DISCURSOS ARISTOTÉLICOS DE PEDRO JUAN NÚÑEZ


Pedro Juan Núñez fue filósofo humanista, helenista, retórico y aristotélico, precursor de la moderna crítica positiva de textos aristotélicos durante el Renacimiento. Su Oratio de causis obscuritatis Aristotelae, publicada 1554, es una interesante exposición de las causas de la oscuridad de Aristóteles, con el fin de deshacerlas y lograr así un mejor conocimiento del mismo y un mayor aprovechamiento para los estudios.

DISCURSOS ARISTOTÉLICOS DE PEDRO JUAN NÚÑEZ

Pedro Juan Núñez nació en Valencia 1522 y murió en 1602. Firmaba sus obras con sus nombres latinos: Pere Joan Nunyes y Petrus Iohannes Nunnesius Valentinus.

Estudió junto al filósofo Juan Bautista Monllor en la Universidad de Valencia, y después en París, con Pedro Ramus y Adriano Turnebus. De regreso a España, enseñó en las Universidades de Valencia, Zaragoza y Barcelona. Aunque sobresalió más como retórico y humanista, en cuyo campo se le considera un magnífico helenista también se dedicó a la filosofía. En este ámbito, se convirtió en un simple seguidor del pensamiento filosófico de Aristóteles con poca originalidad.

Marcial Solana, en su obra Historia de la filosofía española, dividió sus obras en gramaticales retóricas y filosóficas. Dentro de las filosóficas, hizo distinción entre obras metodológicas dialécticas, físicas e historia filosófica. Las obras metodológicas comprenden: Aviso para estudiar les Arts en particular; Ratio studii theologici; De methodo; y De studio philosophico.

El tratado De studio philosophico es probablemente el más interesante y el único que fue publicado, en 1621. Explicaba cómo se debe dar un curso de filosofía para lo cual analizó las cualidades que han de tener discípulos y maestros, qué disciplinas han de enseñarse, con qué orden y de qué modo. Siguiendo a Aristóteles, a los discípulos exigía ingenio, memoria, estudio asiduio y la necesaria preparación o conocimiento de estudios previos. El orden de las enseñanzas filosóficas debe ser el siguiente: Lógica, Filosofía especulativa y Filosofía práctica o Moral, todo esto basado sobre los libros de Aristóteles. En la exposición de estos deben siempre observarse tres reglas:

1. que la exposición se dirija a un fin y que este siempre sea el mismo.

2. que siempre se presente toda la doctrina concatenada y unida.

3. que el lenguaje sea apto y propio para la exposición.

Respecto de este último, sugirió utilizar la lengua materna de los alumnos y emplear una dicción sencilla y accesible a todos.

UNIVERSIDAD DE VALENCIA

Las obras dialécticas son dos: De Constitutione artes Dialecticae y Commentarius in libellum De constitutione artis Dialecticae. Fueron publicadas en Valencia en 1554, ambas en un volumen, junto con la Oratio de causis obscuritatis Aristotelae.

La obra De Constitutione artes Dialecticae es una introducción a la Dialéctica, un esquema para su estudio; tras rechazar la dialéctica en sentido platónico (método de definir y dividir), estoico (estudio exclusivo de silogismo) y aristotélico (arte de lo probable), la admitió en el sentido general y ampliamente admitido de "disciplina acerca de la invención y disposición de los argumentos".

La otra obra dialéctica, Commentarius in libellum De constitutione artis Dialecticae, es un simple comentario sobre aquellos puntos del De Constitutione artes Dialecticae que, a su juicio, se vieron necesitados de aclaración. El historiador ilustrado Gregorio Mayans y Siscar elogió mucho estos opúsculos; del primero llegó a escribir: "exquisita methodo, mirabili brevitate et perspicuitate scriptus est, secundum Aristotelem mentem." (Fue escrito con un método exquisito, con una brevedad y claridad maravillosas, según la mentalidad de Aristóteles.)

Entre las obras físicas, la más importante es la Institutionum Physicarum, publicada en Valencia, en 1554. Es una introducción a la Física, compuesta al estilo de Platón, si bien siguiendo la doctrina aristotélica.

Sin embargo, quizá de todas las obras filosóficas de Núñez ninguna tenga el interés de la Oratio de causis obscuritatis Aristotelae (Discurso de Aristóteles sobre las causas de la oscuridad), publicada en Valencia, en 1554. Se trata de una interesante exposición de las causas de la oscuridad de Aristóteles, con el fin de deshacerlas y lograr así un mejor conocimiento del mismo y un mayor aprovechamiento para los estudios. Antes de Aristóteles hubo también varias causas que produjeron oscuridad en la filosofía: los poetas, que la envolvieron en fábulas y mitologías; los pitagóricos, que la redujeron a números y fórmulas, retrayendo a muchos de su estudio; y Heráclito, que buscaba la oscuridad a propósito. Después, el mismo Aristóteles, que supo superar todas esas causas, dio lugar a otras, principalmente por su uso técnico de las palabras. Hay también causas extrínsecas de su oscuridad, como la negligencia de muchos de sus traductores y comentadores. Una causa también extrínseca es la variedad de textos de una misma obra del propio Estagirita, debida al azaroso destino de su producción.

En su Historia de la filosofía española, su Marcial Solana escribió:
"Según Plutarco y Estrabón, Aristóteles donó su biblioteca a Teofrasto; éste, a Neleo Escepsio; y este a hombres rudos y ambiciosos, quienes la vendieron en mucho precio a Apellicón, el cual se metió a enmendar los libros del Estagirita, y los mutiló lastimosamente, llenándolos de equivocaciones. La biblioteca de Aristóteles fue trasladada a Roma por Sila, y ordenada por Tiranio. De ella sacó varios ejemplares, ya corrompidos y depravados, Andrónico de Rodas."
Al objeto de remediar esta situación, se hizo inevitable comparar los textos griegos, según los códices y ejemplares que se tengan.

LIBROS DE PEDRO JUAN NÚÑEZ

De todos modos, hay una serie de causas intrínsecas en a oscuridad aristotélica, y a ellas se refirió Núñez con especial detalle. Entre estas destacan la variedad de voces para expresar una misma idea, el empleo de voces ambiguas, el tecnicismo con que se usan vocablos de la lengua diaria, la sintaxis, el peculiar enfoque aristotélicos de las cuestiones, el gran número de argumentos, la sobra de exposiciones redundantes y superfluas y la falta de otras necesarias, las dificultades u oscuridad del mismo objeto de estudio, la atribución a Aristóteles de opiniones que no son suyas y las equivocaciones en que a veces él también incurre. Naturalmente, son todas ellas dificultades que sólo una labor crítica textual, filosófica y bibliográfica, puede salvar.

Aunque, Núñez siguió fielmente a Aristóteles, tuvo algunos rasgos de originalidad, que Marcial Solana redujo a tres:

1. el anhelo de armonizar y conciliar las doctrinas platónica y aristotélica;

2. el relieve que suele dar en sus exposiciones a la historia de la filosofía;

3. el espíritu crítico que anima todas sus obras, sobre todo la última citada.

Sobre esta obra, el historiador Marcial Solana:
"Crítica textual, mediante el cotejo de códices e impresos, para purificar el texto del Estagirita cuando sea posible; crítica filológica, por la comparación mutua de las voces, sobre todo de las oscuras y ambiguas, para determinar así su genuino significado; crítica depurativa del lenguaje, escribiendo en latín correcto lo que se expresaba en modismo y giros bárbaros; crítica explicativa, que suple lo que falta a un texto, quita lo que de él sobra y ordena lo desordenado; crítica lógica, que declara los métodos, argumentos y silogismos que lo requieren; crítica bibliográfica, que separa pasajes y libros auténticos del Estagirita de los que no lo son: y crítica de sistemas y doctrinas, que señala lo que Aristóteles tomó de otros filósofos."

Por todo esto, cabe considerar a Núñez como un verdadero precursor de la moderna crítica positiva de textos, en la que indudablemente fue un hombre genial.

MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA


George Santayana fue un filósofo original e independiente, además de ensayista y poeta, que escribió la totalidad de su obra en inglés y residió en el extranjero, en el marco de la Crisis contemporánea de final del siglo XIX. El cuerpo doctrinal de su pensamiento estuvo en el Materialismo y el Naturalismo.

Su principal obra fue La vida de la razón, publicada en 1906, en la que desarrolló los cuatro grandes ámbitos filosóficos: la materia, el espíritu, las esencias y la verdad.

MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA

Jorge Ruiz de Santayana Borrás nació en 1863, en Madrid. Aunque firmaba sus obras en inglés, George Santayana, siempre se consideró español, renovando su nacionalidad originaria desde sus estancias en el extranjero. Pasó su adolescencia en la ciudad de Boston junto a su madre, Josefina Borrás, hasta acceder a la Universidad de Harvard. Allí consiguió la cátedra de Filosofía, entre 1889 y 1912.

Aunque siguió viviendo en Estados Unidos, regresaría a Ávila de forma periódica para visitar a su padre, Agustín Ruiz de Santayana, y a su hermana, Susana. De hecho, Ávila significó un "lugar de peregrinación" constante por su sentido místico de la existencia y de la relación entre la materia y el espíritu.

En 1912, trasladó su residencia habitual en Gran Bretaña para trabajar como profesor en la Universidad de Oxford, aunque estuvo viajando por Italia, Egipto, Palestina, Grecia y Turquía. Hasta que, en 1920, fijó su residencia definitiva en Roma, donde vivió hasta que falleció en 1952.

Las sucesivas renuncias para vivir en España, Estados Unidos e Inglaterra son síntomas de su constantes necesidad para alcanzar una mayor libertad e independencia intelectual. Se convirtió en un cosmopolita que vio en España su fuente de inspiración y encontró en Roma las raíces de una cultura mediterránea de la se sentía hijo espiritual. El uso del inglés en sus obras fue una manera de alcanzar al mayor número de no hispanohablantes desconocedores de la cultura hispánica, como confesó en su obra A general confession.

En la biografía que Luis Farré le escribió, Vida y pensamiento de Jorge Santayana, en 1953, manifestó su sentimiento nacional:
"La única cosa digan de mención en mi carrera es que he pasado la mejor parte de mi vida en Estados Unidos y he escrito mis libros en idioma inglés, mientras conservé mi nacionalidad española y mis sentimientos de español. Figuraba al mismo tiempo en el mundo de habla inglesa como una especie de huésped permanente, familiar, apreciado y creo que discreto, pero siempre extranjero."

CASA NATAL DE GEORGE SANTAYANA

Su compleja obra es una conjunción de elementos heterogéneos con elegancia y armonía, donde la estética, la filosofía, la literatura y la mística se entrelazan en original unidad. Sin renunciar a sus raíces, supo desarrollar una universalidad que le hacía sentirse hombre del mundo, en general, y del Mediterráneo, en particular.

En Estados Unidos se dejó influenciar por William James, John Dewey y Josiah Royce; en Inglaterra por G. E. Morre, Bertrand Russell y Alfred North Whitehead; aunque sus principales referentes filosóficos siempre fueron los clásicos Platón, Spinoza, Demócrito y Lucrecio. Pero, también encontraba inspiración e la poesía, la literatura o la mística.

El núcleo de su pensamiento es el reconocimiento de la primacía de la materia y de la naturaleza las demás manifestaciones de la realidad, y la crítica las corrientes más subjetivas e idealistas que no admiten la existencia de una materia y naturaleza independiente a la realidad humana. Su pensamiento fue evolucionando hacia un Materialismo más fundamentado, que puede identificarse con el Naturalismo, pero la idea de naturaleza era ya una interpretación de la materia.

Vivió dentro de la crisis contemporánea, pues a los treinta y cinco años pudo contemplar y sufrir el Desastre del 98 y las dos guerras mundiales. Su filosofía trataba de superar el Positivismo naturalista del siglo XVIII, por eso su personal Materialismo filosófico trataba de armonizar las exigencias de la materia con las aspiraciones del espíritu. Por tradición y por sentimiento, se sentía católico, aunque por convicciones filosóficas era un pagano, por más que se definiera materialista o naturalista.

GEORGE SANTAYANA

Su principal obra fue La vida de la razón (The life o reason), publicado entre 1905 y 1906. Su contenido forma el núcleo original de su filosofía sobre la que basó futuras investigaciones, y consta de cinco volúmenes: La razón en el sentido común; La razón en la sociedad; La razón en la religión; La razón en el arte; y La razón en la ciencia.

Consiguió un gran éxito desde su primera aparición en Estados Unidos, convirtiéndose en lectura obligada para los universitarios. Joseph L. Blau, en Filósofos y escuelas filosóficas en los Estados Unidos de América, de 1957, lo calificó como la "biblia del naturalismo para una generación de estudiantes americanos".

En ella escribió el famoso aforismo ha pasado a la historia de la filosofía universal incluso, por encima de toda su enorme obra publicada: "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" (Those who cannot remember the past are condemned to repeat it). Aparece en el capítulo dedicado a la "Fase de la infancia" dentro del tomo titulado La razón en el sentido común.

Santayana utilizaba este argumento para explicar que el progreso no consiste simplemente en cambiar, sino en retener lo aprendido; si una persona o sociedad no guarda sus recuerdos, su experiencia es fluida pero no acumulativa, volviendo siempre a un estado de infancia.

La obra de Santayana demuestra la progresiva madurez de su pensamiento, cuyos trabajos fundamentales, además del anterior, fueron:
El sentido de la belleza, en 1896
Interpretaciones sobre poesía y religión, en 1900
Tres poetas filósofos, en 1910, dedicado a Lucrecio, Dante y Goethe
Vientos de doctrina: estudios sobre la opinión contemporánea en Estados Unidos, en 1920
Soliloquis, en 1922
Escepticismo y fe animal, en 1923
Diálogos en el limbo, en 1926
Platonismo y vida espiritual, en 1927
La tradición corté acorralada, en 1931
Algunos cambios conceptuales en la filosofía moderna, en 1933
El último puritano, novela de 1936 que fue un éxito de ventas
Los reinos del ser, en 1941
Dominaciones y potestades, en 1951

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Los cuatro grandes ámbitos filosóficos de Santayana son la materia, el espíritu, las esencias y la verdad, que constituyen los "reinos del ser" (Realms of beign).

La doctrina filosófica de Santayana es el Materialismo, sin las connotaciones metafísicas tradicionales y con un carácter metódico y fundante. Sobre el estudio de la materia fue fundamentando su pensamiento sobre el que elevarlo hasta llegar al estudio de las esencias, la vedad y el espíritu.

Reivindicó el valor del Materialismo griego, alejado del reduccionismo del Positivismo anglosajón del siglo XIX que tuvo que estudiar siendo joven. Ofrecía un sentido renovador al concepto de naturaleza, que presentaba como paradigma de toda sabiduría, sin las interpretaciones racionalistas y cientifistas de los filósofos occidentales.

Para Santayana, Materialismo y Naturalismo se identifican siempre en ausencia de los reduccionismos contemporáneos a que fueron sometidos. Con estas ideas respondió a la crisis de "fin de siglo", pero considerando los valores más altos de la tradición occidental. Por eso, la materia, que es el primero de los "reinos del ser" crea a los otros reinos del ser, en un proceso de autorreferencia. Proponía un Realismo materialista que fuese coherente y correspondiente.

La materia debía estar definida por estas cuatro características generales:

1. subsistencia, alejada de cualquier subjetivismo o traducción antropológica, al estilo del Humanismo retórico tradicional. Sólo estableciendo la debida distancia entre el sujeto humano y la naturaleza material podría darse una relación equilibrada entre ambos.

2 causa última de todas las cosas como principio de existencia. En la naturaleza viven los dioses y los hombres y es principio de toda acción y reflexión.

3. sistémico, articulado por relaciones y conexiones, que debe ser descubierto por la investigación humana, especialmente por la ciencia. Pero Santayana, que reconocía los límites del conocimiento científico, proponía impulsar la investigación simbólica del universo.

4. potencialidad, derivada del carácter activo, dinámico y transitivo. Entroncaba así la materia con la temporalidad que caracteriza a todos los seres y que otorgaba a la existencia una constante trágica, amenazada por el riesgo y la desaparición.

El Materialismo de Santayana estaba en conciliación con su preferencia por los valores ideales y espirituales y exigía un difícil equilibrio en el tratamiento de los problemas filosóficos. Este Idealismo fue conducido por su formación cristiana y su temperamento español. Para una correcta argumentación se basó en la materia y en la fe animal.

La materia es un elemento biológicamente primario y afirmación inconclusa primordial en la actividad de toda ser, pero en el hombre está abierta a ámbitos inmateriales. La fe animal en la materia no debe intentar dar razón de la inmensa riqueza espiritual de la existencia, definido por "reinos del ser".

En su obra Scepticism and animal faith, publicada en Nueva York, en 1923, describió su Escepticismo metódico:
"Mediante el sentido común se concibe la experiencia como el efecto que el impacto de las cosas externas produce sobre el hombre cuando es capaz de retenerlo y recordarlo."

Esto da una idea de la precariedad de todo ser humano para el conocimiento, por lo que el sentido común acepta toda posibilidad de conocimiento sin pretender dogmatizarlo. Por el contrario, reconocía las limitaciones que su origen material impone a toda actividad espiritual.

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Su obra La vida de la razón. Fases del progreso humano, que publicó entre 1905 y 1906, condensa la base de su filosofía materialista y naturalista.

El punto de partida es la razón, considerada como prolongación del impulso vital del animal humano modificado por la actividad reflexiva. El reino de la materia es el origen de cualquier consideración, pues constituye la matriz y fuente de todo los demás. La naturaleza es madre universal de toda acción y conocimiento, y la razón aparece como fenómeno específico de la misma en el ser humano. Por eso, el desarrollo del hombre en la historia de las instituciones humanas (ciencia, arte, sociedad, religión), coincide con la vida de la razón, a través de tres grandes etapas:

1ª. fase prerracional, dominada por el predominio de los impulsos, los instintos y los hábitos, siempre considerados como buenos mientras sean naturales.

2ª. fase racional, donde los impulsos e instintos son modelados por la razón, en la que se corre el peligro de el imperativo de la razón se imponga sobre los impulsos naturales, promoviendo el desequilibrio de la sociedad.

3ª. fase postracional, trata de modelar los excesos de la razón llevada a sus últimas consecuencias, introduciendo exigencias propias de la imaginación.

Santayana justificaba el espíritu como dominio independiente de la materia y, por lo tanto, libre de sus condiciones espacio-temporales:
"Este mundo de la expresión libre, esta corriente de sensaciones, pasiones e ideas que perpetuamente se encienden y apagan la luz de la conciencia, lo llamo Reino del espíritu. Sólo por amor a esta vida libre vale la pena alcanzar la comprensión de lo material y el conocimiento de los hechos. Para una criatura viviente, los hechos no son sino instrumentos; su vida lúdica es su verdadera vida. En sus días de trabajo, cuando está atento a la materia, es sólo su propia sirviente, que prepara el festejo. Se convierte en su propio dueño en sus días de fiesta y en sus pasiones deportivas. Entre esta deben contarse la literatura, y la filosofía y todo lo del amor, religión y patriotismo que no constituye un esfuerzo para sobrevivir materialmente. En tales formas de entusiasmo se da una gran dosis de afirmación; pero lo que atestiguan no es realmente el carácter de los hechos externos de que se trate, sino tan sólo los usos espirituales hacia los cuales los orientan el espíritu."

La dirección emprendida desde esta óptica explica la importancia que Santayana concedió a la religión y su interés personal. Su sentido expresar el destino del hombre y su lugar en el cosmos, mediante imágenes míticas y poéticas. Esto implica conceder sus derechos a la imaginación, aunque siempre atenida a las condiciones naturales que le sirven de sustento. Así, Santayana introducía en su sistema filosófico un Supernaturalismo que no rechaza al Naturalismo de base, sino que se complementa. Por eso, en The genteel tradition et bay, de 1931, afirmó:
"Este mundo sobrenatural casi tangible es sólo el resto de la naturaleza, la naturaleza en sus verdaderas profundidades y en su verdadera infinitud."

LA VIDA DE LA RAZÓN, POR GEORGE SANTAYANA

Las esencias son el resultado de la situación del hombre en el mundo como observador, pues adopta los hechos materiales que encuentra a sus facultades de observador. En este sentido, hay una voluntad permanente en todo hombre a superar el atenimiento fáctico a lo material mediante el concurso de las ideas, producto inmediato de su mente que intuye esencias, que son ideales. Así se establece una dicotomía entre el reino de los hechos y el reino ideal de las esencias, con total independencia uno del otro. Esta tendencia le permite al hombre superar su condición espaciotemporal, dotándole de una gran libertad espiritual de movimientos. Los hechos, o cosas materiales, cuando son percibidas a través de las esencias quedan despojadas de toda vinculación existencial, permitiendo ascender a la paz espiritual.

El reino de las esencias no es el reino de la verdad. Según Scepticism and animal faith, las esencias son:
"simplemente el catálogo no escrito, prosaico e infinito de todos los caracteres que poseen al existir tales cosas, conjuntamente con todos los caracteres que todas las cosas diferentes poseerían si existieran."

Las esencias no desembocan en un conocimiento del mundo, pero permiten extender el mismo más allá de una primera y superficial perspectiva. Presupone una renuncia al compromiso existencial primario y abren el acceso a una paz espiritual, que Santayana identificaba con la filosofía.

La problemática planteada por el reino de las esencias conlleva a la cuestión del conocimiento y el reino de la verdad. Esto es así porque la intuición, al ser de esencias u no de cosas reales, propicia al error en el conocimiento de la naturaleza. Para que esto no ocurra, hay que delimitar el campo infinito de las esencias, acotándolo respecto de aquella que se realizan en la existencia real.

La posesión de la verdad absoluta es "incompatible con el estar vivo", pues estar vivo es gozar de una perspectiva, y "la verdad absoluta no puede descubrirse justo porque no es una perspectiva". Más ampliamente:
"Un observador, que forma parte del mundo que observa, debe tener una particular situación en él; no puede estar igualmente cerca de todo, ni ser interior a nada, salvo a sí mismo; del resto sólo puede obtener perspectivas, abstraídas de acuerdo a su sensibilidad y estilizadas según sus intereses."

OBRAS DE GEORGE SANTAYANA

Las únicas verdades posibles para el hombre son verdades parciales que establecen desde perspectivas determinadas. Cuando esas verdades están controladas por la experiencia, dan lugar al conocimiento; este es una creencia fundada en hechos exteriores y:
"surge merced a un movimiento de la persona que se abre a los seres circundantes o responde a los mismos de modo que estos se convierten en sus objetivos de atención, y al mismo tiempo una correspondencia apropiada tiende a establecerse entre estos objetos y las circunstancias que se elaboran bajo su influencia."

Esto presupone la fe animal, y es posible acceder a él, lo que convierte al conocimiento en ciencia natural. Esto supone una fe en el objeto descrito y en la sustancia que lo constituye, entendido como algo subsistente por sí mismo. Así, la vida animal del hombre forja el conocimiento científico de los objetos, que constituyen la única descripción válida de la materia.

En su obra, Santayana ya no se ocupaba de la ciencia en proporción a la importancia que le condecía, aunque era el aspecto central de su pensamiento. El intento de conciliar la relación entre ciencia y religión fue un problema del Modernismo filosófico en la crisis de final de siglo XIX.

Su Materialismo de base exigía valorar adecuadamente el conocimiento científico. Para él es una manifestación suprema de la imaginación como facultad cognoscitiva fundamental. Desde este punto de vista, la ciencia es una expresión ejemplar del destino trágico del hombre, ya que sus verdades son relativas y temporales en que se expresa la unión entre esencia y existencia. En este sentido, la ciencia es producto, como cualquier otro producto humano, de fe animal y está asentada en el Escepticismo.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA


Los inventos del siglo XIX conllevaron un cambio radical en la vida de las personas. En la tecnología empezaron a darse los primeros pasos de la telegrafía eléctrica, los inicios de la telefonía y la aparición de la radio.

España posee un grupo de ingenieros que fueron pioneros en estas tecnologías de la comunicación: Agustín de Betancourt y Juan José Lerena en telegrafía óptica, Francisco Salvá y José María Mathé en telegrafía eléctrica y Julio Cervera en la radiofonía inalámbrica.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA

1. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE AGUSTÍN DE BETANCOURT

Ingeniero civil y militar Agustín de Betancourt fue uno de los ingenieros mecánicos más relevantes e influyentes de Europa entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Fue precursor de la primera máquina de vapor de doble efecto en la Europa continental por tanto, de la Termodinámica de fluidos, y había innovado una multitud de máquinas y tratados industriales, globos aerostáticos, y se destacó en la ingeniería industrial y el planeamiento urbanístico.

En cuanto a comunicaciones, su sistema telegráfico óptico desarrollado en París en 1795 fue superior que se estaba implantando en la República de Francia por Claude Chappe. Su telégrafo ganó el dictamen favorable de un comité de científicos enviado por el Directorio de la República, formado por Borda, Charles, Coulomb, Delambre, Lagrange, Laplace y Prony. Estos elogiaron la precisión, economía y rapidez en la transmisión de mensajes en las pruebas realizadas. Quedó patentado en la obra Memoria sobre un nuevo telégrafo y algunas ideas sobre la lengua telegráfica (Mémoire sur un nouveau télégraphe et quelques idées sur la langue télégraphique), publicada en 1797.

En 1800, fue inaugurada la primera línea española de telegrafía óptica entre Madrid y Aranjuez, compuesta por cuatro torres telegráficas: Palacio del Buen Retiro, ermita del Cerro de los Ángeles (Getafe), Cerro Espartinas (Valdemoro) y monte Parnaso (Aranjuez). La decisión del secretario de Hacienda dejó al proyecto de la construcción de torres de telégrafos en suspensión.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR AGUSTÍN DE BETANCOURT

2. SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO APLICADO

El médico, físico y meteorólogo, Francisco Salvá y Campillo fue uno de los primeros científicos en realizar estudios sobre la electricidad aplicada a la telegrafía. En 1804, presentó a la Real Academia de Ciencias de Barcelona el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia, gracias al cual consiguió transmitir información a gran distancia, aprovechando la aparición de la pila voltaica y la descomposición del agua.

Para él y otros científicos, el telégrafo era considerado como la primera tecnología de comunicaciones realmente rápida y global. Tenía la visión de que el descubrimiento de la electricidad permitiría la emisión de mensajes a largas distancias a través de algún sistema telegráfico. Por eso, a finales del siglo XVIII, Salvá realizaba experimentos con cargas eléctricas en movimiento siendo director de la sección de electricidad en la Academia barcelonesa.

Así, tras varios años de ensayos y pruebas, en 1795, publicó La electricidad aplicada a la telegrafía. En esta memoria establecía las basas de la telegrafía eléctrica del futuro, dejaba obsoletos los sistemas telegráficos óptico y acústico que se desarrollaban en Europa y avanzaba conceptos sobre la telegrafía inalámbrica y submarina.

El telégrafo eléctrico Salvá necesita un cable de conducción eléctrica para cada una de las letras y números a transmitir en el mensaje, así como otro correspondiente de retorno. Cada uno de los cables está unido a un electrodo, inmerso en tubo de vidrio lleno de agua acidulada. Los segundos electrodos que hay dentro de cada uno de esos tubos están unidos al conductor de retorno. Cuando Salvá aplicaba electricidad a uno de los cables conductores, se producía en el otro extremo una electrólisis, y este efecto generaba burbujas de gas en el correspondiente tubo emitiendo hidrógeno, que señalaba la letra transmitida. Por tanto, el transmisor utilizaba la electricidad que le proporcionaba una pila voltaica y el receptor estaba basado en la descomposición del agua.

No existían bombillas, ni electroimanes, todo estaba aún por inventar en este campo, por lo que utilizar un receptor electroquímico como indicador era lo más adecuado y práctico para la época. El operador iba anotando secuencialmente los tubos que borboteaban para registrar el mensaje.

Este procedimiento fue relativamente incómodo en la transmisión y dificultoso en el reconocimiento de las señales. El hecho de que no tuviese ninguna posibilidad de desarrollarse de forma práctica fue debió a la complejidad de su estructura, puesto que necesita 35 cables para la transmisión.

Aunque no pudo comercializarse o implantarse en España, su sistema telegráfico fue el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia. Su reconocimiento ha sido comprobado por el Institut of Electrical and Electronic Engineers, gracias a la colaboración del profesor Antonio Pérez Yuste de la Universidad Politécnica de Madrid.

Abrió el camino a la comunicación eléctrica en Europa y encontró un gran número de imitadores. El físico italiano Guillermo Marconi reconoció el valor de los descubrimientos de Salvá.

SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO POR FRANCISCO SALVÁ

3. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JUAN JOSÉ LERENA

Marino, diplomático e ingeniero militar, Juan José de Lerena y Barry destacó por desarrollar un sistema de telegrafía óptica que ponía la telegrafía civil al servicio del Estado, paso necesario para la llegada del telégrafo eléctrico. Este fue uno de los primeros sistemas de comunicación en España como los que había en los principales países de Europa.

Su telégrafo óptico diurno y nocturno fue presentó en Cuba ante una comisión de la Real Marina española en 1829, a bordo del navío Soberano. El sistema fue aceptado y valorado de forma positiva para una posible implantación en la España peninsular.

En 1830, se encontraba en la Corte de Madrid sirviendo como director de la Red Nacional de Telégrafos. Allí realizó pruebas de su sistema telegráfico mediante señales visuales que se podían observar con anteojos de larga distancia.

En 1831, reinauguró la primera línea de telégrafos Madrid-Aranjuez. Partía desde la Torre de los Lujanes en la plaza de la Villa, pasaba por otras dos torres ubicadas en el Cerro de los Ángeles en Getafe y el Cerro de Valdemoro, y la última torre estaba en el Monte Parnaso junto al Real Sitio de Aranjuez. En realidad, se trataba de reabrir una línea telegráfica formada por el ingeniero Agustín de Betancourt en 1800 que cayó en desuso durante la Guerra de la Independencia.

En los sucesivos años, fue ampliando la red de telégrafos ópticos conectando los Reales Sitios con la Corte de Madrid. En 1832, la segunda línea conectaba Madrid con La Granja de San Ildefonso, después con El Pardo y Rijofrío.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR JUAN JOSÉ LERENA


4. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ

En 1844, el gobierno de Ramón María Narváez aprobó un real decreto para la instalación de un sistema telegráfico de ámbito nacional. El Ministerio de Fomento dirigió el concurso al que se presentaron cuatro proyectos, resultando ganador el del ingeniero militar José María Mathé, por adecuarse mejor a las características técnicas.

El novedoso sistema de telegráfica óptica Mathé se basaba en líneas de torreones que conectasen las principales ciudades de la España peninsular. Sobre el piso superior de cada torreón se instalaría el aparato telegráfico Mathé, que constaba de un bastidor vertical con un travesaño móvil llamado brazo indicador. Este indicador podía adoptar diversas posiciones angulares, controladas desde el interior de la torre mediante un sistema de poleas, cuerdas y palancas. Cada posición del indicador corresponde a un número o letra, que significaba un mensaje concreto y prestablecido previamente, codificado y explicado en un diccionario de códigos secreto. Y cada combinación de posiciones podía formar frases completas. Los temas del código eran de interés estatal a cerda de la familia real, el Ejército español, el orden público, la administración, el gobierno, etc.

Una vez que una torre telegráfica emisora anunciase una posición, comenzaba la lectura de la siguiente torre repetidora situada a unos 10 kilómetros de distancia aproximadamente, utilizando unos prismáticos o catalejo de larga visión. Y esta repetiría la señal a la siguiente, y seguiría el proceso durante la línea hasta la torre receptora final.

Siendo director de la Red Telegráfica española, entre 1846 y 1850, se construyeron tres líneas telegráficas de ámbito nacional: la primera línea Madrid-Irún, pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián; la segunda Madrid-Valencia-La Junquera, conectaba Cuenca, Sagunto, Benicasim, Castellón, Tarragona y Barcelona; y la tercera Madrid-Cádiz unía Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. En 1849, publicó en Barcelona el Diccionario y tablas de transmisión para el telégrafo militar de noche y día.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ


6. RED TELEGRÁFICA ELÉCTRICA ESPAÑOLA

A mediados del siglo XIX, el sistema telegráfico óptico de Mathé se estaba quedando obsoleto, pues en algunos países de Europa se estaba implantando otro de tipo electrónico y conectado con cables suspendidos. Pero resultaba más eficiente, rápido y barato. El sistema Morse utilizaba impulsos eléctricos para transmitir el código de puntos y rayas, el cual fue utilizado por la administración española durante más de cien años.

Por real decreto de 1852, el Ministerio de Fomento encargó la implantación del sistema de telegrafía eléctrica de cables suspendidos en la línea Madrid-Irún. La Dirección General de Caminos, Canales y Puertos, al mando de José María Mathé, se encargaría de materializar el proyecto, que contaba con un presupuesto de 1.544.720 reales.

La red nacional de telegrafía eléctrica en España se fue implantando entre 1854 y 1863. La primera línea conectaba Madrid con Guadalajara, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Bilbao e Irún. Después, se ejecutaron las líneas Madrid-Extremadura y Madrid-Cataluña. Posteriormente, la red de telegrafía eléctrica se fue ampliando en forma de "estrella" el con centro en la capital, y enlazando con las líneas francesas y portuguesas, permitiendo la comunicación con los gobiernos de París y Lisboa. Tuvo una utilidad pública, a diferencia del anterior que era de exclusividad estatal, y los nuevos usuarios terminaron siendo periodistas, empresarios y políticos, además de militares.

La antigua Red Telegráfica Española fue sustituida por la nueva Dirección General de Telegrafía, cuyo director continuaba siendo Mathé. Además, fundó el Cuerpo de Telégrafos, cuyos operarios aprenderían unas reglamentaciones para el buen uso de la red, y publicó el nuevo Diccionario telegráfico, en 1858.

SISTEMAS TELEGRÁFICOS ESPAÑOLES


7. PRIMER TELEGRAMA ELÉCTRICO

El telégrafo que inventó Samuel Morse en Estados Unidos tenía por objetivo la transmisión de mensajes a largas distancias en poco tiempo. Este avance resultó decisivo para que los telegrafistas pudieran enviar un mensaje en código Morse a la estación de destino que, a su vez, se encargaba de descifrarlo. El primer telegrama en Estados Unidos se envío el 24 de mayo de 1844. Su texto decía: "What God has brought" (Lo que nos ha traído Dios). La facilidad con que se establecían las comunicaciones, que salvaban la larga espera de las cartas, hizo que el invento triunfara en los países de Europa.

En España, la primerea usuaria fue la reina Isabel II, que envió un telegrama en la Línea Madrid - Irún el 8 de noviembre de 1854, uniendo las ciudades de Guadalajara, Calatayud, Zaragoza, Pamplona y San Sebastián. El texto era un discurso de la reina por el que quedaban inauguradas las Cortes Constituyentes durante el bienio progresista.

El furor causado por este nuevo invento hizo que en abril del año siguiente se aprobara la construcción de una red telegráfica que uniría todas las capitales de provincia. Canarias quedó fuera por las dificultades técnicas, siendo en la década de 1880 cuando llegó el telégrafo a través de un cable enviado entre Cádiz y Santa Cruz de Tenerife.


8. PRIMER SISTEMA TELEFÓNICO

El 16 de diciembre de 1877, se efectuaría la primera comunicación telefónica en España, concretamente en Barcelona. Fue una conversación mantenida entre la antigua Ciudadela militar de Barcelona y el Castillo de Montjuic, para lo cual se instaló un tendido de los correspondientes cables.

Diez días después, Gerona y Barcelona quedaron unidas también por cables telefónicos, instalando junto al trazado ferroviario. Se iniciaba la instalación de los primeros aparatos de teléfono.

La Compañía Dalmau e Hijos fue la encargada de la fabricación de los primeros aparatos de telefonía. Sus primeros usuarios fueron las redacciones de periódicos y revistas y las grandes empresas, para más adelante ser adoptado por los particulares.

Otro hito importante fue la publicación de un artículo en la revista Crónica científica por Narcís Freixa, explicando el innovador sistema de comunicación de Graham Bell, convirtiéndose en uno de los pioneros de la divulgación telefónica a la sociedad.


9. SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA

Julio Cervera fue el ingeniero y comandante del Ejército español que inventó el primer sistema técnico de radiotelefonía de voz inalámbrica, es decir, la primera radio. Su patente fue registrada el 22 de marzo de 1902 ante el ante el notario Antonio Turón y Biscá, y fundó la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos en Madrid.

Estuvo trabajando en Londres durante tres meses con el ingeniero italiano Guillermo Marconi y con su ayudante George Kemp hasta finales de 1899. En diciembre de ese mismo año, tras resolver las dificultades técnicas de su investigación, obtuvo sus primeras patentes de la telefonía sin hilos.

Durante los años 1901 y 1902, mantuvo emisiones regulares de voz sin cables entre Tarifa y Ceuta durante tres meses consecutivos, así como entre Jávea e Ibiza, estableciendo el segundo y tercer servicio regular en la historia de la radiotelegrafía mundial. Era la primera máquina telegráfica sin hilos capaz de transmitir la voz humana.

El primer sistema regular de transmisión inalámbrica fue puesto en marcha por Marconi en 1898 entre la isla de Wight y Bournemouth. Cierto es que Marconi inventó la telegrafía sin hilos antes que Cervera, demostrando su eficacia en diciembre de 1901, pero se trataba de una telegrafía para transmitir señales, no sonidos. Es por ello que, Cervera desarrolló la radio once años antes de que lo hiciese Marconi, el cual no trabajó en la radio hasta 1913. Esto le convierte en el pionero indiscutible de la radiotelefonía en el mundo entero.

SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA DE JULIO CERVERA


10. PRIMERAS CADENAS RADIOFÓNICAS

Aunque hubo experimentos de transmisión radiofónica en diversas ciudades europeas y estadounidenses, en España la radio se remonta al 14 de noviembre de 1924, cuando se fundó Radio Barcelona, a la que siguieron Radio Asturias de Oviedo y Radio Unión de Madrid. Estas emisoras se fundaban en cumplimiento del decreto del año anterior en el que el gobierno estableció el monopolio de las estaciones radioeléctricas.

Con el paso del tiempo, la radio adquirió una fama inusitada hasta el punto en que Radio Nacional de España se fundó en plena Guerra Civil, en 1937, con el objetivo de mantener informados a los españoles regularmente con una línea editorial oficialista.

DESCUBRIMIENTO DEL ANTÁRTICO POR GABRIEL DE CASTILLA


Gabriel de Castilla fue uno de los primeros marinos exploradores en alcanzar el continente de la Antártida, en 1603, concretamente las actuales islas Shetland del Sur. Este hecho está compartido con el holandés Dirck Gerrits Pomp. El viaje de Castilla ha sido considerado como un logro fundamental para la historia de la exploración de los mares del sur.

DESCUBRIMIENTO DE LA ANTÁRTIDA POR GABRIEL DE CASTILLA

Gabriel de Castilla y de la Mata nació en Palencia, hacia 1577, cuyos padres fueron Alonso de Castilla y Cárdenas y Leonor de la Mata. Su familia tenía una tradición de servicio militar, lo que propició su temprano ingreso en la carrera de las armas.

En septiembre de 1589, partió al Virreinato de la Nueva España en su compromiso de defender los dominios del Imperio español, cuando era capitán de artillería. Lo hacía en compañía de su primo Luis de Velasco y Castilla, recién nombrado virrey en sustitución de Álvaro Manrique de Zúñiga. En aquel momento, España estaba involucrada en un enfrentamiento con Inglaterra en la Guerra anglo-española de 1588-1604, y era muy necesario reforzar las posiciones defensivas de los virreinatos españoles en América ante el riesgo de ser ocupados.

En 1589, participó en la Expedición exploratoria de las costas de la Capitanía General de Chile al mando del galeón San Francisco, en colaboración con los capitanes Hernando Lamero y Gallego de Andrade.

En 1596, fue nombrado general del puerto de El Callao, junto a la capital de Lima, en el Virreinato del Perú.

Por orden del virrey Velasco, acudió en ayuda del gobernador Martín García Óñez de Loyola, con el objetivo de defender los asentamientos españoles establecidos en las cercanías del río Bio-Bio, al sur de la Capitanía General de Chile, que estaban siendo asediados por las tribus de mapuches. Con el mando de maestre de campo, encabezaba una tropa de más de 200 solados no muy bien equipados, a los que luego se añadieron otros 140 más, con los que Óñez de Loyola pudo hacer frente al potente y valeroso ejército de la región del Arauco.

Lideró las labores de construcción de varias fortificaciones para asegurar las posiciones españolas en la Araucanía y encabezó los enfrentamientos contra piratas y corsarios de las potencias europeas que querían saquear los puertos españoles del cono sur americano. También fue responsable de transportar el quinto real, es decir, la parte correspondiente de metal precioso extraído en concepto de impuesto, desde el puerto de Arica al del Callao en varias ocasiones hasta 1602.

LUIS DE VELASCO GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA

En 1603, el virrey Velasco le entregó el título de comandante de la Real Armada del Mar del Sur que se estaba preparando desde el Virreinato del Perú tras la desaparición de Juan de Velasco de Barrio. Tenía por misión proteger las aguas de las costas de Chile, Tierra de Fuego y el cabo de Hornos, y capturar a cuantos piratas avistase, especialmente holandeses. Estos habían actuado en algunos puertos del litoral del Pacífico sur causando graves daños en el comercio mercantes y a las poblaciones locales. Por otra parte, Castilla contaba con bastante experiencia para realizar este cometido, pues ya había realizado varias exploraciones y participado en algunos enfrentamientos navales.

La armada estaba formada por tres embarcaciones: el galeón Jesús María, nave capitana de 600 toneladas y 30 cañones de artillería; el galeón Nuestra Señora de la Visitación, nave almiranta que había sido capturada al corsario inglés Richard Hawkins; y el galeón Nuestra Señora de las Mercedes, de 400 toneladas.

En marzo de 1603, la expedición partió del puerto de Valparaíso, en la Capitanía General de Chile.

Poco después de zarpar, una fuerte tormenta empujó a las tres embarcaciones hacia las islas Shetland del Sur, a 64º de latitud, junto al continente de la Antártida. Los integrantes de la expedición fueron los primeros en primeros occidentales conocidos de la historia en contemplar su helada superficie y quizás también en pisarla. Este hecho ocurrió en 1603, nada menos que 160 años antes que lo hiciese James Cook, en 1773, quien descendió hasta los 71º 10' de latitud sur con una tecnología naval muy superior.

Y, un mes después, en abril, las naves de Gabriel de Castilla regresaron a Valparaíso. En 1605, contrajo matrimonio con Genoveva de Espinosa en Lima, una mujer natural de Chuquisaca (Sucre), con la que tuvo seis hijos. Durante el resto de su vida, fue administrador de las rentas de varias encomiendas y desempeñó distintos oficios públicos, destacando el de alguacil mayor de Cuzco y corregidor en dos jurisdicciones.

En 1629, murió ya retirado de la actividad marítima.

El 20 de diciembre de 1989, el Ejército español fundó la Base Antártica Gabriel de Castilla, en la isla Decepción, perteneciente al archipiélago de las Shetland. Sus principales misiones son la investigación científica y ofrecer apoyo logístico a otras expediciones científicas que recorren la Antártida.

MAPA DE LA ANTÁRTIDA DEL SIGLO XVIII

No se han encontrado documentos en archivos navales españoles que aseguren esta efeméride, más bien son de origen holandés. Lo único que existe es el relato del marinero holandés Laurenz Clasesz, que había participado en la Expedición a las Molucas de Jacop Mahu en 1598, detallando la latitud y la fecha:
"[haber] navegado bajo el Almirante don Gabriel de Castilla con tres barcos a lo largo de las costas de Chile hacia Valparaíso, i desde allí hacia el estrecho, en el año de 1603; i estuvo en marzo en los 64 grados i allí tuvieron mucha nieve. En el siguiente mes de abril regresaron de nuevo a las costas de Chile."

Este marino holandés podría haber sido contratado y participado en la armada de Castilla cuando su embarcación, el Blijde Boodschap, de la expedición de Jacop Mahu, tuvo que refugiarse en el puerto de Valparaíso en noviembre de 1599. Después de su sufrir una fuerte tormenta, quedó desarbolada y corta de suministros, viéndose obligada a repostar en un puerto español donde la tripulación fue apresada, entre ellos el capitán Dirck Gerrits Pomp.

Según otras fuentes, Castilla partió al mando del navío Buena Nueva desde algún puerto del cono sur americano a inicios de 1603. Superó los 60º de latitud sur, y observó tierras montañosas cubiertas de nieve. Las coordenadas de sus descubrimientos indican que reconoció a las islas actuales islas Shetland del Sur, a las que denominó islas de La Buena Nueva, en honor a su navío, y la parte septentrional de la península Antártica. Por las coordenadas que ofrece y por los aspectos geográficos que relata es muy probable que Castilla hubiese llegado a las actuales islas Melchior.

BASE ESPAÑOLA GABRIEL DE CASTILLA EN ANTÁRTIDA

Otros investigadores atribuyen este descubrimiento al marino holandés Dirck Gerrits Pomp, que habría alcanzado las mismas las islas Shetland del Sur, un poco antes de que lo hiciese Castilla, concretamente en 1599. Según el relato del capitán holandés Jacob Le Maire, llegó allí desviado por una fuerte tormenta después de cruza el estrecho de Magallanes, al regresar de la Expedición a las Molucas. Pero, como en el caso de Castilla, existen serias dudas sobre la veracidad del relato de Gerrits.

De quienes no hay dudas es de los hermanos Gonzalo y Bartolomé García de Nodal, marinos naturales de Pontevedra, que realizaron una expedición para explorar los mares al sur de La Patagonia, en 1619, por orden de Felipe III. Estos llegaron más allá de los 56º sur, descubriendo las islas Diego Ramírez, en honor de Diego Ramírez de Arellano, piloto de la expedición. Ambos hermanos anotaron todos los datos del viaje con exactitud científica en una relación que se conserva en la actualidad. Pero, tampoco se puede considerar que estos marinos gallegos estuvieran en tierras antárticas, pues las islas Diego Ramírez se consideran el punto más austral del cono sur americano, pero no pertenecen propiamente a la Antártida.

Pero, existe otra versión o hipótesis que asegura que fue otro marino español el que avistó por primera vez la Antártida: Francisco de Hoces, en 1526. Este capitán estaba al mando de la carabela San Lesmes en la Expedición a las Molucas, islas de las especias en la actual Indonesia, al mando de los comandantes Jofre García de Loaysa y Juan Sebastián de Elcano, que partió desde España en 1525. Cuando la expedición se aproximaba al estrecho de Magallanes, la San Lesmes tuvo que poner rumbo al sur para evitar una fuerte tempestad, lo que hizo que descubriera por primera vez el paso al sur del cabo de Hornos. El paso de Hoces o mar de Hoces es llamado paso de Drake de forma errónea en la actualidad, ya que el corsario inglés Francis Drake cruzó por allí medio siglo después de que lo hiciese el marino español Francisco de Hoces.

Esta fue la aventura del San Lesmes, a partir de aquí se especula que superó los 55º de latitud sur llegando al continente antártico, lo que convertiría a Francisco de Hoces en el verdadero descubridor. Después, su carabela regresó al estrecho de Magallanes para reunirse con el resto de la flota. Poco después, el capitán fue relevado por enfermedad y sustituido por Diego Alonso de Solis. Debido a una tormenta, el 1 de junio de 1526, se separó de la flota de la Especiería en pleno océano Pacífico y, según algunos investigadores, el San Lesmes llegó hasta Nueva Zelanda y Australia, al sur del archipiélago de las Molucas.

MAPA DE LA BASE ESPAÑOLA JUAN CARLOS I EN ANTÁRTIDA

POLÉMICA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA


¿Existe una ciencia española? ¿Qué ha aportado España a las diversas ramas del saber científico a los largo de la historia? ¿Los intelectuales y científicos españoles han tenido la suficiente altura en sus conocimientos y aportaciones como para dejar una huella indeleble en el saber universal?

Estas preguntas y sus posibles respuestas originaron y originan una serie de investigaciones y debates con el objetivo de clarificar cuál era y cuál es la situación real y la categoría de nuestros conocimientos científicos. La polémica no sólo se reduce a examinar las posibles aportaciones, ya que con el tiempo, los interesados analizaron también las causas sociales y estructurales que pudieron imposibilitar el desarrollo de nuestro quehacer científico.

POLÉMICA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA

Como ha ocurrido en diferentes ocasiones a la largo de la Historia, las potencias occidentales han infundado una mala imagen de España, de sus costumbres y de su ciencia. Falacias que se convirtieron en tópicos de una Leyenda Negra que, hasta la actualidad, parte del pueblo español ha asumido dichos mitos sin ningún esfuerzo de verificación histórica.

Otros españoles, en cambio, prefirieron combatir esta mala prensa extranjera. Un pionero de este tipo de literatura patriótica podría considerarse a Francisco de Quevedo con su España defendida, publicada en 1609.

Pero el origen de la polémica se encuentra en la figura de Nicolás Masson de Morvilliers, quien publicó su Enciclopedia Metódicaeditada por Charles-Joseph Panckoucke en París, en 1782que fue sucesora de la Enciclopedia de D'Alembert y Diderot. En su entrada dedicada a España de la sección de Geografía Moderna, se preguntaba:
"Pero, ¿qué se debe a España? ¿Desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace seis, ¿qué ha hecho por Europa?..." 
"En España no existen ni matemáticos, ni físicos, ni astrónomos, ni naturalistas. Sin el auxilio de otras naciones no tiene nada de los que se precisaría para hacer una silla... En todo es un niño que tiene necesidad de crecer todavía."
Movilliers calificaba a España con epítetos como "pueblo de pigmeos" o "la nación más ignorante de Europa".

Lo que había pasado en España, en comparación con la potencia intelectual que se había convertido Francia durante el Siglo de las Luces de la Razón, es que su desarrollo científico había avanzado mucho, pero la información se transmitía con lentitud. El resto de potencias europeas desconocieron por cierto tiempo el esfuerzo que estaba realizando. Por otra parte, el ambiente prerrevolucionario francés perjudicó también a España.

Los españoles se dividieron en defensores y denigradores de su propia nación: apologistas y detractores. También en el extranjero surgieron españoles y no españoles que se sumaron al debate. Varios ilustrados españoles reaccionaron con la pluma a la afrenta de Movilliers, demostrando la contribución de su patria en las humanidades y las ciencias.

La respuesta no se hizo esperar y comenzaron a publicarse artículos en los que aparecen glosas e inventarios de nuestras aportaciones a la cultura universal. El primero en responder fue el botánico español, residente en París, Antonio José de Cavanilles, que publicó Observations de M. L'abbé Cavanilles sur l'article Espagne de la Nouvelle encyclopédie, en 1784, enumerando indiscriminadamente algunos autores contemporáneos.

Ese mismo año, un abate piamontés residente en la Corte de Federico II de Prusia, Carlos Deninapronunció un discurso Reponse á le question "Que doit-on á l'Espagne?", en sesión solemne de la Academia de Ciencias de Berlín. Afirmaba que España había hecho por Francia más que Francia por las demás naciones, aunque reconociendo que había decaído durante los últimos tiempos, especialmente en el plano científico.

Entre los denigradores estuvo Luis Cañuelo, quién criticó la general incultura de los españoles en El Censor, publicado en Madrid en 1786. Al menos, reconocía que en España siempre hubo una minoría de intelectuales a la altura de cualquier país europeo.

Más contundente fue Juan Sempere y Guarinos, en Ensayo de una biblioteca española de los mejores escritores del reinado de Carlos III, publicado en Madrid entre los años 1785 y 1789. Responsabilizó del temor a toda innovación al espíritu partidista, la presunción y el catolicismo inquisitorial.

Como este debate se había convertido en una cuestión patriótica, en 1786, la Real Academia de la Lengua Española organizó un concurso público que consistía en redactar una respuesta apologética a la afrenta de Morvilliers en defensa de la tradición cultural y de la ciencia española, sin ninguna retribución económica al ganador. Juan Pablo Forner entregó la obra con la que pasaría a la historia: Oración apologética por la España y su mérito literario. El conde de Floridablanca, secretario real de Carlos III, quedó tan entusiasmado por el alegato de Forner que decidió publicarlo y otorgarle un premio de 6.000 reales.

La Oración apologética es una obra más oratórica que histórica, pues minusvalora la filosofía, y basa las ciencias y las artes en la utilidad y la virtud. Forner defendió a la cultura y literatura nacional, haciendo mención especial al literato Miguel de Cervantes, al humanista Luis Vives y a su promotor Floridablanca, aunque reconoció que nunca hubo un científico del nivel de Isaac Newton o un filósofo como Leibnitz. Destacó la contribución al Escolasticismo, ciencias sagradas, moral, derecho, náutica, arte militar, medicina, lógica, jurisprudencia, etc. Es un obra típica de la Ilustración de su tiempo, pues exaltaba las ciencias prácticas. Recibiría los reconocimientos del marqués de Valmar, Menéndez Pelayo, Wenceslao Ayguals de Izco y otros conservadores españoles.

ORACIÓN APOLOGÉTICA POR LA ESPAÑA Y SU MÉRITO LITERARIO

Frente a esta posición patriótica o paternalista fue Cañuelo quien, a través de la revista El Censor, dirigió sus ataques contra el atraso de las instituciones, subrayando su feudalismo.

Comenzaba un debate que no sólo trataba de ver lo que se ha aportado, sino también de si era posible aportar algo, e incluso si era conveniente de acuerdo con nuestra idiosincrasia. No obstante, como consecuencia de esta polémica, se inyectó en la España de entonces una sabia muy positiva, que conllevó un gran florecimiento artístico y científico.

La conocida como "polémica de la ciencia española" se estancó durante alguna décadas hasta experimentar un relanzamiento tras la Guerra de la Independencia española entre los años 1808-1014. Se produjo con un enfoque distinto, basado en una crítica constructiva para aportar soluciones al estancamiento del desarrollo científico nacional con respecto a otras naciones de Europa o a mejor el nivel cultural de la población. Es interesante a esta cuestión el plan de instrucción publicado, presentado por el poeta José Quintana ante las Cortes de Cádiz.

Con el avance del siglo XIX y la aparición de unas nuevas condiciones sociales más favorables, el conocimiento científico fue recibiendo un fuerte empuje mediante la fundación de academias y facultades. Entre las mismas son destacables la Escuela de Ingenieros, el Instituto Geológico y Minero, el Instituto Geográfico y Catastral, y las Academias de Ciencias y Letras.

Tras la instauración del Estado liberal en 1833, la polémica de la ciencia española tuvo lugar entre conservadores, que defendían el Antiguo Régimen absolutista, y liberales, que estaban a favor del Estado liberal. Un debate más, como los hubo en siglos anteriores, sobre la contribución nacional al acerbo europeo y occidental en Ciencias y Humanidades.

Varios nombres destacaron en el nuevo enfoque de la polémica, cuyo objetivo central será analizar mejor la situación científica presente como base y programa de un mejor desarrollo que facilite las vocaciones y las investigaciones. Así, n su discurso de ingreso en la Academia de las Ciencias,
Antonio Ramón Zarco del Valle indicó las excelentes condiciones climáticas, geográficas y físicas en que se encontraba España y que facilitaba enormemente el progreso de las ciencias.

Otra visión esperanzadora la ofreció José de Echegaray en un discurso sobre la Historia de las matemáticas puras en nuestra España. Aunque reconocía la falta de tradición española en las matemáticas y ciencias puras, reafirmaba su esperanza de recuperar el tiempo perdido para situar a España al mismo nivel que las europeas.

Tan esperanzadoras palabras recibirían una crítica más virulenta en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente por los llamados krausistas, aquellos filósofos españoles de tendencia europeista y defensores de las ideas de Karl Krause. Sostenían que la causa del atraso científico se debía principalmente a la intolerancia religiosa.

Uno de ellos, Manuel de la Revilla, aseguró que España no había colaborado en nada al progreso científico europeo, un atraso mantenido durante la Edad Moderna. La causa principal fue la intransigencia de la Iglesia católica ejercida a través del riguroso control de la Inquisición sobre toda obra científica que pudiese aportar novedades y el despotismo de determinadas épocas de la historia de España.

Ante esta ofensa, el historiador y filósofo Marcelino Menéndez y Pelayo refutó al krausista señalando la tradición y lucidez del quehacer científico, aparte de sus innumerables aportaciones. En su artículo Masson redivivo, aludía al ilustrado francés del siglo XVIII, Nicolas Masson de Morvilliers, que abrió aquella polémica con su pregunta ¿Qué ha hecho España por Europa?, en esta ocasión recuperado en la persona de Manuel de la Revilla. Ese texto quedó englobado en su obra La ciencia española, publicado en 1876, en el que reivindicaba la existencia de una tradición científica española, en un estilo hiperbólico.

El motivo de la aversión de Menéndez Pelayo a los krausistas era su continua apología a la producción intelectual y científica de otros países e ignorancia o desprecio de la propia.
"... estimar en poco el rico legado de nuestros padres, despreciar libros que jamás leyeron, ver con burlona sonrisa el nombre de Filosofía española."
Su patriotismo le hizo reaccionar mediante la edición de La ciencia española, escribiendo contra ellos:
"Nuestros flamantes filósofos desprecian a los antiguos sabios españoles porque fueron católicos y escribieron bajo un gobierno de unidad religiosa y monárquica."
Aludiendo a eruditos de la talla de Ramón Llull, Luis Vives o Francisco Suárez escribió:
"Nadie procura enlazar sus doctrinas con las de antiguos pensadores ibéricos, nadie se proclama luliano, ni levanta bandera vivista, ni se apoya en Suárez; y la ciencia española se desconoce, se olvidan nuestros libros, se los estima de ninguna importancia."
Como consecuencia de aquel debate entre Manuel de la Revilla y Marcelino Menéndez y Pelayo, surgió toda una literatura defendiendo ambas tesis, es decir la existencia o no de una ciencia propiamente española. Los resultados de todo ellos resultaron positivos.

Según Ernesto García Camarero, autor de la obra La Ciencia española entre la polémica y el exilio:
"Se va perfilando la necesidad de estudiar científicamente la historia de la ciencia..., quedando claro que, si bien nunca han faltado cultivadores de la ciencia en los últimos siglos, la aportación española a la ciencia universal es muy reducida."

LA CIENCIA ESPAÑOLA ENTRE LA POLÉMICA Y EL ÉXITO

También fue relevante el artículo de José del Perojo aparecido en la Revista contemporánea, el 15 de abril de 1877, con el título La ciencia española bajo la Inquisición. Analizó casi de forma exhaustiva no sólo el contenido de la polémica, sino también las aportaciones nacionales y extranjeras a todas las disciplinas del saber, dando a entender la situación de atraso de la ciencia nacional.

Menéndez y Pelayo siguió siendo el gran valedor e historiador de la ciencia y cultura, cuya defensa fue concebida casi como un deber patriótico. En 1894, escribió otro polémico artículo en la publicación España Moderna, con el título Esplendor y decadencia de la cultura científica española. Lo más destacable fue el punto de vista personal con el que terminaba su artículo:
"Cuando tengamos una facultad de ciencias (basta una) constituida de esta suerte, y cuando en el ánimo de grandes y pequeños penetre la noción del respeto con que estas cosas deben ser tratadas, podremos decir que ha sonado la hora de la regeneración científica de España. Y para ello hay que empezar por convencer a los españoles de la sublime utilidad de la ciencia inútil."

A toda esta problemática no es ajeno el estado de decadencia intelectual en que se encontraba la Universidad española de finales de siglo. En 1876, un grupo de catedráticos, que fueron expulsados o dimitidos de las universidades oficiales por razones ideológicas, fundaron la Institución Libre de Enseñanza. Esta institución universitaria paralela impulsó la polémica, dada su preocupación por la formación de los jóvenes y futuros científicos.

Innumerables artículos sobre el tema continuaron apareciendo en un intento de clarificar posturas. Uno de ellos fue la conferencia pronunciada en Madrid por José R. Carracido en el Ateneo, en 1896, con el título Las condiciones de España para el cultivo de las ciencias, en donde se señala que:
"... si estuvimos postergados en la producción científica fue por efecto de condiciones accidentales, pero fundamentalmente en nada somos inferiores a los pueblos que forman hoy la vanguardia de la civilización."
También fue relevante el discurso de ingreso en la Academia de Santiago Ramón y Cajal, bajo el título de Deberes del Estado en relación con la producción científica. Analiza las causas del atraso científico, sus orígenes físicos, históricos y morales, así como sus posibles remedios. Era partidario de una revolución científica desde el gobierno, que debía trazar un plan y su correspondiente financiación para salir de la situación de crisis.

Por último, también fue relevante en este periodo el artículo del astrónomo José Comas y Solá publicado en La Vanguardia de Barcelona, el 28 de noviembre de 1899, con el título de Nuestra decadencia, y en el que se critica la anquilosada y rutinaria cultura científica, confiando en una reacción moral que la supere.

Así, el siglo XX se inició con la participación en el debate de un genio iluminador en esta materia, el médico Santiago Ramón y Cajal. Su discurso de ingreso en la Academia causó la actuación del gobierno y mediante Real decreto de 11 de enero de 1907 se fundó la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, bajo su presidencia. Esta institución pretendía ser la base de un nuevo surgir científico nacional a través de relaciones profesionales con los principales focos de irradiación de ciencia en Europa.

Gracias a esta Junta, apareció una generación de investigadores con una gran vocación y esforzada dedicación. A pesar de los escasos medios con que se contaban, supieron elevar al nivel cultural y científico en todos los órdenes.

LA CIENCIA ESPAÑOLA

Al margen de los debates y polémicas entre intelectuales, durante el siglo XX fueron apareciendo estudios sobre los inventos y avances al desarrollo científico y contribuciones al ámbito filosófico y cultural realizados por españoles en los siglos de la Edad Moderna. Aquellos hechos fueron olvidados o no fueron puestos en consideración por las autoridades españolas como habían estado haciendo las de otros países. 

Por otra parte, España tuvo otras particularidades sociopolíticas que la diferenciaban del resto, que fueron las concernientes a su proyección ultramarina, el descubrimiento geográfico del mundo, la fundación de virreinatos, y la militarización de la ciencia. Esta peculiaridad generó un avance enorme en el conocimiento geográfico, el conocimiento antropológico de los pueblos indígenas americanos y el estudio de las tierras descubiertas en materias relacionadas con las ciencias naturales.

En este ambiente de recuperación científica y revisionismo historiográfico, surgió un grupo de historiadores de la ciencia, cuyos principales artífices fuero Julio Rey Pastor y Francisco Sánchez Pérez y Vera. De hecho, Rey Pastor fundó la Asociación de historiadores de la ciencia española, en 1934.

Frente a la tesis de Unamuno de "que inventen ellos, para aprovecharnos nosotros", este innumerables grupo de jóvenes investigadores supo dar nivel internacional a sus nuevas aportaciones, elevando nuestro país a la categoría científica que merecía. En un artículo publicado por Rey Pastor en 1953 describía la situación:
"En oposición a la España introvertida, que deseaba Unamuno, poblada de faquires acurrucados al sol y derviches hirsutos de báculo rascador, consagrados a meditar sobre el enigma de la muerte, surgió una generación vigorosa y optimista que trabajó con tesón hasta lograr el ingreso de España en la comunidad internacional de la ciencia..."
Uno de los grandes inspiradores de la nueva corriente científica fue el filósofo José Ortega y Gasset, quien aseguraba que el resurgir científico era la única garantía de supervivencia moral y material de España.

Así pues, el eje central de la polémica cambió de rumbo: la discusión consistía ya en lo que España aportó o no en el pasado, sino en el planteamiento de las bases culturales y sociales sobre las que debe construirse la nueva tendencia y los métodos más útiles para alcanzarlo lo antes posible. En una cosa estaban todos de acuerdo, el progreso del país exige un avance científico inmediato, por lo que se impuso la ejecución de una urgente planificación de acuerdo con las necesidades del mismo.

Solo así se podría avanzar y cumplir el deseo del filósofo Ángel Ganivet:
"Algún día vendrá el saber y, entonces, todo se andará."

LA VERDADERA CIENCIA ESPAÑOLA