RAID MADRID-MANILA POR JOAQUÍN LORIGA


El Raid Madrid-Manila fue realizado con éxito en 1926 por la Escuadrilla Elcano, reducida a una única aeronave biplano y biplaza Breguet XIX de las tres iniciales, tras 106 horas y 15 minutos de vuelo, unos 39 días de raid, realizados en 18 etapas y 18.900 kilómetros de recorrido. Fue el primer vuelo efectuado en avionetas militares entre ambas capitales en una época del auge de las largos raids intercontinentales de las aviaciones occidentales.

Su principal promotor fue el capitán de aviación Joaquín Loriga Taboada, en colaboración de los capitanes Eduardo González-Gallarza Iragorri y Rafael Martínez Esteve, y los tres mecánicos Arozamena, Pérez y Calvo.

RAID MADRID-MANILA POR JOAQUÍN LORIGA

Con motivo del auge de los grandes raids que se estaban efectuando en los países europeos, en 1924, el Ejército española programó tres vuelos con destino a las antiguas provincias del Imperio, cada uno a un continente diferente: uno a Suramérica, otro a Guinea y otro a Manila. El motivo de este en particular era el mantenimiento de lazos fraternales entre ambos países, pues seguía existiendo una gran cantidad de población de origen español, además la Gobernación española de Filipinas se recordaban como más beneficiosa que la actual ocupación de Estados Unidos.

El primer proyecto para realizar un vuelo entre Madrid y Manila fue el intentado por el comandante José Carrillo Durán. Pero la necesidad de disponer de todas las fuerzas aéreas en la Guerra de Marruecos hizo que se paralizase la empresa, además el comandante murió en combate. Sin embargo, meses después, tras terminar la contienda bélica, dos capitanes de la Aviación española retomaron el proyecto. Estos eran Joaquín Loriga Taboada y Rafael Martínez Esteve.

Joaquín Loriga Taboada, nacido en Laín, Pontevedra, en 1895, era uno de los mejores aviadores del momento. Tras ingresar en la Academia de Artillería de Segovia, en 1912, accedió al Ejército del Aire en 1920, con rango de capitán. Durante esta contienda marroquí del Rif, en la que participó como jefe de escuadrilla, Loriga fue condecorado con la Medalla al Mérito Militar junto a otros dos capitanes que tomaría parte del Raid a Manila. También se encargó de realizar la prueba inaugural del autogiro de Juan de la Cierva en el aeródromo de Getafe.

Rafael Martínez Esteve, nacido en Valencia, en 1894, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo en 1911, y en la Academia del Ejército del Aire en 1920. Siendo capitán, fue trasladado a las Fuerzas Aéreas de África donde participó en operaciones al mando de un biplano Breguet XIV y obtuvo la Cruz de la Orde de María Cristina. También destacó por su participación en algunos de vuelos internacionales de la Aviación Española, por ejemplo, en la expedición que enlazó por vía aérea la península Ibérica con las islas Canarias, en 1923, dejando escrito el relato Memoria de un vuelo transatlántico.

Ambos presentaron un proyecto con algunas modificaciones sobre el original. En aquella época la aviación militar de larguísimas distancias estaba en desarrollo y la planificación de una empresa de tal magnitud y dificultad debía ser extremadamente preparada. Hasta el momento, de los anteriores treinta raids intentados, se habían conseguido terminar tan solo doce. Tras la larga gestación del proyecto, fue aprobado a finales de 1924, con un presupuesto total de 94.000 pesetas.

JOAQUÍN LORIGA TABOADA

El raid hay que englobarlo en los vuelos militares pioneros en la aviación con banco de pruebas para los posibles vuelos regulares entre Europa y Oriente que efectuaron franceses, como Pelletier d’Oisy, y portugueses como Brito Paes y Sarmento de Beires. Estos pioneros ayudaron generosamente a los españoles a preparar el viaje.

El Raid Madrid-Manila consistía en recorrer la distancia existente en las capitales de España y de Filipinas en veinte etapas y aproximadamente treinta días, que suponían una distancia entre 750 y 1.500 kilómetros diarios en dos aparatos.

El viaje estaba previsto para iniciarse antes del 5 de abril de 1925, pero el retraso en la entrega de las máquinas pospuso el proyecto hasta un año más tarde, para evitar problemas meteorológicos. Debido a la larga enfermedad que estaba sufriendo Martínez Esteve, fue cesado del equipo, y sustituido por el capitán Eduardo González-Gallarza Iragorri, nacido en Logroño, en 1898, se había formado en la Academia de Infantería de Toledo y estuvo sirvieron en el Protectorado español de Marruecos hasta 1920. Aquel año, ingresó en la Escuela de Aviación Militar, impartió clases de vuelos en Cuatro Vientos y tomó parte de la Guerra marroquí del Rif, donde fue herido en Tetuán. Fue condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando y la Medalla al Mérito Militar. Había mandado esta nota honorífica a los tripulantes del raid del Plus Ultra: "Con vuestro triunfo habéis señalado la ruta gloriosa de la aviación española y solo aspiramos a imitaron." Seguramente se inspiró en esta hazaña de la aviación nacional para participar en esta otra.

Finalmente, Esteve pudo recuperarse y, como sólo había dos aparatos disponibles, los mecánicos tuvieron que montar un tercero en tiempo récord, pues estaba despiezado. El modelo de avión elegido fue el Breguet XIX, aparatos biplanos y biplazas de cabinas abiertas en tándem, dirigido por un piloto delante y secundado por un mecánico detrás. En cada uno, el motor de serie se bahía sustituido por un Lorraine de 12 cilindros y 450 caballos de potencia, que contaban con 4 depósitos de 900 litros y una carga de 220 kilogramos para transportar armamento defensivo, herramientas y repuestos de averías, y víveres y agua. Ante el riesgo de que estos motores quedaran averiados, obtuvieron otros dos de repuesto que fueron enviados a Calcuta.

ESCUADRILLA ELCANO EN EL AERÓDROMO DE CUATRO VIENTOS

La base aérea desde la que se prepararon fue el Aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid. La llamada Escuadrilla Elcano estaba formada por los aviones Sebastián Elcano, López de Legazpi y Fernando de Magallanes. Los nombres honran a tres marinos españoles que lideraron la primera expedición a las islas Filipinas por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián de Elcano, entre 1519 y 1522, y la colonización del archipiélago por Miguel López de Legazi, en 1564.

Los mecánicos que acompañarían a cada piloto en el asiento trasero del biplaza. Los pilotos dirigirían su nave por el día y dormirían por la noche, y los segundos trabajarían en horas nocturnas y procuraban dormir durante las horas de vuelo. Esta fue la composición de la Escuadrilla Elcano:
Breguet XIX número 4 Sebastián Elcano: piloto y jefe de expedición el capitán Rafael Martínez Esteve y mecánico el soldado Pedro Mariano Calvo
Breguet XIX número 30 López de Legazpi: piloto el capitán Eduardo González-Gallarza Iragorri y mecánico el cabo Joaquín Arozamena Postigo
Breguet XIX número 29 Fernando de Magallanes: piloto el capitán Joaquín Loriga Taboada y mecánico el sargento Eugenio Pérez Sánchez

El recorrido fue dividido en cuatro tramos principales con diferente dificultad:
1. Madrid-El Cairo, de poca dificultad sobre el litoral del Mediterráneo africano
2. El Cairo-Karachi, de extrema dificultad por el desierto de Arabia
3. Karachi-Saigón, de cierta dificultad por la sinuosa costa asiática
4. Saigón-Manila, de extrema dificultad si se adelanta la estación de los monzones y el desgaste de los motores de las aeronaves

Antes de cada etapa, los pilotos debían repasar y confirmar el itinerario, solicitar a las autorizaciones las licencias y paso y aterrizaje, valorar los aeródromos alternativos, y analizar la climatología (vientos, lluvias, temperaturas, etc.), entre otras tareas.

PILOTOS Y MECÁNICOS DE LA ESCUADRILLA ELCANO

El 5 de abril de 1926, la Escuadrilla Elcano partió de Cuatro Vientos. En un primer tramo realizaron sucesivas escalas en puerto del norte africano. La primera etapa entre Madrid y Argel (Argelia) fue un día sereno y despejado. En la segunda, entre Argel y Trípoli (Libia), Gallarza tuvo que aterrizar de emergencia en Túnez (Túnez) por una fuga en el motor. Por lo acordado previamente, en caso de avería alguno de los tres aparatos, los otros dos continuarían hasta Bengasi y El Cairo para esperar un solo día al rezagado, porque había que llegar a la costa asiática a la primera semana de mayo y evitar los monzones. Loriga y Gallarza, por un parte, y Esteve, por otra, realizaron las etapas siguientes hasta la capital de Egipto.

Esteve tuvo un vuelo dantesco entre Túnez y Trípoli, en 7 de abril. El mismo día, de Trípoli a Bengasi (Libia), Loriga y Gallarza también tuvieron un mal vuelo. Los tres se reunieron en El Cairo (Egipto), el 9 de abril, tras completar 4.500 kilómetros.

El 11 se adentraron en el peligroso desierto de Arabia, con la única guía visual de los aeródromos británicos que protegían el servicio postal que inía El Cairo con Bagdad.

Cuando marchaban dirección a Bagdad, el Breguet de Esteve sufrió un incidente peligroso que le hizo separarse de sus compañeros. El motor se paró en pleno vuelo "entre remolinos de areniscas y nubes" debido a que había explotado uno de los neumáticos. La brusca pérdida del combustible les obligó a ejecutar un aterrizaje de emergencia en el desierto sirio tras planear durante un tiempo. Allí, el capitán Esteve y su mecánico Calvo analizaron el aparato y descubrieron que una grieta había provocado la pérdida de combustible. Los dos tripulantes abandonaron el aparato para intentar llegar a pie en Ammán (Jordania), en Jordania, a una distancia de 60 kilómetros. Esteve dejó una nota explicativa sobre su intención de recoger material para reparar la nave y seguir el rumbo.

Sin embargo, los dos aviadores se separaron accidentalmente y estuvieron perdidos en el desierto durante cinco días sin comida. Si sobrevivieron fue gracias a que aprovecharon el agua de un radiador del Breguet. Tras esto, la Aviación británica encontró el planeador y rescató a Esteve en un estado lamentable y, poco después, a Calvo peor aún, siendo trasladados a un hospital de Amán. Ambos dejaron un impresionante relato sobre la capacidad de supervivencia en la obra Una aventura en el desierto: (Del vuelo Madrid-Manila), escrita por Esteve y publicada por la editorial Espasa Calpe, en 1926. Los propios ingleses, acostumbrados al medio, se sorprendieron.
"Dispuso la Providencia que un aparato, por avería de motor, se viese forzado a tomar tierra a dos kilómetros del sitio donde él se encontraba."

Esteve y Calvo ya no continuaron el viaje y, después de restablecerse, regresaron a España junto a su biplano Breguet.

MODELO DE BREGUET XIX

El resto de la escuadrilla continuó con el plan previsto. Mientras que Loriga no siguió la línea de aeródromos ingleses hasta aterrizar en Bagdad (Irak) por la noche, Gallarza lo hizo horas después.

Tras esperar a Esteve sin que llegara, el día 13 reanudaron el vuelo, se reaprovisionaron en Buchir y llegaron a Bender Abbas (Irán). En la séptima etapa, entre Bender Abbas y Karachi, el 14 de abril, tuvieron que volar a 3.000 metros de altura para evitar el fuerte viento, y el sol los abrasó. Al llegar a Karachi (Pakistan), un telegrama de la petrolera Shell, "que se ocupó de nosotros durante el largo camino" suministrando combustible y con apoyo logístico, les informó que Esteve y Calvo estaban vivos. Al día siguiente, el 15, descansaron de la fatiga y el sueño acumulados.

El 16 continuaron desde Karachi hasta Agra (India), en cuya ciudad pudieron visitar el Mausoleo Taj-Majal. En la etapa entre Agra y Calcuta (India), aparecieron grietas en los revestimientos, sin mayores consecuencias.

En la etapa que atravesaban parte de Bangladesh y Birmania (Myanmar) a través del golfo de Bengala, el avión de Loriga comenzó a sufrir paradas incomprensibles. Después de varios aterrizajes forzosos, los mecánicos y pilotos comprobaron el origen de los problemas del avión de Loriga:
"¡Eran los mosquitos! Una nube de estos insectos había penetrado en el carburador, por la campana de la admisión del aire, y obstruía la entrada de la gasolina. ¿Quién podía sospechar avería semejante?"
La solución provisional fue cubrir el carburador con una fina tela metálica.

Con esta improvisada solución pudieron seguir adelante, repostando en Rangún (Myanmar), Bangkok y Saigón. En Bangkok (Tailandia), descansaron y realizaron alguna misión diplomática como la entrega de una carta del rey Alfonso XIII para el rey Prajadhipok de Siam (Tailandia).

PILOTOS Y MECÁNICOS DE LA ESCUADRILLA ELCANO

Debido a lo recortada que era la costa asiática en el golfo de Tailandia, se adentraron por Nom Pen (Camboya), hasta Saigón (Vietnam). En veinte días, ya habían realizado las tres cuartas partes del itinerario previsto.

Pero, el día 26, durante el trayecto de la etapa entre Saigón y Hanoi, el motor del avión de Loriga siguió dando problemas con paradas intermitentes, y tuvo que regresar, mientras que Gallarza consiguió alcanzar Vink, tras más de diez horas de vuelo seguidas.

El día 27, Loriga consiguió llegar a Hanoi (China), donde encontró a Gallarza y descansaron tres días, para que el mecánico Arozamena se recuperas de una infección bucal.

El 1 de mayo, durante la etapa a Macao, el biplano de Loriga sufrió un fallo en el circuito de agua que lo obligó a aterrizar en Tien Pack. Gallarza junto a su recuperado mecánico Arozamena lo hizo en el aeropuerto de Macao de forma brusca, chocando contra unos árboles, lo que generó desperfectos en el fuselaje izquierdo y el montante. Mientras las autoridades portuguesas de la base ofrecieron servicios de reparación, Loriga y Pérez se presentaban en Macao tras abandonar el Breguet prácticamente irreparable el día 4 de mayo.

Era necesaria la llegada de un motor de repuesto desde Calcuta, pero la proximidad de la época de tifones hacía recomendable la consecución del vuelo inmediatamente a bordo del avión de Gallarza, que ya estaba reparado.

Ante tal circunstancia, el mecánico de este último, Joaquín Arozamena Postigo, decidió ceder su puesto trasero al capitán Loriga, siguiendo los dos pilotos el viaje en solitario.

La penúltima última etapa del viaje se cumplió sin incidentes entre Macao y Aparri, atravesando el mar de la China Meridional, mientras eran guiados por barcos franceses y portugueses, hasta llegara a la isla de Luzón (Filipinas).

ITINERARIO DEL RAID MADRID-MANILA EN 1926

La última entre Aparri y Manila, rumbo sur del archipiélago de Filipinas, fue acompañada por aviones del Ejército estadounidense. El aeroplano de Eduardo González Gallarza y Joaquín Loriga Toboada aterrizó en Manila, el 13 de mayo de 1926. Una multitud del personal del aeropuerto aclamaba a los héroes de la aviación española.

La Escuadrilla Elcano, reducida a una única aeronave de tres, llegó a la capital filipina tras 106 horas y 15 minutos de vuelo, unos 39 días de raid, realizados en 18 etapas y 16 jornadas de navegación. Aunque la distancia entre Madrid y Malina son 17.000 kilómetros, estos realizaron 18.900 kilómetros de recorrido. Fue el primer vuelo que se hacía entre ambas capitales. Fue destacable también el récord de travesía más larga que estableció Gallarza el 26 de abril, cuando pilotó 10 horas y 35 minutos seguidos.

Y el día 16 de mayo, llegaron por barco Arozamena y Pérez. Los seis tripulantes habían sobrevivido, lo que a los aviadores ingleses de Egipto les pareció algo casi imposible en un viaje que calificaron de temerario.

Durante los trece días de estancia, Loriga y Gallarza recibieron un homenaje por las autoridades estatales; el Ayuntamiento de Manila les nombró "Hijos Adoptivos" de la ciudad y la Universidad Católica de Santo Tomás, fundada por el arzobispo Miguel de Benavides en 1611, les concedió el título de "ingeniero honoris causa". Es curioso que el regreso de Manila a Madrid fuese más corto en barco que en avión, pues tardaron 35 días. Pero Loriga, aún marcharía a Macao desde donde gestionar el traslado de su aeronave.

En 1927, Loriga recibió la Medalla de la Liga Internacional de Aviadores, junto a su compañero Gallarza, o los capitanes Ramón Franco y Julio Ruíz de Alda, protagonista del Raid Plus Ultra. Por petición popular, el 23 de junio de aquel año, aterrizó con su avión en el Monte do Toxo, de su localidad natal Lalín, donde fue aclamado por una multitud. Este fue el primer avión que aterrizaba en suelo de Galicia.

Tras regresar a Madrid, el 18 de julio de 1927, el capitán Joaquín Loriga Taboada murió en el Aeródromo de Cuatro Vientos cuando estrellaba el avión que pilotaba durante unas maniobras.

RAFAEL MARTÍNEZ ESTEVE Y EDUARDO GONZÁLEZ-GALLARZA

Sobre sus compañeros de aventura, Eduardo González-Gallarza Iragorri fue ascendido a comandante de Aviación; participó en dos intentos de dar la vuelta al mundo junto a Ramón Franco, que finalmente resultaron fallidos: el primero fue en agosto de 1928 a bordo del Dornier Super Wal Numancia, y el segundo en 1929 con un Dornier Wal con el que amerizó cerca de las Azores.

Durante la Guerra Civil española, Gallarza se distinguió como jefe de grupo y escuadra de bombardeo del ejército sublevado contra la II República, bando en el que combatió su compañero Rafael Martínez Esteve, siendo juzgado y expulsado del Ejército al término de la contienda. El motivo de la adhesión de Esteve al Ejército republicano vino de atrás, desde el final del Raid. Pues tras aterrizar en el desierto de Siria su biplano averiado por emergencia y dar por concluida su misión, llegando casi a perder la vida, las autoridades de la Dictadura de Primo de Rivera excluyeron a Esteva de las conmemoraciones y reconocimientos que recibieron sus compañeros Loriga y Loriga. Desde entonces, esta fue una de las causas de su oposición a cualquier régimen militar y su defensa de la II República.

FRANCISCO VALLÉS PRECURSOR DE LA ANATOMÍA PATOLÓGICA MODERNA


El médico y filósofo Francisco Vallés es el mayor representante español de la Medicina del Renacimiento. Vinculado a la Universidad de Alcalá de Henares fue médico personal de Felipe II en 1572 y protomédico de la Corona de Castilla. Está considerado como el promotor de la Anatomía patológica moderna. Relacionó de forma sistemática los síntomas de las enfermedades con los hallazgos encontrados en las autopsias. Fue una especial referencia para aquellos científicos europeos que tomaron a la observación clínica como base de conocimiento y práctica médica durante la Edad Moderna.

En su obra médica cumbre Controversiarum medicarum et philosophicarum, de 1556, de gran éxito en Europa, reinterpretó los textos médicos clásicos bajo un enfoque crítico. Y en la médico-filosófica De sacra philosophia, de 1587, analizó y explicó los pasajes de la Biblia bajo criterios físicos y médicos.

ANATOMÍA PATOLÓGICA MODERNA POR FRANCISCO VALLÉS

Francisco Vallés de Covarrubias nació en Covarrubias, Burgos, en 1524. Estudió en la Universidad complutense de Alcalá de Henares, obteniendo el grado de bachiller en Artes en 1544 y su licenciatura en 1547. Después pasó al Colegio de la Madre de Dios para estudiar Medicina, y también al Trilingüe para estudiar lenguas clásicas. En 1550, obtuvo el bachillerato en Medicina y poco después, en 1553, la licenciatura, así como el doctorado y la magistratura en Artes y Filosofía, en 1554.

En Alcalá de Henares pasaría la mayor parte de su vida, primero estudiando como alumno y después ejerciendo como catedrático.

Al menos desde 1556, impartió clases de Anatomía, de hecho, fue el primero que en Alcalá impartió Anatomía práctica a través de disecciones de cadáveres, por lo que se le considera el precursor de la Anatomía patológica.

En 1557, impartió clases de Prima de Medicina en sustitución de su maestro, el doctor Vega. Como médico, escribe un comentario de las Epidemias de Hipócrates y encabezó un poderoso movimiento para desterrar las influencias árabes sobre la Medicina del médico, cirujano y filósofo griego Claudio Galeno. , considerado uno de los más completos investigadores en Medicina de la Edad Antigua. Explicaba al científico clásico con tanto auténtica devoción y éxito que llegó a ser llamado el "Galeno español".

Desde su cátedra, contó con la ayuda de su amigo el gran anatomista y prosector valenciano Pedro Jimeno, quien estaba introduciendo y continuando en las universidades de España los estudios de la nueva anatomía de su maestro, el bruselense Andrea Vesalio. El trabajo conjunto inició en España la mentalidad anatomo-clínica, que consistía en dar las novedosas explicaciones de Vallés a sus estudiantes mientras que Jimeno diseccionaba los cadáveres y mostraba las lesiones correspondientes.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE ALCALÁ DE HENARES

En 1572, fue requerido a diagnosticar y solucionar una crisis de gota que padecía Felipe II, tras haber fracasado otros médicos. Consiguió curar aquella enfermedad, por lo que fue nombrado médico de la Casa Real; el rey le calificó de divino, por eso es conocido como el "Divino Valles". Como médico personal del rey había sucedido al anatomista Vesalio, a quien conoció en Padua, duranta una estancia.

Poco después, fue nombrado "protomédico general de todos los Reinos y Señoríos de Castilla", el empleo de medicina más prestigioso de la época. Felipe II le ordenó el establecimiento del examen del Protomedicato, que debían realizar en Madrid todos los licenciados en medicina para poder ejercer, como control de la formación recibida en las diferentes universidades de España. Además, realizó un reglamento sobre pesos y medidas farmacéuticas. Gracias a este cargo, Vallés pudo desarrollar una brillante carrera profesional, no sólo como médico, sino también como escritor.

Después, formaría parte de una comisión para organizar la Biblioteca Real del Monasterio de El Escorial, una de las más prestigiosas y voluminosas de la época. Trabajaría junto a otros dos grandes humanistas como fueron Benito Arias Montano y Ambrosio de Morales.

Sus últimos años formaba parte del grupo de destiladores en la botica del Monasterio de El Escorial, mientras terminaba de organizar la biblioteca. Colaboraba preparando la destilación de plantas naturales y medicinales.

En 1592, murió en el Convento de los Agustinos de Burgos, al acompañar al rey Felipe II en un viaje. Fue enterrado en la capilla del Colegio Mayor de San Ildefonso, en Alcalá de Henares, donde se encuentra con un detallado epitafio.

Había casado con Juana de Vera, con quien tuvo seis hijos, y fundado un mayorazgo basado en la casa y la hacienda que adquirió en Alcalá de Henares.

MONASTERIO DE SAN LORENZO EL ESCORIAL

Como buen humanista que Francisco Vallés había sido, su actividad no se reduciría únicamente a la medicina, pues continuó sus estudios en otras materias, especialmente en Filosofía y llegó a dominar las lenguas clásicas griego, latín y hebreo.

Valles publicó quince obras, tanto médicas como filosóficas, con un carácter ecléctico e independiente.

Su principal y más afamada obra es De iis, quae scripta sunt Physice in libris sacris, sive de Sacra Philosophia, liber singularis, publicada en Burgos y en Turín, 1587, y en Lyon, en 1652. Usualmente conocido como De Sacra Philosophia, es el único en que expuso sus propias ideas de forma directa, sin tener que pasar por comentarios o traducciones de los autores clásicos.

Es un compendio de textos bíblicos relacionados con cuestiones científicas en general y médicas en particular. En este libro enormemente heterogéneo, Vallés abordó multitud de asuntos de diferentes índoles, sin relación aparente, pero manteniendo en todo momento la unidad de enfoque y de método. Lo mismo trataba del origen del mundo y de la creación, del alma humana, de la razón y de la inteligencia, etc., que de la sangre, la nutrición, la longevidad, los elementos meteorológicos, la debilidad senil, las causas de la muerte, y otros muchos asuntos. Pero, en todo el conjunto existe una unidad de criterio basado en creer que en los Libros Sagrados se hallan numerosas enseñanzas filosóficas y científicas, y que todas ellas son verdaderas, pues provienen de Dios, que no pueden contradecirse ni engañar al hombre.

Para Vallés, teniendo como fin fundamental la salvación del alma, la Revelación no podía extenderse al conocimiento de las causas naturales. Por tanto, está en la voluntad del hombre investigar estas causas, si bien tomando como base las enseñanzas de la Biblia, donde estas informaciones parecen desperdigadas.

De acuerdo con esta idea básica, Vallés comenzó cada capítulo escribiendo un texto de las Sagradas Escrituras, que después comentaba por extenso, acudiendo generalmente a doctrinas de los filósofos clásicos: Platón, Aristóteles, Pitágoras, etc., tratando de armonizarlas, sin salirse de la ortodoxia. Los temas de los versículos escogidos le llevaron a tratar las cuestiones más variadas: teología, filosofía, medicina, moral, cosmología, psicología, física, astronomía, biología. Y, a pesar de tener siempre consideración las enseñanzas de los textos sagrados, la Inquisición se atrevió a expurgar este libro en 1613 y el Vaticano lo incluyó en el Índice de Libros de Prohibidos.

CONTROVERSIARUM MEDICARUM ET PHILOSOPHICARUM, POR POR FRANCISCO VALLÉS

En cuanto a las influencias filosóficas de Valles destacan, en primer lugar, la profunda formación cristiana, omnipresente en casi todo lo que escribió. También fue importante el constante elemento peripatético, como consecuencia de una constante lectura de los libros aristotélicos, con frecuencia interpretados de un modo personal. Otro tercer elemento que influyó fue el movimiento escéptico surgido más al exponer doctrinas ajenas que al describir sus propias ideas. De todos modos, las doctrinas del Peripatetismo y el Escepticismo tendieron a integrarse en una síntesis superior de inspiración cristiana, de acuerdo con la tendencia ecléctica que caracterizó el pensamiento de Vallés.

Pero ese Escepticismo filosófico fue aplicado por el protomédico Valles únicamente a cuestiones de Filosofía natural o física. Insistía en que los físicos no debían aceptar ningún dogma que no haya sido previamente demostrado (physici nunquam acquiescunt ullis dogmatis sine monstratione, cap. I) y en que no debe recurrirse a causas ocultas para explicar los fenómenos cuando las hay manifiestas (ubi manifesta est causa, non libenter confugio ad istas occultiores, cap. XLII).

En esta línea, exaltaba la doctrina de la docta ignoratia de Nicolás de Cusa, llegando a escribir:
"De ninguna sustancia por sí misma podemos tener conocimiento intuitivo, porque ningún camino conduce a la inteligencia sino el de los sentidos, y éstos son pasibles y sólo perciben cualidades. De los accidentes puede tenerse conocimiento por sí mismos; pero, en razón a lo mudable de la naturaleza de los sentidos y de lo sensible y al modo de sentir, nunca es exacto. Mas hay ciertas verdades que son por sí mismas conocidas, a las cuales asentimos por instinto natural; y existen otras que se coligen de las primeras por demostración. La ciencia de las primeras es natural; la de las otras, adquirida por el raciocinio. De esta clase son muchas de las tesis matemáticas, porque se anuncian de cosas absolutamente inmateriales. Pero respecto de aquellas que están en opinión, como son todos los problemas físicos, es claro que nadie puede saberlas, porque si algo de ellas se supiese, habiendo ciencia quedaría borrada toda opinión y suprimida toda oscuridad e incertidumbre, que van siempre unidas a la opinión. No sólo, pues, no se halla establecida todavía la ciencia de las verdades físicas, sino que ni siquiera puede establecerse, porque el físico no abstrae de la materia, y como el conocimiento de las cosas materiales pertenece a los sentidos, no puede ir más allá de la opinión, pues la ciencia es de los universal y de lo inteligible. Así el físico, por mucho que trabaje, no es capaz de establecer la ciencia de sus tesis, aun cuando no por eso debe dudar de todo, según la costumbre de los pirrónicos, sino asentir a lo probable, porque es gran necesidad pensar que tienes la misma fuerza todas las razones contrarias." (cap. LXIV)

Desde el punto de vista de "la ciencia de las verdades físicas", Valles constituyó uno de los fundadores de este Naturalismo médico, como lo fueron Juan Hurta de San Juan u Oliva de Sabuco, e incluso Gómez Pereira o Francisco Sánchez el Escéptico.

DE IIS, QUE SCRIPTA SUNT PHYSICE, POR FRANCISCO VALLÉS

La filosofía médica de Vallés se ha distinguido por su originalidad concentrada en estas tres tesis:

1. el principio de individuación, marcado exclusivamente por la cantidad, nunca por la materia ("non ese materiam, sed magnitudinem"), porque es ésta la que hace posible la divisibilidad: "verisimilius ergo refertur ad quantitatem ratio individui quam ad materiam".

2. la negación de la unidad del principio vital en el ser humano, admitiendo dos principios internos de vida: uno para las funciones vegetativas, y otro para las sensitivas e intelectiva.

3. la racionalidad del alma animal, que admite al distinguir la sensación de la inteligencia.

Dividió todo el conocimiento en tres grandes apartados:

1. Disciplinas intelectuales: Teología, Jurisprudencia y Medicina

2. Artes escritas: Gramática, Retórica y Dialéctica

3. Ciencias: Filosofía natural, Filosofía moral y Matemáticas

Para Vallés, la más excelente de todos los conocimientos es la Teología, porque permite llegar a Dios. En realidad, todos los saberes se encaminan hacia esa ciencia suprema, que tendría su plena realización en la otra vida, en la gloria de Dios. Vallés creyó que el mundo actual desaparecerá y será creado otro nuevo, más hermoso, perfecto y eterno. Al objeto de resolver la polémica muy intensa en su tiempo entre la preeminencia de la Jurisprudencia y la Medicina, dividió a la Jurisprudencia en Derecho civil y Derecho contencioso, ocupando la Medicina un lugar intermedio entre ambas.

CONTROVERSIARUM MEDICARUM ET PHILOSOPHICARUM, POR FRANCISCO VALLÉS

Sus principales obras médicas son cinco traducciones de las obras de Galeno, tres de los cuales tradujo de textos griegos meticulosamente escogidos. En sus comentarios expuso lo más innovador de su pensamiento y carácter científico. Los cinco libros fueron publicados en Alcalá: Controversiarum medicarum et philosophicarum, en 1556; Pergameni de Locis Patientibus Libri Sex, en 1559; Galeni ars medicinalis commentariis, 1567; Comentaria in libros Galeni de differentia febrium, 1569; y De locis patientibus, en 1559.

Controversiarum medicarum et philosophicarum libri decem es una obra médico-filosófica publicada en Alcalá, en 1556, con tan buena acogida que fue reeditada otras dos veces más en 1564 y 1583.

Abordó aspectos controvertidos sobre fisiología, patología, clínica y terapéutica. Como humanista, Valles consultó de forma directa en los textos clásicos de la medicina como Aristóteles, Galeno e Hipócrates, desestimando las deformadas traducciones medievales. Después, aprovechó los nuevos hallazgos de la anatomía por la disección de cadáveres humanos.

Gracias al anatomista valenciano Pedro Jimeno, adquirió la nueva anatomía de Vesalio, para sentar las bases de esta obra. En cada tema proponía una controversia a cerca de dichos avances en la nueva morfología del cuerpo humano que estaban planteando los anatomistas valencianos de la mano de Vesalio.

Pergameni de Locis Patientibus Libri Sex es una relación de comentarios al tratado de Galeno, obra publicada en Alcalá, en 1559, donde presentó su revolucionaria perspectiva anatomo-clínica. Se aprecia una mayor influencia de la nueva anatomía de Vesalio con respecto a la anterior.

Se apoyó en los conocimientos anatómicos de forma sistemática al objeto de diagnosticar las enfermedades del cuerpo humano. Pero todos los resultados y conclusiones científicas que expuso fueron meticulosamente examinados y demostrados ante sus alumnos con la ayuda de Pedro Jimeno.

Sirviéndose de los recursos de la nueva anatomía, intentaba rectificar o mejorar las afirmaciones de Galeno sobre la localización y síntomas de las enfermedades. En algunos aspectos, hizo crítica de las interpretaciones de Galeno, y en otros defendió la doctrina galenista frente a las tesis de Vesalio.

METHODUS MEDENDI, POR FRANCISCO VALLÉS

Tradujo y comentó los libros Físicos de Aristóteles, en textos publicados en Alcalá: Commentaria in quartum librum meteorum Aristotelis, en 1558; Octo librorum Aristotelis de physica doctrina versio recens et conmmentaria, en 1562; y Controversiarvm natyralivn ad tyrones pars rima: continens eas quae spectant ad octo libros Aristotelis de physica doctrina, en 1580.

Sin embargo, su producción más madura se centró en los textos clásicos de Hipócrates, el médico de la Antigua Grecia considerado universalmente como el "padre de la medicina occidental". Empezó con el pequeño tratado In Aphorismo et libellum de alimento Hippocratis, comentaria, en 1561. Años después, fue continuado con dos libros de comentarios a las obras: Commentaria in libris Hippocratis de Ratione victus in morbis acutis, en 1569; In libros Hippocratis de morbis popularibus, commetaria, en 1577; y In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, en 1589. En ellas, son destacable las aportaciones que hizo sobre el estudio del tifus petequial o tabardillo.

Mediante estas obras hipocráticas, Valles convirtió a Hipócrates en el principal sistema de conocimiento y práctica médica, aunque sin llegar a cuestionar el modelo de Galeno. Esta doctrina humanista del siglo XVI, que podría definirse con el término de Galenismo hipocratista, marcó tendencia en la comunidad científica del Renacimiento, porque recuperaba a los textos hipocráticos de acuerdo con las bases del humanismo.

GALENO E HIPÓCRATES

Su última obra, In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, era la culminación de sus estudios sobre el sistema hipocrático. Se trata de una traducción latina comentada de los siete libros de las Epidemias, que incluyen las historias clínicas hipocráticas, basadas exclusivamente en observaciones clínicas útiles. Y sus comentarios son discusiones sobre la patología, la clínica y la terapéutica de afecciones que él mismo pudo comprobar.

Al final de su carrera publicó un Methodus medendi, en 1588, que podría considerarse el mejor tratado de terapéutica clínica escrito en el siglo XVI. Y, el mismo año, también publicó un breve tratado semiológico sobre la orina, el pulso y la fiebre llamado Comentarii de vrinis, pulsibus et febribus.

Su última publicación fue un Tratado sobre la destilación, única obra importante escrita en castellano y al borde de su muerte, en 1592. Es un tratado de las aguas destiladas que fue compuesto mientras preparaba la destilación de plantas naturales y medicinales en la botica del Monasterio de El Escorial. Este tratado es un reglamento sobre medicamentos de uso interno obtenidos por destilación, así como los pesos y medidas farmacéuticos, realizado por petición del rey.

Aunque Valles ya había conocido a Diego de Santiago, seguidor de las tesis de Paracelso considerado como el padre de la Toxicología, así como a los destiladores reales, basó su tratado en los textos de materia médica y destilación anteriores al movimiento paracelsista.

PARACELSO Y ANDRÉS VESALIO

La producción médica y médico-filosófica de Valles tuvo una gran difusión e influencia. Primero, sus alumnos y discípulos adquirieron el sistema anatómico de Vesalio, en auge durante el pleno Humanismo, para el conocimiento de la filosofía natural o la nueva anatomía. Pero, Valles supo introducir el sistema hipocrático como modelo de observación clínica objetiva, la base más importante de la medicina moderna.

En cuanto a su legado escrito, sus libros alcanzaron un total de dieciséis reediciones en España y otras setenta y dos en varios países de Europa. Por eso, los textos de Vallés fueron una clara referencia para los médicos europeos durante dos siglos, llegando hasta el final de la Ilustración científica. Fue una especial referencia para aquellos que tomaron a la observación clínica como base de conocimiento y práctica médica.

De las controversias del libro Controversiarum medicarum e philosophicarum surgieron las bases de algunas tendencias de la fisiología en el siglo XVII, por eso esta obra llegó a alcanzar una gran influencia en la comunidad científica europea de su tiempo.

Y sobre los comentarios del In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, el holandés Hermann Boerhaave, auténtico fundador de la clínica moderna durante la Ilustración, llegó a realizar el siguiente elogio de esta obra:
"El que tenga los comentarios de este español no necesita de otros, porque todos los modernos escriben conforme a teorías y yo únicamente alabo al que con observaciones propias explica lo que expone Hipócrates."

Otro de los euritos influenciados por Vallés fue el teólogo, filósofo y jurista Francisco Suárez, contemporáneo suyo, más relacionado con la Escolástica y la Escuela de Salamanca que con el Humanismo y la Universidad de Alcalá. Pero el escolástico salmantino llegó a influenciarse del médico humanista en su tratado De Anima, una de sus obras psicológicas y antropológicas más destacadas. Hasta en treinta y una ocasiones Suárez citó a Vallés para comentar destacados aspectos de Controversiarum medicarum e philosophicarum y de De sacra Philosophia. El aspecto más significativo fue la teoría de la simpatía de las potencias, ubicadas en el alma, y que constituye una de las mejores aportaciones al estudio de la Epistemología y de las relaciones alma-cuerpo en la Antropología de Suárez.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA PIONERO DEL AMERICANISMO CIENTÍFICO


Marcos Jiménez de la Espada fue naturalista, geógrafo e historiador durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue el naturalista más destacado de la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1866 por la recopilación de amplias colecciones de animales de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas, reconociendo decenas de nuevas especies desconocidas. Su principal obra zoológica fue Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875, que reunía los resultados de 786 especies de anfibios.

Miembro de varias academias y sociedades españolas y europeas relacionadas con la historiografía, la geografía, la antropología y las ciencias, se destacó por ser un pionero del Hispano-Americanismo científico, en especial por encabezar los estudios andinos gracias a su monumental obra sobre las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897.

AMERICANISMO CIENTÍFICO DE MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Marcos Jiménez de la Espada y Evangelista nació en Cartagena, Murcia, en 1831. Era el hijo de un funcionario del Estado liberal bajo la Regencia de María Cristina y el Reinado de Isabel II. Estudio el bachillerato en varias ciudades de España (Valladolid, Barcelona y Sevilla) debido a los diferentes destinos que iban asignado a su padre en la administración del Estado liberal que se estaba construyendo.

En 1850, comenzó a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid, estudios aún englobados en la Facultad de Filosofía. Se formo como un brillante universitario bajo la dirección de Mariano de la Paz Graells, catedrático de Anatomía Comparada y Zoonomía de los Vertebrados y director del Museo de Ciencias Naturales. Tras cinco años de carrera se licenció presentando la tesis Los anfibios de Blainville y los batracios de Cuvier forman una clase aparte. En adelantes sintió una vocación por el estudio de los anfibios.

Su primer empleo estuvo como ayudante de la sección de Historia Natural de esta universidad, desde 1853, mientras estudiaba, y más tarde el de ayudante de las clases de mineralogía y geología en el Museo de Ciencias Naturales, en 1857. En esta última institución trabajaría durante 43 años de carrera científica especializándose en la zoología y la anatomía, gracias a la confianza que despertó en su maestro Graells, llegando a ser su discípulo predilecto. En 1859, ya impartía clases de zoología y anatomía comparada del Museo.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

El 9 de julio de 1862, la carrera científica de Jiménez de la Espada fue a dar un salto de calidad cuando fue asignado a la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1865. Su objetivo era realizar un extenso análisis de la zoología, botánica, geografía y antropología del continente de América, que superase a las ejecutadas décadas antes. Jiménez de la Espada ocupaba una posición subalterna, pues era el segundo ayudante naturalista, responsable de la organización de las colecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres, que debía estudiar y enviar al Museo de Historia Natural y al pequeño zoológico de aclimatación que Graells había instalado en el Jardín Botánico de Madrid.

El director general de Instrucción Pública, Pedro Sabau, se encargó de seleccionar a los ocho naturalistas de las diferentes especialidades. En la elección de Jiménez de la Espada influyó la recomendación de su gran mentor Graells. Pero también fue determinante la experiencia que durante años fue adquiriendo en la adaptación de animales procedentes de ecosistemas foráneos a las condiciones climáticas del Jardín Zoológico de Aclimatación.

El objetivo principal que se asignó al grupo de científicos fue el de recoger ejemplares de los tres reinos de la naturaleza para incrementar las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Al organizarse la Comisión de Profesores de Ciencias Naturales agregada a la Expedición Marítima al Pacífico, Jiménez de la Espada fue nombrado, encargado de la supervisión de las recolecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres.

Esta comisión estaba integrada en otra de carácter político-militar, la Expedición Marítima al Pacífico, al mando del general Luis Hernández-Pinzón Álvarez. Esta expedición naval estaba encaminada a potenciar la presencia española en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, así como reforzar las relaciones económicas y culturales entre España y sus antiguos dominios de Ultramar.

NATURALISTAS DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

El 10 de agosto de 1862, la Comisión partió desde Cádiz a bordo de las fragatas Triunfo y Resolución. Tras hacer escalas en Tenerife y Cavo Verde, llegó a San Salvador de Bahía y a Río de Janeiro, en septiembre, junto a sus compañeros. En noviembre, visitó los alrededores de otras ciudades brasileñas como Santa Catarina, Desterro, Petrópolis, Santa Cruz y Río Grande do Sul.

En diciembre, estando en la uruguaya Montevideo, donde la comisión se separa en dos subcomisiones para alcanzar un mayor escenario de operaciones y una mayor variedad de colecciones. Jiménez de la Espada embarcó en la fragata Covadonga de la Armada española hasta el puerto chileno de Valparaíso, lugar de encuentro de la subcomisión terrestre a través de los Andes. Exploró la costa de Chile, el desierto de Atacama y las minas de Copiapó. Después continuó el reconocimiento de las costas pacíficas del Perú, Centroamérica, México y California, con escala en San Francisco, en octubre de 1863.

En marzo de 1864, Jiménez de la Espada estaba de vuelta a Perú, donde pudo reunirse con algunos de los miembros de la subcomisión de tierra. Debido al estallido de la breve Guerra hispano-sudamericana, el general Hernández-Pinzón decidió suspender la Comisión Científica del Pacífico. Sin embargo, Jiménez de la Espada y otros tres comisionados decidieron continuar con la otra parte del programa de investigación basado en explorar en tierra adentro de Sudamérica en su parte más ancha. Estos tres compañeros eran el zoólogo madrileño Francisco de Paula Martínez y Sáez, el botánico gerundense Juan Isern y Batlló, y el médico y antropólogo cubano Manuel Almagro de la Vega. Ante el regreso a España del fotógrafo y dibujante de la comisión, Rafael Castro y Ordóñez, fue Jiménez de la Espada el encargado de realizar el testimonio gráfico, acompañado de numerosos dibujos de paisajes.

Esta expedición debía cruzar los Andes ecuatorianos hasta llegara al río Napo y descender por el Amazonas hasta la costa Atlántica, intentando rememorar la gesta del descubridor Francisco de Orellana, y que llamaron el "Gran Viaje".

CIENTÍFICOS DE LA EXPEDICIÓN EN MONTEVIDEO

En octubre de 1864, partió desde Guayaquil, remontando el río Guayas llegó a Bobalhoyo, y durante el trayecto pudo comprobar multitud de monos y cocodrilos, llegando a capturar y disecar algún ejemplar. En Quitó tuvo que enviar un voluminoso cargamento de piezas y animales reunidos durante la travesía, contratando a indios cargueros, para que les ayudasen en las tareas de transporte.

Tras pasar por Baeza, Archidona y Ahuano, en julio de 1865, comenzó el descenso del río Napo mediante unas barcazas construidas junto a unos indios de servicio, y un mes después se encontraba en la hacienda Tabatinga, en la orilla del río Amazonas, en la frontera entre Perú y Brasil. El resto de tránsito hasta Manaos y, posteriormente a Belém, fue recorrido a bordo dos embarcaciones de vapor. En uno de ellos, conoció al naturalista suizo Louis Agassiz, profesor de la Universidad de Harvard, que estaba al mano de una misión científica estadounidense. En 1895, rememoraba aquel encuentro con el cuarteto de expedicionarios españoles en el Amazonas en su libro A journey in Brazil (Un viaje en Brasil).

El Gran Viaje suramericano de Jiménez de la Espada y sus tres compañeros finalizó en Gran Pará, el 12 de octubre de 1865. Desde Río de Janeiro, fue ayudado por la embajada española en Brasil para regresar a España. En enero de 1866, los científicos supervivientes de la Comisión se reunieron en Madrid para presentar sus extensas investigaciones a la dirección general de Instrucción Pública, objeto de estudio en los años venideros. Después volvió a la actividad regular en la Universidad Central de Madrid y en el Museo de Ciencias Naturales.

COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO EN 1862-1866

Durante su viaje de tres años y medio, se internó por las florestas tropicales brasileñas, recorrió las pampas rioplatenses, surcó las peligrosas aguas del estrecho de Magallanes, disfrutó de los preciosos valles chilenos, y ascendió a nevados andinos ecuatorianos y a volcanes centroamericanos. Forjó su personalidad de naturalista romántico, seguidor de las preocupaciones intelectuales de Alexander von Humboldt, y de científico sistemático en sus estudios de anatomía comparada. Demostró un especial interés por observar tanto la naturaleza virgen como el paisaje modificado por la acción humana, de una manera integrada y armónica, así como por estudiar las fuerzas telúricas, como los volcanes que llamó “montañas de fuego”.

Jiménez de la Espada se fue convirtiendo en un incansable explorador que llegó a recolectar una voluminosa y rica cosecha naturalista y, por tanto, en el expedicionario científico más destacado de la comisión. En su Diario de la expedición al Pacífico, conservado de forma parcial, recogió interesantes observaciones geográficas, geológicas, zoológicas, botánicas, antropológicas y etnológicas.

Entre las numerosas hazañas científicas destacan sus ascensiones a seis volcanes, como el Izalco en El Salvador, o el Chimborazo, el Sangay y el Sumaco en Ecuador, y las cimas de los nevados del Chimborazo y del Cotopaxi en esta última república. Al descender el volcán Pichancha, cerca de Quito, se perdió durante tres días y estuvo a punto de morir, pero fue rescatado de forma extrema por un nativo. Parte de sus observaciones geológicas sobre el vulcanismo andino fueron publicadas en 1872, en su estudio El volcán de Ansango.

VOLCÁN CHIMBORAZO EN ECUADOR

En cuanto a su especialidad de la zoología, recolectó todo tipo de mamíferos, aves y reptiles que fueron disecados para el estudio. Pero también envío animales vivos a Madrid, ejemplares que nunca se habían llevado vivos a Europa, entre los que destacan la liebre de la Patagonia, el guanaco, el cisne de cuello negro y el cóndor de los Andes, un pavo silvestre del Perú, y dieciséis especies nuevas de ranas. Más tarde, muchos de los descendientes de estas especies fueron cedidos a varios zoológicos europeos. Uno de aquellos centros fue el de París, lo que ocasionó que, el 23 de marzo de 1866, la Sociedad Imperial Zoológica de Aclimatación de Francia le otorgase la medalla de primera clase de la división de mamíferos.

Tras regresar de la Comisión, estivo ordenando y estudiando con precisión las colecciones de animales recolectadas en América, cuyos resultados fue publicando en la década de 1870.

En 1870, publicó el artículo Algunos datos nuevos o curiosos acerca de la fauna del Alto Amazonas. Mamíferos, incluido en el Boletín-Revista de la Universidad de Madrid. Estaba basado en su colección de mamíferos del valle del Alto Amazonas, compuesta por animales de 100 especies diferentes, 35 de las cuales eran desconocidas por la comunidad científica hasta el momento.

La suspensión de la Comisión Científica del Pacífico de forma oficial en 1864 propició la pérdida de algunas especies capturadas por Jiménez de la España, que fueron recolectadas y descritas por expediciones extranjeras años después.

Es destacable la descripción del aspecto físico y el comportamiento del murciélago Thyroptera albiventer o la presentación de la existencia de los monos Leontocebus lagonotus y Leontocebus graellsi, el nombre de esta última raza de mono estaba dedicado a su Graells.

BUSTO DE JIMÉNEZ DE LA ESPADA EN CARTAGENA

En 1871, publicó el informe Faunae neotropicales species quaedam nondum cognitae (Especies de la fauna neotropical desconocidas), añadido en el Jornal de la Academia de Ciencias de Lisboa. Ese mismo, promovió la fundación de la Sociedad Española de Historia Natural, en 1871, junto a otros once socios, cuyos primeros trabajos fueron dedicados a la fauna de Sudamérica.

En uno de los anales de la Sociedad Española de Historia Natural incluyó su principal obra sobre zoología, Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875. Reunía los resultados de 786 especies de anfibios recolectados durante la comisión americana, que fueron analizados en profundidad, dese su anatomía hasta su biología y su comportamiento. Estos ejemplares estaban reunidos en 18 géneros y especies ya estudiadas, y otros 2 géneros, 12 especies y 3 subespecies desconocidas hasta el momento.

Tuvo en reconocimiento de los científicos coetáneos y ha sido considerada como un texto clásico de la literatura zoológica, en el campo de la herpetología. Por eso, en 1978, fue reeditada por la Sociedad para el Estudios de Anfibios y Reptiles de Estados Unidos.

Cuando había alcanzado el mayor prestigio como naturalista con una gran repercusión en Europa, a mediados de la década decidió abandonar su participación en el programa de investigaciones biológicas y reorientar su carrera hacia la geografía histórica y la historia americana.

En 1876, fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Geográfica de Madrid. En 1877, fue miembro de la Asociación Española para la Exploración de África, donde se integró desde su fundación. En 1883, fue miembro electo de la Real Academia de la Historia. En 1892, fue miembro de Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Y, en 1895, fue elegido presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural, habiendo sido también uno de los socios fundadores. En el extranjero, también fue miembro de la Sociedad Berlinesa de Antropología, Etnografía y Prehistoria, de la Real Sociedad Geográfica de Londres y de la Sociedad de Americanistas de París. En todas estas academias y sociedades se mantuvo en funciones hasta su fallecimiento.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Como miembro de la Academia de la Historia y de la Asociación africanista, editó libros de viajes por el Mediterráneo y por el África subsahariana, escritos en castellano durante la Edad Media. Son destacables las Andanzas de Pero Tafur, capitán de marina a sueldo de la Corona de Aragón para expulsar a corsarios y piratas de las rutas marítimas en el siglo XIII, o el Libro del conocimiento, manual de geografía escrito 1385 por un fraile franciscano andaluz anónimo.

Y como socio de la Sociedad Geográfica, publicó varios trabajos sobre historiografía. Estudió documentos relacionados con las expediciones científicas enviadas a diversas regiones de América durante el siglo XVIII, en los que fue la Ilustración científica hispanoamericana, como fueron la Expedición médica y botánica de José Celestino Mutis en el Virreinato de Nueva Granada, la Expedición botánica de Hipólito Ruiz y José Pavón al Virreinato de Perú, o la Expedición científico-política de Alejandro Malaspina alrededor del Mundo. Y se especializó en el conocimiento de las exploraciones realizadas en América y en el norte de África por comisiones españoles del siglo XIX.

Rescató del olvido documentos de gran valor historiográfico que editó para su conocimiento y divulgación. Son destacables los manuscritos redactados por exploradores de la cordillera de los Andes, como el soldado cronista Cieza de León, autor del primer estudio sistemático de la geografía de Perú; la Historia del nuevo mundo del antropólogo y naturalista jesuita Bernabé Cobo, en 1890; la información que escribió Bartolomé de Las Casas sobre los pueblos andinos en su Apologética historia sumaria, y que Jiménez de la Espada publicó con el título De las antiguas gentes del Perú; el texto que escribió Vaca de Castro sobre los quipucamayocs en 1543; o el Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá, de autor anónimo.

También editó escritos de exploradores del valle del Amazonas, como el jesuita padre Maroni, quien realizó un detallado estudio descriptivo de la geografía de la región del alto Amazonas en su obra Noticias auténticas sobre el famoso río Marañón. Y sobre la conquista y fundación del Nuevo Reino de Granada, editó el famoso documento anónimo Epítome, en 1898.

MAPA DE LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS

Con el tiempo, se fue convirtiendo en un experto americanista que supo valorar el impacto que generó el conocimiento del Nuevo Mundo en el desarrollo de la ciencia europea en general, y española en especial. Para realizar cada estudio historiográfico de manera objetiva y académica, se sirvió de archivos, bibliotecas y museos de las sociedades y academias a las que perteneció.

Su obra historiográfica más destacada fueron los cuatro volúmenes que componen las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897. Se trata de una meritoria descripción de las exploraciones y descubrimientos de los diversos agentes del Imperio español del siglo XVI por el Virreinato del Perú para el reconocimiento y control del territorio americano. Presentó a una serie de autores españoles que habían investigado a cerca de la naturaleza y la cultura de África y América, especialmente de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas. En definitiva, fue la reunión de todas aquellas relaciones geográficas, crónicas de Indias e historias naturales y morales que se habían escrito sobre los territorios y sociedades americanas desde su primer precursor, el antropólogo jesuita José de Acosta. En reconocimiento a la aportación de esta obra, la Academia de la Historia le concedió el Premio Loubat, en 1897.

Se interesó especialmente por la América precolombina, más concretamente por el Imperio incaico, y por las conexiones entre las sociedades andinas y amazónicas entre los siglos XV y XVII. Prestó especial atención en alguno de sus escritos a las navegaciones de los incas por el océano Pacífico. Su principal obra a este tema fueron las Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas.

La enrome obra historiográfica de Jiménez de la Espada quedó engloba en la incipiente institucionalización de los estudios americanistas que se produjo en Europa y América durante el último tercio del siglo XIX. Por eso fue invitado a participar en los congresos americanistas que se organizaban desde ciudades europeas para impulsar el estudio de las antiguas culturas americanas y de las civilizaciones precolombinas.

Jiménez de la Espada concibió su obra historiográfica como un instrumento cultural que reforzase los lazos sociales entre España y los países andinos. A su vez, los diversos gobiernos españoles y amplios sectores de la sociedad civil apoyaron su causa.

Por otra parte, los académicos peruanos reconocieron sus aportaciones, hasta que el Gobierno de Perú le concedió la medalla de oro a la divulgación de la cultura incaica, en 1892. Entre los méritos de esta condecoración destacaron “sus importantes trabajos históricos y geográficos relativos al Perú”, y entre estos trabajos se hicieron especiales referencias a “el insigne cronista Cieza de León, sus Relaciones Geográficas de Indias y sus disquisiciones relativas al Descubrimiento y a la época colonial”.

RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS, POR JIMÉNEZ DE LA ESPADA

En 1898, Marcos Jiménez de la Espada falleció en Madrid, cuando estaba involucrado en un amplio estudio sobre la Expedición Malaspina. Al menos, ya había presentado su tesis doctoral y nombrado catedrático de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, unos meses antes.

Para Francisco Giner de los Ríos y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza, la figura de Jiménez de la Espada se había convertido en un símbolo del Regeneracionismo científico español, a quien dedicaron una ceremonia honorífica a su legado. Al acto se sumaron relevantes miembros de la Academia de la Historia, como el marino Cesáreo Fernández Duro.

Dejó un legado científico e historiográfico que fue recuperado durante el siglo XX. Su principal discípulo, Ángel Cabrera Latorre, el mastozoólogo más importante del ámbito hispanoamericano, estudió su colección de mamíferos entre 1900 y 1917. En 1928, Agustín J. Barreiro publicó en la editorial de la Real Sociedad Geográfica su Diario de la expedición al Pacífico llevado a cabo por una comisión de naturalistas españoles durante los años 1862-1865, escrito por Marcos Jiménez de la Espada. Aquel año, se dedicó un busto de mármol blanco esculpido por Lorenzo Coullaut Valera, que fue expuesto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, aunque en la actualidad está ubicada en el paseo de Alfonso XIII de Cartagena, su ciudad natal, frente al instituto que lleva su nombre.

Su participación en la Comisión Científica al Pacífico inspiró al capitán de la aviación española Francisco Iglesias Brage para que promoviese una expedición al alto Amazonas, que fue truncada en el último momento debido al devenir de los acontecimientos.

Sus trabajos historiográficos promovieron el desarrollo de la etnohistoria andina en el último tercio del siglo XX. Otra obra biográfica más reciente es Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador, elaborada por Leoncio López-Ocón y Carmen María Pérez-Montes, que fue publicada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas en 2000.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA (1831-1898), POR LÓPEZ-OCÓN Y PÉREZ-MONTES

UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO


La Universidad de Santo Domingo ha pasado a la historia de América por ser la primera fundada y por el debate de los naturales.

UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO

La Universidad de Santo Domingo es la primera fundada en América, ubicada en la ciudad de Santo Domingo de Guzmán de la isla La Española. Su origen estuvo en el estudio conventual, que después se convirtió en Estudio General desde 1518, que regentaba la Orden de los Dominicos o Predicadores.

En virtud de la bula In Apostolatus Culmine otorgada por el papa Paulo III el 28 de octubre de 1538, permitió ser elevada a la categoría de Universidad con el nombre de Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Pero no obtuvo reconocimiento real por Carlos V, siendo aprobada dos décadas después, con el reinado de Felipe II.

La nueva institución tomó como modelo a seguir a la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, fundada a inicios del siglo XVI por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, pues se trataba de un símbolo y la vanguardia de las ideas de Renacimiento español. Obtuvo los estatutos de Alcalá, pero eso implicaba también estar influenciada por la Universidad de Salamanca, ya que los de la primera eran los mismo salmantinos, otorgados por la Monarquía y por el Papado a la fundación cisneriana.

No es extraño que fuese la primera universidad fundada en América, pues Santo Domingo tuvo el primer asentamiento europeo y primera sede administrativa española en este continente, primero por Bartolomé Colón a la margen occidental del río Ozama, en 1498, y después trasladada por Nicolás de Ovando a la margen oriental, en 1502. Además, consiguió el levantamiento de la primera catedral primada de América, la Catedral de Santo Domingo o Basílica Menor de Santa María de la Encarnación; y también el primer castillo, el Alcázar o Palacio Virreinal de Diego Colón, el primer hospital y la primera oficina aduanera. Y todo su conjunto es en la actualidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

IGLESIA Y CONVENTO DE LOS DOMINICOS

Es el primer trasplante del tipo de universidad de tipo híbrido, porque se realizó con la colaboración y conjunción de otra institución base, el convento, en este caso de dominicos, modelo de inspiración la Universidad de Alcalá de Henares, que era colegio-universidad. Esta institución metropolitana, fundada a inicios del siglo XVI, a su vez tomó modelo de la primera fundación hispánica de este tipo, el Colegio Menor de San Antonio de Portaceli, en Singüenza, que tenía facultad para otorgar grados. A partir de entonces, esta tipología híbrida de convento-universidad, colegio-universidad o seminario-universidad se fue multiplicando en Hispanoamérica.

Sin embargo, el hecho por el cual la Universidad Autónoma de Santo Domingo fuese fundada de manera oficial por bula papal en 1538 y aún tardase de forma real por la Corona española suscitó una controversia con la Universidad de San Marcos de Lima, en Perú, que fue fundada por real provisión en 1551, por Carlos V. Es la denominada Controversia de la Primera Universidad Americana. Pero este centro educativo no pasaría a la historia universal por esta controversia sobre la adjudicación de la institución de educación superior más antigua de América, sino por un debate mucho más profundo y determinante para el desarrollo de la colonización por los españoles y su relación con los indígenas naturales del Nuevo Mundo, fue la denominada Polémica de Indis.

PLACA DEL ESTUDIO MAYOR Y ESTATUA DE ANTONIO DE MONTESINOS

La llegada de los primeros dominicos a la isla La Española y de los fundadores del estudio conventual en Santo Domingo eran procedentes del convento de San Esteban, incorporado a la Universidad de Salamanca. En ese momento se estaba produciendo el establecimiento de las primeras instituciones en las islas Antillas, que permitió a los padres de la orden afrontar el problema más importantes: el de la defensa de los derechos del indio.

Los primeros misioneros evangelizaron y enseñaron en aquella incipiente comunidad desde su llegada. De entre ellos destacaron Pedro de Córdoba, Bernardo de Santo Domingo y Antonio de Montesinos, los primeros dominicos en afrontar los problemas suscitados por la conquista.

Así, surgió en esta ciudad y en el Estudio General de Santo Domingo, germen de la futura universidad, la denominada Polémica de los Naturales. Con el sermón pronunciado por Antonio de Montesinos en 1511, licenciado en la Universidad de Salamanca, a favor de los derechos del indio, se planteó todo un dilema jurídico-teológico de enorme repercusión a uno y a otro lado del Atlántico. Desde entonces, se especuló sobre el origen del indígena americano, su capacidad racional, su condición de pagano o infiel con respecto a una herejía de la que había abjurado, su condición de caníbales y, por tanto, si deberían ser hechos esclavos. Fue un dilema de cuyas respuestas a todos estas cuestiones iban a determinar que al indio se le pudiera despojar de sus tierras, se le obligara a pagar tributos, se le esclavizara, pagase diezmos, etc.

Santo Domingo  Guzmán Española
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Un debate que también implicaba el nivel de instrucción religiosa que los indios podrían recibir, el papel de la Inquisición para protegerles de la herejía y cuestiones de otra índole.

¿Qué tipo de trato se debería dar al indígena? Sobre su consideración no hubo consenso en los comienzos. Para unos eran seres sumisos, pacíficos y virtuosos, para otros eran idólatras, vagos y mentirosos. Por eso, al año siguiente del sermón de Montesinos en Santo Domingo, se reunió en Junta a un grupo de teólogos y juristas en la ciudad de Burgos para debatir y aportar soluciones a algunos de estos asuntos. El resultado final fue la aprobación de las llamadas Leyes de Burgos, en 1512, durante el reinado de Fernando el Católico.

Las Leyes de Burgos reconocían la libertad "relativa" de los indios, porque debido a su naturaleza perezosa debían ser adoctrinados bajo supervisión española. Aunque no se suprimían las encomiendas, se regulaban las obligaciones del encomendero en favor del indígena.

De la Junta surgió también la denominada Doctrina del Requerimiento, que explicaba las razones de los cristianos con respecto al mantenimiento, evangelización y gobierno de los indígenas. Además, otorgaban legalidad a la llamada teoría de la Guerra Justa en caso contrario.

Todas estas medidas fueron desarrolladas con más exactitud y legitimidad por las explicaciones que en su cátedra de Derecho de la Universidad de Salamanca hizo el gran jurista y teólogo Francisco de Vitoria en la década de los años 1530. Sentó las bases del Derecho Internacional a través de sus dos relecciones: De inis y De iure belli.

ESCUDO Y ESTATUTOS DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO

Pero, ante todo, Santo Domingo ha significado el comienzo de los primeros y más modestos pasos de la Universidad en el continente de América. Con escasos medios y personal, concentró el interés de los estudiantes de la zona del mar Caribe y las islas Antillas descubiertas por el emergente Imperio español. A través de esta institución, sus habitantes pudieron formarse en las facultades tradicionales: Teología, Cánones, Derecho, Medicina y Artes.

Aunque se creó con carácter de universidad menor, fue un foco de irradiación y de intercambio con las otras universidades que se fueron fundando en el sector antillano, tanto en Cuba como luego en Tierra Firme, en Caracas, y más tardes en Mérida (Venezuela). Los dominicos que llegaban al Nuevo Mundo eran formados en la Universidad de Salamanca, normalmente, se instalaban en Santo Domingo para adaptarse. Se dedicaba a la docencia en el Estudio Conventual, después en el Estudio General y en la Universidad cuando fue fundada, y desde ahí pasaban a Tierra Firme hacia otras instituciones académicas.

Algunos destacados docentes fueron:

Tomás de Berlanga, primer prior por elección del convento de La Española, después provincial de esta provincia de Santa Cruz de Indias, y por último obispo de Panamá. Descubrió la isla de los Galápagos y vislumbró y proyectó el trazado del canal de Panamá.

Domingo de Betanzos, luego misionero en México y Guatemala, cuyas provincias de la Orden fundó, provincial de México.

Bartolomé de Ledesma, uno de los grandes teólogos, discípulo de Francisco de Vitoria en el Convento de San Esteban y alumno de la Universidad de Salamanca, que enseñó en Santo Domingo, y luego fue uno de los miembros más destacados de la naciente Universidad de México, pasando después a Lima, como catedrático de Prima de Teología.

BARTOLOMÉ DE LEDESMA, DOMINGO DE BETANZAS Y TOMÁS DE BERLANGA

La trayectoria universitaria, aunque mantuvo su continuidad, tuvo ciertos altibajos, en algunos casos promovidos por los pleitos sostenidos durante el siglo XVIII con otros centros dirigidos por los jesuitas. El decreto de expulsión de la Orden de San Ignacio de Loyola por el rey Carlos III en 1767 de todos los territorios españoles y la real cédula que mandaba extinguir las cátedras de la escuela jesuítica terminó un conflicto que no llegó a sentenciarse.

Sin embargo, la oleada de fundaciones en el ámbito antillano durante el siglo XVIII, con las pujantes Universidades de La Habana, Caracas y Popayán, restó preponderancia a la primera universidad americana.

La universidad afrontó diversos problemas a comienzos del siglo XIX con la administración francesa de Haití. Tras la independencia de los haitianos, esta institución fue reabierta por los políticos José Gabriel García y Emiliano Tejera, en 1866, bajo el nombre de Instituto Profesional. En 1914, recobró su nombre original hasta la actualidad, que es conocida como Universidad Autónoma de Santo Domingo. Su sede central se sigue manteniendo en la capital de la moderna e independiente República Dominicana, siendo la única estatal, pero mantiene recintos, centros y subcentros en diferentes puntos del país. La Universidad Autónoma de Santo Domingo tiene convenios vigentes con universidades en los cinco continentes, mediante los cuales se establece intercambio profesoral, estudiantil, becas y se promueve la investigación conjunta.

En la actualidad, se conserva la iglesia, con fachada de un gótico primitivo, y parte del antiguo convento de los dominicos, primera sede de la universidad. También recuerda su pasado una placa expuesta en la contemporánea Universidad Autónoma, en cuyo recinto del rectorado se guarda la cátedra antigua, del siglo XVI, testigo de su laborioso pasado académico. Y en el campus universitario se ubica un homenaje a fray Antonio de Montesinos, que es el escenario para las protestas y manifestaciones estudiantiles.

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO