EXPEDICIÓN DE PEDRO IBARRETA AL RÍO PILCOMAYO


Un territorio que quedaba por explorar en la región de América del sur a finales del siglo XIX era la del parque natural del Chaco, una extensa área entre Argentina, Paragua y Bolivia.

En 1897, el expedicionario y militar Pedro Enrique de Ibarreta intentó atravesar el Chaco a través del río Pilcomayo con el objetivo de establecer un itinerario navegable desde el lago Poopó en la cordillera de los Andes hasta su desembocadura en el río Paraguay, del cual es afluente, abriendo una estratégica vía de comunicación de la encerrada Bolivia con el exterior.

Aunque Ibarreta murió durante la marcha, parte de la expedición consiguió llegar desde Colonia Crevaux, una villa al sureste de Bolivia y fronteriza con Paraguay y Argentina, en el actual departamento de Torija, hasta Asunción, capital de Paraguay. Fue una avanzadilla de la exploración en tierras inhóspitas y una proeza para la época.

EXPEDICIÓN DE PEDRO IBARRETA AL RÍO PILCOMAYO

Pedro Enrique de Ibarreta y Uhagón nació en 1859, en Bilbao, perteneciente a la alta burguesía comercial y aristocracia de dicha ciudad. Una de sus hermanas fue dama de honor de la reina María Cristina. Su familia tuvo que huir de esta ciudad ante el asedio al que sometió el Ejército tradicionalista durante la III Guerra Carlista.

En 1878, obtuvo plaza en la Academia Militar de Ingenieros de Guadalajara, donde se destacó por su clara inteligencia y sus condiciones naturales de líder entre sus condiscípulos. Abandonó estos estudios dos años después a causa de un duelo a pistola. Posteriormente, trabajó con su padre en la construcción del ferrocarril de vía estrecha de Durango a Bilbao.

En 1833, emigró a Argentina para emprender negocios. Tras su paso por Buenos Aires y Rosario, se estableció en Córdoba como vicecónsul de España y graduándose como ingeniero geógrafo. Allí fue entablando relaciones comerciales y políticas con altos cargos de la administración y la economía, como por ejemplo el general Mitre o el banquero Carlos Casado del Alisal, el cual era asesor del presidente Avellaneda. Este rico terrateniente era propietario de una concesión de unos 90.000 kilómetros cuadrados al norte de Argentina, en el Chaco santafecino, la mayor parte de ella territorio inexplorado. En uno de estos terrenos de 100 leguas, propiedad de Carlos Casado, trabajó como ingeniero geógrafo.

Casado necesitaba alguien que lo explorase, para poder desarrollarlo y confió en Ibarreta para realizar una expedición a la región del ChacoEl Chaco era una región selvática extendida entre Argentina, Bolivia y Paraguay, englobados en la provincia de Santa Fe.

PEDRO IBARRETA

A finales de 1887, Ibarreta se internó en el Chaco sur o Gualamba, que se extiende al sur del río Pilcomayo, con la misión de hacer las mediciones de este a oeste de las tierras de Carlos Casado. La expedición contaba con la participación de un socio, el ingeniero Joaquín de Posadillo, y un grupo de expedicionarios.

Cumplió con su misión, pero seducido por la inmensidad del territorio, cruzó de este a oeste el Chaco junto con todo su grupo de expedición. La hazaña duró ocho meses, hasta que llegaron a Fortín Tostado, en la línea en proyecto con el ferrocarril a Tucumán y a 325 kilómetros al noroeste de la ciudad de Santa Fe. En esta última ciudad, capital de la provincia del mismo nombre, surgieron especulaciones sobre la desaparición de la expedición. Se les consideró muertos, se celebraron funerales en Argentina y se comunicó el fallecimiento a su familia en España. Al poco tiempo, aparecieron los integrantes de la expedición al Chaco "medio comidos por los mosquitos de aquella región y extenuados por la fatiga y el hambre y la sed".

PEDRO IBARRETA

En 1893, en emprendió otra exploración en búsqueda de unos yacimientos auríferos al norte de Puerto Casado, situado entre el alto Paraguay y la frontera con Brasil, del que había recibido informaciones de algunos indígenas. Esta ciudad había sido fundad por Carlos Casado y que hoy recibe el nombre de Santa Victoria, junto al río Pilcomayo, y muy cerca de la frontera con Paraguay y Bolivia. Funcionaba como centro comercial para la explotación del quebracho, árbol cuya madera es muy dura y muy apreciada para el curtido de pieles.

La expedición estuvo formada por dos amigos españoles y un guía local, resultando un desastre desde el comienzo. Al cruzar un río uno de sus acompañantes murió ahogado, las provisiones fueron llevadas por la corriente junto a la mula de arrastre, el guía desertó, e Ibarreta enfermó por las picaduras de mosquitos. Finalmente, fueron rescatados por una barca a vapor de una compañía que operaba en Puerto Deseado, y que los condujo de vuelta a la ciudad de partida en pésimo estado físico.

Ibarreta regresó a España para encargarse de la herencia de su padres tras la defunción. Al poco, en 1985, se presentó como voluntario irregular en el Ejército de Martínez Campos para someter a las fuerzas insurgentes que se había sublevado durante la Guerra de Cuba.

Durante un año y medio, combatió bajo las órdenes de los generales Echagüe y García Navarro y el jefe de guerrilleros Lolo Benítez, participando en numerosas acciones bélicas. Por su heroico comportamiento ascendió al grado de oficial y condecorado con la cruz de María Cristina y la medalla al Mérito Militar de 1ª clase con distintivo rojo.

CUENCA DEL PLATA Y RÍO PILCOMAYO

En 1897, regresó de nuevo a la España peninsular, desde donde organizó la expedición al río Pilcomayo. También llamado Paraguay, es un río de 1.590 kilómetros de largo, cuyo origen está en el lago Poopó, situada en el altiplano de Bolivia, atraviesa Argentina y Paraguay y sirve de frontera entre estos dos Estados. Su curso es sinuoso y peligroso, lleno de pantanos y humedales, y en su parte final se abre en viarios brazos, que desembocan en el río Paraguay, a la altura de la capital Asunción.

A lo largo de toda la historia virreinal, se organizaron varias expediciones que remontasen el curso del río, y tas iniciar su travesía desistían y regresaban a Asunción. Varias causas hicieron inexplorable las tierras de su ribera: la dificultad del terreno, la mala agricultura, la presencia de indios hostiles, la aparición de enfermedades, y dificultad para remontar el curso. 

El pionero fue el navegante y cosmógrafo italiano Sebastián Caboto, en 1527, al servicio del Consejo de Indias. Dos décadas después, en 1545, el colonizador de la actual Paragua y del oriente de Bolivia, Ñuflo de Chaves, trató de remontarlo, pero desistió ante las dificultades y la resistencia de los indios. El primero en cruzarlo fue el capitán Andrés Manzo, rival de Chávez, pero toda su expedición murió en el intento.

SEBASTIÁN CABOTO Y ÑUFLO DE CHAVES

La independencia de las repúblicas sudamericanas convirtió en necesidad la delimitación de las nuevas fronteras estatales y surgieron nuevas expediciones. Las dos primeras fueron bolivianas, realizadas sin éxito, por el general Manuel Rodríguez Magariños, en 1843, y por el holandés Enric Van Nivel, al año siguiente. El escarceo del comandante Río también fracasó en 1863.

En 1870, la expedición paraguaya al mando del francés André Porraz solo consiguió remontar unas cincuenta leguas del río. En 1875, lo intentó el gobernador del Chaco argentino, Uriburu, que sufrió tantos infortunios que su expedición duró unos días. Y, en 1878, el intento de Luis Bernet.

En 1882, el médico francés Jules Nicolás Crevaux y veintidós compañeros fueron masacrados por los indios Tobas y Chorotis. Aquella matanza conmocionó a Sudamérica, por ello Bolivia organizó una expedición de castigo que acabó a su vez en desastres. Un año antes, el gobernador boliviano organizó otra columna punitiva, formada por unos setenta soldados, de los cuales diez supervivientes regresaron a Asunción seis meses después. En 1890, el oficial de la Armada de los Estados Unidos, John Page, perdió la vida intentando recorrer aquel río.

Todas las expediciones que se organizaban terminaban derrotadas de vuelta al lugar de partida o trágicas ante las pérdidas de sus participantes. Pedro Ibarreta estaba dispuesto a romper con esta maldición y ser el primero en recorrerlo y explorarlo hasta el final.

INDIOS TOBAS DEL PILCOMAYO Y JULES NICOLÁS CREVAUX

En 1897, estaba en Argentina, desde donde partió hacia Bolivia para realizar la definitiva expedición al río Pilcomayo y encontrar algún yacimiento de oro. En enero de 1898, estaba en La Paz, la capital de Bolivia, intentando conseguir financiación para la expedición.

Su plan fue propuesto al gobierno del presidente Alonso: establecer un itinerario navegable desde el lago Poopó hasta la desembocadura de Pilcomayo en el río del Paraguay, del cual es afluente, abriendo una estratégica puerta de comunicación de la encerrada Bolivia con el exterior. El ejecutivo boliviano denegó la propuesta ante los fracasados antecedentes e intentó convencer de Ibarreta de su intento. Pero finalmente, mantuvo bajo su presupuesto la organización de la expedición, mientras que el Estado boliviano permitió el tránsito legal por el territorio. Así mismo, si Ibarreta cumplía con su objetivo, el Estado le entregaría grandes extensiones de territorio boliviano.

Para efectuar el recorrido fluvial, Ibarreta construyó un par de embarcaciones de tipo chalanas, achatadas de proa sin quilla, con borda alta y con troneras, para protegerse así de las flechas. Estas embarcaciones tenían seis metros de largo, estaban construidas de madera delgada pero fuerte, forradas con cuero crudo y navegarían sujetas la popa de la primera con la proa de la segunda. Sobre cada una de ellas, corría un armazón de hierro para la colocación de un toldo para protegerse del sol y especialmente de la vista de los aborígenes en caso de ataque. La primera de ellas tenía un castillete a proa para la ubicación de un vigía. Completaba el ingenioso trabajo un pequeño bote remolcado por la segunda chalana.

IBARRETA EN UNA CHALANA SOBRE EL PILCOMAYO

La sede organizativa de la expedición fue Colonia Crevaux, una villa al sureste de Bolivia y fronteriza con Paraguay y Argentina, en el actual departamento de Torija. Su nombre es un homenaje al expedicionario Crevaux, quien murió quince años antes en estas tierras por un ataque de los indios Tobas.

Desde aquel enclave en pleno corazón del parque natural de El Chaco se construyeron las chalanas y se contrataron a los expedicionarios, que fueron advertidos de los riesgos que implicaba esta misión y que serían recompensados si se lograba el objetivo. Tomaron parte el español Beltrán Martín, los argentinos Tomás Moyano, Florentino Leiva, Telésforo Burgos y Belisario Antolín, y los bolivianos Eloy Rivera, Ceferino Aya, José Sánchez, Rómulo Giráldez, y un menor de edad huérfano Manuel Díaz. Algunos de ellos tenían experiencia, pues habían trabajado en la comisión de Límites Argentino-Boliviana.

Llevaban útiles de pesca, instrumental científico, vajilla, cuerdas, machetes, hachas, brújula, un teodolito, mercadería para cambiar con los indios y víveres para dos meses. Entre las armas, portaban doce carabinas Winchester con 2.750 balas, tres escopetas con mil cartuchos y pólvora y perdigón para recargar, ya que la caza era vital para asegurar la alimentación del grupo. Además, disponían de 30 granadas de mano diseñadas por el propio Ibarreta y doscientos cartuchos de dinamita, para abrirse paso por esa naturaleza hostil.

Río Pilcomayo desembocadura
RÍO PILCOMAYO

El 22 de mayo de 1898, la expedición partió en ambas embarcaciones a través del río Pilcomayo en dirección sur, hacia su desembocadura. Días después envío cartas informado de la expedición a diversos destinatarios. Una de las cartas estaba dirigida a su amigo Juan J. Gutiérrez, y decía:
"Hoy mismo me embarco, Alea Jacta Est. Marchoen la peor época del año por ser la seca en estos climas y porque todas las indiadas se acercan al río para vivir de la pesca... de los serios ataques a los que estamos expuestos no queda otro remedio que aumentar la vigilancia y, cuando el caso llegue, pelear como buenos: Yo como español."
Al poco de partir, se incorporaron dos indígenas de la tribu de los Mansos, Rosa y Cochona, que pretendían comerciar con la Colonia Crevaux, los cuales servirían como interpretes con otros indios y guías del territorio.

Durante el día remaban para tratar de recorrer la mayor distancia posible, y al anochecer dejaban que la corriente los empujase hasta que encontraban un fondeadero adecuado. Era la forma más segura de pernoctar sin ser sorprendido por alguna tribu hostil, pero en ocasiones también se dormían en tierra, tras una minuciosa exploración.

En el sexto día, Ibarreta tuvo que detonar un tapón de ramas y rocas que impedían en tránsito fluvial a las embarcaciones. Tras abrirse paso, encontraron a un grupo de unos 200 indios de la tribu de los Chortís, que se concentraron desde ambas orillas sin intención de atacar. Pero dos indios Mansos que llevaban no se fiaron de sus intenciones y aconsejaron a Ibarreta no arribar y mantenerse por el medio del cauce.

Cada tramo de río que estaba poblado le sucedía otro deshabitado, y esto indicaba que estaban atravesando un territorio fronterizo entre dos tribus enemigas. Estos sucedió al noveno día, cuando llegaron a un poblado habitado por unos 2.000 indios hostiles con pintura de guerra. Para evitar el enfrentamiento y mantenerlos a distancia, Ibarreta hizo estallar un par de granadas en el río.

La siguiente tribu a esa resultó ser la de Rosa y Cochona, que dejaron la chalana y desembarcaron en su territorio. Los expedicionarios, bien recibidos, aprovecharon para hacer algunas reparaciones, antes de proseguir río abajo.

EXPEDICIONRIOS DEL RÍO PILCOMAYO

Dos días después de dejar a las indias, llegaron a un tramo difícil de rápidos y dos cataratas. Eran los rápidos del padre Patiño, lo que les indicaba que estaban en territorio argentino. Llevaba ese nombre en memoria del sacerdote que fue asesinado allí. Se trata de una cascada de cinco metros de altura de caída casi vertical, el agua se deslizaba por una meseta de unos ochenta a cien metros y luego un nuevo salto de dos metros y medio.

La situación era difícil, Ibarreta descartó la idea de transportar por tierra las embarcaciones y equipo, pues para lograrlo deberían hacer picadas en el monte a ambas márgenes del río. Para sortear la caída de agua construyó una especie de andamiaje sobre la cascada con árboles cercanos, por el que audazmente y en compañía del niño Manuel Díaz, se lanzó con la primera chalana, que logró detener casi sobre el segundo salto. Con esta experiencia exitosa pasaron la segunda embarcación y el salto más pequeño les costó menos esfuerzo.

El 14 de julio habían atravesado aquel tramo de rápidos; en toda esta operación demoraron seis o siete días, veintiocho días después de la partida de San Antonio. Aunque reanudaron la marcha, esta fue cada vez más penosa por las características cambiantes del río. El río perdía cada vez más caudal, por ser estación seca, y obligaba a sondear de continuo, para evitar el peligro de embarrancamiento. Era una forma de navegar lenta y muy trabajosa que les llevó los meses de julio y agosto.

El 2 de agosto celebraron el cuarenta cumpleaños de Ibarreta con los restos de anís. Los víveres empezaban a escasear.

mapa cartografía río Pilcomayo Crevaux
CARTOGRAFÍA DEL BAJO PILCOMAYO

A mediados de agosto, llegaron a los llamados Esteros de Patiño, que eran unos humedales extensos, cubiertos de la planta de totora. Tan tupida era la vegetación que los exploradores tuvieron que abrirse paso trabajosamente a golpe de machete, con el agua a la altura del pecho y bajo un sol abrasador. Tan bajo estaba el nivel del río que la navegación se hizo imposible, escondieron las chalanas y acamparon. La zona presentaba escasa navegabilidad y con los víveres agotados, debieron alimentarse con un viejo caballo comprado a unos indios y uno de los dos perros que llevaban.

El 12 de octubre, tomaron la decisión de dividir la expedición, debido a la situación tan crítica que sufrían. Ibarreta, el peón Telésforo Burgos, enfermo de fiebres reumáticas contraídas al trabajar en el agua, y el huérfano Manuel Díaz, demasiado joven para continuar el viaje, esperarían en un improvisado campamento ubicado en 23º 30' de latitud sur. Se quedaron con el instrumento científico, un Winchester, mil balas, café, té y media arroba de sal.

La causa fue que Ibarreta no estaba dispuesto a renunciar a la empresa y creía poder sobrevivir un año hasta la llegada de ayuda desde alguna ciudad de Argentina o Boliviana, y seguir entonces el río abajo. Les recordó que la expedición al río Pilcomayo podía considerarse exitosa, pues nadie había recorrido antes lugares tan lejanos y desconocidos para el hombre blanco.

RELIEVES MINEROS DEL RÍO PILCOMAYO

El resto de la expedición partió al mando de Beltrán Martín para tratar de llegar caminando hasta la ciudad de Formosa o de Asunción. Llevaban las cartas y telegramas para despachar desde Formosa, un par de mapas con el itinerario a seguir, una brújula de bolsillo, una libreta para el registro diario del recorrido, accidentes geográficos, etc. Continuaron la marcha siguiendo en la dirección indicada durante varios días, pero la dificultad del terreno formado por esteros y pajonales y la escasez de caza les hizo poner rumbo al sudeste.

El agotamiento por los trabajos y la sinuosa caminata, las enfermedades que fueron contrayendo y la debilidad por la falta de alimento hicieron que los expedicionarios fueran cayeran uno tras otro. El primero en fallecer fue Beltrán Martín al octavo día de marcha que, enfermó de reúma, no pudo proseguir y quedó bajo la compañía del peón José Sánchez.

Los demás continuaron la marcha penosamente, hasta llegar al río Pilcomayo. Construyeron una balsa de troncos para dejarse llevar por la corriente, esta zozobró perdiendo todo el equipo en el agua. Vadearon el río, que no era profundo, del otro lado del río vieron huellas de caballos, las siguieron pero al poco tiempo se perdieron por las características del terreno.

El siguiente en caer fue Tomás Moyano, muerto repentinamente por el hambre y la sed. Este fue seguido de Eloy Rivera, que tuvo tiempo de entregar un testamento, antes de quedarse bajo un árbol, a esperar la muerte. Florentino Leiva se pone al mando de la expedición. Días después caían Ceferino Ayala y Belisario Antolín. Solo el argentino Leiva, de cuarenta años de edad, y el soldado boliviano Rómulo Giráldes, de veinte, lograron salir del empeño con vida, comiendo raíces o algún animal. Más tarde se averiguaría que, en su vagar por la selva, habían estado muy cerca de Asunción, la capital de Uruguay.

EXPEDICIÓN DE PEDRO IBARRETA AL RÍO PILCOMAYO

El 29 de noviembre, casi a tres meses de marcha, encontraron a dos indios mansos, que entendían algo de castellano. Consiguieron de ellos su hospitalidad, saciar el hambre y la sed durante doce días.

El 11 de diciembre, arribar a una misión anglicana donde fueron atendidos y les dieron ropas. Los misioneros los condujeron en sus carretas hasta Villa Concepción, su fuente de abastecimiento, desde donde embarcaron en un vapor a Asunción, y desde allí hasta Formosa. Fueron recibidos por el gobernador Uriburu, quien impresionado por el relato de los sobrevivientes Leiva y Giráldez ordenó que los internaran en el Hospital Militar en donde fueron asistidos.

Cerca del campamento de Ibarreta se encontraba una toldería de los indios pilagás gobernada por el cacique Cubataga. Los indios se ganaron la confianza de Ibarreta y le convencieron para que visitase unas plantaciones que tenía cerca de su campamento. El vizcaíno olvidó las advertencias de los indios mansos. Pero una tarde dos de los hijos de Cubataga se acercaron a Ibarreta, mientras uno trataba de entretenerle venderle una oveja, el otro se acercó por detrás y lo degolló a golpes de macana. Después degollaron a Díaz y a Burgos, y saquearon el campamento. Este fue el relato descrito por los indios tobas a José Fernández Cancio, comerciante de Clorinda y gran amigo de los indios.

La noticia de la muerte de Ibarreta y el resto de expedicionarios causó sensación en Argentina, y tras algún intento fallido, se pudo recuperar sus restos en 1900 y darles sepultura en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Hoy en día existe al norte de Argentina un pueblo que lleva su apellido, Ibarreta.

Tras tres meses de navegación, el resultado de la expedición fue llegar a Esteros de Patiño, donde el Pilcomayo se enfanga y es imposible continuar por agua. Nadie había llegado tan lejos.

PARQUE NACIONAL DEL RÍO PILCOMAYO Y PEDRO IBARRETA

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA


La Hispanic Society of América es una institución fundada por Archer Milton Huntington en 1904 para la divulgación y estudio del arte y la cultura española e hispanoamericano en los Estados Unidos de América con sede en Nueva York.

Posee la más importante colección de arte hispano fuera de España. Su museo contiene una rica colección de pinturas del Siglo de Oro española y otras más modernas como Velázquez, Murillo, Ribera, Zurbarán, el Greco, Goya, Zuloaga y Sorolla. Su biblioteca alberga una amplia colección de libros impresos y códices manuscritos de diversos autores como Alfonso X, Nebrija, Quevedo, Cervantes, De la Cruz, Machado o Lorca.

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

La Hispanic Society of America es un museo y biblioteca de investigación para el estudio de la cultura y el arte de España, Hispanoamérica y Portugal, situada en la ciudad de Nueva York en el distrito de Manhattan. Fue fundada por Archer Milton Huntington el 18 de mayo de 1904, y estableció su sede permanente en el edificio Audubon Terrace, en 1908, de estilo Beaux-Arts, situado en la avenida Broadway entre las calles 155 y 156 de Nueva York.

Está formada por un museo permanente, una biblioteca y un seminario de estudios hispánicos medievales (Hispanic Seminary of Medieval Studies), que es considerado como una de las más prestigiosas editoriales en su campo. Además, ha financiado expediciones, revistas académicas e importantes exposiciones de arte.

Actualmente, es el mayor y más importante museo de arte español fuera de España, con pinturas que abarca desde la época medieval hasta nuestros días, e incluyen auténticas joyas del Siglo de Oro, del XIX y de principios del XX.

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

El museo cuenta con más de 800 pinturas, 600 acuarelas, 1.000 esculturas, y 6.000 objetos decorativos que abarcan del Paleolítico al siglo XX, incluyendo una colección de textiles. Además, posee una amplia colección de 15.000 grabados de varias épocas y más de 175.000 fotografías desde 1850.

Entre las obras pictóricas más destacadas del Siglo de Oro se encuentran La Piedad del Greco, obra que realizó durante su estancia en Roma y en la que muestra la gran influencia del Renacimiento italiano, también Retrato de niña, El cardenal Astalli y El conde-duque de Olivares de Diego de Velázquez, y otras pinturas de Bartolomé Esteban Murillo, Francisco Zurbarán, Jusepe Ribera y Alonso Cano.

De Francisco de Goya, cuenta con importantes dibujos, grabados y cuadros como el retrato de La Duquesa de Alba.

La colección de pinturas de la Sociedad la completan artistas del XIX y XX como Joaquín Sorolla y Bastida, Mariano Foruny, Ramón Casas, Santiago Ruisiñol, Isidro Nonell e Ignacio Zuloaga.

La colección Las regiones de España de Joaquín Sorolla está ubicada en una impresionante sala de grandes lienzos. Debido a obras de restauración, dichas pinturas se desmontaron y enviaron temporalmente a España, donde se expusieron en una muestra itinerante por varias ciudades que culminó en 2009, en el Museo del Prado y finalmente en Valencia.

Pero además, la Hispanic Society cuenta con una exposición de joyería, orfebrería, arqueología, tejidos, grabados, fotografía, etc., y una de las mejores colecciones de cerámica hispano-musulmana formada por más de 150 piezas desde el siglo XIV hasta el XX. El museo tiene objetos decorativos y utilitarios de cerámica y porcelana procedentes de distintos talleres de España, Italia y México.

LIENZOS DE LA REGIONES ESPAÑOLAS POR JOAQUÍN SOROLLA

La biblioteca reúne cerca de 200.000 libros impresos, códices manuscritos y otro tipo de publicaciones de los siglos XI al XX. Los más de 15.000 libros históricos fueron impresos entre los siglos XV y XVII, de los cuales hay 250 incunables; uno de ellos es la "editio princeps" de La Celestina, escrita por de Fernando de Rojas en Burgos, en 1499. También se encuentra una rica colección de la escritora hispano-mexicana sor Juana Inés de la Cruz, la primera edición del Quijote, y miles de rarísimas obras impresas.

La colección de manuscritos de la Sociedad Hispánica es la más importante fuera de España, con documentos tan importantes como el primer Fuero Real de Castilla, el de Aguilar de Campoo (Palencia). Por esta razón es un centro de documentación esencial para investigadores de la cultura hispánica de todo el mundo y paraíso de bibliófilos. Entre los manuscritos más preciados se encuentra el original de El alguacil endemoniado, uno de los Sueños de Francisco de Quevedo, así como importantísimos documentos medievales.

Lo más significativo de la sección de manuscritos y libros raros es la colección del Marqués de Jerez de los Caballeros. Cuando Huntington la adquirió en 1904 al marqués Manuel Pérez de Guzmán y Boza, se decía que era la mejor biblioteca de libros españoles de todo el mundo. Son 10.000 obras, entre impresos y manuscritos, y cuando salieron de España, Ramón Menéndez Pidal dijo que se trataba de "una pérdida peor que la de Cuba".

Destaca el mapamundi realizado por Juan Vespucio (sobrino del cosmógrafo Américo Vespucio) en 1526 que incluye la representación más temprana y precisa del golfo de Florida y el Manual de instrucciones para los pilotos de mar, un libro sobre náutica y artes navales perteneciente a la Universidad de Mareantes de Sevilla de mediados del XVI. También posee la primera edición de Tirant lo Blanch, realizada 1490, y obras de Alfonso X el Sabio, Antonio de Nebrija, el Marqués de Santillana o la ya citada primera edición de El Quijote.

Otra parte de los fondos de la biblioteca de la Hispanic Society pertenece a autores del siglo XX que fueron amigos personales de Huntington: cartas, manuscritos y ediciones firmadas de Rubén Darío, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Emilia Pardo Bazán o Antonio Machado y, aunque Huntington no llegó a conocer a Federico García Lorca, se conserva la versión original a máquina con anotaciones manuscritas de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, gracias a una importante donación que realizó Mildred Adams, estudiosa de Lorca.

MUSEO DE HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

La plaza de las Bellas Artes que se encuentra en el exterior del edificio Audobon Terrace, pero dentro del recinto de la Hispanic Socitety, ofrece uno de los mejores conjuntos de escultura monumental de Nueva York. Este espacio escultórico fue diseñado en 1908, pero fue Anna Hyatt Huntington, distinguida escultora americana y esposa del fundador, quien transformó más tarde el lugar con sus esculturas.

En el nivel inferior se encuentra una estatua ecuestre del Cid Campeador, con cuatro guerreros sentados alrededor de la base. El Cid ocupa este lugar de honor por el amor de Huntington por la literatura española y, sobre todo por el romance El poema del mío Cid. El conjunto se completa con dos astas de bandera en cuya base se representan personificaciones de las artes, monjes arrodillados, eclesiásticos y escenas de batallas.

El conjunto de bronce exento se complementa con relieves de piedra caliza representando a Boabdil, último califa de Granada, y Don Quijote, ambos de perfil y a caballo. El interés especial de Anna Hyatt por la escultura de animales queda también patente en las figuras de leones, ciervos, osos, jaguares, buitres y jabalíes, que completan la plaza frente al Audubon Terrace.

PLAZA DE LAS BELLAS ARTES DE LA HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

Archer Milton Huntington nació en 1870 en Throggs Neck, en el neoyorkino distrito de Bronx. Era hijo del empresario de ferrocarriles Collins Huntington, del que recibió una de las mayores fortunas de Estados Unidos. Pero su vocación desde joven fue el Hispanismo, mostrando un gran interés por la cultura española, viajando con tan sólo 20 años hasta España para conocerla y convertirse en un hispanófilo. Durante su estancia, se dedicó también a adquirir una serie de obras de arte con la intención de mostrarlas al público en su ciudad natal.

Así, en 1904, Huntington fundó la Sociedad para la exposición de sus colecciones artísticas en el museo, y para el estudio y la difusión de la cultura española mediante el seminario y la biblioteca. Su sueño de formar el mayor museo de arte español e hispanoamericano posible en su ciudad fue hecho posible.

Se dijo durante su tiempo en vida que Huntington jamás adquirió una sola pieza de arte español mediante transacciones clandestinas, aunque también se puso en duda. En todo caso, su intención siempre fue la de un apasionado hispanista y su institución tuvo como único objetivo la promoción del rico patrimonio español en Estados Unidos.

LIENZOS DE LA REGIONES ESPAÑOLAS POR JOAQUÍN SOROLLA

HISTORIA CRÍTICA ESPAÑOLA POR GREGORIO MAYANS


Máxima figura del movimiento Novatore y principal representante de la primera ilustración española en la primera mitad del siglo XVIII, Gregorio Mayans y Siscar defendió una reforma de la educación en las universidades basada en el rigor histórico, la razón crítica, la libertad de cátedra, la recuperación de los clásicos y la supresión de la escolástica como método de conocimiento.

Su obra Orígenes de la Lengua española, publicada en 1737, es fundamental para el estudio de la evolución del castellano. Recuperó las obras de autores del Humanismo cristiano español como Antonio de Nebrija y Juan Luis Vives, realizó la primera biografía rigurosa de Miguel de Cervantes dando origen al Cervantismo posterior, fue la figura más destacada de la Escuela de Novatores de Valencia y fundó la Academia valenciana, llegando a ser el gran promotor de la renovación cultural en la España de su tiempo.

HISTORIA CRÍTICA ESPAÑOLA POR GREGORIO MAYANS

Gregorio Mayans y Siscar nació en Oliva (Valencia) en 1699. Su padre, Pascual Maians, fue un terrateniente que apoyó al bando austracista en la Guerra de la Sucesión y acompañó al archiduque Carlos a Barcelona en 1706.

Mayans estudió en el Colegio jesuita de Cordelles, donde se inició en el Humanismo. En 1713, estudió filosofía en Oliva, y, a partir de 1716, cursó derecho en la Universidad de Valencia, donde tomó contacto con el grupo novator de Tomás Vicente Tosca, Juan Bautista Corachán y Baltasar de Iñigo, que le facilitaron lecturas de Locke y Descartes.

En 1719, perfeccionó la carrera de derecho en la Universidad de Salamanca, y uno de sus profesores, Borrull, le puso en contacto con el helenista Manuel Martí, deán alicantino, que fue su mentor y guía de estudios (lecturas españolas, latinas y griegas) encauzando su vocación hacia las Humanidades, inclinándole al estudio de los renacentistas y barrocos Antonio de Nebrija, Benito Arias Montano, fray Luis de Granada, fray Luis de León, Francisco Sánchez de las Brozas, Juan Luis Vives, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Miguel de Cervantes, Diego Saavedra Fajardo etc. También continuó influenciándose por Tomás Vicente Tosca, leyendo los cinco volúmenes de su Compendiun pfilosophicum, de 1721.

En 1722, se doctoró en Valencia y ganó la cátedra de Código Justiniano en Valencia. Durante casi diez años de trabajo como catedrático, se ocupó de la renovación de la enseñanza del derecho. Sus interpretaciones de la legislación nacional y sus publicaciones sobre jurisconsultos latinos atrajeron el interés de eruditos, especialmente del extranjero.

GREGORIO MAYANS Y SISCAR

Mientras estudiaba filología, historia y literatura bajo la dirección de Manuel Martí, se fue preocupando por la decadencia cultural de España y a plantear soluciones en la restauración de estudios humanistas y la mejora del nivel cultural. Fruto de estas reflexiones fueron Oración en alabanza de las obras de Diego Saavedra Fajardo, en 1725, y Oración en la que exhorta a seguir la verdadera idea de la elocuencia española, en 1727, en la que criticaba los excesos barrocos y ponderaba la sencillez hispana y ática de fray Luis de León y de fray Luis de Granada, Luis Vives y Francisco Sánchez de las Brozas.

Se carteó con Benito Jerónimo Feijoo, pero después rompió con él y con el padre Enrique Flórez por la superficialidad de sus conocimientos. Defendió la reforma de los estudios jurídicos: disminuir la preponderancia del derecho romano y aumentar la del derecho autóctono español. Más tarde recomendó al ministro Patiño que el latín se enseñase en lengua vulgar, profundizando el estudio de autores clásicos.

En 1730, perdió a favor de Arbuixert la pavordía de la catedral valenciana. Tres años después, consiguió el cargo oficial de la Bibliotecario Real de Felipe V, tras haber publicado El Orador cristiano. Tuvo que dejar la cátedra para instalarse en Madrid, donde estuvo durante siete años, entre 1733 y 1739.

En estos años rechazó un cargo como miembro de la Academia de la Lengua, para mantener una cierta libertad de pensamiento y erudición, mientras reeditaba obras de Antonio Agustín, Antonio de Nebrija o Benito Arias Montano. Escribió Espejo moral, en 1734, sobre filosofía moral, y Advertencias a la historia de Juan de Mariana del marqués de Mondéjar; estudió con devoción a Ambrosio de Morales y a Páez de Castro; y colaboró en el Diario de los Literatos con el pseudónimo de Plácido Veranio. También publicó Orígenes de la lengua española y Vida de Miguel de Cervantes Saavedra; ambas en 1737. Esta última fue la primera biografía que se escribió sobre el genio alcalaíno con motivo de una edición del Quijote publicada en Londres, lo que le convirtió en el fundador de todo el Cervantismo posterior.

En 1737, envió la Carta-dedicatoria a José Patiño, ministro de Marina, con un ambicioso plan de renovación académica y cultural, que marcaría la incansable actividad de Mayans. Su programa abarcaba cuatro ámbitos de estudio:

1. Lengua castellana: ortografía, gramática, retórica
2. Filosofía: lógica, dialéctica y filosofía moral
3. Jurisprudencia: cambio de método y publicaciones
4. Historia: investigaciones y ediciones de historiadores españoles

En este amplio programa se incluía un grupo de diccionarios sobre español, latín, arte y ciencias, etimologías, historia, derechas y leyes españolas y eclesiásticas. Se trataba de instrumentos de trabajo para restaurar el patrimonio cultural español. Los historiadores han considerado como el planteamiento reformista más lúcido y completo de la primera mitad del siglo XVIII.

RETÓRICA Y ORADOR CRISTIANO, POR GREGORIO MAYANS

Uno de sus objetivos era el rechazo de todas la leyendas, supersticiones o mitos que no estaban basados en un riguroso examen científico. En 1738, las Academias de la Historia y de la Lengua entregaron a Mayans la obra España primitiva de Javier de la Huerta y Vega, basada en errores y supercherías. La opinión del valenciano le generó la animadversión de las Academias de la Historia y de la Lengua:
"Es una fábula indecorosa y opuesta a las verdaderas glorias de España."

Para Mayans, este trabajo estaba basado en un falso cronicón de Pedro Cesaraugusta y su publicación fomentaría la superstición histórica, aún más. Mediante una rigurosa metodología, desmontó la obra de Huerta, texto a texto. Y pesar del análisis científico y riguroso del erudito valenciano, la España primitiva fue publicada con el favor del Consejo de Castilla.

Poco después, Mayans fue rechazado en el cargo de cronista de Indias que quedó vacante tras la muerte de Luis de Salazar, en favor de un desconocido. En la Corte, estaba viviendo un ambiente de decadencia y pasividad, rodeado de la indiferencia de los poderosos y la hostilidad de sus compañeros. Ante el rechazo de Patiño, decidió renunciar al cargo de bibliotecario real y regresar a su pueblo natal.

Tal vez, un erudito tan inteligente y preparado como lo era Mayans estaba siendo ignorado en la Corte borbónica por el hecho de que su familia apoyó al archiduque de Austria durante la Guerra de Sucesión. En un ambiente de intrigas y favores, los castellanos y vascos monopolizaban las posiciones de poder de la Monarquía hispánica, quedando desplazados los catalanes, aragoneses y valencianos.

En 1740, se casó con su prima Margarita Pascual en Oliva. Allí, otro de los prejuicios que tuvo que combatir fue la relación de oficio intelectual con la condición clerical. Se dedicó a sus estudios e investigaciones, sosteniendo correspondencia con eruditos españoles y extranjeros, en latín y en castellano, y también a la puesta en marcha de su propia academia para la enseñanza de su programa de publicaciones.

En 1742, fundó la Academia Valenciana par a recoger e ilustrar las memorias antiguas y modernas de la historia de España. En la Acción de gracias de la divina sabiduría que hizo leer en la sesión de apertura, presentaba un programa más ambicioso que el de la Carta-dedicatoria a Patiño. Contaba con un grupo de académicos entusiastas dispuestos a apoyarle en las humanidades, ampliando el campo de estudia a las ciencias. Las materias eran: matemáticas, medicina, botánica, poesía, música, teología, jurisprudencia, historia de España e historia de la lengua española.

CENSURA DE HISTORIAS FABULOSAS, POR GREGORIO MAYANS

El hecho de no haber consultado a las autoridades de Madrid, le generaron enfrentamientos. Así, en 1742, publicó de Censuras de historias fabulosas, obra inédita de Nicolás Antonio, que el historiador Antonio Mestre consideró "uno de los monumentos cumbres de la historia crítica española, en especial respecto de la historia eclesiástica". De nuevo, la actitud desmitificadora de Mayans le enfrentó al Consejo de Castilla, que prohibió su venta y le llevó ante la Inquisición. Trataba de rechazar la falsa historia eclesiástica de España, aquellas tradiciones católicas supuestamente basadas en glorias patrias, cuando en realidad lo estaban en burdas patrañas acreditadas con el paso del tiempo y la ignorancia popular.

La Academia de la Historia le ofreció apoyar a la Academia Valencia si esta se subordinaba bajo su tutela, pero los academicistas valencianos respondieron con altivez: "Libres nos ha hecho Dios, libres hemos de vivir." Y, tras pocos años de escasa actividad, la Academia se disolvió.

Mayans continuó una labor en solitario, basada en amplias correspondencias con eruditos nacionales y extranjeros, así como la publicación de filósofos y literatos clásicos. Uno de esos trabajos fue la reedición de Compendium philosophiae de Tosca en 1753, al que añadió unas Philosophiae moralis libri tres, una de sus principales aportaciones a la filosofía.

Al llegar Fernando VI al trono, el ministro Zenon de Somodevilla, marqués de la Ensenada, le reconoció sus méritos y capacidades encargándole la redacción de unas Observaciones del Concordato de 1753, mientras componía su Retórica, otra obra filosófica.

Pero sería bajo el reinado de Carlos III cuando recibió su mayor reconocimiento. Así, en 1766, fue nombrado alcalde honorario de Casa y Corte. También, ingresó en la Sociedad Económica de Valencia, por tanto, socio-amigo de Andrés Piquer, Francisco Pérez Bayer, Muñoz, Cerdá Rico, Cavanilles, Blasco, etc.

Manuel de Rodas, secretario de Estado, le solicitó realizar un análisis sobre la Reforma educativa, cuyo resultado fue el Informe sobre los estudios, en 1767. A partir de ese momento el reconocimiento a las obras de Mayans fue completo, y eruditos de Europa y América seguían sus orientaciones.

En sus últimos años, preparó la edición de las obras completas de Juan Luis Vives, Opera omnia, que fue publicado de forma póstuma en 1781, porque ya había fallecido en Oliva aquel año.

REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE VALENCIA

La primera etapa de Mayans estuvo muy vinculada a la Escuela de Novatores de Valencia: Íñigo López de Mendoza, Juan Bautista Corachán, Antonio Bordazar de Artazu, Tomás Vicente Tosca y Andrés Piquer. No sólo por su amistad e inquietudes intelectuales con ellos, también porque estaba abierto a las corrientes de la ciencia europea. Pero, mientras la inmensa mayoría de los novatores españoles se movían en los campos de la ciencia física y la filosofía de la naturaleza, Mayans lo hizo en el ámbito de las ciencias humanas (historia, literatura, jurisprudencia y teología).

Efectivamente, fue heredero del Humanismo crítico europeo y su formación humanista le emparentó con los católicos ilustrados, tanto italianos como alemanes; y también con luteranos y calvinistas, de Walch a Merman.

Su sentido crítico y razonado aplicado a las humanidades le convierten en el primer ilustrado español. Claro ejemplo de que el inicio de la Ilustración española no fue debido a la influencia francesa, sino a una ruptura con el pensamiento tradicional desde el movimiento de los novatores a finales del siglo XVII y la concepción crítica del razonamiento.

Esta concepción de la historia crítica era el resultado de oponer los testimonios y documentos históricos fidedignos a las leyendas y mitos transmitidos de forma oral o por documentos sin fiabilidad. Este planteamiento de la historia de España implicaba poner en práctica dos requisitos básicos: editar las fuentes históricas; y aplicar el sentido crítico de método y planteamiento.

En estas aspiraciones de rigor metodológico se basaban los proyectos de Mayans, como explicaba en su Carta-dedicatoria a Patiño, como fueron sus Cartas morales, militares, civiles y literarias de varios autores españoles, en 1734.

Lo que Mayans estaba proponiendo era una transformación radical de la historiografía español. Su voluntad fue el resultado de un cambio en la mentalidad de la nueva generación de ruditos españoles que se inició con el movimiento novator de fines del XVII y que fue culminada a través de sus obras en cuanto a estudios históricos.

En el proyecto de formación de una historia nacional crítica, la eclesiástica tomó un papel relevante debido a que fue una de las historias más falseadas y manipuladas por las leyendas, las supersticiones y las falsas tradiciones. De acuerdo con el método de la historia crítica, Mayans rechazaba toda ficción y combatía los mitos: los falsos cronicones de Granada, la más que dudosa llegada de Santiago a España, los santos creados por la imaginación popular, los abusos de los españoles en la colonización americana, etc.

ORÍGENES DE LA LENGUA ESPAÑOLA, POR GREGORIO MAYANS

El programa pedagógico de la Ilustración de Mayans respondía a una corriente intelectual derivada del Humanismo, especialmente del Humanismo cristiano español del siglo XVI. Proponía la restauración de los estudios bíblicos a través de las lenguas clásicas (latín, griego y hebreo) y recuperar la filosofía humanista del Renacimiento como Juan Luis Vives, Luis de Granada, Juan de la Cruz y Luis de León, enlazando con la corriente de Desiderio Erasmo. Pero, Mayans prefirió utilizar la lengua romance, es decir, el español, como instrumento de acción inteligente y persuasivo que penetrase en amplias capas de la sociedad.

Efectivamente, los novatores defendieron la transmisión del conocimiento a través de la lengua vulgar española, que era ya culta desde la Gramática de Antonio de Nebrija a inicios del siglo XVI. El español debía ser tratado como lengua de la filosofía y de la ciencia, y a ella traducirse la Biblia y demás Sagradas Escrituras. Humanistas como Luis Vives, Luis de León y Pedro Simón Abril defendieron el empleo de la lengua del pueblo para llegar al pueblo. Mayans trataba de restaurar un pasado con enormes posibilidades, pero con el fin de contribuir a la secularización de una sociedad dominada por una Iglesia retrógrada e interesada en su propio provecho. En este sentido, el uso de la lengua romance podía ser muy beneficiosa a la difusión de los conocimientos y a la laicización de la sociedad.

Para Mayans, las lenguas cambian y evolucionan, no se corrompen. Rompía así con la idea tradicional del Humanismo clásico que consideraba al latín como lengua perfecta y digna de imitación, respecto de la cual todas las demás lenguas romances derivadas eran corruptas e inferiores. Fue un acierto proponer el concepto de "evolución" frente al de "corrupción".

Dentro del estudio de la lengua española, los refranes ocuparon un papel destacado por su contenido ético y moralizante y su transmisión oral, citando las colecciones de Íñigo López de Mendoza, Hernán Núñez, Juan Páez de Castro, Benito Arias Montano, Juan de Melo, Juan Mal Lara, Juan Sorapan de Riera, y los que se encuentran en obras como el Quijote de La Mancha o el Diálogo de la Lengua.

Con todo, su obra Orígenes de la lengua española, que publicó en 1773 durante su estancia en Corte, reunía los estudios sobre el español como lengua. Sintetizó todos los conocimientos lingüísticos que existían hasta el momento, e incluyó importantes textos de Alderete, el marqués de Santillana, y el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés, que quedó inédita.

Mayans dio a conocer a sus contemporáneos la obra de Nebrija, Vives, Antonio Agustín, Alejo de Venegas, Teresa de Jesús, Francisco Sánchez de las Brozas, Luis de León, etc. No es extraño que el autor François López le asignase un lugar básico en la formación del concepto Siglo de Oro de las Letras españolas.

Mientras su mentor Nicolás Antonio se encargó de recuperar y recopilar las obras literarias, Mayans se ocupó de clasificarlas y ofrecer una síntesis, pues anteriormente no existían investigaciones sobre historia de la lengua española y de la literatura nacional. Mayans puso las bases a seguir para los estudios de un movimiento literario que se desarrolló bajo los reinados de los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II, entre la "restitución de las letras" y el triunfo del Barroco.

DESIDERIO ERASMO Y JUAN LUIS VIVES

Mayans fue un crítico con el sistema social en el que vivió, cuya mentalidad estaba mayormente determinada por la Iglesia. Y fue crítico con una clase poderosa que había permitido que el clero adquiriese enormes propiedades y privilegios, abandonando sus deberes espirituales y su misión apostólica. Fueron numerosos los textos en contra del estamento clerical, afectado por los males de la codicia y la ignorancia.
"En la república cristiana no hay gentes más insolentes que los frailes, porque muchos de ellos son los fariseos de nuestro tiempo que tiene de su parte a todos los supersticiosos."
"Su muchedumbre es gravosa al público, el cual se halla pobrísimo, y ha de mantener ejércitos de hombres ociosos, que continuamente están pidiendo para sustentar y regalarse."

No solo hizo crítica al clero regular, también a la cúspide:
"… casto todos los obispos de España, hombres casi todos ignorantísimos, que habiendo logrado las mitras por una solicitud ambiciosa, y medios tal vez peores, no saben oficio que tienen, no son capaces de distinguir el poder del rey y del papa, ni de conocer la extensión y limitación de uno y de otro."

Mayans repudió la ignorancia en la Iglesia con especial énfasis, pues controlaba el sistema de enseñanza, perpetuando así el estado de injusticia e incultura social generalizado. Por eso era necesario reformar todo el sistema de enseñanza, y para esto habría que retirar las cátedras universitarias a las órdenes religiosas para que fuesen promovidas por concurso.

Por tanto, reforma de la Iglesia y reforma de la Enseñanza para la mejora de la sociedad eran partes de un todo. En El Orador cristiano de 1733, puso de manifiesto esta situación y su remedio, empezando con la reforma de la predicación, pues la mayoría de la gente no sabía leer y la prédica desde un púlpito era la única vía de conocimiento formal. Y esta reforma de la prédica venía precedida por una reforma de los estudios y la jerarquía eclesiástica, tesis que expuso en su Informe sobre los estudios de 1766, por orden del consejero real Roda y en un momento en el que fue expulsada la Compañía de Jesús. Se hacía necesaria una ruptura con el tradicional método escolástico de pensamiento especulativo y teórico como sistema de enseñanza, para dar paso a un método más científico de mentalidad crítica y práctica.

Al año siguiente, en 1767, la Corte de Carlos III debatía entre dos planes de reforma educativa muy similares: el de Olavide y el de Mayans. La diferencia es que el plan de Mayans ofrecía una especial importancia al estudio de la teología, por ser cúspide del pensamiento español. Pero optaba por la teología expositiva que se ocupa de las Sagradas Escrituras, en detrimento de la teología dogmática, muy confundida con la escolástica.

Se refería a la teología erasmista, aquella que tanto influyó en el Humanismo cristiano español del Renacimiento, que tuvo su máxima expresión en el valenciano Juan Luis Vives. Sus dos ideas principales eran: la reforma educativa, rompiendo con la Escolástica y la falta de libertad de cátedra en los estudios; y la vuelta a las Sagradas Escrituras, en contraposición a los clásicos escolásticos del Medievo.

DON GREGORIO MAYANS Y SISCAR, POR ANTONIO MESTRE

El origen de aquel movimiento novator estuvo en una tertulia cortesana de 1787, formada por Nicolás Antonio, Juan Lucas Cortés y el marqués de Mondéjar, al que se sumaron más tarde Martí y Mayans.

Uno de sus más leales seguidores fue Manuel Martí, deán de Alicante, aunque fue este quien más influyó en un joven Mayans a quien recomendó la lectura de los clásicos grecolatinos como Cicerón, Terencio o Plauto, y le orientó en sus estudios. Martín estuvo, a su vez, influenciado por Nicolás Antonio, primer promotor de la crítica histórica en España y redactor de la Biblioteca Vetus, en 1696, publicada por el primero. También Mayans publicó las Obras cronológicas de Mondéjar, en 1744.

Otro de sus colaboradores fue el agustino Enrique Flórez, encargado de realizar el proyecto revisionista de la historia eclesiástica, conocida como España sagrada. Su título original fue Theatro geográfico-histórico de la Iglesia de España, cuyos dos primeros volúmenes fueron publicados en 1747. Más tarde, llegó a los 29 volúmenes publicados y sus continuadores hasta los 47, completados en 1856. Es una monumental obra que contiene la historia de todos los templos y de España, así como la transcripción de innumerables documentos y comentarios, a través de un método crítico y científico, pero siempre que no afectase a la piedad o al amor patrio.

El historiador Antonio Mestre escribió de Flórez que:
"Cuando se trata de tradiciones relacionadas con la piedad, Flórez piensa que la actitud debe modificarse. Hay que admitirlas mientras no se demuestre con certeza que son erróneas. Así, en el caso concreto de la venida de Santiago, la ininterrumpida continuidad de la tradición exige razones para negar la venida del apóstol a la península."

Mayans fue adepto de un exigente rigor crítico afirmó:
"Las obras de Flórez son más dañosas que útiles, sirven para apoyar la superstición y credulidad; son engañadoras a los que no han leído, porque le tienen por erudito, siendo un mal copiante."

Otro al que se enfrentó fue al benedictino Benito Feijoo, a quien echó en cara su falta de rigor crítico, de metodología científica y actitud experimental que desarrolló en sus obras. Con motivo de la publicación de la Ortografía, de Bordazar, y el polémico debate surgido entre Mayans y Feijoo, el novatore valenciano escribió sobre el benedictino orensano:
"Para hacerle entender mi contienda a que se hubiera expuesto, hice una breve censura del Discurso de las Glorias de España, manifestándole, por medio de señalarle errores muy crasos, que no había leído aún los autores más clásicos y triviales, como Aristóteles, Séneca, Plutarco, Antonio Agustín y don Nicolás Antonio, pues hablaba de ellos por relaciones falsas de otros escritores que citaban lo que no había, y le descubrir sus nombres, para hacer suyos los errores ajenos."

GREGORIO MAYANS Y SISCAR

El historiador François López ha puesto en valor la aportación de Mayans a la cultura y filosofía, no sólo española, sino europea:
"El pensamiento del valenciano era de una innegable originalidad, y debía marcar hasta el fin del siglo todo un movimiento de pensamiento al que no se ha concedido suficiente atención."

Desde su retiro de Oliva, mantenía relaciones epistolares con los eruditos más importantes de su época y era muy apreciado internacionalmente como se demuestra en su conexión con los centros culturales europeos de la época: Muratori, en Italia; Walch, en Jena; David Clement, en Hannover; Meerman, en Holanda; Voltaire, en Francia; Gasset, en Suiza; José Finestra, en la Universidad de Cervera, etc. Una prueba de ese aprecio internacional son las dos biografías sobre Mayans, redactadas en Alemania por Juan Cristóbal Strodtmann: Geschichte des edlen Herrn Gregorius von Mayans und Siscar, en alemán, en 1747; y Majansii Vita, en latín, en 1756.

Mayans estaba en el centro intelectual de su época, y por él pasaban todas las corrientes que estaban renovando el panorama cultural de la primera mitad del siglo XVIII. Expresaba la decadencia de la cultura tradicional española, convirtiéndose en uno de los eruditos que cambiaron la mentalidad en un sentido de renovación.

También dentro de España, Mayans contó con un grupo de autores que le seguían y admiraban, y que mantuvieron la continuidad de sus estudios y orientaciones: Antonio Ponz, José Finestres, Juan Bautista Muñoz, Vicente Blasco, Juan Sempere y Guarinos, Francisco Pérez Bayet, Antonio José Cavanilles y, especialmente, Francisco Cerdá y Rico.

Este último se encargó de continuar algunos de los muchos proyectos que tenía en marcha cuando Gregorio Mayans y Siscar murió en Valencia, en 1781.