General de la Real Armada del mar Océano, Pedro de Zubiaurre luchó en la Guerra anglo-española de 1585-1604 y en la Guerra de los Ochenta Años, realizó importantes misiones diplomáticas en Londres y de transporte de tropas a Flandes e Irlanda, participó en la Campaña de Bretaña de 1592 y la Campaña de Irlanda de 1601, ganó combates, defendió plazas fuertes, escoltó flotas mercantes, ejerció el corso y apresó numerosos buques y hundió otros tantos, e ingenió un novedoso sistema hidráulico sobre el río Pisuerga en Valladolid en 1604
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| PEDRO DE ZUBIAURRE E IBARGUREN |
Pedro de Zubiaurre y Ibarguren era natural de Puebla de Bolívar, Cenarruza, en el Señorío de Vizcaya, donde nació en 1540. También es conocido por Pedro de Zubiaur porque solía firmar con la ortografía de la época por Çubiaur. Fue el segundo hijo de Martín de Zenarruzabeitia, señor de la casa solar de Zubiaurre, y de Teresa de Ibarguren. Este linaje nobiliario se había dedicado a la marinería y al comercio con naves de su propiedad, y algunos de sus miembros habían conseguido cargos en el Consulado del Mar. Siguiendo la tradición familiar, decidió dedicarse a las artes marítimas y ofrecer sus servicios a la Corona española.
En 1568, a los veintiocho años de edad, realizó su primera Misión logística a Flandes, con el objetivo de entregar caudales al duque de Alba. España estaba involucrada en la Guerra de los Ochenta Años contra los protestantes holandeses. Al mando de dos zabras, partió de Bilbao, pero tuvo que refugiarse en un puerto de Inglaterra ante la llegada de una armada de 40 hugonotes franceses hugonotes procedentes de La Rochelle. Fue detenido, su cargamento requisado, y pasó un año en presión. Recobrada su libertad pudo ir a Flandes con sus zabras, pero sin los caudales, y se puso a las órdenes del duque de Alba.
En 1573, fue comisionado por la Casa de Contratación de Sevilla para desempeñar su primera Misión diplomática a Londres y negociar ante la Corte de Isabel I de Tudor una compensación económica del llamado Tesoro del Perú, capturado por el corsario Francis Drake en el tránsito de Panamá a Nombre de Dios.
Este objetivo fue reeditado en 1581, en su segunda Misión diplomática a Londres, tras la primera de 1573. Mientras tanto, preparaba un plan invadir el puerto holandés de Flesinga utilizando como base de operaciones algún puerto inglés, y en colaboración con el general Alejandro Farnesio. Aunque ya había comprado dos buques y preparaba sus dotaciones, fue descubierto y encarcelado en la Torre de Londres, donde pasó cautiverio durante dos años, sometido a un trato denigrante y padeciendo incluso torturas.
Pero también pudo realizar espionaje industrial sobre las técnicas hidráulicas inglesas. Desde su celda en la Torre de Londres, observó el ingenio del alemán Peter Morice implantado a orillas del Támesis, que era capaz de bombear agua a la ciudad. Pudo memorizar este novedoso sistema hidráulico, y dibujar unas maquetas del artificio cuando fue liberado, tras duras gestiones. Desde Flandes, quiso enviar a la Corte de Felipe II aquellos planos y explicaciones a través de carta con la intención de implantarlo en las ciudades españolas. Finalmente, fue engañado por el recadero a quien confió su misiva, quien vendió su proyecto a un tercero. Más tarde, tras su regreso a España, el traidor fue denunciado y encarcelado.
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| TORRE DE LONDRES, SIGLO XVI |
En 1580, tomó parte de la Expedición a la isla de Santo Domingo, regresando con importante cargamento que condujo con la mayor pericia.
En enero de 1590, Zubiaur fue comisionado en su tercera Misión diplomática a Londres, con el objetivo de para negociar ante la Corte inglesa el rescate cientos de prisioneros españoles que habían sido capturados durante el intento de invasión de Inglaterra de 1588, a bordo de la Grande y Feliz Armada.
El marino vizcaíno se presentó en el puerto de Dartmouth al mando de tres filibotes y una urca de transporte. Tras serias negociaciones, consiguió la liberación de al rededor de 500 españoles entre soldados y marinos de aquella armada y otros procedentes de otros encuentros, no sin antes partir de forma secreta a toda vela, y perseguidos por cinco galones ingleses. La expedición llegó al puerto de La Coruña en febrero de 1590, con tal éxito que fue recompensado con el el título naval de Cabo de una escuadra de filibotes, que se constituyó bajo su coste, y quedando subordinado del capitán general Álvaro de Bazán, el hijo.
Se iba a dedicar a la persecución de corsarios y mercantes, tanto ingleses como holandeses, en el Atlántico europeo, desde el canal de La Mancha hasta las costas de Portugal. Su escuadra estaba compuesta por 10 embarcaciones de tipo filibote de alrededor de 100 toneles.
Aquel año de 1590, realizó un servicio de escolta a varios navíos al mando de 3 de sus filibotes. Frente a las costas gallegas de Bayona, fue sorprendido por 14 buques holandeses con los que trabó combate, logrando capturara 7 de ellos que condujo a El Ferrol. Volvió a salir ese mismo año para transportar armas y municiones a Flandes y, cuando regresaba a España, se encontró, a unas 40 millas de Muxía, con 9 galeones y 1 patache ingleses a los que se enfrentó con audacia en un combate que se prolongó a lo largo de nueve horas.
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| ESCUADRA DE FILIBOTES |
A partir de 1592, tomó parte en la Campaña de Bretaña, sirviendo como "cabo de los felibotes de mi armada que me sirven en la costa de Bretaña". Siempre a las órdenes del general Diego Brochero, se encargó de transportar suministros, caudales, refuerzos y pertrechos de todo tipo a las tropas españolas desplegadas en Blavet y Brest.
En noviembre de 1592, Zubiaur tuvo una destacada actuación bélica combate del golfo de Vizcaya. Atacó con su escuadra de 12 filibotes a un convoy inglés de 40 buques mercantes escoltados por 6 buques de guerra, quemando su capitana y apresando otros 3 más. Pero tuvo que batirse en retirada ante la llegada de 6 galeones de guerra en apoyo de los franceses protestantes de Enrique IV, consiguiendo escapar pese a que desarbolaron su propia nave capitana a base de cañonazos.
En abril de 1593, Zubiaur se destacó en la defensa de la ciudadela de Blaye, en ayuda de los franceses católicos que estaba siendo atacada por 6 galeones ingleses e infantería francesa protestante. Apresó a la capitana de esa flota y quemó a la almiranta con todos sus hombres, llevándose las banderas de ambas naves, que pidió al rey su incorporación a su escudo nobiliario.
Después de haber rendido la flota de seis galeones, desembarcar las tropas de refuerzo y los suministros en el puerto de Blaye. Pronto se presentaron en el mismo punto de la costa de Brest otros 11 buques, esta vez franceses protestantes de La Rochelle y Broage. Pese a sufrir un incendio, consiguió hundir la nave capitana, y salvó todos sus buques filibotes.
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| CIUDAD DE LA BLAYE |
En junio de 1597, fue nombrado capitán general de escuadra de galeones, con el cargo de general de la Real Armada del mar Océano. En Pasajes recibió el mando de una flota de seis galeones y cuatro galizabras, dependiente del general Martín de Padilla, cargado de armas y pertrechos de guerra con destino a Lisboa. Su nuevo escenario de sus operaciones era el litoral cantábrico y portugués, en cuyas aguas debía eliminar a cuantos corsarios encontrase, asegurar el tráfico marítimo de los mercantes españoles o transportar tropas, armas y suministros.
En 1596, atacó a 6 buques ingleses que llevaban municiones, provisiones y pertrechos para la flota que saqueó Cádiz, hundiendo dos de ellos y capturando a los otros cuatro. Tal vez fue la más señalada de sus exitosas actuaciones en esta campaña.
Aquel año, se integró en la Real Armada para la invasión de Inglaterra al mando del general Martín de Padilla que terminó en fracaso por un fuerte temporal. Al año siguiente, en octubre de 1597, partió desde Ferrol la siguiente expedición que consiguió tomar la costa inglesa, poniendo en tierra a 400 hombres.
Este año resistió a dos enfermedades, que le tuvieron al borde de la muerte, primero el tifus exantemático, y después una neumonía. Pero pudo superarlas pese a su avanzada edad y la primitiva medicina existente en la época.
A partir de ese momento, sus actuaciones tuvieron como escenario las aguas comprendidas entre el estrecho de Gibraltar y las islas Madeiras, siendo numerosos los buques enemigos que capturó. Fue destacable el enfrentamiento que mantuvo con una escuadra holandesa de la que pudo capturar cinco navíos y un valioso cargamento que llevó a Cádiz.
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| PEDRO DE ZUBIAURRE E IBARGUREN |
Tras la firma del Tratado de Paz de Vervins entre España y Francia, continuaba la Guerra anglo-española de 1585-1604, en la que el siguiente escenario de operaciones fue Irlanda, en poder de los invasores inglesas.
En septiembre de 1601, Zubiaur formó parte de la Campaña de Irlanda, integrado en la armada de 33 buques con casi 4.500 hombres, que partió de puertos gallegos al mando al mando del almirante general Diego Brochero y del capitán general Juan del Águila. Zubiaur comendaba ocho, entre ellos el galeón San Felipe, y cuatro urcas, con otros 1.000 hombres.
Una vez desembarco en el sur de Irlanda, Juan del Águila se atrincheró en el viejo castillo de Kinsale, mientras que Zubiaur se estableció en Castlehaven. Tras artillar la fortaleza y asegurar su bahía, hizo lo mismo en los de Baltimore y Berehaven, dejando artillería e infantería. De esta forma, los puertos más importantes del litoral sur de Irlanda quedaron en poder de la fuerza de desembarco española.
El 16 de diciembre, el almirante Levison atacó a los seis buques españoles fondeados en aquel pequeño puerto, dando comienzo el Combate de Castlehaven. Apoyado con cinco grandes piezas de artillería, el duro combate se prolongó durante más de un día. Zubiaur perdió la nao María Francisca, y dos sobrinos suyos murieron a bordo de la nace capitana. Pero más pérdidas sufrió la flota de Levison.
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| COMBATE DE CASTLEHAVEN |
Aprovechando su dominio del idioma inglés, Zubiaur se coordinó con los líderes locales O’Neil, O’Donnell y O’Sullivan, a los que entregó armas. Se preparaban para atacar a las tropas inglesas acantonadas en Kinsale, en una estrategia conjunta hispano-irlandesa con las de Águila y las de Zubiaur. El general Mountjoy mantenía a unos 7.000 hombres.
El 3 de enero de 1602, las tropas irlandesas fueron rechazadas en la Batalla de Kinsale, sin apenas resistencia. Estaban mal armadas y peor entrenada, y divididas en tres cuerpos diferentes, que apenas podían apoyarse mutuamente. El ejército rebelde irlandés perdió más de 1.000 hombres por muerte y unos 300 fueron hechos prisioneros.
El mismo Hugo O’Donnell huyó hasta Castlehaven, y pidió ayuda a Zubiaur para ser conducido a España y entrevistarse con Felipe III. Atendiendo a esta petición, el 6 de enero, Zubiaur partió en uno de sus buques y siete días después entró en Luarca con O’Donnell.
La muerte de Isabel de Tudor en marzo de 1603 y su sucesión por Jacobo Estuardo vino a apagar los últimos brotes de rebelión, por la muy distinta actitud del nuevo monarca, mucho más partidario de llegar a acuerdos.
En España, el fracaso de la tentativa se saldó con una comisión de investigación que ordenó la detención y el juicio de la conducta de los generales. Zubiaur fue acusado de separarse de la expedición de Brochero y de otros asuntos, en noviembre de 1602.
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| SITIO DE KINSALE DE 1601 |
En 1603, Zubiaur estuvo retenido en la nueva la Corte real de Valladolid, aunque con derecho a vivir en libertad hasta resolverse el juicio. Entonces, pudo poner en práctica aquel sistema hidráulico que había estudiado durante su cautiverio en la Torre de Londres, que había ingeniado el alemán Peter Morice y que operaba sobre las aguas del Támesis.
Los llamados "ingenios el agua" fueron complejos sistemas mecánicos en cuya instalación participaban reputados ingenieros, al objeto de proveer de agua viviendas y regadíos de una ciudad, que implicaba una alta creatividad técnica y una considerable calidad en los materiales empleados.
La máquina hidráulica de Zubiaur, el llamado Ingenio de Zubiaurre, fue durante siglos atribuido a Juanelo Turriano, quien aplicó otro sistema idéntico en Toledo sobre el río Tajo. Este sistema de ingeniería trataba de elevar el agua del río Pisuerga para regar las huertas del poderoso favorito de Felipe III, el duque de Lerma.
Consistía en unas bombas de émbolo que eran movidas mediante cadenas, ruedas y baquetones, que eran impulsadas por dos ruedas hidráulicas, a su vez empujadas por la corriente del río. Tanto el mecanismo de aspiración, como el dispositivo de los émbolos, se basaban en su propia experiencia marina. Zubiaur conoció las bombas de achique de los barcos, que no eran otra cosa que tisibicas movidas a brazo.
Uno de los mayores investigadores en la historia de la técnica española, Nicolás García Tapia, en su libro Ingeniería y arquitectura en el Renacimiento español (1990), sintetiza la importancia de tales disparidades:
"Las "tisibicas" contienen en sí mismas el principio mecánico de lo que serán los cilindros con los pistones que se mueven alternativamente en las máquinas de vapor y en los motores de combustión.... Naturalmente falta el conocimiento de la forma científica de actuación del vapor..., [pero] los ingenieros como Juanelo Turriano, Juan Fernández del Castillo y Pedro de Zubiaurre, tenían ya conocimientos prácticos suficientes en los mecanismos de transmisión, conversión del movimiento y sistemas émbolo-cilindro ..."
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| PALACIO DE LA RIBERA Y ARTIFICIO DE ZUBIAUR |
Tras elaborar unas maquetas que fueron aprobadas por el rey, Zubiaur costeó el proyecto empleando 6.000 ducados de su propiedad, con la promesa de ser abonados más tarde por parte del Cabildo de la ciudad y de la Corte real. La obra de construcción terminó en ocho meses y, en marzo de 1604, la máquina ya estaba en funcionamiento. Edificada junto al puente del río, disponía de una torre decorada con pinturas y mesas de jaspe, con una gran fuente y figuras de mármol.
Curioso es que en este mismo río Pisuerga y ante el rey Felipe III, otro ingeniero navarro llamado Jerónimo de Ayanz y Beaumont pudo demostrar la eficiencia del primer traje de buceo operativo, en agosto de 1602, dos años antes que Zubiaur. Ayanz permaneció sumergido a tres metros de profundidad durante más de una hora hasta que el monarca le ordenó salir.
A pesar del éxito en su funcionamiento, el ingenio de Zubiaur no fue explotado como un servicio social para la comunidad vallisoletana. Tan solo el codicioso duque de Lerma sacó partido regando las huertas y jardines de su palacio, mientras que los vallisoletanos no llegaron a obtener nada de agua.
En su testamento, Zubiaur señaló que "el ingenio que hice a mi costa, en el puente de Valladolid, para las huertas del Excmo. Sr. Duque de Lerma me costó más de seis mil ducados, y todo a mi costa que no se me ha dado nada hasta ahora". En vida no recibió compensación alguna, pero tras su muerte, Felipe III ordenó que se pagaran a su viuda unos 2.000 ducados.
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| MÁQUINA HIDRÁULICA DE ZUBIAUR |
Pero en mayo de 1605, Zubiaur fue declarado inocente de tres de los cuatro cargos que se le imputaban y puesto en libertad con todos los honores.
Aquel año, volvió a integrarse en la Real Armada española, realizando su último servicio. Partió desde Lisboa al mando de un convoy de 8 buques que conducía el Tercio de Infantería de Pedro Sarmiento, con 2.400 soldados veteranos. En el canal de La Mancha fue interceptado por una poderosa escuadra holandesa a las órdenes del almirante Hautain, formada por cerca de 80 unidades, sucediéndose el Combate de Dunquerque. Tras un desigual enfrentamiento, optó por refugiar su flota en el puerto de Dover, cubriendo la retaguardia con la capitana y otra de sus naves, contra nada menos que 18 buques enemigos.
El marino vizcaíno resultó herido de extrema gravedad, y en Dover sus heridas se infectaron, por lo que otorgó testamento el 2 de agosto de 1605, "enfermo del cuerpo, sano de la voluntad y entendimiento y en todo mi libre albedrío". Murió pocos días después, a los 65 años de edad, tras una dilatada vida de servicio a la Monarquía hispánica.
Sus últimos pensamientos fueron dirigidos a su esposa, María Ruiz de Zurco, de ilustre familia nobiliaria de Rentería, que debía de ser mucho más joven, pues le sobrevivió nada menos que 45 años. Legó su herencia a sus tres hijas legítimas: Ana, Mariana y María. También se acordó de sus dos hijos bastardos reconocidos, nacidos en relaciones anteriores a su matrimonio: Catalina, que quedó a cargo de su hermano Juan, y Pedro, al cuidado de su mujer y convivió con las hijas legítimas.
Su cuerpo fue embalsamado y trasladado a Dunquerque en un ataúd de plomo. Después fue llevado a Bilbao, donde se ocuparía su hermano Juan, quien decidió enterrarlo en la Iglesia parroquial de Rentería, en la capilla de sus suegros, en cumplimiento testamentarios. Pero, posteriormente fue trasladado a Irún, para ser puesto en un hermoso sepulcro de piedra con sus armas, las de Zubiaurre, y las de su mujer, los Zurco.
Su mayor biógrafo fue el conde de Polentinos, que publicó un artículo en su obra Euskalerriaren aldede 1916, documento base para reseñas biográficas posteriores, entre ellas las que aparecen en la Enciclopedia Espasa y en la Enciclopedia General del Mar.
Fue uno de los más grandes marinos vascos, forjado en las duras aguas del Cantábrico que, por encima de sus errores, fue un hombre que consagró su vida a la mar, logrando alcanzar un lugar preeminente al servicio de la Corona. Su audacia y su valor, el cariño a su tierra y su constante preocupación por los hombres que tuvo a su cargo fueron aspectos significativos de su personalidad.
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| PEDRO DE ZUBIAURRE E IBARGUREN |










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