PEDRO ARRUPE SUPERVIVIENTE DE LA BOMBA ATÓMICA DE HIROSHIMA


El jesuita Pedro Arrupe fue el español superviviente de la detonación de la primera bomba atómica lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, durante la Guerra del océano Pacífico entre el Imperio japonés y Estados Unidos de América.

Reconvirtió su novicio cristiano establecido en el periférico barrio de Nagatsuka en un improvisado hospital de emergencia que, junto con sus compañeros de la Orden de Jesús, se dedicó a ayudar a tantos heridos y enfermos concurrieron durante los primeros días tras la explosión. Su experiencia sobre el devastación de la ciudad por aquella bomba atómica fue descrita en su obra Yo viví la bomba atómica, publicado en Madrid, en 1952.

PEDRIO ARRUPE SUPERVIVIENTE DE LA BOMBA ATÓMICA DE HIROSHIMA

Uno de los hechos más lamentables de la historia de la humanidad ha sido el estallido de la primera y segunda bombas atómicas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Fue efectuado por el Ejército de los Estado Unidos de América durante la Guerra del Pacífico (1941-1944), englobaba en la II Guerra Mundial (1941-1945). Estados Unidos reaccionó por el frente del océano Pacífico cuando su base naval de Peral Harbour, establecida en Hawái, fue atacada el 7 de diciembre de 1941.

El Imperio de Japón de Hirohito había emprendido una política de expansión territorial por el sudeste asiático e islas del Pacífico, aliándose con las Potencias europeas del Eje (Alemania e Italia). En la primera fase del conflicto había invadido Filipinas, Malasia, Singapur, Hong Kong, Indonesia, parte de Birmania, Nueva Guinea y numerosas islas estratégicas como Guam, Wake y Salomón.

Sin embargo, las batallas del Mar del Coral y de Midway, a mediados de 1942, cambiaron el desarrollo del enfrentamiento. El Ejército estadounidense había infligió un daño irreparable a la flota de portaaviones japonesa y un freno a su expansión, que fue continuada por la estrategia de avance "salto de isla", atacando islas clave (Tarawa, Kwajalein, Saipán) para establecer aeródromos, evitando bastiones japoneses fuertemente defendidos.

Las crueles batallas de Iwo Jima y de Okinawa en 1945 no consiguieron forzar la rendición del Ejército japonés, demostrando una dura resistencia.

Informado el presidente Franklin D. Roosevelt de que su ejército había creado un arma para terminar con la guerra en un último golpe, dio su aprobación para que la primera bomba atómica de la historia fuese lanzada sobre la ciudad de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945.

HIROHITO Y ROOSVELT

Aquella bomba denominada Little Boy pesaba 4.300 kilos y fue transportada por un avión bombardero B-29 llamado Enola Gay, al mando del capitán Robert Lewis y del coronel Paul Tibbets. Aquel artefacto de uranio-235 fue lanzado desde el bombardero a 9,5 kilómetros de altura y estalló a 600 metros del suelo.

Hiroshima era una ciudad de unos 400.000 habitantes y objetivo militar de primer orden. Se trataba del segundo cuartel general de las tropas japonesas y desde su puerto se transportaban soldados y armamento a las diferentes zonas del conflicto. Además, la ciudad fue elegida por su tamaño y por estar rodeada de montañas que intensificarían la explosión, buscando forzar la rendición de Japón.

Sin embargo, Hiroshima no había recibido ningún ataque importante durante la contienda. Todas las ciudades colindantes, como Kure o Iwakuni, habían sido bombardeadas, dejando a Hiroshima en una extraña calma. Tal era así, que cuando en el cielo aparecía un B-29 norteamericano nadie acudía a los refugios, bajo la creencia de que la ciudad ya no sería bombardeada. Aquel bombardero aparecía casi a diario al amanecer, por lo que fue denominado el "correo americano".

Sus casas estaban construidas en madera, y sus calles estrechas y sinuosas. La altura media de los edificios era de dos plantas, permitiendo el paso de la luz.

En uno de aquellos edificios de la periferia de Hiroshima se encontraba el albergue de una misión católica regentada por miembros de la Compañía de Jesús, concretamente en un lugar llamado Nagatsuka. Constaba de parroquia y de residencia y se servía para su trabajo de los novicios que se formaban en otra casa jesuita cercana, a unos seis kilómetros de la ciudad. En este novicio jesuita era donde trabajaba Pedro Arrupe como rector del grupo de 35 compañeros repartidos por la ciudad y alrededores. Estaba destinado en Japón desde hacía siete años.

Si se salvó de sufrir los efectos de la explosión de la bomba y de fallecer de forma instantánea fue gracias a que su residencia estaba a seis kilómetros de distancia con respecto al centro de la ciudad.

PEDRIO ARRUPE EN NAGATSUKA

Pedro Arrupe y Gondra había nacido en Bilbao en 1907. Sus estudios básicos los realizó en escuelas de carácter católico, cuyos valores determinarían su vida y carrera profesional.

En 1922, estudió Medicina en la Universidad de Valladolid, continuando en la Facultad de San Carlos, dependiente de la Universidad Central de Madrid. Se destacó como un excelente alumno, pues llegó ganar el premio extraordinario de carrera a uno de sus compañeros de aula, el neurólogo Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina, en 1926. Durante su etapa universitaria, recibió clases de su profesor Jorge Negrín, quien más tarde sería presidente de la II República española.

En 1927, ingresó en la Compañía de Jesús. Pocos años después, en 1932, el gobierno de la II República ilegalizó su orden sacerdotal, por lo que tuvo que exiliarse a Bélgica y de allí a Holanda, donde continuó estudiando teología.

En 1938, Arrupe recibió una noticia que llevaba tiempo esperando, era su autorización como misionero a Japón, algo que ya había solicitados varias veces.

MONUMENTO A LOS MÁRTIRES DE NAGASAKI

Para la Orden de los jesuitas, esta isla fue determinante en el avance del evangelio por el sudeste asiático poco tiempo después de que san Ignacio de Loyola fundase la compañía en el siglo XVI. En 1549, san Francisco de Javier introdujo el Cristianismo en Japón, logrando un rápido éxito inicial que alcanzó unas 300,000 conversiones para 1600. Enfocados en las élites, fundaron seminarios y adaptaron la cultura local. En 1597, se produjo la crucifixión de los Mártires de Nagasaki, donde veintiséis cristianos fue ejecutados, muchos de ellos jesuitas, marcando un hito en la persecución religiosa. A principios del siglo XVII, se enfrentaron a una brutal persecución, siendo expulsados o martirizados tras la prohibición del shogunato.

Arrupe había querido servir como misionero en Japón, siendo destinado en aquel novicio ubicado en Nagatsuka, en una colina a las afueras de Hiroshima. Desde el puerto estadounidense de Seattle se embarcó rumbo a Yokoyama, a finales de 1938. Estuvo varios meses aprendiendo el idioma y las costumbres autóctonas, hasta que fue trasladado a la Iglesia parroquial de Yamaguchi, en cuya ciudad comenzó a predicar san Francisco de Javier en 1550.

El 8 de diciembre de 1941, un día después de que Estados Unidos declarase la guerra a Japón, Arrupe fue acusado de ejercer el espionaje por las autoridades, por ello fue encerrado en una pequeña celda. Desde prisión, estuvo luchando por su honestidad y lealtad a sus convicciones católicas, tratando de convencer a las autoridades japonesas de las verdaderas intenciones en la isla: la ayuda al prójimo. Un mes después fue liberado, y unos meses más tarde fue destinado al novicio de Nagatsuka.

El 6 de agosto de 1945, el padre Arrupe se convirtió en un excepcional testigo de la masacre que sufrió la ciudad. Cuando regresó a Europa, ofreció cientos de conferencias y escribió su libro Yo viví la bomba atómica, publicado en Madrid, en 1952.

YO VIVÍ LA BOMBA ATÓMICA, POR PEDRIO ARRUPE

A las 08:15 de la mañana, un bombardero B-29 lanzó sobre la ciudad una bomba que asesinó a decenas de miles de personas de forma instantánea.

Aquel día, Arrupe llevaba levantado desde muy temprano, estaba ofreciendo una misa mañanera cuando escuchó y vio el estruendo. Lo cuenta así en su libro:
"…, cuando de repente vimos una luz potentísima, como un fogonazo de magnesio, disparado ante nuestros ojos. Naturalmente, extrañados, nos levantamos para ver lo que se sucedía y al ir a abrir la puerta de aposento oímos una explosión formidable, parecía el mugido de un terrible huracán, que se llevó por delante puertas, ventanas, cristales, paredes endebles… que, hechos añicos, iban cayendo sobre nuestras cabezas."

Los supervivientes describieron aquello como una sucesión de explosiones y de ráfagas de aire extremadamente calientes. Los que estaban más alejados lo describieron como un inicial fogonazo, seguido un estruendoso ruido. Con ese estallido, cientos de llamas fueron diseminadas por la ciudad, a la vez que la onda expansiva de elevado calor barría las calles y viviendas, incendiándolas instantáneamente y rediciéndolas a cenizas.

En ese instante, sobre la ciudad se formó una enorme humareda, el llamado hongo nuclear, que sumió a Hiroshima en una nube de gas venenoso que volaba a una velocidad de 800 km/h. Después, apareció una llovizna negra, mezcla de ácido, agua, cenizas y sedimentos sólidos. El 92% de las personas a 600 metros del epicentro murieron. El calor extremo y la radiación provocaron incendios devastadores y enfermedades inmediatas como náuseas, vómitos y caída del cabello.

EXPLOSIÓN DE LA BOMA ATÓMICA EN NAGASAKI EN 1945

Pero cuando miraron por la ventana no vieron ni cráter ni explosión, pues "allí no había ningún hoyo, ninguna señal de explosión. Los árboles, las flores, todo, parecía normal." Solo cuando subieron a una colina cercana comprendieron la magnitud de la tragedia: "Desde allí pudimos distinguir en dónde había estado la ciudad, porque lo que teníamos delante era una Hiroshima completamente arrasada."

Las estructura de madera de los edificios estaban en llamas y habían convertido a la ciudad en una enorme hoguera, en la que miles de japoneses se preparaban para comenzar el día.

Arrupe se preparaba junto a sus compañeros para recibir una avalancha de personas heridas. Sin embargo, apenas contaban con botiquín formado por pequeñas cantidades de yodo, aspirina, sal de frutas y bicarbonato. Entonces, los jesuitas del novicio se organizaron para traer alimentos y ayudar a los heridos que hubiese en la ciudad. Si intención era convertir el centro espiritual en un improvisado hospital de emergencia.

"Nunca se me olvidará, porque fue una de mis impresiones primeras de la bomba atómica, aquel grupo de muchachas jóvenes, de dieciocho a veinte años, que venían agarradas unas a otras, arrastrándose. Una de ellas tenía una ampolla que le ocupaba todo el pecho. Tenía además la mitad del rostro quemado y un corte producido por la caída de una teja, que, desgarrándole el cuello cabelludo, dejaba ver el hueso, mientras gran cantidad de sangre le resbalaba por la cara. Y así la segunda, la tercera… en una progresión que si se continúa hasta 150.000 nos dará una idea aproximada del cuadro de Hiroshima."

Ante la imposibilidad de entrar en la ciudad para buscar a sus compañeros jesuitas de las otras dependencias, el padre Arrupe fue organizando la actividad en el noviciado. No tienen medicinas y tampoco personal cualificado para operar, así que tomó una decisión sencilla, pero que resultó trascendental para la recuperación de los 150 heridos que ya habían llegado al centro: acaparar cuanta comida pueda para nutrir a los desgastados cuerpos. Jóvenes de otros lugares fueron dejando una importante cantidad de alimentos que sirvió para combatir la anemia de muchos enfermos, así como la leucemia que desarrollaron los heridos por la radiación nuclear.

VICTIMAS DE NAGASAKI EN 1945

La situación se fue volviendo cada vez más catastrófica, superando las posibilidades médicas que tenía aquel reducido grupo de misioneros. A las heridas por contusión que había que limpiar en carne viva y a sangre fría por la ausencia de cloroformo, éter, morfina o cualquier anestésico que redijese el dolor, se unían los cortes y las quemaduras.

En su libro, el padre Arrupe describió el indescriptible sufrimiento de los japones que aguantaban sin apenas quejarse con total estoicismo:
"Sufrimientos espantosos, dolores terribles que hacían retorcerse a los cuerpos como serpientes y, sin embargo, no se oía un solo quejido. Todos sufrían en silencio. Nadie gritaba ni lloraba. En esto es donde el pueblo japonés se manifiesta muy superior a los occidentales: en el control absoluto del dolor y el estoicismo, tanto más admirable cuanto más espantosa es la hecatombe."

Después de esas primeras horas de descontrol y estupefacción, Arrupe y sus colaboradores consiguieron entrar en la ciudad avanzada la tarde. Aún no sabían nada de sus compañeros jesuitas que vivián en las dependencias de interior. La realidad del desastre les dejó desolados.
"… un espectáculo sencillamente indescriptible; visión dantesca y macabra imposible de seguir con la imaginación. Teníamos delante una ciudad completamente destruida, por la que íbamos avanzando sobre los escombros cuya parte inferior estaba aún llena de rescoldos… Pero mucho más terrible era la visión trágica de aquellos miles de personas heridas, quemadas, pidiendo socorro. Como aquel niño con quien me tropecé que tenía un cristal clavado en la pupila del ojo izquierdo, o aquel otro que tenía clavada en los intercostales, como si fuese un puñal, una gruesa astilla de madera."

Fue a primeras horas de la noche, tras varias de caminata por la ciudad, cuando este equipo de salvamento encontró a sus cinco compañeros jesuitas, todos ellos heridos, pero vivos. Entre estos, el padre Schiffer, a quien para cortar una hemorragia que tenía en la cabeza no tuvieron más remedio que cubrírsela con un turbante fabricado con papeles de periódicos y una camisa. Con estos heridos se iniciaba un viaje de regreso al noviciado que terminó a mitad de la noche.

Al día siguiente, 24 horas después de la explosión, se presentó en las estancias una persona que entregaba un saco de ácido bórico, más de 15 kilos de desinfectante, que salvarían la vida a cientos de heridos. Después habría que improvisar las vendas y gasas.
"Con nuestra ropa interior y con las sábanas que había en casa, fabricamos que gran cantidad de vendas y comenzamos nuestro trabajo, sumamente primitivo, pero que dio gran resultado. Consistía en poner una gasa sobre la herida, manteniéndola húmeda todo el día con una solución desinfectante de ácido bórico. Así se lograba calmar un poco el dolor y, además, manteníamos la lesión relativamente limpia y en contacto con el aire."

Si tantos heridos acudían al noviciado fue debido a que la ciudad fue arrasada, y los habitantes que sobrevivieron huían de ella, encontrándose este edificio a las afueras, en un lugar llamado Nagatsuka.

El número de niños heridos era superior al de adultos, los cuales fueron alcanzados por la explosión cuando se encontraban en las escuelas. Sin padres ni profesores, estaban deambulando por las calles a la intemperie, otros sufriendo las heridas en solitario.

NAGASAKI EN 1945 Y EL RÍO NAKASHIMA

Al término de tres o cuatro días, los jesuitas de Arrupe se encontraron con otro tipo de síntomas en personas que estaban en la ciudad en el momento de la explosión, y que no habían sufrido heridas aparentes:
"… pasados unos cuantos días se sentían débiles y venían a nosotros diciendo que se abrasaban por dentro, que quizá habían respirado un gas venenoso… y al poco tiempo morían."

Todas aquellas personas estaban experimentando en su cuerpo los efectos de la radiación atómica, y nadie los conocía.

Arrupe pudo realizar investigaciones y estudiar diversos casos, encontrando los siguientes síntomas:
"Destrucción de los órganos hematopoyéticos, médula, bazo, ganglios linfáticos y los bulbos capilares; es decir, un caso típico de ataque radioactivo."

Y, tras conocer las cusas y las consecuencias, pudieron salvar ayudar a muchos enfermos y salvar la vida a otras a través de transfusiones de sangre, y algún otro método.

Para realizar estas curas, Arrupe fue ayudado por los médicos que fueron llegando a Hiroshima procedentes de Tokio, Osaka y otras ciudades cercanas. Estos se afanaban en saber que era lo que había ocurrido.

Otra de las descripciones que Arrupe realizó en su libro fue la quema de personas muertos con fines higiénicos y salubres:
"… y comenzamos a levantar pirámides inmensas de cadáveres para rociarlos con petróleo y prenderles fuego después. Así desaparecieron los cadáveres que estaban en las calles. Pero a los tres o cuatro días, con el sol de agosto y el calor húmedo, el olfato nos iba diciendo dónde había más cuerpos en corrupción. Levantando los escombros no encontrábamos a familias de cinco o seis o más personas aplastadas bajo su casa. Ayudados por los transeúntes, que al azar cruzaban por allí, hacíamos montones de cincuenta o sesenta cadáveres para incinerarlos."

En esta tarea de incineración de muertos se encontraba Arrupe cuando, el 9 de agosto, tres días después de ataque a Hiroshima, otro B-29 arrojó la segunda bomba atómica sobre Nagasaki. Y, aunque más potente que la primera, esta segunda causó menor devastación, que fueron aproximadamente la mitad de las víctimas que las causadas en Hiroshima.

BOMBRDERO B-29 ENGOLA GAY Y BOMBA ATÓMICA LITTLE BOY

Un día antes, el 8 de agosto, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas había declarado la guerra a Japón. Las tropas del mariscal Rodion Malinowsky habían empezado a invadir amplias zonas de Manchuria, el norte de China, Corea y la isla de Sajalin.

Mientras tanto, el Ejército japonés no tenía capacidad de reacción de ningún tipo, estaba abatido y derrotado. Estados Unidos proponían la rendición del país del "sol naciente". Para evitar mayores sufrimientos al pueblo niponés, el emperador Hirohito aceptó el armisticio ofrecido. El 14 de agosto de 1945, Japón anunció su rendición.

El 2 de septiembre tuvo lugar la firma del Tratado de Paz que ponía fin a la Guerra del Pacífico, a bordo del acorazado Missouri, en aguas de la bahía de Tokio. Por parte estadounidense, el representante fue el general MacArthur, quien en un breve discurso dijo:
"Estamos reunidos aquí los representantes de las principales potencias para concluir un solemne acuerdo encaminado al restablecimiento de la paz (…) Tampoco no hemos reunido en un ambiente de desconfianza, reserva y odio (…) Roguemos para que la paz se restablezca ahora en el mundo y para que Dios la conserve siempre."

La explosión de la bomba atómicas en Hiroshima afectó a 13 millones de metros cuadrados, con el resultado de 56.111 edificios totalmente arrasados, 6.820 bastante perjudicados y 6.040 parcialmente dañados, de un total de 75.327 edificios existentes.

En cuanto a las víctimas, el dato más fiable procede del Information Center of Hiroshima, que asegura que fueron 260.000 muertos y 163.293 heridos o desaparecidos. De los muertos, 50.000 fallecieron en el momento de la explosión nuclear y 200.000 en las semanas siguientes, la gran mayoría por los efectos de la radiación nuclear (leucemia, cáncer, quemaduras). De todas formas, son cifras que contabilizan las primeras semanas, pero olvidan las víctimas que padecieron la radiación durante décadas, haciendo enfermar a personas que en un primer momento contabilizaron como heridos. La contaminación de la tierra, del aire y del agua continuó causando enfermos y muertos durante generaciones, hechos que los gobiernos japonés y estadounidense no les interesó estudiar y divulgar.

PEDRO ARRUPE DE MISIÓN

En 1954, Arrupe fue nombrado jefe superior de la Compañía en Japón, con el cargo de viceprovincial.

En 1965, fue nombrado general de su compañía, cargo que desempeñó hasta 1983. Su mandato se caracterizó por la renovación interna de la orden y por enfocarse a ayudar a los pobres y excluidos sociales. Otra de sus actuaciones fue la fundación del Servicio Jesuita al Refugiado, en 1980. Al año siguiente, sufrió una trombosis que le dejó muy mermado físicamente y le obligase a dejar la dirección de general de la Compañía. Años después José Arrupe falleció en 1991.

MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA


George Santayana fue un filósofo original e independiente, además de ensayista y poeta, que escribió la totalidad de su obra en inglés y residió en el extranjero, en el marco de la Crisis contemporánea de final del siglo XIX. El cuerpo doctrinal de su pensamiento estuvo en el Materialismo y el Naturalismo.

Su principal obra fue La vida de la razón, publicada en 1906, en la que desarrolló los cuatro grandes ámbitos filosóficos: la materia, el espíritu, las esencias y la verdad.

MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA

Jorge Ruiz de Santayana Borrás nació en 1863, en Madrid. Aunque firmaba sus obras en inglés, George Santayana, siempre se consideró español, renovando su nacionalidad originaria desde sus estancias en el extranjero. Pasó su adolescencia en la ciudad de Boston junto a su madre, Josefina Borrás, hasta acceder a la Universidad de Harvard. Allí consiguió la cátedra de Filosofía, entre 1889 y 1912.

Aunque siguió viviendo en Estados Unidos, regresaría a Ávila de forma periódica para visitar a su padre, Agustín Ruiz de Santayana, y a su hermana, Susana. De hecho, Ávila significó un "lugar de peregrinación" constante por su sentido místico de la existencia y de la relación entre la materia y el espíritu.

En 1912, trasladó su residencia habitual en Gran Bretaña para trabajar como profesor en la Universidad de Oxford, aunque estuvo viajando por Italia, Egipto, Palestina, Grecia y Turquía. Hasta que, en 1920, fijó su residencia definitiva en Roma, donde vivió hasta que falleció en 1952.

Las sucesivas renuncias para vivir en España, Estados Unidos e Inglaterra son síntomas de su constantes necesidad para alcanzar una mayor libertad e independencia intelectual. Se convirtió en un cosmopolita que vio en España su fuente de inspiración y encontró en Roma las raíces de una cultura mediterránea de la se sentía hijo espiritual. El uso del inglés en sus obras fue una manera de alcanzar al mayor número de no hispanohablantes desconocedores de la cultura hispánica, como confesó en su obra A general confession.

En la biografía que Luis Farré le escribió, Vida y pensamiento de Jorge Santayana, en 1953, manifestó su sentimiento nacional:
"La única cosa digan de mención en mi carrera es que he pasado la mejor parte de mi vida en Estados Unidos y he escrito mis libros en idioma inglés, mientras conservé mi nacionalidad española y mis sentimientos de español. Figuraba al mismo tiempo en el mundo de habla inglesa como una especie de huésped permanente, familiar, apreciado y creo que discreto, pero siempre extranjero."

CASA NATAL DE GEORGE SANTAYANA

Su compleja obra es una conjunción de elementos heterogéneos con elegancia y armonía, donde la estética, la filosofía, la literatura y la mística se entrelazan en original unidad. Sin renunciar a sus raíces, supo desarrollar una universalidad que le hacía sentirse hombre del mundo, en general, y del Mediterráneo, en particular.

En Estados Unidos se dejó influenciar por William James, John Dewey y Josiah Royce; en Inglaterra por G. E. Morre, Bertrand Russell y Alfred North Whitehead; aunque sus principales referentes filosóficos siempre fueron los clásicos Platón, Spinoza, Demócrito y Lucrecio. Pero, también encontraba inspiración e la poesía, la literatura o la mística.

El núcleo de su pensamiento es el reconocimiento de la primacía de la materia y de la naturaleza las demás manifestaciones de la realidad, y la crítica las corrientes más subjetivas e idealistas que no admiten la existencia de una materia y naturaleza independiente a la realidad humana. Su pensamiento fue evolucionando hacia un Materialismo más fundamentado, que puede identificarse con el Naturalismo, pero la idea de naturaleza era ya una interpretación de la materia.

Vivió dentro de la crisis contemporánea, pues a los treinta y cinco años pudo contemplar y sufrir el Desastre del 98 y las dos guerras mundiales. Su filosofía trataba de superar el Positivismo naturalista del siglo XVIII, por eso su personal Materialismo filosófico trataba de armonizar las exigencias de la materia con las aspiraciones del espíritu. Por tradición y por sentimiento, se sentía católico, aunque por convicciones filosóficas era un pagano, por más que se definiera materialista o naturalista.

GEORGE SANTAYANA

Su principal obra fue La vida de la razón (The life o reason), publicado entre 1905 y 1906. Su contenido forma el núcleo original de su filosofía sobre la que basó futuras investigaciones, y consta de cinco volúmenes: La razón en el sentido común; La razón en la sociedad; La razón en la religión; La razón en el arte; y La razón en la ciencia.

Consiguió un gran éxito desde su primera aparición en Estados Unidos, convirtiéndose en lectura obligada para los universitarios. Joseph L. Blau, en Filósofos y escuelas filosóficas en los Estados Unidos de América, de 1957, lo calificó como la "biblia del naturalismo para una generación de estudiantes americanos".

En ella escribió el famoso aforismo ha pasado a la historia de la filosofía universal incluso, por encima de toda su enorme obra publicada: "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" (Those who cannot remember the past are condemned to repeat it). Aparece en el capítulo dedicado a la "Fase de la infancia" dentro del tomo titulado La razón en el sentido común.

Santayana utilizaba este argumento para explicar que el progreso no consiste simplemente en cambiar, sino en retener lo aprendido; si una persona o sociedad no guarda sus recuerdos, su experiencia es fluida pero no acumulativa, volviendo siempre a un estado de infancia.

La obra de Santayana demuestra la progresiva madurez de su pensamiento, cuyos trabajos fundamentales, además del anterior, fueron:
El sentido de la belleza, en 1896
Interpretaciones sobre poesía y religión, en 1900
Tres poetas filósofos, en 1910, dedicado a Lucrecio, Dante y Goethe
Vientos de doctrina: estudios sobre la opinión contemporánea en Estados Unidos, en 1920
Soliloquis, en 1922
Escepticismo y fe animal, en 1923
Diálogos en el limbo, en 1926
Platonismo y vida espiritual, en 1927
La tradición corté acorralada, en 1931
Algunos cambios conceptuales en la filosofía moderna, en 1933
El último puritano, novela de 1936 que fue un éxito de ventas
Los reinos del ser, en 1941
Dominaciones y potestades, en 1951

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Los cuatro grandes ámbitos filosóficos de Santayana son la materia, el espíritu, las esencias y la verdad, que constituyen los "reinos del ser" (Realms of beign).

La doctrina filosófica de Santayana es el Materialismo, sin las connotaciones metafísicas tradicionales y con un carácter metódico y fundante. Sobre el estudio de la materia fue fundamentando su pensamiento sobre el que elevarlo hasta llegar al estudio de las esencias, la vedad y el espíritu.

Reivindicó el valor del Materialismo griego, alejado del reduccionismo del Positivismo anglosajón del siglo XIX que tuvo que estudiar siendo joven. Ofrecía un sentido renovador al concepto de naturaleza, que presentaba como paradigma de toda sabiduría, sin las interpretaciones racionalistas y cientifistas de los filósofos occidentales.

Para Santayana, Materialismo y Naturalismo se identifican siempre en ausencia de los reduccionismos contemporáneos a que fueron sometidos. Con estas ideas respondió a la crisis de "fin de siglo", pero considerando los valores más altos de la tradición occidental. Por eso, la materia, que es el primero de los "reinos del ser" crea a los otros reinos del ser, en un proceso de autorreferencia. Proponía un Realismo materialista que fuese coherente y correspondiente.

La materia debía estar definida por estas cuatro características generales:

1. subsistencia, alejada de cualquier subjetivismo o traducción antropológica, al estilo del Humanismo retórico tradicional. Sólo estableciendo la debida distancia entre el sujeto humano y la naturaleza material podría darse una relación equilibrada entre ambos.

2 causa última de todas las cosas como principio de existencia. En la naturaleza viven los dioses y los hombres y es principio de toda acción y reflexión.

3. sistémico, articulado por relaciones y conexiones, que debe ser descubierto por la investigación humana, especialmente por la ciencia. Pero Santayana, que reconocía los límites del conocimiento científico, proponía impulsar la investigación simbólica del universo.

4. potencialidad, derivada del carácter activo, dinámico y transitivo. Entroncaba así la materia con la temporalidad que caracteriza a todos los seres y que otorgaba a la existencia una constante trágica, amenazada por el riesgo y la desaparición.

El Materialismo de Santayana estaba en conciliación con su preferencia por los valores ideales y espirituales y exigía un difícil equilibrio en el tratamiento de los problemas filosóficos. Este Idealismo fue conducido por su formación cristiana y su temperamento español. Para una correcta argumentación se basó en la materia y en la fe animal.

La materia es un elemento biológicamente primario y afirmación inconclusa primordial en la actividad de toda ser, pero en el hombre está abierta a ámbitos inmateriales. La fe animal en la materia no debe intentar dar razón de la inmensa riqueza espiritual de la existencia, definido por "reinos del ser".

En su obra Scepticism and animal faith, publicada en Nueva York, en 1923, describió su Escepticismo metódico:
"Mediante el sentido común se concibe la experiencia como el efecto que el impacto de las cosas externas produce sobre el hombre cuando es capaz de retenerlo y recordarlo."

Esto da una idea de la precariedad de todo ser humano para el conocimiento, por lo que el sentido común acepta toda posibilidad de conocimiento sin pretender dogmatizarlo. Por el contrario, reconocía las limitaciones que su origen material impone a toda actividad espiritual.

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Su obra La vida de la razón. Fases del progreso humano, que publicó entre 1905 y 1906, condensa la base de su filosofía materialista y naturalista.

El punto de partida es la razón, considerada como prolongación del impulso vital del animal humano modificado por la actividad reflexiva. El reino de la materia es el origen de cualquier consideración, pues constituye la matriz y fuente de todo los demás. La naturaleza es madre universal de toda acción y conocimiento, y la razón aparece como fenómeno específico de la misma en el ser humano. Por eso, el desarrollo del hombre en la historia de las instituciones humanas (ciencia, arte, sociedad, religión), coincide con la vida de la razón, a través de tres grandes etapas:

1ª. fase prerracional, dominada por el predominio de los impulsos, los instintos y los hábitos, siempre considerados como buenos mientras sean naturales.

2ª. fase racional, donde los impulsos e instintos son modelados por la razón, en la que se corre el peligro de el imperativo de la razón se imponga sobre los impulsos naturales, promoviendo el desequilibrio de la sociedad.

3ª. fase postracional, trata de modelar los excesos de la razón llevada a sus últimas consecuencias, introduciendo exigencias propias de la imaginación.

Santayana justificaba el espíritu como dominio independiente de la materia y, por lo tanto, libre de sus condiciones espacio-temporales:
"Este mundo de la expresión libre, esta corriente de sensaciones, pasiones e ideas que perpetuamente se encienden y apagan la luz de la conciencia, lo llamo Reino del espíritu. Sólo por amor a esta vida libre vale la pena alcanzar la comprensión de lo material y el conocimiento de los hechos. Para una criatura viviente, los hechos no son sino instrumentos; su vida lúdica es su verdadera vida. En sus días de trabajo, cuando está atento a la materia, es sólo su propia sirviente, que prepara el festejo. Se convierte en su propio dueño en sus días de fiesta y en sus pasiones deportivas. Entre esta deben contarse la literatura, y la filosofía y todo lo del amor, religión y patriotismo que no constituye un esfuerzo para sobrevivir materialmente. En tales formas de entusiasmo se da una gran dosis de afirmación; pero lo que atestiguan no es realmente el carácter de los hechos externos de que se trate, sino tan sólo los usos espirituales hacia los cuales los orientan el espíritu."

La dirección emprendida desde esta óptica explica la importancia que Santayana concedió a la religión y su interés personal. Su sentido expresar el destino del hombre y su lugar en el cosmos, mediante imágenes míticas y poéticas. Esto implica conceder sus derechos a la imaginación, aunque siempre atenida a las condiciones naturales que le sirven de sustento. Así, Santayana introducía en su sistema filosófico un Supernaturalismo que no rechaza al Naturalismo de base, sino que se complementa. Por eso, en The genteel tradition et bay, de 1931, afirmó:
"Este mundo sobrenatural casi tangible es sólo el resto de la naturaleza, la naturaleza en sus verdaderas profundidades y en su verdadera infinitud."

LA VIDA DE LA RAZÓN, POR GEORGE SANTAYANA

Las esencias son el resultado de la situación del hombre en el mundo como observador, pues adopta los hechos materiales que encuentra a sus facultades de observador. En este sentido, hay una voluntad permanente en todo hombre a superar el atenimiento fáctico a lo material mediante el concurso de las ideas, producto inmediato de su mente que intuye esencias, que son ideales. Así se establece una dicotomía entre el reino de los hechos y el reino ideal de las esencias, con total independencia uno del otro. Esta tendencia le permite al hombre superar su condición espaciotemporal, dotándole de una gran libertad espiritual de movimientos. Los hechos, o cosas materiales, cuando son percibidas a través de las esencias quedan despojadas de toda vinculación existencial, permitiendo ascender a la paz espiritual.

El reino de las esencias no es el reino de la verdad. Según Scepticism and animal faith, las esencias son:
"simplemente el catálogo no escrito, prosaico e infinito de todos los caracteres que poseen al existir tales cosas, conjuntamente con todos los caracteres que todas las cosas diferentes poseerían si existieran."

Las esencias no desembocan en un conocimiento del mundo, pero permiten extender el mismo más allá de una primera y superficial perspectiva. Presupone una renuncia al compromiso existencial primario y abren el acceso a una paz espiritual, que Santayana identificaba con la filosofía.

La problemática planteada por el reino de las esencias conlleva a la cuestión del conocimiento y el reino de la verdad. Esto es así porque la intuición, al ser de esencias u no de cosas reales, propicia al error en el conocimiento de la naturaleza. Para que esto no ocurra, hay que delimitar el campo infinito de las esencias, acotándolo respecto de aquella que se realizan en la existencia real.

La posesión de la verdad absoluta es "incompatible con el estar vivo", pues estar vivo es gozar de una perspectiva, y "la verdad absoluta no puede descubrirse justo porque no es una perspectiva". Más ampliamente:
"Un observador, que forma parte del mundo que observa, debe tener una particular situación en él; no puede estar igualmente cerca de todo, ni ser interior a nada, salvo a sí mismo; del resto sólo puede obtener perspectivas, abstraídas de acuerdo a su sensibilidad y estilizadas según sus intereses."

OBRAS DE GEORGE SANTAYANA

Las únicas verdades posibles para el hombre son verdades parciales que establecen desde perspectivas determinadas. Cuando esas verdades están controladas por la experiencia, dan lugar al conocimiento; este es una creencia fundada en hechos exteriores y:
"surge merced a un movimiento de la persona que se abre a los seres circundantes o responde a los mismos de modo que estos se convierten en sus objetivos de atención, y al mismo tiempo una correspondencia apropiada tiende a establecerse entre estos objetos y las circunstancias que se elaboran bajo su influencia."

Esto presupone la fe animal, y es posible acceder a él, lo que convierte al conocimiento en ciencia natural. Esto supone una fe en el objeto descrito y en la sustancia que lo constituye, entendido como algo subsistente por sí mismo. Así, la vida animal del hombre forja el conocimiento científico de los objetos, que constituyen la única descripción válida de la materia.

En su obra, Santayana ya no se ocupaba de la ciencia en proporción a la importancia que le condecía, aunque era el aspecto central de su pensamiento. El intento de conciliar la relación entre ciencia y religión fue un problema del Modernismo filosófico en la crisis de final de siglo XIX.

Su Materialismo de base exigía valorar adecuadamente el conocimiento científico. Para él es una manifestación suprema de la imaginación como facultad cognoscitiva fundamental. Desde este punto de vista, la ciencia es una expresión ejemplar del destino trágico del hombre, ya que sus verdades son relativas y temporales en que se expresa la unión entre esencia y existencia. En este sentido, la ciencia es producto, como cualquier otro producto humano, de fe animal y está asentada en el Escepticismo.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA


Los inventos del siglo XIX conllevaron un cambio radical en la vida de las personas. En la tecnología empezaron a darse los primeros pasos de la telegrafía eléctrica, los inicios de la telefonía y la aparición de la radio.

España posee un grupo de ingenieros que fueron pioneros en estas tecnologías de la comunicación: Agustín de Betancourt y Juan José Lerena en telegrafía óptica, Francisco Salvá y José María Mathé en telegrafía eléctrica y Julio Cervera en la radiofonía inalámbrica.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA

1. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE AGUSTÍN DE BETANCOURT

Ingeniero civil y militar Agustín de Betancourt fue uno de los ingenieros mecánicos más relevantes e influyentes de Europa entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Fue precursor de la primera máquina de vapor de doble efecto en la Europa continental por tanto, de la Termodinámica de fluidos, y había innovado una multitud de máquinas y tratados industriales, globos aerostáticos, y se destacó en la ingeniería industrial y el planeamiento urbanístico.

En cuanto a comunicaciones, su sistema telegráfico óptico desarrollado en París en 1795 fue superior que se estaba implantando en la República de Francia por Claude Chappe. Su telégrafo ganó el dictamen favorable de un comité de científicos enviado por el Directorio de la República, formado por Borda, Charles, Coulomb, Delambre, Lagrange, Laplace y Prony. Estos elogiaron la precisión, economía y rapidez en la transmisión de mensajes en las pruebas realizadas. Quedó patentado en la obra Memoria sobre un nuevo telégrafo y algunas ideas sobre la lengua telegráfica (Mémoire sur un nouveau télégraphe et quelques idées sur la langue télégraphique), publicada en 1797.

En 1800, fue inaugurada la primera línea española de telegrafía óptica entre Madrid y Aranjuez, compuesta por cuatro torres telegráficas: Palacio del Buen Retiro, ermita del Cerro de los Ángeles (Getafe), Cerro Espartinas (Valdemoro) y monte Parnaso (Aranjuez). La decisión del secretario de Hacienda dejó al proyecto de la construcción de torres de telégrafos en suspensión.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR AGUSTÍN DE BETANCOURT

2. SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO APLICADO

El médico, físico y meteorólogo, Francisco Salvá y Campillo fue uno de los primeros científicos en realizar estudios sobre la electricidad aplicada a la telegrafía. En 1804, presentó a la Real Academia de Ciencias de Barcelona el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia, gracias al cual consiguió transmitir información a gran distancia, aprovechando la aparición de la pila voltaica y la descomposición del agua.

Para él y otros científicos, el telégrafo era considerado como la primera tecnología de comunicaciones realmente rápida y global. Tenía la visión de que el descubrimiento de la electricidad permitiría la emisión de mensajes a largas distancias a través de algún sistema telegráfico. Por eso, a finales del siglo XVIII, Salvá realizaba experimentos con cargas eléctricas en movimiento siendo director de la sección de electricidad en la Academia barcelonesa.

Así, tras varios años de ensayos y pruebas, en 1795, publicó La electricidad aplicada a la telegrafía. En esta memoria establecía las basas de la telegrafía eléctrica del futuro, dejaba obsoletos los sistemas telegráficos óptico y acústico que se desarrollaban en Europa y avanzaba conceptos sobre la telegrafía inalámbrica y submarina.

El telégrafo eléctrico Salvá necesita un cable de conducción eléctrica para cada una de las letras y números a transmitir en el mensaje, así como otro correspondiente de retorno. Cada uno de los cables está unido a un electrodo, inmerso en tubo de vidrio lleno de agua acidulada. Los segundos electrodos que hay dentro de cada uno de esos tubos están unidos al conductor de retorno. Cuando Salvá aplicaba electricidad a uno de los cables conductores, se producía en el otro extremo una electrólisis, y este efecto generaba burbujas de gas en el correspondiente tubo emitiendo hidrógeno, que señalaba la letra transmitida. Por tanto, el transmisor utilizaba la electricidad que le proporcionaba una pila voltaica y el receptor estaba basado en la descomposición del agua.

No existían bombillas, ni electroimanes, todo estaba aún por inventar en este campo, por lo que utilizar un receptor electroquímico como indicador era lo más adecuado y práctico para la época. El operador iba anotando secuencialmente los tubos que borboteaban para registrar el mensaje.

Este procedimiento fue relativamente incómodo en la transmisión y dificultoso en el reconocimiento de las señales. El hecho de que no tuviese ninguna posibilidad de desarrollarse de forma práctica fue debió a la complejidad de su estructura, puesto que necesita 35 cables para la transmisión.

Aunque no pudo comercializarse o implantarse en España, su sistema telegráfico fue el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia. Su reconocimiento ha sido comprobado por el Institut of Electrical and Electronic Engineers, gracias a la colaboración del profesor Antonio Pérez Yuste de la Universidad Politécnica de Madrid.

Abrió el camino a la comunicación eléctrica en Europa y encontró un gran número de imitadores. El físico italiano Guillermo Marconi reconoció el valor de los descubrimientos de Salvá.

SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO POR FRANCISCO SALVÁ

3. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JUAN JOSÉ LERENA

Marino, diplomático e ingeniero militar, Juan José de Lerena y Barry destacó por desarrollar un sistema de telegrafía óptica que ponía la telegrafía civil al servicio del Estado, paso necesario para la llegada del telégrafo eléctrico. Este fue uno de los primeros sistemas de comunicación en España como los que había en los principales países de Europa.

Su telégrafo óptico diurno y nocturno fue presentó en Cuba ante una comisión de la Real Marina española en 1829, a bordo del navío Soberano. El sistema fue aceptado y valorado de forma positiva para una posible implantación en la España peninsular.

En 1830, se encontraba en la Corte de Madrid sirviendo como director de la Red Nacional de Telégrafos. Allí realizó pruebas de su sistema telegráfico mediante señales visuales que se podían observar con anteojos de larga distancia.

En 1831, reinauguró la primera línea de telégrafos Madrid-Aranjuez. Partía desde la Torre de los Lujanes en la plaza de la Villa, pasaba por otras dos torres ubicadas en el Cerro de los Ángeles en Getafe y el Cerro de Valdemoro, y la última torre estaba en el Monte Parnaso junto al Real Sitio de Aranjuez. En realidad, se trataba de reabrir una línea telegráfica formada por el ingeniero Agustín de Betancourt en 1800 que cayó en desuso durante la Guerra de la Independencia.

En los sucesivos años, fue ampliando la red de telégrafos ópticos conectando los Reales Sitios con la Corte de Madrid. En 1832, la segunda línea conectaba Madrid con La Granja de San Ildefonso, después con El Pardo y Rijofrío.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR JUAN JOSÉ LERENA


4. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ

En 1844, el gobierno de Ramón María Narváez aprobó un real decreto para la instalación de un sistema telegráfico de ámbito nacional. El Ministerio de Fomento dirigió el concurso al que se presentaron cuatro proyectos, resultando ganador el del ingeniero militar José María Mathé, por adecuarse mejor a las características técnicas.

El novedoso sistema de telegráfica óptica Mathé se basaba en líneas de torreones que conectasen las principales ciudades de la España peninsular. Sobre el piso superior de cada torreón se instalaría el aparato telegráfico Mathé, que constaba de un bastidor vertical con un travesaño móvil llamado brazo indicador. Este indicador podía adoptar diversas posiciones angulares, controladas desde el interior de la torre mediante un sistema de poleas, cuerdas y palancas. Cada posición del indicador corresponde a un número o letra, que significaba un mensaje concreto y prestablecido previamente, codificado y explicado en un diccionario de códigos secreto. Y cada combinación de posiciones podía formar frases completas. Los temas del código eran de interés estatal a cerda de la familia real, el Ejército español, el orden público, la administración, el gobierno, etc.

Una vez que una torre telegráfica emisora anunciase una posición, comenzaba la lectura de la siguiente torre repetidora situada a unos 10 kilómetros de distancia aproximadamente, utilizando unos prismáticos o catalejo de larga visión. Y esta repetiría la señal a la siguiente, y seguiría el proceso durante la línea hasta la torre receptora final.

Siendo director de la Red Telegráfica española, entre 1846 y 1850, se construyeron tres líneas telegráficas de ámbito nacional: la primera línea Madrid-Irún, pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián; la segunda Madrid-Valencia-La Junquera, conectaba Cuenca, Sagunto, Benicasim, Castellón, Tarragona y Barcelona; y la tercera Madrid-Cádiz unía Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. En 1849, publicó en Barcelona el Diccionario y tablas de transmisión para el telégrafo militar de noche y día.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ


6. RED TELEGRÁFICA ELÉCTRICA ESPAÑOLA

A mediados del siglo XIX, el sistema telegráfico óptico de Mathé se estaba quedando obsoleto, pues en algunos países de Europa se estaba implantando otro de tipo electrónico y conectado con cables suspendidos. Pero resultaba más eficiente, rápido y barato. El sistema Morse utilizaba impulsos eléctricos para transmitir el código de puntos y rayas, el cual fue utilizado por la administración española durante más de cien años.

Por real decreto de 1852, el Ministerio de Fomento encargó la implantación del sistema de telegrafía eléctrica de cables suspendidos en la línea Madrid-Irún. La Dirección General de Caminos, Canales y Puertos, al mando de José María Mathé, se encargaría de materializar el proyecto, que contaba con un presupuesto de 1.544.720 reales.

La red nacional de telegrafía eléctrica en España se fue implantando entre 1854 y 1863. La primera línea conectaba Madrid con Guadalajara, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Bilbao e Irún. Después, se ejecutaron las líneas Madrid-Extremadura y Madrid-Cataluña. Posteriormente, la red de telegrafía eléctrica se fue ampliando en forma de "estrella" el con centro en la capital, y enlazando con las líneas francesas y portuguesas, permitiendo la comunicación con los gobiernos de París y Lisboa. Tuvo una utilidad pública, a diferencia del anterior que era de exclusividad estatal, y los nuevos usuarios terminaron siendo periodistas, empresarios y políticos, además de militares.

La antigua Red Telegráfica Española fue sustituida por la nueva Dirección General de Telegrafía, cuyo director continuaba siendo Mathé. Además, fundó el Cuerpo de Telégrafos, cuyos operarios aprenderían unas reglamentaciones para el buen uso de la red, y publicó el nuevo Diccionario telegráfico, en 1858.

SISTEMAS TELEGRÁFICOS ESPAÑOLES


7. PRIMER TELEGRAMA ELÉCTRICO

El telégrafo que inventó Samuel Morse en Estados Unidos tenía por objetivo la transmisión de mensajes a largas distancias en poco tiempo. Este avance resultó decisivo para que los telegrafistas pudieran enviar un mensaje en código Morse a la estación de destino que, a su vez, se encargaba de descifrarlo. El primer telegrama en Estados Unidos se envío el 24 de mayo de 1844. Su texto decía: "What God has brought" (Lo que nos ha traído Dios). La facilidad con que se establecían las comunicaciones, que salvaban la larga espera de las cartas, hizo que el invento triunfara en los países de Europa.

En España, la primerea usuaria fue la reina Isabel II, que envió un telegrama en la Línea Madrid - Irún el 8 de noviembre de 1854, uniendo las ciudades de Guadalajara, Calatayud, Zaragoza, Pamplona y San Sebastián. El texto era un discurso de la reina por el que quedaban inauguradas las Cortes Constituyentes durante el bienio progresista.

El furor causado por este nuevo invento hizo que en abril del año siguiente se aprobara la construcción de una red telegráfica que uniría todas las capitales de provincia. Canarias quedó fuera por las dificultades técnicas, siendo en la década de 1880 cuando llegó el telégrafo a través de un cable enviado entre Cádiz y Santa Cruz de Tenerife.


8. PRIMER SISTEMA TELEFÓNICO

El 16 de diciembre de 1877, se efectuaría la primera comunicación telefónica en España, concretamente en Barcelona. Fue una conversación mantenida entre la antigua Ciudadela militar de Barcelona y el Castillo de Montjuic, para lo cual se instaló un tendido de los correspondientes cables.

Diez días después, Gerona y Barcelona quedaron unidas también por cables telefónicos, instalando junto al trazado ferroviario. Se iniciaba la instalación de los primeros aparatos de teléfono.

La Compañía Dalmau e Hijos fue la encargada de la fabricación de los primeros aparatos de telefonía. Sus primeros usuarios fueron las redacciones de periódicos y revistas y las grandes empresas, para más adelante ser adoptado por los particulares.

Otro hito importante fue la publicación de un artículo en la revista Crónica científica por Narcís Freixa, explicando el innovador sistema de comunicación de Graham Bell, convirtiéndose en uno de los pioneros de la divulgación telefónica a la sociedad.


9. SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA

Julio Cervera fue el ingeniero y comandante del Ejército español que inventó el primer sistema técnico de radiotelefonía de voz inalámbrica, es decir, la primera radio. Su patente fue registrada el 22 de marzo de 1902 ante el ante el notario Antonio Turón y Biscá, y fundó la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos en Madrid.

Estuvo trabajando en Londres durante tres meses con el ingeniero italiano Guillermo Marconi y con su ayudante George Kemp hasta finales de 1899. En diciembre de ese mismo año, tras resolver las dificultades técnicas de su investigación, obtuvo sus primeras patentes de la telefonía sin hilos.

Durante los años 1901 y 1902, mantuvo emisiones regulares de voz sin cables entre Tarifa y Ceuta durante tres meses consecutivos, así como entre Jávea e Ibiza, estableciendo el segundo y tercer servicio regular en la historia de la radiotelegrafía mundial. Era la primera máquina telegráfica sin hilos capaz de transmitir la voz humana.

El primer sistema regular de transmisión inalámbrica fue puesto en marcha por Marconi en 1898 entre la isla de Wight y Bournemouth. Cierto es que Marconi inventó la telegrafía sin hilos antes que Cervera, demostrando su eficacia en diciembre de 1901, pero se trataba de una telegrafía para transmitir señales, no sonidos. Es por ello que, Cervera desarrolló la radio once años antes de que lo hiciese Marconi, el cual no trabajó en la radio hasta 1913. Esto le convierte en el pionero indiscutible de la radiotelefonía en el mundo entero.

SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA DE JULIO CERVERA


10. PRIMERAS CADENAS RADIOFÓNICAS

Aunque hubo experimentos de transmisión radiofónica en diversas ciudades europeas y estadounidenses, en España la radio se remonta al 14 de noviembre de 1924, cuando se fundó Radio Barcelona, a la que siguieron Radio Asturias de Oviedo y Radio Unión de Madrid. Estas emisoras se fundaban en cumplimiento del decreto del año anterior en el que el gobierno estableció el monopolio de las estaciones radioeléctricas.

Con el paso del tiempo, la radio adquirió una fama inusitada hasta el punto en que Radio Nacional de España se fundó en plena Guerra Civil, en 1937, con el objetivo de mantener informados a los españoles regularmente con una línea editorial oficialista.

DESCUBRIMIENTO DEL ANTÁRTICO POR GABRIEL DE CASTILLA


Gabriel de Castilla fue uno de los primeros marinos exploradores en alcanzar el continente de la Antártida, en 1603, concretamente las actuales islas Shetland del Sur. Este hecho está compartido con el holandés Dirck Gerrits Pomp. El viaje de Castilla ha sido considerado como un logro fundamental para la historia de la exploración de los mares del sur.

DESCUBRIMIENTO DE LA ANTÁRTIDA POR GABRIEL DE CASTILLA

Gabriel de Castilla y de la Mata nació en Palencia, hacia 1577, cuyos padres fueron Alonso de Castilla y Cárdenas y Leonor de la Mata. Su familia tenía una tradición de servicio militar, lo que propició su temprano ingreso en la carrera de las armas.

En septiembre de 1589, partió al Virreinato de la Nueva España en su compromiso de defender los dominios del Imperio español, cuando era capitán de artillería. Lo hacía en compañía de su primo Luis de Velasco y Castilla, recién nombrado virrey en sustitución de Álvaro Manrique de Zúñiga. En aquel momento, España estaba involucrada en un enfrentamiento con Inglaterra en la Guerra anglo-española de 1588-1604, y era muy necesario reforzar las posiciones defensivas de los virreinatos españoles en América ante el riesgo de ser ocupados.

En 1589, participó en la Expedición exploratoria de las costas de la Capitanía General de Chile al mando del galeón San Francisco, en colaboración con los capitanes Hernando Lamero y Gallego de Andrade.

En 1596, fue nombrado general del puerto de El Callao, junto a la capital de Lima, en el Virreinato del Perú.

Por orden del virrey Velasco, acudió en ayuda del gobernador Martín García Óñez de Loyola, con el objetivo de defender los asentamientos españoles establecidos en las cercanías del río Bio-Bio, al sur de la Capitanía General de Chile, que estaban siendo asediados por las tribus de mapuches. Con el mando de maestre de campo, encabezaba una tropa de más de 200 solados no muy bien equipados, a los que luego se añadieron otros 140 más, con los que Óñez de Loyola pudo hacer frente al potente y valeroso ejército de la región del Arauco.

Lideró las labores de construcción de varias fortificaciones para asegurar las posiciones españolas en la Araucanía y encabezó los enfrentamientos contra piratas y corsarios de las potencias europeas que querían saquear los puertos españoles del cono sur americano. También fue responsable de transportar el quinto real, es decir, la parte correspondiente de metal precioso extraído en concepto de impuesto, desde el puerto de Arica al del Callao en varias ocasiones hasta 1602.

LUIS DE VELASCO GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA

En 1603, el virrey Velasco le entregó el título de comandante de la Real Armada del Mar del Sur que se estaba preparando desde el Virreinato del Perú tras la desaparición de Juan de Velasco de Barrio. Tenía por misión proteger las aguas de las costas de Chile, Tierra de Fuego y el cabo de Hornos, y capturar a cuantos piratas avistase, especialmente holandeses. Estos habían actuado en algunos puertos del litoral del Pacífico sur causando graves daños en el comercio mercantes y a las poblaciones locales. Por otra parte, Castilla contaba con bastante experiencia para realizar este cometido, pues ya había realizado varias exploraciones y participado en algunos enfrentamientos navales.

La armada estaba formada por tres embarcaciones: el galeón Jesús María, nave capitana de 600 toneladas y 30 cañones de artillería; el galeón Nuestra Señora de la Visitación, nave almiranta que había sido capturada al corsario inglés Richard Hawkins; y el galeón Nuestra Señora de las Mercedes, de 400 toneladas.

En marzo de 1603, la expedición partió del puerto de Valparaíso, en la Capitanía General de Chile.

Poco después de zarpar, una fuerte tormenta empujó a las tres embarcaciones hacia las islas Shetland del Sur, a 64º de latitud, junto al continente de la Antártida. Los integrantes de la expedición fueron los primeros en primeros occidentales conocidos de la historia en contemplar su helada superficie y quizás también en pisarla. Este hecho ocurrió en 1603, nada menos que 160 años antes que lo hiciese James Cook, en 1773, quien descendió hasta los 71º 10' de latitud sur con una tecnología naval muy superior.

Y, un mes después, en abril, las naves de Gabriel de Castilla regresaron a Valparaíso. En 1605, contrajo matrimonio con Genoveva de Espinosa en Lima, una mujer natural de Chuquisaca (Sucre), con la que tuvo seis hijos. Durante el resto de su vida, fue administrador de las rentas de varias encomiendas y desempeñó distintos oficios públicos, destacando el de alguacil mayor de Cuzco y corregidor en dos jurisdicciones.

En 1629, murió ya retirado de la actividad marítima.

El 20 de diciembre de 1989, el Ejército español fundó la Base Antártica Gabriel de Castilla, en la isla Decepción, perteneciente al archipiélago de las Shetland. Sus principales misiones son la investigación científica y ofrecer apoyo logístico a otras expediciones científicas que recorren la Antártida.

MAPA DE LA ANTÁRTIDA DEL SIGLO XVIII

No se han encontrado documentos en archivos navales españoles que aseguren esta efeméride, más bien son de origen holandés. Lo único que existe es el relato del marinero holandés Laurenz Clasesz, que había participado en la Expedición a las Molucas de Jacop Mahu en 1598, detallando la latitud y la fecha:
"[haber] navegado bajo el Almirante don Gabriel de Castilla con tres barcos a lo largo de las costas de Chile hacia Valparaíso, i desde allí hacia el estrecho, en el año de 1603; i estuvo en marzo en los 64 grados i allí tuvieron mucha nieve. En el siguiente mes de abril regresaron de nuevo a las costas de Chile."

Este marino holandés podría haber sido contratado y participado en la armada de Castilla cuando su embarcación, el Blijde Boodschap, de la expedición de Jacop Mahu, tuvo que refugiarse en el puerto de Valparaíso en noviembre de 1599. Después de su sufrir una fuerte tormenta, quedó desarbolada y corta de suministros, viéndose obligada a repostar en un puerto español donde la tripulación fue apresada, entre ellos el capitán Dirck Gerrits Pomp.

Según otras fuentes, Castilla partió al mando del navío Buena Nueva desde algún puerto del cono sur americano a inicios de 1603. Superó los 60º de latitud sur, y observó tierras montañosas cubiertas de nieve. Las coordenadas de sus descubrimientos indican que reconoció a las islas actuales islas Shetland del Sur, a las que denominó islas de La Buena Nueva, en honor a su navío, y la parte septentrional de la península Antártica. Por las coordenadas que ofrece y por los aspectos geográficos que relata es muy probable que Castilla hubiese llegado a las actuales islas Melchior.

BASE ESPAÑOLA GABRIEL DE CASTILLA EN ANTÁRTIDA

Otros investigadores atribuyen este descubrimiento al marino holandés Dirck Gerrits Pomp, que habría alcanzado las mismas las islas Shetland del Sur, un poco antes de que lo hiciese Castilla, concretamente en 1599. Según el relato del capitán holandés Jacob Le Maire, llegó allí desviado por una fuerte tormenta después de cruza el estrecho de Magallanes, al regresar de la Expedición a las Molucas. Pero, como en el caso de Castilla, existen serias dudas sobre la veracidad del relato de Gerrits.

De quienes no hay dudas es de los hermanos Gonzalo y Bartolomé García de Nodal, marinos naturales de Pontevedra, que realizaron una expedición para explorar los mares al sur de La Patagonia, en 1619, por orden de Felipe III. Estos llegaron más allá de los 56º sur, descubriendo las islas Diego Ramírez, en honor de Diego Ramírez de Arellano, piloto de la expedición. Ambos hermanos anotaron todos los datos del viaje con exactitud científica en una relación que se conserva en la actualidad. Pero, tampoco se puede considerar que estos marinos gallegos estuvieran en tierras antárticas, pues las islas Diego Ramírez se consideran el punto más austral del cono sur americano, pero no pertenecen propiamente a la Antártida.

Pero, existe otra versión o hipótesis que asegura que fue otro marino español el que avistó por primera vez la Antártida: Francisco de Hoces, en 1526. Este capitán estaba al mando de la carabela San Lesmes en la Expedición a las Molucas, islas de las especias en la actual Indonesia, al mando de los comandantes Jofre García de Loaysa y Juan Sebastián de Elcano, que partió desde España en 1525. Cuando la expedición se aproximaba al estrecho de Magallanes, la San Lesmes tuvo que poner rumbo al sur para evitar una fuerte tempestad, lo que hizo que descubriera por primera vez el paso al sur del cabo de Hornos. El paso de Hoces o mar de Hoces es llamado paso de Drake de forma errónea en la actualidad, ya que el corsario inglés Francis Drake cruzó por allí medio siglo después de que lo hiciese el marino español Francisco de Hoces.

Esta fue la aventura del San Lesmes, a partir de aquí se especula que superó los 55º de latitud sur llegando al continente antártico, lo que convertiría a Francisco de Hoces en el verdadero descubridor. Después, su carabela regresó al estrecho de Magallanes para reunirse con el resto de la flota. Poco después, el capitán fue relevado por enfermedad y sustituido por Diego Alonso de Solis. Debido a una tormenta, el 1 de junio de 1526, se separó de la flota de la Especiería en pleno océano Pacífico y, según algunos investigadores, el San Lesmes llegó hasta Nueva Zelanda y Australia, al sur del archipiélago de las Molucas.

MAPA DE LA BASE ESPAÑOLA JUAN CARLOS I EN ANTÁRTIDA