La disciplinas científica de la cartografía comenzó a desarrollarse y difundirse por Europa desde el Reino Hispano-visigodo de los siglos VI y VII, gracias a la aportación del Esquema Cartográfico de Isidoro de Sevilla, mapa orientado del mundo habitado expuesto en forma de T en O.
Este sistema de cartografía fue continuado durante la Edad Media europea, siendo un claro ejemplo los mapamundis de algunos códices de los Comentarios al Apocalipsis de San Juan escrito por Beato de Liébana, en el siglo VIII.
Los mapas de carácter científico empezaron a desarrollarse en la Hispania romana, siendo un precedente el geógrafo Pomponio Mela. En la España islámica medieval destacaron tres magistrales científicos: Ar-Kari, del siglo X; El Edrisi, del siglo XII; y Albufeda, del siglo XIII.
Una institución precursora de la cartografía fue la Escuela de Traductores de Toledo, entre los siglos XIII y XIV, dedicada a la recopilación de textos clásicos sobre las ciencias y el desarrollo de análisis propios, entre los que estaban los cartográficos.
Pero sería la llamada Escuela de Cartógrafos de Mallorca la que estuvo a la vanguardia en el arte de pintar portulanos, en los siglos XIV y XV. Se dedicaron a la fabricación de instrumentos de navegación: brújulas, astrolabios, cuadrantes, horas de arena, etc. Entre los marinos, cartógrafos y cosmógrafos que describieron la geografía de Europa, el norte de África y las costas del Mediterráneo destacaron Angelino Dulcert, Jaime Ribes, Guillermo Soler, Mecía de Viladestes, Johanes de Viladestes, Gabriel Vallseca, Gabriel Vallseca y Abraham Cresques.
Hasta la Edad Moderna, los mapas del mundo podrían agruparse esencialmente en tres familias.
1. Mapas simbólicos orientados, en forma de T en O, muy en uso en la Edad Media, siendo San Isidoro de Sevilla su principal promotor.
2. Mapas científicos, de origen griego, cuyo desarrollo tuvo lugar en las Edades Moderna y Contemporánea.
3. Portulanos representativos de las costas marítimas de gran proporcionalidad, que tuvo su origen Mediterráneo y alcanzó su máximo desarrollo por la Escuela Cartográfica Mallorquina.
La primera familia comprende a los mapas simbólicos, surgidos en las tablillas babilónicas y cuya más universal difusión registró la Edad Media a partir de san Isidoro de Sevilla, el gran erudito del Reino Hispano-visigodo de los siglos VI y VII. El gráfico esquema isidoriano del mundo, contenido en algunos códices de su gran obra Las Etimologías, representa un hito importante en la cartografía cristiano-medieval.
El esquema cartográfico isidoriano del mundo habitado está basado en la orientación del punto cardinal Este en la parte superior, por tanto, es un mapa orientado. Representa el mundo habitado en forma de "T en O", en forma circular, con los tres continentes separados por el mar interior en forma de T, con Asia arriba, Europa a la izquierda y África a la derecha, y rodeados por el océano.
Una franja continua de agua formada por el río Nilo, Helesponto (estrecho de los Dardanelos), Ponto Euxino (mar Negro), Palus Maeotis (mar de Azov) y Tanais (río Don) separa Asia de los otros continentes habitados de la Tierra. Otra franja acuosa, perpendicular a la anterior y correspondiente al Mediterráneo, se interpone entre Europa y África.
A veces se sitúa el Paraíso terrenal, que es un hipotético continente (cuarta parte del mundo) ubicado al sur (lado derecho), con una leyenda que coincide, a veces literalmente, con la isidoriana que afecta a esta parte de tierra austral más allá del océano.
Este sistema de cartografía fue continuado durante la Edad Media europea. Incluso llegó a representarse en el arte religioso de la Modernidad, como por ejemplo en una escultura del Padre Eterno, de Berruguete, y el cuadro con igual representación del Greco.
Un claro ejemplo son los mapamundis que aparecen en algunos códices de la obra de Beato de Liébana, sobre los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, del siglo VIII. En esta obra, el capítulo Prologas eclesiástico fue casi copia de los libros VII y VIII de las Etimologías, donde ilustra el mundo con sus misiones apostólicas para su evangelización. Otro prototipo de mapamundi isidoriano es el de San Severo de París.
Un claro ejemplo son los mapamundis que aparecen en algunos códices de la obra de Beato de Liébana, sobre los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, del siglo VIII. En esta obra, el capítulo Prologas eclesiástico fue casi copia de los libros VII y VIII de las Etimologías, donde ilustra el mundo con sus misiones apostólicas para su evangelización. Otro prototipo de mapamundi isidoriano es el de San Severo de París.
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| MAPAMUNDI DE BEATO DE LIÉBANA |
El segundo estilo cartográfico pretenden un fin estrictamente científico. Tuvo su origen en la Grecia clásica, con precedentes en Anaximandro y Eratóstenes, seguidos después por Ptolomeo, que desaparecieron en el Medievo. Fue recuperado por Jacobus Angelus, Mercator y Ortelius, que definirían la cartografía de la Edad Moderna para la exploración de América, el interior de África, los Polos y la contemplación del planeta desde el espacio exterior.
El primer precedente hispanorromano fue el geógrafo Pomponio Mela, nacido en Tingentera, la Algeciras romana, en el siglo I, y que vivió bajo los emperadores Calígula y Claudio. Su obra más famosa fue un compendio geográfico que se compone de tres volúmenes de título De Chorographia, también denominada De situ orbis (Sobre los lugares del mundo), por la Plinio el Viejo llegó a citarlo.
En el año 817, los españoles islamizados tradujeron al árabe el Almagesto de Claudio Ptolomeo, que era la Summa geográfica de entonces. Varios siglos después, en 1410, esta Guía geográfica ptolomeica fue traducida al latín por el romano Jacobo Angelo.
En 1193, ya había un observatorio astronómico en el minarete de la mezquita mayor de Sevilla, y árabes andalusíes escribían obras fundamentales sobre movimientos celestes, tablas astronómicas, mapas y esferas.
Tres magistrales científicos desarrollaron una gran aportación a la geografía de la España islámica: Ar-Kari, del siglo X; El Edrisi, del siglo XII; y Albufeda, del siglo XIII: que asombraron al mundo con sus descubrimientos científicos.
En la España cristiana, hubo varias decenas de sabios precursores de la cartografía y artes náuticas anteriores al siglo XV.
Alfonso X el Sabio consiguió que Castilla fuera un reino de vanguardia. Aportó un gran impulso y protección a estos estudios, incluso con su implicación personal, por lo que es considerado el padre de la astronomía en Europa. Su Escuela de Traductores de Toledo estaba relacionada con la recopilación te textos clásicos sobre las ciencias y el desarrollo de análisis propios. Fue la institución científica más más prestigiosa de la Europa de su tiempo, por eso el resultado de sus investigaciones eran recibidas por la Universidad de París.
Los reyes de la Corona aragonesa Jaime I, Pedro III, Jaime II y Pedro IV se valieron de los conocimientos de sabios judíos para el fomento de las ciencias de la cartografía, astronomía y náutica con el fin de expandir sus rutas comerciales por el mar Mediterráneo. Fue fundamental la Escuela Geográfica de Sicilia, dirigida por el El Edrisi bajo la protección de Roger II.
La tercera tipología cartográfica es el portulano, también llamada carta portulánea, cuyo origen estuvo en las anotaciones costeras de los marinos del Mediterráneo que señalan sobre una línea su sucesión de puertos y accidentes geográficos, hasta alcanzar el contorno real del litoral de la costa con acertada proporcionalidad. Sobre el mar, se superpone la rosa de los vientos de los 64 rumbos, lo que permitiría la navegación no a vista, sino a estima, tras el sensacional hallazgo de la brújula.
El más remoto antecedente de esta técnica del trazado de portulanos por los puntos en la línea de la costa es también griego llamado Pytheas de Massalia (Marsella). En el años 330 a.C., partió de las Columnas de Hércules y navegó hasta el mar del norte, trazando la línea de los abrigos de las islas más septentrionales, incorporadas por Ptolomeo en su Atlas.
De los que se conservan, el más antiguo es la Carta Pisana, que lleva el nombre de esta ciudad italiana por el cliente que la encargó, aunque quien la elaboró, hacia el año 1300, era genovés. Esta carta, ya con rumbos muy trazados, muestra la cantidad e intensidad de las anotaciones de los marineros que tenían una metodología común heredada de su experiencia.
Pero sería la isla de Mallorca la que estuvo a la vanguardia en el arte de pintar portulanos, en los siglos XIV y XV. Su causa principal fue la concentración de familias judías dedicadas al comercio y desarrollo de los instrumentos de navegación particularmente la brújula, pero también astrolabios, cuadrantes y horas de arena.
Así se desarrolló la Escuela mallorquina de Cartografía, como un movimiento científico formado por marinos, cartógrafos y cosmógrafos que describieron la geografía de Europa, el norte de África y las costas del Mediterráneo. Son muy destacables los portulanos de Angelino Dulcert, Jaime Ribes, Guillermo Soler, Mecía de Viladestes, Johanes de Viladestes, Gabriel Vallseca, Gabriel Vallseca y el Atlas Catalán de Abraham Cresques.





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