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MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA PIONERO DEL AMERICANISMO CIENTÍFICO


Marcos Jiménez de la Espada fue naturalista, geógrafo e historiador durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue el naturalista más destacado de la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1866 por la recopilación de amplias colecciones de animales de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas, reconociendo decenas de nuevas especies desconocidas. Su principal obra zoológica fue Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875, que reunía los resultados de 786 especies de anfibios.

Miembro de varias academias y sociedades españolas y europeas relacionadas con la historiografía, la geografía, la antropología y las ciencias, se destacó por ser un pionero del Hispano-Americanismo científico, en especial por encabezar los estudios andinos gracias a su monumental obra sobre las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897.

AMERICANISMO CIENTÍFICO DE MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Marcos Jiménez de la Espada y Evangelista nació en Cartagena, Murcia, en 1831. Era el hijo de un funcionario del Estado liberal bajo la Regencia de María Cristina y el Reinado de Isabel II. Estudio el bachillerato en varias ciudades de España (Valladolid, Barcelona y Sevilla) debido a los diferentes destinos que iban asignado a su padre en la administración del Estado liberal que se estaba construyendo.

En 1850, comenzó a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid, estudios aún englobados en la Facultad de Filosofía. Se formo como un brillante universitario bajo la dirección de Mariano de la Paz Graells, catedrático de Anatomía Comparada y Zoonomía de los Vertebrados y director del Museo de Ciencias Naturales. Tras cinco años de carrera se licenció presentando la tesis Los anfibios de Blainville y los batracios de Cuvier forman una clase aparte. En adelantes sintió una vocación por el estudio de los anfibios.

Su primer empleo estuvo como ayudante de la sección de Historia Natural de esta universidad, desde 1853, mientras estudiaba, y más tarde el de ayudante de las clases de mineralogía y geología en el Museo de Ciencias Naturales, en 1857. En esta última institución trabajaría durante 43 años de carrera científica especializándose en la zoología y la anatomía, gracias a la confianza que despertó en su maestro Graells, llegando a ser su discípulo predilecto. En 1859, ya impartía clases de zoología y anatomía comparada del Museo.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

El 9 de julio de 1862, la carrera científica de Jiménez de la Espada fue a dar un salto de calidad cuando fue asignado a la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1865. Su objetivo era realizar un extenso análisis de la zoología, botánica, geografía y antropología del continente de América, que superase a las ejecutadas décadas antes. Jiménez de la Espada ocupaba una posición subalterna, pues era el segundo ayudante naturalista, responsable de la organización de las colecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres, que debía estudiar y enviar al Museo de Historia Natural y al pequeño zoológico de aclimatación que Graells había instalado en el Jardín Botánico de Madrid.

El director general de Instrucción Pública, Pedro Sabau, se encargó de seleccionar a los ocho naturalistas de las diferentes especialidades. En la elección de Jiménez de la Espada influyó la recomendación de su gran mentor Graells. Pero también fue determinante la experiencia que durante años fue adquiriendo en la adaptación de animales procedentes de ecosistemas foráneos a las condiciones climáticas del Jardín Zoológico de Aclimatación.

El objetivo principal que se asignó al grupo de científicos fue el de recoger ejemplares de los tres reinos de la naturaleza para incrementar las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Al organizarse la Comisión de Profesores de Ciencias Naturales agregada a la Expedición Marítima al Pacífico, Jiménez de la Espada fue nombrado, encargado de la supervisión de las recolecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres.

Esta comisión estaba integrada en otra de carácter político-militar, la Expedición Marítima al Pacífico, al mando del general Luis Hernández-Pinzón Álvarez. Esta expedición naval estaba encaminada a potenciar la presencia española en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, así como reforzar las relaciones económicas y culturales entre España y sus antiguos dominios de Ultramar.

NATURALISTAS DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

El 10 de agosto de 1862, la Comisión partió desde Cádiz a bordo de las fragatas Triunfo y Resolución. Tras hacer escalas en Tenerife y Cavo Verde, llegó a San Salvador de Bahía y a Río de Janeiro, en septiembre, junto a sus compañeros. En noviembre, visitó los alrededores de otras ciudades brasileñas como Santa Catarina, Desterro, Petrópolis, Santa Cruz y Río Grande do Sul.

En diciembre, estando en la uruguaya Montevideo, donde la comisión se separa en dos subcomisiones para alcanzar un mayor escenario de operaciones y una mayor variedad de colecciones. Jiménez de la Espada embarcó en la fragata Covadonga de la Armada española hasta el puerto chileno de Valparaíso, lugar de encuentro de la subcomisión terrestre a través de los Andes. Exploró la costa de Chile, el desierto de Atacama y las minas de Copiapó. Después continuó el reconocimiento de las costas pacíficas del Perú, Centroamérica, México y California, con escala en San Francisco, en octubre de 1863.

En marzo de 1864, Jiménez de la Espada estaba de vuelta a Perú, donde pudo reunirse con algunos de los miembros de la subcomisión de tierra. Debido al estallido de la breve Guerra hispano-sudamericana, el general Hernández-Pinzón decidió suspender la Comisión Científica del Pacífico. Sin embargo, Jiménez de la Espada y otros tres comisionados decidieron continuar con la otra parte del programa de investigación basado en explorar en tierra adentro de Sudamérica en su parte más ancha. Estos tres compañeros eran el zoólogo madrileño Francisco de Paula Martínez y Sáez, el botánico gerundense Juan Isern y Batlló, y el médico y antropólogo cubano Manuel Almagro de la Vega. Ante el regreso a España del fotógrafo y dibujante de la comisión, Rafael Castro y Ordóñez, fue Jiménez de la Espada el encargado de realizar el testimonio gráfico, acompañado de numerosos dibujos de paisajes.

Esta expedición debía cruzar los Andes ecuatorianos hasta llegara al río Napo y descender por el Amazonas hasta la costa Atlántica, intentando rememorar la gesta del descubridor Francisco de Orellana, y que llamaron el "Gran Viaje".

CIENTÍFICOS DE LA EXPEDICIÓN EN MONTEVIDEO

En octubre de 1864, partió desde Guayaquil, remontando el río Guayas llegó a Bobalhoyo, y durante el trayecto pudo comprobar multitud de monos y cocodrilos, llegando a capturar y disecar algún ejemplar. En Quitó tuvo que enviar un voluminoso cargamento de piezas y animales reunidos durante la travesía, contratando a indios cargueros, para que les ayudasen en las tareas de transporte.

Tras pasar por Baeza, Archidona y Ahuano, en julio de 1865, comenzó el descenso del río Napo mediante unas barcazas construidas junto a unos indios de servicio, y un mes después se encontraba en la hacienda Tabatinga, en la orilla del río Amazonas, en la frontera entre Perú y Brasil. El resto de tránsito hasta Manaos y, posteriormente a Belém, fue recorrido a bordo dos embarcaciones de vapor. En uno de ellos, conoció al naturalista suizo Louis Agassiz, profesor de la Universidad de Harvard, que estaba al mano de una misión científica estadounidense. En 1895, rememoraba aquel encuentro con el cuarteto de expedicionarios españoles en el Amazonas en su libro A journey in Brazil (Un viaje en Brasil).

El Gran Viaje suramericano de Jiménez de la Espada y sus tres compañeros finalizó en Gran Pará, el 12 de octubre de 1865. Desde Río de Janeiro, fue ayudado por la embajada española en Brasil para regresar a España. En enero de 1866, los científicos supervivientes de la Comisión se reunieron en Madrid para presentar sus extensas investigaciones a la dirección general de Instrucción Pública, objeto de estudio en los años venideros. Después volvió a la actividad regular en la Universidad Central de Madrid y en el Museo de Ciencias Naturales.

COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO EN 1862-1866

Durante su viaje de tres años y medio, se internó por las florestas tropicales brasileñas, recorrió las pampas rioplatenses, surcó las peligrosas aguas del estrecho de Magallanes, disfrutó de los preciosos valles chilenos, y ascendió a nevados andinos ecuatorianos y a volcanes centroamericanos. Forjó su personalidad de naturalista romántico, seguidor de las preocupaciones intelectuales de Alexander von Humboldt, y de científico sistemático en sus estudios de anatomía comparada. Demostró un especial interés por observar tanto la naturaleza virgen como el paisaje modificado por la acción humana, de una manera integrada y armónica, así como por estudiar las fuerzas telúricas, como los volcanes que llamó “montañas de fuego”.

Jiménez de la Espada se fue convirtiendo en un incansable explorador que llegó a recolectar una voluminosa y rica cosecha naturalista y, por tanto, en el expedicionario científico más destacado de la comisión. En su Diario de la expedición al Pacífico, conservado de forma parcial, recogió interesantes observaciones geográficas, geológicas, zoológicas, botánicas, antropológicas y etnológicas.

Entre las numerosas hazañas científicas destacan sus ascensiones a seis volcanes, como el Izalco en El Salvador, o el Chimborazo, el Sangay y el Sumaco en Ecuador, y las cimas de los nevados del Chimborazo y del Cotopaxi en esta última república. Al descender el volcán Pichancha, cerca de Quito, se perdió durante tres días y estuvo a punto de morir, pero fue rescatado de forma extrema por un nativo. Parte de sus observaciones geológicas sobre el vulcanismo andino fueron publicadas en 1872, en su estudio El volcán de Ansango.

VOLCÁN CHIMBORAZO EN ECUADOR

En cuanto a su especialidad de la zoología, recolectó todo tipo de mamíferos, aves y reptiles que fueron disecados para el estudio. Pero también envío animales vivos a Madrid, ejemplares que nunca se habían llevado vivos a Europa, entre los que destacan la liebre de la Patagonia, el guanaco, el cisne de cuello negro y el cóndor de los Andes, un pavo silvestre del Perú, y dieciséis especies nuevas de ranas. Más tarde, muchos de los descendientes de estas especies fueron cedidos a varios zoológicos europeos. Uno de aquellos centros fue el de París, lo que ocasionó que, el 23 de marzo de 1866, la Sociedad Imperial Zoológica de Aclimatación de Francia le otorgase la medalla de primera clase de la división de mamíferos.

Tras regresar de la Comisión, estivo ordenando y estudiando con precisión las colecciones de animales recolectadas en América, cuyos resultados fue publicando en la década de 1870.

En 1870, publicó el artículo Algunos datos nuevos o curiosos acerca de la fauna del Alto Amazonas. Mamíferos, incluido en el Boletín-Revista de la Universidad de Madrid. Estaba basado en su colección de mamíferos del valle del Alto Amazonas, compuesta por animales de 100 especies diferentes, 35 de las cuales eran desconocidas por la comunidad científica hasta el momento.

La suspensión de la Comisión Científica del Pacífico de forma oficial en 1864 propició la pérdida de algunas especies capturadas por Jiménez de la España, que fueron recolectadas y descritas por expediciones extranjeras años después.

Es destacable la descripción del aspecto físico y el comportamiento del murciélago Thyroptera albiventer o la presentación de la existencia de los monos Leontocebus lagonotus y Leontocebus graellsi, el nombre de esta última raza de mono estaba dedicado a su Graells.

BUSTO DE JIMÉNEZ DE LA ESPADA EN CARTAGENA

En 1871, publicó el informe Faunae neotropicales species quaedam nondum cognitae (Especies de la fauna neotropical desconocidas), añadido en el Jornal de la Academia de Ciencias de Lisboa. Ese mismo, promovió la fundación de la Sociedad Española de Historia Natural, en 1871, junto a otros once socios, cuyos primeros trabajos fueron dedicados a la fauna de Sudamérica.

En uno de los anales de la Sociedad Española de Historia Natural incluyó su principal obra sobre zoología, Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875. Reunía los resultados de 786 especies de anfibios recolectados durante la comisión americana, que fueron analizados en profundidad, dese su anatomía hasta su biología y su comportamiento. Estos ejemplares estaban reunidos en 18 géneros y especies ya estudiadas, y otros 2 géneros, 12 especies y 3 subespecies desconocidas hasta el momento.

Tuvo en reconocimiento de los científicos coetáneos y ha sido considerada como un texto clásico de la literatura zoológica, en el campo de la herpetología. Por eso, en 1978, fue reeditada por la Sociedad para el Estudios de Anfibios y Reptiles de Estados Unidos.

Cuando había alcanzado el mayor prestigio como naturalista con una gran repercusión en Europa, a mediados de la década decidió abandonar su participación en el programa de investigaciones biológicas y reorientar su carrera hacia la geografía histórica y la historia americana.

En 1876, fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Geográfica de Madrid. En 1877, fue miembro de la Asociación Española para la Exploración de África, donde se integró desde su fundación. En 1883, fue miembro electo de la Real Academia de la Historia. En 1892, fue miembro de Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Y, en 1895, fue elegido presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural, habiendo sido también uno de los socios fundadores. En el extranjero, también fue miembro de la Sociedad Berlinesa de Antropología, Etnografía y Prehistoria, de la Real Sociedad Geográfica de Londres y de la Sociedad de Americanistas de París. En todas estas academias y sociedades se mantuvo en funciones hasta su fallecimiento.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Como miembro de la Academia de la Historia y de la Asociación africanista, editó libros de viajes por el Mediterráneo y por el África subsahariana, escritos en castellano durante la Edad Media. Son destacables las Andanzas de Pero Tafur, capitán de marina a sueldo de la Corona de Aragón para expulsar a corsarios y piratas de las rutas marítimas en el siglo XIII, o el Libro del conocimiento, manual de geografía escrito 1385 por un fraile franciscano andaluz anónimo.

Y como socio de la Sociedad Geográfica, publicó varios trabajos sobre historiografía. Estudió documentos relacionados con las expediciones científicas enviadas a diversas regiones de América durante el siglo XVIII, en los que fue la Ilustración científica hispanoamericana, como fueron la Expedición médica y botánica de José Celestino Mutis en el Virreinato de Nueva Granada, la Expedición botánica de Hipólito Ruiz y José Pavón al Virreinato de Perú, o la Expedición científico-política de Alejandro Malaspina alrededor del Mundo. Y se especializó en el conocimiento de las exploraciones realizadas en América y en el norte de África por comisiones españoles del siglo XIX.

Rescató del olvido documentos de gran valor historiográfico que editó para su conocimiento y divulgación. Son destacables los manuscritos redactados por exploradores de la cordillera de los Andes, como el soldado cronista Cieza de León, autor del primer estudio sistemático de la geografía de Perú; la Historia del nuevo mundo del antropólogo y naturalista jesuita Bernabé Cobo, en 1890; la información que escribió Bartolomé de Las Casas sobre los pueblos andinos en su Apologética historia sumaria, y que Jiménez de la Espada publicó con el título De las antiguas gentes del Perú; el texto que escribió Vaca de Castro sobre los quipucamayocs en 1543; o el Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá, de autor anónimo.

También editó escritos de exploradores del valle del Amazonas, como el jesuita padre Maroni, quien realizó un detallado estudio descriptivo de la geografía de la región del alto Amazonas en su obra Noticias auténticas sobre el famoso río Marañón. Y sobre la conquista y fundación del Nuevo Reino de Granada, editó el famoso documento anónimo Epítome, en 1898.

MAPA DE LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS

Con el tiempo, se fue convirtiendo en un experto americanista que supo valorar el impacto que generó el conocimiento del Nuevo Mundo en el desarrollo de la ciencia europea en general, y española en especial. Para realizar cada estudio historiográfico de manera objetiva y académica, se sirvió de archivos, bibliotecas y museos de las sociedades y academias a las que perteneció.

Su obra historiográfica más destacada fueron los cuatro volúmenes que componen las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897. Se trata de una meritoria descripción de las exploraciones y descubrimientos de los diversos agentes del Imperio español del siglo XVI por el Virreinato del Perú para el reconocimiento y control del territorio americano. Presentó a una serie de autores españoles que habían investigado a cerca de la naturaleza y la cultura de África y América, especialmente de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas. En definitiva, fue la reunión de todas aquellas relaciones geográficas, crónicas de Indias e historias naturales y morales que se habían escrito sobre los territorios y sociedades americanas desde su primer precursor, el antropólogo jesuita José de Acosta. En reconocimiento a la aportación de esta obra, la Academia de la Historia le concedió el Premio Loubat, en 1897.

Se interesó especialmente por la América precolombina, más concretamente por el Imperio incaico, y por las conexiones entre las sociedades andinas y amazónicas entre los siglos XV y XVII. Prestó especial atención en alguno de sus escritos a las navegaciones de los incas por el océano Pacífico. Su principal obra a este tema fueron las Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas.

La enrome obra historiográfica de Jiménez de la Espada quedó engloba en la incipiente institucionalización de los estudios americanistas que se produjo en Europa y América durante el último tercio del siglo XIX. Por eso fue invitado a participar en los congresos americanistas que se organizaban desde ciudades europeas para impulsar el estudio de las antiguas culturas americanas y de las civilizaciones precolombinas.

Jiménez de la Espada concibió su obra historiográfica como un instrumento cultural que reforzase los lazos sociales entre España y los países andinos. A su vez, los diversos gobiernos españoles y amplios sectores de la sociedad civil apoyaron su causa.

Por otra parte, los académicos peruanos reconocieron sus aportaciones, hasta que el Gobierno de Perú le concedió la medalla de oro a la divulgación de la cultura incaica, en 1892. Entre los méritos de esta condecoración destacaron “sus importantes trabajos históricos y geográficos relativos al Perú”, y entre estos trabajos se hicieron especiales referencias a “el insigne cronista Cieza de León, sus Relaciones Geográficas de Indias y sus disquisiciones relativas al Descubrimiento y a la época colonial”.

RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS, POR JIMÉNEZ DE LA ESPADA

En 1898, Marcos Jiménez de la Espada falleció en Madrid, cuando estaba involucrado en un amplio estudio sobre la Expedición Malaspina. Al menos, ya había presentado su tesis doctoral y nombrado catedrático de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, unos meses antes.

Para Francisco Giner de los Ríos y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza, la figura de Jiménez de la Espada se había convertido en un símbolo del Regeneracionismo científico español, a quien dedicaron una ceremonia honorífica a su legado. Al acto se sumaron relevantes miembros de la Academia de la Historia, como el marino Cesáreo Fernández Duro.

Dejó un legado científico e historiográfico que fue recuperado durante el siglo XX. Su principal discípulo, Ángel Cabrera Latorre, el mastozoólogo más importante del ámbito hispanoamericano, estudió su colección de mamíferos entre 1900 y 1917. En 1928, Agustín J. Barreiro publicó en la editorial de la Real Sociedad Geográfica su Diario de la expedición al Pacífico llevado a cabo por una comisión de naturalistas españoles durante los años 1862-1865, escrito por Marcos Jiménez de la Espada. Aquel año, se dedicó un busto de mármol blanco esculpido por Lorenzo Coullaut Valera, que fue expuesto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, aunque en la actualidad está ubicada en el paseo de Alfonso XIII de Cartagena, su ciudad natal, frente al instituto que lleva su nombre.

Su participación en la Comisión Científica al Pacífico inspiró al capitán de la aviación española Francisco Iglesias Brage para que promoviese una expedición al alto Amazonas, que fue truncada en el último momento debido al devenir de los acontecimientos.

Sus trabajos historiográficos promovieron el desarrollo de la etnohistoria andina en el último tercio del siglo XX. Otra obra biográfica más reciente es Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador, elaborada por Leoncio López-Ocón y Carmen María Pérez-Montes, que fue publicada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas en 2000.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA (1831-1898), POR LÓPEZ-OCÓN Y PÉREZ-MONTES

HISTORIOGRAFÍA PATRIÓTICA DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN


Militar, político e historiador, Fernán Pérez de Guzmán fue el arquetípico del aristócrata letrado y humanista, probablemente el mejor representante de la Literatura patriótica de retratos del siglo XV. Su principal obra historiográfica, Generaciones y semblanzas se caracteriza por la penetración psicológica del carácter de los personajes, por la influencia del Estoicismo de Séneca, por el estilo moralista, por la objetividad y veracidad.

HISTORIOGRAFÍA PATRIÓTICA Y SENEQUISTA DE PÉREZ DE GUZMÁN

Fernán Pérez de Guzmán nació en 1376 en Batres, Madrid. Fue sobrino del historiador, poeta y estadista Pedro López de Ayala y tío del poeta y militar Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, ambos muy relacionados con la Corte de Castilla, y discípulo y amigo del humanista y obispo Alonso García de Cartagena. Estos tres eruditos estuvieron muy bien conectados con la Corte de Castilla en diferentes épocas.

Sirvió al rey Enrique III de Castilla como embajador en Aragón. Después tomó parte en la batalla de La Higueruela, en la sierra de Evira, al mando del condestable Álvaro de Luna contra el Reino nazarí de Granada. En este encuentro salvó la vida al capitán Pero Meléndez de Valdés. Fue defensor de la legitimidad monárquica de Fernando de Trastamara en Aragón tras el Compromiso de Caspe en 1412, pero fue encarcelado por Juan II de Castilla durante una temporada. Cuando fue liberado, después de haber llevado una agitada vida como político y militar, se retiró en su señorío de Batres, donde se dedicó al estudio y la lectura hasta su muerte en 1460.

Su gran mentor fue el humanista hispanojudío Alfonso de Cartagena, quien le introdujo en la corriente del Estoicismo de Séneca y a quien le dedicó una elegía póstuma llamada Coplas a la muerte del obispo de Burgos. Pero antes, Cartagena ya le había dedicado el Oracional, con el que proponía edificarse religiosamente tras su conversión al Cristianismo. En este escrito, Cartagena puso de relieve los méritos de la oración desinteresada que estaba demostrando Pérez de Guzmán y a la que "nada mueve e inclina sinon fe e devoción".

A dicha preocupación, Pérez de Guzmán trató sin duda de responder el discípulo de Cartagena cuando, al escribir sus Coplas a él dedicadas, exclamaba:

Aquel Séneca expiró
a quien yo era Lucio,
la facundia y alto estilo
de España con él murió.

Así que non solo yo,
mas en España alto son,
debe plañir su Platón
que en ella resplandeció.

La yedra so cuyas ramas
yo tanto me delectaba;
el laurel de aquellas flamas
ardientes del sol tempraba,
a cuya sombra yo estaba;
la fontana clara y fría
donde yo la gran sed mía
de preguntar saciaba…

La dedicatoria es interesante, no sólo por lo que revela de las relaciones personales entre los dos humanistas, sino por esa asunción voluntaria de la actitud de Lucio frente a su señor, a quien identifica con Séneca en el trato mutuo y en su significación para España.

ALFONSO GARCÍA DE CARTAGENA Y LUCIO ANNEO SÉNECA

Como gran admirador que fue del filósofo Lucio Anneo Séneca, la filosofía estoica está presente en toda su erudición. De hecho, tradujo o mandó traducir las Epístolas morales de la versión italiana de Ricardo Petri. Sus Proverbios, Floresta de philosophos y Libro de Job son también moralizantes y ejemplarizantes. En concreto, la Floresta de los philosophos es una colección de sentencias de autores clásicos, sacadas la mayor parte de ellas de Séneca, inédita hasta 1904.

Además del estoico hispanorromano, estuvo influenciado por humanistas italianos como Dante Alligheri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio y aprendió el idioma italiano. La lectura de la Divina comedia de Dante, le proporcionó una inspiración para desarrollar su obra didáctica y moral y podrían ser el primer poeta en difundir el pensamiento de Dante en España.

Pérez de Guzmán es el más claro representante del Renacimiento humanista español y arquetípico del aristócrata letrado de su época. Está plenamente integrado dentro de esa categoría literaria de exaltación nacional llamada Literatura de retratos, a la que pertenecen los primeros humanistas del Renacimiento. Incluso puede ser el más preclaro exponente de esta literatura patriótica del siglo XV que inició Alonso García de Cartagena. Sus tres grandes obras de este género fueron:

Generaciones y semblanzas, en prosa proto humanística

Loores a los claros varones de Castilla, en lírica moral y didáctica

GENERACIONES Y SEMBLANZAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Las Generaciones y semblanzas es una de las obras cumbre de la historiografía y la prosa biográfica del humanismo castellano, escrita en 1450. Es una recopilación de treinta y cinco semblanzas, es decir retratos biográficos breves, de los cortesanos más importantes de su tiempo, incluyendo reyes como Enrique III y Juan II, reinas, nobles y altos prelados de la corte de Castilla, la mayor parte de los cuales conoció en persona.

Su valor historiográfico reside en la exposición íntima y subjetiva de la política castellana del siglo XV, alejándose de la alabanza excesiva para ofrecer retratos más humanos y realistas. Por eso, está considerada la primera colección de biografías modernas escrita en castellano, influenciada por modelos clásicos como Suetonio o Plutarco, y por la obra de su tío Pedro López de Ayala.

Esta obra forma parte originalmente de una crónica más extensa titulada Mar de historias, publicada en varias ocasiones durante el siglo XVI. Esta obra ampliada estaba formada por tres partes: la primera es una colección de retratos de emperadores y príncipes; la segunda otra colección de retratos de sabios y santos; y la tercera es esta misma colección Generaciones y semblanzas. Es esta tercera parte la única atribuida a Pérez de Guzmán.

GENERACIONES Y SEMBLANZAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Generaciones y semblanzas destaca por abandonar el estilo medieval de las crónicas generales para centrarse en el retrato psicológico y físico de individuos concretos. Cada semblanza está estructurada en este orden: 1. Descripción física; 2. Rasgos morales y carácter; 3. Hechos destacados de su vida; y 4. Circunstancias de su muerte.

Gracias a esta obra, el historiador Marcelino Menéndez y Pelayo le consideró el primer prosista del siglo XV, pues se trata de una prosa renacentista perfectamente equilibrada y clásica.

Por tanto, dicha historiografía se caracteriza por la penetración psicológica del carácter de los personajes, por el patriotismo literario de los mismos, por el Estoicismo senequista, y por el estilo moralista, rasgos en Pérez de Guzmán a los que hay que añadir la objetividad y veracidad.

Así, en el prólogo, señaló que estas virtudes de objetividad y veracidad de la semblanza debían ser las siguientes:

1. Discreción, sabiduría y buena pluma

2. Presencia y testigo del relato que se narra o utilización del testimonio de personas de total fiabilidad

3. Publicación de la obra tras la muerte del rey vigente al objeto de escribir la verdad sin temor a represalias

Aquí no sólo refleja la deontología propia del historiador, sino también el carácter ejemplificador y altamente moral de la misma. Si el historiador no fuese veraz, el daño moral que de esta habría de seguirse hubiese sido en consideración. Los reyes y los príncipes, clementes y liberales, como lo es la gloria o fama que de estos se sigue. Lo mismo ocurriría con los caballeros, que se ejercitan en la lealtad a los reyes, la defensa de la patria y la amistad con los suyos, virtudes que les llevan a desafiar la muerte y la ruina por la fama que comportan. Y en la misma circunstancia se vieron los sabios y letrados que escribían libros, impugnados a los herejes y acrecentando la devoción de los cristianos. Explica que:
"Todos estos, ¿qué fruto reportarían de tantos trabajos, faziendo tan virtuosos actos e tan útiles a la república, si la fama fuese a ellos negada e atribuida a los negligentes e viles, según el albedrío de los tales, non estoriadores, más trufadores? Por cierto seguirse hía de aquí un terrible daño: non digo el error de la mentira, nin la injuria de los que la fama merescen, mas, lo que más grave es, que los que por la fama trabajan, desesperados de la haber quedarían, e se retraerían de fazer obras e actos nobles e virtuosos: ca todo oficio tiene su fin cierto en que mira e entiende."

La objetividad o veracidad era la condición primaria y fundamental, pero Pérez de Guzmán unía otras virtudes: su penetración psicológica del carácter de los personajes que retrata; su severidad en la denuncia del mal; su natural mensura y templanza que no le llevó a extremar lo anterior; y la concisión y elegancia de su estilo.

LAS SETECIENTAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

En cuanto a su poesía, Loores a los claros varones de España, además de moral y didáctica, es conceptuosa y afectada de carga grecolatina, como era habitual en su tiempo. Fue escrita tras su destierro en Batres, como las Generaciones.

Su otra gran lírica fue Las Setecientas, impresa en 1492 y en sucesivas ocasiones durante el siglo XVI. Ejecutadas en forma de octavillas en estilo llano, es un análisis sobre las condiciones, virtudes y defectos del ser humano muy acorde a la filosofía senequista:

Tú, hombre que estás leyendo,
este mi simple tractado
nunca ceses comidiendo
cómo vivas más honrado.

Miémbrate que eres formado
de muy vil composición
y sin otra excusación
has de ser a ella tornado...


CENOTAFIO DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

RENACIMIENTO SENEQUISTA DE ALFONSO DE CARTAGENA


Humanista, diplomático, historiador y escritor, Alfonso de Cartagena fue probablemente el más destacado de los prerrenacentistas en lengua castellana y unos de los principales promotores del Humanismo castellano. Su pensamiento filosófico estuvo influido por el filósofo hispanorromano Lucio Anneo Séneca y el Estoicismo pre Renacentista, que expuso en Los cinco libros de Séneca a mediados del siglo XV.

RENACIMIENTO DE SÉNECA POR ALFONSO DE CARTAGENA

Alonso García de Santa María, más conocido como Alfonso de Cartagena nació en Burgos, en 1384, y murió en Villasandino, en 1456. Fue segundo hijo del judío converso Salomón Leví, que fue conocido como Pablo de Santa María y llegó a ser obispo de Cartagena. Estudió artes en el convento dominicano de Burgos, y derecho en la Universidad de Salamanca. Según la obra Claros varones de Castilla, que se publicó en 1486, le define como "fue gran letrado en derecho canónico e cevil", así como un "gran filósofo natural".

Comenzó su carrera como maestresala de la Catedral de Cartagena. En 1415, fue nombrado deán de Santiago y de Segovia, y nuncio apostólico, y ya en 1421 canónigo de Burgos, actuando ese año como embajador en Portugal para conseguir la paz entre los dos reinos.

El rey Juan II de Castilla le envió como diplomático a varias ciudades, siendo su embajador en el Concilio de Basilea de 1432. Allí expuso un famoso discurso, que compuso en latín y en castellano, Propositio... super altercatione praeminentia, de 1434, que reconocía el derecho preferente del rey de Castilla sobre el de Inglaterra. También leyó su obra Defensiorum fidei, que publicó en 1450, que es un alegato en defensa de los judíos conversos.

Mantuvo polémica con Leonardo Bruni el Aretino, que tradujo la Ética a Nicómaco de Aristóteles en 1418, en defensa de la traducción medieval de Roberto Grosseteste, con un prólogo en el que criticaba, tanto desde un punto de vista filológico como desde el filosófico, la antigua versión de Guillermo Brabantinus de Moerbeke, utilizada por los medievales. Moerbeke era un dominico, arzobispo de Corinto, que ejerció gran influencia en la elaboración y difusión del Aristotelismo en el siglo XIII, con numerosas traducciones al latín de obras de Aristóteles. Sus versiones fueron muy utilizadas por santo Tomás de Aquino.

En defensa de esta versión de Moerbeke y en contra del prólogo de Bruni salió Cartagena mediante una carta dirigida a Fernán Pérez de Guzmán, bajo el título Optimus vir Ferdinandus, afirmando que los reproches de Bruni son injustificados.

CATEDRAL DE BURGOS

Estando en Basilea, Cartagena enseñó esa carta a Francesco Piccolpasso, obispo de Milán, que la remitió a Bruni, originando un cruce de cartas. En esta disputa se puso de manifiesto que mientras que Cartagena defendía la terminología escolástica tradicional y la integridad de la doctrina medieval ética y política, Bruni se pronunciaba por la nueva cultura humanista, de la que su prólogo a la Ética fue considerado como manifiesto de lo que debe ser una traducción fiel a los nuevos tiempos.

El conflicto se prolongó cuando Pier Cándido Decembrio se puso a defender a Bruni. Con todo esto, la disputa originó seis textos y diecinueve cartas cruzadas entre Cartagena y Decembrio. Entre otras, el escolástico burgalés escribió Declinationes super translationem Ethicorum, en 1432. A través de este intercambio epistolar, Cartagena reconoció la insuficiencia de su posición, evolucionando su pensamiento desde la Escolástica hacia el Humanismo.

Cartagena estuvo casi seis años en Italia, conociendo a los humanistas más destacados, entre ellos a Eneas Silvio Piccolomini (papa Pío II), quien le llamó "Deliciae hispanorum decus praelatorum non minus eloquentia quam doctrina preclarus, inter omnes consilio et facundia praestans".

En 1440, regresó a España, entonces ya era totalmente partidario del Humanismo renacentista, que propagó desde su palacio de Burgos, convertido en centro cultural para los primeros humanistas castellanos. Se trataba de una escuela pública "de toda doctrina" en la que estudiaron los más doctos latinistas de la España de los Reyes Católicos, como Rodrigo Sánchez de Arévalo, Alfonso de Palencia, Diego Rodríguez Almela y, tal vez, Fernán Díaz de Toledo.

Cuando fue nombrado obispo de Burgos, tuvo como alumnos a Fernán Pérez de Guzmán, moralista y humanista, y a Carlos de Aragón, príncipe de Viana. Pérez de Guzmán incluyó un afectuoso esbozo biográfico en sus Generaciones y semblanzas, en 1450. Cartagena correspondió a su amigo dedicándole su Oracional de Fernán Pérez, en 1454, un pequeño tratado sobre el rezo redactado en 55 capítulos y un ultílogo de virtudes y de la Misa.

RENACIMIENTO DE SÉNECA POR ALFONSO DE CARTAGENA

La producción filosófica de Cartagena se caracteriza por sus versiones de Lucio Anneo Séneca, al que tradujo directamente del latín, a imitación de los humanistas italianos. Fue el primer erudito castellano en atreverse a traducir las obras de un moralista pagano, incluso llegó a glosar e interpretar sus ideas en muchas ocasiones. El Estoicismo de Séneca fue la principal influencia en su pensamiento moralizante y formación escolasticista, que le hizo valorar más a las Sagradas Escrituras que a las profanas.

Así surgió la edición de Los cinco libros de Séneca (De la vida bienaventurada, De las siete artes liberales, De amonestamiento y doctrinas, El primer libro de providencia de Dios, y El segundo libro de providencia divina), que se imprimió en Sevilla en 1491, en Toledo en 1510, y en Alcalá de Henares en 1530.

También publicó una antología de Séneca con el título de Polyanthea (Breve compilación de algunos dichos de Séneca).

Desde 1422, se dedicó a traducir al castellano algunas obras de filosofía clásica: Cicerón (De officiis, De senectute, De inventione), Séneca (Tratados y Tragedias) y Quinto Curcio. El motivo de estas traducciones era acercar el conocimiento de los clásicos a cortesanos y caballeros interesados en las letras aunque estos no sean intelectuales.

Aunque Cartagena fue un ferviente senequista y admirador de los ideales humanistas italianos, manifestó una cierta disconformidad con Séneca o Cicerón. Estas fue una diferencia con respecto a la mayoría de los humanistas italianos de su tiempo, para los cuales todo el legado filosófico de la Antigüedad clásica era digno de admiración acrítica e indiscriminada. Esta relativismo cultural fue debida a su origen judeo-converso, que le proporcionaba una evidente distancia intelectual y emocional con la filosofía clásica.

ALFONSO DE CARTAGENA Y LUCIO ANNEO SÉNECA

Su Rerum in Hispania gestarum Chronicon, que compuso en 1456, es una crónica de la historia de España continuista de las de Flavio Josefo, Floro y Jiménez de Rada. Fue escrita en latín con el subtítulo Anacephaleosis, que caracteriza en Goticismo castellano. En 1463, fue publicada en lengua castellana, traducción efectuada por Pérez de Guzmán y Juan de Villafuerte, bajo el título de Genealogía de los Reyes de España, emperadores romanos, reyes de Francia, pontífices y obispos de Burgos. Esta traducción se compone de un prólogo de presentación y 94 capítulos, de los cuales 7 contienen un compendio de los orígenes de la monarquía en España desde Alarico a los reyes astures y castellano-leoneses y el árbol genealógico de la misma, mostrando su entronque con las monarquías de Navarra, Aragón y Portugal.

Escribió un Doctrinal de Caballeros, compuesto hacia 1444, que consiste en una adaptación de la segunda Partida de Alfonso X el Sabio en cuatro libros de la fe, las leyes, la guerra, galardones y castigos, asonadas, desafíos y retos, torneos, vasallos, maleficios y privilegios.

Las Allegationes... super conquista insularum Canariae, escritas en 1437, defienden los derechos castellanos a la posesión de las islas Canarias.

Compuso, además, algunos tratados de filosofía moral y teología, como Memorial de virtudes; y otras más de tipo humanista, como la Epistula... ad comitem de Haro, compuesta en 1440, donde aconseja una serie de lecturas para la formación intelectual de la nobleza.

INSCRIPCIÓN CON SU HERÁLDICA Y LOS CINCO LIBROS DE SÉNECA

Fue conocedor de las luchas entre nobles y reyes castellanos, y las producidas entre cristianos, judíos y conversos. Para abanar con estos conflictos, propuso una restitución de la Monarquía hispano-visigoda, con un Estado centralizado y autoritario que mantuviera la autoridad y el orden. En este aspecto, Cartagena fue uno de los responsable del acercamiento ideológico de Castilla a León, pues mientras el primero era más democrático y foral, el segundo era más imperial y autoritario. Pero esta actitud en Cartagena era reaccionaria y centralizadora, sino el resultado de resolver conflictos políticos y problemas sociales que de otro modo hubiera sido muy difícil.

Así se pronunció Ottavio di Camillo en su obra El humanismo castellano del siglo XV, publicada en Valencia en 1976:
"Su reformulación de la tradición gótica era un solución pragmática bien meditada que demuestra su razonar crítico, su comprensión de la naturaleza de los problemas y su visión histórica de los mismos."

Con todo, las características del Humanismo castellano de Alfonso de Cartagena son:

1. El desinterés por los textos antiguos y la escasa preocupación filológica acerca de los mismos, que quedó casi en exclusiva en manos de los humanistas italianos.

2. El énfasis en la cultura castellana e hispánica, provocado por los especiales problemas de la sociedad de la época. Fue una actitud cultural de profunda raigambre, que en parte puso las bases de l incipiente nacionalismo sobre el que se constituyó la unidad monárquica de los Reyes Católicos.

3. El acercamiento a la Antigüedad típico de este primer Humanismo a través de un interés por los Padres de la Iglesia, y en especial por San Pablo, lo que va preparando la recepción de las ideas del Erasmismo español del siglo siguiente. En este sentido, el Prehumanismo castellano fue un Preerasmismo, ya claramente visible en la inclinación senequista de estos primeros humanistas de la Corte de Juan II.

Según Ottavio di Camillo, fue el principal introductor de las ideas del Humanismo italiano en España cuando a punto estaba de finalizar la Baja Edad Media:
"De todos los autores y eruditos españoles que vivieron durante la primera mitad del siglo XV, es Alonso de Cartagena quien muestra un conocimiento más profundo de los ideales culturales humanísticos que, desde Italia, se esparcían por el resto de Europa."

Carreras Artau se refirió al carácter estoico de toda la obra de Cartagena en Historia de la Filosofía española:
"Esta afición senequista, que abrió hondo surco en el renacimiento de las letras castellanas, posiblemente fue contagiada al ambiente universitario salmantino por la influencia enorme que en él ejerció don Pedro de Luna; allí pudo recogerla y compartirla Alonso de Cartagena. Por lo demás, la exaltación de Séneca, si bien no en tanto grado como en Castilla, es un rasgo común a todo el Renacimiento europeo."

LOS CINCO LIBROS DE SÉNECA, POR ALFONSO DE CARTAGENA

Alfonso de Cartagena evolucionó de los estudios clásicos hacia una vertiente ética y, finalmente, ascética, pero algunos sostienen que en realidad se adaptó a cada receptor con un mensaje adecuado. Consideraba que el conocimiento distingue al hombre de los animales, pero esta concepción del intelecto no conllevó a una separación entre vida especulativa y activa. Al contrario, trataba de encontrar una aproximación entre ambas vidas que propiciase una reconciliación entre el conocimiento secular y el religioso, así como entre el pensamiento pagano y el cristiano, que fuese favorable tanto para la nobleza como para el clero.

Este afán de conocimiento buscaba una comprensión integral del hombre, donde lo humano y lo divino se armonizasen. En esta pretensión se acentuaron los valores morales de los autores clásicos, considerados más como educadores que como modelos a imitar. La búsqueda por la autorrealización que implicaba suponía que Cartagena había llegado a una plena comprensión del concepto italo-renacentista de humanitas, a pesar que no se encuentre el término en sus escritos.

El fondo moral de esa actitud se consolida en su formulación de la "bienaventuranza" como fin y bien máximo a que el hombre puede aspirar. La función de las artes liberales es la de servir de instrumentos que elevan al hombre a un plano superior de realización espiritual, donde virtudes morales e intelectuales se unen perfecta concordia. Su labor de traducción y anotación de la obra de Séneca se justifica dentro de este planteamiento general de su actitud filosófica. Con ella trataba Cartagena de armonizar la elocuencia pagana con la cristiana, y adaptar ambas a las necesidades del presente.

En este aspecto, los investigadores discrepan. López Estrada le atribuye "un humanismo moral de raíces senequistas e hispánicas, bíblicas y, por tanto, universales", en su obra La retórica en las Generaciones y semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán, de 1946. Por contra, Nicholas Round le considera como un representante típico del saber y la cultura medieval, en su obra Renaissance culture and its opponents in fifteen century Castile, de 1962. Round se basó en la inspiración de su pensamiento en las Sagradas Escrituras, en la tradición de los Padres de la Iglesia y en san Jerónimo.

En su obra antes citada, Ottavio di Camillo opinaba que la inclinación de Cartagena hacia las Escrituras no revela, como Round cree, un modo de pensar exclusivamente medieval, sino que se trata de un fenómeno más complejo, cuyo hilo conductor llevaba no solo a la Edad Media cristiana, sino también al pasado judaico del autor. Del mismo modo que los humanistas italianos se enorgullecían investigando los orígenes de sus ciudades, Cartagena lo estaba de la antigüedad hebrea y de la Biblia, expresión de aquella. En momentos de persecución a los conversos por falsa religiosidad, Cartagena se levantó en defensa de la civilización hebrea, a la que consideraba superior a la Antigüedad gentil.

Di Campillo propuso que para entender la polémica de Cartagena con el renacentista italiano Leonardo Bruni sobre el Aristotelismo, hay que tener en consideración no sólo al aspecto textual, sino además otros sobre el significado de la Antigüedad, la responsabilidad y las limitaciones de la traducción de la Ética a Nicómaco, la naturaleza y el valor de los idiomas clásicos y vernáculos, y la función de la elocuencia y el concepto de sabiduría.

Aunque ambos defendiesen dos corrientes diferentes, la teología escolástica y el humanismo renacentista, sus ideas podían encontrar dentro del Humanismo cristiano. Eran dos caminos distintos para llegar al mismo final pues, mientras Bruni utilizaba un latín clásico, accesible a una minoría, Cartagena prefería utilizar el idioma vernáculo en traducciones y obras propias. En este uso del castellano, aparecía englobado en la tradición democrática del Humanismo español, que buscaba no sólo la amplia difusión de sus ideas entre el mayor número de gente posible, sino que esas ideas promovieran una conciencia social e impulsaran una transformación de la sociedad.

PABLO DE SANTA MARÍA

En su obra Oracional, se desarrollan sus ideas sobre el conocimiento y la sabiduría. Sobre significado del conocimiento, Cartagena mantiene ideas muy alejadas de la Escolástica tradicional. La razón está sometida a las condiciones físicas del cuerpo, y así resulta que las afecciones de éste hacen degenerar aquella, pues el intelecto está sometido a la acciones del tiempo y el lugar. De este modo, desarrolló una teoría del conocimiento, inspirándose en san Pablo y en san Agustín, como en otras ocasiones. Según él, todo conocimiento debe partir de los sentidos, que entrega al hombre un saber del mundo creado y visible, pero sólo como medio para alcanzar lo que verdaderamente importa: las cosas invisibles de Dios. Sin embargo, dentro de este esquema, es muy característico de Cartagena la importancia que concede al conocimiento práctico de las cosas humanas, indispensable para una orientación moral de nuestra vida.

Di Camillo, al comentar esta actitud escribió:
"Una insistencia tan consciente en el conocimiento humano y en sus ramificaciones éticas es algo desacostumbrado en un prelado de aquel tiempo, especialmente si se piensa que sus coetáneos consideraban que la forma más noble de conocimiento era aquella que inquiría las primeras causas y principios, o se dirigía a la contemplación de las verdades divinas y de los atributos de Dios."

Indudablemente, esto implicaba un actitud secularizadora que se desviaba del pensamiento establecido.

En una postura semejante se coloca al tratar del concepto de sabiduría, pues en lugar en concebir esta como una conocimiento enciclopédico de cosas divinas y humanas al modo de Séneca o Cicerón, la considera como el esfuerzo humano por acceder a lo eterno y divino. En realidad, y en toda su plenitud, la sabiduría es un atributo propio y exclusivo de Dios; todo lo que el hombre puede hacer es acercarse a él y poner su ánimo en ello. Ahora bien, la idea de que la sabiduría es inalcanzable introduce en su pensamiento cierta relatividad que le da un carácter humano y tolerante. Esto implica que las diferencias entre las distintas sectas religiosas no son imputables a Dios, sino a las deficiencias del conocimiento humano, esencialmente relativo e insuficiente. Quizá en la base de esta forma de pensar se hallan algunas experiencias íntimamente ligadas a la inserción socio-religiosa de Cartagena. No sólo era de origen judeo-converso, sino que parece que su madre no quiso nunca convertirse al Cristianismo, y una experiencia de tal envergadura en la adolescencia le marcó de forma profunda.

Sin duda alguna, la ética fue la parte de la filosofía a que prestó mayor atención, de ahí que abordase la nueva escala de valores de la sociedad en proceso de cambio que le tocó vivir. La primera de esas modificaciones fue la superación de la concepción intelectualista aristotélica, que consideraba como virtud suprema la contemplación de las primeras causas y principios; frente a esta, Cartagena colocó la concepción cristiana con su acento puesto en la fe, la humanidad y la caridad. Esto no supuso un rechazo de la actitud intelectual, sino simplemente su subordinación a las virtudes morales, pues sólo éstas son absolutamente necesarias para la consecución del fin último del hombre. Por otro lado, al mismo tiempo que se pronuncia tan decisivamente a favor de la virtud, no concedió gran valor a su manifestación externa, que admitía estar sujeta a cambios históricos y valoraciones sociales diversas. Una vez más, su origen converso parece situarle en una perspectiva relativista, con amplio margen de tolerancia para los discrepantes.

En esta misma dirección se ubica su concepto de honor, que tiene un carácter extrínseco a la virtud, pues aunque ésta engendra honor, también puede existir sin él. Así lo expresó de forma textual es sus Discursos:
"Como el honor sea una cosa de fuera e estrinseca, e esté más en el que la fase que el que la reçibe... pequeño galardón sería para la virtud... por quanto entre las cosas mundanas el honor es el más alto bien que los omes pueden dar, por ende honor al virtuoso porque no tiene otra cosa mejor que dar."

Al trasfondo judío converso del pensamiento de Cartagena, hay que sumarle la tradición filosófica hispano-judía, donde autores como Isaac Abrabanel y León Hebreo ejercieron una considerable influencia. Se producía así una continuidad entre la Edad Media y el inminente Renacimiento.

HUMANISMO PATRIÓTICO DE ALFONSO GARCÍA MATAMOROS


Humanista, retórico, catedrático de gramática de la Universidad de Alcá de Henares, Alfonso García Matamoros compuso una extensa obra humanística en pleno Renacimiento. Su Laus Hispaniae es una apología de la nación sobre lo que han aportado las letras españolas a lo largo de la historia.

En las epístolas de sus obras expuso su propio método de enseñanza, por lo que está incluido en la corriente de renovación pedagógica del siglo XVI, que tanta repercusión tuvo en la nueva orientación de los estudios universitarios.

HUMANISMO PATRIÓTICO DE ALFONSO GARCÍA MATAMOROS

Alfonso García Matamoros nació en Villarasa, Huelva, en 1490, aunque fue llamado "hispalense", por haberse naturalizado en la capital andaluza. Después de cursar estudios primarios en Sevilla y superiores en Valencia, fue requerido para dirigir el estudio de Teología y de Física en Játiva desde 1531 hasta 1538 y Gramática hasta 1540.

Desde 1542 y durante veintidós años, estuvo a cargo de la cátedra de Retórica de la Universidad de Alcalá de Henares, uno de los principales focos humanistas españoles de su época. En este centro desarrolló el contenido principal de su pensamiento y en su imprenta publicó la mayoría de sus obras, que trataban sobre retórica o sobre la defensa de los valores culturales hispánicos.

Entre sus alumnos estuvo por ejemplo, Benito Arias Montano. Mantuvo estrechas relaciones con los humanistas españoles de su siglo y entre sus amistades figuró Juan Téllez Girón, conde de Ureña, a quien está dedicada su principal apología. Posteriormente, fue canónigo de la Catedral de Sevilla.

Entre su extensa obra humanística destaca su famosa apología de la nación española Laus Hispaniae, con el subtítulo De adserenda Hispanorum eruditione, sive De viris Hispaniae doctis narratio apologetica), publicada en Alcalá en 1553, por Juan de Brócar. El historiador y filósofo Menéndez Pelayo calificó esta obra como "himno triunfal del Renacimiento español", y fue traducida en el siglo XX como Apología en defensa de la cultura española.

El objetivo de esta obra era el de exponer con mayor claridad la aportación y repercusión de las letras españolas a lo largo de la historia y acabar con el desprecio que tenían algunas naciones de Europa a los humanistas españoles, consecuencia de ligerezas e injusticias. Así lo explicaba en el prólogo del libro:
"Siendo empresa ardua y difícil, ésta de escribir la historia de los doctos varones, temo por el resultado que haya de tener mi Narración apologética en defensa de la cultura de los españoles."
"Así, pues, en brevísimo sumario enumero a todos aquellos hombres célebres a cuyo conocimiento he podido llegar, bien por tradición, o bien por testimonio directo de la antigüedad. Sin dejarme llevar del amor o el odio hacia alguno, haré relación de las varias y múltiples dotes de sus ingenios; de sus innumerables virtudes y de los vicios contrarios a ellas, que puedan servir, o de alabanza a su raza y de honor a sus familiares, o, por el contrario, de infamia y de ignominia."

APOLOGÍA Y OPERA OMNIA DE GARCÍA MATAMOROS

Este opúsculo fue uno de los primeros intentos de recopilación de celebridades de ámbito peninsular, biografías de eruditos que aportaron al desarrollo de la cultura hispánica mediante sus obras, en el que también añadió leyendas, fábulas, anécdotas, valoraciones y juicios críticos sobre obras y autores españoles, y textos de literatura hispánica culta y popular. Aunque no se trataba de una exhaustiva recopilación de autores nacionales, algunos historiadores consideran que fue el primer texto sobre crítica literaria organizado de forma sistemática en la literatura española.

Matamoros fue un ferviente seguidor de Erasmo de Rotterdam y, por tanto, perteneció a la vertiente humanista del Erasmismo español, cuyo rasgo de la exaltación de la patria quedó patente en esa Apología española.

En realidad, Matamoros fue continuista en el siglo XVI del movimiento de literatura patriótica que Alfonso de Cartagena y otros humanistas habían emprendido en el XV, que alcanzó una de sus cumbres en Antonio de Nebrija. Otras de exaltación patriótica de su tiempo fueron Generaciones y semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán, o Claros varones de Castilla de Hernando del Pulgar. Todas estas publicaciones definieron unos valores nacionales básicos para la construcción del que fue considerado el primer Estado de la Europa moderna.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE ALCALÁ DE HENARES

En 1539, publicó en Valencia la obra In Aelii Antonii Nebrissensis Grammaticae IV librum scholia, sobre retórica castellana. En su epístola resumió su actividad universitaria así como el funcionamiento del sistema universitario en el siglo XVI. Promovía una renovación del método pedagógico, basado en la relación directa del profesor con el alumno. Se trataba de un vanguardista sistema de enseñanza que actualizaría los rudimentarios medios vigentes en su tiempo, basados en el simple aprendizaje memorístico de las lecciones, que se seguían exponiendo al dictado y según el criterio del catedrático.

En la epístola del Scholia y en otros prólogos de su obras, Matamoros dejó expresada su postura, incluso, de la manera de impartir clases que él estimaba más adecuada. Según su experiencia, tras la lectura de un texto clásico desde la tribuna, los alumnos siempre participaban en la lección y el debate de ideas.

En la imprenta universitaria de Alcalá de Henares publicó una trilogía que forma una recopilación sobre la disciplina filosófica de la retórica, aunque también contempla otros asuntos:

De ratione dicendi libri duo (Dos libros sobre el arte de hablar) en 1548, son dos obras para hablar de forma correcta en general

De tribus dicendi generibus sive de recta informandi styli ratione (Sobre los tres estilos de la elocuencia o sobre la manera correcta de organizar el estilo) en 1570, es un estudio detallado de la teoría de los estilos

De methodo concionandi liber urnus (Sobre el método de predicación), en 1570, es un tratado para orar de forma correcta en la evangelización siguiendo la tradición de Cicerón.

ANTONIO DE NEBRIJA Y LUIS VIVES

Como ya hizo en la Apología española, en el prólogo de cada una de estas retóricas Matamoros expuso a quienes consideraba enemigos de las Humanidades, es decir, los gramáticos, pero especialmente los escolásticos, cuyos sistemas de enseñanza universitaria estaban obsoletos y anticuados por basarse en concepciones medievales. En cambio, elogiaba a humanistas del nivel de Antonio de Nebrija, gran renovador del sistema pedagógico en la Universidad Complutense de Alcalá, o de Luis Vives, precursor de los modernos sistemas de asistencia social, padre de la psicología aplicada por su novedoso procedimiento inductivo, y un reformista de los métodos de enseñanza y pedagogía.

En 1558, publicó el discurso que pronunció en la investidura de Diego Sobaños como doctor y, en 1559, empezaron sus ataques de reúma crónico, de los que se lamentaba todavía en el prólogo a su De tribus dicendi generibus, de 1569, hasta que murió en Madrid en 1572.

Sus obras fueron reunidas y editadas en la obra Opera Omnia, publicada en Madrid, en 1769.

En ellas, demostró un buen conocimiento de Cicerón, Virgilio, Plauto y Tácito entre los escritores romanos, y Homero, Aristóteles y Platón entre los griegos, además de los Padres de la Iglesia.

HISTORIOGRAFÍA LATINA DE ALFONSO FERNÁNDEZ DE PALENCIA


Historiador y latinista, Alfonso Fernández de Palencia fue una figura representativa del prerrenacimiento castellano, y de su primer Humanismo, durante los reinados de Enrique IV e Isabel la Católica. Siendo cronista real, compuso numerosas obras de carácter histórico y militar como Gesta Hispaniensia, Anales de la Guerra de Granada y Tratado de la perfección del triunfo militar.

HISTORIOGRAFÍA LATINA DE ALFONSO FERNÁNDEZ DE PALENCIA

Alfonso Fernández de Palencia nació en El Burgo de Osma, Soria, en 1423. También es conocido como Alonso de Palencia. De origen judeoconverso, recibió educación y formación humanística por parte de los obispos de Burgos Pablo de Santa María, primero, y Alfonso García de Cartagena, después, ambos humanistas judeo-conversos. Más tarde, estuvo al servicio del cardenal Basilio Besarión, en Florencia, donde estudió Humanidades con Jorge de Trebizonda y trabó amistad con Vespasiano da Bisticci en Roma.

Tras regresar a España en 1453, fue nombrado cronista real y secretario de cartas latinas de la Corte del rey Enrique IV de Castilla, en sustitución a Juan de Mena. Intervino en política durante este reinado, entre 1454 y 1474, poniéndose del lado del infante Alfonso, hermano del rey. Al morir el pretendiente al trono, apoyó a su hermana Isabel la Católica, contribuyendo a las negociaciones de su matrimonio con Fernando de Aragón o en la organización de diversas misiones bélicas durante la Guerra de Sucesión castellana. Tras la llegada al trono de la reina Isabel I en 1475, renovó el servicio cortesano de cronista real.

Por su contribución en la formalización del matrimonio entre Isabel y Fernando, y por haberse ganado el apoyo de la nobleza a estos, les sitúan como uno de los más eficaces artífices del nuevo Estado español, constituido por los Reyes Católicos en 1474. Para estos, ya había separado completamente la ética de la política, poniendo la primera al servicio de la segunda.

En su obra historiográfica, Palencia abordó el concepto de la idea tradicional del honor, como estaban haciendo otros importantes humanistas del siglo XV. Trataba de reconciliar los nuevos intereses políticos del Estado castellano con convicciones morales tradicionales, viéndose obligado a separar la virtud del honor.

Para Palencia, la práctica de la virtud es reservada en su sentido estricto al mundo religioso-moral, mientras que en el de la política la virtud se confunde con el honor, que se identifica con los logros económicos y sociales del individuo. Se produjo así lo que Di Camillo ha llamado una "reificación" del concepto del honor, promovida por el desarrollo de un sistema administrativo nacional, servido por la incipiente burocracia de los "letrados" y la militarización de una monarquía centralizada y expansiva.

HISTORIOGRAFÍA LATINA DE ALFONSO FERNÁNDEZ DE PALENCIA

Fue una figura representativa del prerrenacimiento castellano y de su primer Humanismo, llegando a ser un magnífico latinista que conocía a la perfección el italiano y el francés. En este sentido, fue el primer autor castellano en expresar la influencia del Humanismo italiano del Quattrocento.

Según Ottavio di Camillo en su obra El humanismo castellano del siglo XV, publicada en Valencia en 1976, sobre Palencia dijo lo siguiente: "después de Nebrija, es el humanista más importante de Castilla, en la últimas décadas del siglo XV."

Compuso un abanico de géneros: historiografía, hagiografía, geografía, gramática, retórica, política, epístola, etc. Pero no se dedicó solo a narrar crónicas de los acontecimientos de su época, sino que como profesional de las letras y hombre enciclopédico, puso la ética al servicio de la política.

Su principal obra en el plano historiográfico es Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis (Recopilación de los hechos de España de los anales de su tiempo), también llamada Décadas, por estar divida en cuatro décadas, cada una con diez libros excepto la cuarta, que consta de solamente seis. Esta crónica cubre los acontecimientos desde finales del reinado de Juan II hasta 1481 con Isabel I: los problemas políticos del reinado de Juan II de Castilla, el reinado de Enrique IV, su enfrentamiento con los partidarios de su hermanastro Alfonso, el conflicto por la sucesión de Enrique IV, la subsiguiente guerra civil y la guerra contra Portugal, y por último la consolidación de los Reyes Católicos en el trono tras la firma de la paz.

Según Palencia, esta obra historiográfica fue redactada para contar la verdad de los hechos de forma verídica, y en contraposición a la versión oficial y manipulada de Enríquez del Castillo, a quien calificó como "historiador sobornado". Palencia esclarecía el lado oscuro de una nobleza elevada a las más altas cotas de poder por Enrique IV.

Fue el más ambicioso proyecto de la historiografía castellana del siglo XV, por eso se convirtió en la fuente historiográfica de varios cronistas de su época (Bernáldez, Santa Cruz y Pulgar) y posteriores (Galíndez de Carvajal o Zurita), y hasta genealogistas (Argote de Molina, López de Haro, Fernández de Oviedo).

Otra importante obra historiográfica de Palencia es la denominada Anales de la Guerra de Granada, que narra los acontecimientos ligados a esta guerra desde su inicio hasta la toma de Baza en 1489. Su traducción al castellano fue publicada por Paz y Meliá en 1909. Como historiador se le considera observador y perspicaz.

REYES CATÓLICOS CON CRONISTAS, ESCRIBANOS Y CONSEJEROS

La obra satírica La batalla campal de los perros contra los lobos, compuesta en 1457, es una traducción hecha por él de un opúsculo latino suyo Bellum luporum cum canibus. Probablemente se trate de una fábula alegoría de corte senequista, escasamente inspirada en las fábulas y en la Batracomiomaquia de Homero: un enfrentamiento entre una manada de lobos (la nobleza) y los perros (la monarquía) que han de cuidar al rebaño (el pueblo llano). El discurso alegórico se centra en la situación creada tras la caída del condestable Álvaro de Luna, asesinado por la nobleza en tiempos de Juan II, o el posterior gobierno de Enrique IV: un lobo, Harpaleo, sucumbe ante los perros por hacer dejación del mando del ejército y muere por descuidar la disciplina militar.

Esta obra fue pionera en la utilización de contextos pastoriles para la literatura crítica, influyendo en las Coplas de Mingo Revulgo, escritas por Íñigo de Mendoza diez años más tarde, o el Libro de los pensamientos variables.

El alegórico Tratado de la perfección del triunfo militar es una traducción al castellano hecha en 1459 de una original escrita en latín un año antes con el título De perfectione militaris triumphi. Es un tratado militar, tema muy típico del Humanismo, es un libro de viajes, ya que relata un viaje a Italia, y supone también una muestra de literatura crítica, porque representa de nuevo una crítica contra la nobleza castellana corrupta y contra la mala gobernación del monarca.

En ella aparecen cuatro personajes alegóricos Ejercicio, Experiencia, Rústico y Gloridoneo. Ejercicio intenta encontrar el Triunfo, acompañado de la sabia Discreción. Esta le remite a Gloridoneo, un capitán romano bajo cuya figura podría ocultarse Alfonso el Magnánimo. Gloridoneo vence y Triunfo otorga la victoria al Orden, al Ejercicio y a la Obediencia. Bajo estas virtudes habría de conducirse Enrique IV, según aconseja el autor.

Su primera gran obra de carácter lingüístico fue De sinonymis elegantibus, publicada en Sevilla en 1491. Es una colección de sinónimos eruditos, para un uso profesional de los humanistas. En Opus Synonymorum también se ocupó del estudio de los sinónimos.

Los dos amplios volúmenes que forman el Uniuersale Compendium Vocabulorum (Vocabulario universal en latín y en romance) fueron el primer intento de clasificación del léxico del castellano, publicado también en Sevilla en 1490. Aunque pocos años más tarde, se vería superado por el Diccionario latino-español de Antonio de Nebrija. Resultó ser un diccionario bilingüe muy útil para el estudio de la lengua romance.

Al final del impreso se hallaba una Mençión del trabajo passado, en la que el cronista realizó un recorrido por todos sus escritos que constituye la fuente principal para el conocimiento de su obra.

UNIVERSAL VOCAVBULARIO EN LATÍN Y EN ROMANCE

Durante su estancia en Italia se dejó influenciar por la literatura epistolar latina, especialmente por la del gran humanista Leonardo Bruni. En 1455, compuso la Epistula in funebrem Abulensis, que es una oración alegórica fúnebre por el fallecimiento del obispo abulense Alonso de Madrigal. El tópico de la muerte igualadora está presente, así como una original forma de presentar el lamento a través de toda la sociedad, desde los campesinos castellanos hasta las más altas autoridades de la universidad de Salamanca. Ese mismo año también escribió una epístola dedicaba a alabar las virtudes de la ciudad de Sevilla bajo el título De laudibus Hispalis.

Una serie de epístolas cruzadas con el florentino Vespasiano da Bisticci, en las que Palencia analizaba al detalla la política castellana de la época, siendo uno de los temas mejor tratados el juego de alianzas políticas entre los dos arzobispos a quien sirvió: Fonseca y Carrillo.

La Epistola ad Ioannem episcopum Astoricensem de bello Granatensi, publicada en 1492, trata la finalización de la empresa de la Reconquista española.

Escribió tratados geográficos en latín, el más importante desde el punto de vita humanista es el Compendiolum de oblitteratis mutatisque nominibus prouinciarum fluminumque Hispaniae (Compendio sobre los nombres ya olvidados o mudados de las provincias y ríos de España). Es la identificación toponímica de diversos lugares de la península. Adscribiéndose al gusto humanista por la Geografía, Palencia se revela como un erudito con pretensiones enciclopédicas.

DOS TRATADOS DE ALFONSO FERNÁNDEZ DE PALENCIA

Como gran humanista, también se dedicó a las traducciones latinas, publicadas como casi toda su obra en la ciudad de Sevilla. Destacan Lo specchio della croce (1486) del italiano Domenico Cavalca; Vidas paralelas (1491) de Plutarco de Queronea; y Los siete libros de las guerras judaicas con los romanos y Contra Apión gramático (1492) de Flavio Josefo.

Estas dos últimas fueron traducidos para que los nobles castellanos aprendiesen los conceptos de orden, justicia y guerra de las épocas pasadas, haciendo suyo el tópico ciceroniano de la Historia magister vitae y poniendo una vez más de relieve su preocupación humanista por la aplicación práctica del saber. De hecho, muchos notables caballeros andaluces, como Juan de Guzmán, Pedro Fernández de Córdoba o el marqués de Tarifa, Fadrique Enríquez de Ribera, contaron con ejemplares de estas traducciones efectuadas por Palencia. Ambos autores, Plutarco y Josefo, fueron conocidos en el Siglo de Oro gracias a estas traducciones de Palencia.

Se le atribuye además la famosa sátira contra el rey denominada Coplas del provincial.

En cambio se desconoce el texto de cinco de sus obras, incluidas en el anexo del Universal Vocabulario: Diez libros de antigüedades de España; Vida del bienaventurado Alfonso, arzobispo de Burgos (Alonso de Cartagena); Costumbres y falsas religiones de los canarios; Tratado de la suficiencia de los cabdillos y de los embajadores; y Las lisongeras salutaciones epistolares e de los adjetivos de las loanzas usadas por opinión e no por razón.