INVENTOS DE LEONARDO TORRES QUEVEDO


El teleférico fue inventado y patentado por uno de los más extraordinarios ingenieros españoles: Leonardo Torres Quevedo. Un genial matemático e inventor de finales del siglo XIX y principios del XX. Dedicó su vida a la investigación en aeronáutica, automática, ingeniería y matemáticas, consiguiendo desarrollar el primer teleférico del mundo en San Sebastián, y el teleférico más popular sobre el río Niágara, el Spanish Aerocar.

Inventó el telekino, el primer aparato de radio-dirección del mundo. Fue el precursor de las calculadoras digitales, inventó diversas máquinas analógicas de cálculo, y de otras tantas innovaciones como el puntero láser o la máquina de escribir de Torres-Quevedo. Por todo ello, es considerado uno de los grandes matemáticos y científicos de la historia.

INVENTOS DE LEONARDO TORRES QUEVEDO

Leonardo Torres Quevedo nació en Santa Cruz de Iguña (Cantabria) en 1852. Estudió en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos en Madrid, siendo voluntario en la defensa de la Bilbao liberal contra el asedio carlista durante la III Guerra Carlista. Graduado en 1876, ejerció brevemente su profesión en los ferrocarriles, antes de realizar un viaje por Europa, a la vuelta del cual se dedicó en exclusiva a una variada actividad científica e inventora.

Su actividad en la ingeniería de transbordadores, funiculares o teleféricos comenzó en su pueblo natal de Molledo, donde construyó, en 1887, su primer teleférico, el Transbordador de Portolín, de unos 200 metros de longitud y tracción animal. Poco después construyó el Transbordador del río León, de mayor envergadura y con motor.

Ese mismo año patentó su novedoso sistema de camino funicular aéreo de cables múltiples, en el que la guía y tracción se realiza a través de un sistema de cables y de contrapesos tensados de un modo controlable, uniforme e independiente de la carga transportada, tal que la rotura de algún cable no resultara peligrosa, ganando así el conjunto estabilidad y seguridad. El invento fue registrado con el nombre de Aerotransbordador o Aerocar.

En 1890, presentó su proyecto en Suiza, país muy interesado en ese transporte debido a su orografía. No fue aceptado para su desarrollo pero aquel fue el primer estudio que se realizó para la construcción de un teleférico de montaña en el mundo, en la línea Klimsenhorn-Pilatusklum.

TELEFÉRICO DE SAN SEBASTIÁN

En septiembre de 1907, puso en marcha el primer teleférico del mundo: el teleférico de San Sebastián. Tenía una capacidad de 50 personas y unía la playa de Ondarreta con la cima del monte Igueldo. La ejecución del proyecto corrió a cargo de la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería de Bilbao. El transbordador adquirió tanta fama mundial que, al año siguiente, construyó otros teleféricos en ciudades como Chamonix (Francia), Bolzano (Italia), Grindelwald (Suiza) o Río de Janeiro (Brasil).

El más famoso de los transbordadores construidos con la tecnología ideada por Torres Quevedo, aún en funcionamiento, es el funicular del Niágara, conocido como Spanish Aerocar>. Fue construido entre 1915 y 1916, en la línea fronteriza entre Canadá y Estados Unidos sobre las famosas cataratas del río Niágara para unir ambas orillas de 580 metros de longitud. El proyecto fue realizado por una empresa española, la compañía Niagara Spanish Aerocar Co. Limited, fundada en Canadá únicamente para este fin.

Una placa de bronce, situada sobre un monolito a la entrada de la estación de acceso, recuerda este hecho: "Transbordador aéreo español del Niágara. Leonardo Torres Quevedo (1852–1936)"

De 1915 fue suya la patente de un mecanismo de enganche y freno para estos aparatos. Fue galardonado con la medalla Echegaray en 1918.

FONICULAR SPANISH AEROCAR SOBRE EL NIÁGARA

Otro de sus grandes logros en la ingeniería de transportes fue el de la aerostática y el desarrollo de dirigibles. En 1902, presentó en las Academias de Ciencias de Madrid y París su ingenioso proyecto de globo dirigible. Su innovación solucionaba el grave problema de suspensión de la barquilla al incluir un armazón interior de cables flexibles, proporcionando mayor rigidez y estabilidad por efecto de la presión interior. Este tipo de globo superaba los defectos de estas aeronaves tanto de estructura rígida (tipo Zeppelin) como flexible, posibilitando un vuelo con más estabilidad, al emplear motores pesados y cargar gran número de pasajeros.

En 1905, ayudado por el capitán A. Kindelán, en las instalaciones del Servicio de Aerostación Militar del Ejército situadas en Guadalajara, construyó el primer dirigible español denominado España. Este nuevo dirigible realizó numerosos vuelos de exposición y prueba. Quizá la innovación más importante en este dirigible fue la de hacer el globo trilobulado, de modo que aumentaba la seguridad. Aunque patentó esta innovación no consiguió despertar el interés oficial.

En 1909, volvió a registrar otro aparato más perfeccionado y se lo ofreció a la firma francesa Astra, que llegó a comprarle la patente con una cesión de derechos extendida a todos los países, excepto a España, para posibilitar la construcción del dirigible en el país. Así, en 1911, comenzó a fabricar en serie el dirigible Astra-Torres, llegando a ser muy utilizados por los ejércitos francés e inglés durante la I Guerra Mundial y utilizados en muy diversas tareas, especialmente en la protección e inspección naval. De 1914 y 1919, desarrolló otras dos patentes sobre estas aeronaves.

En 1918, Torres Quevedo diseñó, en colaboración con el ingeniero Emilio Herrera Linares, un dirigible transatlántico al que llamaron Hispania, con objeto de realizar desde España la primera travesía aérea del Atlántico, proyecto que fracasó por problemas de financiación.

GLOBO DIRIGIBLE ASTRA-TORRES

Con el fin de probar sus globos sin recurrir a personas, en 1903, presentó en la Academia de Ciencias de París un aparato de radio-dirección sin cables acompañado de una memoria y haciendo una demostración experimental. Fue denominado Telekino. En ese mismo año, obtuvo la patente en Francia, España, Gran Bretaña y Estados Unidos.

El telekino consistía en un autómata que ejecutaba órdenes transmitidas mediante ondas hertzianas. Constituyó el primer aparato de radio-dirección del mundo, y fue un pionero en el campo del mando a distancia, junto a Nikola Tesla. En 1906, demostró con éxito el invento en el puerto de Bilbao al guiar un bote desde la orilla; más tarde intentó aplicar el telekino a proyectiles y torpedos, pero tuvo que abandonar el proyecto por falta de financiación.

TELEKINO

Entre 1900 y 1923, Torres Quevedo también logró otras patentes en el campo del control remoto y radio-control, como un sistema mecánico de señalización en poblaciones, un tipo de latón para cartuchos, un buque-campamento, una embarcación denominada Binave, un sistema de enclavamiento para trenes, y varias mejoras en máquinas de escribir.

Se dedicó también a la computación y robótica, ingeniando las primeras máquinas analógicas de cálculo. Estas máquinas, precedentes de las modernas calculadoras, buscan la solución de ecuaciones matemáticas mediante su traslado a fenómenos físicos. Los números se representan por magnitudes físicas, que pueden ser rotaciones de determinados ejes, potenciales, estados eléctricos o electromagnéticos, etcétera. Un proceso matemático se transforma en estas máquinas en un proceso operativo de ciertas magnitudes físicas que conduce a un resultado físico que se corresponde con la solución matemática buscada. El problema matemático se resuelve pues mediante un modelo físico del mismo.

CALCULADORA Y LEONARDO TORRES QUEVEDO

A mediados del siglo XIX, aparecieron los primeros artilugios de índole mecánica, como integradores, multiplicadores, etc., el más logrado fue la máquina analítica de Charles Babbage. En este campo Torres Quevedo continúa la evolución tecnológica construyendo varios aparatos mecánicos de cálculo algebraico.

En 1893, presentó la Memoria sobre las máquinas algebraicas en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, y dos años más tarde, la Memoria Sur les machines algébraiques en un Congreso de Burdeos. En 1900, presentó la Memoria Machines á calculer en la Academia de Ciencias de París. En ellas, examina las analogías matemáticas y físicas que son base del cálculo analógico o de cantidades continuas, y cómo establecer mecánicamente las relaciones entre ellas, expresadas en fórmulas matemáticas. Su estudio incluye variables complejas, y utiliza la escala logarítmica. Desde el punto de vista práctico, muestra que es preciso emplear mecanismos sin fin, tales como discos giratorios, para que las variaciones de las variables sean ilimitadas en ambos sentidos.

En 1901, fue nombrado director del Laboratorio de Mecánica Aplicada e ingresaba en la Academia de Ciencias de Madrid, de la que sería su presidente en 1928.

En 1914, presentó el Autómata-Ajedrecista, una primera computadora de ajedrez con relés eléctricos, capaz de dar un tipo específico de mate y no dejarse engañar.

AUTÓMATA-AJEDRECISTA

Y en 1920, presentaba en la feria de París su Aritmómetro Electromecánico, verdadera calculadora digital conectada a una máquina de escribir. En estas máquinas existen ciertos elementos, denominados aritmóforos, que están constituidos por un móvil y un índice que permite leer la cantidad representada para cada posición del mismo. El móvil es un disco o un tambor graduado que gira en torno a su eje. Los desplazamientos angulares son proporcionales a los logaritmos de las magnitudes a representar. Utilizando una diversidad de elementos de este tipo, pone a punto una máquina para resolver ecuaciones algebraicas: resolución de una ecuación de ocho términos, obteniendo sus raíces, incluso las complejas, con una precisión de milésimas.

Un componente de dicha máquina era el denominado "husillo sin fin", de gran complejidad mecánica, que permitía expresar mecánicamente la relación y=log(10^x+1), con el objetivo de obtener el logaritmo de una suma como suma de logaritmos. Como se trataba de una máquina analógica, la variable puede recorrer cualquier valor (no sólo valores discretos prefijados). Ante una ecuación polinómica, al girar todas las ruedas representativas de la incógnita, el resultado final va dando los valores de la suma de los términos variables, cuando esta suma coincida con el valor del segundo miembro, la rueda de la incógnita marca una raíz.

ARITMÓMETRO HUSILLO Y LEONARDO TORRES QUEVEDO

Con propósitos de demostración, Torres Quevedo también construyó una máquina para resolver una ecuación de segundo grado con coeficientes complejos, y un integrador. En la actualidad la máquina Torres Quevedo se conserva en el museo de la ETS de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid.

Su Ensayo sobre Automática (1914) también resultó absolutamente pionero en cuestiones como la relación mente-máquina.

En los últimos años de su vida Torres Quevedo dirigió su atención al campo de la pedagogía, a investigar aquellos elementos o máquinas que podrían ayudar a los educadores en su tarea. Se tratan de procedimientos relacionadas con las máquinas de escribir y la paginación marginal de los manuales.

También inventó el puntero proyectable y el proyector didáctico de diapositivas. El proyector didáctico mejoraba la forma en la que las diapositivas se colocaban sobre las placas de vidrio para proyectarlas.

El puntero proyectable, también conocido como puntero láser se basa en la sombra producida por un cuerpo opaco que se mueve cerca de la placa proyectada, esta sombra es la que utilizaría como puntero. Para ello diseñó un sistema articulado que permitía desplazar, a voluntad del ponente, un punto o puntos al lado de la placa de proyección, lo que permitía señalar las zonas de interés en la transparencia. Torres Quevedo expresó así la necesidad de este invento:
"Bien conocidas son las dificultades con las que tropieza un profesor para ilustrar su discurso, valiéndose de proyecciones luminosas. Necesita colocarse frente a la pantalla cuidando de no ocultar la figura proyectada para llamar la atención de sus alumnos sobre los detalles que más les interesan y enseñárselos con un puntero."

LEONARDO TORRES QUEVEDO EN SANTA CRUZ DE IGUÑA

COLONIZACIÓN DE FILIPINAS POR MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI


La expedición colonizadora que en 1564 dirigió Miguel López de Legazpi a las islas Filipinas consiguió el establecimiento de la primera ruta comercial entre los continentes americano y asiático: la ruta del Galeón de Manila o Carrera de las Indias Orientales. El proceso colonizador fue bastante pacífico y tampoco hubo una explotación como en las Indias Occidentales porque los españoles ya habían obtenido las consecuencias oportunas de su propia práctica colonizadora, permitiendo una pacificación entre tribus nativas enfrentadas entre ellas.

Las órdenes religiosas protegieron a los nativos, los cuales jamás pagaron tributos a la Monarquía española. En 1611, los dominicos fundaron en Manila la primera universidad cristiana de Asia, la Universidad de Santo Tomás.

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COLONIZACIÓN DE FILIPINAS POR MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Para que el Imperio español pudiese comercializar las especias y productos de Oriente era necesario encontrar una ruta marítima fiable y segura desde las islas Filipinas hasta la costa americana, que escapara de las clemencias meteorológicas y los peligrosos vientos alisios.

A la fracasada expedición de García Jofre de Loaysa en 1525, le sucedieron otras tantas: Gómez de Espinosa, que ya lo intentó anteriormente con la nao Trinidad en 1522; las dos tentativas de Álvaro Saavedra, que partió del puerto mexicano de Siguantejo en 1528 y 1529; el trágico amago de tornaviaje de Hernando de Grijalva, que de vuelta del Perú llegó hasta las Papuas (Nueva Guinea) en 1537; y el escarceo de Bernardo de la Torre.

La expedición de Ruy López de Villalobos partió de Navidad (Méjico) y arribó a Mindanao, dando el nombre de Filipinas en honor del príncipe heredero Felipe II. Por último, Iñigo Ortiz de Retes, a las órdenes de Villalobos, también fracasó en su intento de encontrar la tan deseada ruta fiable de regreso desde las islas orientales a las costas pacíficas de Nueva España en 1545.

Todas estas fracasadas navegaciones, junto con la exitosa primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, fueron las precursoras de la más satisfactoria: la de Legazpi, que estableció la ruta definitiva entre Filipinas y Nueva España por Urdaneta.

Desde finales del siglo XV y tras el Tratado de Tordesillas, los portugueses se habían establecido en diversos puertos marítimos de África y de Asia. España y Portugal libraban una carrera por asentar rutas y dominios. Como parte de esa carrera, Felipe II ordenó al virrey de Nueva España, Luis de Velasco, la organización de una expedición a través del Pacífico hasta las islas Molucas. El rey tuvo especial interés en un guipuzcoano natural de Villafranca de Orio, llamado Andrés de Urdaneta, fraile agustino, navegante experimentado y uno de los mejores cosmógrafos de su tiempo, al cual solicitó mediante carta la organización de dicha expedición.

ANDRÉS DE URDANETA Y MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI

Existían dos ambiciosos objetivos: por un lado, tomar posesión del archipiélago de Filipinas y fijar las bases de dominación en el océano Pacífico, fundando ciudades y asentamientos estables, para cerrar el paso a los portugueses; por otro, establecer una definitiva y codiciada Ruta de las Especies o Carrera de las Indias Orientales, e intentar rescatar a los supervivientes que no regresaron de la última expedición, la de López de Villalobos.

Urdaneta propuso a un pariente suyo establecido en Nueva España, Miguel López de Legazpi, como organizador y jefe de la expedición. Legazpi era natural de Zumárraga (Guipúzcoa) nacido en 1502, poseía mejores dotes de mando y organización que Urdaneta. Había estudiado leyes y desempeñando cargos públicos en su villa natal. En 1528, marchó a Nueva España donde continuó su carrera administrativa: escribano mayor del cabildo de México, escribano de la Casa de la Moneda, y secretario del Santo Oficio. Combinaba sus funciones públicas con el desarrollo de sus negocios, acumulando propiedades rústicas y urbanas en Ciudad de México y Michoacán.

Legazpi se encargó de fletar barcos, aprovisionarlos de tripulación, pertrechos y víveres, conducir la travesía por el Pacífico y sentar bases en el territorio de destino, y el rey le recompensó nombrándole almirante, general y gobernador de todas las tierras conquistadas bajo su mando, ganándose el apelativo de Adelantado de Filipinas.

GALEÓN PINTADO POR RAFAEL MONLEÓN

La armada, en la que Legazpi invirtió gran parte de su fortuna, estaba compuesta de dos naos y dos pataches y unos 380 hombres (150 marineros, 200 solados, 5 agustinos y varios criados). La nao capitana llamada San Pedro, desplazaba 500 toneladas, su piloto mayor era Esteban Rodríguez, mientras que la nao almiranta, San Pablo, sobrepasaba las 300 toneladas, su capitán, Mateo del Saz, era segundo jefe de la expedición. El patache San Juan de Letrán, con 80 toneladas, llevaba por capitán a Juan de la Isla, y a su hermano Rodrigo como piloto. Y el patache San Lucas de 40 toneladas, que pronto desertó, estaba mandado por Alonso de Arellano. A popa del San Pedro acompañaba un pequeño bergantín de remos, muy propio para transmitir órdenes de uno a otro navío.

Los cargos de oficiales reales recayeron en Guido de Labezarri, que sucedería a Legazpi. Como capitán de su guardia personal, llevaba Legazpi a su nieto Felipe de Salcedo Legazpi. Urdaneta llevó consigo un par de compañeros eclesiásticos que asumieron responsabilidades: el primero, Andrés de Aguirre era conocedor del derrotero por haber participado en el viaje de Loaysa y Elcano, sobreviviendo incluso a Carquizano y haber navegado durante once años por los mares de Oriente; el segundo, Francisco Rada, cosmógrafo, habría de ser el eficaz colaborador de Legazpi al regresar Urdaneta creando la ruta segura a Nueva España.

La expedición zarpó del puerto de Barra de Navidad (Jalisco), el 21 de noviembre de 1564, iniciándose una larga travesía con rumbo a Nueva Guinea. Cuando llevaban recorridas cien leguas, se abrieron los sobres lacrados con las órdenes a seguir que entregó la Audiencia de México y, según este pliego, se varió el rumbo hacia Filipinas.

ITINERARIO DE LEGAZPI EN FILIPINAS

A partir de enero de 1565, se fueron sucediendo los descubrimientos, como los de las islas de los Barbudos (Marshall), Placeres, Pájaros, Corrales y Jardines. Posteriormente arribaron a las islas de los Ladrones (Marianas) y anclaron en Guam. En febrero llegaron al archipiélago que Villalobos había bautizado como FilipinasRecorrieron las islas de Ibabao, Samar, Leyte, Limasawa, Camiguín y Bohol. Continuaron explorando por las de Mindanao, Siquijor, Negros y Cebú en mayo de 1566, donde se fundó el primer asentamiento español: Villa de San Miguel.

Desde Cebú, según las órdenes, se estableció el tornaviaje protagonizado por la nao San Pedro, comandada por Felipe de Salcedo, nieto de Legazpi, y Andrés de Urdaneta.

Mientras tanto, Legazpi y su otro nieto Juan de Salcedo prosiguieron su viaje pasando a la isla de Panay, base a la que llegaron los socorros del virrey novohispano, Enríquez de Almansa. Desde un principio, Legazpi pretendió establecer un acuerdo pacífico con el cacique local Tupas, rey de Cebú, y su aliado, Tamuñán. Legazpi consiguió un pacto con un empleo limitado de la fuerza, tan solo bastó un ruidoso pero poco efectivo cañoneo desde los barcos. En aquellas playas de Cebú fundó la base principal, a la que llamó Villa del Santísimo Nombre de Jesús y la Villa de San Miguel.

Su método de colonización era el mismo en todas partes: desembarco, compra de alimentos a los nativos, acuerdo de algún tipo de pacto con los caciques locales y toma de posesión de la tierra en nombre del rey. Legazpi supo sacar partido de las luchas entre tribus enemigas y de la hostilidad que los nativos profesaban a los portugueses. Y es que, frente al tipo de dominación portugués, bastante depredador, los españoles ofrecían protección y un trato más tolerante y respetuoso con los nativos.

Legazpi impuso disciplina a la tripulación, especialmente en dos aspectos: guerra a los piratas y respeto a los nativos. Desde Cebú, Legazpi fue organizando la expansión territorial, imponiendo su autoridad sobre una revuelta de sus propios hombres y rechazando dos ataques de la escuadra portuguesa.

Andrés de Urdaneta y Felipe de Salcedo consiguieron llegar a  Acapulco, en Nueva España, y hallar el tan necesitado tornaviaje o viaje de retorno a América. Esta proeza marina permitió que Felipe II enviase cuantiosos refuerzos desde Nueva España: tres galeones llenos de soldados, colonos y misioneros al mando de Juan de Isla que portaba el título de adelantado de las islas de los Ladrones para Legazpi.

Con estos refuerzos, desde esta autoridad y aprovechando su experiencia en México, Legazpi organizó el sistema de encomiendas como en América, dispuso metódicamente la ocupación, isla a isla, de todo el archipiélago filipino, fundando bases y asentamientos. Gestionó una buena administración, disponiendo de un sistema de organización política basado en las instrucciones generales de Felipe II. Cada ciudad sería doble: una, intramuros habitada por españoles; otra, extramuros formada por indígenas; que se gobernarían por dos alcaldes, doce concejales y un secretario.

CARTA HIDROGRÁFICA DE LAS ISLAS FILIPINAS Y MAR DE CHINA

Sometidas las islas de Panay, Masbate y Mindoro y designado gobernador y capitán general de las Filipinas, Legazpi continuó su travesía para ocupar la isla de Luzón. En Mindoro rescató a los esclavos chinos con intención de establecer relaciones de amistad, una iniciativa que terminó por desplegar el comercio con China.

Legazpi encomendó la conquista de Manila, en la isla de Luzón, a su otro nieto Juan de Salcedo y al artillero Martín de Goiti. Llegaron a la bahía de Manila en mayo de 1570, donde acamparon unas semanas con la intención de formar una alianza con los caciques locales. Sin embargo, Goiti tenía otros proyectos y engañó a los habitantes del territorio al creer que sólo se quedarían durante un período corto.

A finales del mismo mes estalló el conflicto. Goiti marchó con sus 300 soldados al interior de la isla, hacia Tondo, donde encontraron miles de defensores natales. La mayor parte de las fuerzas de Matanda Suliman acantonadas en Lakandula fueron derrotadas. Goiti ejecutó a los prisioneros que no guardasen servidumbre al reino de España y a Felipe II. Goiti y Salcedo continuaron su expedición hacia el río Pasig hasta tomar la ciudad de Manila el 6 de junio de 1570.

monumento legazpi filipinas cacique tagbilaran
MONUMENTO A LEGAZPI Y EL CACIQUE DATU SIKATUNA

Pero esta toma de la ciudad de Manila consiguió un levantamiento de tribus nativas durante los próximos 10 meses. La expedición se fortificó en el área y erigió la fortaleza de Santiago. Cuando la lucha se puso intensa, forzaron a algunos españoles a buscar refugio en sus flotas en la bahía de Manila. Finalmente, lograron sofocar la rebelión el 24 de junio de 1571, mediante el control del territorio y un acuerdo de paz de Miguel López de Legazpi, a su llegada a Manila. En esta ciudad murió Legazpi, en agosto de 1572.

Martín de Goiti preparó el terreno para el establecimiento de Manila como capital de Filipinas y emprendió la conquista y colonización del resto de la isla. En el período de 1571-1573, Goiti, exploró Pampanga, Pangasinan y fundó varias ciudades en Luzón. Solo Mindanao y Joló, islas del sur, quedaron fuera de la dependencia de la Monarquía hispánica. También encabezó la defensa de una invasión de 3.000 piratas chinos dirigidos por corsario Lim ah Hong, que sitió el fuerte de Santiago y la ciudad de Manila a comienzos de 1574. Fue asesinado por Lim ah Hong, que masacró también una parte de los españoles en la ciudad. La mayor parte de los refuerzos españoles vinieron de Vigan y Cebú.

ANDRÉS DE URDANETA EN CEBÚ, POR TELESFORO SUCGANCG

Juan de Salcedo, segundo de la expedición de Legazpi tras Martín de Goiti, abandonó Ilocos Sur, para trasladarse a Manila donde descubrió que la ciudad había caído en manos del invasor chino. Las fuerzas de Salcedo atacaron y redujeron a los piratas de Manila. Lim ah Hong y los soldados que sobrevivieron se retiraron a Pangasinan donde reorganizaron sus fuerzas.

En 1575, el ejército de Salcedo marchó al norte a Pangasinan en la búsqueda de los piratas y los sitió durante tres meses. Vengó la muerte de Goiti y resto de españoles dando muerte a Lim ah Hong y sus guerreros en el río de Pangasinan, quemándolos vivos, con sus barcos.

La colonización y asentamiento de estas islas se caracterizó por el proteccionismo hacia los nativos por parte de las órdenes religiosas. La ubicación de las islas en las rutas oceánicas mercantiles permitió que se tomaran como un lugar de recepción de mercaderías provenientes del conjunto del sudeste asiático destinadas a la metrópoli, creándose la Capitanía general de las Filipinas y de una diversidad de islas desperdigadas por el océano Pacífico.

CARTA HIDROGRÁFICA DE LAS FILIPINAS,
POR PEDRO MURILLO VELARDE (1734)

Las Filipinas son 7.100 islas que, hasta entonces, estaban habitadas por decenas de etnias distintas y enfrentadas a muerte. La llegada española supuso la pacificación del archipiélago. No hubo una mortandad tan elevada como la americana porque la población filipina, a diferencia de la amerindia, no había vivido en un ecosistema cerrado a las enfermedades. Y tampoco hubo una explotación como la de las Indias, porque los españoles ya habían sacado las consecuencias oportunas de su propia práctica imperial; de hecho en esta tierra los nativos jamás pagaron tributos a los españoles.

Los misioneros se encargaron de mantener pacificados a los indígenas, acabando con las guerras tribales; la evangelización progresó velozmente. En poco tiempo el castellano se convirtió en lengua franca de los filipinos. Mientras tanto se extendió el uso de la rueda y el arado, y se construyeron caminos, puentes y rutas estables de navegación.

Filipinas era un territorio con una baja densidad de población, sin ciudades, y con formas de cultivo itinerantes, pero la llegada de los españoles permitió su urbanización. En 1611, los dominicos fundaron en Manila la primera universidad cristiana de Asia, la Universidad de Santo Tomás.

El archipiélago se convirtió en centro de una vida comercial intensa, centralizando el tráfico con el sudeste asiático, que luego partía hacia México en la ruta del Galeón de Manila o Carrera de las Indias Orientales. Así, el océano Pacífico fue llamado el "lago español". El puerto de Manila mantuvo permanentes contactos comerciales con China, Siam, Japón y los reinos malayos, convirtiéndose en punto de inicio y final de una amplísima red comercial que unía todos los continentes. Los comerciantes chinos llevaban a su puerto sedas, clavazón, hierro en planchas, salitre, pólvora, porcelana, platería de Cantón, etc.

Las Filipinas serían españolas desde 1566 hasta 1898, más de tres siglos. Los norteamericanos invadieron estas islas en 1898, entonces se escribió otro capítulo digno de la historia de España, la de los héroes de Baler, los últimos de Filipinas.

MONUMENTO A LEGAZPI Y URDANETA EN MANILA