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PROBABILISMO MORAL CRISTIANODE DE BARTOLOMÉ DE MEDINA


Teólogo dominico Bartolomé de Medina fue definió por primera vez la doctrina del Probabilismo moral cristiano a través de su comentario Expositio in Primam Secundae, en 1577, incluido en la obra Suma Teológica de santo Tomás de Aquino. Una tesis que adquirió gran relevancia para el estudio de la teología durante un siglo.

Como miembro de la Escuela de Salamanca, investigó sobre las nuevas cuestiones morales aparecidos la actividad mercantilista y la macroeconomía moderna d el Renacimiento, aportando soluciones sobre la usura y los cambios monetarios, el emprendimiento y el comercio en la obra Tratado sobre la usura y los cambios.

PROBABILISMO MORAL CRISTIANO DE BARTOLOMÉ DE MEDINA

Bartolomé de Medina nació en Medina de Rioseco, Valladolid, en 1527.

En 1546, ingresó en la Orden de los Predicadores Dominicos, en el Convento de San Esteban. Estudió Filosofía y Teología en Ávila y Valladolid. Entre 1551 y 1553, se licenció en Teología en la Universidad de Salamanca, siendo discípulo de Francisco de Vitoria, Melchor Cano y Domingo de Soto, y compañero de Domingo Báñez.

Tras su paso por Salamanca, combinó su estudio personal con la estancia en otros conventos: en el Colegio de Santo Tomás de Alcalá, en el Convento de Santa María la Real de Trianos de León y en el Colegio de San Gregorio de Valladolid.

Regresó a la Universidad salmantina en el curso académico de 1565-1566. Aunque no era catedrático, impartía lecciones diarias de Teología escolástica en su Convento de San Esteban, sobre la Suma Teológica tomista (doctrina de santo Tomás). Fue denunciado por el agustino Juan de Guevara, catedrático de Vísperas de Teología de la universidad, acusándolo de permitir la asistencia a su clase de estudiantes que no pertenecían a su orden, algo prohibido en los estatutos universitarios. Y también el escritor místico fray Luis de León había presentado un recurso contra él por haber sido elegido sustituto de la cátedra de Prima de Teología. Por contra, encabezó una acusación ante el Tribunal de la Inquisición, junto a León de Castro, contra Luis de León y los catedráticos hebraístas Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra.

A pesar de estas dificultades, Medina gozaba de muy buena relevancia en la universidad y, en 1566, fue nombrado vicerrector aun cuando todavía no era miembro del claustro universitario. En 1569, sucedió a fray Mancio de Corpus Christi a cargo de la cátedra de Prima de Teología de la universidad, tras ganar la oposición. Durante 1575 y 1576, desempeñó la cátedra de Durando de la misma disciplina. Murió a finales de 1580.

COLEGIO DE SAN ESTEBAN DE SALAMANCA Y FRANCISCO DE VITORIA

Se le encuadra dentro de la corriente renovadora de la tradicional Escolástica que supuso la Escuela de Salamanca, un grupo de filósofos y juristas que consiguió aportar innovadas tesis en Derecho, Teología y Economía, en con Francisco de Vitoria al frente. Este movimiento intentó conciliar la doctrina del Tomismo con el nuevo orden económico que se estaba desarrollando durante el Renacimiento y la colonización de América.

La obra teológica y filosófica de Medina se limita a serie de comentarios englobados en los Comentarios a la Suma Teológica de Aristóteles y en la Summa teológica de Santo Tomás con gran originalidad. Algunos de los comentarios más destacados fueron Expositio in Primam Secundae Angelici Doctoris D. Thomae Aquinatis, publicada en 1577, o la Expositio in tertiam D. Thomae partem usque ad quaestionem sexagesiman. Otros comentarios se han conservado como lecciones académicas para sus alumnos.

A través de estas dos sumas teológicas, Medina pudo establecer las bases del Probabilismo moral cristiano. La tesis fundamental es que en la vida moral se puede seguir una opinión probable sine reprehensione et vituperatione, incluso cuando la opinión contraria sea más probable aún. Entonces, el criterio último no debe ser la verdad sino la seguridad de no elegir mal.

Según Medina, no hay un solo camino para hacer el bien, sino que debe de elegirse el que más probablemente lleve al bien:
"Si una opinión es probable, es lícito seguirla, aun cuando la opinión opuesta sea más probable."
(Si est opinio probabilis, licitum est eam sequi, licet opposita probabilior.)

Este principio moral es idéntico al principio esencial y característico del Probabilismo, y nunca antes de 1577 había sido enunciado por otro autor anterior. Sea cual fuere la intención con que medina definió este principio, está considerado el fundador del sistema moral probabilista.

Más adelante, explicaba lo que entendía por opinión probable, la misma que habían mantenido varios sabios y apoyada en buenos argumentos:
"Considero probable aquella opinión que los sabios sostienen y que los mejores argumentos confirman."
(Ea opinio probabilis est quam asserunt viri sapientes et conformant optima argumenta.)

EXPOSITIO IN PRIMAM SECUNDAE, POR BARTOLOMÉ DE MEDINA

La doctrina probabilista quedó fundada en su comentario Expositio in Primam Secundae, una de las más influyentes de la Teología moral moderna.

Su idea principal establece que una opinión es probable si está basada en dos tipos de principios:
1. intrínsecos: la existencia de argumentos o razones de peso a su favor
2. extrínsecos: el testimonio de hombres sabios

Esta posición fue explicada en la cuestión sobre los censos redimibles, que son aquellos en los que el comprador tiene la obligación de venderlos cuando convenga al vendedor, manteniendo la opinión probable de que es lícito comprarlos, pues:
"Se prueba en primer lugar porque se aprueba en las Extravagantes de Martín V y Calixto III más arriba citadas; también ha sido aprobado en el concilio de Constanza como dice Conrado en el capítulo Ad nostram, De emptione et venditione y en la ley Si fundum, De pactis inter emptorem et venditorem (principios extrínsecos). Y se prueba por la razón, pues si este contrato debiese ser rechazado lo sería al máximo porque huele a usura, pero es completamente ajeno a la usura, luego no a de ser rechazado (principios intrínsecos)."

La doctrina teológica del Probabilismo moral define un punto medio entre la conducta humana que se abandona a la pura arbitrariedad y se muestra desconectada de cualquier exigencia racional, y la aplicación rígida de los principios morales, en donde se anula la voluntad individual.

Esta tesis adquirió gran predicamento entre hermanos de su Orden de los Dominicos y fue mantenida durante décadas por sabios que se apoyaron en argumentos convincentes. Su amigo y hermano de orden Domingo Báñez la difundió ampliamente tras la muerte de Medina. Durante muchos años, fue enseñada como método práctico en los casos morales dudosos, no sólo por los dominicos españoles, sino también por los franceses, italianos y flamencos. La tesis probabilística fue prácticamente abandonada a partir de 1656, cuando el papa Alejandro VII condenó algunos textos de Medina por contener errores laxistas o falta de rigor dogmático, que fueron aumentando a 45 proposiciones censuradas diez años después.

TRATADO SOBRE USURA Y CAMBIOS, POR BARTOLOMÉ DE MEDINA

El Probabilismo fue utilizado por Medina como método de análisis para justificar la licitud de ciertas prácticas mercantiles y financieras, algunas de las cuales habían sido condenadas por concilios, bulas, etc., como prácticas usurarias. No se trataba de permitir todo tipo de comportamientos y prácticas, sino que sin caer en una ortodoxia extrema el teólogo dominico percibió la necesidad de ordenar las actividades mercantiles y financieras dentro de unos márgenes de actuación que no supongan ni un freno al emprendimiento ni generen injusticias hacia los más débiles.

Estas ideas quedaron expuestas en el Tratado sobre la usura y los cambios, que escribió junto a su compañero salmantino fray Mancio de Corpus Christi.

Los doctores de la Escuela de Salamanca habían recibido una tradición teológica y filosófica (encabezada por Aristóteles y santo Tomás) de difícil acomodo a las nuevas necesidades económicas surgidas a comienzos de la Edad Moderna. Aristóteles consideraba que los cambios eran abusivos y antinaturales, y santo Tomás mantenía que el comercio representa un cierto desorden porque persigue un afán de lucro como un fin.

Sin embargo, Medina concibió la importancia del creciente desarrollo del comercio y las actividades cambistas en su época, y que el tradicional pensamiento escolástico no debería ser un impedimento para su adecuado funcionamiento. Por eso, trató de encontrar una justificación por razón de necesidad de comerciantes y cambistas si es para el bien de la sociedad.
"El lucro, en las actividades profesionales de los cambistas, se justifica, más aún es algo que merecen en justicia, en compensación al servicio que prestan a la sociedad. Un servicio que se percibe como necesario, lo cual permite a estos autores descubrir la racionalidad, la justicia de la compensación recibida a cambio."

Medina persiguió la racionalidad de las actividades económicas, para lo cual trató de evitar cualquier prejuicio moral que perjudique el desarrollo de dichas actividades necesarias para el buen desarrollo de la república.

Con frecuencia trataba de dar solución a problemas que no han encontrado en el tratamiento sistemático una respuesta convincente. Es lo que intentó resolver en la cuestión de la práctica cambista consistente en entregar 410 escudos en Medina del Campo para recibir 360 en Flandes y, por el contrario, entregar 300 en Flandes para recibir en Medina 375. Parece que en estas prácticas cambistas hay una evidente desigualdad y, por tanto, una injusticia.

Medina no tuvo inconveniente en considerar inapropiadas o poco acertadas algunas ideas defendidas por sus maestros tales como Domingo de Soto, como tampoco tuvo reparos en tratar de justificar ciertas prácticas mercantiles y financieras para lo cual consultó a expertos cambistas. En cualquier caso la actitud de Medina no fue la defensa de estas prácticas sino del análisis minucioso, para advertir de determinados peligros como el establecimiento de un monopolio.

LUIS ORTIZ PRECURSOR DEL MERCANTILISMO Y DEL ARBITRISMO


Luis Ortiz fue un economista y contador real, miembro de la Escuela de Salamanca y precursor del movimiento económico Arbitrismo y de la doctrina del Mercantilismo, a mediados del siglo XVI.

En su obra Memorial al Rey, escrita en 1558, realizó un análisis del empeoramiento de la economía de España y de la mala situación financiera de la Monarquía de Felipe II, proponiendo un novedoso y progresivo programa de reformas tanto sociales como económicas, basadas en medidas proteccionistas e inversionistas, pero también en cambios en las actitudes y mentalidades sociales.

LUIS ORTIZ PRECURSOR DEL MERCANTILISMO Y DEL ARBITRISMO

Luis Ortiz fue contador del cuerpo de Artillería, primero, y de Hacienda, después, del Reino de Castilla durante el reinado de Felipe II. Llegó incluso a ser contador mayor de cuentas y consejero real. Era natural de la ciudad de Burgos, vivió en las décadas centrales del siglo XVI. y era proveniente de una familia de larga tradición en la burocracia real.

Debió de estudiar en la Universidad de Salamanca, pues pertenece a la Escuela de Salamanca. Este fue un grupo de filósofos, juristas y economías que desarrollaron los primeros análisis macroeconómicos desde un punto de vista moral y establecieron las bases del pensamiento económico de carácter científico.

Su principal contribución fue la obra Memorial al Rey para que no salgan dineros de estos Reinos, escrita en Valladolid, en 1558, y estaba dedicada a Felipe II para el que trabajaba en su administración. Es un tratado sobre política económica de carácter proteccionista e intervencionista, que conllevó a la definición del Mercantilismo y Arbitrismo. Esta había permanecido inédita hasta 1957, por lo que Ortiz había sido considerado como un escritor mercantilista más de los muchos que hubo en su época partidarios del Bullionismo, doctrina económica del siglo XVI que consideraba que la riqueza y el poder de un Estado se determinaba por la cantidad de metales preciosos que acumulaba, promoviendo el proteccionismo y el superávit comercial. Sin embargo, a mediados del siglo XX, los historiadores José Larraz, Marjorie Grice-Hutchinson y Pierre Vilar han rescatado su figura y demostrado que Ortiz fue un economista con ideas precursoras en las ciencias económicas. De forma más actual, el profesor Ernest Lluch publicó Memorial del contador Luis Ortiz a Felipe II, durante sus estudios realizados al economista castellano entre 1998 y 2000.

ESCUELAS MAYORES DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Como filósofo de la Escuela salmantina, Ortiz pudo comprobar que la llegada a España de grandes remesas de metales preciosos provenientes de América estaba generando una enorme inflación. Por eso se involucró en las nuevas doctrinas mercantilistas basadas en el proteccionismo e intervencionismo regio en la actividad económica y que propiciaron la revisión de los modelos tradicionales.

En el Memorial al Rey, Ortiz se manifestó como uno de los primeros críticos de la política económica seguida por la Monarquía hispánica, tras la bancarrota de los Austrias. Este real arbitrio consideraba que la estabilización de los precios se basaba en el mantenimiento en España de las remesas de metales preciosos llegados de América y, para tal fin, propuso la prohibición de la salida de estas remesas acuñadas en moneda hacia el extranjero con la intención de acumular dichos recursos.

Pero, ante todo, su objetivo iba más allá hasta aconsejar el aumento de la productividad. Si se pronunció a favor de la acumulación de capital fue para a partir de este realizar inversiones y, en definitiva, promover la creación de riquezas mediante una adecuada industrialización de la economía nacional.

Y para conseguir una paulatina reindustrialización económica, Ortiz planteaba dos medidas proteccionistas: se debía prohibir la exportación de las materias primas al extranjero; y se debía prohibir la importación de productos manufacturados extranjeros con destino al mercado nacional. Con esto se conseguía un doble objetivo: por un lado, evitar la fuga de masa monetaria al exterior y su consiguiente mantenimiento; y, por otro, la protección y estimulación de la industria interior nacional. Así lo explicaba en el siguiente texto:
"Entendido está que de una arroba de lana que a los extranjeros cuesta quince reales hacen obrajes de tapicerías y otros paños, y cosas labradas fuera de España, de que vuelven de ello mismo a ella valor de más de quince ducados, y por el semejante de la seda cruda en madeja de dos ducados que les cuesta un libra, hacen rasos de Florencia, y terciopelos de Génova, telas de Milán, y otras de que sacan aprovechamientos de más de veinte ducados, y en el hierro y acero de los que les cuesta un ducado, hacen frenos, tenazas, martillos, escopetas, espadas, dagas, y otras armas, y cosas de poco valor de que sacan más de veinte ducados y a veces más de cien, y ha venido la cosa a tanta rotura, que aun la vena de que se hace el hierro llevan a Francia, y allá tienen de poco acá herrerías nuevas, todo en daño, no sólo de nuestras honras, pues no tratan peor que a bárbaros, más aún de nuestras haciendas, pues con estas industrias nos llevan el dinero, y la misma orden se tiene en la grana, en la cochinilla y en lo demás que España se cría y viene de Indias, que demás de proveerse otros reinos de los que Dios Nuestro Señor nos da en estos, que ni sabemos aprovecharnos de ello, ni conservarlo, es causa no sólo de llevarnos el dinero, más de que en estos reinos valgan las cosas tan caras por vivir por manos ajenas… y el remedio para esto es vedar, que no salgar del reino mercaderías por labrar, ni entren en él labradas. Con estos es visto que los mercaderes extranjeros vendrán a comprar lo que les falta en sus tierras; y como ahora pagan por la arroba de lana quince reales pagarán por la obra que de ello resultase quince ducados, y así en todo lo demás conforme lo dicho que por cuenta líquida se verificara que si se pasa de presente un millón de mercaderías cada año, sacarán por lo menos remediándose lo sucedido de aquí adelante, con sola la mercancía que tenía el dicho valor, más de ocho, o diez millones; y de todo lo que de lo susodicho se montare, es imposible que vuelva a España la décima parte de su valor de mercaderías por labrar de otros reinos, y lo restante forzosamente ha de volver en dineros."

A fin de lograr los objetivos enunciados en este párrafo, Ortiz se ocupó en su Memorial al Rey de promover la construcción de estructuras económicas necesarias, tales como canales, esclusas, molinos de viento y de agua, población forestal, etc.

MEMORIAL AL REY, POR LUIS ORTIZ

De forma consecuente, propuso un programa de medidas urgentes que hubiera podido sacar al reino de la crisis: la supresión de aduanas interiores entre los diversos reinos hispanos, la desamortización de los bienes de la Iglesia, la retirada de todo tipo de ocio, el aumento de la productividad laboral, el estímulo del trabajo frente a la holganza del sector nobiliario, el fomento del crecimiento demográfico rural, la extensión de cultivos de regadíos, una repoblación forestal y una reforma fiscal para que pagasen “los que devieren y no los que no pueden”. Sobre las ferias castellanas, proponía un plan de reformas, debiendo concentrar en Toledo la mercancía llegada de las Indias.

Es original y distintivo el carácter progresivo de las reformas de Ortiz, para evitar que la implementación de su programa no desencadenase en una sublevación social. Así, la prohibición de exportar materias primas y de importar productos fabricados debe ejecutarse cuatro años después de oficializarse el real decreto. Para que durante este periodo de cuatro años:
"… los naturales aprendan oficios, y vengan otros oficiales de fuera, y en el pregón se ha de apercibir que no se dará otra prorrogación, con lo cual se darán prisa a aprender oficios, y si con la que se diesen en los dichos cuatro años no hubiere bastante recaudo de oficiales que labren todo lo que en el Reino de cría, se puede volver a pregonar, prorrogación de cuatro años más o menos, según pareciese, hasta tanto que haya abundancia de oficiales que hagan todo lo necesario para estos Reinos, para otros y para Indias."

Esta valoración positiva de los "oficios mecánicos" indica que Ortiz no compartía los prejuicios sociales de la época. Vivió en un momento en el que había empezado a funcionar la discriminación contra los "cristianos nuevos" y en el que el trabajo mecánico en talleres artesanales era reservado a la clase social baja. Por tanto, se hacía necesario un cambio en la mentalidad de la clase noble y concienciar a infanzones e hijosdalgo que el empleo en labores manuales no generaba una deshonra social. Pero iba más allá desde un punto de vista moral, pues Ortiz consideraba que era lícito el enriquecimiento personal con proyección social.

MEMORIAL DEL CONTADOR LUIS ORTIZ, POR ERNEST LLUCH

Sin embargo, Ortiz no pudo relacionar el aumento de la cantidad de plata monetizada circulando en Castilla y la subida del nivel general de precios, es decir, no supo definir una Teoría cuantitativa del dinero, como lo hicieron sus dos compañeros salmantinos Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado.

Por lo demás, aunque Ortiz permaneciese aislado y sin continuidad con el resto de los pensadores económicos, siempre fue un exponente de la "disidencia" intelectual española y un antecedente del Arbitrismo económico del siglo XVII. En la actualidad, es considerado como uno de los grandes precursores del Mercantilismo, pues había analizado y resuelto las bases de este sistema de política económica mucho antes que sus principales defensores.

TRATOS Y CONTRATOS DE MERCADERES POR TOMÁS DE MERCADO


Economista y teólogo dominico de la Escuela de Salamanca, innovador de la Escolástica del siglo XVI, Tomás de Mercado fue autor de Tratos y contratos de mercaderes y tratantes. A través de este tratado de moralidad mercantil, publicado en 1569, realizó las primeras definiciones sobre teorías macroeconómicas con un carácter científico, como las Teoría de la Paridad, la Teoría Cuantitativa y la Teoría del Precio Justo.

En este texto, Mercado justificaba el uso del interés bancario en préstamos como un bien frente a la idea de usura y realizó un profundo estudio sobre la circulación internacional de las divisas y la aparición de la inflación de los precios. Es una de las primeras y más determinantes obras económicas del Renacimiento y la pionera en el análisis de las relaciones económicas entre Europa y América a partir de la importación de metal acuñado desde los virreinatos a Sevilla.

TRATOS Y CONTRATOS DE MERCADERES, POR TOMÁS DE MERCADO

Tomás de Mercado nació en Sevilla, en 1523. Marchó muy joven a México, donde ingresó en la Orden de los Dominicos y estudiaba Artes y Teología. En 1558, tras graduarse, fue ordenado sacerdote y enseñó Prima de Teología en la Universidad de México, la primera universidad del Virreinato de la Nueva España, llegando a ser prior y profesor en el Convento de Santo Domingo de la ciudad.

En 1562, regresó a España para completar sus estudios en la Universidad de Salamanca, donde se doctoró como maestro de Teología. Formaba parte del grupo de filósofos y jurisconsultos que formaban la Escuela de Salamanca, dedicada a asuntos jurídicos, económicos y filosóficos.

Durante algún tiempo residió en Sevilla, donde analizaba a las empresas españolas que operaban en el comercio de la Carrera de Indias. Probablemente fue uno de los primeros eruditos que compaginaron su formación académica con experiencia directa del comercio con América a ambos lados del Atlántico. Como tantos otros moralistas de época, estuvo muy impresionado por la cantidad y dificultad de los casos de conciencia que planteaban los negocios con las Indias. Este fue el origen de su pensamiento económico y la redacción editorial, cuyas obras fueron todas publicadas en la ciudad hispalense.

En 1576, embarcó de nuevo hacia México, y murió durante el trayecto tras contraer una grave enfermedad. Su cadáver fue arrojado a las aguas de San Juan de Ulúa.

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Por encargo de mercaderes sevillanos publicó en Salamanca, en 1569, Tratos y contratos de mercaderes y tratantes, compuesta de cuatro volúmenes: Del arte y trato de mercaderes; De cambios; De arrendamientos, préstamos y usuras; y De restitución. Esta obra fue reeditada en Sevilla, en 1571, como Suma de tratos y contratos, nombre por el que fue más conocida, a la que añadió otros dos volúmenes más: De la Ley natural y De la pragmática del trigo. Estaba dedicada al Consulado de Mercaderes de Sevilla, escrito en español y no en latín porque tenía una intencionalidad didáctica, a petición de los mercaderes de dicha ciudad. Consiguió bastante éxito tanto por las originales aportaciones a un tema inédito como por las tres ediciones publicadas en lo que quedaba de siglo XVI y su traducción al italiano en 1591.

Es un manual de moralidad mercantil, donde realizó una reflexión sobre el interés financiero, defendiendo sus usos éticos frente a la restricción de la Iglesia católica, que lo consideraba usura. En la epístola inicial explicaba los motivos de su redacción:
"Residiendo los años pasados en esta ciudad, Angelo Brunengo, hombre cursado desde su mocedad en los negocios de esas gradas, me compelió con buenas razones a poner orden y estilo claro muchas decisiones de cosas tocantes a mercaderes que en diversos tiempos y lugares había dado casi en todas materias de sus tratos, así viviendo en Nueva España como en esta Universidad."

Pocas personas estaban en condiciones de elaborar una obra así. En el periodo de su formación recibió un sólido conocimiento de las materias económicas de acuerdo con el molde escolástico-tomista de la Orden de los Predicadores. Desde un planteamiento moral, el interés de estos teólogos no era tanto el de analizar el funcionamiento del sistema económico, sino determinar la justicia o injusticia de las relaciones mercantiles y financieras. Les inquietaban todas las cuestiones que de algún modo podían afectar a dichos valores, por ejemplo, la propiedad, el crédito bancario, el precio justo, la teoría del valor, el intercambio, y la correlación de las transgresiones realizadas mediante la correspondiente restitución.

A esta formación básica, Mercado unía un gran conocimiento directo de los problemas comerciales y mercantiles de la época. Durante su estancia en Sevilla, observó que las novedosas y complejas transacciones mercantiles traspasaban los límites de la moral convencional. Primero analizaba las diversas operaciones que se estaban realizando entre mercaderes: la compraventa a través de sus instrumentos (al contado, al fiado y al pago anticipado), la variación de los precios según los plazos, la práctica de descontar anticipadamente pagarés, los intereses que rinde el dinero, etc. Después, tuvo que formar su propio criterio con argumentos nuevos, puesto que la tradición no contemplaba estas situaciones.

VISTA DE SEVILLA EN EL SIGLO XVI, POR ALONSO SÁCHEZ COHELLO

Entonces, Sevilla era la capital del comercio mundial, una ciudad cosmopolita y su comercio había alcanzado el carácter de internacional, pues las grandes operaciones muchas veces no las realizaba un mercader solo, sino mediante corredores y representantes allí establecidos. Estos corredores mercantiles podían ser tanto sevillanos como procedentes de otros territorios españoles o extranjeros: alemanes, flamencos, portugueses, burgaleses, vascos, catalanes, etc. La complejidad y multiplicidad de las relaciones comerciales fueron explicadas por Mercador:
"Los mercaderes sevillanos tienen Contratación en todas las partes de la Cristiandad y aun en Berbería. A Flandes cargar lanas, aceites y bastardos; de allá traen todo género de mercaderías,, tapicería, librería. A Florencia envían cochinilla, cueros; traen oro hilado, brocados, sedas y de todas aquellas partes gran multitud de lienzos. En Cabo Verde tienen el trato de los negros, negocio de gran caudal y mucho interés. A todas las Indias envían grandes cargazones de toda suerte de ropa; traen de allá oro, plata, perlas, grana y cueros en grandísima cantidad."

El tráfico ultramarino también fue descrito por el economista sevillano en la Suma de Contratos, quien demuestra una vocación americana:
"En las Indias Occidentales, después que los españoles alcanzaron y poseen con quietud el señorío y jurisdicción sobre los naturales, tienen comúnmente uno de dos tratos: que o son mineros o mercaderes. O se dan a sacar oro y plata o a llevar y vender la ropa que va de España, porque todo aquel imperio es fertilísimo de estos ricos y preciados metales y estéril y falto, a lo menos hasta ahora, casi de todo lo que es menester para una vida política y algo regalada, que ni hay paños finos, ni sedas, ni lienzo, ni vino, ni aceites, sin los cual en tanta abundancia de todo."

Un poco más avanzado el texto de la Suma de Contratos, continuaba la descripción:
"Pero de sesenta años a esta parte, que se descubrieron las Indias Occidentales, se le recreció para ello una gran comodidad y una ocasión tan oportuna para adquirir grandezas, que convidó y atrajo a algunos de los príncipes a ser mercaderes, viendo en ello pujantísima ganancia, porque se habían de proveer de aquí muchas provincias (la isla Española, Cuba, Honduras, Campeche, Nueva España, Guatemala, Cartagena, Tierra Firme, con toda la grandeza del Perú), casi todo género de ropa y de muchos mantenimientos y, en parte, aun hasta el trigo y harina que se ha de comer, lo cual todo puesto allá, a causa de la gran penuria y falta que hay de ello y de la mucha plata y oro, valía y vale, como dicen, un Perú."

SUMA DE TRATOS Y CONTRATOS, POR TOMÁS DE MERCADO

El creciente aumento de las transacciones financieras que acompañó el movimiento transoceánico produjo una mayor circulación de moneda acuñada en plata. Como consecuencia, se produjo una enorme subida de los precios, es decir, un amplio incremento de la inflación de precios sobre los productos de consumo, fenómeno monetario muy descrito por los tratadistas de la época. Mercado ofreció tres causas básicas que provocaban el aumento de precios:
1. la exportación produce un tirón sobre la demanda de productos locales
2. el recargo impuesto por la necesidad de financiar los envíos
3. el aumento de precios también se produjo en el Nuevo Mundo ante la carestía de productos europeos
"En Indias, hay mucho que comprar y se compra por precios excesivos, como cosa que va tan lejos de acarreo; y con todo se estima el dinero en menos, porque la abundancia es tan grande que deshace esta causa."

Así se producía una enorme disparidad en el poder adquisitivo entre el Viejo y el Nuevo Mundo; de aquí las grandes transacciones de dinero de uno a otros continente, a pesar de los costos añadidos del transporte (fletes, aranceles, seguros), pues como escribió Mercado, "cien pesos den México son iguales con ochenta y cinco en España".

A través de la observación de estos fenómenos que Tomás de Mercado vivió y comprobó de forma directa, fue elaborando toda una teoría del dinero en la que juegan factor fundamental dos construcciones: la Teoría del tipo de cambio y la Teoría cuantitativa del dinero.

Al objeto de elaborar ambas teorías de forma coherente y fundamentada, primero distinguió entre el valor de uso de la moneda y su estima social, siendo esta diferente estima en unos u otros lugares uno de los factores que influyen decisivamente en el nivel de los precios, pero a su vez esta estimación depende de la abundancia o escasez del dinero. Por eso escribió "en toda Flandes, en toda Roma, se estima más que en toda Sevilla, y en Sevilla más que en Indias, y en Indias, más en Santo Domingo que en Nueva España, y en Nueva España más que en Perú".

Esta gradación es expresiva de la relación entre el volumen de los medios de pago y la fortaleza de la moneda. Ante esto, en su obra, Mercado insistía en la necesidad de que el valor relativo monetario esté compensado con la fortaleza y estabilidad de la unidad monetaria, garantía del orden social y económico. Partiendo de estas dos ideas, Mercado estableció la relación entre el tesoro americano y la subida de los precios (conexión masa monetaria-nivel de precios), y determinó la influencia de dichos factores sobre el cambio exterior, justificando las diferencias de éste por las diferencias del poder adquisitivo de la moneda en los distintos países.

Así anticipaba la Teoría de la paridad, basada en la paridad del poder adquisitivo de la moneda:
"Los cambios modernos se fundan en la diversa estimación del dinero, como se entiende que ha de ser universal, de todo un reino, o provincia, o universidad, no particular de dos, o tres o cincuenta necesitados en el pueblo, sino según los ejemplos puestos declaran, en toda una república, como vemos que en toda Flandes, en toda Roma, se estiman más que en toda Sevilla, y en Sevilla más que en Indias... Estos basta para justificar la ganancia que en cambios se alcanza."

TOMÁS DE MERCADO

Respecto a los precios, continuó con la tradición escolástica hispana en la Teoría del precio justo que debía estar alumbrado por la ley natural y fijado a ser posible por la autoridad pública, o al menos limitado en sus circunstancias de negociación:
"De ley natural es se venda por su justo precio, más no enseña cuál es su justo valor de cada especie de ropa; déjalo a la república que cuando le pareciere convenible, lo tase. De manera que estas leyes y potestades eclesiásticas y seglares pueden obligarnos a celebrar nuestros contratos y negocios con ciertas circunstancias y condiciones, y aún vedarnos algunos contratos que, dado sean de suyo lícitos en general, en este tiempo o en esta tierra o a esta gente no convienen. Todo lo cual se les comete a los prelados y príncipes que lo provean y declaren."

Mercado fue uno de los escolásticos más críticos con la actividad de los banqueros que traficaban con los depósitos de sus clientes. Advirtió que la prudencia no es una virtud suficiente para garantizar la solvencia bancaria, por lo que es necesario mantener en todo momento un coeficiente de caja del 100%.

Analizó también la actividad comercial y las ferias de Sevilla y Medina del Campo, el tráfico mercantil entre España y América, y el sistema de monopolios portuarios; justificando la existencia y comercio con esclavos guanches, cuyo tráfico exclusivo detentaba el puerto de Málaga.

Estas fueron sus palabras:
"Ahora no hay quien no pretenda su interés y quien no cuide más de proveer su casa que la república. Así vemos que las haciendas particulares, esas van adelante, y crecen; las de la ciudad y consejo disminuyen; son mal proveídas y peor regidas, si no son ya ventas. Así dice Aristóteles, que es inevitable el deleite que el hombre recibe de ocuparse en sus negocios propios. No se puede fácilmente explicar cuánto hace el caso, para hacer una cosa con alegría considerar el hombre que es suya. Al contrario es gran tibieza la que trata negocios comunes. De modo que perdida aquella primera caridad fue necesario que cada uno tuviese alguna parte en las temporalidades, en raíces o en muebles; para que ya no el amor universal, a lo menos el particular interés le moviese a conservarlo. De manera que creciese todos los bienes repartidos y divididos, que no pudieran dejar de venir a muy menos, si en montón (supuesto el pecado) se quedaren."
SUMA DE TRATOS Y CONTRATOS

Aunque la redacción de la Suma de Contratos tuvo un origen moral y didáctico, sus planteamientos científicos tuvieron una mayor repercusión y relevancia en el análisis económico. No solo constituye un valioso documento descriptivo, sino también uno de los antecedentes teóricos más interesantes y profundos de su tiempo en material mercantil, financiera y económica.

Su teoría de los precios está más desarrollada que las de sus compañeros Domingo de Soto y de Bartolomé de Medina. Es incluso superior a la obra del francés Bodino, Responses aux paradoxes de Monsieur Malestroit, de 1568, con la que coincide cronológicamente en la formulación de la Teoría cuantitativa del dinero. De todas formas, otro de sus compañeros de la Escuela de Salamanca, Martín de Azpilcueta, fue el verdadero promotor de esta ley financiera.

La Suma de Contratos fue muy citada en el siglo XVI como obra de referencia por otros economistas, pero fue cayendo en el olvido en el siglo XVIII. En 1880, apareció incluida en el catálogo de Colmeiro, denominado Biblioteca de los economistas españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Ya en el siglo XX, se ha ido recuperando la innovación y originalidad de los economistas españoles de los siglo XVI y XVII, en la obra de autores europeos como Schumpeter, Sayons, Majorie Grice-Hutchinson y Pierre Vilar. El primero en recuperar la importancia de Mercado fue el economista e historiador francés André Sayos, quien se refirió así "en el primer rango hay que poner el tratado de Tomás de Mercado", en su obra Origen de las instituciones económicas de la América española (siglo XVI), publicada en 1528. El economista austriaco Joseph Alois Schumpeter lo comentó en varias ocasiones en su Historia del análisis económico, en 1950, quien a su vez lo había estudiado a partir de la información que había leído en la obra Interest and Usury, publicada por el economista y jesuita estadounidense Bernard W. Dempsey, en 1943. Por último, la historiadora francesa Marjorie Grice-Hutchinson tradujo una parte de la obra de Mercado al inglés y la incluyó en su The School of Salamanca, en 1952.

Entre los autores españoles, José Larraz ha sido el pionero en reivindicar el valor para la historia del pensamiento económico de obras como la de Mercado, en su libro La época del mercantilismo en Castilla, 1500-1700, publicado en Madrid, en 1963:
"El esfuerzo de Mercado y de sus antecesores y sucesores en materia de cambio exterior es sumamente interesante, porque representa una anticipación de tres siglos y medio de Cassel, y de dos y medio respecto de los ingleses de comienzos del XIX, que más de cerca precedieron al economista sueco."

TRATOS Y CONTRATOS DE MERCADERES

Mercado escribió también obras de carácter filosófico, de las cuales destacan dos: Commentarii lucidissimi in textum Petri Hispani y In Logicam magnam Aristotelis commentarii, publicadas en Sevilla, en 1571, que son dos comentarios a las Súmulas de Pedro Hispano, el primero, y a las Dialécticas de Aristóteles. No sólo estuvo influenciado por Pedro Hispano y Aristóteles, también por Luis Vives, Porfirio, y santo Tomás de Aquino.

Aunque no fue un renacentista, fue un innovador dentro del sistema escolástico, que trató de aclarar los conocimientos encerrados en conceptos oscuros que filósofos y eruditos de la Escolástica medieval llenaron con retorcidas palabras. El mejor medio para obtener conocimientos es la Dialéctica; instrumento que tomó para combatir tanta verborrea, el más preciado para la Escolástica, y el que más tiempo de estudio impartía a sus alumnos. Valorando la dialéctica para la mejor obtención de conocimiento, en este aspecto se muestra la influencia de Pedro Hispano, quien decía en la summalae logicales:
"La dialéctica es el arte de las artes y la ciencia de las ciencias porque tiene el camino para llegar al principio de todos los métodos. En efecto, solamente la dialéctica puede discutir con probabilidad los principios de todas las artes y, por lo tanto, la dialéctica debe estar en primer término en el aprendizaje de las ciencias."

Derivado de esto, se pueden señalar tres puntos en el pensamiento de Tomás de Mercado:

1. La dialéctica es ciencia de ciencias y arte de artes, pero añadía que esto es así porque se ocupaba en exponer la naturaleza de la definición, de la división y de la argumentación.
2. La dialéctica es la primera de las ciencias que se aprende.
3. El estudio de la dialéctica ha de empezarse con el término.

Según Aristóteles la dialéctica es la lógica de las cosas probables y según los estoicos y escolásticos es igual a la lógica. Con tal estima hacia la dialéctica, Mercado decidió hacer de ésta algo más inteligible, de modo que se dé un vistazo general cuando apenas se empieza su estudio, para hacerlo con más detenimiento en etapas posteriores. Para hacer esto consideraba necesario dejar las palabras oscuras y abigarradas, para escribir de modo más libre. Ya no vemos la estructura férrea en él, se puede decir que incluso es desordenado, aun cuando se trata de lógica.

ESCUELA ARBITRISTA DE TOLEDO


La Escuela Arbitrista de Toledo fue un movimiento de economistas, mercaderes, artistas, literatos y eclesiásticos procedentes de dicha ciudad desarrollado en las primeras décadas del siglo XVII. Se dedicaba al análisis de la decadencia económica de su ciudad y el empeoramiento del erario de la Corte de Felipe III y de Felipe IV, así como a plantear soluciones de corte proteccionista y mercantilista de la industria nacional, que fueron descritos en forma de arbitrios.

Sus principales representantes fueron Sancho de Moncada, Baltasar Elisio de Medina, Jerónimo de Ceballos, Damián de Olivares, García Herrera de Contreras, Juan Belluga de Moncada, Pedro Hurtado de Alcocer y Fernando de Toledo.

ESCUELA ARBITRISTA DE TOLEDO

La Escuela Arbitrista de Toledo fue un grupo de pensadores y escritores toledanos relacionados con el movimiento de Arbitrismo económico español entre los años 1615 y 1630.

Este Grupo Económico de Toledo se dedicó a analizar las causas de la decadencia económica y financiera tanto su ciudad como del Imperio español, y aportar soluciones prácticas y reformas para mejorar la situación en forma de arbitrios, fomentando la producción nacional y la prosperidad.

Este movimiento de pensamiento económico, que giraba en torno al ayuntamiento y a la universidad, no era una escuela formal, sino un conjunto de intelectuales que, a través de sus escritos y consejos, intentaron mejorar la economía en una época de crisis. España atravesaba un periodo de decadencia durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, y el erario de la Monarquía española atravesaba una enorme deuda debido al desarrollo de la Guerra de los Treinta Años, entre 1618 y 1648.

Estos temas llevaron al grupo a ser fuertemente proteccionistas de su sector industrial. El Proteccionismo del grupo de Toledo estaba motivado no sólo porque la ciudad sufría un proceso de decadencia debido entre otras cosas al establecimiento de la Corte en Madrid, sino también por la competencia de productos manufacturados procedentes del norte de Europa, especialmente los textiles flamencos.

Estuvo influenciado y relacionado con la Escuela de Salamanca, especialmente por Juan de Marina. El arbitrismo fue una evolución y reacción a los problemas que la Escuela salmantina ya había abordado en el siglo XVI.

Sus miembros eran economistas, mercaderes, artistas, literatos y eclesiásticos. El arbitrista más representativo fue Sancho de Moncada. Otros miembros y colaboradores de esta escuela, estudiados por historiadores como Jean Vilar, participaron activamente en este debate económico. Estos fueron Baltasar Elisio de Medina, Jerónimo de Ceballos, Damián de Olivares, García Herrera de Contreras, Juan Vázquez, Juan Belluga de Moncada, Pedro Hurtado de Alcocer, Fernando de Toledo, o Eugenio Narbona.

REAL UNIVERSIDAD DE TOLEDO

Sancho de Moncada fue clérigo, economista y catedrático de Teología en la Universidad de Toledo. Considerado un precursor del Mercantilismo, fue posiblemente el representante más destacado del pensamiento económico español del siglo XVII. Sus estudios buscaban la mejora de la agricultura, la manufactura y la hacienda real. Profundizó en la inflación y en la Teoría Cuantitativa del Dinero que definió Martín de Azpilcueta un siglo antes.

A través de sus Discursos, que publicó en 1619, advirtió las debilidades de la economía española, la penuria hacendística y la invasión de productos extranjeros, y denunció que el reino se había convertido en un deudor de las potencias enemigas. Explicaba que la decadencia se debía a la importación de metales preciosos, que hizo elevar los precios de las manufacturas, por lo que de economía de exportación se pasó a economía de importación.

Su solución fue proponer un severo Proteccionismo de carácter mercantilista y la necesidad de autarquía. Además, había que fomentar la industria, como propondría más tarde Colbert en Francia. Defendió la nacionalización de la vida económica y política, consideraba que los problemas económicos sólo son eficaces si se ejecutan desde el punto de vista del Estado, pues sólo las economías nacionales son unidades económicas autónomas.

Entre sus propuestas a tomar estaban: restringir la exportación de materias primas, prohibir la importación de manufacturas extranjeras, nacionalizar la industria y el comercio, perseguir el fraude y combatir la ineficacia administrativa, reducir las alcabalas a un impuesto único sobre los cereales y que el producto de las rentas no estuviese en manos de prestamistas extranjeros.

Su obra Discursos gozó de gran prestigio en Europa y fue fuente de inspiración de la rama científica de la literatura arbitrista. Fue asumida por los grandes ilustrados del siglo XVIII, en el que se reeditó como Restauración política de España.

RESTAURACIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA, POR SANCHO DE MONCADA

Baltasar Elisio de Medinilla fue literato especializado en la poesía, perteneciente a una prestigiosa familia hidalga toledana. Además, era humanista, pues escribía en latín y griego, asistía a las juntas literarias de su ciudad, fue un gran lector de la riquísima biblioteca de Francisco de Rojas, y fue íntimo amigo y seguidor de Félix Lope de Vega.

Su famosa propuesta arbitrista fue recogida en el Memorial a la Imperial Ciudad de Toledo, publicado en 1618, en estilo prosa, poco antes de su muerte.

En el texto, reivindicaba justicia para una ciudad humillada por el traslado de la Corte a Madrid en 1561. Solicitó a Felipe III una Cancillería para Toledo, lo que obligaría a regresar a sus casas a quienes la abandonaron para servir en Madrid. Aquella decisión de Felipe II había diezmado su población y provocado su ruina:
"Una ciudad celebrada en todas las naciones del mundo por su grandeza, fortaleza, riqueza, población, letras, armas y nobleza ha venido en miserable estado por haberla desamparado los eclesiásticos de mayores rentas, los caballeros y mayorazgos, los hombres de negocios y una gran suma de oficiales."

Pretendía nacionalizar los empleos honoríficos y cargos eclesiásticos que, con la complicidad del rey, habían pasado a manos extranjeras. Además, se quejó de lo mal que estaban repartidas las prebendas, algunas favoreciendo a productores extranjeros como es el caso de los textiles que se importaban de fuera.

BALTASAR ELISIO DE MEDINILLA

Jerónimo de Ceballos fue consultor del Santo Oficio y presidente del Consejo Real, administrador perpetuo del arzobispado de Toledo y capellán de su majestad.

Escribió uno de los tratados de ciencia política más influyentes del reinado de Felipe IV, el Arte real para el buen gobierno de los reyes y príncipes y de sus vasallos, publicado en 1623. Fue coincidencia con las ideas del conde-duque de Olivares, hasta el punto de que la obra parece un anteproyecto, en muchos puntos, del programa de reformas que adoptó el valido de Felipe IV.

En sus documentos, recuperaba algunos de los proyectos de política económica de mayor interés ya formulados con anterioridad. Así, por ejemplo, el documento III relanzó la idea de fundar una red de erario público para facilitar el crédito privado y desempeñar la Hacienda Real, idea avanzada en primer lugar por Luis Valle de la Cerda a finales del siglo anterior, y replanteado en 1622 por López de Ugarte. Los documentos XX y XXI volvían a plantear el problema de la reforma fiscal y la contribución única, y el documento XXVIII retomaba una medida proteccionista basada en la limitación de exportar materias primas, esencialmente la lana, y en la prohibición a la importación de productos elaborados en el extranjero, al objeto de que fuesen fabricados en manufacturas nacionales.

Esta última idea ya había sido abordada dos años antes, en 1620, durante el reinado de Felipe III, en el Memorial para suplicar al rey que se prohíba la entrada a las mercaderías labradas fuera del reino y la salida de las lanas y materiales en que se han de ocupar y trabajar los naturales.

También elaboró un Discurso para tratar de los arbitrios convenientes al bien y aumento de la Imperial ciudad de Toledo, otro estudio más que aborda los problemas específicos del declive económico de su ciudad como consecuencia del cambio de capitalidad y crecimiento vertiginoso de Madrid. Era conocido que los objetivos de mantener la estabilidad del real por parte de la Corte eran contrarios a los intereses de la manufactura toledana. Por eso, Ceballos defendió su postura, a sabiendas que perjudicaban las rentas reales y, por tanto, a la Corona.

Fue el principal ponente durante el primer gran debate arbitrista en el seno del Ayuntamiento, organizado en 1618, junto al licenciado Ceballos y al doctor Herrera de Contreras. Ceballos expuso el contraste entre el grandioso pasado de la ciudad y el lamentable estado actual de la misma:
"Es gran lástima ver que está en tanta disminución por vecinos de los ciudadanos y no poderse sustentar en ella, de que viene gran daño no sólo a la ciudad sino a las rentas reales de Su Majestad, porque van vacando en mucha cantidad; de suerte que no se pagan los juros que están entrados, de que viene notables daños a los pobres y ricos у limosnas y capellanías que tienen situada su comida en los dichos juros; y también los herederos no pueden gastar sus vinos y cosechas por la falta de gente, y así es fuerza haberse de perder las heredades y las haciendas; y el trato y el comercio está más acabado y las casas no se alquilan, de que los eclesiásticos y seglares son muy perjudicados."

JERÓNIMO DE CEBALLOS

Damián de Olivares fue un mercader sedero cuyos estudios serían recomendados por el secretario real Campomanes un siglo y medio después por su impecable método, y por sus interesantes cálculos sobre población y manufacturas. Es destacable su memorial impreso en Madrid, en 1622, con el título Respuesta de Damián de Olivares a un memorial del doctor Guillén Ramón Mora de Almenar, en favor de la ciudad de Valencia, sobre la pretensión que ella tiene en materia de la saca de la seda, contra aquel reino.

Dos obras más destacadas fueron Memorial sobre la Fábrica de Toledo y Memorial para prohibir la entrada de géneros extranjeros. En ellas presentaba un análisis sobre las nefastas implicaciones que conllevaba la importación de mercancías de otros países, en las fábricas de textiles de Segovia, Toledo y La Mancha, por eso también aconsejaba la prohibición a la entrada de mercancías extranjeras a España.

Apoyaba el Bullonismo, teoría económica de los siglos XVI y XVII que define la riqueza como la cantidad de metales preciosos de los que se es propietario. La práctica del Metalismo estaba basada en la acumulación de monedas o lingotes de oro, plata y otros metales preciosos como única riqueza posible. Este pilar del pensamiento mercantilista aseguraba que la mejor forma de servir a la riqueza y poder nacional era acumular esta forma de dinero.

Un informe del Gremio de la Seda, al que pertenecía Olivares, evidencia la mala situación en que se encontraba el sector sedero en Toledo en cuanto a la producción, elaboración y confección (con una pronunciada reducción de telares, de 2.000 a 300) y, por tanto, solicitaba urgentemente la intervención del Ayuntamiento.

DAMIÁN DE OLIVARES

García Herrera de Contreras fue abogado, hijo del mercader Alonso Herrera de Contreras. Estudió Jurisprudencia en la Universidad de Santa Catalina, doctorándose en Derecho en 1585. Su condición de arbitrista es conocida por su Memorial A la Ciudad de Toledo, que imprimió el Ayuntamiento a su costa en 1618. Respaldaba la propuesta de Tomás Cardona, que pretendía devaluar el real de plata, medida que teóricamente afectaba positivamente a los intereses de la producción manufacturera toledana.

Juan Belluga de Moncada fue escribano mayor de rentas reales, durante el reinado de Felipe II, promovido por su tío Sancho de Moncada. Su hermano Andrés Belluga de Moncada también fue escribano. Con Felipe III, continuó en Valladolid como secretario real. A partir de 1605 apareció esporádicamente por Toledo para asistir a las reuniones del cabildo de jurados. Escribió varios arbitrios para denunciar la decadencia de Toledo, aunque más que autor fue recopilador de las ideas contenidas en los múltiples memoriales que entonces circulaban.

Pedro Hurtado de Alcocer elaboró todo un memorial sobre la despoblación toledana con la particularidad de manejar cifras y estadísticas para demostrar sus postulados. Aquel memorial fue coincidente, por su carácter práctico, con el trabajo de Damián de Olivares.

TOLEDO, SIGLO XVI

Fernando de Toledo, alférez mayor y comisario de la ciudad ante la Corte, se presentó en repetidas ocasiones ante el Real Consejo de Castilla para exponer arbitrios y memoriales aprobados por el Ayuntamiento toledano. Entre los de su autoría destaca el Memorial para su majestad del señor don Fernando de Toledo, efectuado en 1621, y contenido en el Libro Capitular número 40.

También pertenecían al grupo los doctores Alonso de Narbona y Eugenio Narbona. Este último destacó por su Doctrina política civil escrita en aforismos, publicado en 1604. Un trabajo que la Inquisición ordenó retirar de la circulación hasta 1621.

Cierran el grupo Juan Vázquez, cuyo informe sobre la evolución demográfica de Toledo fue utilizado por Sancho de Moncada; el doctor Pablo de Moncada; el contador Eugenio Garcés de Molina; o el regidor Jacome Pinelo.

CATEDRAL DE TOLEDO

REGENERACIONISMO ESPAÑOL DE JOAQUÍN COSTA


Joaquín Costa fue un político, historiador, jurista, economista, abogado del Estado y defensor del Socialismo y Reformismo agrario. Considerado el mayor representante del movimiento intelectual decimonónico Regeneracionismo español.

REGENERACIONISMO ESPAÑOL POR JOAQUÍN COSTA

Joaquín Costa Martínez nació en Monzón, provincia de Huesca en 1846. Era el hijo mayor de una modesta familia de labradores, por lo que tuvo q trabajar en varios oficios manuales para pagarse sus estudios de bachillerato. Gracias a la generosa ayuda de un tío suyo, pudo cursar Magisterio Superior, Delineante y Agrimensor.

Pensionado por la Diputación Provincial de Huesca, en 1867, visitó la Exposición Universal de París. Entonces, permaneció dos años en Francia como maestro particular. Esta estancia en el país galo le sirvió para ensanchar su horizonte cultural y adquirir conciencia, por analogía, del atraso de su propio país, sin llegar a convertirse en un afrancesado.

De nuevo en España, y tras cumplir el servicio militar, cursó en Madrid las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras, de forma simultánea. Obtuvo la licenciatura de ambas en 1873, y el doctorado con premio extraordinario en 1875. Durante esta etapa universitaria, se vinculó al Krausismo, del cual "tomó la idea de la primacía de la sociedad frente al Estado", como señaló Rafael Pérez de la Dehesa en un estudio biográfico.

JOAQUÍN COSTA MARTÍNEZ

En los siguientes años, trabajó primero en el Cuerpo de Notarios y después en el Cuerpo Superior de Abogados del Estado en varias ciudades: Granada, Jaén, Cuenca y Huesca. Escribió sus primeras obras: La vida del Derecho, Cuestiones celtíberas: religiones, organización política, civil y religiosa de los celtíberos, y Derecho consuetudinario del Alto Aragón.

De nuevo en Madrid, fue profesor auxiliar en la Universidad Central de Madrid, cargo al que renunció en protesta por la política educativa de la Restauración, junto a Francisco Giner de los Ríos y otros catedráticos.

Desde 1880, fue miembro de la Institución Libre de Enseñanza, dirigiendo su Boletín, dando clases y participando en el Congreso Pedagógico Nacional de 1882. La Institución era una organización educativa de carácter laico, inspirada en la filosofía del alemán Karl Krausse.

En 1881, publicó su trabajo sobre los orígenes del derecho consuetudinario español en su libro Introducción a un tratado de política textualmente de los refraneros, romanceros y gestas de la Península. Una obra de contenido jurídico que fue ampliada, años más tarde, en 1887, en su Plan de una Historia del Derecho español en la antigüedad.

Colaboró en la Revista de España, en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde presentó sus Estudios jurídicos y políticos y su Teoría del hecho jurídico individual y social.

Tomó parte de varias conferencias africanistas y abolicionistas, planteando su visión de El comercio español y la cuestión de África, libro publicado en 1882. Dirigió el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil, en 1883. Cofundó la Sociedad de Africanistas y Colonialistas que organizaba las expediciones al África occidental y ecuatorial. Y colaboró en la Revista de Geografía Colonial, entre los años 1885 y 1887.

escultura Joaquín Costa grupo escolar Zaragoza
ESCULTURA DE JOAQUÍN COSTA

Una progresiva enfermedad de atrofia muscular le hizo regresar a su villa natal Graus para recuperarse. A pesar de todo, organizó a la Liga de Contribuyentes de Ribagorza, en 1891, que derivó en movimiento político de inclinaciones sociales. Como miembro de esta Liga participó en varias campañas por todo el Alto Aragón, a partir de 1892, con el fin de potenciar la producción agraria gracias al regadío y mediante obras hidráulicas que, según su opinión, debía hacer el Estado. Esta organización regional se transformó en la Cámara Agrícola del Alto Aragón. Otro de sus actos fue la asistencia al Congreso de Jurisconsultos Aragoneses, en Zaragoza.

Estuvo en contacto con la Extensión Universitaria y fue presidente de la sección de Ciencias Históricas, Morales y Política del Ateneo de Madrid, en 1895.

En 1898 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso sobre El problema de la ignorancia del Derecho y sus relaciones con el status individual, el referéndum y la costumbre. Y en años siguientes estudió temas jurídicos relevantes como Derecho consuetudinario y economía popular en España, en 1902.

OBRAS DE JOAQUÍN COSTA

Mediante sus mensajes a las Cámaras Agrarias aragonesas consiguió la creación de una Asamblea Nacional de Productores, en 1899. Esta entidad política alió con las Cámaras de Comercio, lideraba Basilio Paraíso Lasús, y con la Liga Agraria, formada por las clases propietarias castellanas dirigidas por Santiago Alba Rico. Y fruto de la suma de estas tres organizaciones se fundó la Unión Nacional, en 1900. Era un nuevo partido político popular muy crítico con el sistema de la Restauración canovista. Esta propuesta tripartida resultó demasiado heterogénea en su ideología, haciendo perder a muchos militantes al republicanismo.

Aunque en la Unión Nacional estaban contempladas las ideas de Joaquín Costa, este aceptó un cargo en el Directorio y redactó el mensaje protesta al Congreso de los Diputados, que se publicó en la prensa el 1 de abril de 1900. Su intento de organizar manifestaciones a la calle fue infructuoso, ya que se prohibió la de Madrid y se suspendieron las demás de forma interna.

La siguiente estrategia política fue debatida: Lasús pugnó por acciones directas como una huelga de contribuyentes, mientras Costa creyó improbable un alto seguimiento de esa acción por los trabajadores. Costar era más partidario de ejecutar una estrategia de educación al pueblo y trabajo dialéctico. El enfrentamiento entre posturas contrarias hizo que Costa abandonase el directorio del partido. Además, Alba Rico y sus gremios madrileños también se alejaron de Lasús. La Unión Nacional se desintegró por la tensión entre los intereses populares y los corporativos. No obstante, todavía en abril de 1901, celebró un mitin en Barcelona y, tanto Costa como Lasús aseguraron sendos escaños de diputados liberales para la siguiente legislatura.

escultura Joaquín Costa Zaragoza lápida Madrid
ESCULTURAS DE JOAQUÍN COSTA

Afectado profundamente por el fracaso de la Unión Nacional, Costa continuó atribuyendo responsabilidades por la situación española a la propia Monarquía en Quiénes deben gobernar después de la catástrofe. Reconstrucción y europeización de España.

Costa percibió que el poder, tal como estaba configurado, no acometería nunca reformas regeneracionistas. En este empeño, Costa se hallaba completamente solo, aún soñaba con fundar un partido de intelectuales, más que de activistas callejeros. Pero finalmente, ingresó en la Unión Republicana, en 1903, que estaba liderada por Nicolás Salmerón, un antiguo compañero en la Institución Libre de Enseñanza de ideales reformistas y krausistas.

Aquel año ya estaba de vuelta en Madrid, ocupando una plaza de notario y preparando su gran obra Colectivismo agrario, con una visión mucho más política y científico-social que sus anteriores más jurisconsultas.

En adelante Joaquín Costa fue con frecuencia portavoz y jefe de fila de quienes propusieron una respuesta mucho más efectiva, objetiva, positiva y activa a los graves problemas de España que la propuesta por la Generación del 98. Aun así, su lucha contra frente el sistema del turno de partidos de la Restauración, y su denuncia de las torpezas y egoísmos de los políticos no obtuvieron repercusión alguna.

En 1904, fue elegido diputado republicano a Cortes, sin compadecer en el Parlamento de forma habitual, en momentos en que había perdido casi del todo la esperanza de regenerar a España. Pero fue entonces cuando propuso un "cirujano de hierro" que acometiera las reformas de urgencia que necesitaba España para escapar de la decadencia, cirujanos que mucho más tarde fueron Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco.

CARICATURAS DE JOAQUÍN COSTA

Su fracaso político le radicalizó verbalmente, acercándose en sus últimos años al Socialismo. Harto de las decisiones e intrigas de Alejandro Lerroux y otros correligionarios, rompió con Unión Republicana, en 1906, retirándose definitivamente a Graus.

Tan solo salió de allí en 1908 para manifestarse en contra del Proyecto de Ley Antiterrorista que prepara el presidente Antonio Maura. Siguió protestando contra otros proyectos gubernamentales y ofrecer sus Siete criterios de gobierno, por lo que fue llamado el "León de Graus".

En 1910, se adhirió al Centro de Estudios Históricos, proyectado por Francisco Giner de los Ríos, Eduardo de Hinojosa y Naveros y José Castillejo Duarte.

Su muerte provocó una gran convulsión nacional. Fue enterrado en Zaragoza ante la oposición que mostró el pueblo aragonés al traslado de sus restos en el futuro Panteón Nacional; además, los políticos monárquicos no deseaban un entierro multitudinario capaz de presentarse como un plebiscito contra el sistema.

Joaquín Costa Academia Ciencias Morales Políticas
ESCULTURA DE JOAQUÍN COSTA
EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

En 1911, aparecieron todos sus discursos y escritos sobre política hidráulica. La obra de Joaquín Costa es tan compleja y polifacética como su vida, era un hombre tan culto como dotado de un gran sentido práctico. Sus textos están sembrados de citas cultas y vehementes, expresadas en un estilo de rica, bella y versátil oratoria, casi romántico, cuyos lemas fueron "Escuela, despensa" y "Siete llaves para el sepulcro del Cid". Escribió además dos novelas didácticas: Justo de Valdediós y Último día del paganismo, que fue inconclusa.

Fue el máximo representante del Regeneracionismo español, gran movimiento intelectual que pretendía revertir el profundo estado decadencia que llevaba sufriendo la España de su tiempo.

En su pensamiento político, económico y social sobresalen tres rasgos esenciales: su preocupación por los problemas sociales, su amor a España y su propósito de transformar la nación de forma integral a través de un proceso de reformas.

Los aspectos socialistas en el Regeneracionismo español que defendió Joaquín Costa Martínez influyeron ampliamente en el pensamiento de José Ortega y Gasset durante su juventud.

Oligarquía caciquismo España Joaquín Costa
OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO POR JOAQUÍN COSTA

Desde el Ateneo de Madrid realizó una espectacular encuesta en colaboración de muchas grandes figuras de la cultura y la sociedad española (desde Miguel de Unamuno a Emilia Pardo Bazán) para redactar información para su gran publicación: Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España. Urgencia y modo de cambiarla, del año 1901. Era una enérgica y documentada denuncia de la corrupción establecida en el sistema político canovista de la Restauración monárquica.

Así, en la presentación de su Oligarquía y caciquismo en el Ateneo madrileño, exigía:
"... fundar improvisadamente en la Península una España nueva, es decir, una España rica y que coma, una España fuerte y que venza, una España, en fin, contemporánea de la Humanidad que al trasponer las fronteras no se sienta forastera, como su hubiera penetrado en otro planeta o en otro siglo."
Para Joaquín Costa era muy necesario acabar con el régimen oligárquico y caciquil que dominaba en España, una transformación en la que también incluyó a los partidos políticos, a los que definió como "facciones, banderías o parcialidades de carácter marcadamente personal". El remedio contra "el gobierno de los peores" pasaba por la movilización y el fomento del denominado "auto-gobierno" y de la conciencia cívica y democrática de las fuerzas vivas de la Nación española. Mientras no se cumpliesen estos requisitos, "no seremos, ni con Monarquía ni con República, una Nación libre, digna de llamarse europea".

Propuso un programa de reformas que abarcase desde la "educación nacional" y la "colonización interior" a las infraestructuras estatales y la "desafricanización y europeización de España". Sus planteamientos eran algo revolucionarios para la mentalidad de la época, pero siempre tuvo claro que habría que establecerlos por vías legales y en proceso. Si era necesario se debían implantar mediante un "cirujano de hierro" dotado de amplios poderes, aunque en modo alguno ilimitados y no sujetos al control de los órganos legislativos. Esta idea le generó que algunos le acusasen de querer imponer un sistema dictatorial.

En Oligarquía y caciquismo, Costa aprobaba un sistema "Neoliberalismo orgánico, ético y sustantivo", alejándose de lo denominó como "Liberalismo abstracto".

Joaquín Costa amigos fotografía
JOAQUÍN COSTA Y AMIGOS

El historiador español Alberto Gil Novales ha visto con claridad la gran contradicción de Joaquín Costa en este trabajo: denunciaba desde dentro el mismo sistema político que pretendía destruir. Además, la información que utilizó en su obra no excluye a los caciques y oligarcas en cuanto a hombres representativos de la cultura de su época.


Como resumen definitivo de la encuesta, Costa elaboró un programa de enunciados prácticos, casi su testamento político, en el que mezclaba grandes estrategias y algunas observaciones menores, casi comarcanas:
1. Cambio radical en la aplicación y dirección de los recursos y energías nacionales.
2. Reforma de la educación en todos sus grados.
3. Abaratamiento rápido del pan y de la carne.
4. Un sistema nuevo de comercio.
5. Mejoramiento de los caminos de herradura.
6. Suministro de tierra cultivable.
7. Legislación social.
8. Sanear y europeizar la moneda.
9. Creación de un poder judicial digno.
10. Municipalización de servicios públicos y de ciertas industrias y comercios.
11. Renovación del liberalismo abstracto y legalista imperante.
12. Renovación de todo el personal gobernante.

COLECTIVISMO AGRARIO EN ESPAÑA POR JOAQUÍN COSTA

De origen campesino y conocedor de las miserables condiciones imperantes en la España rural, era lógico que se ocupase de la problemática del entorno agrario, lo que hizo especialmente y de forma extensa en su libro Colectivismo agrario en España. Doctrina y hechos, publicado en 1898. Se trata de una amplia historia económica de los sistemas de propiedad y sus diversas modalidades, desde los cotos a las tierras concejiles y comunales, las formas de explotación, etc., remontándose hasta los primeros momentos de la Romanización.


Con notable agudeza, abordó el control sobre el agua y sus diversas formas de propiedad, de las cofradías pesqueras, etc., describiendo la gran tradición de colectivización agraria en España, desde Alonso del Castrillo (siglo XVI) hasta Álvaro Flórez Estrada (siglo XIX). Insistió en los beneficios que podría obtener el sector agrario si el Estado se implicase en el desarrollo de un plan de irrigación de agua sobre los campos de cultivo.

Realizó una dura crítica de la destrucción de los sistemas de propiedad comunal y otras prácticas de ancestrales, que describió muy documentadamente, debido a las amortizaciones que había efectuado el Estado liberal sobre el entono rural el siglo XIX.

Retrato Joaquín Costa pintura Victoriano Balasanz
JOAQUÍN COSTA MARTÍNEZ, POR VICTORIANO BALASANZ

Exponía su sistema de producción y distribución de la riqueza a medio camino
"entre los dos sistemas extremos comunistas e individualistas, en cuanto declara propiedad común o social los instrumentos de trabajo, o sea de producción, pero deja los productos bajo el régimen de la propiedad individual". Aplicado al problema agrario, de los propietarios del suelo y de las clases campesinas, esto significa que la tierra no puede ser propiedad exclusiva de nadie y tiene que permanecer en manos colectivas.

Costa olvidó casi por completo el mundo industrial, y sus propuestas reformadoras agraristas eran muy poco revolucionarias. Pero globalmente se trata de una clara propuesta modernizadora, de mejoras legales e institucionales, europeizadoras.

Más que exponer sus propios puntos de vista, la obra de Costa constituyó una exposición y reivindicación de las doctrinas sociales y comunitarias de los grandes humanistas, teólogos y arbitristas de los siglos XVI y XVII, una apología que extiende a los ilustrados Arana, Campomanes, Olavide y Floridablanca, así como a Flórez Estrada y otros teóricos del siglo XIX. En este contexto, hizo crítica a Jovellanos por su "fanatismo individualista".

Retrato Joaquín Costa pintura Victoriano Salazar
JOAQUÍN COSTA MARTÍNEZ, POR VICTORIANO BALASANZ

En
Reconstitución y europeización de España, de 1900, resumía su programa político-económico: que España sea rica para todos, antes que pensar en repartir la miseria común; y por europeización entendió predominantemente la transformación del espacio físico económico de España: repoblación forestal, canales y pantanos, regadíos; y revolución de la agricultura y de toda su producción.

En La fórmula de la agricultura española, reiteró su preocupación por la situación agraria, obrera y social de España. En defensa por las clases humildes expresaba con estas palabras su indignación:
"Los labradores y braceros del campo, los menestrales, obreros de la industria y proletarios, que son en España más diecisiete millones y medio, han pagado con ríos de sangre y de oro, en cien años de guerra, la civilización que disfruta el medio millón restante."
Por su acentuada visión negativa sobre la historia de España, se generó algunos enemigos que le calificaron de mal español o anti-patriota. Nada de eso si se tiene en cuanta su prólogo en el libro Juan Corazón, de R. Sánchez Díaz, en el que escribía:
"Como Fitche creía en la eternidad de la raza alemana, creamos nosotros aún en la eternidad de la raza española."
Incluso hacía apología a la expansión de la raza española por ejemplo en África, como contrapeso material y moral a la expansión de la raza anglosajona, como declaró en el discurso inaugural de un Congreso de Geografía Colonial:
"Como hace falta que un hemisferio se contraponga a otro hemisferio para asegurar el equilibrio material del astro, la Humanidad terrestre necesita una raza española grande y poderosa, contrapuesta a la raza sajona, para sostener el equilibrio moral en el juego infinito de la historia… Por esto os digo, señores, no ya por impulsos de vanagloria, no ya por sugestiones del patriotismo, mas por altos deberes de Humanidad estamos obligados a fomentar el crecimiento y la expansión de la raza española."
Todo esto fue dicho en un momento de pesimismo patrio tras el Desastre de 1898, y la pérdida de las últimas provincias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) durante una guerra contra Estados Unidos.

Costa expuso su visión nacionalista e, incluso, mesiánica, de España. En momentos de euforia patriótica, llegó a asignar a la raza española un papel primordial en la historia de la Humanidad según la providencia.

Un contemporáneo suyo, el filósofo Miguel de Unamuno le calificó de "archiespañol". En un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid en febrero de 1932, le relacionó con "nuestros sinceros, ingenuos y castizos tradicionalistas españoles".

PANTEÓN JOAQUÍN COSTA