PRINCIPIO DE SOBERANÍA POPULAR POR FRANCISCO SUÁREZ


Francisco Suárez ha sido reconocido como uno de los juristas que mayor aportación ha efectuado al Derecho internacional de gentes. Fue precursor de la necesidad de una Organización de la Naciones Unidas, continuista de la obra de Francisco de Vitoria y renovador de la Escolástica europea. Su pensamiento jurídico influenció a los grandes ilustrados del siglo XVIII. Ha pasado a la historia por su importante contribución a la filosofía de la ley.



FRANCISCO SUÁREZ

 
Francisco Suárez fue un filósofo, teólogo y jurista, que ha pasado a la historia por su importante contribución a la filosofía de la ley. Hombre de una gran cultura y erudición griega, latina, árabe y hebrea, pudo asimilarla toda, ordenarla, simplificarla y eliminar de ella verbalismos ociosos. Por su inmensa cultura y puntualidad doctrinal, y también por su fervor religioso, Suárez fue llamado Doctor Eximius et Pius.
 
Es el jesuita de más relieve a nivel mundial en el campo del Derecho Natural e Internacional, además de sus aportaciones a la Filosofía y la Teología. Se situó en la cumbre del movimiento intelectual iniciado con el Concilio de Trento conocido como la Contrarreforma.

Nacido en Granada en 1548, demostró desde joven un prodigioso talento, y así a los catorce años ya estaba estudiando Derecho en la Universidad de Salamanca. Cinco años después ingresó en la Compañía de Jesús.

De 1566 a 1571 estudió Filosofía y Teología y, al terminar, enseñó estas disciplinas en varias ciudades: Segovia, Ávila, Valladolid y Roma. En el Colegio de Roma trabajó durante cinco años, donde participó en la elaboración del Ratio studiorum.

Fue catedrático de teología en la Universidad de Alcalá de Henares en 1585 donde sus primeros libros le valieron dificultades con censores dominicos como Avendaño, Vázquez y Lessius. En 1593 llegó a Universidad de Salamanca como profesor, centro docente destacado por su pionera Escuela de Economía moderna y Derecho Internacional de gentes.

Fue requerido por Felipe II para que asumiese la cátedra de Prima de Teología en la Universidad de Coimbra en 1597. Ese mismo año se editó su obra maestra Disputationes metaphysicae (Disquisiciones metafísicas). Allí permaneció casi veinte años, realizando desplazamientos a Lisboa, Salamanca, Madrid o Roma y ocupándose de sus escritos.

Tras instalarse en Lisboa en 1615, cayó enfermo y muerto dos años después.
 

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Suárez fue el más moderno de los escolásticos y el más escolástico de los modernos de su tiempo. Culminó un ciclo de grandes teólogos y juristas que España dio al mundo en algo más de un siglo (Vitoria, Las Casas, Sepúlveda, Mariana, Soto, etc.). Heredero de toda la Escuela, supo llevarla a su punto de madurez más avanzado; después de él pronto se producirá la decadencia de esta tradición milenaria. Pero la proyección de Suárez fue intensa y duradera.

Revitalizó la ya decaída escolástica europea, que compendió en 1597 en su obra principal Disputationes metaphysicae, expresando tanto sus ideas teológicas como sus posiciones jurídicas que fueron presentadas de forma inseparables respecto a su sistema filosófico. Innovó un nuevo método expositivo de la metafísica en el que prescindió de la exposición aristotélica estableciendo la contraposición entre el ser-finito y ser-infinito. Supuso el primer cuerpo de doctrina metafísica independiente, expuesto en 54 tratados, divididos en secciones y artículos, y en 75 manuscritos.

En contraposición a la mayoría de los humanistas, ponderó el valor de la escolástica tradicional, discutió sus ideas, separando cuidadosamente los elementos válidos de los caducos y, en definitiva, renovando toda la tradición especulativa anterior, sintetizando además la metafísica grecorromana como una disciplina autónoma e independiente. Aunque fue continuista de las ideas de Tomás de Aquino y de Duns Escoto, pudo superarles y criticar sus principales ideas.


Dentro de la escolástica, Suárez fundó una escuela conocida por su nombre, el Suarismo, que se considera seguidora del pensamiento de Tomás de Aquino, pero muy independiente del tomismo.

El objetivo central de Disquisiciones metafísicas era la defensa de la concepción judeocristiana de la creatio ex nihilo y de la demostración de que en su calidad de animal racional, el hombre está en condiciones de conocer la existencia de un Ser increado, en este caso Dios.

La Filosofía Física o Natural ayuda al hombre a acercarse a este fin, pero para alcanzarlo es necesaria la Metafísica: “Sólo la Metafísica está en condiciones de probar que existe algún Ser increado”. Suárez insistía que toda cosa creada lo ha sido por otro y que, por ello, “es imposible que algo sea el producto de sí mismo”, pero como este proceso ha tenido que tener un origen, llega a la conclusión de que ha de existir un Ser que no ha sido creado por otro, y éste no es otro que Dios: “Dado que Dios es el fin último, se desprende de ello que es también el principio de todo”.



ESCULTURA DE FRANCISCO SUÁREZ EN LA UNIVERSIDAD HISPALENSE


Según Suárez, las propiedades transcendentales del ser son la unidad (individual, formal y universal), la verdad (esencia del objeto) y la bondad (perfección).

Admitió tres clases de universo: físico, metafísico y lógico. Definía a la metafísica como ciencia que considera el ente en cuanto tal, o en cuanto prescinde de la materia. Existe abstracción de materia individual (Física), de materia sensible (Matemáticas) y de toda materia (Metafísica). El objeto propio de la metafísica son los seres reales estudiados en toda su amplitud.

Es de especial relevancia su consideración del modo de existencia en la relación criatura-creador que, por ser esencial, fundamenta una razón última y suficiente.

Los principios
característicos del Suarismo teológico son:

- el principio de individuación
- la potencialidad pura de la materia
- lo singular como objeto de conocimiento intelectual
- la distinción no conceptual entre esencia y existencia
- la posibilidad de la substancia espiritual
- la ambición por la unión hipostática
- la Encarnación del Verbo
- la solemnidad del voto solamente en el derecho eclesiástico
- el sistema de Congruismo
- la posibilidad de que ciencia y fe mantengan la misma verdad
- la creencia en la autoridad divina
- la transubstanciación del cuerpo y sangre de Cristo en la Eucaristía
- la superioridad de la virgen María sobre ángeles y santos.

Las Disquisiciones metafísicas son “fuera de toda duda, la obra filosófica más importante de la filosofía cristiana desde la Edad Media”, como señaló
Josef Soder en su estudio Franz Suárez und sein Werk. Eso explica que en muchas universidades alemanas y holandesas, tanto católicas como protestantes, fuera utilizado como libro de texto. Ejerció tanta influencia en los centros docentes europeos que en Alemania aparecieron 17 ediciones de este libro entre 1597 y 1636.

También es conocido el impacto que las Disquisiciones suarecianas ejercieron en pensadores como Grocio, Descartes, Christian Wolf, Franz Brentano o
Schopenhauer, quien en su obra El mundo como voluntad y representación dejó bien clara su admiración por el tratado de Suárez. Martín Heidegger declaró en su obra Ser y tiempo que Suárez había sido el verdadero mediador entre la ontología griega y el pensamiento moderno.

Puede considerarse sus Disquisiciones metafísicas como la primera construcción sistemática de la metafísica después de Aristóteles, por ello ejerció una influencia considerable en el pensamiento posterior como el más moderno de los escolásticos.


 
FRANCISCO SUÁREZ


Además de sus aportaciones sobre la metafísica, el teólogo granadino ha pasado a la historia del pensamiento universal por sus estudios sobre el Derecho Internacional y la problemática de la guerra. Como otros tratadistas antes que él, distinguía entre la guerra agresiva (bellum aggressium) y la guerra defensiva (bellum defensivum). La guerra está justificada y es incluso necesaria cuando responde a una injuria grave (gravis iniuria); es injusta y reprobable cuando falta este requisito. Ahora bien, aunque la guerra basada en la autodefensa sea en principio legítima, si no se ejerce con la debida mesura y precaución, puede convertirse en guerra injusta a causa de los daños que ocasionan al enemigo.

Así, escribe en
De triplici virtute theologica (Sobre las tres virtudes teológicas): “Aunque la guerra no sea en sí mala, pertenece, por los muchos daños que produce, a las empresas que a menudo son llevadas a cabo de manera improcedente. Son precisas, pues, muchas circunstancias especiales para que pueda ser una guerra honesta.”

La base argumental que Suárez utilizó para analizar la guerra justa e injusta la aplicó también para explicar las relaciones entre las naciones y, a nivel intra-estatal, las de los soberanos y sus súbditos. En este segundo aspecto, declaró en Sobre las tres virtudes teológicas, que “una guerra de la República contra el Príncipe, aunque sea agresiva, no es intrínsecamente mala”, añadiendo de todos modos que para que sea lícita tiene que atenderse a los principios de la guerra justa. Las condiciones para le rebelión de la comunidad contra el soberano se dan “cuando el Príncipe es un tirano”, ya que “el tirano es el verdadero agresor contra la República y cada uno de sus miembros”.


Por encargo del papa
Pablo V, en 1593 escribió una De defensio fidei contra Anglicanae sectae errores (Defensa de la fe católica contra autores de la secta anglicana), fue publicado en Coimbra en 1613. Esta obra fue quemada en Londres por orden del rey Jaime I de Inglaterra y prohibida por el Parlamento de París en 1614 sobre la base de que contenía doctrinas que eran contrarias a la autoridad de los monarcas. En ella atacaba la doctrina del Poder Divino de los reyes tan en auge en la Europa de la Edad Moderna, por la cual el monarca no era responsable de sus actos ante la iglesia ni ante los individuos, sino solamente ante Dios.

Suárez defendió que la autoridad del Estado no tiene origen divino sino humano, que la autoridad política emana de los individuos, y no directamente por Dios. Es por eso que ningún rey podía tener el atributo de sagrado y que el pueblo, en casos extremos, puede destituirle. Consideraba la legítima protección de los ciudadanos contra un príncipe convertido en tirano.

En sus lecciones sobre el
Derecho de Gentes, planteaba en primer lugar la difícil cuestión de la potestad del emperador y del sumo pontífice en el ámbito de la Cristiandad, uno de los problemas más debatidos de la época, no sólo entre los protestante y católicos, sino también entre estos mismos.

Su posición es inequívoca: ni el emperador ni el papa son dueños de los diversos reinos cristianos, de manera que la potestad pertenece exclusivamente a cada respectivo príncipe y ninguno de ellos está obligado a reconocer a una autoridad superior a la suya. Por ello, escribe en su Defensio fidei catholicae et apostolicae, que “existen tantos príncipes como reinos o estados soberanos”.



UNIVERSIDAD DE COIMBRA


Su gran obra jurídica fue Tractatus de legibus ac Deo legislatore (Tratado de las leyes y de Dios legislador), publicada en 1621, que muy fecunda para la doctrina iusnaturalista y el Derecho Internacional. En ella se encontraba ya la idea del pacto social o de contrato social: la comunidad política se constituye por una primera entente entre individuos o familias; la comunidad puede delegar el poder a un grupo o a una sola persona, por medio de un segundo pacto, que Dios deja a nuestra discreción. Por regla general, la democracia, es decir el gobierno directo del pueblo por el pueblo, será la forma más natural de gobierno y no necesita de una institución particular, pues es conforme a la espontaneidad de nuestro ser.

También realizaba un análisis más avanzado que sus precursores del
concepto de soberanía: el poder es dado por Dios a toda la comunidad política y no solamente a determinadas personas, con lo que esboza el principio de la democracia contra cesaristas, legistas, maquiavelistas y luteranistas.

Para Suárez, "La comunidad política es libre por derecho natural y no está sujeta a ningún hombre fuera de ella, sino que ella misma en su totalidad tiene el poder político que es democrático mientras no se cambie."

Esta obra fue escrita a la vez contra el protestantismo, que defendía el derecho divino de los soberanos, y contra todos los naturalistas más o menos cínicos. El Tractatus de legibus analizaba la ley en general, para después estudiar las diversas clases de leyes y las cuestiones que éstas suscitaban. Distinguía entre ley eterna, ley natural, derecho de gentes, ley positiva humana (derecho civil y derecho canónico) y ley positiva divina (la del Antiguo y Nuevo Testamento).

Entre sus
proposiciones jurídicas destacan:

- La comunidad humana es soberana para dotarse de la forma de gobierno que considere más oportuna.
- La autoridad procede de Dios, pero reside en el pueblo, base jurídica que fundamenta la democracia participativa de los ciudadanos.
- Los reyes puestos en su cargo por Dios ejercen la autoridad al servicio de su pueblo como servidores suyos (ni si quiera la razón del bienestar del pueblo excusa abusar de la autoridad).
- Las relaciones entre los pueblos deben estar basadas en el respeto preferente a la persona. Por tanto, cualquier ley que vaya contra la persona atenta contra la propia sociedad.
- La Iglesia no tiene autoridad efectiva en campo civil; su poder, de origen divino, se circunscribe al terreno espiritual.

En su Tractatus de legibus se dedicó a
formulación del Derecho internacional, por cual el género humano es concebido como algo que forma una unidad moral y política, independientemente de su raza o patria. La consideración de que la Humanidad es un solo cuerpo estaba basado en el precepto evangélico de amor universal a nuestro prójimo.

Partiendo de esta concepción plural de la soberanía, rechazó como abstracta la idea de un estado mundial único como árbitro de las relaciones entre los diversos estados nacionales. Para Suárez, aunque cada estado sea autosuficiente necesita de los otros estados para su desarrollo y plenitud. Los estados no deben vivir aislados unos de otros ya que, por muy perfectos que sean, “no pueden prescindir de la recíproca ayuda, colaboración y entendimiento”.

Por esta razón, cada grupo nacional forma parte de la superior comunidad internacional, y cada estado tiene el derecho y la obligación de elaborar y concertar pactos con los demás estados con el fin de que puedan convivir en las mejores condiciones posibles, tanto en el orden físico como humano, moral y espiritual.

Suárez demandaba la creación de un Derecho internacional para regir esta sociedad universal y de un organismo internacional capaz de mantener la paz entre las naciones y sancionar a los culpables de los posibles enfrentamientos entre ellas. Este derecho está basado en dos fuentes: el Derecho natural, surgido de la razón; y el derecho de gentes, surgido de los usos locales y particulares de cada nación. Aquel organismo se materializaría siglos más tarde en la
Organización de las Naciones Unidas. Esta es propiamente la misión que corresponde al ius gentium o Derecho in
ternacional de gentes.

 

MONUMENTO A FRANCISCO SUÁREZ EN GRANADA


Por todo ello, Francisco Suárez ha sido reconocido como uno de los juristas que mayor aportación ha efectuado al Derecho natural y el Derecho internacional, la relación entre las personas y los pueblos. Sus escritos se caracterizaron por la profundidad, penetración y claridad de expresión.

Según
James Brown Scott, Suárez completó la obra de Francisco de Vitoria desde el aspecto filosófico. Bossuet dijo que los escritos de Suárez contenían la totalidad de la filosofía escolástica. Werner afirmó que si Suárez no era el primer teólogo de su tiempo, pero sí era, fuera de toda duda, uno de los primeros. Grotius reconoció en él uno de los teólogos más grandes y un filósofo profundo. Por último, Mackintosh lo consideró como uno de los fundadores del Derecho internacional.


El concepto de substancia de Spinoza tiene su origen en Suárez, su teoría modal adelantó a la de Leibniz, su ius gentium al contrato social de Rouseau, y el sujeto trascendental de Kant se inspiró en la noción de analogía de atribución descrita por Suárez. Por último, su concepto del carácter democrático del Poder adelantó el Ensayo sobre el gobierno civil (1689), de John Locke.

Las obras de Suárez fueron mantenidas en la más alta estima en su época, como se muestra por las numerosas ediciones parciales que se hicieron de ellas en Lyon, Salamanca, Madrid, Coímbra, Mayence, Colonia, París, Évora, Génova, etc., como también por el hecho, relacionado por sus biografías, de que una de las alas del antiguo colegio de los Jesuitas en Salamanca fue restaurada con el producto de la venta de sus obras sobre metafísica.

En los medios católicos, tuvo numerosos discípulos y fue continuado por una pléyade de maestros. Para los protestantes, fue por mucho tiempo un modelo. El gran filósofo andaluz estuvo presente incluso en el seno de la filosofía nueva del Barroco y más tarde de la Ilustración. Su pensamiento ocupó un importante lugar en el pensamiento español y constituyó un giro capital en la evolución de la especulación mundial.


BARCO CON RUEDA DE PALAS POR BLASCO DE GARAY

El marino e inventor Blasco de Garay contribuyó al desarrollo de la navegación con importantes innovaciones, siendo la más relevante de ellas el desarrollo de la rueda de palas en barcos como sustituto de los remos y velas, que ya se había utilizado en el siglo IV en China y Bizancio. También se le atribuye la realización de las primeras pruebas de máquina de vapor aplicada a la navegación en el año 1543.

 

BLASCO DE GARAY

Un barco de vapor es un buque propulsado por turbinas de vapor. Consta elementalmente de una caldera de vapor, de una turbina de vapor o máquina de vapor y de un condensador refrigerado por agua. La transmisión se consigue con un cigüeñal en las máquinas de vapor o con una caja reductora en el caso de usar turbinas.

Blasco de Garay nació alrededor del año 1500, en Barcelona. Fue inventor y capitán de la Armada española durante el reinado de Carlos I.

Garay propuso al emperador un sistema de navegación que contenía una gran caldera de agua hirviendo y unas ruedas de palas a ambos lados de la embarcación para hacer propulsar las naos y embarcaciones mayores en ausencia de marejadas, sin necesidad de utilizar la fuerza del viento o el trabajo de remeros. A pesar de los obstáculos y contradicciones que experimentó este proyecto, el emperador convino que se ensayara, verificándose en el puerto de Barcelona el 17 de julio de 1543.

El experimento se efectuó en una nao de 200 toneles denominada Trinidad, venida de Colibre hasta Barcelona para descargar trigo, su capitán fue Pedro de Scarza. Garay contó con varios testigos entre los que estaban: Enrique de Toledo, el gobernador Pedro de Cardona, el tesorero Rávago, el vicecanciller, el maestro de Cataluña Francisco Gralla, y varios capitanes situados dentro de la nao y en el exterior.




ESQUEMA DE UNA HIPOTESIS DE MAQUINA TEÓRICA DE GARAY


Los informes de aquellos testigos fueron positivos, destacando la rapidez en los giros y asegurando que la nao se desplazaba a legua por hora cuando menos. Por el contrario, Blasco sufrió el enfrentamiento con su enemigo, el tesorero Rávago, quien sostuvo que andaría dos leguas cada tres horas, que resultaría muy complicado y costoso su desarrollo, y que había mucho peligro de explosión de la caldera.

A pesar de las dificultades y contradicciones el proyecto de Garay fue apreciado por Carlos I quien promovió su desarrollo aportando 200.000 maravedíes para los gastos, y concedió otras mercedes.

Pero a la hora de llevarlo a la práctica, Rávago, secretario real encargado de la Hacienda, fuera por superstición o por otra razón, desautorizó el proyecto. De haber obtenido fondos para la investigación, la importancia de los ingenios de Garay podía haber sido inmensa.


 

ESQUEMA DE LA DE MAQUINA EXHIBIDA POR GARAY EN BARCELONA EN 1543


Este descubrimiento está contemplado en los documentos del Archivo General de Simancas y acreditado por el director del Archivo, Tomás González Hernández, en 1825 y por el historiador Joaquín Rubió i Ors en 1880.

Más adelante, Garay envió un documento al rey, en donde exponía nuevas innovaciones, tales como: sacar buques de debajo del agua, aun cuando estuviesen sumergidos a cien brazas de profundidad, con sólo el auxilio de dos hombres; un aparato para que cualquiera pudiera estar sumergido bajo el agua todo el tiempo que le conviniese; otro aparato para descubrir con la simple vista objetos en el fondo del mar; la manera de mantener bajo el agua una luz encendida; o el medio de convertir en dulce el agua salobre.

También colaboró con Diego de Salazar y con Diego López de Ayala en la traducción de la Arcadia de Jacopo Sannazaro en 1549.

LEY PERPETUA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA: PRIMER TEXTO CONSTITUCIONAL DE EUROPA

La Ley Perpetua del Reino de Castilla puede considerarse el primer precedente de Constitución liberal en Europa si se analiza el proceso y el documento. Redactada en Ávila el año 1520 por los representantes de las principales ciudades, expresaba los elementos propios de la Constitución política castellana formalizados en un texto aprobado por nuclear.



AJUSTAMIENTO DE LOS CAPITANES COMUNEROS JUAN PADILLA, JUAN BRAVO Y FRANCISCO MALDONADO EN VILLALAR EL 24 DE ABRIL DE 1521, POR ANTONIO GISBERT (1860)


La Ley Perpetua del Reino de Castilla fue redactada por la Junta de Procuradores de las Comunidades de Castilla reunida en Ávila en el verano de 1520. Este conjunto de leyes resultó ser el gran precedente constitucional hispánico, frustrada en su aplicación por la oposición del rey Carlos V de Habsburgo y su Corte. Y es que el movimiento político comunero desarrollado entre 1519 y 1521 puede considerarse como la primera revolución constitucional europea si se analiza con detalle el proceso y el documento.

La Ley Perpetua de 1520, también denominada como la Constitución de Ávila o los Capítulos del Reino, expresa los elementos propios de la Constitución Política castellana formalizados en un texto aprobado por los representantes de las principales ciudades de la Castilla nuclear.

No fue el escueto documento elaborado exactamente un siglo después, en 1620, por los “padres peregrinos” ingleses a bordo del May flower, la primera Constitución política del mundo. Tampoco tuvieron este carácter los pactos que otros monarcas celebraron siglos atrás con los estamentos nobiliarios al objeto de garantizar a éstos determinadas concesiones: la Carta Magna inglesa de 1215, la Bula de Oro húngara de 1222, y el Privilegio General Aragonés de 1283. Tales textos tuvieron como único fin la limitación del poder de la Corona, pero en modo alguno establecieron la organización del Estado y el aseguramiento de los derechos ciudadanos.

La Ley Perpetua que los comuneros enviaron desde Tordesillas al emperador fue el primer documento que realmente marcó un precedente constitucional en el mundo. Su normativa política no solamente tiene carácter revolucionario, sino que puede ser considerada como un auténtico texto preconstitucional, como la más temprana Constitución histórica de España, pese a carecer de ideología sistemática y completa. Eran la expresión más fidedigna y exacta del pensamiento político, económico y administrativo de la revolución comunera, que estableció un plan regular de Gobierno.

El triunfo del documento constitucional escrito, dentro del proceso político mundial, se inició con la “Constitución de Ávila”. De hecho, este texto se invocase más de una vez en 1787 en los debates de la Constitución norteamericana, y que en el período constituyente de Filadelfia (25 de mayo de 1787 - 17 de septiembre de 1787), se aludiera con reiteración a la llamada “Constitución de Ávila”, como documento inspirador de la Carta Política de los Estados Unidos de América. Y es que el texto de Ávila era una Constitución “impuesta”, pero también una Constitución “originaria”, por cuanto contenía principios fundamentales nuevos y originales que intentaba imponer en el proceso político y servir de base para la voluntad estatal.

Así pues fue el antecedente de nada menos que de la constitución norteamericana, primer estado formalmente democrático, aunque con formas que todavía tenían que evolucionar, como por ejemplo la abolición de la esclavitud.



MURALLAS DE ÁVILA


Los comuneros estamparon sus exigencias y reivindicaciones en diversos documentos. Antes de escribirse la Constitución de Ávila se hicieron varios borradores, algunos de los cuales se conservan, ya que gran parte del acerbo documental se ha perdido, unas veces por causas naturales y otras por una sistemática destrucción ordenada respecto de los fondos documentales. Así pues, una cédula de los virreyes de 21 de marzo de 1521 ordenaba al corregidor de Salamanca la destrucción de los documentos relativos al proceso comunero y el propio emperador Carlos V, el 23 de agosto de 1522 confirmaba esta orden. También se carece de las actas de la Santa Junta de Ávila que deberían conservarse entre los protocolos del Archivo Histórico Provincial de Ávila y que aportarían un conocimiento completo de los pormenores y vicisitudes de la también llamada Liga de Ávila.

Los Capítulos más transcendentales del proceso comunero fueron elaborados entre los últimos días de agosto y primeros de setiembre de 1520 en la villa de Martín Muñoz de las Posadas, a 38 kilómetros de la ciudad de Ávila, lugar que tuvo gran renombre en las concentraciones comuneras. Tal vez pueda ser el primer borrador o proyecto de Capítulos de la Junta de Ávila.

Se vislumbra en el documento el radicalismo de sus redactores con tendencia a la máxima limitación del poder real, aunque después en la Ley Perpetua serían dulcificadas las peticiones.

No consta ni fecha ni lugar donde se redactase, ni incluso figuran las personas intervinientes, por lo que se ha dudado si fue obra de la Junta de Ávila en Tordesillas o de la propia Junta durante sus primeras reuniones en Ávila. Algunos historiadores han creído ver que se redactó en esta última ciudad, aduciendo que están escritos “con singular osadía, lenguaje propio de los comuneros de Avila”, donde los ánimos estaban más enconados en los primeros momentos del levantamiento. Aunque lo más probables es que el documento hubo de ser redactado en los primeros momentos de actuación de la Junta de Ávila, e incluso que tuviera participación en la redacción, .

Los borradores eran más radicales que los documentos posteriores, los comuneros eran pues al parecer precursores de los modernos políticos expertos en el arte de amagar pero no dar. Lo que no está nada claro es que pretendieran algo así como una nación castellana o algo parecido ya que, en primer lugar, el adjetivo castellano se refería al conjunto de reinos de la corona de Castilla pero no a la específica región castellana.

Su inspiración no eran las antiguas comunidades de villa y tierra castellanas que ya en el siglo XVI apenas conservaban restos de su antiguo régimen foral, sino las ciudades libres italianas del Renacimiento. A pesar que la tradición castellana de los Concejos inspiró las tendencias democráticas comuneras, el modelo italiano fue el que se siguió cuando llegó el momento de acometer la elaboración del amplio plan de descentralización.



CARLOS V EN MÜHLBERG, POR TIZIANO (1548)


Existen varias notas determinantes en lo que se ha llamado “despliegue institucional” de la Junta. El primer término se basa en un plan de descentralización mediante el cual cada Comunidad elaboraba su propia organización política y conducía sus propios asuntos con gran autonomía, limitándose la Junta General a proveer las diligencias generales y a ejercer las responsabilidades a escala nacional. Sin duda, los comuneros pretendían hacer de Castilla una federación de ciudades libres.

El debatido obispo de Zamora, Antonio de Acuña, mitrado indómito y capitán de comuneros, planeaba un sistema de regionalismo o provincialismo “separatista”, en el que incluyó a Toledo, Burgos, Valladolid, Salamanca, Ávila y Segovia, y llegó a decir que “quedarían exentas y libertadas como lo son Venecia, Génova, Florencia, Siena y Lucca, de manera que no las llamen ciudades sino señorias y que no haya en ellas regidores sino consules”.

El ambicioso obispo de Zamora sentía sin duda el momento renacentista y era decidido opositor del Absolutismo monárquico. Conocedor de Italia y de sus formas políticas, el recuerdo de los años vividos en las ciudades italianas quizá impulsaban a buscar en la imagen política de aquéllas un modelo o patrón para las ciudades de Castilla.

Evidentemente es mucho más interesante una Venecia o una Florencia que no una Valladolid con ansías caciquiles y centralizadoras.

Se ha dicho hasta la saciedad que el movimiento comunero del siglo XVI no fue en absoluto un fenómeno estrictamente castellano, sino que participaron diversos reinos de la corona castellana: León, Murcia, Andalucía y también los territorios forales vascongados; la participación de la andaluza Jaén fue notable.

LANCHA CAÑONERA POR ANTONIO BARCELÓ

Uno de nuestros mejores marinos ilustrados del siglo XVIII fue Antonio Barceló. Siendo teniente general de la Real Armada española colaboró en el asedio de Gibraltar, durante los años de la Guerra contra Inglaterra de 1779 y 1783, mediante la aportación de unas lanchas cañoneras de su invención que supondrían el comienzo de hacer la guerra marítima de una manera muy efectiva y que fueron el terror de los ingleses. La lancha cañonera fue una aportación más de la Ilustración española a la ciencia marítima y militar.




ANTONIO BARCELÓ


La lancha cañonera estaba blindada con planchas de acero por toda la obra muerta, con formas redondeadas que hacían rebotar los proyectiles enemigos. Montaba una sola pieza artillera en su centro de 24 libras, protegida con un parapeto que se podía alzar o abatir. Sus dimensiones eran de 56 pies de eslora, 18 de manga y 6 de puntal y 14 remos por banda y una gran vela latina para modificar su rumbo y apuntar, aunque luego se modificó el proyecto añadiendo a la pieza artillera una base giratoria que permitían apuntar el cañón sin modificar el rumbo de la embarcación.

Antonio Barceló y Pont de la Terra, era natural de Galilea (Puigpuñent, Mallorca) donde nació en 1717. El 24 de agosto de 1779, Barceló ascendió a jefe de Escuadra y fue nombrado comandante de las fuerzas navales destinadas al bloqueo de Gibraltar. Su fuerza la componían un navío de línea, una fragata, tres jabeques, cinco jabequillos, doce galeotas y veinte embarcaciones menores. Por tierra debía efectuar el ataque el general Martín Álvarez de Sotomayor. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de construir las lanchas cañoneras y bombarderas, que tantos éxitos le dieron a él como a los que las comandaban, realizando prodigios nunca pensables, incluido el ataque a los navíos británicos, que en la mayoría de los casos huían.

La dificultad para atacar la plaza por mar residía en la más que comprobada inferioridad de los buques de vela y madera de la época contra las fortificaciones terrestres. Nelson afirmaba a este respecto que un cañón en tierra en un buen reducto valía diez embarcados, y eso a igualdad de proyectiles, pues desde tierra era fácil responder al atacante con balas rojas o granadas incendiarias, que por su peligrosidad estaban casi totalmente descartadas en los buques.




MAQUETA DE LANCHA CAÑONERA

Para bombardear la plaza ideó el marino mallorquín el uso de las lanchas cañoneras y bombarderas, consistentes en armar grandes botes de remo con una pieza de 24 (casi la de mayor calibre de la época, pues las más pesadas eran de 32 ó 36 y sólo en las baterías bajas de los navíos), o con un mortero. Para proteger a la tripulación se dotó las lanchas de un parapeto plegable forrado por dentro y fuera con una capa de corcho. Medían 56 pies de quilla, 18 de manga y 6 de puntal, con 14 remos por banda. Montaban la mencionada pieza de artillaría sobre un sistema giratorio. El velamen consistía en una gran vela latina, y su dotación era de una treintena de hombres.

Muchos opinaron que tales botes no podrían soportar el peso y mucho menos el retroceso de la enorme pieza, pero las experiencias probaron que tales temores eran infundados. Barceló desarrolló su idea proporcionando a las lanchas un blindaje de hierro, que las cubría hasta por debajo de la flotación. Pero pronto se pudo observar que tales precauciones eran exageradas, pues, dado los limitados recursos de puntería de la época, resultaba poco menos que imposible acertar a las pequeñas lanchas cuando atacaban de proa, mientras que éstas tenían muchos menos problemas para batir blancos mucho mayores. El mejor juicio sobre su efectividad, y no pudo ser más concluyente, vino del enemigo.

Según un oficial británico llamado Sayer:
"La primera vez que se vieron desde nuestros buques causaron risa; mas no transcurrió mucho tiempo sin que se reconociese que constituían el enemigo más temible que hasta entonces se había presentado, porque atacaban de noche y, eligiendo la mayor oscuridad, era imposible apuntar a su pequeño bulto. Noche tras noche enviaban sus proyectiles por todos lados de la plaza. Este bombardeo nocturno fatigaba mucho más que el servicio de día. Priméramente, trataron las baterías de deshacerse de las cañoneras disparando al resplandor de su fuego; después se advirtió que se gastaban inútilmente las municiones."


 


LANCHA CAÑONERA

Finálmente, el rey ilustrado Carlos III eligió como arma principal para el asedio de Gibraltar las baterías flotantes inventadas por el ingeniero francés D´Arçon que se mostraron absolutamente sobredimensionadas e incapaces para una acción de este tipo y que fueron destruidas por el enemigo británico, siendo uno de los principales motivos del fracaso final del asedio de Gibraltar que finalizó en 31 de enero de 1.783.

Se construyeron 10 plataformas cañoneras tipo D´Arçon. Montaban en total 140 cañones de grueso calibre, munición para el asedio y una dotación de 5.300 hombres. Cuatro de las baterías flotantes del modelo D´Arçon fueron destruidas por el enemigo porque presentaban un blanco fácil y explosionaron fácilmente al estar sobrecargadas. El gran Federico Gravina, héroe español de la batalla de Trafalgar, mandó una de ellas en esa jornada de Gibraltar, la San Cristóbal de 17 cañones que también fue destruida por el enemigo.

La Armada española fue precursora en el uso de la lancha cañonera, que prestó grandes servicios y victorias frente a escuadras convencionales desde el último cuarto del siglo XVIII hasta el primer cuarto del XIX. Gracias a ellas se repelieron eficazmente los diversos ataques a Cádiz en la Guerra contra Inglaterra de 1797 a 1799 y durante la Guerra de la Independencia española de 1808 a 1812, constituyendo una auténtica "guerrilla naval". Incluso se llegaron a utilizar lanchas cañoneras operando en el río Ebro, en los sitios heroicos de Zaragoza, contra la invasión napoleónica.

Posteriormente la Armada española siguió utilizando las lanchas cañoneras en su doble función artillera y como patrullera. Su uso fue muy frecuente en las guerras coloniales en Cuba y Filipinas a finales del XIX. El cañón Tigre que fue el que arrancó el brazo al almirante Nelson en su frustrado intento de tomar de Santa Cruz de Tenerife, el 24 de Julio de 1.797, acabando en derrota y rendición de la Royal Navy ante las fuerzas españolas.

SUBMARINO MILITAR POR ISAAC PERAL


Isaac Peral fue un excelente ingeniero y marino de la Real Armada española que pasó a la Historia de la ciencia por inventar del primer submarino militar, el Peral en 1885. Fue un submarino propulsado eléctricamente que revolucionó la navegación subacuática.

También destacó en trabajos y misiones de carácter científico: inventó un acumulador eléctrico, un varadero de torpederos premiado, un proyector luminoso y una ametralladora eléctrica. Escribió un Tratado teórico-práctico sobre huracanes.


RETRATO DE ISAAC PERAL


Isaac Tomás Peral Caballero era natural de Cartagena, donde nació en 1851, perteneciente a una familia con tradición militar y naviera; tanto su padre como sus dos hermanos fueron oficiales marines de la Real Armada. Siguiendo los pasos de sus familiares, ingresó en el Colegio Naval Militar de San Fernando de Cádiz a los catorce años, donde comenzó sus estudios, aplicándose por entero a la aritmética de Serret, la geografía de Rouche y Camberouse y al álgebra de Briot, aunque también se aplicó en materias propias de náutica como la construcción naval, maniobra, pilotaje, astronomía, mecánica, física, máquinas de vapor, historia naval e historia de España.

Durante toda su vida fue adquiriendo una amplia formación técnica pasando por varias instituciones científicas: el Observatorio Astronómico de San Fernando, la Comisión Hidrográfica y la nueva Escuela de la Armada, en la que fue profesor de física y química en 1882.

Su vida militar comenzó en 1866 cuando fue nombrado guardiamarina de segunda clase y, al año siguiente, embarcó en la corbeta Villa de Bilbao, con la que realizó varios viajes y evoluciones.

En noviembre de 1867 inició su primer viaje de ultramares en la urca Santa María, un navío muy robusto preparado para largas navegaciones de altura. Peral fue designado gaviero de la seca o vega mayor de mesana. Arribó en Manila en junio del año siguiente tras 201 días de navegación, regresando a Cádiz en octubre de 1869. Peral tomó notas de todo cuanto se encontraba en el viaje, así como hallando posiciones tanto diurnas como nocturnas, por lo que en ningún momento se encontró sin trabajo.

Continuó realizando varios viajes más por el Mediterráneo y Caribe. Participó en la Guerra de Cuba de los Diez Años (1868-1878), en la que supo apaciguar la insurrección de los independentistas cubanos tras el Grito de Yara, y también tomó parte en la III Guerra Carlista (1872-1876).

En 1877 pasó al observatorio de San Fernando como profesor en la Academia de Ampliación de Estudios de la Armada durante cuatro años. Allí impartió clases de matemáticas, geografía, física, ingeniería naval y electricidad. Apenas unos años antes algunos físicos definían la electricidad como “un fluido desconocido que quemaba y no podía ser ponderado”. Sobre la labor a la investigación fueron destacables sus informes recogidos en el Tratado teórico práctico sobre huracanes que le valió la Cruz de Primera Clase del Mérito Naval con distintivo blanco. Su estancia en la institución científica y su contacto con otros profesores preocupados por la ciencia y la técnica naval, como José Luis Díaz y Joaquín Ariza, fueron decisivos para el futuro de Peral y de su invento.


PRUEBAS DEL SUBMARINO PERAL


En 1880 ascendió a teniente de navío, ocupando diversos destinos en Cádiz y Cartagena, a la Escuadra de Instrucción.

En 1881 fue enviado, nuevamente, en misión a Filipinas como jefe del arsenal de Cavite. El archipiélago era un territorio desconocido y hostil, que era preciso cartografiarlo. Más tarde fue miembro de la comisión hidrográfica, realizando misiones de control, vigilancia y transporte al mando del cañonero Caviteño y trabajó en el levantamiento de los planos del canal de Simanalés.

Al año siguiente regresó a España para trabajar en el observatorio de San Fernando como catedrático de física, química y alemán de la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada, alcanzado rápidamente la cátedra de física en la Academia de la Armada. Hasta aquí, había prestado servicio en 32 buques diferentes, embarcado durante 16 años con 1.318 días de mar.

En 1885 presentó el proyecto de torpedero sumergible a sus superiores del observatorio, los ilustres matemáticos Cecilio Pujazón y Juan Viniegra, proyecto en el que llevaba años trabajando en secreto en su domicilio gaditano. El comienzo del conflicto de las islas Carolinas, reivindicadas por Alemania, le hizo exponer su proyecto al servicio de la Armada para defender las costas del archipiélago. Mediante esta innovación tecnológica, Peral pretendía contribuir al Plan General de Renovación de la Armada española: el Plan Rodríguez Arias. La idea de su torpedero submarino empezaba a tomar forma en un contexto de creación de una Armada Nacional dotada de buques modernos y tecnológicamente adecuados a las nuevas misiones de las guerras modernas, con el objetivo de conservar los restos del Imperio español.

El ministro de Marina, vicealmirante Manuel de la Pezuela y Lobo le hizo acudir a Madrid, donde demostró su proyecto ante una comisión técnica, recibiendo un informe favorable y siendo autorizada la construcción del aparato de profundidades. Por la Real Orden de 4 de octubre de 1886, el gobierno de Cánovas autorizó el primer presupuesto de 5.000 pesetas. También fue comisionado para adquirir en el extranjero los materiales que no encontraba en España: aparatos ópticos en París, accesorios y torpedos en Berlín, acumuladores en Bruselas, y aceros, motores eléctricos, hélices y tubos lanzatorpedos en Londres.

Las obras del torpedero submarino Peral comenzaron en el arsenal de la Carraca Cádiz, el 23 de octubre de 1887 y, pese a todo y gracias al apoyo de la reina regenta María Cristina, fue finalmente botado el 8 de septiembre de 1888. El coste total del sumergible alcanzó las 300.000 pesetas de la época. Las pruebas oficiales se desarrollaron a lo largo de 1889 y 1890. Aunque las pruebas definitivas tuvieron gran éxito, el consejo superior de la marina no autorizó la construcción de nuevos submarinos.

Durante la construcción, presentó en Exposición Universal de Barcelona de 1888 un varadero de torpederos premiado con medalla de oro.





SUBMARINO PERAL REALIZANDO PRUEBAS DE EVALUACIÓN
ANTE LA COMISIÓN TÉCNICA



El submarino consistía en una nave de ensayo construido de plancha de acero, su forma era fusiforme y estaba capacitado para navegar a profundidades de hasta 30 metros. Medía 22 metros de eslora, 2´76 de puntal, 2´87, de manga y desplazaba 77 toneladas en superficie y 85 en inmersión. Sus dimensiones eran 22 metros de eslora y 2´87 metros de manga en su Cuaderna Maestra. Tenía una velocidad máxima de 7´7 nudos en superficie y 3´5 nudos en profundidad, pudiendo tener una autonomía de 396 millas.

La propulsión se obtenía mediante unos acumuladores eléctricos que suministraban corriente a unas dinamos. Estas, a su vez, por rotación, hacían girar dos hélices dispuestas en el eje vertical del submarino. Las hélices iban hundiendo la nave hasta que su resistencia era inferior a la presión del agua.

Como armamento tenía instalado 3 torpedos Schwarzkopff, con su correspondiente tubo lanzatorpedos, además de un periscopio, un sofisticado "aparato de profundidades", que permitía al submarino navegar hasta una cota máxima de inmersión de 30 metros de profundidad y mantener el rumbo del buque en todo momento, incluso tras el lanzamiento de los torpedos desde el tubo lanzatorpedos situado a proa, y todos los mecanismos necesarios para navegar en inmersión hacia el rumbo prefijado en mar abierto. Además, demostró que podía atacar sin ser visto a cualquier buque de superficie.

Todas estas características no volverían a verse, 30 años después, en los famosos Holland norteamericanos de la I Guerra Mundial.

Tenía todas las funcionalidades básicas que se pueden incorporar en un submarino militar moderno, y supuso un avance científico y militar sin comparación para la época.


PLANOS DEL SUBMARINO PERAL


La definición que la Real Academia española de la lengua dio a este buque submarino fue: "El de guerra que puede cerrarse herméticamente, sumergirse a voluntad con su tripulación y, por medio de una máquina eléctrica, navegar dentro del agua para hacer reconocimientos en los buques enemigos y lanzarles torpedos, o para exploraciones submarinas". Con esta definición se toma al submarino de Isaac Peral como el primer buque submarino de guerra de la historia, el cual puede ser visitado en el puerto de Cartagena.

La Comisión Técnica nombrada al efecto, avaló el éxito de las pruebas del primer submarino de la historia, ya que su rendimiento fue excelente. Recorrió cuatro millas bajo el agua durante más de una hora pasando prácticamente inadvertido y realizó el primer disparo de un torpedo en inmersión.

Con el éxito del Peral, este cartagenero había conseguido hacer realidad el sueño que otros científicos habían intentado infructuosamente antes que él: El Tortuga de David Bushell en 1776, el Nautilus de Robert Fulton, el Ictíneo I y II de Narciso Monturiol, el Plangeur del francés Bugeois o los ingenios de Cosme García y de Wilhem Bauer, todos resultaron un fracaso.


BOTADURA DEL SUBMARINO PERAL EN EL ARSENAL DE LA CARRACA,
CÁDIZ, 08-09-1888


El 7 de Junio de 1890 se disparó por primera vez en la historia un torpedo en inmersión. Fue un Whitehead de 350 milímetros disparado por el submarino de Peral, y que se conserva en la Base de Submarinos de Cartagena.

Este mismo año fue elegido diputado por el Puerto de Santa María, arrebatando el escaño al hijo del almirante Berenguer, lo que ocasionó que la Armada rechazase el invento y lo consideraran un vehículo inservible, al igual que en otros casos anteriores (C. García o N. Monturiol). La independencia del científico resultaba incómoda para los partidos tanto de Cánovas como de Sagasta. Por desgracia, los ministros de Defensa de los siguientes gobiernos, los almirantes Rodríguez de Arias y Beránger, demostraron indiferencia o enemistad. Ningún gobierno le concedería el permiso para efectuar la prueba definitiva que había solicitado: atravesar sumergido el estrecho de Gibraltar, desde Algeciras hasta Ceuta.

Desanimado, solicitó el cese de su actividad militar en 1890, siendo relegado del servicio a la Marina definitivamente el 5 de noviembre de 1891.

Simultáneamente, Peral desarrollaba un cáncer cerebral que viajaba hacia la muerte, aunque fue operado de cáncer en Madrid.

Peral trató de explicar su proyecto y todo lo sucedido a la opinión pública mediante un Manifiesto. En él, rebatía las acusaciones y ofrecía su versión. A pesar de la campaña de desprestigio que sufrió y la prohibición de publicar su Manifiesto en ningún medio de comunicación, consiguió publicarlo, costeándoselo de su bolsillo, en un periódico satírico llamado El Matute.

Dedicado a la vida civil, nunca dejó de interesarse por desarrollar el submarino. Consiguió fundar varias empresas industriales con éxito, relacionadas con su especialidad: el aprovechamiento de la energía eléctrica. Algunas de estas empresas fueron el Centro Industrial de Consultas Electro-Mecánicas o Electra Peral-Zaragoza, dedicadas a la fabricación de acumuladores eléctricos, llegando a montar las 22 primeras centrales de alumbrado eléctrico de España.

Isaac Peral registró en España en siete patentes entre 1887 y 1891. Tres patentes estaban referidas al acumulador eléctrico de su nave (nº 7.073, nº 7.079 y nº 10.582). Las demás fueron un varadero para embarcaciones (nº 7.503), un proyector de luz (7.975) y un ascensor eléctrico (nº 12.703 y nº 12.837). También inventó una ametralladora que funcionaba con electricidad que no llegó a registrar en España.

El día 4 de mayo de 1895, Isaac Peral se trasladó a Berlín para ser operado de cáncer por el cirujano Bergman. Un problema durante el tratamiento le causó una meningitis que terminó finalmente con su vida el día 22 de mayo, a los 44 años, sin haber recibido ningún tipo de reconocimiento.


SUBMARINO PERAL EN EL PASEO MARÍTIMO DE CARTAGENA


Los restos de Peral fueron trasladados a Madrid y enterrados el día 29 en el cementerio de la Almudena, cuando deberían reposar en el Panteón de Marinos Ilustres con todos los honores. El 11 de noviembre de 1911, los restos fueron exhumados y trasladados a Cartagena, donde se construyó un mausoleo. Asimismo, a instancias del pueblo de Cartagena y a través de su alcalde Miguel Tobal Yúfera, se solicitó el traslado de los restos del submarino a la ciudad departamental, donde se expone en el muelle de Alfonso XIII.

En 1951 se realizó un monumento conmemorativo a Peral en Cartagena en su ciudad natal, Cartagena también dedica un barrio con su nombre y un parque en el barrio de La Flota. También Puerto de Santa María dedica la plaza de Isaac Peral en honor al marino.

Cada 1 de noviembre, desde hace mucho tiempo. Marinos de la Armada rinden homenaje en el Cementerio de Cartagena, frente al mausoleo. A este homenaje se han ido sumando otras marinas internacionales: como la Armada Peruana, la Armada Alemana y la Armada Italiana.

La noche del 30 de octubre de 1993 de produjo una celebración única en el Puerto de Cartagena. Consistente en una Naumaquia. Miles de personas de todas las edades y lugares se congregaron para contemplar con efusividad el sonido de cientos de bocinas de barcos, campanas de iglesias, tambores, cañones del ejército de tierra y fuegos artificiales. En todo el mundo, sólo dos veces se ha realizado una Naumaquia. La vez anterior fue en 1550, que Enrique II de Francia celebró en Ruan. La última, a finales del siglo XX, en honor a Peral. 



BOTADURA DEL SUBMARINO PERAL