TEORÍAS ESPAÑOLAS SOBRE LA SOBERANÍA DEL ESTADO MODERNO


Desde inicios de la Edad Moderna, surgió en España una serie de doctrinas políticas que trataban de legitimar el poder y la soberanía del Estado. Influidos por el ambiente renacentista de la Europa de su tiempo, los tratadistas y juristas españoles se dispusieron a sentar las razones de Estado que legitimaban a la Monarquía y la defensa de la soberanía del pueblo.

Aquellas teorías fueron las del Pacto Originario, el Tiranicidio, el Absolutismo, el Tacitismo, el Príncipe Cristiano, el Consejo y el Regalismo.


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TEORÍAS ESPAÑOLAS SOBRE LA SOBERANÍA DEL ESTADO MODERNO

1. TEORÍA DEL PACTO ORIGINARIO

Desde el siglo XIV, el Pactismo se convirtió en una importante teoría política, mediante el cual se obligaba al monarca a jurar y respetar, previamente a su coronación, el ordenamiento jurídico interno.

En la Corona de Aragón, el pacto se forjó mediante el Privilegio General de 1283, aceptado por Pedro III, cuando juró los fueros, usos y costumbres aragonesas, ante la alta nobleza local, que aseguraba el pacto originario de la fundación de este reino peninsular, mediante el acuerdo entre los cristianos refugiados en el Pirineo y el encumbrado rey.

En las Provincias vascas y en Navarra, el pacto originario también fue propio desde su fundación. Fue originario en Vascongadas incluso en su pacto de vinculación con el Reino de Castilla. Desde el siglo XVI, tras una revisión foral, los guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos estaban convencidos de que su incorporación al Reino de Castilla había sido originado a través de un pacto, cuyas modificaciones deberían hacerse bilateralmente entre los representantes provinciales y los reyes castellanos. Esta es la teoría que apoyaron muchos historiadores de la época.

A principios de la Modernidad, surgieron varias teorías acerca del origen del pacto entre el rey y su comunidad humana.


Besamanos Fernando Católico vizcaínos pintura Francisco Mendieta
BESAMANOS DE FERNANDO EL CATÓLICO POR VIZCAÍNOS

Hacia 1600, el principal teólogo español, el jesuita Francisco Suárez desarrolló una teoría política por la cual toda comunidad humana, al constituirse como tal, recibía la autoridad de Dios y, mediante un pactum translations, esta se transmitía a un príncipe o a una corporación para que gobernase la misma. El pacto obligaba a gobernar conforme al derecho natural y respetar los términos concretos del contrato, tales como fueros, usos y costumbres.

Esta fue la doctrina política que más influyó en el pensamiento de los reinos cristianos europeos, tanto católicos como protestantes, durante la Edad Moderna. Pero, en la Cristiandad, surgieron otras teorías sobre el Pactismo.

En la primera mitad del siglo XVI, el dominico Francisco de Vitoria expuso otra de las teorías políticas dominantes en la época, refiriéndose a la rex pública o autoridad de dominio público, independientemente de cual fuera la forma de gobierno elegido. Partiendo de la deposición de la autoridad de Dios en una comunidad política, al constituirse esta en origen, no pactaba con una corporación o persona externa a ella, sino que generaba en su propio seno una corporación o designaba una persona para que ejerciera el poder.

Mientras que la teoría de Vitoria afirma que la comunidad podía seguir siendo parte del poder y ejercer en el derecho, la teoría de Francisco Suárez afirma que es la comunidad la que se aparta del poder y autoridad, trasladándola fuera de sí misma hacia el soberano, el cual puede legislar como le pareciera oportuno con tal que respetara los términos del pacto. En ambos casos, la autoridad debía someterse a los términos contractuales en que se hubiera concretado la delegación de poder. Otra cosa es que unos términos contractuales fueran más duros que otros.


En base a estas teorías, el derecho público del Reino de Castilla, reconocía mayor alcance a la autoridad regia, que el que tenían los fueros de las Provincias vascongadas y la Corona de Aragón.

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FELIPE II EN EL BANQUETE DE LOS MONARCAS, POR SÁNCHEZ COHELLO


2. TEORÍA DEL TIRANICIDIO

El Tiranicidio es la teoría que sostiene la licitud de la muerte al tirano y cuyo origen se remontan a los escritores griegos y latinos como Plutarco, Polibio y Cicerón. En el siglo XII esta teoría fue recogida por Juan de Salisbury para quien matar al tirano no solo era lícito, sino acción conveniente y justa.

La forma de gobierno en el Reino de España durante la Modernidad fue la Monarquía, heredada de los Estados medievales y admitida unánimemente por la población y la teoría que prefería asimismo el carácter de hereditaria frente a la electiva, según disponían las leyes de los reinos. Era una realeza de carácter absoluto, conforme a las ideas de la época, tendencia absolutista desarrollada desde la Baja Edad Media y consagrada por los principios heredados de la recepción como el principio cesarista romano "quod principi placuit, legis vigorem habet", que significa que el rey ejercía los poderes por encima de todo.

Pero el carácter absolutista estuvo atemperado por otros principios como el de la sumisión del rey a las leyes prexistentes y a la felicidad de sus súbditos. Los filósofos y teólogos españoles del siglo XVI, como Domingo, Mariana, Vitoria, Suárez, Molina, De Soto, etc., son unánimes al entender que todo el poder venía de Dios, pero que es la comunidad la que lo delega y encomienda a su príncipe o soberano, justificándose de este modo el ulterior derecho de resistencia si el príncipe no lo utiliza en beneficio del bien común. De aquí que el rey deba sujetarse a las leyes divinas y naturales y a las leyes positivas, según Mariana y Márquez.

La teoría española del Tiranicidio distinguió entre tirano por ilegitimidad del título y el tirano por ejercicio inicuo del poder, y mientras algunos aconsejan respetar al tirano, como Covarrubias, Sepúlveda o Márquez, otros opinan que debe ser destituido y ejecutado, como Yáñez, Mariana o Molina.

La más lograda defensa del tiranicidio fue elaborada por Juan de Mariana en su obra Del rey y de la Institución Real. La extensión de la doctrina fue tal que el rey Carlos III decretó el 23 de mayo de 1767 la prohibición de la lectura de esta doctrina en los centros de enseñanza, seminarios y universidades.


carlos corte comiendo luis paret pintura
CARLOS III COMIENDO ANTE SU CORTE, POR LUIS PARET


3. TEORÍA DEL ESTADO ABSOLUTO

En la Europa del siglo XVI, surgieron algunos pensadores como Maquiavelo, Bodino o Hobbes que sentaron las bases de lo que llamaron la Teoría del Estado absoluto, cuya legitimidad se fundamentaba en la Razón de Estado. Este pensamiento estaba muy influenciado con el ambiente de la Reforma protestante. El teólogo francés Bodin afirmaba la autoridad soberana del rey.

Mientras que la España austracista pasaba del Renacimiento al Barroco, prologaba la Contrarreforma con distinción clara entre Renacimiento y Barroco. Así, los tratadistas españoles intentaron formular una novedosa teoría del Estado renacentista. Durante el reinado de Carlos I se rompió el populus christianus medieval, y surgió una nueva organización político-jurídica, con poder independiente, que ejerció dominio sobre un grupo humano diferenciado, y se llamó Estado absoluto, porque ejerció dominio total sobre las personas. Del Autoritarismo de los Reyes Católicos se evolucionó al Absolutismo de los Habsburgo.

La idea imperial quedó así sustituida por los Estados modernos, sin abandonar la concepción católica, que reconocía potestad indirecta de la Iglesia, distinguiendo entre lo temporal y lo espiritual, con separación de Iglesia y Estado, y superioridad del poder espiritual en lo religioso, hasta el punto de poder deponer al Príncipe y privarle de sus bienes si realizase algo contrario a la religión.

Al surgir Nicolás Maquiavelo fue preciso replantear la potestad indirecta, en 1559. Maquiavelo había descubierto una realidad política natural, regida por leyes, que llamó Razón de Estado. Estudió el Estado como realidad natural, sin preocuparse de la fe, por lo que los españoles identificaron su doctrina con el Naturalismo protestante y ateo. Surgiendo un Antimaquiavelismo español que propugnaba la armonía entre razón y fe, con ideología contrarreformista; proceso que aisló a España del resto de Europa.

Este Antimaquiavelismo provocó en España la erudición de una importante literatura política, de estilo barroco, alejada de la universidad, escrita en castellano, publicada en manuales, sin orden sistemático ni lógico, pero de contenido práctico: orientar al gobernante, y captar y educar al lector. Fue una literatura paralela a la literatura del Arbitrismo económico, dirigida a rescatar las haciendas del Estado de su absoluta quiebra.

Sus principales representantes fueron Andrés Mendo, Juan Marquez, Diego de Tovar y Valderrama, Juan Orozco y Sebastián de Covarrubias. Este último fue escritor de Emblemas morales (Segovia, 1589), siendo el emblema una especie de aviso o advertencia para hacer comprender las ideas. En cambio, el pensamiento de Pedro de Rivadeneyra valoraba el carácter ejemplar de los casos concretos. Su obra más importante fue Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados (Madrid, 1595), escrita contra lo que Nicolás Machiavelo y los políticos de su tiempo enseñaban. Para Rivadeneyra el buen reinado pasaba por la aplicación de la doctrina católica, pues hay dos razones de Estado: "una, que del Estado hace religión; otra, que de la religión hace Estado".

Los tratadistas españoles del siglo XVII no se preocuparon ya del origen ilegítimo del poder, sino de que se realizase un poder justo. Como hombres barrocos utilizaron el ingenio, no aprobaron el tiranicidio, y consideraron la educación como el medio para crear el tipo de hombre más adecuado a una República cristiana. Todos los nacionales debían poseer la misma religión, por lo que en la práctica apoyaron la religión como razón de Estado.

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DESAFÍO AJEDRECÍSTICO EN LA CORTE DEL REY FELIPE II, POR LUIGI MUSSINI


4. TEORÍA DEL PRÍNCIPE CRISTIANO

La literatura política sobre el Príncipe cristiano comenzó en la Edad Media con los tratados De regimene principum y los libros derivados de ellos, entre ellos el Vergel de príncipes de Rodrigo Sánchez de Arévalo y el Speculum principum de Pedro Belluga.

En el Renacimiento proliferaron también los tratados políticos sobre la educación de príncipes y reyes, que constituyeron parte importante en las preocupaciones políticas de los erasmistas: entre los que podemos citar El espejo del príncipe Cristiano de Francisco de Monzón, el De regni Regisque institutione de Sebastián Fox Morcillo y la Institución de un rey cristiano colegida principalmente de la Santa Escritura y de los Sagrados doctores de Felipe de la Torre.

También se ocuparon de este tema El príncipe de Maquiavelo y la reacción antimaquiavelista, siendo este tema clave de la Teoría del Estado de la Contrarreforma.

Fue frecuente la afirmación de que el Príncipe es el alma del pueblo, tratando también del óptimo Príncipe Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo.

El tema preocupó en el Renacimiento, no ya sólo como ejemplaridad moral, sino también como técnica y arte. Fue en la imagen del Príncipe maquiavélico donde se introdujo el arte político como forma de gobernar el Estado, y en ella el Príncipe olvidaba ya su salvación personal para subordinarlo a su fin político.

Los escritores españoles consideraron que eso era una impiedad que perjudicaba al Príncipe como gobernante, y defendieron que el Príncipe debía poseer virtud como persona pública, siendo una de sus funciones hacer virtuosos a sus súbditos y a la sociedad que regían. Por eso, subordinaban la política a la ética, surgiendo el Tacitismo sin romper con los planteamientos escolásticos, tal y como siglos atrás Santo Tomás de Aquino habló del ars gubernativa. No aceptaban que el Príncipe tuviese que ser malo para adaptarse a la maldad del ambiente, pero tampoco predicaron la bondad del género humano; admitían por eso que el Príncipe debía conocer la malicia humana, armándose del arte político para vencerla. Y Francisco Garau, en El sabio instruido de la naturaleza (1677), dijo textualmente: "El Príncipe con las armas es uno; con las artes es un Reino."

El autor español más importante de esta idea fue Diego Saavedra Fajardo, embajador de España en la Corte pontificia duranrte las primeras décadas del siglo XVII, además de consejero de Indias. El libro que más fama le dio fue Idea de un príncipe político-cristiano representada en cien empresas (Munich, 1640), pero inspirándose en los Emblemata política (1618) de Jacobo Brock Augermount escribió también Corona gótica, castellana y austriaca (Münster, 1645), República literaria (inédita), Introducción a la política y razón de estado del Rey Católico don Fernando (inédita también), y el folleto Locuras de Europa. Era antimaquiavélico, y en todas sus obras había un tono de moderación y equilibrio.

El género de las empresas tuvo gran éxito en España, en obras como Emblemas morales(1589) de Juan Orozco y Covarrubias y los Emblemas moralizados (1599) de Hernando de Soto. Por lo que Saavedra Fajardo utilizó también las empresas para tratar de la educación del Príncipe, demostrando su experiencia vivida y el carácter platónico y ejemplarizante de su pensamiento.

Las virtudes morales del Príncipe Cristiano fueron pues tema fundamental en todos los tratadistas políticos españoles del siglo XVII, que insisten en la prohibición de mentir, aunque aceptan la disimulación. También prestaron atención a la justicia, distinguiendo la conmutativa (relaciones de los ciudadanos o partes del reino) y la distributiva (relaciones entre el todo y las partes). Primando en ambas la igualdad ante la ley, y debiendo ser también el Príncipe liberal y buen administrador, imagen de Dios.

DIEGO SAAVEDRA FAJARDO Y LUIS VIVES


5. TEORÍA DEL TACITISMO

En la Teoría Contrarreformista del Estado los escritores españoles citan con tanta frecuencia a Cornelio Tácito, que originaron el movimiento llamado Tacitismo.

Durante el siglo XVII, se construyó el Estado absoluto, y Maquiavelo delimitó el Estado autónomo y regido por leyes propias, ajenas a la ética, a lo que llamó razón de Estado. Pero los tratadistas españoles prefirieron a Tácito, que llegó a adquirir tal popularidad que español y tacitista fueron sinónimos en la Europa transpirenaica.

Tácito y Maquiavelo se oponían, pues mientras Maquiavelo representa el dogmatismo y la inflexibilidad estatal, Tácito utiliza el aforismo como un producto inductivo de la experiencia histórica, favorecedor de la flexibilidad y la maleabilidad; aunque unos escritores se sirvieron de Tácito para introducir maquiavelismo, otros combatieron a Tácito tanto como a Maquiavelo, y unos terceros se sirvieron de Tácito para captar la realidad política.

En realidad Tácito fue el descubridor del naturalismo político, realizando una labor política muy parecida a la de Aristóteles: poner de relieve el plano de la naturaleza como el de un orden autónomo, con leyes propias: en lo que su pensamiento tiene parentesco con el de Maquiavelo. El maquiavelismo se aprendió pues en Tácito, aunque con la religión cristiana en Maquiavelo, y la pagana en Tácito. Por eso el antimaquiavelismo hispano va unido a la condena de Tácito, sin que puedan equipararse maquiavelismo y tacitismo, pues Tácito inquiere la realidad política con la razón natural, por lo que ocupa un lugar intermedio entre Erasmo y Maquiavelo. Los antimaquiavelistas se sirvieron pues de Tácito sólo para rechazar a Maquiavelo.

retratos brozas sánchez francisco soto
FRANCISCO SÁNCHEZ Y HERNANDO DE SOTO

El Tacitismo fue así erasmista por racionalizar la vida y la sociedad con criterios socioempíricos, y aplicarlos a la política. Por eso Juan Luis Vives tuvo una alta valoración de Tácito, cuya lectura recomendó por su utilidad para la vida civil. El neoestoicismo supuso cierto revival de las tendencias erasmistas, y por tanto hay también cierta afinidad entre tacitismo y neoestoicismo. Justo Lipsio y Juan Antonio Martín Rizo convirtieron a Séneca en un modelo de política tacitista.

Tácito fue importante para los escritores españoles del Barroco por los siguientes motivos:
1. por atenerse al plano natural de la experiencia
2. por desarrollar con inteligencia una técnica de observación
3. por emplear con frecuencia el método inductivo
4. por usar la matización psicológica en materia política

Por eso Tácito estuvo también presente en Italia junto a Maquiavelo, cuyas obras se imprimieron en Roma en 1515, con privilegio de León X; y fue divulgado por Andrés Alciato en las ediciones de Milán (1517) y Basilea (1519), publicando también Annotationes in Tacitum y Emblemata
(1531), ambas de gran repercusión en nuestros escritores. Mientras Trajano Boccalini, Scipione Ammirato y Justo Lipsio estuvieron también influidos por Tácito.

Francisco Sánchez, el Brocense, comentó a Alciato en Commentarii in Andrea Alciati (Lyon, 1573), y su discípulo Diego López en Declaración magistral sobre los Emblemas de Andrés Alciato (Nájera, 1615).

A principios del siglo XVII el tacitismo ya había tomado carta de naturaleza en España, como demuestra también la Doctrina política civil (1604) de Eugenio de Narbona, primera manifestación del tacitismo político en la literatura española. Antes Antonio Pérez, secretario de Felipe II, fue tacitista, y autores como Furió Ceriol, Alamos de Barrientos y Antonio de Herrera.

Juan de Salazar, en Política española (1619), describió una España providencial que perduró hasta que tomaron primacía los motivos políticos, con el movimiento tacitista. Durante la decadencia política española se siguió a Maquiavelo sin caer en el maquiavelismo, en una modernidad que no rompió con la tradición, y posibilitó la difusión del tacitismo.

Entre los tacitistas españoles más importantes de esta época se encuentran Juan Alfonso de Lancina por sus Comentarios políticos a los Anales de Cayo Cornelio Tácito (Madrid, 1687), y en Baltasar Alamos de Barrientos (1555-1640), erudito español de Medina del Campo (Valladolid), arrestado en 1590 por amigo de Antonio Pérez, casado con una descendiente de Cristóbal Colón, influido por el duque de Lerma, Antonio Pérez y el conde-duque de Olivares, autor de Tácito español ilustrado en aforismos (Madrid,1594), y coautor de Norte de Príncipes, virreyes, consejeros y embajadores, con advertencias políticas muy importantes sobre lo particular y público de una Monarquía, fundada para el gobierno de Estado y Guerra (1603), y Discurso político al rey Felipe III al comienzo de su reinado. Tacitista porque defiende la idea de que los príncipes se apoyan en los súbditos y no en las instituciones, la política es volitiva, y es partidario de una política ajena a la moral, aunque relacionada con ella, siendo el punto primario de reflexión para todo político el hombre, por lo que se impone la necesidad de una teoría política basada en la experiencia histórica.

Mateo López Bravo (2ª mitad del siglo XVI-1627) fue escritor moralista y político socialista, gobernador de la Sierra de Gata (hasta 1616), juez extraordinario de Ocaña y Vélez (1617) y juez de obras y bosques y alcalde de Casa y Corte (1623-1627), influido por los Anales de Tácito y autor de Del rey y de la razón de gobernar (Madrid, 1616), en tres volúmenes (Del rey; De la razón de gobernar y la justicia; Del arte de gobernar, o sobre la abundancia de los bienes). Es un pensador radical que critica el sistema económico y social de España desde una actitud tacitista, siguiendo la idea de racionalización que había iniciado Furió Ceriol y habían continuado Alamos Barrientos y López de Vega. Considera la justicia virtud por excelencia, y fue partidario de una clase media que constituyera la mayoría de la población, así como de un hombre nuevo, desprendido del lujo y del afán de posesión, solidario con el prójimo.

Retratos Furió Ceriol Ribadeneira
FADRIQUE FURIÓ CERIOL Y PEDRO DE RIBADENEIRA


6. TEORÍA DEL CONSEJO 

La teoría de la razón de España forjada en la España del siglo XVII fue la del Consejo Real. Estadistas y tratadistas políticos basaron sus fundamentos en tres pilares:
1. las Sagradas Escrituras
2. la razón natural
3. la conveniencia práctica

Muchas fueron las alusiones que justifican la toma de consejo en las Sagradas EscriturasLa razón natural fue citada por Juan de Madariaga en su Del Senado y de su Príncipe (Valencia, 1617) y por Pedro de Rivadeneira en Tratado del príncipe. Y la conveniencia práctica es la teoría que defiende que los asuntos de Estados deben ser bien estudiados y clarificados por el rey mediante la ayuda de consejeros.

El Consejo constituye por eso una pieza esencial en la organización del poder político, aunque los tratadistas discutiesen la forma de ponerlo en práctica: elección de consejeros, número adecuado, tiempo en el cargo, etc.

En su Del Senado y de su Príncipe, Madariaga llamó Senado al Consejo y lo consideró como "ayuntamiento de ciertas personas escogidas que, siendo acordadamente llamadas y convocadas, se congregan en uno con autoridad pública para tratar del bien común". Todo Consejo debe ser minoritario y aristocrático, expresamente citado, y congregado en uno, lo que quiere decir emitido unánimamente y en común, y realizado con autoridad pública y competente.

Los tratadistas admitieron por eso que el Consejo debe ser establecido por el Príncipe y formado por aquellos que demuestren mayor sabiduría, lealtad, prudencia y libertad en la exposición de sus opiniones, debiendo ser pocos los consejeros. Además, Madariaga propuso el modo de entrada y salida del Consejo, el orden de las votaciones, el voto público o secreto, el voto de los ausentes, el secreto obligado sobre lo tratado, la posibilidad de rectificar el voto, el número de votos para el acuerdo, etc.

Respecto a la obligación del Príncipe de aceptar el consejo unos opinan que debe aceptarlo, y otros que no; siendo mayoría los que opinan que el Príncipe tiene obligación de oír al Consejo, pero quedando en libertad moral y jurídica de aceptarlo o no. Pedro de Rivadeneira, por ejemplo, fue de los que permitían la libre elección del Príncipe para aceptar los consejos.

En la Monarquía española los Consejos Reales tuvieron una gran importancia en la toma de decisión de gobierno, su número amplio, y fueron ordenados en función de su jurisdicción territorial (Consejo de Castilla, Aragón, Italia, Indias, Flandes, etc.), o según las funciones que desempeñaban (Inquisición, Guerra, Hacienda, Ordenes militares, etc.). Teniendo predominio el Consejo de Estado, presidido por el Rey.

El más firme defensor de la teoría del Consejo Real como método de gobierno fue el valenciano Fadrique Furió Ceriol, quien escribió El Concejo y consejeros del Príncipe (Amberes, 1559). Fue historiador y cronista de Felipe II, considerado como humanista erasmistas por su apasionada defensa de las traducciones de la Biblia en lengua vulgar.

Su doctrina parte de la Paraclesis de Erasmo, y asegura que la verdadera teología consiste en conocer a Dios y a Cristo. Su proyecto político es pues racionalista, ofreciendo una concepción laica del Estado. Antirracista, se mostró contrario a los estatutos de limpieza de sangre, siendo el primero que clamó en defensa de la solidaridad y de la razón durante la segunda mitad del siglo XVI. Planteó la reforma política en términos institucionales, rechazando que le Príncipe debiera establecer una organización de gobierno según Cristo. Defendió por eso la neutralización de la religión, y separó siempre lo religioso de lo político. Fue por tanto tacitista, fundando la solidaridad en la razón, libre de toda clase de prejuicios nacionales, sociales o religiosos. Anticipó pues la separación de poderes, siendo siempre partidario de racionalizar el funcionamiento del gobierno.


FELIPE II PRESIDIENDO UN AUTO DE FE


7. REGALISMO

Regalismo es un movimiento ideológico-político que trata de reafirmar los derechos de una Monarquía secularizadora y progresista en el ámbito social y cultural frente a los intereses eclesiásticos ligados al dominio político del Romano Pontífice y el movimiento ultramontano. Al absolutismo de la Santa Sede los regalistas opusieron el absolutismo del Estado, aminorado por una tendencia a la popularización de la cultura, el destierro de la ignorancia, la transformación socioeconómica y la extensión de las luces. Lo que suponía un avance considerable sobre el ultramontanismo, pues se trataba de dar paso de una Monarquía absoluta imbuida de teocratismo a otra de tendencia secularizadora. No surgió repentinamente con la llegada de los Borbones, pues las luchas entre el Papa y los reyes españoles, por motivos de jurisdicción, datan de las mismas fechas en que se constituyó el Estado español: las prácticas del regium exequatur y la retención de bulas provienen del reinado de los Reyes Católicos, confirmada por decreto de Felipe II en 1569. El Real Patronato, fundamento de la presentación de obispos, proviene de 1479 y se confirmó en 1523 por Adriano IV, 1529 por Clemente VII y 1534 por Pablo III. El recurso de fuerza quedó ya definido en la ley regia de que limitó las competencias de las jurisdicciones eclesiásticas, autorizando a recurrir las sentencias pronunciadas ante un tribunal civil.

La edad de oro del regalismo español fue el reinado de Felipe IV (1621-1665), durante el cual se multiplicaron las intervenciones del poder civil en asuntos religiosos. En 1638 una Real cédula prohibió la fundación de nuevos conventos; las Cortes protestaron que pudieran ser impuestas las rentas eclesiásticas y se prohibió a la Iglesia adquirir nuevas propiedades. Durante los reinados de Felipe III y Felipe IV se multiplicaron los recursos de fuerza, y al de Felipe IV corresponde el florecimiento de los más destacados regalistas y la publicación de los más famosos tratados, como fueron los de Jerónimo Cevallos, Pedro González de Salcedo y Francisco Salgado de Somoza, que constituyeron las fuentes doctrinales y los estimulantes más poderosos de la práctica regalista de su tiempo y de todo el siglo XVIII.


8. SEGUNDA CONTRARREFORMA

La segunda Contrarreforma es un movimiento iniciado en la segunda mitad del reinado de Felipe II cuyo objetivo era la preocupación por la situación política de España.

Mientras en Europa, los nuevos pensadores, como Maquiavelo, Bodino y Hobbes, establecieron su teoría del Estado absoluto con su razón de Estado, los tratadistas españoles intentaron una formulación teórica nueva del Estado renacentista. Durante el reinado de Carlos I se rompió el populus christianus medieval, y surgió una nueva organización político-jurídica, con poder independiente, que ejerció dominio sobre un grupo humano diferenciado, y se llamó Estado absoluto, porque ejerció dominio total sobre las personas.

La idea imperial quedó así sustituida por los Estados modernos, sin abandonar la concepción católica, que reconocía potestas indirecta de la Iglesia, distinguiendo entre lo temporal y lo espiritual, con separación de Iglesia y Estado, y superioridad del poder espiritual en lo religioso, hasta el punto de poder deponer al Príncipe y privarle de sus bienes si realizase algo contrario a la religión.

Al surgir Nicolás Maquiavelo fue preciso replantear la potestas indirecta, en 1559. Maquiavelo había descubierto una realidad política natural, regida por leyes, que llamó razón de Estado. Estudió pues el Estado como realidad natural, sin preocuparse de la fe, por lo que los españoles identificaron su doctrina con el naturalismo protestante y ateo. Surgiendo un Antimaquiavelismo español que promovió la armonía entre razón y fe, con ideología contrarreformista. Este proceso aisló a España del resto de Europa, y que Ortega y Gasset llamó tibetanización.


CARMEN DE BURGOS SEGUÍ PRIMERA CORRESPONSAL DE GUERRA


Periodista, viajera, traductora, literata y defensora de los derechos de la mujer durante el primer tercio del siglo XX, Carmen de Burgos Seguí fue la primera mujer periodista profesional en España y en lengua española en el periódico Diario Universal. Además, fue la primera corresponsal de guerra de la prensa española en el conflicto de Melilla de 1909, donde escribió En la guerra. Conflicto de Melilla.

Conocida con el pseudónimo de Colombine, perteneció a la Generación del 98, fundó su propia publicación Revista Crítica, y organizó tertulias entre periodistas, literatos y artistas bajo el nombre La Tertulia modernista. Su ensayo La mujer moderna y sus derechos, de 1927, fue un referente ideológico del feminismo de la época en el que defendía derechos básicos para las mujeres.

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ PRIMERA CORRESPONSAL DE GUERRA

María del Carmen Ramona Loreta de Burgos Seguí nació en Almería en 1867. Fue hija del vicecónsul de Portugal en Cádiz, pertenecía a una familia numerosa y burguesa, y recibió la misma formación académica que sus hermanos.

En 1883, contrajo nupcias con el periodista y editor Arturo Álvarez y Bustos, cuando contaba con sólo 16 años de edad. Esta situación le hizo acercarse al sector profesional del periodismo, iniciándose en la revista sátira Almería Bufa, que dirigía su marido. Pero, su principal dedicación fue el estudio para impartir magisterio; obtuvo el título de maestra de Enseñanza Elemental Primaria en 1895. Por aquellos años, ya estaba separada de su marido, y vivía en una casa paterna de Almería junto a María, la única hija superviviente que no murió de forma prematura como los otros tres que tuvo. En 1898, consiguió el título de maestra de Enseñanza Superior, en Madrid, ganando un empleo en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara, al año siguiente.

Pero no fue por la actividad docente por lo que pasaría a la historia de España, sino por su dedicación al periodismo y escritura de libros, utilizando diversos pseudónimos: Duquesa Laurena, Gabriela Luisa, Raquel, Marianela, Honorine o Colombine.

En 1902, retomó su actividad periodística redactando artículos de temática feminista en el apartado que tituló Notas femeninas en el diario El Globo, y Lecturas para la mujer en Diario Universal, este último dirigido por Augusto de Figueroa, en ambos casos firmaba con el pseudónimo Colombine. Se había convertido en la primera mujer española en ser periodista profesional, y desde estos medios de comunicación trataba asuntos relacionados con el derecho al divorcio o el sufragio de la mujer. Uno de sus primeros trabajos fue cubrir la visita del rey Algonso XIII a Almería.

Entre los años 1904 y 1905, Burgos Seguí compatibilizó el periodismo en La Correspondencia de España, con el estudio de los sistemas de enseñanza de otros países europeos, mediante la concesión de una beca del Ministerio de Instrucción Pública. Recorrió Francia, Italia y Suiza, dejando crónicas firmadas en París, Niza, Génova, Pisa, Nápoles, Roma, Florencia y Venecia. Más tarde, publicaría su primer libro de viajes, Por Europa, que es una recopilación de los artículos sobre estas crónicas europeas.

LA NOVELA CORTA, POR CARMEN DE BURGOS SEGUÍ

En octubre de 1905, fue nombrada corresponsal en París del periódico El Heraldo de Madrid, también dirigido por su mentor Augusto de Figueroa, haciéndolo así constar en la edición del día 5 de ese mes con estas palabras:
"La nombradía de la que goza, y que ha hecho popular en periódicos y revistas el pseudónimo de Colombine… después de lúcidas campañas en la prensa española, emprende ahora un viaje por el extranjero… tendrán conocimiento los lectores del Heraldo por los artículos con que nos honrará la notable escritora que en el expreso de anoche salió para París. Carmen de Burgos es ante todo uno de los elementos más valiosos del periodismo español."

Desde este medio, retomó su actividad a favor de los derechos de la mujer mediante la escritura de su sección periodística El voto de la mujer que firmaba con el pseudónimo de Colombine. Así, impulsó una Encuesta sobre el voto femenino en El Heraldo de Madrid, que fue publicada el 19 de octubre de 1096. La encuesta ofrecía tres preguntas a los lectores:
1. ¿Debe o no concederse el voto a las mujeres?
2. En caso afirmativo, ¿ha de ser el sufragio universal o sólo para las que reúnan determinadas condiciones?
3. ¿Las mujeres puede ser, además de electora, elegible?

El resultado fue 922 votos a favor y 3.640 en contra y aquella iniciativa resultó un fracaso en cuanto al resultado estadístico, pero fue el comienzo del despertar de una nueva mentalidad para el siglo XX, generando protestas por parte de algunos sectores conservadores, como por ejemplo el diario El Siglo Futuro. En cambio, fue apoyado por los círculos progresistas y liberales de España. Para desarrollar el artículo de su sección periodística seleccionó la opinión de algunos de sus amigos, las de Vicente Blasco Ibáñez, Pío Baroja y Miguel de Unamuno. Aquel artículo fue ampliado a un ensayo, y publicó el libro El divorcio en España, temática que le afectaba de forma personal y que se convertiría en un referente para su época.

ARTÍCULO ENCUESTA SOBRE EL VOTO FEMENINO

Por sus ideas liberales y su relación con la enseñanza tomó contacto con Francisco Giner de los Ríos, promotor de la Institución Libre de Enseñanza y de un novedoso sistema de enseñanza.

En 1907, fue nombrada miembro de la Asociación de la Prensa de Madrid, y al año siguiente se estableció como profesora en dicha ciudad. Desde aquí, Burgos Seguí organizaba tertulias en las que participaban intelectuales afincados en la capital, reunión que tuvo los nombres de La tertulia modernista o el Salón de Colombine. También asistía a otras tertulias organizadas en los cafés literarios, relacionándose con periodistas y literatos como Benito Pérez Galdós, Vicente Blasco Ibáñez o Juan Ramón Jiménez, y con artistas como Tomás Morales, Julio Antonio, Julio Romero de Torres o Joaquín Sorolla.

Julio Romero de Torres le dedicaría un retrato en 1917, en el que aparece de forma sobria, de perfil sosteniendo un libro. Eduardo Zamacois era el director de El cuento semanal, para cuya publicación contribuyó Burgos Seguí escribiendo relatos breves de estilo realista y que tuvieron cierto éxito.

Pero sería el escritor y periodista Ramón Gómez de la Serna su principal admirador y colaborador, con quien Burgos Seguí mantuvo una relación más personal.

Resultado de aquellas interacciones con los círculos intelectuales fue la fundación de la Revista Crítica, que publicó seis ediciones entre los años 1908 y 1909. Dirigida por Burgos Seguí, la publicación contó con la colaboración de algunos tertulianos: su ya inseparable Gómez de la Serna, Eduardo Zamacois, Salvador Rueda, Enrique Díez Canedo, Andrés González Blanco, Antonio de Hoyos y Vinent, entre otros. En esta revista presentaba las nuevas tendencias literarias en España, promovía premios literarios, y defendía la comunidad sefardita internacional, después de haber fundado la Alianza Hispano-Israelita, en 1908.

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ Y RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Durante la Guerra de Melilla, en verano de 1909, Burgos Seguí fue enviada como corresponsal de guerra por el periódico El Heraldo de Madrid, para cubrir el conflicto entre el Protectorado de Marruecos y el Reino de España. Se convirtió así en la primera mujer española en ser corresponsal de guerra, escribiendo crónicas para varias publicaciones.
"Yo he visto la guerra, he presenciado la tristeza de la lucha; he contemplado el dolor de las heridas en las frías salas de los hospitales y he visto los muertos en el campo de batalla… Pero más que todo eso, me ha horrorizado la crueldad que la guerra despierta, cómo remueve el fango en nuestras almas, cómo nos habitúa con el sufrir ajeno hasta la indiferencia."

Tras regresar a Madrid, escribió otro artículo ¡Guerra a la guerra!, en el que defendía la objeción de conciencia y el pacifismo. Sobre sus vivencias en aquel conflicto dejo constancia en la novela corta En la guerra. Conflicto de Melilla, que contiene todo el material relacionado. Es una feroz crítica a la violencia de carácter antibelicista, que fue publicado en El Cuento Semanal.

Carmen Burgos Seguí Guerra Melilla ejército español
CARMEN DE BURGOS SEGUÍ Y SOLDADOS DEL EJÉRCITO ESPAÑOL

Después de aquella dura, pero enriquecedora experiencia, volvería a desarrollar su actividad profesional en Francia e Italia. También visitó Bélgica y los países escandinavos. Mientras tanto, escribía novelas largas y cortas, compartiendo su pasión por la literatura con su compañero Gómez de la Serna.

En 1911, fue nombrada profesora de la Escuela de Artes y Oficio de Madrid, empleo que compatibilizó con la docencia a sordomudos y ciegos, mientras que escribía en publicaciones sobre derechos sociales.

Sería la visita a Portugal la que causó mayor impacto en Burgos Seguí, debido a ser el país de origen de su padre. En 1915, presenció la caída de la monarquía y la instauración de la República de Portugal, recorriendo todo su territorio haciendo entrevistas y realizando reportajes.

En 1917, viajó a Argentina, para acompañar a su hija María, dedicada a la interpretación, que contraía matrimonio con el actor Guillermo Mancha. Fue el primero de los tres viajes que haría a América. Sobre libros de viajes escritos en aquellos años destacaron Mis viajes por Europa y Cartas sin destinatario.

LA NOVELA SEMANAL, POR CARMEN DE BURGOS SEGUÍ

Durante la segunda década del siglo XX, Burgos Seguí se implicó en la política activa de forma más directa, no solo a través de la prensa y o la novela. Encabezó la primera manifestación a favor de sufragio electoral de la mujer. Se afilió al Partido Republicano Radical Socialista, y asociaciones feministas. En 1921, presidenta de la Cruzada de Mujeres Españolas, y en 1923, lo fue de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas.

Además, fundo con su hija María una logia masónica con el nombre Amor número 1, de la que fue gran maestre.

En 1923, publicó su novela autobiográfica La malcasada, en el que relató todo el dolor que sufrió durante su matrimonio, los abusos de su marido y la necesidad de libertad. Y, paradojas de la vida, algunos años después sitió el desamor cuando su pareja Ramón Gómez de la Serna decidió romper la relación de casi dos décadas y marcharse a París y desde allí a Buenos Aires.

En 1926, Burgos Seguí realizó un viaje por América del Norte y Central. Su último viaje americano, en 1929, visitó los estados de Bolivia, Perú y Chile. Regresó a España junto a su hija María, tras la ruptura de su matrimonio argentino. De todos sus viajes, dejó un amplio legado en sus libros.

Durante toda su vida profesional, Burgos Seguí fue una luchadora por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y por el sufragio universal femenino. Asistía a mítines políticos y participabas de conferencias, entre las que destacaron La misión social de la mujer y La mujer en España.

LA MUJER MODERNA Y SUS DERECHOS, POR CARMEN DE BURGOS SEGUÍ

En 1927, publicó el libro La mujer moderna y sus derechos, en el que reunía todo su ideario feminista elaborado durante años. Mediante este ensayo, Burgo Seguí analizó los tipos de feminismo o las causas de la opresión de la mujer por el hombre. Abordó temas como el divorcio, el sufragio universal, las capacidades intelectuales y la libertad de la mujer. Realizó una crítica a las teorías biológicas y psicológicas que afirmaban la inferioridad de la mujer. Años antes, había traducido el controvertido libro La inferioridad de la mujer, de Paul Julius Moebius, del cual realizó una feroz crítica. Pero el suyo no un feminismo fanático y de confrontación, era un feminismo conciliador y de igualdad real, que busca el consenso entre ambos géneros para iguales condiciones:
"No es la lucha de sexos, ni la enemistad con el hombre, sino que la mujer desea colaborar con él y trabajar a su lado."

De hecho, miraba al futuro con optimismo y creía que algún día aquella revolución feminista desaparecería al consumarse la igualdad de géneros:
"La palabra feminismo está llamada a dejar de usarse bien pronto, sin necesidad de buscar ninguna que la sustituya, como sucede con la palabra masculinismo. Lograda la justicia para regirse las dos mitades del género humano, no habrá necesidad de hacer esa distinción, que ha obligado a buscar una palabra que represente la vindicación de la mujer."

FRASE FILOSÓFICA DE CARMEN DE BURGOS SEGUÍ

Así, tras la proclamación de la II República en 1931, pudo comprobar que el nuevo Estado nacional iba aprobando avances sociales y reconociendo derechos femeninos, entre ellos el voto de la mujer, el matrimonio civil y el divorcio, la abolición de la prostitución o la supresión de la pena de muerte.

Durante su carrera profesional colaboró con numerosos periódicos, tanto españoles como americanos, y tradujo al español algunas obras de Emilio Salgari o John Ruskin, además de dirigir la Biblioteca de la Mujer. Dejó escrita unas 150 obras entre novelas, novelas cortas, libros prácticos, ensayos y conferencias. Entre sus novelas más populares destacó Puñal de claveles, escrita poco antes de morir y basada en el suceso del "crimen de Níjar".

Carmen de Burgos Seguí falleció en octubre de 1932, a los 64 años de edad, mientras impartía una conferencia sobre cultura sexual, siendo enterrada en el cementerio civil de Madrid. La gran cantidad de intelectuales, periodistas y políticos que acudieron a su entierro, entre ellos su colaboradora Clara Campoamor o su médico personal Gregorio Marañón, demuestra su influencia cultural y su aportación a la política realizadas durante el primer tercio del siglo XX. Se había convertido en un referente para muchos hombres y mujeres, igualándose a Clara Campoamor, Federica Montseny, Emilia Pardo Bazán, Victoria Kent o Margarita Nelken.

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ, POR JULIO ROMERO DE TORRES

FILOSOFÍA PEDAGÓGICA DE FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS


Filósofo y educador, Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza, en 1876, revolucionando el sistema educativo tradicional y religioso que perduraba en la España de la Restauración monárquica. Influenciado por la filosofía racionalista de Karl Krause, proponía una educación basada en la mentalidad crítica contra la enseñanza memorística, en la forja de actitudes creadoras frente a la instrucción de disciplinas compartimentadas.

Los objetivos pedagógicos de su filosofía son el desarrollo de la razón individual, el cultivo del cuerpo, el estímulo a las capacidades naturales del ser humano, la supresión de toda coacción externa y libertad de acción e indagación, la inmersión en la naturaleza, el saber enciclopédico, y el método intuitivo de aprendizaje intuitivo.

Sus principales publicaciones fueron Principios de derecho natural, publicada en 1873, y Resumen de filosofía del Derecho, en 1898.

FILOSOFÍA PEDAGÓGICA DE FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS

Francisco Giner de los Ríos nació en Ronda, Málaga, en 1839. Estudió Derecho en Granada y Madrid. Se licenció en Derecho Civil y Canónico en la Universidad Complutense en junio de 1865. Ese mismo año, obtuvo el doctorado en Filosofía del Derecho.

Durante estos años de estudiante universitaria, escribía en la revista Meridional y mantenía contacto con la ideología filosófica y pedagógica del denominado Krausismo, un brote de espiritualismo Neocartesiano. Fue alumno y discípulo de Julián Sanz del Río, y se relacionó con otros krausistas como Fernando de Castro y Gumersindo Azcárate.

En 1866, publicó su primer libro Estudios Literarios. Y, en 1867, consiguió la cátedra de Filosofía del Derecho Internacional de la Universidad Complutense de Madrid.

Una protesta contra las destituciones de sus compañeros Julián Sanz del Río, Nicolás Salmerón, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate por negarse a jurar cargos por la Monarquía y la Iglesia generó también su propio cede de actividades en su cátedra, en marzo de 1868, por orden del ministro de Fomento, Manuel de Orovio y Echagüe.

La revolución de septiembre de 1868 instauró el denominado Sexenio Democrático, y la caída política de Orovio. Giner y sus compañeros sancionados recuperaron sus puestos académicos hasta la entrada de la Restauración monárquica de Alfonso XII, en 1875. El regreso de Orovio al Ministerio de Instrucción Pública con el gobierno de Cánovas de Castillo hizo que se reabriese la cuestión de la libertad de cátedra. El 26 de febrero de 1875, publicaba un Real Decreto estableciendo una lista de libros de texto autorizados para su utilización en el sistema educativo. Además, obligaba a los profesores a presentar el programa de su cátedra para su revisión y aprobación. Aquella medida se justificaba en los "perjuicios que a la enseñanza ha causado la absoluta libertad, las quejas repetidas de los padres y de los mismos alumnos, el deber que tiene el gobierno de velar por la moral y las sanas doctrinas y el sentimiento de responsabilidad que sobre él pesa".

En el fondo estaba el interés de la Iglesia católica de seguir controlando el tipo de formación de los españoles con el simple argumento de que "cuando la mayoría y casi la totalidad de los españoles es católica y el Estado es católico, la enseñanza oficial debe obedecer a este principio, sujetándose a todas sus consecuencias".

Con esta medida se aseguraba la no circulación de cualquier libro de texto contrario al régimen político y a la doctrina de la Iglesia católica. Y en este ataque a la libertad de conciencia está el origen de la Institución Libre de Enseñanza.

proyecto edificio Institución Libre Enseñanza
INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

Este nuevo atentado a la libertad de cátedra desencadenó las protestas de los sectores liberales, entre ellos la de Francisco Giner quien, junto con los profesores Azcárate, González Linares y Calderón, fue detenido en abril de 1875, y trasladado a la prisión militar del Castillo de Santa Catalina, en Cádiz.


Tras este desafortunado suceso, empezó a madurar la forma de crear una institución académica en paralelo al vigente sistema educativo estatal, junto a otros profesores, escritores y empresarios.

El 10 de marzo de 1876, se aprobaron los estatutos de constitución de la Institución Libre de Enseñanza. En la fundación estuvieron presentes algunos de sus colegas también excluidos de la enseñanza pública: Julián Sanz del Río, Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sanz Rueda y Nicolás Salmerón. El 29 de octubre, se inauguró el primer curso, permaneciendo en funcionamiento hasta el comienzo de la Guerra Civil, en 1936. Desde entonces, Giner se volcaría en el funcionamiento de este proyecto como rector.

Desde su humilde sede, ubicada en el paseo del Obelisco, se impartiría primaria, secundaria y superior. Era estrictamente privada e independiente, cuya intención era formar espíritus libres y responsables. No se hacía ningún examen ni se establecía competencia alguna; estaba prohibida la emulación entre alumnos, y la neutralidad religiosa era norma.

Giner fue también filósofo del Derecho, que comprende Filosofía, Historia del Derecho y Ética. Sus principales publicaciones fueron Principios de derecho natural, en 1873, y Resumen de filosofía del Derecho, en 1898. A título póstumo de publicaron sus Obras, entre 1916 y 1965.

PRINCIPIOS DEL DERECHO NATURAL, POR FRANCISCO GINER

Reducía al Estado a su función jurídica y represiva. Su pensamiento evolucionó del dualismo Derecho natural y positivo hacia un Iusnaturalismo que englobaba el derecho y la suma de los actos jurídicos planteados por todos los sujetos del derecho. Aunque en su opinión el derecho ideal no existe, ni ley injusta, porque sólo es en apariencia y forma.


Para Giner, el derecho procede de la razón, y no de la voluntad; se regula con la moral y rige las relaciones y fines de la vida, sin ser tradicionalista ni historicista. Es personalista y liberal, defendía la libertad de acción humana, la propiedad privada y el Liberalismo económico. En alguna ocasión se preocupó de la propiedad social, pero sin convicciones. No le preocupó la necesidad de igualdad ni el establecimiento del sufragio universal; para él lo urgente era elevar el nivel mental y cultural del pueblo.

El sistema filosófico de Giner está basado en el concepto de "persona social", concibiendo el carácter social como un escalonamiento de grupos más o menos extensos. Presentaba al ser humano como un centro de actividades con varias dimensiones: racional, social, estética, sentimental, productiva, etc., todas las cuales deben desarrollarse dentro de un proyecto integral de educación. Por otro lado, el individuo humano es expresión de la naturaleza y conlleva la posibilidad de estimular el desarrollo de la misma, mediante las capacidades morales. Este es un principio de optimismo antropológico proveniente de la Ilustración.

La razón humana existe para descubrir el bien y aplicarlo en la conducta práctica de la vida. En esta línea, el conocimiento óptimo y adecuado del mundo implica la realización del bien. Por tanto, si este conocimiento supone el correspondiente comportamiento ético en el individuo, dicha filosofía habría que desembocar en un proyecto educativo que transformaría a la sociedad.

La racionalidad libre del espíritu humano es expresión de la bondad de la naturaleza. Así, siguiendo las ideas de Krause en el Ideal de la Humanidad, Giner afirma que:
"La naturaleza tiene en sí su bondad esencial, su belleza, su dignidad; mutilarla en nuestro cuerpo, abusar de ella, afearla, menospreciar y profanar la imagen de Dios en ella, es olvidar la ley de la armonía divina en la humanidad."

Esta idea lleva a la rehabilitación del cuerpo, "no sólo por propia bondad como la más bella de las criaturas naturales, sino como el órgano ante la naturaleza y el espíritu …"

Los objetivos pedagógicos que se desprenden de esta postura filosófica son: desarrollo de la razón individual, atención y cultivo del cuerpo, estímulo a las capacidades naturales del ser humano, supresión de toda coacción externa y libertad de acción e indagación, inmersión en la naturaleza, etc.

Estas tendencias pedagógicas fueron fruto de su influencia que en él ejercieron la filosofía racionalista de Karl Christian Friedrich Krause y la educación liberal de Jean-Jacques Rousseau, Friedrich Fröbel y Johann Heinrich Pestalozzi, o el español Pablo Montesino.

FRANCISCO GINER Y KARL KRAUSE

Los principios que inspiraron la orientación pedagógica de Giner son:

1. La educación debe estimular el uso de la razón con el fin de desarrollar una conciencia ética carácter individual. Se elude toda coacción o disciplina externa, que iría en contra de la íntima libertad de conciencia, prescindiendo de premios o castigos; los premios incentivan la envidia y la competencia, mientras los castigos estimulan la hipocresía.

2. El fin de toda pedagogía debe ser primar la educación frente a la instrucción; si ésta tiende a dar información y a almacenar conocimientos, aquella se propone formar hombres que desarrollen su propia personalidad. Se tiende así a eliminar los "libros texto", "programas", "exámenes", etc.

3. La educación propuesta debe ser integral, continua y sin fisuras, lo que implica que la vida debe estar presente en la escuela, favoreciendo la coeducación, el contacto con la naturaleza, los viajes socioculturales y eludiendo el que tenga sólo carácter intelectual, para completar su desarrollo armónico mediante el cultivo del arte, la educación física el juego colectivo, los trabajos manuales, etc.

4. La aplicación del método intuitivo, mediante el cual el educado, en contacto con las realidades vivas, vaya desarrollando su propio proceso cognoscitivo y humano, al mismo tiempo que mediante el contacto socrático con el maestro, éste se convierte en “comadrón” de los conocimientos del alumno.

5. El respeto a la libre conciencia individual del educado exige la neutralidad religiosa de dicha educación, sin que implique un compromiso explícito con el laicismo. La Institución Libre de Enseñanza se manifiesta aconfesional y evita toda imposición dogmática o cualquier clase de proselitismo; pero respeta con máximo escrúpulo las creencias religiosas del educado, cualquiera que éstas fuesen. No se trata de una escuela laica, sino neutral.

En varias partes de su obra escrita, Francisco Giner hacía distinción entre educación e instrucción. El verdadero objetivo de la enseñanza debe ser la educación, pues la instrucción por sí sola no puede cumplir aquel objetivo que consiste en el desarrollo pleno de la personalidad. A fin de conseguir esta, Giner hizo una crítica a fondo del tradicional sistema de enseñanza al que juzgó excesivamente intelectualista y memoralista, que son sólo dos aspectos de la personalidad humana.
"No cabe promover el desarrollo de la inteligencia sin el de nuestras restantes facultades."
Razón por la que en la Institución se prestase especial atención a otros aspectos fundamentales para la formación de una auténtica y plena personalidad. Algunos de esos aspectos humanos quedaron descritos, por ejemplo, en su Discurso inaugural del curso 1880-1881:
"… la gimnasia, llamada a mejorar las condiciones de una raza empobrecida; el dibujo, que tan maravillosamente despierta el espíritu de observación y amor a la naturaleza y el arte; el canto, que inicia el sentido estético en la esfera más propia y familiar al niño; los ejercicios manuales, que lo educan para el aprendizaje técnico, dan rienda suelta a la tendencia plástica y creadora de la fantasía; las excursiones, uno de sus más poderosos elementos las cajas de ahorro, que habitúan al uso racional de los bienes."
 
RESUMEN DE FILOSOFÍA DEL DERECHO, POR FRANCISCO GINER

En cuanto a los medios de aprendizaje, Giner prestó especial atención al método intuitivo, que no puede confundirse con una enseñanza empírica. En este incluye la observación sensible, pero también la introversión, la reflexión por cuenta propia, el estímulo de la actividad crítica y creadora, el desarrollo del elemento racional con sentido de responsabilidad, el impulso hacia el trabajo propio y personal, alimentando toda clase de iniciativas sanas y enriquecedoras de la personalidad. De forma breve, todo aquello que contribuya a que el alumno reciba intuitivamente el contenido de la enseñanza a través de la realidad, y no por medio de abstracciones y generalizaciones cuyo sentido resulta a veces difícil de precisar. El método intuitivo es, en definitiva, el método activo, con el que puede identificarse.

En este planteamiento pedagógico orientado al desarrollo de la personalidad desde la implantación de unos intereses morales y espirituales, más que desde el aprendizaje forzoso de unos contenidos y unas disciplinas, ocupa primer plano la refundación de la primera y segunda enseñanza en un todo indiviso.

Entendía que el objetivo esencial de la enseñanza es la educación como forja de actitudes creadoras, y no la simple instrucción de unas disciplinas sistemáticas y compartimentadas. La escuela debía promover la educación frente a la instrucción; formación frente a información; reflexión sobre el contenido y significado de los hechos frente a la mera retención de éstos. Además, debía educar la sensibilidad del alumno mediante la exaltación del arte, la religiosidad, el gusto por el trabajo, el respeto a la ley, el patriotismo sincero, el placer del deporte y el respeto a la naturaleza.

Resumía Giner, la Institución Libre de Enseñanza "aspiraba a formar caracteres, a estimular la unidad de las fuerzas del espíritu, a encender a la juventud de todo lo noble que la vida alberga, a formar hombres".

Por tanto, la escuela debía ser una etapa espontánea de la vida, y no una situación artificial como la que luego se produce en la universidad con "profesores particulares para cada enseñanza, clases numerosísimas de la misma factura y duración, explicaciones, preguntas, libros de texto, apuntes, estudio individual del alumno fuera de las aulas…"

La nueva visión de la enseñanza propuesta por Giner y la Institución debía evitar los viejos símbolos materiales de un sistema tradicional y anquilosado. Con esta explicación en Ensayos:
"Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro, barrera de hielo que aísla y hace imposible toda intimidad con el discípulo; suprimid el banco, la grada, el anfiteatro, símbolos perdurables de la uniformidad y del tedio. Romped esas enormes masas de alumnos, por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección o a alternar en un interrogatorio de memoria, cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicios y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor a todos esos elementos clásicos por un círculo poco numeroso de escolares activos que piensan, que hablan, que discuten que se mueven, que están vivos, en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro. Vedlos excitados por su propia espontánea iniciativa, por la conciencia de sí mismos, porque sienten ya que son algo en el mundo y que no es pecado tener individualidad y ser hombres. Hacedlos medir, pensar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; discutir, como en Grecia, los problemas fundamentales del ser y distinto de las cosas; sondear el dolor en la clínica, la nebulosa en el espacio, la producción en el suelo de la tierra, la belleza y la Historia en el museo que descifren el jeroglífico que deduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que descubran, que adivinen nuevas formas doquiera… Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía en el trabajo; los discípulos, una familia; el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo, lo que pierde en pompas y en gallardas libreas."


La naturaleza es el único criterio permanente en esa enseñanza, y de él saldrían todos los demás: la mentalidad crítica y creadora contra la enseñanza mecánica y memorística; la iniciativa y actividad del alumno contra su pasividad receptiva; el saber enciclopédico contra una cultura especializada y regimentada en disciplinas; la creación de intereses y actitudes elevadas contra una mera instrucción aséptica.

Entre aquellos aspectos de lo natural hay que destacar la coeducación entre alumnos y alumnas, muy en contra de cualquier separación artificial entre sexos.

La enseñanza debe ser natural, y el maestro debe estar entre los alumnos como uno más. Las relaciones entre jóvenes y profesores estaban despojadas de autoritarismo y pedantismo. Si verdaderamente sabe más y es mejor que los alumnos, se impondrá sobre ellos con la única base que puede tener para ello un auténtico maestro: por su autoridad moral. El maestro se impone por su propio peso específico entre los alumnos. La verdadera enseñanza gira en torno al hombre, y si el maestro lo es de verdad no es necesario todo los demás: leyes, decretos, aulas, cátedras, bancos, gradas, programas y disciplinas. Por eso decía:
"El maestro no representa un elemento importante de ese orden educacional, sino el primero, por no decir el todo. Dadme el maestro y os abandono la organización, el local, los medios materiales, cuantos factores, en suma, contribuyan a auxiliar su función. Él se dará arte para suplir la insuficiencia o los vicios de cada uno de ellos."

Una vez reintegrado a la cátedra de Filosofía del Derecho, pudo desarrollar esta innovadora tipología de formación académica en el interior de un aula del viejo edifico de Noviciado. Sus alumnos más interesados y entusiastas se reunían sentados en círculo, junto a algunos libros y papeles, para desarrollar la clase en forma de diálogo, sin preocuparse de la hora de finalización.

Ejercía una fuerte influencia sobre los jóvenes profesores y doctorados. Según su sobrino y discípulo, Fernando de los Ríos:
"Los hallaba en esa edad de inquietud propicia a recoger la siembra de un sembrador experto."
"Y aquella permanente ansia moral en que vivió don Francisco y hacía de él en todo instante una llama clara y viva, dio calor, luz y esperanza a cuantos se le acercaban."

Giner vivió para la Institución Libre de Enseñanza, dedicando todo su esfuerzo e ilusión a este ideal. El doctor Antonio de Zulueta, primer genetista español, escribió sobre él:
"Austero, heroico, don Francisco sabía lo que valían el trabajo y el sufrimiento y las lágrimas: nada puso jamás por encima del cumplimiento del deber. Cada minuto de su vida era una lección."

Y el mismo Giner escribió en cierto momento: "Cada hora bien vale por sí un infinito, aunque fue única"; lo cual comentó Zulueta, diciendo: "No hubo acaso en si vida una hora, una sola hora consciente, que no valiese ese infinito."

María Dolores Gómez Molleda, en su obra Los reformadores de la España contemporánea, publicada en Madrid, en 1966, escribió así de él:
"Todo habla en don Francisco de su vocación enorme de maestro. Todo dice en él de su ansiosa incontenible de proyección y de magisterio. Todo descubre en él, el secreto de verdadero educador: la entrega."

FERNANDO DE LOS RÍOS Y ANTONIO DE ZULUETA

Su saber, su humanidad, su sencillez y su humildad se imponían siempre por encima del orgullo, del boato o de la pedantería de algunos. Aunque bajo un ambiente aconfesional, se respiraba un cierto aire franciscano. Zulueta llegó a escribir a su muerte: "puede decirse, sin exageración alguna, que fue un santo". Un santo laico para el que el armo de la Naturaleza lo era todo.

Miguel de Unamuno también dejó escrita su opinión personal, tras la muerte de Giner, en 1915, a quien lo llegó a comparar con Sócrates, uno de los grandes maestros occidentales de la palabra: 
"Nunca olvidaremos nuestro Sócrates español, con aquel supremo partero de mentes ajenas. Inquiría, preguntaba, objetaba, obligándonos a pensar. Y después de una de aquellas charlas con él volvíamos a casa tal vez sin haber recibido de él ninguna idea nueva; pero lo que vale más son nuestras propias ideas, antes turbias, aclaradas ahora, habiendo descubierto en nosotros mismos puntos de vista que ignorábamos antes, conociéndonos mejor y conociendo mejor nuestros propios pensamientos que no conocíamos antes de habernos acercado a él. Este era el maestro."

Rubén Landa lo definía como tópico que no necesitaba demostración, un ejemplo por encima de la palabra:
"Sabido es que la persona y la vida de don Francisco Giner tienen aún más valor que su obra escrita, con ser el de ésta muy considerable."

Giner era el "Sócrates español", porque fue un hombre de tradición oral, como lo fue el filósofo de la Grecia clásica, pues según él mismo su más alto ministerio era "administrar el santo Sacramento de la conversación".

Pero no sólo era la palabra su medio pedagógico de acción, lo era el ejemplo, la conducta y la influencia personal. Uno de sus discípulos, Pablo de A. Cobos, explicó cómo fue el cambio del panorama espiritual de España entre 1876 y 1930, atribuyendo una aportación especial a Giner y su Institución:
"Con una escuela, la más humilde escuela de Madrid, la Institución Libre de Enseñanza, con un procedimiento: la influencia personal, y con unos principios firmísimos de conducta irreprochable. A su lado, un grupo de hombres, con la hombría en toda plenitud. Junto a cada uno de estos hombres, otro grupo, cada día más amplio. Y otro grupo luego. Y repartidos por toda España, y por todas las actividades del pensamiento, educando siempre con la palabra y con la conducta."

El objetivo final de esa orientación pedagógica en Francisco Giner y la Institución Libre de Enseñanza era la formación del hombre. Así lo corroboraron sus discípulos. Uno de ellos, Rubén Landa escribió que Giner fue un "forjador de caracteres y más que un reformador, un formador de maestros que pudieran comenzar por hacer su reforma interior".

José Pijoán en su libro de recuerdos Mi don Francisco Giner escribió que "hacer hombres" era su tarea pedagógica obsesiva.
"Leyes, decretos, ¿para qué? Si, como ustedes dicen, no tenemos gente para aplicarlos."

Pijoán comentaba:
"Ésta era la obra lenta, pero segura que tenía apartado al Abuelo de las Academia y Parlamentos: ¡hacer hombres! Recordémoslo bien, que él no quería hacer una inteligencia o una aristocracia intelectual para transformar el país con reformas, ni un Port Royal español con jansenitas del siglo XIX, sino un grupito de hombres útiles, prácticos, activos, que dieran ejemplo de la vida moderna anticipándose sólo a la conversación de los demás."

Manuel Azaña llegó a decir que "la obra de Giner es tan considerable que hoy, cuanto existe en España de pulcritud moral lo ha creado él".