ERASMISMO ESPAÑOL


El erasmismo fue un movimiento de carácter religioso, cuyo fin era la renovación de una espiritualidad que había decrecido en los últimos decenios de la Edad Media. La obra de Desiderio Erasmo (1467-1536) ejerció una enorme influencia durante la primera mitad del siglo XVI, especialmente tras la Reforma luterana, ante la que se presentó primero como un esfuerzo de conciliación, y después como una alternativa. El año 1524, en el que Erasmo de Rotterdam se enfrentó a las tesis luteranas en su De libero arbitrio, marcó el paso entre una y otra actitud.

Pero el erasmismo fue también un movimiento cultural, político y filosófico, y tuvo en España una enorme difusión, especialmente entre 516 y 1559.

En Erasmo influyó la orden de los Hermanos de la vida común, y en España estuvo favorecido por los judíos conversos del siglo XV, la tendencia contemplativa de la Orden de los Jerónimos y las críticas populares a la inmoralidad eclesiástica.




ERASMO DE ROTTERDAM
 

La inmoralidad del clero era notoria desde finales del siglo XIV, con simonías o ventas de cargos eclesiásticos, desde el obispado al papado. En Roma existieron más de 6.000 prostitutas, y la venta de oficios, beneficios, bulas e indulgencias era escandalosa. Las órdenes monásticas eran algo más ejemplares, pero también merecedoras de reforma. Y en ellas comenzaron las reformas del cardenal Jiménez de Cisneros (1436-1517), que reformó la Orden franciscana, fundó la Universidad de Alcalá de Henares, e impulsó la Biblia Políglota.

Los franciscanos se habían dividido en conventuales y observantes, viviendo los primeros de sus rentas, y siendo fieles los segundos al voto de pobreza. Cisneros quitó a los conventuales sus monasterios, instalando en ellos a los observantes; lo que motivó el acercamiento de estos frailes al erasmismo, e incluso al evangelismo luterano. Cisneros favoreció además las reformas de los dominicos, benedictinos y jerónimos.

Dejó subordinada la Universidad de Alcalá de Henares al Colegio de San Ildefonso, cuyo rector lo era también de la universidad. Los primeros colegiales datan de 1508, aunque los estatutos de la universidad, a imitación de los de París, no se promulgaron hasta 1510. Esta universidad no tuvo Facultad de Derecho, porque Cisneros pensó que las de Salamanca y Valladolid eran suficientes. Pero dio mucha importancia a la Teología, con estudio directo de la Biblia. Se introdujo en esta universidad la doctrina de Duns Scoto, y cierto nominalismo, que en aquellos años compartía con el tomismo la primacía en las universidades europeas. La Biblia se estudió en hebreo y griego.

JIMÉNEZ DE CISNEROS
 

El latín se estudiaba en la cátedra de Retórica, ocupada entre 1509 y 1513 por el humanista Hernando Alonso de Herrera (1460-1527), nacido en Talavera de la Reina y muerto en Salamanca, donde fue catedrático también. Su obra filosófica principal es Disputatio adversus Aristotelem Aristotelosque secuaces (1517), dedicada a Cisneros, donde discute si las oraciones son cantidades discretas, así como las de lugar, cuerpo y tiempo. Y son ocho diálogos, a cargo de Juan Versor, Boecio, Mártir de Anglería, el Comendador Hernán Núñez, Juan Mair, San Alberto Magno, Pedro Hispano y Aristóteles. Sostiene que no son categorías las oraciones, ni el cuerpo, lugar y tiempo; sólo el número. Su objetivo fue favorecer el erasmismo, sin ser enemigo del aristotelismo. Escribió también Tres personae: brevis quaedam disputatio de personis nominum, prononimum et participoram adversus Priscianum gramaticum (1496).

La Biblia Políglota (1514) fue obra de un esfuerzo colectivo, y comprende seis tomos: los cuatro primeros referidos al Antiguo Testamento, el quinto al Nuevo y el sexto incluye vocabularios hebreo y caldeo, un diccionario latino-hebraico y una gramática hebrea. Los conversos Alfonso de Zamora, Pablo Coronel y Alfonso de Alcalá fijaron el texto hebreo y caldeo; Demetrio Ducas, Juan de Vergara, Diego López de Zúñiga, Hernán Núñez y Antonio Nebrija se ocuparon de los códices griegos.

ANTONIO DE NEBRIJA
 

Antonio Martínez de Cala y Jaraba de Hojo, Elio Antonio de Nebrija (1442-1522) nació en Lebrina, (Sevilla) y murió en Alcalá de Henares. Estudió en Salamanca y Bolonia, y fue profesor en Sevilla (1443), Salamanca (1476-1488) y Alcalá de Henares (1513-1522). Sus obras principales son Lexicon latinum et hispanum, Introductiones latinae explicatae, Gramática castellana, Gramática latina, Lexicon iuris civilis, Quinguagenae locorum scripturae, De liberis educandis, Dicta philosophorum carminibus latinis reddita, Historia de la guerra de Granada e Historia de los Reyes Católicos.

Fue precursor del erasmismo, conocedor de Lorenzo de Valla y discípulo de Pedro de Osma. El inquisidor general fray Diego de Deza confiscó sus papeles, alarmado por sus investigaciones sobre el texto bíblico. Tuvo también problemas con los eruditos de Alcalá de Henares, pues se le pedía que revisase la Vulgata sin confrontarla con los textos hebreos, caldeos y griegos.


Al lado de los erasmistas tuvo también importancia, durante los años 1519 y 1529, el movimiento de los alumbrados, con centro en el palacio renacentista de los Mendoza en Guadalajara, por lo que no hay que confundirlos con los que hubo, a finales del siglo XVI, en Llerena (Badajoz), Jaén y Córdoba. Influyeron hasta Valladolid y Toledo, y también en Santa Teresa de Jesús y Francisca Hernández.

El movimiento partió pues de los Mendoza de Guadalajara, conversos, y sus denunciantes fueron cristianos viejos. Fueron autodidactas, por lo que los inquisidores los tacharon de idiotas y sin letras. Pero también hubo entre ellos un grupo urbano y palaciego de fina sensibilidad y sutileza. Fueron a la vez anárquicos y aristocráticos, y su mejor representante fue Juan de Valdés (1509-1541).

Al igual que los recogidos proponían una vía mística de unión con Dios, basada en el amor desinteresado y en la experiencia personal; pero esta mística terminaba en los alumbrados en inacción y quietismo, dejamiento, mientras en los recogidos entraña una atención a Dios cargada de doctrina.

Los alumbrados despreciaban las obras externas, que consideraban ataduras; y los recogidos las consideraban medios de unión con Dios. Los alumbrados no rezaban en voz alta, los recogidos sí. Los alumbrados rechazaban la autoridad de los teólogos, y creían que el amor de Dios en el hombre es Dios; con lo que llegaron a la doctrina de la impecabilidad, y a un teocentrismo en el que desaparece el carácter mediador de Cristo, por lo que no aparece en ellos la doctrina del cuerpo místico de Cristo, núcleo del erasmismo. Se les tuvo por sexualmente desordenados por sus teorías sobre el Ágape cristiano y la libidinización del eros platónico; pero entre ellos no se produjo ningún caso de inmoralidad.

Pertenecieron a este movimiento Isabel de la Cruz, amiga de los duques del Infantado y de la burguesía de Guadalajara; Pedro Ruiz de Alcaraz, contador y predicador laico, criado en el palacio del Infantado y paje de Juan Valdés en el castillo de Escalona; María Cazalla, instruida por Isabel de la Cruz; y Gaspar de Bedoya, clérigo de Pastrana.

En realidad, durante este tiempo erasmismo, franciscanismo e iluminismo se confundían, pues Erasmo de Rotterdam tuvo más influencia en España que en otras naciones, dada la corrupción del clero. La fornicación fue tan grande que el obispo Francisco de Bobadilla prohibió que sus hijos bastardos y espúreos les sirvieran en la Iglesia (1537). Fray Pablo de León dice que todas las catedrales y colegiatas estaban amancebadas, y fray Francisco de Osuna llama a los obispos obispotes, llenos de buenos bocados, y usando las limosnas en soberbia y lujuria.

Volviendo a Erasmo se tradujeron sus obras en muchos lugares, siendo las más conocidas las de Diego de Alcocer, Diego López de Cartagena, Alonso Fernández de Madrid, Alonso de Virués y Luis Mexía. La reforma erasmista fue más mental que de costumbres, pero divulgó la figura de Cristo como arquetipo de perfección humana.

DIEGO LÓPEZ DE ZÚÑIGA
 

Diego López de Zúñiga (1510-1564), colaborador en la Biblia Políglota, encontró errores en la traducción que Erasmo hizo del Nuevo Testamento, y escribió Annotaciones contra Erasmum Roterodamun (1520), a lo que Erasmo contestó en su Apología, originándose una disputa descortés entre ambos.

El franciscano Luis de Carvajal (n. 1500) defendió a las Órdenes religiosas, tan atacadas por Erasmo, en su Apología monasticae professionis diluens nugas Erasmi (1528), a la que contestó también Erasmo en Adversus cujasdam febricitatem libellum. Pero Alcalá de Henares y Sevilla fueron focos de erasmismo con multitud de autores y escritos. La propia Corte real fue muy erasmista, con Alfonso de Valdés como ejemplo. Y fueron igualmente erasmistas Juan Luis Vives, Juan de Vergara, Luis Núñez Coronel, Cristóbal de Villalón, Andrés Laguna, Juan Maldonado, Bernardino de Tovar, Pedro de Lerma, Miguel de Egía, Mateo Pascual, fray Alonso Ruiz de Virués, los hermanos Valdés, etc.

Los enemigos de Erasmo consiguieron que se celebrara en Valladolid en 1527 una junta de teólogos que pusiera en duda la ortodoxia de Erasmo. Pero Erasmo salió fortalecido, proliferando durante cinco años más las traducciones de sus obras. Tras la muerte de Erasmo en 1536, se produjeron procesos contra erasmistas como Juan de Vergara, María Cazalla, Bernardino Tovar, Miguel de Eguía, fray Alonso Virués, etc., pero sólo se consiguió un erasmismo más cauto entre 1536 y 1566. Paulo IV manifestó hostilidad contra los spiritualli, pero en España sólo influyó en represiones contra luteranos e iluminados.

En 1588 la Inquisición persiguió núcleos pietistas en Valladolid, Salamanca; Palencia, Zamora, Toro, Logroño y Sevilla, y murieron en la hoguera Francisca de Chaves, Lulianillo Hernández, Juan Ponce de León y Agustín Cazalla. Paulo IV delegó en el Inquisidor general Valdés poderes contra obispos, arzobispos, patriarcas y primados pietistas.

BARTOLOMÉ DE CARRANZA


El caso más resonado de esta persecución fue el del arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza, porque Melchor Cano denunció sus Comentarios sobre el Catecismo christiano, publicado en 1558, en el que los censores encontraron dos mil proposiciones heréticas, por lo que su autor estuvo preso 17 años; declararon igualmente herético un lenguaje paulino, por el sólo hecho de parecer luterano; al final se declaró herético al catecismo, y a su autor sólo sospechoso de herejía; pero se le sacó de la cárcel viejo, enfermo y achacoso, por lo que murió poco después; y todo lo que contenía el Catecismo eran doctrinas e ideas aceptadas por el Concilio Vaticano II.

Con igual rigor se prohibieron, en el Catalogus librorum qui prohibentur, obras del beato Juan de Ávila, San Francisco de Borja y fray Luis de Granada. De acuerdo con las conclusiones del Concilio de Trento, clausurado en 1563, en 1969 apareció el Índice de libros prohibidos, y en 1571 el Index expurgatorius librorum qui hoc saeculo prodierunt privó a Erasmo de sus proposiciones más originales. Con todo se prolongó la influencia de Erasmo, encontrándose erasmismo hasta en el Quijote y Los nombres de Cristo de fray Luis de León.

ALFONSO VALDÉS
 

Los hermanos Alfonso y Juan de Valdés son los mayores erasmistas españoles, Alfonso en Diálogo de las cosas ocurridas en Roma (1528) y Diálogo de Mercurio y Carón (1529), y Juan en Diálogo de la doctrina cristiana (1529), pues el resto de sus obras son más bien iluministas.

Alfonso de Valdés (1490-1532) nació en Cuenca, y debió estudiar en Alcalá de Henares. Desde muy joven Pedro Mártir de Anghiera le inició en las humanidades y estudios literarios. En 1520 acompañó a Carlos I a su coronación en Aachen, y en 1521 a la Dieta de Worms. En 1521 era escribiente de la Corte de Carlos I, desde 1522 secretario de la cancillería imperial, y en 1524 registrador y contrarrelator. En febrero de 1526 fue nombrado latinista oficial, con salario de 100.000 maravedíes anuales, encargado de la correspondencia romana e italiana. Ascendió enseguida a secretario imperial, muy ligado al canciller Mercurino de Gattinara. Cuando en 1529 la Corte abandona España, Alfonso Valdés la acompaña, conservándose cartas suyas fechadas en Piacenza, Bolonia, Mántua, Innsbruck y Augburgo, donde mantuvo conversaciones con Melanchthon, durante los días de la Dieta de Augsburgo. Las conversaciones con los protestantes fracasaron cuando el prestigio de Erasmo había decaído en Europa, especialmente en Bélgica, Francia y Roma. Los erasmistas pusieron entonces sus esperanzas en la convocatoria de un Concilio ecuménico, pero se declaró la peste en Viena, y la Corte huyó, muriendo Alfonso Valdés en 1532.

Diálogo de las cosas ocurridas en Roma es una conversación entre Lactancio, caballero de la Corte, y el Arcediano del Viso, en la plaza de Valladolid; en la primera parte se intenta salvar la responsabilidad directa del Emperador en la toma de Roma, y la segunda trata del carácter providencial de esta intervención. Mientras Diálogo de Mercurio y Carón es una justificación de la política imperial en sus rivalidades con Francisco I de Francia, Enrique VIII de Inglaterra y el Papa Clemente VII, denunciando las actitudes de los eclesiásticos en el mundo temporal, criticando la religiosidad intolerante y señalando como imperio ideal el que tiene como propósito la fraternidad de todas las naciones cristianas, regidas por el emperador.

En 1531 escribió desde Bruselas la carta de felicitación a los católicos suizos por la victoria sobre Zwinglio. La importancia pues de ambos Diálogos son los predicadores, frailes, obispos, reyes, monjas, cardenales y duques, criticando la sociedad de la época; con la curiosidad de que la mayoría de los eclesiásticos se condenan por haber predicado una religiosidad falsa, externa, basada en ceremonias y cultos, mientras las gentes sencillas se salvan trabajando en su oficio honesta y caritativamente.

Una de las características principales del erasmismo es la crítica de la corrupción y abusos de la Iglesia católica, enlazando con la reforma cisneriana, que tenía la misma intención. La Corte papal se había paganizado, predominando en ella la inmoralidad, la ambición y la codicia, y esta situación era propia de toda la cristiandad. Las alusiones a los clérigos amancebados es constante en los dos Diálogos.

Alfonso de Valdés entiende el cristianismo como una religión de amor y concordia entre los hombres, y considera nociva la guerra no sólo por sentimiento cristiano, sino por contraria a la naturaleza humana. En el Diálogo de Mercurio y Carón identifica la buena conducta con la voluntad de Dios, y llama camino real a seguir la voluntad de Jesús, pues ideal de Cristo fue que sus súbditos no se identifiquen por nada externo, sino por la actitud interior, que es de caridad para todo y con todo.

El Diálogo de la doctrina cristiana, de Juan de Valdés, se desarrolla entre un sacerdote ignorante, Antonio, un religioso sabio, Eusebio, y fray Pedro de Alba, arzobispo de Granada, fallecido recientemente, a quien Juan de Valdés confía la enseñanza de las verdades de la fe cristiana. La idea que se va desprendiendo de las enseñanzas del arzobispo es la de un cristianismo interior en el que se presta especial atención a la fe justificante, como se demuestra en la interpretación del Credo, donde Juan de Valdés sigue casi literalmente el coloquio Inquisitio de fide de Erasmo; exalta al varón espiritual, y confronta la fe-certidumbre y la fe-confianza, con primacía de la segunda, a la que identifica con la fe viva. Cristianismo es entrega al bien, y erasmismo vuelve a ser la crítica de los hermanos Valdés a la devoción a las imágenes, oración verbal, censura de los clérigos, reliquias, confesión auricular y misa oída sin devoción. El alma cristiana es templo, y eje del cristianismo interior es el cuerpo místico, considerarnos miembros de un solo cuerpo, cuya cabeza es Cristo.

En el siglo XVI la política era religiosa, aunque erasmista. En Erasmo se inspiró Carlos I, y erasmistas fueron los altos clérigos y teólogos de su reinado.

El erasmismo gira en torno al ser humano: su función en el mundo, su deber, su relación con los demás. Y la espiritualidad que predican supone una actitud experimental ante los valores religiosos.



ANDRÉS LAGUNA
 

Andrés Laguna (1499-1559) fue médico helenista, farmacólogo, botánico y humanista, conocedor de Italia, doctor honoris causa por Bolonia, hablante de seis idiomas, erasmista, avituallador del ejército imperial en Metz, mercader al tanto de la hacienda pública turca y pacifista.

Nació en Segovia, hijo de Diego Fernández Laguna, médico judeoconverso; estudió dos años de Artes en Salamanca, y en 1530 marchó a París, donde estudió medicina y se graduó en Artes en el Colegio de Francia, siendo discípulo de Pedro Danes, Jacques Toussaint y Juan Gédida en Artes, y de Silvio, Juan Winter y Juan Ruelio en medicina. Invitado por la Universidad de Köln pronunció el discurso Europa sese discrucians, defendiendo la unidad europea, y aludiendo a la paz. Estudió también lenguas clásicas, y leía en el original a Dioscórides. Regresó a España en 1536, manteniendo contactos con la universidad de Alcalá, y viajó a Inglaterra, viviendo algunos años en los Países Bajos y haciendo herbolarios en todos los lugares a los que iba, para comprobar las prescripciones de Dioscórides. Entre 1540 y 1545 residió en Metz, contratado como médico por la ciudad, y desde 1545 a 1554 permaneció en Italia, donde la universidad de Bolonia le nombró doctor honoris causa, y le honraron los papas Pablo III, que le nombró soldado de San Pedro, caballero de la Espuela Dorada y conde palatino; desde 1551 fue médico de Julio III. Estuvo hospedado en Venecia en casa del embajador español Diego Hurtado de Mendoza, humanista propietario de una nutrida biblioteca. Regresó a España a finales de 1557, tras tres años de estancia en los Países Bajos. Fue médico de Carlos I y Felipe II, logrando que Felipe II creara el Jardín Botánico de Aranjuez. Falleció en Guadalajara, y sus restos están depositados en Segovia, en la iglesia de San Miguel.

Trató temas literarios, históricos, filosóficos, políticos y médicos. Tradujo Materia médica de Dioscórides, con el título de Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum (Lyon, 1554). En ella señala los errores cometidos por Ruelle. Consideró vigentes la teoría de los cuatro humores, pero se mostró escéptico respecto a la alquimia, rechazando cuanto no tuviera confirmación empírica; excepto lo referente a productos americanos, como el antisifilítico guayaco.

Sus obras principales son Europa heautentimorumene, De articulari morbo Commentarius (1551), Discurso breve sobre la cura y preservación de la peste (1556), Anatomia Methodus, sive de sectione humani corporis (1551); Methodus cognoscendi extirpandique excrecentes in vesicae collo corunculus (1551), Sobre la vida de Galeno, Tratado de pesos y medidas medicinales, Abecedario de los dogmas o sentencias de Galeno sobre Hipócrates, Viaje a Turquía (1557), etc.

Su libro más erasmista es Viaje a Turquía (1557), con repudio de las reliquias y simonías, tendencia realista y positivista, empírica y experimental.
 
 
JUAN LUÍS VIVES
 

Juan Luís Vives es el más importante del Renacimiento filosófico español, nacido en Valencia y muerto en Brujas (1492-1540). Fue judío converso, pues su padre fue quemado en 1526, y su madre Blanca March enterrada en 1508, y desenterrada y quemada en 1529. Desde 1507 a 1509 estudió en Valencia, pero los procesos de la Inquisición contra su familia aconsejó a su padre a mandarlo a París, donde llegó en 1511, y no regresó a España, aunque se le ofreció una cátedra en Alcalá de Henares en 1522, pues no sólo sus padres sino ascendientes paternos y maternos habían sido exterminados por el Santo Oficio, confiscándoseles sus bienes, quedando tres hermanas suyas en la más extremada pobreza. Con todo Juan Luis Vives predicó siempre el amor, la concordia y la pacificación. Vivió en el centro de los litigios de su tiempo, sin perder nunca la calma, tratando de comprender y conciliar.

Llegó a París en 1511, con 19 años, estudió en los colegios de Bauvais y Montaigu, siendo compañero de Luis Núñez Coronel, Gaspar Lax y Fernando de Enzinas, y discípulo de Dullaert, cuya vida escribió más tarde. Eran tiempos en los que había desaparecido la distinción entre lógica y metafísica, y de una sofística baladí, contra la que Juan Luis Vives redactó In pseudo-dialecticos, dirigido a su condiscípulo Juan Fort, en el que repudia a cuantos hacían de la filosofía una logomaquia de palabras incomprensibles. Concibe la metafísica como disciplina de lo real, y la lógica de lo formal. Terminados sus estudios parisinos en 1512 se instaló en Brujas, ciudad que consideró su patria, siendo preceptor de Guillermo de Croy (1517), uno de los flamencos que vinieron a España y acompañaron a Carlos I, siendo nombrado arzobispo de Toledo. En Brujas mantuvo correspondencia con Erasmo, Linacre, Tomás Moro, Guillaume Budé, Damián de Gois, Joäo de Barros, etc. Fue también preceptor de la familia española Valldaura, de judíos conversos, casándose con Margarita en 1524.En 1519 enseñó en la universidad de Lovaina, en amistad con Erasmo, que le asoció a la edición de las obras de San Agustín: revisando y comentando La ciudad de Dios, publicada en Basilea en 1522-1529, y retirada después por algunas frases erasmistas. En 1523 Enrique VIII le nombró preceptor de la princesa María Tudor, y lector de la reina Catalina de Aragón; protegido de Wolsey enseñó en el colegio Corpus Christi de Oxford, y publicó De institutione feminae christianae (1524) e Introductio ad Sapiantiam (1524). Desde mayo de 1526 a junio de 1527 residió de nuevo en Brujas, donde escribió De subventione pauperum (1525), De Europae dissidis et Republica (1526), De pacificatione (1529) y Quam misera esset vita christianorum sub Turca (1929). De nuevo en Lovaina escribió De disciplinis (1531), Exertitatio linguae latinae, De anima et vitae (1538), Diálogos sobre la educación y De Europeae statu et tumultibus. Muriendo en Brujas el 6.5.1540.

En De disciplinis examinó las causas de la decadencia de los estudios y establece los métodos adecuados para la reforma de la enseñanza. Es una enciclopedia de la época, dividida en tres apartados: 1) De corruptis artibus, 2) De tradendis disciplinis y 3) De artibus.

Criticó a Aristóteles con respeto, y fue precursor de Bacon en el uso de la inducción. En psicología escribió De anima et vitae (1538), separando psicología y metafísica, e investigando las manifestaciones del alma. En Tratado del alma distingue la ratio especulativa, cuyo fin es la verdad, y la práctica, dirigida al bien. Llamaba anticipaciones a una serie de informaciones naturales que recibimos de la existencia sensible. Distinguió los juicios naturales y artificiales, y cultivó las asociaciones de ideas, estudiando la memoria, el olvido y los temperamentos. Fue precursor de la psicología diferencial y de la orientación profesional. Dedicó el libro III de De anima al estudio de las pasiones, inspirándose en Santo Tomás de Aquino.

En Juan Luis Vives, mens y cogitatio ejercen una función similar al entendimiento y la razón de Kant, y senile y sensatum a fenómeno y númeno.

Es la gran figura del erasmismo español, es también avanzadilla de lo más típico del renacimiento: crítica de la autoridad, preocupación por el hombre, regreso a las fuentes clásicas, prédica de la observación y expresión, espíritu crítico y curioso, precursor de doctrinas que se convirtieron enseguida en tópicos de la época.

Amigo de Erasmo y Tomás Moro, cita e invoca mucho a Cristo, al modo de la Philosophia Cristi típicamente erasmista. En De concordia y discordia pide a Carlos I un Concilio general que atajara los males que sufría la cristiandad, aunque odia la guerra y no alaba al Imperio; pero le preocupaba la división de la cristiandad tras la escisión protestante, y la amenaza de los turcos. Por lo que escribió cartas a Adriano VI, Enrique VIII y Carlos I, y obras como De la insolidaridad de Europa y de la guerra contra el turco, De la condición de los cristianos bajo el turco, De concordia y discordis en el linaje humano y De la pacificación.

El erasmismo influyó en el anticlericalismo español, en la preferencia de lo cristiano frente a lo católico y en la tendencia al individualismo.


 
MIGUEL DE CERVANTES
 
 
Especial fue el legado del pensamiento de Erasmo en la literatura de Miguel de Cervantes, pues sin el Elogio de la locura no habría existido el Quijote, por más que se diga que fue reacción contra los libros de caballería. La moral del amor, la comprensión y tolerancia, la preferencia por lo sencillo y espontáneo, las alusiones a la caridad, el episodio de los galeotes, muchas conversaciones entre don Quijote y Sancho, e incluso el tema pastoril son temas erasmistas. También pudo conocer Cervantes el Monacatus non est pietas, como muestran los episodios de los frailes benitos, el ermitaño, las pláticas camino del Toboso y el eclesiástico de los duques. Batallón ve aurea mediocritas en don Diego de Miranda, ideal erasmista.

Pero en el Quijote hay también rebeldía contra el sistema político y social de la época, que hace que los grandes (clérigos, autoridades, duques, ricos) salgan malparados, o Sancho Panza sobresalga moral y políticamente por encima de los duques: lo que es otro rasgo de erasmismo. La ascendencia judía de Cervantes influyó también en la exaltación de la libertad que a veces se hace en el Quijote, además del concepto renacentista del hombre. Hay pues que aceptar que Cervantes fue de carácter erasmista, y que supo transmitir erasmismo a muchos pasajes del Quijote.

ARISTOTELISMO ESPAÑOL


Aristotelismo y neoaristotelismo son denominaciones utilizadas en la historia de la filosofía para designar a distintos movimientos filosóficos donde los autores tienen como fundamento el pensamiento de Aristóteles, tanto en la Antigüedad (mientras continuó la escuela peripatética fundada por Aristóteles: el Liceo -opuesta a la Academia de Platón-) como durante la época medieval (averroísmo, tomismo, escolástica) y en las edades moderna y contemporánea (Escuela de Salamanca, neotomismo o neoescolástica).

Durante la Alta Edad Media la civilización islámica conservó las obras de Aristóteles, mientras que la cristiandad latina desconocía buena parte de ellas. En los siglos XI y XII, la coexistencia entre las tres religiones del libro (el papel de los judíos fue también significativo) que caracterizó a la España medieval, permitió el desarrollo de la Escuela de Traductores de Toledo, desde donde, entre otras, se tradujeron las obras de Aristóteles desde el árabe al latín. La recepción del pensamiento de Aristóteles fue convirtiéndolo en el centro del mundo filosófico de la Baja Edad Media. Gracias a la adaptación al pensamiento cristiano que realizaron San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, la nueva visión de Aristóteles se convirtió en parte integrante de la doctrina oficial de la iglesia católica, como en buena medida lo sigue siendo en la actualidad.

ARISTÓTELES


Aunque a mediados del siglo XII se conocía ya en Occidente toda la obra lógica de Aristóteles, la recepción global de su pensamiento tardó todavía algo más de un siglo en realizarse, siguiendo pare ello infinidad de vías tanto geográficas como personales. En ese sentido tuvieron sin duda enorme importancia los comentaristas árabes y judíos del Estagirita.

De todos ellos el más importante fue Averroes (Ibn Rosch) (m. 1198), conocido en Occidente como "el Comentarista". En sus obras defendió la filosofía como forma suprema de la verdad, lo que le granjeó su fama de impío entre musulmanes y cristianos. Sin embargo, ni siquiera los más críticos con el pensamiento de Averroes pudieron hurtarse a su influencia y muchas de sus tesis tuvieron especial incidencia en Occidente. Tal fue el caso de las doctrinas sobre la eternidad del mundo y la doble verdad, que están en la base de la grave polémica que sacudió a la universidad parisina con el nombre de averroísmo latino.

Otros autores como Avicena (Ibn Sina) (m. 1037) y los judíos Avicebron (Ibn Gabirol) (m. 1070) y Maimónides (muerto en 1204) influyeron asimismo en la difusión del pensamiento aristotélico, aunque mezclándolo con ideas de base neoplatónica.

Respecto a las traducciones, en las primeras décadas del XII se añadieron al corpus aristotélico, integrado fundamentalmente hasta entonces por obras de lógica, las de carácter físico o filosófico-natural, culminándose esa tarea a mediados de la centuria con los escritos de metafísica y ética. Hacia 1260 se tradujo por fin la Política de Aristóteles.

Entre 1260-1285 Guillermo de Moerbeke, continuando un plan elaborado por Roberto Grosseteste (m. 1253) pudo al fin revisar en Roma el conjunto de la producción del filósofo, utilizando ya para ello originales griegos.

Junto a los escritos de Aristóteles, infinidad de obras de diversos autores y de todas las disciplinas comenzaron a aflorar a Occidente de un modo masivo a partir de mediados del siglo XII. Aunque los centros de traducción fueron múltiples, dos vías destacaron fundamentalmente por obvios motivos: Italia y España. En la península Itálica se tradujeron no sólo obras árabes de medicina y botánica, sino también otras del griego, al calor de los frecuentes contactos comerciales con Constantinopla. Un buen ejemplo lo constituye Burgundio de Pisa (m. 1193).

Mas fue la península Ibérica donde el nivel de traducciones alcanzó sin duda su apogeo. Durante la primera mitad del siglo XII diversos personajes europeos eligieron Barcelona, Tudela y Zaragoza para realizar sus actividades. A partir del pontificado de su obispo Raimundo (1125-1152) y por algo más de un siglo, Toledo concentraría, sin embargo, la mayoría de estas actividades.

En la Escuela de traductores de Toledo, el funcionamiento de los talleres de copia y trascripción de la ciudad habrían ya alcanzado a mediados del siglo XII un nivel aceptable de profesionalidad. Gracias al relato de su viaje a Toledo del abad Pedro el Venerable entre 1141-1143 existe una idea de la mecánica de trabajo de estos talleres. Para el caso del Corán, un judío experto en la lengua árabe traducía el original al romance. Posteriormente un clérigo lo vertía a su vez al latín, única lengua de cultura reconocida, y de la que podían realizarse infinidad de copias.

TAPIZ ANTIGUO MAPA DE TOLEDO EN LA EDAD MEDIA


En Toledo trabajaron, entre otros, los hispanos Juan Hispalense, Domingo Gundisalvo y Juan Hispano y los extrapeninsulares Gerardo de Cremona y Miguel Escoto. A lo largo del siglo XIII, y contando ya con el mecenazgo de monarcas como Alfonso X o Sancho IV, se tradujeron gran número de obras científicas. En Murcia se vertieron diversas obras del árabe gracias al patrocinio de su obispo Pedro Gallego. Infinidad de traductores y copistas anónimos trabajaron también en Toledo y otras ciudades españolas en el rescate de las obras aristotélicas.

La enseñanza filosófica y científica en la Alta Edad Media se basaba en las pocas copias y comentarios de textos griegos antiguos que se habían conservación en Europa Occidental tras el colapso del Imperio romano de Occidente. La mayor parte de Europa había perdido contacto con el conocimiento del pasado. Este escenario cambio con el Renacimiento del siglo XII.

El Creciente contacto con el mundo islámico, que atravesaba la Edad de Oro del Islam, en Al-Ándalus y Sicilia, las Cruzadas, la Reconquista, así como el incremento de los contactos con el Imperio bizantino, permitió a la Cristiandad latina buscar y traducir las obras de los filósofos y científicos griegos y islámicos, especialmente las obras Averroes, entre Otros. El desarrollo de las universidades medievales las permitió ayudar materialmente en la traducción y propagación de esos textos y comenzó una nueva infraestructura necesaria para las comunidades científicas. Los intelectuales medievales buscaban entender los principios geométricos y armónicos con los que Dios había creado el Universo.

A comienzos del siglo XIII, había bastante buenas traducciones latinas de las principales obras de casi todos los autores antiguos, permitiendo la transferencia de ideas científicas a través de las universidades como de los monasterios. Para entonces, las ciencias naturales contenidas en eses textos comenzaban a ser divulgadas por los más notables escolásticos como Robert Grosseteste, Roger Bacon, Alberto Magno y Duns Scoto. Opus Majus

Un precursor del moderno método científico puede verse ya en el énfasis de Grosseteste sobre las matemáticas como vía para entender la naturaleza, y en la aproximación empírica admirada por Bacon, particularmente en apoyo Opus Majus.

La primera mitad del siglo XIV alumbra muchas obras científicas de importancia, en mayor parte en el marco de los comentarios escolásticos a las obras de Aristóteles. Guillermo de Occam introdujo el principio de parsimonia o navaja de Occam: el científico o filósofo natural no debe postular entendido innecesarios, por cuidado el movimiento no se debe algo distinto sino el mismo debe atribuírsele objetivo que se mueve: y no recurso a hipótesis tales como la antes necesaria "especie sensible" intermedia para transmitir la imagen de un objetivo al ojo. Intelectuales como Jean Buridan y Nicole Oresme comenzaron a reinterpretar los elementos de la mecánica de Aristóteles. En particular, Buridan desarrolla la teoría de que el ímpetus era la causa del movimiento del proyectil, lo que era un precedente de modernos conceptos de la inercia. Mientras tanto, las calculadoras de Oxford comenzaron a analizar matemáticamente la cinemática del movimiento, conduciendo apoyo análisis sin considerar las causas que del mismo debe atribuírsele.

Aunque la devastación de la Peste Negra en el año 1348 y otros desastres trajeron un repentino final al período anterior de desarrollo filosófico y científico, dos siglos más tarde comenzó la Revolución científica europea, que puede también entenderse como una Recuperación el proceso de cambio científico detenido durante la crisis final de la Edad Media.

ALFONSO X EN LA ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO


Durante el siglo XII en Europa hubo un cambio radical en la tasa de innovaciones y nuevos inventos. En menos de un siglo hubo más inventos desarrollados y aplicados con utilidad que en los mil años anteriores de la historia humana en todo el mundo. El período avanzaba con tecnológicos importantes como la invención del grabado, la pólvora, la lente, la mejor de los relojes, el astrolabio y una gran mejor de los buques. Esos dos últimos hechos hicieron posible la futura Era de los Descubrimientos.

Los historiadoras de la tecnología han enumeración algunos hechos de esta cuasi-revolución tecnológica como el primero documentos escritos sobre un molino de viento que fue en Yorkshire, Inglaterra (1185), la fabricación de papel en Italia (1270); la rueca de hilar llega en Europa probablemente desde la India en el siglo XIII; la brújula como ayuda a la navegación empieza a usarse en Europa a finales del siglo XII; la lente para la corrección de la visión se inventa en Italia al final de la década de 1280; el astrolabio lega a Europa a través de la España musulmana; Leonardo de Pisa introduce la numeración arábiga o hindú-árabe con apoyo Liber Abaci del año 1202; la más antigua descripción conocida de un timón se encuentra en un relieve de una iglesia datada en 1180.

Un nuevo método de enseñanza denominado Escolástica se desarrolló desde finales del siglo XII a partir del redescubrimiento de las obras de Aristóteles, las obras de los filósofos medievales Judíos e islámicos influenciados por el, sobre todo Maimonides , Avicena (Avicenismo) y Averroes (Averroísmo); y los filósofos cristianos influidos por ellos, sobre todo Alberto Magno, Buenaventura y Pedro Abelardo.

Los que practicaban el método escolástico creían en el empirismo y apoyaban las doctrinas católicas sobre el estudio secular, la razón y la lógica. Se oponían al misticismo cristiano ya las creencias platónico-agustinianas en la mente dualista, y como dualismo nos referimos a la filosofía de la mente, ya la consideración del mundo como intrínsecamente malo. platonismo El más famoso de los practicantes de la escolástica fue Tomás de Aquino, posteriormente canonizado y declaración doctor de la Iglesia, fue quien lidera el tránsito del platonismo y el agustinismo antes imperantes hacia el aristotelismo. Usando el método escolástico, Tomás de Aquino desarrolla una filosofía de la mente al escribir que la mente estaba al nacer un simple papel en blanco tabula rasa en la que se daba por un soplo divino la capacidad de pensar y reconocer formas o ideas.

TOMÁS DE AQUINO


Otros escolásticos notables fueron Roscelino de Compiègne , Pedro Abelardo y Pedro Lombardo. Una de las principales cuestiones de esta época fue el problema de los universales.

Los autores no escolásticos más prominentes de la época fueron Anselmo de Canterbury, Pedro Damián, Bernardo de Claraval, y los Miembros de la escuela de San Víctor o victorinos que eran un grupo de filósofos y místicos de la agustina abadía de San Víctor de París: Hugo de San Víctor, Ricardo de San Víctor y Walter de San Víctor .

Los cambios en la tendencias políticas y sociales se manifestaron en una serie de transformaciones artísticas. El siglo XII es la época en que el arte Románico hace la transición al arte Gótico. En líneas generales, la arquitectura románica se caracteriza edificios con gruesas murallas, y más o menos rechonchos, debida a que los conocimientos de ingeniería las impedían construir edificaciones de mayor altura.

Pero a comienzos del siglo XII dos poderosas innovaciones arquitectónicas, los contrafuertes y el arco en ojiva, permitieron apuntalar las paredes y adelgazarlas permitiéndoles sostener un peso mayor. Otorgado dicha transformaciones bien visible en la arquitectura de los monasterios cistercienses, que son considerados con razón como la transición entre ambos estilos, en particular por la cantidad de ellos que se construyeron en toda Europa, en un muy reducido lapso.

CATEDRAL GÓTICA DE BURGOS


A finales del siglo XII, comenzó la edificación de las primeras Catedrales góticas propiamente, por ejemplo la Catedral de Chartres. Estos cambios en la ingeniería y la arquitectura, iban de la mano con los cambios económicos y sociales. El arte Románico había sido desarrollado fundamentalmente en servicio de los reyes y de la Iglesia católica, mientras que el arte gótico se desarrolla en buena medida al servicio de los burgos. La carrera por adornar a los burgos con los más bellos edificios había empezado a finales del románico, y uno de los mayores exponentes de esta tendencia es el llamado Campo dei Miracoli, en Pisa, cuyos componentes más relevantes son las famosas catedral de Pisa y torre de Pisa. Pero la explosión de esta tendencia coincidió con el despuntar del gótico. Iniciada la moda de las catedrales góticas, cada burgo pretendió tener una más grande que las demás, y de ahí que, andando el tiempo, se irían construyendo cada vez mayores. Tener una gran catedral no sólo implicaba acero votos de religiosidad, sino también una muestra del poderío económico, invirtiendo en un edificio grande y solemne que las dieren prestigio.

Todos estos procesos, la concentración del poder político, guerras del infiel, crecimiento de los burgos, ataque al sistema feudal, auge del comercio y la industria, cambios artísticos, etcétera, se vieron marcados también por profundos cambios en la espiritualidad medieval. La Iglesia católica, el organismo religioso predominante en la época, estuvo abocada a profundos cambios intelectuales, a los que no siempre estuvo a la altura, por lo menos durante el siglo XII. En materias teológicas, la principal innovación fue la recepción de numerosas ideas foráneas. Entre ellas, Occidente empezo a prestar atención a Aristóteles, filósofo, bien sea leyendo directamente al griego, o bien a través de los comentarios de los musulmanes Avicena y Averroes.

Hasta el momento, la teología cristiana estaba basada en las ideas platónicas que había adaptación San Agustín, en el siglo V. Aristóteles era incómodo porque planteaba cuestiones radicalmente opuestas a la Iglesia católica, por ejemplo, que el mundo es eterno e increado, lo que choca con el dogma de la Creación "ex nihilo" (de la nada) expresada en el Génesis.

La simbiosis entre Teología cristiana y el aristotelismo no llega hasta el siglo XIII, de la mano de Santo Tomás de Aquino. Aun así, el Platonismo inherente a las doctrinas agustinianas fue puesto en duda, en beneficio de posturas que podrían calificarse de realismo moderado. El principal defensor de ella fue Pedro Abelardo, teólogo que enseñó en la Universidad de París, y que se vio envuelto en una dura trifulca (llamada la querella de los universales) con Bernardo de Claraval, sostenedor del realismo extremo, quien le hizo condenar como hereje y le obligó a la retractación. Pedro Abelardo es un representante de los nuevos tiempos, al atreverse a cuestionar aunque, tímidamente, algunas verdades esenciales de la Teología cristiana.

 
BERNARDO DE CLARAVAL


 
El mencionada Bernardo de Claraval es el más destacado defensor del "status quo" medieval frente a los cambios de su tiempo. Fundador de un gran número de monasterios a lo largo de la primera mitad del siglo XII, además de participar activamente en política, incluyendo la prédica de la Segunda Cruzada. De linaje aristocrático, veía con reticencia toda innovación, incluyendo la vida urbana y ciudadana. Sus Monasterios se transformaron en un referente ineludible para afianzar la unidad cristiana, en una época en que los própios cristianos de los burgos empezaban a cuestiona vivamente a la Iglesia. La Orden del Císter no logro contener estos cuestionamientos, los que cristalizaron en una serie de herejías, las primeras desde la época de San Agustín en Occidente. Las más peligrosas para la Iglesia católica fueron las de los valdenses y los cátaros, que crecieron especialmente en el sur de Francia, y que fueron reprimidas con la llamada Cruzada Albigense en el periodo entre los años 1209 y 1244.

Sin embarga, esta labor represora de la Inquisición se vio complementada por la apertura de la Iglesia hacia las nuevas corrientes espirituales para las gentes de los burgos, especialmente por obra de San Francisco de Asís. Algunos de los sucesos más importantes de la época fue que Pedro Valdo tradujo los evangelios a la lengua vulgar y en el movimiento valdense que la mujer y los laicos tenían derecho a predicar.

La revolución del siglo XII estuvo estructurada por una enredada maraña de cambios que sucedían al mismo tiempo y que se retro alimentaban unos con otro, arrojando a Occidente en una pendiente imparable de cambios sociales. Al iniciarse éstos, Occidente era una sociedad agraria y feudal. En el paso del siglo XII al XIII, se había consolidación todo un nuevo sistema social, basada en los burgos, sobre una nueva ética, y al mismo debe atribuírsele redefiniendo el mapa político de Europa, en donde los reyes pesarían cada vez más, en desmedro de los señores feudales. En cierto sentido, la consecuencia más importante de la revolución del siglo XII fue haber cambiado un sistema estático y de inmovilismo social, por uno dinámico en donde los cambios se iban sucediendo sin pausa alguna, con celeridad cada vez mayor, algo que no ha cesado en Europa hasta el día de hoy.



La filosofía aristotélica fue la oficial en la España del siglo XVI, predominando sobre la platónica, tanto entre escolásticos como entre humanistas. La característica más destacada del aristotelismo español es la pureza, y ni siquiera Italia poseyó un grupo de aristotélicos tan compacto y brillante como el español.

El centro de irradiación más importante fue la universidad de Alcalá de Henares, pero existieron representantes en todas las regiones, ocupando especial relevancia Gaspar Cardillo de Villalpando (1527-1581), Francisco Ruíz (m. 1546), Fernán Pérez de Oliva (1494-1531), Juan Bautista Monllor (m. 1569), Pedro Juan Núñez (1522-1602), Pedro Martínez de Brea (1505-1581) y Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573), seguidos de Juan Pérez de Castro (1515-1570), el portugués Antonio de Goyea (1505-1565), Melchor de Castro (1556-1599), Pedro Juan Monzó (m.1605), Pedro Serrano Ruíz de Montejo (m. 1578), Bartolomé José Pascual, Juan Montes de Oca (m.1572), fray Arcisio Gregorio (1516-1561), Fernando de Roa (m.1480), Francisco de Toledo(1532-1596), Francisco de Araújo (1580-1664), Francisco Escobar (m.1558), Sebastián Pérez, Antonio Juan Andreu,  Alonso López Pinciano (1547-1627), Diego Pérez de Mesa, Pedro Simón Abril (1530-1595), Funes y Vicente Mariner de Alagón (m. 1642); además de los traductores Juan Ginés de Sepúlveda (Parvi Naturales,1522; De ortu et interitu, 1523; De Mundo, 1523; Meteorum, 1532; De republica, 1548), Alejandro de Afrodisia (Metafísica, 1527), Pedro Simón Abril (Etica a Nicómaco), Andrés Laguna (De phisiognomics, 1535; De mundo seu cosmographia,1538; De Virtutibus,1545; De plantis, 1543), Sebastián Pérez (De anima, 1564), Juan de Vergara (Fisicos, De anima, Metafísica) y Vicente Mariner de Alagón.
 
 

UNIVERSIDAD ALCALÁ DE HENARES



GASPAR CARDILLO DE VILLALPANDO

Gaspar Cardillo de Villalpando (1527-1581) nació en Segovia y murió en Alcalá de Henares; citado por Cervantes en El Quijote, estudió en la universidad de Alcalá de Henares, donde fue catedrático de Dialéctica, Elocuencia y Filosofía. Asistió al Concilio de Trento en representación de Álvaro de Mendoza y sucedió a Pedro de Soto como teólogo del papa (1562-1563). En 1575 fue nombrado canónigo de la Colegial complutense de los Santos Justo y Pastor, en Alcalá de Henares.

Autor de:
1) tratados lógicos: Comentarii in quinque voces Porphirii (1537), Isagoge,sive Introductio in Aristotelis dialecticam (1555), Summa dialecticae Aristoteliae (1558), Summa Summularum (1557)
2) comentarios a Aristóteles: In Categorías (1558), In librum Perihermeneias (1558), In libros de priori resolutione (1557), In libros de posteriori resolutione (1558), In Topica (1559)
3) tratados físico-cosmológicos: Interrogationes naturales, morales et mathematicae (1573), In octo libros Phisicorum (1566), In quatuor libros de Coelo (1576), In duos libros de ortu atque interitu (1569)
4) polémica sobre la inmortalidad del alma: Apología Aristotelis adversus eos qui aiunt sensisse animun cum corpore extingui. Quo loco obiter etiam indicatur, de Providentia Dei, de natura atque numero deorum, de eo quod est in nobis, postremo de summo hominos bono consentaeam rationi et christianae Philosophiae sententiam Aristotelum habuisse (1560).

A las que hay que añadir In Primun librum Ethicorum Aristotelis ad Nichomachum (1555), De anima, Disputationes adversus protestationes XXXIV hereticurum Augustanae confessionis (1564), De Ecclesiae traditionibus (1564). Su obra más famosa es Summa Summularum, en la que da importancia a la dialéctica, distinguiéndola de la lógica. En el comentario a los Tópicos niega la inducción. Defiende que el concepto de ser, aplicado a las categorías, no es análogo, ni unívoco, sino equívoco, pues el ente no es género. Afirmó que lo que no tiene materia carece de principio de individuación; y que la materia no es causa, sino condición de la individuación.


SUMMA SUMMULARUM, DE GASPAR CARDILLO DE VILLALPANDO


PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Pedro Martínez Brea (1505-1581) nació en Brea, Toledo, enseñó filosofía y teología en Alcalá de Henares, y posteriormente fue catedrático de Prima en la universidad de Sigüenza. Felipe II le presentó para obispo de Plasencia, sin que llegara a tomar posesión. Su obra es continuación de la de Cardillo, comentando varios libros de Aristóteles (Commentarii in libros aristotelis de generatione et corruptione, 1561; In libros tres Aristotelis De anima commentarri, 1575). Se ocupó también de la controversia sobre la inmortalidad del alma: Tractatus celebérrima controversia de animorum inmortalutate (1575).



FRANCISCO RUÍZ

Francisco Ruíz (m. 1546) nació en Valladolid, fue monje benedictino, abad de los monasterios de Salamanca, Zamora y Sahagún. Escribió Regulae intelligendi Scripuras sacras ex mente SS Patrum (1546), Index locupletissimus (1540) y Iudicium de Aristotelis operibus.



JUAN BAUTISTA MONLLOR

Juan Bautista Monllor (m.1569) nació en Bocairante, Valencia, donde estudió y enseñó; fue profesor de filosofía en la universidad de Valencia, dedicándose a estudios escriturarios. En 1569 fue nombrado canónigo de Orihuela. Fue un gran humanista, docto en filosofía, teología, humanidades y matemáticas. Tradujo y comentó Primeros analíticos: parapfresis et scholia in duos libros Priorum Analyticorum Aristotelis, sive de Ratiocinatione (1569), De nomine Entelechia y De Universis, quod in rebus constare sive mentis opera.



PEDRO JUAN NÚÑEZ

Pedro Juan Núñez (1522-1602) estudió con Monllor en la universidad de Valencia, y con Pedro Ramus y Adriano Turnebus en la de París; enseñó en Valencia, Zaragoza y Barcelona; destacó como retórico, humanista, y helenista; se dedicó a la filosofía, y escribió obras gramaticales, retóricas y filosóficas, siendo éstas Avisos para estudiar les Arts en particular, Ratio studii theologici, De methodo y De studio philosophico (1621). Sus obras dialécticas son De Constitutione artis Dialecticae, Comentarius in libellum De constitutione artis Dialecticae (1554) y Oratio de causis obscuritatis Aristotelae (1554). Su mejor obra de física es Institutionum Physicorum (1554). Es original en el anhelo de armonizar y conciliar las doctrinas platónicas y aristotélicas, el relieve de sus exposiciones a la historia de la filosofía, y el espíritu crítico que anima todas sus obras.

REFORMA CATÓLICA EN LA MODERNIDAD: LA CONTRARREFORMA


El movimiento de la Reforma católica o Contrarreforma de los siglos XVI y XVII consiste en la renovación espiritual de la Iglesia católica a partir de la aplicación de las ideas renacentistas, basándose en dar una respuesta a la Reforma protestante de Martín Lutero, que había debilitado a la Iglesia.

Se concreta durante el resurgimiento católico desde el pontificado del Papa Pío IV en 1560 hasta el fin de la Guerra de los Treinta Años, en 1648.

Sus objetivos fueron renovar la Iglesia y evitar el avance de las doctrinas protestantes, centrándose sobre todo en cuatro aspectos:

1. Doctrina.
2. Reestructuración eclesiástica, con la fundación de seminarios.
3. Reforma de las órdenes religiosas, haciéndolas volver a sus orígenes tradicionales.
4. Vigilancia de los movimientos espirituales, centrándolos en la vida piadosa y en una relación personal con un sacerdote, y éste, con Cristo. Esto incluía a los místicos españoles y a la escuela de espiritualidad francesa.

La aportación de la Iglesia española a este movimiento se concreto en el pensamiento de eruditos de la Compañía de Jesús, como Luis de Molina, Francisco Suárez o Juan de Mariana, y en la victoria mediante argumentos en el Concilio de Trento en los años de 1545 a 1563.


MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL


1- COMPAÑÍA DE JESUS

La Compañía de Jesús fue la orden religiosa que mejor se identificó con el espíritu y la práctica de la Contrarreforma, es decir, con la renovación espiritual de la Iglesia católica a partir de la aplicación de las ideas renacentistas.

Los jesuitas realizaron las aportaciones más avanzadas en la Iglesia de la segunda mitad del siglo XVI:

- En relación con el tema de la justificación, los jesuitas reafirmaron la libertad del hombre en su relación con Dios, dando valor a su comportamiento en la vida secular.

- Mostraron confianza en la capacidad de la razón para conseguir el desarrollo de cualidades personales de valor, como la iniciativa o la capacidad crítica.


Partiendo de estos planteamientos, los jesuitas desarrollaron una filosofía política muy consistente, que partía de la refutación del luteranismo, destacaba el carácter divino de la estructura jerárquica de la Iglesia y defendía el poder religioso de la Iglesia frente a cualquier intento de intromisión del Estado. Sobre este último punto, intentaron dejar claro que el Estado es una institución de poder, pero de otro orden distinto al divino; una institución humana nacida por la libre acción de los hombres y cuyo ámbito era estrictamente natural.

La filosofía política jesuita se basó en dos afirmaciones clave:

- En la línea del secularismo propio de la cultura renacentista, la afirmación del valor de la vida temporal y, consecuentemente, de las instituciones temporales.

- La afirmación del valor de la razón para encontrar las pautas correctas que deben organizar la convivencia humana.

Del cruce de ambas afirmaciones nació el concepto de Derecho natural, que fue la columna vertebral de toda la filosofía política de los jesuitas. Sus ideas no son completamente novedosas, ya que están en la tradición escolástica tomista, por lo que es coherente entender el pensamiento jesuita como una evolución del tomismo (pensamiento de Santo Tomás). Sin llegar a una ruptura con la tradición anterior, los jesuitas dieron pasos decisivos en la construcción del iusnaturalismo laico, es decir, del Derecho natural moderno.

Sus tres grandes representantes fueron Luis de Molina, Francisco Suárez o Juan de Mariana.


SÍMBOLO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS


2- CONCILIO DE TRENTO

Fue un concilio general de la Iglesia, reunido de 1545 a 1563 en Trento, cerca de los Alpes, que aprobó una serie de decretos doctrinales con respecto a los dogmas, la disciplina, el papado y las órdenes religiosas, que permanecieron vigentes hasta que se reunió el siguiente concilio, más de tres siglos después.

Fue convocado por Pablo III y estableció:

- Una jerarquía efectiva de supervisión para garantizar que el clero y los laicos observaran las nuevas normas de disciplina y ortodoxia que se esperaba de ellos.

- El fortalecimiento de la figura del Papa.

- La revitalización de la meditación y la oración, así como el control de las pasiones de los individuos.

- El examen cotidiano de la conciencia y la confesión.

- La celebración de fiestas anuales en honor de los santos y las advocaciones a la Virgen María.

- El impulso a la formación de más cofradías y hermandades donde se organizarían cajas de ahorro para ayudar a las viudas, los huérfanos, los ancianos y los enfermos, y para pagar los gastos funerarios.

- El castigo a los miembros de la Iglesia que abusaran de los bienes económicos de los fieles.

- Estas medidas, junto con la Inquisición y las guerras de religión, pretendían detener el avance del

- Protestantismo e infundir un nuevo entusiasmo y confianza a los católicos.


Hacia 1650, más de dos tercios de Europa prestaba de nuevo obediencia a la Iglesia de Roma: la Reforma protestante, en conjunto, sólo conservó su influencia en el norte.


CONCILIO DE TRENTO

LO QUE EL MUNDO LE DEBE A ESPAÑA

Lo que el mundo le debe a España

Luis Suárez, Editorial Ariel (2009)

En este ensayo, Luis Suárez destaca, una a una y en conjunto, las aportaciones hispanas, desde los inicios mismo del Cristianismo hasta la preconización de una forma alternativa a la Ilustración, aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia, y que se ve reflejada en los avances científicos en España y América en el siglo XVIII.

A través de sus más destacadas figuras y del legado de las instituciones nacidas en el mundo hispano, Luis Suárez nos ofrece un singular fresco de la grandeza de España, situándola en el lugar que le corresponde: el de portadora de unos valores profundos y un quehacer único que contribuyen, a su vez, a la grandeza de Europa y del mundo occidental.




Europa es el resultado de las interrelaciones entre 5 ámbitos culturales a través del tiempo, que se han expresado por medio de 5 grandes idiomas: italiano, francés, alemán, inglés y español (castellano). La ciencia alemana o su música, el teatro británico, la ópera italiana, o el academicismo francés tienen para los europeos un valor absoluto. Lo mismo debe solicitarse en relación a las aportaciones españolas.

Hispania obtuvo su identidad a través de Roma. A principios del siglo IV, cuando el Imperio ejecutaba el tránsito desde el helenismo al cristianismo, fue reconocida como "diócesis" o ámbito de convivencia, iniciándose así la construcción de un patrimonio que abarcaba la Península e islas adyacentes. Los visigodos, pueblo germánico, se asentaron en estas tierras al producirse la caída del Imperio, sustituyendo su legitimidad.

Aquellos godos intentaron adoptar su particular forma de cristianismo, con las tesis arrianas, marcando así las diferencias entre germanidad y romanidad. Pero, cuando en el siglo VI, consiguieron unir políticamente el espacio hispano, se invirtieron los términos y fueron los hispanorromanos los que impusieron su modo de ser y vivir.

El III Concilio de Toledo (589) fue la primera aportación decisiva: el arrianismo fue sustituido por el catolicismo, se sometieron todos los habitantes a una Lex romana aparada por los visigodos, que renunciaron a la lengua goda imponiéndose el latín y formas de vida autóctonas. Existió, por lo tanto, un paralelismo entre Hispania y Bizancio, por la herencia romana.

Isidoro de Sevilla asignó al saber una misión genérica de llegar a conocer el orden de la Creación, utilizando para ello los libros y sus lecturas, es decir, bibliotecas y lecciones, que forma la base sobre la que se construyen las escuelas que desembocan en las universidades, típicamente europeas. Dos o tres generaciones después, los continuadores de san Isidoro se integran en el Renacimiento carlovingio.

Esta Hispania, que conservó su nombre demostrando fidelidad a la herencia romana, se perdió en 711 a causa de la expansión islámica, pero ciertos núcleos de resistencia, con el apoyo de Francia (los europenses como les llama un anónimo cronista mozárabe), pudieron emprender una tarea de siglos, a la que lamamos Reconquista. Durante ella se constituyen hasta cinco reinos, pronto reducidos a cuatro, cristianos, que invocan la vieja herencia. Las circunstancias, desde el siglo X, hacen que se produzcan determinados fenómenos que hemos de tener en cuenta.

En primer término el vasallaje, heredado de los germanos, no se convierte en feudalismo sino que se mantiene dentro de las estrictas relaciones de fidelidad entre vasallo y señor. Pero el vasallaje es un contrato que se ratifica mediante juramento y sólo personas libres pueden prestarlo. El León nace, al restaurarse la legislación gótico-romana, las primeras leyes que permiten al siervo salir de esta condición. Un avance que se extiende luego a toda Europa.

En la época de los Reyes Católicos, España es el primer país en donde se dicta una ley disponiendo la nulidad de cualquier vínculo se servidumbre que aún subsistiera. De aquí nacen otras dos consecuencias: a las Asambleas de la Corte son invitados también los representantes del tercer Estado. Un modelo que Simón de Monfort aplicará en Inglaterra creando los Comunes; la condición de súbdito se identifica con la libertad, asegurada mediante el recíproco cumplimiento de la ley.

La Monarquía hispana, desde la segunda década del siglo XIV avanza, por la vía de la Corona de Aragón, hacia un reconocimiento de que la potestad regia se garantiza por medio de tres poderes, legislativo (Cortes), administrativo (Consejo) y Judicial (Audiencia o Chancillería). Es el antecedente necesario para comprender el gran descubrimiento de Montesquieu.

Otra de las aportaciones importantes se produce mediante el contacto con musulmanes y judíos, que aportaban de Oriente algunas versiones del helenismo y de la sabiduría oriental. Entre otras, el texto de al-Kwarizmi, introducía en Europa el cero y el infinito, y sustituía los números romanos por guarismos. El futuro Papa, Gerberto de Aurillac, viajó hasta España para adueñarse del texto y exportarlo a toda Europa. Por esta vía, mediante la Escuela de Traductores de Toledo se investiga el pensamiento de Aristóteles. La versión de las Categorías que se empleaba en la Universidad de París se llamaba "Gundisalvus" porque era producto de un canónigo de Segovia llamado Domingo González. La ciencia podría entrar de este modo por las vía de la modernidad.

Fue un español, Raimond Llull, quién trató de convencer a los europeos, en los inicios mismos del Humanismo, de que la Fe puede explicarse por medio de la Razón, haciendo ver que el cristianismo constituye el modo más racional de explicar la existencia de Dios y de la naturaleza humana. Por esta vía, aprovechando de una manera especial influencias italianas y borgoñesas, España puso en marcha una reforma religiosa que aportaba dos valores opuestos a los del nominalismo, que desembocaría en Lutero: capacidad racional para el conocimiento incluso especulativo, y libre albedrío, como explicarían Manrique o Calderón, entre otros autores. A esta aportación deberíamos sumar una tercera de enorme importancia en razón de las peregrinaciones a Santiago. No existe pecado, por grave que sea, que no pueda alcanzar su perdón mediante verdadera y fructuosa penitencia. Tras elementos esenciales.

De aquí procede la Escuela de Salamanca, que tendrá en Suárez su punto culminante. Europa recibió el mensaje: partiendo de la base de la libertad racional, e incorporando las enseñanzas de la Iglesia, puede descubrirse que todos los seres humanos, sin distinción de raza, de color o de origen, se encuentran dotados en su naturaleza de ciertos derechos inalienables, como son la vida, la libertad y la propiedad. Las Monarquías estaban llamadas a reconocerlos y defenderlos pero no podían ser sustituidos. Una línea de razonamiento que coincide con la Constitución norteamericana, pero que se sitúa en una dimensión opuesta a la de la Revolución francesa.

En la culminación de la reforma española que alimenta al Teatro de Siglo de Oro (Zalamea, La vida es sueño, El burlador de Sevilla o El condenado por desconfiado) se encuentran las aportaciones de santa Teresa y de san Juan de la Cruz, que llegan a descubrir el secreto: "a la tarde te examinarán en el amor".

Pero en torno a este planteamiento, Europa se dividió partiendo de las universidades, entre racionalistas y nominalistas. España abraza el Tomismo y defiende esta línea de pensamiento. En la primera coyuntura, y a pesar de disponer de una Papa español, España da el paso decisivo para la solución del Cisma de Occidente abandonando la coyuntura de mantenerse en línea inexorable con Benedicto XII. En la segunda no hubo entendimiento y se aprestó a vencer la "rebelión protestante".

Entre 1648 y 1659 esta rebelión es vencida, predominando las razones políticas sobre las ideológicas, y se inicia una desvalorización de los principios esgrimidos por las escuelas españolas.

La decadencia política, que se prolonga durante más de dos siglos, lleva a algunos de los intelectuales de la Enciclopedia, a suponer que de ningún valor pueden considerarse las aportaciones españolas.

Visión incorrecta. Algunos grandes pensadores, en línea con el padre Feijóo, entre los que destacan Jovellanos y Campomanes, preconizaron una fórmula distinta para la Ilustración: aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia. Durante dos o tres décadas, como demuestran los avances científicos en España y América, pareció a punto de alcanzarse esta meta. Pero la Revolución francesa provocó primero un freno radical y después una reacción contra los propios ilustrados españoles. Jovellanos, que fue un católico profundo y así lo demostró en Valldemosa, pudo ser calumniado por muchos clericales y presentando como algo que nunca fue, hasta el punto de que la Logia masónica de su ciudad natal emplearía su nombre.


Tiempos difíciles, de ruptura interior. Lo que España en el siglo XIX aportaba a Europa, envolviéndolo en la hazaña de las victorias sobre Napoleón, no era precisamente recomendable. Pues tradicionalismo y liberalismo no se presentaron como peldaños para un ascenso en la cultura, sino como enemigos que trataban de descubrir en el de enfrente, un peligro, un mal. Y así hemos vivido un siglo de guerras civiles, en el corazón y en la conducta que el Europeísmo debe borrar permitiendo el retorno a esos valores profundos que Europa necesita.
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