EL AZAR NO SE LLORA, POR ALONSO BARÁN




El azar no se llora es un trepidante thriller en el que la locura, la muerte, el vicio y el desamor crean una intrincada y apasionante trama repleta de intriga y suspense. Pura adrenalina literaria que te será imposible dejar de leer. Elián Ventura es el inspector de policía encargado de investigar el asesinato de una mujer cuyo cadáver ha aparecido desnudo en un parque. Las circunstancias en torno a esta muerte son estremecedoras, brutales, enigmáticas y pondrán a prueba las dotes de Elián como investigador para resolver este misterioso homicidio. Elián da su vida por sentada, pero una noche estará en el lugar equivocado en el peor momento posible. Como consecuencia, su existencia se transformará en una amenazante espiral de incógnitas y problemas que convergerán con Aníbal Cantalapiedra, un buscavidas cuya única ambición es satisfacer sus vicios, e Idelle Genera, una joven mujer que confía en el amor como forma de realización personal, sin saber que su vida se precipita hacia un abismo.

El Azar no se llora. Alonso Barán, editorial Divalentis, Madrid, 2015.
Escrito en lengua española, 372 páginas, 18€.





Alonso Barán es escritor, guionista y filósofo, licenciado en Filosofía por la UNED, nacido en Madrid en enero de 1978.

El ingenio de sus diálogos, la originalidad de sus personajes y el dinamismo de su narración de su literatura refleja su pasón por la cinematografía.  

Como profesional de medios audiovisuales, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en televisión y es autor del guion para largometraje Entropía. Como escritor, tras emprender su andadura con la novela corta Tártaro, este verano publica con Editorial Divalentis su primera novela, El Azar no se llora, que combina aspectos psicológicos, influencias de género negro e inspiración beat generation, que la convierten en un thriller único, inteligente y adictivo.

Para otoño de 2015, publicará su primer ensayo Aportes al libre Pensamiento, un análisis sobre la manipulación y direccionalidad del pensamiento en nuestra sociedad. 





Entrevista realizada para el programa literario de Televisión España La Aventura del Saber:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventuraabaran/3153748/




Entrevista realizada por Pilar Tabares y Sáchez Dragó, en Radio Televisión España para el programa literario La Noche en vela:




Alonso Barán y su novela han despertado el interés entre el público, llegando a convertirse en un fenómeno viral. Su búsqueda en Google desvela más de medio millón de referencias hacia su nombre, e infinidad de blogs de literatura han comentado su novela con interesantes críticas


Entrevista realizada por Cristina Cereceda en Entretanto Magazine, con el título Alonso Barán. Un intelectual de nuevo cuño:


http://www.entretantomagazine.com/2015/04/16/alonso-baran-un-intelectual-de-nuevo-cuno/

Artículo escrito por Alonso Barán en el diario digital El Cotidiano, explicando su actuación en la Feria del Libro de Madrid:

http://www.elcotidiano.es/mi-primera-vez-en-la-feria-del-libro-de-madrid/



Descárgate gratis el primer capítulo de El azar no se llora:

http://issuu.com/terediva/docs/elazarnosellora_alonsobar__n_cap__t 



Si os apetece leer El azar no se llora, podéis encontrarlo en grandes almacenes (Fnac, El corte inglés y Casa del libro) y librerías (incluida Agapea), o bien comprarlo a través del siguiente distribuidor digital:

Amazon/ El azar no se llora


Si tienes algo que contar, no dudéis en hacerlo a través de sus cuentas de twitter  @alonsobaran o de facebook https://www.facebook.com/alonso.baran. Su blog es http://alonsobaran.blogspot.com.es/



INSTITUCIONES CIENTÍFICAS Y DOCENTES DE LA ARMADA ILUSTRADA


El Cuerpo de Guardias Marinas fue creado con el objetivo de surtir de oficiales a la Armada y dar paso a una institución que fuera columna vertebral de la acción del Estado. Con este fin y para unificar conocimientos, al producirse el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, la compañía de Guardias Marinas estableció la academia. Además de constituir un vivero de marinos de alta especialización técnica, la academia era una buena fórmula para colocar a los hijos segundones de buenas familias, privados del mayorazgo, que ya no necesitarían seguir la carrera eclesiástica para asegurarse el sustento. Por tanto, la nobleza baja no tardó en acceder a estos puestos como medio de ascenso social y fueron la base humana necesaria en las reformas acometidas por la Corona.

En la nueva institución gaditana, el ministro Patiño trató de aunar los elementos de las academias francesas e inglesas que pudieran servir a la precaria situación hispana, estructurándose, finalmente, como un pensionista militar, jerarquizado y patrimonio de mobles en cuya formación académica coexistieron el carácter castrense propiamente dicho y el pedagógico alrededor del estudio de las disciplinas científicas exigidas en una práctica marinera más especializada (trigonometría, cálculo, astronomía, geografía, náutica, etc.). En esta cuestión, la historia de la academia, cuya estructura militar (la Compañía) se superponía a la docente (la Academia), no estuvo exenta de problemas y todavía a finales de siglo había diferencias sustanciales entre los marinos llamados de “caza y braza” y los que habían recibido una mayor cultura científica; un conflicto entre la pluma y la espada que desde antiguo había catalizado las disputas de la milicia academizada.




OFICIAL DE MARINA Y GUARDIA MARINA


La evolución de la academia de guardias marinas puede dividirse en cuatro periodos:


1. desde su fundación en 1717 a 1734;

2. etapa de “tanteos y reformas” en opinión de Manuel Selles;

3. periodo de consolidación a partir de las ordenanzas de la Armada de 1748 y las reformas posteriores de Jorge Juan;

4. última parte marcada por el cambio de estrategia que supuso el establecimiento en 1776 de las academias de Ferrol y Cartagena (lugares que contaban, al menos, con escuelas que expedían títulos de pilotines, primeros y segundos pilotos).

Desde entonces no se pretendió la profundización de los cadetes en la ciencia como había preconizado Jorge Juan al creer necesarios siete cursos de Academia, sino que se priorizó la existencia de un mayor número de oficiales con rudimentos básicos en matemáticas, astronomía y navegación.

Para la obtención de una plaza en la academia de Guardias Marinas era necesario que la Corte otorgara una gracia, previa elevación del correspondiente memorial, para que el aspirante a Guardia Marina se presentara en Cádiz en el término de cuatro meses desde la fecha de aquella. Debían entonces adjuntarse los documentos particulares del solicitante: la fe de bautismo y los papeles que probaran su legitimidad y nobleza.

La demanda de puestos para entrar hizo que se dieran casos de intentos sucesivos de incorporación de Antonio de Ulloa, compañero de Jorge Juan en la Expedición geodésica al Virreinato del Perú que, al hallarse el cupo cubierto, decidió embarcarse y adquirir los conocimientos náuticos por sí mismo hasta que pudo ingresar por fin en 1733. Los responsables de su educación le propusieron que, mientras tanto, se fuera familiarizando con las asignaturas impartidas en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, (conocimientos básicos sobre navegación, construcción naval y arte de la guerra) que eran las contenidas en el plan de estudios de Patiño en el momento de la apertura de la academia en 1717.

A punto de fundarse la Academia de Guardias Marinas de Ferrol y la de Cartagena, la de Cádiz se resignaba a la formación de marinos durante sólo dos años de estudios, al haber carecido el ambicioso proyecto de Jorge Juan de firmes continuadores. La oficialidad de la Armada seguía estimando en poco las ciencias y no prestaba su colaboración para que los cadetes completaran en los viajes de prácticas lo aprendido en la Academia.

En 1777, año de la puesta en marcha de las academias de los departamentos del norte y del Mediterráneo, fue designado Francisco Gil y Lemos comandante de la nueva compañía de Ferrol, lugar a donde fueron trasladados desde Cádiz la mayoría de los jóvenes guardiamarinas vascos, montañeses, asturianos y gallegos, siendo nombrado para la compañía de Cartagena José de Mazarredo quien llegaría al puesto de capitán de las tres compañías de Guardias Marinas. Ambos se encargaron de elegir los libros e instrumentos necesarios de entre los fondos de la academia de Cádiz para sus respectivos departamentos, selección que, según valoración de Antonio Lafuente y Manuel Sellés, denotaban la orientación experimentalista y newtoniana que se confirió a estos centros.

Desde su puesto de Cartagena, José Mazarredo lamentaba la pobreza de las enseñanzas impartidas y el estudio de los cadetes a partir de cuadernos de resúmenes y no de los manuales prescritos. El debate que se abrió para el intento de reforzar los estudios de los guardias marinas se cerró con la decisión de crear un curso destinado a quienes se hubiesen interesado por las ciencias astronómicas y náuticas, a ellos iría destinado el ya mencionado Curso de Estudios Mayores y las estancias de práctica y estudios en el Observatorio de Marina de Cádiz que había sido creado en 1753.




REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE SAN FERNANDO


Jorge Juan había propuesto ya en 1749 la creación de un observatorio y fue su criterio el que dirigió las adquisiciones de instrumentos imprescindibles para un establecimiento de esta índole (especialmente el cuadrante mural). A su juicio en 1753, el Observatorio astronómico de Cádiz fue concebido como un centro de prácticas escolares de los guardias marinas pero la dificultad que ofrecía a manos inexpertas el manejo de tan complejos instrumentos llevó a la inoperancia de las actividades y a pensar en una solución basada en una formación minoritaria. Además, con el hallazgo del método de fijación de la longitud en el mar en la década de los setenta se relanzaron las acciones en el observatorio bajo la dirección de Vicente Tofiño, siempre atento a los progresos de las ciencias en los establecimientos extranjeros, quien puso en marcha un curso monográfico para repasar los cielos y difundir el método de determinación de la longitud.


Fue desde 1783, fecha emblemática para el programa hidrográfico en ciernes y en el marco del Curso de Estudios Mayores (instituido en los tres departamentos), cuando se dio un nuevo impulso a las tareas del observatorio y fue seleccionado un grupo de marinos para acompañar a Tofiño en la elaboración del mapa de las costas de la península. La escasez de personal con que fue dotado el observatorio a lo largo de las dos últimas décadas del siglo se acrecentó con los continuos trasvases de marinos cualificados para llevar a cabo las numerosas expediciones científicas que se organizaron.

Si el ingreso en las academias de Guardias Marinas era posible atendiendo al estamento y linaje de los aspirantes, el curso de estudios mayores trató de reunir a los marinos más cualificados que pudieran hacer realidad alguno de los anhelos de Jorge Juan respecto a las ciencias aplicadas a la navegación y cumplieran los objetivos geoestratégicos y de control territorial de la Corona. Así pues, la solución fue la de formar a un selecto grupo de oficiales a través de estudios de nivel superior tanto para el desempeño de comisiones científicas como para el acceso a puestos de mando.

Aunque la idea no era en su totalidad novedosa, fue José Mazarredo el decidido impulsor de implantar la figura del “oficial científico” que había intentado Jorge Juan veinte años atrás. La aprobación de que se agregaran algunos oficiales a las tres compañías de Cádiz, Ferrol y Cartagena para cursar estudios más avanzados, dio pie a que sus jefes redactaran distintos planes de estudio en la meta de adiestrar a los oficiales de marina a través de cuatro años de estudio de astronomía y la profundización en matemáticas, óptica, mecánica, hidrostática y cálculo, periodo que concluía con un examen público.

La institución del curso de estudios mayores o “matemáticas sublimes”, suscitó varias polémicas dentro y fuera de la comunidad de los “oficiales científicos” a que dio lugar ya que, entre otros ajustes, el sistema de ascensos hubo de variar para que los años entregados al estudio y a los viajes científicos pudieran adecuarse al tradicional premio de la participación en combates. Era en las escaramuzas bélicas donde se hacían méritos para conseguir ascender en el escalafón militar, de modo que los integrantes de las fuerzas del Ejército y de la Marina se debatían entre el beneficio que suponía el estado de guerra para sus intereses particulares y la conciencia de su grave alcance colectivo.


CONTROVERSIA DEL ADOPCIONISMO HISPÁNICO

El adopcionismo es la doctrina según la cual Jesús fue un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte.


CRISTO DE OTERO (PALENCIA)


Antes del Cristianismo, ha habido al menos dos concepciones más o menos similares (no necesariamente excluyentes la una de la otra) de las cuales puede emanar esta idea:

1- En el pensamiento judío, el mesías es un ser humano elegido por Dios para llevar a cabo su obra espectacular: tomar a los hebreos (un pueblo hasta entonces frecuentemente sometido por otros más poderosos), rescatarlos de la opresión y llevar el Reino de los Cielos a la tierra trayendo paz y prosperidad. En este sentido, el mesías no es el Hijo de Dios tal como lo considera el Cristianismo.

2- En la tradición griega existían héroes elevados a la condición divina después de extraordinarias proezas o hazañas, por medio de la apoteosis. El más importante ejemplo de esto es Heracles, que después de haber sido quemado en una pira es tomado por su padre Zeus para gobernar a su lado. Debido al predominio del Imperio romano, cuya orientación cultural era predominantemente griega, en la época de los primeros cristianos es altamente probable que este ejemplo estuviera a su alcance, a la manera de una historia popular.

Al mismo tiempo, el adopcionismo era psicológicamente interesante para los primeros cristianos, y era fácil identificarse con un héroe como Jesús, un ser humano como cualquiera que es elegido ("adoptado") por Dios y que en consecuencia daba esperanzas de salvación a los propios cristianos, tan humildes ante Dios como su héroe máximo.

Uno de los adopcionistas más famosos fue Teódoto el Curtidor, habitante de Bizancio que llevó la prédica de esta doctrina a Roma en el año 190.

A medida que el cristianismo prendió en las capas superiores del Imperio romano, fue imponiéndose como doctrina el encarnacionismo, según la cual Jesús desde siempre había sido Hijo de Dios (concretamente la Segunda Persona de Dios). El adopcionismo fue progresivamente arrinconado, a pesar de que teológicamente el encarnacionismo plantea una serie de dificultades que el adopcionismo no las ofrece (la mayor de ella: reconocer la existencia de varias personas divinas, y al mismo tiempo profesar el monoteísmo).

A lo largo de las llamadas disputas cristológicas, el adopcionismo volvería a ser resucitado, en una versión más refinada, por Pablo de Samosata (en el Siglo III) y por su discípulo Arrio. También fue adopcionista el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el Sínodo de Sirmio.

El arrianismo se transformaría en la herejía más atosigadora que debería afrontar la joven Iglesia en sus primeros siglos. Finalmente, después de la formulación del credo en los Concilios de Nicea (325) y Calcedonia (381), el adopcionismo fue finalmente abandonado.



MAPA DE ESPAÑA AÑO 750


MAPA DE ESPAÑA AÑO 814


La querella del adopcionismo hispánico fue un debate que se desarrolló en el último cuarto del siglo VIII cuando la mayoría de la España visigoda había caído bajo el poder de los invasores musulmanes. La convivencia entre las dos religiones y sus correspondientes culturas atravesó períodos de especial virulencia. Los pactos iniciales firmados entre los conquistadores y los visigodos permitieron una cierta autonomía religiosa. Pero la situación fue cambiando a contextos de incomprensión y enfrentamiento. La comunidad cristiana se mantuvo fiel a la fe de sus mayores, lo que suponía una incomodidad para las creencias de los nuevos titulares del poder político en la península.

Los cristianos sometidos al poder musulmán, mozárabes, habían establecido su capital en Córdoba, pero manteniendo su fe y sus costumbres, sus creencias y su liturgia. Aunque se influenciaran por ciertos usos orientales en el vestido y en la alimentación.

El rito mozárabe consiguió mantenerse en ciertos lugares de la ciudad de Toledo, era el llamado rito hispánico o visigótico. En la capilla del Corpus Christi de la catedral primada es obligatorio el uso de la liturgia mozárabe, permitida también en las iglesias mozárabes de la ciudad. Ciertos usos de la liturgia mozárabe pasaron de la romana en las reformas del Concilio Vaticano II. El detalle más significativo es el paso de las dos lecturas tradicionales romanas (Epístola y Evangelio) a las tres de la liturgia hispánica (Profecía, Apóstol y Evangelio).

La antigua liturgia hispánica (visigótica) poseía textos que se remontan a Isidoro de Sevilla y a otros grandes teólogos hispanos. Tenía una gran fuerza hasta que las reformas cluniacenses influyeron en su decadencia, a la que se resistieron los mozárabes toledanos y los de otros lugares. Desde mediados del siglo XI los dos ritos compitieron abiertamente. A pesar de las presiones, el rito hispánico no desapareció del todo, sino que pervivió unido a determinadas comunidades mozárabes.

Fue precisamente el recelo originado por ciertas expresiones de la liturgia lo que representó una dificultad grave a la hora de aceptar como ortodoxo el rito hispano-mozárabe. Daba la impresión de que no era clara la confesión de la filiación divina de Cristo por naturaleza, sino que su relación con el Padre se reducía a la mera adopción.

 
ELIPANDO DE TOLEDO


El Adopcionismo español se sitúa en el intento de acercamiento interconfesional de la Iglesia mozárabe con la cultura árabe, desde el ámbito de la doctrina Cristológica.

El vocablo "adopción" fue importado de Oriente a Occidente por Teodisco, obispo de Toledo y sucesor de San Isidoro de Sevilla. Teodisco fue depuesto por afirmar que Jesucristo no era Dios con el Padre y el Espíritu Santo (Santa Trinidad), sino adoptivo. Posteriormente, el vocablo pasó a los árabes.

El principal defensor del Adopcionismo fue el monje Elipando de Toledo. Nacido el año 717, se educó en una escuela monacal y pronto se dedicó al estudio y profesión monástica. Se cree que pudo haber recibido influencias de escuelas religiosas sirias. Los sirios habían llegado a la península procedentes del norte de África en la temprana juventud de Elipando, durante la invasión islámica. Entre el 754 y el 800 rigió la sede de Toledo. Combatió contra los intentos de Carlomagno de someter la Iglesia española a la franca.

Elipando, con un arzobispado cuyo vasto territorio estaba bajo el influjo de los árabes, intentó pactar con los mahometanos para quien Jesús era solo un profeta y por lo tanto mero hombre. La doctrina proclamada por el obispo de Toledo es que Cristo, según su naturaleza humana, es hijo adoptivo de Dios. Por lo tanto, en diálogo con los hijos de Mahoma convenía sostener la filiación adoptiva en cuanto hombre, y con los cristianos la filiación natural en virtud de su naturaleza divina.

Para los musulmanes había en el Cristianismo un motivo de escándalo en la Trinidad, ya que parecía incidir en el politeísmo, tres dioses, y así acusaban a los mozárabes. Elipando trató de hacer frente a la acusación acudiendo de algún modo a las raíces arrianas del goticismo. Más tarde, en el Sínodo celebrado en Sevilla el 784 propuso una modificación del Credo en el sentido de que no pudiera decirse que las dos naturalezas se identificaran en la segunda Persona de la Trinidad: Cristo habría “adoptado” la carne como una especie de revestimiento, nada más, sin quebrantar en modo alguno la unicidad divina que Muhammad con empeño había defendido y enseñado.


CARLOMAGNO

La exposición de la doctrina de Elipando también aparece en relación a la refutación de Migencio, predicador que sembró ideas confusas en algunas regiones de la Bética. Su doctrina se conoce por una carta que le escribe Elipando, en contestación a una especie de carta circular, método propagandístico usado por Migencio. Decía el arzobispo de Toledo:
Leímos tu carta sin poder contener la risa. En ella aparece tu fatua e ignorante locura de tu corazón. Vimos la carta y la encontramos ridícula por la falta de consistencia de tus afirmaciones y no sólo nosotros, sino toda la catolicidad te desprecia por tu pútrida doctrina y te declara digno de anatema... No se puede curar tu enfermedad con fomentos de vino y aceite, sino con un cuchillo de doble filo ha de amputarse podredumbre tan Antigua.

Migencio afirmaba que la
 Trinidad estaba compuesta de tres personas: el padre David, el hijo Jesús de Nazaret y el Espíritu Santo que era el apóstol San Pablo. Decía también que los sacerdotes mienten cuando se confiesan pecadores siendo en realidad santos y si no lo son ¿porqué se atreven a celebrar los sagrados misterios? Roma, para Migencio, era el único lugar santo, ya que allí habitaba Cristo.

Según Elipando:
Dios Padre no engendró la carne […] A la manera que ningún hombre engendra el alma de su hijo, sino la carne, a la que se une el alma, Dios Padre, que es espíritu, engendra el espíritu, no la carne. El Padre divino engendra la naturaleza y la persona; el padre humano la naturaleza, no la persona. En el Hijo de Dios subsistía la naturaleza divina antes que tomara la naturaleza humana. […] En una sola persona hay dos substancias: una producida por generación, otra no engendrada. La carne nace de la carne; el alma es propagada por Dios. Si a alguien le place dividir a Cristo en hijo propio y adoptivo, divida de una manera semejante a todo hombre. Pero como repugna a la razón suponer ni en el Hijo de Dios ni en el hijo del hombre dos padres, reconozcamos en uno y otro unidad de personas.

El error adopcionista de Elipando se encuentra en la refutación de la doctrina sobre la segunda persona de la Trinidad, que para Migencio era de la descendencia de David, pero no la engendrada por el Padre. Elipando enfurecido contestó que cómo puede ser el Hijo de Dios, nacido únicamente de la madre y no engendrado por el Padre sin principio. Y, si en la Trinidad nada puede haber que sea corpóreo ni mayor ni menor, cómo se atreven a decir que aquella forma servil es la segunda persona de la Trinidad, ya que el mismo Hijo de Dios, con relación a esta forma por la cual es criatura del Padre dice de sí mismo el "Padre es mayor que yo" (Jn.4,28).


El
 error de Elipando, admitiendo una diversidad de hijos, uno según la naturaleza divina que es igual al Padre, y otro (inferior) según la natura humana que era hijo de María y siervo de Dios, era una clara herejía.


BEATO DE LIÉBANA


Los primeros en responder y poner en duda la doctrina del metropolitano de Toledo fueron Beato de Liébana, abad de Santo Toribio de Liébana, y Eterio de Osma, obispo de Osma. Pertenecían al Reino de Asturias y, por tanto, a la Iglesia libre de la invasión musulmana. Por medio de su rey Alfonso II, acudieron al emperador Carlomagno para que condenase esta herejía. Y así, en un Concilio, presidido por legados del Papa, condenó el adopcionismo.

En torno al 785 escribían a Elipando manifestando sus dudas por la doctrina expuesta. El escrito lleva el nombre de Apologeticus, más conocido como Los comentarios sobre el Apocalipsis de Beato.

Sólo uno de los obispos hispanos, Félix de Urgel, se atrevió a defender la doctrina de Elipando. Félix era de carácter más razonador e inteligente que el primero y, de hecho, hubo de retractarse. Estando su diócesis en la Marca hispánica (condado de Urgel bajo el dominio de Carlomagno), la doctrina traspasó el territorio peninsular convirtiéndose en una disputa de toda la Iglesia universal. Félix estuvo muchas veces solo frente a escuelas de teólogos que discutían sus tesis y las clasificaban con la etiqueta de heréticas.

La herejía fue condenada solemnemente durante el II Concilio Ecuménico de Nicea del año 787.

Entre los años 786 y 787, el papa Adriano I dirigía una carta a Ascárico, metropolitano de Braga, y a Elipando, llamándolos a que abandonen su doctrina. Al no lograrse ninguna retractación, el Papa convocó en unión con Carlomagno (temeroso éste por la ruptura de la unidad del Imperio) un concilio en Ratisbona (792). Allí compareció Félix, quien expuso sus tesis. Habiendo sido convencido de sus errores, Félix marchó a Roma donde compuso una profesión de fe en la que condenaba la doctrina del hijo adoptivo y profesaba que Jesucristo est proprius et verus Filius Dei.

Vuelto Félix a su sede en Urgel, por invitación de Elipando, volvía a caer nuevamente en el adopcionismo, trasladándose a Toledo, donde tenía mayor apoyo.

Elipando replicó con menosprecio a sus adversarios del norte: "Cómo puede permitirse un monje de Liébana enseñar doctrina a un arzobispo de Toledo". Y a ello pudo Beato replicar con una noticia que desde la época de Dionisio el Exiguo venía circulando por Europa: "... lo mismo que Roma, España tenía un origen apostólico, ya que Jacobo (Santiago), hermano de Juan, había viajado hasta ella antes de su muerte para sembrar allí las primeras raíces cristianas".

En vista de la persistencia, y de las cartas que Elipando había dirigido a muchos obispos germanos y franceses, Carlomagno convocaba otro concilio general con el consentimiento del papa en Francfort en el 794. Asistieron unos 300 obispos y una representación pontificia. Elipando expuso en un magnífico discurso la fe en litigio. Al terminar preguntó "¿cuál es vuestra opinión?". Las conclusiones dicen que la frase "hijo adoptivo" no solo es desconocida en la antigüedad, sino falsa, porque induce a creer que Cristo no es propio hijo de Dios.

Elipando y Félix no reconocieron el Libellus Sacrosyllabus compuesto por el concilio. Por ello el nuevo papa León III reunió un sínodo romano en el 799 que pronunció un anatema contra Félix. Este fue convocado nuevamente por Carlomagno en Aquisgrán, donde después de haberle expuesto varios obispos la falsedad de su doctrina, con razones de la Sagrada Escritura, renunciaba a ellas. Elipando murió obstinado en sus doctrinas al parecer en Lyón, donde el emperador había mandado que permaneciera.


APOCALYPSIS DE BEATO DE LIÉBANA



Una discusión provinciana llegó a implicar a los grandes teólogos de la época como a Alcuino de York y a Paulino de Aquileya, y a turbar la paz del Imperio carolingio y de la Curia romana.

La serie de concilios convocados para abordar el problema planteado por los españoles, así como las cartas de los Papas que denunciaban el peligro demuestran con evidencia que no se trataba de un problema baladí: concilios de Ratisbona (791), de Francfort (por Carlomagno, 794), de Aquisgrán (799), de Roma (799), de Fréjus (799), etc. Los papas Adriano I y León III y los consejeros de Carlomagno comprendieron la magnitud del peligro y trabajaron para doblegar a los españoles que, con argumentos teológicos y con el acostumbrado recurso a la Sagrada Escritura, a los Santos Padres y a los textos litúrgicos, defendían con sus puntos de vista.

Pero todos pretendían purificar la fe y acomodarla a las exigencias del dogma. Tiene, por lo tanto, razón J. C. Cavadini cuando afirma que lejos de ser esta controversia una señal de la decadencia de la Iglesia visigoda, como algunos han insinuado, es una prueba de su vitalidad y de su apertura hacia el futuro. Es difícil aceptar la opinión del atraso de la teología española del siglo VIII.

En el último cuarto del siglo VII se habían celebrado en Toledo varios concilios entre los que destacaron el XI (675) con un preclaro Símbolo de la fe sobre la Trinidad y la Redención, el XV (688) con doctrinas sugestivas sobre la Trinidad y la Encarnación, y el XVI (693) en el que los padres conciliares abundan sobre la Trinidad. Del texto de este concilio son las palabras con las que Alcuino de York pretendía explicar su idea de la Trinidad en su carta a Elipando. Según aquel concilio, las personas de la Trinidad entre sí no son aliud, sino alius. No son distintas en naturaleza o sustancia, sino en las personas. Son una misma cosa, pero personas distintas. Los teólogos españoles del siglo VIII, sucesores de los grandes escritores eclesiásticos de siglos anteriores como Isidoro, Eugenio, Ildefonso, Julián, etc. contribuyeron positivamente al avance de la reflexión sobre la fe en los temas cristológicos.

 


ALCURNIO DE YORK


El cisma hispano, que se pudo producir de haberse formado un colegio de obispos adopcionistas en Al-Ándalus, no llegó a materializarse: los sucesores de Elipando y sus adláteres fueron católicos y los mozárabes mantuvieron la fe ortodoxa, en comunión con el papa hasta el último momento. Aparentemente, las conversiones logradas lo habían sido únicamente por el ejemplo personal (en el caso de Félix) o la pura autoridad de un cargo (en el caso de Elipando), y desaparecieron con ellos. Otra consecuencia positiva fue la difusión de las obras de un teólogo hispano singular, Beato de Liébana, popularizado a partir de su refutación del adopcionismo y posteriormente admirado en toda la Cristiandad por su Apocalipsis.

En Hispania, la controversia sirvió como excusa para que el rey asturiano alejara a su iglesia de la influencia de la Iglesia mozárabe, ahora sospechosa de herejía y contagio de las enseñanzas mahometanas. Alfonso II el Casto (791-842) acercó a su reino la influencia franca del Imperio carolingio, al que envió tres embajadas. También la iglesia astur recibió las nuevas formas litúrgicas y teológicas romanas que se abrían paso en la Cristiandad latina, iniciando la ruptura con la Iglesia mozárabe mártir bajo el dominio de los emires de Córdoba. Elipando puede ser responsabilizado del inicio de este proceso que concluiría durante el reinado de Alfonso VI con la reconquista de Toledo, el fin de la iglesia mozárabe y el triunfo romano en la Iglesia española.

HISPANIC SOCIETY OF AMERICA


La Hispanic Society of America es un museo gratuito y biblioteca de investigación para el estudio de las artes y cultura de España, Latinoamérica y Portugal. Está situada en la ciudad de Nueva York.


Fundada por Archer Milton Huntington el 18 de mayo de 1904, abrió sus puertas en su edificio estilo Beaux-Arts, que es aún hoy su sede, en 1908, en la llamada Audubon Terrace, situada en la avenida Broadway entre las calles 155 y 156 de Nueva York. La Sociedad Hispánica cuenta con un museo, una biblioteca y el seminario de estudios hispánicos medievales (Hispanic Seminary of Medieval Studies), que es considerado como una de las más prestigiosas editoriales en su campo. La Sociedad, además, ha financiado expediciones, revistas académicas e importantes exposiciones de arte.

Actualmente, la Hispanic Society of America es el mayor y más importante museo de arte español fuera de España, con pinturas que abarca desde la época medieval hasta nuestros días, e incluyen auténticas joyas del Siglo de Oro, del XIX y de principios del XX.

Archer Milton Huntington nació en 1870 en Throggs Neck (Bronx). Hijo de un industrial, del que recibió una de las mayores fortunas de Estados Unidos, mostró desde muy joven un gran interés por la cultura española, viajando con tan sólo 20 años hasta España para conocerla in situ.

El 18 de mayo de 1904, Huntington fundó la Sociedad con el fin de establecer una biblioteca y un museo públicos para difundir la cultura española y Latinoamericana gratuitamente.


FACHADA DE LA SEDE

El museo cuenta con más de 800 pinturas, 600 acuarelas, 1.000 esculturas, y 6.000 objetos decorativos, incluyendo una colección de textiles. Asimismo posee una amplia colección de 15.000 grabados de varias épocas y más de 175.000 fotografías desde 1850.

Entre los cuadros más destacados del Siglo de Oro se encuentran o La Piedad del Greco, obra que realizó durante su estancia en Roma y en la que muestra la gran influencia del renacentismo italiano, también Retrato de niñaEl cardenal Astalli El conde-duque de Olivares de Diego de Velázquez, y pinturas de MurilloFrancisco ZurbaránJusepe Ribera y Alonso Cano.

De Francisco José de Goya, cuenta con importantes dibujos, grabados y cuadros como el retrato de La Duquesa de Alba.

La colección de pinturas de la Sociedad la completan artistas del XIX y XX como Joaquín Sorolla y Bastida, Mariano Foruny, Ramón Casas, Santiago Ruisiñol, Isidro Nonell e Ignacio Zuloaga.

La colección Las regiones de España de Joaquín Sorolla está ubicada en una impresionante sala de grandes lienzos. Debido a obras de restauración, dichas pinturas se desmontaron y enviaron temporalmente a España, donde se expusieron en una muestra itinerante por varias ciudades que culminó en 2009, en el Museo del Prado y finalmente en Valencia.


Pero además, la Hispanic Society of America cuenta con una exposición de joyería, orfebrería, arqueología, tejidos, grabados, fotografía, etc., y una de las mejores colecciones de cerámica hispanomusulmana formada por más de 150 piezas desde el siglo XIV hasta el XX. El museo tiene objetos decorativos y utilitarios de cerámica y porcelana procedentes de distintos talleres de España, Italia y México.


LIENZOS DE LAS REGIONES DE ESPAÑA


La biblioteca alberga más de 15.000 libros impresos antes de 1701, de los cuales hay 250 incunables; uno de ellos es la editio princeps de La Celestina (Burgos, 1499). Entre los libros que custodia, se encuentra una rica colección de la escritora hispano-mexicana sor Juana Inés de la Cruz, la primera edición del Quijote, e infinidad de rarísimos impresos españoles.

La colección de manuscritos de la Sociedad Hispánica es la más importante fuera de España, con documentos tan importantes como el primer Fuero Real de Castilla, el de Aguilar de Campoo (Palencia). Por esta razón es un centro de documentación esencial para investigadores de la cultura hispánica de todo el mundo y paraíso de bibliófilos. Entre los manuscritos más preciados se encuentra el original de El alguacil endemoniado, uno de los Sueños de Quevedo, así como importantísimos documentos medievales.

Lo más significativo de la sección de manuscritos y libros raros (que reúne 200.000 ejemplares de los siglos XI al XX) es la colección del Marqués de Jerez de los Caballeros. Cuando Huntington la adquirió en 1904 al marqués, Manuel Pérez de Guzmán y Boza, se decía que era la mejor biblioteca de libros españoles de todo el mundo. Son 10.000 obras, entre impresos y manuscritos, y cuando salieron de España, Ramón Menéndez Pidal dijo que se trataba de «una pérdida peor que la de Cuba». 

Destaca el mapamundi realizado por Juan Vespucio (sobrino del navegante) en 1526 que incluye la representación más temprana y precisa del Golfo de Florida y el Manual de instrucciones para los pilotos de mar, un libro de la Universidad de Mareantes de mediados del XVI. También posee la primera edición de Tirant lo Blanch (1490) y obras de Alfonso X el SabioAntonio de Nebrija, el Marqués de Santillana o la ya citada primera edición de El Quijote.


Otra parte de los fondos de la biblioteca de la Hispanic Society pertenece a autores del siglo XX que fueron amigos personales de Huntington: cartas, manuscritos y ediciones firmadas de Rubén Darío, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Emilia Pardo Bazán o Antonio Machado y, aunque Huntington no llegó a conocer a Federico García Lorca, se conserva la versión original a máquina con anotaciones manuscritas de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, gracias a una importante donación que realizó Mildred Adams, estudiosa de Lorca.


AYAMONTE DE JOAQUÍN SOROLLA


La plaza que se encuentra junto a la Hispanic Socitety, conocida como Audubon Terrace, ofrece uno de los mejores conjuntos de escultura monumental de Nueva York. La plaza de las Bellas Artes fue diseñada en 1908, pero fue Anna Hyatt Huntington, distinguida escultora americana y esposa del fundador, quien transformó más tarde el lugar con sus esculturas.

En el nivel inferior se encuentra una estatua ecuestre del Cid Campeador, con cuatro guerreros sentados alrededor de la base. El Cid ocupa este lugar de honor por el amor de Huntington por la literatura española y, sobre todo por el romance El poema del mío Cid. El conjunto se completa con dos astas de bandera en cuya base se representan personificaciones de las artes, monjes arrodillados, eclesiásticos y escenas de batallas.


El conjunto de bronce exento se complementa con relieves de piedra caliza representando a Boabdil, último califa de Granada, y Don Quijote, ambos de perfil y a caballo. El interés especial de Anna Hyatt por la escultura de animales queda también patente en las figuras de leones, ciervos, osos, jaguares, buitres y jabalíes, que completan Audubon Terrace.


ESTATUA ECUESTRE DEL CID

ESTILO HISPÁNICO: LA PERSONALIDAD DEL CABALLERO CRISTIANO ESPAÑOL


La nación no es una raza, ni una sangre, ni un territorio, ni un idioma, tampoco puede definirse como la adhesión a un determinado pasado o a un determinado futuro. La nación es algo que comprende por igual el pasado, el presente y el futuro; está por encima del tiempo; está por encima de los hechos y de los actos, de las cosas materiales, ya sean naturales o artificiales.

La nación es el estilo común a una infinidad de momentos en el tiempo, de cosas materiales, de hechos y de actos, cuyo conjunto constituye la historia, la cultura, la producción de todo un pueblo. La nación española es el estilo de vida que ostentan todos los españoles y todo lo español, en los actos, en los hechos, en las cosas, en el pensamiento, en las producciones, en las creaciones, en las resoluciones históricas.

Un estilo no puede definirse, porque no es un ser, no es una cosa, no es un posible término de nuestra conceptualización, sino modalidad de cosas; no es ser español, sino modo de ser español, pero que tampoco puede definirse.

El único modo de conocer el estilo hispánico es la simbolización. Un símbolo es una figura real, objeto o persona, que descifre y evoque todo ese montón de modalidades en las cuales el estilo de la nacionalidad española se documenta. La bandera rojigualda es un símbolo, pero esta no despierta pensamientos, sentimientos, emociones e intuiciones sobre la modalidad del ser hispánico.

La figura simbólica tendrá, que ser la de una persona que retrate un estilo de vida, por tanto, nuestra historia y nuestra cultura españolas nos proporcionarían las figuras humanas típicas que designe en su diseño psicológico la modalidad particular del alma española. Tal figura tendrá que ser irreal, ya que de ser real estaría muy limitada, sería abstracta y esquemática.

El Arte español proporciona un buen repertorio de figuras irreales, pero concretas y llenas de espiritualidad hispánica. Simbolizaciones del estilo español son las figuras literarias de Don Quijote y Sancho, la artística del Cid, o el retrato El caballero de la mano al pecho del Greco, donde se encontrarían un gran número de alusiones y evocaciones de la eterna hispanidad. La figura del general Ambrosio de Espinola del cuadro de Velázquez La rendición de Breda, en la cual aparece recibiendo con gesto de suprema elegancia y benevolencia las llaves que entrega el burgomaestre de la ciudad. Velázquez ha sabido representar en esas dos figuras los estilos de dos pueblos diferentes.



Velázquez supo reflejar el estilo hispánico en la figura del general Espinola, implacable y duro contra el enemigo en la guerra, pero comprensivo y benevolente en su derrota.


Todas estas figuras del tesoro artístico de España excesivamente enmarcadas a un momento, a un lugar o a una la realidad vital, por ello no simbolizan el estilo hispánico en plenitud de valores. Podrían plasmar algunas cualidades, pero no la generalidad de las mismas.

Por eso, más que un símbolo lo que se necesita es un ideal humano diseñado que siendo en sí mismo individual y concreto, sea genérico e indeterminado en espacio y tiempo y en su relación con los demás. Un tipo que reúna las más íntimas aspiraciones y preferencias absolutas del alma española.

Los antiguos griegos, para representar las virtudes del estilo de su nación, tanto de forma material (corpórea) e intuitiva (moral), forjaron el término dekalós kai agathos: el hombre bello y bondadoso. Este tipo simbolizaba el ideal humano que los griegos se tenían sobre si mismos.

Los romanos también condensaron el ideal humano en dos términos del otium cum dignitate: el patricio honorable y ocioso (nego otium), dedicado a la administración de sus bienes, de la república y a la honra personal y familiar.

Para los ingleses, en la palabra gentleman se concreta y condensa toda una ética, una estética, una sociología y la manera de ser típica del pueblo inglés.

El pensamiento de García Morente expresa que todo el espíritu y el estilo de la nación española pueden también condensarse y a la vez concretarse en un tipo humano ideal: el caballero cristiano.

El español ha sido, es y será siempre el caballero cristiano, que reúne la caballerosidad y la cristiandad en una personalidad individual y ejemplar. En la psicología hispánica, ser un caballero cristiano constituye la más íntima y profunda aspiración.

Los grandes rasgos de la figura del caballero cristiano como imagen del estilo español son:


1- PARADIGMA

El caballero cristiano es esencialmente un paradigma defensor de una causa noble y justa, que va por el mundo sometiendo toda realidad al imperativo de unos valores supremos, absolutos, incondicionales. No espera porque cree en la virtud y eficacia inmediata de su propia voluntad y esforzada resolución para transformar las cosas, que el mal desaparezca y el bien se establezca.

Hay en la mentalidad del paradigma optimismo como fe en el poder moral de la voluntad, e impaciencia como demanda de transformación inmediata y total, no gradual y progresiva.

Esos valores absolutos que el caballero cristiano se somete a sí mismo y a los demás no proceden de ningún código escrito ni de convenciones humanas, sino de su propia conciencia. Es el ejemplo de una causa que responde ante Dios y su conciencia.

El origen de este paradigma se encuentra en los siglos de Reconquista que han llenado el alma del caballero cristiano de religiosidad, infundiéndole la convicción de que la vida es una lucha por imponer el bien.



Van Halen pintó Batalla de Las Navas de Tolosa, una hazaña que reunió a todos los reinos hispánicos en la lucha por un objetico común: la recuperación de la España perdida, legítima y cristiana frente al invasor islámico; y que forjó la personalidad hispánica medieval.



2- GRANDEZA CONTRA MEZQUINDAD

Grandeza es el acto por el cual damos un valor superior a lo que somos sobre lo que tenemos. Mezquindad es el acto por el cual preferimos lo que tenemos a lo que somos.

El caballero cristiano cultiva la grandeza moral porque desprecia las cosas materiales, poniendo siempre su ser por encima de su haber. Se confiere a sí mismo un valor infinito y eterno que se transforma en un sentimiento de la valía personal. Don Quijote lo afirma: “dondequiera que yo esté, allí está la cabecera”.

El caballero cristiano prefiere padecer la pobreza material y sufrir toda clase de penurias, que rebajar su ser la innoble mezquindad basada en la codicia de las cosas materiales. Su grandeza moral le protege de cualquier mezquindad.

Esta grandeza es comprobable en innumerables obras de arte y hechos históricos españoles. Un claro ejemplo es el monasterio de El Escorial: es pura grandeza pobre; la sobriedad y austeridad de las formas estéticas de una enorme mole de piedra.

Pero a pesar de todo esto, el caballero español es elegante en su vestimenta, basada en la naturalidad y en la adecuación de una fiel imagen exterior con su esencia interna. La valiosa idea que tiene de sí mismo le hace no temer la aprobación o rechazo ajeno.


Juan de Herrera supo expresar en este mausoleo la grandeza del Imperio español mediante largas líneas interminables y moles geométricas al mismo tiempo que nada recargadas de ornamentos para reflejar sobriedad, pureza y austeridad.



3- ARROJO CONTRA TIMIDEZ 

El caballero cristiano es valeroso e intrépido, no siente miedo más que ante Dios y ante sí mismo. Tiene una preferencia por la valentía ante la timidez.

La valentía del caballero cristiano deriva de la profundidad de sus convicciones religiosas y del poder que su conciencia ejerce sobre la voluntad de la resolución y del sacrificio. Tipo supremo: los mártires.

El caballero no conoce la indecisión, cree en lo que piensa y piensa lo que cree. Su vida avanza con rumbo fijo y claro, con certidumbre y seguridad, incapaz de quebrantar un inminente fracaso. No depende de nada ni de nadie, tan solo en su propio esfuerzo personal, por eso el ideario del caballero tiene la suprema virtud de ser auténtico.

Esa seguridad es por una parte sumisión al destino y por otra parte desprecio de la muerte. Ahora bien, la idea del destino personal es congruente con la esencia de la persona, que decide su propio destino. Cada caballero se forja su propia vida, la que está en la profundidad de su personalidad. Dios, juez universal e infinitamente justo es quien responde ante lo que cada caballero hispánico es y lo que hace.

El desprecio a la muerte precede de la firme convicción religiosa; según la cual el caballero cristiano considera la breve vida del mundo como efímero y deleznable tránsito a la vida eterna. 



Los atributos y valores del hidalgo don Quijote de la Mancha descritos por Miguel de Cervantes representan en buena medida el estilo hispánico. Es sin duda el caballero hispánico más universal e inmortal.



4- ALTIVEZ CONTRA SERVILISMO

La combinación de la confianza en sí mismo con la grandeza y el arrojo originan la altivez y el orgullo. El caballero cristiano peca un tanto por exceso en estas cualidades.

Huyendo del servilismo, el caballero cristiano incide en la altivez, en la estima de su propia persona, evitando mostrar aprecio a cosas ajenas. Si es rico, se enorgullece de menospreciar su riqueza; y si es pobre, se enorgullece de serlo y subraya su pobreza con su altivez. En todo caso el caballero se precia de ser más que de poseer.

Esta altivez se manifiesta como afirmación inquebrantable del propósito intransigente y a veces terco a cumplir una misión. Es la intransigencia que abre vía a las iniciativas particulares, individuales. Es la intransigencia que lleva a cabo su propia esencia hasta el término final.

El español desprecia el snobismo, tiene tan profunda conciencia de su persona que prefiere ser quien es antes que incidir en serviles actitudes, saliéndose de su categoría humana.


El caballero castellano es hombre silencioso y de pocas palabras, pero cuando se ofrece ocasión solemne, sabe alzar la voz a formas superiores de la elocuencia y de la retórica. 



Alatriste es una figura altiva y de pocas palabras, de gran arrojo y terco en el cumplimiento de una misión. Tanto Pérez-Reverte como Viggo Mortensen han sabido reflejar con acierto el estilo del caballero hispánico en este personaje ficticio.



5- MÁS PÁLPITO DE CÁLCULO

El caballero cristiano es hombre de pálpitos más que de cálculos, como consecuencia de la fe inquebrantable en sí mismo y en su destino personal. En la toma de resoluciones obedece a su voz interna antes que al análisis de probabilidades.

Nunca calculó las probabilidades de éxito o fracaso que podrían existir cuando los galeones atravesaban los océanos sin sufrir hundimientos, cuando los conquistadores se aventuraban a explorar las tierras del Nuevo Mundo o cuando los Tercios amenazaban al enemigo en un asedio.

Se deja llevar por lo que su corazón le mande, aunque en ocasiones fracase. Pero muchas veces también triunfa por valentía y casi por milagro; y si no fuese por ese arrojo increíble y esa obediencia ciega a los dictados del corazón, la Historia no registraría muchas de las más extraordinarias hazañas de la Humanidad.

En dos grupos podrían generalmente dividirse los hombres en cuanto a su dirección de la vida se refiere:

1- los que hacen ellos mismos su propia vida, buscan sus directivas en sus propios corazones; actúan de dentro a fuera; influyen sobre el medio y el contorno; imponen a las cosas la huella de su voluntad soberana.
2- los que la reciben pasivamente, acatan normas ajenas que la sociedad o individuos les imponen; viven al dictado; son materia sumisa.

El caballero cristiano pertenece al primer grupo ya que toma como supremo ideal de vida el de ser él mismo actor responsable de su propia existencia, sin consentir directrices en su autonomía. En el fondo de su alma perdura un residuo de estoicismo unido al cristianismo, que le ha enseñado a sufrir y a aguantar durante la Reconquista, a acometer y a dominar durante la expansión imperial.

Por eso, en la historia de la nación hispana ha existido una oscilación entre la hazaña y la inmovilidad, contrastes expresados en múltiples aspectos de nuestra pintura y literatura. 



El valor ofrecido por la expedición de Fernando de Magallanes hacia las Indias Orientales y que terminó con la llegada a España por tan solo 17 de los más de 300 hombres en 1 de las 5 naves iniciales es una muestra de la falta de cálculo y probabilidad de éxito en la consecución de los objetivos. Y lo mismo se puede decir en cuanto a las posibilidad de éxito que tuvieron los acompañantes de Francisco de Pizarro, "los 13 de la fama", en la conquista del Perú. Sin duda, la Historia de España está llena de acciones realizadas más por pálpito que por cálculo.



6- PERSONALIDAD

La personalidad del caballero español es fuerte y enérgica, ya que se siente con poder de acción y de creación. Se reafirma con orgullo, altivez y nobleza sobre la convicción y de su propia valía. Pero también admira en los demás las mismas virtudes de resistencia y dureza.

Los españoles dan preferencia a las relaciones reales sobre las relaciones formales, es decir, aquellas que se fundan en lo que cada persona es, vale, siente y piensa por encima de su condición jurídica o moral. Necesita establecer con los demás una relación sin formalismos, un trato antes que un contrato, una amistad o enemistad antes que un acuerdo jurídico.

Hay en lo hispánico un poder de imperar a los demás sus normas de vida y de conducta. Por ejemplo, el idioma español cuando entra en contacto con otros idiomas suele imponerse y prevalecer. Un caso curioso de que los habitantes franceses de la frontera hispano-francesa hablen el español, mientras que los españoles no hablen el francés.

Pero también se somete con entusiasmo a otro poder real, siempre y cuando este otro muestre fuerza, energía, liderazgo, dureza y superioridad de carácter, pero no en cuanto al ideal de soberanía basada en el sufragio o cualquier tipo de procedimiento formalista.

Los valores de prestigio personal, tradición secular o superioridad psicológica son superiores a la simple abstracción legal.

El caballero español no conoce el resentimiento o la envidia justamente porque tiene una conciencia muy elevada de su valía personal que le hacen despreciar lo ajeno.

Entre los españoles, el reconocimiento de la superioridad artística, literaria o científica del poeta, del pintor, del pensador, tarda mucho tiempo en consolidarse, en ocasiones mucho más que la vida de un hombre. Por ejemplo, los casos de Miguel de Cervantes o de Blas de Lezo. Aunque este ese retraimiento e intimismo consigue mostrar en la producción del arte y de la vida hispanos una espontánea sencillez, opuesta a todo convencionalismo carente de autenticidad. 



La determinación, actitud y valía personal que mostró el almirante Blas de Lezo en la defensa de Cartagena de Indias son cualidades personales más que suficientes para liderar las operaciones de resistencia contra la enorme armada británica de Edward Vernon, a pesar del nombramiento formal y legal de Eslava como gobernador y máximo responsable de la administración colonial de la ciudad neogranadina.


7- CULTO AL HONOR

El caballero cristiano cultiva su honra: el reconocimiento exterior de la valía personal. El honor se consigue mediante el esfuerzo continuo de aproximar nuestra vida real a nuestra vida ideal.

La honra es toda manifestación externa que trata de llevar al hombre en su propósito de perfección, ocultando en lo posible la diferencia entre la maldad real y la bondad ideal. La deshonra es todo aquel acto externo que muestra la diferencia entre el ser real y el ser ideal perfecto, y que ponen de manifiesto su menor valía personal.

La psicología del caballero cristiano y su profunda confianza en sí mismo han de llevarle a consagrar al honor, a la honra, que se manifiesta de dos maneras complementarias: 1º exigiendo los honores que le son debidos; 2º ocultando los defectos de su conducta en la conciencia y en el secreto de confesión. Las debilidades y los pecados deben quedar entre el caballero, su confesor y Dios.




El Caballero de la mano en el pecho fue una persona real pintada por El Greco, un personaje honorable de la alta sociedad, podría ser Juan de Silva, marqués de Montemayor, aunque también podría ser Miguel de Cervantes. El modelo aparece vestido de forma elegante en su vestimenta, basada en la naturalidad y en la adecuación de una fiel imagen exterior con su esencia interna.

El caballero mantiene la mano sobre su pecho, en un gesto de juramento, mientras su mirada parece dirigirse directamente al espectador, como si estuviese haciendo un pacto con él. Para el caballero hispánico esta relación pactista o de juramento entre personas tiene un valor superior frente a cualquier relación contractual formal y ajena a su persona.




8- IDEA DE LA MUERTE

En la idea que el caballero cristiano tiene de la muerte puede condensarse como el conjunto de su psicología y actitud ante la vida.

Las concepciones que el hombre se ha formado de la muerte pueden reducirse a dos tipos: aquellas para las cuales la muerte es término o fin, y aquellas para las cuales la muerte es comienzo o principio. El caballero cristiano ve en la muerte un comienzo a una vida más verdadera: la vida eterna. Es sujeto gobernado por la idea de transcender la vida terrenal hacia la vida eterna.

La consecuencia que se deriva de esta concepción de la muerte es la consideración de que esta vida humana terrestre es un mero tránsito para la otra vida decisiva, la preparación de la muerte, un simple tránsito hacia el infinito y la eternidad. Por lo tanto, esta vida tiene un valor subordinado, condicionado, inferior: vale sólo su puesta al servicio del valor eterno. Esta vida se convierte en fatiga, lucha, sufrimiento paciente y esperanza anhelosa.

El fin ideal que persigue el caballero es superior a su propia vida, por eso la conciencia de su propia grandeza es superior al deleite material.

El "muero porque no muero" de Santa Teresa expresa perfectamente este sentimiento de la vida imperfecta.



La escultura de San Ignacio de Loyola cayendo herido en la defensa del castillo de Pamplona esculpida por Joan Flotats, o la Muerte de Churruca en Trafalgar pintada por Eugenio Álvarez Dumont reflejan una noble causa por la que vivir y morir por encima de la propia vida.


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