MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA PIONERO DEL AMERICANISMO CIENTÍFICO


Marcos Jiménez de la Espada fue naturalista, geógrafo e historiador durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue el naturalista más destacado de la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1866 por la recopilación de amplias colecciones de animales de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas, reconociendo decenas de nuevas especies desconocidas. Su principal obra zoológica fue Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875, que reunía los resultados de 786 especies de anfibios.

Miembro de varias academias y sociedades españolas y europeas relacionadas con la historiografía, la geografía, la antropología y las ciencias, se destacó por ser un pionero del Hispano-Americanismo científico, en especial por encabezar los estudios andinos gracias a su monumental obra sobre las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897.

AMERICANISMO CIENTÍFICO DE MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Marcos Jiménez de la Espada y Evangelista nació en Cartagena, Murcia, en 1831. Era el hijo de un funcionario del Estado liberal bajo la Regencia de María Cristina y el Reinado de Isabel II. Estudio el bachillerato en varias ciudades de España (Valladolid, Barcelona y Sevilla) debido a los diferentes destinos que iban asignado a su padre en la administración del Estado liberal que se estaba construyendo.

En 1850, comenzó a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid, estudios aún englobados en la Facultad de Filosofía. Se formo como un brillante universitario bajo la dirección de Mariano de la Paz Graells, catedrático de Anatomía Comparada y Zoonomía de los Vertebrados y director del Museo de Ciencias Naturales. Tras cinco años de carrera se licenció presentando la tesis Los anfibios de Blainville y los batracios de Cuvier forman una clase aparte. En adelantes sintió una vocación por el estudio de los anfibios.

Su primer empleo estuvo como ayudante de la sección de Historia Natural de esta universidad, desde 1853, mientras estudiaba, y más tarde el de ayudante de las clases de mineralogía y geología en el Museo de Ciencias Naturales, en 1857. En esta última institución trabajaría durante 43 años de carrera científica especializándose en la zoología y la anatomía, gracias a la confianza que despertó en su maestro Graells, llegando a ser su discípulo predilecto. En 1859, ya impartía clases de zoología y anatomía comparada del Museo.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

El 9 de julio de 1862, la carrera científica de Jiménez de la Espada fue a dar un salto de calidad cuando fue asignado a la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1865. Su objetivo era realizar un extenso análisis de la zoología, botánica, geografía y antropología del continente de América, que superase a las ejecutadas décadas antes. Jiménez de la Espada ocupaba una posición subalterna, pues era el segundo ayudante naturalista, responsable de la organización de las colecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres, que debía estudiar y enviar al Museo de Historia Natural y al pequeño zoológico de aclimatación que Graells había instalado en el Jardín Botánico de Madrid.

El director general de Instrucción Pública, Pedro Sabau, se encargó de seleccionar a los ocho naturalistas de las diferentes especialidades. En la elección de Jiménez de la Espada influyó la recomendación de su gran mentor Graells. Pero también fue determinante la experiencia que durante años fue adquiriendo en la adaptación de animales procedentes de ecosistemas foráneos a las condiciones climáticas del Jardín Zoológico de Aclimatación.

El objetivo principal que se asignó al grupo de científicos fue el de recoger ejemplares de los tres reinos de la naturaleza para incrementar las colecciones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Al organizarse la Comisión de Profesores de Ciencias Naturales agregada a la Expedición Marítima al Pacífico, Jiménez de la Espada fue nombrado, encargado de la supervisión de las recolecciones de mamíferos, aves y reptiles terrestres.

Esta comisión estaba integrada en otra de carácter político-militar, la Expedición Marítima al Pacífico, al mando del general Luis Hernández-Pinzón Álvarez. Esta expedición naval estaba encaminada a potenciar la presencia española en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, así como reforzar las relaciones económicas y culturales entre España y sus antiguos dominios de Ultramar.

NATURALISTAS DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

El 10 de agosto de 1862, la Comisión partió desde Cádiz a bordo de las fragatas Triunfo y Resolución. Tras hacer escalas en Tenerife y Cavo Verde, llegó a San Salvador de Bahía y a Río de Janeiro, en septiembre, junto a sus compañeros. En noviembre, visitó los alrededores de otras ciudades brasileñas como Santa Catarina, Desterro, Petrópolis, Santa Cruz y Río Grande do Sul.

En diciembre, estando en la uruguaya Montevideo, donde la comisión se separa en dos subcomisiones para alcanzar un mayor escenario de operaciones y una mayor variedad de colecciones. Jiménez de la Espada embarcó en la fragata Covadonga de la Armada española hasta el puerto chileno de Valparaíso, lugar de encuentro de la subcomisión terrestre a través de los Andes. Exploró la costa de Chile, el desierto de Atacama y las minas de Copiapó. Después continuó el reconocimiento de las costas pacíficas del Perú, Centroamérica, México y California, con escala en San Francisco, en octubre de 1863.

En marzo de 1864, Jiménez de la Espada estaba de vuelta a Perú, donde pudo reunirse con algunos de los miembros de la subcomisión de tierra. Debido al estallido de la breve Guerra hispano-sudamericana, el general Hernández-Pinzón decidió suspender la Comisión Científica del Pacífico. Sin embargo, Jiménez de la Espada y otros tres comisionados decidieron continuar con la otra parte del programa de investigación basado en explorar en tierra adentro de Sudamérica en su parte más ancha. Estos tres compañeros eran el zoólogo madrileño Francisco de Paula Martínez y Sáez, el botánico gerundense Juan Isern y Batlló, y el médico y antropólogo cubano Manuel Almagro de la Vega. Ante el regreso a España del fotógrafo y dibujante de la comisión, Rafael Castro y Ordóñez, fue Jiménez de la Espada el encargado de realizar el testimonio gráfico, acompañado de numerosos dibujos de paisajes.

Esta expedición debía cruzar los Andes ecuatorianos hasta llegara al río Napo y descender por el Amazonas hasta la costa Atlántica, intentando rememorar la gesta del descubridor Francisco de Orellana, y que llamaron el "Gran Viaje".

CIENTÍFICOS DE LA EXPEDICIÓN EN MONTEVIDEO

En octubre de 1864, partió desde Guayaquil, remontando el río Guayas llegó a Bobalhoyo, y durante el trayecto pudo comprobar multitud de monos y cocodrilos, llegando a capturar y disecar algún ejemplar. En Quitó tuvo que enviar un voluminoso cargamento de piezas y animales reunidos durante la travesía, contratando a indios cargueros, para que les ayudasen en las tareas de transporte.

Tras pasar por Baeza, Archidona y Ahuano, en julio de 1865, comenzó el descenso del río Napo mediante unas barcazas construidas junto a unos indios de servicio, y un mes después se encontraba en la hacienda Tabatinga, en la orilla del río Amazonas, en la frontera entre Perú y Brasil. El resto de tránsito hasta Manaos y, posteriormente a Belém, fue recorrido a bordo dos embarcaciones de vapor. En uno de ellos, conoció al naturalista suizo Louis Agassiz, profesor de la Universidad de Harvard, que estaba al mano de una misión científica estadounidense. En 1895, rememoraba aquel encuentro con el cuarteto de expedicionarios españoles en el Amazonas en su libro A journey in Brazil (Un viaje en Brasil).

El Gran Viaje suramericano de Jiménez de la Espada y sus tres compañeros finalizó en Gran Pará, el 12 de octubre de 1865. Desde Río de Janeiro, fue ayudado por la embajada española en Brasil para regresar a España. En enero de 1866, los científicos supervivientes de la Comisión se reunieron en Madrid para presentar sus extensas investigaciones a la dirección general de Instrucción Pública, objeto de estudio en los años venideros. Después volvió a la actividad regular en la Universidad Central de Madrid y en el Museo de Ciencias Naturales.

COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO EN 1862-1866

Durante su viaje de tres años y medio, se internó por las florestas tropicales brasileñas, recorrió las pampas rioplatenses, surcó las peligrosas aguas del estrecho de Magallanes, disfrutó de los preciosos valles chilenos, y ascendió a nevados andinos ecuatorianos y a volcanes centroamericanos. Forjó su personalidad de naturalista romántico, seguidor de las preocupaciones intelectuales de Alexander von Humboldt, y de científico sistemático en sus estudios de anatomía comparada. Demostró un especial interés por observar tanto la naturaleza virgen como el paisaje modificado por la acción humana, de una manera integrada y armónica, así como por estudiar las fuerzas telúricas, como los volcanes que llamó “montañas de fuego”.

Jiménez de la Espada se fue convirtiendo en un incansable explorador que llegó a recolectar una voluminosa y rica cosecha naturalista y, por tanto, en el expedicionario científico más destacado de la comisión. En su Diario de la expedición al Pacífico, conservado de forma parcial, recogió interesantes observaciones geográficas, geológicas, zoológicas, botánicas, antropológicas y etnológicas.

Entre las numerosas hazañas científicas destacan sus ascensiones a seis volcanes, como el Izalco en El Salvador, o el Chimborazo, el Sangay y el Sumaco en Ecuador, y las cimas de los nevados del Chimborazo y del Cotopaxi en esta última república. Al descender el volcán Pichancha, cerca de Quito, se perdió durante tres días y estuvo a punto de morir, pero fue rescatado de forma extrema por un nativo. Parte de sus observaciones geológicas sobre el vulcanismo andino fueron publicadas en 1872, en su estudio El volcán de Ansango.

VOLCÁN CHIMBORAZO EN ECUADOR

En cuanto a su especialidad de la zoología, recolectó todo tipo de mamíferos, aves y reptiles que fueron disecados para el estudio. Pero también envío animales vivos a Madrid, ejemplares que nunca se habían llevado vivos a Europa, entre los que destacan la liebre de la Patagonia, el guanaco, el cisne de cuello negro y el cóndor de los Andes, un pavo silvestre del Perú, y dieciséis especies nuevas de ranas. Más tarde, muchos de los descendientes de estas especies fueron cedidos a varios zoológicos europeos. Uno de aquellos centros fue el de París, lo que ocasionó que, el 23 de marzo de 1866, la Sociedad Imperial Zoológica de Aclimatación de Francia le otorgase la medalla de primera clase de la división de mamíferos.

Tras regresar de la Comisión, estivo ordenando y estudiando con precisión las colecciones de animales recolectadas en América, cuyos resultados fue publicando en la década de 1870.

En 1870, publicó el artículo Algunos datos nuevos o curiosos acerca de la fauna del Alto Amazonas. Mamíferos, incluido en el Boletín-Revista de la Universidad de Madrid. Estaba basado en su colección de mamíferos del valle del Alto Amazonas, compuesta por animales de 100 especies diferentes, 35 de las cuales eran desconocidas por la comunidad científica hasta el momento.

La suspensión de la Comisión Científica del Pacífico de forma oficial en 1864 propició la pérdida de algunas especies capturadas por Jiménez de la España, que fueron recolectadas y descritas por expediciones extranjeras años después.

Es destacable la descripción del aspecto físico y el comportamiento del murciélago Thyroptera albiventer o la presentación de la existencia de los monos Leontocebus lagonotus y Leontocebus graellsi, el nombre de esta última raza de mono estaba dedicado a su Graells.

BUSTO DE JIMÉNEZ DE LA ESPADA EN CARTAGENA

En 1871, publicó el informe Faunae neotropicales species quaedam nondum cognitae (Especies de la fauna neotropical desconocidas), añadido en el Jornal de la Academia de Ciencias de Lisboa. Ese mismo, promovió la fundación de la Sociedad Española de Historia Natural, en 1871, junto a otros once socios, cuyos primeros trabajos fueron dedicados a la fauna de Sudamérica.

En uno de los anales de la Sociedad Española de Historia Natural incluyó su principal obra sobre zoología, Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios, publicada en 1875. Reunía los resultados de 786 especies de anfibios recolectados durante la comisión americana, que fueron analizados en profundidad, dese su anatomía hasta su biología y su comportamiento. Estos ejemplares estaban reunidos en 18 géneros y especies ya estudiadas, y otros 2 géneros, 12 especies y 3 subespecies desconocidas hasta el momento.

Tuvo en reconocimiento de los científicos coetáneos y ha sido considerada como un texto clásico de la literatura zoológica, en el campo de la herpetología. Por eso, en 1978, fue reeditada por la Sociedad para el Estudios de Anfibios y Reptiles de Estados Unidos.

Cuando había alcanzado el mayor prestigio como naturalista con una gran repercusión en Europa, a mediados de la década decidió abandonar su participación en el programa de investigaciones biológicas y reorientar su carrera hacia la geografía histórica y la historia americana.

En 1876, fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Geográfica de Madrid. En 1877, fue miembro de la Asociación Española para la Exploración de África, donde se integró desde su fundación. En 1883, fue miembro electo de la Real Academia de la Historia. En 1892, fue miembro de Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Y, en 1895, fue elegido presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural, habiendo sido también uno de los socios fundadores. En el extranjero, también fue miembro de la Sociedad Berlinesa de Antropología, Etnografía y Prehistoria, de la Real Sociedad Geográfica de Londres y de la Sociedad de Americanistas de París. En todas estas academias y sociedades se mantuvo en funciones hasta su fallecimiento.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA

Como miembro de la Academia de la Historia y de la Asociación africanista, editó libros de viajes por el Mediterráneo y por el África subsahariana, escritos en castellano durante la Edad Media. Son destacables las Andanzas de Pero Tafur, capitán de marina a sueldo de la Corona de Aragón para expulsar a corsarios y piratas de las rutas marítimas en el siglo XIII, o el Libro del conocimiento, manual de geografía escrito 1385 por un fraile franciscano andaluz anónimo.

Y como socio de la Sociedad Geográfica, publicó varios trabajos sobre historiografía. Estudió documentos relacionados con las expediciones científicas enviadas a diversas regiones de América durante el siglo XVIII, en los que fue la Ilustración científica hispanoamericana, como fueron la Expedición médica y botánica de José Celestino Mutis en el Virreinato de Nueva Granada, la Expedición botánica de Hipólito Ruiz y José Pavón al Virreinato de Perú, o la Expedición científico-política de Alejandro Malaspina alrededor del Mundo. Y se especializó en el conocimiento de las exploraciones realizadas en América y en el norte de África por comisiones españoles del siglo XIX.

Rescató del olvido documentos de gran valor historiográfico que editó para su conocimiento y divulgación. Son destacables los manuscritos redactados por exploradores de la cordillera de los Andes, como el soldado cronista Cieza de León, autor del primer estudio sistemático de la geografía de Perú; la Historia del nuevo mundo del antropólogo y naturalista jesuita Bernabé Cobo, en 1890; la información que escribió Bartolomé de Las Casas sobre los pueblos andinos en su Apologética historia sumaria, y que Jiménez de la Espada publicó con el título De las antiguas gentes del Perú; el texto que escribió Vaca de Castro sobre los quipucamayocs en 1543; o el Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá, de autor anónimo.

También editó escritos de exploradores del valle del Amazonas, como el jesuita padre Maroni, quien realizó un detallado estudio descriptivo de la geografía de la región del alto Amazonas en su obra Noticias auténticas sobre el famoso río Marañón. Y sobre la conquista y fundación del Nuevo Reino de Granada, editó el famoso documento anónimo Epítome, en 1898.

MAPA DE LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS

Con el tiempo, se fue convirtiendo en un experto americanista que supo valorar el impacto que generó el conocimiento del Nuevo Mundo en el desarrollo de la ciencia europea en general, y española en especial. Para realizar cada estudio historiográfico de manera objetiva y académica, se sirvió de archivos, bibliotecas y museos de las sociedades y academias a las que perteneció.

Su obra historiográfica más destacada fueron los cuatro volúmenes que componen las Relaciones geográficas de Indias, publicados entre 1881 y 1897. Se trata de una meritoria descripción de las exploraciones y descubrimientos de los diversos agentes del Imperio español del siglo XVI por el Virreinato del Perú para el reconocimiento y control del territorio americano. Presentó a una serie de autores españoles que habían investigado a cerca de la naturaleza y la cultura de África y América, especialmente de la cordillera de los Andes y el valle del Amazonas. En definitiva, fue la reunión de todas aquellas relaciones geográficas, crónicas de Indias e historias naturales y morales que se habían escrito sobre los territorios y sociedades americanas desde su primer precursor, el antropólogo jesuita José de Acosta. En reconocimiento a la aportación de esta obra, la Academia de la Historia le concedió el Premio Loubat, en 1897.

Se interesó especialmente por la América precolombina, más concretamente por el Imperio incaico, y por las conexiones entre las sociedades andinas y amazónicas entre los siglos XV y XVII. Prestó especial atención en alguno de sus escritos a las navegaciones de los incas por el océano Pacífico. Su principal obra a este tema fueron las Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas.

La enrome obra historiográfica de Jiménez de la Espada quedó engloba en la incipiente institucionalización de los estudios americanistas que se produjo en Europa y América durante el último tercio del siglo XIX. Por eso fue invitado a participar en los congresos americanistas que se organizaban desde ciudades europeas para impulsar el estudio de las antiguas culturas americanas y de las civilizaciones precolombinas.

Jiménez de la Espada concibió su obra historiográfica como un instrumento cultural que reforzase los lazos sociales entre España y los países andinos. A su vez, los diversos gobiernos españoles y amplios sectores de la sociedad civil apoyaron su causa.

Por otra parte, los académicos peruanos reconocieron sus aportaciones, hasta que el Gobierno de Perú le concedió la medalla de oro a la divulgación de la cultura incaica, en 1892. Entre los méritos de esta condecoración destacaron “sus importantes trabajos históricos y geográficos relativos al Perú”, y entre estos trabajos se hicieron especiales referencias a “el insigne cronista Cieza de León, sus Relaciones Geográficas de Indias y sus disquisiciones relativas al Descubrimiento y a la época colonial”.

RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS, POR JIMÉNEZ DE LA ESPADA

En 1898, Marcos Jiménez de la Espada falleció en Madrid, cuando estaba involucrado en un amplio estudio sobre la Expedición Malaspina. Al menos, ya había presentado su tesis doctoral y nombrado catedrático de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, unos meses antes.

Para Francisco Giner de los Ríos y otros miembros de la Institución Libre de Enseñanza, la figura de Jiménez de la Espada se había convertido en un símbolo del Regeneracionismo científico español, a quien dedicaron una ceremonia honorífica a su legado. Al acto se sumaron relevantes miembros de la Academia de la Historia, como el marino Cesáreo Fernández Duro.

Dejó un legado científico e historiográfico que fue recuperado durante el siglo XX. Su principal discípulo, Ángel Cabrera Latorre, el mastozoólogo más importante del ámbito hispanoamericano, estudió su colección de mamíferos entre 1900 y 1917. En 1928, Agustín J. Barreiro publicó en la editorial de la Real Sociedad Geográfica su Diario de la expedición al Pacífico llevado a cabo por una comisión de naturalistas españoles durante los años 1862-1865, escrito por Marcos Jiménez de la Espada. Aquel año, se dedicó un busto de mármol blanco esculpido por Lorenzo Coullaut Valera, que fue expuesto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, aunque en la actualidad está ubicada en el paseo de Alfonso XIII de Cartagena, su ciudad natal, frente al instituto que lleva su nombre.

Su participación en la Comisión Científica al Pacífico inspiró al capitán de la aviación española Francisco Iglesias Brage para que promoviese una expedición al alto Amazonas, que fue truncada en el último momento debido al devenir de los acontecimientos.

Sus trabajos historiográficos promovieron el desarrollo de la etnohistoria andina en el último tercio del siglo XX. Otra obra biográfica más reciente es Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador, elaborada por Leoncio López-Ocón y Carmen María Pérez-Montes, que fue publicada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas en 2000.

MARCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA (1831-1898), POR LÓPEZ-OCÓN Y PÉREZ-MONTES

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