TERCER CONCILIO DE TOLEDO


Mediante el III Concilio de Toledo del año 589, el Reino Hispano-visigodo abandonó el Arrianismo para tomar el Catolicismo como religión oficial, sentando un precedente en el resto de entidades políticas europeas de la Alta Edad Media. Esto tuvo su relevancia en una Europa invadida por tribus germánicas, ya que demostraba como estas se irían fusionando con las poblaciones latinas herederas del extinto Imperio romano y mantendría la unidad católica frente a la herejía del Arrianismo.

Además, el concilio toledano supuso un primer modelo de Asambleas en las que estaban representados los nobles y los clérigos, sustituyendo a las Dietas germánicas, compuestas únicamente por el estamento militar.

TERCER CONCILIO DE TOLEDO

Desde el 585, se instauró en la península Ibérica el Reino Hispano-visigodo, sustituyendo a la Hispania romana, y dominando en todo el territorio peninsular de forma duradera hasta la invasión musulmana del 711. Durante ese tiempo, el reino estuvo unificado bajo una única corona, una religión común, un legado cultural y un derecho unificado.

Leovigildo consiguió unir políticamente el espacio hispano con capital en Toledo y aprobó el derecho de matrimonios mixtos entre godos e hispanorromanos. Imaginó, ya en la segunda mitad del siglo VI, una fórmula para atraer a la plenitud de derechos a sus súbditos hispanorromanos con la condición de convertirse al arrianismo. Pero fue su hijo y destinado a heredarlo, Hermenegildo, quien se convirtió al Catolicismo. Lo que sucedió fue que en este siglo VI los hispanorromanos impusieron sus modos de ser y de vivir sobre sus gobernantes visigodos.

Hacia el año 580, reunidos el obispo Leandro, hermano mayor de Isidoro de Sevilla, y el futuro papa Gregorio en el palacio imperial de las Blanquernas trataron de incorporar las dos primeras aportaciones de España a la vida europea.

III CONCILIO DE TOLEDO - LEOVIGILDO Y HERMENEGILDO

La primera aportación surgió de la necesidad de dotar al clero secular de una norma de vida semejante a la que ya tenían los benedictinos. Es la Regula pastoralis, aprobada por Leandro, a la muerte de Leovigildo, y que pudo instalarse en Sevilla.

Pero la aportación decisiva al futuro de Europa se concretó en el III Concilio de Toledo de 589, convocado por el rey Flavio Recaredo, sucesor de Leovigildo, y auspiciado por Leandro, al que asistieron 5 de los 6 arzobispos metropolitanos, 62 obispos, y varios abades importantes. En este concilio, Recadero se convertía al Catolicismo y tomaba esta religión como la fe oficial, abandonando el Arrianismo. Entre otras decisiones, se acordó transferir la jurisdicción de las iglesias arrianas a los obispos católicos, adoptar el credo para ser recitado en las mismas, y prohibir los matrimonios que los eclesiásticos arrianos practicaban. Estas leyes fueron promulgadas por el rey en la Lex in confirmatione concilium.

También el latín se impuso sobre la lengua goda, y se sometieron todos los habitantes a una Lex Romana custodiada por los visigodos que adoptaron todas los usos y costumbres hispanorromanas.

III CONCILIO DE TOLEDO

El Germanismo en Europa iba a abandonar el signo arriano en muy pocos años y establecer una unidad católica. La conversión al Catolicismo de los distintos pueblos europeos fue un elemento importante en la vida cultural, y en la península Ibérica se desarrolló así durante casi dos siglos una importante corriente, mezcla de la tradición latina con el espíritu cristiano.

Este movimiento de restauración cultural recuperaba para Europa el antiguo Derecho romano mediante el cual, no habría en adelante disyunciones sociales, sino que los súbditos formaban una sola comunidad, regida a su vez por esa ley romana de los visigodos que reducía la servidumbre a dimensiones económicas ya que todos los bautizados pasaban a considerarse jurídicamente personas. Era una ley que garantizaba a los campesinos la subsistencia mediante el trabajo de la tierra, aunque tenían que transcurrir todavía varios siglos para que la servidumbre desapareciera del todo.

Un factor entonces desconocido aparecería: a medida que los ingresos del propietario de la tierra se fijaban en moneda, el poder adquisitivo de ésta disminuía y se incrementaba el de las cosechas. De tal modo que, transcurriendo el tiempo, para los propietarios sería más beneficioso que los siervos alcanzasen su libertad, dejando la tierra en sus manos.

III CONCILIO DE TOLEDO EN EL CÓDICE ALBELDENSE

Otra contribución que el III Concilio de Toledo efectuó fue la asistencia no sólo de obispos, sino también de muchos nobles, servidores y cooperadores del rey. Surgía de este modo, en este concilio y en los sucesivos, un primer modelo de Asambleas en las que estaban presentes los jefes militares y los clérigos, dotados de formación intelectual. Además, este modelo sustituiría a las Dietas germánicas, compuestas únicamente por el estamento nobiliario militar.

A partir de la conversión de Recaredo, estas asambleas, eclesiásticas y romanas en su origen, alcanzaron una extraordinaria importancia política y se convirtieron en uno de los órganos fundamentales del Estado visigodo, realizándose una importante serie de Concilios toledanos que abarcaron desde el III en el 589 hasta el XVIII en el 702.

Sin embargo, estas asambleas traerían una aportación negativa. El Imperio romano había considerado el Judaísmo como religión lícita, lo que facilitó mucho la diáspora hebrea por Europa, alcanzando a Hispania. El romano San Agustín elaboró una doctrina por la cual consideraba que el pueblo elegido era el judío de donde partió el Cristianismo, representado en la figura de Jesús, el mesías convertido a la verdadera fe y que, por tanto, era necesaria una tolerancia al Judaísmo.

SAN ISIDORO Y SAN LEANDRO

Frente a esta doctrina, el III Concilio de Toledo aprobó otra antagónica: no era posible la convivencia entre dos religiones. Desde el año 612, reinando Sisebuto, se estableció el criterio de que el judaísmo era una religión ilícita y debía procurarse su desaparición. Desde el reinado de Recesvinto, se había reformado la Ley de los visigodos, iniciándose una persecución contra los judíos hispanos, obligándoles a bautizarse y a educar a sus hijos en la verdadera fe.

Cuatro siglos más tarde, España rectificó esta decisión, regresando la tolerancia al Judaísmo con Fernando I de León. Pero esta doctrina ya se había extendido a Europa y supuso una de las raíces del anti-Judaísmo. Tampoco se trataba aún de un anti-semitismo, ya que los hebreos conversos al Cristianismo eran integrados plenamente en la sociedad.

A Leandro le sucedió su hermano pequeño, Isidoro de Sevilla, en el IV Concilio de Toledo, y también en la influencia decisiva sobre los sucesores de Recaredo. Isidoro cubrió con su influencia política y cultural no sólo el siglo VII, sino también los tiempos posteriores. Su influencia sobre Beda el Venerable y sobre las generaciones de discípulos que cubrieron el Renacimiento carolingio resultó esencial para dos aspectos de la sociedad europea: la organización de la Monarquía y la transmisión del saber.

III CONCILIO DE TOLEDO

EXPEDICIÓN GEOGRÁFICA A CHILOÉ POR JUAN MANUEL DE MORALEDA


José Manuel de Moraleda fue teniente de navío de la Real Armada española, geógrafo y cartógrafo que dirigió la Expedición geográfica al archipiélago de Chiloé de 1786 y la Expedición geográfica a la costa occidental de La Patagonia de 1792, realizando mapas cartográficos, derrotas marítimas y descripciones de las islas y canales del litoral de la Provincia de Chiloé.

EXPEDICIÓN GEOGRÁFICA A LA PATAGONIA POR JOSÉ MANUEL DE MORALEDA

José Manuel de Moraleda y Montero de Espinosa era natural de la guipuzcoana villa de Pasajes, donde nació en 1750. Provenía de una familia relacionada con las actividades marítimas, algo muy habitual en su villa natal, pues su padre, Manuel de Moraleda, era piloto de profesión. Este había casado con una hija de los Montero de Espinosa, una familia en la que algunos de sus miembros eran generales de la Real Armada. Llegó a ser maestro de la asignatura de Hidrografía en la Escuela del Departamento Naval de Cádiz, en 1771.

Ante la imposibilidad de ingresar en la Academia de Guardiamarinas, Moraleda lo hizo en la Real Escuela de Navegación de Cádiz, en 1760, a muy temprana edad. Además de estudiar el pilotaje y artes náuticas, también Matemáticas, Astronomía, Geodesia y Dibujo técnico.

En 1764, ingresó en la Real Armada española para poner en práctica sus conocimientos teóricos. Su primer viaje lo realizó en el navío Dragón con destino de Veracruz y La Habana, en el Virreinato de la Nueva España, con regreso a Cádiz.

En 1765, realizó su segundo viaje transatlántico en el buque Firme a los mismos destinos que primero, pero con el rango de pilotín.

En 1768, embarcó en el Buen Consejo con rumbo a los puertos surorientales de Asia: Achem, Malaca, Batavia, Manila y Fayal. Cuando regresó a Cádiz, al año siguiente, recibió el título de piloto de segunda clase.

NAVÍO REAL FELIPE EN EL COMBATE DE TOLÓN, POR JOSÉ DE MORALEDA
En 1770, estuvo en la urca Santa Ana con el cargo de piloto para transportar al Regimiento de Lombardía hasta las plazas americanas de La Guayra y Cartagena de Indias en el Virreinato de Nueva Granada y La Habana en Cuba. La misión era proteger estos estratégicos enclaves del Imperio español frente a ataques de la Armada británica.

En 1772, embarcó en la urca Nuestra Señora de Montserrat, de 40 cañones, que formaba parte de una flota destinada a los territorios españoles en el Pacífico sur, concretamente en la Capitanía General de Chile, donde pasó buena parte de su vida militar. Tras salir de Cádiz, en noviembre, hizo escala en la bahía de Concepción, en Chile, en abril de 1773, y llegó al puerto de El Callao, en Perú, en junio del mismo año.

En este viaje transoceánico, Moraleda demostró sus habilidades como ingeniero hidrógrafo. En su diario de navegación describió todas las incidencias meteorológicas y aspectos náuticos que consideró oportunos o bien dibujó con pluma o acuarela tantos accidentes geográficos y planos de interés. Estas informaciones las incorporaría a sus futuras expediciones marítimas.

Durante su estancia en El Callao, recogió noticias acerca de los viajes y exploraciones que otros marinos españoles habían realizado por el océano Pacífico. A su diario de navegación, añadió las investigaciones que Felipe González de Haedo realizó sobre la isla de Pascua durante su viaje de 1770 y otros datos sobre del archipiélago Tierra de Quirós.

Todo este conjunto de estudios científicos los integró en una obra llamada Viage al puerto del Callao o de Lima, en la urca afragatada del Rey, del porte de 40 cañones, nombrada Nuestra Señora de Monserrat, año de 1772.

CARTA ESFÉRICA DE LA COSTA OCCIDENTAL PATAGÓNICA, POR JOSÉ DE MORALEDA

Entre 1773 y 1777, siendo piloto del buque Montserrat, realizó dos viajes a Guayaquil y a las costas del norte del Perú en la ejecución de algunas comisiones que fue encomendado, recopilando tantos datos y noticias como pudo.

En 1778, realizó su siguiente periplo transpacífico que le llevó al archipiélago de Filipinas. Tuvo la oportunidad de visitar las islas de David y de Otahiti. Esta última ya había sido explorada ampliamente por otro marino vasco, Domingo de Bonechea, en las dos expediciones a la Polinesia de 1752 y 1754. Sobre los contenidos de estos viajes redactó la obra Descripción de los nuevos descubrimientos y reconocimientos hechos en este Océano Pacífico, fundada sobre las noticias adquiridas de los sujetos más inteligentes que han ejecutado los viajes que se han hecho.

Aquel año solicitó entrar al Cuerpo General de Marina. Contaba con el apoyo del comandante de su urca y del virrey del Perú, el navarro Manuel de Guirior, a los que ya había convencido de sus habilidades y méritos. Esta solicitud, fue reiterada en otras dos ocasiones más, en 1780 y en 1782, hasta que fue admitido, en 1783.

Durante la Guerra anglo-española de 1779-1783, sirvió a la Real Armada a bordo de varios buques en misiones de vigilancia de los accesos al Pacífico y la protección de las costas de la Capitanía General de Chile, con el rango de primer piloto. Pudo visitar los puertos de Juan Fernández, Chiloé, Valdivia y Concepción, este último convertido en apostadero de la escuadra. En esta etapa efectuó nuevos trazados y derrotas marítimas y amplió sus investigaciones del territorio chileno.

Tras la vitoria hispano-francesa sobre Gran Bretaña y la firma del Tratado de París de 1783, Moraleda volvió a su departamento habitual en El Callao, donde fue ascendido a alférez de fragata. En la travesía de regreso por las costas chilenas y peruanas, transportaba tropas y cargamentos en la misma urca Montserrat.

FALÚA REAL SOCORRO

En 1786, cuando Moraleda estaba a punto de regresar desde el Virreinato del Perú a la España peninsular, fue comisionado para participar en esta Expedición geográfica al archipiélago de Chiloé, por el virrey del Perú, Teodoro Francisco de Croix-Heuchin. Su función era la de asistir al teniente coronel Francisco Hurtado, gobernador de la Provincia de Chiloé, en el reconocimiento de las islas y en la realización de cartas náuticas de las costas, bahías y puertos.

El 3 de enero de 1787, Moraleda partió desde el puerto de Ancud, abordo de la falúa Real Socorro, realizando una exploración con enorme fatiga y riesgo en una costa peligrosa y con un clima extremo.

El 27 de abril llegaba a la base de Ancud, donde pasaría el invierno coordinando los datos recogidos y el dibujo técnico de los mapas y planos, desempeñando a la vez otras comisiones que le solicitó el gobernador Hurtado para reunir noticias geográficas y estadísticas.

El 11 de febrero de 1788, comenzó la exploración de los partidos de Calbuco y Carelmapu, y de toda la costa continental que circunda el archipiélago, reconocimientos que desempeñó en dos meses.

Todos tres viajes fueron descritos en su diario de navegación bajo el título Viage de reconocimiento de las Yslas de Chiloé. Año de 1786.

Durante todo el año 1789, estuvo ejecutando de la cartografía de todas las islas, canales y costas de este territorio, y una serie de planos especiales de los puertos y caletas con cierta importancia. Todo este trabajo de gabinete fue reunido en la obra Derrota los puertos de la isla de Chiloé, ya sea entrando por el canal del Chaceo ó Norte de la isla, ya por el Sur de ella, quien llaman Boca del Huafo.

Además, aportó informaciones sobre el estado económico y social del territorio y su población, abordando clima, historia, fauna y flora, producción maderera, agricultura, pesca, comercio, costumbres, características étnicas, etc. Estos contenidos fueron reunidos en una obra titulada Breve descripción de la provincia de Chiloé.

El 5 de febrero de 1790, la Expedición alrededor del mundo de la Alejandro Malaspina hacía escala en el puerto de San Carlos de Ancud. Moraleda mostró sus mapas, diarios y noticias geográficas a los integrantes de la expedición multidisciplinar, que fueron tomadas muy en consideración.

DERROTAS A LOS PUERTOS DE CHILOÉ, POR JOSÉ DE MORALEDA

Tras la conclusión, Moraleda presentó un diario, una carta general esférica y catorce planos de los puertos locales al coronel Francisco Garoz, nuevo gobernador de Chiloé. Este encargó al guipuzcoano la visita conjunta de las fortificaciones y desempeñó otros cargos en la provincia chilota, interesándose sobre todo en la apertura del camino entre Valdivia y Ancud.

El 18 de abril de 1790, Moraleda embarcó en la fragata Carmen, se detuvo en Valparaíso del 2 al 17 de mayo, y llegó a El Callao el 3 de junio. Allí entregó al nuevo virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos, las mismas copias que al gobernador.

Considerado ya como el mejor piloto del Mar del Sur, en 1791, recibió el encargo de instruir y examinar a los pilotos, mercantes y militares del virreinato peruano con el objetivo de evitar los frecuentes naufragios.

Informada la Corte de los excelentes resultados de Moraleda, por real orden de 25 de diciembre de 1790, dispuso que efectuara el reconocimiento de los canales y archipiélagos situados más al sur de Chiloé. El 29 de agosto de 1792, el virrey encargaba al experto piloto Moraleda que preparase los recursos necesarios y se trasladase a San Carlos de Ancud, en la isla de Chiloé, para continuar la exploración de los archipiélagos del sur.

MAPA DE CENTROAMÉRICA POR JOSÉ DE MORALEDA

La Expedición geográfica a la Costa occidental de La Patagonia serviría de complemento de la anterior Expedición geográfica al archipiélago de Chiloé. El objetivo era reconocer del archipiélago de los Chonos, junto a la exploración de la boca del Aysén y la frontera de las islas Guaytecas.

El 17 de octubre, llegaba al puerto de San Carlos de Ancud, donde fue recibido por el gobernaba la provincia de Chiloé, Pedro de Claveral, brigadier de los Reales Ejércitos y capitán de navío de la Real Armada.

El 21 enero de 1793, la expedición partió desde el puerto de Ancud con rumbo al sur, y regresó el 2 de mayo. Estuvo formada por las goletas Carmen y Rosario, una de ellas al mando de José de Torres, de piloto de la Real Armada. Tras reconocer los fiordos de Aysén, el grupo puso rumbo al estuario del río Palena y posteriormente a la desembocadura del Yanteles. Reunió un valioso conjunto de datos geográficos, observados con discernimiento y expuestos con claridad. Habían estudiado la embocadura y curso del río Aysén y reconocido también una gran parte del archipiélago de los Chonos.

El 11 de febrero de 1794, Moraleda continuó el reconocimiento los archipiélagos y canales al sur de Chiloé, regresando a Ancud el 18 de mayo. Sin embargo, no pasó de la latitud 44 grados, limitándose sobre todo al reconocimiento del río Palena. Sus observaciones científicas determinaron que aquellos archipiélagos no estaban aptos para la fundación de nuevos asentamientos.

El 13 de febrero de 1795, Moraleda inició el último de los tres viajes, que estudio sirvió para perfeccionar sus mapas anteriores, aunque a costa de la pérdida accidental de la visión de un ojo. Exploró el fiordo de Comau y el golfo y el estero de Reloncaví, y remontando este último, se internó en las tierras continentales hasta el lago de Todos los Santos, y continuó por las costas de la parte del continente que circunda por el norte y por el este al archipiélago de Chiloé.

Resultado de sus trabajos fueron la Carta esférica de la costa occidental patagónica, y el Diario de la navegación desde el puerto de Callao de Lima al de San Carlos de Chiloé y de este al reconocimiento del Archipiélago de los Chonos.

PLANO DE LAS COSTAS DE EL CALLAO

En 1797, regresó al puerto de El Callao en la fragata Betsi, donde fue ascendido a alférez de navío. Allí obtuvo el mando militar de la fragata Castor, con la que llevó a cabo varias misiones como guardacostas del litoral de Perú y Colombia, ante posibles ataques e invasiones de la Armada inglesa. La Monarquía hispánica había vuelto a enfrentarse a la británica en su apoyo a la Convención francesa, en lo que fue la Guerra anglo-española de 1796-1802.

Después de más de veinticuatro años de servicios en los virreinatos españoles de América, a finales de 1797, permiso para regresar a España. Cuando llegó al Departamento Naval de Cádiz, el 27 de marzo de 1798, fue ascendido a teniente de fragata, en reconocimiento de sus méritos como piloto y oficial.

A inicios del siglo XIX, la Corte decidió que era necesario realizar nuevos reconocimientos y observaciones en el litoral americano. Tras varios años de descanso, en 1801, Moraleda fue comisionado a volver al Virreinato del Perú junto con otros oficiales de marina con el objetivo de rectificar las cartas geográficas existentes.

PLANO DE LA RADA DE ARICA POR JOSÉ DE MORALEDA

En 1802, Moraleda tomó parte de la Comisión hidrográfica de la costa de América central. Al mando de la fragata Castor, nuevamente, sirvió con el cargo de ayudante del comandante en jefe del Cuerpo de Pilotos.

Se ocupó de efectuar los planos generales del golfo de Panamá y de las costas de Veragua, Nicaragua y Guatemala, y los planos particulares de los puertos desde Panamá a Sonsonate, en conserva de la goleta Alavesa. Resultado de los trabajos hidrográficos fueron sus Diarios de los viages desde el puerto del Callao a los de Guayaquil y Panamá, y de estos al reconocimiento y demarcación de las costas de Veragua, Rica, Nicaragua y Guatemala, entre 1803 y 1804 en la costa de América Central.

En diciembre de 1804, fue ascendido a teniente de navío, el mayor de su carrera. En lo sucesivo, serviría a la Real Armada española como director de la Escuela Náutica del virreinato del Perú, con sede en El Callao. Alternaba esta función con numerosas misiones de guardacostas, protección de convoyes mercantes, transporte de tropas y caudales, represión del contrabando, y revisión de algunos mapas de diversas provincias.

En 1810, a los sesenta años de edad, el teniente de navío y marino científico José Manuel de Moraleda y Montero de Espinosa fallecía en el puerto de El Callo.

CARTA ESFÉRICA DE LA COSTA OCCIDENTAL PATAGÓNICA, POR JOSÉ DE MORALEDA