa y Oriente que efectuaron franceses, como Pelletier d’Oisy, y portugueses como Brito Paes y Sarmento de Beires. Estos pioneros ayudaron generosamente a los españoles a preparar el viaje.

El Raid Madrid-Manila consistía en recorrer la distancia existente en las capitales de España y de Filipinas en veinte etapas y aproximadamente treinta días, que suponían una distancia entre 750 y 1.500 kilómetros diarios en dos aparatos.

El viaje estaba previsto para iniciarse antes del 5 de abril de 1925, pero el retraso en la entrega de las máquinas pospuso el proyecto hasta un año más tarde, para evitar problemas meteorológicos. Debido a la larga enfermedad que estaba sufriendo Martínez Esteve, fue cesado del equipo, y sustituido por el capitán Eduardo González-Gallarza Iragorri, nacido en Logroño, en 1898, se había formado en la Academia de Infantería de Toledo y estuvo sirvieron en el Protectorado español de Marruecos hasta 1920. Aquel año, ingresó en la Escuela de Aviación Militar, impartió clases de vuelos en Cuatro Vientos y tomó parte de la Guerra marroquí del Rif, donde fue herido en Tetuán. Fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y la Medalla al Mérito Militar. Había mandado esta nota honorífica a los tripulantes del raid del Plus Ultra: "Con vuestro triunfo habéis señalado la ruta gloriosa de la aviación española y solo aspiramos a imitaron." Seguramente se inspiró en esta hazaña de la aviación nacional para participar en esta otra.

Finalmente, Esteve pudo recuperarse y, como sólo había dos aparatos disponibles, los mecánicos tuvieron que montar un tercero en tiempo récord, pues estaba despiezado. El modelo de avión elegido fue el Breguet XIX, aparatos biplanos y biplazas de cabinas abiertas en tándem, dirigido por un piloto delante y secundado por un mecánico detrás. En cada uno, el motor de serie se bahía sustituido por un Lorraine de 12 cilindros y 450 caballos de potencia, que contaban con 4 depósitos de 900 litros y una carga de 220 kilogramos para transportar armamento defensivo, herramientas y repuestos de averías, y víveres y agua. Ante el riesgo de que estos motores quedaran averiados, obtuvieron otros dos de repuesto que fueron enviados a Calcuta.

ESCUADRILLA ELCANO EN EL AERÓDROMO DE CUATRO VIENTOS

La base aérea desde la que se prepararon fue el Aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid. La llamada Escuadrilla Elcano estaba formada por los aviones Sebastián Elcano, López de Legazpi y Fernando de Magallanes. Los nombres honran a tres marinos españoles que lideraron la primera expedición a las islas Filipinas por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián de Elcano, entre 1519 y 1522, y la colonización del archipiélago por Miguel López de Legazi, en 1564.

Los mecánicos que acompañarían a cada piloto en el asiento trasero del biplaza. Los pilotos dirigirían su nave por el día y dormirían por la noche, y los segundos trabajarían en horas nocturnas y procuraban dormir durante las horas de vuelo. Esta fue la composición de la Escuadrilla Elcano:
Breguet XIX número 4 Sebastián Elcano: piloto y jefe de expedición el capitán Rafael Martínez Esteve y mecánico el soldado Pedro Mariano Calvo
Breguet XIX número 30 López de Legazpi: piloto el capitán Eduardo González-Gallarza Iragorri y mecánico el cabo Joaquín Arozamena Postigo
Breguet XIX número 29 Fernando de Magallanes: piloto el capitán Joaquín Loriga Taboada y mecánico el sargento Eugenio Pérez Sánchez

El recorrido fue dividido en cuatro tramos principales con diferente dificultad:
1. Madrid-El Cairo, de poca dificultad sobre el litoral del Mediterráneo africano
2. El Cairo-Karachi, de extrema dificultad por el desierto de Arabia
3. Karachi-Saigón, de cierta dificultad por la sinuosa costa asiática
4. Saigón-Manila, de extrema dificultad si se adelanta la estación de los monzones y el desgaste de los motores de las aeronaves

Antes de cada etapa, los pilotos debían repasar y confirmar el itinerario, solicitar a las autorizaciones las licencias y paso y aterrizaje, valorar los aeródromos alternativos, y analizar la climatología (vientos, lluvias, temperaturas, etc.), entre otras tareas.

PILOTOS Y MECÁNICOS DE LA ESCUADRILLA ELCANO

El 5 de abril de 1926, la Escuadrilla Elcano partió de Cuatro Vientos. En un primer tramo realizaron sucesivas escalas en puerto del norte africano. La primera etapa entre Madrid y Argel (Argelia) fue un día sereno y despejado. En la segunda, entre Argel y Trípoli (Libia), Gallarza tuvo que aterrizar de emergencia en Túnez (Túnez) por una fuga en el motor. Por lo acordado previamente, en caso de avería alguno de los tres aparatos, los otros dos continuarían hasta Bengasi y El Cairo para esperar un solo día al rezagado, porque había que llegar a la costa asiática a la primera semana de mayo y evitar los monzones. Loriga y Gallarza, por un parte, y Esteve, por otra, realizaron las etapas siguientes hasta la capital de Egipto.

Esteve tuvo un vuelo dantesco entre Túnez y Trípoli, en 7 de abril. El mismo día, de Trípoli a Bengasi (Libia), Loriga y Gallarza también tuvieron un mal vuelo. Los tres se reunieron en El Cairo (Egipto), el 9 de abril, tras completar 4.500 kilómetros.

El 11 se adentraron en el peligroso desierto de Arabia, con la única guía visual de los aeródromos británicos que protegían el servicio postal que inía El Cairo con Bagdad.

Cuando marchaban dirección a Bagdad, el Breguet de Esteve sufrió un incidente peligroso que le hizo separarse de sus compañeros. El motor se paró en pleno vuelo "entre remolinos de areniscas y nubes" debido a que había explotado uno de los neumáticos. La brusca pérdida del combustible les obligó a ejecutar un aterrizaje de emergencia en el desierto sirio tras planear durante un tiempo. Allí, el capitán Esteve y su mecánico Calvo analizaron el aparato y descubrieron que una grieta había provocado la pérdida de combustible. Los dos tripulantes abandonaron el aparato para intentar llegar a pie en Ammán (Jordania), en Jordania, a una distancia de 60 kilómetros. Esteve dejó una nota explicativa sobre su intención de recoger material para reparar la nave y seguir el rumbo.

Sin embargo, los dos aviadores se separaron accidentalmente y estuvieron perdidos en el desierto durante cinco días sin comida. Si sobrevivieron fue gracias a que aprovecharon el agua de un radiador del Breguet. Tras esto, la Aviación británica encontró el planeador y rescató a Esteve en un estado lamentable y, poco después, a Calvo peor aún, siendo trasladados a un hospital de Amán. Ambos dejaron un impresionante relato sobre la capacidad de supervivencia en la obra Una aventura en el desierto: (Del vuelo Madrid-Manila), escrita por Esteve y publicada por la editorial Espasa Calpe, en 1926. Los propios ingleses, acostumbrados al medio, se sorprendieron.
"Dispuso la Providencia que un aparato, por avería de motor, se viese forzado a tomar tierra a dos kilómetros del sitio donde él se encontraba."

Esteve y Calvo ya no continuaron el viaje y, después de restablecerse, regresaron a España junto a su biplano Breguet.

MODELO DE BREGUET XIX

El resto de la escuadrilla continuó con el plan previsto. Mientras que Loriga no siguió la línea de aeródromos ingleses hasta aterrizar en Bagdad (Irak) por la noche, Gallarza lo hizo horas después.

Tras esperar a Esteve sin que llegara, el día 13 reanudaron el vuelo, se reaprovisionaron en Buchir y llegaron a Bender Abbas (Irán). En la séptima etapa, entre Bender Abbas y Karachi, el 14 de abril, tuvieron que volar a 3.000 metros de altura para evitar el fuerte viento, y el sol los abrasó. Al llegar a Karachi (Pakistan), un telegrama de la petrolera Shell, "que se ocupó de nosotros durante el largo camino" suministrando combustible y con apoyo logístico, les informó que Esteve y Calvo estaban vivos. Al día siguiente, el 15, descansaron de la fatiga y el sueño acumulados.

El 16 continuaron desde Karachi hasta Agra (India), en cuya ciudad pudieron visitar el Mausoleo Taj-Majal. En la etapa entre Agra y Calcuta (India), aparecieron grietas en los revestimientos, sin mayores consecuencias.

En la etapa que atravesaban parte de Bangladesh y Birmania (Myanmar) a través del golfo de Bengala, el avión de Loriga comenzó a sufrir paradas incomprensibles. Después de varios aterrizajes forzosos, los mecánicos y pilotos comprobaron el origen de los problemas del avión de Loriga:
"¡Eran los mosquitos! Una nube de estos insectos había penetrado en el carburador, por la campana de la admisión del aire, y obstruía la entrada de la gasolina. ¿Quién podía sospechar avería semejante?"
La solución provisional fue cubrir el carburador con una fina tela metálica.

Con esta improvisada solución pudieron seguir adelante, repostando en Rangún (Myanmar), Bangkok y Saigón. En Bangkok (Tailandia), descansaron y realizaron alguna misión diplomática como la entrega de una carta del rey Alfonso XIII para el rey Prajadhipok de Siam (Tailandia).

PILOTOS Y MECÁNICOS DE LA ESCUADRILLA ELCANO

Debido a lo recortada que era la costa asiática en el golfo de Tailandia, se adentraron por Nom Pen (Camboya), hasta Saigón (Vietnam). En veinte días, ya habían realizado las tres cuartas partes del itinerario previsto.

Pero, el día 26, durante el trayecto de la etapa entre Saigón y Hanoi, el motor del avión de Loriga siguió dando problemas con paradas intermitentes, y tuvo que regresar, mientras que Gallarza consiguió alcanzar Vink, tras más de diez horas de vuelo seguidas.

El día 27, Loriga consiguió llegar a Hanoi (China), donde encontró a Gallarza y descansaron tres días, para que el mecánico Arozamena se recuperas de una infección bucal.

El 1 de mayo, durante la etapa a Macao, el biplano de Loriga sufrió un fallo en el circuito de agua que lo obligó a aterrizar en Tien Pack. Gallarza junto a su recuperado mecánico Arozamena lo hizo en el aeropuerto de Macao de forma brusca, chocando contra unos árboles, lo que generó desperfectos en el fuselaje izquierdo y el montante. Mientras las autoridades portuguesas de la base ofrecieron servicios de reparación, Loriga y Pérez se presentaban en Macao tras abandonar el Breguet prácticamente irreparable el día 4 de mayo.

Era necesaria la llegada de un motor de repuesto desde Calcuta, pero la proximidad de la época de tifones hacía recomendable la consecución del vuelo inmediatamente a bordo del avión de Gallarza, que ya estaba reparado.

Ante tal circunstancia, el mecánico de este último, Joaquín Arozamena Postigo, decidió ceder su puesto trasero al capitán Loriga, siguiendo los dos pilotos el viaje en solitario.

La penúltima última etapa del viaje se cumplió sin incidentes entre Macao y Aparri, atravesando el mar de la China Meridional, mientras eran guiados por barcos franceses y portugueses, hasta llegara a la isla de Luzón (Filipinas).

ITINERARIO DEL RAID MADRID-MANILA EN 1926

La última entre Aparri y Manila, rumbo sur del archipiélago de Filipinas, fue acompañada por aviones del Ejército estadounidense. El aeroplano de Eduardo González Gallarza y Joaquín Loriga Toboada aterrizó en Manila, el 13 de mayo de 1926. Una multitud del personal del aeropuerto aclamaba a los héroes de la aviación española.

La Escuadrilla Elcano, reducida a una única aeronave de tres, llegó a la capital filipina tras 106 horas y 15 minutos de vuelo, unos 39 días de raid, realizados en 18 etapas y 16 jornadas de navegación. Aunque la distancia entre Madrid y Malina son 17.000 kilómetros, estos realizaron 18.900 kilómetros de recorrido. Fue el primer vuelo que se hacía entre ambas capitales. Fue destacable también el récord de travesía más larga que estableció Gallarza el 26 de abril, cuando pilotó 10 horas y 35 minutos seguidos.

Y el día 16 de mayo, llegaron por barco Arozamena y Pérez. Los seis tripulantes habían sobrevivido, lo que a los aviadores ingleses de Egipto les pareció algo casi imposible en un viaje que calificaron de temerario.

Durante los trece días de estancia, Loriga y Gallarza recibieron un homenaje por las autoridades estatales; el Ayuntamiento de Manila les nombró "Hijos Adoptivos" de la ciudad y la Universidad Católica de Santo Tomás, fundada por el arzobispo Miguel de Benavides en 1611, les concedió el título de "ingeniero honoris causa". Es curioso que el regreso de Manila a Madrid fuese más corto en barco que en avión, pues tardaron 35 días. Pero Loriga, aún marcharía a Macao desde donde gestionar el traslado de su aeronave.

En 1927, Loriga recibió la Medalla de la Liga Internacional de Aviadores, junto a su compañero Gallarza, o los capitanes Ramón Franco y Julio Ruíz de Alda, protagonista del Raid Plus Ultra. Por petición popular, el 23 de junio de aquel año, aterrizó con su avión en el Monte do Toxo, de su localidad natal Lalín, donde fue aclamado por una multitud. Este fue el primer avión que aterrizaba en suelo de Galicia.

Tras regresar a Madrid, el 18 de julio de 1927, el capitán Joaquín Loriga Taboada murió en el Aeródromo de Cuatro Vientos cuando estrellaba el avión que pilotaba durante unas maniobras.

RAFAEL MARTÍNEZ ESTEVE Y EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA

Sobre sus compañeros de aventura, Eduardo González-Gallarza Iragorri fue ascendido a comandante de Aviación; participó en dos intentos de dar la vuelta al mundo junto a Ramón Franco, que finalmente resultaron fallidos: el primero fue en agosto de 1928 a bordo del Dornier Super Wal Numancia, y el segundo en 1929 con un Dornier Wal con el que amerizó cerca de las Azores.

Durante la Guerra Civil española, Gallarza se distinguió como jefe de grupo y escuadra de bombardeo del ejército sublevado contra la II República, bando en el que combatió su compañero Rafael Martínez Esteve, siendo juzgado y expulsado del Ejército al término de la contienda. El motivo de la adhesión de Esteve al Ejército republicano vino de atrás, desde el final del Raid. Pues tras aterrizar en el desierto de Siria su biplano averiado por emergencia y dar por concluida su misión, llegando casi a perder la vida, las autoridades de la Dictadura de Primo de Rivera excluyeron a Esteva de las conmemoraciones y reconocimientos que recibieron sus compañeros Loriga y Loriga. Desde entonces, esta fue una de las causas de su oposición a cualquier régimen militar y su defensa de la II República.

FRANCISCO VALLÉS PRECURSOR DE LA ANATOMÍA PATOLÓGICA MODERNA


El médico y filósofo Francisco Vallés es el mayor representante español de la Medicina del Renacimiento. Vinculado a la Universidad de Alcalá de Henares fue médico personal de Felipe II en 1572 y protomédico de la Corona de Castilla. Está considerado como el promotor de la Anatomía patológica moderna. Relacionó de forma sistemática los síntomas de las enfermedades con los hallazgos encontrados en las autopsias. Fue una especial referencia para aquellos científicos europeos que tomaron a la observación clínica como base de conocimiento y práctica médica durante la Edad Moderna.

En su obra médica cumbre Controversiarum medicarum et philosophicarum, de 1556, de gran éxito en Europa, reinterpretó los textos médicos clásicos bajo un enfoque crítico. Y en la médico-filosófica De sacra philosophia, de 1587, analizó y explicó los pasajes de la Biblia bajo criterios físicos y médicos.

ANATOMÍA PATOLÓGICA MODERNA POR FRANCISCO VALLÉS

Francisco Vallés de Covarrubias nació en Covarrubias, Burgos, en 1524. Estudió en la Universidad complutense de Alcalá de Henares, obteniendo el grado de bachiller en Artes en 1544 y su licenciatura en 1547. Después pasó al Colegio de la Madre de Dios para estudiar Medicina, y también al Trilingüe para estudiar lenguas clásicas. En 1550, obtuvo el bachillerato en Medicina y poco después, en 1553, la licenciatura, así como el doctorado y la magistratura en Artes y Filosofía, en 1554.

En Alcalá de Henares pasaría la mayor parte de su vida, primero estudiando como alumno y después ejerciendo como catedrático.

Al menos desde 1556, impartió clases de Anatomía, de hecho, fue el primero que en Alcalá impartió Anatomía práctica a través de disecciones de cadáveres, por lo que se le considera el precursor de la Anatomía patológica.

En 1557, impartió clases de Prima de Medicina en sustitución de su maestro, el doctor Vega. Como médico, escribe un comentario de las Epidemias de Hipócrates y encabezó un poderoso movimiento para desterrar las influencias árabes sobre la Medicina del médico, cirujano y filósofo griego Claudio Galeno. , considerado uno de los más completos investigadores en Medicina de la Edad Antigua. Explicaba al científico clásico con tanto auténtica devoción y éxito que llegó a ser llamado el "Galeno español".

Desde su cátedra, contó con la ayuda de su amigo el gran anatomista y prosector valenciano Pedro Jimeno, quien estaba introduciendo y continuando en las universidades de España los estudios de la nueva anatomía de su maestro, el bruselense Andrea Vesalio. El trabajo conjunto inició en España la mentalidad anatomo-clínica, que consistía en dar las novedosas explicaciones de Vallés a sus estudiantes mientras que Jimeno diseccionaba los cadáveres y mostraba las lesiones correspondientes.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE ALCALÁ DE HENARES

En 1572, fue requerido a diagnosticar y solucionar una crisis de gota que padecía Felipe II, tras haber fracasado otros médicos. Consiguió curar aquella enfermedad, por lo que fue nombrado médico de la Casa Real; el rey le calificó de divino, por eso es conocido como el "Divino Valles". Como médico personal del rey había sucedido al anatomista Vesalio, a quien conoció en Padua, duranta una estancia.

Poco después, fue nombrado "protomédico general de todos los Reinos y Señoríos de Castilla", el empleo de medicina más prestigioso de la época. Felipe II le ordenó el establecimiento del examen del Protomedicato, que debían realizar en Madrid todos los licenciados en medicina para poder ejercer, como control de la formación recibida en las diferentes universidades de España. Además, realizó un reglamento sobre pesos y medidas farmacéuticas. Gracias a este cargo, Vallés pudo desarrollar una brillante carrera profesional, no sólo como médico, sino también como escritor.

Después, formaría parte de una comisión para organizar la Biblioteca Real del Monasterio de El Escorial, una de las más prestigiosas y voluminosas de la época. Trabajaría junto a otros dos grandes humanistas como fueron Benito Arias Montano y Ambrosio de Morales.

Sus últimos años formaba parte del grupo de destiladores en la botica del Monasterio de El Escorial, mientras terminaba de organizar la biblioteca. Colaboraba preparando la destilación de plantas naturales y medicinales.

En 1592, murió en el Convento de los Agustinos de Burgos, al acompañar al rey Felipe II en un viaje. Fue enterrado en la capilla del Colegio Mayor de San Ildefonso, en Alcalá de Henares, donde se encuentra con un detallado epitafio.

Había casado con Juana de Vera, con quien tuvo seis hijos, y fundado un mayorazgo basado en la casa y la hacienda que adquirió en Alcalá de Henares.

MONASTERIO DE SAN LORENZO EL ESCORIAL

Como buen humanista que Francisco Vallés había sido, su actividad no se reduciría únicamente a la medicina, pues continuó sus estudios en otras materias, especialmente en Filosofía y llegó a dominar las lenguas clásicas griego, latín y hebreo.

Valles publicó quince obras, tanto médicas como filosóficas, con un carácter ecléctico e independiente.

Su principal y más afamada obra es De iis, quae scripta sunt Physice in libris sacris, sive de Sacra Philosophia, liber singularis, publicada en Burgos y en Turín, 1587, y en Lyon, en 1652. Usualmente conocido como De Sacra Philosophia, es el único en que expuso sus propias ideas de forma directa, sin tener que pasar por comentarios o traducciones de los autores clásicos.

Es un compendio de textos bíblicos relacionados con cuestiones científicas en general y médicas en particular. En este libro enormemente heterogéneo, Vallés abordó multitud de asuntos de diferentes índoles, sin relación aparente, pero manteniendo en todo momento la unidad de enfoque y de método. Lo mismo trataba del origen del mundo y de la creación, del alma humana, de la razón y de la inteligencia, etc., que de la sangre, la nutrición, la longevidad, los elementos meteorológicos, la debilidad senil, las causas de la muerte, y otros muchos asuntos. Pero, en todo el conjunto existe una unidad de criterio basado en creer que en los Libros Sagrados se hallan numerosas enseñanzas filosóficas y científicas, y que todas ellas son verdaderas, pues provienen de Dios, que no pueden contradecirse ni engañar al hombre.

Para Vallés, teniendo como fin fundamental la salvación del alma, la Revelación no podía extenderse al conocimiento de las causas naturales. Por tanto, está en la voluntad del hombre investigar estas causas, si bien tomando como base las enseñanzas de la Biblia, donde estas informaciones parecen desperdigadas.

De acuerdo con esta idea básica, Vallés comenzó cada capítulo escribiendo un texto de las Sagradas Escrituras, que después comentaba por extenso, acudiendo generalmente a doctrinas de los filósofos clásicos: Platón, Aristóteles, Pitágoras, etc., tratando de armonizarlas, sin salirse de la ortodoxia. Los temas de los versículos escogidos le llevaron a tratar las cuestiones más variadas: teología, filosofía, medicina, moral, cosmología, psicología, física, astronomía, biología. Y, a pesar de tener siempre consideración las enseñanzas de los textos sagrados, la Inquisición se atrevió a expurgar este libro en 1613 y el Vaticano lo incluyó en el Índice de Libros de Prohibidos.

CONTROVERSIARUM MEDICARUM ET PHILOSOPHICARUM, POR POR FRANCISCO VALLÉS

En cuanto a las influencias filosóficas de Valles destacan, en primer lugar, la profunda formación cristiana, omnipresente en casi todo lo que escribió. También fue importante el constante elemento peripatético, como consecuencia de una constante lectura de los libros aristotélicos, con frecuencia interpretados de un modo personal. Otro tercer elemento que influyó fue el movimiento escéptico surgido más al exponer doctrinas ajenas que al describir sus propias ideas. De todos modos, las doctrinas del Peripatetismo y el Escepticismo tendieron a integrarse en una síntesis superior de inspiración cristiana, de acuerdo con la tendencia ecléctica que caracterizó el pensamiento de Vallés.

Pero ese Escepticismo filosófico fue aplicado por el protomédico Valles únicamente a cuestiones de Filosofía natural o física. Insistía en que los físicos no debían aceptar ningún dogma que no haya sido previamente demostrado (physici nunquam acquiescunt ullis dogmatis sine monstratione, cap. I) y en que no debe recurrirse a causas ocultas para explicar los fenómenos cuando las hay manifiestas (ubi manifesta est causa, non libenter confugio ad istas occultiores, cap. XLII).

En esta línea, exaltaba la doctrina de la docta ignoratia de Nicolás de Cusa, llegando a escribir:
"De ninguna sustancia por sí misma podemos tener conocimiento intuitivo, porque ningún camino conduce a la inteligencia sino el de los sentidos, y éstos son pasibles y sólo perciben cualidades. De los accidentes puede tenerse conocimiento por sí mismos; pero, en razón a lo mudable de la naturaleza de los sentidos y de lo sensible y al modo de sentir, nunca es exacto. Mas hay ciertas verdades que son por sí mismas conocidas, a las cuales asentimos por instinto natural; y existen otras que se coligen de las primeras por demostración. La ciencia de las primeras es natural; la de las otras, adquirida por el raciocinio. De esta clase son muchas de las tesis matemáticas, porque se anuncian de cosas absolutamente inmateriales. Pero respecto de aquellas que están en opinión, como son todos los problemas físicos, es claro que nadie puede saberlas, porque si algo de ellas se supiese, habiendo ciencia quedaría borrada toda opinión y suprimida toda oscuridad e incertidumbre, que van siempre unidas a la opinión. No sólo, pues, no se halla establecida todavía la ciencia de las verdades físicas, sino que ni siquiera puede establecerse, porque el físico no abstrae de la materia, y como el conocimiento de las cosas materiales pertenece a los sentidos, no puede ir más allá de la opinión, pues la ciencia es de los universal y de lo inteligible. Así el físico, por mucho que trabaje, no es capaz de establecer la ciencia de sus tesis, aun cuando no por eso debe dudar de todo, según la costumbre de los pirrónicos, sino asentir a lo probable, porque es gran necesidad pensar que tienes la misma fuerza todas las razones contrarias." (cap. LXIV)

Desde el punto de vista de "la ciencia de las verdades físicas", Valles constituyó uno de los fundadores de este Naturalismo médico, como lo fueron Juan Hurta de San Juan u Oliva de Sabuco, e incluso Gómez Pereira o Francisco Sánchez el Escéptico.

DE IIS, QUE SCRIPTA SUNT PHYSICE, POR FRANCISCO VALLÉS

La filosofía médica de Vallés se ha distinguido por su originalidad concentrada en estas tres tesis:

1. el principio de individuación, marcado exclusivamente por la cantidad, nunca por la materia ("non ese materiam, sed magnitudinem"), porque es ésta la que hace posible la divisibilidad: "verisimilius ergo refertur ad quantitatem ratio individui quam ad materiam".

2. la negación de la unidad del principio vital en el ser humano, admitiendo dos principios internos de vida: uno para las funciones vegetativas, y otro para las sensitivas e intelectiva.

3. la racionalidad del alma animal, que admite al distinguir la sensación de la inteligencia.

Dividió todo el conocimiento en tres grandes apartados:

1. Disciplinas intelectuales: Teología, Jurisprudencia y Medicina

2. Artes escritas: Gramática, Retórica y Dialéctica

3. Ciencias: Filosofía natural, Filosofía moral y Matemáticas

Para Vallés, la más excelente de todos los conocimientos es la Teología, porque permite llegar a Dios. En realidad, todos los saberes se encaminan hacia esa ciencia suprema, que tendría su plena realización en la otra vida, en la gloria de Dios. Vallés creyó que el mundo actual desaparecerá y será creado otro nuevo, más hermoso, perfecto y eterno. Al objeto de resolver la polémica muy intensa en su tiempo entre la preeminencia de la Jurisprudencia y la Medicina, dividió a la Jurisprudencia en Derecho civil y Derecho contencioso, ocupando la Medicina un lugar intermedio entre ambas.

CONTROVERSIARUM MEDICARUM ET PHILOSOPHICARUM, POR FRANCISCO VALLÉS

Sus principales obras médicas son cinco traducciones de las obras de Galeno, tres de los cuales tradujo de textos griegos meticulosamente escogidos. En sus comentarios expuso lo más innovador de su pensamiento y carácter científico. Los cinco libros fueron publicados en Alcalá: Controversiarum medicarum et philosophicarum, en 1556; Pergameni de Locis Patientibus Libri Sex, en 1559; Galeni ars medicinalis commentariis, 1567; Comentaria in libros Galeni de differentia febrium, 1569; y De locis patientibus, en 1559.

Controversiarum medicarum et philosophicarum libri decem es una obra médico-filosófica publicada en Alcalá, en 1556, con tan buena acogida que fue reeditada otras dos veces más en 1564 y 1583.

Abordó aspectos controvertidos sobre fisiología, patología, clínica y terapéutica. Como humanista, Valles consultó de forma directa en los textos clásicos de la medicina como Aristóteles, Galeno e Hipócrates, desestimando las deformadas traducciones medievales. Después, aprovechó los nuevos hallazgos de la anatomía por la disección de cadáveres humanos.

Gracias al anatomista valenciano Pedro Jimeno, adquirió la nueva anatomía de Vesalio, para sentar las bases de esta obra. En cada tema proponía una controversia a cerca de dichos avances en la nueva morfología del cuerpo humano que estaban planteando los anatomistas valencianos de la mano de Vesalio.

Pergameni de Locis Patientibus Libri Sex es una relación de comentarios al tratado de Galeno, obra publicada en Alcalá, en 1559, donde presentó su revolucionaria perspectiva anatomo-clínica. Se aprecia una mayor influencia de la nueva anatomía de Vesalio con respecto a la anterior.

Se apoyó en los conocimientos anatómicos de forma sistemática al objeto de diagnosticar las enfermedades del cuerpo humano. Pero todos los resultados y conclusiones científicas que expuso fueron meticulosamente examinados y demostrados ante sus alumnos con la ayuda de Pedro Jimeno.

Sirviéndose de los recursos de la nueva anatomía, intentaba rectificar o mejorar las afirmaciones de Galeno sobre la localización y síntomas de las enfermedades. En algunos aspectos, hizo crítica de las interpretaciones de Galeno, y en otros defendió la doctrina galenista frente a las tesis de Vesalio.

METHODUS MEDENDI, POR FRANCISCO VALLÉS

Tradujo y comentó los libros Físicos de Aristóteles, en textos publicados en Alcalá: Commentaria in quartum librum meteorum Aristotelis, en 1558; Octo librorum Aristotelis de physica doctrina versio recens et conmmentaria, en 1562; y Controversiarvm natyralivn ad tyrones pars rima: continens eas quae spectant ad octo libros Aristotelis de physica doctrina, en 1580.

Sin embargo, su producción más madura se centró en los textos clásicos de Hipócrates, el médico de la Antigua Grecia considerado universalmente como el "padre de la medicina occidental". Empezó con el pequeño tratado In Aphorismo et libellum de alimento Hippocratis, comentaria, en 1561. Años después, fue continuado con dos libros de comentarios a las obras: Commentaria in libris Hippocratis de Ratione victus in morbis acutis, en 1569; In libros Hippocratis de morbis popularibus, commetaria, en 1577; y In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, en 1589. En ellas, son destacable las aportaciones que hizo sobre el estudio del tifus petequial o tabardillo.

Mediante estas obras hipocráticas, Valles convirtió a Hipócrates en el principal sistema de conocimiento y práctica médica, aunque sin llegar a cuestionar el modelo de Galeno. Esta doctrina humanista del siglo XVI, que podría definirse con el término de Galenismo hipocratista, marcó tendencia en la comunidad científica del Renacimiento, porque recuperaba a los textos hipocráticos de acuerdo con las bases del humanismo.

GALENO E HIPÓCRATES

Su última obra, In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, era la culminación de sus estudios sobre el sistema hipocrático. Se trata de una traducción latina comentada de los siete libros de las Epidemias, que incluyen las historias clínicas hipocráticas, basadas exclusivamente en observaciones clínicas útiles. Y sus comentarios son discusiones sobre la patología, la clínica y la terapéutica de afecciones que él mismo pudo comprobar.

Al final de su carrera publicó un Methodus medendi, en 1588, que podría considerarse el mejor tratado de terapéutica clínica escrito en el siglo XVI. Y, el mismo año, también publicó un breve tratado semiológico sobre la orina, el pulso y la fiebre llamado Comentarii de vrinis, pulsibus et febribus.

Su última publicación fue un Tratado sobre la destilación, única obra importante escrita en castellano y al borde de su muerte, en 1592. Es un tratado de las aguas destiladas que fue compuesto mientras preparaba la destilación de plantas naturales y medicinales en la botica del Monasterio de El Escorial. Este tratado es un reglamento sobre medicamentos de uso interno obtenidos por destilación, así como los pesos y medidas farmacéuticos, realizado por petición del rey.

Aunque Valles ya había conocido a Diego de Santiago, seguidor de las tesis de Paracelso considerado como el padre de la Toxicología, así como a los destiladores reales, basó su tratado en los textos de materia médica y destilación anteriores al movimiento paracelsista.

PARACELSO Y ANDRÉS VESALIO

La producción médica y médico-filosófica de Valles tuvo una gran difusión e influencia. Primero, sus alumnos y discípulos adquirieron el sistema anatómico de Vesalio, en auge durante el pleno Humanismo, para el conocimiento de la filosofía natural o la nueva anatomía. Pero, Valles supo introducir el sistema hipocrático como modelo de observación clínica objetiva, la base más importante de la medicina moderna.

En cuanto a su legado escrito, sus libros alcanzaron un total de dieciséis reediciones en España y otras setenta y dos en varios países de Europa. Por eso, los textos de Vallés fueron una clara referencia para los médicos europeos durante dos siglos, llegando hasta el final de la Ilustración científica. Fue una especial referencia para aquellos que tomaron a la observación clínica como base de conocimiento y práctica médica.

De las controversias del libro Controversiarum medicarum e philosophicarum surgieron las bases de algunas tendencias de la fisiología en el siglo XVII, por eso esta obra llegó a alcanzar una gran influencia en la comunidad científica europea de su tiempo.

Y sobre los comentarios del In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, el holandés Hermann Boerhaave, auténtico fundador de la clínica moderna durante la Ilustración, llegó a realizar el siguiente elogio de esta obra:
"El que tenga los comentarios de este español no necesita de otros, porque todos los modernos escriben conforme a teorías y yo únicamente alabo al que con observaciones propias explica lo que expone Hipócrates."

Otro de los euritos influenciados por Vallés fue el teólogo, filósofo y jurista Francisco Suárez, contemporáneo suyo, más relacionado con la Escolástica y la Escuela de Salamanca que con el Humanismo y la Universidad de Alcalá. Pero el escolástico salmantino llegó a influenciarse del médico humanista en su tratado De Anima, una de sus obras psicológicas y antropológicas más destacadas. Hasta en treinta y una ocasiones Suárez citó a Vallés para comentar destacados aspectos de Controversiarum medicarum e philosophicarum y de De sacra Philosophia. El aspecto más significativo fue la teoría de la simpatía de las potencias, ubicadas en el alma, y que constituye una de las mejores aportaciones al estudio de la Epistemología y de las relaciones alma-cuerpo en la Antropología de Suárez.