TEORÍAS SOBRE LA SOBERANÍA DEL ESTADO EN LA EDAD MODERNA

1. TEORÍA DEL PACTO ORIGINARIO

El pactismo se convirtió, desde el siglo XIV, en toda una teoría política muy importante, mediante el cual se obligaba al monarca a jurar y respetar, previamente a su coronación, el ordenamiento jurídico interno.

En Aragón, el pacto cuajó en el Privilegio General de 1283, aceptado por Pedro III de Cataluña, cuando juró los fueros, usos y costumbres aragonesas, ante la alta nobleza local, que aseguraba el pacto originario de la fundación de este reino peninsular, mediante el acuerdo entre los cristianos refugiados en el Pirineo y el encumbrado rey.

En las Provincias vascas y en Navarra, el pacto “originario” también fue propio desde su fundación, incluso “originario” en su vinculación con Castilla. Desde el siglo XVI, tras una revisión foral, los guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos estaban convencidos de que su incorporación a Castilla había sido fruto de un pacto, cuyas modificaciones deberían hacerse bilateralmente entre los representantes provinciales y los reyes castellanos. Esta es la teoría que apoyaron muchos historiadores de la época.

A principios de la modernidad, surgieron varias teorías acerca del origen del pacto entre el rey y su comunidad humana.


FRANCISCO SUÁREZ


Hacia 1600, el principal teólogo español, el jesuita Francisco Suárez, desarrolló una teoría política por la cual toda comunidad humana, al constituirse como tal, recibía la autoridad de Dios y, mediante un pactum translations, la autoridad se transmitía a un príncipe o a una corporación para que gobernase esa comunidad. El pacto obligaba a esa corporación gobernar conforme al derecho natural y respetar los términos concretos del contrato, tales como fueros, usos y costumbres.

Durante la edad moderna esta fue la doctrina política que más influyó en el pensamiento de los reinos cristianos europeos, tanto católicos como protestantes.

En la cristiandad, surgieron otras teorías sobre el pactismo. El teólogo francés Bodin afirmaba la autoridad soberana del rey.


En la primera mitad del siglo XVI, el dominico Francisco de Vitoria expuso otra de las teorías políticas dominantes en la época, refiriéndose a la rex pública o autoridad de dominio público, independientemente de cual fuera la forma de gobierno elegido. Partiendo de la deposición de la autoridad de Dios en una comunidad política, al constituirse esta en origen, no pactaba con una corporación o persona externa a ella, sino que generaba en su propio seno una corporación o designaba una persona para que ejerciera el poder.

Mientras que la teoría de Vitoria afirma que la comunidad podía seguir siendo parte del poder y ejercer en el derecho, la teoría de Suárez afirma que es la comunidad la que se aparta del poder y autoridad, trasladándola fuera de sí misma hacia el soberano, el cual puede legislar como le pareciera oportuno con tal que respetara los términos del pacto.

En ambos casos, la autoridad debía someterse a los términos contractuales en que se hubiera concretado la delegación de poder. Otra cosa es que unos términos contractuales fueran más duros que otros. En base a estas teorías, el derecho público del Reino de Castilla, reconocía mayor alcance a la autoridad regia, que el que tenían los fueros de las Provincias vascongadas y la Corona de Aragón.


FRANCISCO DE VITORIA



2. TEORÍA DEL TIRANICIDIO

El Tiranicidio es la teoría que sostiene la licitud de la muerte al tirano y cuyo origen se remontan a los escritores griegos y latinos como Plutarco, Polibio y Cicerón. En el siglo XII esta teoría fue recogida por Juan de Salisbury para quien matar al tirano no solo era lícito, sino acción conveniente y justa.

La forma de gobierno en el reino de España durante la Modernidad fue la Monarquía, heredada de los Estados medievales y admitida unánimemente por la población y la teoría que prefería asimismo el carácter de hereditaria frente a la electiva, según disponían las leyes de los reinos.

La Monarquía española de la Modernidad fue una realeza de carácter absoluto, conforme a las ideas de la época, tendencia absolutista desarrollada desde la Baja Edad Media y consagrada por los principios heredados de la recepción como el principio cesarista romano “quod principi placuit, legis vigorem habet” que significa el rey ejercía los poderes por encima de todo.

Pero el carácter absolutista estuvo atemperado por otros principios como el de la sumisión del rey a las leyes prexistentes y a la felicidad de sus súbditos. Los filósofos y teólogos españoles del siglo XVI, como Domingo, Mariana, Vitoria, Suárez, Molina, De Soto, etc., son unánimes al entender que todo el poder venía de Dios, pero que es la comunidad la que lo delega y encomienda a su príncipe o soberano, justificándose de este modo el ulterior derecho de resistencia si el príncipe no lo utiliza en beneficio del bien común. De aquí que el rey deba sujetarse a las leyes divinas y naturales y a las leyes positivas, según Mariana y Márquez. 

La teoría española del tiranicidio distinguió entre tirano por ilegitimidad del título y el tirano por ejercicio inicuo del poder, y mientras algunos aconsejan respetar al tirano, como Covarrubias, Sepúlveda o Márquez, otros opinan que debe ser destituido y ejecutado, como Yañez, Mariana o Molina.

La más lograda defensa del tiranicidio fue elaborada por Juan de Mariana en su obra Del rey y de la Institución Real. La extensión de la doctrina fue tal que el rey Carlos III decretó el 23 de mayo de 1767 la prohibición en los centros de enseñanza, seminarios y universidades de enseñar la doctrina del tiranicidio.

  
JUAN DE MARIANA


3. TEORÍA DE LA RAZÓN DE ESTADO

En la Europa del siglo XVI, surgieron algunos pensadores Maquiavelo, Bodino o Hobbes que sentaron las bases de los que llamaron la Teoría del Estado absoluto, cuya legitimidad se fundamentaba en la Razón de Estado. Este pensamiento estaba muy influenciado con el ambiente de la Reforma protestante. Mientras que la España austracista pasaba del Renacimiento al Barroco, prologaba la Contrarreforma con distinción clara entre Renacimiento y Barroco.

Los tratadistas españoles intentaron una formulación teórica nueva del Estado renacentista. Durante el reinado de Carlos I se rompió el populus christianus medieval, y surgió una nueva organización político-jurídica, con poder independiente, que ejerció dominio sobre un grupo humano diferenciado, y se llamó Estado absoluto, porque ejerció dominio total sobre las personas. Del Autoritarismo de los Reyes Católicos se evolucionó al Absolutismo de los Habsburgo. 

La idea imperial quedó así sustituida por los Estados modernos, sin abandonar la concepción católica, que reconocía potestad indirecta de la Iglesia, distinguiendo entre lo temporal y lo espiritual, con separación de Iglesia y Estado, y superioridad del poder espiritual en lo religioso, hasta el punto de poder deponer al Príncipe y privarle de sus bienes si realizase algo contrario a la religión.

Al surgir Nicolás Maquiavelo fue preciso replantear la potestad indirecta, en 1559. Maquiavelo había descubierto una realidad política natural, regida por leyes, que llamó Razón de Estado. Estudió el Estado como realidad natural, sin preocuparse de la fe, por lo que los españoles identificaron su doctrina con el naturalismo protestante y ateo. Surgiendo un antimaquiavelismo español que propugnaba la armonía entre razón y fe, con ideología contrarreformista; proceso que aisló a España del resto de Europa.

Este antimaquiavelismo provocó en España la erudición de una importante literatura política, barroca, alejada de la universidad, escrita en castellano, publicada en manuales, sin orden sistemático ni lógico, pero de contenido práctico: orientar al gobernante y captar y educar al lector. Fue una literatura paralela a la literatura del Arbitrismo económico, dirigida a rescatar las haciendas del Estado de su absoluta quiebra. 

Sus principales representantes fueron Andrés Mendo, Juan Marquez, Diego de Tovar y Valderrama, y Juan Orozco y Sebastián de Covarrubias. Este último fue escritor de Emblemas morales (Segovia, 1589), siendo el emblema una especie de aviso o advertencia hacer comprender las ideas. En cambio, el pensamiento de Pedro de Rivadeneyra valoraba el carácter ejemplar de los casos concretos. Su obra más importante fue Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados (Madrid, 1595), escrita contra lo que Nicolás Machiavelo y los políticos de su tiempo enseñan. Para Rivadeneyra el buen reinado pasaba por la aplicación de la doctrina católica, pues hay dos razones de Estado: ”una, que del Estado hace religión; otra, que de la religión hace Estado”. 

Los tratadistas españoles del siglo XVII no se preocuparon ya del origen ilegítimo del poder, sino de que se realizase un poder justo. Como hombres barrocos utilizaron el ingenio, no aprobaron el tiranicidio, y consideraban la educación como el medio para crear el tipo de hombre más adecuado a una República cristiana. Todos los nacionales debían poseer la misma religión, por lo que en la práctica apoyaron la religión como razón de Estado.


SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS



4. TEORÍA DEL PRÍNCIPE CRISTIANO

La literatura política sobre el Príncipe Cristiano comenzó en la Edad Media con los tratados De regimene principum y los libros derivados de ellos, entre ellos el Vergel de príncipes de Rodrigo Sánchez de Arévalo y el Speculum principum de Pedro Belluga. 


En el Renacimiento proliferaron también los tratados políticos sobre la educación de príncipes y reyes, que constituyeron parte importante en las preocupaciones políticas de los erasmistas: entre los que podemos citar El espejo del príncipe cristiano de Francisco de Monzón, el De regni Regisque institutione de Sebastián Fox Morcillo y la Institución de un rey cristiano colegida principalmente de la Santa Escritura y de los Sagrados doctores de Felipe de la Torre. 



También se ocuparon de este tema El príncipe de Maquiavelo y la reacción antimaquiavelista, siendo este tema clave de la Teoría del Estado de la Contrarreforma. 



Es frecuente la afirmación de que el Príncipe es el alma del pueblo, tratando también del óptimo Príncipe Política de Dios, gobierno de Cristo de Quevedo. 



El tema sigue preocupando en el Renacimiento, no ya sólo como ejemplaridad moral, sino también como técnica y arte. Fue en la imagen del Príncipe maquiavélico donde se introdujo el arte político como forma de gobernar el Estado, y en ella el Príncipe olvidaba ya su salvación personal para subordinarlo a su fin político.



Los escritores españoles consideraron que eso era una impiedad que perjudicaba al Príncipe como gobernante, y defendieron que el Príncipe debe poseer virtud como persona pública, siendo una de sus funciones hacer virtuosos a sus súbditos y a la sociedad que regían. Sabido es que subordinaban la política a la ética, surgiendo el Tacitismo sin romper con los planteamientos escolástico, tal y como siglos atrás Santo Tomás de Aquino habló del ars gubernativa. No aceptan que el Príncipe tenga que ser malo para adaptarse a la maldad del ambiente, pero tampoco predican la bondad del género humano; admiten por eso que el Príncipe debe conocer la malicia humana, armándose del arte político para vencerla. Y Francisco Garau, en El sabio instruido de la naturaleza (1677), dijo textualmente: ”El Príncipe con las armas es uno; con las artes es un Reino”.


DIEGO SAAVEDRA FAJARDO



El autor español más importante de esta idea fue Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), natural de Algezares (Murcia), cursó jurisprudencia y cánones en Salamanca, marchó a Roma en 1606 como familiar y notario del cardenal Gaspar de Borja, embajador de España en la Corte pontificia. En julio de 1617 fue nombrado canónigo de Santiago. Hasta 1523 estuvo ocupado en los negocios de la embajada de Roma, y temporalmente en los de los virreinatos de Nápoles y Sicilia. En 1621 y 1623 asistió a los cónclaves en que fueron elegidos papas Gregorio XV y Urbano VIII, y a finales de 1623 fue nombrado procurador y solicitador real en la Corte romana. En 1633 se trasladó a Milán para recoger sus credenciales de enviado a la Corte alemana, y en 1625 se le otorgó el título de consejero de Indias. En junio de 1643 fue uno de los plenipotenciarios que negociaron en Münster el fin de la Guerra de los Treinta Años. Regresó a España en 1646, fijó su residencia en Madrid, donde murió en 1648.

El libro que más fama le dio fue Idea de un príncipe político-cristiano representada en cien empresas (Munich, 1640), pero inspirándose en los Emblemata política (1618) de Jacobo Brock Augermount escribió también Corona gótica, castellana y austriaca (Münster, 1645), República literaria (inédita), Introducción a la política y razón de estado del Rey Católico don Fernando (inédita también), y el folleto Locuras de Europa. Era antimaquiavélico, y en todas sus obras había un tono de moderación y equilibrio.

El género de las empresas tuvo gran éxito en España, en obras como Emblemas morales (1589) de Juan Orozco y Covarrubias y los Emblemas moralizados (1599) de Hernando de Soto. Por lo que Saavedra Fajardo utilizó también las empresas para tratar de la educación del Príncipe, demostrando su experiencia vivida y el carácter platónico y ejemplarizante de su pensamiento.

Las virtudes morales del Príncipe Cristiano fueron pues tema fundamental en todos los tratadistas políticos españoles del siglo XVII, que insisten en la prohibición de mentir, aunque aceptan la disimulación. También prestaron atención a la justicia, distinguiendo la conmutativa (relaciones de los ciudadanos o partes del reino) y la distributiva (relaciones entre el todo y las partes). Primando en ambas la igualdad ante la ley, y debiendo ser también el Príncipe liberal y buen administrador, imagen de Dios.



HERNANDO DE SOTO


5. TEORÍA DEL TACITISMO

En la Teoría Contrarreformista del Estado los escritores españoles citan con tanta frecuencia a Cornelio Tácito, que originaron el movimiento llamado Tacitismo.


Durante el siglo XVII, se construyó el Estado absoluto, y Maquiavelo delimitó el Estado autónomo y regido por leyes propias, ajenas a la ética, a lo que llamó razón de Estado. Pero los tratadistas españoles prefirieron a Tácito, que llegó a adquirir tal popularidad que español y tacitista fueron sinónimos en la Europa transpirinaica.

Tácito y Maquiavelo se oponían, pues mientras Maquiavelo representa el dogmatismo y la inflexibilidad estatal, Tácito utiliza el aforismo como un producto inductivo de la experiencia histórica, favorecedor de la flexibilidad y la maleabilidad; aunque unos escritores se sirvieron de Tácito para introducir maquiavelismo, otros combatieron a Tácito tanto como a Maquiavelo, y unos terceros se sirvieron de Tácito para captar la realidad política.

En realidad Tácito fue el descubridor del naturalismo político, realizando una labor política muy parecida a la de Aristóteles: poner de relieve el plano de la naturaleza como el de un orden autónomo, con leyes propias: en lo que su pensamiento tiene parentesco con el de Maquiavelo. El maquiavelismo se aprendió pues en Tácito, aunque con la religión cristiana en Maquiavelo, y la pagana en Tácito. Por eso el antimaquiavelismo hispano va unido a la condena de Tácito, sin que puedan equipararse maquiavelismo y tacitismo, pues Tácito inquiere la realidad política con la razón natural, por lo que ocupa un lugar intermedio entre Erasmo y Maquiavelo. Los antimaquiavelistas se sirvieron pues de Tácito sólo para rechazar a Maquiavelo.


JUAN LUIS VIVES



El Tacitismo fue así erasmista por racionalizar la vida y la sociedad con criterios socioempíricos, y aplicarlos a la política. Por eso Juan Luis Vives tuvo una alta valoración de Tácito, cuya lectura recomendó por su utilidad para la vida civil. El neoestoicismo supuso cierto revival de las tendencias erasmistas, y por tanto hay también cierta afinidad entre tacitismo y neoestoicismo. Justo Lipsio y Juan Antonio Martín Rizo convirtieron a Séneca en un modelo de política tacitista.

Tácito fue importante para los escritores españoles del Barroco por los siguientes motivos:
1- por atenerse al plano natural de la experiencia
2- por desarrollar con inteligencia una técnica de observación
3- por emplear con frecuencia el método inductivo
4- por usar la matización psicológica en materia política

Por eso Tácito estuvo también presente en Italia junto a Maquiavelo, cuyas obras se imprimieron en Roma en 1515, con privilegio de León X; y fue divulgado por Andrés Alciato en las ediciones de Milán (1517) y Basilea (1519), publicando también Annotationes in Tacitum y Emblemata (1531), ambas de gran repercusión en nuestros escritores. Mientras Trajano Boccalini, Scipione Ammirato y Justo Lipsio estuvieron también influidos por Tácito.

Francisco Sánchez, el Brocense, comentó a Alciato en Commentarii in Andrea Alciati (Lyon, 1573), y su discípulo Diego López en Declaración magistral sobre los Emblemas de Andrés Alciato (Nájera, 1615).


FRANCISCO SÁNCHEZ, EL BROCENSE



A principios del siglo XVII el tacitismo ya había tomado carta de naturaleza en España, como demuestra también la Doctrina política civil (1604) de Eugenio de Narbona, primera manifestación del tacitismo político en la literatura española. Antes Antonio Pérez, secretario de Felipe II, fue tacitista, y autores como Furió Ceriol, Alamos de Barrientos y Antonio de Herrera.

Juan de Salazar, en Política española (1619), describió una España providencial que perduró hasta que tomaron primacía los motivos políticos, con el movimiento tacitista. Durante la decadencia política española se siguió a Maquiavelo sin caer en el maquiavelismo, en una modernidad que no rompió con la tradición, y posibilitó la difusión del tacitismo.

Entre los tacitistas españoles más importantes de esta época se encuentran Juan Alfonso de Lancina por sus Comentarios políticos a los Anales de Cayo Cornelio Tácito (Madrid, 1687), y en Baltasar Alamos de Barrientos (1555-1640), erudito español de Medina del Campo (Valladolid), arrestado en 1590 por amigo de Antonio Pérez, casado con una descendiente de Cristóbal Colón, influido por el duque de Lerma, Antonio Pérez y el conde-duque de Olivares, autor de Tácito español ilustrado en aforismos (Madrid,1594), y coautor de Norte de Príncipes, virreyes, consejeros y embajadores, con advertencias políticas muy importantes sobre lo particular y público de una Monarquía, fundada para el gobierno de Estado y Guerra (1603), y Discurso político al rey Felipe III al comienzo de su reinado. Tacitista porque defiende la idea de que los príncipes se apoyan en los súbditos y no en las instituciones, la política es volitiva, y es partidario de una política ajena a la moral, aunque relacionada con ella, siendo el punto primario de reflexión para todo político el hombre, por lo que se impone la necesidad de una teoría política basada en la experiencia histórica.

Mateo López Bravo (2ª mitad del siglo XVI-1627) fue escritor moralista y político socialista, gobernador de la Sierra de Gata (hasta 1616), juez extraordinario de Ocaña y Vélez (1617) y juez de obras y bosques y alcalde de Casa y Corte (1623-1627), influido por los Anales de Tácito y autor de Del rey y de la razón de gobernar (Madrid, 1616), en tres volúmenes (Del rey; De la razón de gobernar y la justicia; Del arte de gobernar, o sobre la abundancia de los bienes). Es un pensador radical que critica el sistema económico y social de España desde una actitud tacitista, siguiendo la idea de racionalización que había iniciado Furió Ceriol y habían continuado Alamos Barrientos y López de Vega. Considera la justicia virtud por excelencia, y fue partidario de una clase media que constituyera la mayoría de la población, así como de un hombre nuevo, desprendido del lujo y del afán de posesión, solidario con el prójimo.





6. TEORÍA DEL CONSEJO

La teoría de la razón de España forjada en la España del siglo XVII fue la del Consejo Real. Estadistas y tratadistas políticos basaron sus fundamentos en tres pilares:
1. las Sagradas Escrituras
2. la razón natural
3. la conveniencia práctica

Muchas fueron las alusiones que justifican la toma de consejo en las Sagradas EscriturasLa razón natural fue citada por Juan de Madariaga en su Del Senado y de su Príncipe (Valencia, 1617) y por Pedro de Rivadeneira en Tratado del príncipe. Y la conveniencia práctica es la teoría que defiende que los asuntos de Estados deben ser bien estudiados y clarificados por el rey mediante la ayuda de consejeros.

El Consejo constituye por eso una pieza esencial en la organización del poder político, aunque los tratadistas discutiesen la forma de ponerlo en práctica: elección de consejeros, número adecuado, tiempo en el cargo, etc.

En su Del Senado y de su PríncipeMadariaga llamó Senado al Consejo y lo consideró como “ayuntamiento de ciertas personas escogidas que, siendo acordadamente llamadas y convocadas, se congregan en uno con autoridad pública para tratar del bien común”. Todo Consejo debe ser minoritario y aristocrático, expresamente citado, y congregado en uno, lo que quiere decir emitido unánimamente y en común, y realizado con autoridad pública y competente.

Los tratadistas admitieron por eso que el Consejo debe ser establecido por el Príncipe y formado por aquellos que demuestren mayor sabiduría, lealtad, prudencia y libertad en la exposición de sus opiniones, debiendo ser pocos los consejeros. Además, Madariaga propuso el modo de entrada y salida del Consejo, el orden de las votaciones, el voto público o secreto, el voto de los ausentes, el secreto obligado sobre lo tratado, la posibilidad de rectificar el voto, el número de votos para el acuerdo, etc.

Respecto a la obligación del Príncipe de aceptar el consejo unos opinan que debe aceptarlo, y otros que no; siendo mayoría los que opinan que el Príncipe tiene obligación de oír al Consejo, pero quedando en libertad moral y jurídica de aceptarlo o no. Pedro de Rivadeneira, por ejemplo, fue de los que permitían la libre elección del Príncipe para aceptar los consejos.

En la Monarquía española los Consejos Reales tuvieron una gran importancia en la toma de decisión de gobierno, su número amplio, y fueron ordenados en función de su jurisdicción territorial (Consejo de Castilla, Aragón, Italia, Indias, Flandes, etc.), o según las funciones que desempeñaban (Inquisición, Guerra, Hacienda, Ordenes militares, etc.). Teniendo predominio el Consejo de Estado, presidido por el Rey.


El más firme defensor de la teoría del Consejo Real como método de gobierno fue el valenciano Fadrique Furió Ceriol, quien escribió El Concejo y consejeros del Príncipe (Amberes, 1559). Fue historiador y cronista de Felipe II, considerado como humanista erasmistas por su apasionada defensa de las traducciones de la Biblia en lengua vulgar.

Su doctrina parte de la Paraclesis de Erasmo, y asegura que la verdadera teología consiste en conocer a Dios y a Cristo. Su proyecto político es pues racionalista, ofreciéndo una concepción laica del Estado. Antirracista, se mostró contrario a los estatutos de limpieza de sangre, siendo el primero que clamó en defensa de la solidaridad y de la razón durante la segunda mitad del siglo XVI. Planteó la reforma política en términos institucionales, rechazando que le Príncipe debiera establecer una organización de gobierno según Cristo. Defendió por eso la neutralización de la religión, y separó siempre lo religioso de lo político. Fue por tanto tacitista, fundando la solidaridad en la razón, libre de toda clase de prejuicios nacionales, sociales o religiosos. Anticipó pues la separación de poderes, siendo siempre partidario de racionalizar el funcionamiento del gobierno.

MERCANTILISMO MODERNO POR SANCHO DE MONCADA

El economista más importante del pensamiento económico español del siglo XVII posiblemente sea Sancho de Moncada. Nacido en Toledo en 1580, fue catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad de Toledo, a cuya Escuela económica perteneció durante los años 1615 y 1630. Puede considerarse como un miembro de la Escuela económica de Salamanca y fundador de la Economía política.


 
UNIVERSIDAD DE TOLEDO


Como otros pensadores de su tiempo, atribuía la decadencia económica de España al descubrimiento de las Indias, a la abundancia de metales preciosos y a la gran importación de artículos manufacturados en detrimento de la producción nacional y de su desarrollo. Por eso, fue continuista de la Teoría Cuantitativa del dinero de Martín de Azpilcueta, llegando a representar el más completo modelo español de Mercantilismo.

Señaló que las debilidades de la economía española eran la penuria hacendística y la invasión de productos extranjeros, la revolución de los precios, el retroceso demográfico y las deficientes técnicas agrícolas.

Su solución fue proponer un severo Proteccionismo de disciplina mercantilista supervisado por la Inquisición. Propuso medidas para evitar la falta de metal amonedable, la exportación de materias primas y evitar la preponderancia de los extranjeros en el comercio español. Además había que promocionar la industria como fomentaría más tarde Colbert en Francia.

En 1619, hizo unos Discursos precedidos por una Suma de ocho discursos un año antes. Esta obra sería reeditada en 1746 por los grandes ilustrados con el título Restauración política de EspañaDiscursos gozó de gran prestigio en Europa y fue fuente de inspiración de la rama científica de la literatura arbitrista.



RESTAURACIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA


Discursos explica como la causa de la decadencia española se debió a la llegada de metales preciosos, que hizo elevar los precios de las manufacturas, pues su carestía produjo el conocido fenómeno de la desviación del nivel español de precios respecto del europeo. Es decir, que de una economía de exportación a Europa pasaron a una economía de importación, con el consiguiente empobrecimiento de España y la prosperidad de sus enemigos reales o potenciales.

Defendió la nacionalización de la vida económica y política, consideraba que los problemas económicos sólo son eficaces si se ejecutan desde el punto de vista del Estado, pues sólo las economías nacionales son unidades económicas autónomas. Propuso pues no sacar materias primas y prohibir la entrada de manufacturas extranjeras. También nacionalizar la industria y el comercio, desarraigar el fraude y la ineficacia, que el producto de las rentas no estuviese en manos de prestamistas extranjeros y reducir las alcabalas a un impuesto único sobre los cereales.

Los escritores del siglo XVIII le consideraron padre de los economistas españoles, y José Luis Sureda llegó a decir que se adelantó en 70 años a Leibnitz.

EL AZAR NO SE LLORA, POR ALONSO BARÁN




El azar no se llora es un trepidante thriller en el que la locura, la muerte, el vicio y el desamor crean una intrincada y apasionante trama repleta de intriga y suspense. Pura adrenalina literaria que te será imposible dejar de leer. Elián Ventura es el inspector de policía encargado de investigar el asesinato de una mujer cuyo cadáver ha aparecido desnudo en un parque. Las circunstancias en torno a esta muerte son estremecedoras, brutales, enigmáticas y pondrán a prueba las dotes de Elián como investigador para resolver este misterioso homicidio. Elián da su vida por sentada, pero una noche estará en el lugar equivocado en el peor momento posible. Como consecuencia, su existencia se transformará en una amenazante espiral de incógnitas y problemas que convergerán con Aníbal Cantalapiedra, un buscavidas cuya única ambición es satisfacer sus vicios, e Idelle Genera, una joven mujer que confía en el amor como forma de realización personal, sin saber que su vida se precipita hacia un abismo.

El Azar no se llora. Alonso Barán, editorial Divalentis, Madrid, 2015.
Escrito en lengua española, 372 páginas, 18€.





Alonso Barán es escritor, guionista y filósofo, licenciado en Filosofía por la UNED, nacido en Madrid en enero de 1978.

El ingenio de sus diálogos, la originalidad de sus personajes y el dinamismo de su narración de su literatura refleja su pasón por la cinematografía.  

Como profesional de medios audiovisuales, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en televisión y es autor del guion para largometraje Entropía. Como escritor, tras emprender su andadura con la novela corta Tártaro, este verano publica con Editorial Divalentis su primera novela, El Azar no se llora, que combina aspectos psicológicos, influencias de género negro e inspiración beat generation, que la convierten en un thriller único, inteligente y adictivo.

Para otoño de 2015, publicará su primer ensayo Aportes al libre Pensamiento, un análisis sobre la manipulación y direccionalidad del pensamiento en nuestra sociedad. 





Entrevista realizada para el programa literario de Televisión España La Aventura del Saber:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventuraabaran/3153748/




Entrevista realizada por Pilar Tabares y Sáchez Dragó, en Radio Televisión España para el programa literario La Noche en vela:




Alonso Barán y su novela han despertado el interés entre el público, llegando a convertirse en un fenómeno viral. Su búsqueda en Google desvela más de medio millón de referencias hacia su nombre, e infinidad de blogs de literatura han comentado su novela con interesantes críticas


Entrevista realizada por Cristina Cereceda en Entretanto Magazine, con el título Alonso Barán. Un intelectual de nuevo cuño:


http://www.entretantomagazine.com/2015/04/16/alonso-baran-un-intelectual-de-nuevo-cuno/

Artículo escrito por Alonso Barán en el diario digital El Cotidiano, explicando su actuación en la Feria del Libro de Madrid:

http://www.elcotidiano.es/mi-primera-vez-en-la-feria-del-libro-de-madrid/



Descárgate gratis el primer capítulo de El azar no se llora:

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INSTITUCIONES CIENTÍFICAS Y DOCENTES DE LA ARMADA ILUSTRADA


El Cuerpo de Guardias Marinas fue creado con el objetivo de surtir de oficiales a la Armada y dar paso a una institución que fuera columna vertebral de la acción del Estado. Con este fin y para unificar conocimientos, al producirse el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, la compañía de Guardias Marinas estableció la academia. Además de constituir un vivero de marinos de alta especialización técnica, la academia era una buena fórmula para colocar a los hijos segundones de buenas familias, privados del mayorazgo, que ya no necesitarían seguir la carrera eclesiástica para asegurarse el sustento. Por tanto, la nobleza baja no tardó en acceder a estos puestos como medio de ascenso social y fueron la base humana necesaria en las reformas acometidas por la Corona.

En la nueva institución gaditana, el ministro Patiño trató de aunar los elementos de las academias francesas e inglesas que pudieran servir a la precaria situación hispana, estructurándose, finalmente, como un pensionista militar, jerarquizado y patrimonio de mobles en cuya formación académica coexistieron el carácter castrense propiamente dicho y el pedagógico alrededor del estudio de las disciplinas científicas exigidas en una práctica marinera más especializada (trigonometría, cálculo, astronomía, geografía, náutica, etc.). En esta cuestión, la historia de la academia, cuya estructura militar (la Compañía) se superponía a la docente (la Academia), no estuvo exenta de problemas y todavía a finales de siglo había diferencias sustanciales entre los marinos llamados de “caza y braza” y los que habían recibido una mayor cultura científica; un conflicto entre la pluma y la espada que desde antiguo había catalizado las disputas de la milicia academizada.




OFICIAL DE MARINA Y GUARDIA MARINA


La evolución de la academia de guardias marinas puede dividirse en cuatro periodos:


1. desde su fundación en 1717 a 1734;

2. etapa de “tanteos y reformas” en opinión de Manuel Selles;

3. periodo de consolidación a partir de las ordenanzas de la Armada de 1748 y las reformas posteriores de Jorge Juan;

4. última parte marcada por el cambio de estrategia que supuso el establecimiento en 1776 de las academias de Ferrol y Cartagena (lugares que contaban, al menos, con escuelas que expedían títulos de pilotines, primeros y segundos pilotos).

Desde entonces no se pretendió la profundización de los cadetes en la ciencia como había preconizado Jorge Juan al creer necesarios siete cursos de Academia, sino que se priorizó la existencia de un mayor número de oficiales con rudimentos básicos en matemáticas, astronomía y navegación.

Para la obtención de una plaza en la academia de Guardias Marinas era necesario que la Corte otorgara una gracia, previa elevación del correspondiente memorial, para que el aspirante a Guardia Marina se presentara en Cádiz en el término de cuatro meses desde la fecha de aquella. Debían entonces adjuntarse los documentos particulares del solicitante: la fe de bautismo y los papeles que probaran su legitimidad y nobleza.

La demanda de puestos para entrar hizo que se dieran casos de intentos sucesivos de incorporación de Antonio de Ulloa, compañero de Jorge Juan en la Expedición geodésica al Virreinato del Perú que, al hallarse el cupo cubierto, decidió embarcarse y adquirir los conocimientos náuticos por sí mismo hasta que pudo ingresar por fin en 1733. Los responsables de su educación le propusieron que, mientras tanto, se fuera familiarizando con las asignaturas impartidas en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, (conocimientos básicos sobre navegación, construcción naval y arte de la guerra) que eran las contenidas en el plan de estudios de Patiño en el momento de la apertura de la academia en 1717.

A punto de fundarse la Academia de Guardias Marinas de Ferrol y la de Cartagena, la de Cádiz se resignaba a la formación de marinos durante sólo dos años de estudios, al haber carecido el ambicioso proyecto de Jorge Juan de firmes continuadores. La oficialidad de la Armada seguía estimando en poco las ciencias y no prestaba su colaboración para que los cadetes completaran en los viajes de prácticas lo aprendido en la Academia.

En 1777, año de la puesta en marcha de las academias de los departamentos del norte y del Mediterráneo, fue designado Francisco Gil y Lemos comandante de la nueva compañía de Ferrol, lugar a donde fueron trasladados desde Cádiz la mayoría de los jóvenes guardiamarinas vascos, montañeses, asturianos y gallegos, siendo nombrado para la compañía de Cartagena José de Mazarredo quien llegaría al puesto de capitán de las tres compañías de Guardias Marinas. Ambos se encargaron de elegir los libros e instrumentos necesarios de entre los fondos de la academia de Cádiz para sus respectivos departamentos, selección que, según valoración de Antonio Lafuente y Manuel Sellés, denotaban la orientación experimentalista y newtoniana que se confirió a estos centros.

Desde su puesto de Cartagena, José Mazarredo lamentaba la pobreza de las enseñanzas impartidas y el estudio de los cadetes a partir de cuadernos de resúmenes y no de los manuales prescritos. El debate que se abrió para el intento de reforzar los estudios de los guardias marinas se cerró con la decisión de crear un curso destinado a quienes se hubiesen interesado por las ciencias astronómicas y náuticas, a ellos iría destinado el ya mencionado Curso de Estudios Mayores y las estancias de práctica y estudios en el Observatorio de Marina de Cádiz que había sido creado en 1753.




REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE SAN FERNANDO


Jorge Juan había propuesto ya en 1749 la creación de un observatorio y fue su criterio el que dirigió las adquisiciones de instrumentos imprescindibles para un establecimiento de esta índole (especialmente el cuadrante mural). A su juicio en 1753, el Observatorio astronómico de Cádiz fue concebido como un centro de prácticas escolares de los guardias marinas pero la dificultad que ofrecía a manos inexpertas el manejo de tan complejos instrumentos llevó a la inoperancia de las actividades y a pensar en una solución basada en una formación minoritaria. Además, con el hallazgo del método de fijación de la longitud en el mar en la década de los setenta se relanzaron las acciones en el observatorio bajo la dirección de Vicente Tofiño, siempre atento a los progresos de las ciencias en los establecimientos extranjeros, quien puso en marcha un curso monográfico para repasar los cielos y difundir el método de determinación de la longitud.


Fue desde 1783, fecha emblemática para el programa hidrográfico en ciernes y en el marco del Curso de Estudios Mayores (instituido en los tres departamentos), cuando se dio un nuevo impulso a las tareas del observatorio y fue seleccionado un grupo de marinos para acompañar a Tofiño en la elaboración del mapa de las costas de la península. La escasez de personal con que fue dotado el observatorio a lo largo de las dos últimas décadas del siglo se acrecentó con los continuos trasvases de marinos cualificados para llevar a cabo las numerosas expediciones científicas que se organizaron.

Si el ingreso en las academias de Guardias Marinas era posible atendiendo al estamento y linaje de los aspirantes, el curso de estudios mayores trató de reunir a los marinos más cualificados que pudieran hacer realidad alguno de los anhelos de Jorge Juan respecto a las ciencias aplicadas a la navegación y cumplieran los objetivos geoestratégicos y de control territorial de la Corona. Así pues, la solución fue la de formar a un selecto grupo de oficiales a través de estudios de nivel superior tanto para el desempeño de comisiones científicas como para el acceso a puestos de mando.

Aunque la idea no era en su totalidad novedosa, fue José Mazarredo el decidido impulsor de implantar la figura del “oficial científico” que había intentado Jorge Juan veinte años atrás. La aprobación de que se agregaran algunos oficiales a las tres compañías de Cádiz, Ferrol y Cartagena para cursar estudios más avanzados, dio pie a que sus jefes redactaran distintos planes de estudio en la meta de adiestrar a los oficiales de marina a través de cuatro años de estudio de astronomía y la profundización en matemáticas, óptica, mecánica, hidrostática y cálculo, periodo que concluía con un examen público.

La institución del curso de estudios mayores o “matemáticas sublimes”, suscitó varias polémicas dentro y fuera de la comunidad de los “oficiales científicos” a que dio lugar ya que, entre otros ajustes, el sistema de ascensos hubo de variar para que los años entregados al estudio y a los viajes científicos pudieran adecuarse al tradicional premio de la participación en combates. Era en las escaramuzas bélicas donde se hacían méritos para conseguir ascender en el escalafón militar, de modo que los integrantes de las fuerzas del Ejército y de la Marina se debatían entre el beneficio que suponía el estado de guerra para sus intereses particulares y la conciencia de su grave alcance colectivo.


CONTROVERSIA DEL ADOPCIONISMO HISPÁNICO

El adopcionismo es la doctrina según la cual Jesús fue un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte.


CRISTO DE OTERO (PALENCIA)


Antes del Cristianismo, ha habido al menos dos concepciones más o menos similares (no necesariamente excluyentes la una de la otra) de las cuales puede emanar esta idea:

1- En el pensamiento judío, el mesías es un ser humano elegido por Dios para llevar a cabo su obra espectacular: tomar a los hebreos (un pueblo hasta entonces frecuentemente sometido por otros más poderosos), rescatarlos de la opresión y llevar el Reino de los Cielos a la tierra trayendo paz y prosperidad. En este sentido, el mesías no es el Hijo de Dios tal como lo considera el Cristianismo.

2- En la tradición griega existían héroes elevados a la condición divina después de extraordinarias proezas o hazañas, por medio de la apoteosis. El más importante ejemplo de esto es Heracles, que después de haber sido quemado en una pira es tomado por su padre Zeus para gobernar a su lado. Debido al predominio del Imperio romano, cuya orientación cultural era predominantemente griega, en la época de los primeros cristianos es altamente probable que este ejemplo estuviera a su alcance, a la manera de una historia popular.

Al mismo tiempo, el adopcionismo era psicológicamente interesante para los primeros cristianos, y era fácil identificarse con un héroe como Jesús, un ser humano como cualquiera que es elegido ("adoptado") por Dios y que en consecuencia daba esperanzas de salvación a los propios cristianos, tan humildes ante Dios como su héroe máximo.

Uno de los adopcionistas más famosos fue Teódoto el Curtidor, habitante de Bizancio que llevó la prédica de esta doctrina a Roma en el año 190.

A medida que el cristianismo prendió en las capas superiores del Imperio romano, fue imponiéndose como doctrina el encarnacionismo, según la cual Jesús desde siempre había sido Hijo de Dios (concretamente la Segunda Persona de Dios). El adopcionismo fue progresivamente arrinconado, a pesar de que teológicamente el encarnacionismo plantea una serie de dificultades que el adopcionismo no las ofrece (la mayor de ella: reconocer la existencia de varias personas divinas, y al mismo tiempo profesar el monoteísmo).

A lo largo de las llamadas disputas cristológicas, el adopcionismo volvería a ser resucitado, en una versión más refinada, por Pablo de Samosata (en el Siglo III) y por su discípulo Arrio. También fue adopcionista el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el Sínodo de Sirmio.

El arrianismo se transformaría en la herejía más atosigadora que debería afrontar la joven Iglesia en sus primeros siglos. Finalmente, después de la formulación del credo en los Concilios de Nicea (325) y Calcedonia (381), el adopcionismo fue finalmente abandonado.



MAPA DE ESPAÑA AÑO 750


MAPA DE ESPAÑA AÑO 814


La querella del adopcionismo hispánico fue un debate que se desarrolló en el último cuarto del siglo VIII cuando la mayoría de la España visigoda había caído bajo el poder de los invasores musulmanes. La convivencia entre las dos religiones y sus correspondientes culturas atravesó períodos de especial virulencia. Los pactos iniciales firmados entre los conquistadores y los visigodos permitieron una cierta autonomía religiosa. Pero la situación fue cambiando a contextos de incomprensión y enfrentamiento. La comunidad cristiana se mantuvo fiel a la fe de sus mayores, lo que suponía una incomodidad para las creencias de los nuevos titulares del poder político en la península.

Los cristianos sometidos al poder musulmán, mozárabes, habían establecido su capital en Córdoba, pero manteniendo su fe y sus costumbres, sus creencias y su liturgia. Aunque se influenciaran por ciertos usos orientales en el vestido y en la alimentación.

El rito mozárabe consiguió mantenerse en ciertos lugares de la ciudad de Toledo, era el llamado rito hispánico o visigótico. En la capilla del Corpus Christi de la catedral primada es obligatorio el uso de la liturgia mozárabe, permitida también en las iglesias mozárabes de la ciudad. Ciertos usos de la liturgia mozárabe pasaron de la romana en las reformas del Concilio Vaticano II. El detalle más significativo es el paso de las dos lecturas tradicionales romanas (Epístola y Evangelio) a las tres de la liturgia hispánica (Profecía, Apóstol y Evangelio).

La antigua liturgia hispánica (visigótica) poseía textos que se remontan a Isidoro de Sevilla y a otros grandes teólogos hispanos. Tenía una gran fuerza hasta que las reformas cluniacenses influyeron en su decadencia, a la que se resistieron los mozárabes toledanos y los de otros lugares. Desde mediados del siglo XI los dos ritos compitieron abiertamente. A pesar de las presiones, el rito hispánico no desapareció del todo, sino que pervivió unido a determinadas comunidades mozárabes.

Fue precisamente el recelo originado por ciertas expresiones de la liturgia lo que representó una dificultad grave a la hora de aceptar como ortodoxo el rito hispano-mozárabe. Daba la impresión de que no era clara la confesión de la filiación divina de Cristo por naturaleza, sino que su relación con el Padre se reducía a la mera adopción.

 
ELIPANDO DE TOLEDO


El Adopcionismo español se sitúa en el intento de acercamiento interconfesional de la Iglesia mozárabe con la cultura árabe, desde el ámbito de la doctrina Cristológica.

El vocablo "adopción" fue importado de Oriente a Occidente por Teodisco, obispo de Toledo y sucesor de San Isidoro de Sevilla. Teodisco fue depuesto por afirmar que Jesucristo no era Dios con el Padre y el Espíritu Santo (Santa Trinidad), sino adoptivo. Posteriormente, el vocablo pasó a los árabes.

El principal defensor del Adopcionismo fue el monje Elipando de Toledo. Nacido el año 717, se educó en una escuela monacal y pronto se dedicó al estudio y profesión monástica. Se cree que pudo haber recibido influencias de escuelas religiosas sirias. Los sirios habían llegado a la península procedentes del norte de África en la temprana juventud de Elipando, durante la invasión islámica. Entre el 754 y el 800 rigió la sede de Toledo. Combatió contra los intentos de Carlomagno de someter la Iglesia española a la franca.

Elipando, con un arzobispado cuyo vasto territorio estaba bajo el influjo de los árabes, intentó pactar con los mahometanos para quien Jesús era solo un profeta y por lo tanto mero hombre. La doctrina proclamada por el obispo de Toledo es que Cristo, según su naturaleza humana, es hijo adoptivo de Dios. Por lo tanto, en diálogo con los hijos de Mahoma convenía sostener la filiación adoptiva en cuanto hombre, y con los cristianos la filiación natural en virtud de su naturaleza divina.

Para los musulmanes había en el Cristianismo un motivo de escándalo en la Trinidad, ya que parecía incidir en el politeísmo, tres dioses, y así acusaban a los mozárabes. Elipando trató de hacer frente a la acusación acudiendo de algún modo a las raíces arrianas del goticismo. Más tarde, en el Sínodo celebrado en Sevilla el 784 propuso una modificación del Credo en el sentido de que no pudiera decirse que las dos naturalezas se identificaran en la segunda Persona de la Trinidad: Cristo habría “adoptado” la carne como una especie de revestimiento, nada más, sin quebrantar en modo alguno la unicidad divina que Muhammad con empeño había defendido y enseñado.


CARLOMAGNO

La exposición de la doctrina de Elipando también aparece en relación a la refutación de Migencio, predicador que sembró ideas confusas en algunas regiones de la Bética. Su doctrina se conoce por una carta que le escribe Elipando, en contestación a una especie de carta circular, método propagandístico usado por Migencio. Decía el arzobispo de Toledo:
Leímos tu carta sin poder contener la risa. En ella aparece tu fatua e ignorante locura de tu corazón. Vimos la carta y la encontramos ridícula por la falta de consistencia de tus afirmaciones y no sólo nosotros, sino toda la catolicidad te desprecia por tu pútrida doctrina y te declara digno de anatema... No se puede curar tu enfermedad con fomentos de vino y aceite, sino con un cuchillo de doble filo ha de amputarse podredumbre tan Antigua.

Migencio afirmaba que la
 Trinidad estaba compuesta de tres personas: el padre David, el hijo Jesús de Nazaret y el Espíritu Santo que era el apóstol San Pablo. Decía también que los sacerdotes mienten cuando se confiesan pecadores siendo en realidad santos y si no lo son ¿porqué se atreven a celebrar los sagrados misterios? Roma, para Migencio, era el único lugar santo, ya que allí habitaba Cristo.

Según Elipando:
Dios Padre no engendró la carne […] A la manera que ningún hombre engendra el alma de su hijo, sino la carne, a la que se une el alma, Dios Padre, que es espíritu, engendra el espíritu, no la carne. El Padre divino engendra la naturaleza y la persona; el padre humano la naturaleza, no la persona. En el Hijo de Dios subsistía la naturaleza divina antes que tomara la naturaleza humana. […] En una sola persona hay dos substancias: una producida por generación, otra no engendrada. La carne nace de la carne; el alma es propagada por Dios. Si a alguien le place dividir a Cristo en hijo propio y adoptivo, divida de una manera semejante a todo hombre. Pero como repugna a la razón suponer ni en el Hijo de Dios ni en el hijo del hombre dos padres, reconozcamos en uno y otro unidad de personas.

El error adopcionista de Elipando se encuentra en la refutación de la doctrina sobre la segunda persona de la Trinidad, que para Migencio era de la descendencia de David, pero no la engendrada por el Padre. Elipando enfurecido contestó que cómo puede ser el Hijo de Dios, nacido únicamente de la madre y no engendrado por el Padre sin principio. Y, si en la Trinidad nada puede haber que sea corpóreo ni mayor ni menor, cómo se atreven a decir que aquella forma servil es la segunda persona de la Trinidad, ya que el mismo Hijo de Dios, con relación a esta forma por la cual es criatura del Padre dice de sí mismo el "Padre es mayor que yo" (Jn.4,28).


El
 error de Elipando, admitiendo una diversidad de hijos, uno según la naturaleza divina que es igual al Padre, y otro (inferior) según la natura humana que era hijo de María y siervo de Dios, era una clara herejía.


BEATO DE LIÉBANA


Los primeros en responder y poner en duda la doctrina del metropolitano de Toledo fueron Beato de Liébana, abad de Santo Toribio de Liébana, y Eterio de Osma, obispo de Osma. Pertenecían al Reino de Asturias y, por tanto, a la Iglesia libre de la invasión musulmana. Por medio de su rey Alfonso II, acudieron al emperador Carlomagno para que condenase esta herejía. Y así, en un Concilio, presidido por legados del Papa, condenó el adopcionismo.

En torno al 785 escribían a Elipando manifestando sus dudas por la doctrina expuesta. El escrito lleva el nombre de Apologeticus, más conocido como Los comentarios sobre el Apocalipsis de Beato.

Sólo uno de los obispos hispanos, Félix de Urgel, se atrevió a defender la doctrina de Elipando. Félix era de carácter más razonador e inteligente que el primero y, de hecho, hubo de retractarse. Estando su diócesis en la Marca hispánica (condado de Urgel bajo el dominio de Carlomagno), la doctrina traspasó el territorio peninsular convirtiéndose en una disputa de toda la Iglesia universal. Félix estuvo muchas veces solo frente a escuelas de teólogos que discutían sus tesis y las clasificaban con la etiqueta de heréticas.

La herejía fue condenada solemnemente durante el II Concilio Ecuménico de Nicea del año 787.

Entre los años 786 y 787, el papa Adriano I dirigía una carta a Ascárico, metropolitano de Braga, y a Elipando, llamándolos a que abandonen su doctrina. Al no lograrse ninguna retractación, el Papa convocó en unión con Carlomagno (temeroso éste por la ruptura de la unidad del Imperio) un concilio en Ratisbona (792). Allí compareció Félix, quien expuso sus tesis. Habiendo sido convencido de sus errores, Félix marchó a Roma donde compuso una profesión de fe en la que condenaba la doctrina del hijo adoptivo y profesaba que Jesucristo est proprius et verus Filius Dei.

Vuelto Félix a su sede en Urgel, por invitación de Elipando, volvía a caer nuevamente en el adopcionismo, trasladándose a Toledo, donde tenía mayor apoyo.

Elipando replicó con menosprecio a sus adversarios del norte: "Cómo puede permitirse un monje de Liébana enseñar doctrina a un arzobispo de Toledo". Y a ello pudo Beato replicar con una noticia que desde la época de Dionisio el Exiguo venía circulando por Europa: "... lo mismo que Roma, España tenía un origen apostólico, ya que Jacobo (Santiago), hermano de Juan, había viajado hasta ella antes de su muerte para sembrar allí las primeras raíces cristianas".

En vista de la persistencia, y de las cartas que Elipando había dirigido a muchos obispos germanos y franceses, Carlomagno convocaba otro concilio general con el consentimiento del papa en Francfort en el 794. Asistieron unos 300 obispos y una representación pontificia. Elipando expuso en un magnífico discurso la fe en litigio. Al terminar preguntó "¿cuál es vuestra opinión?". Las conclusiones dicen que la frase "hijo adoptivo" no solo es desconocida en la antigüedad, sino falsa, porque induce a creer que Cristo no es propio hijo de Dios.

Elipando y Félix no reconocieron el Libellus Sacrosyllabus compuesto por el concilio. Por ello el nuevo papa León III reunió un sínodo romano en el 799 que pronunció un anatema contra Félix. Este fue convocado nuevamente por Carlomagno en Aquisgrán, donde después de haberle expuesto varios obispos la falsedad de su doctrina, con razones de la Sagrada Escritura, renunciaba a ellas. Elipando murió obstinado en sus doctrinas al parecer en Lyón, donde el emperador había mandado que permaneciera.


APOCALYPSIS DE BEATO DE LIÉBANA



Una discusión provinciana llegó a implicar a los grandes teólogos de la época como a Alcuino de York y a Paulino de Aquileya, y a turbar la paz del Imperio carolingio y de la Curia romana.

La serie de concilios convocados para abordar el problema planteado por los españoles, así como las cartas de los Papas que denunciaban el peligro demuestran con evidencia que no se trataba de un problema baladí: concilios de Ratisbona (791), de Francfort (por Carlomagno, 794), de Aquisgrán (799), de Roma (799), de Fréjus (799), etc. Los papas Adriano I y León III y los consejeros de Carlomagno comprendieron la magnitud del peligro y trabajaron para doblegar a los españoles que, con argumentos teológicos y con el acostumbrado recurso a la Sagrada Escritura, a los Santos Padres y a los textos litúrgicos, defendían con sus puntos de vista.

Pero todos pretendían purificar la fe y acomodarla a las exigencias del dogma. Tiene, por lo tanto, razón J. C. Cavadini cuando afirma que lejos de ser esta controversia una señal de la decadencia de la Iglesia visigoda, como algunos han insinuado, es una prueba de su vitalidad y de su apertura hacia el futuro. Es difícil aceptar la opinión del atraso de la teología española del siglo VIII.

En el último cuarto del siglo VII se habían celebrado en Toledo varios concilios entre los que destacaron el XI (675) con un preclaro Símbolo de la fe sobre la Trinidad y la Redención, el XV (688) con doctrinas sugestivas sobre la Trinidad y la Encarnación, y el XVI (693) en el que los padres conciliares abundan sobre la Trinidad. Del texto de este concilio son las palabras con las que Alcuino de York pretendía explicar su idea de la Trinidad en su carta a Elipando. Según aquel concilio, las personas de la Trinidad entre sí no son aliud, sino alius. No son distintas en naturaleza o sustancia, sino en las personas. Son una misma cosa, pero personas distintas. Los teólogos españoles del siglo VIII, sucesores de los grandes escritores eclesiásticos de siglos anteriores como Isidoro, Eugenio, Ildefonso, Julián, etc. contribuyeron positivamente al avance de la reflexión sobre la fe en los temas cristológicos.

 


ALCURNIO DE YORK


El cisma hispano, que se pudo producir de haberse formado un colegio de obispos adopcionistas en Al-Ándalus, no llegó a materializarse: los sucesores de Elipando y sus adláteres fueron católicos y los mozárabes mantuvieron la fe ortodoxa, en comunión con el papa hasta el último momento. Aparentemente, las conversiones logradas lo habían sido únicamente por el ejemplo personal (en el caso de Félix) o la pura autoridad de un cargo (en el caso de Elipando), y desaparecieron con ellos. Otra consecuencia positiva fue la difusión de las obras de un teólogo hispano singular, Beato de Liébana, popularizado a partir de su refutación del adopcionismo y posteriormente admirado en toda la Cristiandad por su Apocalipsis.

En Hispania, la controversia sirvió como excusa para que el rey asturiano alejara a su iglesia de la influencia de la Iglesia mozárabe, ahora sospechosa de herejía y contagio de las enseñanzas mahometanas. Alfonso II el Casto (791-842) acercó a su reino la influencia franca del Imperio carolingio, al que envió tres embajadas. También la iglesia astur recibió las nuevas formas litúrgicas y teológicas romanas que se abrían paso en la Cristiandad latina, iniciando la ruptura con la Iglesia mozárabe mártir bajo el dominio de los emires de Córdoba. Elipando puede ser responsabilizado del inicio de este proceso que concluiría durante el reinado de Alfonso VI con la reconquista de Toledo, el fin de la iglesia mozárabe y el triunfo romano en la Iglesia española.
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