ANDANZAS Y VIAJES DE PERO TAFUR


Pedro Tafur fue hidalgo, viaje y escritor de mediados del siglo XV, que ganó cierta relevancia por su serie de viajes realizados por el centro de Europa, el norte de África y el Oriente próximo entre 1436 y 1439, más con un carácter etnográfico que comercial, incluso en alguna ocasión con función diplomática.

El resultado de sus cuatro expediciones con base en Venecia fue el libro Las Andanças y Viajes de Pero Tafur, en el que describió los Santos Lugares de las tres culturas como Jerusalén, La Meca o Tel-Aviv, y especialmente de Constantinopla, capital del Imperio romano oriental, poco antes de su caída por el Imperio otomano.

LAS ANDANZAS Y VIAJES DE PERO TAFUR

Pedro Tafur nació en Sevilla, en 1410. Era de origen hidalgo, pertenecía a la clase más adinerada de su ciudad y poseía cierto nivel cultural. Siendo joven fue criado del maestre de la Orden de Calatrava, Luis de Guzmán, que vivía en Córdoba.

Su vocación fue la de ser viajero y escritor, su objetivo de vida fue el de recorrer largas distancias a través de Europa central, el mar Mediterráneo, el norte de África y el Oriente próximo. No era embajador ni mercader, tan solo un hidalgo con entusiasmado por descubrir el mundo conocido. En Castilla reinaba Juan II.

En otoño de 1436, comenzó el primer viaje partiendo desde Sanlúcar de Barrameda. En Gibraltar fue testigo de la muerte del conde Niebla. Su primer destino fue Venecia, que utilizaría como base de sus futuras exploraciones. En esta próspera ciudad de mercaderes y viajeros conoció al explorador y comerciante Niccolo de Conti, que ya había recorrido el sudeste asiático y llegado hasta la India. Este le proporcionó informaciones sobre estos territorios y la manera de organizar los viajes a Oriente próximo.

Después, visitó Roma, capital de la Cristiandad, pasando por Pisa, Florencia y Génova. No había mejor santo lugar que Roma para ganar alguna indulgencia y contemplar reliquias para un cristiano como Tafur.

VENECIA, SIGLO XV

El segundo viaje fue el más largo y arriesgado, en el que recorrería territorios de los tres continentes que hasta el momento se conocía. Pero el objetivo principal era la visita a Tierra Santa. Desde Venecia, partió rumbo oriente por el mar Adriático, embarcado en una nave de peregrinos cuyo destino era la ciudad de Jerusalén, en Tierra Santa, a la que llegó haciendo diversas escalas en puertos del Mediterráneo oriental. La ciudad estaba dominada por los mamelucos desde tiempos de Saladino, a finales del siglo XII. Durante tres semanas, Tafur se adentró en los santos lugares realizando detalladas descripciones sobre sus templos religiosos y edificios civiles. Para pasar desapercibido tuvo que disfrazarse de islámico.

Después, pasó por Jaffa, al sur de la actual Tel-Aviv, y Beirut, urbe desde la que embarcó con rumbo a Chipre. En esta isla, el rey le encargó una misión diplomática, la entrega de unas cartas al sultán de Egipto. En el viaje que emprendió alcanzó el desierto del Sinaí y las orillas del mar Rojo, para regresar a El Cairo y Alejandría. Tras abandonar el Sultanato de Egipto, regresó a Chipre con los resultados de su comisión diplomática.

La última fase de este exótico segundo viaje tenía por objetivo llegar a la península de Crimea. Desde Chipre, se embarcó para rodear toda la península de Anatolia, pasando por el mar Egeo, el canal de Dardanelos, el mar Mármara, y el estrecho del Bósforo hasta presentarse en Constantinopla, la capital de Imperio Romano de Oriente refundada por el emperador Constantino, antigua Bizancio. Esta ciudad no tardaría mucho en ser tomada por un Imperio otomano en expansión. Visitó la cercana ciudad de Adrianópolis, una urbe fundada por el emperador hispanorromano Adriano, que también fue un consumado viajero. Tafur tendría una supuesta devoción por este emperador natural de la provincia de Baetica y la villa de Itálica, actual municipio de Santiponce, muy cercano a su ciudad natal Sevilla, pues no solo compartían origen territorial sino la inquietud de viajar.

Su último lugar en visitar fue la península de Crimea. Había llegado por tierra, bordeando la costa occidental del mar Negro, atravesando los caudalosos ríos Danubio y Dniéper.

En 1438, llegó de vuelta a Venecia. En la ciudad de Ferrara, se entrevistó con el papa Eugenio IV. El sumo pontífice se encontraba involucrado en conflictos con el Concilio de Basilea y, durante ese año en particular, había trasladado a esta ciudad a los conciliaristas griegos para intentar la unión con la Iglesia ortodoxa junto a la católica, en lo que fue el Concilio de Ferrara. También tuvo la fortuna de conocer al emperador de Constantinopla, Juan VIII Paleólogo, pues también se encontraba en involucrado en el Concilio ferrarés para buscar apoyos contra los turcos otomanos y gestionar la unión de ambas iglesias. Y, en este sentido, el testimonio de Tafur sobre su reciente visita posiciones otomanas y bastiones militares sería tenido en cuenta por el monarca constantinopolitano.

CONSTANTINOPLA, SIGLO XV

El tercer viaje iba a recorrer las tierras al norte de la cordillera de los Andes. Desde Venecia, pasó por Parma y Milán, para intentar atravesar esta barrera natural tan sinuosa y peligrosa en los meses de invierno. Para logar este objetivo, el sevillano se sirvió de una especie de trineo y dos bueyes para vencer la fatiga. Así, consiguió atravesar el paso de San Gotardo hasta llegar a Basilea. Permaneció en esta ciudad recuperándose del desgaste físico, así como en la cercana Baden-Baden, en la Selva Negra, donde pudo tomar las aguas termales curativas que brotan del suelo a 68ºC. Sin duda, pudo reconfortase de tan heladoras jornadas alpinas.

Tafur continuó hacia el noroeste hasta alcanzar Estrasburgo, conocer la feria comercial de Frankfurt, y quedarse en Colonia, de la que aseguró que era la ciudad más rica de toda Europa central. Desde este punto alcanzó el río Mosa, que le llevó hasta Amberes, y visito la región de Flandes.

El regreso lo hizo más o menos por los mismos lugares hasta Basilea, donde comenzaba la segunda parte de su viaje por ciudades al noreste de la cordillera de los Alpes y el valle del Danubio. Pasó por la ciudad de Costanza, las regiones de Moravia y Bohemia hasta la ciudad de Breslau, actual Wroclaw. Después, emprendió el regreso por Viena, Ulm y Nüremberg.

JERUSALÉN, SIGLO XV

El cuarto viaje supuso su regreso al Reino de Castilla. Comenzaba con un recorrido por el norte de la península Itálica, pasando por Verona, Vicenza, Ferrara y Bolonia. Durante un mes, esperó en Venecia hasta conseguir una embarcación apropiada que recorriera los mares Adriático y Jónico, haciendo escala en los puertos de Rímini, Pesaro, Fano, Ancona y Brindisi, hasta llegar a Catania, en Sicilia. Desde algún puerto siciliano transbordó con destino a Cerdeña, bordeando la isla siciliana por el norte, donde pudo contemplar el estrecho de Messina, el amenazante volcán Etna y el majestuoso volcán Strómboli, en los cercanos islotes Eolia.

Una tempestad arrastró la embarcación a la costa del Sultanato de Túnez, que estaba bajo el dominio de la dinastía Hafsidam, antes de que fuera integrado en el Imperio otomano, en el siglo siguiente. Desde ahí, hizo escala en Cerdeña, hasta llegar a Sanlúcar de Barrameda, su destino final, en 1439.

Atrás quedaron momentos de frío, hambre y soledad; en una ocasión recibió el impacto de una fecha que le hirió levemente y en otra esquivó un intento de atraco en las cercanías de Viena. Pero también supo establecer relaciones diplomáticas con algunas autoridades locales que le ayudaron a cruzar alguna frontera o bien evitar entrar en alguna prisión.

Entre los personajes que le ayudaron a sobrevivir destacaron un intérprete de mercaderes en negocios comerciales que conoció en Egipto; en la isla griega Quíos le ayudó a llegara a la costa turca un patrón de nao llamado Juan Caro, natural de Sevilla; en Cafa, actual ciudad de Teodesia en Crimea, le ayudó el magistrado Paolo Imperiale, que había vivido también en Sevilla; y en Constantinopla conoció a otro trujamán al servicio del emperador y músico llamado Juan de Sevilla.

VIAJES DE PERO TAFUR

El resultado de sus viajes entre 1436 y 1439 fue descrito en una de las obras maestras de la literatura medieval de viajes: Las Andanças y Viajes de Pero Tafur, cuyo título original fue Tractado de las andanças e viajes de Pero Tafur o Itinerario.

En la actualidad, se conserva un único códice manuscrito de inicios del siglo XVIII, de 91 folios, en el fondo histórico de la Biblioteca Universitaria de Salamanca. En 1874, fue publicado por primera vez con el título Andanças é viajes de Pero Tafur por diversas partes del mundo ávidos.

Autores como Ambrosio de Morales o Gonzalo Argote de Molina citaron este libro con el título Itinerario, por lo que era conocido. De hecho, Argote de Molina tuvo un manuscrito de Tafur entre sus libros de consulta para escribir su gran obra Nobleza de Andalucía.

Tardó catorce años en ponerse a escribir el libro, entre 1453 y 1457 estuvo ordenando todos los datos y referencias, y componiendo el texto del libro. Fue un libro de referencia en el que narró sus experiencias, muchas de ellas conmovedoras y cautivadoras, con un estilo refinado, un explícito sentido del humor, en un periodo en transición de la Baja Edad Media al Renacimiento. En su relato a veces inocente, otras algo fantástico, introdujo mitos como el de las sirenas.

Pero, ¿por qué tardó tanto en poner se a escribir sus Andanças y viajes? ¿qué pasó concretamente en 1453? Sucedió que aquel año, fue la toma de Constantinopla por el Imperio otomano, lo que supuso la caída del antiguo Imperio romano de Occidente, y la suplantación del Cristianismo por el Islamismo en aquella ciudad, que pasó a llamarse Estambul. Para los historiadores, esta fecha supone el cambio de edad de la Media a la Moderna, pero para un cristiano como Tafur que había visitado y admirado esa ciudad años atrás supuso un drama. Quizás, el motivo de su libro de viajes era presentar a Constantinopla como una ciudad cristiana, de herencia greco-romana, es sintonía con Roma o Santiago de Compostela.

MONASTERIO DE SANTA CATALIA EN LAS ANDAZAS DE PERO TAFUR

En el texto incluyó mayormente datos etnográficos y culturales de los territorios y ciudades por los que pasaba, desde edificios hasta costumbres. Hacía especial énfasis en presentar aspectos exóticos y diferentes con respecto a la cultura castellana y cristiana. Por ejemplo, aseguró que en El Cairo estuvo “mirando cosas e muy extrañas, mayormente a las de nuestra nación”. O, por ejemplo, se mostró asombrado por la belleza de la ribera del Rin, pues aseguró que era “sin duda la más fermosa cosa de ver en el mundo”.

Solía hacer comparaciones de las ciudades que visitaba con las castellanas, especialmente con Sevilla. Por ejemplo, la torre Giralda de su ciudad fue comparada con la veneciana torre del Campanile de San Marcos o con las pirámides de Egipto. Y, en cuanto a tamaño, asemejaba Sevilla con Cafra, Braslau, Padua, Palermo y la Meca.

Y resaltaba el hecho de haber trabado amistad con el papa de Roma, el emperador de Constantinopla, el sultán de Egipto, el rey de Chipre, y otros gobernadores de ciudades y territorios, quienes siempre le recibieron con honores y prestaron su protección, debido a su condición de caballero.

Tiene especial relevancia el relato que hizo sobre los otomanos. Su intención era informar a los reinos occidentales acerca de las costumbres de los pueblos considerados como antagónicos, e incluso rivales, de la Cristiandad. Ensalzaba sus logros y adelantos, pero también describía las debilidades y atrasos de su administración política y desarrollo económico. De hecho, puso especial interés en la describir la organización defensiva y militar de los otomanos para poder asaltar sus puertos y ciudades, por si en un futuro se convirtieran en rivales de las potencias cristianas. Y como si fuese un oráculo, la expansión del Imperio otomano hasta las costas del Mediterráneo occidental se fue desarrollando un siglo después enfrentado a los española en Lepanto. En el siglo XV, no era nada habitual entre escritores la descripción de una cultura y etnografía diferente a la suya.

ANDANZAS Y VIAJES DE PERO TAFUR

SUBMARINO DE PROPULSIÓN ANAERÓBICA DE COSME GARCÍA SÁEZ


Cosme García Sáez es conocido por ser uno de los primeros ingenieros en desarrollar un submarino de propulsión anaeróbica en 1860, fabricado en Barcelona, que denominó Garcibuzo. Fue bota con resultados favorables el mismo año que el Ictíneo de Narcís Monturiol y precediendo al sumergible de Isaac Peral en 1888.

Además, inventó una imprenta portátil con mejoras en los caracteres, un sistema de timbre para sellar cartas con tinta utilizado en las oficinas del Servicio Nacional de Correos, y tres versiones de un fusil carabina de retrocarga elaborado en la Fábrica de Armas de Oviedo para el Ejército español, en 1863.

SUBMARINO DE PROPULSIÓN ANAERÓBICA DE COSME GARCÍA SÁEZ

Cosme García Sáez nació en Logroño en 1818. Pertenecía a una familia modesta, en la que su padre falleció cuando tenía quince años, por lo que tuvo que ocuparse de su madre y hermanos. Con diecinueve años, contrajo matrimonio con Úrsula Parres, y con quien tuvo cuatro hijos en los siguientes años.

Había sido soldado en la compañía de tiradores del Batallón de Murcia y después en la Milicia Nacional Urbana, al menos hasta 1843, aunque también trabajaba como carpintero de guitarras de madera, oficio que había aprendido de su difunto padre.

En 1854, vivía en Madrid, donde estuvo trabajando en una imprenta que realizaba las tiradas de varios diarios y en la regencia de la Imprenta Nacional. Pero su principal inquietud y vocación fue la de construir inventos y aplicar mejoras en instrumentos que fuese beneficiosos para la vida de las personas.

El 16 de mayo de 1856, patentó tres inventos: una imprenta portátil, una máquina de sellar, y un tipo de fusil.

BOLETO DE COSME GARCÍA SÁEZ

La invención de la imprenta portátil estaba relacionada con su trabajo en la Imprenta Nacional. En esta introdujo mejoras en la fundición de los caracteres de imprenta. Constaba de un receptáculo para la tinta, un cilindro y varios rodillos tomadores y distribuidores de la tinta sobre la platina, desde se encontraba establecido el carácter, y exenta de cintas. Desde uno de los laterales, sobresalía una manivela adosada a una rueda que al girarla se ponía en movimiento los rodillos y en funcionamiento todo el sistema. Diseñó una imprenta con caracteres del alfabeto griego por encargo del rector de la Universidad Central de Madrid, donde se imprimió la gramática griega del catedrático Lázaro Bardón, entre otras publicaciones.

Tuvieron mayor éxito las máquinas de timbre para sellar cartas y postales, que se utilizó en las oficinas del Servicio Nacional de Correos, durante más de veinte años. Se componía de una armadura de hierro, un émbolo y varios rodillos que recogían y distribuían la tinta almacenada en el bote sobre una platina de bronce. Permitía sellar cartas con total limpieza en la estampación de sellos. Otro invento relacionado fueros las máquinas de timbrado de la Casas de la Moneda.

La tercera de estas patentes estuvo relacionada con sus servicios en los cuerpos militares de Murcia en los que sirvió años ante. Se trataba de una carabina de retrocarga, que no consiguió un contrato por parte del Ejército español después de haberlo presentando.

La carga de munición del fusil consistía en girar a la derecha la palanca, que permitía que el tornillo se aflojase y dejase el tambor libre. Este se giraba por medio de un pulsador que dejaba descubierta la recámara. Después se introduce el proyectil del calibre adecuado. Una vez cargado, se gira el tornillo sobre su tuerca en el sentido contrario al de la palanca, y así ajustaba el tambor.

SELLOS DE COSME GARCÍA SÁENZ

En uno de los viajes que hizo a Barcelona para explicar el manejo de su fusil de retrocarga, empezó a planificar la construcción de un prototipo de embarcación sumergible. Esta nave experimental fue desarrollada en el taller Maquinista Terrestre y Marítima de la ciudad condal. Tan solo era un bote de metal cerrado y propulsado por remos articulados desde el interior, es decir, de propulsión manual. Tenía 3 metros de eslora, 1,5 de manga y 1,5 de puntal.

En 1858, realizó sus primeras pruebas en el puerto de Barcelona. No era nada práctico y útil esta nave experimental, pero fue suficiente para que García se lanzase a construir otro más eficiente, en un proyecto más ambicioso. Para esta aventura le acompañaba su hijo mayor Enrique.

Esta nueva versión de submarino fue denominada Garcibuzo. Fue construida en la misma factoría de Barcelona. Tenía 6 metros de eslora, 2 de manga, 1,75 de manga y 2 de puntal, y también era totalmente metálico. Su casco estaba hecho de chapa de hierro, tenía una capacidad interior de dos tripulantes, que además de manejar la dirección, tenían que girar una hélice con fuerza pues era el motor de propulsión de la nave.

Tenía una entrada en la cubierta del casco que se cerraba de forma hermética desde el interior. En los laterales, hay dos remos para girar la nave, cerca de la proa había otros dos remos para mantenerlo y hacerlo descender o elevar, y la hélice estaba en la popa. El casco disponía de varias escotillas, distribuidas por los laterales y otras partes para poder ver el exterior. En el interior, había dos tanques ubicados en un segundo fondo, cuya utilidad era la de hacer descender o elevar la nave.

PLANOS DEL SUBMARINO GARCIBUZO DE COSME GARCÍA SÁEZ

A inicios del 1859, se realizaron las primeras pruebas en el puerto. El 8 de mayo de 1860, fue patentado en España con el nombre de Aparato-Buzo, y el 16 de noviembre del mismo año también en Francia con el nombre de Bateau Plongeur.

En verano de aquel 1859, García trasladó por tierra hasta el sumergible desde Barcelona hasta puerto de Alicante. Desde allí siguió un completo programa de ensayos. El 4 de agosto de 1860, García y su hijo efectuaron el examen oficial ante una comisión de científicos marinos, autoridades locales y curiosos. El acta de la Comandancia de Marina aseguró que las pruebas fueron aprobadas. Había permanecido sumergido durante tres cuartos de hora de forma constante, maniobraba y se desplazaba sin problemas tanto por la superficie como por el fondo marino.

En aquel momento, el Garcibuzo de García competía con el Ictíneo I de Narcis Monturiol para que la Real Armada española lo adoptase y desarrollara como prototipo de submarino oficial. No tenía mucho tiempo y en vista del buen resultado, se dispuso a construir otra nueva versión con nuevas incorporaciones.

El nuevo Garcibuzo iba a tener una utilidad de combate, equipado con un cañón de retrocarga que disparase por aberturas a proa y popa. Otra novedad fue su forro metálico de cobre. Fue trasladado a la Corte de Isabel II, y presentado a la reina. Aunque fue recibido con entusiasmo y admirado por su ingenio, el gobierno de Leopoldo O’Donnell le advirtió que el Estado no podía ni comprar su sumergible ni adoptarlo para ser desarrollado por la Marina. La principal fue el fuerte endeudamiento del Ejército debido a la Guerra de África de 1860-1861, pero también sería por la preferencia del proyecto de su competidor Narcís Monturiol.

Tras patentar su tercer sumergible en Madrid, marchó a París donde lo hizo el 5 de mayo de 1861. La Marina francesa estaba interesada en ponerse a la vanguardia en este tipo de barcos sumergibles aún por desarrollar. Por eso, García fue recibido por el gobierno de Napoleón III, y sus técnicos se mostraron agradecidos, pero ya tenían su propio proyecto de ingeniería submarina en marcha, que también llegó a fracasar.

RÉPLICA DEL SUBMARINO GARCIBUZO DE COSME GARCÍA SÁEZ

García estaba fracasando con su sueño de convertir su prototipo de submarino en una realidad, después de haber invertido todo el dinero ganado con la máquina de sellar de Correos. Aún tuvo esperanzas cuando patentó otros modelos del anterior fusil de retrocarga aún mejorados.

El segundo fue patentado el 1 de junio de 1863, el que tuvo realmente un cierto éxito. Tras pasar los análisis pertinentes por los comisionarios del Ejército española, consiguió que se la se fabricaron 500 unidades en la Real Fábrica de armas de Oviedo con destino a dos batallones de cazadores. Permitía disparar más de 3.000 balas sin que se atascara o hubiese que limpiarlo. La mayoría de estas unidades se perdieron durante la Revolución de la Gloriosa, aunque en los museos militares nacionales se conservan algunas. Al entrar la Primera República, en 1873, se modificó el reglamento de los armamentos y la carabina de García quedó desplazada.

En 1874, Cosme García Sáenz murió a los 55 años de edad, estaba arruinado y sufría una depresión por haber dedicado toda su vida y patrimonio en el cumplimiento de sus objetivos profesionales, sin conseguirlo.

Su hijo Enrique García Parres continuó la actividad que había aprendido de su padre, a quien acompañó en los ensayos del submarino y en las pruebas del fusil en la fábrica de Oviedo. El Garcibuzo quedó anclado en el puerto de Alicante, hasta que fue hundido en su fondo marino por Enrique, porque no podía pagar las tasas de anclaje a las autoridades portuarias.

Durante la Guerra hispano-estadounidense, volvió a ofrecer el proyecto del submarino Garcibuzo a la Comandancia de la Marina para defender las costas españolas en Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Coincidió con este objetivo el ingeniero Antonio Sanjurjo Badía, quien también ofreció su modelo de submarino para que España ganase la contienda, pero obteniendo el mismo resultado. El Desastre de 1898 anticipaba el rechazo a ambos proyectos submarinistas.

PLANO DEL SUBMARINO GARCIBUZO Y COSME GARCÍA SÁEZ

En el siglo XX, se homenajeó a la figura de García Sáenz mediante diversas acciones:

En 1917, la Real Armada española contrató la construcción y compra de un submarino de la clase F a un astillero italiano, cuyo nombre fuer Cosme García A2.

En 1972, tuvo la compra del segundo de estos submarinos, con el nombre Cosme García S-34.

En 1985, se abrió el Instituto Cosme García Sáenz de educación secundaria en su ciudad natal, Logroño.

En 2026, se nombró Cosme García S-83 al submarino de la Armada española de la clase S-80, que fue construido en el astillero de Navantia, en El Ferrol.

SUBMARINO COSME GARCÍA S-34

RACIONALISMO EXISTENCIALISTA DE ANTONIO GÓMEZ PEREIRA


Médico y mercader de profesión, Antonio Gómez Pereira fue un humanista que se dedicó también a la filosofía y la ingeniería, y escribió dos destacadas obras:

Novae Veraeque Medicinae sobre medicina, en 1558, demostró ser un pionero en rechazar los conceptos clásicos y medievales como Aristóteles y Galeno, proponiendo la aplicación del Método empírico-analítico como base de investigación. Abordó la relación que existe entre la fiebre y las enfermedades en el cuerpo humano.

Antoniana Margarita sobre filosofía, en 1554, fue precursor del Método racionalista y precedente de la corriente cartesiana. Suya fue la cita "Pienso, luego existo", por lo que está considerado el más genuino de los precursores de René Descartes, quien copió esta máxima en su Discurso del método, en 1637.

RACIONALISMO EXISTENCIALISTA DE GÓMEZ DE PEREIRA

Antonio Gómez Pereira nació en Medina del Campo (Valladolid), en 1500. Posiblemente fuese descendiente de una familia de judíos conversos procedentes de Portugal y dedicados al comercio textil, era el segundo de cinco hermanos.

Estudió filosofía natural en la Universidad de Salamanca, siendo discípulo del profesor Juan Martínez Silíceo, posterior arzobispo de Toledo, e intervino en las disputas entre teólogos realistas y nominalistas, inclinándose por la defensa del Nominalismo. También estudió medicina en la misma universidad.

Tras concluir los estudios en 1520, regresó a Medina donde trabajó como médico. Mientras, se ocupaba de los negocios familiares relacionados con las telas y los tejidos, otros propios de bodegas y vinos, y se relacionaba con mercaderes que comerciaban en la Feria de Medina, una de las más importantes de España. Como médico alcanzó gran fama, llegando a ejercer en Burgos, Segovia, Ávila y otras ciudades importantes de Castilla, incluso en la Corte de Felipe II.

Como ingeniero elaboró algunos aparatos hidráulicos. El más relevante fue un molino de sifón capaz de moler con la fuerza del agua sin ocupar el cauce del río Zapardiel que fue diseñado junto al ingeniero Francisco Lobato, que patentado en 1563.

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Pero Gómez Pereira ha pasado a la Historia sobre todo por sus ideas filosóficas, que dejó escritas principalmente en dos destacadas obras: Antoniana Margarita y Novae veraeque Medicinae. En él influyeron clásicos como Aristóteles y Platón, y escolásticos como Averroes, San Agustín y Ockam. En la Edad Moderna se le consideró miembro de la Escuela de Salamanca.

Su original pensamiento surgió de la unión de filosofía y medicina, que rechazaba el criterio de autoridad de los teólogos clásicos y medievales frente al conocimiento mediante la aplicación de la razón, la lógica y la experiencia. Así, combatió el supremacismo que tradicionalmente estaban ejerciendo Galeno en la medicina y Aristóteles en la filosofía, para optar por el Razonamiento como principal guía de conocimiento de las ciencias humanas.

Para la exposición de sus ideas recurría con frecuencia al uso de paradojas y silogismos que describían los errores de aquellos a quienes cuestionaba, en un tono más crítico que positivo.

El historiador y ensayista Marcelino Menendez Pelayo afirmó que:
"En psicología experimental, Gómez Pereira está, a no dudarlo, más adelantado que la filosofía de su tiempo, más que la del siglo XVII, más que Bacon, más que Descartes. Ninguno observa como él los fenómenos de la inteligencia."

ANTONIO GÓMEZ DE PEREIRA

Novae Veraeque Medicinae Prima Pars fue escrita en latín y publicada en Medina del Campo, en 1558. Es un tratado exclusivamente médico, nada filosófico.

Es un estudio sobre el origen de las fiebres y la tipología de varias enfermedades, como la lepra o la viruela. Para el estudio de la ciencia, utilizó el Método empírico y racional, basándose en su experiencia profesional como criterio supremo de verdad, y desarrolló métodos curativos sencillos. Por el contrario, rechazaba los tradicionales textos de los maestros medievales y de los clásicos de la medicina como Aristóteles y Galeno. Así lo expresó: "En no tratándose de cosas de Religión, no me rendiré al parecer y sentencia de algún filósofo, si no está fundado en la razón."

Gómez Pereira consideraba que el calor que emana un cuerpo humano cuando tiene fiebre es la reacción como sistema defensivo para expulsar la enfermedad que le afecta, con la finalidad de que el organismo restablezca su equilibrio natural. Se trata de una concepción totalmente moderna de la fiebre como un efecto generado por el cuerpo para erradicar las enfermedades. Llegó a elaborar conclusiones a cerca de las enfermedades que años más tarde fueron elogiadas por el historiador y médico del periodo ilustrado Antonio Hérnández Morejón.

ANTONIANA MARGARITA, POR ANTONIO GÓMEZ DE PEREIRA

Antoniana Margarita fue también escrita en latín y publicada en Medina del Campo, en 1554. Fue titulada así en memoria de sus padres Antonio Pereira y Margarita de Medina, y dedicada a su maestro salmantino Juan Martínez Silíceo. Pero el subtítulo explica a quienes está dirigido este trabajo: Opus nempe phisicis, medicis ac teologis, non minus utile quam neccessarium (Una obra tan útil como necesaria a médicos, físicos y teólogos).

Es un tratado realmente filosófico, de orientación nominalista por influencia de Martínez Silíceo, una mezcla de psicología y metafísica. Expuso ideas que parten del Empirismo hasta acercarse al Materialismo. Se desarrolla en base a tres temas principales: el "automatismo de las bestias", la teoría del conocimiento humano y la inmortalidad del alma.

Su estructura es anárquica, sin apartados ni capítulos, ya que al ser un cristiano nuevo (judeoconverso), Gómez Pereira quiso esconder de alguna manera sus razonamientos personales, evitando el riesgo de ser perseguido por alguna institución eclesiástica.

En teoría del conocimiento defendió el método psicológico de la observación interior, un principio de los nominalistas, identificando intelección e inteligencia, negando el sentido común, y admitiendo la imaginación o fantasía como facultad interior. No admitió por tanto distinción real entre la facultad sensitiva y la intelectiva, ni entre el conocimiento de lo singular y el conocimiento por reflexión. En suma, el médico de Medina redujo todos los fenómenos psicológicos al pensamiento, y éste para él no es otra cosa que el alma misma modificada diversamente por los objetos.

Pero su importancia está en que abordó por primera vez en la historia de la filosofía una serie de cuestiones sobre psicología experimental y, sobre todo, porque despreciaba a los filósofos clásicos como base de conocimiento, prefiriendo el Razonamiento crítico. Se esforzó en buscar por sí mismo la verdad, mediante la observación atenta de la naturaleza y de los fenómenos conscientes.

En su obra, ya advertía al lector la importancia de la observación interna para el estudio de la ciencia psicológica:
"Antes de explicar las funciones internas y externas del debo advertir que juzguen de la verdad de lo que voy a exponer por lo que ellos mismos en el sentir o en el entender hayan experimentado, porque no se trata aquí de esta o la otra situación del orbe en que es preciso dar crédito a aquellos que la han visto, sino que se discuten y explican los actos del alma, de que cada cual tiene conciencia tan clara…, la ciencia psicológica es la más cierta de todas."

Para Gómez Pereira, mediante el conocimiento mismo de cualquier objeto el hombre llega a adquirirlo, puesto que por el mero hecho de existir en nosotros el pensamiento, tiene que existir el alma, es decir, el sujeto pensante.

En el hombre ha de preceder siempre alguna noción de cosa extrínseca al conocimiento con que el alma se conoce a sí misma. Y de aquí se seguirá que esa noción sólo puede servir de antecedente conocido, de donde saque el alma la consecuencia de que se conoce a sí misma, procediendo de este modo: "Conozco que yo conozco algo; todo lo que conoce es; luego yo soy." (Nosco me alquid noscere, et quidquid noscit est; ergo sum.)

Esta doctrina del médico de Medina es igual a la de Descartes y hasta se parece a la del filósofo francés en la forma de la exposición, puesto que Gómez Pereira, al deducir la propia existencia del pensamiento, condensaba su argumentación en un silogismo que viene a coincidir con el famoso cogito; ergo sum del pensador de La Haye Touraine.

RENÉ DESCARTES

En esta obra, Gómez Pereira formuló el célebre principio "pienso, luego existo", elemento esencial del Racionalismo occidental a través de esta sentencia: "Todo lo que conoce existe, luego yo existo." (At quidquid noscit est, ergo ego sum).

Esta máxima fue copiada un siglo después por el filósofo francés René Descartes en su Discurso del método, de 1637, donde escribió una sentencia de igual razonamiento: "Pienso, luego existo." (Cogito, ergo sum). La misma idea de Gómez Pereira, pero acotada y rescrita con otras palabras.

Las semejanzas entre la obra de Descartes y la de Gómez Pereira son evidentes, tanto en el modo de definir el alma de las bestias, su automatismo, como en el método y el silogismo utilizado.

El filósofo español había sido estudiado por numerosos intelectuales de prestigio durante los siglos XVI y XVII. Así, varios eruditos contemporáneos de Descartes, como Pierre Daniel Huet, Isaac Cardoso o François-Marie Arouet Voltaire entre otros, cuestionaron la originalidad y autoría de sus razonamientos, acusándole de haber plagiado a Gómez Pereira. Descartes se defendió asegurando que no conocía la obra del español.

En palabras de Menendez Pelayo, el filósofo Descartes utiliza las mismas palabras y ejemplos que Gómez Pereira:
"Si en las primeras líneas Descartes glosa a G. Pereira, en las últimas compendia lo que había dicho Vallés, copiando hasta sus palabras textuales y sus ejemplos: quare cum illorum peritiam non agnoscamus, superest ut ad peritiam authoris referatur velut quod horologium, motu gnomonis et pulsatione cymbali, metiatur et distinguat nostra tempora, refertur ad peritiam artificis."

El primero en sugerir la excesiva coincidencia con los escritos del español fue obispo de Avranches, Pedro Daniel Huet, primero seguidor y después opositor a la filosofía cartesiana. Este afirmó:
"Nadie defendió con más calor, ni enseñó más a las claras esta doctrina (la del Automatismo) que Gómez Pereira en su Antoniana Margarita, el cual rompiendo las cadenas del Lyceo en que había sido educado, y dejándose llevar de la libertad de su genio, divulgó en España ésta y otras muchas paradojas."

Otra apreciación interesante sobre Gómez Pereira fue la del abate y erudito jesuita Francisco Javier Lampillas, quien afirmó que fue el primer médico en rechazar el Aristotelismo en filosofía y el Galenismo en medicina como bases de conocimiento.

Ante estas acusaciones, Descartes se tuvo que defenderse, por ejemplo, una carta que escribió a su amigo el filósofo y matemático Marin Mersenne, en 1641.

Para otro médico de la Universidad de Cophenague, Olaus Boorrichius, que Descartes hubiera tomado esas ideas sobre el cogito y el automatismo animal sin mencionar a Gómez Pereira suponía un descrédito, como escribió en una de sus epístolas, en 1667.

En cambio, Descartes fue defendido y respaldado por los filósofos de la Ilustración francesa, como el escritor Pierre Bayle, y los enciclopedistas Denis Diderot y Jean Le Rond d'Alembert, quienes realizaron esta reseña en su Enciclopedia:
"Descartes fue el primer filósofo que se atrevió a tratar a las bestias como puras máquinas: pues, Gómez Pereira, que lo dijo un tiempo antes que él, apenas merece que se hable aquí de él, cayó en esta hipótesis por puro azar."

Llegó a ser tanta la influencia de los enciclopedistas que hasta el ensayista ilustrado Benito Jerónimo Feijóo admitió el relato de que Gómez Pereira había llegado por azar a ese razonamiento. Y el filósofo y matemático Gottfried Wilhelm Leibniz afirmó en sus correspondencias que las tesis de Descartes son coincidentes con las de Gómez Pereira, pero que no creía que el francés leyese al español previamente, antes de redactar su Discurso del método, ocho décadas más tarde.

Otras críticas efectuadas en España fue la publicación del libro Endecálogo contra Antoniana Margarita, publicado por Francisco de Sosa en 1556, médico contemporáneo de Gómez Pereira y vecino suyo de Medina del Campo. Es un diálogo renacentista en el que realizó una crítica del libro del filósofo mediante la burla y la sátira, para que "sea sepultado en los infiernos".

ANTONIANA MARGARITA, POR ANTONIO GÓMEZ DE PEREIRA

Claro que tampoco fueron los primeros en proponer esta idea. Los teólogos escolásticos San Agustín y Santo Tomás ya habían abordado la imposibilidad de dudar de la propia existencia, basándose en que la afirmación de ésta va implícitamente contenida en todo pensamiento, y, por consiguiente, en el acto mismo de dudar.

San Agustín: "Si me equivoco, existo, pues quien no es, ciertamente no puede equivocarse, y, por lo tanto, existo si me equivoco." (Si enim fallor sum, nam quinon est utique nec falli potest, ac per hoc sum si fallor.)

Santo Tomás: "Nadie puede pensar que no existe con asentimiento, pues en lo que piensa percibe que existe." (Nullus potest cogitare se non esse cum assensu; in hoc enim quod cogitat percipit se esse.)

La citada obra de Pereira únicamente ha sido traducida del latín al español en el año 2000, lo que ofrece una idea de la importancia que se le ha dado en su país natal. Pero, en la actualidad Gómez Pereira no ha sido suficientemente reconocido como el primer intelectual en formular la sentencia "Pienso, luego existo".

MÁQUINA DE VAPOR DE DOBLE EFECTO POR AGUTÍN DE BETANCOURT


Ingeniero civil y militar, Agustín de Betancourt fue precursor de la primera máquina de vapor de doble efecto en la Europa continental, por tanto, de la Termodinámica de fluidos.

Fue uno de los ingenieros mecánicos más relevantes e influyentes de Europa entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX, había innovado una multitud de máquinas y tratados industriales, globos aerostáticos, fue pionero en sistemas de telegrafía óptica, y se destacó en la ingeniería industrial y el planeamiento urbanístico.

Fue el promotor del Real Gabinete de Máquinas de Madrid y fundó la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales de España en 1802.

También fue inspector del Cuerpo de Ingenieros de Comunicaciones en San Petersburgo y director de su Instituto, destacando en la supervisión de planos urbanísticos, construcción de sistemas de transporte, puentes y puertos del Imperio ruso.

MÁQUINA DE VAPOR DE DOBLE EFECTO DE AGUSTÍN DE BETANCOURT

Agustín de Betancourt y Molina nació en Puerto de la Cruz, Tenerife, en 1758, provenía de una familia militar y noble, pues su padre, Agustín de Betancourt y Castro, fue teniente coronel del Ejército español y caballero de la Orden de Calatrava; y su madre, Leonor de Molina y Briones, era hija de los marqueses de Villafuerte. También conocido como Bethencourt, su apellido se remonta a Jean de Bethencourt, marino francés que participó en la conquista de las islas Canarias por una expedición castellana a inicios del siglo XV.

Desde joven vivió el ambiente ilustrado y científico de Tenerife, gracias a que su padre era miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos de Tenerife, con sede en La Laguna, y asistía a las tertulias de intelectuales en el Palacio de Nava. Por parte de madre, recibió una esmerada educación y aprendió el idioma francés, además de algunos conocimientos de ciencias de su padre. Contaba con una amplia biblioteca familiar, estudió en el convento dominico de La Orotava y sirvió en las milicias canarias entre 1777 y 1778.

Sus padres se dedicaban a los negocios de maquinaria y tintes textil, motivo por el que Agustín y su hermana María de Betancourt ingeniasen una máquina epicilíndrica para hilar seda, en 1778. María de Betancourt presentaría también a la Sociedad Económica de la Laguna una Memoria sobre la forma de obtener el color carmesí, muy probablemente la primera memoria científica firmada por una mujer en Canarias.

La invención de aquella máquina llegó a la Corte de Carlos III, y gracias a su temprana vocación por la mecánica, el joven Betancourt consiguió una plaza para avanzar con su formación científica en Madrid, en 1778.

AGUSTÍN DE BETANCOURT Y MOLINA

Ingresó en Reales Estudios de San Isidro y en la Real Academia de San Fernando, bajo la dirección del pintor Mariano Salvador Maella. Después de cinco años de estudios, se había destacado como eficiente ingeniero y excelente dibujante. Por eso, en 1783, el secretario del Despacho de Estado y conde de Floridablanca, José Moñino, le encomendó realizar sus dos primeras comisiones técnicas.

La primera actividad fue la revisión del Canal Imperial de Aragón, tras la ruptura de la presa del Bocal. Su informe tuvo por título Noticias de la Acequia Imperial o Canal Real de Aragón. La segunda misión consistió en analizar técnicamente las minas de Almadén, las más importantes de la Península cuya producción de mercurio era clave para la extracción de oro y plata en América mediante amalgamación en frío. El resultado de su inspección fueron tres interesantes memorias sobre tecnología minera y metalúrgica, tanto por el detalle de los textos como por la precisión de los dibujos.

El 29 de noviembre de 1783, Betancourt participó en la elevación de un globo aerostático desde la Casa de Campo del infante Gabriel. Debió ser todo un acontecimiento ante la asistencia del rey Carlos III, infantes, consejeros reales y otras personalidades. Fue la primera vez que se realizaba este experimento en España, tan sólo unos meses después de que lo hiciesen los hermanos Montgolfier en Francia y muy alejados del primero en la historia, el del brasileño Bartolomeu de Gusmao, en 1709. El globo estaba construido en tafetán barnizado y tenía un diámetro aproximado de dos metros.

ASCENSIÓN DE UN GLOBO ANTE LA CORTE DE CARLOS IV, POR ANTONIO CARNICERO

En la primavera de 1784, accedió un programa de ampliación de estudios en las academias científicas de París, pues la política establecida entre ambas monarquías a través de los Pactos de Familia permitía este tipo de colaboraciones académicas. Así, la recomendación de Floridablanca al secretario del Consejo de Indias, José Gálvez, logró que Betancourt ingresara en la Escuela Nacional de Puentes y Carreteras (L’École des Ponts et Chaussées) para estudiar arquitectura civil y arquitectura subterránea (geometría y minería). Fue acompañado de otro científico canario Alfonso de Nava y coincidió con el matemático y astrónomo José Chaix Isniel.

En París, lideró un importante grupo de estudiantes españoles, acogidos al programa de Gálvez: Juan López de Peñalver, Tomas de Veri, Juan de la Fuente, Joaquín Abaitua y Juan de Mata. Tenían por el objetivo la elaboración de colecciones de maquetas sobre máquinas de construcción de obras públicas y factorías industriales y su posterior implantación práctica en territorio español.

En dos años, reunieron la mejor colección de memorias, planos y documentos relacionados con la ingeniería civil de toda Europa, y que constituirá el fundamento del Real Gabinete de Máquinas.

El buen conocimiento del idioma francés y su avanzada preparación en ingeniería permitieron que Betancourt se relacionase con muchos de los grandes científicos e ingenieros franceses de la época, entre ellos Jean Rodolphe Perronet, director de aquella escuela parisina de arquitectura, el barón de Prony y M. Monge, fundador de la geometría descriptiva.

A su regreso a Madrid en 1785, junto a otros científicos, Betancourt solicitó al consejero real Floridablanca la construcción de la primera Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid a imitación de la francesa para la formación de especialistas en ingeniería civil. Esta institución se fundó en 1802.

ESCUELA DE INGENIEROS DE CAMINOS, CANALES Y PUERTOS

Por orden del secretario real Pedro de Bolea, conde de Aranda, realizó un valioso estudio sobre la purificación del carbón de piedra que se estaban ejerciendo en los hornos del Jardín Botánico de París y en los altos hornos de Irlanda, donde se extraía betún de hulla. El resultado de su estudio fue la Memoria sobre la purificación del carbón piedra y modo de aprovechar las materias que contiene, publicada en 1785, dedicada a Carlos III. Tras describir el funcionamiento de estos, propuso su propia tipología de horno. Para la puesta en marcha de esta tecnología, Aranda envío un ejemplar a Oviedo para su implantación en las minas de hulla asturianas. En agradecimiento a esta colaboración, la Real Sociedad Económica de Asturias, nombró a Betancourt socio de mérito.

Durante su breve estancia en Madrid, contactó con el químico francés Louis Proust, que había descubierto la ley de las proporciones definidas, y con quien escribió de forma conjunta una Memoria sobre el blanqueo de la seda, que fue publicada en 1791.

Tras esto, regresó a París junto a su hermano José de Betancourt. Por orden de Floridablanca, comenzaron a adquirir máquinas para la fundación de un Gabinete de Máquinas en Madrid. Visitaron la región de Bretaña y en Cherburgo estudiaron sus instalaciones portuarias y las máquinas empleadas para la elevación y el transporte de mercancías. Fue muy necesaria la colaboración de los estudiantes españoles que estaban pensionados en varias ciudades francesas.

Emprendió una serie de investigaciones técnicas sobre hidráulica y mecánica, basadas en la recopilación de planos y en la construcción de modelos que desarrollaría en este gabinete, y que contaron con la ayuda de científicos e ingenieros franceses. Uno de aquellos diseños fue una máquina de telar de cintas anchas de rasoliso y tafetán.

En 1787, se asoció con el relojero e inventor suizo Abraham Louis Breguet en la comercialización de relojes. Ambos construirían de forma conjunta un telégrafo óptico que compitió con el del francés Chappe. Otra persona con la que mantuvo una relación más intelectual fue con el matemático mexicano José María de Lanz y Zaldívar, pues también escribieron de forma conjunta el tratado Tratado de la composición de máquinas (Essai sur la composition des machines), el primer libro con un enfoque moderno sobre máquinas.

Aquel año, se ya había aprobado oficialmente el Real Gabinete de Máquinas con sede en el Jardín del Buen Retiro, siendo nombrado su director, pero sin tomar posesión del cargo hasta su regreso.

AGUSTÍN DE BETANCOURT Y MOLINA

En noviembre de 1788, viajó a Inglaterra, donde realizó una misión de investigación científica con una parte de espionaje industrial durante dos meses, por orden de Floridablanca. Su objetivo era el análisis de la máquina de vapor, así como el reconocimiento de los puertos marítimos. Desde Londres se trasladó a Birmingham, una de las principales ciudades promotoras de la Revolución Industrial. Allí consiguió acceder a las instalaciones de la factoría de Matthew Boulton y James Watt, para comprobar el regulador centrífugo de la máquina de vapor que estaban desarrollando y que la convertía en una máquina de doble efecto, decisiva para su aplicación. De todas formas, no se fiaron de las verdaderas intenciones de Betancourt para acceder a las nuevas máquinas, pues estas tenían la consideración de secreto industrial.

En su Memoria, describió su experiencia de esta manera:
"Al saber que los señores Watt y Boulton habían hecho nuevos descubrimientos en relación con la máquina de vapor, de modo que habían llegado a producir los mismos efectos con una cantidad de combustible mucho menor, tomé la decisión de ir a Birmingham, para conocer a estos célebres artistas. Al llegar a su casa, me recibieron con la mayor cortesía y, para darme una prueba de su consideración, me enseñaron sus fábricas de botones y de plata chapada; pero no me enseñaron ninguna de sus máquinas de vapor. Sólo me dijeron que las que estaban fabricando en aquellos momentos eran superiores a todas las demás, ya que su velocidad podía regularse a voluntad y que con sumían mucho menos combustible que las que habían hecho anteriormente. Ni siquiera me dejaron entrever de qué modo habían conseguido tan grandes ventajas."

En Londres, consiguió observar una máquina de vapor de doble efecto funcionando en los Albion Mills, una emblemática fábrica de harina situada junto al puente de Blackfriars en Southwark, de reciente inauguración. Estaba factoría estaba considerada un hito clave de la Revolución Industrial por ser la primera gran fábrica del mundo en utilizar energía de vapor comercial para moler grano. Pudo comprobar como la máquina trabajaba como la misma velocidad del émbolo en su doble recorrido ascendente y descendente a través del cilindro. Esta observación fue suficiente para saber que el pistón trabajaba en ambos sentidos, dándole la pista que necesitaba este intuitivo científico. Otro de los inventos que observó fue el nuevo modelo de telar mecánico de Edward Cartwright.

MÁQUINA DE VAPOR DE DOBLE EFECTO

A su regreso a París, en diciembre de 1788, Betancourt comenzó a trabajar en el diseño de estas nuevas máquinas de vapor. Un año después, en diciembre de 1789, presentó su máquina de vapor de doble efecto, en la que se aprovecha el carbón mineral como fuente de energía. Durante el desarrollo, tuvo que innovar piezas y técnicas hasta hacerla funcionar de forma parecida a la de Watt y Boulton. Era la primera máquina de vapor la primera máquina de vapor de doble efecto en la Europa continental, comercializada rápidamente por la firma Piéret ante el disgusto de los dos ingenieros británico.

Aquel año, publicó la Memoria de una máquina de vapor de doble efecto (Mémoire sur la force expansive de la vapeur de l’eau), que fue presentada a la Academia de las Ciencias de Francia. Se había convertido en el introductor de este ingenio para Europa en un momento en el que había estallado la Revolución francesa y se había instaurado la Convención republicana.

En 1790, construyó la primera máquina industrial para suministrar energía a unos molinos de la recién construida fábrica de harinas de los hermanos Perier, en la isla de los Cisnes, cerca de París. Estos molinos funcionaban con una máquina de vapor de doble efecto. Poco después, diseñó un modelo de telar mecánico, y una máquina eólica para desaguar terrenos pantanosos.

Su último estudio antes de regresar a Madrid fue redactado en la Descripción del Real Establecimiento de Yndrid donde se funden y barrenan los cañones de hierro para la Marina Real de Francia, publicado en 1791.

Por estos resultados, Betancourt se había convertido en pionero de los estudios líquido-vapor y utilidades del estado gaseoso, por tanto, fue el precursor de los Principios de la Termodinámica, junto al ingeniero y matemático Gaspard de Prony.

MÁQUINA DE VAPOR DE WATT POR BETANCOURT

En verano de aquel 1791, Betancourt regresó a Madrid para acceder a la dirección del Gabinete de Máquinas, siendo su subdirector Juan López Peñalver. El embajador español Fernán Núñez ya había enviado un Índice de los modelos y memorias de don Agustín, sobre el que confeccionar la Colección de modelos hidráulicos. Finalmente, el Catálogo de modelos, planos y memorias del Gabinete incluía 270 máquinas, 358 planos y 99 memorias con 92 gráficos, todos recogidos o diseñados durante su estancia en París, junto a Peñalver y el resto de los pensionados españoles en París.

Entre los modelos estaban la máquina de vapor de doble efecto, la máquina eólica para desaguar terrenos pantanosos, la máquina industrial para suministrar energía sobre molinos, o la máquina de telar mecánico.

Junto a su compañero Juan Peñalver, publicó una Memoria sobre los medios para facilitar el comercio interior, en la cual detallaron la necesaria fundación de una Escuela de Caminos y Canales, así como la gran importancia de un buen sistema de comunicaciones para el desarrollo económico nacional, cuestiones que fueron planteadas a Floridablanca.

Otra de las primeras tareas fue una rápida captación de instrumentos de cosmografía para la Expedición científico-política de Alejandro Malaspina alrededor de medio mundo.

En abril de 1792, se inauguró el Real Gabinete de Máquinas, con sede en el palacio del Buen Retiro, donde se expuso el Catálogo. Se trataba de un museo para ingenieros, pero también para el público general. Aquel año, fue nombrado caballero de la Orden de Santiago.

CASÓN DEL BUEN RETIRO - SEDE DEL GABINETE DE MÁQUINAS

En 1793, España entraba en lucha con Francia en lo que fue la Guerra de la Convención francesa de 1793-1795. Eso le convertía prácticamente en aliada de Inglaterra, por lo que fue enviado Betancourt de nuevo, con una otra misión científica y acompañado de su familia. Este reino impactó en Betancourt por su avanzada industrialización y su estabilidad política. También llegó acompañado de Bartolomé Sureda, un joven grabador que aprendería la técnica a la "aguatinta" para grabar láminas, un método más fácil y sencillo de rectificar que el grabado tradicional.

De regreso a España, Betancourt y Sureda enseñaron la nueva técnica al pintor de Corte, Francisco de Goya, a quien conocía por su pertenencia en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Goya la utilizó en los Caprichos, y se correspondió con un retrato a Bartolomé Sureña. Este último puso en práctica la técnica al representar diversas máquinas en el libro ilustrado Descripción de las Máquinas de más general utilidad que hay en el Real Gabinete, publicado en 1798.

Entre noviembre de 1793 y octubre de 1796, estuvo investigando acerca del funcionamiento y composición de las máquinas. En Inglaterra, ganó dos concursos públicos: el premio de la Society for the Encouragement of Arts, Manufactures and Commerce en 1795, por el diseño de una máquina para cortar hierba en ríos y canales; el premio del Royal Board of Agriculture de Whitehall en 1796, por una máquina de moler sílex.

Betancourt se había convertido en una personalidad destacada entre los círculos científicos de Europa y consiguiendo la admiración incluso en los virreinatos españoles de América.

CATÁLOGO DEL REAL GABINETE DE MÁQUINAS

En 1795, la Corte de Carlos IV firmaba el Tratado de Paz de Basilea, poniendo fin a la Guerra de la Convención francesa, y un año después, firmaba el Tratado de San Ildefonso, que implicaba una alianza política y militar entre ambos países y la consecuente entrada en guerra de España con Inglaterra. Esta circunstancia ocasionó la partida de Betancourt desde Londres con destino a París, junto a otros españoles.

Tomó contacto con el telégrafo óptico que estaba desarrollando su amigo y socio Breguet en Francia, en cuyo proyecto se involucró. El telégrafo óptico Breguet–Betancourt ganó el dictamen favorable de un comité de científicos enviado por el Directorio de la República, formado por Borda, Charles, Coulomb, Delambre, Lagrange, Laplace y Prony. Estos elogiaron la precisión, economía y rapidez en la transmisión de mensajes en las pruebas realizadas. Quedó patentado en la obra Memoria sobre un nuevo telégrafo y algunas ideas sobre la lengua telegráfica (Mémoire sur un nouveau télégraphe et quelques idées sur la langue télégraphique), publicada en 1797.

El comité sugirió comparar este sistema con el de Claude Chappe, a lo cual se negó el francés. De todas formas, en Francia no llegó a sustituir este sistema al ya implantado de Chappe debido a su alto coste en un momento de crisis económica e inestabilidad política.

TELÉGRAFO ÓPTICO DE BREGUET-BETANCOURT

Antes de abandonar Francia, Betancourt patentó junto a Breguet un modelo de prensa hidráulica para uso industrial, así como la licencia de explotación comercial. Esta prensa mejoraba las características de la inventada por el ingeniero Joseph Bramah que Betancourt había observado en Inglaterra. Tras este nuevo éxito, se puso en contacto con el fabricante Périer para comenzar a producirla y venderla en el mercado.

Esta prensa hidráulica, fue enviada al Gabinete de Máquinas, junto a la máquina de vapor de doble efecto, el telar mecánico, y cuantas innovaciones estuvo realizando estos años.

El motivo de su marcha fue la aceptación del proyecto ofrecido por dos empresarios de Cuba, el gobernador de Cuba, Luis de Las Casas, y el conde Mopox. Debía instalar máquinas de vapor en las plantaciones azucareras y caminos rurales para el transporte del producto recolectado. Tras el visto bueno por la Corte de Carlos IV, Betancour junto a su socio Sureda partieron del puerto de La Coruña a bordo del bergantín Infante con rumbo a La Habana. Durante la travesía, la fragata inglesa Boston apresó la embarcación española cerca de las islas Cíes. Ambos científicos fueron detenidos y todo su instrumental y tratados técnicos fueron requisado. Días después fueron puestos en libertad en el puerto de Lisboa.

Entonces, el primer ministro Manuel Godoy le permitió regresar a París y recuperar el valioso instrumental. El proyecto azucarero cubano seguía vigente. Antes de partir, se enteró que su ciudad natal había sido atacada y defendida con éxito por la Armada británica del comodoro Horatio Nelson el 25 de julio de 1798, en el combate de Tenerife.

Sin embargo, al regresar a Madrid, ya no estaba interesado en viajar a Cuba, sino en dirigir el plan de instalación de su sistema de telegrafía óptica en España, objetivo propuesto por Mariano Luis de Urquijo, ministro interino de Estado. A finales de diciembre de 1798, por eral orden, se habilitan talleres para la construcción de una línea telegráfica entre Madrid y Cádiz.

Además, adquirió la obsoleta Real Fábrica de Algodón de Ávila al ministro Urquijo, para su explotación comercial. Inyectó bastante dinero en la modernización de la maquinaria textil que eran de su invención.

REFLEXIONES DE AGUSTÍN Y PEÑALVER Y MOLINO HIDRÁULICO

En 1800, fue inaugurada la primera línea española de telegrafía óptica entre Madrid y Aranjuez, compuesta por cuatro torres telegráficas: Palacio del Buen Retiro, ermita del Cerro de los Ángeles (Getafe), Cerro Espartinas (Valdemoro) y monte Parnaso (Aranjuez). La decisión del secretario de Hacienda dejó al proyecto de la construcción de torres de telégrafos en suspensión.

Aunque no se conservan vestigios de las instalaciones, varios literatos, científico y autoridades dejaron constancia escrita: los científicos Francisco Salvá y Campillo, el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín, los políticos extranjeros Fiedrich Wilhelm von Humboldt y Jean François de Bourgoing, y los empresarios Juan Antonio Álvarez de Quirós y Cándido López y Malta.

En 1800, se le ordenó la organización de un cuerpo de ingenieros ferroviarios y fue nombrado miembro del consejo de administración financiera. Aquel año, al objeto de mejorar los transportes terrestres y fluviales, se fundó el Cuerpo de Inspección General de Caminos y Canales, cuyo primer titular fue el conde de Guzmán. Esta fue una demanda propuesta por Betancourt a la Corte desde hacía tiempo. Por eso, al año siguiente, se puso al mando con la intención de promover un programa de renovación de caminos y de construcción de nuevas vías más funcionales y baratas.

Inspeccionó el Canal de Castilla, presentando un informe junto con su compañero Peñalver, y presentó una esclusa de émbolo buzo. También examinó la presa Puentes en Lorca, que sufrió una rotura el 30 de abril de 1802, ocasionando la muerte a 608 personas. Ejecutó reparaciones y construcciones en numerosos puentes entre Madrid y Barcelona. Y publicó el tratado Medio para que de un aqüeducto no salga más agua que la necesaria para mantener lleno un pilón, en el Semanario de Agricultura, en 1801.

MÁQUINA DE VAPOR APLICADA AL TRANSPORTE DE BAGONETAS

Ante la intensa actividad en este campo y la necesidad de técnicos de ingeniería civil e hidráulica, se encargó de seleccionar e instruir a los técnicos de los Estudios de la Inspección General de Caminos y Canales, en 1802, y de dirigir el programa de estudios. Este centro de enseñanza estaba basado en la Escuela de Puertos y Canales de París, en la que había estudiado años atrás. Los primeros profesores fueron compañeros suyos en la academia parisina: José María de Lanz, Juan López de Peñalver y José Chaix. Utilizó al Gabinete de Máquinas como centro de experimentación y pruebas. En 1803, pasó a denominarse Escuela de Caminos y Canales, en 1803, y al año siguiente se licenció la primera promoción de técnicos. El primer informe fue la Noticia del estado actual de los caminos y canales de España, causa de sus atrasos y defectos, y medios para remediarlos en adelante.

Godoy encargó a Betancourt la corrección del curso del río Genil a su paso por Granada, para evitar las inundaciones que se producían en su extensa finca de regadíos llamada Soto de Roma. Tras reconocer el río y redactó un informe técnico que constituyó un ejemplo de la ingeniería respetuosa con la naturaleza. Pero, no contento con su desempeño y resultados obtenidos fue sustituido por ingenieros militares por orden del primer ministro.

En estos años, la situación de Betancourt en España no fue muy esperanzadora. El proyecto de telegrafía óptica no se restauraba, la burguesía española no comprendía la utilización de su ingeniería y sus máquinas para mejorar la producción y la relación con la Corte de Carlos IV propiciaron la futura marcha de España. Así, a partir de 1806, fue vendiendo sus propiedades, incluida la Fábrica de Algodón de Ávila.

ESCLUSA DE ÉMBOLO BUZO

En mayo de 1807, ya estaba instalado en París, por tercera vez, donde tenía buenos contactos y cierta fama. En la Academia de las Ciencias presentó una esclusa de émbolo buzo que había inventado en 1801, junto a la Memoria sobre un nuevo sistema de navegación interfluvio (Mémoire sur un nouveau système de navigation intérieure). Exponía un dispositivo para ahorrar tiempo y agua en el paso de las embarcaciones por las esclusas. Su innovador diseño permitía que este sistema fuese dirigido fácilmente por solo un operario. Este tratado fue aprobado en septiembre de 1807 y publicado meses después.

Y, de nuevo junto a su amigo Breguet, diseñó el termómetro metálico, encargándose su socio suizo de la comercialización.

A finales de 1807, realizó un viaje a San Petersburgo, capital del Imperio ruso, siendo recibido por el zar Alejandro I de Rusia y el ministro Rumiántsev. Allí pudo visitar varias industrias de importancia para el país durante algunos meses y recibir una interesante propuesta de trabajo como ingeniero.

En mayo de 1808, ya estaba de regreso en País. España había sido invadida por el Ejército de Napoleón Bonaparte y se iniciaba la Guerra de la Independencia hasta 1814.

Su última obra publicada en París fue el tratado de mecánica Ensayo sobre la composición de máquinas (Essai sur la composition des machines), junto al ingeniero José Lanz, que habían estado escribiendo conjuntamente desde 1803. Se convirtió en un libro de texto de gran difusión en toda Europa.

SELLOS CONMEMORATIVOS EN ESPAÑA Y EN RUSIA

Por una cuestión de patriotismo, Betancourt rechazó una oferta del emperador Bonaparte y, en septiembre de 1808, decidió instalarse en San Petersburgo junto a su mujer Ana Jourdain y sus hijos tras una negociación con el zar Alejandro I en la ciudad alemana de Erfurt. No volvería a París ni a Madrid.

Ingresó en el Ejército ruso como mayor general y, entre 1808 y 1824, desarrolló una impresionante carrera técnica. Su primera comisión fue la actualización de la maquinaria de una fábrica de cañones en Tula a través de máquinas de vapor y la fábrica de cañones de Kazán.

En 1809, creó el Cuerpo de Ingenieros de Vías de Comunicación en San Petersburgo con su respectiva Academia de Ingenieros, instaurando un programa de estudios más largo e impartido en francés. Se encargó de evaluar y proponer nuevas infraestructuras viarias por el territorio. Así, fue ganándose el respeto y admiración de las autoridades rusas. Bajo su tutela, se dejó la modernización de la industria, las carreteras y los puertos marítimos. Durante las Guerras Napoleónicas, sufrió la llegada del Ejército francés a Moscú, la movilización del instituto y estudiante a un lugar seguro, y la posterior quema de la ciudad.

DRAGA PARA LIMPIAR EL FONDO DE KRONSTADT

Tras la guerra, Betancourt fue nombrado inspector del Instituto del Cuerpo de Ingenieros, mejoró la formación técnica con nuevos profesores y se encargó de reconstruir las estructuras dañadas. Así, construyó una Sala de Ejercicios Ecuestres en Moscú, destacando su cercha de madera de 45 metros, además de diseñar edificios industriales como la fábrica de papel moneda Goznak y participar indirectamente en la Casa de la Moneda de Varsovia. Construyó la llamada Draga de Kronstadt, sistema que no pudo ejecutar en España después de publicar la Memoria sobre la draga mecánica.

En 1819, fue nombrado director del Departamento de Vías de Comunicación, dejando un importante legado en ingeniería y urbanismo ruso. Desarrolló maquinaria hidráulica y puentes en San Petersburgo, como el puente sobre el Málaya Nevka, y en el canal de Betancourt. También colaboró en obras como la catedral de San Isaac, el picadero de Moscú, y la columna de Alejandro I. Promovió la navegación mediante barcos de vapor en el Volga y mejoró las infraestructuras fluviales y la red de ferrocarriles. En urbanismo, lideró la reconstrucción de la feria comercial de Nizhni Novgorod, donde aplicó sus conocimientos en hidráulica y transporte.

Tras perder la confianza del zar en 1822 y sufrir pérdidas personales, fue sustituido en la dirección del Instituto y relegado de cargos. De todas formas, el zar otorgó una pensión hasta su muerte en San Petersburgo, el 26 de julio de 1824, y permitió que fuese homenajeado con un funeral digno de un gran personaje.

COLUMNA DE ALEJANDRO I POR AGUSTÍN DE BETANCOURT

En la actualidad, Rusia honra la labor realizada por el ingeniero español a través de varios actos y homenajes.

La astrónoma Tamara Smirnova puso el nombre de Betankur al asteroide descubierto (11446) en 1798. El servicio de correos postales emitió un sello conmemorativo por el 250 aniversario de su nacimiento, en 2008. El Ministerio de Vías de Comunicación de Rusia creó la medalla conmemorativa Betancourt al mérito científico en 2014. En San Petersburgo se puso el nombre de Agustín de Betancourt a un puente inaugurado en 2018, y en esta ciudad existe una escultura dedicada a su persona.

ESCULTURA DE BETANCOURT EN SAN PETERSBURGO