JORGE JUAN: EL HIJO PRÓDIGO DE LAS LUCES


Jorge Juan: marino, ingeniero, matemático, astrónomo, viajero, diplomático, espía y promotor de tertulias literarias y científicas. Fue uno de los personajes del siglo XVIII que mejor encarnó el espíritu de la Ilustración española, convirtiéndose en un gran promotor de la reforma náutica y científica.

Desarrolló su actividad innovadora y reformista al servicio de los primeros reyes Borbones, convirtiéndose en una de las autoridades científicas que renovaron la Marina española. Con muy poco presupuesto, consiguió que la España del siglo XVIII volviera a recuperar el protagonismo y esplendor que merecía el todavía mayor Imperio universal tras una larga decadencia por los Habsburgo en el siglo anterior. Sin duda fue el modelo de científico y marino del Siglo de las Luces.

RETRATO DE JORGE JUAN



Jorge Juan Santacilia nació en Novelda el 5 de enero del año 1713 en la finca El Fondonet, propiedad de su abuelo Cipriano Juan Vergara. Descendía de dos ilustres familias: la de su padre Bernardo Juan y Canicia era de Alicante y provenía de la rama de los condes de Peñalba; su madre, Violante Santacilia y Soler de Cornellá, pertenecía a una hacendada familia de Elche. Habitaban en su casa de Alicante de la plaza del Mar, pasando sólo temporadas de descanso en Novelda.

A los tres años de edad quedó huérfano de padre, estudiando las primeras letras en el colegio de la Compañía de Jesús de Alicante bajo la tutoría de su tío Antonio Juan, canónigo de la colegiata. Poco después, estudió Gramática en Zaragoza, ya que esta materia constituía una enseñanza preparatoria para otros estudios superiores. A los doce años, recibió el hábito de la Orden de Malta en dicha isla, en la religión de San Juan de Jerusalén, pasando al cabo de un año a ser paje del gran maestre Antonio Manuel de Villena, que le concedió el título de comendador de Aliaga en Aragón (su primer título a los catorce años), teniendo para ello que haber combatido contra los galeotes moros, cosa que debió influir en su vocación de marino. La condición de caballero de la Orden de Malta implicaba el celibato durante toda la vida.

ESTATUA DE JORGE JUAN Y VICENTE LOUREIRO (1870), MUSEO NAVAL DE MADRID

En 1729, con dieciséis años de edad, ingresó en la Real Compañía de Guardias Marinas, escuela naval militar fundada por Patiño en 1717 en Cádiz. Y, al año siguiente, pasó a la Academia de Guardias Marinas donde se impartían modernos estudios técnicos y científicos con asignaturas como geometría, trigonometría, observaciones astronómicas, navegación, cálculos de estima, hidrografía, cartografía, etc., completando una formación humanística con otras clases de dibujo, música y danza.

Durante tres años, alternó los estudios con las operaciones navales en el Mediterráneo, destacando de inmediato por su gran aplicación y alto nivel de conocimiento. Fue un alumno aventajado, siendo conocido por sus compañeros con el sobrenombre de Euclides.

Las avanzadas teorías de Newton eran divulgadas en esta reserva científica, de la que habrían de salir técnicos muy cualificados para la Armada. Cádiz era una puerta abierta a la Europa ilustrada, a las corrientes enciclopedistas y al comercio con América, en una España dieciochesca que se resistía al avance de las nuevas ideas. El mismo Voltaire tenía una casa comercial en Cádiz.

Todo esto debió de influir en la formación del joven Jorge Juan que en 1734, con 21 años de edad, finalizaba sus estudios de Guardia Marina, tras haber navegado durante tres años por el Mediterráneo, participando en numerosas expediciones, bien para castigar a los piratas, en la campaña de Orán, en la escuadra que acompañó a Nápoles para sentar en el trono al futuro rey Carlos III de España. Entre otros maestros en el arte de navegar tuvo como general al marqués de Mari, su capitán en la Academia de Cádiz, y como comandantes al conde de Clavijo, al célebre Blas de Lezo y a Juan José Navarro, después marqués de la Victoria.



MAQUETA DEL CASTILLO SEDE DE LA ACADEMIA DE GUARDIAS MARINAS EN CÁDIZ

Justo en aquel año de 1734, Felipe V recibió la solicitud de su primo el rey Luis XV de Francia, para que una expedición de la Academie Royale des Sciences de Paris formada por Louis Godin, Pièrre Bouger y Charles M. de la Condamine, viajase a Quito, en el Virreinato del Perú, para medir un arco de meridiano terrestre y obtener el valor de un grado que pudiese ser comparado con otras mediciones practicadas por Maupertius en Laponia. Fue la llamada Expedición Geodésica franco-española. Esta fue la expedición científica española más importante durante la primera mitad de la centuria ilustrada.

Lógicamente un arco correspondiente a un radio menor sería más pequeño que el de otro radio mayor, siendo sus ángulos iguales. De estas mediciones se obtendrían distintos valores para los diferentes arcos medidos, que determinarían con exactitud la forma de la Tierra.

Este problema que venía planteándose desde los griegos, se convirtió en el siglo XVIII en una polémica que duraba casi un siglo, alcanzando el punto de determinar si tenía forma de melón, como decían académicos como Cassini, partidarios además de la mecánica cartesiana, o de sandía, como defendía Maupertius y otros sabios como Newton, Halley y Huygens, apoyándose en la teoría de la gravitación universal (los cuerpos pesaban menos en el Ecuador), o en las experiencias del péndulo (no oscilaba con la misma frecuencia en diferentes lugares). Contra estos últimos estaba casi todo el mundo, incluida la España ilustrada de Feijóo, y sería la famosa expedición la que zanjaría la polémica a favor de ellos. Y, efectivamente, la Tierra está achatada por los polos.



MODELOS GEODÉSICOS A VERIFICAR EN LA EXPEDICIÓN



Felipe V, admirador de los sabios franceses, quiso participar en la empresa y en una Real Orden del 20 de agosto de 1734 ordenaba elegir a dos de sus más hábiles oficiales, que acompañasen y ayudasen a los académicos franceses en todas las operaciones de la medida, no sólo para que así pudiese hacerse con mayor facilidad y brevedad, sino también para que pudiesen suplir la falta de cualquier académico, o de todos, temible en tantas navegaciones, y diferencias de climas, y para continuar, y aún hacer enteramente ellos solos en caso necesario la medida proyectada, para dar después cuenta de ella a la Academia Real, participando además en la mitad de los gastos de la expedición. 

También ordenó que eligiesen dos personas en quienes concurrieran no sólo las condiciones de buena educación, sino la instrucción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones y experiencias al objeto, y cuyo resultado fuese fruto de sus propios trabajos, con independencia de los extranjeros.

Sorprendentemente eligieron, no a dos oficiales, sino a dos jóvenes guardias marinas, Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral, que si bien habían finalizado sus estudios brillantemente, no tenían más que veintiuno y diecinueve años y carecían de graduación militar, por lo que se les ascendió al empleo de tenientes de navío. Desde el primer momento surgió una amistad y comprensión que se prolongó toda la vida, repartiéndose el trabajo según las instrucciones recibidas; Jorge Juan sería el matemático, Antonio de Ulloa el naturalista.

Las tareas encomendadas eran muy diversas: llevar diario completo del viaje y de todas las medidas físicas y astronómicas, cálculos de longitud y latitud, levantar planos y cartas, descripción de puertos y fortificaciones, análisis de costumbres, estudios de botánica y mineralogía, y elaboración de un informe secreto sobre la situación política y social de los virreinatos, además de un control policíaco sobre los académicos franceses, dado que su paso por las colonias suponía obtener datos que caerían en manos de los ministros de Luis XV.

PLANOS DE MEDICIÓN GEODÉSICA
INSTRUMENTOS DE MEDICIÓN GEODÉSICA 

Con todas estas instrucciones partieron de Cádiz el 26 de mayo de 1735 en compañía del marqués de Villagarcía, que acababa de ser nombrado virrey del Perú, a bordo del navío El Conquistador, Jorge Juan, y en la fragata Incendio Antonio de Ulloa. Llegaron el 7 de julio a Cartagena de Indias, pero hasta el 15 de noviembre no lo hicieron los académicos franceses, y juntos emprendieron la ruta por Guayaquil para arribar a Quito.

La medición del grado de meridiano se prolongó desde 1736 a 1744 debido a las grandes dificultades que tuvieron que superar. Allí se les conocía como los caballeros del punto fijo. El sistema seguido consistía en una serie de triangulaciones que requerían poner señales en puntos o bases elegidas, tanto en el llano como en las cumbres de 5000 metros de altura. Las ciudades de Quito y Cuenca, situada tres grados más al sur de la primera, limitaron los extremos de la medición geométrica o triangulación; entre ambas, una doble cadena de montañas paralelas facilitaba la elección de vértices a una y otra parte del gran valle que las une.

Decidieron separarse en dos grupos: Godín con Juan, y La Condamine y Bouguer con Ulloa; ambos grupos efectuarían las medidas en sentido contrario, con el fin de comprobar su exactitud. La medida empleada era la toesa equivalente a 1,98 metros. Después de varias comprobaciones, había que complementar estas observaciones físicas con las astronómicas; además, el instrumental adolecía de graves defectos, por lo que hubo que repetir numerosas veces los cálculos, llegando a tener que construir Godín, Juan y el relojero Hugot, un instrumento de 20 pies de largo para facilitar las mediciones.

Más tarde, en 1748 Ulloa describía en su Relación Histórica del Viaje a la América meridional muchas de las dificultades y sufrimientos que tuvieron que soportar:
"Nuestra común residencia era dentro de la choza, así porque el exceso del frío y la violencia de los vientos, no permitían otra cosa, cuando porque de continuo estábamos envueltos en una nube tan espesa que no dejaba libertad a la vista.... cuando se elevaban las nubes, todo era respirar su mayor densidad, experimentar una continua lluvia de gruesos copos de nieve o granizo, sufrir la violencia de los vientos y con ésta, vivir en continuo sobresalto, o de que arrancaran nuestra habitación y dieran con ella y con nosotros en el tan inmediato precipicio, o de que la carga de hielo y nieve, que se amontonaba en corto rato sobre ella, la venciese y nos dejase sepultados."

Además de participar con los franceses en las mediciones, por tres veces tuvieron que interrumpir su trabajo y andar el largo camino desde Quito a Guayaquil por orden del virrey de Lima, para solucionar cuestiones relacionadas con la defensa marítima del Virreinato en sus costas y plazas, fortificándolas contra los ataques del almirante inglés Anson, y participando en la construcción y mando de las fragatas Belén y Rosa del Comercio.

Con el conocimiento exacto de la forma y magnitud de la Tierra, se podía cartografiar situando correctamente longitud y latitud, y de hecho Jorge Juan y Antonio de Ulloa realizaron cuarenta de las cien cartas modernas del mundo. Juan estableció como valor del grado de Meridiano contiguo al Ecuador, 56.767.788 toesas, en un cálculo que fue el más aproximado de todos. La unidad de medida pasó a ser el metro, y con ello un sistema métrico decimal adoptado universalmente.

GRABADOS SOBRE MEDICIÓN



CARTA DE TRIANGULACIONES O MEDICIONES GEODÉSICAS

Después de nueve durísimos años, decidieron regresar en navíos distintos, con el fin de asegurar que uno de los duplicados de las notas y cálculos llegara a su destino. Embarcaron en el puerto de El Callao sobre las fragatas francesas Liz y Deliberance, el 22 de octubre de 1744. Jorge Juan llegó a Brest con la Liz el 31 de octubre de 1745. Desde allí se dirigió a París para cambiar impresiones sobre su obra y contrastar algunas particularidades observadas por él y Godín en sus observaciones astronómicas, conociendo a los célebres astrónomos Marian, Clairaut y La Caille, autores de las fórmulas que tantas veces habían empleado. Conoció a Reaumur, inventor del termómetro, y a otros célebres académicos que, en compañía de La Condamine y Bourguer, reintegrados a sus actividades, le votaron como miembro de la Royal Academie des Sciences.

Antonio de Ulloa tuvo más dificultades. Apresada su fragata por los ingleses que declararon la guerra a Francia durante la travesía, tuvo que arrojar al agua la documentación comprometida, no así lo referente a la medida del grado, observaciones físicas y astronómicas, y noticias históricas, que entregó no sin advertir del interés que todas las naciones de Europa habían mostrado en esta empresa.

Le llevaron preso cerca de Portsmouth, pero interesándose por sus papeles los comisarios y comunicándolo al Almirantazgo, el duque de Bedford le concedió la libertad expresando que la guerra no debía ofender a las ciencias ni a las artes ni a sus profesores. Pasó a Londres, donde el ministro de Estado conde de Harrington, que fue embajador en España y guardaba un grato recuerdo de su estancia, le presentó a Martin Folkes, presidente de la Royal Society, quien se había hecho cargo de los papeles desde el Almirantazgo, y habiéndolos estudiado y viendo su valor científico los conservó y se los devolvió, no sin antes haberle propuesto junto al conde de Stanhop, ser miembro de la Royal Society. Además de las mediciones, Antonio de Ulloa en sus estudios sobre la minería fue el primero en hablar del platino, como mineral diferente de la plata y el oro.



RETRATO DE ANTONIO DE ULLOA EN NOTICIAS SECRETAS DE AMÉRICA, QUE ESCRIBIÓ JUNTO A JORGE JUAN

Al llegar a Madrid había muerto Felipe V, y fueron recibidos con indiferencia en el despacho de Marina y en la secretaría de Estado. Jorge Juan estuvo tentado de pedir destino en su Orden de Malta, pero el general de la Armada, Pizarro, viejo amigo de Chile, les presentó al marqués de la Ensenada, quien vio en ellos a las personas ideales para desarrollar su política naval y de armamentos, apreciando su valía. A partir de entonces se inicia una etapa de trabajo fecunda y una relación de amistad con Ensenada, que duraría toda la vida y permanecería inalterable aún después de su caída.Fernando VI aceptó la elección nombrándoles capitanes de fragata, interesándose por el informe Memorias secretas, o parte reservada de la misión que les llevó al Ecuador, por tratarse del estado político de aquellas provincias, redactadas con una madurez y espíritu liberal sorprendente por su juventud.

Ensenada advirtió la importancia del trabajo realizado por los dos jóvenes marinos, decidió publicar las Observaciones astronómicas y physicas hechas de orden de S. M. en los Reynos del Perú y los cuatro volúmenes de la Relación Histórica del viaje a la América Meridional. Aunque ambos aparecieron formados por los dos marinos, la autoría del primero corresponde a Jorge Juan, quien mostró los resultados científicos de la medición, evidenciando su dominio del cálculo infinitesimal y de la astronomía física newtoniana. Antonio de Ulloa se encargó de redactar el segundo, en el que efectuó una espléndida aproximación a la realidad de aquellos territorios y proporcionó una importante información sobre la historia, geografía, etnografía y muchas otras cuestiones del virreinato peruano.



OBSERVACIONES ASTRONÓMICAS Y PHYSICAS HECHAS DE ORDEN DE S.M. EN LOS REYNOS DEL PERÚ

El trabajo de los dos jóvenes fue terminado en 1748, año en el que fue publicado y editado en una tirada de 900 ejemplares. Tres años antes que la edición francesa de La Condamine, aparecida en 1751.

Las Observaciones de Jorge Juan suscitaron ciertos reparos, al aceptar éste por evidente el sistema de Copérnico, que todavía en Roma provocaba un cierto rechazo. Pero el jesuita padre Burriel defendió sus escritos, y para evitar la censura se acordó figurase en la segunda edición de 1773, un preámbulo de Jorge Juan titulado Estado de la Astronomía en Europa.


A partir de entonces, Jorge Juan pasó a convertirse en pieza clave para realizar los proyectos del marqués de la Ensenada, principal responsable administrativo de la renovación de la Marina española en el siglo XVIII. Fiel seguidor de la acción organizadora y reformista de José Patiño y José Campillo, sus predecesores en la secretaría de Marina, Ensenada acometió un enorme plan basado en la renovación científica y técnica, el fomento de la construcción naval y la potenciación de la Armada. Durante su gobierno se impulsó la construcción de barcos y se mejoraron las instalaciones navales, introduciendo los diques de carenar en seco; se importaron técnicos e instrumentos científicos y se fomentaron los viajes de estudios al extranjero para ampliar conocimientos y aprender las más avanzadas técnicas industriales.

Jorge Juan demostró su eficacia cada vez que fue requerido, desarrollando una próspera actividad hasta su fallecimiento, en 1773. Su alto nivel de preparación en cuanto a conocimientos
técnicos y científicos le hicieron imprescindibles para organizar las misiones durante los reinados de Fernando VI y Carlos III. Su actividad no quedó enmarcada a asuntos relacionados con la Marina, sino también con la minería, la hidráulica o la siderurgia. Fue además un gran gestor y renovador de centros docentes, un hábil diplomático e, incluso, cuando las circunstancias lo exigieron, fue capaz de transformarse es espía, culminando con éxito la peligrosa labor que le había sido encomendada.

CONSTRUCCIÓN DE UNA FRAGATA EN UN ASTILLERO DEL SIGLO XVII

ASTILLERO DE ESTERIO EN EL FERROL EN SIGLO XVIII

Concluida esta misión, ese mismo año de 1752, el marino alicantino se reincorporó a su nuevo destino como director de la Academia de Guardias Marinas, cargo de mucha responsabilidad, donde Jorge Juan puso en práctica un ambicioso proyecto de reforma de la institución que afectaba especialmente a la estructura docente de la Academia de Guardias Marinas. Allí implantó las enseñanzas más avanzadas de la época; contrató a profesores competentes y relegó a quienes no consideraba capacitados; mejoró el nivel de las enseñanzas, potenciando el de las matemáticas e introduciendo el estudio del cálculo inferencial e integral; instauró la realización de certámenes públicos; fortaleció la formación teórica de los alumnos más aventajados para convertirles en buenos oficiales científicos; e implantó sus nuevos manuales y textos científicos.

En Cádiz, no sólo tuvo tiempo para la enseñanza teórica de los conocimientos, sino también para la investigación y el desarrollo de nuevos proyectos, experimentando con cálculos matemáticos la manera de construir navíos ligeros y veloces, sin descuidar su seguridad y resistencia. Las directrices que impuso fueron que el navío se ha de construir con la menor cantidad de madera y herraje posible, pero ha de tener toda la madera y herrajes necesarios para mantenerse firme. Así mismo estudió la fuerza del mar y del viento, construyendo modelos de naves que remolcaba para comparar sus distintas resistencias, y comprobando con cometas la acción del viento sobre las velas.

Todos estos estudios trascendieron, hasta el punto que en 1753 el almirante Howe vino a comprobarlo personalmente, quedando sorprendido de la velocidad, maniobrabilidad y buen gobierno de los navíos. Durante estos años, en 1753, junto con Louis Godín fundó el Observatorio Astronómico de Cádiz, dotándolo con los mejores aparatos de la época y manteniendo correspondencia de sus observaciones con las Academias de París, Berlín y Londres. Fue institución anexa a la Academia para el adiestramiento e instrucción de los cadets.

REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE CÁDIZ


Al regresar de la misión londinense, en junio de 1750, Ensenada lo ascendió a capitán de navío, reconociendo la valía personal del marino para la consecución de sus planes reformistas. Además, se le encomendó la dirección de las obras de los arsenales españoles, así como la renovación y modernización de toda la construcción naval.  

En el siglo XVIII el transporte marítimo y la defensa naval eran decisivos para el mantenimiento del Imperio y el auge del comercio; el país que disponga de mejores navíos sería el que domine. Conscientes del retraso de España, centraron sus esfuerzos la tecnología naval.

Pero Juan, descontento por el sistema de construcción naval inglés, ideó un nuevo modelo español que, aprobado por el rey en 1752. Para su puesta en práctica, primero reunió en Madrid a los técnicos traídos de Inglaterra y, durante 9 meses, diseñó y trazó los planos para toda clase de buques y sus diferentes piezas, estableciendo un conjunto uniforme de reglas y redactando el Nuevo método de construcción naval, un sistema propio de arquitectura de buques en el que aplicó sus conocimientos de mecánica, hidráulica y cálculo diferencial e integral. Este método se implantó de modo general en todos los departamentos, imponiéndose en los astilleros de Cartagena, Cádiz, El Ferrol y La Habana, organizando arsenales, construyendo diques en El Ferrol y Cartagena, contratando constructores como Bryant y Tournel. También implantó el sistema industrial inglés basado en la división del trabajo: miles de obreros se repartían en los diques, astilleros, hornos, fábricas de jarcia y lonas, etc. Con estas normas se construyeron navíos como el Aquilón y el Oriente.

Su actividad en este período no cesaba, y también es faceta poco conocida. Hizo más de treinta viajes por la geografía española, recabando su criterio sobre los temas más diversos. Además de supervisar la construcción de los diques y organizar los arsenales, se ocupaba de la tala de árboles para la construcción de las naves, solucionaba los problemas en las minas de Almadén y Linares, en los canales de riego de Murcia y Aragón, en la fábrica de cañones de Santander; sentó las bases para una moderna cartografía de España, y pedían su intercesión hasta para abrir una cátedra de matemáticas en Alicante.

Uno de aquellos viajes fue el que hizo a Ferrol en 1751 para supervisar los trabajos del nuevo arsenal que se estaba construyendo en Esteiro en sustitución del ya obsoleto astillero existente en La Graña. Allí surgió un grave accidente que a punto estuvo de costarle la vida. A finales de 1553, y ayudado por el ingeniero Francisco Llobet, comenzó a dirigir las obras, estableciendo una serie de mejoras en el calado de los muelles y la ubicación de los talleres de mantenimiento y planificación, además de un poblado adjunto a la base naval para albergar a los trabajadores y militares. Con 12 gradas de construcción, el arsenal de Ferrol fue el mayor de Europa en su tiempo. También diseñó sus dos diques secos de carena, supervisó la puesta en funcionamiento del primero de ellos y trajo a la ciudad, en 1762, las fábricas de jarcias y lonas de Sada.

En el arsenal de La Carraca, sito en Cádiz, la intervención de Jorge Juan, en 1753, consistió en elaborar un proyecto junto con José Barnola para adecuar las instalaciones a las nuevas técnicas.

Y, al año siguiente, en 1754, se trasladó al puerto de Cartagena para participar en las obras de sus muelles, sobre los planos del ingeniero militar Sebastián de Feringán, construyendo en su dársena los dos primeros diques de carenar en seco del Mediterráneo, que estuvieron finalizados en 1759. También planeó las bombas de vapor para el achique de los diques, proyecto que no pudo concluir debido a su fallecimiento.

MAQUETA DEL ARSENAL Y ASTILLERO DE CARTAGENA DE MURCIA, SIGLO XVIII

Unos años antes, en 1750, se desplazó a la sierra de Alcaráz para evaluar sobre el terreno el proyecto de un canal de trasvase presentado por Feringán para abastecer con agua de los ríos Castril y Guardal las tierras de Lorca y Totana. 

También hizo varias visitas a las minas más importantes de España. En 1751 y 1752, estuvo en las minas de mercurio de Almadén, y en 1758 inspeccionó las minas de plomo de Linares, ideando sistemas de ventilación de las galerías.

En 1754, estuvo en el complejo siderúrgico de La Cavada, en Santander, importante productor de cañones para la Armada española.

En junio de 1754, fue nombrado ministro de la Junta General de Comercio y Moneda, con el encargo de examinar y mejorar el peso, la liga y la afinación de los metales para la fabricación de monedas. 

Pero en ese mismo verano, una conspiración destituyó al marqués de la Ensenada que había sido su protector. Durante este tiempo Jorge Juan fundó en Cádiz la Asamblea Amistosa Literaria, que reunía los jueves en su casa eruditos como Luis Godín, José Aranda, Gerardo Henay, Diego Porcel, José Infante, Francisco Canibell, José Nájera, Francisco Iglesias, Pedro Virgili, y José Carbonell, muchos de los cuales eran profesores de la Academia de Guardias Marinas y del Colegio de Cirugía de Cádiz. Comentaban y debatían los avances científicos y presentaban a discusión proyectos y memorias. Esta institución pretendía que fuese el embrión de una futura Academia de Ciencias y donde él mismo daba cuenta de sus observaciones.

Allí, disertando sobre astronomía, artillería, navegación y construcción, surgió la idea de escribir su gran obra Examen Marítimo, que publicaría muchos años después.

En 1757, publicó el primer libro salido de la imprenta de la Academia, se trataba de su Compendio de Navegación para el uso de los Caballeros Guardia Marinas. En esta obra había reunido sus conocimientos en cuestiones de tipos, tintas y papeles, y que produjo bellos ejemplares, todos obras de texto.

COMPENDIO DE NAVEGACIÓN PARA EL USO DE LOS CAVALLEROS GUARDIAS-MARINAS

Para entonces, su fama trascendía las fronteras y en toda Europa se le conocía como el "sabio español". Un ejemplo fue la dedicatoria que en 1956 el conde de Stanhope imprimió en una edición latina de los Elementos de Euclides. Ya era miembro de la Real Sociedad Científica de Londres, de la Real Academia de Ciencias de Berlín y correspondiente de la de París.

En 1760, fue nombrado jefe de Escuadra. Toda esa intensa actividad hizo que su salud empeorase, teniendo que reponerse de unos cólicos biliares en el balneario de Busot, su Alicante natal.

En 1765, fue elegido miembro de la Academia de Agricultura de Galicia, y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que fue académico honorario en 1768, académico de mérito en 1768 y consiliario en 1770.

En septiembre de 1766, cumplida su labor en Cádiz, cuando preparaba su regreso a Madrid, el rey Carlos III le nombró embajador extraordinario en la Corte de Marruecos para una difícil misión política. Durante tres reinados fue Jorge Juan indispensable para la Monarquía española y otra vez fue elegido como la persona más idónea para efectuar aquella misión: negociar los preliminares de un tratado de paz y comercio.

Partió desde Cádiz, en febrero de 1767, en compañía del embajador de Marruecos en España, Sidi Ahmet el Gazel, con regalos para el soberano musulmán y con una comitiva formada por unas 30 personas. Tras desembarcar en Tetuán, llegaron a Marrakech en mayo de 1676, donde les recibió el sultán. Después de intensas negociaciones, a finales de año se firmó el Tratado de Paz y Comercio entre las Cortes hispana y marroquí. Fue un acuerdo muy favorable para España ya que sus 19 artículos permitieron la paz perpetua por tierra y mar, la libertad de navegación, el uso de los puertos marroquíes para naves españolas, el reconocimiento expreso de todas las plazas y presidios que tenía España en las costas africanas, y el establecimiento de consulados.

Tras seis meses de actividad diplomática, Jorge Juan retornaba a la península desembarcando en Cádiz con la salid muy maltrecha. Entonces, se dedicó al estudio de todo tipo de asuntos solicitados por las Secretarías de Estado y del Consejo de Castilla. Unánimemente considerado infalible, su opinión era requerida en la solución y el estudio de arduas cuestiones políticas. Pero en junio de 1768 tuvo otra vez que buscar alivio para los cólicos biliares en las aguas y baños de Trillo.

REAL SEMINARIO DE NOBLES

En mayo de 1770, fue nombrado por la Corte para la dirección del Real Seminario de Nobles, su último puesto de servicio. Esta era una institución educativa, antes prestigiosa, pero ahora estaba en franca decadencia. Tras la expulsión de los jesuitas, contaba a su entrada con tan sólo 13 alumnos.

Con su autoridad moral y su capacidad de organización y trabajo, cambió los planes de estudios, potenciando la enseñanza de las matemáticas, la astronomía y la física; saneó la economía tras efectuar una total reforma administrativa y docente; completó las Ordenanzas; aumentó el número de profesores competentes y exigió a todos un mayor cumplimiento; todo ello con prudente y sabia dirección. A su muerte contaba con 82 alumnos.

Durante su etapa como director del Semanario, Jorge Juan publicó en Madrid en 1771, su Examen Marítimo Teórico Práctico. Esta obra estaba dividida en dos volúmenes: el primero estaba dedicado a la mecánica del buque, y el segundo a su construcción y maniobra. Fue el mejor tratado europeo del siglo XVIII por su gran aportación a la ingeniería naval y a la mecánica de fluidos. Tan pronto como apareció, fue conocida y traducida en toda Europa.

Sería la piedra angular de la teoría de la construcción naval, la primera escrita con cálculos matemáticos. En ella, analizaba la dinámica del buque, su estabilidad, su relación con el empuje de las olas, esfuerzos a que está sometida la arboladura, etc., y todo basado en la experiencia, pues según él reconoció:
"En el Marinero, todo ocupado al riesgo, al trabajo y á la fatiga, no cabe quietud para estudio tan dilatado y prolixo; y el estudioso, que requiere tranquilidad para la contemplación, no se acomoda al afán y fatiga extrema del otro, únicas maestras que enseñan con facilidad las resultas que por solo theórica fuera casi imposible descubrir."

Pero desgraciadamente, en España, tras la caída de Ensenada y por cuestiones políticas, poco a poco fue sustituido el modelo de construcción naval estudiado por Juan, perfeccionado en el inglés, por el modelo francés, que siempre había rechazado, con el natural regocijo de los ingleses que vieron con tranquilidad como los planes de recuperación naval de España quedaban estancados. En esto tuvo que ver Julián de Arriaga, miembro también de la Orden de Malta, que ocupó la Secretaría de Marina durante 20 años, y fue el encargado de desplazar los planes de Juan.


Poco antes de morir Jorge Juan, con la autoridad e independencia de criterio que le caracterizaban, escribió una dura carta a Carlos III advirtiendo del peligro de esta errónea subordinación ciega al modelo francés, previendo graves pérdidas, como ocurriría en Trafalgar 32 años después. En aquel desastre, los ligeros navíos ingleses, seguramente inspirados en los estudios de Jorge Juan, dieron al traste con la pesada flota hispano-gala.



INSTRUMENTOS DE MEDICIÓN NÁUTICA DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX (SEXTANTE, ANTEOJO TOPOGRÁFICO, PANTOMETRA, ETC.) MUSEO NAVAL DE MADRID

Los últimos años de su vida los dedicó a continuar la tarea de revisar y preparar la reedición de sus Ovservaciones Astronómicas y Physicas, que fueron publicadas en 1773, meses después de su muerte.

Jorge Juan murió, a los 60 años de edad, el 21 de junio de 1773, en su casa de la plazuela de Afligidos de Madrid, a causa de un ataque de alferecía que se le complicó con otro apopléjico. Fue enterrado en la iglesia de San Martín. La noticia de su muerte apareció en la Gazeta de Madrid en su número del martes 6 de julio.

Seis años más tarde, Benito Bails, ilustre discípulo suyo le describió así:
"Don Jorge Juan, era de estatura y corpulencia medianas, de semblante agradable y apacible, aseado sin afectación de su persona y casa, parco en el comer, y por decirlo en menos palabras, sus costumbres fueron las de un filósofo cristiano. Cuando se le hacía una pregunta facultativa, parecía en su ademán que él era quien buscaba la instrucción. Si se le pedía informe sobre algún asunto, primero se enteraba, después meditaba, y últimamente respondía. De la madurez con que daba su parecer, provenía su constancia en sostenerlo. No apreciaba a los hombres por la provincia de donde eran naturales; era el valedor, cuasi el agente de todo hombre útil."

Años después, Luis María de Salazar, otro ilustre marino y ministro de Marina, elogió los logros conseguidos por Jorge Juan para la ciencia española en su Discurso sobre los progresos y estado actual de la Hidrografía en España:
"Decir pues lo que en beneficio del Estado trabajó y escribió don Jorge Juan fuera obra larga, así como parece incomprensible que sobre tantos méritos, tanto útiles desvelos y tan importantes como notorios servicios, hubiese sido tan escaso el premio, que si por cierto se entra luego en cotejo con los que tan liberalmente se prodigan de ordinario a otros hombres superficiales, parece que el corazón se conmueve, y como que al hacer tales reflexiones se siente oprimido de un grave desconsuelo y amargura."






MAQUETAS DE NAVÍOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XVIII
MUSEO NAVAL DE MADRID

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