HISTORIOGRAFÍA PATRIÓTICA DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN


Militar, político e historiador, Fernán Pérez de Guzmán fue el arquetípico del aristócrata letrado y humanista, probablemente el mejor representante de la Literatura patriótica de retratos del siglo XV. Su principal obra historiográfica, Generaciones y semblanzas se caracteriza por la penetración psicológica del carácter de los personajes, por la influencia del Estoicismo de Séneca, por el estilo moralista, por la objetividad y veracidad.

HISTORIOGRAFÍA PATRIÓTICA Y SENEQUISTA DE PÉREZ DE GUZMÁN

Fernán Pérez de Guzmán nació en 1376 en Batres, Madrid. Fue sobrino del historiador, poeta y estadista Pedro López de Ayala y tío del poeta y militar Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, ambos muy relacionados con la Corte de Castilla, y discípulo y amigo del humanista y obispo Alonso García de Cartagena. Estos tres eruditos estuvieron muy bien conectados con la Corte de Castilla en diferentes épocas.

Sirvió al rey Enrique III de Castilla como embajador en Aragón. Después tomó parte en la batalla de La Higueruela, en la sierra de Evira, al mando del condestable Álvaro de Luna contra el Reino nazarí de Granada. En este encuentro salvó la vida al capitán Pero Meléndez de Valdés. Fue defensor de la legitimidad monárquica de Fernando de Trastamara en Aragón tras el Compromiso de Caspe en 1412, pero fue encarcelado por Juan II de Castilla durante una temporada. Cuando fue liberado, después de haber llevado una agitada vida como político y militar, se retiró en su señorío de Batres, donde se dedicó al estudio y la lectura hasta su muerte en 1460.

Su gran mentor fue el humanista hispanojudío Alfonso de Cartagena, quien le introdujo en la corriente del Estoicismo de Séneca y a quien le dedicó una elegía póstuma llamada Coplas a la muerte del obispo de Burgos. Pero antes, Cartagena ya le había dedicado el Oracional, con el que proponía edificarse religiosamente tras su conversión al Cristianismo. En este escrito, Cartagena puso de relieve los méritos de la oración desinteresada que estaba demostrando Pérez de Guzmán y a la que "nada mueve e inclina sinon fe e devoción".

A dicha preocupación, Pérez de Guzmán trató sin duda de responder el discípulo de Cartagena cuando, al escribir sus Coplas a él dedicadas, exclamaba:

Aquel Séneca expiró
a quien yo era Lucio,
la facundia y alto estilo
de España con él murió.

Así que non solo yo,
mas en España alto son,
debe plañir su Platón
que en ella resplandeció.

La yedra so cuyas ramas
yo tanto me delectaba;
el laurel de aquellas flamas
ardientes del sol tempraba,
a cuya sombra yo estaba;
la fontana clara y fría
donde yo la gran sed mía
de preguntar saciaba…

La dedicatoria es interesante, no sólo por lo que revela de las relaciones personales entre los dos humanistas, sino por esa asunción voluntaria de la actitud de Lucio frente a su señor, a quien identifica con Séneca en el trato mutuo y en su significación para España.

ALFONSO GARCÍA DE CARTAGENA Y LUCIO ANNEO SÉNECA

Como gran admirador que fue del filósofo Lucio Anneo Séneca, la filosofía estoica está presente en toda su erudición. De hecho, tradujo o mandó traducir las Epístolas morales de la versión italiana de Ricardo Petri. Sus Proverbios, Floresta de philosophos y Libro de Job son también moralizantes y ejemplarizantes. En concreto, la Floresta de los philosophos es una colección de sentencias de autores clásicos, sacadas la mayor parte de ellas de Séneca, inédita hasta 1904.

Además del estoico hispanorromano, estuvo influenciado por humanistas italianos como Dante Alligheri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio y aprendió el idioma italiano. La lectura de la Divina comedia de Dante, le proporcionó una inspiración para desarrollar su obra didáctica y moral y podrían ser el primer poeta en difundir el pensamiento de Dante en España.

Pérez de Guzmán es el más claro representante del Renacimiento humanista español y arquetípico del aristócrata letrado de su época. Está plenamente integrado dentro de esa categoría literaria de exaltación nacional llamada Literatura de retratos, a la que pertenecen los primeros humanistas del Renacimiento. Incluso puede ser el más preclaro exponente de esta literatura patriótica del siglo XV que inició Alonso García de Cartagena. Sus tres grandes obras de este género fueron:

Generaciones y semblanzas, en prosa proto humanística

Loores a los claros varones de Castilla, en lírica moral y didáctica

GENERACIONES Y SEMBLANZAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Las Generaciones y semblanzas es una de las obras cumbre de la historiografía y la prosa biográfica del humanismo castellano, escrita en 1450. Es una recopilación de treinta y cinco semblanzas, es decir retratos biográficos breves, de los cortesanos más importantes de su tiempo, incluyendo reyes como Enrique III y Juan II, reinas, nobles y altos prelados de la corte de Castilla, la mayor parte de los cuales conoció en persona.

Su valor historiográfico reside en la exposición íntima y subjetiva de la política castellana del siglo XV, alejándose de la alabanza excesiva para ofrecer retratos más humanos y realistas. Por eso, está considerada la primera colección de biografías modernas escrita en castellano, influenciada por modelos clásicos como Suetonio o Plutarco, y por la obra de su tío Pedro López de Ayala.

Esta obra forma parte originalmente de una crónica más extensa titulada Mar de historias, publicada en varias ocasiones durante el siglo XVI. Esta obra ampliada estaba formada por tres partes: la primera es una colección de retratos de emperadores y príncipes; la segunda otra colección de retratos de sabios y santos; y la tercera es esta misma colección Generaciones y semblanzas. Es esta tercera parte la única atribuida a Pérez de Guzmán.

GENERACIONES Y SEMBLANZAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Generaciones y semblanzas destaca por abandonar el estilo medieval de las crónicas generales para centrarse en el retrato psicológico y físico de individuos concretos. Cada semblanza está estructurada en este orden: 1. Descripción física; 2. Rasgos morales y carácter; 3. Hechos destacados de su vida; y 4. Circunstancias de su muerte.

Gracias a esta obra, el historiador Marcelino Menéndez y Pelayo le consideró el primer prosista del siglo XV, pues se trata de una prosa renacentista perfectamente equilibrada y clásica.

Por tanto, dicha historiografía se caracteriza por la penetración psicológica del carácter de los personajes, por el patriotismo literario de los mismos, por el Estoicismo senequista, y por el estilo moralista, rasgos en Pérez de Guzmán a los que hay que añadir la objetividad y veracidad.

Así, en el prólogo, señaló que estas virtudes de objetividad y veracidad de la semblanza debían ser las siguientes:

1. Discreción, sabiduría y buena pluma

2. Presencia y testigo del relato que se narra o utilización del testimonio de personas de total fiabilidad

3. Publicación de la obra tras la muerte del rey vigente al objeto de escribir la verdad sin temor a represalias

Aquí no sólo refleja la deontología propia del historiador, sino también el carácter ejemplificador y altamente moral de la misma. Si el historiador no fuese veraz, el daño moral que de esta habría de seguirse hubiese sido en consideración. Los reyes y los príncipes, clementes y liberales, como lo es la gloria o fama que de estos se sigue. Lo mismo ocurriría con los caballeros, que se ejercitan en la lealtad a los reyes, la defensa de la patria y la amistad con los suyos, virtudes que les llevan a desafiar la muerte y la ruina por la fama que comportan. Y en la misma circunstancia se vieron los sabios y letrados que escribían libros, impugnados a los herejes y acrecentando la devoción de los cristianos. Explica que:
"Todos estos, ¿qué fruto reportarían de tantos trabajos, faziendo tan virtuosos actos e tan útiles a la república, si la fama fuese a ellos negada e atribuida a los negligentes e viles, según el albedrío de los tales, non estoriadores, más trufadores? Por cierto seguirse hía de aquí un terrible daño: non digo el error de la mentira, nin la injuria de los que la fama merescen, mas, lo que más grave es, que los que por la fama trabajan, desesperados de la haber quedarían, e se retraerían de fazer obras e actos nobles e virtuosos: ca todo oficio tiene su fin cierto en que mira e entiende."

La objetividad o veracidad era la condición primaria y fundamental, pero Pérez de Guzmán unía otras virtudes: su penetración psicológica del carácter de los personajes que retrata; su severidad en la denuncia del mal; su natural mensura y templanza que no le llevó a extremar lo anterior; y la concisión y elegancia de su estilo.

LAS SETECIENTAS DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

En cuanto a su poesía, Loores a los claros varones de España, además de moral y didáctica, es conceptuosa y afectada de carga grecolatina, como era habitual en su tiempo. Fue escrita tras su destierro en Batres, como las Generaciones.

Su otra gran lírica fue Las Setecientas, impresa en 1492 y en sucesivas ocasiones durante el siglo XVI. Ejecutadas en forma de octavillas en estilo llano, es un análisis sobre las condiciones, virtudes y defectos del ser humano muy acorde a la filosofía senequista:

Tú, hombre que estás leyendo,
este mi simple tractado
nunca ceses comidiendo
cómo vivas más honrado.

Miémbrate que eres formado
de muy vil composición
y sin otra excusación
has de ser a ella tornado...


CENOTAFIO DE FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

No hay comentarios:

Publicar un comentario