CONTROVERSIA DE VALLADOLID: EL PRIMER DEBATE SOBRE DERECHOS HUMANOS


La Junta de Valladolid fue denominada a la controversia que tuvo lugar en esta ciudad en los años 1550 y 1551 entre teólogos y juristas para analizar el modo en que se estaba realizando la colonización de América, la licitud de la empresa y los derechos de los indígenas. Está considerado como el primer debate sobre los Derechos Humanos.


FACHADA DEL PALACIO DE SANTA CRUZ, VALLADOLID

En el contexto de lo que fue el impacto en Europa de los descubrimientos geográficos efectuados por españoles y portugueses en los siglos XV y XVI y las nuevas corrientes de pensamiento surgidas al inicio de la Edad Moderna, una efeméride importante fue el de la polémica de indis o debate sobre los naturales. Una cuestión que fue fomentada tanto en España como en los recién colonizados territorios del Nuevo Mundo por teólogos y juristas castellanos en torno a la justicia y la licitud de la dominación en las tierras descubiertas.

Esta cuestión se convirtió en el tema central de las Juntas Consultivas para las Indias realizadas a lo largo del siglo XVI, cuyos resultados fueron la declaración de los Justos Títulos y la aprobación de sucesivas Leyes de Indias.

En principio, se consideraba suficiente el título del propio descubrimiento en base a un texto de Las Partidas de Alfonso X, pero pronto aquel título no parecía satisfacer, porque las tierras estaban habitadas por naturales. Entonces, se trató de justificar la colonización a través de las tradicionales teorías medievales que afirmaban que el Papa era Dominus Orbis y que, por lo tanto, las concesiones papales de Alejandro VI realizadas a los Reyes Católicos suponían la plena justificación de la conquista americana. En tal sentido la Bulas Alejandrinas obtenidas en 1493 otorgaban al Reino de Castilla el señorío de las tierras e islas descubiertas y por descubrir, y en esta concesión, fundada por el poder eminente del Príncipe sobre todo el Orbe y especialmente sobre los infieles, se hizo fundamento jurídico suficiente para legitimar la sujeción de los pueblos indígenas a Castilla, llevando los descubrimientos un requerimiento que se formulaba a los indios para acatar aquella donación.

Sin embargo, esa justificación, apoyada en argumentos teológicos, empezó pronto a ser criticada dentro del reino por eclesiásticos, pero también fuera por algunos soberanos europeos. Desde los territorios americanos, los eclesiásticos de la Orden de los dominicos cuestionaron la validez de las Bulas Alejandrinas, denunciaron los abusos de los colonizadores en defensa de los indios, y exigieron un debate sobre los Justos Títulos de conquista.


CATEDRAL DE VALLADOLID


La polémica de los naturales fue tratada en la Junta Consultiva de Valladolid, en el Aula Triste del Palacio de Santa Cruz, antiguo Colegio Universitario y hoy sede del Rectorado de la Universidad de Valladolid, y se desarrolló en dos largas sesiones: en agosto de 1550 y en abril de 1551. En esta ciudad residía la Corte real de España.

La denominada Controversia de Valladolid suponía que, por primera vez en la Historia de la Humanidad, un imperio, el español, discutiese la legitimidad de las tierras conquistadas. Aunque, hay que tener en cuenta que los Imperios francés, inglés y portugués no encontraron organizaciones políticas desarrolladas en Estados, como las civilizaciones maya, azteca e inca.

A la todavía capital de reino llegaron los mejores pensadores de la época, un extraordinario grupo de teólogos y juristas: los dominicos Domingo de Soto, Bartolomé de Carranza o Melchor Cano, que fue sustituido cuando marchó al Concilio de Trento por Pedro de la Gasca, el primer pacificador del Perú, junto a los jurisconsultos del Consejo de Indias. Estos cuatro eruditos eran dominicos, escolásticos defensores del Tomismo (doctrina de Santo Tomás), catedráticos que controlaban las principales universidades y colegios de España. Soto y Cano eran miembros de la Escuela de Salamanca y discípulos de Francisco de Vitoria, enseñaban en la Universidad de Salamanca, una de las más prestigiosas en la Modernidad europea. En cambio, Carranza enseñaba en la Universidad de Valladolid.

El debate se centró en las ideas de tres grandes intelectuales de la época: Juan Ginés de Sepúlveda defendiendo la guerra, Francisco de Vitoria, que había muerto en 1546, aceptando la guerra justa, y Bartolomé de las Casas negándola. Sepúlveda y Las Casas se convirtieron en los protagonistas del debate y en los principales defensores de dos posiciones antagónicas de concebir la conquista del Nuevo Mundo. En realidad eran dos pensamientos diferentes de entender al indígena y el descubrimiento de América, que desembocó en un debate jamás antes abordado por otro imperio. Nunca se trató como un asunto académico, sino como un problema real, de conciencia para muchos españoles, incluidos los monarcas.

La controversia tenía como bases argumentales la Teología, pues esta disciplina del saber era considerada superior a cualquier otra (philosophia ancilla teologiae). Quedaba por sentado a priori que los indígenas americanos eran seres humanos racionales con alma, lejos de considerarles animales salvajes susceptibles de ser domesticados. Esta cuestión ya se había resuelto en la Cristiandad unos años antes, en 1537, mediante la bula Sublimis Deus, del papa Paulo III, que declaraba el derecho a la libertad y la propiedad de los indios, así como el derecho a la conversión cristiana por métodos pacíficos.

El objetivo filosófico era acordar una base teológica y jurídica fiable para establecer un modelo de descubrimiento, evangelización y colonización de las Indias. Sus campos de actuación fueron amplios: la autoridad papal, la naturaleza de su donación, la definición de la guerra justa, las libertades y derechos de los indios, etc.


FRANCISCO DE VITORIA


Bartolomé de las Casas y los seguidores de la doctrina de Francisco de Vitoria, eran escolásticos de la Orden de los Dominicos y defensores del Iusnaturalismo, una corriente jurídica y teológica que establecía que todas las personas del cualquier lugar del mundo tenían los mismos derechos y libertades por su propia naturaleza humana, y estaban a favor de unas leyes universales para todos los pueblos y países que regulasen sus relaciones internacionales. Fueron los pioneros de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional de Gentes. Denunciaban la guerra injusta y los métodos empleados en la colonización, sus pretensiones era el total abandono de la colonización americana.

Las Casas se convirtió en un pionero de la lucha por los Derechos Humanos, los documentos que aportaban fueron su Brevísima relación de la destrucción de las Indias y su Apologética historia sumaria: la primera ocupándose de la licitud o ilicitud de la conquista, y la segunda de la situación en que se encontraban los indígenas. Pero estos testimonios no eran convincentes del todo, ya que se sospechaba que había estado exagerando muchos de los hechos ocurridos.

Respetaba el dominio español en América sólo si se predicaba pacíficamente el evangelio, condenando el uso de la violencia aunque estuviese justificada, pues para él los colonos tenían la obligación de respetar a los inocentes entre los que citaba a mujeres, niños, sacerdotes, agricultores, obreros y mercaderes. Por eso recordaba que las Bulas Alejandrinas solo permitían la intervención de Castilla en el Nuevo Mundo tan solo para la prédica del evangelio, sin privar a los naturales de sus estados, jurisdicciones, bienes, honras, dignidades y señoríos.

Fue tan influyente en la Corte de Carlos I que se considera un triunfo de sus ideas la aprobación de las Nuevas Leyes de Indias de 1542. En la Junta Eclesiástica de México de 1546, la órdenes eclesiásticas allí establecidas aceptaron sus doctrinas como política misionera.


BARTOLOMÉ DE LAS CASAS


Pero hubo otras opiniones contrarias a las posiciones de las órdenes religiosas. Una de ellas fue la del gran humanista Juan Ginés de Sepúlveda, también dominico y consejero de Carlos I y, más tarde, de Felipe II. Había estudiado en Filosofía y Teología en Alcalá de Henares y Bolonia. Era buen conocedor del latín y griego y tenía una sólida formación aristotélica, cuya doctrina seguía para defender el legítimo derecho de conquista en América. Combatió el pensamiento de Erasmo de Rotterdam, por no compartir su idea sobre el libre albedrío, y refutó a Lutero.

Apoyaba la legitimidad de la conquista, colonización y evangelización de los indígenas americanos y era contrario al espíritu de las Leyes Nuevas. Basándose en el derecho imperial y en el Aristotelismo, justificada  que España hiciese la guerra de conquista en las Indias porque, los pueblos de civilización superior tienen derecho a dominar y tutelar a los de civilización inferior y, por tanto, era justo que los españoles dominasen a los indios, idólatras y antropófagos, y los evangelizasen para llevarlos a su misma altura.

En 1535, publicó un libro, Democrates primus, de convenientia militaris disciplinae cum cristiana religione, en el que atacaba las doctrinas erasmistas que establecían que toda guerra, incluso la defensiva, era contraria a la religión católica. En él, hacía compatible la disciplina militar y la religión cristiana, defendiendo la guerra justa bajo las siguientes condiciones: si es declarada por autoridad legítima; con rectitud de intención; si se obra con moderación; si se repelen agresiones y recupera lo arrebatado; y se castiga a malhechores.

Por estímulo de Hernán Cortés y del cardenal Loaysa escribió después Democrates alter, sive de justi belli causis suscepti apud Indos. Trataba las causas justas de la guerra y la legitimidad de la conquista española en América. Esta publicación fue el detonante de una controversia entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas.

Las Casas, enterado de la próxima publicación de este segundo libro, emprendió una intensa actividad para impedirlo, enojado también porque Sepúlveda había logrado que la Corte retirase del mercado su Confesionario. Se ganó la confianza de Melchor Cano, y entre ambos consiguieron influir en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca para prohibir la impresión del Democrates alter. Sepúlveda logró publicar esta obra en Roma bajo el título de Apología pro libro de justis belli causis, gracias a la intervención de su amigo Antonio Agustín, presidente del Tribunal de la Rota Romana, y miembro destacado de la Corte pontificia.

En aquella Apología Sepúlveda siguió defendiendo la conversión de los infieles y la licitud de la guerra por el derecho de los cristianos a hacerla contra los idólatras en virtud de la autoridad del Papa. Por la otra parte, Las Casas impedía la entrada de este libro en España mediante la intervención de Antonio Ramírez de Haro, obispo de Segovia, quien hizo condenarla y ordenó la quema todos los ejemplares en territorio español.


JUAN GINÉS DE SEPÚLVEDA


Enterado de la disputa surgida, el emperador Carlos I se tomó muy en serio la cuestión, ante lo cual, en 1549, solicitó los consejos de las mejores inteligencias del país que fueron convocadas a una gran asamblea de sabios para tomar una solución definitiva. Y el 3 de julio del mismo año, el Consejo de Indias ordenaba detener la conquista.

Sepúlveda basaba su doctrina en argumentos aristotélicos, tomistas y humanistas, desarrollados en varias obras y que los agrupó en argumentos de razón y derecho natural y argumentos teológicos. Justificaba la guerra justa contra los indios debido a su idolatría y sus pecados, además defendía su inferioridad racial, que obligaba a los españoles a tutelarlos.

Propuso cuatro Justos Títulos para la conquista:

- el Derecho de Tutela, que implicaba la servidumbre a los españoles de los indígenas para su propio beneficio, porque carecían de capacidades para gobernarse por ellos mismos.

- la eliminación de conductas antinaturales, incuso mediante el uso de la fuerza, como el canibalismo.

- la obligación de salvar a las futuras víctimas, esclavos o capturados en la llamadas “guerras floridas”, del ritual del sacrificio humano a sus dioses falsos.

- el mandato evangelizador que Cristo dio a los apóstoles y al Papa, y este como representante de Cristo en la Tierra al rey católico.


Las Casas basaba su defensa del indio en la doctrina de Francisco de Vitoria. Así, el fundador de la Escuela de Salamanca y promotor del Derecho Internacional había establecido siete Injustos Títulos y otros siete Justos Títulos. Estos últimos eran:

- los españoles tienen el derecho de propagar la religión cristiana en América.

- la protección de los indios convertidos al Cristianismo cuando sean perseguidos por otros pueblos paganos.

- la autoridad papal para otorgar indios cristianizados a un rey católico como su señor.

- la intervención militar de los españoles cuando suceden delitos contra-natura.

- la libertad de los indios para tomar como rey a uno cristiano.

- el derecho de una parte del botín de guerra si los españoles participan en las guerras indias y actúan como aliados de unos u otros.

- la protección de aquellos indios más desfavorecidos, atrasados, discapacitados, etc.

Como discípulo de Vitoria, Las Casas consideraba como título injusto todo aquel que autorizase al Papa y Emperador al dominio de las tierras descubiertas, como por ejemplo las Bulas de Alejandro VI o el requerimiento que se hacía a los indígenas para justificar su sometimiento, por tanto la ocupación del Nuevo Mundo era ilegítima.

Rechazaba la ocupación y sometimiento por la fuerza y la conversión obligatoria de los indígenas, a los cuales no se les podía considerar pecadores o poco inteligentes, sino que eran libres por naturaleza y dueños legítimos de sus propiedades. Defendía el derecho de propagación del evangelio, el cual dejaba de ser una obligación de los colonos para convertirse en un derecho de los indígenas.



REPRESENTACIÓN CINEMATOGRÁFICA DE LA CONTROVERSIA


Los argumentos principales fueron debatidos de la siguiente manera.

Comenzaba el debate Sepúlveda con la siguiente exposición:
Dice Aristóteles y corrobora Santo Tomás que los hombres son, por naturaleza, unos superiores y otros inferiores. Los inferiores son los bárbaros, que no viven conforme a la razón natural y tienen malas costumbres. Y es de recta razón que los bárbaros sean sometidos a los que no lo son, y que así los indios obedezcan a los españoles. Y si no puede ser por la paz, habrá de ser por las armas, y esta guerra será justa.

Correspondía a Bartolomé de las Casas demostrar que la racionalidad de los indígenas era igual a la de los europeos. Como prueba se sirvió del desarrollo urbano y de su arquitectura: 

Pero vuestra reverencia, hermano Sepúlveda, no interpreta bien a Aristóteles. Porque él habla de cuatro clases de bárbaros, y los indios, a los que yo conozco, no son bárbaros propiamente dichos, o sea crueles y sin razón, sino que poseen razón suficiente y bien podrían gobernarse por sus propios medios. ¿O no hay razón en quienes han construido esos grandes templos que nos admiran? Y por su razón, hay que llevarlos a la civilización y a la fe de forma pacífica, y no a través de la guerra.

Sepúlveda intentó desmontar ese argumento comparando a los aztecas con las abejas, pues estas últimas construyen paneles y no son racionales. En cambio, cuestionó la capacidad de razonamiento y autogobierno mediante por el uso del canibalismo y la idolatría, que deben ser combatidas por la fuerza:
Habláis, fray Bartolomé, de los grandes templos como signo de razón, pero también las abejas construyen paneles prodigiosos, y no por eso se les presupone razón. Mirad, por el contrario, esos grandes pecados de estos mismos bárbaros, que comen carne humana y la ofrecen a sus ídolos. Estos pecados contra la ley natural y fueron castigados por Dios en los antiguos habitantes de la Tierra Prometida. Y del mismo modo es de justicia que la idolatría y blasfemia puedan ser vencidas con la espalda, pues es justo hacer la guerra a los idólatras, para que los infieles puedan oír la predicación de la fe y observar la ley natural.

Para Ginés de Sepúlveda los indios americanos estaban en un estado de atraso que requería tutela de reyes y del Papa, mientras que Las Casas los consideraba incluso más adelantados que los europeos en tiempos de antes de Cristo. Ginés de Sepúlveda consideraba atentado contra la naturaleza devorar carne humana, e injusta la idolatría. Las Casas añadía que para castigar dichos males se necesita una jurisdicción sobre los indios de la que los reyes de Castilla carecían. Los indios no eran por tanto súbditos, y sólo admitió que fueran sometidos los herejes.

Las Casas: Muy equivocada está vuestra reverencia, pues habláis de castigar al idólatra, pero el castigo sólo puede imponerlo quien para ello tiene jurisdicción, y aquí la jurisdicción no corresponde al príncipe, ni siquiera a Su Santidad. Porque estos indios nos eran del todo desconocidos, luego no son súbditos del príncipe. Ni tampoco conocían la fe; luego, al no ser súbditos de Cristo, no han de estar sometidos al fuero de la Iglesia.



REPRESENTACIÓN CINEMATOGRÁFICA DE LA CONTROVERSIA


Sepulveda defendía la intervención bélica para proteger a los inocentes de la idolatría y evitar la atropofagia y la inmolación de víctimas. Las Casas no tuvo objeciones contra esos fines, pero opinaba que ni la antropofagia ni el sacrificio de víctimas humanas constituyesen causa justa para combatirlos por la fuerza, ya que se hacían por motivos religiosos; y que esa falsa idolatría se podia erradicar mejor con la predicación y la ausencia de la violencia.

Sepúlveda: ¿Tendremos que dejar entonces que todos esos inocentes, víctimas de la idolatría, sigan siendo sacrificados por millares en los altares de los demonios? Porque por millares fueron sacrificados, todos los años, más víctimas inocentes que las que causaría una guerra justa contra los idólatras. Todos los hombres están obligados por ley natural a defender a los inocentes. Y sólo se los podrá defender si los idólatras son sometidos por otros hombres mejores; hombres que, por ser cristianos, aborrezcan los sacrificios.

Las Casas: Mal podemos defender a los inocentes si los matamos en la guerra. ¿No será mejor favorecer que cambien de religión por vías pacíficas? Aquí no estamos hablando de crímenes comunes, pues ¿dónde se ha visto que sea todo un pueblo el que delinque? Esos sacrificios proceden de la ausencia de fe, pero no de la maldad. La naturaleza no enseña que es justísimo que ofrezcamos a Dios las cosas más preciosas, y ninguna cosa hay tan preciosa como la vida; luego está en la naturaleza que los que carecen de fe, sin otra ley que orden lo contrario, inmolen incluso víctimas humanas al Dios que tienen por verdadero. Nosotros reprobamos esas prácticas según el mandamiento de la fe verdadera: “No matarás”. Pero, por lo mismo, no podemos matarlos para que vengan a la verdadera fe.

Sepúlveda justificaba la guerra contra los infieles como medio para la evangelización según la doctrina de San Agustín. Las Casas matizaba que San Agustín solo se refería a los cristianos herejes, sometidos a la jurisdicción de la Iglesia; siendo los indígenas paganos, en ausencia previa de la tutela de dicha institución.

Sepúlveda: Pues yo sostengo que, para traerlos a la fe, no es ilegítimo el recurso a la fuerza. Es de derecho natural y divino, siguiendo a San Agustín, corregir a los hombres que yerran muy peligrosamente y que caminan hacia su perdición. Atraerlos a la salvación es de derecho y, además, es un deber que todos los hombres de buena voluntad querrían cumplir. Dos formas hay de hacerlo. Una, a través de exhortaciones y doctrina. Otra, acompañándolas de alguna fuerza y temor a las penas, no para obligarlos a creer, sino para suprimir los impedimentos que puedan oponerse a la predicación de la fe. Hemos visto que los indios, una vez sometidos al poder de los cristianos, se convierten en masa y se apartan de los ritos impíos. Y así en pocos días se convierten más, y más seguramente, que los que se convertirían en trescientos años de exhortación.

Las Casas: San Agustín defiende el uso de la fuerza, sí, pero sabe vuestra reverencia que los hace específicamente para con los herejes que están bajo la jurisdicción de la Iglesia, no para con los infieles y paganos, que no lo están. Los indios son infieles que no están bajo la jurisdicción de la Iglesia. Luego la forma correcta de obrar con ellos no es usar la fuerza, sino convocar a los indios y, de forma pacífica, invitarles a abandonar la idolatría y a recibir la predicación. 


EL AMANECER DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE, POR JEAN DUMONT


En la disputa no hubo un vencedor final, y ambos opositores se consideraron vencedores.  La mayor parte de los teólogos dieron como ganadoras las tesis de Las Casas, mientras que la mayor parte de los juristas lo hicieron a favor de las de Sepúlveda. La resolución final fue la emisión de varios informes que tuvieron sus consecuencias.

El Debate de Valladolid sirvió para actualizas las Ordenanzas de las Indias y crear la figura del protector de indios. Así, las nuevas instrucciones de colonización, aprobadas en Valladolid el 15 del mayo de 1556, permitieron un avance al virrey del Perú por tierras inexploradas pero sin daño ni violencia para los indígenas. El mismo espíritu mantuvieron las Ordenanzas de Juan de Ovando, sancionadas por Felipe II el 13 de julio de 1573, en las que se modificó el modelo de conquista por el de poblamiento o pacificación.

La Junta inspiró varias medidas posteriores como por ejemplo la abolición definitiva de la encomienda, así como la de cualquier síntoma de esclavitud de los indios. Fue destacable el interés de los propios reyes en mantener vivos a sus súbditos y garantizar la continuidad de los ingresos americanos frente a la codicia de los encomenderos, lo cual propició nuevas normas.

El resultado fue la promoción de la Legislación de Indias, ya antes iniciadas en otras juntas, que es considerada como la base del Derecho Internacional de Gentes (ius gentium), principio del fin de la justificación del dominio en las diferencias entre unos hombres y otros, idea que se arrastraba desde Aristóteles.

Las conquistas españolas se regularon de tal forma que solo a los religiosos les estaba permitido avanzar en territorios vírgenes. Una vez que habían convenido con la población indígena las bases del asentamiento se adentraban más tarde las fuerzas militares, seguidas poco después por los civiles. Nunca en la historia, ningún otro país del mundo ha desarrollado una política semejante.

Se mantuvo el dominio español, pero reconociendo a los indígenas como personas con derechos propios, con las mismas libertades que los españoles peninsulares.

España continuó la empresa de las Indias, teniendo en cuenta las lecciones de Francisco de Vitoria: Es claro que, después de que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas provincias.


LA CONTROVERSIA DE VALLADOLID, POR JEAN CLAUDE CARRIÉRE


Lo más importante de la Controversia de Valladolid es que en ella se fundaron los Derechos Humanos. Fue la primera vez que reyes y súbditos se plantearon la cuestión de los derechos fundamentales de los hombres por el simple hecho de ser hombres, derechos anteriores a cualquier ley positiva. Nunca antes un pueblo se había cuestionado con tal profundidad dónde acaban los derechos propios, los del vencedor, y donde empiezan los derechos ajenos, los del vencido. Y nunca antes un poder se había sometido de tal manera a la filosofía moral.

El hecho de que se considerara necesaria una reflexión pública como la de esta Junta se ha considerado siempre excepcional, en comparación con cualquier otro proceso histórico de formación de un Imperio. Hay que destacar que no surgieron controversias públicas similares en las colonias inglesas o francesas de América, pero desgraciadamente sabemos de los malos tratos y del exterminio que se produjo también en ellas.

Una película francesa dirigida por Jean Daniel Verhaeghe en 1991 recrea este episodio con el título de La Controverse de Valladolid. Y lo mismo hizo Jean Dumont en 2009 con su libro El amanecer de los derechos del hombre. La controversia de Valladolid.


LA CONTROVERSIA DE VALLADOLID, POR JEAN DANIEL VERHAEGHE


HUMANISMO ESPAÑOL: PRIMEROS REPRESENTANTES

PABLO DE SANTA MARÍA

Pablo de Santa María (1350-1435), Salomón Ha-Leví antes de su conversión, padre de Alfonso de Cartagena, fue obispo de Burgos y autor de Scrutinium Scripturarum (1591). Fue un político importante en la Corte de Enrique III de Trastamara, por lo que se le comisionó en varias ocasiones con viajes al extranjero. Convertido al cristianismo inició una sorprendente carrera eclesiástica.

Se doctoró en teología en la universidad de París, donde leyó Escrituras. De esta época datan sus Adiciones a los comentarios de la Bíblia de Nicholas de Lira, con los que aportó a la cultura cristiana sus amplios conocimientos de estudios talmúdicos. En París conoció a Pedro de Luna, al que acompañó en Avignon cuando fue nombrado Papa, y realizó una función decisiva como vínculo entre Benedicto XIII y la Monarquía castellana. Al acceder Fernando de Antequera al trono de Aragón se le nombró tutor y canciller mayor de Juan II de Castilla. Polemizó con Meir Alguades, Yehosua ha Lorqui y Hasdai Crescas, defendiendo la vinculación del cristianismo con los estudios escriturarios.


BIBLIOTECA NACIONAL DE MADRID


ALFONSO DE CARTAGENA

Alfonso de Santa María de Cartagena (1384-1456), nacido en Burgos y muerto en Villasandino, fue hijo del judío converso Salomón Leví. Estudió artes en el convento dominicano de Burgos, y derecho en Salamanca. Fue obispo de Burgos, traductor de Cicerón, Séneca y Quinto Curcio. Tuvo como alumnos a Fernán Pérez de Guzmán, moralista y humanista, y a Carlos de Aragón, príncipe de Viana.

Sostuvo polémica con Leonardo Bruni el Aretino, que tradujo la Ética a Nicómaco (1418), con un prólogo en el que criticaba la versión de Guillermo de Moerbeke, utilizada por los medievales. En defensa de esta versión Alonso García de Cartagena dirigió una carta a Fernán Pérez de Guzmán, afirmando que los reproches de Bruni son injustificados. Estando en Basilea Alonso García de Cartagena enseñó esa carta a Francesco Piccolpasso, obispo de Milán, que la remitió a Bruni, originando un cruce de cartas en las que Alonso García de Cartagena defendía la terminología escolástica tradicional y la integridad de la doctrina medieval ética y política, mientras Bruni se pronunciaba por la nueva cultura humanista. Y a través de este intercambio epistolar Alonso García de Cartagena reconoció la insuficiencia de su posición, pasándose al Humanismo.

Juan II le envió como diplomático a varias ciudades, siendo su embajador en el Concilio de Basilea (1432), donde leyó su Defensiorum fidei. Estuvo casi seis años en Italia, conociendo a los humanistas más destacados, entre ellos a Eneas Silvio Piccolomini.

Cuando en 1440 regresó a España era totalmente partidario del Humanismo renacentista, que propagó desde su palacio de Burgos, convertido en centro de cultura para los primeros humanistas castellanos. Tradujo a Séneca a imitación de los humanistas italianos, y lo glosó e interpretó en numerosas ocasiones. Así surgió Los cinco libros de Séneca (De la vida bienaventurada, De las siete artes liberales, De amonestamiento y doctrinas, El primer libro de providencia de Dios, y El segundo libro de providencia divina), que se imprimió en Sevilla (1491), Toledo (1510) y Alcalá de Henares (1530).

Publicó una antología de Séneca con el título de Polyanthea o Breve compilación de algunos dichos de Séneca. Tradujo De senectuteDe officiis y la Rethorica de Cicerón; y escribió Doctrinal de caballeros (Burgos, 1487), Anacephaleosis y la Genealogía de los reyes de España, emperadores romanos, reyes de Francia, pontífices y obispos de Burgos (Granada, 1545).

Aunque senequista y admirador de los ideales humanistas italianos, manifestó disconformidad con Séneca o Cicerón. Conocedor de las luchas entre nobles y reyes castellanos, y las producidas entre cristianos, judíos y conversos, propuso una restitución de la Monarquía visigoda, con un Estado centralizado y autoritario que mantuviera la autoridad y el orden; lo que motivó el acercamiento de Castilla a León, más imperial y autoritario.

Las características del humanismo de Alonso García de Cartagena son:
1) desinterés por los textos antiguos
2) escasa preocupación filológica
3) énfasis en la cultura castellana
4) interés por los Padres de la Iglesia, y en especial por San Pablo


ALFONSO DE CARTAGENA


ALFONSO GARCÍA MATAMOROS

Alfonso García Matamoros (m.1572) nació en Villarasa, Huelva, y murió en Alcalá de Henares. Fue profesor de retórica en Alcalá de Henares (1542). Aunque se llamó hispalense, por haberse naturalizado en Sevilla.

Estudió las primeras letras en Sevilla y la enseñanza superior en Valencia. Pasó a dirigir el estudio de gramática de Játiva desde 1531 hasta 1540; en este último año fue a doctorarse a Valencia, pero marchó a Alcalá de Henares para ocupar una cátedra de Retórica que le ofrecieron en 1542 y allí permaneció veintidós años enseñando. Entre sus discípulos tuvo a Benito Arias Montano.

Es indudable que fue sacerdote; Nicolás Antonio y otros bibliógrafos escribieron que fue canónigo de la Catedral de Sevilla. En 1558 publicó el discurso que pronunció en la investidura de Diego Sobaños como doctor y en 1559 empezaron sus ataques de reúma crónico, de los que se lamentaba todavía en el prólogo a su De tribus dicendi generibus (1569). Murió el 25 de junio de 1572.

Escribió un famoso Laus Hispaniae (Apología de la nación española), el De adserenda Hispanorum eruditione, sive De viris Hispaniae doctis narratio apologetica (Alcalá de Henares, 1553), con el patriótico fin de acabar con el desprecio que tenían algunas naciones de Europa a los humanistas españoles. Para él todo es fruto de ligerezas e injusticias. Este opúsculo mezcla leyendas, fábulas, anécdotas y literatura culta y popular para dar amenidad a la exposición de lo que han supuesto las letras españolas a lo largo de la Historia. El autor demuestra un buen conocimiento de Cicerón, Virgilio, Plauto y Tácito entre los escritores romanos, y entre los griegos cita también a Homero, Aristóteles y Platón, y a los Padres de la Iglesia.

Otras ogras suyas fueron In Aelii Antonii Nebrissensis Grammaticae IV librum scholia (Valencia, 1539); De ratione dicendi libri duo (Alcalá de Henares, 1548); Methodus constructionis (Alcalá de Henares, 1553); y Methodo concionnandi liber unus (Alcalá de Henares, 1570).

En Opera Omnia fue reunida y editada toda su obra (Madrid, 1769).

Fue un ferviente seguidor de Erasmo de Rotterdam y mantuvo estrechas relaciones con los humanistas de su siglo. Entre sus amistades figuró Juan Téllez Girón, Conde de Ureña, a quien está dedicada la apología.

El humanismo de Alfonso García Matamoros participó del patriotismo que inspiró también Generaciones y semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán, o Claros varones de Castilla (Toledo, 1486) de Hernando del Pulgar. Consideraba que el saber distingue al ser humano de los animales, aproximando la vida especulativa a la activa, y buscando virtudes morales e intelectuales, con apego a la antigüedad hebrea y a la Biblia.


FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN

Fernán Pérez de Guzmán (1376-1460), discípulo y amigo de Alonso García de Cartagena, sobrino de López de Ayala y tío del Marqués de Santillana, es representante arquetípico del aristócrata letrado de su época. Político y militar, se retiró al final en su señorío de Batres (Toledo), donde se dedicó al estudio y la lectura.

Es claro representante del Renacimiento humanista español, hasta el punto en el que Alonso García de Cartagena le dedicó el Oracional, con el que proponía edificarse religiosamente. Gran admirador de Séneca, mandó traducir las Epístolas morales de la versión italiana de Ricardo Petri. Sus ProverbiosFloresta de Filósofos Libro de Job son también moralizantes y ejemplarizantes. Sus Loores a los claros varones de Castilla Generaciones y semblanzas o Mar de historias, participan de la exaltación nacional que inició Alonso García de Cartagena. Se caracterizó pues por su objetividad y veracidad, y su penetración psicológica del carácter de los personajes.


ALFONSO FERNÁNDEZ DE PALENCIA

El concepto del honor que inició Alonso García de Cartagena se manifestó también en Alfonso Fernández de Palencia (1423-1492), nacido en El Burgo de Osma (Soria) y muerto en Sevilla. Fue paje en la casa de Alonso García de Cartagena y en la de Bessarión, donde estudió griego con Jorge de Trebizonda. Historiador y buen latinista, intervino en política durante el reinado de Enrique IV el Impotente (1454-1474), de cuya Corte fue nombrado historiador, sustituyendo a Juan de Mena como secretario de latín. Se mezcló en las luchas políticas, poniéndose al lado de Alfonso, hermano del rey; y al morir Alfonso apoyó a su hermana Isabel, contribuyendo a su matrimonio con Fernando de Aragón. Puso pues la ética al servicio de la política.

Su principal obra es Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligentis, llamada habitualmente Décadas, por estar dividos en cuatro décadas, cada una con diez libros excepto la cuarta, que consta de solamente seis. Esta crónica cubre los acontecimientos desde finales del reinado de Juan II hasta 1481, incluyendo el reinado de Enrique IV, su enfrentamiento con los partidarios de su medio hermano Alfonso, el conflicto por la sucesión de Enrique IV, la subsiguiente guerra civil y la consolidación de los Reyes Católicos en el trono tras la firma de la paz.

Otra importante obra de Palencia es la denominada Anales de la Guerra de Granada, que narra los acontecimientos ligados a esta guerra desde su inicio hasta la toma de Baza en 1489. Su traducción al castellano fue publicada por Paz y Meliá en 1909. Como historiador se le considera observador y perspicaz.

Otras obras fueron: La Batalla campal entre los perros y los lobos (1457), es una traducción hecha por él de un opúsculo latino suyo, aparentemente compuesto ante la inminencia de ser nombrado cronista de la corona; por ello su interpretación entre líneas es compleja. Probablemente se trate de una alegoría vagamente inspirada en las fábulas y en la Batracomiomaquia de Homero de la situación creada tras la caída del condestable Álvaro de Luna, asesinado por la nobleza en tiempos de Juan II, o el posterior gobierno de Enrique IV: un lobo, Harpaleo, sucumbe ante los perros por hacer dejación del mando del ejército y muere por descuidar la disciplina militar.

Escribe en lengua latina y traduce al español su alegoría Tratado de la perfección del triunfo militar (1459. En ella, un personaje alegórico llamado el Ejercicio intenta encontrar, acompañado de la sabia Discreción, el Triunfo. Esta le remite a Gloridoneo, un capitán romano bajo cuya figura podría ocultarse Alfonso el Magnánimo. Gloridoneo vence y Triunfo otorga la victoria al Orden, al Ejercicio y a la Obediencia. Bajo estas virtudes habría de conducirse, según aconseja el autor, Enrique IV.

Se le atribuye además la famosa sátira contra el rey denominada Coplas del provincial. Escribió también tratados lexicográficos y algún otro de carácter geográfico en latín, entre los que cabe mencionar: Opus Synonymorum, Uniuersale Compendium Vocabulorum, Compendiolum geográfico y varias epístolas latinas.

Su labor como traductor fue también muy importante: vertió las Vidas paralelas de Plutarco de Queronea en un incunable editado en Sevilla en 1491 y Los siete libros de las guerras judaicas de Flavio Josefo en 1492.


JUAN DE LUCENA

Juan de Lucena (1430-1506), nacido en Lucena (Córdoba), fue consejero de la Corte de Juan II y en la de Enrique IV, al que dedicó Libro de vita beata (Zamora, 1483). Fue protonotario en la Corte de Isabel I. Sacerdote, vivió en Roma al servicio del cardenal Enea Silvio Piccolomini, futuro Pío II. En Italia mantuvo contacto con la Corte de Alfonso el Magnánimo, y escribió también Epístola exhortatoria a las letras, donde elogió a Isabel la Católica, y Tratado de los galardones (1482-1492). Como defensor del Senequismo, tradujo Proverbia Senecae.


JUAN DE SEGOVIA

Juan de Segovia (1393-1458) fue profesor de teología en Salamanca. Se trasladó a Roma, donde fue nombrado referendario del Papa. Al regresar a Segovia polemizó con los musulmanes de Córdoba, y entró al servicio de Juan II, participando en el Concilio de Basilea (1432), y siendo nombrado más tarde Canónigo de Toledo. Es representante del preErasmismo español, autor de De verbo contra sarracenosDe summa auctoritate episcoporum in universali Concilio y de una edición trilingüe del Corán. Se opuso a la Cruzada que predicaba la Iglesia contra los musulmanes, y en 1453 escribió una carta al cardenal Juan de Cervantes desarrollando el pacifismo como la mejor solución al problema europeo, aunque dejaba a parte el problema de la fe.

Gilson llama Socratismo cristiano al interés de los humanistas por la antigüedad clásica. La valoración cristiana de Sócrates está en la misma línea que la de Séneca, que aparece en la Primera Crónica General de Alfonso X, y fue adquiriendo fuerza hasta alcanzar su punto culminante en la erasmización de Sócrates, momento en que quedó establecido un Sócrates precristiano. Durante la edad media Sócrates aparecía vinculado a Séneca, por lo que es senequista, concebido así por García de Castrogeriz, Francesc Eiximenis, Pablo de Santa María y Bernat Metge. Casi todos los escritores del siglo XV hablan de noster Séneca.

HUMANISMO ESPAÑOL: MOVIMIENTO

DEFINICIÓN

El humanismo es un movimiento intelectual, filosófico y cultural europeo estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV en la península Itálica (especialmente en Florencia, Roma y Venecia) en personalidades como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio.

Busca la Antigüedad Clásica y retoma el antiguo humanismo griego del siglo de oro, y mantiene su hegemonía en buena parte de Europa hasta fines del siglo XVI, cuando se fue transformando y diversificando a merced de los cambios espirituales provocados por la evolución social e ideológica de Europa, fundamentalmente al pactar con los principios propugnados por las Reformas (luterana, calvinista, anglicana), la Contrarreforma católica, la Ilustración y la Revolución francesa del siglo XVIII.

El Humanismo, como uno de los fundamentos ideológicos del Renacimiento, suponía una evidente ruptura con la idea de religión que se manejaba hasta entonces en la que Dios era centro y razón de todas las cosas. Con el Humanismo, Dios no perdía su papel predominante, pero se situaba en un plano diferente, y ya no era la respuesta a todos los problemas. Probablemente el autor que supo aunar mejor que ninguno la filosofía humanística con el pensamiento cristiano fue Erasmo de Rotterdam.


UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE ALCALÁ DE HENARES


ESTÉTICA

Aunque este movimiento fue fundamentalmente una ideología tuvo una estética impresa paralela, plasmada, por ejemplo, en nuevas formas de letra, como la redonda conocida como Letra humanística, evolución de las letras Fraktur tardogóticas desarrollada en el entorno de los humanistas florentinos como Poggio Bracciolini y de la cancillería papal en Roma, que vino a sustituir mediante la imprenta a la letra gótica medieval.


ETIMOLOGÍA

La expresión humanistis studiensins fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los estudios teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo Francesco Petrarca; en éste, humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas.

En el siglo XIX se creó el neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en 1808, término que se utilizó después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para, finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir de los estudios clásicos por Georg Voigt, cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del Humanismo, obra que fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.



LA ESCUELA DE ATENAS, POR RAFAEL


METODOLOGÍA

Frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el latín tardío de los Santos Padres y empleaba el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos, el Humanismo propugnaba los studia humanitatis, una formación íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas descubiertas en las bibliotecas monásticas de toda Europa. En pocos casos estos textos fueron traducidos gracias al trabajo de entre otros Averroes y a la infatigable búsqueda de manuscritos por eruditos monjes humanistas. La labor estaba destinada a acceder así a un latín más puro, brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a Europa de los sabios bizantinos al caer Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en 1453.

La segunda tarea fue la búsqueda de restos materiales de la Antigüedad Clásica en el segundo tercio del siglo XV, en lugares con ricos yacimientos, y estudiarlos con los rudimentos de la metodología de la Arqueología, para conocer mejor la escultura y arquitectura.

En consecuencia el humanismo debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que se consideraba un modelo de conocimiento más puro que el debilitado en la Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos del hombre libre.

Frente a este movimiento estaba el dogmatismo cerrado de la teología tradicional, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana más sugerente para los humanistas que las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Voragine y su leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como humanista.

Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas diferentes:

1- la imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda la cultura clásica, Cicerón, impulsada por los humanistas italianos.

2- la imitatio eclectica, o imitación de lo mejor de cada autor grecolatino, propugnada por algunos humanistas encabezados por Erasmo de Rotterdam.



LA GLORIA, POR TIZIANO


FACTORES DESARROLLADORES

- La emigración de sabios bizantinos: debido a que el Imperio bizantino estaba siendo asediado por los turcos, muchos de ellos buscaron refugio en Europa Occidental, especialmente en Italia, llevando con ellos textos griegos, promoviendo la difusión de la cultura, los valores y el idioma griego. Por ejemplo, Manuel Crisoloras, erudito griego de Constantinopla, que enseñó griego en Florencia desde el año 1396 al 1400 y escribió para uso de sus discípulos la obra Cuestiones de la Lengua griega, basándose en la Gramática de Dionisio Tracio; su discípulo Leonardo Bruni (1370-1444) fue el primero que hizo traducciones del griego al latín a gran escala, como también Ambrosio Traversario, quien además recomendó a Cosme de Médici que adquiriera doscientos códices griegos de Bizancio o Francesco Filelfo, que se llevó el mismo muchos otros.

- La invención de la imprenta: este invento de Gutenberg permitió el abaratamiento del costo y la difusión de los libros, garantizando la difusión masiva de las ideas humanistas y la aparición del sentido crítico contra el magister dixit o argumento de autoridad medieval.

- La llegada al solio pontificio de Tomas Parentucelli, (Papa Nicolás V) y de Eneas Silvio Piccolomini, (Pío II) convierte a Roma en uno de los grandes focos del Humanismo.

- La acción de los mecenas facilitó el desarrollo del Humanismo gracias a su protección política, a su aprecio por el saber antiguo, a su afán coleccionista o a la remuneración económica que costearon las obras en la imprenta. Los mecenas reunían obras clásicas y llamaban a eruditos conocedores de la literatura griega y romana, y los acogían en sus palacios. Destacaron los Médici de Florencia (Lorenzo de Médicis el Magnífico y su hermano Juliano de Médicis), los pontífices romanos Julio II y León X, Cristina de Suecia. etc.

- La creación de universidades, escuelas y academias: las universidades (como la de Alcalá de Henares, Lovaina, etc.) y las escuelas del siglo XV contribuyeron en gran parte a la expansión del Humanismo por toda Europa.



NACIMIENTO DE LA VENUS, POR BOTTICELLI


CARACTERÍSTICAS IDEOLÓGICAS 

- Estudio filológico de las lenguas e interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica.

- Creaciones artísticas basadas en la imitación o mímesis de los maestros de la civilización grecolatina.

- El antropocentrismo: consideración de que el hombre es importante, su inteligencia el valor superior, al servicio de la fe que le une con el Creador.

- Se restaura la fe en el hombre contemporáneo porque posee valores importantes capaz de superar a los de la Antigüedad Clásica.

- Se vuelve a apreciar la fama como virtud de tradición clásica, el esfuerzo en la superación, y el conocimiento de lo sensorial.

- La razón humana adquiere valor supremo.

- En las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento.

- Se ponen de moda las biografías de Plutarco y se proponen como modelos, frente al guerrero medieval, al cortesano y al caballero que combina la espada con la pluma.

- La legitimación de valores paganos que mejoran al hombre, como el deseo de fama, gloria, prestigio y poder (El príncipe, de Maquiavelo). Se razona el daño del pecado que reducen al hombre al compararlo con Dios y degradan su libertad y sus valores según la moral cristiana y la escolástica.

- El comercio no es pecado y el Calvinismo aprecia el éxito económico como señal de que Dios ha bendecido en la tierra a quien trabaja.

- El Pacifismo o irenismo: el odio por todo tipo de guerra.

- El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un sólo poder político y un solo poder religioso separado del mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política; autoridad eterna y temporal.

- La expresión equilibrada y clara, no recargada ni conceptuosa. Según el humanista español Juan de Valdés: "El estilo que tengo me es natural y, sin afectación ninguna, escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación."

- La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece (nobilitare).

- El arte humanista toma la materia popular y la selecciona para transformarla en algo estilizado e idealizado, de la misma manera que la novela pastoril recrea una vida campestre desprovista de las preocupaciones habituales al campesino. En el arte humanista no hay lugar para las manifestaciones vulgares de la plebe que se verán más tarde en el siglo XVII con el Barroco.

- El optimismo frente al pesimismo y milenarismo medievales. Existe fe en el hombre: la idea de que merece la pena pelear por la fama y la gloria en este mundo incita a realizar grandes hazañas y emular las del pasado. La fe se desplaza de Dios al hombre.

- El retorno a las fuentes primigenias del saber, la lectura de los clásicos en los textos originales y no a través de la opinión que dieron sobre ellos los Santos Padres y la religión católica.

- La lógica aristotélica frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y los debates, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y su traducción a las lenguas vulgares (Lutero) frente a que solo sea interpretada por la Iglesia Católica.

Ginecolatría, alabanza y respeto por la mujer. Por ejemplo, el cuerpo desnudo de la mujer en el arte medieval representaba a Eva y al pecado; para los artistas humanistas del Renacimiento representa el goce epicúreo de la vida, el amor y la belleza (Venus).

- Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio moderna, erasmismo), más libre y directa y menos externa y material.

- El reconocimiento de los valores humanos acabando con la Inquisición y el poderío de la Iglesia.


LA CREACIÓN DE ADÁN, DE LA BÓVEDA DE LA CAPILLA SIXTINA DE LOS MUSEOS VATICANOS,
POR MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI


En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de Isócrates, que se impuso una labor de regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C.

En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas.

Se revitalizó durante el siglo XIX dando nombre de un movimiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: el Antropocentrismo. En el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra.

Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en forma de un Cristocentrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir nuevos horizontes.

Representantes europeos no españoles fueron: Dante Alighieri, Erasmo de Rotterdam, Francesco Petrarca, Giovanni Boccaccio, Coluccio Salutati, Gemisto Pletón, Leonardo Bruni, Poggio Bracciolini, Lucrecio, Antonio Beccadelli, Leon Battista Alberti, Lorenzo Valla, Giovanni Pontano, Marsilio Ficino, Angelo Poliziano, Lucio Marineo Sículo, Pico della Mirandola, Guillaume Budé, Robert Estienne, Aldo Manuzio, Michel de Montaigne, Tomás Moro, Giulio Cesare Scaligero, etc.
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