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ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA ESPAÑOLA DEL KGB


Miembro del NKVD-KGB, África de las Heras fue una de las espías más activas y sobresalientes de la Unión Soviética, actuando entre el final de la II Guerra Mundial y la década de 1970, especialmente en Hispanoamérica.

En México, estuvo involucrada en el asesinado de Leon Trotsky, enemigo de Joseph Stalin, en la Purga estalinista de 1938. En Ucrania, durante la II Guerra Mundial, su actividad fue la de interceptar las comunicaciones alemanas e introducir mensajes erróneos, entre 1942 y 1944.

En Montevideo, estableció una red de espías que actuaban por Suramérica. Consiguió la información sobre el desembarco estadounidense en la bahía de Cochillos en Cuba en 1961, consiguiendo que fracasara, durante la Guerra Fría.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA ESPAÑOLA DEL KGB

África de las Heras Gavilán nació en Ceuta, en 1909. Era hija Zoilo de las Heras, un escribiente del Ejército español, y de Virtudes Gavilán de Pro. Tenía por familiar, probablemente primo, al militar Manuel de las Heras Jiménez, general de división; y al abogado Julián Francisco de las Heras, y alcalde de Ceuta.

Realizó sus estudios básicos en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús en Madrid hasta 1923. Después de que su familia regresara a su ciudad natal, continuó estudiando en el Colegio del Monasterio de Melilla.

Contrajo matrimonio con Francisco Javier Arbat Gil, con quien tuvo un hijo llamado Francisco Javier Manuel Arbat de las Heras, que murió de forma prematura, en 1931.

Desde inicios de la década de 1930, se destacó como miembro activo del Partido Comunista español. Entre sus actuaciones más destacadas figura su participación en la Revolución de octubre de 1934 en Asturias, donde tomó contacto con el dirigente Santiago Carrillo.

Al inicio de la Guerra Civil, en 1936, militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña. Un año después, lideraba una partida de civiles armados de Barcelona con refugio en el Real Club Náutico y contrajo matrimonio por segunda vez con un militante comunista llamado Luis García Lago. Estas patrullas milicianas se dedicaban a perseguir y ajusticiar a civiles partidarios del alzamiento del general Franco, de hecho, existen testimonios de la participación de África en las cárceles de represión conocidas como "checas".

ÁFRICA DE LAS HERAS GAVILÁN

De todas formas, tuvo que marchar con urgencia a Ceuta para proteger a su tío Julián Francisco, que estaba amenazado por sus enemigos del bando nacional.

Aquel año de 1937, mantenía conversaciones con Ernst Moritsovich Gere, un político comunista húngaro que servía como consejero del Partido Socialista Unificado de Cataluña y responsable de los servicios soviéticos de espionaje en Cataluña durante la Guerra Civil. Este le presentó a un par de agentes rusos: Leonid Aleksandrovich Eitingon, jefe de las NKVD; y Aleksandr Mijáilovich Orlov, enlace entre los servicios de espionaje soviéticos y el Ministerio de Interior de la España republicana durante la Guerra Civil. Esta último fue el principal responsable soviético en el traslado del denominado “Oro de Moscú” desde Madrid a la Unión Soviética y el asesinato de Andrey Nin.

Comprobada su absoluta devoción por la causa, fue enviada a Rusia donde adquirió la nacionalidad. Allí fue formada e instruida en el espionaje como miembro del servicio de inteligencia, es decir del NKVD. Su principal mentor fue Caridad Mercader, quien dirigía un comando de escuadristas junto a su hijo Ramón Mercader y a su amante Pável Sudoplátov.

Durante el resto de su vida, serviría con valentía para este servicio soviético en varias operaciones de espionaje y seguridad. Aunque su nombre real fuese África de las Heras Gavilán, adquirió varios nombres clave: María de las Heras, María Luisa de las Heras de Darbat, María de la Sierra, María Pavlovna, Patricia, Ivonne, Znoi y Patria.

LIBROS DE ÁFRICA DE LAS HERAS "PATRIA

Su primera misión comenzaba en Noruega, y tenía por objetivo el asesinato del líder soviético Leon Trotsky, muy crítico con las políticas de Joseph Stalin. Desde allí se puso en contacto con los militantes de Trotsky, ganándose la confianza de estos. Viajó a México donde se infiltró en el equipo trotkista bajo el nombre de María de la Sierra y pudo haber sido la secretaria personal del enemigo de Stalin. Se dedicó a pasar una valiosa información a Ramón Mercader y al NKVD.

Lo que parece evidente es que, directa o indirectamente, estuvo involucrada en el asesinato de este dirigente soviético y, por tanto, formaba parte de la llamada Purga estalinista dentro del NKVD, en 1938.

Tras esto, Ramón Mercader fue detenido y África tuvo que abandonar México, escondida como polizona en la bodega de un barco mercante con destino a Rusia. Otro de los motivos fue la presencia de Aleksandr Orlov, del bando trotskista, que acababa de abandonar su jefatura del NKVD en España para refugiarse en América, huyendo de la persecución de Stalin.

En 1941, estudió dos cursos formativos para futuros servicios de espionaje: primero Enfermería, y después Radiotelegrafía, siendo nombrada jefa de radiotransmisiones del cuerpo. Para entonces, la URSS estaba en lucha con Alemania y las potencias del Eje, involucrada en la II Guerra Mundial.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA ESPAÑOLA Y AGENTE SOVIÉTICA

Tras finalizar ambos cursos, en mayo de 1942, fue destinada al cuerpo de guerrilleros Los Vencedores. Su siguiente misión le llevó a lanzarse en paracaídas en Ucrania, en los bosques de Vinnista, para incorporarse a la retaguardia alemana y realizar labores de contra-comunicación y espionaje. Era la telegrafista, se encargaba de la comunicación con los puestos de mando en Moscú. Otras sus funciones era interceptar las comunicaciones alemanas e introducir mensajes erróneos. Además, participó en ataques de guerrilla con otros partisanos, entre los que estaban algunos españoles republicanos que había sido exiliados tras el final de la Guerra Civil.

En 1844, tras concluir la II Guerra Mundial, regresó a Moscú para estudiar otro curso de espionaje.

Durante la Guerra Fría, le fue encomendado realizar diferentes labores de alto nivel en Hispanoamérica, firmando sus informes con el nombre clave Patria.

En 1946, tras pasar por Berlín, se instaló en París, bajo la identidad de María Luisa de las Heras. Se hacía pasar por una española refugiada del Régimen franquista y modita de alto diseño. Su taller-vivienda estaba ubicado en el número 82 de la calle Lauriston, en la orilla derecha del Sena, entre el Trocadero y del Arco del Triunfo, y a pocos metros de la antigua central de la Gestapo.

ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA Y FELISBERTO HERNÁNDEZ

Este estatus profesional le posibilitó acceder a la élite social francesa en la capital y conocer al músico y escritor uruguayo Felisberto Hernández, uno de los autores de cuentos más celebrados de su país. Se había establecido gracias a una beca tramitada por el poeta franco-uruguayo Jules Supervielle, consejero cultural de la embajada uruguaya en París y vivía en un destartalado hostal al otro lado del Senna. Se lo presentaron en el Pen Club, después ofrecer una lectura a varios espectadores, a quien fue seduciendo. Dos años después, contrajo matrimonio con este literato para conseguir la nacionalidad uruguaya y no levantar sospechas.

Desde inicios de 1949, el matrimonio se había establecido en Uruguay y África trabajaba como modista en algún taller de Montevideo. A partir de aquí iría estableciendo una red de espías y agentes sobre las principales ciudades de Suramérica por orden el gobierno soviético. Gracias su vinculación con el escritor Hernández, pudo infiltrarse en la clase alta de Uruguay y relacionarse con personalidades políticas que le aportarían informaciones en su actividad de espionaje.

El hecho de que se estableciera en Montevideo no fue casual, pues Uruguay había sido un país neutral durante la II Guerra Mundial, y la estancia de espías soviéticos en este país no iba a levantar sospechas de otros servicios de inteligencia enemigos. También, era uno de los escasos países de la región con representación diplomática soviética y embajada acreditada.

En estos años, dejó de servir a la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), principal agencia de seguridad soviética durante la dictadura de Stalin, para servir en la nueva KGB (Comité para la Seguridad del Estado).

LIBROS DE ÁFRICA DE LAS HERAS ESPÍA SOVIÉTICA

En 1950, África consiguió la nacionalidad uruguaya, se separó de Hernández, sin que este supiera la identidad real de su exmujer. Y, aunque era de ideales conservadores y capitalistas, nunca tuvo sospechas de las verdaderas intenciones de ella. Claramente, lo había utilizado para obtener el pasaporte, no levantar sospechas y acceder a importantes contactos.

En 1956, se trasladó a Buenos Aires y se casó con Giovanni Antonio Bertoni, jefe de espionaje de la KGB en Suramérica, bajo la identidad de Valentino Marchetti. Este matrimonio fue dirigido desde la jefatura de espionaje soviético, pues creyeron que la vinculación matrimonial entre ambos miembros ayudaría en la resolución de los objetivos. Aunque emprendieron un negocio de venta de antigüedades en Montevideo como tapadera, se involucraron en diversas misiones y sirvieron de enlace entre Moscú y otros espías establecidos en la región.

Si algún nuevo agente de la KGB debía instalarse en algún país de América del sur, África se encargaba de aportarle la documentación necesaria y de controlarle. También se ayudaba de una radio que tenía en el apartamento para enviar mensajes a Moscú. Otro de los objetivos era obtener secretos relacionados con el programa nuclear estadounidense.

Su informe más importante fue la revelación de la invasión de Cuba por parte del Ejército de Estados Unidos, en lo que fue la batalla de Girón. Esta fue una operación de desembarco militar en la bahía de Cochinos, en costa suroeste de Cuba, en abril de 1961, respaldada por los exiliados cubanos del Frente Revolucionario Democrático, a favor de Fulgencio Batista. La operación resultó un fracaso en plena Guerra Fría, y determinó el futuro de las relaciones políticas entre Cuba, Estados Unidos y la Unión Soviética.

ÁFRICA DE LAS HERAS Y VALENTINO MARCHETTI

En 1967, falleció su marido de forma natural. Pero otras fuentes atribuyen a África el asesinato de Marchetti, motivado por las dudas sobre el sistema comunista que empezaban a aparecer en el agente italiano, y con las consiguientes disputas ideológicas con África. En cambio, la agente española siempre se mantuvo fiel y leal a sus ideales comunistas hasta su muerte.

Tal vez África corría peligro de ser descubierta, por eso, en 1968, tras casi dos décadas en el cono sur americano, regresó a la URSS.

A partir de 1971, se dedicó a la formación de nuevos agentes de espionaje en la base neurálgica de la KGB, en Lubianka. Estos iban a ser destinados a ciudades hispanoamericanas.

En los últimos años de su vida, recibió una docena de condecoraciones, siendo la española más condecorada por la Unión Soviética. Recibió la Orden de la Estrella Roja, la Medalla al Valor, la Medalla al partisano de la Guerra Patria, pero la condecoración de más alto nivel fue la Orden de Lenin. Otro título fue el de Colaboradora Honorífica de los órganos de Seguridad del Estado. Su último ascenso en la jerarquía militar fue el de coronel.

ÁFRICA DE LAS HERAS MEDALLA DE LA ORDEN DE LININ

En 1985, abandonó sus servicios en el KGB, momento en el que recibió la Orden de la Guerra Patria.

Tres años después, en marzo de 1988, falleció en Moscú. Fue enterrada en el cementerio moscovita de Jovaánkoye, con honores militares. En su lápida aparece su rostro esculpido en piedra y las palabras: “Patria” en español, y “Coronel África de las Heras. 1909-1988” en ruso.

Su biografía deja muchos puntos oscuros y lapsus de tiempo sin esclarecer. El escritor Raul Vallerino dedicó una biografía a su figura con el título Llámame Patria. Otra biografía fue la de Javier Juárez, autor de Patria, una española en el KGB. La violinista roja es una novela biográfica de Reyes Monforte. La última revisión de la vida de África fue realizada por Laura Elisa Ramos en 2025 con su obra Mi niñera de la KGB.

LÁPIDA DE ÁFRICA DE LAS HERAS EN CEMENTERIO DE MOSCÚ

LUIS GONZÁLEZ-MATA AGENTE SECRETO ESPAÑOL EN EL MAYO DEL 68


Luis González-Mata fue agente secreto y espía del Servicio de Información Militar durante la dictadura del general Franco bajo el nombre clave "Cisne". La más importante de sus misiones fue su infiltración en las élites universitarias de la Revolución del Mayo del 68 con base neurálgica en el teatro Odeón de París. Como agente doble y líbero que también trabajaba para la CIA, se hizo pasar por médico hasta que tuvo que elegir entre continuar las protestas con mayor violencia para derrocar al gobierno de Charles de Gaulle o pacificarlas para proteger a los estudiantes de la represión policial.

En 1977, publicó el libro Cisne. Yo fui espía de Franco, en el que expuso toda su experiencia de 18 años de carrera, abordando una decena de conspiraciones y actuaciones por diferentes pases de Europa, América y África.

LUIS GONZÁLEZ-MATA AGENTE ESPAÑOL EN PARÍS DEL MAYO DEL 68

El movimiento Mayo del 68 fue un periodo de protestas masivas, huelgas generales y disturbios civiles ocurridos en Francia. Todo comenzó el 3 de mayo de 1968, con los enfrentamientos entre los estudiantes de la Universidad de Nanterre y la policía. Se oponían al autoritarismo institucional, las restricciones morales en los dormitorios y el sistema educativo anticuado.

En los siguientes días, se consolidó la primera sublevación de estudiantes mediante marchas que atravesaron París. Y este movimiento estudiantil se fue extendiendo a la clase obrera, alcanzando a los trabajadores de empresas industriales, que montaron huelgas y piquetes, como por ejemplo los de la automovilística Renault.

La huelga general del 13 de mayo paralizó la actividad económica en toda Francia con cerca de 10 millones de trabajadores en paro. Fue en señal de protesta contra el sistema político de Charles de Gaulle. Estas revueltas quedaron englobadas en otras a nivel mundial, como las protestas contra la Guerra de Vietnam en Estados Unidos, la Primavera de Praga en Checoslovaquia, y el movimiento de 1968 en México.

Mientras tanto, el Régimen dictatorial que había en España no se mostró impasible, y los servicios de inteligencia empezaron a mover sus piezas. Uno de sus agentes se iba a encargar de desactivar la protesta y hacer fracasar el movimiento, este era Luis González-Mata, más conocido con el nombre clave "Cisne".

MANIFESTACIONES DEL MAYO DEL 68 EN PARÍS

Luis Manuel González-Mata Lledó era hijo de un comisario político republicano, que había estudiado Medicina. Después, fue reclutado por el Servicio de Información Militar, un cuerpo de espionaje e inteligencia de carácter militar fundado al comienzo de la dictadura en 1939, y antecedente del actual Centro Nacional de Inteligencia.

Durante años de servicio, había ido adquiriendo una amplia experiencia en misiones internacionales de desinformación, espionaje e investigación. Realizó su primera comisión en Marruecos, vinculado al secuestro y asesinato de Mehdi Ben Barka, dirigente opositor marroquí, en 1965, perpetrado por los servicios secretos marroquíes, en connivencia con los franceses. A continuación, se trasladó a Argelia, país en el que estuvo en la cárcel algunos años.

Otro de sus cometidos fue formar parte del cuerpo de seguridad del dictador Rafael Leónidas Trujillo, en la Republica Dominicana, actuando como espía hasta que fue asesinado en mayo de 1961.

A partir de 1962, González-Mata estaba a las órdenes del coronel Eduardo Blanco Rodríguez, jefe del Servicio de Información, pero desde 1965 había pasado a ser jefe de la Dirección General de Seguridad, el organismo policial más importante de la represión franquista. Para él trabajaría hasta 1972.

En los primeros altercados del mayo de 1968, Luis González-Mata vivía en París. Actuaba como un agente liberado que podía vivir donde quisiese, e incluso podía colaborar con otros servicios secretos extranjeros, siempre que no contraviniese las órdenes de su superior Blanco. Es decir, tenía libertad para ser contratado puntualmente por la KGB, la CIA, la Mossad o cualquier otro servicio de inteligencia nacional actuando como "agente doble".

MANIFESTACIONES DEL MAYO DEL 68 EN PARÍS

En uno de esos días, recibió una llamada de su coronel desde Madrid. Al gobierno de Franco no le inquietaba la desestabilización política que estaba sufriendo el sistema democrático de la República francesa, pero si estaba preocupado por la participación en las algaradas de la comunidad de españoles residentes, incluso que después pudiera exportar aquel movimiento antisistema a su país de origen.

En adelante, el objetivo fue identificar quienes eran aquellos españoles involucrados en las protestas, pero tenía que hacerlo con total discreción, pues España debía mantener su neutralidad oficial con el país vecino.

A poco de ponerse en acción, el agente español fue contactado por el coronel Daniel O. Graham, uno de los máximos responsables de la CIA en Francia. Este también le encargó otra misión vinculada con las protestas universitarias. El estatus de agente liberado le permitía trabajar para otra organización al mismo tiempo, el problema es que los objetivos de ambas misiones española y estadounidense eran bastante antagónicos.

La CIA le encargó que se convirtiera en un agitador, que hiciese todo lo posible para que las protestas fusen lo más violentas posibles, que los manifestantes no se rindieran en su lucha urbana contra los policías. Como consecuencia, los antidisturbios también deberían actuar con la mayor brutalidad posible, ocasionando cuantos más heridos y detenidos mejor, y a ser posible, algunos muertos.

González-Mata quedó incrédulo de cuál iba a ser su cometido, mientras el jefe de la CIA le explicaba que esta podía ser la gran ocasión para hundir al general Charles de Gaulle. La estrategia política estaba en que si el desorden aumentaba y continuaba en el tiempo, la burguesía francesa le obligaría a retirar su preferencia por los países de la Europa oriental, o incluso le retirarían su confianza para pasar a apoyar partidos y opciones más pro estadounidense.

El agente español aceptó el nuevo encargo, creyendo que no fuese a tener ningún problema en efectuar las dos misiones secretas a la vez, que eran compatibles y no implicaba traicionar a ninguna de las dos partes. Aunque, tampoco informó a ambas jefaturas de su doble encargo, pues mientras estén satisfechas con él, no veía necesidad de hacerlo.

REPRESIÓN POLICIAL DEL MAYO DEL 68 EN PARÍS

El 15 de mayo, los manifestantes asaltaron el Teatro Odeón, uno de los centros culturales más emblemáticos de la ciudad, convirtiéndolo en el centro neurálgico y base de operaciones de la revolución.

Para infiltrarse, Graham le proporcionó una nueva identidad ya utilizada en otra misión, se hacía para por un colombiano llamado Arturo González Gómez, miembro de una organización procubana. En su nuevo documento de identidad ponía que era profesional de neurología, pues podía aprovechar los conocimientos adquirió durante los dos primeros años de carrera universitaria de Medicina. Pasarse por médico le podía facilitar la infiltración en la organización estudiantil con más facilidad que cualquier otra profesión. Sabía que los manifestantes heridos no querían ser curados en los hospitales ante la posibilidad de ser detenidos por la policía, prefiriendo se atendidos compañeros en los campamentos que habían montado de forma improvisada.

Así, accedió al interior del teatro y se fue moviendo como un manifestante más, mientras iba identificando a otros infiltrados de la CIA que como él también tenían la misión de promover las hostilidades en las calles y contra los policías. En cuanto pudo formar parte del servicio médico desplegado, comprobó que tenía mayores conocimientos de medicina que la gran mayoría de los voluntarios, que eran personas con buena voluntad, pero con formación escasa.

TEATRO ODEÓN DE PARÍS

Según fueron pasando los días, González-Mata fue enviando a su coronel Blanco la identidad de todos los españoles participantes de la lucha callejera. Sin embargo, no trató de obedecer la misión encomendada por la CIA. El motivo más probable fue la aparición de una atractiva mujer de 19 años llamada Anna, que no formaba parte de las manifestaciones iniciales, pero al pasar por el Odeón y ver heridos mal curados decidió quedarse para ayudarlos. No lo hacía por camaradería ideológica sino por humanitarismo. Entonces, colaborando con ella, González-Mata fue dejándose llevar por el ambiente, pasó a priorizar su papel como médico y a apoyar a los estudiantes, como años atrás él mismo también lo fue. Terminaría calando en su conciencia todo aquel movimiento político.

El hecho de ser un agente liberado de la CIA, que ganaba una remuneración por trabajo realizado, no le obligaba al cumplimiento de la misión, ni le conllevaba algún tipo de represalia, aparentemente. Pero en el caso del servicio de espionaje español, le permitía una amplia libertad, siempre desde una subordinación y lealtad.

En aquel Mayo del 68, el gobierno de Charles de Gaulle llegó a pensar que el sistema político francés estaba muy cerca de romperse. La movilización de todo el sector universitario en unión con los trabajadores, sindicatos y hasta el Partido Comunista, estaban montando un conato de revolución. Pero aquel malestar fue decayendo tras la convocatoria de elecciones y la caída del primer ministro Georges Pompidou.

EDUARDO BLANCO Y MAURICE GRIMAUD

En la pacificación y disolución de la revuelta tuvo un papel determinante el comisario jefe de la policía de París, Maurice Grimaud, que estaba evitado una escalada de violencia y derramamiento de sangre durante los disturbios y convenció al presidente De Gaulle para que no sacase al ejército a la calle. A través de un proceso de diálogos con los líderes manifestantes y haciendo un uso moderado de la fuerza por parte de sus efectivos policiales, estaba consiguiendo que las movilizaciones se fuesen paralizando y disolviendo. De hecho, en el mes de junio, la policía fue recuperando lugares estratégicos que había sido tomados por los estudiantes, edificios en el margen izquierdo del Sena, la Universidad de Sorbona, y el teatro Odeón.

Gracias a la actuación de Grimaud por un lado y a la de González-Mata por otro, la desocupación del teatro Odeón se realizó sin el ejercicio de la violencia, a pesar de los intentos de los manifestantes más extremistas y de los infiltrados de la CIA. Estos últimos se negaron a entregar la posición sin haber ejercido antes una alta dosis de resistencia, pero fracasaron.

El 15 de junio, la presa francesa estaba informando el final del encierro en el Odeón, y que la entrega se había realizado sin violencia gracias a la intermediación que hizo un médico entre los estudiantes y la Policía. El pacto establecía que los manifestantes salieran de las instalaciones desarmados y en actitud pacífica y que los policías les cachearan para comprobar su verdadera renuncia, y a continuación les dejaran marchar sin ser arrestados ni fichados. Ese médico del que los diarios de noticias no ofrecieron su identidad fue un supuesto colombiano llamado Arturo González-Gómez, que en realidad era un español llamado Luis González-Mata. Pero que no lo supiera la presa francesa, no significa que tampoco lo supiera el servicio de inteligencia francés, que ya estaba actuando.

LUIS GONZÁLEZ-MATA Y EL SÍMBOLO DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

Tras las desmovilizaciones, el agente español se hospedó en un hotel para recuperarse después de sufrir semanas de intenso estrés y mal dormir. Descansaba tranquilo porque sabía que en la Dirección General de Seguridad, el coronel Blanco estaba satisfecho con la información proporcionada, organización a la que realmente servía como un patriota. Sin embargo, sabía perfectamente que el coronel Graham estaría muy disgustado por su inoperancia y dejadez en el cumplimiento de su misión, llegando incluso a obrar de forma contraria al plan establecido, porque al final las revueltas no habían conseguido la caída del presidente Charles de Gaulle.

La policía francesa se presentó en la habitación del hotel y arrestaron al agente. Después fue encerrado en una celda del Palacio de Justicia. Cuando fue interrogado por un comisario le mostró su pasaporte a nombre de Arturo González Gómez y otro a nombre de Nabeiti, que habían encontrado durante el registro a su habitación de hotel, en el que aparecía su foto y como lugar de nacimiento Túnez.

Unas horas después, fue trasladado a la Prefectura de Policía parisina, en una de cuyas plantas estaba instalado el servicio de información francés. El comisario que le interrogó conocía perfectamente su identidad, sabía que era un agente español al servicio de sus homólogos españoles. Sin embargo, González-Mata se negó a revelar que trabajaba para el coronel Blanco, en cambio, se quedó sorprendido cuando le preguntaron por su colaboración con la CIA, ese era el verdadero motivo de la detención. El servicio de inteligencia francés sabía que los estadounidenses habían contribuido a agitar las revueltas y promover las hostilidades al objeto de hacer caer al gobierno De Gaulle. Ahora pretendían que González-Mata actuase como testigo de cargo. Pero continuó negándose a responder, pues sabía que los miembros de la CIA eran más poderosos que los espías franceses. Y, además, sabía que estaba protegido al ser un agente del coronel Blanco.

DOCUMENTOS DE LUIS GONZÁLEZ-MATA

En los siguientes días, González-Mata sufrió las amenazas de varios policías y espías franceses y le advirtieron que la tenencia de varios pasaportes falsos conllevaba penas de prisión de hasta cinco años. Pero, no se rindió, pues tenía la certeza de que siendo un espía del general Franco le liberaría de aquella situación.

En la última declaración repitió lo mismo que llevaba haciendo desde el inicio de la detención: que había estado espiando a los universitarios españoles en París, y que había tenido escasa relación con los universitarios parisinos. Cuando le enseñaron fotos de algunos infiltrados de la CIA, los más violentos manifestantes, declaraba no recordar haberlos visto.

Ante su negativa a revelar la información, fue encarcelado en una celda de la Prefectura con otros quince hombres, sin camas y con un solo retrete. Finalmente, un juez lo envió a prisión preventiva por posesión de documentos falsos, a pesar de reconocer que se los había entregado el servicio de seguridad español. En prisión sufrió las humillaciones de algunos funcionarios conocedores de todo su historial. En otra ocasión fue metido en una celda de aislamiento, teniendo que ponerse en huelga de hambre por considerar que era una medida ilegal.

Desde España, la Dirección General de Seguridad estaba negociando con el Servicio de Seguridad francés, y la influencia de su jefe Blanco se hizo notar cuando se celebró el juicio cinco meses después de su detención. Fue condenado a los mismos días de prisión que ya había cumplido.

DIRECCIÓN DE SEGURIDAD MILITAR

Cuando regresó a Madrid, no mejoró su situación. Lo primero que hicieron fue encerrarle en la cárcel de la Dirección General de Seguridad. No entendían como había preferido encubrir a los agentes de la CIA en lugar de colaborar con los servicios secretos franceses.

Tras saber el motivo de error, el agente González-Mata le prometió al coronel Blanco que no volvería a defraudarle ni a engañarle con el tema de los estadounidenses. Ambos estrecharon su mano y renovaron su confianza recíproca. De todas formas, poco iba a durar ya su colaboración en este organismo.

En 1972, González-Mata abandonó sus servicios en la Dirección General de Seguridad. Estaba muy desengañado del modo de actuar de los servicios de inteligencia occidentales y de su hipócrita manipulación de los recursos humanos. Dos años después el coronel Blanco fue apartado del cargo.

Instalado en París, comenzó una nueva etapa en su vida. Trabajaba como investigador independiente para periódicos y publicaciones y a escribía libros sobre espionaje y conspiraciones políticas. Aun así, estuvo implicado en el intento de asesinato del dirigente independentista canario Antonio Cubillo, que tuvo lugar el 5 de abril de 1978.

CISNE "YO FUI ESPÍA DE FRANCO", POR LUIS GONZÁLEZ-MATA

En 1977, publicó su libro más exitoso de los cuatro que escribió: Cisne. Yo fui espía de Franco. De carácter autobiográfico, fue un auténtico líder de ventas porque expuso informaciones sobre controvertidos temas políticos a los que tuvo acceso durante su carrera como espía y agente secreto. Entre otras, las principales conspiraciones y asuntos fueron las siguientes:
1. las intenciones de la CIA en el Mayo del 68 francés para derrocar a Charles de Gaulle
2. las actuaciones de la CIA y los Estados Unidos en los países de Hispanoamérica
3. el atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, el 24 de junio de 1960 en Caracas
4. el papel de los republicanos españoles en el exilio
5. el asesinato del general Humberto Delgado en España opositor a la dictadura de Salazar
6. el tesoro de los Trujillo, la inmensa fortuna que la familia de Rafael Leónidas Trujillo, dictador República Dominicana, poseía en bancos extranjeros en 1963
7. el caso Julián Grimau un político comunista español condenado a muerte por el Régimen franquista
8. la desaparición del político independentista marroquí Mehdi Ben Barka en París
9. las actividades del general marroquí Mohammed Ufqir y la CIA contra Hasán II en la fallida Operación Buraq
10. la dimisión de Willy Brandt, canciller de Alemania Occidental entre 1969 y 1974, por causa del "topo" Günter Guillaume
11. la defensa personal sobre las acusaciones del comisario Roberto Conesa, especialista en represión policial durante el Régimen franquista

Otro de los temas abordados fue la extraña colaboración entre el general Francisco Franco y la URSS. España entregó información secreta de las bases estadounidenses en suelo español a cambio de la identidad de españoles de adscripción comunista:
"La Rusia soviética, cuna del socialismo y del comunismo internacional, defensora de la libertad de los pueblos y de los que luchan por conquistarla, pactó con Franco -tantas veces tachado de símbolo del fascismo después de Hitler y Mussolini- y envió, para ayudarle, barcos cargados de carbón cuando los mineros españoles se habían declarado en huelga en nombre de esa lucha por la libertad que Moscú celebra y defiende en todo el mundo. Los servicios secretos soviéticos transmitieron a sus equivalentes de Madrid una lista de trescientos militantes y responsables comunistas -la mayor parte de los cuales terminaron en la cárcel- a cambio de informes sobre las bases USA en España."

En esta obra no caben más personajes oscuros, tristes, dramáticos y desafortunados. Una auténtica relación de torturadores, políticos sin escrúpulos, blanqueadores de la muerte, sumisos a todos los regímenes, asesinos de vocación, fantasmas de proyección internacional, espías sin bandera, dictadores de medallas en pecho, agencias de seguridad moviendo hilos de marionetas, etc.

LUIS GONZÁLEZ-MATA DE ESPÍA A ESCRITOR

En el prólogo trataba de redimirse de lo que fue su principal oficio:
"Lo único que justifica la existencia de los agentes secretos es el desorden público y así para sobrevivir alimentan ese desorden público con toda clase de escándalos y atentados."

La presentación del libro Yo fui espía de Franco fue realizada en el hotel Lutecia en París, el 16 de marzo de 1977, donde la prensa española fue convocada para ofrecer su versión sobre las acusaciones por el cruel inspector Conesa. Todo el objetivo de su libro es una denuncia de los servicios secretos de todos los países, incluidas la CIA y la KGB soviética. Sobre su vocación como agente secreto declaró que "Yo he creído defender otra cosa cuando he trabajado para Franco", o que "Yo me enteré que se torturaba en España cuando lo vi a Grimau con mis propios ojos." Pero tampoco explicó con precisión de detalles cuales fueron las motivaciones que le movieron a trabajar como espía.

Aprovechando el clima de transición política que estaba experimentando España tras la muerte del dictador y la llegada del rey dijo que "He escrito también una carta al rey Juan Carlos, que ha jugado un gran papel en la desarticulación de la extrema derecha en España".

En 1978, lazó su segundo libro Terrorismo Internacional, y al año siguiente Las muertes del Che Guevara, el tercero de los tres que fueron publicados en Barcelona por la editorial Aragos-Vergara. En el prólogo de este último declaraba ser militante del Partido Comunista de Francia y trabajaba en la revista gala Actuel.

Un cuarto libro escrito en francés Les vrais maîtres du monde (Los verdaderos dueños del mundo) fue publicado en París en 1979, sin ser traducido al español. Fue uno de los primeros en desvelar la existencia y funcionamiento del Club Bilderberg.

LES VRAIS MAîTRES DU MONDE, POR LUIS GONZÁLEZ-MATA

INGENIERÍA DE ANCLAS MARINAS DE JUAN FERMÍN DE GUILISASTI


Juan Fermín de Guilisasti fue ingeniero industrial, maestro mayor ancorero e inspector de la Real Fábrica de Anclas de Hernani en 1752, que, después de ejercer el espionaje industrial en las ferrerías de Holanda, pudo introducir las técnicas de fabricación de grandes anclas para buques de guerra de la Real Armada española, convirtiéndose en el mejor maestro ancorero de su tiempo desde su ferrería de Aya.

JUAN FERMÍN DE GUILISASTI

Juan Fermín de Guilisasti era natural de Aya, villa de Guipúzcoa, donde nació en 1705. Pertenecía a un linaje de ferrones y ancoreros establecido en las orillas del río Oria, que se dedicaban a la fabricación de anclas desde siglos atrás. Los primeros años de su vida profesional los realizó, básicamente, en la ferrería del barrio de Arrazubia, en su pueblo natal, situada junto al río que partiendo de las estribaciones del Ernio desemboca en la ría de Orio. Estaba al frente de una de las muchas ferrerías que abastecían de anclas de pequeño y mediano peso a embarcaciones de los astilleros de Pasajes y San Sebastián y que exportaban parte de su producción a Francia e Inglaterra.

En la década de 1730, solicitó a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas una pensión para realizar una misión de espionaje industrial en las Provincias Unidas de los Países Bajos. El objetivo era estudiar los avances técnicos en el sistema de producción de anclas marinas de gran tamaño de las ferrerías holandesas, entonces a la vanguardia en Europa.

El siglo XVII fue la época de la expansión comercial holandesa por el mundo, despuntando también en la construcción naval que incluía elementos tan necesarios como las anclas, surtiendo de estas herramientas a otros países, como Francia o España. Ya, en el XVIII, los buques de guerra experimentaron un considerable aumento en dimensiones y tonelaje, provistos con mayor número cañones, que necesitaban anclas cada vez más pesadas. Debido a la incapacidad de las ferrerías guipuzcoanas para fabricar piezas de tanta envergadura, los constructores de grandes galeones y navíos de línea tuvieron que recurrir a fabricantes extranjeros.

FERRERÍA DE GRANDES ANCLAS

Por eso, bajo este contexto apareció la figura de Juan Fermín de Guilisasti dispuesto a visitar aquellas ferrerías. En unos meses aprendió los métodos de fabricación de las grandes anclas, incluyendo sus técnicas en soldadura. Difícil tarea tuvo que ejecutar, pues las autoridades holandesas descubrieron sus intenciones, y tuvo que abandonar precipitadamente aquel país ante el riesgo a ser capturado y procesado por espionaje industrial.

Tras completar su misión, Guilisasti pudo regresar al puerto de San Sebastián. Entre los instrumentos que trajo consigo estaban un pescante mayor (brazo de grúa sobre embarcación), un mazo grande de 20 arrobas, y otras herramientas para fabricar grandes anclas. Entre los conocimientos técnicos estaba la utilización del carbón piedra como combustible del proceso productivo, cuyo sistema estaba revolucionando la metalurgia en Centroeuropa. Estos fueron puestos en práctica en su propia fábrica de anclas del barrio de Arrazubia de Aya.

A finales de la década de 1730, su ferrería era la más importante de Guipúzcoa en este sector industrial. Así, las anclas labradas por Guilisasti fueron adquirieron gran fama y prestigio en los astilleros y puertos marítimos de España, no solo por sus dimensiones y formas, sino además por su calidad técnica.

En 1739, consiguió un hito en esta industria al fabricar un ancla de 72 quintales, el más grande construido para un barco español, por lo que fue felicitado por algunos generales del ejército, en ellos el ministro de Marina, Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada. A partir de este momento, comenzaría a fabricar anclas con destino a los navíos y fragatas de la Real Armada española y la Real Compañía de Caracas, convirtiéndose en el maestro ancorero más importante de España.

REAL FÁBRICA DE ANCLAS DE HERNANI

Ante el creciente aumento de la demanda de grandes anclas por parte de la Real Armada, en 1749, el ministro Somodevilla se interesó por su actividad y programó la instalación de una Real Fábrica de Anclas en Guipúzcoa por cuenta del Estado, con sede en Rentería.

En 1750, se fundó la Real Fábrica de Anclas de Hernani, uniendo las tres ferrerías de Fagollaga, Ereñozu y Picoaga. Por real orden de 1750, Juan Fermín de Guilisasti fue nombrado maestro mayor e inspector técnico de la Real Plaza de Hernani, un sueldo de 40 escudos mensuales. El inspector de anclas residía generalmente en San Sebastián, era oficial de la armada y no solamente hacía inspección en las ferrerías, sino también en los mismos muelles o lonjas antes del embarque. Durante su estancia, reglamentó quince clases de anclas, que variaban entre los 7 y los 12 quintales de peso.

Más tarde, Guilisasti fue apartado del cargo debido, entre otras cuestiones, a los problemas que surgieron con los asentistas de las oficinas, las imperfecciones aparecidas en algunas anclas, y la reestructuración de trabajadores de la fábrica. Esta fábrica estuvo funcionando hasta 1857, por algún tiempo posterior se usó como fábrica de cemento, en la actualidad sólo quedan las ruinas.

TRABAJADORES ANCOREROS DE HERNANI

Guilisasti regresó a su negocio privado en la ferrería de Arrazubia. Su reconocimiento en el sector industrial le sirvió también para asociarse con otros empresarios y armadores. Así, se asoció con Jerónimo de Goicoechea para fundar una sociedad ancorera con sede comercial en Caparrena, Usurbil. Continuó fundando varias fábricas en Guipúzcoa, llegando hasta el número de doce las que funcionaban en 1787, entre las suyas y las de otros industriales.

Gracias a sus resultados en el espionaje industrial, varios talleres siderúrgicos de Guipúzcoa comenzaron a desarrollar anclas de grandes dimensiones, que fueron compradas por todos los astilleros de las provincias del Imperio español e incorporadas a las embarcaciones que construían. No solo distribuían este producto metalúrgico a la Real Armada española, incluso abastecieron al Ejército francés, coaligados con el español a través de los Pactos de Familia, aunque también a Portugal e Inglaterra, evitando su importación desde Holanda.

La trayectoria industrial comenzada por Juan Fermín de Guilisasti fue continuada por su viuda, su hijo Juan Antonio de Guilisasti y su nieto Juan Fermín de Guilisasti, en la fábrica de Arrazubia.

Años más tarde, Juan Fermín de Guilisasti nieto fue nombrado por el Rey Carlos III, inspector de anclas por real orden de Carlos III. Este no sólo simplificó los innumerables tipos de anclas que entonces se fabricaban, sino también sus correspondientes pliegos de condiciones, fijando tolerancias en peso y medida, ensayos de choque, etc.

A fines del siglo XVIII, el número de ferrerías de anclas en Guipúzcoa alcanzaba la cifra de dieciocho, la mayoría estaba establecidas sobre los ríos Urumea, Oria y Leizarán. Aparte de los pedidos particulares, el Estado, en un periodo aproximado de un año, encargo más de 400 anclas por un valor de 1.200.000 reales de vellón. En esta época llegó a fabricarse en Guipúzcoa el ancla mayor que se había hecho en España, el cual pesó 9.560 libras.

El emprendimiento e ingeniería de este industrial guipuzcoano consiguió la implantación de una nueva industria de la marinería en la España del siglo XVIII, en plena Ilustración científica.

JUAN FERMÍN DE GUILISASTI

PILAR MILLÁN-ASTRAY ESPÍA DEL SERVICIO SECRETO ALEMÁN


La dramaturga Pilar Millán-Astray fue una de las literatas más exitosas en el periodo de entreguerras, en las décadas de 1920 y 1930, gracias a obras teatrales como El juramento de la primorosa y La tonta del bote.

Sin embargo, ha pasado más desapercibida su actividad de espionaje durante la I Guerra Mundial en 1914-1918, enrolada en el Servicio Secreto alemán establecido en España con base en Barcelona, cuya principal víctima fue el embajador británico Arthur Henry Hardinge.

PILAR MILLÁN-ASTRAY DRAMATURGA Y ESPÍA

Pilar Millán-Astray y Terreros nació en La Coruña, en 1879. Pertenecía a una familia relacionada con el Ejército español, pues su hermano menor, José Millán-Astray, fue el fundador de la Legión Española.

Se había criado en la alta sociedad coruñesa de inicios del siglo XX, y poseía un algo nivel cultural e intelectual. Pertenecía a una familia de convicciones profundamente conservadoras y monárquicas. Cuando su padre fue nombrado director de prisiones de Madrid, tuvo que instalarse en la capital junto a su familia. A los veinte años, contrajo matrimonio con un aristócrata valenciano, Javier Pérez de Linares, con quien tuvo tres hijos: Javier, Carmen y Pilar.

Después de haberse trasladado a Valencia, a inicios de 1910, su marido murió, quedándose sola al cargo de los tres hijos, y con escasos recursos. Su vocación como escritora aún no le permitía mantenerse económicamente de forma profesional. Al estallar la I Guerra Mundial en 1814, Pilar Millán-Astray se involucró de forma activa, pero pacífica, en las estructuras bélicas de las potencias enfrentadas.

En esta contienda, el Reino de España se mantuvo neutral, pero no ajeno a su desarrollo. Tuvo un papel relevante en la fabricación de armas y en el abastecimiento de metales para la industria armamentística de los Aliados, como el plomo y el wolframio, pero también fue el escenario de los servicios secretos de ambos bandos.

La labor de la red de espionaje alemán establecida en España consistió fundamentalmente en boicotear el tráfico comercial hacia los países Aliados, y en servir de plataforma para las acciones de espionaje y sabotaje a desarrollar no sólo en España, sino también en Francia, Marruecos e Hispanoamérica. Por el contrario, los países Aliados crearon sus redes secretas de contraespionaje, para combatir el espionaje alemán, entorpeciendo e impidiendo sus acciones, poniendo en evidencia la composición y actividad del enemigo.

PILAR MILLÁN-ASTRAY Y EL GRAN HOTEL COLÓN DE BARCELONA

En esta importante actividad, ambos bandos emplearon gran cantidad de recursos económicos y humanos. Y los españoles participaron directamente en los servicios de información, de inteligencia y de espionaje y contraespionaje, unos para los Aliados y otros para los Imperios centrales. Más allá de defender ideologías, la motivación principal fue la gran cantidad de dinero a percibir, de forma rápida.

Una vez que un civil se enrolaba en el Servicio Secreto alemán, se le impartían algunas nociones básicas de forma rápida y se establecían unos objetivos bien claros, pues no había tiempo para largos cursos de formación. En cuanto a las mujeres, eran preferibles con alto nivel cultural pues eso implicaba un mejor acceso a personas y grupos objetivos. Ese fue el caso de Millán-Astray.

Decidió aprovechar su preparación cultural y su posición social para servir como espía en el Servicio Secreto alemán con base en Barcelona. El trabajo era delicado y arriesgado, pero los beneficios a obtener eran rápidos y abundantes. Además, le permitía seguir escribiendo literatura, una vocación que nunca perdió.

Desde un principio, la red de información alemana se centraba en vigilar los movimientos de los aliados en el puerto y la ciudad. Pero con el tiempo, la estructura de espionaje se hizo muy sofisticada. Llegaron a situar a una mujer en cada uno de los principales hoteles de Barcelona. Sin levantar sospechas, se encargaban de vigilar la entrada de todos los huéspedes, poniendo especial detalle en aquellos que pudiesen resultar objetivos de espionaje. Cuando se identificaba la identidad de una persona de interés, se movilizaba a una o varias mujeres espía para someterla a constante vigilancia.

Una de las tácticas más eficaces para controlar a la persona objetivo consistía en entablar alguna relación de interés mutuo y ganarse su confianza, al objeto de conseguir toda la información posible. Esta fue la misión que tuvo que desempeñar en varias ocasiones Pilar Millán-Astray.

MANUEL BRAVO PORTILLO Y ARTHUR HENRY HARDINGE

Posiblemente, el personaje más relevante al que tuvo que contactar fue el embajador del Reino Unido de Gran Bretaña en España en 1913-1919, sir Arthur Henry Hardinge. Durante una de sus estancias en el Hotel Gran Colón de Barcelona, le contactó de forma interesada con apariencia casual y entabló algunas conversaciones amistosas. Aprovechando una ausencia del diplomático en el hotel, consiguió entrar en su habitación y copiar los documentos secretos que encontró en su cartera.

Cada vez que conseguía una información de esta índole, debía de entregarla al policía Manuel Bravo Portillo y al dirigente de espionaje alemán Alberto Hornemann, que había adquirido la nacionalidad española y era colaborador con su homólogo Hans von Krohn, de la embajada en Madrid. Cada vez que entregaba un resultado así, cobraba la importante cantidad de 1.000 pesetas, lo que suponía bastante dinero en aquella época.

Además de estar protegida por uno de los jefes de policía más destacados de Barcelona, Manuel Bravo Portillo había sido subordinado de su padre, José Millán-Astray, durante su mandato como jefe del Cuerpo de Seguridad de Barcelona. Su padre tuvo a Bravo Portillo por uno de sus hombres de confianza.

Sobre la actividad de espionaje de Pilar Millán-Astray, el historiador Fernando García Sanz publicó el libro España en la Gran Guerra, en 2014.

PILAR MILLÁN-ASTRAY

Al término de la I Guerra Mundial y el comienzo de los años veinte, Millán-Astray se fue convirtiendo en uno de los símbolos de la derecha culta e intelectual española. Comenzó a alcanzar relevancia en la literatura nacional destacándose en la dramaturgia. Y de pasar penurias durante la neutralidad española, a ser una de las literatas más exitosas en el periodo de entreguerras, en las décadas de 1920 y 1930. Llegó a escribir una cincuentena de obras, principalmente comedias y sainetes, que retrataban las costumbres madrileñas y las clases trabajadoras, logrando una gran conexión con el público de su tiempo.

Su primera obra relevante fue La hermana Teresa, con la que ganó el premio Blanco y Negro de 1919 y significó el impulso a su carrera. A partir de entonces, comenzó a colaborar en esa revista y en algunos diarios, como ABC, La Nación, El Espectador o El Sol, y publicó su primera colección de cuentos Todo amor.

En 1921, publicó La llave de oro en la editorial de Juan Pueyo. La revista La Esfera se fijó en ella y en su libro para ponerlos en la portada de la edición de febrero de 1921, con una pintura de Julio Romero de Torres. Este pintor volvería a retratarla para la cubierta de su comedia La mercería de la dalia roja.

Algunas fuentes cuentan que fue promovida por el escritor teatral Jacinto Benavente, quien le llegó a decir: "Hay en usted una gran dramaturga. Haga una cosa para el teatro. Yo se lo mando." Y terminó escribiendo El rugir del león, en 1923, obra de ambiente costumbrista gallego.

PILAR MILLÁN-ASTRAY DRAMATURGA Y ESPÍA

Probablemente, la obra más aclamada fue El juramento de la primorosa, publicada en 1924, y estrenada por la promotora teatral Irene Alba. En esta pieza definió las características de su comedia: comedia costumbrista, protagonistas femeninos, ambiente madrileño, novela rosa, acción melodramática, corrección moral y conclusión positiva. Fue el inicio de una amplia producción que conseguiría estrenar hasta veinte títulos en diferentes teatros.

Su otra gran obra de éxito fue La tonta del bote, estrenada en 1925, y que fue adaptada al cine en 1970, protagonizada por Lina Morgan. En estos dos títulos de El juramento y La tonta, mezclaba con habilidad comedia y melodrama para recrear el mito de la Cenicienta, consiguiendo superar el centenar de representaciones teatrales de cada una. Aquel año de 1925, sus obras se representaron hasta en cuatro teatros madrileños a la vez: Lara, Comedia, Apolo y Cómico.

Obras dramáticas escritas en aquellos años fueron La galana, Una chula de corazón, La mercería de la Dalia Roja, Por los flecos del mantón, y Magda la tirana; y la novela La mujer que vendió su caballo.

Tras el inicio de la II República española, fue empresaria de compañía con actuaciones en el Teatro Muñoz Seca de Madrid durante la temporada 1932-1933.

Como tenía ideas conservadoras, no dudó en apoyar el alzamiento del general Francisco Franco en julio de 1936, al que se unió su propio hermano José Millán-Astray. Durante los años que duro la contienda civil estuvo recluida en una prisión de mujeres que el gobierno republicano había construido en el pueblo alicantino de Alacuás y después en el murciano de Cehegín. Coincidió con otras prisioneras como Rosario Queipo de Llano, Carmen Primo de Rivera o Pilar Jaraiz Franco, vinculadas con maridos y familiares adheridos a la sublevación militar.

Después de recobrar la libertad en 1939, escribió una obra biográfica sobre sus experiencias en prisión que publicó con el nombre Cautivas. 32 meses en las prisiones rojas, en 1940.

En la posguerra comenzó su declive. Se retiró en Madrid con problemas de salud derivados de su estancia en la cárcel. Todavía escribió una veintena de títulos, pero su creatividad ya empezaba a declinar y el desastre económico que vivía el país impedían su representación ante el público. Cuando participaba en un homenaje a la actriz Josita Hernán, el 22 de mayo de 1949 en Madrid, fallece repentinamente.

Por haber sido una de las socias pioneras de la Sociedad General de Autores Españoles, fue propuesta para recibir un reconocimiento institucional como víctima de la represión en la Guerra Civil.

OBRAS DE PILAR MILLÁN-ASTRAY