MERCANTILISMO PROTECCIONISTA DE SANCHO DE MONCADA


El economista más importante del pensamiento económico español del Barroco posiblemente sea Sancho de Moncada. Sus Discursos analizaron la decadencia del Imperio y estableció las bases de un moderno Mercantilismo proteccionista.

Reeditada un siglo después, en 1746, como Restauración política de España, consiguió un gran prestigio en Europa y fue fuente de inspiración del género científico de la literatura arbitrista.

MERCANTILISMO PROTECCIONISTA DE SANCHO DE MONCADA

Sancho de Moncada nació en Toledo, en 1580. Pertenecía a una familia de judeoconversos cuyos miembros desempeñaban actividades relacionadas con la economía, la iglesia y la enseñanza en su ciudad natal.

Realizó estudios superiores en la Universidad de Toledo, institución con la que estuvo vinculado toda su vida. En 1603, se doctoró en Teología, e impartió las cátedras de Prima de Filosofía y de Sagradas Escrituras, ambas "en propiedad", y de Teología, "en sustitución", además dio clases de Artes.

Durante los años 1615 y 1630, formó parte del denominado Grupo de Toledo. El Grupo o Escuela económica de Toledo fue un movimiento con carácter arbitrista, dedicado a analizar las causas de la decadencia económica de la ciudad de Toledo y aportar soluciones para mejorar la situación. Sus miembros eran economistas, artistas, literatos y eclesiásticos, entre los que destacaron Baltasar Elisio de Medina, García de Herrera y Contreras, Jerónimo de Ceballos, Juan Vázquez, Garcés de Molina y los hermanos Pablo y Sancho de Moncada.

Moncada vivió una época en la cual se agudizaba el proceso de la Decadencia española y un auge de la literatura arbitrista dedicado a plantear soluciones. El movimiento del Arbitrismo español estaba dominado por los escolásticos de la Escuela de Salamanca, con Juan de Mariana a la cabeza.

UNIVERSIDAD DE TOLEDO

A través de una real orden de junio de 1618, Felipe III pedía al Real Consejo de Castilla un plan de solucionador de la crisis demográfica que afectaba al reino. En febrero de 1619, el presidente del Consejo entregó al rey su informe con el título de Consulta. Su texto consideraba que existía una excesiva presión fiscal sobre los súbditos, que generaba una emigración de estos a otros países más benevolentes. Por tanto, era necesario reducir la carga impositiva y reducir gastos, y reducir la elevada cantidad de organizamos y fundaciones religiosas, y cargos eclesiásticos. Además, el Real Consejo pedía una reforma agraria y un control de inmigrantes extranjeros.

Los arbitristas de la época se implicaron en el asunto, tomando parte el propio Sancho de Moncada mediante la redacción de una Suma de ocho Discursos. Los Discursos trataban la importación de productos extranjeros, la reducción poblacional, la cuestión monetaria, la reforma fiscal y la razón de Estado.

Estos discursos fueron publicados al año siguiente, en 1619, bajo el título de Restauración política de España.

Una obra arbitrista que abordaba la teoría política y la pedagogía real, centrado su análisis en la situación de decadencia que sufría la Monarquía hispánica durante la primera parte del siglo XVII. Tras el diagnóstico, presentaba soluciones prácticas en cuestiones financieras, hacendísticas, monetarias, demográficas, comerciales, etc.

RESTAURACIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA

La Restauración política explicaba como la causa de la decadencia española se debió a la abundante llegada de metales preciosos procedentes de los Virreinatos españoles de América. Esto hizo aumentar el nivel general de los precios de las manufacturas, en un fenómeno monetario definido décadas atrás como Teoría Cuantitativa del Dinero por Martín de Azpilicueta, destacado miembros de la Escuela de Salamanca.

Este elevado nivel de precios de las manufacturas, produjo una gran importación de artículos manufacturados desde el sector exterior en detrimento de la producción nacional y de su desarrollo. Este es el fenómeno económico de la desviación del nivel español de precios respecto del europeo. Es decir, que de una economía de exportación a Europa se pasó a una economía de importación, con el consiguiente empobrecimiento de España y la prosperidad de sus enemigos reales o potenciales.

Para evitar esta invasión de productos extranjeros, su solución fue establecer un severo Proteccionismo de disciplina mercantilista supervisado por la Inquisición. Había que limitar la salida de materias primas al extranjero y restringir la entrada de productos elaborados al mercado nacional, que a su vez estos últimos debían ser agravadas con fuertes aranceles. Este mayor tipo impositivo a las mercancías importadas conseguirían aumentar los ingresos fiscales de la Administración estatal.

Estos es lo que Moncada consideraba el "daño radical", consecuencia "del nuevo comercio de extranjeros", cuya solución pasaba por "cargar grandes alcabalas a las mercaderías extranjeras" o directamente "vedar mercaderías labradas extranjeras".

Moncada advertía de la paulatina reducción demográfica en Castilla se debía en menor parte a causas exógenas, como epidemias y guerras. La causa principal estaba en la falta de actividad industrial y comercial, que implicaba un exceso de mano de obra y falta puestos de trabajo, que a su vez ocasionaban una inmigración de campesinos y obreros a otros territorios más productivos, tanto de España, Europa como de América.

Otro de los beneficios que implicaba la prohibición a las importaciones era una fuerte reducción de la fuga de monedas de plata, en concreto el Real de a Ocho, hacía las economías extranjeras al objeto de pagar las facturas de aquellos productos manufacturados.

RESTAURACIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA

Tras estas medidas de carácter proteccionista, habría que promover el desarrollo de la industria y el comercio nacionales, como haría más tarde Colbert en Francia. Para ello, Moncada expuso un plan de manufacturas importadas a sustituir y producir en España, y eso aumentaría la población trabajadora, el número de matrimonios y el incremento de la natalidad.

Consideraba que el Estado debía implicarse en la vida económica y política, ya que los problemas económicos sólo son eficaces si se ejecutan desde el punto de vista de la administración, pues sólo las economías nacionales son unidades económicas autónomas.

Moncada estuvo muy influenciado por el economista italiano Giovanni Botero y su obra La Razón de Estado. Por eso, identificaba gobierno con razón de Estado, y este "era medio para fundar, conservar y aumentar un reino, y este medio se debía poner al tiempo, y con las circunstancias que piden los negocios, que de otra suerte se dañarían".

De igual manera, consideraba que "saber gobernar es ciencia", propuso la fundación de cátedras universitarias de Ciencias Políticas. También propuso promocionar otras ciencias útiles para la economía como la Medicina y la Náutica.

Otros problemas que diagnosticó fueron el fraude fiscal, la elevada cantidad de alcabalas y la ineficacia de la Administración estatal, generando una penuria hacendística y una inmensa cantidad de leyes y pragmáticas. Era necesario reducir el número de funcionarios públicos en la Corte y administradores en otras estructuras del Estado, incluyendo a buena parte de cargos eclesiásticos y entidades religiosas.

Medidas propuestas de carácter fiscal fueron la reducción de las alcabalas a un impuesto único sobre los cereales, la prohibición de que el producto de las rentas no estuviese en manos de prestamistas extranjeros, soluciones para evitar la falta de metal amonedable, y acabar con el Servicio de Millones.

JUAN DE MARIANA Y GIOVANNI BOTERO

Durante el Barroco español, su Restauración política no tuvo cierta repercusión, pero fue durante la Ilustración cuando alcanzaron gran prestigio en Europa, se reeditó su obra en 1719 y tradujo a varios idiomas, y fue fuente de inspiración del género científico de la literatura arbitrista.

Se ha considerado que el pensamiento económico de Sancho de Moncada, junto al de Juan de Mariana, influenciaron en algunas ideas a la Escuela Austriaca de Economía.

Los escritores del siglo XVIII consideraron a Sancho de Moncada como el padre de los economistas españoles. Fue citado por Martínez de la Maza, en el siglo XVII, por Jerónimo de Uztáriz o Campomanes, en el XVIII, por Juan Sempere y Guarinos, en el XIX, y por Manuel Colmeiro y Penido en el XX. José Luis Sureda llegó a decir que se adelantó en 70 años a Leibnitz.

El historiador de economía Earl Jefferson Hamilton prestó una importante atención a Moncada en su investigación sobre la historia de los precios en España durante el Antiguo Régimen, que publicó en su obra Revolución de precios, en 1934. Este hispanista estadounidense propuso a la figura de Moncada como paradigma de la "presidencia espiritual" del Instituto de Economía del Centro Superior de Investigaciones Científicas.

FILOSOFÍA PEDAGÓGICA DE FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS


Filósofo y educador, Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza, en 1876, revolucionando el sistema educativo tradicional y religioso que perduraba en la España de la Restauración monárquica. Influenciado por la filosofía racionalista de Karl Krause, proponía una educación basada en la mentalidad crítica contra la enseñanza memorística, en la forja de actitudes creadoras frente a la instrucción de disciplinas compartimentadas.

Los objetivos pedagógicos de su filosofía son el desarrollo de la razón individual, el cultivo del cuerpo, el estímulo a las capacidades naturales del ser humano, la supresión de toda coacción externa y libertad de acción e indagación, la inmersión en la naturaleza, el saber enciclopédico, y el método intuitivo de aprendizaje intuitivo.

Sus principales publicaciones fueron Principios de derecho natural, publicada en 1873, y Resumen de filosofía del Derecho, en 1898.

FILOSOFÍA PEDAGÓGICA DE FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS

Francisco Giner de los Ríos nació en Ronda, Málaga, en 1839. Estudió Derecho en Granada y Madrid. Se licenció en Derecho Civil y Canónico en la Universidad Complutense en junio de 1865. Ese mismo año, obtuvo el doctorado en Filosofía del Derecho.

Durante estos años de estudiante universitaria, escribía en la revista Meridional y mantenía contacto con la ideología filosófica y pedagógica del denominado Krausismo, un brote de espiritualismo Neocartesiano. Fue alumno y discípulo de Julián Sanz del Río, y se relacionó con otros krausistas como Fernando de Castro y Gumersindo Azcárate.

En 1866, publicó su primer libro Estudios Literarios. Y, en 1867, consiguió la cátedra de Filosofía del Derecho Internacional de la Universidad Complutense de Madrid.

Una protesta contra las destituciones de sus compañeros Julián Sanz del Río, Nicolás Salmerón, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate por negarse a jurar cargos por la Monarquía y la Iglesia generó también su propio cede de actividades en su cátedra, en marzo de 1868, por orden del ministro de Fomento, Manuel de Orovio y Echagüe.

La revolución de septiembre de 1868 instauró el denominado Sexenio Democrático, y la caída política de Orovio. Giner y sus compañeros sancionados recuperaron sus puestos académicos hasta la entrada de la Restauración monárquica de Alfonso XII, en 1875. El regreso de Orovio al Ministerio de Instrucción Pública con el gobierno de Cánovas de Castillo hizo que se reabriese la cuestión de la libertad de cátedra. El 26 de febrero de 1875, publicaba un Real Decreto estableciendo una lista de libros de texto autorizados para su utilización en el sistema educativo. Además, obligaba a los profesores a presentar el programa de su cátedra para su revisión y aprobación. Aquella medida se justificaba en los "perjuicios que a la enseñanza ha causado la absoluta libertad, las quejas repetidas de los padres y de los mismos alumnos, el deber que tiene el gobierno de velar por la moral y las sanas doctrinas y el sentimiento de responsabilidad que sobre él pesa".

En el fondo estaba el interés de la Iglesia católica de seguir controlando el tipo de formación de los españoles con el simple argumento de que "cuando la mayoría y casi la totalidad de los españoles es católica y el Estado es católico, la enseñanza oficial debe obedecer a este principio, sujetándose a todas sus consecuencias".

Con esta medida se aseguraba la no circulación de cualquier libro de texto contrario al régimen político y a la doctrina de la Iglesia católica. Y en este ataque a la libertad de conciencia está el origen de la Institución Libre de Enseñanza.

proyecto edificio Institución Libre Enseñanza
INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

Este nuevo atentado a la libertad de cátedra desencadenó las protestas de los sectores liberales, entre ellos la de Francisco Giner quien, junto con los profesores Azcárate, González Linares y Calderón, fue detenido en abril de 1875, y trasladado a la prisión militar del Castillo de Santa Catalina, en Cádiz.


Tras este desafortunado suceso, empezó a madurar la forma de crear una institución académica en paralelo al vigente sistema educativo estatal, junto a otros profesores, escritores y empresarios.

El 10 de marzo de 1876, se aprobaron los estatutos de constitución de la Institución Libre de Enseñanza. En la fundación estuvieron presentes algunos de sus colegas también excluidos de la enseñanza pública: Julián Sanz del Río, Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sanz Rueda y Nicolás Salmerón. El 29 de octubre, se inauguró el primer curso, permaneciendo en funcionamiento hasta el comienzo de la Guerra Civil, en 1936. Desde entonces, Giner se volcaría en el funcionamiento de este proyecto como rector.

Desde su humilde sede, ubicada en el paseo del Obelisco, se impartiría primaria, secundaria y superior. Era estrictamente privada e independiente, cuya intención era formar espíritus libres y responsables. No se hacía ningún examen ni se establecía competencia alguna; estaba prohibida la emulación entre alumnos, y la neutralidad religiosa era norma.

Giner fue también filósofo del Derecho, que comprende Filosofía, Historia del Derecho y Ética. Sus principales publicaciones fueron Principios de derecho natural, en 1873, y Resumen de filosofía del Derecho, en 1898. A título póstumo de publicaron sus Obras, entre 1916 y 1965.

PRINCIPIOS DEL DERECHO NATURAL, POR FRANCISCO GINER

Reducía al Estado a su función jurídica y represiva. Su pensamiento evolucionó del dualismo Derecho natural y positivo hacia un Iusnaturalismo que englobaba el derecho y la suma de los actos jurídicos planteados por todos los sujetos del derecho. Aunque en su opinión el derecho ideal no existe, ni ley injusta, porque sólo es en apariencia y forma.


Para Giner, el derecho procede de la razón, y no de la voluntad; se regula con la moral y rige las relaciones y fines de la vida, sin ser tradicionalista ni historicista. Es personalista y liberal, defendía la libertad de acción humana, la propiedad privada y el Liberalismo económico. En alguna ocasión se preocupó de la propiedad social, pero sin convicciones. No le preocupó la necesidad de igualdad ni el establecimiento del sufragio universal; para él lo urgente era elevar el nivel mental y cultural del pueblo.

El sistema filosófico de Giner está basado en el concepto de "persona social", concibiendo el carácter social como un escalonamiento de grupos más o menos extensos. Presentaba al ser humano como un centro de actividades con varias dimensiones: racional, social, estética, sentimental, productiva, etc., todas las cuales deben desarrollarse dentro de un proyecto integral de educación. Por otro lado, el individuo humano es expresión de la naturaleza y conlleva la posibilidad de estimular el desarrollo de la misma, mediante las capacidades morales. Este es un principio de optimismo antropológico proveniente de la Ilustración.

La razón humana existe para descubrir el bien y aplicarlo en la conducta práctica de la vida. En esta línea, el conocimiento óptimo y adecuado del mundo implica la realización del bien. Por tanto, si este conocimiento supone el correspondiente comportamiento ético en el individuo, dicha filosofía habría que desembocar en un proyecto educativo que transformaría a la sociedad.

La racionalidad libre del espíritu humano es expresión de la bondad de la naturaleza. Así, siguiendo las ideas de Krause en el Ideal de la Humanidad, Giner afirma que:
"La naturaleza tiene en sí su bondad esencial, su belleza, su dignidad; mutilarla en nuestro cuerpo, abusar de ella, afearla, menospreciar y profanar la imagen de Dios en ella, es olvidar la ley de la armonía divina en la humanidad."

Esta idea lleva a la rehabilitación del cuerpo, "no sólo por propia bondad como la más bella de las criaturas naturales, sino como el órgano ante la naturaleza y el espíritu …"

Los objetivos pedagógicos que se desprenden de esta postura filosófica son: desarrollo de la razón individual, atención y cultivo del cuerpo, estímulo a las capacidades naturales del ser humano, supresión de toda coacción externa y libertad de acción e indagación, inmersión en la naturaleza, etc.

Estas tendencias pedagógicas fueron fruto de su influencia que en él ejercieron la filosofía racionalista de Karl Christian Friedrich Krause y la educación liberal de Jean-Jacques Rousseau, Friedrich Fröbel y Johann Heinrich Pestalozzi, o el español Pablo Montesino.

FRANCISCO GINER Y KARL KRAUSE

Los principios que inspiraron la orientación pedagógica de Giner son:

1. La educación debe estimular el uso de la razón con el fin de desarrollar una conciencia ética carácter individual. Se elude toda coacción o disciplina externa, que iría en contra de la íntima libertad de conciencia, prescindiendo de premios o castigos; los premios incentivan la envidia y la competencia, mientras los castigos estimulan la hipocresía.

2. El fin de toda pedagogía debe ser primar la educación frente a la instrucción; si ésta tiende a dar información y a almacenar conocimientos, aquella se propone formar hombres que desarrollen su propia personalidad. Se tiende así a eliminar los "libros texto", "programas", "exámenes", etc.

3. La educación propuesta debe ser integral, continua y sin fisuras, lo que implica que la vida debe estar presente en la escuela, favoreciendo la coeducación, el contacto con la naturaleza, los viajes socioculturales y eludiendo el que tenga sólo carácter intelectual, para completar su desarrollo armónico mediante el cultivo del arte, la educación física el juego colectivo, los trabajos manuales, etc.

4. La aplicación del método intuitivo, mediante el cual el educado, en contacto con las realidades vivas, vaya desarrollando su propio proceso cognoscitivo y humano, al mismo tiempo que mediante el contacto socrático con el maestro, éste se convierte en “comadrón” de los conocimientos del alumno.

5. El respeto a la libre conciencia individual del educado exige la neutralidad religiosa de dicha educación, sin que implique un compromiso explícito con el laicismo. La Institución Libre de Enseñanza se manifiesta aconfesional y evita toda imposición dogmática o cualquier clase de proselitismo; pero respeta con máximo escrúpulo las creencias religiosas del educado, cualquiera que éstas fuesen. No se trata de una escuela laica, sino neutral.

En varias partes de su obra escrita, Francisco Giner hacía distinción entre educación e instrucción. El verdadero objetivo de la enseñanza debe ser la educación, pues la instrucción por sí sola no puede cumplir aquel objetivo que consiste en el desarrollo pleno de la personalidad. A fin de conseguir esta, Giner hizo una crítica a fondo del tradicional sistema de enseñanza al que juzgó excesivamente intelectualista y memoralista, que son sólo dos aspectos de la personalidad humana.
"No cabe promover el desarrollo de la inteligencia sin el de nuestras restantes facultades."
Razón por la que en la Institución se prestase especial atención a otros aspectos fundamentales para la formación de una auténtica y plena personalidad. Algunos de esos aspectos humanos quedaron descritos, por ejemplo, en su Discurso inaugural del curso 1880-1881:
"… la gimnasia, llamada a mejorar las condiciones de una raza empobrecida; el dibujo, que tan maravillosamente despierta el espíritu de observación y amor a la naturaleza y el arte; el canto, que inicia el sentido estético en la esfera más propia y familiar al niño; los ejercicios manuales, que lo educan para el aprendizaje técnico, dan rienda suelta a la tendencia plástica y creadora de la fantasía; las excursiones, uno de sus más poderosos elementos las cajas de ahorro, que habitúan al uso racional de los bienes."
 
RESUMEN DE FILOSOFÍA DEL DERECHO, POR FRANCISCO GINER

En cuanto a los medios de aprendizaje, Giner prestó especial atención al método intuitivo, que no puede confundirse con una enseñanza empírica. En este incluye la observación sensible, pero también la introversión, la reflexión por cuenta propia, el estímulo de la actividad crítica y creadora, el desarrollo del elemento racional con sentido de responsabilidad, el impulso hacia el trabajo propio y personal, alimentando toda clase de iniciativas sanas y enriquecedoras de la personalidad. De forma breve, todo aquello que contribuya a que el alumno reciba intuitivamente el contenido de la enseñanza a través de la realidad, y no por medio de abstracciones y generalizaciones cuyo sentido resulta a veces difícil de precisar. El método intuitivo es, en definitiva, el método activo, con el que puede identificarse.

En este planteamiento pedagógico orientado al desarrollo de la personalidad desde la implantación de unos intereses morales y espirituales, más que desde el aprendizaje forzoso de unos contenidos y unas disciplinas, ocupa primer plano la refundación de la primera y segunda enseñanza en un todo indiviso.

Entendía que el objetivo esencial de la enseñanza es la educación como forja de actitudes creadoras, y no la simple instrucción de unas disciplinas sistemáticas y compartimentadas. La escuela debía promover la educación frente a la instrucción; formación frente a información; reflexión sobre el contenido y significado de los hechos frente a la mera retención de éstos. Además, debía educar la sensibilidad del alumno mediante la exaltación del arte, la religiosidad, el gusto por el trabajo, el respeto a la ley, el patriotismo sincero, el placer del deporte y el respeto a la naturaleza.

Resumía Giner, la Institución Libre de Enseñanza "aspiraba a formar caracteres, a estimular la unidad de las fuerzas del espíritu, a encender a la juventud de todo lo noble que la vida alberga, a formar hombres".

Por tanto, la escuela debía ser una etapa espontánea de la vida, y no una situación artificial como la que luego se produce en la universidad con "profesores particulares para cada enseñanza, clases numerosísimas de la misma factura y duración, explicaciones, preguntas, libros de texto, apuntes, estudio individual del alumno fuera de las aulas…"

La nueva visión de la enseñanza propuesta por Giner y la Institución debía evitar los viejos símbolos materiales de un sistema tradicional y anquilosado. Con esta explicación en Ensayos:
"Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro, barrera de hielo que aísla y hace imposible toda intimidad con el discípulo; suprimid el banco, la grada, el anfiteatro, símbolos perdurables de la uniformidad y del tedio. Romped esas enormes masas de alumnos, por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección o a alternar en un interrogatorio de memoria, cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicios y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor a todos esos elementos clásicos por un círculo poco numeroso de escolares activos que piensan, que hablan, que discuten que se mueven, que están vivos, en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro. Vedlos excitados por su propia espontánea iniciativa, por la conciencia de sí mismos, porque sienten ya que son algo en el mundo y que no es pecado tener individualidad y ser hombres. Hacedlos medir, pensar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; discutir, como en Grecia, los problemas fundamentales del ser y distinto de las cosas; sondear el dolor en la clínica, la nebulosa en el espacio, la producción en el suelo de la tierra, la belleza y la Historia en el museo que descifren el jeroglífico que deduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que descubran, que adivinen nuevas formas doquiera… Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía en el trabajo; los discípulos, una familia; el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo, lo que pierde en pompas y en gallardas libreas."


La naturaleza es el único criterio permanente en esa enseñanza, y de él saldrían todos los demás: la mentalidad crítica y creadora contra la enseñanza mecánica y memorística; la iniciativa y actividad del alumno contra su pasividad receptiva; el saber enciclopédico contra una cultura especializada y regimentada en disciplinas; la creación de intereses y actitudes elevadas contra una mera instrucción aséptica.

Entre aquellos aspectos de lo natural hay que destacar la coeducación entre alumnos y alumnas, muy en contra de cualquier separación artificial entre sexos.

La enseñanza debe ser natural, y el maestro debe estar entre los alumnos como uno más. Las relaciones entre jóvenes y profesores estaban despojadas de autoritarismo y pedantismo. Si verdaderamente sabe más y es mejor que los alumnos, se impondrá sobre ellos con la única base que puede tener para ello un auténtico maestro: por su autoridad moral. El maestro se impone por su propio peso específico entre los alumnos. La verdadera enseñanza gira en torno al hombre, y si el maestro lo es de verdad no es necesario todo los demás: leyes, decretos, aulas, cátedras, bancos, gradas, programas y disciplinas. Por eso decía:
"El maestro no representa un elemento importante de ese orden educacional, sino el primero, por no decir el todo. Dadme el maestro y os abandono la organización, el local, los medios materiales, cuantos factores, en suma, contribuyan a auxiliar su función. Él se dará arte para suplir la insuficiencia o los vicios de cada uno de ellos."

Una vez reintegrado a la cátedra de Filosofía del Derecho, pudo desarrollar esta innovadora tipología de formación académica en el interior de un aula del viejo edifico de Noviciado. Sus alumnos más interesados y entusiastas se reunían sentados en círculo, junto a algunos libros y papeles, para desarrollar la clase en forma de diálogo, sin preocuparse de la hora de finalización.

Ejercía una fuerte influencia sobre los jóvenes profesores y doctorados. Según su sobrino y discípulo, Fernando de los Ríos:
"Los hallaba en esa edad de inquietud propicia a recoger la siembra de un sembrador experto."
"Y aquella permanente ansia moral en que vivió don Francisco y hacía de él en todo instante una llama clara y viva, dio calor, luz y esperanza a cuantos se le acercaban."

Giner vivió para la Institución Libre de Enseñanza, dedicando todo su esfuerzo e ilusión a este ideal. El doctor Antonio de Zulueta, primer genetista español, escribió sobre él:
"Austero, heroico, don Francisco sabía lo que valían el trabajo y el sufrimiento y las lágrimas: nada puso jamás por encima del cumplimiento del deber. Cada minuto de su vida era una lección."

Y el mismo Giner escribió en cierto momento: "Cada hora bien vale por sí un infinito, aunque fue única"; lo cual comentó Zulueta, diciendo: "No hubo acaso en si vida una hora, una sola hora consciente, que no valiese ese infinito."

María Dolores Gómez Molleda, en su obra Los reformadores de la España contemporánea, publicada en Madrid, en 1966, escribió así de él:
"Todo habla en don Francisco de su vocación enorme de maestro. Todo dice en él de su ansiosa incontenible de proyección y de magisterio. Todo descubre en él, el secreto de verdadero educador: la entrega."

FERNANDO DE LOS RÍOS Y ANTONIO DE ZULUETA

Su saber, su humanidad, su sencillez y su humildad se imponían siempre por encima del orgullo, del boato o de la pedantería de algunos. Aunque bajo un ambiente aconfesional, se respiraba un cierto aire franciscano. Zulueta llegó a escribir a su muerte: "puede decirse, sin exageración alguna, que fue un santo". Un santo laico para el que el armo de la Naturaleza lo era todo.

Miguel de Unamuno también dejó escrita su opinión personal, tras la muerte de Giner, en 1915, a quien lo llegó a comparar con Sócrates, uno de los grandes maestros occidentales de la palabra: 
"Nunca olvidaremos nuestro Sócrates español, con aquel supremo partero de mentes ajenas. Inquiría, preguntaba, objetaba, obligándonos a pensar. Y después de una de aquellas charlas con él volvíamos a casa tal vez sin haber recibido de él ninguna idea nueva; pero lo que vale más son nuestras propias ideas, antes turbias, aclaradas ahora, habiendo descubierto en nosotros mismos puntos de vista que ignorábamos antes, conociéndonos mejor y conociendo mejor nuestros propios pensamientos que no conocíamos antes de habernos acercado a él. Este era el maestro."

Rubén Landa lo definía como tópico que no necesitaba demostración, un ejemplo por encima de la palabra:
"Sabido es que la persona y la vida de don Francisco Giner tienen aún más valor que su obra escrita, con ser el de ésta muy considerable."

Giner era el "Sócrates español", porque fue un hombre de tradición oral, como lo fue el filósofo de la Grecia clásica, pues según él mismo su más alto ministerio era "administrar el santo Sacramento de la conversación".

Pero no sólo era la palabra su medio pedagógico de acción, lo era el ejemplo, la conducta y la influencia personal. Uno de sus discípulos, Pablo de A. Cobos, explicó cómo fue el cambio del panorama espiritual de España entre 1876 y 1930, atribuyendo una aportación especial a Giner y su Institución:
"Con una escuela, la más humilde escuela de Madrid, la Institución Libre de Enseñanza, con un procedimiento: la influencia personal, y con unos principios firmísimos de conducta irreprochable. A su lado, un grupo de hombres, con la hombría en toda plenitud. Junto a cada uno de estos hombres, otro grupo, cada día más amplio. Y otro grupo luego. Y repartidos por toda España, y por todas las actividades del pensamiento, educando siempre con la palabra y con la conducta."

El objetivo final de esa orientación pedagógica en Francisco Giner y la Institución Libre de Enseñanza era la formación del hombre. Así lo corroboraron sus discípulos. Uno de ellos, Rubén Landa escribió que Giner fue un "forjador de caracteres y más que un reformador, un formador de maestros que pudieran comenzar por hacer su reforma interior".

José Pijoán en su libro de recuerdos Mi don Francisco Giner escribió que "hacer hombres" era su tarea pedagógica obsesiva.
"Leyes, decretos, ¿para qué? Si, como ustedes dicen, no tenemos gente para aplicarlos."

Pijoán comentaba:
"Ésta era la obra lenta, pero segura que tenía apartado al Abuelo de las Academia y Parlamentos: ¡hacer hombres! Recordémoslo bien, que él no quería hacer una inteligencia o una aristocracia intelectual para transformar el país con reformas, ni un Port Royal español con jansenitas del siglo XIX, sino un grupito de hombres útiles, prácticos, activos, que dieran ejemplo de la vida moderna anticipándose sólo a la conversación de los demás."

Manuel Azaña llegó a decir que "la obra de Giner es tan considerable que hoy, cuanto existe en España de pulcritud moral lo ha creado él".

UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS DE LIMA


La Universidad de San Marcos de Lima fue la primera institución de estudios superiores fundada en la América continental, y la que tuvo más irradiación e influencia. Por iniciativa de su fundador Tomás de San Martín, fue la primera universidad de América en ser reconocida oficialmente por la Corona española mediante real cédula fundacional del emperador Carlos V, el 12 de mayo de 1551, adelantándose a la Universidad de Santo Domingo, que solo era aprobada por la bula papal.

En 1571, adquirió el grado de universidad pontificia otorgado por el papa Pío V, siendo nombrada como Real y Pontificia Universidad de la Ciudad de los Reyes de Lima, capital administrativa, económica y cultura del Virreinato del Perú.

UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS DE LIMA

La Universidad de San Marcos de Lima fue la primera institución de estudios superiores fundada en la América continental, y la que tuvo más irradiación e influencia. Su origen se encuentra en el Estudio General que se organizaba en los claustros del Convento y Basílica del Rosario, regentado por la Orden de Santo Domingo hacia 1548, en la ciudad de los Reyes de Lima, capital del Virreinato del Perú. Su objetivo principal era satisfacer las necesidades de la formación y educación del clero en el nuevo territorio conquistado del Imperio español.

Surgió esta idea en el capítulo de la Orden de Santo Domingo, celebrado en Cuzco, el 1 de julio de 1548. Poco después, el 23 de enero de 1550, unidos religiosos y miembros del cabildo limeño, decidieron enviar procuradores a la Corte para solicitar del rey la realización del proyecto.

Su fundación provisional fue propuesta por el virrey Antonio de Mendoza y gestada por el dominico de origen andaluz fray Tomás de San Martín. La iniciativa fue aprobada por real cédula fundacional del emperador Carlos V en Valladolid, el 12 de mayo de 1551. Fue la primera universidad de América en ser reconocida oficialmente por la Corona española mediante real cédula, adelantándose a la Universidad de Santo Domingo, que hasta la fecha solo era aprobada por la bula papal de Paulo III en 1538. Quedaba, pues, legítimamente constituida la Universidad, que según Francisco de Toledo iba a ser "el foco principal de la cultura en el virreinato peruano, portador de la verdad, de la civilización y del progreso".

La real cédula permitía que los cursos académicos comenzaran en el Estudio General, hasta que se diera orden de establecerlo en otro edificio más adecuado. La petición limeña exigía el mismo sistema que regía la Universidad de Salamanca; la cédula concedía aquellas exenciones pero limitados en cuanto a la jurisdicción y exención de tributos, que se les niega en un principio.

Perú universidad antigua San Marcos
ANTIGUA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS DE LIMA

En el primer claustro de profesores colaboraron en la docencia algunos dominicos llegados de la Universidad de Salamanca:

Antonio de Hervias fue uno de los primeros que obtuvo grados o se incorporó en la naciente Universidad limeña, que llegó a ser catedrático de Prima de Teología y prior-rector en 1565-1566 y 1571.

Bartolomé de Ledesma fue uno de los grandes teólogos, discípulo de Francisco de Vitoria en el Convento de San Esteban y alumno de la Universidad de Salamanca. Impartió en Santo Domingo, luego fue uno de los miembros más destacados de la naciente Universidad de México, y desde 1580 en la de Lima, con el virrey Enríquez, siempre como catedrático de Prima de Teología.

Juan de Lorenzana llegó a ser prior del convento de Lima y luego provincial, y catedrático de Prima de Teología, como los anteriores. Gran discípulo de la denominada Escuela de Salamanca, fue el nuevo Báñez a quien todos consultaban.

Luis López de Solís fue agustino, catedrático en Lima y después en Quito.

Diego de León Pinelo fue rector, conocido por su poema apologético en defensa de la Universidad de San Marcos.

Francisco de León Garavito fue catedrático de Prima de Leyes, y rector

Pedro Gutiérrez Flores pertenecía a la Orden militar de Alcántara, fue rector, visitador y reformador.

Óleo fundación Universidad San Marcos Lima Perú Tomás San Martín
ESCUDO FUNDACIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS DE LIMA

La acción del virrey Francisco de Toledo marcó el inicio de la Universidad de Lima. Llegó al virreinato en 1567, y obtuvo la gobernación del virreinato a finales de 1569. Se ocupó de reorganizar la universidad, dándola tres cuerpos legislativos, dotándola de rentas y de mejores leyes, y fue el promotor del derecho universitario basado en la tradición salmantina.

Toledo se puso de parte de los que preferían la independencia de la institución y restó la rectoría a los dominicos. Expuso su argumentación al rey Felipe II y la conveniencia de trasladar la sede a otro edificio propio, fuera de las dependencias de la orden. Tras la aprobación real, un auto de la audiencia del 11 de mayo de 1571 autorizaba al claustro universitario para nombrar rector laico.

A su vez, los dominicos recurrieron al Vaticano en solicitud de la confirmación pontificia de la universidad, cuya dirección querían arrebatarles. Y así fue como el 25 de julio de 1571, adquirió el grado de universidad pontificia otorgado por el papa Pío V mediante el breve Exponi Nobis, con lo que terminó siendo nombrada como Real y Pontificia Universidad Mayor de la Ciudad de los Reyes de Lima, aunque llamada de forma coloquial como Universidad de Lima. Aquella bula confirmaba las mismas facultades y privilegios que la de Salamanca. Los dominicos se habían anticipado así a las gestiones de Felipe II ante la Santa Sede, en octubre de 1571 y mayo de 1572, para obtener la aprobación pontificia y concesión de los privilegios salmantinos a las tres universidades de Santo Domingo, Lima y México.

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CASONA DE SAN MARCOS DE LIMA

Su primera constitución fue aprobada por el virrey Francisco de Toledo en 1571. Contenía 43 estatutos, que estaban basados en los de la Universidad de Salamanca: las Constituciones de Martín V, base de todo el derecho universitario salmantino, y los Estatutos de 1538, con las reformas de Covarrubias de 1561. Se trataba de una Salamanca en miniatura. Después fueron aprobadas dos nuevas constituciones, en 1578 y 1581. La última era una recopilación de las anteriores, que rigió la vida universitaria durante el periodo hispánico, con adiciones provenientes de órdenes emanas de la Corona y de las reformas introducidas por otros virreyes. Estas fueron la de 1584, por el virrey Martín Enríquez de Almansa, y la de 1624, por el virrey Diego Fernández de Córdoba. Esta sucesión de constituciones daba muestra de una vitalidad legislativa en el ámbito universitario de primer orden, dejando su impronta característica en otros centros, tales como la Universidad de San Felipe de Santiago de Chile.

Por lo general, se recogen en distintos capítulos los aspectos relativos a la elección del rector y los oficiales, consiliarios y vicerrectores, doctores y maestros del claustro, de las cátedras y los catedráticos, sobre los estudiantes y oyentes, sobre el mayordomo y el secretario, etc. Es decir, todos aquellos aspectos que pueden ayudar a regular la vida universitaria en sus distintas vertientes.

La utilización de los mismo privilegios y prerrogativas de la salmantina quedaba regulada a través de una real cédula expedida por Felipe II el 31 de diciembre de 1588 por la que se concedían a los estudiantes de la limeña los mismo privilegios, libertades y exenciones que disfrutaban los estudiantes de Salamanca, sin limitaciones. Al año siguiente, la salmantina enviaba a la limeña una copia de sus privilegios para la implantación y conservación por el rectorado, a petición de la Corona mediante real cédula del 1 de marzo de 1589.

De hecho, aunque la realidad académica fue muy discreta en cuanto a los recursos económicos que poseía en sus inicios, los catedráticos pretendieron cuidar con esmero la enseñanza universitaria. Y toda aquella labor realizada desde su fundación y los resultados obtenidos, tanto por la de México como como por la de Lima, fueron tenidas en consideración por Felipe II.

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SALA CAPITULAR DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO

La Universidad de San Marcos inició sus labores con las facultades de Filosofía, de Teología y de Artes, posteriormente se crearon los cánones de Leyes y Medicina. También se erigieron las cátedras de Gramática y de Lengua Indígena. Otorgaba los grados bachiller, licenciado y doctor. 
Hacia 1578, funcionaba con doce cátedras, entre ellas dos de lenguas nativas. Sobre la de Medicina, los dos primeros rectores fueron médicos.

Tanto la Universidad de México como la de Lima fueron las que más asimilaron la herencia de la Universidad de Salamanca, de su espíritu, de sus leyes y de sus costumbres. Fueron el modelo a seguir en su devenir académico hasta el punto de convertirse en prototipo oficial y Alma Máter de las siguientes fundaciones universitarias por el continente americano, sobre las que ejercieron una especie de jurisdicción, preponderancia y asesoría.

Según el catedrático de ambas Bartolomé de Ledesma, las universidades fundadas en América eran moldeadas "a imagen y semejanza de la Universidad de Salamanca", y las Universidades de Lima y México eran "como gajos desprendidos del antiguo árbol de la sabiduría hispana, cifrada en Salamanca".

Sobre la severidad de los estudios en Lima, el licenciado Agustín Valenciano de Quiñones aseguraba:
"En esta dicha ciudad hay mucho secreto ni más ni menos que en la dicha ciudad de Salamanca y que se ha hecho y hace con toda autoridad y gasto que en Salamanca ha visto que ésta es la verdad."

Los virreyes del Perú se preocuparon eficazmente por la marcha del primer centro cultural de su gobernación. Como explica el peruano Luis Antonio Eguiguren en su Historia de la Universidad:
"No sólo veían en la Universidad el poder de creación de los Reyes sino el símbolo de Salamanca, es decir, el esfuerzo por la cultura, por el perfeccionamiento espiritual."

sello escultura universidad San Marcos Lima Tomás Martín
SELLO DE LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS Y TOMÁS DE SAN MARTÍN

La Universidad de San Marcos experimentó un notable crecimiento a lo largo del siglo XVII. Las reformas emprendidas durante la década de 1630 afectaron, fundamentalmente, a la provisión de cátedras, la elección del rectos y los requisitos necesarios para la matriculación. Las visitas e inspecciones a las que se sometía este institución durante las décadas centrales del siglo XVII permitieron corregir algunas deficiencias en el sistema de provisión de cátedras, tan sometidos al chantaje y la extorsión. Precisamente, las cátedras de Teología y Sagrada Escritura, reunían "el tesoro de la Sabiduría", según textos de algunos cronistas de la época.

Una de las reformas afectó a la participación del estudiantado en las elecciones universitarias, privándose de un derecho adquirido y reconocido por la Universidad de Salamanca. La protesta de los estudiantes limeños, a mediados de la década de 1680, levantó tal revuelo que se recuperó el derecho al voto no solo para cierto número de bachilleres, que podrían ejercerlo durante dos años, sino también para quienes pertenecían al gremio de los manteístas, es decir de los estudiantes no colegiales.

Esta institución se fue convirtiendo en el principal centro de formación con el que el rey de España proveía a sus administraciones virreinales de gobierno y de justicia, también en el estamento eclesiástico, síntoma claro de su fructífera labor docente. Esto fue tenido en cuenta desde la metrópoli peninsular, y se estimaban los grados conferidos en las Universidades de Lima y de México. La real cédula del 24 de noviembre de 1698 expresaba que gozaban de la misma consideración y prerrogativas que los grados peninsulares.

Según las Reales cédulas de la Real y Pontificia Universidad de México, por J. Tate Lanning, de 1946:
"… como universidades que están en el cuerpo de estos reinos deben ser admitidos los grados de los de Lima y México para las prebendas de oposición de las iglesias de España y que los naturales de aquellos reinos deben gozar de los mismo honores y prerrogativas que los nacidos en Castilla, como siempre se ha practicado sin controversia, habiendo obtenido todo género de puestos y dignidades."

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CASONA DE SAN MARCOS DE LIMA

Existe un testimonio elocuente del progreso que había obtenido la San Marcos en la primera mitad del siglo XVII, por el avance de sus estudios, por el número creciente de sus cátedras y por la cantidad y calidad de sus graduados. Se trata de la defensa de la Universidad de Lima que hizo el alumno en Salamanca y rector y catedrático de Cánones en Lima, Diego de León Pinelo, frente al ataque que hizo el humanista flamenco Justo Lipsio desde su Universidad de Lovaina. Lipsio hizo un recuento de las academias que a través de Lovaina han ido surgiendo, pero se olvidó de las de América, donde según él reinaba la barbarie.

La obra Alegato apologético en defensa de la Universalidad limense es un apología en estilo poético, gongorista y exaltado, dividida en se divide en veinte capítulos. Realiza una breve enumeración de las academias hispanoamericanas y, con respecto a la limeña, ofrece una confirmación de sus documentos y Constituciones en su fundación a imagen y semejanza de la salmantina, la única que la supera.
"Ninguna otra, numerosa la superará excepto una, la Universidad de Salamanca, que también es mía. Madre más antigua que aquella en la cual consumí siete años de estudios, hijo suyo soy, con gusto cedo, y esta Academia Limense cede, por voto y constitución, como hija y como heredera de las opiniones, Constituciones y privilegios de la Academia viviente, que con derecho justamente transmite esta herencia."
Además de la universidad, Lima contaba con otras instituciones educativas, donde se concentraba buen parte de la juventud de la ciudad:
1. el Colegio Mayor y Real de San Felipe y San Marcos
2. el Colegio Mayor y Real de San Martín
3. el Real Colegio de San Carlos, surgido de la fusión de los otros dos, que se centró en Derecho y Letras.
4. el Real Colegio de San Fernando, enfocado en Medicina y Cirugía
5. el seminario de Santo Toribio

Durante el siglo XVIII, la Universidad de San Marcos experimentó su máximo esplendor académico, pues como escribió el polígrafo Antonio de León Pinelo "doctores y estudiantes, no claustros y aulas hacen las universidades". Los actos universitarios se celebraban con glamur y solemnidad, sobre todo cuando la ceremonia permitía a los estudiantes estar cerca de los familiares de la casa real.

En 1771, se emprendió un dilatado programa de reformas. El catedrático en Leyes, José de Baquijano y Carrillo, intentó reformar algunos capítulos de las constituciones, como explicó en su Reglamento para la Real Universidad de San Marcos, publicado en 1816.

UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS

La universidad adquirió un prestigio hasta entonces desconocido, fue el centro impulsor de una serie de fundaciones universitarias que se inspiraron en ella y la tomaron como modelo. De ella salieron muchas personalidades de gran preparación para el gobierno eclesiástico y civil, con una historia estrechamente vinculada a la capital del virreinato.

Como llegó a señalar Luis A. Eguiguren: 
"Lima es también la capital verdadera de las colonias de España. Se convierte por tal motivo en el ágora de la acción política, llegando hombres representativos, sabios y eruditos, catedráticos y publicistas."

Su historia de más de cuatrocientos años ha formado a conquistadores y virreyes, libertadores y próceres, caudillos y militares, científicos y literatos. En sus aulas se instruyeron las élites peruanas y se preparó a los dirigentes intelectuales y estadistas de la República del Perú, donde extrajeron enseñanzas tan reconfortantes como las del respeto al ser humano o la libertad en su auténtico sentido.

Sobre su importancia, el escritor y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa dijo en reconocimiento como Alma Mater de la universidad:
"Los años sanmarquinos fueron para mí fundamentales desde el punto de vista intelectual, desde mi formación literaria y también desde mi formación cívica. Nunca me he arrepentido de haber ingresado a la Universidad de San Marcos y haber pasado aquí seis años. 
[...] San Marcos había sido a lo largo de su historia una institución inconforme, rebelde, donde se había soñado con un porvenir distinto para nuestro país. De esta universidad, no hay que olvidarlo, han salido las grandes figuras intelectuales del Perú, figuras que tanto en los dominios científicos como en las humanidades han representado la flor y nata de nuestro país. 
[...] San Marcos es una institución antigua, como decía Arguedas, la antigüedad es un valor, y pues uno de los valores peruanos es esta universidad, la más antigua de América, siempre un foco extraordinario de ciencia, de trabajo intelectual, de investigación, de creación, y también una institución que ha luchado incesantemente por la libertad, por un mundo mejor que el que tenemos, por un mundo de mayor igualdad, de mayores oportunidades, de mayor tolerancia, un mundo sin violencia, sin represión, un mundo que esté de alguna manera a la altura de las mejores cosas que ha dado a lo largo de la historia nuestro país."
 
Facultad Medicina Universidad Nacional Mayor San Marcos
FACULTAD DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS

El caudillo Simón Bolívar fue envestido Doctor Honoris Causa por esta institución en cuyo discurso se refirió con este texto:
"Señores, al pisar los umbrales de este Santuario de las Ciencias yo me sentí sobrecogido de respeto y de temor y al verme ya en el seno mismo de los sabios varones de la célebre Universidad de San Marcos yo me veo humillado entre hombres envejecidos en las tareas de profundas y útiles meditaciones, y elevados con tanta justicia al alto rango que ocupan en el orbe científico. Desnudo de conocimiento y sin mérito alguno vuestra bondad me condecora gratuitamente con una distinción que es el término y la recompensa de años enteros de estudios continuos. 
[...] Señores: Yo marcaré para siempre este día tan hermoso de mi vida. Yo no olvidaré jamás que pertenezco a la sabia Academia de San Marcos. Yo procuraré acercarme a sus dignos miembros, y cuantos minutos me pertenezcan después de llenar los deberes a que estoy contraído por ahora, los emplearé en hacer esfuerzos para llegar si no a la cumbre de las ciencias en que vosotros os halláis, al menos en imitaros."

Desde su fundación nunca suspendió su actividad docente ni fue cerrada, ni siquiera durante el conflicto de independencia con España o con posterioridad por conflictos internos, algo que ocurrió en muchas universidades hispano-americanas. Y es la que mayor tiempo ha funcionado desde su apertura, superando a la Universidad de Santo Domingo, que estuvo clausurada buena parte del siglo XIX.

Este hecho hace que la actual Universidad Nacional Mayor de San Marcos figure en documentos y publicaciones oficiales con el lema "Universidad del Perú, Decana de América".
El origen salmantino y espíritu hispánico en el que se fundaron las Universidades de Lima y de México y otras tantas derivadas de ellas ha perdurado a lo largo de los siglos, siendo en la actualidad un símbolo de identidad hispanoamericana.

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UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS DE LIMA