MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA


George Santayana fue un filósofo original e independiente, además de ensayista y poeta, que escribió la totalidad de su obra en inglés y residió en el extranjero, en el marco de la Crisis contemporánea de final del siglo XIX. El cuerpo doctrinal de su pensamiento estuvo en el Materialismo y el Naturalismo.

Su principal obra fue La vida de la razón, publicada en 1906, en la que desarrolló los cuatro grandes ámbitos filosóficos: la materia, el espíritu, las esencias y la verdad.

MATERIALISMO FILOSÓFICO DE GEORGE SANTAYANA

Jorge Ruiz de Santayana Borrás nació en 1863, en Madrid. Aunque firmaba sus obras en inglés, George Santayana, siempre se consideró español, renovando su nacionalidad originaria desde sus estancias en el extranjero. Pasó su adolescencia en la ciudad de Boston junto a su madre, Josefina Borrás, hasta acceder a la Universidad de Harvard. Allí consiguió la cátedra de Filosofía, entre 1889 y 1912.

Aunque siguió viviendo en Estados Unidos, regresaría a Ávila de forma periódica para visitar a su padre, Agustín Ruiz de Santayana, y a su hermana, Susana. De hecho, Ávila significó un "lugar de peregrinación" constante por su sentido místico de la existencia y de la relación entre la materia y el espíritu.

En 1912, trasladó su residencia habitual en Gran Bretaña para trabajar como profesor en la Universidad de Oxford, aunque estuvo viajando por Italia, Egipto, Palestina, Grecia y Turquía. Hasta que, en 1920, fijó su residencia definitiva en Roma, donde vivió hasta que falleció en 1952.

Las sucesivas renuncias para vivir en España, Estados Unidos e Inglaterra son síntomas de su constantes necesidad para alcanzar una mayor libertad e independencia intelectual. Se convirtió en un cosmopolita que vio en España su fuente de inspiración y encontró en Roma las raíces de una cultura mediterránea de la se sentía hijo espiritual. El uso del inglés en sus obras fue una manera de alcanzar al mayor número de no hispanohablantes desconocedores de la cultura hispánica, como confesó en su obra A general confession.

En la biografía que Luis Farré le escribió, Vida y pensamiento de Jorge Santayana, en 1953, manifestó su sentimiento nacional:
"La única cosa digan de mención en mi carrera es que he pasado la mejor parte de mi vida en Estados Unidos y he escrito mis libros en idioma inglés, mientras conservé mi nacionalidad española y mis sentimientos de español. Figuraba al mismo tiempo en el mundo de habla inglesa como una especie de huésped permanente, familiar, apreciado y creo que discreto, pero siempre extranjero."

CASA NATAL DE GEORGE SANTAYANA

Su compleja obra es una conjunción de elementos heterogéneos con elegancia y armonía, donde la estética, la filosofía, la literatura y la mística se entrelazan en original unidad. Sin renunciar a sus raíces, supo desarrollar una universalidad que le hacía sentirse hombre del mundo, en general, y del Mediterráneo, en particular.

En Estados Unidos se dejó influenciar por William James, John Dewey y Josiah Royce; en Inglaterra por G. E. Morre, Bertrand Russell y Alfred North Whitehead; aunque sus principales referentes filosóficos siempre fueron los clásicos Platón, Spinoza, Demócrito y Lucrecio. Pero, también encontraba inspiración e la poesía, la literatura o la mística.

El núcleo de su pensamiento es el reconocimiento de la primacía de la materia y de la naturaleza las demás manifestaciones de la realidad, y la crítica las corrientes más subjetivas e idealistas que no admiten la existencia de una materia y naturaleza independiente a la realidad humana. Su pensamiento fue evolucionando hacia un Materialismo más fundamentado, que puede identificarse con el Naturalismo, pero la idea de naturaleza era ya una interpretación de la materia.

Vivió dentro de la crisis contemporánea, pues a los treinta y cinco años pudo contemplar y sufrir el Desastre del 98 y las dos guerras mundiales. Su filosofía trataba de superar el Positivismo naturalista del siglo XVIII, por eso su personal Materialismo filosófico trataba de armonizar las exigencias de la materia con las aspiraciones del espíritu. Por tradición y por sentimiento, se sentía católico, aunque por convicciones filosóficas era un pagano, por más que se definiera materialista o naturalista.

GEORGE SANTAYANA

Su principal obra fue La vida de la razón (The life o reason), publicado entre 1905 y 1906. Su contenido forma el núcleo original de su filosofía sobre la que basó futuras investigaciones, y consta de cinco volúmenes: La razón en el sentido común; La razón en la sociedad; La razón en la religión; La razón en el arte; y La razón en la ciencia.

Consiguió un gran éxito desde su primera aparición en Estados Unidos, convirtiéndose en lectura obligada para los universitarios. Joseph L. Blau, en Filósofos y escuelas filosóficas en los Estados Unidos de América, de 1957, lo calificó como la "biblia del naturalismo para una generación de estudiantes americanos".

En ella escribió el famoso aforismo ha pasado a la historia de la filosofía universal incluso, por encima de toda su enorme obra publicada: "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" (Those who cannot remember the past are condemned to repeat it). Aparece en el capítulo dedicado a la "Fase de la infancia" dentro del tomo titulado La razón en el sentido común.

Santayana utilizaba este argumento para explicar que el progreso no consiste simplemente en cambiar, sino en retener lo aprendido; si una persona o sociedad no guarda sus recuerdos, su experiencia es fluida pero no acumulativa, volviendo siempre a un estado de infancia.

La obra de Santayana demuestra la progresiva madurez de su pensamiento, cuyos trabajos fundamentales, además del anterior, fueron:
El sentido de la belleza, en 1896
Interpretaciones sobre poesía y religión, en 1900
Tres poetas filósofos, en 1910, dedicado a Lucrecio, Dante y Goethe
Vientos de doctrina: estudios sobre la opinión contemporánea en Estados Unidos, en 1920
Soliloquis, en 1922
Escepticismo y fe animal, en 1923
Diálogos en el limbo, en 1926
Platonismo y vida espiritual, en 1927
La tradición corté acorralada, en 1931
Algunos cambios conceptuales en la filosofía moderna, en 1933
El último puritano, novela de 1936 que fue un éxito de ventas
Los reinos del ser, en 1941
Dominaciones y potestades, en 1951

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Los cuatro grandes ámbitos filosóficos de Santayana son la materia, el espíritu, las esencias y la verdad, que constituyen los "reinos del ser" (Realms of beign).

La doctrina filosófica de Santayana es el Materialismo, sin las connotaciones metafísicas tradicionales y con un carácter metódico y fundante. Sobre el estudio de la materia fue fundamentando su pensamiento sobre el que elevarlo hasta llegar al estudio de las esencias, la vedad y el espíritu.

Reivindicó el valor del Materialismo griego, alejado del reduccionismo del Positivismo anglosajón del siglo XIX que tuvo que estudiar siendo joven. Ofrecía un sentido renovador al concepto de naturaleza, que presentaba como paradigma de toda sabiduría, sin las interpretaciones racionalistas y cientifistas de los filósofos occidentales.

Para Santayana, Materialismo y Naturalismo se identifican siempre en ausencia de los reduccionismos contemporáneos a que fueron sometidos. Con estas ideas respondió a la crisis de "fin de siglo", pero considerando los valores más altos de la tradición occidental. Por eso, la materia, que es el primero de los "reinos del ser" crea a los otros reinos del ser, en un proceso de autorreferencia. Proponía un Realismo materialista que fuese coherente y correspondiente.

La materia debía estar definida por estas cuatro características generales:

1. subsistencia, alejada de cualquier subjetivismo o traducción antropológica, al estilo del Humanismo retórico tradicional. Sólo estableciendo la debida distancia entre el sujeto humano y la naturaleza material podría darse una relación equilibrada entre ambos.

2 causa última de todas las cosas como principio de existencia. En la naturaleza viven los dioses y los hombres y es principio de toda acción y reflexión.

3. sistémico, articulado por relaciones y conexiones, que debe ser descubierto por la investigación humana, especialmente por la ciencia. Pero Santayana, que reconocía los límites del conocimiento científico, proponía impulsar la investigación simbólica del universo.

4. potencialidad, derivada del carácter activo, dinámico y transitivo. Entroncaba así la materia con la temporalidad que caracteriza a todos los seres y que otorgaba a la existencia una constante trágica, amenazada por el riesgo y la desaparición.

El Materialismo de Santayana estaba en conciliación con su preferencia por los valores ideales y espirituales y exigía un difícil equilibrio en el tratamiento de los problemas filosóficos. Este Idealismo fue conducido por su formación cristiana y su temperamento español. Para una correcta argumentación se basó en la materia y en la fe animal.

La materia es un elemento biológicamente primario y afirmación inconclusa primordial en la actividad de toda ser, pero en el hombre está abierta a ámbitos inmateriales. La fe animal en la materia no debe intentar dar razón de la inmensa riqueza espiritual de la existencia, definido por "reinos del ser".

En su obra Scepticism and animal faith, publicada en Nueva York, en 1923, describió su Escepticismo metódico:
"Mediante el sentido común se concibe la experiencia como el efecto que el impacto de las cosas externas produce sobre el hombre cuando es capaz de retenerlo y recordarlo."

Esto da una idea de la precariedad de todo ser humano para el conocimiento, por lo que el sentido común acepta toda posibilidad de conocimiento sin pretender dogmatizarlo. Por el contrario, reconocía las limitaciones que su origen material impone a toda actividad espiritual.

FRASE DE GEORGE SANTAYANA

Su obra La vida de la razón. Fases del progreso humano, que publicó entre 1905 y 1906, condensa la base de su filosofía materialista y naturalista.

El punto de partida es la razón, considerada como prolongación del impulso vital del animal humano modificado por la actividad reflexiva. El reino de la materia es el origen de cualquier consideración, pues constituye la matriz y fuente de todo los demás. La naturaleza es madre universal de toda acción y conocimiento, y la razón aparece como fenómeno específico de la misma en el ser humano. Por eso, el desarrollo del hombre en la historia de las instituciones humanas (ciencia, arte, sociedad, religión), coincide con la vida de la razón, a través de tres grandes etapas:

1ª. fase prerracional, dominada por el predominio de los impulsos, los instintos y los hábitos, siempre considerados como buenos mientras sean naturales.

2ª. fase racional, donde los impulsos e instintos son modelados por la razón, en la que se corre el peligro de el imperativo de la razón se imponga sobre los impulsos naturales, promoviendo el desequilibrio de la sociedad.

3ª. fase postracional, trata de modelar los excesos de la razón llevada a sus últimas consecuencias, introduciendo exigencias propias de la imaginación.

Santayana justificaba el espíritu como dominio independiente de la materia y, por lo tanto, libre de sus condiciones espacio-temporales:
"Este mundo de la expresión libre, esta corriente de sensaciones, pasiones e ideas que perpetuamente se encienden y apagan la luz de la conciencia, lo llamo Reino del espíritu. Sólo por amor a esta vida libre vale la pena alcanzar la comprensión de lo material y el conocimiento de los hechos. Para una criatura viviente, los hechos no son sino instrumentos; su vida lúdica es su verdadera vida. En sus días de trabajo, cuando está atento a la materia, es sólo su propia sirviente, que prepara el festejo. Se convierte en su propio dueño en sus días de fiesta y en sus pasiones deportivas. Entre esta deben contarse la literatura, y la filosofía y todo lo del amor, religión y patriotismo que no constituye un esfuerzo para sobrevivir materialmente. En tales formas de entusiasmo se da una gran dosis de afirmación; pero lo que atestiguan no es realmente el carácter de los hechos externos de que se trate, sino tan sólo los usos espirituales hacia los cuales los orientan el espíritu."

La dirección emprendida desde esta óptica explica la importancia que Santayana concedió a la religión y su interés personal. Su sentido expresar el destino del hombre y su lugar en el cosmos, mediante imágenes míticas y poéticas. Esto implica conceder sus derechos a la imaginación, aunque siempre atenida a las condiciones naturales que le sirven de sustento. Así, Santayana introducía en su sistema filosófico un Supernaturalismo que no rechaza al Naturalismo de base, sino que se complementa. Por eso, en The genteel tradition et bay, de 1931, afirmó:
"Este mundo sobrenatural casi tangible es sólo el resto de la naturaleza, la naturaleza en sus verdaderas profundidades y en su verdadera infinitud."

LA VIDA DE LA RAZÓN, POR GEORGE SANTAYANA

Las esencias son el resultado de la situación del hombre en el mundo como observador, pues adopta los hechos materiales que encuentra a sus facultades de observador. En este sentido, hay una voluntad permanente en todo hombre a superar el atenimiento fáctico a lo material mediante el concurso de las ideas, producto inmediato de su mente que intuye esencias, que son ideales. Así se establece una dicotomía entre el reino de los hechos y el reino ideal de las esencias, con total independencia uno del otro. Esta tendencia le permite al hombre superar su condición espaciotemporal, dotándole de una gran libertad espiritual de movimientos. Los hechos, o cosas materiales, cuando son percibidas a través de las esencias quedan despojadas de toda vinculación existencial, permitiendo ascender a la paz espiritual.

El reino de las esencias no es el reino de la verdad. Según Scepticism and animal faith, las esencias son:
"simplemente el catálogo no escrito, prosaico e infinito de todos los caracteres que poseen al existir tales cosas, conjuntamente con todos los caracteres que todas las cosas diferentes poseerían si existieran."

Las esencias no desembocan en un conocimiento del mundo, pero permiten extender el mismo más allá de una primera y superficial perspectiva. Presupone una renuncia al compromiso existencial primario y abren el acceso a una paz espiritual, que Santayana identificaba con la filosofía.

La problemática planteada por el reino de las esencias conlleva a la cuestión del conocimiento y el reino de la verdad. Esto es así porque la intuición, al ser de esencias u no de cosas reales, propicia al error en el conocimiento de la naturaleza. Para que esto no ocurra, hay que delimitar el campo infinito de las esencias, acotándolo respecto de aquella que se realizan en la existencia real.

La posesión de la verdad absoluta es "incompatible con el estar vivo", pues estar vivo es gozar de una perspectiva, y "la verdad absoluta no puede descubrirse justo porque no es una perspectiva". Más ampliamente:
"Un observador, que forma parte del mundo que observa, debe tener una particular situación en él; no puede estar igualmente cerca de todo, ni ser interior a nada, salvo a sí mismo; del resto sólo puede obtener perspectivas, abstraídas de acuerdo a su sensibilidad y estilizadas según sus intereses."

OBRAS DE GEORGE SANTAYANA

Las únicas verdades posibles para el hombre son verdades parciales que establecen desde perspectivas determinadas. Cuando esas verdades están controladas por la experiencia, dan lugar al conocimiento; este es una creencia fundada en hechos exteriores y:
"surge merced a un movimiento de la persona que se abre a los seres circundantes o responde a los mismos de modo que estos se convierten en sus objetivos de atención, y al mismo tiempo una correspondencia apropiada tiende a establecerse entre estos objetos y las circunstancias que se elaboran bajo su influencia."

Esto presupone la fe animal, y es posible acceder a él, lo que convierte al conocimiento en ciencia natural. Esto supone una fe en el objeto descrito y en la sustancia que lo constituye, entendido como algo subsistente por sí mismo. Así, la vida animal del hombre forja el conocimiento científico de los objetos, que constituyen la única descripción válida de la materia.

En su obra, Santayana ya no se ocupaba de la ciencia en proporción a la importancia que le condecía, aunque era el aspecto central de su pensamiento. El intento de conciliar la relación entre ciencia y religión fue un problema del Modernismo filosófico en la crisis de final de siglo XIX.

Su Materialismo de base exigía valorar adecuadamente el conocimiento científico. Para él es una manifestación suprema de la imaginación como facultad cognoscitiva fundamental. Desde este punto de vista, la ciencia es una expresión ejemplar del destino trágico del hombre, ya que sus verdades son relativas y temporales en que se expresa la unión entre esencia y existencia. En este sentido, la ciencia es producto, como cualquier otro producto humano, de fe animal y está asentada en el Escepticismo.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA


Los inventos del siglo XIX conllevaron un cambio radical en la vida de las personas. En la tecnología empezaron a darse los primeros pasos de la telegrafía eléctrica, los inicios de la telefonía y la aparición de la radio.

España posee un grupo de ingenieros que fueron pioneros en estas tecnologías de la comunicación: Agustín de Betancourt y Juan José Lerena en telegrafía óptica, Francisco Salvá y José María Mathé en telegrafía eléctrica y Julio Cervera en la radiofonía inalámbrica.

TELEGRAFÍA Y RADIOFONÍA ESPAÑOLA

1. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE AGUSTÍN DE BETANCOURT

Ingeniero civil y militar Agustín de Betancourt fue uno de los ingenieros mecánicos más relevantes e influyentes de Europa entre finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Fue precursor de la primera máquina de vapor de doble efecto en la Europa continental por tanto, de la Termodinámica de fluidos, y había innovado una multitud de máquinas y tratados industriales, globos aerostáticos, y se destacó en la ingeniería industrial y el planeamiento urbanístico.

En cuanto a comunicaciones, su sistema telegráfico óptico desarrollado en París en 1795 fue superior que se estaba implantando en la República de Francia por Claude Chappe. Su telégrafo ganó el dictamen favorable de un comité de científicos enviado por el Directorio de la República, formado por Borda, Charles, Coulomb, Delambre, Lagrange, Laplace y Prony. Estos elogiaron la precisión, economía y rapidez en la transmisión de mensajes en las pruebas realizadas. Quedó patentado en la obra Memoria sobre un nuevo telégrafo y algunas ideas sobre la lengua telegráfica (Mémoire sur un nouveau télégraphe et quelques idées sur la langue télégraphique), publicada en 1797.

En 1800, fue inaugurada la primera línea española de telegrafía óptica entre Madrid y Aranjuez, compuesta por cuatro torres telegráficas: Palacio del Buen Retiro, ermita del Cerro de los Ángeles (Getafe), Cerro Espartinas (Valdemoro) y monte Parnaso (Aranjuez). La decisión del secretario de Hacienda dejó al proyecto de la construcción de torres de telégrafos en suspensión.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR AGUSTÍN DE BETANCOURT

2. SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO APLICADO

El médico, físico y meteorólogo, Francisco Salvá y Campillo fue uno de los primeros científicos en realizar estudios sobre la electricidad aplicada a la telegrafía. En 1804, presentó a la Real Academia de Ciencias de Barcelona el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia, gracias al cual consiguió transmitir información a gran distancia, aprovechando la aparición de la pila voltaica y la descomposición del agua.

Para él y otros científicos, el telégrafo era considerado como la primera tecnología de comunicaciones realmente rápida y global. Tenía la visión de que el descubrimiento de la electricidad permitiría la emisión de mensajes a largas distancias a través de algún sistema telegráfico. Por eso, a finales del siglo XVIII, Salvá realizaba experimentos con cargas eléctricas en movimiento siendo director de la sección de electricidad en la Academia barcelonesa.

Así, tras varios años de ensayos y pruebas, en 1795, publicó La electricidad aplicada a la telegrafía. En esta memoria establecía las basas de la telegrafía eléctrica del futuro, dejaba obsoletos los sistemas telegráficos óptico y acústico que se desarrollaban en Europa y avanzaba conceptos sobre la telegrafía inalámbrica y submarina.

El telégrafo eléctrico Salvá necesita un cable de conducción eléctrica para cada una de las letras y números a transmitir en el mensaje, así como otro correspondiente de retorno. Cada uno de los cables está unido a un electrodo, inmerso en tubo de vidrio lleno de agua acidulada. Los segundos electrodos que hay dentro de cada uno de esos tubos están unidos al conductor de retorno. Cuando Salvá aplicaba electricidad a uno de los cables conductores, se producía en el otro extremo una electrólisis, y este efecto generaba burbujas de gas en el correspondiente tubo emitiendo hidrógeno, que señalaba la letra transmitida. Por tanto, el transmisor utilizaba la electricidad que le proporcionaba una pila voltaica y el receptor estaba basado en la descomposición del agua.

No existían bombillas, ni electroimanes, todo estaba aún por inventar en este campo, por lo que utilizar un receptor electroquímico como indicador era lo más adecuado y práctico para la época. El operador iba anotando secuencialmente los tubos que borboteaban para registrar el mensaje.

Este procedimiento fue relativamente incómodo en la transmisión y dificultoso en el reconocimiento de las señales. El hecho de que no tuviese ninguna posibilidad de desarrollarse de forma práctica fue debió a la complejidad de su estructura, puesto que necesita 35 cables para la transmisión.

Aunque no pudo comercializarse o implantarse en España, su sistema telegráfico fue el primer telégrafo eléctrico práctico de la historia de la ciencia. Su reconocimiento ha sido comprobado por el Institut of Electrical and Electronic Engineers, gracias a la colaboración del profesor Antonio Pérez Yuste de la Universidad Politécnica de Madrid.

Abrió el camino a la comunicación eléctrica en Europa y encontró un gran número de imitadores. El físico italiano Guillermo Marconi reconoció el valor de los descubrimientos de Salvá.

SISTEMA TELEGRÁFICO ELÉCTRICO POR FRANCISCO SALVÁ

3. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JUAN JOSÉ LERENA

Marino, diplomático e ingeniero militar, Juan José de Lerena y Barry destacó por desarrollar un sistema de telegrafía óptica que ponía la telegrafía civil al servicio del Estado, paso necesario para la llegada del telégrafo eléctrico. Este fue uno de los primeros sistemas de comunicación en España como los que había en los principales países de Europa.

Su telégrafo óptico diurno y nocturno fue presentó en Cuba ante una comisión de la Real Marina española en 1829, a bordo del navío Soberano. El sistema fue aceptado y valorado de forma positiva para una posible implantación en la España peninsular.

En 1830, se encontraba en la Corte de Madrid sirviendo como director de la Red Nacional de Telégrafos. Allí realizó pruebas de su sistema telegráfico mediante señales visuales que se podían observar con anteojos de larga distancia.

En 1831, reinauguró la primera línea de telégrafos Madrid-Aranjuez. Partía desde la Torre de los Lujanes en la plaza de la Villa, pasaba por otras dos torres ubicadas en el Cerro de los Ángeles en Getafe y el Cerro de Valdemoro, y la última torre estaba en el Monte Parnaso junto al Real Sitio de Aranjuez. En realidad, se trataba de reabrir una línea telegráfica formada por el ingeniero Agustín de Betancourt en 1800 que cayó en desuso durante la Guerra de la Independencia.

En los sucesivos años, fue ampliando la red de telégrafos ópticos conectando los Reales Sitios con la Corte de Madrid. En 1832, la segunda línea conectaba Madrid con La Granja de San Ildefonso, después con El Pardo y Rijofrío.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO POR JUAN JOSÉ LERENA


4. SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ

En 1844, el gobierno de Ramón María Narváez aprobó un real decreto para la instalación de un sistema telegráfico de ámbito nacional. El Ministerio de Fomento dirigió el concurso al que se presentaron cuatro proyectos, resultando ganador el del ingeniero militar José María Mathé, por adecuarse mejor a las características técnicas.

El novedoso sistema de telegráfica óptica Mathé se basaba en líneas de torreones que conectasen las principales ciudades de la España peninsular. Sobre el piso superior de cada torreón se instalaría el aparato telegráfico Mathé, que constaba de un bastidor vertical con un travesaño móvil llamado brazo indicador. Este indicador podía adoptar diversas posiciones angulares, controladas desde el interior de la torre mediante un sistema de poleas, cuerdas y palancas. Cada posición del indicador corresponde a un número o letra, que significaba un mensaje concreto y prestablecido previamente, codificado y explicado en un diccionario de códigos secreto. Y cada combinación de posiciones podía formar frases completas. Los temas del código eran de interés estatal a cerda de la familia real, el Ejército español, el orden público, la administración, el gobierno, etc.

Una vez que una torre telegráfica emisora anunciase una posición, comenzaba la lectura de la siguiente torre repetidora situada a unos 10 kilómetros de distancia aproximadamente, utilizando unos prismáticos o catalejo de larga visión. Y esta repetiría la señal a la siguiente, y seguiría el proceso durante la línea hasta la torre receptora final.

Siendo director de la Red Telegráfica española, entre 1846 y 1850, se construyeron tres líneas telegráficas de ámbito nacional: la primera línea Madrid-Irún, pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria, Tolosa y San Sebastián; la segunda Madrid-Valencia-La Junquera, conectaba Cuenca, Sagunto, Benicasim, Castellón, Tarragona y Barcelona; y la tercera Madrid-Cádiz unía Ciudad Real, Córdoba y Sevilla. En 1849, publicó en Barcelona el Diccionario y tablas de transmisión para el telégrafo militar de noche y día.

SISTEMA TELEGRÁFICO ÓPTICO DE JOSÉ MARÍA MATHÉ


6. RED TELEGRÁFICA ELÉCTRICA ESPAÑOLA

A mediados del siglo XIX, el sistema telegráfico óptico de Mathé se estaba quedando obsoleto, pues en algunos países de Europa se estaba implantando otro de tipo electrónico y conectado con cables suspendidos. Pero resultaba más eficiente, rápido y barato. El sistema Morse utilizaba impulsos eléctricos para transmitir el código de puntos y rayas, el cual fue utilizado por la administración española durante más de cien años.

Por real decreto de 1852, el Ministerio de Fomento encargó la implantación del sistema de telegrafía eléctrica de cables suspendidos en la línea Madrid-Irún. La Dirección General de Caminos, Canales y Puertos, al mando de José María Mathé, se encargaría de materializar el proyecto, que contaba con un presupuesto de 1.544.720 reales.

La red nacional de telegrafía eléctrica en España se fue implantando entre 1854 y 1863. La primera línea conectaba Madrid con Guadalajara, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Bilbao e Irún. Después, se ejecutaron las líneas Madrid-Extremadura y Madrid-Cataluña. Posteriormente, la red de telegrafía eléctrica se fue ampliando en forma de "estrella" el con centro en la capital, y enlazando con las líneas francesas y portuguesas, permitiendo la comunicación con los gobiernos de París y Lisboa. Tuvo una utilidad pública, a diferencia del anterior que era de exclusividad estatal, y los nuevos usuarios terminaron siendo periodistas, empresarios y políticos, además de militares.

La antigua Red Telegráfica Española fue sustituida por la nueva Dirección General de Telegrafía, cuyo director continuaba siendo Mathé. Además, fundó el Cuerpo de Telégrafos, cuyos operarios aprenderían unas reglamentaciones para el buen uso de la red, y publicó el nuevo Diccionario telegráfico, en 1858.

SISTEMAS TELEGRÁFICOS ESPAÑOLES


7. PRIMER TELEGRAMA ELÉCTRICO

El telégrafo que inventó Samuel Morse en Estados Unidos tenía por objetivo la transmisión de mensajes a largas distancias en poco tiempo. Este avance resultó decisivo para que los telegrafistas pudieran enviar un mensaje en código Morse a la estación de destino que, a su vez, se encargaba de descifrarlo. El primer telegrama en Estados Unidos se envío el 24 de mayo de 1844. Su texto decía: "What God has brought" (Lo que nos ha traído Dios). La facilidad con que se establecían las comunicaciones, que salvaban la larga espera de las cartas, hizo que el invento triunfara en los países de Europa.

En España, la primerea usuaria fue la reina Isabel II, que envió un telegrama en la Línea Madrid - Irún el 8 de noviembre de 1854, uniendo las ciudades de Guadalajara, Calatayud, Zaragoza, Pamplona y San Sebastián. El texto era un discurso de la reina por el que quedaban inauguradas las Cortes Constituyentes durante el bienio progresista.

El furor causado por este nuevo invento hizo que en abril del año siguiente se aprobara la construcción de una red telegráfica que uniría todas las capitales de provincia. Canarias quedó fuera por las dificultades técnicas, siendo en la década de 1880 cuando llegó el telégrafo a través de un cable enviado entre Cádiz y Santa Cruz de Tenerife.


8. PRIMER SISTEMA TELEFÓNICO

El 16 de diciembre de 1877, se efectuaría la primera comunicación telefónica en España, concretamente en Barcelona. Fue una conversación mantenida entre la antigua Ciudadela militar de Barcelona y el Castillo de Montjuic, para lo cual se instaló un tendido de los correspondientes cables.

Diez días después, Gerona y Barcelona quedaron unidas también por cables telefónicos, instalando junto al trazado ferroviario. Se iniciaba la instalación de los primeros aparatos de teléfono.

La Compañía Dalmau e Hijos fue la encargada de la fabricación de los primeros aparatos de telefonía. Sus primeros usuarios fueron las redacciones de periódicos y revistas y las grandes empresas, para más adelante ser adoptado por los particulares.

Otro hito importante fue la publicación de un artículo en la revista Crónica científica por Narcís Freixa, explicando el innovador sistema de comunicación de Graham Bell, convirtiéndose en uno de los pioneros de la divulgación telefónica a la sociedad.


9. SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA

Julio Cervera fue el ingeniero y comandante del Ejército español que inventó el primer sistema técnico de radiotelefonía de voz inalámbrica, es decir, la primera radio. Su patente fue registrada el 22 de marzo de 1902 ante el ante el notario Antonio Turón y Biscá, y fundó la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos en Madrid.

Estuvo trabajando en Londres durante tres meses con el ingeniero italiano Guillermo Marconi y con su ayudante George Kemp hasta finales de 1899. En diciembre de ese mismo año, tras resolver las dificultades técnicas de su investigación, obtuvo sus primeras patentes de la telefonía sin hilos.

Durante los años 1901 y 1902, mantuvo emisiones regulares de voz sin cables entre Tarifa y Ceuta durante tres meses consecutivos, así como entre Jávea e Ibiza, estableciendo el segundo y tercer servicio regular en la historia de la radiotelegrafía mundial. Era la primera máquina telegráfica sin hilos capaz de transmitir la voz humana.

El primer sistema regular de transmisión inalámbrica fue puesto en marcha por Marconi en 1898 entre la isla de Wight y Bournemouth. Cierto es que Marconi inventó la telegrafía sin hilos antes que Cervera, demostrando su eficacia en diciembre de 1901, pero se trataba de una telegrafía para transmitir señales, no sonidos. Es por ello que, Cervera desarrolló la radio once años antes de que lo hiciese Marconi, el cual no trabajó en la radio hasta 1913. Esto le convierte en el pionero indiscutible de la radiotelefonía en el mundo entero.

SISTEMA DE RADIOTELEFONÍA INALÁMBRICA DE JULIO CERVERA


10. PRIMERAS CADENAS RADIOFÓNICAS

Aunque hubo experimentos de transmisión radiofónica en diversas ciudades europeas y estadounidenses, en España la radio se remonta al 14 de noviembre de 1924, cuando se fundó Radio Barcelona, a la que siguieron Radio Asturias de Oviedo y Radio Unión de Madrid. Estas emisoras se fundaban en cumplimiento del decreto del año anterior en el que el gobierno estableció el monopolio de las estaciones radioeléctricas.

Con el paso del tiempo, la radio adquirió una fama inusitada hasta el punto en que Radio Nacional de España se fundó en plena Guerra Civil, en 1937, con el objetivo de mantener informados a los españoles regularmente con una línea editorial oficialista.