TEOLOGÍA POSITIVA DE MELCHOR CANO


Teólogo dominico, Melchor Cano fue un miembro de la Escuela de Salamanca que pasó a la historia del pensamiento occidental por renovar la tradicional Escolástica definiendo un novedoso sistema: la Teología positiva, por lo que está considerado el creador de una auténtica metodología de la Ciencia divina.

En su principal obra, De Locis Theologicis, en 1563, estableció los ámbitos de estudio de la Ciencia teológica para conocer los lugares donde residen las verdades reveladas, así como las pruebas que las acreditan y los errores a ellas opuestos. Estas ideas se expandieron por toda la Europa católica del siglo XVI.

TEOLOGÍA POSITIVA DE MELCHOR CANO

Melchor Cano nació en Tarancón, Cuenca, en 1509, y era hijo de Fernando Cano, un reputado jurista franciscano que llegó a ser confesor de las hijas del emperador Carlos V.

Su infancia transcurrió en Pastrana, Guadalajara. Realizó sus primeros estudios de Humanidades en la Universidad de Salamanca. Desde 1527 hasta 1531, estudió Filosofía y Teología, fue alumno de Francisco de Vitoria y, en 1524, ordenado miembro de la Orden de Santo Domingo en el Convento de San Esteban de ciudad salmantina.

En 1531, fue enviado al Colegio de San Gregorio en Valladolid donde estudió con Bartolomé de Carranza y con Luis de Granada y asistió a las lecciones de Diego de Astudillo. Allí fue profesor de Filosofía y maestro de estudiantes, posteriormente fue nombrado catedrático de Vísperas al ascender Bartolomé de Carranza a la Prima con motivo de la muerte de Astudillo, en 1536. Desde entonces, surgieron diferencias doctrinales entre Cano y Carranza, dura polémica que provocó la división de los colegiales en "canistas" y "carrancistas".

En 1536, obtuvo el grado de bachiller de Teología en el Colegio de San Gregorio y, en 1542, el de magistratura de la Universidad de Bolonia.

Un año más tarde, en 1543, consiguió la cátedra Prima de Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, hecho singular por ser un dominico de orientación tomista (doctrina escolástica de santo Tomás) cuando la universidad complutense era el baluarte del Erasmismo (doctrina husmanista de Erasmo).

Cuando murió Francisco de Vitoria, en 1546, y tras superar en la oposición al moralista Juan Gil de Nava, pasó a dirigir la cátedra Prima de Teológica en la Universidad de Salamanca, por lo que es considerado uno de los miembros de la llamada Escuela de Salamanca. Allí tuvo como aventajado discípulo a Domingo Báñez, más adelante sucesor de su cátedra.

CONCILIO DE TRENTO

Como oráculo académico y del consejo imperial de Carlos V, participó en la primera fase de la Junta de Valladolid, en agosto de 1550. Aquella controversia intentaba resolver la polémica de los Justos Títulos entre entre teólogos y juristas, liderados por Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas. Fue un debate sobre el modo en que se estaba realizando la colonización de América, la licitud de la empresa y los derechos de los indígenas y está considerado como el primer debate sobre los Derechos Humanos.

Carlos V lo envió a las sesiones del reanudado Concilio de Trento en enero 1551, junto a los dominicos Domingo de Soto y Bartolomé de Carranza, donde se hizo notar como impugnador de las posturas teológicas de los jesuitas. Su erudición histórica y su maestría en la Escolástica y Teología positiva, le capacitaron para rendir importantes servicios en las deliberaciones y logros del concilio. Destacó por sus intervenciones acerca de los sacramentos de la eucaristía, la penitencia y el sacrificio de la misa. Sus puntos de vista influyeron notablemente en las constituciones sobre la gracia y la justificación.

Tras disolverse la asamblea trentina, en 1552, Carlos V promocionó a Cano como obispo de la Diócesis de Canarias. Nunca tomó posesión de este cargo y del que dimitió al año siguiente para ser rector de la Universidad de San Gregorio en Valladolid, en 1554.

En 1556, el rey Felipe II le encomendó la defensa jurídico-moral de su soberanía frente a las pretensiones papales. Para ello, publicó su famosa Consultatio theologica, en el que aconsejó a Felipe II a emprender un Catolicismo nacional y cerrado a toda influencia europea, resistiendo a las pretensiones temporales del papa Paulo IV. Como monarca absoluto de un grandísimo imperio, solicitó al rey la defensa de sus derechos a la administración de las rentas y bienes de la iglesia española, con lo que haría al estado menos dependiente de Roma. En esta obra Cano justificaba la licitud de la guerra contra la autoridad pontificia como señor temporal. Por apoyar estas tesis, fue requerido a compadecer en Roma, pero el estallido de la guerra en 1556 entre España y los Estados Pontificios, respaldados por Francia, hizo olvidar su proceso. Esto le valió ser llamado "hijo de la perdición" por parte del papa Pablo IV. Poco tiempo después fue detenido por la Inquisición.

COLEGIO DE SAN ESTEBAN Y FRANCISCO DE VITORIA

En 1557, fue nombrado provincial de su orden en el Colegio de San Esteban de Salamanca, donde fue profesor de fray Luis de León. La confirmación fue ratificada por el nuevo papa Pío IV, dos años después. Pero durante su viaje de regreso a España, Cano falleció en el Convento de San Pedro Mártir de Toledo, en 1560, durante su primera visita canónica a la provincia.

Junto a escolásticos de la Escuela de Salamanca como Francisco de Vitoria, Luis de Molina, Domingo de Soto, Francisco Suárez y Juan de Mariana, Cano representó a un sector de la Iglesia española del siglo XVI especialmente preocupado por las consecuencias de la Reforma protestante, a las cuales opusieron una profunda renovación de los estudios teológicos y una intensa participación en la elaboración y defensa de las disposiciones de la Contrarreforma. Desde esta posición criticó las prácticas más obsoletas del Escolasticismo, entre ellas la Filosofía peripatética y el afán polemista, aunque esta actitud no significara en ningún caso una renuncia al Tomismo tradicional.

Cano actuó como defensor de la ortodoxia católica. Acusó a Juan Ginés de Sepúlveda de hereje y participó en el proceso que el inquisidor general Fernando de Valdés promovió contra el arzobispo Bartolomé de Carranza, en 1558, y por tanto se convirtió en enemigo de su compañero escolástico salmantino Martín de Azpilcueta. Sus sospechas de herejías se extendieron hacia el Iluminismo y el Erasmismo, asimismo, contra la recién creada Compañía de Jesús, en su opinión una secta que reencarnaba al anticristo al igual que el Luteranismo. Este argumento fue retomado por el rey Carlos III cuando procedió a la expulsión de los jesuitas dos siglos después. Su enemistad hacia erasmistas y jesuitas fue proverbial.

MELCHOR CANO

Fue durante su estancia en la Universidad de Salamanca cuando pasó a la Historia del pensamiento europeo por elaborar su doctrina de Teología positiva, consistente en un tratado para construir y enseñar la ciencia de Dios. Este sistema teológico fue expuesto en su obra más importante, De Locis Theologicis libri duodecim (De los lugares comunes teológicos), de forma póstuma. Los doces libros que componen esta voluminosa obra fueron impresos en la tipografía de Matías Gast, en Salamanca, en 1563, por orden del Convento de San Esteban.

Hasta comienzos del siglo XVI, la teología medieval e incluso autores renacentistas como Erasmo o Melanchton se referían a objetos temáticos como la encarnación, la trinidad o la gracia. Francisco de Vitoria inauguró un movimiento de restauración de la mejor doctrina patrística al objeto de dar una dicción más pura y una forma literaria mejorada a la Ciencia teológica. Su discípulo Cano, recogió su obra y, tras años de estudio, aportó un método histórico y antropológico que procedía de Aristóteles y de Cicerón, algo digno de las aspiraciones y esfuerzos de ambos. Por eso, Cano es probablemente el filósofo más representativo de la renovación de la Escolástica que se produjo a mediados del silo XVI.

El objetivo de Cano era el de establecer los ámbitos de estudio de la Ciencia teológica, conocer los lugares donde residen las verdades reveladas, así como las pruebas que las acreditan y los errores a ellas opuestos. Estos los lugares teológicos se convertían para él en los "domicilios de todos los argumentos de la teología", es decir, simplemente en las fuentes de las que emana la teología. Por tanto, De Locis Theologicis es un tratado metodológico sobre la teología como ciencia.

A tal propósito, Cano dividió la obra en tres ejes temáticos:

Parte I (Libros I al II): Introducción y naturaleza de la teología. Analiza qué es la teología y cómo debe ser el método teológico correcto para argumentar y defender la fe.

Parte II (Libros III al X): Análisis de los lugares teológicos propios y fundamentales (las fuentes internas). Aborda las Escrituras, la Tradición apostólica, la Iglesia Católica, los Concilios, los Romanos Pontífices, los Santos Padres, los teólogos escolásticos y canónigos, y la razón natural.

Parte III (Libros XI al XII): Análisis de los lugares teológicos ajenos y auxiliares (las fuentes externas). Examina la autoridad de los filósofos y de la historia humana.

Según Cano, todo argumento debe obtenerse bien de la razón o bien de la autoridad, pero en Teología tienen más valor aquellos basados en la autoridad que aquellos en la razón. Y, tras dilucidar la distinción entre los argumentos basados en autoridad y los argumentos basados en la razón, Cano estableció diez lugares (locis), cada uno descrito en un libro. De estos diez lugares, los siete primeros eran estrictamente teológicos, y los otros tres propiamente filosóficos:

1. la autoridad de las Santas Escrituras
2. la tradición oral Apostólica procedente de Cristo
3. las decisiones de la Iglesia Católica, tomadas por la congregación de todos sus fieles
4. las definiciones de los Concilios ecuménicos, y en especial de los Concilios generales
5. las declaraciones de la Santa Sede romana a través del Sumo Pontífice, como vicario infalible de Cristo
6. la doctrina de los Santos Padres en los primeros tiempos de la Iglesia
7. las doctrinas de los teólogos escolásticos y canonistas, especialmente en temas unánimes, aunque no tienen eficacia demostrativa, sino solo la de argumento probable
8. las verdades de los filósofos, conceptos alcanzadas por el pensamiento clásico, destacando a Aristóteles o Cicerón
9. la verdad racional humana, de gran utilidad porque genera argumentos demostrativos de algunos dogmas revelados por Dios, si bien sólo se tratara de aquellos que estén al alcance de la luz natural del entendimiento
10. la realidad histórica, siempre que se deban a historiadores serios y objetivos

DE LOCIS THEOLOGICIS, POR MELCHOR CANO

Al objeto de saber como han de usarse estos lugares teológicos, Cano investigó la naturaleza, los principios y las conclusiones de la Teología.

La naturaleza de la ciencia teológica es el estudio del ser divino, en dos modalidades: Teología natural, que es una parte de la Filosofía, encargada del estudio de la Divinidad mediante las solas fuerzas de la razón humana; y la Teología sobrenatural, que estudia el mismo objeto mediante las aportaciones de la Revelación divina.

Los principios teológicos son todas aquellas verdades que Dios ha revelado a la Iglesia por medio de los autores sagrados. Cano los dividió en tres categorías: principios primeros e inmediatos (como Dios existe y es justo remunerador); principios secundarios y mediatos (los artículos capitales de la Fe); y los principios accidentales (todos los contenidos en las Escrituras y en la tradición apostólica sobre la naturaleza y atribuidos de Dios, etc.).

Las conclusiones teológicas son los efectos propios de los principios teológicos, y deben versar sobre materia realmente teológica, ser sólidas y eficaces y poderse demostrar por los principios teológicos.

Una vez analizadas estas cuestiones de operatividad intelectual sobre los lugares teológicos, Cano se centró en los errores contrarios a la Fe cristiana: la herejía y el simple error de concepto teológico, que puede estar contenido en proposiciones erróneas, heréticas, ofensivas, temerarias y escandalosas.

Al mismo tiempo, recomendó una serie de reglas para el uso escolástico de los lugares teológicos. Según Cano, el teólogo debe conocer todos y cada uno de los lugares teológicos, considerar el uso que los hombres sabios hicieron de los lugares teológicos, valorar los lugares más adecuados a la naturaleza de la cuestión, y señalar la verdad o falsedad en cada conclusión.

PARECER DE FRAY MELCHOR CANO AL EMPERADOR CARLOS V

Este novedoso tratado fue esencial en el desarrollo teológico por su sabio empleo de la metodología y de los principios de la filosofía aristotélica en cuestiones teológicas. El contexto general de fondo es la lucha dialéctica entre la Teología escolástica y la Teología humanista; esta última proponía una nueva teología en la línea del método filológico-bíblico.

Por su elegancia clásica, pureza de estilo y clara precisión, De Locis Theologicis se acerca a los grandes tratados didácticos de Aristóteles, Cicerón y Quintiliano. Fue una de las más admiradas producciones del Renacimiento sólo debido a su fluidez y libertad, por su lúcido juicio y profundidad de su erudición y por su alta calidad científico literaria. La dificultad añadida deriva de su bello latín clásico que a veces supera a la claridad del contenido.

Para algunos críticos esta obra marcó una nueva época en la historia de la teología y está situada al mismo nivel de importancia e influencia que las Exaplas de Orígenes, la Ciudad de Dios de San Agustín, las Sentencias del Lombardo o la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Y desde luego está a la altura de las grandes obras de su época como las Relecciones De Indis de Francisco de Vitoria, De natura et gratia de Soto, De ecclesiasticis scripturis et dogmatibus de Driedo; Enchiridion christianae institutionis de Gropper, o De disciplinis de Vives. Se exportó a todas las universidades de Europa: Roma, Sorbona, Lovaina, Colonia, Ingolstadt, etc., y dominó la teología católica hasta el siglo XX.

Paradójicamente y a pesar del desprecio que sentía Cano por los miembros de la Compañía de Jesús, precisamente fueron los jesuitas los más implicados en expandir la Teología positiva por la Europa católica. El agente de difusión en París fue el jesuita Maldonado, y en Lovaina fueron los jesuitas belgas Lépide y Tirinus. Otro jesuita, Alfonso Salmerón, publicó en dieciséis volúmenes unos comentarios del Nuevo Testamento directamente inspirados en el método de Cano.

EPISCOPI CANARIENSIS, POR MELCHOR CANO

También destacó en la literatura en lengua vulgar castellana, escribiendo una amplia y personal traducción de la Opera utilissima de la cognizione et vittoria di sé stesso, de Giovanni Battista da Crema, publicada en Venecia, en 1531. Esta obra fue refutada por el canónigo lateranense Serafín de Fermo, con el título de Trattato per la vita cristiana utilissimo della cognitione e vittoria di se stesso, en 1538.

En la obra de Serafín de Fermo también se inspiró para componer el Tratado de la victoria de sí mismo, publicado en Valladolid, en 1550. Es un trata ascético, modelo moral intelectualista, que toma por estructura de exposición la de los siete pecados capitales. Su sobrino, el franciscano Antonio Delgado Torre y Neyra, del Convento de Ocaña, hizo una segunda edición publicada Madrid, en 1595, que alteró con la excusa de continuar y extender la obra de su tío, sin advertir, acaso interesadamente, que la había dejado completa; siglos después se hicieron otras ediciones más cuidadas: la de Madrid, en 1780, y la de Barcelona, en 1860.

Un siguiente libro trata sobre la utilización estas fuentes en el debate escolástico o en las polémicas teológicas. Tenía en curso la redacción de otros dos tratados teológicos más sobre los loci en aplicación de las Santas Escrituras y empleados contra varias clases de adversarios de la Iglesia católica. Estas obras eran De Sacramentis in genere y De Poenitentiae, que no pudo completar por su fallecimiento en 1560.

Está claro que Melchor Cano no fue un filósofo, sino un teólogo. Dentro de la Teología, su importancia consistió en haber establecido las bases de una nueva ciencia, la Lógica de la Teología, que tiene como fin dirigir los actos intelectuales que conduzcan al hombre al conocimiento y demostración de la verdad en el orden teológico. Antes del tratado De locis theologicis de Cano no hubo nadie que hiciese una crítica científica del valor de las fuentes del conocimiento teológico, demostrando la legitimidad de los diez lugares que mencionó a tal propósito.

El origen de la innovadora aportación de cano está en Aristóteles, que organizó una Ciencia tópica general aplicable a todas las ramas del saber, y tiene su precedente inmediato en la comprobación de que Vitoria había sacado sus argumentos teológicos de determinados lugares. Así, se le ocurrió a Cano establecer científicamente una Tópica especial de la teología, adaptada a las necesidades de dicha ciencia. Aunque algunos autores le hayan censurado, en general, Melchor Cano fue muy elogiado por todos los que se interesaron en su obra por ser el creador de una auténtica metodología de la Ciencia divina.

FELISA MARTÍN BRAVO PIONERA EN METEOROLOGÍA


Física y meteoróloga, Felisa Martín Bravo fue la primera mujer científica española en ingresar en el Cuerpo Superior de Meteorología; en 1931 y la primera doctora en Física en España. En 2018, su nombre su fue incluido en la Tabla Periódica de las Científicas.

FELISA MARTÍN BRAVO PIONERA EN METEOROLOGÍA ESPAÑOLA

Felisa Martín Bravo era natural de San Sebastián, donde nació en 1898. Siendo joven, estudió el bachillerato en el Instituto General y Técnico de Guipúzcoa de su ciudad natal. Entre 1918 y 1922, cursó estudios superiores en la Universidad Central de Madrid en la carrera de Ciencias Físicas. Durante su estancia madrileña se alojaba en la Residencia de Señoritas hasta 1930.

Mientras que se formaba, colaboraba en la Sección de Ciencias del Instituto-Escuela, dependiente de la Junta para la Ampliación de Estudios, con la aspiración de ingresar en el Magisterio secundario. Se trataba de unas prácticas de física impartidas por los científicos Blas Cabrera y José María Torroja.

En 1922, se licenció en Ciencias Físicas, e ingresó en el Laboratorio de Investigaciones Físicas, fundado por la Junta para la Ampliación de Estudios en Madrid, núcleo científico-técnico fundamental para el desarrollo en la Restauración monárquica y precursor del moderno Instituto Nacional de Física Y Química. Martín era becaria, siendo la primera mujer en un departamento que dirigía Julio Palacios. Este físico aragonés estaba realizando los primeros trabajos sobre rayos X aplicados a estructuras cristalinas.

Martín realizó prácticas junto con Enrique de Rafael Verhulst a través de la Cristalografía de rayos X, aplicando los métodos de Bragg y de Debye-Scherrer. Estableció la estructura cristalina de los óxidos de níquel y de cobalto, y del sulfuro de plomo. Aquellos resultados químicos formaron las bases de la tesis doctoral que Marín realizó entre 1923 y 1926 mediante una beca, bajo el título Determinación de la estructura cristalina del óxido de níquel, de cobalto y del sulfuro de plomo. Estas estructuras cristalinas tenían un gran valor potencial para las investigaciones magnéticas de Blas Cabrera en su Laboratorio, pues permitía conocer las propiedades de las tierras raras.

BLAS CABRERA Y JULIO PALACIOS

De todas formas, Martín no pudo profundizar en este proyecto, ya que en 1925, decidió opositar a la Cátedra de Física y Química del Instituto-Escuela, algo que consiguió al año siguiente, siendo la primera mujer de España en doctorarse en esta materia. Se había convertido en un pionera en esta disciplina científica, como lo fueron otras contemporáneas como Martina Casiano y Mayor, primera mujer miembro de la Sociedad Española de Física y Química, en 1912, o Dorotea Barnés González, cuyas investigaciones sirvieron para el desarrollo de técnicas como la Espectroscopia Raman a los departamentos de Química en España.

Tras esto, aquel año de 1926, Martín renovó la beca con la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, una institución creada en 1907, en el marco de la Institución Libre de Enseñanza, para promover la investigación y la educación científica en España. Martín viajó a Estados Unidos al objeto de impartir un curso de lengua española y nociones de física en la Connecticut College, ubicado en New London. Así pues, durante un tiempo estuvo impartiendo clases en el Club Español desde una perspectiva pedagógica, no científica, y pudo visitar las universidades de Harvard, de Yale y el Wellesley College. Finalmente, trabajó en The Spanish School de Vermort durante el verano de 1927.

En 1928, regresada a España, continuó en la Residencia de Señoritas, en donde colaboró en la docencia de Física y otras disciplinas científicas, haciéndose cargo del grupo de estudiantes de la Residencia ubicada en la calle Rafael Calvo.

En 1929, consiguió un puesto como investigadora en el recién fundado Instituto Nacional de Física y Química, del que pasó a forma parte el Laboratorio de Investigaciones Físicas. Su amistad y experiencia con el científico Julio Palacios consiguieron que este le admitiera en su sección de rayos X para la determinación de estructuras cristalinas, y al que se incorporó Martín como becaria de la Cátedra Cajal.

RESIDENCIA DE ESTUDIANTES E INSTITUTO-ESCUELA

En 1931, ingresó como auxiliar en el Servicio Meteorológico Español, siendo la primera mujer en hacerlo de España.

En 1932, la Juan de Ampliación de Estudios concedió de nuevo una beca de diez meses para estudiar Espectrografía de los rayos X en la Universidad de Cambridge. Allí trabajaba su marido, José Vallejo Sánchez, catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla. Recibió clases de Ernest Rutherford, físico neozelandés Premio Nobel de Química en 1908, considerado el padre de la Física nuclear por sus descubrimientos sobre la estructura atómica. Realizó pruebas sobre sondeos atmosféricos para su aplicación a la protección aeronáutica, por petición del Servicio Meteorológico Español. Esta investigación estuvo supervisada por el físico escocés Charles Wilson, especializado en electricidad atmosférica, quien recibió el Premio Nobel de Física en 1927 por la invención de la Cámara de Niebla.

En 1933, regresaba a Madrid y entregaba el resultado de sus estudios en el Servicio Meteorológico Nacional, convirtiéndose como en los otros dos casos en la primera mujer española en ser admitida. Era un destino muy acorde con su preparación y experiencia, pero muy alejado del ambiente investigador que vivió en el Instituto Nacional de Física y Química.

En 1936, cuando comenzó la Guerra Civil, la mayoría de la plantilla del Servicio Meteorológico se trasladó a la oficina de Valencia siguiendo al Gobierno de la II República. No tuvieron más opción que partir en el mes de octubre, cuando el frente nacional había cercado la capital. Martín se negó a abandonar Madrid y fue apartada de su actividad profesional inmediatamente. Incluso, logró trasladarse hasta San Sebastián, su ciudad natal en zona nacional, en 1937. En aquel momento, existían otras dos mujeres auxiliares en el Servicio, una era Antonia Roldán, que permaneció en la oficina central de Madrid, y la otra era Cristina Gonzalo, que se mantuvo en su destino de Santander en zona republicada, hasta la caída en agosto de 1937.

En 1939, terminada la contienda, Martín pudo reincorporarse al cuerpo de meteorólogos, aunque con reticencias. Hacían falta profesionales en las estructuras científicas del nuevo Régimen franquista, por eso, Martín tuvo que someterse previamente a un expediente de responsabilidades. En este departamento no volvió a ingresar a una mujer hasta la década de 1960.

PERSONAL DEL SERVICIO METEOROLÓGICO ESPAÑOL EN 1942

En 1969, tomó parte en las I Jornadas Científicas de la Asociación de Meteorólogos Españoles que se organizó en Salamanca. Durante los últimos años de su vida, perteneció a la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, a la Sociedad Matemática Española y a la Sociedad Española de Física y Química.

En 1973, fue nombrada presidente de la Asociación Meteorológica Española, cargo que desempeñó hasta el año siguiente. También fue pionera, pues además de ser la primera científica española en la dirección no volvió a acceder al alto puesto otra mujer hasta 2019.

A lo largo de su vida formativa y profesional publicó varios trabajos sobre estructuras cristalinas y electricidad atmosférica en revistas españolas de Física y Meteorología, siendo las más destacadas:

Determinación de la estructura cristalina del óxido de níquel, del de cobalto y del sulfuro de plomo, tesis doctoral de 1926 que fue publicada en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química nº24 en 1943.

Corrientes eléctricas verticales originadas por la acción de las puntas bajo nubes tormentosas, lluvias, etc., incluida en las Publicaciones del Servicio Meteorológico Nacional, Serie A nº15, en 1945.

Modernas investigaciones sobre electricidad atmosférica, realizada para la Revista de Geofísica nº4, en 1954.

Instrucciones para el montaje y el manejo de aparatos, trabajo realizado para las Publicaciones del Servicio Meteorológico Nacional, Serie C nº28, en 1954.

FELISA MARTÍN BRAVO

El 29 de octubre de 1979, falleció en Madrid. Tendrían que pasar varias décadas para que algunas instituciones científicas y políticas le realizasen algunos reconocimientos.

En 1997, Carmen Magallón escribió el trabajo Felisa Martín Bravo, primera española en Física. Del laboratorio de Investigaciones Físicas a la Meteorología, que publicado en las Actas del II Congreso Internacional Junta para Ampliación de Estudios, en Madrid en 1998.

En 2017, el Ayuntamiento de San Sebastián le homenajea con una calle a su nombre.

En 2018, su nombre su fue incluido en la La Tabla Periódica de las Científicas con motivo de la celebración del 150 Aniversario de la publicación de Medeléyev y la declaración del 2019 el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos.