La Universidad de Santo Domingo ha pasado a la historia de América por ser la primera fundada y por el debate de los naturales.
La Universidad de Santo Domingo es la primera fundada en América, ubicada en la ciudad de Santo Domingo de Guzmán de la isla La Española. Su origen estuvo en el estudio conventual, que después se convirtió en Estudio General desde 1518, que regentaba la Orden de los Dominicos o Predicadores.
En virtud de la bula In Apostolatus Culmine otorgada por el papa Paulo III el 28 de octubre de 1538, permitió ser elevada a la categoría de Universidad con el nombre de Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Pero no obtuvo reconocimiento real por Carlos V, siendo aprobada dos décadas después, con el reinado de Felipe II.
La nueva institución tomó como modelo a seguir a la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, fundada a inicios del siglo XVI por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, pues se trataba de un símbolo y la vanguardia de las ideas de Renacimiento español. Obtuvo los estatutos de Alcalá, pero eso implicaba también estar influenciada por la Universidad de Salamanca, ya que los de la primera eran los mismo salmantinos, otorgados por la Monarquía y por el Papado a la fundación cisneriana.
No es extraño que fuese la primera universidad fundada en América, pues Santo Domingo tuvo el primer asentamiento europeo y primera sede administrativa española en este continente, primero por Bartolomé Colón a la margen occidental del río Ozama, en 1498, y después trasladada por Nicolás de Ovando a la margen oriental, en 1502. Además, consiguió el levantamiento de la primera catedral primada de América, la Catedral de Santo Domingo o Basílica Menor de Santa María de la Encarnación; y también el primer castillo, el Alcázar o Palacio Virreinal de Diego Colón, el primer hospital y la primera oficina aduanera. Y todo su conjunto es en la actualidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Es el primer trasplante del tipo de universidad de tipo híbrido, porque se realizó con la colaboración y conjunción de otra institución base, el convento, en este caso de dominicos, modelo de inspiración la Universidad de Alcalá de Henares, que era colegio-universidad. Esta institución metropolitana, fundada a inicios del siglo XVI, a su vez tomó modelo de la primera fundación hispánica de este tipo, el Colegio Menor de San Antonio de Portaceli, en Singüenza, que tenía facultad para otorgar grados. A partir de entonces, esta tipología híbrida de convento-universidad, colegio-universidad o seminario-universidad se fue multiplicando en Hispanoamérica.
Sin embargo, el hecho por el cual la Universidad Autónoma de Santo Domingo fuese fundada de manera oficial por bula papal en 1538 y aún tardase de forma real por la Corona española suscitó una controversia con la Universidad de San Marcos de Lima, en Perú, que fue fundada por real provisión en 1551, por Carlos V. Es la denominada Controversia de la Primera Universidad Americana. Pero este centro educativo no pasaría a la historia universal por esta controversia sobre la adjudicación de la institución de educación superior más antigua de América, sino por un debate mucho más profundo y determinante para el desarrollo de la colonización por los españoles y su relación con los indígenas naturales del Nuevo Mundo, fue la denominada Polémica de Indis.
La llegada de los primeros dominicos a la isla La Española y de los fundadores del estudio conventual en Santo Domingo eran procedentes del convento de San Esteban, incorporado a la Universidad de Salamanca. En ese momento se estaba produciendo el establecimiento de las primeras instituciones en las islas Antillas, que permitió a los padres de la orden afrontar el problema más importantes: el de la defensa de los derechos del indio.
Los primeros misioneros evangelizaron y enseñaron en aquella incipiente comunidad desde su llegada. De entre ellos destacaron Pedro de Córdoba, Bernardo de Santo Domingo y Antonio de Montesinos, los primeros dominicos en afrontar los problemas suscitados por la conquista.
Así, surgió en esta ciudad y en el Estudio General de Santo Domingo, germen de la futura universidad, la denominada Polémica de los Naturales. Con el sermón pronunciado por Antonio de Montesinos en 1511, licenciado en la Universidad de Salamanca, a favor de los derechos del indio, se planteó todo un dilema jurídico-teológico de enorme repercusión a uno y a otro lado del Atlántico. Desde entonces, se especuló sobre el origen del indígena americano, su capacidad racional, su condición de pagano o infiel con respecto a una herejía de la que había abjurado, su condición de caníbales y, por tanto, si deberían ser hechos esclavos. Fue un dilema de cuyas respuestas a todos estas cuestiones iban a determinar que al indio se le pudiera despojar de sus tierras, se le obligara a pagar tributos, se le esclavizara, pagase diezmos, etc.
Un debate que también implicaba el nivel de instrucción religiosa que los indios podrían recibir, el papel de la Inquisición para protegerles de la herejía y cuestiones de otra índole.
¿Qué tipo de trato se debería dar al indígena? Sobre su consideración no hubo consenso en los comienzos. Para unos eran seres sumisos, pacíficos y virtuosos, para otros eran idólatras, vagos y mentirosos. Por eso, al año siguiente del sermón de Montesinos en Santo Domingo, se reunió en Junta a un grupo de teólogos y juristas en la ciudad de Burgos para debatir y aportar soluciones a algunos de estos asuntos. El resultado final fue la aprobación de las llamadas Leyes de Burgos, en 1512, durante el reinado de Fernando el Católico.
Las Leyes de Burgos reconocían la libertad "relativa" de los indios, porque debido a su naturaleza perezosa debían ser adoctrinados bajo supervisión española. Aunque no se suprimían las encomiendas, se regulaban las obligaciones del encomendero en favor del indígena.
De la Junta surgió también la denominada Doctrina del Requerimiento, que explicaba las razones de los cristianos con respecto al mantenimiento, evangelización y gobierno de los indígenas. Además, otorgaban legalidad a la llamada teoría de la Guerra Justa en caso contrario.
Todas estas medidas fueron desarrolladas con más exactitud y legitimidad por las explicaciones que en su cátedra de Derecho de la Universidad de Salamanca hizo el gran jurista y teólogo Francisco de Vitoria en la década de los años 1530. Sentó las bases del Derecho Internacional a través de sus dos relecciones: De inis y De iure belli.
Pero, ante todo, Santo Domingo ha significado el comienzo de los primeros y más modestos pasos de la Universidad en el continente de América. Con escasos medios y personal, concentró el interés de los estudiantes de la zona del mar Caribe y las islas Antillas descubiertas por el emergente Imperio español. A través de esta institución, sus habitantes pudieron formarse en las facultades tradicionales: Teología, Cánones, Derecho, Medicina y Artes.
Aunque se creó con carácter de universidad menor, fue un foco de irradiación y de intercambio con las otras universidades que se fueron fundando en el sector antillano, tanto en Cuba como luego en Tierra Firme, en Caracas, y más tardes en Mérida (Venezuela). Los dominicos que llegaban al Nuevo Mundo eran formados en la Universidad de Salamanca, normalmente, se instalaban en Santo Domingo para adaptarse. Se dedicaba a la docencia en el Estudio Conventual, después en el Estudio General y en la Universidad cuando fue fundada, y desde ahí pasaban a Tierra Firme hacia otras instituciones académicas.
Algunos destacados docentes fueron:
Tomás de Berlanga, primer prior por elección del convento de La Española, después provincial de esta provincia de Santa Cruz de Indias, y por último obispo de Panamá. Descubrió la isla de los Galápagos y vislumbró y proyectó el trazado del canal de Panamá.
Domingo de Betanzos, luego misionero en México y Guatemala, cuyas provincias de la Orden fundó, provincial de México.
Bartolomé de Ledesma, uno de los grandes teólogos, discípulo de Francisco de Vitoria en el Convento de San Esteban y alumno de la Universidad de Salamanca, que enseñó en Santo Domingo, y luego fue uno de los miembros más destacados de la naciente Universidad de México, pasando después a Lima, como catedrático de Prima de Teología.
La trayectoria universitaria, aunque mantuvo su continuidad, tuvo ciertos altibajos, en algunos casos promovidos por los pleitos sostenidos durante el siglo XVIII con otros centros dirigidos por los jesuitas. El decreto de expulsión de la Orden de San Ignacio de Loyola por el rey Carlos III en 1767 de todos los territorios españoles y la real cédula que mandaba extinguir las cátedras de la escuela jesuítica terminó un conflicto que no llegó a sentenciarse.
Sin embargo, la oleada de fundaciones en el ámbito antillano durante el siglo XVIII, con las pujantes Universidades de La Habana, Caracas y Popayán, restó preponderancia a la primera universidad americana.
La universidad afrontó diversos problemas a comienzos del siglo XIX con la administración francesa de Haití. Tras la independencia de los haitianos, esta institución fue reabierta por los políticos José Gabriel García y Emiliano Tejera, en 1866, bajo el nombre de Instituto Profesional. En 1914, recobró su nombre original hasta la actualidad, que es conocida como Universidad Autónoma de Santo Domingo. Su sede central se sigue manteniendo en la capital de la moderna e independiente República Dominicana, siendo la única estatal, pero mantiene recintos, centros y subcentros en diferentes puntos del país. La Universidad Autónoma de Santo Domingo tiene convenios vigentes con universidades en los cinco continentes, mediante los cuales se establece intercambio profesoral, estudiantil, becas y se promueve la investigación conjunta.
En la actualidad, se conserva la iglesia, con fachada de un gótico primitivo, y parte del antiguo convento de los dominicos, primera sede de la universidad. También recuerda su pasado una placa expuesta en la contemporánea Universidad Autónoma, en cuyo recinto del rectorado se guarda la cátedra antigua, del siglo XVI, testigo de su laborioso pasado académico. Y en el campus universitario se ubica un homenaje a fray Antonio de Montesinos, que es el escenario para las protestas y manifestaciones estudiantiles.







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