PROBABILISMO MORAL CRISTIANODE DE BARTOLOMÉ DE MEDINA


Teólogo dominico Bartolomé de Medina fue definió por primera vez la doctrina del Probabilismo moral cristiano a través de su comentario Expositio in Primam Secundae, en 1577, incluido en la obra Suma Teológica de santo Tomás de Aquino. Una tesis que adquirió gran relevancia para el estudio de la teología durante un siglo.

Como miembro de la Escuela de Salamanca, investigó sobre las nuevas cuestiones morales aparecidos la actividad mercantilista y la macroeconomía moderna d el Renacimiento, aportando soluciones sobre la usura y los cambios monetarios, el emprendimiento y el comercio en la obra Tratado sobre la usura y los cambios.

PROBABILISMO MORAL CRISTIANO DE BARTOLOMÉ DE MEDINA

Bartolomé de Medina nació en Medina de Rioseco, Valladolid, en 1527.

En 1546, ingresó en la Orden de los Predicadores Dominicos, en el Convento de San Esteban. Estudió Filosofía y Teología en Ávila y Valladolid. Entre 1551 y 1553, se licenció en Teología en la Universidad de Salamanca, siendo discípulo de Francisco de Vitoria, Melchor Cano y Domingo de Soto, y compañero de Domingo Báñez.

Tras su paso por Salamanca, combinó su estudio personal con la estancia en otros conventos: en el Colegio de Santo Tomás de Alcalá, en el Convento de Santa María la Real de Trianos de León y en el Colegio de San Gregorio de Valladolid.

Regresó a la Universidad salmantina en el curso académico de 1565-1566. Aunque no era catedrático, impartía lecciones diarias de Teología escolástica en su Convento de San Esteban, sobre la Suma Teológica tomista (doctrina de santo Tomás). Fue denunciado por el agustino Juan de Guevara, catedrático de Vísperas de Teología de la universidad, acusándolo de permitir la asistencia a su clase de estudiantes que no pertenecían a su orden, algo prohibido en los estatutos universitarios. Y también el escritor místico fray Luis de León había presentado un recurso contra él por haber sido elegido sustituto de la cátedra de Prima de Teología. Por contra, encabezó una acusación ante el Tribunal de la Inquisición, junto a León de Castro, contra Luis de León y los catedráticos hebraístas Gaspar de Grajal y Martín Martínez de Cantalapiedra.

A pesar de estas dificultades, Medina gozaba de muy buena relevancia en la universidad y, en 1566, fue nombrado vicerrector aun cuando todavía no era miembro del claustro universitario. En 1569, sucedió a fray Mancio de Corpus Christi a cargo de la cátedra de Prima de Teología de la universidad, tras ganar la oposición. Durante 1575 y 1576, desempeñó la cátedra de Durando de la misma disciplina. Murió a finales de 1580.

COLEGIO DE SAN ESTEBAN DE SALAMANCA Y FRANCISCO DE VITORIA

Se le encuadra dentro de la corriente renovadora de la tradicional Escolástica que supuso la Escuela de Salamanca, un grupo de filósofos y juristas que consiguió aportar innovadas tesis en Derecho, Teología y Economía, en con Francisco de Vitoria al frente. Este movimiento intentó conciliar la doctrina del Tomismo con el nuevo orden económico que se estaba desarrollando durante el Renacimiento y la colonización de América.

La obra teológica y filosófica de Medina se limita a serie de comentarios englobados en los Comentarios a la Suma Teológica de Aristóteles y en la Summa teológica de Santo Tomás con gran originalidad. Algunos de los comentarios más destacados fueron Expositio in Primam Secundae Angelici Doctoris D. Thomae Aquinatis, publicada en 1577, o la Expositio in tertiam D. Thomae partem usque ad quaestionem sexagesiman. Otros comentarios se han conservado como lecciones académicas para sus alumnos.

A través de estas dos sumas teológicas, Medina pudo establecer las bases del Probabilismo moral cristiano. La tesis fundamental es que en la vida moral se puede seguir una opinión probable sine reprehensione et vituperatione, incluso cuando la opinión contraria sea más probable aún. Entonces, el criterio último no debe ser la verdad sino la seguridad de no elegir mal.

Según Medina, no hay un solo camino para hacer el bien, sino que debe de elegirse el que más probablemente lleve al bien:
"Si una opinión es probable, es lícito seguirla, aun cuando la opinión opuesta sea más probable."
(Si est opinio probabilis, licitum est eam sequi, licet opposita probabilior.)

Este principio moral es idéntico al principio esencial y característico del Probabilismo, y nunca antes de 1577 había sido enunciado por otro autor anterior. Sea cual fuere la intención con que medina definió este principio, está considerado el fundador del sistema moral probabilista.

Más adelante, explicaba lo que entendía por opinión probable, la misma que habían mantenido varios sabios y apoyada en buenos argumentos:
"Considero probable aquella opinión que los sabios sostienen y que los mejores argumentos confirman."
(Ea opinio probabilis est quam asserunt viri sapientes et conformant optima argumenta.)

EXPOSITIO IN PRIMAM SECUNDAE, POR BARTOLOMÉ DE MEDINA

La doctrina probabilista quedó fundada en su comentario Expositio in Primam Secundae, una de las más influyentes de la Teología moral moderna.

Su idea principal establece que una opinión es probable si está basada en dos tipos de principios:
1. intrínsecos: la existencia de argumentos o razones de peso a su favor
2. extrínsecos: el testimonio de hombres sabios

Esta posición fue explicada en la cuestión sobre los censos redimibles, que son aquellos en los que el comprador tiene la obligación de venderlos cuando convenga al vendedor, manteniendo la opinión probable de que es lícito comprarlos, pues:
"Se prueba en primer lugar porque se aprueba en las Extravagantes de Martín V y Calixto III más arriba citadas; también ha sido aprobado en el concilio de Constanza como dice Conrado en el capítulo Ad nostram, De emptione et venditione y en la ley Si fundum, De pactis inter emptorem et venditorem (principios extrínsecos). Y se prueba por la razón, pues si este contrato debiese ser rechazado lo sería al máximo porque huele a usura, pero es completamente ajeno a la usura, luego no a de ser rechazado (principios intrínsecos)."

La doctrina teológica del Probabilismo moral define un punto medio entre la conducta humana que se abandona a la pura arbitrariedad y se muestra desconectada de cualquier exigencia racional, y la aplicación rígida de los principios morales, en donde se anula la voluntad individual.

Esta tesis adquirió gran predicamento entre hermanos de su Orden de los Dominicos y fue mantenida durante décadas por sabios que se apoyaron en argumentos convincentes. Su amigo y hermano de orden Domingo Báñez la difundió ampliamente tras la muerte de Medina. Durante muchos años, fue enseñada como método práctico en los casos morales dudosos, no sólo por los dominicos españoles, sino también por los franceses, italianos y flamencos. La tesis probabilística fue prácticamente abandonada a partir de 1656, cuando el papa Alejandro VII condenó algunos textos de Medina por contener errores laxistas o falta de rigor dogmático, que fueron aumentando a 45 proposiciones censuradas diez años después.

TRATADO SOBRE USURA Y CAMBIOS, POR BARTOLOMÉ DE MEDINA

El Probabilismo fue utilizado por Medina como método de análisis para justificar la licitud de ciertas prácticas mercantiles y financieras, algunas de las cuales habían sido condenadas por concilios, bulas, etc., como prácticas usurarias. No se trataba de permitir todo tipo de comportamientos y prácticas, sino que sin caer en una ortodoxia extrema el teólogo dominico percibió la necesidad de ordenar las actividades mercantiles y financieras dentro de unos márgenes de actuación que no supongan ni un freno al emprendimiento ni generen injusticias hacia los más débiles.

Estas ideas quedaron expuestas en el Tratado sobre la usura y los cambios, que escribió junto a su compañero salmantino fray Mancio de Corpus Christi.

Los doctores de la Escuela de Salamanca habían recibido una tradición teológica y filosófica (encabezada por Aristóteles y santo Tomás) de difícil acomodo a las nuevas necesidades económicas surgidas a comienzos de la Edad Moderna. Aristóteles consideraba que los cambios eran abusivos y antinaturales, y santo Tomás mantenía que el comercio representa un cierto desorden porque persigue un afán de lucro como un fin.

Sin embargo, Medina concibió la importancia del creciente desarrollo del comercio y las actividades cambistas en su época, y que el tradicional pensamiento escolástico no debería ser un impedimento para su adecuado funcionamiento. Por eso, trató de encontrar una justificación por razón de necesidad de comerciantes y cambistas si es para el bien de la sociedad.
"El lucro, en las actividades profesionales de los cambistas, se justifica, más aún es algo que merecen en justicia, en compensación al servicio que prestan a la sociedad. Un servicio que se percibe como necesario, lo cual permite a estos autores descubrir la racionalidad, la justicia de la compensación recibida a cambio."

Medina persiguió la racionalidad de las actividades económicas, para lo cual trató de evitar cualquier prejuicio moral que perjudique el desarrollo de dichas actividades necesarias para el buen desarrollo de la república.

Con frecuencia trataba de dar solución a problemas que no han encontrado en el tratamiento sistemático una respuesta convincente. Es lo que intentó resolver en la cuestión de la práctica cambista consistente en entregar 410 escudos en Medina del Campo para recibir 360 en Flandes y, por el contrario, entregar 300 en Flandes para recibir en Medina 375. Parece que en estas prácticas cambistas hay una evidente desigualdad y, por tanto, una injusticia.

Medina no tuvo inconveniente en considerar inapropiadas o poco acertadas algunas ideas defendidas por sus maestros tales como Domingo de Soto, como tampoco tuvo reparos en tratar de justificar ciertas prácticas mercantiles y financieras para lo cual consultó a expertos cambistas. En cualquier caso la actitud de Medina no fue la defensa de estas prácticas sino del análisis minucioso, para advertir de determinados peligros como el establecimiento de un monopolio.

INDUSTRIA ARTILLERA DE BERNARDO ECHALUCE


Bernardo Echaluce fue general de división y ministro de la Guerra en 1882, comandante de la Capitanía General de Filipinas y gobernador militar de Manila en 1893, espía industrial e ingeniero del Cuerpo de Artillería, promotor de la siderurgia en España y de sistemas artilleros y municiones en la Fábrica Militar de Trubia

BERNARDO ECHALUCE Y JAUREGUI

Bernardo Echaluce y Jáuregui nació en Villarreal de Urrechua, Guipúzcoa, en 1830. Era hijo de Francisco de Echaluce y de Gregoria de Jáuregui. Francisco de Echaluce había nacido en Ezquioga, y siendo joven se integró en la guerrilla de Gaspar de Jáuregui durante la Guerra de la Independencia. Ascendió a mariscal de campo, obteniendo además la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo. Después, desempeñó el cargo de segundo cabo de la Capitanía General de las Provincias Vascongadas y fue ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, y murió en Vergara, en 1866.

Siguiendo la tradición familiar, a los catorce años, Bernardo Echaluce ingresó en el Real Colegio de Artillería de Segovia como cadete militar, en 1844. Cuando terminó su ciclo formativo obtuvo el rango de teniente y destino en Trubia, Principado de Asturias. Allí, Echaluce colaboraría con el mariscal de campo de Artillería, Francisco Antonio de Elorza y Aguirre, director de las fábricas militares de Trubia y Oviedo, y uno de los impulsores de la siderurgia. Por iniciativa de este guipuzcoano comenzaron a construirse las instalaciones del primer alto horno de España.

En 1848, Echaluce fue comisionado para ejecutar una expedición de espionaje industrial por diversos lugares de Europa, con el objetivo de estudiar los avances en la elaboración de cañones y piezas de artillería e introducirlos en las fábricas de España. Así, siendo nombrado capitán, primero estuvo estudiando Ciencias Naturales en París, después visitó establecimientos industriales y militares por las ciudades de Lieja, Viena, Londres y Châtellerault.

Tras terminar esta misión, fue designado para la organización del sistema de artillería y municiones de la isla de Mallorca.

FÁBRICA MILITAR DE TRUBIA

Después, regresó a su primer destino en la Fábrica Militar de Trubia, donde ya se había construido el primer horno llamado Daoíz, en 1848, y el segundo fue Velarde, al año siguiente. Allí se fabricaron cañones para la Real Marina española, en horno con reverbero y con molde de arena y polvo de cok.

De nuevo, Echaluce fue requerido para realizar otra misión con el objetivo de estudiar el armamento portátil que habían desarrollado otros países europeos. En Inglaterra, estuvo visitando establecimientos fabriles e investigando los adelantos de su maquinaria, y en Francia estudió la fabricación de corazas, siempre con la vista puesta en su implantación en la fábrica de Oviedo.

La aparición del rayado en las piezas de metal y el buen resultado de las experiencias realizadas en otros países europeos, llevaron a Echaluce a su implantación en España. Este sistema de fabricación de artillería fue desarrollado durante la Guerra de África entre los años 1859 y 1860. Inventó una espoleta de percusión que fue declarada reglamentaria y proyectó diversas armas portátiles.

Por los méritos y servicios prestados al Cuerpo de Artillería español, en 1868, fue ascendió a teniente coronel.

En 1872, comenzó la III Guerra Carlista, tomando parte como teniente coronel del Ejército constitucional. Sin embargo, el Cuerpo de Artillería fue disuelto, al año siguiente, con la instauración de la I República española, y reorganizado en 1873. Durante el resto del conflicto civil, actuó en esta unidad militar en operaciones del norte de España.

Tras el fin de este conflicto, en 1876, fue comisionado para la elección del arma portátil más conveniente para el ejército.

En 1882, Echaluce fue ascendido a brigadier y destinado al Ministerio de la Guerra. En 1892, fue ascendido a general de división y subsecretario del mismo Ministerio.

BERNARDO ECHALUCE Y JAUREGUI

Un año después, en 1893, fue nombrado general de la Capitanía de Filipinas y gobernador militar de Manila. Durante su gobernación, pasó a la zona de operaciones de la isla de Mindanao, donde se distinguió con gran éxito en la dirección de la lucha contra los rebeldes. En agosto de 1896, sofocó una sublevación contra insurrectos en San Juan del Monte.

Por sus actuaciones en el archipiélago, alcanzó la Gran Cruz de María Cristina, en 1897. Además de esta, durante su carrera consiguió la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo, la del Mérito Militar con distintivos rojo y blanco y la Encomienda de número de la Orden de Carlos III.

En 1898, pocos días antes del comienzo de la Guerra hispano-norteamericana, cesó en el mando de la Capitanía filipina, regresando a la España peninsular, y estableciendo su residencia en Madrid. Falleció en Valencia, en 1911.

BERNARDO ECHALUCE Y JAUREGUI