HISTORIOGRAFÍA PATRIÓTICA DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN


Militar, político e historiador, Fernán Pérez de Guzmán fue el arquetípico del aristócrata letrado y humanista, probablemente el mejor representante de la Literatura patriótica de retratos del siglo XV. Su principal obra historiográfica, Generaciones y semblanzas se caracteriza por la penetración psicológica del carácter de los personajes, por la influencia del Estoicismo de Séneca, por el estilo moralista, por la objetividad y veracidad.

HISTORIOGRAFÍA PATRIÓTICA Y SENEQUISTA DE PÉREZ DE GUZMÁN

Fernán Pérez de Guzmán nació en 1376 en Batres, Madrid. Fue sobrino del historiador, poeta y estadista Pedro López de Ayala y tío del poeta y militar Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, ambos muy relacionados con la Corte de Castilla, y discípulo y amigo del humanista y obispo Alonso García de Cartagena. Estos tres eruditos estuvieron muy bien conectados con la Corte de Castilla en diferentes épocas.

Sirvió al rey Enrique III de Castilla como embajador en Aragón. Después tomó parte en la batalla de La Higueruela, en la sierra de Evira, al mando del condestable Álvaro de Luna contra el Reino nazarí de Granada. En este encuentro salvó la vida al capitán Pero Meléndez de Valdés. Fue defensor de la legitimidad monárquica de Fernando de Trastamara en Aragón tras el Compromiso de Caspe en 1412, pero fue encarcelado por Juan II de Castilla durante una temporada. Cuando fue liberado, después de haber llevado una agitada vida como político y militar, se retiró en su señorío de Batres, donde se dedicó al estudio y la lectura hasta su muerte en 1460.

Su gran mentor fue el humanista hispanojudío Alfonso de Cartagena, quien le introdujo en la corriente del Estoicismo de Séneca y a quien le dedicó una elegía póstuma llamada Coplas a la muerte del obispo de Burgos. Pero antes, Cartagena ya le había dedicado el Oracional, con el que proponía edificarse religiosamente tras su conversión al Cristianismo. En este escrito, Cartagena puso de relieve los méritos de la oración desinteresada que estaba demostrando Pérez de Guzmán y a la que "nada mueve e inclina sinon fe e devoción".

A dicha preocupación, Pérez de Guzmán trató sin duda de responder el discípulo de Cartagena cuando, al escribir sus Coplas a él dedicadas, exclamaba:

Aquel Séneca expiró
a quien yo era Lucio,
la facundia y alto estilo
de España con él murió.

Así que non solo yo,
mas en España alto son,
debe plañir su Platón
que en ella resplandeció.

La yedra so cuyas ramas
yo tanto me delectaba;
el laurel de aquellas flamas
ardientes del sol tempraba,
a cuya sombra yo estaba;
la fontana clara y fría
donde yo la gran sed mía
de preguntar saciaba…

La dedicatoria es interesante, no sólo por lo que revela de las relaciones personales entre los dos humanistas, sino por esa asunción voluntaria de la actitud de Lucio frente a su señor, a quien identifica con Séneca en el trato mutuo y en su significación para España.

ALFONSO GARCÍA DE CARTAGENA Y LUCIO ANNEO SÉNECA

Como gran admirador que fue del filósofo Lucio Anneo Séneca, la filosofía estoica está presente en toda su erudición. De hecho, tradujo o mandó traducir las Epístolas morales de la versión italiana de Ricardo Petri. Sus Proverbios, Floresta de philosophos y Libro de Job son también moralizantes y ejemplarizantes. En concreto, la Floresta de los philosophos es una colección de sentencias de autores clásicos, sacadas la mayor parte de ellas de Séneca, inédita hasta 1904.

Además del estoico hispanorromano, estuvo influenciado por humanistas italianos como Dante Alligheri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio y aprendió el idioma italiano. La lectura de la Divina comedia de Dante, le proporcionó una inspiración para desarrollar su obra didáctica y moral y podrían ser el primer poeta en difundir el pensamiento de Dante en España.

Pérez de Guzmán es el más claro representante del Renacimiento humanista español y arquetípico del aristócrata letrado de su época. Está plenamente integrado dentro de esa categoría literaria de exaltación nacional llamada Literatura de retratos, a la que pertenecen los primeros humanistas del Renacimiento. Incluso puede ser el más preclaro exponente de esta literatura patriótica del siglo XV que inició Alonso García de Cartagena. Sus tres grandes obras de este género fueron:

Generaciones y semblanzas, en prosa proto humanística

Loores a los claros varones de Castilla, en lírica moral y didáctica

GENERACIONES Y SEMBLANZAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Las Generaciones y semblanzas es una de las obras cumbre de la historiografía y la prosa biográfica del humanismo castellano, escrita en 1450. Es una recopilación de treinta y cinco semblanzas, es decir retratos biográficos breves, de los cortesanos más importantes de su tiempo, incluyendo reyes como Enrique III y Juan II, reinas, nobles y altos prelados de la corte de Castilla, la mayor parte de los cuales conoció en persona.

Su valor historiográfico reside en la exposición íntima y subjetiva de la política castellana del siglo XV, alejándose de la alabanza excesiva para ofrecer retratos más humanos y realistas. Por eso, está considerada la primera colección de biografías modernas escrita en castellano, influenciada por modelos clásicos como Suetonio o Plutarco, y por la obra de su tío Pedro López de Ayala.

Esta obra forma parte originalmente de una crónica más extensa titulada Mar de historias, publicada en varias ocasiones durante el siglo XVI. Esta obra ampliada estaba formada por tres partes: la primera es una colección de retratos de emperadores y príncipes; la segunda otra colección de retratos de sabios y santos; y la tercera es esta misma colección Generaciones y semblanzas. Es esta tercera parte la única atribuida a Pérez de Guzmán.

GENERACIONES Y SEMBLANZAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Generaciones y semblanzas destaca por abandonar el estilo medieval de las crónicas generales para centrarse en el retrato psicológico y físico de individuos concretos. Cada semblanza está estructurada en este orden: 1. Descripción física; 2. Rasgos morales y carácter; 3. Hechos destacados de su vida; y 4. Circunstancias de su muerte.

Gracias a esta obra, el historiador Marcelino Menéndez y Pelayo le consideró el primer prosista del siglo XV, pues se trata de una prosa renacentista perfectamente equilibrada y clásica.

Por tanto, dicha historiografía se caracteriza por la penetración psicológica del carácter de los personajes, por el patriotismo literario de los mismos, por el Estoicismo senequista, y por el estilo moralista, rasgos en Pérez de Guzmán a los que hay que añadir la objetividad y veracidad.

Así, en el prólogo, señaló que estas virtudes de objetividad y veracidad de la semblanza debían ser las siguientes:

1. Discreción, sabiduría y buena pluma

2. Presencia y testigo del relato que se narra o utilización del testimonio de personas de total fiabilidad

3. Publicación de la obra tras la muerte del rey vigente al objeto de escribir la verdad sin temor a represalias

Aquí no sólo refleja la deontología propia del historiador, sino también el carácter ejemplificador y altamente moral de la misma. Si el historiador no fuese veraz, el daño moral que de esta habría de seguirse hubiese sido en consideración. Los reyes y los príncipes, clementes y liberales, como lo es la gloria o fama que de estos se sigue. Lo mismo ocurriría con los caballeros, que se ejercitan en la lealtad a los reyes, la defensa de la patria y la amistad con los suyos, virtudes que les llevan a desafiar la muerte y la ruina por la fama que comportan. Y en la misma circunstancia se vieron los sabios y letrados que escribían libros, impugnados a los herejes y acrecentando la devoción de los cristianos. Explica que:
"Todos estos, ¿qué fruto reportarían de tantos trabajos, faziendo tan virtuosos actos e tan útiles a la república, si la fama fuese a ellos negada e atribuida a los negligentes e viles, según el albedrío de los tales, non estoriadores, más trufadores? Por cierto seguirse hía de aquí un terrible daño: non digo el error de la mentira, nin la injuria de los que la fama merescen, mas, lo que más grave es, que los que por la fama trabajan, desesperados de la haber quedarían, e se retraerían de fazer obras e actos nobles e virtuosos: ca todo oficio tiene su fin cierto en que mira e entiende."

La objetividad o veracidad era la condición primaria y fundamental, pero Pérez de Guzmán unía otras virtudes: su penetración psicológica del carácter de los personajes que retrata; su severidad en la denuncia del mal; su natural mensura y templanza que no le llevó a extremar lo anterior; y la concisión y elegancia de su estilo.

LAS SETECIENTAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

En cuanto a su poesía, Loores a los claros varones de España, además de moral y didáctica, es conceptuosa y afectada de carga grecolatina, como era habitual en su tiempo. Fue escrita tras su destierro en Batres, como las Generaciones.

Su otra gran lírica fue Las Setecientas, impresa en 1492 y en sucesivas ocasiones durante el siglo XVI. Ejecutadas en forma de octavillas en estilo llano, es un análisis sobre las condiciones, virtudes y defectos del ser humano muy acorde a la filosofía senequista:

Tú, hombre que estás leyendo,
este mi simple tractado
nunca ceses comidiendo
cómo vivas más honrado.

Miémbrate que eres formado
de muy vil composición
y sin otra excusación
has de ser a ella tornado...


CENOTAFIO DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

UNIVERSIDAD DE MAREANTES DE SEVILLA


La Universidad de Mareantes de Sevilla fue una institución gremial de marinos fundada en 1569 por los propietarios de embarcaciones, capitanes, maestres y pilotos de la Carrera de Indias de esta ciudad. Tuvo su sede en la Casa de las Columnas, el arrabal de Triana, en los siglos XVI y XVII, y en el Palacio de San Telmo, en el XVIII.

Se dedicaba a la defensa de los intereses de los marinos, la enseñanza práctica de la navegación y la náutica a los futuros marineros, y el servicio hospitalario de sus miembros involucrados en la red de rutas marítimas comerciales con europeas y americanas.

UNIVERSIDAD DE MAREANTES DE SEVILLA

En las primeras décadas del siglo XVI, la ciudad de Sevilla experimentó un auge económico debido a ser sede de la Casa de Contratación de Indias y punto de partida y llegada de las embarcaciones que cursaban la Carrera de Indias con destino a los territorios descubiertos y por descubrir del Nuevo Mundo. Esto implicó la llegada a la ciudad de numerosos profesionales implicados en las artes marítimas, la construcción naval y la actividad mercantil.

Las gentes dedicadas a la marinería solían agruparse y ayudarse formando cofradías religiosas. Estas hermandades fueron habituales en los puertos de España en aquella época. Así surgió la Hermandad de Nuestra Señora del Buen Aire, también llamada Cofradía de Santa María del Buen Aire, que debió crearse en las primeras décadas del siglo XVI. La Hermandad estaba bajo la advocación de la Virgen del Buen Aire y la protección de San Pedro y San Andrés.

Según el preámbulo de sus ordenanzas, la Hermandad pretendía proteger a los marineros y tripulantes que navegaban en la Carrera de Indias, proporcionar asistencia médica a los que la precisen, y mantener a las viudas y huérfanos de los marinos muertos "por mejor remediar algunas necesidades que se ofrecen en los susodichos, sus mujeres, hijos e criados…".

SEVILLA, SIGLO XVI

A mediados del siglo XVI, los miembros del Hospital, Iglesia y Cofradía de Mareantes decidieron organizar otra institución con carácter jurídico y gremial, distinta a la actual religiosa y piadosa. La Universidad de Mareantes, también llamada Universidad de la Mar, tuvo su fundación formal el 13 de marzo de 1561, fecha en la que fueron aprobadas sus ordenanzas por el arzobispo de Sevilla, el dominico Domingo de Pimentel. Esta normativa fue sancionada por Felipe II y archivada por la Casas de Contratación mediante real cédula del 22 de marzo de 1569. Desde entonces, la Universidad funcionó como una entidad separa de la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire, pero manteniendo su vinculación.

El propósito de esta institución, prolongación natural de la primera, fue la reunión y residencia de los propietarios de las embarcaciones, así como de los capitanes, pilotos y maestres involucrados en la Carrera de Indias. Sus objetivos se ampliaron hacia el aumento y defensa de los privilegios mercantiles en relación con las actividades empresariales y marítimas de la Carrera de Indias. Sus actuaciones principales trataban sobre la organización de los barcos que formaban las flotas mercantes y la toma de medidas para asegurar el tránsito a través de las rutas, así como la elección de sus marinos y el tipo de pilotaje, el desarrollo de la industria naval, y la defensa jurídica de sus miembros. No solo defendía los intereses de los mareantes, también los de otros grupos de profesionales de la Carrera de Indias como los calafetes y carpinteros, los comerciantes, los tripulantes, los pasajeros, etc.

Para la consecución de sus objetivos, la Universidad tuvo que mantener una relación con la Corona, con la Casa de la Contratación y con el Consulado de Cargadores. De hecho, la Universidad, la Casa y el Consulado formarían el triunvirato sevillano de poder mercantil de la Carrera de Indias.

Otra de las finalidades de la Universidad era la formación técnica de futuros marinos. La cátedra en el Arte de Navegar fue aprobada por real cédula en 1552. El ciclo formativo en materias como Pilotaje, Marinería y Artillería duraba cuatro cursos. Se instruían a chavales en edades comprendidas entre 8 y 14 años, preferiblemente de origen español, clases social humilde y en estado de orfandad. De esta forma, se convirtió en una cantera de futuros marinos que salían de la pobreza y a la vez Carrera de Indias se aseguraba la contratación de tripulantes suficientemente cualificados y disponibles.

CASA DE LAS COLUMNAS

En 1573, la Universidad estableció su sede en una casa-palacio llamada Casa de las Columnas. Está ubicada en el barrio de Triana, frente a la Iglesia de Santa Ana, entre las calles Larga y Orilla del Río, que son las actuales calles Pureza y Betis, respectivamente. Desde las ventanas de la Orilla del Río, los alumnos podían observar los barcos mercantes anclados en el puerto fluvial del río Guadalquivir.

Este edificio debió acondicionarse para cumplir varias funciones, como organizar reuniones de marinos e impartir docencia sobre náutica y artes de marear a sus alumnos. Tenía tres plantas visibles por el lado de la orilla del río y dos por la calle Larga, un subterráneo construido a base de muros y pilares formando arcos. Permitía una capacidad para 150 alumnos, alcanzando su máxima en 1699.

Junto a esta casa se construyó un pequeño hospital, con fachada principal a la calle Betis, para la asistencia médica a los marinos enfermos que llegaban a Sevilla tras las duras expediciones de la Carrera de Indias o que estuvieran en estado de vejez. También se aprovechó una capilla con patio abierto construida en las primeras décadas del siglo XVI. Adosada a la casa principal, estaba dedicada a la advocación de Nuestra Señora del Buen Aire y servía para dar culto a los patronos y realizar actividades litúrgicas.

Todo el conjunto fue llamado Hospital, Iglesia y Universidad de Mareantes.

La Casa de las Columnas fue reformada en 1780. En la actualidad, el edificio es el Centro Cívico de Triana, propiedad del Ayuntamiento para la promoción cultural. En la fachada al río se encuentra una cerámica que conmemora la historia de esta escuela.

CERÁMICA DE LA UNIVERSIDAD EN LA CASA DE LAS COLUMNAS

A lo largo del siglo XVII, el número de alumnos y marinos fue incrementándose hasta el edificio se fue quedando pequeño, careciendo de la amplitud y las capacidades necesarias. Al estar rodeado de casas y calles estrechas, impedía la expansión tanto del edificio como de sus actividades docentes. Ante esta necesidad, el superintendente Juan Jiménez de Montalvo solicitó a la Corona la búsqueda de un nuevo emplazamiento.

Así, por real cédula de 17 de junio 1681, la Casa de Contratación y el rey Carlos II autorizan el traslado de la sede de la Universidad de Mareantes al Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla, para que "recojan los muchachos pobres naturales de estos reinos y en él sean educados y enseñados en el arte de Pilotaje, Artillería y Marinería, para que así haya gente de mar experta y abundante".

El Palacio de San Telmo fue construido entre 1682 y 1796, con la financiación de la Corona en compensación al traslado de la Casa de Contratación de Indias a Cádiz y la pérdida económica derivada para los mercaderes y marinos de Sevilla. La nueva sede se construyó sobre un solar, propiedad del Santo Oficio conocido con el nombre de San Telmo. Está situado extramuros de la ciudad entre la Puerta de Jerez y el río, aprovechándose para el conjunto una antigua ermita dedicada al patrón de los marineros, Pedro González Telmo, San Telmo.

PALACIO DE SAN TELMO

Según las nuevas ordenanzas de 1681, la Universidad de Mareantes era la administradora del Seminario de Estudiantes para Oficiales y Pilotos de la mar. Su órgano colegiado representativo estaba formado por un mayordomo diputado y otros dos diputados. Un juez conservador superintendente, representado en el cargo de presidente de la Casa de la Contratación, se encargaba de su supervisión. Una última instancia era del protector, encargado por el Consejo de Indias. La participación de estas tres figuras institucionales hizo que existieran tres fuentes normativas y reglamentaciones sobre el funcionamiento del Seminario, además de las dos reales cédulas fundacionales.

El Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla mantuvo sus dos principales fines: la recogida, cuidado y asistencia de niños huérfanos y pobres de la ciudad; y la docencia y formación de estos en las actividades náuticas y marineras para su posterior desempeño como pilotos y oficiales en las flotas y armadas de la Carrerea de Indias.

Desde finales del siglo XVII, el Seminario fue recibiendo a sus primeros alumnos. Desde 1704, funcionó de forma integral, manteniendo un alumnado de 150 plazas. Los requisitos de ingreso seguían un estricto protocolo, que en 1721 se amplió al cumplimiento del estatuto de limpieza de sangre.

GRABADO DEL PALACIO DE SAN TELMO

La Guerra de Sucesión española, entre los años 1701 y 1714, perjudicó el desarrollo de la actividad marinera y mercantil de la Carrera de Indias, lo que provocó una debacle en la tesorería de la Universidad y el cierre temporal de sus cursos. Tras la finalización del conflicto y la reapertura, el Real Seminario se recuperó y vivió un período de gran actividad docente durante varias décadas, conservando el privilegio de impartir de manera oficial la cátedra de náutica hasta 1786.

Del total de los 3.505 colegiales matriculados que pasaron por el Real Seminario de San Telmo, unos 3.097 eran originarios de la región andaluza, casi un 94%.

Las reformas ilustradas y liberales de Carlos III implicaron profundos cambios en el sistema marítimo comercial a partir del año 1765. El libre comercio de todos los puertos de España con las provincias de los virreinatos españoles de América y Filipinas generó una etapa de inestabilidad económica para el Seminario. En ocasiones, el rey pudo compensar este detrimento mediante la asignación de fondos extraordinarios que ayudaron a su subsistencia, unidos a los ahorros de los años de prosperidad.

En 1786, se dictaron unas nuevas e ilustradas ordenanzas para la administración del Colegio náutico sevillano. La Universidad de Mareantes quedaba definitivamente desvinculada de esta institución, además ese mismo año la Casas de Contratación fue disuelta. El órgano de gobierno colegiado pasó a ser nombrado directamente por el secretario real de Hacienda y Marina, en aquel momento era Miguel de Múzquiz.

En 1847, la Universidad de Mareantes fue clausurada por real orden del 20 de junio, haciéndose entrega de su archivo a la Universidad de Sevilla.

En la actualidad, el Palacio de San Telmo es sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.

LIBRO Y FACHADA DEL PALACIO DE SAN TELMO

CARTAS ESFÉRICAS DE URUGUAY Y RÍO DE LA PLATA POR ANDRÉS DE OYARVIDE


Teniente de fragata de la Real Armada española, Andrés de Oyarvide fue geógrafo y cartógrafo náutico de la Segunda Expedición al Río Grande en 1776, y en la Expedición de Límites del Río de la Plata en 1783, levantó la Carta Esférica del Río Uruguay en 1802 y la Carta Esférica del Río de la Plata en 1804.

ANDRÉS DE OYARVIDE

Andrés de Oyarvide, también escrito Oyarbide, nació en alguna villa de la Provincia de Guipúzcoa a mediados del siglo XVIII.

Debió pertenecer a algún linaje de la nobleza vasca relacionado con las actividades marítimas, pues comenzó una carrera profesional en la Real Armada española. Y, tras demostrar su hidalguía, cursó estudios náuticos en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz, graduándose como piloto de primera clase con el rango de alférez de fragata, en 1771.

Su primera operación naval estuvo en la armada del general Luis de Córdova y Córdova, con el cargo de tercer oficial en la fragata Santa Teresa de Jesús, de 30 cañones, al mando del capitán Basco Díaz de Morales. En 1772, cruzó el océano Atlántico desde Cádiz a Veracruz, de cuya derrota realizó su primera obra hidrográfica ultramarina.

Continuó con algunas operaciones en el Mediterráneo, primero en la expedición de auxilio de Melilla, en 1774, y una vez traspasado a la armada del general Pedro González de Castejón y Salazar en el infructuoso asedio de Argel, en 1776.

En 1776, fue seleccionado para tomar parte de la Segunda Expedición al Río Grande del virrey del Perú, Pedro de Cevallos Cortés y Calderón. Se trataba de una potente armada formada por 20 buques navales y 96 embarcaciones de transporte que llevaban a 9.000 soldados, además de pertrechos de guerra y materiales de defensa para fuertes y puertos, al mando del teniente general Francisco Javier de Everando-Tilly. El objetivo era terminar con el expansionismo territorial del Reino de Brasil que los portugueses estaban efectuando sobre el cono sur de América.

El 13 de noviembre, partió desde el Departamento Naval de Cádiz a bordo de la fragata Santa Clara, de 30 cañones, con la función de piloto, al mando del capitán Pedro de Cárdenas. Tras tomar la isla de Santa Catalina, el 22 de febrero de 1777, la fragata sufrió un naufragio en el estuario del Río de la Plata, el 26 de julio, en el que Oyarvide consiguió sobrevivir.

TRATADO DE SAN ILDEFONSO POR CARLOS III DE Y MARÍA I

La firma del Tratado de San Ildefonso, en 1 de octubre de 1777, puso fin a las hostilidades entre los Ejércitos de España y Portugal en Suramérica y el comienzo de la Expedición de Límites del Río de la Plata que delimitaría la definitiva frontera entre el Virreinato rioplatense y el Reino brasileño.

La expedición estaría formada por cuatro partidas delimitadoras, cada una al mando de un comisario que sería un oficial de la Real Armada y acompañados de científicos y soldados, que se pondrían de acuerdo con su correspondiente partida portuguesa sobre el terreno fronterizo entre las cuencas de los ríos Uruguay y Amazonas, incluyendo el litoral entre el estuario de La Plata y la isla Santa Catalina. Además de las cuestiones delimitadoras, las comisiones debían realizar observaciones y estudios sobre la naturaleza y la etnografía del territorio, el desarrollo económico y las posibilidades de explotación minera, ganadera, agrícola, etc.

En 1783, Oyarvide fue integrado en la segunda partida de la Comisión Delimitadora, cuyo comisario era el teniente de navío Diego de Alvear y Ponce de León, junto al geógrafo e ingeniero militar José María Cabrer. Se encargarían del trazado fronterizo desde la ciudad de Montevideo, hacia el interior siguiendo el estuario del Río de la Plata y el río Uruguay, hasta la desembocadura del afluente Pepirí Guazú, y hasta la Barra de Chuy por la costa atlántica.

VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

El 23 de diciembre de 1783, la comisión partió del puerto de Buenos Aires con destino a Colonia Sacramento, donde se reunió con la partida portuguesa al mando del comisario Juan Francisco Roscio, dando comienzo los trabajos.

El 21 de enero de 1784, zarpó desde San Fernando de Maldonado para repasar el litoral atlántico hasta Barra del Chuy.

En algún momento hubo una parálisis de la comisión portuguesa debido a sus discrepancias sobre los criterios utilizados en los estudios y trazados cartográficos. De todas formas, la expedición española entró por el estuario de La Playa, poniendo rumbo norte por el río Uruguay y, en 1786, alcanzaba el río Grande del sur, Monte Grande y Misiones Orientales.

En 1787, se realizaron amplios trabajos en el Alto Uruguay y, en 1788, se buscó la fuente del río en la sierra del Mar, donde fue atacada por una tribu indígena.

Tras este inconveniente, el comisario Alvear decidió remontar el río Paraná junto a los expedicionarios lusos. A bordo de seis embarcaciones, zarparon río arriba desde Candelaria (junto a Posadas) hasta alcanzar las cataratas del Iguazú, a finales de 1788. Sobre este accidente hidrográfico, Oyarvide escribió en su diario:
"El confuso ruido de las aguas, sus choques y embates, el color cetrino y turbio de ellas, el casi negro de las paredes, su altura cubierta de bosques y el silencio de las aves hacen del sitio junto al Salto, tristísimo y asombroso."

CATARATAS DE IGUAZÚ

En la confluencia de los ríos Paraná e Iguazú se marcaría la frontera entre el territorio español de Misiones Occidentales al sur y el brasileño de Matto Grosso al norte. Desde este lugar, el comisario Alvear decidió delegar en Oyarvide la misión de remontar el río Iguazú hasta encontrar el canal de Pepirí Guazú, que pasa paralelo a la sierra de Misiones y se comunica con el Uruguay. Partió junto a la comisión portuguesa de Francisco das Chagas, que fracasó por la falta de víveres y la oposición lusa.

En marzo de 1789, la partida de Oyarvide llegó a Santo Ángel Guardián de las Misiones, una de las misiones jesuíticas asentadas al oeste del Pepirí Guazú, donde se recuperaron de las fatigas y enfermedades. Los demarcadores habían soportado las inclemencias del clima y la dificultad del terreno para trabajar sobre el terreno, en pleno centro de las Misiones. Oyarvide describió en su diario el sacrificio que estaban haciendo sus compañeros para cumplir con la misión, atravesando intrincadas selvas con animales peligrosos, a la vez que quedaban asombrados al descubrir la naturaleza exuberante.

En mayo, regresaron al canal y en junio ya habían llegado a la orilla opuesta en el Paraná. En la actualidad, este canal repleto de meandros y algunos saltos hace de frontera entre Argentina y Brasil.

Tras volver a Santo Ángel, en Misiones Orientales, en 1789, ambas partidas enviaron la cartografía correspondiente a Buenos Aires y Río de Janeiro. Pero las autoridades brasileñas no aceptaron la demarcación de las vertientes del río Pepirí Guazú y sus afluentes en la región del río Paraná. Oyarvide regresó a una misión que quedaría paralizada a mediados de 1791, por las disconformidades de los expedicionarios portugueses sobre los límites fronterizos, que nunca los reconocieron en esta área.

MISIÓN JESUITA GUARANÍ ORIENTAL

De todas formas, sus trabajos cartográficos fueron los primeros realizados de forma seria, precisa y rigurosa entre el río Paraná y el Alto Uruguay.

A pesar de la negativa de las autoridades lusas de continuar con la misión, Oyarvide permaneció en Santo Ángel, apoyando a su capitán y comisario de su partida Diego de Alvear y colaborando en las tareas que realizaba el comisario y botánico Félix de Azara.

A finales de 1795, recibieron la orden del nuevo virrey rioplatense Pedro Melo de Portugal y Villena para realizar un reconocimiento integral del río Uruguay, desde Misiones Orientales hasta Buenos Aires, y levantar trabajos cartográficos. Alvear permitió que fuese Oyarvide el encargado de esta nueva misión dando por concluida su participación en la Expedición de Límites. Junto a él también viajaría el piloto Juan de Inciarte. Todas sus mediciones y comprobaciones quedaron anotadas en su Diario de Viaje, que después formaría su Carta Esférica del río Uruguay, considerada la primera carta hidrográfica de este río. Era un trabajo preciso, riguroso y detallado, con sus profundidades, que perfeccionaría en un viaje posterior.

Así describía al río Uruguay en su Diario:
"De acuerdo al tratado de 1777 se hizo un relevamiento integral del río Uruguay desde el Pepirí a San Javier, unas 250 leguas en total. El Uruguay es el que junto con el Paraná componen el gran Río de la Plata y sin controversia uno de los que riegan el vasto continente de la América Meridional. Tiene su origen no distante de la costa del océano Atlántico, por la latitud austral de 27° 30´, poco más o menos, en las altas serranías que están frente de la isla de Santa Catalina y corriendo de principio al occidente recibe tantas aguas vertientes de la misma sierra que a las 20 o 25 leguas de su nacimiento por donde atraviesa el camino que hacen de San Pablo a Viamon, lo pasan los portugueses con el nombre de río de las Canoas, donde es ya caudaloso."

En enero de 1798, zarpó desde Montevideo a bordo de la fragata Santa Clara, de 34 cañones, al mando del capitán de fragata José de Quevedo, siendo el tercer oficial. Antes, el gobernador de Montevideo, José de Bustamante y Guerra, le había solicitado efectuar el derrotero náutico desde el estuario rioplatense hasta Cádiz, pues se había ganado su respeto y admiración. Pero, debido al bloqueo británico que sufría esta ciudad, la fragata finalizó en el Departamento Naval de El Ferrol, a finales de marzo, acompañada de las fragatas Santa Florentina y La Medea.

Por los excelentes servicios prestados en la Expedición de Límites, en agosto de 1798, fue ascendido a alférez de navío.

En 1799, recibió la orden de embarcar en el Departamento Naval de Cádiz, que ya había sido despejado de navíos británicos, para partir de nuevo al Virreinato del Río de la Plata.

DESEMBOCADURA DEL RÍO DE LA PLATA

El Río del Plata es un amplio valle por el que discurren dos ríos principales, el Paraná y el Uruguay, de norte a sur, recibiendo otros caudalosos afluentes como el Iguazú, el Paraguay, el Pilcomayo, el Salado o el Negro hasta su desembocadura en el estuario del Plata, en cuyo litoral se ubican ciudades tan importantes como Buenos Aires, Colonia Sacramento y Montevideo. Tiene una longitud de 300 kilómetros y una anchura de 220 en su desembocadura. Una de sus características es la gran cantidad de fango que arrastra su caudal, provocando la elevación de sus fondos y la complejidad de su navegación.

Con el establecimiento del Apostadero de Buenos Aires, en 1776, se hacía necesario continuar estudiando los fondos fluviales que el marino José de Bustamante y Guerra ya había empezado unos años antes durante su Expedición científica y política alrededor del Mundo liderada por Alejandro Malaspina. Ahora ya como gobernador de Montevideo y conocedor de la experiencia que había demostrados el marino guipuzcoano, encomendó a Oyarvide la investigación hidrográfica y la elevación de cartas de navegación entre el estuario del Río de la Plata al sur y la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay al norte.

En enero de 1800, comenzó su misión, recorriendo en pocos meses el litoral entre la ensenada de Barragán y el puerto de Montevideo.

Debido a la continuación de la Guerra anglo-española de 1796-1802, a inicios de 1801, se puso al mando de una de las veintiuna lanchas cañoneras con las que contaba la flota defensiva de Montevideo.

CARTA ESFÉRICA DE RÍO URUGUAY

Entre octubre de 1801 y marzo de 1802, por solicitud del comisario Félix de Azara al virrey, Oyarvide efectuó las comprobaciones sobre el curso inferior del río Uruguay, dando continuidad a sus estudios de 1796. Prácticamente, había terminado el levantamiento de la Carta Esférica del Río Uruguay, en cuya memoria del viaje indicaba la "configuración del Uruguay desde la isla de Martín García, hasta el Pepirí inclusive". Después, revisó toda la documentación y cartas realizadas hasta el momento por otros cartógrafos, que Bustamante le fue entregando.

A inicios de 1803, desde Colonia de Sacramento y Buenos Aires, Oyarvide inició la ejecución de la Carta Superior del Río de la Plata, es decir de la zona media y alta del curso del Uruguay. Primero, empezó con el sondeo, descripción de corrientes, mareas y observaciones astronómicas del espacio de Samborombóm y cabo San Antonio y los bancos de la Gaviota, Magdalena, Chico, Ortiz y Playa Honda. De allí pasó al levantamiento de la zona más peligrosa del río, el curso medio donde se encontraban los peligrosos bancos Arquímedes e Inglés.

En 1804, continuó desarrollando el litoral atlántico oriental, y con ello el levantamiento de los planos de Maldonado, Rocha, Castillos, cabo Polonio y la desembocadura del Río Solís, apoyados en las cartas realizadas por la expedición de Malaspina, Gundín y los demarcadores.

CARTA ESFÉRICA DEL RÍO DE LA PLATA

En agosto de 1804, partieron cuatro fragatas de guerra desde Montevideo hasta Cádiz: Medea, Clara, Fama y Mercedes. En esta escuadra estaban de vuelta el retirado gobernador y marino José de Bustamante y el comisario de límites y mayor general Diego de Alvear, ambos habían sido jefes de Oyarvide. La fragata Nuestra Señora de las Mercedes estaba al mando del capitán donostiarra José Manuel de Goicoa y Labart. El 5 de octubre, esta escuadra fue atacada por una flota británica al mando del comodoro Graham Moore a la altura del cabo de San Vicente. La Mercedes fue estallada a cañonazos mientras se defendía, muriendo casi 300 tripulantes, entre ellos el comisario Alvear y el capitán Goicoa, y un valiosísimo cargamento de monedas. Las otras tres fragatas tuvieron que rendirse ante la superioridad de fuerzas británicas.

En otra ocasión, el nuevo gobernador montevideano, Pascual Ruiz Huidobro, envió una carta al secretario real de Marina, Domingo Pérez de Grandallana, exigiendo un nuevo destino para Oyarvide, por solicitud del guipuzcoano debido a su estado de fatiga y enfermedad. Según su propuesta, se haría cargo del Real Apostadero de Montevideo como ayudante de la jefatura y profesor del Cuerpo de Pilotos, continuando con sus estudios sobre el Río de la Plata.

En octubre de 1804, el virrey le puso al mando de la goleta Dolores, con la misión de reconocer la costa del sur hasta el cabo Corrientes, actual ciudad Mar del Plata, al objeto de incrementar el área de control de la Provincia de Buenos Aires por la costa atlántica sur. Tras regresar a Montevideo, en diciembre del mismo año, Oyarvide había completado la Carta Esférica del Río de la Plata. Allí supo del visto bueno por la Corte para el empleo en el Apostadero naval montevideano y su ascenso a teniente de fragata.

CARTA ESFÉRICA DEL RÍO DE LA PLATA

Sin embargo, una nueva Guerra anglo-española empezada en 1804 y el consiguiente riesgo de invasión por alguna flota británica impidió su retiro. A inicios del 1805, fue incorporado a las fuerzas navales rioplatenses al mando del brigadier Pascual Ruiz Huidobro, formadas por cuatro corbetas, una fragata, un bergantín, una goleta, un falucho, y veinticinco embarcaciones menores armadas con cañones.

En mayo, se produjo el hundimiento de la fragata Asunción al encallar en el llamado Barco Inglés. Conocedor del litoral, Oyarvide embarcó en la corbeta Fuerte, al mando del teniente de navío Baltasar Unquera, en misión al rescate de sus más de 300 tripulantes, de los que fallecieron casi todos.

En octubre, la derrota en el combate de Trafalgar supuso un punto de inflexión en el devenir de la hegemonía española en mares y océanos ante la emergente potencia naval que se estaba convirtiendo Gran Bretaña.

En diciembre, continuaron las desgracias para la Real Armada española. Una escuadra británica se acercaba a Río de la Plata al mando del comodoro Home Riggs Popham llegando desde Sao Paulo. El gobernador ordenó la salida de dos embarcaciones, una vigilaría la boca sur del estuario, y el San Ignacio de Loyola, al mando de Oyarvide, controlaría las aguas atlánticas más allá del cabo de Santa María. La tempestad que se desató a inicios de 1806 produjo el naufragio del velero San Ignacio, cuando chocó contra las rocas del litoral uruguayo, muriendo todos sus integrantes, incluido el teniente de fragata y gran marino científico Andrés de Oyarvide. Seguramente estaba esperando en las aguas alrededor de cabo Polonio, Castillos y las playas de Santa María, una zona de fuertes corrientes y numerosos arrecifes de muy difícil navegación.

CARTA ESFÉRICA DEL RÍO DE LA PLATA

ARISTOTELISMO JUDÍO DE MAIMÓNIDES


Filósofo, médico, matemático y físico hispanojudío, Moisés ben Maimónides está considerado como la máxima expresión de la Filosofía judaica medieval. Consiguió una gran influencia y repercusión en los teólogos cristianos, especialmente en los escolásticos, por asentar la Teología judaica sobre los principios de la razón según el Aristotelismo. Su pensamiento filosófico quedó escrito en la Guía de Perplejos.

ARISTOTELISNMO HISPANO-JUDÍO DE MAIMÓNIDES

Moisés ben Maimónides, conocido también como Rabí Mosheh ben Maimon, nació en 1135, en Córdoba, la capital de la España árabe. Su familia era de confesión judía, pero bien asentada porque su padre ejercía como de un juez rabínico de la judería.

En la escuela sinagogal recibió su primera educación, realizando estudios bíblicos y talmúdicos, así como en matemáticas y medicina, en una escuela de lengua árabe. Tuvo una amplia formación tanto en la tradicional cultura judía como en la árabe profana, enriquecida con aportaciones de la griega.

En 1148, cuando Maimónides tenía 13 años de edad, una invasión de almohades conquistó Córdoba e impuso la más ortodoxa ley islámica tanto a islámicos como judíos. Al no querer convertirse al Islamismo, la familia de Maimónides sufrió persecución y cambiar a menudo de residencia por al-Ándalus. Vivió en la ciudad de Almería durante cinco años, donde dio cobijo en su casa a su maestro Averroes.

Tras una década de peregrinaje, la intransigencia almohade le obligó a exiliarse definitivamente fuera de la España islámica. Primero se asentaron en Fez, en 1558, donde permanecieron siete años, después dos más en Palestina, Alejandría, y finalmente fijaron su residencia en El Cairo, en 1165. En esta metrópoli, Maimónides trabajó de médico en la Corte de los visires Saladino y de al-Fádil, sultanes de Egipto y Siria, asentando durante el resto de su vida con su familia.

Además fue, desde 1177, guía espiritual de la comunidad judía de Egipto, gracias a la gran fama y admiración popular. Murió en esta ciudad en 1204 y su tumba fue trasladada a Tiberiades, en el actual estado de Israel. A pesar, de vivir gran parte de su vida fuera Al-Ándalus, siempre se consideró un sefardita, un hispanojudío.

ESTATUA DE MAIMÓNIDES EN CÓRDOBA

Movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV, que se extendió por España y el sur de Francia. Debido a su contribución a la evolución del Judaísmo, está considerado como la principal figura posbíblica del Judaismo después de Moisés, por lo que se ganó el pseudónimo de "segundo Moisés". Y esta fama la consiguió a pesar del rechazo de los judíos tradicionalistas, que renegaron de su tendencia racionalista, de su fuerte oposición al Misticismo de los cabalistas y de su influencia del Aristotelismo. Por eso, los judíos más conservadores llegaron a acusarle de hereje ante la Inquisición al objeto de condenar sus obras. Otro hecho imputable fue haber convencido a los caraístas de abandonar sus prácticas originarias por las del Judaísmo rabínico.

También sufrió persecuciones por parte de un sector de musulmanes egipcios, los mutallajim, que no permitían un reinterpretaciones del Corán y lo acusaban de ser un apóstata del Islamismo y un racionalista. La protección personal del visir al-Fádil, le salvó de la pena de muerte.

Su pensamiento filosófico era partidario del Realismo teológico y estaba basado en las enseñanzas del clásico Aristóteles, por lo que no se le ha considerado muy original, apartándose de él en puntos contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Pero consiguió una gran repercusión e influencia en teólogos cristianos, especialmente en escolásticos, como santo Tomás de Aquino, y precursor de las ideas de Spinoza.

Escribió obras tanto en hebreo como en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.

MAIMÓNIDES EN LA HOUSE CHAMBER

De su extensa obra escrita en hebreo y árabe destaca la Guía de los perplejos (Dalatat al-Hairin), publicada en 1190, donde condesó todo su pensamiento filosófico. En ella intentó armonizar fe y razón, asentando la teología judaica sobre los principios de la razón según la filosofía aristotélica, como previamente lo había hecho Averroes con el Islamismo y posteriormente lo haría santo Tomás de Aquino con el Cristianismo.

Esta armonización entre el sentido literal de las santas escrituras y las verdades racionales trataba de demostrar que las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica no eran antagónicas. Para conseguir esta conciliación, utilizó un método alegórico, aplicable a la interpretación bíblica, que minimizaba el antropomorfismo.

La base de su doctrina es el Antiguo Testamento, pero se documentó del Aristotelismo a través de Avicena y Averroes, del Neoplatonismo encabezado por Hipócrates y Galeno, y de la cultura árabe cuyos máximos exponentes fueron Rhazes de Persia, al Farabi, y el médico hispano-árabe Ibn Zhur.

El pensamiento cosmogónico de Maimónides hacía distinción entre tres grupos de seres creados compuestos de materia y forma perecederas: los minerales, las plantas y los seres vivos, está última incluye al ser humano. Solo las esferas y las estrellas son materia con forma permanente. Los ángeles son seres con forma pero inmateriales.

Dios forma una unidad inmaterial, de cuya existencia originó la creación, abarcando a todos los seres. Esta esencia divina no tiene otro fin que a sí mismo y, por lo tanto, su duración es ilimitada. Maimónides trató de argumentarlo mediante argumentos aristotélicos.

El alma humana es una en esencia divina, inmortal y separada del cuerpo, que posee cinco facultades: la fuerza vital, los sentidos, la imaginación, el apetito (pasiones y voluntad) y la razón (libertad y entendimiento). El hombre está dotado de razonamiento, facultad que le diferencia del resto de seres vivos (plantas y animales), pero las otras cuatro cualidades también le son comunes.

GUÍA DE PERPLEJOS, POR MAIMÓNIDES

La capacidad de raciocinio permite al hombre ser libre y tomar decisiones en libertad, hacerse el bien y el mal, por eso es plenamente responsable de sus actos, por los que tiene que ser juzgado. La Ley es la instancia suprema para ordenar la conducta humana. En este aspecto se mantuvo fiel a la tradición judía. Saliendo al paso de los teóricos que realzaban sobre todo la dimensión sombría de la existencia humana, señaló que si el hombre se queja tanto, es por pura egolatría.

El peor pecado o más extendido era la concupiscencia. Lo que los hombres consideran a menudo como bienes (poder, riqueza) se revelan finalmente como males, pues conducen a la deformación del alma y el cuerpo. De ahí que el hombre deba aprender a renunciar a lo superfluo y a conformase con lo necesario: "Pues cuando se busca lo que no es necesario, difícilmente se encuentra lo necesario", escribe en Guía de los perplejos.

El camino para encontrar la paz y el sosiego interior es el de reconocer que los bienes de este mundo, incluidos los mejores, son fugaces y carecen de valor intrínseco. Maimónides enjuiciaba la vida no sólo como filósofo, sino también como médico, lo que explica el gran número de consejos prácticos que su obra contiene. En aspectos esenciales, su crítica al Hedonismo y al Materialismo es perfectamente aplicable a la actual sociedad del consumo.

Para conseguir esa paz interior, el hombre utiliza la facultad del entendimiento, que puede ser pasivo (entendimiento material que sufre la acción de la vida orgánica, es inseparable del cuerpo e individual) o activo (adquirido o comunicado, separado del cuerpo).

La meta más alta de la vida humana es el conocimiento de Dios. Así, el entendimiento es la verdadera razón de ser del hombre, el cual debe destinar todos sus actos a obtener la perfección suprema de esta facultad mediante el conocimiento de Dios.

Pero el conocimiento de Dios por parte del ser humano es limitado, no pudiendo alcanzar por sí mismo el Estado profético. Este consiste en una iluminación de Dios que se extiende por medio del intelecto a la facultad racional y después sobre la facultad imaginativa.

MISHNETH TORAH

Su gran obra en el campo de la legislación judía (jurisprudencia talmúdica) es el Mishneh Torah, desarrollada en 14 libros y escrita en hebreo entre los años 1170 y 1180 bajo diversos títulos: El Luminar, Libro de la elucidación, Segunda ley, y Repetición de la ley. Es una amplia y detallada recopilación por materias de todas las leyes y normas, tanto religiosas como jurídicas, de la cultura judía, es decir del Talmud. Esta obra alcanzó bastante repercusión y le numerosos discípulos.

Además escribió sobre medicina, astronomía, lógica y matemáticas. Su fama como médico igualaba a la de filósofo y autoridad en la ley judía, dejando un importante legado en la tradición popular. Dedicó casi toda su vida al conocimiento de la medicina:
"Si Doctores más sabios que yo quieren ayudarme a entender, concédeme Señor el deseo de aprender de ellos, pues el conocimiento para curar no tiene límites."
Entre las grandes obras médicas de Maimónides destaca un grupo de libros destinados a comentar, divulgar y polemizar, a veces, las obras de sus antecesores, Algunas de estas obras fueron escritas por directa petición del sultán Saladino o miembros de su familia. Entre ellos están: Extractos de Galeno, Comentarios sobre los aforismos de Hipócrates, Aforismos médicos de Moisés, Explicación de las alteraciones, etc.

Escribió un Tratado de los venenos y sus antídotos, de 1199, sobre los síntomas de envenenamiento causado por diferentes productos tóxicos y los tratamientos contra las mordeduras de serpiente. Fue uno de los códices de toxicología más utilizados durante toda la Edad Media.

En su extenso Tratado sobre las relaciones sexuales describió drogas útiles como afrodisíacos, aconsejó moderación en la actividad sexual y analizó la fisiología de los sexos, entre muchos temas.

En El Régimen de la salud, de 1198, prevenía de las enfermedades mediante consejos como el equilibro en la alimentación, vida sana, higiene corporal, y costumbres saludables. Además, escribió tratados sobre las hemorroides y el asma.

También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos escrito en 1191. También formuló los Trece artículos de fe.

MOISÉS BEN MAIMÓNIDES

Los Aforismos médicos es la obra de más envergadura escrita por Maimónides en el campo de la medicina y una de las que tuvo mayor repercusión entre sus lectores. Fue escrita en árabe como el resto de su obra médica, aunque los judíos de los reinos cristianos y los propios cristianos la conocieron a través de su traducción al hebreo y al latín, respectivamente.

Se trata de una recopilación de la medicina clásica, que reúne las obras de Galeno y el comentario que éste hizo de Hipócrates, a la que añadió algunas aportaciones de su propia experiencia. La obra completa se compone de unos 1.500 aforismos, tomados la mayoría de Galeno, y distribuidos en 25 libros.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA ESPAÑOLA DEL KGB


Miembro del NKVD-KGB, África de las Heras fue una de las espías más activas y sobresalientes de la Unión Soviética, actuando entre el final de la II Guerra Mundial y la década de 1970, especialmente en Hispanoamérica.

En México, estuvo involucrada en el asesinado de Leon Trotsky, enemigo de Joseph Stalin, en la Purga estalinista de 1938. En Ucrania, durante la II Guerra Mundial, su actividad fue la de interceptar las comunicaciones alemanas e introducir mensajes erróneos, entre 1942 y 1944.

En Montevideo, estableció una red de espías que actuaban por Suramérica. Consiguió la información sobre el desembarco estadounidense en la bahía de Cochillos en Cuba en 1961, consiguiendo que fracasara, durante la Guerra Fría.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA ESPAÑOLA DEL KGB

África de las Heras Gavilán nació en Ceuta, en 1909. Era hija Zoilo de las Heras, un escribiente del Ejército español, y de Virtudes Gavilán de Pro. Tenía por familiar, probablemente primo, al militar Manuel de las Heras Jiménez, general de división; y al abogado Julián Francisco de las Heras, y alcalde de Ceuta.

Realizó sus estudios básicos en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús en Madrid hasta 1923. Después de que su familia regresara a su ciudad natal, continuó estudiando en el Colegio del Monasterio de Melilla.

Contrajo matrimonio con Francisco Javier Arbat Gil, con quien tuvo un hijo llamado Francisco Javier Manuel Arbat de las Heras, que murió de forma prematura, en 1931.

Desde inicios de la década de 1930, se destacó como miembro activo del Partido Comunista español. Entre sus actuaciones más destacadas figura su participación en la Revolución de octubre de 1934 en Asturias, donde tomó contacto con el dirigente Santiago Carrillo.

Al inicio de la Guerra Civil, en 1936, militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña. Un año después, lideraba una partida de civiles armados de Barcelona con refugio en el Real Club Náutico y contrajo matrimonio por segunda vez con un militante comunista llamado Luis García Lago. Estas patrullas milicianas se dedicaban a perseguir y ajusticiar a civiles partidarios del alzamiento del general Franco, de hecho, existen testimonios de la participación de África en las cárceles de represión conocidas como "checas".

ÁFRICA DE LAS HERAS GAVILÁN

De todas formas, tuvo que marchar con urgencia a Ceuta para proteger a su tío Julián Francisco, que estaba amenazado por sus enemigos del bando nacional.

Aquel año de 1937, mantenía conversaciones con Ernst Moritsovich Gere, un político comunista húngaro que servía como consejero del Partido Socialista Unificado de Cataluña y responsable de los servicios soviéticos de espionaje en Cataluña durante la Guerra Civil. Este le presentó a un par de agentes rusos: Leonid Aleksandrovich Eitingon, jefe de las NKVD; y Aleksandr Mijáilovich Orlov, enlace entre los servicios de espionaje soviéticos y el Ministerio de Interior de la España republicana durante la Guerra Civil. Esta último fue el principal responsable soviético en el traslado del denominado “Oro de Moscú” desde Madrid a la Unión Soviética y el asesinato de Andrey Nin.

Comprobada su absoluta devoción por la causa, fue enviada a Rusia donde adquirió la nacionalidad. Allí fue formada e instruida en el espionaje como miembro del servicio de inteligencia, es decir del NKVD. Su principal mentor fue Caridad Mercader, quien dirigía un comando de escuadristas junto a su hijo Ramón Mercader y a su amante Pável Sudoplátov.

Durante el resto de su vida, serviría con valentía para este servicio soviético en varias operaciones de espionaje y seguridad. Aunque su nombre real fuese África de las Heras Gavilán, adquirió varios nombres clave: María de las Heras, María Luisa de las Heras de Darbat, María de la Sierra, María Pavlovna, Patricia, Ivonne, Znoi y Patria.

LIBROS DE ÁFRICA DE LAS HERAS "PATRIA

Su primera misión comenzaba en Noruega, y tenía por objetivo el asesinato del líder soviético Leon Trotsky, muy crítico con las políticas de Joseph Stalin. Desde allí se puso en contacto con los militantes de Trotsky, ganándose la confianza de estos. Viajó a México donde se infiltró en el equipo trotkista bajo el nombre de María de la Sierra y pudo haber sido la secretaria personal del enemigo de Stalin. Se dedicó a pasar una valiosa información a Ramón Mercader y al NKVD.

Lo que parece evidente es que, directa o indirectamente, estuvo involucrada en el asesinato de este dirigente soviético y, por tanto, formaba parte de la llamada Purga estalinista dentro del NKVD, en 1938.

Tras esto, Ramón Mercader fue detenido y África tuvo que abandonar México, escondida como polizona en la bodega de un barco mercante con destino a Rusia. Otro de los motivos fue la presencia de Aleksandr Orlov, del bando trotskista, que acababa de abandonar su jefatura del NKVD en España para refugiarse en América, huyendo de la persecución de Stalin.

En 1941, estudió dos cursos formativos para futuros servicios de espionaje: primero Enfermería, y después Radiotelegrafía, siendo nombrada jefa de radiotransmisiones del cuerpo. Para entonces, la URSS estaba en lucha con Alemania y las potencias del Eje, involucrada en la II Guerra Mundial.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA ESPAÑOLA Y AGENTE SOVIÉTICA

Tras finalizar ambos cursos, en mayo de 1942, fue destinada al cuerpo de guerrilleros Los Vencedores. Su siguiente misión le llevó a lanzarse en paracaídas en Ucrania, en los bosques de Vinnista, para incorporarse a la retaguardia alemana y realizar labores de contra-comunicación y espionaje. Era la telegrafista, se encargaba de la comunicación con los puestos de mando en Moscú. Otras sus funciones era interceptar las comunicaciones alemanas e introducir mensajes erróneos. Además, participó en ataques de guerrilla con otros partisanos, entre los que estaban algunos españoles republicanos que había sido exiliados tras el final de la Guerra Civil.

En 1844, tras concluir la II Guerra Mundial, regresó a Moscú para estudiar otro curso de espionaje.

Durante la Guerra Fría, le fue encomendado realizar diferentes labores de alto nivel en Hispanoamérica, firmando sus informes con el nombre clave Patria.

En 1946, tras pasar por Berlín, se instaló en París, bajo la identidad de María Luisa de las Heras. Se hacía pasar por una española refugiada del Régimen franquista y modita de alto diseño. Su taller-vivienda estaba ubicado en el número 82 de la calle Lauriston, en la orilla derecha del Sena, entre el Trocadero y del Arco del Triunfo, y a pocos metros de la antigua central de la Gestapo.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA Y FELISBERTO HERNÁNDEZ

Este estatus profesional le posibilitó acceder a la élite social francesa en la capital y conocer al músico y escritor uruguayo Felisberto Hernández, uno de los autores de cuentos más celebrados de su país. Se había establecido gracias a una beca tramitada por el poeta franco-uruguayo Jules Supervielle, consejero cultural de la embajada uruguaya en París y vivía en un destartalado hostal al otro lado del Senna. Se lo presentaron en el Pen Club, después ofrecer una lectura a varios espectadores, a quien fue seduciendo. Dos años después, contrajo matrimonio con este literato para conseguir la nacionalidad uruguaya y no levantar sospechas.

Desde inicios de 1949, el matrimonio se había establecido en Uruguay y África trabajaba como modista en algún taller de Montevideo. A partir de aquí iría estableciendo una red de espías y agentes sobre las principales ciudades de Suramérica por orden el gobierno soviético. Gracias su vinculación con el escritor Hernández, pudo infiltrarse en la clase alta de Uruguay y relacionarse con personalidades políticas que le aportarían informaciones en su actividad de espionaje.

El hecho de que se estableciera en Montevideo no fue casual, pues Uruguay había sido un país neutral durante la II Guerra Mundial, y la estancia de espías soviéticos en este país no iba a levantar sospechas de otros servicios de inteligencia enemigos. También, era uno de los escasos países de la región con representación diplomática soviética y embajada acreditada.

En estos años, dejó de servir a la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), principal agencia de seguridad soviética durante la dictadura de Stalin, para servir en la nueva KGB (Comité para la Seguridad del Estado).

LIBROS DE ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA SOVIÉTICA

En 1950, África consiguió la nacionalidad uruguaya, se separó de Hernández, sin que este supiera la identidad real de su exmujer. Y, aunque era de ideales conservadores y capitalistas, nunca tuvo sospechas de las verdaderas intenciones de ella. Claramente, lo había utilizado para obtener el pasaporte, no levantar sospechas y acceder a importantes contactos.

En 1956, se trasladó a Buenos Aires y se casó con Giovanni Antonio Bertoni, jefe de espionaje de la KGB en Suramérica, bajo la identidad de Valentino Marchetti. Este matrimonio fue dirigido desde la jefatura de espionaje soviético, pues creyeron que la vinculación matrimonial entre ambos miembros ayudaría en la resolución de los objetivos. Aunque emprendieron un negocio de venta de antigüedades en Montevideo como tapadera, se involucraron en diversas misiones y sirvieron de enlace entre Moscú y otros espías establecidos en la región.

Si algún nuevo agente de la KGB debía instalarse en algún país de América del sur, África se encargaba de aportarle la documentación necesaria y de controlarle. También se ayudaba de una radio que tenía en el apartamento para enviar mensajes a Moscú. Otro de los objetivos era obtener secretos relacionados con el programa nuclear estadounidense.

Su informe más importante fue la revelación de la invasión de Cuba por parte del Ejército de Estados Unidos, en lo que fue la batalla de Girón. Esta fue una operación de desembarco militar en la bahía de Cochinos, en costa suroeste de Cuba, en abril de 1961, respaldada por los exiliados cubanos del Frente Revolucionario Democrático, a favor de Fulgencio Batista. La operación resultó un fracaso en plena Guerra Fría, y determinó el futuro de las relaciones políticas entre Cuba, Estados Unidos y la Unión Soviética.

ÁFRICA DE LAS HERAS Y VALENTINO MARCHETTI

En 1967, falleció su marido de forma natural. Pero otras fuentes atribuyen a África el asesinato de Marchetti, motivado por las dudas sobre el sistema comunista que empezaban a aparecer en el agente italiano, y con las consiguientes disputas ideológicas con África. En cambio, la agente española siempre se mantuvo fiel y leal a sus ideales comunistas hasta su muerte.

Tal vez África corría peligro de ser descubierta, por eso, en 1968, tras casi dos décadas en el cono sur americano, regresó a la URSS.

A partir de 1971, se dedicó a la formación de nuevos agentes de espionaje en la base neurálgica de la KGB, en Lubianka. Estos iban a ser destinados a ciudades hispanoamericanas.

En los últimos años de su vida, recibió una docena de condecoraciones, siendo la española más condecorada por la Unión Soviética. Recibió la Orden de la Estrella Roja, la Medalla al Valor, la Medalla al partisano de la Guerra Patria, pero la condecoración de más alto nivel fue la Orden de Lenin. Otro título fue el de Colaboradora Honorífica de los órganos de Seguridad del Estado. Su último ascenso en la jerarquía militar fue el de coronel.

ÁFRICA DE LAS HERAS MEDALLA DE LA ORDEN DE LININ

En 1985, abandonó sus servicios en el KGB, momento en el que recibió la Orden de la Guerra Patria.

Tres años después, en marzo de 1988, falleció en Moscú. Fue enterrada en el cementerio moscovita de Jovaánkoye, con honores militares. En su lápida aparece su rostro esculpido en piedra y las palabras: “Patria” en español, y “Coronel África de las Heras. 1909-1988” en ruso.

Su biografía deja muchos puntos oscuros y lapsus de tiempo sin esclarecer. El escritor Raul Vallerino dedicó una biografía a su figura con el título Llámame Patria. Otra biografía fue la de Javier Juárez, autor de Patria, una española en el KGB. La violinista roja es una novela biográfica de Reyes Monforte. La última revisión de la vida de África fue realizada por Laura Elisa Ramos en 2025 con su obra Mi niñera de la KGB.

LÁPIDA DE ÁFRICA DE LAS HERAS EN CEMENTERIO DE MOSCÚ