ESCEPTICISMO FILOSÓFICO DE FRANCISCO SÁNCHEZ


Francisco Sánchez fue médico renacentista y filósofo que cultivó la corriente del Escepticismo. Su obra fundamental para el resurgimiento del Escepticismo como método de pensamiento es Quod nihil scitur, publicada en 1576, que ha sido ampliamente traducida y reeditada.

ESCEPTICISMO FILOSÓFICO DE FRANCISCO SÁNCHEZ

Francisco Sánchez, llamado el Escéptico, nació en Tuy, en 1550. De madre portuguesa, fue judío converso bautizado en Braga. Su padre, el médico Antonio Sánchez, se trasladó a Francia y se estableció en Burdeos. Allí comenzó sus estudios en el Colegio de Guyenne, que continuó en Roma. Se graduó en la escuela médica de Montpellier en 1573, tras haber sido ayudante de Huchet.

A los 24 años, obtuvo cátedra en la Universidad de Montpellier, hasta que las guerras de religión le hicieron refugiarse en Toulouse. Allí ejerció la medicina, siendo profesor de la facultad de Medicina de su Universidad de Toulouse.

Como filósofo estudió la fenomenología de la probabilidad, llegando a ser un figura antiaristotelista, de importancia excepcional en la Historia de la Filosofía internacional. Así lo declaró en el prólogo a su obra filosófica más ambiciosa, De multum nobili et prima universali scentia (Del más noble y universal primer saber), ser un adversario del Aristotelismo y del argumento de autoridad.

francisco sánchez escéptico filosofía medicina
ESCUDO DE ARMAS DE FRANCISCO SÁNCHEZ
QVOD NIHIL SCITVR
RETRATO FRANCISCO SÁNCHEZ

Representante de la corriente filosófica denominada Escepticismo, tuvo relación con Michel de Montaigne, que era pariente suyo. También ejerció una fuerte influencia en René Descartes, aunque este es un aspecto muy discutible. Su obra capital para el resurgimiento del Escepticismo como método de pensamiento es Quod nihil scitur (Que nada se sabe). Fue publicada en 1576 en Lyon, ha sido ampliamente traducida y reeditada, y recientemente se ha elaborado una magnífica edición crítica.

En Quod nihil scitur negaba la adecuación entre el entendimiento y lo conocido, y dividía las operaciones del conocimiento según sean el objeto lo externo, las operaciones internas o una operación mixta de lo externo e interno. Propugnó el examen directo de cualquier realidad antes de tenerla como tal, sometiendo los datos de la experiencia al análisis y crítica del juicio, si bien el conocimiento, para él, sólo puede alcanzar los accidentes, no las pretendidas esencias de las cosas. La única realidad cognoscible es el mundo externo.

CASA EN LA QUE VIVIÓ FRANCISCO SÁNCHEZ EN TOULOUSE
PORTADA DE OPERA MEDICA
PHILOSOPHI ET MEDICI DOCTORIS

La filosofía de Sánchez, anticipando la crítica de David Hume, se detuvo en una Fenomenología de la probabilidad, ya que el conocimiento humano, meramente probable, sólo lo es de apariencias, de fenómenos. En esto, como en su exigencia de método, se mostró como un claro precursor de René Descartes.

Las primeras páginas del Discurso del método de Descartes son tan parecidas al prólogo de Sánchez de 1576 y la obra cartesiana se parece tanto en lo inicial a la del español que Pierre Daniel Huet acusó al gran filósofo francés de haberle plagiado la "duda metódica". Descartes admitió haber leído Quod nihil scitur, si bien la influencia fue más de oposición que de imitación.

Según escribió Francisco Sánchez:
"Es innato al hombre querer saber; a pocos les fue concedido saber querer; a menos, saber. Y a mí no me cupo suerte distinta a la de los demás."
Explicaba Sánchez que su capacidad de conocer nunca fue desarrollada como a tantos hombres, y como en los antiguos no encontró más que "sombras de verdad". Tuvo que volver a sí mismo, como si nada se hubiera dicho jamás, empezando a examinar las cosas mismas.

Como Descartes, Francisco Sánchez se dirigió a quienes no están obligados a admitir argumentos de autoridad y examinan las cosas con su propio criterio, guiados por los sentidos y la razón. No prometió la verdad, pues la ignoró. Animaba al lector:
"Tú mismo la perseguirás, una vez que sea de alguna manera descubierta y sacada de su escondrijo, mas no esperes atraparla nunca ni poseerla a sabiendas; bástete lo mismo que a mí: acosarla."

RETRATO DE FRANCISCO SÁNCHEZ
QVOD NIHIL SCITVR
ESCULTURA DE SALVADOR VARATA FEYO

Sánchez dependió muy directamente de la tradición escéptica de Pirrón (Sexto Empírico, Adversus Mathematicos), que aparece también en los Ensayos de Michel de Montaigne.

El resto de su obra es bastante escasa y nunca ha sido editada en España (excepto un breve opúsculo, por la Catedral de Tuy), pero sí en Portugal, aunque de forma incompleta.

En un Tractatus philosophici, de 1649, se reunieron sus comentarios críticos contra Aristóteles antes aisladamente publicados: De divinatione per somnum, ad Aristotelem e In librum Aristotelis Physiognomicon commentarius. También un De longitudine et brevitate vitae liber y, según Moreri, un Tractatus de anima que no se ha conservado.

Escribió un Carmen de cometa anni M.D. LXXVII (Canción del Cometa de 1577), con la que combatió con mucha erudición la superchería astrológica. Su obra como médico fue recogida en Opera médica, de 1636. Se editó además en el siglo XX su Carta a Clavius, ed. in Gregorianum, en 1940.

UNIVERSIDAD DE TOULOUSE
RETRATO DE FRANCISCO SÁNCHEZ

CATALINA DE ERAUSO MONJA ALFÉREZ


Catalina de Erauso fue monja y militar que luchó en la Guerra de Arauco, en 1619, donde ganó gran fama por haber recuperado una bandera española arrebatada por los indios. Fue conocida como la Monja Alférez.

Este personaje femenino fue uno de los más controvertidos del Siglo de Oro español, generando más de un debate entre la intelectualidad del momento, pero consiguió ganarse el respeto y admiración de muchos que la consideraron una heroína.


En la actualidad sigue siendo una fuente de inspiración para escritores, dramaturgos, directores de cine y artistas plásticos tanto españoles como extranjeros. Literatos el mundo anglosajón la denominaron Lieutenant Nun.

Catalina Erauso Guerra Arauco Monja Alférez
CATALINA DE ERAUSO

Nacida en San Sebastián en 1592, Catalina de Erauso y Pérez Galarraga era hija del militar Miguel de Erauso y de María Pérez de Gallárraga y Arce. A los cuatro años fue internada en el convento de San Sebastián el Antiguo, del que una tía suya era la priora, donde pasó su niñez y su adolescencia, llevando una austera vida monacal de oración y disciplina.

Sin embargo, su carácter inquieto y rebelde no era muy apropiado para la vida enclaustrada. Tras una pelea con una novicia, en la que recibió varios golpes, fue encerrada en su celda de la que escapó disfrazada de campesino, marchándose del convento para siempre en 1607. 

Ya no abandonó su disfraz, su identidad desapareció. Siempre vestida como un hombre y con el pelo cortado a manera masculina, adoptó nombres diferentes, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso. Su aspecto físico le ayudó a ocultar su condición femenina ya que fue una mujer de gran estatura, más bien fea y sin unos caracteres sexuales femeninos muy marcados. Pedro de la Valle escribió sobre ella que "no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron...". También se escribió que nunca se bañaba, y que debió adoptar comportamientos masculinos para así poder ocultar su verdadera identidad.

busto escultura Catalina Erauso Orizaba Sebastián
BUSTO DE CATALINA DE ERAUSO

Pasó entonces a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida, hasta que llegó a Valladolid, y de nuevo, a Bilbao. Finalmente, llegó a Sanlúcar de Barrameda, y se embarcó trabajando como grumete en uno de los grandes navíos de la Carrera de Indias que traen a España la plata extraída de las minas americanas. Curiosamente, el patrón de esa nave era Esteban Eguiño, tío de Catalina, aunque aquel nunca reconoció a su sobrina.

Desembarcó en Araya (Venezuela) y marchó a Cartagena (Colombia). En América desempeñó diversos oficios, primero trabajó en Trujillo, más tarde, llegó a Lima, en el Virreinato del Perú, donde se alistó como soldado bajo el mando de distintos capitanes

En 1619, viajó a Chile, donde, al servicio de la Monarquía hispánica, participó en diversas guerras de conquista. En la Guerra de Arauco contra los mapuches, consiguió ganarse la fama de valiente y hábil con las armas, estacada en el combate y sin revelar que era una mujer. Durante una batalla, en un acto de valor heroico recuperó la bandera, que les habían arrebatado. En este lance recibió tres flechazos y una lanzada, por los mapuches, así como el grado de alférez por sus mandos. 

Así relató su hazaña:
"Llegándoles socorro, nos fue mal y nos mataron mucha gente y capitanes, y a mi alferéz, y llevaron la bandera. Viéndola llevar, partimos tras ella yo y dos soldados de a caballo por medio de gran multitud, atropellando y matando, y recibiendo daño: en breve cayó muerto uno de los tres. Proseguimos los dos. Llegamos a la bandera, cayó de un bote de lanza mi compañero. Yo recibí un mal golpe en una pierna, maté al cacique que la llevaba y quitésela, y apreté con mi caballo, atropellando, matando e hiriendo a infinidad, pero malherido y pasado de tres flechas y de una lanza en el hombro ixquierdo, que sentía mucho."
CATALINA DE ERAUSO EN LA GUERRA DE ARAUCO

Catalina descubrió que uno de sus mandos militares era su hermano Miguel de Erauso, el cual no consiguió reconocerle pues tenía dos años cuando él marcho a América. Por otra parte, ella no reveló su identidad, pero si que le estuvo comentando que era de su misma ciudad y sobre de conocidos y lugares comunes. Miguel acogió a Catalina en su tropa, persuadido de tener junto a sí a un paisano, además con notables virtudes militares.

Durante estos años se vio envuelta en numerosas peleas y disputas. Fue amante del juego, los caballos y el galanteo con mujeres como era normal entre los soldados españoles de la época. Pronto se ganó la fama de duelista arbitrario y peligroso espadachín. En Argentina fue condenada a muerte por un duelo en el mató a su contrincante. Ya en el cadalso y con la soga al cuello, fue dada orden de liberación por haber confesado los falsos testigos que habían provocado su detención.

En la ciudad de Concepción, actuó como padrino de un amigo durante uno de esos duelos. Tras el intercambio de golpes su amigo y su contrincante cayeron heridos al mismo tiempo. Según el protocolo, los padrinos continuaron el combate, Catalina tomó su arma y se enfrentó al padrino rival, hiriéndole de gravedad. Moribundo, éste dio a conocer su identidad, sabiendo entonces Catalina que se trataba de su hermano Miguel de Erauso. Sólo pudo huir.


Esperanza Roy Catalina Erauso película monja alférez
CATALINA DE ERAUSO

Continuó enrolada en los campos de batalla de Chile y Perú, en Tucumá, Potosí, La Plata, Cochamba, Cruzco, Huamanga...

En otra ocasión, estando en la ciudad peruana de Huamanga en 1623, fue detenida a causa de una disputa. Para evitar ser ajusticiada, se vio obligada a pedir clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole además que no podía ser ajusticiada por ser mujer y que había escapado hacía ya bastantes años de un convento. 

Ella misma lo narró así:
"Señor, la verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana, que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui al tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a para en los presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima."

Asombrado, el obispo determinó que un grupo de matronas la examinarían, comprobando que no sólo era mujer, sino virgen. Tras este examen y la demostración de tan extraordinario arrojo, recibió el apoyo del eclesiástico, quien evitó que Catalina fuese castigada por ejercer una falsa identidad e instalándola en el convento de Santa Clara de Huamanga, con el hábito correspondiente, bajo su tutela. 

VIAJE DE ERAUSO AL PERÚ

El asunto llegó a oídos de la Corte, donde se interesan, no por la monja Catalina, sino por el heroico alférez de la Guerra de Arauco. 
En traje de civil, regresaba embarcada en la Armada del general vascongado Tomás de Larraspuru, natural de Azcoitia, que había prestado extraordinarios servicios a España limpiando de piratas el mar Caribe.

Fue recibida con honores por el rey Felipe IV, sorprendido gratamente por la historia de la donostiarra. El llamado "Rey Planeta", le confirmó su graduación y empleo militar, la llamó "monja alférez", autorizándola además a emplear su nombre masculino y le concedió una pensión de ochocientos escudos de renta. 

El memorial que dirigió Catalina al rey para solicitar su ayuda comenzaba con estas palabras:
"Señor: el alférez doña Catalina de Erauso, vecina y natural de la villa de San Sebastián, privicia de Guipúzcoa, dice: que en tiempo de diez y nueve años a esta parte, los quince ha empleado en servicio de Vuestra Majestad en las guerras del reino de Chile e indios del Perú, habiendo pasado a aquellas partes en hábito de varón, por particular inclinación que tuvo de ejercitar las armas en defensa de la fe católica y emplearse en servicios de Vuestra Majestad."
Algo más tarde, mientras su nombre y aventuras se extendían por Europa, Catalina viajó a Roma, quizás para arreglar de la mejor forma posible su extravagante situación personal. El papa Urbano VIII, le recibió en audiencia, escuchó su historia y le autorizó, de forma excepcional, a continuar usando su vestimenta de hombre, pero sin reincidir en más delitos y alborotos. 

De esta forma lo escribió:
"Partí de Génova a Roma. Besé el pie a la Santidad de Urbano VIII, y referíle en breve y lo mejor que supe mi vida y correrías, mi sexo y virginidad. Mostró Su Santidad extrañar tal cosa, y con afabilidad me concedió licencia para proseguir mi vida en hábito de hombre, encargóme la prosecución honesta en adelante y la abstinencia de ofender al prójimo. Hízose el caso allí notorio, y fue notable el confuso de que me vi cercado: personajes, príncipes, obispos, cardenales."
CATALINA DE ERAUSO EN LA GUERRA DE ARAUCO

También fue recibida por varios cardenales. Uno de ellos, el italiano Magallón, que no debía de sentir gran simpatía por los españoles, le dijo tras conocer sus aventuras que no tenía más falta que ser español, a lo que respondió la guipuzcoana:
"A mi me parece señor, debajo de la corrección que se debe a Vuestra Señoría Ilustrísima, que no tengo otra cosa buena."
Las jornadas italianas de Catalina, en efecto, fueron de fama y agasajo. Hasta que un día se cansó y marchó a Nápoles para embarcar de regreso a España. Su presencia en Nápoles también suscitó admiración. Paseando por el puerto de aquella ciudad, comentó en sus memorias que unas jovencitas acompañadas de unos mozalbetes quisieron burlarse de ella diciéndole: "Signora Catalina, dove si cammina?"; a lo que ella respondió: "A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas."

Durante esta tranquila etapa, ella misma escribió o dictó sus propias memorias El memorial de los méritos y servicios del alférez Erauso, que hoy se encuentran en el Archivo de Indias. 


Pero su espíritu inquieto y aventurero no conoció reposo. En 1630, la monja alférez viajó de nuevo a América y se instaló en el Virreinato de Nueva España, probablemente en la ciudad de Orizaba en el estado de Veracruz, donde regentó un negocio de arriera o transporte de mercancías entre México y Veracruz. 

A partir de 1635, poco se sabe de su vida, salvo que murió en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla, quince años más tarde. Sin embargo, tampoco se conocen las causas de su fallecimiento, pues unos dijeron que fue asesinada, otros que murió sola entre sus asnos en los altos de Orizaba, otros que en un naufragio transportando una carga en un bote, y otros que se la había llevado el diablo.

Ferrer Montalbán Historia monja alférez Catalina Erauso
HISTORIA DE DOÑA CATALINA DE ERAUSO CONTADA POR ELLA MISMA

Este personaje femenino fue uno de los más controvertidos del Siglo de Oro español, por enrolarse en la milicia española que conquistaba América del sur haciéndose pasar por un hombre. Cuando su identidad fue delatada, generó más de un debate entre la intelectualidad española del momento, pero consiguió ganarse el respeto y admiración de muchos que la consideraron una heroína española.

Fue un caso de anormalidad evidente, el juicio moral fue tan flexible como nítido: si aquella mujer no podía ser mujer, que viviera como hombre, pero llevando una conducto honesta; si aquel soldado merecía recompensa, que la disfrutara, aunque fuera una mujer; si aquel delincuente había obtenido el perdón real y absolución papal, sus delitos quedaban enjuagados, pero con la condición de no reincidir.

Las memorias de Catalina fueron publicadas bastante tiempo después en París en el año 1894, por una traducción del poeta francés José María de Heredia con ilustraciones del artista español Daniel Urrabieta Vierge.

En 1784, Juan Bautista Muñoz descubrió la biografía de tan peculiar señora; tras caer en manos del científico Joaquín María Ferrer fue publicado en París, en 1829, con el título Historia de la monja alférez, doña Catalina de Erauso, escrita por ella mismay traducida a varios idiomas.

LIEUTENANT NUM

A continuación se tradujeron a varios idiomas y se hicieron versiones del tema. En el mundo anglosajón fue conocida con el nombre de Lieutenant Nun (Monja Teniente). Quizás la versión más famosa fue la idealizada por Thomas De Quincey. El escritor inglés cayó en la fascinación por la vida de Catalina en su novela The Nautico-Military Nun of Spain, escrita en el siglo XVIII. En ella, Catalina es una heroína romántica, una mujer hermosa, un genio de la espada. Mucho de cuanto se cuenta el este libro es difícil distinguir la realidad de la ficción, de él surgieron adaptaciones, así como obras de teatro, zarzuelas y películas. En sus memorias confesó alguna aventura lésbica, como cuando una ventera la sorprende "andándole a la hija entre las piernas". En 1972, fue publicada de nuevo en inglés con el título The Ensign Nun.

En la actualidad sigue siendo una fuente de inspiración para escritores, dramaturgos, directores de cine y artistas plásticos y de igual forma ha sido fuente de inspiración de múltiples análisis y trabajos académicos intentando explicar su compleja personalidad. Entre las novelas más destacadas están: Mar brava. Historias de corsarios, piratas y negreros españoles, de Gerardo González de Vega (Ediciones B, 1999); La monja alférez. La juventud travestida de Catalina de Erauso, de Ricard Ibáñez (Devir, 2004); ambas publicadas en Barcelona.

El cine descubrió al personaje en 1943 cuando Emilio Gómez Muriel dirigió a la actriz mexicana María Félix, la Doña, en el papel de Catalina. La película La Monja Alférez fue producida por la compañía cinematográfica mexicana CLASA Films.

En 1986, Javier Aguirre retomó la historia con Esperanza Roy interpretando a La Monja Alférez.

LA MONJA ALFEREZ

DESCUBRIMIENTO DE LAS ISLAS BERMUDAS POR JUAN BERMÚDEZ


Marino de finales del siglo XV y principios del XVI, Juan Bermúdez pasó a la historia de la geografía por descubrir las islas Bermudas en 1505. Un archipiélago ubicado en el océano Atlántico Norte frente a la península de la Florida y al norte de las islas caribeñas de Puerto Rico y República Dominicana.

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DESCUBRIMIENTO DE LAS ISLAS BERMUDAS POR JUAN BERMÚDEZ

Juan Bermúdez nació en Palos de la Frontera, provincia de Huelva, en 1450. Perteneciente a una familia con tradición marinera, desde joven fue reuniendo una buena experiencia en las artes marinas. Así, desde los años 1495 y 1519, durante los primeros años de la colonización de América, había viajada once veces en la ruta oceánica como piloto o maestre. Este hecho significa que en veinticinco años cruzó el Atlántico, en uno u otro sentido, en veintidós ocasiones, toda una marca no superada por ningún otro marino europeo de los siglos XVI y XVII de los que se conserve información.

El primero de aquellos viajes fue el del descubrimiento de América por Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492. En aquel hecho trascendental de la historia de la Humanidad, estuvo embarcado en La Pinta, carabela de Marín Alonso Pinzón, su hermano Diego Bermúdez estuvo en la Santa María. También tomó parte del segundo de los viajes colombinos al Nuevo Mundo, partiendo el 23 de abril de 1493 desde Cádiz.

Su experiencia recabada en la ruta atlántica le permitió comprar su propia carabela, Garza, y encabezar desde 1495 varios viajes con el objetivo de transportar personas, animales, mercancía y pertrechos a los asentamientos que se iban estableciendo en las Indias.

archipiélago Bermudas mapa ubicación
ISLAS BERMUDAS

Desde comienzos del siglo XVI, Juan Bermúdez participó en los llamados "viajes menores" o "viajes andaluces", que tuvieron lugar entre 1501 y 1509. En uno de ellos trajo preso al conquistar Alonso de Ojeda.

Pero la expedición por la que Juan Bermúdez pasó a la historia de los descubrimientos geográficos de la tierra fue el que inició en julio de 1505 en la ciudad de Sevilla, sede central de la Carrera de Indias. Partió al mando de su carabela Garza con el objetivo de transportar vituallas y pertrechos a las bases españolas de las Indias. Fue una travesía sin contratiempos que, tras pasar por las Canarias y en la caribeña Guadalupe, terminó en el puerto de La Española cumpliendo su con cometido.

En su viaje de regreso no se dirigió rumbo noreste hacia Azores, como era habitual entre los marinos predecesores, sino que una tormenta arrastró su barco hacia un fuerte corriente marina en dirección norte, impulsando la nave hasta los cuatro nudos en paralelo a las costas de la península de Florida. Era la corriente del Golfo (Gulf-Stream), atribuida su descubrimiento a otro marino de Palos de la Frontera, Antón de Alaminos. Cuando llevaba unos días de navegación a través de esta corriente, Bermúdez alcanzó un grupo de islas con evidente riesgo para la navegación. Aquel archipiélago fue bautizado como islas Garza, en reconocimiento a su carabela. Lo habitual entre expedicionarios de su época era dedicar el hallazgo a su rey, a su ciudad, a algún santo o a su nombre o apellido. La historia quiso que más tarde fuesen reconocidas aquellas islas como las de Juan Bermúdez, y de ahí terminó en islas Bermudas.

A pesar de que Bermúez reclamó esta tierra como parte del Imperio español, la expedición no pudo desembarcar debido a su barrera natural de arrecifes, que ponían en serio riesgo de hacer encallar a la embarcación. Además, una serie de sonidos provocados por pájaros autóctonos (petrel de Bermudas) y otros animales hicieron pensar que estaba habitada por demonios, ganándose el nombre de isla de los Diablos entre la marinería.

Se tratan de un grupo más de 150 islas situadas frente a la costa atlántica de los Estados Unidos, la más grade de ellas recibe el nombre de Gran Bermuda. El año más probable del descubrimiento de este archipiélago es el de 1505.

mapa islas Bermudas arrecife
ISLAS BERMUDAS

En la crónica de Indias que publicó Pedro Mártir de Anglería en 1511, Legatio Babylonica, ya aparecía representada una isla llamada La Bermuda en el Atlántico.

Continuó la actividad mercantil entre ambos continentes, navegando en dos carabelas de su propiedad, la Santa Cruz y la Santa María de la Antigua, comprada en Portugal en 1512. Entre sus colaboradores estuvieron el piloto Juan Rodríguez Mafra, también de Palos de la Frontera, y Juan Martín Pinzón, hijo de Martín Alonso Pinzón.

En uno de sus últimos viajes, el de 1512, regresó a este archipiélago, pero debido al mal tiempo tampoco pudo poner pie a tierra. Así lo relató su cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés en el Sumario de la Natural Historia de las Indias, publicado en 1526.

Juan Bermúdez murió en su villa natal en 1520.

Bermuda mapa Legatio Babylonica
LEGATIO BABYLONICA

TRES INSTITUCIONES PROMOTORAS DE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA


Los principios ilustrados del Siglo de las Luces se difundieron en la sociedad española a través de tres instituciones: las Sociedades Económicas de Amigos del País, la Reforma universitaria y prensa periódica.

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TRES INSTITUCIONES PROMOTORAS DE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA

La Enciclopedia francesa define al Ilustrado como aquel "que pisoteando todo prejuicio, tradición, consenso universal, autoridad, en una palabra, todo lo que esclaviza a la mayoría de las mentes, se atreve a pensar por sí mismo".

Ahora bien, los filósofos y escritores no fueron los únicos artífices del florecimiento de la Ilustración. Junto a ellos estuvieron simpatizantes, viajeros, científicos, militares, comerciantes de libros, editores de periódicos, profesores universitarios, etc., que formaban una extensa red a través de la cual las nuevas ideas se difundieron por la sociedad española del siglo XVIII, tanto en la España peninsular como en las provincias de ultra mar.

Políticos, empresarios, artistas, científicos, aristócratas, filósofos, etc. estuvieron implicados en el desarrollo de la Ilustración y la razón como método de conocimiento. 
A pesar de los grupos conservadores, los ilustrados dejaron dejaron a un lado a la Iglesia y su pensamiento católico, y rompieron con las concepciones tradicionales y reaccionarias con respecto a la moral y la ética de siglos anteriores.

Este cambio de mentalidad fue el paso previo a la Nación liberal, moderna y constitucionalista que surgiría a principios de siglo XIX con la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812.

Los principios ilustrados se difundieron en la tradicional sociedad española especialmente a través de tres instituciones: las 
Sociedades Económicas de Amigos del País, la Reforma universitaria y la prensa periódica.

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CARLOS III Y LAS SOCIEDADES ECONÓMICAS ILUSTRADAS


1. LA PRENSA PERIÓDICA

El desarrollo de la prensa científica o literaria fue acompañado de la aparición de una prensa polémica y de opinión que invitó al debate público sobre los temas candentes de actualidad y que muchas veces se convirtió en la vanguardia más crítica de la todavía atrasada sociedad española.

Los ideales partían de sus filósofos y pensadores, pero fue importante la labor de difusión de los comerciantes de libros y editores de periódicos.


2. LA REFORMA UNIVERSITARIA

La Universidad fue reformada a fondo, gracias en parte a la expulsión de los jesuitas que acaparaban la mayoría de las cátedras. Se innovaron las materias y disciplinas a impartir y se introdujeron modernos métodos pedagógicos, aunque lo más importante fue que el control universitario pasó a estar en manos del Estado, así como los colegios mayores y el sistema de provisión de becas. La creación de academias científicas y colegios superiores, como los Reales Estudios de San Isidro, completaron la reforma en este campo.


Carlos III pretendía reducir las atribuciones del Santo Oficio, impulsar la reforma interna de la Iglesia, acabar con determinadas formas de religiosidad popular y con el poderío económico, despojarle del control sobre la enseñanza superior, someterle a la política oficial, recortar los poderes de la Inquisición a través del Real Patronato y recortar su jurisdicción. Se le prohibió editar libros sin licencia real.

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INSTITUTO SAN ISIDORO


3. LAS SOCIEDADES ECONÓMICAS AMIGOS DEL PAÍS

Las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País fueron una de las instituciones más originales y más representativas del movimiento ilustrado en la España de la segunda mitad del Siglo XVIII. Fueron implantadas en España, Irlanda y Suiza en el marco de las ideas de la Ilustración, a imagen y semejanza de las de Inglaterra o Francia.

Surgidas en los círculos culturales como organismos no estatales, tenían como fin promover el desarrollo económico y científico, estudiando la situación de cada una de las provincias y buscando soluciones a sus problemas. Se encargaron de impulsar la agricultura, el comercio y la industria, y de traducir y publicar las obras extranjeras que apoyaban las ideas de la Fisiocracia y el Liberalismo.

Contaban con licencia real para constituirse y reunirse. Fueron fundadas y participadas por los sectores más dinámicos de la sociedad: aristócratas, administradores públicos, eclesiásticos, comerciantes, artesanos, etc.

La primera sociedad de ilustrados fue la Real Sociedad Económica Bascongada, fundada en 1765 por un grupo de aristócratas guipuzcoanos conocidos como los Caballeritos de Azcoitia.

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CASA Y TORRE LOS LUJANES

El éxito de los ilustrados vascos indujo, en 1774, al gobierno de Pedro Rodríguez Campomanes, de proponer la creación de sociedades económicas, con los mismos fines que la vascongada, a las principales ciudades de España. Estos fines y planes de acción fueron recogidos en los Discursos, uno de los testimonios mayores del espíritu del Reformismo borbónico. Estas instituciones debían analizar la situación económica de su territorio, proponer las reformas pertinentes y ocuparse de la formación profesional de los agricultores y los artesanos. Pero estas reformas debían respetar las estructuras básicas de la propiedad agraria y de la jerarquía social, y el modelo de crecimiento propuesto no debía cuestionar el sistema económico propio del Antiguo Régimen.

La propuesta Campomanes encontró una respuesta entusiasta, entre 1775 y 1789, se fundaron más de setenta Sociedades Económicas, que se dispusieron a secundar de la mejor manera posible los deseos del gobierno.


La más importante de estas instituciones fue la madrileña Sociedad Matritense, cuyas sesiones contaron con la participación de algunos de los más notables intelectuales de la época, como Francisco de Cabarrús o Gaspar Melchor de Jovellanos. Sus estatutos sirvieron de modelo a la mayor parte de las restantes; sus escuelas de hilados para niñas fueron imitadas en muchos otros lugares; y sus memorias e informes alcanzaron un alto grado de calidad y penetración en asuntos de relevancia.

Dentro de su marco institucional, la mujer fue incorporándose a las actividades reformistas, a través de la creación de la Junta de Damas de Honor y de Mérito. Algunas de las más relevantes impulsoras fueron la duquesa de Alba, la condesa de Benavente o la condesa de Montijo. La aragonesa Josefa Amar y Borbón destacó como promotora de la educación femenina, convirtiéndose en una de las figuras más relevantes de la entidad.

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SEMINARIO DE VERGARA

DERECHO PENAL MODERNO POR ALFONSO DE CASTRO


Teólogo, jurista y humanista franciscano, Alfonso de Castro fue un miembro de la Escuela de Salamanca, consejero real de Felipe II y reformador del código penal moderno. Ha sido considerado como uno de los fundadores del Derecho de Gentes, junto a Francisco de Vitoria, y de la ciencia del derecho penal, cuyas ideas dejó en su obra De potestate legis poenalis.

DERECHO PENAL MODERNO POR ALFONSO DE CASTRO

Alfonso de Castro era natural de Zamora donde nació en 1495. A los quince años entró en el convento de San Francisco de Salamanca. Estudió teología y filosofía en las Universidades de Salamanca y de Alcalá de Henares. En la de Universidad de Salamanca enseñó teología por espacio de unos treinta años, siendo además un miembro de su escuela escolástica. Junto a Carvajal y a Vitoria, fue uno de los principales eruditos que se encargaron del renacimiento de la teología española.

Viajó por casi toda Europa tomando cuenta de las necesidades sociales, y de la psicología de los pueblos, sus instituciones y costumbres. Durante su carrera profesional, llegó a ser teólogo, jurisconsulto, escriturista, sacerdote, y hasta consejero real. Destacó por su independencia de pensamiento frente a los grandes teólogos a los que admiraba y pero disidiendo de ellos cuando lo consideraba oportuno, con gran libertad intelectual. La defensa de la fe, necesidad del momento, ocupó su vida y sus escritos más difundidos.

En 1530, viajó junto al emperador Carlos V como consejero personal suyo para ayudarle en su coronación en Bolonia como emperador del Sacro Imperio Germano Romano. También viajó a los Países Bajos, donde predicó a los mercaderes españoles y debatió con los luteranos. Allí preparó su obra más conocida, Adversus omnes haereses.

De regreso a Salamanca, se dedicó a la denunciar los abusos que favorecían la herejía, tanto en el clero como en el pueblo. En esta ciudad publicó, en 1547, De justa haereticorum punitione, en el que justificaba la pena de muerte, incluso con los herejes.

CONCILIO DE TRENTO

En 1545, asistió al Concilio de Trento, acompañó al cardenal Pachero, obispo de Jaén, y cinco años más tarde regresó a las sesiones tridentinas enviado por el emperador Carlos V. Durante la 4ª sesión discutió sobre Sagrada Escritura, señalando los defectos de traducción de la Vulgata. En sesiones posteriores defendió la conveniencia de las versiones vernáculas, la inspiración, la justificación de las obras, y habló del pecado original. Redactó un ejemplar del Decreto de los Libros Canónicos.

En 1548, fue nombrado definidor de Zamora. Y en 1553, fue requerido como consejero real y director espiritual de Felipe II, a quien acompañó a Inglaterra, durante su matrimonio con María Tudor. Junto con el dominico Bartolomé de Carranza, se dedicó a predicar para restablecer la unidad de la Iglesia católica. En el reino anglosajón fue consultado en los asuntos importantes del Imperio y dictó su parecer, según lo creía justo, sea contra el rey o contra el papa. Pasó a Amberes, donde continuó su labor de predicador apasionado con católicos y protestantes.

En 1557, fue designado por el rey para dirigir la sede arzobispal de Santiago de Compostela, pero murió antes de tomar el cargo, durante el tránsito, en Bruselas, en 1558.

ALFONSO DE CASTRO Y FRANCISCO DE VITORIA

Alfonso de Castro publicó obras importantes, editadas repetidas veces, en las que muestra una gran entereza e independencia de criterio ante autores y escuelas.

Su primera gran obra es Adversus omnes haereses, que fue escrita a petición de los comerciantes españoles de Flandes para combatir a los herejes y publicada en París, en 1534. Es una descripción y crítica de más de 400 herejías, expuestas en orden alfabético, que habían surgido en la Iglesia desde tiempos de los apóstoles. Fue su obra más difundida por la cual recibió el pseudónimo de "azote de herejes". Se reeditó una decena de veces en dos décadas por los principales países de Europa. En 1712, fue traducida al francés por Hermant y adaptada al verso castellano por Andrés de Olmos.

La obra que más fama le aportado es De potestate legis poenalis, publicada en Salamanca, en 1551. Gracias a la cual ha sido considerado como uno de los fundadores del Derecho de Gentes, junto a Francisco de Vitoria, y de la ciencia del derecho penal.

Estableció un sistema de penas según su naturaleza y fin, y su relación con el delito, doctrina que aplica a las leyes penales que obligan en conciencia. Demostró que las leyes penales imponían obligaciones a los súbditos, clasificando las penas en intrínsecas (si privan de un bien al sujeto que las padece), o extrínsecas (en riquezas, honores, parientes, patria, etc.).

Esencia de la pena es ir contra la voluntad de quien la sufre, y castigar delitos cometidos por quienes la sufren. Y distingue cuatro clases de leyes penales:
1. las que establecen las penas en general
2. las que determinan la pena que ha de aplicarse
3. las que determinan la pena de cada delito, pero cuya aplicación queda a cargo del reo
4. las aplicadas automáticamente al reo

Al aplicar las penas el legislador debe procurar que no excedan en gravedad a la culpa, y los jueces deben ser benignos con faltas leves, o templar la severidad del castigo en las graves. Debe evitarse la pena de muerte, limitándose a delitos muy graves o que dañen mucho a la sociedad. Atenuó el castigo por motivos de edad, pobreza, condición personal del juez, etc.


De potestate legis poenalis es un estudio científico de extraordinaria importancia, reeditada varias veces, por el que Alfonso de Castro ha sido llamado por penalistas civiles "padre y fundador del Derecho Penal".

DE POTESTATE LEGIS POENAILS

Destaca también De iusta haereticorum punitione, publicada en Salamanca en 1547. Basándose en la teología y el derecho, Alfonso de Castro intentó marcar un punto medio justo entre la condena ciega y punitiva y la perdonanza cobarde y blanda que debía sentenciar al hereje. Además, explicaba las maneras de reconducir al hereje hacia la verdadera fe, las penas del "contumaz" y las causas sociorreligiosas de las herejías.

A estas obras, recogidas en la última edición de Madrid 1773, hay que añadir otras menos difundidas: De validitate matrimonii Henriqui VIII el Catharinae y un comentario al profeta Isaías, no publicado. Sus libros teológicos revelan una personalidad vibrante y audaz, siempre en la ortodoxia, no están exentos de imprecisiones señaladas por la crítica.

También publicó homilías sobre salmos, y escribió informes o dictámenes sobre cuestiones teológicas o jurídicas que le propusieron Carlos V o el Concilio de Trento, como la validez del matrimonio de Enrique VIII de Inglaterra con la reina Catalina de Aragón, temas referentes a problemas de América, intervenciones en el Concilio, etc.