MONASTERIOS MEDIEVALES CENTROS DE CULTURA Y CIENCIA


Durante la Edad Media, fue el estamento de la Iglesia cristiana, y no la real o aristocrática, el que se dedicó al cultivo de las humanidades y desarrollo de las ciencias. El monasterio y la abadía se había convertido en un centro de erudición, utilizando un método escolástico de enseñanza basado en la lección, y clasificando todo el saber humano en las siete Artes Liberales.

Los clásicos textos greco-latinos, religiosos y paganos, eran su referente intelectual. A través de los scriptorium, los monjes traducían del arábigo al latín y copiaban los manuscritos, que guardaban en pequeñas bibliotecas monasteriales.

Los principales centros de enseñanza y práctica de la medicina y cirugía quedaron localizados en los monasterios, y con el tiempo en los hospitales monásticos. A comienzos de la Alta Edad Media cobraron importancia las escuelas catedralicias, donde se desarrolló la medicina escolástica a cargo del clero secular.

También fue importante la labor desarrollada en el campo jurídico-religioso, ya que elaboraron compendios de textos religiosos, jurídicos e históricos en los que se fundamentara la monarquía.

Los manuscritos más frecuentes eran el Salterio, la Biblia, el Liber misarum, el Liber commicus, la Colección canónica hispana o los Beatos, y escritos de San Agustín, San Gregorio o San Isidoro de Sevilla.

MONASTERIOS MEDIEVALES CENTROS DE CULTURA Y CIENCIA

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente y las invasiones bárbaras, la única institución que dirigió la sociedad fue la Iglesia. La ciencia de la Europa cristiana estaba reunida en los monasterios, siendo el clero la clase culta, y no la realeza, ni la aristocracia, ni la burguesía.

A partir de los siglos V y VI, la Iglesia cristiana, en especial la occidental, fue adquiriendo cada vez una mayor importancia en todos los ámbitos. Fue la depositaria de tradiciones romanas, entre ellas el latín y la visión de un orden universal. También acogió la nueva cultura germánica, coronando a los nuevos emperadores cristiano-germánicos.

En las instituciones de gobierno de cada reino contaban con los eclesiásticos más prestigiosos del momento. Sus bibliotecas tuvieron como objetivo fundamental la continuidad de la tradición romana: los textos latinos antiguos, religiosos y paganos, constituyéndose en referente intelectuales.

REAL COLEGIATA DE SAN ISIDORO DE LEÓN

Un pionero fue San Isidoro de Sevilla, quien hizo un gran esfuerzo para salvar el patrimonio de la cultura clásica, por medio de una Biblioteca y de una Escuela, que serían más adelante enraizadas en la obra imperial de Carlomagno. El método de enseñanza entonces recomendado consistía en dar lectura a un texto para comentarlo después; de ahí vino la costumbre de llamar Lección al método de enseñanza. En aquella biblioteca figuraban abundantes ejemplares de autores romanos así como de los padres de la Iglesia. La Escuela, siguiendo el modelo de Boecio y de Casiodoro, dividía todo el saber humano en siete Artes Liberales (Trivium y Quadrivium): Gramática, Retórica, Dialéctica, Aritmética, Geometría, Astronomía y Música o Física.

Aunque la Biblioteca Isidoriana fue destruida por la invasión de los musulmanes, el legado cultural del Isidorismo fue instalándose en las bibliotecas de los monasterios que resistían al islam o en los centros donde se recluían los mozárabes. Por otra parte, el pensamiento de San Isidoro de Sevilla ejerció gran influencia en la conformación de las doctrinas políticas que se desarrollaban a partir de la nueva noción augustiana de la civitas christiana. Pues, el principal colaborador de San Agustín fue Osorio, el gran precedente de Isidoro.

SAN ISIDORO DE SEVILLA

Tras la invasión islámica en el año 711 y la desaparición del Reino hispano-visigodo, los monasterios se levantaron en el norte peninsular de la España perdida como guardianes de la cultura y la ciencia, junto a las sedes episcopales.

En la fundación y consolidación de las Monarquías hispánicas cristianas durante las primeras fases de Reconquista tuvo un papel de vital importancia el desarrollo de una amplia red de monasterios, ya que estos custodiaban el saber en sus bibliotecas y en las personas de sus abades y obispos. Y prestaban dirección ideológica a la nobleza, al pueblo y a la corona. Esta dirección estaba basada principalmente en la defensa de la fe cristiana y su expansión peninsular frente al islam. Y se mantenía gracias a los códices de la Hispania visigoda y a la memoria colectiva de la España cristiana, con sus Concilios de Toledo, su colección canónica hispana y la obra inolvidable de san Isidoro de Sevilla.

Las donaciones que los reyes hicieron a los monasterios muestran el carácter cristiano de las monarquías y de sus reinos: Estado e Iglesia, política y religión, marcharon conjuntamente.

Además de las funciones pastorales en sus diócesis, los obispos del reino eran consejeros natos del monarca, miembros del Aula Regia (Consejo asesor de nobles), y cercanos colaboradores reales que firmaban los diplomas regios.

SAN ISIDORO DE SEVILLA Y RODRIGO JIMÉNEZ DE RADA

La creciente importancia política de los valles del Duero y el Ebro, fronteriza con el enemigo musulmán, justificaba la envidiable posición que alcanzaron las abadías y los monasterios leoneses, castellanos, navarros y aragoneses, cuyas labores sobrepasaban las religiosas. Su posición estratégica controlaba los respectivos valles en los que se asentaban, lo que hacía de ellos auténticas fortalezas protectoras. A su vez, actuaban como agentes de la Monarquía, organizando la actividad económica y social mediante políticas de repoblación.

La influencia carolingia fue especialmente visible en la zona próxima a Aragón, donde hubo numerosos monasterios dotados de importantes bibliotecas. En los monasterios situados más al sur de Navarra y La Rioja, los monjes mozárabes efectuaron una amplia labor de conservación de los textos clásicos, muchos de los cuales se habían perdido incluso en la avanzada y cosmopolita Córdoba.

San Eulogio de Córdoba fue el divulgador de estos textos clásicos cuando, forzado por la inestabilidad del Reino franco de Carlos el Calvo, se vio obligado a suspender el viaje que le llevaba hasta el Rin, permaneciendo en Navarra durante el 848. En compañía del obispo de Pamplona, Teodemundo, inició una visita que le llevó por los más importantes monasterios, como eran los de Igal, Urdaspal, Leyre, Cillas y Siresa. Durante su estancia en el monasterio de Leyre, quedó sorprendido por su rica biblioteca y, de regreso a Córdoba, se llevó algunas copias de La ciudad de Dios de San Agustín, la Eneida de Virgilio, las Fábulas de Avieno, los Poemas de Juvenal y de Horacio, opúsculos de Porfirio iluminados, epigramas de Adelelmo, y varios himnos católicos, entre otras obras. Se trataba de una serie de libros carolingios desconocidos por los mozárabes.

Los reyes de Navarra beneficiaron especialmente al Monasterio de San Salvador de Leyre, situado en el solar originario de la dinastía Jimena. Pero es un caso aislado dentro de Navarra, ya que la actividad monacal se desplazó hacia el sur, a los nuevos territorios conquistados en La Rioja. El Monasterio de San Martín de Albelda fue fundado por Sancho I Garcés y su esposa Toda, en conmemoración de la conquista de la región.

El Monasterio de San Millán de Yuso era un antiguo cenobio visigodo construido de la cueva del santo homónimo. Tras su paso a la órbita navarra, la institución se renovó y engrandeció consagrándose un nuevo edifico, el conocido actualmente como Monasterio de San Millán de Suso, en el 954, por García I Sánchez. Sancho III el Mayor convirtió al monasterio de San Millán de la Cogolla en un centro de intereses religiosos, económicos y políticos.

MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE LEYRE

También la ciencia de la Edad Media estaba reunida en los monasterios, dando amparo a los indigentes aparecidos por la disolución del Imperio, las invasiones bárbaras, la pobreza y los estragos de la peste y el paludismo.

La práctica de la Medicina quedó en manos de los monjes, como misión caritativa, y los principales centros de enseñanza y práctica médica estaban localizados en los monasterios y, con el tiempo, en los Hospitales Monásticos. Se fue desarrollando gracias a la transmisión e interpretación de la obra de Galeno, conocido a través de comentaristas, puesto que entonces ya no se sabía leer en griego. Los textos de la medicina monástica, escritos en latín, eran en su mayoría fragmentos simplificados o resúmenes de las grandes obras griegas y tenían un carácter práctico.

A comienzos de la Alta Edad Media cobraron importancia las Escuelas Catedralicias, donde se desarrolló la Medicina escolástica a cargo del clero secular. Pero fue en este última etapa del Medievo cuando se produjo una clara división entre la Medicina y la Cirugía. La práctica quirúrgica quedó subordinada a la médica y, menospreciada, finalmente quedó en manos de los barberos. Esta creencia se mantuvo e, incluso, se acrecentó con el Cristianismo, donde el cuerpo del hombre era una vil presión del alma y el organismo humano no merecía mayor estudio. Este empobrecimiento de la Medicina medieval fue debido a que tenía un fuerte carácter especulativo. La teoría médica constituía la parte más importante y sustancial, mientras que la labor práctica era desdeñada. Se debió también a un elemento religioso, puesto que la enfermedad era considerada como el castigo a pecadores, o la posesión por el demonio, o la consecuencia de una brujería.

La Medicina monástica se extendió hasta el Concilio de Clermont, en 1130, que prohibió a los monjes ejercer la medicina porque perturbaba la vida sacerdotal. Y, asimismo, la Medicina dejó de enseñarse en los monasterios por influencia de los árabes.

MONASTERIO DE SAN MILLÁN DE LA COGOLLA

Hubo también construcciones de hospitales anexos a los monasterios, y a estos habría que añadir los fundados bajo influencia árabe. Estos Hospitales cristianos eran hospicios, es decir, estaban destinados a albergar a peregrinos y pobres, enfermos o sanos. Sólo algunas órdenes, como la de San Juan, administraron centros con carácter propiamente médico.

La transformación del hospicio en hospital se aceleró en el siglo XIII. En España el primer establecimiento hospitalario que aparece documentado es el Hospital de Mérida, fundado por el obispo Masone, en el año 580. El documento más antiguo sobre un hospital hispano-árabe es la inscripción fundacional del Hospital de Granada, en el siglo XIV.

En la España cristiana hubo albergues para peregrinos, vagabundos, pobres y enfermos que aparecieron a lo largo del Camino de Santiago y junto a los grandes monasterios como Montserrat, Poblet y, sobre todo, Guadalupe.

El Hospital del Monasterio de Guadalupe, fundado en 1389, tuvo una escuela de medicina propia. Aquel precario laboratorio experimentó con mohos, comprobando su eficacia antiinfecciosa y trataron de reproducirlos. Los mohos del pan fueron recetados para los enfermos, consiguiendo curaciones que no pudieron demostrar de forma científica según los criterios de la época. Aquellos descubrimientos pasaron a la Universidad de Salamanca con el fin de continuar las investigaciones por los profesores y estudiantes.

Hacia los siglos XI y XII, surgieron los establecimientos destinados a albergar, más que cuidar, a los enfermos de lepra: las Leproserías, cuyo número llegó a ser altísimo. Los hospitales, a veces especializados según el tipo de enfermos que recibían, solían estar dirigidos por personal religioso.

Esta acción social ejercida desde los monasterios y abadías se mantuvo durante los siglos de la Baja Edad Media, hasta que fue institucionalizada en las llamadas Casas de Misericordia, hospitales especializados y albergues para pobres en la Edad Moderna, cuando además aparecieron los primeros estatutos legislativos de la acción asistencial.

HOSPITAL MEDIEVAL

En monasterios y abadías se creó el llamado Escritorio, scriptorium. Era un taller especializado en la escritura a mano de manuscritos, la traducción de obras clásicas o arábigas al latín y la copia manual de libros, en buena parte, por los monjes con destino a las pequeñas bibliotecas de sus monasterios. El acto de transcripción además era un acto de meditación y oración, y no de simple copia. Los libros copiados se vendían a otros monasterios, catedrales, conventos, abadías, o nobles muy ricos, y este beneficio servía para adquirir otros nuevos. Y el conjunto de libros que se iba formando se guardaba en un armario para guardas Biblias, cuya denominación se conocería como Biblioteca. Pero estas bibliotecas se enriquecían con copias que se obtenían incluso del territorio más allá de la frontera islámica.

Estos libros eran imprescindibles para la vida monástica, tanto en el aspecto litúrgico y formativo de los monjes como para la transmisión de la moral y religiosidad imperante. Otros libros trataban sobre el pensamiento de filósofos y eruditos muy conocidos: Porfirio, Boecio, Casiodoro, Alcuino, Rabano, Mauro, san Beda el Venerable, san Isidoro de Sevilla, etc.

Las influencias que recibieron los copistas e ilustradores fueron numerosas, desde la antigua tradición cristiana hasta la musulmana, pasando por elementos procedentes del mundo carolingio e incluso irlandés. Los más famosos de estos talleres fueron los de san Millán de la Cogolla, santo Domingo de Silos, san Pedro de Cardeña y san Martín de Albelda. En algunos de ellos existieron personalidades notables como Florencio o Magio.

SCRIPTORIO MONÁSTICO

Los centros intelectuales más notables fueron los monasterios de Escala, Leire, Roda, san Juan de la Peña y especialmente Ripoll, que pronto superó el centenar de códices, junto a Silos y san Millán.

La biblioteca medieval más importante de España fue la del Monasterio de Ripoll, que en 1046 contaba con 192 códices, cantidad que fue incrementando. A ella se invitó a viajar al sabio más importante de su tiempo, Gerberto de Aurillac, donde conoció el tratado matemático de Al-Kwarizmi, que él rescató y tradujo. De este modo, en las matemáticas las letras mayúsculas latinas fueron sustituidas por las cifras o guarismos, entre las cuales el cero y el infinito iban a permitir expresar cantidades sin valor y sin límites, respectivamente. Desde aquel monasterio, el álgebra y el cálculo infinitesimal pudo ser introducido en Europa.

Otras bibliotecas monasteriales importantes de los Condados Catalanes fueron la de Vic y la Seo de Urgel. En el Monasterio de Montserrat existe una buena biblioteca a pesar de los avatares de guerras e incendios, que cuenta con 400 incunables.

Muy importantes fueron también las bibliotecas del Monasterio de San Salvador de Oña, que en el siglo XII tenía 132 códices; y la del Monasterio de Santo Domingo de Silos, que un siglo después tenía 105 manuscritos.

El Monasterio de Santa María de Vallbona tuvo un escritorio importante de donde salieron grandes ejemplares y completar una relevante biblioteca. Del escritorio de Real Monasterio de Nuestra Señora de Rueda, en Aragón, todavía se conserva su espacio.

Otra biblioteca a tener en cuenta fue la del Monasterio de Santa María de Huerta, en Soria, cuyo salón fue construido en el siglo XII y decorado en el XVII.

En el Monasterio de Valvanera perdura su rica biblioteca donde se conservan documentos sobre la Biblia Políglota de Valvanera.

Sobre las bibliotecas medievales de los Estudios Generales y Universidades se posee muy poca información y, sobre todo, muy pocos ejemplares, por haber sido robadas, saqueadas o minimizadas por el fuego u otros accidentes.

BIBLIOTECA DEL MONASTERIO DE MONTSERRAT

El término "códice" proviene del latino codex, que se refiere a copia hecha normalmente en pergamino y con plumas de ganso, cuervo o cisne mojadas en tinta negra. A partir del siglo XII, aparecería el papel, una forma más barata de reproducir esos mismos textos. No todos los incunables, impresos antes del año 1500, fueron códices.

La labor más importante de los monasterios se efectuó en el campo jurídico-religioso. Las Cortes reales aprovecharon las cualidades intelectuales de los monjes para la elaboración de una serie de manuscritos que fueran un compendio de textos religiosos, jurídicos e históricos en los que se fundamentara la monarquía.

Los manuscritos más frecuentes eran el Salterio, la Biblia, el Liber misarum, el Liber commicus, la Colección canónica hispana o los Beatos, y escritos de San Agustín, San Gregorio o San Isidoro, etc.

CÓDICE ALBENDENSE

Pero los códices españoles más valiosos en la actualidad podrían ser los siguientes:

1. Codex Calixtinus. El Códice Calixtino fue la primera guía de viaje que existe del Camino de Santiago. Redactada en el siglo XII por un monje cistercense francés, describió la etnografía de los pueblos de la España medieval por los que fue pasando. Se conserva en el Museo Catedralicio de Santiago de Compostela.

2. Beato de Liébana. Elaborado a finales en 786 por Beato de Liébana, un monje del monasterio de San Martín de Turieno, quien escribió unos Comentarios al Apocalipsis de San Juan en estilo mozárabe con influencias carolingias. Constituye la primera gran manifestación artística de la pintura española. Se encuentra en el Museo diocesano de La Seu d'Urgel.

3. Codex Emilianense. Son glosas o anotaciones al margen de un códice y que está considerado el primer testimonio de un dialecto romance en la península Ibérica. Fue escrito en 992 por un monje del Monasterio de San Millán de la Cogolla y se conserva en la Real Academia de la Historia de Madrid.

4. Beato de Girona. También llamado Beato de San Salvador de Távara, fue escrito en 970. Conserva la primera ilustración del apóstol Santiago.

5. Códice Áureus. Son evangelios escritos con letras de oro en 1043. Fue un regalo del rey Felipe II a su tía la reina María de Hungría. Es uno de los libros más valiosos de la Biblioteca del Monasterio de El Escorial.

CÓDICE CALIXTINO

6. Reja de San Millán. Es un documento de 1025, procedente del cartulario del Monasterio de la Cogolla. Tiene un enorme valor por la información toponímica que aporta sobre la zona del alto Ebro.

7. Códice Albeldense. El Códice Vigilano fue confeccionado en el año 976. Posee una completa colección de los cánones de los concilios españoles y de los concilios generales de la Iglesia, las decretales papales desde San Gregorio.

8. Fuero Juzgo. Fue el texto legislativo más importante de los visigodos, redactado en el siglo VII y ampliamente utilizado en la Edad Media. Contiene un compendio de las obras históricas más recientes, como la Crónica Profética y la Crónica Albeldense, además de otras obras más breves pero no por ello menos importantes, como un Calendario, donde aparecen por primera vez en Europa los números hindúes del 1 al 9.

9. Códice de Roda. De origen najerense, está compuesto de textos históricos donde destacan algunos opúsculos muy relevantes para conocer la historia navarra altomedieval, como son el De laude Pampilone, las Genealogías de Roda, la Epístola de Honorio y el Poema de Leodegundia.

10. Códice de Fernando y doña Sancha. Es una copia del original Beato de Liébana del año 786, y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

También son dignos de consideración las obras clásicas de la literatura castellana de aquella época como son el Cantar del Mio Cid (siglo XI) y el Libro del Buen Amor del arcipreste de Hita (siglo XIV) del que solo existen tres copias, o las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (1284), que se componen de 1.300 miniaturas de las que se conservan tan solo cuatro copias.

CÓDICE DE FERNANDO Y DOÑA SANCHA

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA


El capitán de milicia y administrador virreinal Vasco Núñez de Balboa fue adelantado de la Costa del Mar del Sur entre 1514 y 1519, gobernador de las Provincias de Darién entre 1511 y 1514, de Veragua entre 1511 y 1512, y de Panamá y Coiba entre 1514 y 1519. Además, fue el cofundador del primer núcleo poblacional estable en Tierra Firme americana, la ciudad Santa María la Antigua del Darién, en 1510, y la villa de Acla, en 1516.

Sin embargo, pasó a la historia por ser el primer europeo en descubrir el océano Pacífico desde el interior continental, cuya toma para el Reino de España la efectuó en 1513, atravesando el istmo de Panamá. Con este hallazgo geográfico comprobó que las Indias americanas eran un continente distinto a Asia.

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Vasco Núñez de Balboa nació en Jerez de los Caballeros, Badajoz, en 475. Era un hidalgo pobre que es estableció en el castillo de Moguer como escudero de Pedro de Portocarrero. A este señor de Moguer le ayudó a preparar el viaje del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492.

En 1500, a los veinticinco años, influido por su señor, se alistó en la Expedición a la costa del Caribe liderada por el capitán Rodrigo de Bastidas junto al marino y cartógrafo Juan de la Cosa. Esta expedición recorrió el litoral caribeño de las actual Colombia, descubriendo el golfo de Urabá, llegando hasta el este de Panamá y regresando a la isla La Española, base de las expediciones colonizadoras por el continente americano. Fruto de este viaje fue la cartografía que Juan de la Cosa realizó sobre el litoral atlántico de América, el primer mapamundi en el que se representaba este continente.

Tras la recompensa que recibió, en 1502, se asentó en una hacienda agropecuaria y ganadera en La Española. De todas formas, la explotación sufrió perdidas después de haber conseguido créditos que no pudo pagar, y esta situación le llevó a la ruina.

En 1509, queriendo escapar de sus prestamistas en Santo Domingo, Balboa se embarcó como polizón junto a su perro Leoncio, en uno de los barcos de la expedición de Martín Fernández de Enciso que pretendía apoyar al adelantado Alonso de Ojeda, en Nueva Andalucía. Durante el trayecto, los marinos de Enciso descubrieron a Balboa, pero convencido de la experiencia del extremeño en estas aventuras y apoyado por algunos marinos que le conocían le permitió formar parte de la hueste expedicionaria.

MAPA DE CASTILLA DEL ORO Y VERAGUA

En aquellos años, la Tierra Firme se había dividido en dos gobernaciones: Nueva Andalucía, gobernada por Alonso de Ojeda, recorría la costa oriental desde el golfo de Urabá hasta el cabo de Gracias a Dios, frontera entre las actuales Nicaragua y Honduras, poco después de llamaría Castilla del Oro; y Veragua, gobernada por Diego de Nicuesa, recorría la costa occidental desde el mismo golfo hasta el cabo de la Vela, en la actual Colombia.

La armada de Enciso desembarcó en San Sebastián de Urabá, un fuerte construido por Ojeda y protegido por Francisco Pizarro tras haber sido atacado por alguna tribu indígena local. Enciso pudo comprobar que lo que decían de aquella región del golfo de Urabá era cierto, pues estaba poblada de tribus indígenas guerreras y belicosas que usaban flechas envenenadas. Enciso y Pizarro pretendían regresar a la isla La Española, pero Balboa le informó que siendo él partícipe de la expedición de Rodrigo de Bastidas, en 1501, había visto en la parte occidental un territorio fértil para el cultivo y poblado por tribus más apacibles, era la región de Darién, perteneciente a Nueva Andalucía. Eso es lo que escribió el cronista y eclesiástico Bartolomé de Las Casas.

A propuesta de Balboa, Enciso trasladó el original asentamiento de San Sebastián a Darién, en el litoral caribeño de la actual Panamá, donde les esperaba el caudillo indígena Cémaco al mando de unos quinientos guerreros preparados para entablar combate. El escritor panameño e hispanista Octavio Méndez Pereira relató esta batalla de Darién, donde los españoles salieron victoriosos:
"Balboa había peleado como un Aquiles, con su tizona invencible, hiriendo incansable y múltiple, parando golpes, empujando al enemigo desde lo alto del cerro, multiplicándose para infundir coraje y aliento a sus compañeros."

El capitán Enciso fundó el enclave de Santa María de La Antigua del Darién, el primer asentamiento estable de Tierra Firme, en 1510, cuyo nombre honraba a la Virgen de la Antigua de Sevilla.

MONUMENTO A VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Poco después, Enciso fue acusado de prácticas autoritarias y despóticas por sus huestes, lo que provocó que Balboa y el resto de los colonizadores le depusieran. Como argumento, utilizó que Darién no estaba situado en Nueva Andalucía, sino en Veragua, por tanto dejaba de ser un lugarteniente de Ojeda, sino de Nicuesa, y perdía toda autoridad en dicha jurisdicción. A través de un cabildo itinerante y según las vigentes leyes de Indias, se escogió a Balboa como alcalde mayor de Darién de forma provisional, que ejerció entre 1510 y 1514, junto a Martín Zamudio como teniente alcalde.

Diego de Nicuesa, gobernador de Veragua, futura Castilla del Oro, pensaba que el asentamiento era una intromisión en sus dominios y se dispuso a expulsar a los nuevos colonizadores. Balboa paró sus intenciones, ganándose la confianza de sus pobladores y la del virrey Diego Colón, máxima autoridad en el Nuevo Mundo, quien le confirmó en el cargo de gobernador del Darién. Era una decisión justificada ante la desaparición del titular, Alonso de Ojeda, así como por el desconocimiento de los derechos de Martín Fernández de Enciso.

Balboa envió al soldado Pedro de Valdivia a La Española y al teniente alcalde Martín Zamudio a la Corte al objeto de informar de todo lo sucedido y solicitar el reconocimiento oficial. Así, el 23 de diciembre de 1511, una orden real de Fernando el Católico confirmaba a Balboa como capitán y gobernador de la Provincia de Darién y a partir de entonces se hacía con el mando absoluto de Santa María de Darién y de Nombre de Dios. Sobre sus enemigos, a Nicuesa le dejó partir en el barco maltrecho con el que llegó junto a algunos de sus incondicionales y desapareció sin conocer su paradero final; y Enciso fue puesto en libertad y enviado a La Española junto a dos representantes de Balboa para defender la causa del nuevo gobernador.

VASCO NÚÑEZ DE BALBOA Y PANQUIACO

Usando un mínimo de fuerza, en contraste con la brutalidad de sus predecesores Ojeda y Nicuesa, pudo establecer relaciones amistosas con los indios locales, respetando sus estructuras tribales, y llegando a ser árbitro entre tribus enfrentadas, como las de los caciques Coibá, Poncha y Careta. En busca de aliados entre los indios limítrofes, en 1512, llegó al territorio del cacique Careta, quien contribuyó a pactar una alianza con Balboa y fue convertido al Cristianismo. Un primer acuerdo fue la entrega de alimentos a cambio de utensilios de hierro. Para afianzar el pacto, Careta supo encauzar con habilidad la preferencia de Balboa por su hija, la princesa Anayansi.

Según relató Méndez Pereira en su obra Vasco Núñez de Balboa o El Tesoro del Dabaibe, en 1934:
"Careta hizo llamar al español y le dijo sin ambages ni preámbulos: Señor, ¿qué ganas con tenerme prisionero aquí con mi familia? ¿Qué daño te hemos hecho? Si me pones en libertad yo te prometo cultivar el campo para proveerte de granos y vivir en paz con tu gente. Si quieres, como prenda de amistad, te doy a mi hija por compañera."
Balboa aceptó la oferta y, en compensación, ayudó a Careta en el conflicto que mantenía con otro cacique de la región llamado Ponca.

Con este acuerdo político y esta especie de unión matrimonial, Balboa pudo aprender el dialecto por medio de Anayansi, quien a su vez fue aprendiendo el idioma español por medio de Balboa. Según Méndez Pereira, el amor de Balboa por Anayansi marcó la visión del extremeño por los indígenas:
"Siempre que se trataba de proteger al indio, y sobre todo a la mujer, Balboa obraba bajo la influencia de Anayansi. Ella le había enseñado que no había diferencias fundamentales entre las dos razas, que las diferencias en las costumbres y los hábitos eran cuestión de ambiente y de grado de civilización más bien que de vicio o torpeza innata."

Al mando de su gobernación, Balboa fue construyendo la ciudad de Santa María del Darién, logró la siembra del maíz, pacificó alguna revuelta de colonizadores que cuestionaron su autoridad, y confiscó algunas piezas de oro de las tribus indias con destino a La Española. Mientras tanto, fue organizando una expedición formada por españoles e indígenas que se internarían por el istmo de Panamá. Para su puesta a punto, envió una carta a la Corte solicitando solados y colonos habituados al clima y condiciones del Caribe, armas, provisiones, carpinteros con materiales necesarios para construir un astillero y varios buques, y le explicó que "He ido adelante por guía y aun abriendo los caminos por mi mano."

ESCULTURAS DE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Esta expedición partió en dirección al territorio indio de los caciques Ponca y Comagre, el primero huyó y se escondió en las montañas, y el segundo recibió a los expedicionarios de forma pacífica, con la intención de establecer acuerdos, y también se convirtió a la fe de Dios. Panquiaco, hijo mayor de Comagre, informó de la existencia de un gran mar hacia el sur, así como la posibilidad de encontrar tierras con abundancia de metales preciosos. Quizá aquellas noticias iban referidas al Imperio inca del Perú, y aquel mar permitiría el paso hacia Asia y la Especiería.

Ante estas informaciones obtenidas por el contacto con las etnias locales, Balboa quiso informar al virrey Colón enviando a Pedro de Valdivia. Solicitaba efectivos para acometer la empresa, pero Valdivia naufragó y hubo de esperar hasta 1513, cuando cuatrocientos hombres llegados de La Española arribaron a Santa María del Darién.

El 1 de septiembre de 1513, Balboa dirigió una nueva expedición formada por ciento noventa españoles y algunos indios que hacían de guías, que penetraría por el istmo de Panamá en busca del mar por el lado suroeste. Primero, se embarcó en un bergantín y diez canos y siguió el litoral caribeño rumbo noroeste hasta las tierras de su aliado Careta.

El día 6, arribó en un lugar que posteriormente sería fundado como Acla, donde se unieron un contingente de mil indios de Careta y su hijo Ponquiaco. Puso marcha hacia las tierras del cacique Poca, que fue derrotado y convertido al Cristianismo. Tras aceptar la autoridad de Balboa mediante un acuerdo, le cedió otro contingente de hombres para la expedición.

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

Después de atravesar el río Chucunaque y las sabanas cercanas, el día 24, se produjo un enfrentamiento con la tribu del cacique Torecha, en el poblado de Cuarecuá, que fue derrotado en combate. Tras esto, los guerreros del caído Torecha se unieron a la expedición que, algo exhausta y herida, se estableció en Cuarecuá para recuperarse.

Pero Balboa no quiso esperar y decidir formar un grupo de sesenta y siete españoles sanos y recuperados apoyados por un número indeterminado de indígenas, entre los que cuales se encontraban Ponquiaco y el soldado Francisco Pizarro. Esta avanzadilla marchó por la cordillera del río Chucunaque (montañas Urrucallala) y, desde lo alto de una cumbre, Balboa descubrió el mar del Sur, el 25 de septiembre de 1513.

Cuatro días después del avistamiento, el día 29, Balboa llegaba una la playa cercana de la actual Punta Buena Vista, junto a otros 26 expedicionarios, y se dispuso a realizar el ritual de conquista. Alzó los brazos portando una espada y un estandarte con la imagen de la Virgen María, entró al mar hasta las rodillas y tomó posesión en nombre de Juan de Castilla y Fernando de Aragón. Denominó a esta masa de agua llamada ahora océano Pacífico como mar del Sur, por la dirección que siguió desde la orilla atlántica del istmo, y a la bahía donde estaba como golfo de San Miguel por ser el día de San Miguel Arcángel.

El escribano de Balboa relató así la escena sobre aquel hallazgo:
"En martes veinticinco de aquel año de mil quinientos trece a las diez horas del día, yendo el capitán Vasco Núñez en la delantera de todos los que llevaba por un monte raso, vio desde su cumbre la Mar del Sur antes que ninguno de los cristianos compañeros que al lado iban."

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO POR VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo describió el acontecimiento geográfico en su Historia General:
"Un martes, veinte y cinco de septiembre de aquel año de mil quinientos y trece, a las diez horas del día, yendo el capitán Vasco Núñez en la delantera de todos los que llevaba por un monte raso arriba, vio desde encima de la cumbre dél la Mar del Sur, antes que ninguno de los cristianos compañeros que allí iban; y volvióse incontinente la cara hacia la gente, muy alegre, alzando las manos y los ojos al cielo, alabando a Jesucristo y a su gloriosa Madre la Virgen Nuestra Señora; y luego hincó ambas rodillas en tierra y dio muchas gracias a Dios por la merced que le había hecho en le dejar descubrir aquella mar... Y mandó a todos los que con él iban que asimismo se hincasen de rodillas y diesen las mismas gracias a Dios... Todos lo hicieron así muy de grado y gozosos, y incontinente hizo el capitán cortar un hermoso árbol, de que se hizo una cruz alta, que se hincó e fijó en aquel mismo lugar... Y porque lo primero que se vio fue un golfo o ancón que entra en la tierra, mandóle llamar Vasco Núñez golfo de San Miguel, porque era la fiesta de aquel arcángel desde a cuatro días."

El historiador estadounidense Charles Fletcher Mummis relató el descubrimiento de Vasco Núñez de Balboa en Los exploradores españoles del siglo XVI:
"… desde la cima de una sierra, los harapientos y ensangrentados héroes contemplaron la inmensidad azul del Mar del Sur, que no se llamó Pacífico hasta mucho tiempo después. Bajaron a la costa, y Balboa, vadeando el nuevo Océano hasta la rodilla, blandiendo en alto su espada con la mano derecha y con la izquierda el invicto pendón de Castilla, tomó posesión solemne de aquel mar en nombre del rey de España."

En octubre, se dirigió a Chape y recorrió las tierras de los caciques de Cuquera y Tumaco, y también exploró el archipiélago de las Perlas embarcado en canoas. Para el regreso, tomó un itinerario diferente, del río Maje al Bayano para llegar sucesivamente a las localidades de Thevaca, Pacra, Bucheribuca, Pocorosa, Comogre, Ponca y Cueva, donde descansaron. Durante el trayecto, rindió a los caciques Tubanamá y Pocorosa, este último en el golfo de San Blas, en la orilla caribeña. La última etapa se hizo por las tierras de los caciques aliados Comagre, donde su hijo Panquiaco le había sucedido, de Ponca y de Careta.

El 19 de enero de 1514, se presentó en Santa María del Darién con un botín basado en artículos de oro y perlas, y otros tantos de algodón. Envío a Pedro de Arbolancha con destino a la Corte para informar del descubrimiento oceánico, así como para la entrega de la quinta parte del botín obtenido en concepto de impuesto. Pero esta ruta pronto dejó de utilizarse, pues en 1517, se abrió un camino más corto y fácil entre las ciudades de Nombre de Dios y Panamá.

EXPEDICIÓN DE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA

En Santa María del Darién, Balboa fue informado de que la Corte nombró gobernador de la nueva provincia de Castilla del Oro a Pedro Arias de Ávila, más conocido por Pedrerías Dávila, quien reemplazaría a Balboa en el gobierno de Veragua cuando llegó en abril de 1514. Primero Enciso y después Nicuesa realizaron falsas acusaciones sobre Balboa, quienes consiguieron que el obispo Juan Rodríguez de Fonseca actuase en su contra.

Pero, cuando la Corte conoció que Balboa había conseguido este hito en el conocimiento de la geografía de América, el rey Fernando el Católico le nombró adelantado del Mar del Sur y gobernador de Panamá y Coyba. Esta decisión no fue aceptada por Dávila, pues Balboa estaba subordinado.

Pedrerías cambió la política de alianzas con las tribus indígenas que Balboa había establecido. Había llegado de diecisiete buques y miles de colonos, dando comienzo una serie de enfrentamientos y saqueos. Balboa protestó ante la Corte y solicitó su cese inmediato, calificando a Dávila de cruel, sanguinario, enfermizo y corrupto. Sin embargo, sus demandas fueron desestimadas por sus antecedentes, pero también porque nunca enviaba remesas de metales preciosos y otras riquezas desde su gobernación con destino a España.

Como Dávila no le permitía reclutar hombres para continuar sus exploraciones, mando ir a buscarlos en Cuba, pero el gobernador regresó repentinamente. Creyendo que Balboa estaba conspirando para desbancarlo de la gobernación, fue acusado de rebeldía y apresado durante dos meses. Dávila le liberó a cambio de dos condiciones: la petición de arrepentimiento y perdón, y la aceptación de su hija María como mujer, ante el natural disgusto de Anayansi.

AVISTAMIENTO DEL MAR DEL SUR POR NÚÑEZ DE BALBOA

En 1516, Balboa fundó la ciudad de Acla y estableció la Compañía de la Mar del Sur con objetivos comerciales y marítimos. Cerca de allí construyó un astillero junto al río Chucunaque, pero un derrumbamiento y una plaga del gusano de barco, especie de almeja de agua salada, acabó con la instalación. Dávila prestó el dinero necesario a Balboa para la reconstrucción del astillero. Reparados los buques, consiguió alcanzar la isla Rica, después Puerto Peñas (Jaque) y regresó por el golfo de San Miguel, haciendo escala en Chochama. De nuevo, envío a un emisario para solicitar una prórroga a Dávila, pero este había sido depuesto de su cargo en favor de Lope de Sosa.

Ante el riesgo de que su solicitud fuese rechazada, Balboa decidió fundar una villa desde la que partir hacia las ricas tierras del Perú, de las que había oído hablar a los caciques locales. Dávila, enterado de los planes de Balboa, levantó un proceso legal contra él y ordenándole que se presentara en Acla. Fue acusado de traición al gobernador y al rey, de entregar falsos informes, de haber actuado con mala intención, de maltrato a los indígenas y de haber preparado un plan para hacerse independiente en el mar del Sur.

Fue determinante que uno de los mejores colaboradores de Balboa, Andrés de Garavito, se uniese a esta traición basadas en mentiras y calumnias que sirvieron para que el extremeño fuese apresado, condenado a muerte y ejecutado en público en Acla, en enero de 1519.

Lummis describió aquella traición:
"… su suegro, celoso del brillante porvenir de Balboa, le llamó a Darién, engañándolo con un mensaje traicionero; y le prendió y lo hizo ejecutar en público en enero de 1519, acusándole falsamente de alta traición. Tenía Balboa todo el temple de un gran explorador, y, a no ser por la infame traición de Ávila, es probable que hubiese alcanzado más altos honores. Su valor era pura audacia, y su energía incansable; pero fue imprudente y descuidado en su actitud con respecto a la Corona."

En la cercanía del fallecimiento de Vasco Núñez de Balboa, la princesa Anayansi le escribió una carta de amor y más tarde bailó una danza secreta del sol para él.

En cuanto al istmo de Panamá, el padre Berlanga y el capitán Francisco Barrionuevo, ambos de Soria, idearon un plan para construir un canal navegable que atravesara este territorio uniendo ambos océanos.

ESCULTURAS DE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA