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HISPANIC SOCIETY OF AMERICA


La Hispanic Society of América es una institución fundada por Archer Milton Huntington en 1904 para la divulgación y estudio del arte y la cultura española e hispanoamericano en los Estados Unidos de América con sede en Nueva York.

Posee la más importante colección de arte hispano fuera de España. Su museo contiene una rica colección de pinturas del Siglo de Oro español y otras más modernas como Velázquez, Murillo, Ribera, Zurbarán, el Greco, Goya, Zuloaga y Sorolla. Su biblioteca alberga una amplia colección de libros impresos y códices manuscritos de diversos autores como Alfonso X, Nebrija, Quevedo, Cervantes, De la Cruz, Machado o Lorca.

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

La Hispanic Society of America es un museo y biblioteca de investigación para el estudio de la cultura y el arte de España, Hispanoamérica y Portugal, situada en la ciudad de Nueva York en el distrito de Manhattan. Fue fundada por Archer Milton Huntington el 18 de mayo de 1904, y estableció su sede permanente en el edificio Audubon Terrace, en 1908, de estilo Beaux-Arts, situado en la avenida Broadway entre las calles 155 y 156 de Nueva York.

Está formada por un museo permanente, una biblioteca y un seminario de estudios hispánicos medievales (Hispanic Seminary of Medieval Studies), que es considerado como una de las más prestigiosas editoriales en su campo. Además, ha financiado expediciones, revistas académicas e importantes exposiciones de arte.

Actualmente, es el mayor y más importante museo de arte español fuera de España, con pinturas que abarca desde la época medieval hasta nuestros días, e incluyen auténticas joyas del Siglo de Oro, del XIX y de principios del XX.

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

El museo cuenta con más de 800 pinturas, 600 acuarelas, 1.000 esculturas, y 6.000 objetos decorativos que abarcan del Paleolítico al siglo XX, incluyendo una colección de textiles. Además, posee una amplia colección de 15.000 grabados de varias épocas y más de 175.000 fotografías desde 1850.

Entre las obras pictóricas más destacadas del Siglo de Oro se encuentran La Piedad del Greco, obra que realizó durante su estancia en Roma y en la que muestra la gran influencia del Renacimiento italiano, también Retrato de niña, El cardenal Astalli y El conde-duque de Olivares de Diego de Velázquez, y otras pinturas de Bartolomé Esteban Murillo, Francisco Zurbarán, Jusepe Ribera y Alonso Cano.

De Francisco de Goya, cuenta con importantes dibujos, grabados y cuadros como el retrato de La Duquesa de Alba.

La colección de pinturas de la Sociedad la completan artistas del XIX y XX como Joaquín Sorolla y Bastida, Mariano Foruny, Ramón Casas, Santiago Ruisiñol, Isidro Nonell e Ignacio Zuloaga.

La colección Las regiones de España de Joaquín Sorolla está ubicada en una impresionante sala de grandes lienzos. Debido a obras de restauración, dichas pinturas se desmontaron y enviaron temporalmente a España, donde se expusieron en una muestra itinerante por varias ciudades que culminó en 2009, en el Museo del Prado y finalmente en Valencia.

Pero además, la Hispanic Society cuenta con una exposición de joyería, orfebrería, arqueología, tejidos, grabados, fotografía, etc., y una de las mejores colecciones de cerámica hispano-musulmana formada por más de 150 piezas desde el siglo XIV hasta el XX. El museo tiene objetos decorativos y utilitarios de cerámica y porcelana procedentes de distintos talleres de España, Italia y México.

LIENZOS DE LA REGIONES ESPAÑOLAS POR JOAQUÍN SOROLLA

La biblioteca reúne cerca de 200.000 libros impresos, códices manuscritos y otro tipo de publicaciones de los siglos XI al XX. Los más de 15.000 libros históricos fueron impresos entre los siglos XV y XVII, de los cuales hay 250 incunables; uno de ellos es la "editio princeps" de La Celestina, escrita por de Fernando de Rojas en Burgos, en 1499. También se encuentra una rica colección de la escritora hispano-mexicana sor Juana Inés de la Cruz, la primera edición del Quijote, y miles de rarísimas obras impresas.

La colección de manuscritos de la Sociedad Hispánica es la más importante fuera de España, con documentos tan importantes como el primer Fuero Real de Castilla, el de Aguilar de Campoo (Palencia). Por esta razón es un centro de documentación esencial para investigadores de la cultura hispánica de todo el mundo y paraíso de bibliófilos. Entre los manuscritos más preciados se encuentra el original de El alguacil endemoniado, uno de los Sueños de Francisco de Quevedo, así como importantísimos documentos medievales.

Lo más significativo de la sección de manuscritos y libros raros es la colección del Marqués de Jerez de los Caballeros. Cuando Huntington la adquirió en 1904 al marqués Manuel Pérez de Guzmán y Boza, se decía que era la mejor biblioteca de libros españoles de todo el mundo. Son 10.000 obras, entre impresos y manuscritos, y cuando salieron de España, Ramón Menéndez Pidal dijo que se trataba de "una pérdida peor que la de Cuba".

Destaca el mapamundi realizado por Juan Vespucio (sobrino del cosmógrafo Américo Vespucio) en 1526 que incluye la representación más temprana y precisa del golfo de Florida y el Manual de instrucciones para los pilotos de mar, un libro sobre náutica y artes navales perteneciente a la Universidad de Mareantes de Sevilla de mediados del XVI. También posee la primera edición de Tirant lo Blanch, realizada 1490, y obras de Alfonso X el Sabio, Antonio de Nebrija, el Marqués de Santillana o la ya citada primera edición de El Quijote.

Otra parte de los fondos de la biblioteca de la Hispanic Society pertenece a autores del siglo XX que fueron amigos personales de Huntington: cartas, manuscritos y ediciones firmadas de Rubén Darío, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Emilia Pardo Bazán o Antonio Machado y, aunque Huntington no llegó a conocer a Federico García Lorca, se conserva la versión original a máquina con anotaciones manuscritas de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, gracias a una importante donación que realizó Mildred Adams, estudiosa de Lorca.

MUSEO DE HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

La plaza de las Bellas Artes que se encuentra en el exterior del edificio Audobon Terrace, pero dentro del recinto de la Hispanic Socitety, ofrece uno de los mejores conjuntos de escultura monumental de Nueva York. Este espacio escultórico fue diseñado en 1908, pero fue Anna Hyatt Huntington, distinguida escultora americana y esposa del fundador, quien transformó más tarde el lugar con sus esculturas.

En el nivel inferior se encuentra una estatua ecuestre del Cid Campeador, con cuatro guerreros sentados alrededor de la base. El Cid ocupa este lugar de honor por el amor de Huntington por la literatura española y, sobre todo por el romance El poema del mío Cid. El conjunto se completa con dos astas de bandera en cuya base se representan personificaciones de las artes, monjes arrodillados, eclesiásticos y escenas de batallas.

El conjunto de bronce exento se complementa con relieves de piedra caliza representando a Boabdil, último califa de Granada, y Don Quijote, ambos de perfil y a caballo. El interés especial de Anna Hyatt por la escultura de animales queda también patente en las figuras de leones, ciervos, osos, jaguares, buitres y jabalíes, que completan la plaza frente al Audubon Terrace.

PLAZA DE LAS BELLAS ARTES DE LA HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

Archer Milton Huntington nació en 1870 en Throggs Neck, en el neoyorkino distrito de Bronx. Era hijo del empresario de ferrocarriles Collins Huntington, del que recibió una de las mayores fortunas de Estados Unidos. Pero su vocación desde joven fue el Hispanismo, mostrando un gran interés por la cultura española, viajando con tan sólo 20 años hasta España para conocerla y convertirse en un hispanófilo. Durante su estancia, se dedicó también a adquirir una serie de obras de arte con la intención de mostrarlas al público en su ciudad natal.

Así, en 1904, Huntington fundó la Sociedad para la exposición de sus colecciones artísticas en el museo, y para el estudio y la difusión de la cultura española mediante el seminario y la biblioteca. Su sueño de formar el mayor museo de arte español e hispanoamericano posible en su ciudad fue hecho posible.

Se dijo durante su tiempo en vida que Huntington jamás adquirió una sola pieza de arte español mediante transacciones clandestinas, aunque también se puso en duda. En todo caso, su intención siempre fue la de un apasionado hispanista y su institución tuvo como único objetivo la promoción del rico patrimonio español en Estados Unidos.

LIENZOS DE LA REGIONES ESPAÑOLAS POR JOAQUÍN SOROLLA

HISPANO-AMERICANISMO


El Hispano-americanismo es la tendencia y aspiración a una íntima relación entre España y las Repúblicas hispano-americanas, unidas ya como comunidad de orígenes, religión, lengua, tradiciones y costumbres. Consistente en una especie de confederación-alianza, en igualdad, pero con la supremacía de honor para España, como madre común, que trascienda al orden social, jurídico y económico.

HISPANO-AMERICANISMO

Las denominaciones de 
Hispano-americanismo, de América española o de Hispano-América son preferibles y más exactas que las de América latina e Ibero-americanismo. Así lo han expresados sucesivos literatos y filósofos como Juan C. Cebrián, Menéndez Pidal, Mariano de Cavia, Vázquez de Mella, Adolfo Bonilla, el uruguayo José Enrique Rodó y la generalidad de los autores hispanistas. Estas son las principales razones:

1. el adjetivo español indica todo lo que procede de España (raza, lengua, costumbres, etc,).

2. el apelativo latino se refiere en sentido estricto a un antiguo pueblo de Italia, y la acepción amplia y moderna comprende a Francia e Italia, que nada han tenido que ver con el descubrimiento, civilización y fundación de las Repúblicas hispanoamericanas.

3. el calificativo ibero, si bien tiene remota antigüedad y es admisible en el orden literario, no lo es este caso, pues ni los iberos ocuparon toda España, ni la raza que descubrió y civilizó la América tenía de ibera sino una mínima parte (ya que después vinieron los celtas, los romanos, los visigodos y los árabes, prescindiendo de otras menores influencias étnicas).

Incluyen en la tendencia y en el calificativo de Hispano-americano a Brasil, no por expansión dominadora, sino porque el calificativo español y el nombre de Hispania convienen a todos los habitantes y a todo el territorio de la península que albergó a la Hispania romana.

La corriente del hispanoamericanismo es resultado de una larga serie de causas que la han producido, tanto en España como en la América española. Emancipadas las colonias españolas desde 1810 hasta 1825, España sostuvo sus derechos hasta que por Ley del 4 de Diciembre de 1836 se autorizó al Gobierno para reconocer la independencia de aquéllas, celebrándose el primer Tratado de paz, con Méjico, el 26 del mismo mes y año, que produjo el efecto de que abrieran sus puertos al comercio español, Venezuela, Uruguay y Colombia, a lo que correspondió España otorgándolas el mismo beneficio, en 1837 a Venezuela y en el año siguiente a las otras dos Repúblicas.

Desde 1845 se entró en el camino de los tratados generales, hasta llegar a la serie de los establecidos en 1885 y 1888.

En 1871 se pactó el armisticio que suspendió la guerra que, por la llamada cuestión del Pacífico, existía desde 1864-65 entre España y Chile, Perú, Bolivia y el Ecuador, armisticio que se sostuvo hasta los tratados definitivos de paz celebrados por la primera con Bolivia y Perú en 1879, con Chile en 1883 y con el Ecuador en 1885.

A pesar de esto, las relaciones entre la madre y sus hijas emancipadas no eran todo lo vivas y cordiales que debían, existiendo en las segundas equivocaciones en juzgar la obra de la primera.

El año de 1892 señala el principio de las rectificaciones y del nacimiento del hispanoamericanismo. En ese año se celebró el 4º Centenario del descubrimiento de América, asistiendo a las fiestas celebradas en Madrid y Huelva representaciones oficiales de los Gobiernos hispano-americanos, teniendo lugar diversos Congresos (de Derecho, Ciencias, Economía, Literatura y Pedagogía) de carácter hispanoamericano, así como uno de los americanistas del mundo entero.

El Gobierno español comenzó la reconstrucción del convento de la Rábida y de un monumento en honor de Colón y, a propuesta de la Sociedad Colombina Onubense, se declaró fiesta nacional el día 12 de Octubre, origen de la Fiesta de la Raza. Consecuencia de esta mayor aproximación entre España y América fueron rebajas arancelarias, convenios de extradición y de propiedad literaria e industrial, etc.

En la Guerra de los Estados Unidos contra España, los Estados hispano-americanos observaron una neutralidad afectuosa para con España, y la violencia del Tratado de París de 1898 que expulsaba totalmente de América a la nación madre, descubridora y civilizadora, produjo el efecto de aumentar las simpatías por España en el Nuevo Mundo, puestas de manifiesto en el Congreso Social y Económico Hispano-americano que por iniciativa de la Sociedad Unión Ibero-americana se celebró en Madrid (Palacio de la Biblioteca Nacional) en 1900, y al que asistieron numerosas e importantes representaciones de la cultura americana. Desde entonces las demostraciones de afecto y de relación fueron más frecuentes, trascendiendo al pueblo, celebrándose Asambleas provinciales, fundándose Centros hispano-americanistas y acentuando su labor los ya constituidos.

BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID

Entre estas Sociedades que han realizado y realizan una labor admirable de aproximación entre España y la América española son dignas de especial mención:
1. la Colombina Onubense (fundada en la Rábida en 1880)
2. el Club Palosófilo (1908), 
3. la Unión Ibero-americana (Madrid 1885), que disfruta subvención oficial; 
4. la Casa de América de Barcelona, fundada en 1911 por fusión de la Sociedad Libre de Estudios Americanistas y el Club Americano
5. la Academia Hispano-americana de Ciencias y Artes de Cádiz (1909)
6. el Centro de Unión Ibero-americana de Bilbao (1906), que fue precedido de la creación del Museo Comercial e Industrial comparativo hispanoamericano en la misma ciudad (1904)
7. el importantísimo Centro de Cultura Hispano-americana de Madrid (1911), que publica libros de alto valor y edita un erudito Boletín, repartido profusamente por España y América, así como envía propagandistas, organiza conferencias y debates, etc.

Labor apreciable en este sentido han realizado también las Sociedades Económicas de Amigos del País, juntamente con las Cámaras de Comercio; las de Galicia organizaron una Asamblea hispano-americana en 1909 y otra las de Asturias en 1901. En ésta se votó por aclamación la conclusión de que España no se daba por despedida del mundo americano por efecto del Tratado de París de 1898 y afirmaba su existencia al otro lado del Atlántico, no sólo por su tradición de descubridora y colonizadora, sino también por las manifiestas simpatías del próspero y libre pueblo americano de nuestro tiempo y por la participación activa que toman en el progreso de aquellas hermosas Repúblicas los millares de españoles que allí viven, conservando, por ser perfectamente compatible, la nacionalidad originaria.

El aumento de la emigración española a Hispano-América desde 1900 y estas corrientes, motivaron numerosísimos tratados y convenios entre España y las Repúblicas hispanoamericanas sobre las diversas materias de Derecho internacional, que han culminado en el acuerdo del Congreso Postal celebrado en Madrid en 1920 y adoptado por los respectivos Gobiernos, en virtud del cual forma la América española un solo país con España (no considerándose, por tanto, como extranjero) para las tarifas postales, por lo que el mismo sello de Correos que se emplea para la circulación dentro del país, sirve para la correspondencia entre España y las hijas emancipadas (y también los Estados Unidos).

En 1912. se fundaron nuevas Sociedades Hispano-americanistas, como el Instituto Ibero-americano de Derecho comparado, de Madrid, y el importantísimo Instituto de Estudios Hispano-americanos de Sevilla, dedicado a la investigación y divulgación de los fondos del Archivo de Indias, estudiado también por enviados de América, que con sus descubrimientos y publicaciones han desvanecido la leyenda que los enemigos de España habían tejido contra la obra colonizadora.

ARCHIVO DE INDIAS DE SEVILLA

Al propio tiempo, se han ido estableciendo en los centros oficiales españoles enseñanzas o cátedras de materias americanas, como la de Historia de las instituciones políticas y civiles de América, en la Universidad Central; la de Instituciones coloniales históricas de España, en la Escuela Diplomática, y la de Historia de América en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Las Academias Españolas de la Lengua, de la Historia, de Ciencias Exactas y de Ciencias Morales y Políticas tienen socios correspondientes en América, y la primera ha establecido, como delegaciones o hijuelas, la Academia Colombiana (Bogotá), la Ecuatoriana (Quito), la Mejicana, la Salvadoreña, la Venezolana (Caracas), la Chilena (Santiago), la Peruana (Lima), la Guatemalteca (Guatemala) y la Argentina (Buenos Aires).

Paralelamente al acercamiento de España a América, se ha producido el de América a España. Durante mucho tiempo predominaron en las Repúblicas emancipadas las estrofas violentas de los himnos de guerra (hoy suprimidas en todo lo que podía molestar a España), al propio tiempo que la leyenda extranjera contra la colonización española y la falsa atribución a España de propósitos de reconquista (como falsamente se quiso ver en la guerra del Pacífico), así como la propaganda de los insurrectos cubanos y la mala política colonial seguida por España en los últimos tiempos, creaban cierto estado de tirantez y de recelo, cuando no de odio. Semejante disposición ha ido desapareciendo poco a poco, hasta trocarse en los últimos tiempos en afecto verdaderamente filial. A ello han contribuido diversas causas.

Al estudiar la colonización española en América hemos indicado ya la vindicación que de la misma han hecho, especialmente desde el segundo decenio de este siglo, los escritores americanos. La campaña panamericana iniciada en 1889 por los Estados Unidos, en la que James Blaine se presentó como continuador de la doctrina de Monroe, exagerada después en el sentido de que América debía ser para los americanos del Norte, por la hegemonía de los Estados Unidos, despertó justificados recelos en muchos centros de la América hispánica y produjo la tendencia a fortificar el carácter étnico de ésta, invocándose las comunes tradiciones, orígenes, lengua, religión y costumbres, lo que atrajo la atención y la simpatía hacia la antigua Metrópoli, que se presentaba como lazo de unión entre todos los amenazados, y determinó movimientos de prensa, de opinión y de Chancillerías cuyos resultados no tardaron en tocarse, influyendo en ello la conducta observada con España (1898) por los Estados Unidos (olvidando éstos lo que España hizo por su descubrimiento e independencia, así en la guerra de separación de fines del siglo XVIII como en la de Secesión de 1866) y el silencio de Europa ante la expoliación, que produjeron una viva corriente de afecto hacia la vieja madre.

Otros hechos que contribuyeron a lo mismo, fueron: el envío por España de representantes a las fiestas conmemorativas de la Independencia de las Repúblicas hispano-americanas en su Centenario (1910-14), incluso el viaje de la infanta doña Isabel a la República Argentina (1910), rectificando así el antiguo apartamiento, de lo cual fue prueba también la inauguración (1915) del monumento erigido en Madrid por España y por Cuba a los héroes del combate del Caney, a la cual asistieron, presidiendo el desfile juntos, el monarca español y el representante diplomático de la República cubana; el intercambio literario y artístico representado por la actuación de las compañías teatrales, viajes a América de escultores, pintores, literatos y sabios españoles para dar a conocer sus obras y divulgar la ciencia y la cultura españolas, llamados en algunos casos desde la misma América (en Buenos Aires surgió la fundación Menéndez y Pelayo para llevar allí los hombres eminentes de España al objeto de dar conferencias); la visita de barcos de guerra españoles a las Repúblicas (la Nautilus a la Habana en 1908, el España a Panamá, Chile y la República Argentina en 1920, llevando al infante don Fernando como representante de España en el Centenario de Magallanes) para asociarse a sus grandes fiestas, motivando en todas partes entusiastas manifestaciones de amor a España; y, sobre todo, la emigración española, entre la cual destacan importantes personalidades que conservan su nacionalidad hispana, y que han constituido un sinnúmero de centros españoles en América, algunos tan importantes como el Club Español de Buenos Aires y los Centros Gallego y Asturiano de la Habana.

MONUMENTO AL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA EN MADRID

Desde hace tiempo existe la tendencia a federar a los españoles de toda América por medio de la federación de sus Centros, idea que ha comenzado a realizarse en Cuba, el Uruguay y la República Argentina, llegándose a pedir (como se hizo en la Asamblea celebrada en 1913 por la Federación de los Centros españoles de la República Argentina, en número de 176) que se conceda representación en las Cortes españolas a aquellos españoles o al menos a sus Centros, a la manera como se concede en el Senado a otras entidades parecidas (Universidades y a las Sociedades Económicas).

Españoles e hispano-americanos se consideran hoy como formando una sola nación dividida en Estados diversos. Pruébalo la igualdad que se ha establecido entre España y sus hijas de América en materia de comunicaciones, literatura, arte, etc. Hecho significativo es el de que el Gobierno y las Cámaras de Panamá (país que hizo en favor de España la excepción de admitirla en la Exposición que celebró en 1916 con motivo de la inauguración del Canal interoceánico, siendo el único país de Europa que obtuvo tal concesión «por deferencia y amor a la antigua madre patria») concedieron a España una extensión de terreno, construyéndose por 600.000 pesetas un edificio destinado a ser la llamada Casa de España, en la que han establecido un Museo Comercial y la residencia del representante diplomático español, y en el mismo país se ha elevado una estatua a Vasco Núñez de Balboa.

La República Argentina, Chile, Perú, Guatemala, Colombia, Méjico, Cuba, Puerto Rico rivalizan en demostraciones de amor a España. El intercambio de ideas y de productos ha sufrido un prodigioso aumento en los últimos años en España y América, y aquélla toma parte oficial en los centenarios y grandes alegrías y tristezas de ésta y viceversa (el Centenario de Cisneros fue celebrado en la República Argentina y en Cuba, lo mismo que el de Cervantes lo fue en toda América).

Los artistas españoles exponen sus obras en América y los americanos en España; los grandes hombres de uno y otro país viajan por ambos, siendo objeto de imponentes manifestaciones de amor racial (recuérdese la visita del infante don Fernando a América y la del presidente de la República Argentina, señor Alvear, a España); se han reformado los libros destinados a la enseñanza, de conformidad con la verdad histórica sobre España y en algunos casos se han adoptado como texto las obras de los sabios españoles (en Guatemala las de Ramón y Cajal), y tan poderosa es la tendencia, que ha trascendido al extranjero.

El hispanismo se desarrolla poderoso en los Estados Unidos, donde se ha extendido rápidamente la enseñanza del castellano (ciertamente como medio de penetración en el resto de América), se estudia la literatura, se requiere al arte español, se publican tres grandes revistas de carácter españolista: Boletín de la Unión PanamericanaHispania y The Hispanic American Historial Review; y en 1919 se ha constituido en Nueva York la Asociación Cortes Society para publicar documentos y estudios sobre el descubrimiento, la conquista y la colonización de América por los españoles, siguiendo el camino iniciado por Bourne, Lummis y Bandelier y de la más antigua Hispanic Society of America. Incluso en Europa se ha comprendido el alcance de las aspiraciones hispanoamericanas.

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

En Hamburgo se creó ya en 1913 el Instituto Ibero-americano para investigar la comunidad de cultura formada por los pueblos de la Península española y de la América española, y que ha dado a luz importantísimas publicaciones (como las revistas mensuales Mitteilungen der Iberoamerikanischen Gesellschaft y Spanien, y la Bibliotek der Cultura latinoamericana), habiendo salido de él, como filial suya, el Centro Ibero-americano de Hamburgo para fomentar las relaciones espirituales y económicas entre España y América y a cuya inauguración concurrieron los cónsules de todos los países interesados residentes en Hamburgo.

La unión o confederación espiritual hispanoamericana no se fundamenta tan sólo en la raza, en la lengua, en la religión y en las costumbres, sino también en el hecho mismo de la emancipación de aquellas Repúblicas y en la actual acción de España por la causa de la civilización americana. Numerosos escritores hispanoamericanos (como el doctor León Suárez en su folleto Carácter de la Revolución americana, Buenos Aires 1917) han puesto en claro que la emancipación de América no fue dirigida directamente contra la Metrópoli, ni se realizó por el gusto de separarse de España, sino como medio de obtener el gobierno y las libertades que entonces se anhelaban y por la consecución de las cuales se luchaba también en España, no debiendo culparse a ésta, sino a los Gobiernos de entonces, el no haber dado a América unas libertades de que ella misma carecía. Prueba de ello se dice ser el auxilio recíproco que se prestaron los liberales americanos (éstos con dinero) y los españoles (como Riego, que en vez de ir a América a combatir la rebelión se sublevó con las fuerzas a tal empresa destinadas), de tal modo que puede afirmarse que la Revolución americana, realizada por españoles, triunfó debido al apoyo de los liberales españoles de la metrópoli.

La consecuencia implícitamente contenida en estas premisas es la de que una vez conseguidas esas libertades y sin perjuicio de la independencia alcanzada, procede que las libres Repúblicas de Hispano-América se unan con España en todo lo que no afecte a esa independencia y a esas libertades. Desde punto de vista opuesto y más fundamental ha llegado a la misma conclusión Mario André en su obra ya mencionada El fin del Imperio español de América

(versión de J. P. H., Barcelona 1922). De esta obra y de su estudio hecho en su prólogo por Carlos Maurras se desprende que la revolución hispanoamericana se estaba preparando desde veinte años antes al principiar el siglo XIX por una minoría escogida de gente ilustrada (nobles, hombres de carrera, propietarios y ricos comerciantes), y no tenía por causa la teocracia ni el despotismo, sino el vuelo industrial y comercial del país y el desenvolvimiento intelectual de esa minoría educada por los frailes.

El incremento de la revolución se debió precisamente a fidelidad al monarca español destronado por Napoleón y a la aceptación por él, en un principio y después de repuesto en su trono, de la Constitución revolucionaria de 1812. Por lo primero se explican las constantes protestas de fidelidad al rey que hacían los primeros revolucionarios y el hecho de que se sostuviese el principio de que al rey español destronado debía reservársele el Imperio de América (obsérvese que Godoy tuvo la idea de mandar allá a Fernando VII), y si no lo aceptaba personalmente, ofrecerlo a un príncipe de su casa o al archiduque Carlos de Austria, con lo cual se conseguía la independencia de América, pero en contra de Francia, no de España. Al ver que el rey destronado volvía al trono de España, pero aceptaba la Constitución de 1812, los realistas y católicos se unieron a la causa de la emancipación, siendo este elemento (el clero y los frailes, que eran los profesores de las Universidades, y la gente ilustrada educada por ellos), el que dio a la revolución el triunfo definitivo, como protesta contra los principios de la Revolución francesa, los cuales sólo posteriormente y por cauces subterráneos vinieron a desfigurar el movimiento y a ejercer notable influencia. Las guerras de la Independencia fueron, pues, en el fondo guerras civiles, no entre españoles y americanos, sino entre americanos (todos españoles) partidarios unos de la emancipación y otros opuestos a ella. Siendo de observar que contra ella lucharon en favor del dominio de España desde los criollos hasta los indios, lo cual prueba que éstos no gemían duramente bajo un yugo odioso, que tenían ocasión de sacudir. Y he aquí por qué la guerra pudo prolongarse tanto tiempo, cuando precisamente España carecía de fuerzas, y cuando Inglaterra sólo pudo sostener siete años la de los Estados Unidos.

ESCULTURAS DE BLAS DE LEZO Y MIGUEL DE CERVANTES

La unión o confederación hispano-americana sería sumamente ventajosa para España y para América. La primera vería aumentada su importancia internacional; la segunda su fuerza para resistir la absorción económica, primero, y política después (recuérdense los casos de Panamá, Méjico, Santo Domingo y Puerto Rico) por los Estados Unidos.

En la nueva organización económica que ha de producirse en el mundo, la lucha habrá de tener por base en gran parte la relación del mercado americano con el europeo. En el año 1923 se ha celebrado en España el I Congreso Nacional del Comercio español en Ultramar, con el concurso de las Repúblicas hispanoamericanas. El ideal en este orden sería la creación de una unión aduanera, espiritual y económica hispanoamericana que convirtiese los mercados nacionales en un gran mercado internacional, donde los productores estuviesen como si se moviesen dentro de un mismo Estado. Así, España recibiría de América todo lo que le falta y enviaría a ella todos los productos de su industria, pudiendo desarrollarse sin acudir al extranjero; y sería al propio tiempo depósito del comercio de tránsito entre América y el resto del mundo, para lo cual se presta admirablemente por su posición geográfica.

Terreno muy a propósito es el de la Banca, estando hoy la española en condiciones de intervenir eficazmente en América, evitando el que ésta tenga que recurrir a los Estados Unidos o a Inglaterra para proporcionarse los empréstitos que necesita para su desarrollo. Ya antes de comenzar la guerra salían de España unos 100.000.000 de pesetas anuales para invertirse en valores americanos, y al comercio bancario de giro entre las Repúblicas hispanoamericanas y España se dedican con éxito lisonjero el Banco Hispano-americano y el Banco Español del Río de la Plata, así como otros menos importantes, y también han establecido en España sucursales ciertos Bancos hispanoamericanos; pero es preciso dar mayor impulso a estas relaciones con el auxilio financiero a los Estados y empresas de aquellos países.

La confederación no serviría solamente para librar a la América española de ser sojuzgada por un país de raza, lengua y costumbres diversas, sino también para mantener la unión y harmonía entre las diversas Repúblicas, mediante el arbitraje, inspirado en la justicia y el amor, ejercido por España para poner término a las discordias interiores de la América española, contribuyendo así a formar los Estados Unidos del Sur, que contrapesarían la acción sajona de los Estados Unidos del Norte.

La confederación espiritual de que se trata se encuentra solamente en período de preparación, que tiende a estudiar los medios para fijar los acuerdos que determinen las bases de una legislación común hispanoamericana, sobre propiedad literaria, artística e industrial, y sobre Derecho penal, procesal y mercantil; sobre instrucción pública y acerca de la confederación de instituciones literarias, artísticas y benéficas.

A ello se dirige la celebración que se prepara en Sevilla por el Centro de Cultura Hispano-americano, de un Congreso cultural que debe celebrarse coincidiendo con una gran Exposición hispanoamericana, cuya fecha está fijada por ahora para el año 1924, Congreso que será el sexto de la serie y vendrá a continuar y completar la obra de los que le precedieron (Congreso literario de 1892 en Madrid; Congreso Social y Económico celebrado también en Madrid en 1900; Congreso de Historia y Geografía, de Sevilla, en 1914; el II Congreso de Historia y Geografía hispanoamericanas, también en Sevilla, en 1921; I Congreso del Comercio español en Ultramar, en 1923).

RELIEBES DEL MONUMENTO A CRISTÓBAL COLÓN EN MADRID

Con el mismo fin se ha creado en Madrid el Instituto Hispano-americano de Bibliografía, en Abril de 1921 se proyectó el establecimiento de una Unión Interparlamentaria hispano-americanacon representantes de todos los Parlamentos de España e Hispano-américa, órgano activo de intimidad y mutua cooperación, cuyo objeto especial será la ampliación de relaciones artísticas, literarias, comerciales, benéficas y judiciales como medio de llegar a la alianza espiritual de todos los pueblos de raza hispánica, y últimamente, por Reales decretos del 21 de Enero y 10 de Noviembre de 1921, se han establecido en los Centros españoles de enseñanza becas gratuitas para estudiantes hispanoamericanos.

Para contribuir a esta acción es necesario por parte del Gobierno español la creación de un Cuerpo de agentes diplomáticos y consulares que tengan preparación adecuada, y el establecimiento de escuelas españolas en países como Panamá, Cuba y Méjico, donde hay trato frecuente con los angloamericanos. Si estos últimos crean escuelas donde se enseña la lengua española sin el espíritu español, España no debe abandonar ningún consulado en manos de personas que no piensen como los españoles o que traten con negligencia la creación de escuelas de su idioma.

Gran importancia ha de tener el proyectado viaje del rey de España por América, que sería el primer monarca español que la visitase.

Al objeto de establecer en la capital de España un Centro expresión sintética de la idea hispano-americanista, ha propuesto el diario de Madrid, El Sol (2 de Enero de 1918), construir en Madrid, con aportaciones del Gobierno español y de los Estados hispanoamericanos, un grandioso edificio, denominado Palacio de la Raza, con tantos pabellones como Estados hispano-americanos, destinado a exposiciones, conferencias, centro de reunión de los hispano-americanos, etc.; y en el barrio de Salamanca de Madrid se está levantando un Ateneo hispano-americano de estudiantes, del que formará parte una Universidad hispano-americana que comprenderá las enseñanzas de ciencias, leyes y estudios técnicos, que darán las personalidades hispanoamericanas competentes en estas materias.

CASA DE AMÉRICA DE MADRID

Hecho elocuente y significativo es la celebración de la Fiesta de la Raza en conmemoración del descubrimiento y en honor de los descubridores y colonizadores del Nuevo Mundo, fiesta que se celebra con entusiasmo por los países hispanoamericanos, en muchos de los cuales tiene oficialmente el carácter de fiesta nacional, como en España (en donde se lo ha otorgado la Ley del 15 de junio de 1918), y que constituye un verdadero homenaje a ésta, presidido por los más altos poderes y siempre con la asistencia de las autoridades de aquellas Repúblicas.

Como ejemplo del espíritu y carácter de esta fiesta están los fundamentos del Decreto con el que acordó la celebración de esta fiesta, como nacional, la República Argentina, Decreto firmado en 1917 por el presidente Hipólito Irigoyen, al que la colonia española regaló un ejemplar grabado en letras de oro sobre una placa de plata. Dice así:
Considerando: 
1.º Que el descubrimiento de América es el acontecimiento más trascendental que haya realizado la Humanidad a través de los tiempos, pues todas las renovaciones posteriores derivan de este asombroso suceso, que a la par que amplió los límites de la tierra, abrió insospechados horizontes al espíritu.
2.º Que se debió al genio hispano intensificado con la visión suprema de Colón, efeméride tan portentosa, que no queda subscrita al prodigio del descubrimiento, sino que se consolida con la conquista, empresa ésta tan ardua, que no tiene término posible de comparación en los anales de todos los pueblos. 
3.º Que la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la nación americana. 
Por tanto, siendo eminentemente justo consagrar la festividad de la fecha en homenaje a España, progenitora de naciones a las cuales ha dado con la levadura de su sangre y la harmonía de su lengua una herencia inmortal, debemos afirmar y sancionar el jubiloso reconocimiento, y el poder ejecutivo de la nación decreta: 
Art. 1.º Se declara fiesta nacional el 12 de Octubre. 
Art. 2.º Comuníquese, publíquese, dese al Registro nacional y se archive.  
–Firmado, Irigoyen.

Órganos en la prensa del movimiento hispanoamericanista son una serie de importantísimas revistas, entre las que pueden citarse en España las que publican la Real Academia Hispanoamericana y el Centro de Cultura Hispanoamericano, así como el Boletín de la Unión Iberoamericana y el del Centro de Estudios Americanista (Sevilla), debiendo añadirse la titulada Progreso, de Madrid; el Mercurio, de Barcelona; La Ilustración Española y Americana, el Mundo Latino, el Archivo Hispanoamericano, publicada por los franciscanos, el Boletín de la Sociedad Colombina de Huelva, y las revistas La Argentina en Europa y Cuba en Europa, no debiendo omitirse en esta lista la presente Enciclopedia, por la especial atención que presta a todo lo relacionado con la América española. Con todo, se nota la falta de un gran diario que sea órgano del movimiento, especialmente dedicado a exponer el pensamiento, los problemas, todo lo que interese a todos los pueblos de nuestra raza.

ESTATUAS DE CRISTÓBAL COLÓN EN NUEVA YORK

El amor a España de sus antiguas colonias se nota también en Filipinas. Joaquín Pellicena (conferencia dada en la Casa de América de Barcelona el 25 de Noviembre de 1917) y Antonio Martín Torrente (discurso de su recepción en la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz) han puesto de relieve este hecho consolador. En aquellas islas se reconoce hoy cuánto deben a España, como ha reconocido el mismo norteamericano Enrique James Ford, en el capítulo The situation in the Philippines, IX de su obra Woodrow Wilson, en el que se hace resaltar que la civilización de Filipinas es más antigua que la de los Estados Unidos.

Existen allí unos 6.000 españoles y unos 200.000 filipinos mestizos, descendientes directos de españoles, identificados con los primeros, figurando los españoles en tercer lugar por la cuantía de su contribución a las cargas del Estado (el primero lo ocupan los chinos y el segundo los filipinos), estando estrechamente unido el capital español con el filipino. Incluso los filipinos de raza malaya o mestizos chinos hablan el castellano y tienen educación española, constituyendo el español la lengua de la buena sociedad, de los procedimientos judiciales y de los Cuerpos colegisladores, pudiendo afirmarse que ha triunfado en su lucha con el inglés, que procuraron imponer los Estados Unidos, y que el castellano ha llegado hoy a su mayor florecimiento literario en aquellas islas.

Españoles y filipinos rivalizan en probar su amor a la patria común. La colonia española sostiene Cámaras de Comercio, Casinos e instituciones de beneficencia y cuenta con órganos importantes en la prensa, habiendo hace pocos años construido en Manila una magnífica Casa de España, a cuya inauguración asistieron todas las autoridades; y así como con relación a Hispano-américa se ha establecido la Fiesta de la Raza, en Filipinas se ha instituido el Día Español, que se celebra en todo el Archipiélago el 25 de julio, día del patrón de España. Los poetas filipinos se hacen intérpretes de estos sentimientos de su pueblo.


CASINO ESPAÑOL DE CEBÚ

Fernando M. Guerrero, con ocasión de las fiestas celebradas en la visita hecha por Salvador Rueda a :
Filipinas, muestra cómo éstas tienen
el corazón abierto al beso hispánico.

y encarga al poeta español decir a Hesperia en nombre de aquellas tierras:

Te adoran más que ayer aquellas Insulas
y el hijo que dejaste es todo un hombre.

Manuel Bernabé, interpretando el mismo sentimiento, auguraba ya este despertar del amor a España, inspirado en la enseñanza de dolores que produjo la separación de ésta:

En el curso del tiempo desenvuelto,
Tú, España, volverás ¿Qué amor no ha vuelto
Preso en la red del propio bien perdido?

Claro M. Recto, tagalo educado ya en tiempo en que España no era la soberana del Archipiélago, dice en su bellísimo Elogio del castellano, al saludar a la Casa de España:
Casa de España, Olimpo de las artes,
Templo del porvenir, ¡bendita seas!

Hispanos: si algún día la escarnecen,
nuestras aljabas vaciarán sus flechas
y nos verán, triunfantes o vencidos,
al pie de esta sagrada ciudadela.

Entre los medios de llegar a la unión espiritual y económica, propone Pellicena enviar misiones científicas y literarias, fundar una escuela de comercio o exposición mercantil a bordo de un buque mercante que vaya exhibiendo por el Extremo Oriente muestrarios de productos españoles; subvencionar el Estado español los centros y periódicos españoles del Archipiélago e instituir, otorgándolo por medio de la Real Academia Española, un premio anual para la mejor obra de autor filipino escrita en castellano; edición en España de los trabajos de autores filipinos; incremento de las relaciones comerciales y de las comunicaciones marítimas entre ambos países, estableciendo, además, un Banco Español en Filipinas con sucursales en España (existiendo ya en Manila el antiguo Banco Español-Filipino, hoy Banco de las Islas Filipinas, la mayoría de cuyos accionistas son españoles), o un Banco español con sucursales en las islas. Favorece esto el hecho de haberse acortado grandemente la distancia entre España y Filipinas, pues cuando vuelva a funcionar el ferrocarril transiberiano se emplearán veinte días en ir desde Barcelona a Manila y menos aún al terminarse la línea china de Cantón a Hankow, que permitirá enlazar directamente con aquél y llegar por tierra a Hong-Kong, con lo que sólo se hará por mar el trayecto, de dos días, entre esta ciudad y Manila.


MONUMENTO AL GENERAL VARA DE REY Y HÉROES DEL CANEY

MOVIMIENTO DE LA HISPANIDAD


La expresión Hispanidad apareció en la segunda década del siglo XX para denominar a las personas, países y comunidades que comparten la lengua española y poseen una cultura relacionada con España. Se trata de un movimiento filosófico, histórico y cultural que integra a 29 naciones y algo más de 472 millones de personas, en África, América, Asia, Europa y Oceanía.

En la definición y desarrollo del ideal de la Hispanidad tomaron parte varios intelectuales, literatos y filósofos pertenecientes la Generación del 98: Ramiro de Maeztu, Zacarías Vizcarra, Ramón de Basterra, Miguel Unamuno, Manuel García Morente, Eloy Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado, etc.


La fiesta de la Hispanidad se celebra cada 12 de octubre en homenaje al descubrimiento de América por la expedición que lideró Cristóbal Colón en 1492. El primer país en oficializar esta fecha como Día Nacional fue la República de Argentina en 1917.

MOVIMIENTO DE LA HISPANIDAD

La expresión Hispanidad apareció en la segunda década del siglo XX para denominar a las personas, países y comunidades que comparten la lengua española (o castellana) y poseen una cultura relacionada con España. En ella se incluyen 29 naciones y algo más de 472 millones de personas, en África, América, Asia, Europa y Oceanía.

El Día de la Hispanidad es el 12 de octubre de 1492, día del descubrimiento y llegada de los primeros españoles a América. Esta fecha marca el nacimiento de una nueva identidad producto del encuentro y fusión de los pueblos y culturas indígenas existentes en el continente americano y en España.

El concepto de la Hispanidad se fue desarrollando como un movimiento filosófico, histórico y cultural que integra a todas las naciones y etnias de habla hispana a ambos lados del Atlántico. No incluye ninguna nota racial que pueda señalar diferencias poco agradables entre los diversos elementos que integran a las naciones hispánicas. Todas ellas han heredado un patrimonio común, transmitido por antepasados comunes, aunque luego cada una haya aumentado su herencia con nuevos bienes y nuevas glorias, que constituyen el patrimonio intangible y soberano de cada una de las naciones hispánicas.

La Hispanidad reúne a todos los pueblos hispánicos este aspecto agradable y simpático de nuestra gran familia de naciones, aunque con distintos nombres y significaciones.
BANDERA DE LA HISPANIDAD

El primer antecedente de la Hispanidad fue ideado por Ramón de Basterra y Zabala, considerado la voz del futurismo, trabajó como vate oficial de la revista Hermes. A través de su poesía fue manifestando su peculiar arte e  ideología, su deseo de renovación española tras el desastre del 98 y la liquidación de las últimas colonias del Imperio, su ideal de nuestra cultura vinculada a Roma, el concepto de la hispanidad, en suma, de todos los pueblos de la península Ibérica y de América, hermanos en lengua, fe y tradición: la SobreEspaña, antecedente de la Hispanidad que definirían años después Zacarías Vizcarra y Ramiro de Maeztu.

El ideal de vida representado en el siglo XVIII por los ideales ilustrados y iiberales y que Basterra denominó Carlotercismo, refiriéndose al reinado de Carlos III, es el símbolo de la renovación española que el poeta propuso, puesto que para él, el esplendor de la cultura europea se produjo en el siglo XVIII, es decir, en pleno Racionalismo.

La hispanidad que Basterra relataba en sus obras en prosa, como La obra de Trajano escrita en Rumanía, y Los navíos de la Ilustración escrita en Venezuela, hacía referencia a los marinos ilustrados del siglo XVIII, hombres de ciencia y guerra, que llevaron en sus barcos los ideales liberales y progresistas con destino a las Américas. En estas obras, Basterra meditaba sobre la España imperial heredera de los valores de Roma.

En Los Navíos de la Ilustración, Basterra empezó a transformar el panorama cultural. Basterra se encontró en Venezuela con los papeles de la Compañía Naviera Guipuzcoana de Caracas, fundada en 1728, y vio que los barcos del conde Peña Florida y del marqués de Valmediano, de cuya propiedad fueron después partícipes las familias próceres de Venezuela, como los Bolívar, los Toro, Ibarra, La Madrid y Ascanio, llevaban y traían en sus camarotes y bodegas los libros de la Enciclopedia francesa y de la Ilustración española. Por eso, Basterra atribuyó la 
independencia de América al hecho de haberse criado Bolívar bajo las ideas de las Sociedades Económicas Amigos del País de aquel tiempo. Su error fue suponer que acontecía solamente en Venezuela lo que ocurría al mismo tiempo en toda la América española y portuguesa, como consecuencia del cambio de ideas que el siglo XVIII trajo a España.

Juan Ramón Jiménez comentaba de Basterra que:

"Se viste su uniforme diplomático, se echa a la Plaza de San Pedro en Roma, húmedo bloque central, y se pasea allí, columnas y fuente bajo los nublados cárdenos, siempre nostálgico de la palabra mujer española, buscando en los crepúsculos el brazo de Goethe como romano universal."

Eugenio d’Ors lo consideró imprescindible en la biblioteca de todo joven con ambiciones culturales, y Gerardo Diego lo incluyó en la edición de su antología canónica Poesía española contemporánea en 1934.

ESCULTURA DE RAMÓN DE BASTERRA

La decimoquinta edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, publicado en 1925, explicaba que la voz Hispanidad era todavía un sinónimo de Hispanismo, un modo peculiar de hablar español que se aparta de las reglas comunes.

En la llamada Generación del 98, cuyo origen estuvo en la pérdida de los restos ultramarinos del antiguo Imperio español en 1898, la pregunta sobre nuestra identidad fue casi obsesiva. En la definición y desarrollo del ideal de la Hispanidad tomaron parte varios intelectuales, literatos y filósofos pertenecientes a esta Generación: Ramiro de Maeztu, Zacarías Vizcarra, Ramón de Basterra, Miguel Unamuno, Manuel García Morente, Eloy Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado, etc.

En enero de 1913, la Unión Ibero-Americana de Madrid, inspirada por su presidente Fausto Rodríguez San Pedro, propuso 
instaurar el Día de la Raza entendida como Fiesta de la Raza española y refiriéndose a los españoles de ambos continentes. Difundió unas hojas tituladas Fiesta de la Raza, en las que podía leer:
"Es aspiración fomentada por la Unión Ibero-Americana, y para cuya realización se propone efectuar activa propaganda en 1913, la de que se conmemore la fecha del descubrimiento de América, en forma que a la vez de homenaje a la memoria del inmortal Cristóbal Colón, sirva para exteriorizar la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano, hoy prósperos Estados. Ningún acontecimiento, en efecto, más digno de ser ensalzado y festejado en común por los españoles de ambos mundos, porque ninguno más ennoblecedor para España, ni más trascendental en la historia de las Repúblicas hispano-americanas. De no haber sido ineludible el amoldarse a la organización oficial de los agasajos que se celebraron en honor de los Delegados ibero-americanos en las fiestas del Centenario de Cádiz, se hubiera celebrado el té con que les obsequió la Unión el día 12 de octubre en vez del 13, pues tal era el propósito de nuestra Sociedad, el de hacer coincidir con esta fecha el honor de recibir en ella a los emisarios ibero-americanos."

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

En 1917, la República de Argentina tomó la iniciativa y estableció durante la presidencia de Irigoyen la celebración del 12 de octubre como su Día Nacional "en homenaje a España, progenitora de naciones, a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua, una herencia inmortal". El Día de la Raza es el nombre que fueron recibiendo en un principio las respectivas fiestas nacionales de la mayoría de los países hispanoamericanos.

Al año siguiente, en 1918, el gobierno de Antonio Maura, durante el reinado de Alfonso XIII, hizo oficial el 12 de octubre el día nacional de España con el mismo término.

El primero en utilizar el término Hispanidad fue el sacerdote, radicado en Argentina, 
Zacarías de Vizcarra y Arana, quien en 1926 propuso en Buenos Aires que se utilizarse el término Hispanidad para sustituir al de Raza, en el sentido de Día de la Raza por el de Día de la Hispanidad, y obtuvo amplia difusión en los ambientes hispanistas. El argumento utilizado fue que:
"Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?"

Para Vizcarra era importante definir las dos acepciones análogas de la palabra Hispanidad:
1. significa el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía. Era de índole geográfica.
2. expresa el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos católicos de estirpe y cultura hispánica. Tenía un carácter ético.

A Vizcarra se le atribuye la creación de la palabra Hispanidad, descrita en su obra La hispanidad y su Verbo, publicación de 1926 en Buenos Aires:
"... de que no existe palabra que pueda sustituir a Hispanidad... para denominar con un solo vocablo a todos los pueblos de origen hispano y a las cualidades que los distinguen de los demás... significa, en primer, lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica."

Por esta definición, la inclusión del Imperio portugués en la Hispanidad parece clara, hasta porque no hay presencia española relevante en Oceanía, pero no es bien así. En 1936, el monseñor concretó que:
"...tenemos que España y su estirpe, es decir, toda la Hispanidad, debe cumplir todavía dos brillantes misiones en la Cristiandad, para salvar a la Humanidad en su más terrible crisis..."

ZACARÍAS VIZCARRA

No es extraño que fuese un portugués, Antonio Sardinha, quien pase por ser otro pionero en el uso de la palabra Hispanidad. Portugal nunca renegó de su condición hispana. El concepto de Hispanidad acuñado por Sardinha tendría su influencia en poetas iberoamericanos como Rubén Darío, y en otros hombres de la cultura como Sánchez Chocano y Menéndez Pidal. El vocablo Hispanidad surgía a semejanza de la palabra Cristiandad, para referirse a una comunidad de pueblos extendidos por todo el orbe cuyo origen común está en la península Ibérica.

Sin embargo, mientras que en unos textos Sardinha empleaba la palabra hispanidade, en otros como en su obra Madre-Hispânia, de 1924, se refería con lusitanidade. Y en 1922, en su texto O Pan-Hispanismo, sin fijar la palabra, supo definir muy bien el concepto:

"O pan-hispanismo nos surge daqui, como conclusão lógica, constituído por dois elementos estruturais: o espanholismo e o lusitanismo, "voz clamorosa de la sangre contra el pan-americanismo" - foi como definiu o pan-hispanismo no ano passado, por ocasião da Festa da Raça, no seu famoso discurso no Teatro Real de Madrid, o conde de la Montera, D. Gabriel Maura Camajo, acrescentando em seguida que "los pueblos que no se agrupen en organizaciones más amplias que la sociedad nacional, sucumbirán bajo el imperialismo."

Uno de los pioneros defensores de la Hispanidad fue el filósofo y escritor Miguel de Unamuno y Jugo. Fue catedrático y rector de la Universidad de Salamanca y afiliado al Partido Socialista. En 1927, Unamuno publicó un comentario a la obra La restauración nacionalista, del argentino Ricardo Rojas, en el que con el término Hispanidad definía la comunidad de pueblos de habla española y encerraba en él "aquellas cualidades espirituales, aquella fisonomía moral, mental, ética, estética y religiosa".

Unamuno ya prefería referirse a la Hispanidad en lugar de Españolidad dejándolo escrito en un artículo, en él que afirmaba:
"Digo hispanidad y no españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania que abarca toda la Península Ibérica para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que han hecho el alma terrena y a la vez, celeste de Hispania”. Unamuno se sentía “doblemente español, por vasco y por español."

Unamuno presentó la creación de una identidad hispana como un proyecto a largo plazo, basado en la relación de diferenciación e integración que existe entre España y las otras naciones del mundo hispánico. Destacó el papel primordial que desempeñó la lengua española en la construcción de esta identidad.


MIGUEL DE UNAMUNO

Mientras que Miguel de Unamuno razonaba el concepto de la Hispanidad de origen puramente español, y concretamente vasco, otro español y vasco llamado Ramiro de Maeztu lo lanzaba en su obra Defensa de la Hispanidad. Mientras Unamuno razonaba su concepto de Hispanidad como exiliado en Hendaya, Maeztu lo defendía como embajador en Buenos Aires.

Ramiro de Maeztu fue un observador de la realidad española, que sufrió el hundimiento de los negocios de su familia en Cuba cuando la isla se emancipó de España en 1898. Vivió el Desastre del 98 en primera persona. Desde la relativa distancia de ser hijo de inglesa, estar casado con una inglesa y haber vivido quince años en Inglaterra, el gobierno del general Primo de Rivera le nombró en 1928 embajador de España en la Argentina.

Allí tuvo ocasión de tratar con Zacarías de Vizcarra, el introductor en 1926 de la idea de la Hispanidad, de quien recibió gran influencia de su filosofía y de este movimiento cultural emergente. Pero es al regresar a España cuando Maeztu comenzó a desarrollar su defensa de la Hispanidad, precisamente el mismo año en el que se proclamó la República.

El 15 de diciembre de 1931, Maeztu fundó en Madrid la revista católica y monárquica Acción Española. En su primer número publica un artículo titulado La Hispanidad que comienza:
"La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?"
"El 12 de octubre, (día del descubrimiento de América) mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad. El concepto Hispanidad debe comprender y caracterizar a la totalidad de los pueblos hispánicos."

A lo largo de 1932 y 1933 Maeztu fue definiendo su idea de la Hispanidad, que quedó materializado en la primavera de 1934, cuando editó su libro Defensa de la Hispanidad. Se trataba de una recopilación de artículos editados en la revista Acción Española. Aquella defensa influyó de manera determinante en la consolidación de una alternativa política hispánica frente a las pretensiones globalizadoras del comunismo soviético.

Para él, la Hispanidad es el resultado del Imperio español, una Monarquía misionera a la que el mundo designaba propiamente con el título de Monarquía católica.

"La Patria es espíritu. Ello dice que el ser de la Patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan."

Maeztu adoptó las dos acepciones geográfica y ética, que había propuesto con anterioridad Vizcarra, en un texto conciso y riguroso: 
"La Hispanidad aparece dividida en veinte Estados lo que no logra destruir lo que hay en ellos de común y que constituye lo que pudiera denominarse la hispanidad de la Hispanidad."

RAMIRO DE MAEZTU

Fernández de la Mora analizó el pensamiento hispanista de Maeztu, quien redujo el ideal hispánico a un pensamiento radical: "la igualdad esencial de todos los pueblos de la tierra". Esta tesis antropológica tiene un corolario ético: "los hombres son iguales en punto a libertad metafísica". Ambas aserciones laicas y racionales tienen una traducción religiosa y dogmática que, además, es católica: "todos los hombres si quieren pueden salvarse". Según Maeztu, lo propio de los mejores hispanos del Siglo de Oro español fue entregarse a la defensa de esa alta concepción del hombre.

Para Maeztu, la Hispanidad se debe emplear para referir también al pueblo portugués y al mundo lusófono, como lo hace con el pueblo español y al mundo hispánico, porque este concepto abarca a dos realidades históricas y culturales distintas: la lusitanidad y la españolidad.
"No veo inconveniente en aceptar la distinción entre hispanidad, lusitanidad y castellanidad. Más aún, creo que será necesario complementarla con otra: la de hispanidad y españolidad, porque hay españoles, como los vascongados, que no nos sentimos incluidos en la castellanidad, pero sí en la españolidad y más aún en la hispanidad..."

Advertía, Ramiro de Maeztu para lo siguiente:

"...estar siempre prevenidos de que hispanidad tiene dos sentidos: el más amplio, que abarca también los pueblos lusitanos, y el más restringido, que los excluye."

El 12 de octubre de 1934, Zacarías de Vizcarra aprovechó el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires en el teatro Colón para convencer de la consolidación necesaria en la idea de la Hispanidad, su origen, denominación y conceptos, tomando las ideas de Maeztu y que se concretaban en una declaración titulada Apología de la Hispanidad:
"América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo, y es locura todo intento de hispanización que lo repudie."

A aquel congreso asistió el Arzobispo de Toledo y Primado de España Isidro Gomá Tomás e intervino en el mismo preguntándose qué era la raza hispana:

"Se ha llamado a este día, 12 de Octubre, el día de la raza. ¿De qué raza? ¿Qué es la raza? La raza, la hispanidad, es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y patria. 
Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia,… de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal. 
La hispanidad es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad…, es el temperamento moral e histórico español, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española…"

DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, 12 DE OCTUBRE DE 1492

Finalmente, el 12 de octubre de 1935 fue celebrado en Madrid como Fiesta Nacional con el nombre de Día de la Hispanidad. Ramiro de Maeztu pronunció un discurso en la Academia Española de la Lengua sobre el descubrimiento y la colonización de América. Y, con el título El Día de la Hispanidad, publicó un artículo en el número inaugural de Hispanidad, revista quincenal cuyo primer número está fechado precisamente el 12 de octubre de 1935. En el segundo número de esa revista puede leerse:
"La conmemoración de la fiesta de la Hispanidad. Con gran brillantez se ha celebrado este año el día de la Hispanidad. Toda España se ha sumado a su conmemoración. Y no solamente en España. En América, ni qué decir. En cuanto al extranjero, allí donde existe un núcleo de españoles se han reunido y han brindado por la cultura española." (Hispanidad, nº 2, 1 noviembre 1935, pág. 26.)

Ese mismo día de la Hispanidad, en Sevilla, se inauguró el XXVI Congreso Internacional de Americanistas.

El día siguiente, 13 de octubre de 1935, se inauguró una estatua del Cid Campeador en el centro de Buenos Aires con la presencia del presidente de Argentina, del embajador de España y de otras representaciones. Pronunciaron los obligados discursos oficiales dos oradores que no llevaban apellidos de origen español pero que supieron sentir y proclamar el ideal de la Hispanidad.

El historiador argentino Ricardo Levene explicó el significado de la presencia del Cid en América:

"El concepto espiritual de la hispanidad es común a todos los hispánicos, aunque no hayan heredado sangre española. Es una actitud acerca de la fidelidad, acerca de la defensa del desvalido, la dignidad del caballero y el honor del hombre; no sólo el honor exterior, que nace obligadamente en las relaciones con los demás, sino el honor íntimo o profundo, que tiene por juez supremo a la conciencia individual."
"Los héroes españoles e hispanoamericanos son de su noble linaje, que en América transvasó la desbordante vitalidad de la Edad Medía española, corriéndose impetuosamente por el tronco y las ramas la savia de la raíz histórica..."
"La hispanidad no fue nunca la concepción de la raza única e invariable, ni en la Península ni en América, sino, por el contrario, la mezcla de razas de los pueblos diversos que golpeaban en oleadas sobre el depósito subhistórico."
"La hispanidad ha dejado de ser el mito del imperio geográfico, no es forma que cambia, ni materia que muere, sino espíritu que renace, y es valor de eternidad: mundo moral que aumenta de volumen y se extiende con las edades, sector del universo en que sus hombres se sienten unidos por el lado del idioma y de la historia, que es el pasado. Y aspiran a ser solidarios en los ideales comunes a realizar, que es el porvenir."

Para la contemplación artística y enseñanza moral de los habitantes, la figura legendaria del Cid Campeador, hijo de nuestra directa España, duro, recio e indómito como las llanuras de Castilla que le vieron nacer, bravío guerrero de las gestas más mentadas al través de los siglos en los campos de batalla y docto en las Cortes ciudadanas, defensor del débil, paladín de la honra, libertador de pueblos, sostén del derecho y de la justicia, paradigma y síntesis, en fin, de las nobles, de las grandes, de las profundamente humanas virtudes españolas.

DEFENSA DE LA HISPANIDAD, POR RAMIRO DE MAEZTU

Un año después, en octubre de 1936, Ramiro de Maeztu fue asesinado en Aravaca (Madrid) por el bando republicano durante una saca de la cárcel de Las Ventas, tras el estallido de la Guerra Civil. La Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu volvió a publicarse en 1938, y su idea sentó una de las bases ideológicas de la España levantisca y alzada contra quieres pretendían convertirla en una república comunista y subordinada a la Unión Soviética.

Miguel de Unamuno fue desposeído del cargo como rector de la Universidad de Salamanca por el Gobierno de la República al dar su apoyo al bando franquista. El 12 de octubre de 1936, tuvo un grave enfrentamiento con el general Millán Astray, solucionado rápidamente por la intervención de doña Carmen Polo de Franco. El 31 de diciembre de 1936, falleció en Salamanca el polémico, original, desbordante, a veces contradictorio, tanto en su pensamiento como en su actividad política, Miguel de Unamuno.

Durante ese mismo año del estallido de la Guerra Civil, otro gran español llamado Manuel García Morente desarrolló la idea de la Hispanidad también en Buenos Aires. García Morente simbolizó la "índole íntima del hombre hispánico" en la figura del "Caballero Cristiano". Esta figura simbólica fue tomada 
entre el caballero cristiano del vasco universal San Ignacio de Loyola y el hombre de acción que Pío Baroja describió en Memorias.

MANUEL GARCÍA MORENTE

También el escritor, catedrático de literatura española en el Instituto del Cardenal Cisneros de Madrid y académico de la Lengua, Ernesto Jiménez Caballero, dio su personal versión del término:
"Una palabra sacra y milenaria, de origen ibérico (Hispal o Hispan), la primordial Sevilla (desde donde se partiría para América recién descubierta). Hispal o Hispan, vocablo ibérico que garantizaría a Portugal y Brasil su iberismo y el resto del vocablo pura ‘latinidad’: el sufijo ‘latem’. Por consiguiente, sin necesidad de recurrir a la América ‘ibérica’ ni a la ‘latina’, esta última inventada por los celtizados franceses. La palabra Hispanidad es, por tanto, milenaria y sagrada. La empleó ya en el siglo I antes de Cristo -Hispanitatem- el cónsul Polion aplicada al español Quintiliano, y restaurada por los humanistas del renacimiento, como Filelfo y hasta el místico español Alejo de Venegas. 
El designar ‘Hispanidad’ como constelación espiritual superadora de la ‘Región’ y de la ‘Nación’, a base de lengua y literatura fue afirmado en 1909 por Miguel de Unamuno, seguido por el P. Zacarías de Vizcarra en 1926; defendido por Ramiro de Maeztu en 1934. Y consolidado por los Institutos de Cultura Hispánica en todo el mundo."

Tras el final de la guerra, el 12 de octubre de 1939 tuvo lugar en Zaragoza la celebración oficial del día de la Raza con una especial devoción a la Virgen en el día del Pilar, pero sobre todo como Día de la Hispanidad, símbolo de la nueva política interior y exterior. En esta celebración participaron representantes de algunas naciones hermanas.

Germán Vergara, encargado de Negocios de Chile, encabezó el discurso:

"Las fiestas de la Hispanidad han tenido en Zaragoza un escenario incomparable. El significado profundo de las fiestas fue la compenetración íntima del homenaje a la Raza y la devoción de Nuestra Señora del Pilar, es decir, el símbolo de la unión cada vez más estrecha de América y España. Chile participa con fervor en el homenaje que se rinde a la Hispanidad y se enorgullece de su origen y de sus firmes tradiciones hispánicas."

Continuó Juan F. Marcos Aguirre, ministro plenipotenciario de Ecuador:

"En los albores de la España Nueva, de la España Fuerte, de la España Grande, ha tenido lugar con más significación y solemnidad que nunca la Fiesta de la Raza. El Ecuador, ante la significativa solemnidad de este día, no puede menos de sentirse íntima, profundamente unido a España en la ruta hacia el futuro enorme. Hacia la meta grandiosa y clara que expresa: Hispanidad."

En 1943, la celebración oficial en España del Día de la Hispanidad fue objeto de especial atención, por cuanto se vinculó a la reinauguración de la Ciudad Universitaria, destruida durante la guerra:

"Hoy, Día de la Hispanidad. Con la solemne inauguración de la Ciudad Universitaria y el curso académico 1943-44, se celebra el Día de la Hispanidad."

Aunque, legalmente, el Día de la Hispanidad no alcanzó reconocimiento en la España del franquismo hasta 1958, cuando un decreto de la Presidencia del Gobierno de 9 de enero de 1958 estableció:

"Dada la enorme trascendencia que el 12 de Octubre significa para España y todos los pueblos de América Hispana, el 12 de Octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de Día de la Hispanidad."

En 1981, tras la instauración borbónica y en vigor la Constitución española de 1978, el Real Decreto 3217/1981, publicado en el primer Boletín Oficial del Estado del año 1982, refrendó el 12 de octubre como Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad.

Pero en 1987, la Ley 18/1987 (BOE 241/1897) ratificaba como festividad nacional de España el día asociado al Descubrimiento, y establecía el Día de la Fiesta Nacional de España en el 12 de octubre, frente a quienes pretendían elevar de categoría la conmemoración del 6 de diciembre, Día de la Constitución de 1978. Prescinde de la denominación Día de la Hispanidad, término desprestigiado entre una progresía resentida y revanchista que, en el mejor de los casos, estaba preparando las celebraciones del V Centenario sometida al yugo ideológico del Encuentro.


MAPA DE LOS PAÍSES QUE FORMAN LA HISPANIDAD