El fraile dominico y teólogo Domingo de Soto está considerado como el promotor de la Física Moderna. Fue el primero en establecer que un cuerpo en caída libre sufre una aceleración constante. Su teoría del movimiento uniformemente acelerado y la caída de los graves fue el precedente de la Ley de la Gravedad de Newton.
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| ORIGEN DE LA FÍSICA MODERNA POR DOMINGO DE SOTO |
Domingo de Soto nació en Segovia, en 1494. Estudió en la Universidad de Alcalá y, desde 1516, en el parisino Colegio de Montaigu de Universidad de La Sorbona, donde amplió sus estudios en la Filosofía nominalista, una de las principales doctrinas escolásticas del Renacimiento.
En 1520, regresó a la Universidad de Alcalá de Henares para ocuparse de la cátedra de Metafísica. En 1525, ingresó en la Orden de los Predicadores Dominicos.
En 1532, comenzó a impartir la cátedra de Vísperas de Teología como catedrático de la Universidad de Salamanca durante dieciséis años. Fue uno de los grandes alumnos de Francisco de Vitoria, llegando a formar parte de la denominada Escuela de Salamanca, movimiento intelectual de catedráticos escolásticos que realizaron importantes y novedosas aportaciones a los Derechos Humanos, ala Filosofía y a la Ciencia Económica Moderna.
Durante su dilatada carrera académica, intervino en los grandes acontecimientos intelectuales del Renacimiento español, como el Concilio de Trento, entre 1545 y 1547, y la Controversia de Valladolid, en 1550.
En 1552, sustituyó a Melchor Cano en la prestigiosa cátedra de Prima de Teología, que desempeñó hasta 1556, momento en el que renunció.
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| DOMINGO DE SOTO Y LA LEY DE CAÍDA DE GRAVES |
Una de las características más destacadas del pensamiento sotiano fue la preocupación por la justicia social, tan común en los miembros de la Escuela de Salamanca. Así, en su Deliberación en la causa de los pobres, de 1544, escribió: "So pena de pecado mortal son obligados los ricos a hacer limosna de los que les sobra". Con excepción de lo que el hombre necesita para su sustento personal y familiar, todo lo demás ha de darlo "al que tiene dello necesidad".
De carácter iusnaturalista es De dominio, publicado en Salamanca, en 1534. Establecía que Dios había criado "todos los bienes del mundo en común para el linaje humano", de manera que quien no se atienese a esta norma de conducta atentaba contra la ley divina y también contra el Derecho Natural, ya que "por Derecho Natural todas las cosas son comunes en cuanto al dominio". Según De Soto, si los bienes materiales han de quedarse divididos y privatizados han sido como consecuencia del pecado original.
El maestro de Salamanca dio una nueva dimensión a la teoría del Derecho de Gentes, formulada ya antes por Francisco de Vitoria, el gran precursor de los Derechos Humanos y del pensamiento anti-colonialista. Para Soto era un error considerar que fuera de la Cristiandad nadie es señor del mundo, tampoco el emperador ni el papa, así como que querer justificar el dominio del mundo en nombre de Cristo, ya que sería "maravilla que viniendo Cristo a predicar la pobreza en el mundo, recibiese el dominio del mundo".
Su respuesta ante esta cuestión fue resuelta así: "Si es lícito apoderarse por la fuerza de las ciudades de los infieles y gentiles a causa de su idolatría es rotundamente negativa, ya que tales guerras las llevamos a cabo contra las leyes divinas", por lo que "estamos de atendernos a los cometidos de la Fe". Matando a los gentiles "no sólo saldamos las exigencias de la caridad, sino que también nos hacemos odioso e infecciosos a ellos y, por ende, ineptos para inducirles a aceptar nuestra fe".
La misión de los católicos no es la de castigar a los infieles por sus pecados, sino la de perdonarlos:
"La predicación de la Fe tiene como finalidad el perdón y remisión de los pecados. Es así que castigar los pecados de los infieles se opone diametralmente a la misma. Luego, la fe católica no nos concede potestad alguna para castigarlos."
Se explica que contradiciendo a san Agustín negarse que los romanos tuvieran derecho a invadir y conquistar a otros pueblos.
"El Derecho Natural es igual para todos los hombres, ya que todos son de la misma naturaleza; por consiguiente, nadie es de esta manera señor de los demás."
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| REPRESENTACIÓN TEATRAL DE LA CONTROVERSIA DE VALLADOLID |
Entre 1550 y 1551, asistió a la Junta de Valladolid en el debate sobre la Polémica de los naturales. Esta comisión de teólogos y juristas abordó la legitimidad y forma de proceder por la Corona española en el proceso de colonización de América, así como el derecho de Indis. En el primer debate oficial sobre los Derechos Humanos, Soto realizó el Sumario, único documento original de aquella disputa. En este debate sobre los Justos Títulos, los frailes Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas discreparon como líderes de dos modelos de colonización antagónicos. Soto se inclinó en su resumen hacia las tesis del este último.
Otra de las materias de las que se interesó Domingo de Soto fue la Economía, tan característico entre los miembros de la Escuela de Salamanca, los fundadores de la Ciencia Económica Moderna. Analizó numerosos problemas como la usura, los contratos, la actividad del intercambio mercantil, la determinación del precio justo, así como las variaciones del mismo. Llegó a recomendar desde su cargo, ciertas intervenciones en precios. Rothbard lo criticó porque, en su opinión, Soto rompió con la tradición escolástica de la defensa del precio de mercado como precio justo.
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| SESIÓN DEL CONCILIO DE TRENTO, POR TIZIANO |
Entre 1545 y 1547, formó parte de la delegación española durante la primera parte del Concilio de Trento, en calidad de teólogo imperial de Carlos V ante la imposibilidad de que fuera Francisco de Vitoria. En sus intervenciones defendió la Escolástica y atacó el Protestantismo y el Nominalismo como desviaciones de la doctrina cristiana. Esta tesis fue desarrollada más ampliamente en Ad Sanctum Concilium Tridentinum de natura et gratia libri tres, publicado en Venecia, en 1549.
Frente a la tesis luterana de que la Fe basta por sí sola como justificación ante Dios, Soto afirmaba, al igual que los demás teólogos católicos, que la Fe es inseparable de la Caridad y que sin ésta se convierte en una abstracción vacía de contenido.
Separada de las obras concretas de caridad, la sola fides de Lutero se revela como un solipsismo o subjetivismo carente de la categoría de alteridad, esencia y condición del amor al prójimo y clave del verdadero Cristianismo. Este concepto activo y solidario de la Fe concuerda con la importancia que el maestro salmantino adjunta a la conducta moral o bonum honestum, que es la vía hacia Dios. La Fe es virtud moral. El hombre tiene dos fines, uno sobrenatural y otro natural. Aquél consiste en la contemplación de Dios, éste en el obrar de acuerdo con la Razón, operari secundum naturem, cuyo fruto es la obra buena y honesta. A este proceder racional pertenece el esfuerzo por el advenimiento de un Estado justo. Cuando uno hace lo que debe hacer, puede contar con la gracia o auxilio especial de Dios. A su regreso a España, el emperador le nombró su confesor personal, cargo que aceptó a su pesar, porque su deseo era el de proseguir su labor docente.
En 1548, intervino, como teólogo católico frente a los protestantes, en la redacción del Interim de la Dieta de Augsburgo. Allí coincidió con el también dominico Pedro de Soto, confesor real, a quien sustituyó en el cargo en 1548. Ambos intentaron, pero no consiguieron, impedir la influencia que sobre el emperador Carlos V tenía el cardenal Granvela. El emperador le ofreció el nombramiento como obispo de Segovia, que no lo aceptó, y el de confesor personal, que tras dos años de oficio renunció al mismo para continuar su trabajo en Salamanca.





















