Hasta bien entrada la Baja Edad Media, el latín fue usado por eruditos y sabios como lengua de escritura de textos jurídicos y filosóficos. La irrupción del Humanismo renacentista y la primera Gramática de la lengua castellana por Antonio de Nebrija a finales del siglo XVI, supuso que el español avanzase como medio de expresión de las disciplinas del conocimiento y el pensamiento, en retroceso del tradicional latín, que se mantuvo sólo en el ámbito universitario hasta la Ilustración.
Reyes, catedráticos, literatos, juristas, teólogos o filósofos, fomentaron el uso de las lenguas vernáculas para la difusión de la cultura y el saber en el pueblo llano o promovieron el mantenimiento del latín como la tradicional lengua culta y académica.
El latín ha sido utilizada como medio de expresión de las ideas de pensadores y eruditos en exclusividad hasta aproximadamente el siglo XIII. Desde este siglo, la lengua filosófica comenzó a ser el castellano, desapareciendo el latín como lengua de uso, aunque permaneció como reducto de eruditos hasta el siglo XVII. El castellano también hado sido la principal lengua literaria utilizada desde la Baja Edad Media.
Los orígenes de la lengua castellana están estrechamente vinculados al romancero y a la épica, al lenguaje poético y los cantares de gesta. El uso del latín quedó para escribir en prosa, hasta el citado siglo XIII, y se mantuvo como medio de expresión en las universidades hasta bien entrada la Edad Moderna.
En los últimos siglos de la Edad Media, las lenguas romances, derivadas del latín, se fueron imponiendo como principal idioma de cultura y erudición en sus respectivos territorios. No sólo serían lenguas habladas por el pueblo, sino lenguas de cultura por doctos y eruditos.
En el Reino de Castilla, el uso de su lengua vernácula como lengua culta tomó impulso gracias a Fernando III el Santo, y especialmente Alfonso X el Sabio, que intentaron establecer la unidad lingüística en España, prefiriendo el uso del castellano para la prosa y del gallego para la poesía. Entre los literatos que fomentaron una rica literatura castellana fueron don Juan Manuel y el Arcipreste de Hita.
A pesar del empuje de las lenguas romances, el latín seguía tomándose como la principal lengua culta y algunos reyes como Alfonso V de Aragón en el siglo XIV o Juan II de Castilla en el XV fomentaron su revisión. Los literatos de su época, especialmente Juan de Mena, adaptaron el castellano a la sintaxis y la retórica latina, usando un lenguaje latinizante.
Durante los años del Renacimiento, surgió una vuelta a los textos clásicos y la utilización del latín, pero el idioma español se imponía como principal lengua en la publicación de libros impresos. La reina Isabel I la Católica fomentó la afición del latín como principal medio de expresión de un importante foco humanista. Entre sus principales eruditos estaban Beatriz Galindo, Alfonso de Palencia, Lucio Marineo Sículo, Pedro Mártir de Anglería y Elio Antonio de Nebrija.
En 1492, Nebrija componía la primera Gramática de la lengua española, ofrecida a su reina Isabel para ser tomada como lengua del Imperio. Fue la primera gramática escrita de una lengua vulgar, desde entonces el castellano moderno o español fue considerado como una lengua culta al mismo nivel que el latín y el griego. Y tras esta, fueron apareciendo gramáticas de otras lenguas vulgares que se convertían en cultas, como el portugués, el catalán, el francés, el italiano, etc.
Carlos I impuso el español como la principal lengua de Europa, una lengua de relación y diplomacia entre las Chancillerías, hablándolo y defendiéndolo ante el papa Paulo III.
La permanencia del latín como lengua culta había provocado que hasta llegado el siglo XIX, no existiese en España un vocabulario filosófico. El movimiento del Krausismo creó un verdadero léxico para la filosofía española, gracias a su máximo promotor Julián Sanz del Río.
Pero, a pesar del prestigio que el idioma español había alcanzado durante el Siglo de Oro de las Letras, la inmensa mayoría de las obras dedicadas a la teología, la filosofía, la ciencia, el derecho y la erudición universitaria se escribían en la tradicional lengua latina.
El cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, que publicó la primera Biblia políglota, fundó la Universidad Complutense de Alcalá de Henares como foco humanista. Y la Universidad de Salamanca, con su famosa escuela de escolásticos encabezada por Francisco de Vitoria, se convirtió en el principal centro de pensamiento español, e incluso europeo, en teología y derecho, dando comienzo a la macroeconomía como ciencia moderna y debatiendo los principales problemas filosóficos y morales de la Modernidad, todo ello en latín, la lengua universitaria.
Por contra estuvo el Erasmismo, un movimiento que entroncaba del Humanismo siguiendo la doctrina de Erasmo de Rotterdam, con Luis Vives como máxima figura española. Defendía la utilización de las lenguas nacionales como principal medio de difusión de la cultura y el saber para ponerla a disposición del pueblo llano ignorante del latín, traduciéndose al castellano las obras de Erasmo.
También el Misticismo, corriente literaria y religiosa que alcanzó gran profusión e influencia en España, prefirió la lengua vernácula del pueblo. Sus principales representantes fueron Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Luis de Granada, Miguel de Molina y Luis de León.
Fray Luis de León fue un gran defensor del español, lo que le tuvo cinco años en las cárceles de la Inquisición. Desde su cátedra salmantina se expresó siempre en español, defendiendo el uso del romance hasta para la difusión de la Biblia, y recordando que todos los autores clásicos escribieron en su lengua materna. Su seguidor, Pedro Simón Abril, reconociendo que el latín era ya lengua eclesiástica o universitaria.
Hasta el siglo XVIII, el latín no desapareció como lengua culta. La Ilustración española y sus instituciones consiguieron que desde entonces el español fuese la única lengua de las publicaciones. Se fundó la Real Academia de la Lengua española, se fundaron decenas de Sociedades Económicas Amigos del País, y se fomentó la prensa escrita, instituciones que promovieron que el español no sólo fuese el medio de expresión de la cultura y la ciencia, sino de la vida social del país.
La permanencia del latín como lengua culta había provocado que hasta llegado el siglo XIX, no existiese en España un vocabulario filosófico. El movimiento del Krausismo creó un verdadero léxico para la filosofía española, gracias a su máximo promotor Julián Sanz del Río.

