FRANCISCO VALLÉS PRECURSOR DE LA ANATOMÍA PATOLÓGICA MODERNA


El médico y filósofo Francisco Vallés es el mayor representante español de la Medicina del Renacimiento. Vinculado a la Universidad de Alcalá de Henares fue médico personal de Felipe II en 1572 y protomédico de la Corona de Castilla. Está considerado como el promotor de la Anatomía patológica moderna. Relacionó de forma sistemática los síntomas de las enfermedades con los hallazgos encontrados en las autopsias. Fue una especial referencia para aquellos científicos europeos que tomaron a la observación clínica como base de conocimiento y práctica médica durante la Edad Moderna.

En su obra médica cumbre Controversiarum medicarum et philosophicarum, de 1556, de gran éxito en Europa, reinterpretó los textos médicos clásicos bajo un enfoque crítico. Y en la médico-filosófica De sacra philosophia, de 1587, analizó y explicó los pasajes de la Biblia bajo criterios físicos y médicos.

ANATOMÍA PATOLÓGICA MODERNA POR FRANCISCO VALLÉS

Francisco Vallés de Covarrubias nació en Covarrubias, Burgos, en 1524. Estudió en la Universidad complutense de Alcalá de Henares, obteniendo el grado de bachiller en Artes en 1544 y su licenciatura en 1547. Después pasó al Colegio de la Madre de Dios para estudiar Medicina, y también al Trilingüe para estudiar lenguas clásicas. En 1550, obtuvo el bachillerato en Medicina y poco después, en 1553, la licenciatura, así como el doctorado y la magistratura en Artes y Filosofía, en 1554.

En Alcalá de Henares pasaría la mayor parte de su vida, primero estudiando como alumno y después ejerciendo como catedrático.

Al menos desde 1556, impartió clases de Anatomía, de hecho, fue el primero que en Alcalá impartió Anatomía práctica a través de disecciones de cadáveres, por lo que se le considera el precursor de la Anatomía patológica.

En 1557, impartió clases de Prima de Medicina en sustitución de su maestro, el doctor Vega. Como médico, escribe un comentario de las Epidemias de Hipócrates y encabezó un poderoso movimiento para desterrar las influencias árabes sobre la Medicina del médico, cirujano y filósofo griego Claudio Galeno. , considerado uno de los más completos investigadores en Medicina de la Edad Antigua. Explicaba al científico clásico con tanto auténtica devoción y éxito que llegó a ser llamado el "Galeno español".

Desde su cátedra, contó con la ayuda de su amigo el gran anatomista y prosector valenciano Pedro Jimeno, quien estaba introduciendo y continuando en las universidades de España los estudios de la nueva anatomía de su maestro, el bruselense Andrea Vesalio. El trabajo conjunto inició en España la mentalidad anatomo-clínica, que consistía en dar las novedosas explicaciones de Vallés a sus estudiantes mientras que Jimeno diseccionaba los cadáveres y mostraba las lesiones correspondientes.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE ALCALÁ DE HENARES

En 1572, fue requerido a diagnosticar y solucionar una crisis de gota que padecía Felipe II, tras haber fracasado otros médicos. Consiguió curar aquella enfermedad, por lo que fue nombrado médico de la Casa Real; el rey le calificó de divino, por eso es conocido como el "Divino Valles". Como médico personal del rey había sucedido al anatomista Vesalio, a quien conoció en Padua, duranta una estancia.

Poco después, fue nombrado "protomédico general de todos los Reinos y Señoríos de Castilla", el empleo de medicina más prestigioso de la época. Felipe II le ordenó el establecimiento del examen del Protomedicato, que debían realizar en Madrid todos los licenciados en medicina para poder ejercer, como control de la formación recibida en las diferentes universidades de España. Además, realizó un reglamento sobre pesos y medidas farmacéuticas. Gracias a este cargo, Vallés pudo desarrollar una brillante carrera profesional, no sólo como médico, sino también como escritor.

Después, formaría parte de una comisión para organizar la Biblioteca Real del Monasterio de El Escorial, una de las más prestigiosas y voluminosas de la época. Trabajaría junto a otros dos grandes humanistas como fueron Benito Arias Montano y Ambrosio de Morales.

Sus últimos años formaba parte del grupo de destiladores en la botica del Monasterio de El Escorial, mientras terminaba de organizar la biblioteca. Colaboraba preparando la destilación de plantas naturales y medicinales.

En 1592, murió en el Convento de los Agustinos de Burgos, al acompañar al rey Felipe II en un viaje. Fue enterrado en la capilla del Colegio Mayor de San Ildefonso, en Alcalá de Henares, donde se encuentra con un detallado epitafio.

Había casado con Juana de Vera, con quien tuvo seis hijos, y fundado un mayorazgo basado en la casa y la hacienda que adquirió en Alcalá de Henares.

MONASTERIO DE SAN LORENZO EL ESCORIAL

Como buen humanista que Francisco Vallés había sido, su actividad no se reduciría únicamente a la medicina, pues continuó sus estudios en otras materias, especialmente en Filosofía y llegó a dominar las lenguas clásicas griego, latín y hebreo.

Valles publicó quince obras, tanto médicas como filosóficas, con un carácter ecléctico e independiente.

Su principal y más afamada obra es De iis, quae scripta sunt Physice in libris sacris, sive de Sacra Philosophia, liber singularis, publicada en Burgos y en Turín, 1587, y en Lyon, en 1652. Usualmente conocido como De Sacra Philosophia, es el único en que expuso sus propias ideas de forma directa, sin tener que pasar por comentarios o traducciones de los autores clásicos.

Es un compendio de textos bíblicos relacionados con cuestiones científicas en general y médicas en particular. En este libro enormemente heterogéneo, Vallés abordó multitud de asuntos de diferentes índoles, sin relación aparente, pero manteniendo en todo momento la unidad de enfoque y de método. Lo mismo trataba del origen del mundo y de la creación, del alma humana, de la razón y de la inteligencia, etc., que de la sangre, la nutrición, la longevidad, los elementos meteorológicos, la debilidad senil, las causas de la muerte, y otros muchos asuntos. Pero, en todo el conjunto existe una unidad de criterio basado en creer que en los Libros Sagrados se hallan numerosas enseñanzas filosóficas y científicas, y que todas ellas son verdaderas, pues provienen de Dios, que no pueden contradecirse ni engañar al hombre.

Para Vallés, teniendo como fin fundamental la salvación del alma, la Revelación no podía extenderse al conocimiento de las causas naturales. Por tanto, está en la voluntad del hombre investigar estas causas, si bien tomando como base las enseñanzas de la Biblia, donde estas informaciones parecen desperdigadas.

De acuerdo con esta idea básica, Vallés comenzó cada capítulo escribiendo un texto de las Sagradas Escrituras, que después comentaba por extenso, acudiendo generalmente a doctrinas de los filósofos clásicos: Platón, Aristóteles, Pitágoras, etc., tratando de armonizarlas, sin salirse de la ortodoxia. Los temas de los versículos escogidos le llevaron a tratar las cuestiones más variadas: teología, filosofía, medicina, moral, cosmología, psicología, física, astronomía, biología. Y, a pesar de tener siempre consideración las enseñanzas de los textos sagrados, la Inquisición se atrevió a expurgar este libro en 1613 y el Vaticano lo incluyó en el Índice de Libros de Prohibidos.

CONTROVERSIARUM MEDICARUM ET PHILOSOPHICARUM, POR POR FRANCISCO VALLÉS

En cuanto a las influencias filosóficas de Valles destacan, en primer lugar, la profunda formación cristiana, omnipresente en casi todo lo que escribió. También fue importante el constante elemento peripatético, como consecuencia de una constante lectura de los libros aristotélicos, con frecuencia interpretados de un modo personal. Otro tercer elemento que influyó fue el movimiento escéptico surgido más al exponer doctrinas ajenas que al describir sus propias ideas. De todos modos, las doctrinas del Peripatetismo y el Escepticismo tendieron a integrarse en una síntesis superior de inspiración cristiana, de acuerdo con la tendencia ecléctica que caracterizó el pensamiento de Vallés.

Pero ese Escepticismo filosófico fue aplicado por el protomédico Valles únicamente a cuestiones de Filosofía natural o física. Insistía en que los físicos no debían aceptar ningún dogma que no haya sido previamente demostrado (physici nunquam acquiescunt ullis dogmatis sine monstratione, cap. I) y en que no debe recurrirse a causas ocultas para explicar los fenómenos cuando las hay manifiestas (ubi manifesta est causa, non libenter confugio ad istas occultiores, cap. XLII).

En esta línea, exaltaba la doctrina de la docta ignoratia de Nicolás de Cusa, llegando a escribir:
"De ninguna sustancia por sí misma podemos tener conocimiento intuitivo, porque ningún camino conduce a la inteligencia sino el de los sentidos, y éstos son pasibles y sólo perciben cualidades. De los accidentes puede tenerse conocimiento por sí mismos; pero, en razón a lo mudable de la naturaleza de los sentidos y de lo sensible y al modo de sentir, nunca es exacto. Mas hay ciertas verdades que son por sí mismas conocidas, a las cuales asentimos por instinto natural; y existen otras que se coligen de las primeras por demostración. La ciencia de las primeras es natural; la de las otras, adquirida por el raciocinio. De esta clase son muchas de las tesis matemáticas, porque se anuncian de cosas absolutamente inmateriales. Pero respecto de aquellas que están en opinión, como son todos los problemas físicos, es claro que nadie puede saberlas, porque si algo de ellas se supiese, habiendo ciencia quedaría borrada toda opinión y suprimida toda oscuridad e incertidumbre, que van siempre unidas a la opinión. No sólo, pues, no se halla establecida todavía la ciencia de las verdades físicas, sino que ni siquiera puede establecerse, porque el físico no abstrae de la materia, y como el conocimiento de las cosas materiales pertenece a los sentidos, no puede ir más allá de la opinión, pues la ciencia es de los universal y de lo inteligible. Así el físico, por mucho que trabaje, no es capaz de establecer la ciencia de sus tesis, aun cuando no por eso debe dudar de todo, según la costumbre de los pirrónicos, sino asentir a lo probable, porque es gran necesidad pensar que tienes la misma fuerza todas las razones contrarias." (cap. LXIV)

Desde el punto de vista de "la ciencia de las verdades físicas", Valles constituyó uno de los fundadores de este Naturalismo médico, como lo fueron Juan Hurta de San Juan u Oliva de Sabuco, e incluso Gómez Pereira o Francisco Sánchez el Escéptico.

DE IIS, QUE SCRIPTA SUNT PHYSICE, POR FRANCISCO VALLÉS

La filosofía médica de Vallés se ha distinguido por su originalidad concentrada en estas tres tesis:

1. el principio de individuación, marcado exclusivamente por la cantidad, nunca por la materia ("non ese materiam, sed magnitudinem"), porque es ésta la que hace posible la divisibilidad: "verisimilius ergo refertur ad quantitatem ratio individui quam ad materiam".

2. la negación de la unidad del principio vital en el ser humano, admitiendo dos principios internos de vida: uno para las funciones vegetativas, y otro para las sensitivas e intelectiva.

3. la racionalidad del alma animal, que admite al distinguir la sensación de la inteligencia.

Dividió todo el conocimiento en tres grandes apartados:

1. Disciplinas intelectuales: Teología, Jurisprudencia y Medicina

2. Artes escritas: Gramática, Retórica y Dialéctica

3. Ciencias: Filosofía natural, Filosofía moral y Matemáticas

Para Vallés, la más excelente de todos los conocimientos es la Teología, porque permite llegar a Dios. En realidad, todos los saberes se encaminan hacia esa ciencia suprema, que tendría su plena realización en la otra vida, en la gloria de Dios. Vallés creyó que el mundo actual desaparecerá y será creado otro nuevo, más hermoso, perfecto y eterno. Al objeto de resolver la polémica muy intensa en su tiempo entre la preeminencia de la Jurisprudencia y la Medicina, dividió a la Jurisprudencia en Derecho civil y Derecho contencioso, ocupando la Medicina un lugar intermedio entre ambas.

CONTROVERSIARUM MEDICARUM ET PHILOSOPHICARUM, POR FRANCISCO VALLÉS

Sus principales obras médicas son cinco traducciones de las obras de Galeno, tres de los cuales tradujo de textos griegos meticulosamente escogidos. En sus comentarios expuso lo más innovador de su pensamiento y carácter científico. Los cinco libros fueron publicados en Alcalá: Controversiarum medicarum et philosophicarum, en 1556; Pergameni de Locis Patientibus Libri Sex, en 1559; Galeni ars medicinalis commentariis, 1567; Comentaria in libros Galeni de differentia febrium, 1569; y De locis patientibus, en 1559.

Controversiarum medicarum et philosophicarum libri decem es una obra médico-filosófica publicada en Alcalá, en 1556, con tan buena acogida que fue reeditada otras dos veces más en 1564 y 1583.

Abordó aspectos controvertidos sobre fisiología, patología, clínica y terapéutica. Como humanista, Valles consultó de forma directa en los textos clásicos de la medicina como Aristóteles, Galeno e Hipócrates, desestimando las deformadas traducciones medievales. Después, aprovechó los nuevos hallazgos de la anatomía por la disección de cadáveres humanos.

Gracias al anatomista valenciano Pedro Jimeno, adquirió la nueva anatomía de Vesalio, para sentar las bases de esta obra. En cada tema proponía una controversia a cerca de dichos avances en la nueva morfología del cuerpo humano que estaban planteando los anatomistas valencianos de la mano de Vesalio.

Pergameni de Locis Patientibus Libri Sex es una relación de comentarios al tratado de Galeno, obra publicada en Alcalá, en 1559, donde presentó su revolucionaria perspectiva anatomo-clínica. Se aprecia una mayor influencia de la nueva anatomía de Vesalio con respecto a la anterior.

Se apoyó en los conocimientos anatómicos de forma sistemática al objeto de diagnosticar las enfermedades del cuerpo humano. Pero todos los resultados y conclusiones científicas que expuso fueron meticulosamente examinados y demostrados ante sus alumnos con la ayuda de Pedro Jimeno.

Sirviéndose de los recursos de la nueva anatomía, intentaba rectificar o mejorar las afirmaciones de Galeno sobre la localización y síntomas de las enfermedades. En algunos aspectos, hizo crítica de las interpretaciones de Galeno, y en otros defendió la doctrina galenista frente a las tesis de Vesalio.

METHODUS MEDENDI, POR FRANCISCO VALLÉS

Tradujo y comentó los libros Físicos de Aristóteles, en textos publicados en Alcalá: Commentaria in quartum librum meteorum Aristotelis, en 1558; Octo librorum Aristotelis de physica doctrina versio recens et conmmentaria, en 1562; y Controversiarvm natyralivn ad tyrones pars rima: continens eas quae spectant ad octo libros Aristotelis de physica doctrina, en 1580.

Sin embargo, su producción más madura se centró en los textos clásicos de Hipócrates, el médico de la Antigua Grecia considerado universalmente como el "padre de la medicina occidental". Empezó con el pequeño tratado In Aphorismo et libellum de alimento Hippocratis, comentaria, en 1561. Años después, fue continuado con dos libros de comentarios a las obras: Commentaria in libris Hippocratis de Ratione victus in morbis acutis, en 1569; In libros Hippocratis de morbis popularibus, commetaria, en 1577; y In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, en 1589. En ellas, son destacable las aportaciones que hizo sobre el estudio del tifus petequial o tabardillo.

Mediante estas obras hipocráticas, Valles convirtió a Hipócrates en el principal sistema de conocimiento y práctica médica, aunque sin llegar a cuestionar el modelo de Galeno. Esta doctrina humanista del siglo XVI, que podría definirse con el término de Galenismo hipocratista, marcó tendencia en la comunidad científica del Renacimiento, porque recuperaba a los textos hipocráticos de acuerdo con las bases del humanismo.

GALENO E HIPÓCRATES

Su última obra, In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, era la culminación de sus estudios sobre el sistema hipocrático. Se trata de una traducción latina comentada de los siete libros de las Epidemias, que incluyen las historias clínicas hipocráticas, basadas exclusivamente en observaciones clínicas útiles. Y sus comentarios son discusiones sobre la patología, la clínica y la terapéutica de afecciones que él mismo pudo comprobar.

Al final de su carrera publicó un Methodus medendi, en 1588, que podría considerarse el mejor tratado de terapéutica clínica escrito en el siglo XVI. Y, el mismo año, también publicó un breve tratado semiológico sobre la orina, el pulso y la fiebre llamado Comentarii de vrinis, pulsibus et febribus.

Su última publicación fue un Tratado sobre la destilación, única obra importante escrita en castellano y al borde de su muerte, en 1592. Es un tratado de las aguas destiladas que fue compuesto mientras preparaba la destilación de plantas naturales y medicinales en la botica del Monasterio de El Escorial. Este tratado es un reglamento sobre medicamentos de uso interno obtenidos por destilación, así como los pesos y medidas farmacéuticos, realizado por petición del rey.

Aunque Valles ya había conocido a Diego de Santiago, seguidor de las tesis de Paracelso considerado como el padre de la Toxicología, así como a los destiladores reales, basó su tratado en los textos de materia médica y destilación anteriores al movimiento paracelsista.

PARACELSO Y ANDRÉS VESALIO

La producción médica y médico-filosófica de Valles tuvo una gran difusión e influencia. Primero, sus alumnos y discípulos adquirieron el sistema anatómico de Vesalio, en auge durante el pleno Humanismo, para el conocimiento de la filosofía natural o la nueva anatomía. Pero, Valles supo introducir el sistema hipocrático como modelo de observación clínica objetiva, la base más importante de la medicina moderna.

En cuanto a su legado escrito, sus libros alcanzaron un total de dieciséis reediciones en España y otras setenta y dos en varios países de Europa. Por eso, los textos de Vallés fueron una clara referencia para los médicos europeos durante dos siglos, llegando hasta el final de la Ilustración científica. Fue una especial referencia para aquellos que tomaron a la observación clínica como base de conocimiento y práctica médica.

De las controversias del libro Controversiarum medicarum e philosophicarum surgieron las bases de algunas tendencias de la fisiología en el siglo XVII, por eso esta obra llegó a alcanzar una gran influencia en la comunidad científica europea de su tiempo.

Y sobre los comentarios del In aphorismos Hippocratis commenrarii VII, el holandés Hermann Boerhaave, auténtico fundador de la clínica moderna durante la Ilustración, llegó a realizar el siguiente elogio de esta obra:
"El que tenga los comentarios de este español no necesita de otros, porque todos los modernos escriben conforme a teorías y yo únicamente alabo al que con observaciones propias explica lo que expone Hipócrates."

Otro de los euritos influenciados por Vallés fue el teólogo, filósofo y jurista Francisco Suárez, contemporáneo suyo, más relacionado con la Escolástica y la Escuela de Salamanca que con el Humanismo y la Universidad de Alcalá. Pero el escolástico salmantino llegó a influenciarse del médico humanista en su tratado De Anima, una de sus obras psicológicas y antropológicas más destacadas. Hasta en treinta y una ocasiones Suárez citó a Vallés para comentar destacados aspectos de Controversiarum medicarum e philosophicarum y de De sacra Philosophia. El aspecto más significativo fue la teoría de la simpatía de las potencias, ubicadas en el alma, y que constituye una de las mejores aportaciones al estudio de la Epistemología y de las relaciones alma-cuerpo en la Antropología de Suárez.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA PIONERO DEL AMERICANISMO CIENTÍFICO


Marcos Jiménez de la Espada fue naturalista, geógrafo e historiador durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue el naturalista más destacado de la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1866 por la recopilación de amplias colecciones de animales de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas, reconociendo decenas de nuevas especies desconocidas. Su principal obra zoológica fue Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875, que reunía los resultados de 786 especies de anfibios.

Miembro de varias academias y sociedades españolas y europeas relacionadas con la historiografía, la geografía, la antropología y las ciencias, se destacó por ser un pionero del Hispano-Americanismo científico, en especial por encabezar los estudios andinos gracias a su monumental obra sobre las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897.

AMERICANISMO CIENTÍFICO DE MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Marcos Jiménez de la Espada y Evangelista nació en Cartagena, Murcia, en 1831. Era el hijo de un funcionario del Estado liberal bajo la Regencia de María Cristina y el Reinado de Isabel II. Estudio el bachillerato en varias ciudades de España (Valladolid, Barcelona y Sevilla) debido a los diferentes destinos que iban asignado a su padre en la administración del Estado liberal que se estaba construyendo.

En 1850, comenzó a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid, estudios aún englobados en la Facultad de Filosofía. Se formo como un brillante universitario bajo la dirección de Mariano de la Paz Graells, catedrático de Anatomía Comparada y Zoonomía de los Vertebrados y director del Museo de Ciencias Naturales. Tras cinco años de carrera se licenció presentando la tesis Los anfibios de Blainville y los batracios de Cuvier forman una clase aparte. En adelantes sintió una vocación por el estudio de los anfibios.

Su primer empleo estuvo como ayudante de la sección de Historia Natural de esta universidad, desde 1853, mientras estudiaba, y más tarde el de ayudante de las clases de mineralogía y geología en el Museo de Ciencias Naturales, en 1857. En esta última institución trabajaría durante 43 años de carrera científica especializándose en la zoología y la anatomía, gracias a la confianza que despertó en su maestro Graells, llegando a ser su discípulo predilecto. En 1859, ya impartía clases de zoología y anatomía comparada del Museo.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

El 9 de julio de 1862, la carrera científica de Jiménez de la Espada fue a dar un salto de calidad cuando fue asignado a la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1865. Su objetivo era realizar un extenso análisis de la zoología, botánica, geografía y antropología del continente de América, que superase a las ejecutadas décadas antes. Jiménez de la Espada ocupaba una posición subalterna, pues era el segundo ayudante naturalista, responsable de la organización de las colecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres, que debía estudiar y enviar al Museo de Historia Natural y al pequeño zoológico de aclimatación que Graells había instalado en el Jardín Botánico de Madrid.

El director general de Instrucción Pública, Pedro Sabau, se encargó de seleccionar a los ocho naturalistas de las diferentes especialidades. En la elección de Jiménez de la Espada influyó la recomendación de su gran mentor Graells. Pero también fue determinante la experiencia que durante años fue adquiriendo en la adaptación de animales procedentes de ecosistemas foráneos a las condiciones climáticas del Jardín Zoológico de Aclimatación.

El objetivo principal que se asignó al grupo de científicos fue el de recoger ejemplares de los tres reinos de la naturaleza para incrementar las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Al organizarse la Comisión de Profesores de Ciencias Naturales agregada a la Expedición Marítima al Pacífico, Jiménez de la Espada fue nombrado, encargado de la supervisión de las recolecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres.

Esta comisión estaba integrada en otra de carácter político-militar, la Expedición Marítima al Pacífico, al mando del general Luis Hernández-Pinzón Álvarez. Esta expedición naval estaba encaminada a potenciar la presencia española en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, así como reforzar las relaciones económicas y culturales entre España y sus antiguos dominios de Ultramar.

NATURALISTAS DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

El 10 de agosto de 1862, la Comisión partió desde Cádiz a bordo de las fragatas Triunfo y Resolución. Tras hacer escalas en Tenerife y Cavo Verde, llegó a San Salvador de Bahía y a Río de Janeiro, en septiembre, junto a sus compañeros. En noviembre, visitó los alrededores de otras ciudades brasileñas como Santa Catarina, Desterro, Petrópolis, Santa Cruz y Río Grande do Sul.

En diciembre, estando en la uruguaya Montevideo, donde la comisión se separa en dos subcomisiones para alcanzar un mayor escenario de operaciones y una mayor variedad de colecciones. Jiménez de la Espada embarcó en la fragata Covadonga de la Armada española hasta el puerto chileno de Valparaíso, lugar de encuentro de la subcomisión terrestre a través de los Andes. Exploró la costa de Chile, el desierto de Atacama y las minas de Copiapó. Después continuó el reconocimiento de las costas pacíficas del Perú, Centroamérica, México y California, con escala en San Francisco, en octubre de 1863.

En marzo de 1864, Jiménez de la Espada estaba de vuelta a Perú, donde pudo reunirse con algunos de los miembros de la subcomisión de tierra. Debido al estallido de la breve Guerra hispano-sudamericana, el general Hernández-Pinzón decidió suspender la Comisión Científica del Pacífico. Sin embargo, Jiménez de la Espada y otros tres comisionados decidieron continuar con la otra parte del programa de investigación basado en explorar en tierra adentro de Sudamérica en su parte más ancha. Estos tres compañeros eran el zoólogo madrileño Francisco de Paula Martínez y Sáez, el botánico gerundense Juan Isern y Batlló, y el médico y antropólogo cubano Manuel Almagro de la Vega. Ante el regreso a España del fotógrafo y dibujante de la comisión, Rafael Castro y Ordóñez, fue Jiménez de la Espada el encargado de realizar el testimonio gráfico, acompañado de numerosos dibujos de paisajes.

Esta expedición debía cruzar los Andes ecuatorianos hasta llegara al río Napo y descender por el Amazonas hasta la costa Atlántica, intentando rememorar la gesta del descubridor Francisco de Orellana, y que llamaron el "Gran Viaje".

CIENTÍFICOS DE LA EXPEDICIÓN EN MONTEVIDEO

En octubre de 1864, partió desde Guayaquil, remontando el río Guayas llegó a Bobalhoyo, y durante el trayecto pudo comprobar multitud de monos y cocodrilos, llegando a capturar y disecar algún ejemplar. En Quitó tuvo que enviar un voluminoso cargamento de piezas y animales reunidos durante la travesía, contratando a indios cargueros, para que les ayudasen en las tareas de transporte.

Tras pasar por Baeza, Archidona y Ahuano, en julio de 1865, comenzó el descenso del río Napo mediante unas barcazas construidas junto a unos indios de servicio, y un mes después se encontraba en la hacienda Tabatinga, en la orilla del río Amazonas, en la frontera entre Perú y Brasil. El resto de tránsito hasta Manaos y, posteriormente a Belém, fue recorrido a bordo dos embarcaciones de vapor. En uno de ellos, conoció al naturalista suizo Louis Agassiz, profesor de la Universidad de Harvard, que estaba al mano de una misión científica estadounidense. En 1895, rememoraba aquel encuentro con el cuarteto de expedicionarios españoles en el Amazonas en su libro A journey in Brazil (Un viaje en Brasil).

El Gran Viaje suramericano de Jiménez de la Espada y sus tres compañeros finalizó en Gran Pará, el 12 de octubre de 1865. Desde Río de Janeiro, fue ayudado por la embajada española en Brasil para regresar a España. En enero de 1866, los científicos supervivientes de la Comisión se reunieron en Madrid para presentar sus extensas investigaciones a la dirección general de Instrucción Pública, objeto de estudio en los años venideros. Después volvió a la actividad regular en la Universidad Central de Madrid y en el Museo de Ciencias Naturales.

COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO EN 1862-1866

Durante su viaje de tres años y medio, se internó por las florestas tropicales brasileñas, recorrió las pampas rioplatenses, surcó las peligrosas aguas del estrecho de Magallanes, disfrutó de los preciosos valles chilenos, y ascendió a nevados andinos ecuatorianos y a volcanes centroamericanos. Forjó su personalidad de naturalista romántico, seguidor de las preocupaciones intelectuales de Alexander von Humboldt, y de científico sistemático en sus estudios de anatomía comparada. Demostró un especial interés por observar tanto la naturaleza virgen como el paisaje modificado por la acción humana, de una manera integrada y armónica, así como por estudiar las fuerzas telúricas, como los volcanes que llamó “montañas de fuego”.

Jiménez de la Espada se fue convirtiendo en un incansable explorador que llegó a recolectar una voluminosa y rica cosecha naturalista y, por tanto, en el expedicionario científico más destacado de la comisión. En su Diario de la expedición al Pacífico, conservado de forma parcial, recogió interesantes observaciones geográficas, geológicas, zoológicas, botánicas, antropológicas y etnológicas.

Entre las numerosas hazañas científicas destacan sus ascensiones a seis volcanes, como el Izalco en El Salvador, o el Chimborazo, el Sangay y el Sumaco en Ecuador, y las cimas de los nevados del Chimborazo y del Cotopaxi en esta última república. Al descender el volcán Pichancha, cerca de Quito, se perdió durante tres días y estuvo a punto de morir, pero fue rescatado de forma extrema por un nativo. Parte de sus observaciones geológicas sobre el vulcanismo andino fueron publicadas en 1872, en su estudio El volcán de Ansango.

VOLCÁN CHIMBORAZO EN ECUADOR

En cuanto a su especialidad de la zoología, recolectó todo tipo de mamíferos, aves y reptiles que fueron disecados para el estudio. Pero también envío animales vivos a Madrid, ejemplares que nunca se habían llevado vivos a Europa, entre los que destacan la liebre de la Patagonia, el guanaco, el cisne de cuello negro y el cóndor de los Andes, un pavo silvestre del Perú, y dieciséis especies nuevas de ranas. Más tarde, muchos de los descendientes de estas especies fueron cedidos a varios zoológicos europeos. Uno de aquellos centros fue el de París, lo que ocasionó que, el 23 de marzo de 1866, la Sociedad Imperial Zoológica de Aclimatación de Francia le otorgase la medalla de primera clase de la división de mamíferos.

Tras regresar de la Comisión, estivo ordenando y estudiando con precisión las colecciones de animales recolectadas en América, cuyos resultados fue publicando en la década de 1870.

En 1870, publicó el artículo Algunos datos nuevos o curiosos acerca de la fauna del Alto Amazonas. Mamíferos, incluido en el Boletín-Revista de la Universidad de Madrid. Estaba basado en su colección de mamíferos del valle del Alto Amazonas, compuesta por animales de 100 especies diferentes, 35 de las cuales eran desconocidas por la comunidad científica hasta el momento.

La suspensión de la Comisión Científica del Pacífico de forma oficial en 1864 propició la pérdida de algunas especies capturadas por Jiménez de la España, que fueron recolectadas y descritas por expediciones extranjeras años después.

Es destacable la descripción del aspecto físico y el comportamiento del murciélago Thyroptera albiventer o la presentación de la existencia de los monos Leontocebus lagonotus y Leontocebus graellsi, el nombre de esta última raza de mono estaba dedicado a su Graells.

BUSTO DE JIMÉNEZ DE LA ESPADA EN CARTAGENA

En 1871, publicó el informe Faunae neotropicales species quaedam nondum cognitae (Especies de la fauna neotropical desconocidas), añadido en el Jornal de la Academia de Ciencias de Lisboa. Ese mismo, promovió la fundación de la Sociedad Española de Historia Natural, en 1871, junto a otros once socios, cuyos primeros trabajos fueron dedicados a la fauna de Sudamérica.

En uno de los anales de la Sociedad Española de Historia Natural incluyó su principal obra sobre zoología, Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875. Reunía los resultados de 786 especies de anfibios recolectados durante la comisión americana, que fueron analizados en profundidad, dese su anatomía hasta su biología y su comportamiento. Estos ejemplares estaban reunidos en 18 géneros y especies ya estudiadas, y otros 2 géneros, 12 especies y 3 subespecies desconocidas hasta el momento.

Tuvo en reconocimiento de los científicos coetáneos y ha sido considerada como un texto clásico de la literatura zoológica, en el campo de la herpetología. Por eso, en 1978, fue reeditada por la Sociedad para el Estudios de Anfibios y Reptiles de Estados Unidos.

Cuando había alcanzado el mayor prestigio como naturalista con una gran repercusión en Europa, a mediados de la década decidió abandonar su participación en el programa de investigaciones biológicas y reorientar su carrera hacia la geografía histórica y la historia americana.

En 1876, fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Geográfica de Madrid. En 1877, fue miembro de la Asociación Española para la Exploración de África, donde se integró desde su fundación. En 1883, fue miembro electo de la Real Academia de la Historia. En 1892, fue miembro de Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Y, en 1895, fue elegido presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural, habiendo sido también uno de los socios fundadores. En el extranjero, también fue miembro de la Sociedad Berlinesa de Antropología, Etnografía y Prehistoria, de la Real Sociedad Geográfica de Londres y de la Sociedad de Americanistas de París. En todas estas academias y sociedades se mantuvo en funciones hasta su fallecimiento.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Como miembro de la Academia de la Historia y de la Asociación africanista, editó libros de viajes por el Mediterráneo y por el África subsahariana, escritos en castellano durante la Edad Media. Son destacables las Andanzas de Pero Tafur, capitán de marina a sueldo de la Corona de Aragón para expulsar a corsarios y piratas de las rutas marítimas en el siglo XIII, o el Libro del conocimiento, manual de geografía escrito 1385 por un fraile franciscano andaluz anónimo.

Y como socio de la Sociedad Geográfica, publicó varios trabajos sobre historiografía. Estudió documentos relacionados con las expediciones científicas enviadas a diversas regiones de América durante el siglo XVIII, en los que fue la Ilustración científica hispanoamericana, como fueron la Expedición médica y botánica de José Celestino Mutis en el Virreinato de Nueva Granada, la Expedición botánica de Hipólito Ruiz y José Pavón al Virreinato de Perú, o la Expedición científico-política de Alejandro Malaspina alrededor del Mundo. Y se especializó en el conocimiento de las exploraciones realizadas en América y en el norte de África por comisiones españoles del siglo XIX.

Rescató del olvido documentos de gran valor historiográfico que editó para su conocimiento y divulgación. Son destacables los manuscritos redactados por exploradores de la cordillera de los Andes, como el soldado cronista Cieza de León, autor del primer estudio sistemático de la geografía de Perú; la Historia del nuevo mundo del antropólogo y naturalista jesuita Bernabé Cobo, en 1890; la información que escribió Bartolomé de Las Casas sobre los pueblos andinos en su Apologética historia sumaria, y que Jiménez de la Espada publicó con el título De las antiguas gentes del Perú; el texto que escribió Vaca de Castro sobre los quipucamayocs en 1543; o el Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá, de autor anónimo.

También editó escritos de exploradores del valle del Amazonas, como el jesuita padre Maroni, quien realizó un detallado estudio descriptivo de la geografía de la región del alto Amazonas en su obra Noticias auténticas sobre el famoso río Marañón. Y sobre la conquista y fundación del Nuevo Reino de Granada, editó el famoso documento anónimo Epítome, en 1898.

MAPA DE LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS

Con el tiempo, se fue convirtiendo en un experto americanista que supo valorar el impacto que generó el conocimiento del Nuevo Mundo en el desarrollo de la ciencia europea en general, y española en especial. Para realizar cada estudio historiográfico de manera objetiva y académica, se sirvió de archivos, bibliotecas y museos de las sociedades y academias a las que perteneció.

Su obra historiográfica más destacada fueron los cuatro volúmenes que componen las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897. Se trata de una meritoria descripción de las exploraciones y descubrimientos de los diversos agentes del Imperio español del siglo XVI por el Virreinato del Perú para el reconocimiento y control del territorio americano. Presentó a una serie de autores españoles que habían investigado a cerca de la naturaleza y la cultura de África y América, especialmente de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas. En definitiva, fue la reunión de todas aquellas relaciones geográficas, crónicas de Indias e historias naturales y morales que se habían escrito sobre los territorios y sociedades americanas desde su primer precursor, el antropólogo jesuita José de Acosta. En reconocimiento a la aportación de esta obra, la Academia de la Historia le concedió el Premio Loubat, en 1897.

Se interesó especialmente por la América precolombina, más concretamente por el Imperio incaico, y por las conexiones entre las sociedades andinas y amazónicas entre los siglos XV y XVII. Prestó especial atención en alguno de sus escritos a las navegaciones de los incas por el océano Pacífico. Su principal obra a este tema fueron las Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas.

La enrome obra historiográfica de Jiménez de la Espada quedó engloba en la incipiente institucionalización de los estudios americanistas que se produjo en Europa y América durante el último tercio del siglo XIX. Por eso fue invitado a participar en los congresos americanistas que se organizaban desde ciudades europeas para impulsar el estudio de las antiguas culturas americanas y de las civilizaciones precolombinas.

Jiménez de la Espada concibió su obra historiográfica como un instrumento cultural que reforzase los lazos sociales entre España y los países andinos. A su vez, los diversos gobiernos españoles y amplios sectores de la sociedad civil apoyaron su causa.

Por otra parte, los académicos peruanos reconocieron sus aportaciones, hasta que el Gobierno de Perú le concedió la medalla de oro a la divulgación de la cultura incaica, en 1892. Entre los méritos de esta condecoración destacaron “sus importantes trabajos históricos y geográficos relativos al Perú”, y entre estos trabajos se hicieron especiales referencias a “el insigne cronista Cieza de León, sus Relaciones Geográficas de Indias y sus disquisiciones relativas al Descubrimiento y a la época colonial”.

RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS, POR JIMÉNEZ DE LA ESPADA

En 1898, Marcos Jiménez de la Espada falleció en Madrid, cuando estaba involucrado en un amplio estudio sobre la Expedición Malaspina. Al menos, ya había presentado su tesis doctoral y nombrado catedrático de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, unos meses antes.

Para Francisco Giner de los Ríos y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza, la figura de Jiménez de la Espada se había convertido en un símbolo del Regeneracionismo científico español, a quien dedicaron una ceremonia honorífica a su legado. Al acto se sumaron relevantes miembros de la Academia de la Historia, como el marino Cesáreo Fernández Duro.

Dejó un legado científico e historiográfico que fue recuperado durante el siglo XX. Su principal discípulo, Ángel Cabrera Latorre, el mastozoólogo más importante del ámbito hispanoamericano, estudió su colección de mamíferos entre 1900 y 1917. En 1928, Agustín J. Barreiro publicó en la editorial de la Real Sociedad Geográfica su Diario de la expedición al Pacífico llevado a cabo por una comisión de naturalistas españoles durante los años 1862-1865, escrito por Marcos Jiménez de la Espada. Aquel año, se dedicó un busto de mármol blanco esculpido por Lorenzo Coullaut Valera, que fue expuesto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, aunque en la actualidad está ubicada en el paseo de Alfonso XIII de Cartagena, su ciudad natal, frente al instituto que lleva su nombre.

Su participación en la Comisión Científica al Pacífico inspiró al capitán de la aviación española Francisco Iglesias Brage para que promoviese una expedición al alto Amazonas, que fue truncada en el último momento debido al devenir de los acontecimientos.

Sus trabajos historiográficos promovieron el desarrollo de la etnohistoria andina en el último tercio del siglo XX. Otra obra biográfica más reciente es Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador, elaborada por Leoncio López-Ocón y Carmen María Pérez-Montes, que fue publicada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas en 2000.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA (1831-1898), POR LÓPEZ-OCÓN Y PÉREZ-MONTES

UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO


La Universidad de Santo Domingo ha pasado a la historia de América por ser la primera fundada y por el debate de los naturales.

UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO

La Universidad de Santo Domingo es la primera fundada en América, ubicada en la ciudad de Santo Domingo de Guzmán de la isla La Española. Su origen estuvo en el estudio conventual, que después se convirtió en Estudio General desde 1518, que regentaba la Orden de los Dominicos o Predicadores.

En virtud de la bula In Apostolatus Culmine otorgada por el papa Paulo III el 28 de octubre de 1538, permitió ser elevada a la categoría de Universidad con el nombre de Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Pero no obtuvo reconocimiento real por Carlos V, siendo aprobada dos décadas después, con el reinado de Felipe II.

La nueva institución tomó como modelo a seguir a la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, fundada a inicios del siglo XVI por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, pues se trataba de un símbolo y la vanguardia de las ideas de Renacimiento español. Obtuvo los estatutos de Alcalá, pero eso implicaba también estar influenciada por la Universidad de Salamanca, ya que los de la primera eran los mismo salmantinos, otorgados por la Monarquía y por el Papado a la fundación cisneriana.

No es extraño que fuese la primera universidad fundada en América, pues Santo Domingo tuvo el primer asentamiento europeo y primera sede administrativa española en este continente, primero por Bartolomé Colón a la margen occidental del río Ozama, en 1498, y después trasladada por Nicolás de Ovando a la margen oriental, en 1502. Además, consiguió el levantamiento de la primera catedral primada de América, la Catedral de Santo Domingo o Basílica Menor de Santa María de la Encarnación; y también el primer castillo, el Alcázar o Palacio Virreinal de Diego Colón, el primer hospital y la primera oficina aduanera. Y todo su conjunto es en la actualidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

IGLESIA Y CONVENTO DE LOS DOMINICOS

Es el primer trasplante del tipo de universidad de tipo híbrido, porque se realizó con la colaboración y conjunción de otra institución base, el convento, en este caso de dominicos, modelo de inspiración la Universidad de Alcalá de Henares, que era colegio-universidad. Esta institución metropolitana, fundada a inicios del siglo XVI, a su vez tomó modelo de la primera fundación hispánica de este tipo, el Colegio Menor de San Antonio de Portaceli, en Singüenza, que tenía facultad para otorgar grados. A partir de entonces, esta tipología híbrida de convento-universidad, colegio-universidad o seminario-universidad se fue multiplicando en Hispanoamérica.

Sin embargo, el hecho por el cual la Universidad Autónoma de Santo Domingo fuese fundada de manera oficial por bula papal en 1538 y aún tardase de forma real por la Corona española suscitó una controversia con la Universidad de San Marcos de Lima, en Perú, que fue fundada por real provisión en 1551, por Carlos V. Es la denominada Controversia de la Primera Universidad Americana. Pero este centro educativo no pasaría a la historia universal por esta controversia sobre la adjudicación de la institución de educación superior más antigua de América, sino por un debate mucho más profundo y determinante para el desarrollo de la colonización por los españoles y su relación con los indígenas naturales del Nuevo Mundo, fue la denominada Polémica de Indis.

PLACA DEL ESTUDIO MAYOR Y ESTATUA DE ANTONIO DE MONTESINOS

La llegada de los primeros dominicos a la isla La Española y de los fundadores del estudio conventual en Santo Domingo eran procedentes del convento de San Esteban, incorporado a la Universidad de Salamanca. En ese momento se estaba produciendo el establecimiento de las primeras instituciones en las islas Antillas, que permitió a los padres de la orden afrontar el problema más importantes: el de la defensa de los derechos del indio.

Los primeros misioneros evangelizaron y enseñaron en aquella incipiente comunidad desde su llegada. De entre ellos destacaron Pedro de Córdoba, Bernardo de Santo Domingo y Antonio de Montesinos, los primeros dominicos en afrontar los problemas suscitados por la conquista.

Así, surgió en esta ciudad y en el Estudio General de Santo Domingo, germen de la futura universidad, la denominada Polémica de los Naturales. Con el sermón pronunciado por Antonio de Montesinos en 1511, licenciado en la Universidad de Salamanca, a favor de los derechos del indio, se planteó todo un dilema jurídico-teológico de enorme repercusión a uno y a otro lado del Atlántico. Desde entonces, se especuló sobre el origen del indígena americano, su capacidad racional, su condición de pagano o infiel con respecto a una herejía de la que había abjurado, su condición de caníbales y, por tanto, si deberían ser hechos esclavos. Fue un dilema de cuyas respuestas a todos estas cuestiones iban a determinar que al indio se le pudiera despojar de sus tierras, se le obligara a pagar tributos, se le esclavizara, pagase diezmos, etc.

Santo Domingo  Guzmán Española
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Un debate que también implicaba el nivel de instrucción religiosa que los indios podrían recibir, el papel de la Inquisición para protegerles de la herejía y cuestiones de otra índole.

¿Qué tipo de trato se debería dar al indígena? Sobre su consideración no hubo consenso en los comienzos. Para unos eran seres sumisos, pacíficos y virtuosos, para otros eran idólatras, vagos y mentirosos. Por eso, al año siguiente del sermón de Montesinos en Santo Domingo, se reunió en Junta a un grupo de teólogos y juristas en la ciudad de Burgos para debatir y aportar soluciones a algunos de estos asuntos. El resultado final fue la aprobación de las llamadas Leyes de Burgos, en 1512, durante el reinado de Fernando el Católico.

Las Leyes de Burgos reconocían la libertad "relativa" de los indios, porque debido a su naturaleza perezosa debían ser adoctrinados bajo supervisión española. Aunque no se suprimían las encomiendas, se regulaban las obligaciones del encomendero en favor del indígena.

De la Junta surgió también la denominada Doctrina del Requerimiento, que explicaba las razones de los cristianos con respecto al mantenimiento, evangelización y gobierno de los indígenas. Además, otorgaban legalidad a la llamada teoría de la Guerra Justa en caso contrario.

Todas estas medidas fueron desarrolladas con más exactitud y legitimidad por las explicaciones que en su cátedra de Derecho de la Universidad de Salamanca hizo el gran jurista y teólogo Francisco de Vitoria en la década de los años 1530. Sentó las bases del Derecho Internacional a través de sus dos relecciones: De inis y De iure belli.

ESCUDO Y ESTATUTOS DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO

Pero, ante todo, Santo Domingo ha significado el comienzo de los primeros y más modestos pasos de la Universidad en el continente de América. Con escasos medios y personal, concentró el interés de los estudiantes de la zona del mar Caribe y las islas Antillas descubiertas por el emergente Imperio español. A través de esta institución, sus habitantes pudieron formarse en las facultades tradicionales: Teología, Cánones, Derecho, Medicina y Artes.

Aunque se creó con carácter de universidad menor, fue un foco de irradiación y de intercambio con las otras universidades que se fueron fundando en el sector antillano, tanto en Cuba como luego en Tierra Firme, en Caracas, y más tardes en Mérida (Venezuela). Los dominicos que llegaban al Nuevo Mundo eran formados en la Universidad de Salamanca, normalmente, se instalaban en Santo Domingo para adaptarse. Se dedicaba a la docencia en el Estudio Conventual, después en el Estudio General y en la Universidad cuando fue fundada, y desde ahí pasaban a Tierra Firme hacia otras instituciones académicas.

Algunos destacados docentes fueron:

Tomás de Berlanga, primer prior por elección del convento de La Española, después provincial de esta provincia de Santa Cruz de Indias, y por último obispo de Panamá. Descubrió la isla de los Galápagos y vislumbró y proyectó el trazado del canal de Panamá.

Domingo de Betanzos, luego misionero en México y Guatemala, cuyas provincias de la Orden fundó, provincial de México.

Bartolomé de Ledesma, uno de los grandes teólogos, discípulo de Francisco de Vitoria en el Convento de San Esteban y alumno de la Universidad de Salamanca, que enseñó en Santo Domingo, y luego fue uno de los miembros más destacados de la naciente Universidad de México, pasando después a Lima, como catedrático de Prima de Teología.

BARTOLOMÉ DE LEDESMA, DOMINGO DE BETANZAS Y TOMÁS DE BERLANGA

La trayectoria universitaria, aunque mantuvo su continuidad, tuvo ciertos altibajos, en algunos casos promovidos por los pleitos sostenidos durante el siglo XVIII con otros centros dirigidos por los jesuitas. El decreto de expulsión de la Orden de San Ignacio de Loyola por el rey Carlos III en 1767 de todos los territorios españoles y la real cédula que mandaba extinguir las cátedras de la escuela jesuítica terminó un conflicto que no llegó a sentenciarse.

Sin embargo, la oleada de fundaciones en el ámbito antillano durante el siglo XVIII, con las pujantes Universidades de La Habana, Caracas y Popayán, restó preponderancia a la primera universidad americana.

La universidad afrontó diversos problemas a comienzos del siglo XIX con la administración francesa de Haití. Tras la independencia de los haitianos, esta institución fue reabierta por los políticos José Gabriel García y Emiliano Tejera, en 1866, bajo el nombre de Instituto Profesional. En 1914, recobró su nombre original hasta la actualidad, que es conocida como Universidad Autónoma de Santo Domingo. Su sede central se sigue manteniendo en la capital de la moderna e independiente República Dominicana, siendo la única estatal, pero mantiene recintos, centros y subcentros en diferentes puntos del país. La Universidad Autónoma de Santo Domingo tiene convenios vigentes con universidades en los cinco continentes, mediante los cuales se establece intercambio profesoral, estudiantil, becas y se promueve la investigación conjunta.

En la actualidad, se conserva la iglesia, con fachada de un gótico primitivo, y parte del antiguo convento de los dominicos, primera sede de la universidad. También recuerda su pasado una placa expuesta en la contemporánea Universidad Autónoma, en cuyo recinto del rectorado se guarda la cátedra antigua, del siglo XVI, testigo de su laborioso pasado académico. Y en el campus universitario se ubica un homenaje a fray Antonio de Montesinos, que es el escenario para las protestas y manifestaciones estudiantiles.

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO

INGENIO HIDRÁULICO DE PEDRO DE ZUBIAURRE


General de la Real Armada del mar Océano, Pedro de Zubiaurre luchó en la Guerra anglo-española de 1585-1604 y en la Guerra de los Ochenta Años, realizó importantes misiones diplomáticas en Londres y de transporte de tropas a Flandes e Irlanda, participó en la Campaña de Bretaña de 1592 y la Campaña de Irlanda de 1601, ganó combates, defendió plazas fuertes, escoltó flotas mercantes, ejerció el corso y apresó numerosos buques y hundió otros tantos, e ingenió un novedoso sistema hidráulico sobre el río Pisuerga en Valladolid en 1604

PEDRO DE ZUBIAURRE E IBARGUREN

Pedro de Zubiaurre y Ibarguren era natural de Puebla de Bolívar, Cenarruza, en el Señorío de Vizcaya, donde nació en 1540. También es conocido por Pedro de Zubiaur porque solía firmar con la ortografía de la época por Çubiaur. Fue el segundo hijo de Martín de Zenarruzabeitia, señor de la casa solar de Zubiaurre, y de Teresa de Ibarguren. Este linaje nobiliario se había dedicado a la marinería y al comercio con naves de su propiedad, y algunos de sus miembros habían conseguido cargos en el Consulado del Mar. Siguiendo la tradición familiar, decidió dedicarse a las artes marítimas y ofrecer sus servicios a la Corona española.

En 1568, a los veintiocho años de edad, realizó su primera Misión logística a Flandes, con el objetivo de entregar caudales al duque de Alba. España estaba involucrada en la Guerra de los Ochenta Años contra los protestantes holandeses. Al mando de dos zabras, partió de Bilbao, pero tuvo que refugiarse en un puerto de Inglaterra ante la llegada de una armada de 40 hugonotes franceses hugonotes procedentes de La Rochelle. Fue detenido, su cargamento requisado, y pasó un año en presión. Recobrada su libertad pudo ir a Flandes con sus zabras, pero sin los caudales, y se puso a las órdenes del duque de Alba.

En 1573, fue comisionado por la Casa de Contratación de Sevilla para desempeñar su primera Misión diplomática a Londres y negociar ante la Corte de Isabel I de Tudor una compensación económica del llamado Tesoro del Perú, capturado por el corsario Francis Drake en el tránsito de Panamá a Nombre de Dios.

Este objetivo fue reeditado en 1581, en su segunda Misión diplomática a Londres, tras la primera de 1573. Mientras tanto, preparaba un plan invadir el puerto holandés de Flesinga utilizando como base de operaciones algún puerto inglés, y en colaboración con el general Alejandro Farnesio. Aunque ya había comprado dos buques y preparaba sus dotaciones, fue descubierto y encarcelado en la Torre de Londres, donde pasó cautiverio durante dos años, sometido a un trato denigrante y padeciendo incluso torturas.

Pero también pudo realizar espionaje industrial sobre las técnicas hidráulicas inglesas. Desde su celda en la Torre de Londres, observó el ingenio del alemán Peter Morice implantado a orillas del Támesis, que era capaz de bombear agua a la ciudad. Pudo memorizar este novedoso sistema hidráulico, y dibujar unas maquetas del artificio cuando fue liberado, tras duras gestiones. Desde Flandes, quiso enviar a la Corte de Felipe II aquellos planos y explicaciones a través de carta con la intención de implantarlo en las ciudades españolas. Finalmente, fue engañado por el recadero a quien confió su misiva, quien vendió su proyecto a un tercero. Más tarde, tras su regreso a España, el traidor fue denunciado y encarcelado.

TORRE DE LONDRES, SIGLO XVI

En 1580, tomó parte de la Expedición a la isla de Santo Domingo, regresando con importante cargamento que condujo con la mayor pericia.

En enero de 1590, Zubiaur fue comisionado en su tercera Misión diplomática a Londres, con el objetivo de para negociar ante la Corte inglesa el rescate cientos de prisioneros españoles que habían sido capturados durante el intento de invasión de Inglaterra de 1588, a bordo de la Grande y Feliz Armada.

El marino vizcaíno se presentó en el puerto de Dartmouth al mando de tres filibotes y una urca de transporte. Tras serias negociaciones, consiguió la liberación de al rededor de 500 españoles entre soldados y marinos de aquella armada y otros procedentes de otros encuentros, no sin antes partir de forma secreta a toda vela, y perseguidos por cinco galones ingleses. La expedición llegó al puerto de La Coruña en febrero de 1590, con tal éxito que fue recompensado con el el título naval de Cabo de una escuadra de filibotes, que se constituyó bajo su coste, y quedando subordinado del capitán general Álvaro de Bazán, el hijo.

Se iba a dedicar a la persecución de corsarios y mercantes, tanto ingleses como holandeses, en el Atlántico europeo, desde el canal de La Mancha hasta las costas de Portugal. Su escuadra estaba compuesta por 10 embarcaciones de tipo filibote de alrededor de 100 toneles.

Aquel año de 1590, realizó un servicio de escolta a varios navíos al mando de 3 de sus filibotes. Frente a las costas gallegas de Bayona, fue sorprendido por 14 buques holandeses con los que trabó combate, logrando capturara 7 de ellos que condujo a El Ferrol. Volvió a salir ese mismo año para transportar armas y municiones a Flandes y, cuando regresaba a España, se encontró, a unas 40 millas de Muxía, con 9 galeones y 1 patache ingleses a los que se enfrentó con audacia en un combate que se prolongó a lo largo de nueve horas.

ESCUADRA DE FILIBOTES

A partir de 1592, tomó parte en la Campaña de Bretaña, sirviendo como "cabo de los felibotes de mi armada que me sirven en la costa de Bretaña". Siempre a las órdenes del general Diego Brochero, se encargó de transportar suministros, caudales, refuerzos y pertrechos de todo tipo a las tropas españolas desplegadas en Blavet y Brest.

En noviembre de 1592, Zubiaur tuvo una destacada actuación bélica combate del golfo de Vizcaya. Atacó con su escuadra de 12 filibotes a un convoy inglés de 40 buques mercantes escoltados por 6 buques de guerra, quemando su capitana y apresando otros 3 más. Pero tuvo que batirse en retirada ante la llegada de 6 galeones de guerra en apoyo de los franceses protestantes de Enrique IV, consiguiendo escapar pese a que desarbolaron su propia nave capitana a base de cañonazos.

En abril de 1593, Zubiaur se destacó en la defensa de la ciudadela de Blaye, en ayuda de los franceses católicos que estaba siendo atacada por 6 galeones ingleses e infantería francesa protestante. Apresó a la capitana de esa flota y quemó a la almiranta con todos sus hombres, llevándose las banderas de ambas naves, que pidió al rey su incorporación a su escudo nobiliario.

Después de haber rendido la flota de seis galeones, desembarcar las tropas de refuerzo y los suministros en el puerto de Blaye. Pronto se presentaron en el mismo punto de la costa de Brest otros 11 buques, esta vez franceses protestantes de La Rochelle y Broage. Pese a sufrir un incendio, consiguió hundir la nave capitana, y salvó todos sus buques filibotes.

CIUDAD DE LA BLAYE

En junio de 1597, fue nombrado capitán general de escuadra de galeones, con el cargo de general de la Real Armada del mar Océano. En Pasajes recibió el mando de una flota de seis galeones y cuatro galizabras, dependiente del general Martín de Padilla, cargado de armas y pertrechos de guerra con destino a Lisboa. Su nuevo escenario de sus operaciones era el litoral cantábrico y portugués, en cuyas aguas debía eliminar a cuantos corsarios encontrase, asegurar el tráfico marítimo de los mercantes españoles o transportar tropas, armas y suministros.

En 1596, atacó a 6 buques ingleses que llevaban municiones, provisiones y pertrechos para la flota que saqueó Cádiz, hundiendo dos de ellos y capturando a los otros cuatro. Tal vez fue la más señalada de sus exitosas actuaciones en esta campaña.

Aquel año, se integró en la Real Armada para la invasión de Inglaterra al mando del general Martín de Padilla que terminó en fracaso por un fuerte temporal. Al año siguiente, en octubre de 1597, partió desde Ferrol la siguiente expedición que consiguió tomar la costa inglesa, poniendo en tierra a 400 hombres.

Este año resistió a dos enfermedades, que le tuvieron al borde de la muerte, primero el tifus exantemático, y después una neumonía. Pero pudo superarlas pese a su avanzada edad y la primitiva medicina existente en la época.

A partir de ese momento, sus actuaciones tuvieron como escenario las aguas comprendidas entre el estrecho de Gibraltar y las islas Madeiras, siendo numerosos los buques enemigos que capturó. Fue destacable el enfrentamiento que mantuvo con una escuadra holandesa de la que pudo capturar cinco navíos y un valioso cargamento que llevó a Cádiz.

PEDRO DE ZUBIAURRE E IBARGUREN

Tras la firma del Tratado de Paz de Vervins entre España y Francia, continuaba la Guerra anglo-española de 1585-1604, en la que el siguiente escenario de operaciones fue Irlanda, en poder de los invasores inglesas.

En septiembre de 1601, Zubiaur formó parte de la Campaña de Irlanda, integrado en la armada de 33 buques con casi 4.500 hombres, que partió de puertos gallegos al mando al mando del almirante general Diego Brochero y del capitán general Juan del Águila. Zubiaur comendaba ocho, entre ellos el galeón San Felipe, y cuatro urcas, con otros 1.000 hombres.

Una vez desembarco en el sur de Irlanda, Juan del Águila se atrincheró en el viejo castillo de Kinsale, mientras que Zubiaur se estableció en Castlehaven. Tras artillar la fortaleza y asegurar su bahía, hizo lo mismo en los de Baltimore y Berehaven, dejando artillería e infantería. De esta forma, los puertos más importantes del litoral sur de Irlanda quedaron en poder de la fuerza de desembarco española.

El 16 de diciembre, el almirante Levison atacó a los seis buques españoles fondeados en aquel pequeño puerto, dando comienzo el Combate de Castlehaven. Apoyado con cinco grandes piezas de artillería, el duro combate se prolongó durante más de un día. Zubiaur perdió la nao María Francisca, y dos sobrinos suyos murieron a bordo de la nace capitana. Pero más pérdidas sufrió la flota de Levison.

COMBATE DE CASTLEHAVEN

Aprovechando su dominio del idioma inglés, Zubiaur se coordinó con los líderes locales O’Neil, O’Donnell y O’Sullivan, a los que entregó armas. Se preparaban para atacar a las tropas inglesas acantonadas en Kinsale, en una estrategia conjunta hispano-irlandesa con las de Águila y las de Zubiaur. El general Mountjoy mantenía a unos 7.000 hombres.

El 3 de enero de 1602, las tropas irlandesas fueron rechazadas en la Batalla de Kinsale, sin apenas resistencia. Estaban mal armadas y peor entrenada, y divididas en tres cuerpos diferentes, que apenas podían apoyarse mutuamente. El ejército rebelde irlandés perdió más de 1.000 hombres por muerte y unos 300 fueron hechos prisioneros.

El mismo Hugo O’Donnell huyó hasta Castlehaven, y pidió ayuda a Zubiaur para ser conducido a España y entrevistarse con Felipe III. Atendiendo a esta petición, el 6 de enero, Zubiaur partió en uno de sus buques y siete días después entró en Luarca con O’Donnell.

La muerte de Isabel de Tudor en marzo de 1603 y su sucesión por Jacobo Estuardo vino a apagar los últimos brotes de rebelión, por la muy distinta actitud del nuevo monarca, mucho más partidario de llegar a acuerdos.

En España, el fracaso de la tentativa se saldó con una comisión de investigación que ordenó la detención y el juicio de la conducta de los generales. Zubiaur fue acusado de separarse de la expedición de Brochero y de otros asuntos, en noviembre de 1602.

SITIO DE KINSALE DE 1601

En 1603, Zubiaur estuvo retenido en la nueva la Corte real de Valladolid, aunque con derecho a vivir en libertad hasta resolverse el juicio. Entonces, pudo poner en práctica aquel sistema hidráulico que había estudiado durante su cautiverio en la Torre de Londres, que había ingeniado el alemán Peter Morice y que operaba sobre las aguas del Támesis.

Los llamados "ingenios el agua" fueron complejos sistemas mecánicos en cuya instalación participaban reputados ingenieros, al objeto de proveer de agua viviendas y regadíos de una ciudad, que implicaba una alta creatividad técnica y una considerable calidad en los materiales empleados.

La máquina hidráulica de Zubiaur, el llamado Ingenio de Zubiaurre, fue durante siglos atribuido a Juanelo Turriano, quien aplicó otro sistema idéntico en Toledo sobre el río Tajo. Este sistema de ingeniería trataba de elevar el agua del río Pisuerga para regar las huertas del poderoso favorito de Felipe III, el duque de Lerma.

Consistía en unas bombas de émbolo que eran movidas mediante cadenas, ruedas y baquetones, que eran impulsadas por dos ruedas hidráulicas, a su vez empujadas por la corriente del río. Tanto el mecanismo de aspiración, como el dispositivo de los émbolos, se basaban en su propia experiencia marina. Zubiaur conoció las bombas de achique de los barcos, que no eran otra cosa que tisibicas movidas a brazo.

Uno de los mayores investigadores en la historia de la técnica española, Nicolás García Tapia, en su libro Ingeniería y arquitectura en el Renacimiento español (1990), sintetiza la importancia de tales disparidades:
"Las "tisibicas" contienen en sí mismas el principio mecánico de lo que serán los cilindros con los pistones que se mueven alternativamente en las máquinas de vapor y en los motores de combustión.... Naturalmente falta el conocimiento de la forma científica de actuación del vapor..., [pero] los ingenieros como Juanelo Turriano, Juan Fernández del Castillo y Pedro de Zubiaurre, tenían ya conocimientos prácticos suficientes en los mecanismos de transmisión, conversión del movimiento y sistemas émbolo-cilindro ..."

PALACIO DE LA RIBERA Y ARTIFICIO DE ZUBIAUR

Tras elaborar unas maquetas que fueron aprobadas por el rey, Zubiaur costeó el proyecto empleando 6.000 ducados de su propiedad, con la promesa de ser abonados más tarde por parte del Cabildo de la ciudad y de la Corte real. La obra de construcción terminó en ocho meses y, en marzo de 1604, la máquina ya estaba en funcionamiento. Edificada junto al puente del río, disponía de una torre decorada con pinturas y mesas de jaspe, con una gran fuente y figuras de mármol.

Curioso es que en este mismo río Pisuerga y ante el rey Felipe III, otro ingeniero navarro llamado Jerónimo de Ayanz y Beaumont pudo demostrar la eficiencia del primer traje de buceo operativo, en agosto de 1602, dos años antes que Zubiaur. Ayanz permaneció sumergido a tres metros de profundidad durante más de una hora hasta que el monarca le ordenó salir.

A pesar del éxito en su funcionamiento, el ingenio de Zubiaur no fue explotado como un servicio social para la comunidad vallisoletana. Tan solo el codicioso duque de Lerma sacó partido regando las huertas y jardines de su palacio, mientras que los vallisoletanos no llegaron a obtener nada de agua.

En su testamento, Zubiaur señaló que "el ingenio que hice a mi costa, en el puente de Valladolid, para las huertas del Excmo. Sr. Duque de Lerma me costó más de seis mil ducados, y todo a mi costa que no se me ha dado nada hasta ahora". En vida no recibió compensación alguna, pero tras su muerte, Felipe III ordenó que se pagaran a su viuda unos 2.000 ducados.

MÁQUINA HIDRÁULICA DE ZUBIAUR

Pero en mayo de 1605, Zubiaur fue declarado inocente de tres de los cuatro cargos que se le imputaban y puesto en libertad con todos los honores.

Aquel año, volvió a integrarse en la Real Armada española, realizando su último servicio. Partió desde Lisboa al mando de un convoy de 8 buques que conducía el Tercio de Infantería de Pedro Sarmiento, con 2.400 soldados veteranos. En el canal de La Mancha fue interceptado por una poderosa escuadra holandesa a las órdenes del almirante Hautain, formada por cerca de 80 unidades, sucediéndose el Combate de Dunquerque. Tras un desigual enfrentamiento, optó por refugiar su flota en el puerto de Dover, cubriendo la retaguardia con la capitana y otra de sus naves, contra nada menos que 18 buques enemigos.

El marino vizcaíno resultó herido de extrema gravedad, y en Dover sus heridas se infectaron, por lo que otorgó testamento el 2 de agosto de 1605, "enfermo del cuerpo, sano de la voluntad y entendimiento y en todo mi libre albedrío". Murió pocos días después, a los 65 años de edad, tras una dilatada vida de servicio a la Monarquía hispánica.

Sus últimos pensamientos fueron dirigidos a su esposa, María Ruiz de Zurco, de ilustre familia nobiliaria de Rentería, que debía de ser mucho más joven, pues le sobrevivió nada menos que 45 años. Legó su herencia a sus tres hijas legítimas: Ana, Mariana y María. También se acordó de sus dos hijos bastardos reconocidos, nacidos en relaciones anteriores a su matrimonio: Catalina, que quedó a cargo de su hermano Juan, y Pedro, al cuidado de su mujer y convivió con las hijas legítimas.

Su cuerpo fue embalsamado y trasladado a Dunquerque en un ataúd de plomo. Después fue llevado a Bilbao, donde se ocuparía su hermano Juan, quien decidió enterrarlo en la Iglesia parroquial de Rentería, en la capilla de sus suegros, en cumplimiento testamentarios. Pero, posteriormente fue trasladado a Irún, para ser puesto en un hermoso sepulcro de piedra con sus armas, las de Zubiaurre, y las de su mujer, los Zurco.

Su mayor biógrafo fue el conde de Polentinos, que publicó un artículo en su obra Euskalerriaren aldede 1916, documento base para reseñas biográficas posteriores, entre ellas las que aparecen en la Enciclopedia Espasa y en la Enciclopedia General del Mar.

Fue uno de los más grandes marinos vascos, forjado en las duras aguas del Cantábrico que, por encima de sus errores, fue un hombre que consagró su vida a la mar, logrando alcanzar un lugar preeminente al servicio de la Corona. Su audacia y su valor, el cariño a su tierra y su constante preocupación por los hombres que tuvo a su cargo fueron aspectos significativos de su personalidad.

PEDRO DE ZUBIAURRE E IBARGUREN