MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA


George Santayana fue un filósofo original e independiente, además de ensayista y poeta, que escribió la totalidad de su obra en inglés y residió en el extranjero, en el marco de la Crisis contemporánea de final del siglo XIX. El cuerpo doctrinal de su pensamiento estuvo en el Materialismo y el Naturalismo.

Su principal obra fue La vida de la razón, publicada en 1906, en la que desarrolló los cuatro grandes ámbitos filosóficos: la materia, el espíritu, las esencias y la verdad.

MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA

Jorge Ruiz de Santayana Borrás nació en 1863, en Madrid. Aunque firmaba sus obras en inglés, George Santayana, siempre se consideró español, renovando su nacionalidad originaria desde sus estancias en el extranjero. Pasó su adolescencia en la ciudad de Boston junto a su madre, Josefina Borrás, hasta acceder a la Universidad de Harvard. Allí consiguió la cátedra de Filosofía, entre 1889 y 1912.

Aunque siguió viviendo en Estados Unidos, regresaría a Ávila de forma periódica para visitar a su padre, Agustín Ruiz de Santayana, y a su hermana, Susana. De hecho, Ávila significó un "lugar de peregrinación" constante por su sentido místico de la existencia y de la relación entre la materia y el espíritu.

En 1912, trasladó su residencia habitual en Gran Bretaña para trabajar como profesor en la Universidad de Oxford, aunque estuvo viajando por Italia, Egipto, Palestina, Grecia y Turquía. Hasta que, en 1920, fijó su residencia definitiva en Roma, donde vivió hasta que falleció en 1952.

Las sucesivas renuncias para vivir en España, Estados Unidos e Inglaterra son síntomas de su constantes necesidad para alcanzar una mayor libertad e independencia intelectual. Se convirtió en un cosmopolita que vio en España su fuente de inspiración y encontró en Roma las raíces de una cultura mediterránea de la se sentía hijo espiritual. El uso del inglés en sus obras fue una manera de alcanzar al mayor número de no hispanohablantes desconocedores de la cultura hispánica, como confesó en su obra A general confession.

En la biografía que Luis Farré le escribió, Vida y pensamiento de Jorge Santayana, en 1953, manifestó su sentimiento nacional:
"La única cosa digan de mención en mi carrera es que he pasado la mejor parte de mi vida en Estados Unidos y he escrito mis libros en idioma inglés, mientras conservé mi nacionalidad española y mis sentimientos de español. Figuraba al mismo tiempo en el mundo de habla inglesa como una especie de huésped permanente, familiar, apreciado y creo que discreto, pero siempre extranjero."

CASA NATAL DE GEORGE SANTAYANA

Su compleja obra es una conjunción de elementos heterogéneos con elegancia y armonía, donde la estética, la filosofía, la literatura y la mística se entrelazan en original unidad. Sin renunciar a sus raíces, supo desarrollar una universalidad que le hacía sentirse hombre del mundo, en general, y del Mediterráneo, en particular.

En Estados Unidos se dejó influenciar por William James, John Dewey y Josiah Royce; en Inglaterra por G. E. Morre, Bertrand Russell y Alfred North Whitehead; aunque sus principales referentes filosóficos siempre fueron los clásicos Platón, Spinoza, Demócrito y Lucrecio. Pero, también encontraba inspiración e la poesía, la literatura o la mística.

El núcleo de su pensamiento es el reconocimiento de la primacía de la materia y de la naturaleza las demás manifestaciones de la realidad, y la crítica las corrientes más subjetivas e idealistas que no admiten la existencia de una materia y naturaleza independiente a la realidad humana. Su pensamiento fue evolucionando hacia un Materialismo más fundamentado, que puede identificarse con el Naturalismo, pero la idea de naturaleza era ya una interpretación de la materia.

Vivió dentro de la crisis contemporánea, pues a los treinta y cinco años pudo contemplar y sufrir el Desastre del 98 y las dos guerras mundiales. Su filosofía trataba de superar el Positivismo naturalista del siglo XVIII, por eso su personal Materialismo filosófico trataba de armonizar las exigencias de la materia con las aspiraciones del espíritu. Por tradición y por sentimiento, se sentía católico, aunque por convicciones filosóficas era un pagano, por más que se definiera materialista o naturalista.

GEORGE SANTAYANA

Su principal obra fue La vida de la razón (The life o reason), publicado entre 1905 y 1906. Su contenido forma el núcleo original de su filosofía sobre la que basó futuras investigaciones, y consta de cinco volúmenes: La razón en el sentido común; La razón en la sociedad; La razón en la religión; La razón en el arte; y La razón en la ciencia.

Consiguió un gran éxito desde su primera aparición en Estados Unidos, convirtiéndose en lectura obligada para los universitarios. Joseph L. Blau, en Filósofos y escuelas filosóficas en los Estados Unidos de América, de 1957, lo calificó como la "biblia del naturalismo para una generación de estudiantes americanos".

En ella escribió el famoso aforismo ha pasado a la historia de la filosofía universal incluso, por encima de toda su enorme obra publicada: "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" (Those who cannot remember the past are condemned to repeat it). Aparece en el capítulo dedicado a la "Fase de la infancia" dentro del tomo titulado La razón en el sentido común.

Santayana utilizaba este argumento para explicar que el progreso no consiste simplemente en cambiar, sino en retener lo aprendido; si una persona o sociedad no guarda sus recuerdos, su experiencia es fluida pero no acumulativa, volviendo siempre a un estado de infancia.

La obra de Santayana demuestra la progresiva madurez de su pensamiento, cuyos trabajos fundamentales, además del anterior, fueron:
El sentido de la belleza, en 1896
Interpretaciones sobre poesía y religión, en 1900
Tres poetas filósofos, en 1910, dedicado a Lucrecio, Dante y Goethe
Vientos de doctrina: estudios sobre la opinión contemporánea en Estados Unidos, en 1920
Soliloquis, en 1922
Escepticismo y fe animal, en 1923
Diálogos en el limbo, en 1926
Platonismo y vida espiritual, en 1927
La tradición corté acorralada, en 1931
Algunos cambios conceptuales en la filosofía moderna, en 1933
El último puritano, novela de 1936 que fue un éxito de ventas
Los reinos del ser, en 1941
Dominaciones y potestades, en 1951

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Los cuatro grandes ámbitos filosóficos de Santayana son la materia, el espíritu, las esencias y la verdad, que constituyen los "reinos del ser" (Realms of beign).

La doctrina filosófica de Santayana es el Materialismo, sin las connotaciones metafísicas tradicionales y con un carácter metódico y fundante. Sobre el estudio de la materia fue fundamentando su pensamiento sobre el que elevarlo hasta llegar al estudio de las esencias, la vedad y el espíritu.

Reivindicó el valor del Materialismo griego, alejado del reduccionismo del Positivismo anglosajón del siglo XIX que tuvo que estudiar siendo joven. Ofrecía un sentido renovador al concepto de naturaleza, que presentaba como paradigma de toda sabiduría, sin las interpretaciones racionalistas y cientifistas de los filósofos occidentales.

Para Santayana, Materialismo y Naturalismo se identifican siempre en ausencia de los reduccionismos contemporáneos a que fueron sometidos. Con estas ideas respondió a la crisis de "fin de siglo", pero considerando los valores más altos de la tradición occidental. Por eso, la materia, que es el primero de los "reinos del ser" crea a los otros reinos del ser, en un proceso de autorreferencia. Proponía un Realismo materialista que fuese coherente y correspondiente.

La materia debía estar definida por estas cuatro características generales:

1. subsistencia, alejada de cualquier subjetivismo o traducción antropológica, al estilo del Humanismo retórico tradicional. Sólo estableciendo la debida distancia entre el sujeto humano y la naturaleza material podría darse una relación equilibrada entre ambos.

2 causa última de todas las cosas como principio de existencia. En la naturaleza viven los dioses y los hombres y es principio de toda acción y reflexión.

3. sistémico, articulado por relaciones y conexiones, que debe ser descubierto por la investigación humana, especialmente por la ciencia. Pero Santayana, que reconocía los límites del conocimiento científico, proponía impulsar la investigación simbólica del universo.

4. potencialidad, derivada del carácter activo, dinámico y transitivo. Entroncaba así la materia con la temporalidad que caracteriza a todos los seres y que otorgaba a la existencia una constante trágica, amenazada por el riesgo y la desaparición.

El Materialismo de Santayana estaba en conciliación con su preferencia por los valores ideales y espirituales y exigía un difícil equilibrio en el tratamiento de los problemas filosóficos. Este Idealismo fue conducido por su formación cristiana y su temperamento español. Para una correcta argumentación se basó en la materia y en la fe animal.

La materia es un elemento biológicamente primario y afirmación inconclusa primordial en la actividad de toda ser, pero en el hombre está abierta a ámbitos inmateriales. La fe animal en la materia no debe intentar dar razón de la inmensa riqueza espiritual de la existencia, definido por "reinos del ser".

En su obra Scepticism and animal faith, publicada en Nueva York, en 1923, describió su Escepticismo metódico:
"Mediante el sentido común se concibe la experiencia como el efecto que el impacto de las cosas externas produce sobre el hombre cuando es capaz de retenerlo y recordarlo."

Esto da una idea de la precariedad de todo ser humano para el conocimiento, por lo que el sentido común acepta toda posibilidad de conocimiento sin pretender dogmatizarlo. Por el contrario, reconocía las limitaciones que su origen material impone a toda actividad espiritual.

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Su obra La vida de la razón. Fases del progreso humano, que publicó entre 1905 y 1906, condensa la base de su filosofía materialista y naturalista.

El punto de partida es la razón, considerada como prolongación del impulso vital del animal humano modificado por la actividad reflexiva. El reino de la materia es el origen de cualquier consideración, pues constituye la matriz y fuente de todo los demás. La naturaleza es madre universal de toda acción y conocimiento, y la razón aparece como fenómeno específico de la misma en el ser humano. Por eso, el desarrollo del hombre en la historia de las instituciones humanas (ciencia, arte, sociedad, religión), coincide con la vida de la razón, a través de tres grandes etapas:

1ª. fase prerracional, dominada por el predominio de los impulsos, los instintos y los hábitos, siempre considerados como buenos mientras sean naturales.

2ª. fase racional, donde los impulsos e instintos son modelados por la razón, en la que se corre el peligro de el imperativo de la razón se imponga sobre los impulsos naturales, promoviendo el desequilibrio de la sociedad.

3ª. fase postracional, trata de modelar los excesos de la razón llevada a sus últimas consecuencias, introduciendo exigencias propias de la imaginación.

Santayana justificaba el espíritu como dominio independiente de la materia y, por lo tanto, libre de sus condiciones espacio-temporales:
"Este mundo de la expresión libre, esta corriente de sensaciones, pasiones e ideas que perpetuamente se encienden y apagan la luz de la conciencia, lo llamo Reino del espíritu. Sólo por amor a esta vida libre vale la pena alcanzar la comprensión de lo material y el conocimiento de los hechos. Para una criatura viviente, los hechos no son sino instrumentos; su vida lúdica es su verdadera vida. En sus días de trabajo, cuando está atento a la materia, es sólo su propia sirviente, que prepara el festejo. Se convierte en su propio dueño en sus días de fiesta y en sus pasiones deportivas. Entre esta deben contarse la literatura, y la filosofía y todo lo del amor, religión y patriotismo que no constituye un esfuerzo para sobrevivir materialmente. En tales formas de entusiasmo se da una gran dosis de afirmación; pero lo que atestiguan no es realmente el carácter de los hechos externos de que se trate, sino tan sólo los usos espirituales hacia los cuales los orientan el espíritu."

La dirección emprendida desde esta óptica explica la importancia que Santayana concedió a la religión y su interés personal. Su sentido expresar el destino del hombre y su lugar en el cosmos, mediante imágenes míticas y poéticas. Esto implica conceder sus derechos a la imaginación, aunque siempre atenida a las condiciones naturales que le sirven de sustento. Así, Santayana introducía en su sistema filosófico un Supernaturalismo que no rechaza al Naturalismo de base, sino que se complementa. Por eso, en The genteel tradition et bay, de 1931, afirmó:
"Este mundo sobrenatural casi tangible es sólo el resto de la naturaleza, la naturaleza en sus verdaderas profundidades y en su verdadera infinitud."

LA VIDA DE LA RAZÓN, POR GEORGE SANTAYANA

Las esencias son el resultado de la situación del hombre en el mundo como observador, pues adopta los hechos materiales que encuentra a sus facultades de observador. En este sentido, hay una voluntad permanente en todo hombre a superar el atenimiento fáctico a lo material mediante el concurso de las ideas, producto inmediato de su mente que intuye esencias, que son ideales. Así se establece una dicotomía entre el reino de los hechos y el reino ideal de las esencias, con total independencia uno del otro. Esta tendencia le permite al hombre superar su condición espaciotemporal, dotándole de una gran libertad espiritual de movimientos. Los hechos, o cosas materiales, cuando son percibidas a través de las esencias quedan despojadas de toda vinculación existencial, permitiendo ascender a la paz espiritual.

El reino de las esencias no es el reino de la verdad. Según Scepticism and animal faith, las esencias son:
"simplemente el catálogo no escrito, prosaico e infinito de todos los caracteres que poseen al existir tales cosas, conjuntamente con todos los caracteres que todas las cosas diferentes poseerían si existieran."

Las esencias no desembocan en un conocimiento del mundo, pero permiten extender el mismo más allá de una primera y superficial perspectiva. Presupone una renuncia al compromiso existencial primario y abren el acceso a una paz espiritual, que Santayana identificaba con la filosofía.

La problemática planteada por el reino de las esencias conlleva a la cuestión del conocimiento y el reino de la verdad. Esto es así porque la intuición, al ser de esencias u no de cosas reales, propicia al error en el conocimiento de la naturaleza. Para que esto no ocurra, hay que delimitar el campo infinito de las esencias, acotándolo respecto de aquella que se realizan en la existencia real.

La posesión de la verdad absoluta es "incompatible con el estar vivo", pues estar vivo es gozar de una perspectiva, y "la verdad absoluta no puede descubrirse justo porque no es una perspectiva". Más ampliamente:
"Un observador, que forma parte del mundo que observa, debe tener una particular situación en él; no puede estar igualmente cerca de todo, ni ser interior a nada, salvo a sí mismo; del resto sólo puede obtener perspectivas, abstraídas de acuerdo a su sensibilidad y estilizadas según sus intereses."

OBRAS DE GEORGE SANTAYANA

Las únicas verdades posibles para el hombre son verdades parciales que establecen desde perspectivas determinadas. Cuando esas verdades están controladas por la experiencia, dan lugar al conocimiento; este es una creencia fundada en hechos exteriores y:
"surge merced a un movimiento de la persona que se abre a los seres circundantes o responde a los mismos de modo que estos se convierten en sus objetivos de atención, y al mismo tiempo una correspondencia apropiada tiende a establecerse entre estos objetos y las circunstancias que se elaboran bajo su influencia."

Esto presupone la fe animal, y es posible acceder a él, lo que convierte al conocimiento en ciencia natural. Esto supone una fe en el objeto descrito y en la sustancia que lo constituye, entendido como algo subsistente por sí mismo. Así, la vida animal del hombre forja el conocimiento científico de los objetos, que constituyen la única descripción válida de la materia.

En su obra, Santayana ya no se ocupaba de la ciencia en proporción a la importancia que le condecía, aunque era el aspecto central de su pensamiento. El intento de conciliar la relación entre ciencia y religión fue un problema del Modernismo filosófico en la crisis de final de siglo XIX.

Su Materialismo de base exigía valorar adecuadamente el conocimiento científico. Para él es una manifestación suprema de la imaginación como facultad cognoscitiva fundamental. Desde este punto de vista, la ciencia es una expresión ejemplar del destino trágico del hombre, ya que sus verdades son relativas y temporales en que se expresa la unión entre esencia y existencia. En este sentido, la ciencia es producto, como cualquier otro producto humano, de fe animal y está asentada en el Escepticismo.

TRATADOS ARISTOTÉLICOS DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA


Pedro Martínez de Brea fue escritor, filósofo y teólogo, seguidor del pensamiento de Aristóteles y miembro del grupo de los aristotélicos cultos. Doctor por la Universidad de Alcalá, su obra más importante fue Tractus de animorum immortalitate (Tratado sobre la inmortalidad del alma) publicado en 1575. Fue continuador de la obra de Gaspar Cardillo de Villalpando, el gran restaurado del Aristotelismo español del Renacimiento.

TRATADOS ARITOTÉLICOS DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Pedro Martínez de Brea nació a principios del siglo XVI en Brea, Comunidad de Madrid. Fue conocido como Petri Martinez Toletani a Brea, su nombre latino con el firmaba sus obras. Su tío Sebastián Martínez de Brea fue partícipe del Concilio de Trento.

Estudió y enseñó Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares. En 1535, impartió clases de Física y ocupó la cátedra de Sumulas.

Posteriormente, fue catedrático de Prima de Teología en la Universidad de Sigüenza, Guadalajara, donde también desempeñó el cargo de cargo de canónigo magistral del cabildo de su catedral. Felipe II le presentó para obispo de Plasencia, y finalmente fue elegido obispo de Guadix sin que llegara a tomar posesión, pues falleció en 1581, en su villa natal de Brea.

Su obra es parte de una continuación de la obra aristotélica de Gaspar Cardillo de Villalpando. Con la intención de completar la labor de éste, realizó comentarios sobre varios tratados aristotélicos: Commentarii in libros Aristotelis de coelo et mundo, publicado en Alcalá, en 1561; Comentarii in libros Aristotelis de generatione et corruptione, en Alcalá, en 1561; In libros tres Aristotelis De anima commentarii, en Sigüenza, en 1575.

COMPLUTENSIS THEOLOGI DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Como Villalpando, se ocupó también de la controversia sobre la inmortalidad del alma en su libro Tractus celebérrima controversia de animorum immortalitate (Tratado más famoso sobre la controversia de la inmortalidad del alma), que publicó conjuntamente con el comentario De anima. El libro empieza señalando la dificultad de la cuestión y cómo el mismo Aristóteles es bastante oscuro al respecto, como si pretendiera ocultar su opinión o no la tuviese muy clara. Antes de entrar en la cuestión de la inmortalidad, expuso también la opinión que sobre el asunto tuvieron varios filósofos clásicos. Estas opiniones las redujo a tres:

1. en el hombre hay dos almas: una racional, espiritual e incorruptible, y otra sensitiva, material y corruptible.

2. el alma humana es sólo una, y ésta, de suyo, simpliciter, corruptible y mortal.

3. el alma humana es tan sólo una, y ésta simpliciter, incorruptible y mortal, y secundum quid, corruptible y mortal. Este última es la opinión del doctor Martínez, que se apoya para sostenerla en varios textos aristotélicos.

El argumento de Martínez de Brea se apoya en la siguiente disyuntiva: Si el alma humana tiene operaciones propias realizables sin el concurso del cuerpo, entonces es separable de éste y, por tanto, inmortal; si, por el contrario, no tiene operación alguna de esta naturaleza, no es separable del cuerpo ni inmortal. Ahora bien, es evidente que existen actos del alma que no requieren el cuerpo, como son las operaciones intelectivas, en las cuales el cuerpo no sólo no ayuda, sino que estorba la intelección, pues el entender no es acto que se reciba en ningún órgano corporal. En conclusión, el alma humana es separable del cuerpo y, por tanto, inmortal.

Martínez de Brea sostuvo que esta es también la opinión de Aristóteles, y para eso cita pasajes de diversas obras, aunque fundamentalmente se apoyaba en el De anima. Se basaba, especialmente, en los argumentos del libro III sobre la inmaterialidad del entendimiento agente; también lo hacía apoyándose en el análisis de las facultades apetitivas del hombre. Señalaba las diferencias entre el apetito sensitivo, que sólo atiende al tiempo presente, y otro intelectivo, que atiende al presente, pasado y futuro; de aquí se deduce que el alma humana trasciende el tiempo, por el apetito intelectivo; luego, es inmortal.

Aunque con defectos, la obra de Pedro Martínez destaca por su gran erudición sobre Aristóteles y sus comentaristas de todos los tiempos (clásicos, medievales, cristianos, árabes y contemporáneos suyos) y por su enorme capacidad de síntesis. A pesar de su Aristotelismo, consideraba siempre por encima a su santo Tomás de Aquino, como lo manifestó expresamente: "Et ratio Santo Thomas ob ipsius auctoritatem, magis me movet et amplius urget, quoniam et Aristotele erat Sapientior."

PHILOSOPHIA MAGISTRI DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

EXPEDICIÓN GEOGRÁFICA A CHILOÉ POR JUAN MANUEL DE MORALEDA


José Manuel de Moraleda fue teniente de navío de la Real Armada española, geógrafo y cartógrafo que dirigió la Expedición geográfica al archipiélago de Chiloé de 1786 y la Expedición geográfica a la costa occidental de La Patagonia de 1792, realizando mapas cartográficos, derrotas marítimas y descripciones de las islas y canales del litoral de la Provincia de Chiloé.

EXPEDICIÓN GEOGRÁFICA A LA PATAGONIA POR JOSÉ MANUEL DE MORALEDA

José Manuel de Moraleda y Montero de Espinosa era natural de la guipuzcoana villa de Pasajes, donde nació en 1750. Provenía de una familia relacionada con las actividades marítimas, algo muy habitual en su villa natal, pues su padre, Manuel de Moraleda, era piloto de profesión. Este había casado con una hija de los Montero de Espinosa, una familia en la que algunos de sus miembros eran generales de la Real Armada. Llegó a ser maestro de la asignatura de Hidrografía en la Escuela del Departamento Naval de Cádiz, en 1771.

Ante la imposibilidad de ingresar en la Academia de Guardiamarinas, Moraleda lo hizo en la Real Escuela de Navegación de Cádiz, en 1760, a muy temprana edad. Además de estudiar el pilotaje y artes náuticas, también Matemáticas, Astronomía, Geodesia y Dibujo técnico.

En 1764, ingresó en la Real Armada española para poner en práctica sus conocimientos teóricos. Su primer viaje lo realizó en el navío Dragón con destino de Veracruz y La Habana, en el Virreinato de la Nueva España, con regreso a Cádiz.

En 1765, realizó su segundo viaje transatlántico en el buque Firme a los mismos destinos que primero, pero con el rango de pilotín.

En 1768, embarcó en el Buen Consejo con rumbo a los puertos surorientales de Asia: Achem, Malaca, Batavia, Manila y Fayal. Cuando regresó a Cádiz, al año siguiente, recibió el título de piloto de segunda clase.

NAVÍO REAL FELIPE EN EL COMBATE DE TOLÓN, POR JOSÉ DE MORALEDA
En 1770, estuvo en la urca Santa Ana con el cargo de piloto para transportar al Regimiento de Lombardía hasta las plazas americanas de La Guayra y Cartagena de Indias en el Virreinato de Nueva Granada y La Habana en Cuba. La misión era proteger estos estratégicos enclaves del Imperio español frente a ataques de la Armada británica.

En 1772, embarcó en la urca Nuestra Señora de Montserrat, de 40 cañones, que formaba parte de una flota destinada a los territorios españoles en el Pacífico sur, concretamente en la Capitanía General de Chile, donde pasó buena parte de su vida militar. Tras salir de Cádiz, en noviembre, hizo escala en la bahía de Concepción, en Chile, en abril de 1773, y llegó al puerto de El Callao, en Perú, en junio del mismo año.

En este viaje transoceánico, Moraleda demostró sus habilidades como ingeniero hidrógrafo. En su diario de navegación describió todas las incidencias meteorológicas y aspectos náuticos que consideró oportunos o bien dibujó con pluma o acuarela tantos accidentes geográficos y planos de interés. Estas informaciones las incorporaría a sus futuras expediciones marítimas.

Durante su estancia en El Callao, recogió noticias acerca de los viajes y exploraciones que otros marinos españoles habían realizado por el océano Pacífico. A su diario de navegación, añadió las investigaciones que Felipe González de Haedo realizó sobre la isla de Pascua durante su viaje de 1770 y otros datos sobre del archipiélago Tierra de Quirós.

Todo este conjunto de estudios científicos los integró en una obra llamada Viage al puerto del Callao o de Lima, en la urca afragatada del Rey, del porte de 40 cañones, nombrada Nuestra Señora de Monserrat, año de 1772.

CARTA ESFÉRICA DE LA COSTA OCCIDENTAL PATAGÓNICA, POR JOSÉ DE MORALEDA

Entre 1773 y 1777, siendo piloto del buque Montserrat, realizó dos viajes a Guayaquil y a las costas del norte del Perú en la ejecución de algunas comisiones que fue encomendado, recopilando tantos datos y noticias como pudo.

En 1778, realizó su siguiente periplo transpacífico que le llevó al archipiélago de Filipinas. Tuvo la oportunidad de visitar las islas de David y de Otahiti. Esta última ya había sido explorada ampliamente por otro marino vasco, Domingo de Bonechea, en las dos expediciones a la Polinesia de 1752 y 1754. Sobre los contenidos de estos viajes redactó la obra Descripción de los nuevos descubrimientos y reconocimientos hechos en este Océano Pacífico, fundada sobre las noticias adquiridas de los sujetos más inteligentes que han ejecutado los viajes que se han hecho.

Aquel año solicitó entrar al Cuerpo General de Marina. Contaba con el apoyo del comandante de su urca y del virrey del Perú, el navarro Manuel de Guirior, a los que ya había convencido de sus habilidades y méritos. Esta solicitud, fue reiterada en otras dos ocasiones más, en 1780 y en 1782, hasta que fue admitido, en 1783.

Durante la Guerra anglo-española de 1779-1783, sirvió a la Real Armada a bordo de varios buques en misiones de vigilancia de los accesos al Pacífico y la protección de las costas de la Capitanía General de Chile, con el rango de primer piloto. Pudo visitar los puertos de Juan Fernández, Chiloé, Valdivia y Concepción, este último convertido en apostadero de la escuadra. En esta etapa efectuó nuevos trazados y derrotas marítimas y amplió sus investigaciones del territorio chileno.

Tras la vitoria hispano-francesa sobre Gran Bretaña y la firma del Tratado de París de 1783, Moraleda volvió a su departamento habitual en El Callao, donde fue ascendido a alférez de fragata. En la travesía de regreso por las costas chilenas y peruanas, transportaba tropas y cargamentos en la misma urca Montserrat.

FALÚA REAL SOCORRO

En 1786, cuando Moraleda estaba a punto de regresar desde el Virreinato del Perú a la España peninsular, fue comisionado para participar en esta Expedición geográfica al archipiélago de Chiloé, por el virrey del Perú, Teodoro Francisco de Croix-Heuchin. Su función era la de asistir al teniente coronel Francisco Hurtado, gobernador de la Provincia de Chiloé, en el reconocimiento de las islas y en la realización de cartas náuticas de las costas, bahías y puertos.

El 3 de enero de 1787, Moraleda partió desde el puerto de Ancud, abordo de la falúa Real Socorro, realizando una exploración con enorme fatiga y riesgo en una costa peligrosa y con un clima extremo.

El 27 de abril llegaba a la base de Ancud, donde pasaría el invierno coordinando los datos recogidos y el dibujo técnico de los mapas y planos, desempeñando a la vez otras comisiones que le solicitó el gobernador Hurtado para reunir noticias geográficas y estadísticas.

El 11 de febrero de 1788, comenzó la exploración de los partidos de Calbuco y Carelmapu, y de toda la costa continental que circunda el archipiélago, reconocimientos que desempeñó en dos meses.

Todos tres viajes fueron descritos en su diario de navegación bajo el título Viage de reconocimiento de las Yslas de Chiloé. Año de 1786.

Durante todo el año 1789, estuvo ejecutando de la cartografía de todas las islas, canales y costas de este territorio, y una serie de planos especiales de los puertos y caletas con cierta importancia. Todo este trabajo de gabinete fue reunido en la obra Derrota los puertos de la isla de Chiloé, ya sea entrando por el canal del Chaceo ó Norte de la isla, ya por el Sur de ella, quien llaman Boca del Huafo.

Además, aportó informaciones sobre el estado económico y social del territorio y su población, abordando clima, historia, fauna y flora, producción maderera, agricultura, pesca, comercio, costumbres, características étnicas, etc. Estos contenidos fueron reunidos en una obra titulada Breve descripción de la provincia de Chiloé.

El 5 de febrero de 1790, la Expedición alrededor del mundo de la Alejandro Malaspina hacía escala en el puerto de San Carlos de Ancud. Moraleda mostró sus mapas, diarios y noticias geográficas a los integrantes de la expedición multidisciplinar, que fueron tomadas muy en consideración.

DERROTAS A LOS PUERTOS DE CHILOÉ, POR JOSÉ DE MORALEDA

Tras la conclusión, Moraleda presentó un diario, una carta general esférica y catorce planos de los puertos locales al coronel Francisco Garoz, nuevo gobernador de Chiloé. Este encargó al guipuzcoano la visita conjunta de las fortificaciones y desempeñó otros cargos en la provincia chilota, interesándose sobre todo en la apertura del camino entre Valdivia y Ancud.

El 18 de abril de 1790, Moraleda embarcó en la fragata Carmen, se detuvo en Valparaíso del 2 al 17 de mayo, y llegó a El Callao el 3 de junio. Allí entregó al nuevo virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos, las mismas copias que al gobernador.

Considerado ya como el mejor piloto del Mar del Sur, en 1791, recibió el encargo de instruir y examinar a los pilotos, mercantes y militares del virreinato peruano con el objetivo de evitar los frecuentes naufragios.

Informada la Corte de los excelentes resultados de Moraleda, por real orden de 25 de diciembre de 1790, dispuso que efectuara el reconocimiento de los canales y archipiélagos situados más al sur de Chiloé. El 29 de agosto de 1792, el virrey encargaba al experto piloto Moraleda que preparase los recursos necesarios y se trasladase a San Carlos de Ancud, en la isla de Chiloé, para continuar la exploración de los archipiélagos del sur.

MAPA DE CENTROAMÉRICA POR JOSÉ DE MORALEDA

La Expedición geográfica a la Costa occidental de La Patagonia serviría de complemento de la anterior Expedición geográfica al archipiélago de Chiloé. El objetivo era reconocer del archipiélago de los Chonos, junto a la exploración de la boca del Aysén y la frontera de las islas Guaytecas.

El 17 de octubre, llegaba al puerto de San Carlos de Ancud, donde fue recibido por el gobernaba la provincia de Chiloé, Pedro de Claveral, brigadier de los Reales Ejércitos y capitán de navío de la Real Armada.

El 21 enero de 1793, la expedición partió desde el puerto de Ancud con rumbo al sur, y regresó el 2 de mayo. Estuvo formada por las goletas Carmen y Rosario, una de ellas al mando de José de Torres, de piloto de la Real Armada. Tras reconocer los fiordos de Aysén, el grupo puso rumbo al estuario del río Palena y posteriormente a la desembocadura del Yanteles. Reunió un valioso conjunto de datos geográficos, observados con discernimiento y expuestos con claridad. Habían estudiado la embocadura y curso del río Aysén y reconocido también una gran parte del archipiélago de los Chonos.

El 11 de febrero de 1794, Moraleda continuó el reconocimiento los archipiélagos y canales al sur de Chiloé, regresando a Ancud el 18 de mayo. Sin embargo, no pasó de la latitud 44 grados, limitándose sobre todo al reconocimiento del río Palena. Sus observaciones científicas determinaron que aquellos archipiélagos no estaban aptos para la fundación de nuevos asentamientos.

El 13 de febrero de 1795, Moraleda inició el último de los tres viajes, que estudio sirvió para perfeccionar sus mapas anteriores, aunque a costa de la pérdida accidental de la visión de un ojo. Exploró el fiordo de Comau y el golfo y el estero de Reloncaví, y remontando este último, se internó en las tierras continentales hasta el lago de Todos los Santos, y continuó por las costas de la parte del continente que circunda por el norte y por el este al archipiélago de Chiloé.

Resultado de sus trabajos fueron la Carta esférica de la costa occidental patagónica, y el Diario de la navegación desde el puerto de Callao de Lima al de San Carlos de Chiloé y de este al reconocimiento del Archipiélago de los Chonos.

PLANO DE LAS COSTAS DE EL CALLAO

En 1797, regresó al puerto de El Callao en la fragata Betsi, donde fue ascendido a alférez de navío. Allí obtuvo el mando militar de la fragata Castor, con la que llevó a cabo varias misiones como guardacostas del litoral de Perú y Colombia, ante posibles ataques e invasiones de la Armada inglesa. La Monarquía hispánica había vuelto a enfrentarse a la británica en su apoyo a la Convención francesa, en lo que fue la Guerra anglo-española de 1796-1802.

Después de más de veinticuatro años de servicios en los virreinatos españoles de América, a finales de 1797, permiso para regresar a España. Cuando llegó al Departamento Naval de Cádiz, el 27 de marzo de 1798, fue ascendido a teniente de fragata, en reconocimiento de sus méritos como piloto y oficial.

A inicios del siglo XIX, la Corte decidió que era necesario realizar nuevos reconocimientos y observaciones en el litoral americano. Tras varios años de descanso, en 1801, Moraleda fue comisionado a volver al Virreinato del Perú junto con otros oficiales de marina con el objetivo de rectificar las cartas geográficas existentes.

PLANO DE LA RADA DE ARICA POR JOSÉ DE MORALEDA

En 1802, Moraleda tomó parte de la Comisión hidrográfica de la costa de América central. Al mando de la fragata Castor, nuevamente, sirvió con el cargo de ayudante del comandante en jefe del Cuerpo de Pilotos.

Se ocupó de efectuar los planos generales del golfo de Panamá y de las costas de Veragua, Nicaragua y Guatemala, y los planos particulares de los puertos desde Panamá a Sonsonate, en conserva de la goleta Alavesa. Resultado de los trabajos hidrográficos fueron sus Diarios de los viages desde el puerto del Callao a los de Guayaquil y Panamá, y de estos al reconocimiento y demarcación de las costas de Veragua, Rica, Nicaragua y Guatemala, entre 1803 y 1804 en la costa de América Central.

En diciembre de 1804, fue ascendido a teniente de navío, el mayor de su carrera. En lo sucesivo, serviría a la Real Armada española como director de la Escuela Náutica del virreinato del Perú, con sede en El Callao. Alternaba esta función con numerosas misiones de guardacostas, protección de convoyes mercantes, transporte de tropas y caudales, represión del contrabando, y revisión de algunos mapas de diversas provincias.

En 1810, a los sesenta años de edad, el teniente de navío y marino científico José Manuel de Moraleda y Montero de Espinosa fallecía en el puerto de El Callo.

CARTA ESFÉRICA DE LA COSTA OCCIDENTAL PATAGÓNICA, POR JOSÉ DE MORALEDA

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA


Los inventos del siglo XIX conllevaron un cambio radical en la vida de las personas. En la tecnología empezaron a darse los primeros pasos de la telegrafía eléctrica, los inicios de la telefonía y la aparición de la radio.

España posee un grupo de ingenieros que fueron pioneros en estas tecnologías de la comunicación: Agustín de Betancourt y Juan José Lerena en telegrafía óptica, Francisco Salvá y José María Mathé en telegrafía eléctrica y Julio Cervera en la radiofonía inalámbrica.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA

1. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE AGUSTÍN DE BETANCOURT

Ingeniero civil y militar Agustín de Betancourt fue uno de los ingenieros mecánicos más relevantes e influyentes de Europa entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Fue precursor de la primera máquina de vapor de doble efecto en la Europa continental por tanto, de la Termodinámica de fluidos, y había innovado una multitud de máquinas y tratados industriales, globos aerostáticos, y se destacó en la ingeniería industrial y el planeamiento urbanístico.

En cuanto a comunicaciones, su sistema telegráfico óptico desarrollado en París en 1795 fue superior que se estaba implantando en la República de Francia por Claude Chappe. Su telégrafo ganó el dictamen favorable de un comité de científicos enviado por el Directorio de la República, formado por Borda, Charles, Coulomb, Delambre, Lagrange, Laplace y Prony. Estos elogiaron la precisión, economía y rapidez en la transmisión de mensajes en las pruebas realizadas. Quedó patentado en la obra Memoria sobre un nuevo telégrafo y algunas ideas sobre la lengua telegráfica (Mémoire sur un nouveau télégraphe et quelques idées sur la langue télégraphique), publicada en 1797.

En 1800, fue inaugurada la primera línea española de telegrafía óptica entre Madrid y Aranjuez, compuesta por cuatro torres telegráficas: Palacio del Buen Retiro, ermita del Cerro de los Ángeles (Getafe), Cerro Espartinas (Valdemoro) y monte Parnaso (Aranjuez). La decisión del secretario de Hacienda dejó al proyecto de la construcción de torres de telégrafos en suspensión.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR AGUSTÍN DE BETANCOURT

2. SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO APLICADO

El médico, físico y meteorólogo, Francisco Salvá y Campillo fue uno de los primeros científicos en realizar estudios sobre la electricidad aplicada a la telegrafía. En 1804, presentó a la Real Academia de Ciencias de Barcelona el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia, gracias al cual consiguió transmitir información a gran distancia, aprovechando la aparición de la pila voltaica y la descomposición del agua.

Para él y otros científicos, el telégrafo era considerado como la primera tecnología de comunicaciones realmente rápida y global. Tenía la visión de que el descubrimiento de la electricidad permitiría la emisión de mensajes a largas distancias a través de algún sistema telegráfico. Por eso, a finales del siglo XVIII, Salvá realizaba experimentos con cargas eléctricas en movimiento siendo director de la sección de electricidad en la Academia barcelonesa.

Así, tras varios años de ensayos y pruebas, en 1795, publicó La electricidad aplicada a la telegrafía. En esta memoria establecía las basas de la telegrafía eléctrica del futuro, dejaba obsoletos los sistemas telegráficos óptico y acústico que se desarrollaban en Europa y avanzaba conceptos sobre la telegrafía inalámbrica y submarina.

El telégrafo eléctrico Salvá necesita un cable de conducción eléctrica para cada una de las letras y números a transmitir en el mensaje, así como otro correspondiente de retorno. Cada uno de los cables está unido a un electrodo, inmerso en tubo de vidrio lleno de agua acidulada. Los segundos electrodos que hay dentro de cada uno de esos tubos están unidos al conductor de retorno. Cuando Salvá aplicaba electricidad a uno de los cables conductores, se producía en el otro extremo una electrólisis, y este efecto generaba burbujas de gas en el correspondiente tubo emitiendo hidrógeno, que señalaba la letra transmitida. Por tanto, el transmisor utilizaba la electricidad que le proporcionaba una pila voltaica y el receptor estaba basado en la descomposición del agua.

No existían bombillas, ni electroimanes, todo estaba aún por inventar en este campo, por lo que utilizar un receptor electroquímico como indicador era lo más adecuado y práctico para la época. El operador iba anotando secuencialmente los tubos que borboteaban para registrar el mensaje.

Este procedimiento fue relativamente incómodo en la transmisión y dificultoso en el reconocimiento de las señales. El hecho de que no tuviese ninguna posibilidad de desarrollarse de forma práctica fue debió a la complejidad de su estructura, puesto que necesita 35 cables para la transmisión.

Aunque no pudo comercializarse o implantarse en España, su sistema telegráfico fue el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia. Su reconocimiento ha sido comprobado por el Institut of Electrical and Electronic Engineers, gracias a la colaboración del profesor Antonio Pérez Yuste de la Universidad Politécnica de Madrid.

Abrió el camino a la comunicación eléctrica en Europa y encontró un gran número de imitadores. El físico italiano Guillermo Marconi reconoció el valor de los descubrimientos de Salvá.

SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO POR FRANCISCO SALVÁ

3. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JUAN JOSÉ LERENA

Marino, diplomático e ingeniero militar, Juan José de Lerena y Barry destacó por desarrollar un sistema de telegrafía óptica que ponía la telegrafía civil al servicio del Estado, paso necesario para la llegada del telégrafo eléctrico. Este fue uno de los primeros sistemas de comunicación en España como los que había en los principales países de Europa.

Su telégrafo óptico diurno y nocturno fue presentó en Cuba ante una comisión de la Real Marina española en 1829, a bordo del navío Soberano. El sistema fue aceptado y valorado de forma positiva para una posible implantación en la España peninsular.

En 1830, se encontraba en la Corte de Madrid sirviendo como director de la Red Nacional de Telégrafos. Allí realizó pruebas de su sistema telegráfico mediante señales visuales que se podían observar con anteojos de larga distancia.

En 1831, reinauguró la primera línea de telégrafos Madrid-Aranjuez. Partía desde la Torre de los Lujanes en la plaza de la Villa, pasaba por otras dos torres ubicadas en el Cerro de los Ángeles en Getafe y el Cerro de Valdemoro, y la última torre estaba en el Monte Parnaso junto al Real Sitio de Aranjuez. En realidad, se trataba de reabrir una línea telegráfica formada por el ingeniero Agustín de Betancourt en 1800 que cayó en desuso durante la Guerra de la Independencia.

En los sucesivos años, fue ampliando la red de telégrafos ópticos conectando los Reales Sitios con la Corte de Madrid. En 1832, la segunda línea conectaba Madrid con La Granja de San Ildefonso, después con El Pardo y Rijofrío.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR JUAN JOSÉ LERENA


4. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ

En 1844, el gobierno de Ramón María Narváez aprobó un real decreto para la instalación de un sistema telegráfico de ámbito nacional. El Ministerio de Fomento dirigió el concurso al que se presentaron cuatro proyectos, resultando ganador el del ingeniero militar José María Mathé, por adecuarse mejor a las características técnicas.

El novedoso sistema de telegráfica óptica Mathé se basaba en líneas de torreones que conectasen las principales ciudades de la España peninsular. Sobre el piso superior de cada torreón se instalaría el aparato telegráfico Mathé, que constaba de un bastidor vertical con un travesaño móvil llamado brazo indicador. Este indicador podía adoptar diversas posiciones angulares, controladas desde el interior de la torre mediante un sistema de poleas, cuerdas y palancas. Cada posición del indicador corresponde a un número o letra, que significaba un mensaje concreto y prestablecido previamente, codificado y explicado en un diccionario de códigos secreto. Y cada combinación de posiciones podía formar frases completas. Los temas del código eran de interés estatal a cerda de la familia real, el Ejército español, el orden público, la administración, el gobierno, etc.

Una vez que una torre telegráfica emisora anunciase una posición, comenzaba la lectura de la siguiente torre repetidora situada a unos 10 kilómetros de distancia aproximadamente, utilizando unos prismáticos o catalejo de larga visión. Y esta repetiría la señal a la siguiente, y seguiría el proceso durante la línea hasta la torre receptora final.

Siendo director de la Red Telegráfica española, entre 1846 y 1850, se construyeron tres líneas telegráficas de ámbito nacional: la primera línea Madrid-Irún, pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián; la segunda Madrid-Valencia-La Junquera, conectaba Cuenca, Sagunto, Benicasim, Castellón, Tarragona y Barcelona; y la tercera Madrid-Cádiz unía Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. En 1849, publicó en Barcelona el Diccionario y tablas de transmisión para el telégrafo militar de noche y día.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ


6. RED TELEGRÁFICA ELÉCTRICA ESPAÑOLA

A mediados del siglo XIX, el sistema telegráfico óptico de Mathé se estaba quedando obsoleto, pues en algunos países de Europa se estaba implantando otro de tipo electrónico y conectado con cables suspendidos. Pero resultaba más eficiente, rápido y barato. El sistema Morse utilizaba impulsos eléctricos para transmitir el código de puntos y rayas, el cual fue utilizado por la administración española durante más de cien años.

Por real decreto de 1852, el Ministerio de Fomento encargó la implantación del sistema de telegrafía eléctrica de cables suspendidos en la línea Madrid-Irún. La Dirección General de Caminos, Canales y Puertos, al mando de José María Mathé, se encargaría de materializar el proyecto, que contaba con un presupuesto de 1.544.720 reales.

La red nacional de telegrafía eléctrica en España se fue implantando entre 1854 y 1863. La primera línea conectaba Madrid con Guadalajara, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Bilbao e Irún. Después, se ejecutaron las líneas Madrid-Extremadura y Madrid-Cataluña. Posteriormente, la red de telegrafía eléctrica se fue ampliando en forma de "estrella" el con centro en la capital, y enlazando con las líneas francesas y portuguesas, permitiendo la comunicación con los gobiernos de París y Lisboa. Tuvo una utilidad pública, a diferencia del anterior que era de exclusividad estatal, y los nuevos usuarios terminaron siendo periodistas, empresarios y políticos, además de militares.

La antigua Red Telegráfica Española fue sustituida por la nueva Dirección General de Telegrafía, cuyo director continuaba siendo Mathé. Además, fundó el Cuerpo de Telégrafos, cuyos operarios aprenderían unas reglamentaciones para el buen uso de la red, y publicó el nuevo Diccionario telegráfico, en 1858.

SISTEMAS TELEGRÁFICOS ESPAÑOLES


7. PRIMER TELEGRAMA ELÉCTRICO

El telégrafo que inventó Samuel Morse en Estados Unidos tenía por objetivo la transmisión de mensajes a largas distancias en poco tiempo. Este avance resultó decisivo para que los telegrafistas pudieran enviar un mensaje en código Morse a la estación de destino que, a su vez, se encargaba de descifrarlo. El primer telegrama en Estados Unidos se envío el 24 de mayo de 1844. Su texto decía: "What God has brought" (Lo que nos ha traído Dios). La facilidad con que se establecían las comunicaciones, que salvaban la larga espera de las cartas, hizo que el invento triunfara en los países de Europa.

En España, la primerea usuaria fue la reina Isabel II, que envió un telegrama en la Línea Madrid - Irún el 8 de noviembre de 1854, uniendo las ciudades de Guadalajara, Calatayud, Zaragoza, Pamplona y San Sebastián. El texto era un discurso de la reina por el que quedaban inauguradas las Cortes Constituyentes durante el bienio progresista.

El furor causado por este nuevo invento hizo que en abril del año siguiente se aprobara la construcción de una red telegráfica que uniría todas las capitales de provincia. Canarias quedó fuera por las dificultades técnicas, siendo en la década de 1880 cuando llegó el telégrafo a través de un cable enviado entre Cádiz y Santa Cruz de Tenerife.


8. PRIMER SISTEMA TELEFÓNICO

El 16 de diciembre de 1877, se efectuaría la primera comunicación telefónica en España, concretamente en Barcelona. Fue una conversación mantenida entre la antigua Ciudadela militar de Barcelona y el Castillo de Montjuic, para lo cual se instaló un tendido de los correspondientes cables.

Diez días después, Gerona y Barcelona quedaron unidas también por cables telefónicos, instalando junto al trazado ferroviario. Se iniciaba la instalación de los primeros aparatos de teléfono.

La Compañía Dalmau e Hijos fue la encargada de la fabricación de los primeros aparatos de telefonía. Sus primeros usuarios fueron las redacciones de periódicos y revistas y las grandes empresas, para más adelante ser adoptado por los particulares.

Otro hito importante fue la publicación de un artículo en la revista Crónica científica por Narcís Freixa, explicando el innovador sistema de comunicación de Graham Bell, convirtiéndose en uno de los pioneros de la divulgación telefónica a la sociedad.


9. SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA

Julio Cervera fue el ingeniero y comandante del Ejército español que inventó el primer sistema técnico de radiotelefonía de voz inalámbrica, es decir, la primera radio. Su patente fue registrada el 22 de marzo de 1902 ante el ante el notario Antonio Turón y Biscá, y fundó la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos en Madrid.

Estuvo trabajando en Londres durante tres meses con el ingeniero italiano Guillermo Marconi y con su ayudante George Kemp hasta finales de 1899. En diciembre de ese mismo año, tras resolver las dificultades técnicas de su investigación, obtuvo sus primeras patentes de la telefonía sin hilos.

Durante los años 1901 y 1902, mantuvo emisiones regulares de voz sin cables entre Tarifa y Ceuta durante tres meses consecutivos, así como entre Jávea e Ibiza, estableciendo el segundo y tercer servicio regular en la historia de la radiotelegrafía mundial. Era la primera máquina telegráfica sin hilos capaz de transmitir la voz humana.

El primer sistema regular de transmisión inalámbrica fue puesto en marcha por Marconi en 1898 entre la isla de Wight y Bournemouth. Cierto es que Marconi inventó la telegrafía sin hilos antes que Cervera, demostrando su eficacia en diciembre de 1901, pero se trataba de una telegrafía para transmitir señales, no sonidos. Es por ello que, Cervera desarrolló la radio once años antes de que lo hiciese Marconi, el cual no trabajó en la radio hasta 1913. Esto le convierte en el pionero indiscutible de la radiotelefonía en el mundo entero.

SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA DE JULIO CERVERA


10. PRIMERAS CADENAS RADIOFÓNICAS

Aunque hubo experimentos de transmisión radiofónica en diversas ciudades europeas y estadounidenses, en España la radio se remonta al 14 de noviembre de 1924, cuando se fundó Radio Barcelona, a la que siguieron Radio Asturias de Oviedo y Radio Unión de Madrid. Estas emisoras se fundaban en cumplimiento del decreto del año anterior en el que el gobierno estableció el monopolio de las estaciones radioeléctricas.

Con el paso del tiempo, la radio adquirió una fama inusitada hasta el punto en que Radio Nacional de España se fundó en plena Guerra Civil, en 1937, con el objetivo de mantener informados a los españoles regularmente con una línea editorial oficialista.

INGENIERÍA DE ANCLAS MARINAS DE JUAN FERMÍN DE GUILISASTI


Juan Fermín de Guilisasti fue ingeniero industrial, maestro mayor ancorero e inspector de la Real Fábrica de Anclas de Hernani en 1752, que, después de ejercer el espionaje industrial en las ferrerías de Holanda, pudo introducir las técnicas de fabricación de grandes anclas para buques de guerra de la Real Armada española, convirtiéndose en el mejor maestro ancorero de su tiempo desde su ferrería de Aya.

JUAN FERMÍN DE GUILISASTI

Juan Fermín de Guilisasti era natural de Aya, villa de Guipúzcoa, donde nació en 1705. Pertenecía a un linaje de ferrones y ancoreros establecido en las orillas del río Oria, que se dedicaban a la fabricación de anclas desde siglos atrás. Los primeros años de su vida profesional los realizó, básicamente, en la ferrería del barrio de Arrazubia, en su pueblo natal, situada junto al río que partiendo de las estribaciones del Ernio desemboca en la ría de Orio. Estaba al frente de una de las muchas ferrerías que abastecían de anclas de pequeño y mediano peso a embarcaciones de los astilleros de Pasajes y San Sebastián y que exportaban parte de su producción a Francia e Inglaterra.

En la década de 1730, solicitó a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas una pensión para realizar una misión de espionaje industrial en las Provincias Unidas de los Países Bajos. El objetivo era estudiar los avances técnicos en el sistema de producción de anclas marinas de gran tamaño de las ferrerías holandesas, entonces a la vanguardia en Europa.

El siglo XVII fue la época de la expansión comercial holandesa por el mundo, despuntando también en la construcción naval que incluía elementos tan necesarios como las anclas, surtiendo de estas herramientas a otros países, como Francia o España. Ya, en el XVIII, los buques de guerra experimentaron un considerable aumento en dimensiones y tonelaje, provistos con mayor número cañones, que necesitaban anclas cada vez más pesadas. Debido a la incapacidad de las ferrerías guipuzcoanas para fabricar piezas de tanta envergadura, los constructores de grandes galeones y navíos de línea tuvieron que recurrir a fabricantes extranjeros.

FERRERÍA DE GRANDES ANCLAS

Por eso, bajo este contexto apareció la figura de Juan Fermín de Guilisasti dispuesto a visitar aquellas ferrerías. En unos meses aprendió los métodos de fabricación de las grandes anclas, incluyendo sus técnicas en soldadura. Difícil tarea tuvo que ejecutar, pues las autoridades holandesas descubrieron sus intenciones, y tuvo que abandonar precipitadamente aquel país ante el riesgo a ser capturado y procesado por espionaje industrial.

Tras completar su misión, Guilisasti pudo regresar al puerto de San Sebastián. Entre los instrumentos que trajo consigo estaban un pescante mayor (brazo de grúa sobre embarcación), un mazo grande de 20 arrobas, y otras herramientas para fabricar grandes anclas. Entre los conocimientos técnicos estaba la utilización del carbón piedra como combustible del proceso productivo, cuyo sistema estaba revolucionando la metalurgia en Centroeuropa. Estos fueron puestos en práctica en su propia fábrica de anclas del barrio de Arrazubia de Aya.

A finales de la década de 1730, su ferrería era la más importante de Guipúzcoa en este sector industrial. Así, las anclas labradas por Guilisasti fueron adquirieron gran fama y prestigio en los astilleros y puertos marítimos de España, no solo por sus dimensiones y formas, sino además por su calidad técnica.

En 1739, consiguió un hito en esta industria al fabricar un ancla de 72 quintales, el más grande construido para un barco español, por lo que fue felicitado por algunos generales del ejército, en ellos el ministro de Marina, Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada. A partir de este momento, comenzaría a fabricar anclas con destino a los navíos y fragatas de la Real Armada española y la Real Compañía de Caracas, convirtiéndose en el maestro ancorero más importante de España.

REAL FÁBRICA DE ANCLAS DE HERNANI

Ante el creciente aumento de la demanda de grandes anclas por parte de la Real Armada, en 1749, el ministro Somodevilla se interesó por su actividad y programó la instalación de una Real Fábrica de Anclas en Guipúzcoa por cuenta del Estado, con sede en Rentería.

En 1750, se fundó la Real Fábrica de Anclas de Hernani, uniendo las tres ferrerías de Fagollaga, Ereñozu y Picoaga. Por real orden de 1750, Juan Fermín de Guilisasti fue nombrado maestro mayor e inspector técnico de la Real Plaza de Hernani, un sueldo de 40 escudos mensuales. El inspector de anclas residía generalmente en San Sebastián, era oficial de la armada y no solamente hacía inspección en las ferrerías, sino también en los mismos muelles o lonjas antes del embarque. Durante su estancia, reglamentó quince clases de anclas, que variaban entre los 7 y los 12 quintales de peso.

Más tarde, Guilisasti fue apartado del cargo debido, entre otras cuestiones, a los problemas que surgieron con los asentistas de las oficinas, las imperfecciones aparecidas en algunas anclas, y la reestructuración de trabajadores de la fábrica. Esta fábrica estuvo funcionando hasta 1857, por algún tiempo posterior se usó como fábrica de cemento, en la actualidad sólo quedan las ruinas.

TRABAJADORES ANCOREROS DE HERNANI

Guilisasti regresó a su negocio privado en la ferrería de Arrazubia. Su reconocimiento en el sector industrial le sirvió también para asociarse con otros empresarios y armadores. Así, se asoció con Jerónimo de Goicoechea para fundar una sociedad ancorera con sede comercial en Caparrena, Usurbil. Continuó fundando varias fábricas en Guipúzcoa, llegando hasta el número de doce las que funcionaban en 1787, entre las suyas y las de otros industriales.

Gracias a sus resultados en el espionaje industrial, varios talleres siderúrgicos de Guipúzcoa comenzaron a desarrollar anclas de grandes dimensiones, que fueron compradas por todos los astilleros de las provincias del Imperio español e incorporadas a las embarcaciones que construían. No solo distribuían este producto metalúrgico a la Real Armada española, incluso abastecieron al Ejército francés, coaligados con el español a través de los Pactos de Familia, aunque también a Portugal e Inglaterra, evitando su importación desde Holanda.

La trayectoria industrial comenzada por Juan Fermín de Guilisasti fue continuada por su viuda, su hijo Juan Antonio de Guilisasti y su nieto Juan Fermín de Guilisasti, en la fábrica de Arrazubia.

Años más tarde, Juan Fermín de Guilisasti nieto fue nombrado por el Rey Carlos III, inspector de anclas por real orden de Carlos III. Este no sólo simplificó los innumerables tipos de anclas que entonces se fabricaban, sino también sus correspondientes pliegos de condiciones, fijando tolerancias en peso y medida, ensayos de choque, etc.

A fines del siglo XVIII, el número de ferrerías de anclas en Guipúzcoa alcanzaba la cifra de dieciocho, la mayoría estaba establecidas sobre los ríos Urumea, Oria y Leizarán. Aparte de los pedidos particulares, el Estado, en un periodo aproximado de un año, encargo más de 400 anclas por un valor de 1.200.000 reales de vellón. En esta época llegó a fabricarse en Guipúzcoa el ancla mayor que se había hecho en España, el cual pesó 9.560 libras.

El emprendimiento e ingeniería de este industrial guipuzcoano consiguió la implantación de una nueva industria de la marinería en la España del siglo XVIII, en plena Ilustración científica.

JUAN FERMÍN DE GUILISASTI