INFLUENCIA CULTURAL DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL EN FRANCIA


Al poder militar, la expansión territorial, la influencia diplomática y la hegemonía monetaria que acaparaba durante el siglo XVI, España añadió la influencia en la producción cultural del Siglo de Oro. La hegemonía cultural es siempre consecuencia de la hegemonía política. Uno de los países que más recibió la influencia de la literatura española fue, paradójicamente, uno de sus principales rivales: Francia. Así fue reconocido por Voltaire o Braudel.

Brantôme o Charpentier tomaron préstamos de la lengua española al francés o tradujeron la Gramática de Nebrija. Literatos como Chateaubriand, Montaigne o Sorel debieron mucho a la literatura española de comienzos del siglo XVI. El Don Juan de Moliére y El Cid de Pierre Corneille son dos ejemplos de adaptación del teatro hispano al galo. Y Jean Bodin y René Descartes fueron influenciados por el pensamiento de los humanistas y teólogos españoles.

INFLUENCIA CULTURAL DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL EN FRANCIA 

En 1492, año del descubrimiento del Nuevo Mundo y del final de la Reconquista, el humanista Antonio de Nebrija tuvo la idea de aplicar el modelo de estudio de una lengua culta (latín y griego) a una lengua romance y escribió la primera Gramática de la lengua española. Fue un acontecimiento cultural de primer orden, pues nunca antes en Europa se había publicado una gramática de una lengua vulgar, sentando el precedente a las demás lenguas romances, germánicas, eslavas, etc. El italiano fijó su primera gramática en 1529, el portugués en 1536 y el francés en 1550.

En el siglo XVI, Castilla, obligada a cargar a solas con el peso de la política imperial de la Monarquía hispánica, logró alzarse hasta el primer puesto en la esfera de la cultura occidental. Desde ese punto de vista, los resultados fueron espectaculares y Voltaire no ocultó su admiración hacia España en su Ensayo sobre las costumbres:
"Los españoles tuvieron una clara superioridad sobre los demás pueblos: su lengua se hablaba en París, en Viena, en Milán, en Turín; sus modas, sus formas de pensar y de escribir, subyugaron a las inteligencias italianas y desde Carlos V hasta el comienzo del reinado de Felipe III España tuvo una consideración de la que carecían los demás pueblos."
El llamado Siglo de Oro español se sitúa entre 1580 y 1680, pero fue durante el reinado de Felipe II cuando se establecieron los primeros focos de la irradiación cultural. Por mucho que los franceses criticasen a la España imperialista, no por ello dejaron de sufrir la influencia "de un pueblo fuerte, de un imperio inmenso (…), de una civilización más refinada que la nuestra", como así escribió el historiador Fernand Braudel.

Desembarco Francisco Francia Pavia Ignacio Pinazo
DESEMBARCO DE FRANCISCO I DE FRANCIA EN VALENCIA

Dicha influencia fue apreciable sobre todo durante el reinado de Luis XIII. Entonces la moda procedía de Madrid: blanco de España, bermellón de España, artículos de cuero (guantes, botas, zapatos, etc.). La moda que en la actualidad puede asignarse a París, era España la que suministraba a Francia, del mismo modo que, un poco más tarde, la etiqueta de la Corte de Versalles se inspiró en la de Madrid. Antonio Pérez, exministro de Felipe II, exiliado político en Francia, lo sabía perfectamente, pues mandó traer de España guantes y artículos de lujo para ofrecérselos a sus anfitriones parisinos.

Lo mismo ocurrió con la
lengua y la literatura. En ese entorno, España recogió los resultados de un siglo de progresos continuos. El historiador y biógrafo Pierre de Brantôme apreciaba mucho la lengua castellana hasta el punto de calcar palabra a palabra su vocabulario. Tras él, los hispanismos florecieron en la lengua francesa como en la actualidad los anglicismos en la española, señal indiscutible de su influencia cultural. Algunos de esos préstamos que se incorporaron definitivamente al vocabulario francés fueron: bizarre, camarade, casque, escamoter, fanfaron...

Había tratados para facilitar la enseñanza del castellano a los extranjeros. En 1596, apareció en Francia una Parfaite méthode pour entendre, escrire et parler la langue espagnole, obra de Nicolas Charpentier, apaleado en París por haber participado en una conspiración a favor de España.

Pierre Brantome Ambrosio Salaza
PIERRE DE BRANTOME Y AMABROSIO DE SALAZAR

A principios del siglo XVI, tres hombres destacaron en las traducciones y enseñanzas de la lengua española en Francia: Juan de Luna, Ambrosio de Salazar y Cestar Oudin.


Juan de Luna escribió Arte breve y compendiosa para aprender a leer, pronunciar, escrevir y hablar la lengua española, impresa en París en 1616, unos Diálogos familiares escritos en París en 1619, y una antología de poesías llamada Ramillete de flores poéticas, seguida de un corto método para aprender a pronunciar, escribir y leer correctamente el español, publicado también en París en 1620, algo así como un "español sin esfuerzo".

Ambrosio de Salazar fue un murciano que había servido en Francia. En 1612. publicó en París un manual que reunía todo lo necesario para conocer España: historia, geografía, hombres ilustres, producciones, situación administrativa, estado de las carreteras, etc. En 1614, publicó en Ruán, donde se había establecido como maestro de escuela, un Moroir général, manual de gramática y pronunciación que tuvo dos ediciones, una en francés y otra en español. El rey Luis XIII lo contrató como su profesor particular de español.

A Salazar le surgió un competidor, Cestar Oudin, quien a diferencia de sus otros dos predecesores era francés. Su Grammaire espagnole expliquee en francois data de 1597. En 1605, publicó una traducción de proverbios españoles. Su gran éxito fue el Tesoro de las dos lenguas, de 1607, tratándose de un léxico español-francés y español-francés. Oudin no se contentó con enseñar las particularidades de la lengua, también deseaba dar a conocer la literatura y comenzando con lo esencial: primero tradujo de Cervantes algunas Novelas Ejemplares, después La Galatea, y finalmente la primera parte de Don Quijote, menos de diez años después de publicarse la primera edición española.

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GRAMÁTICAS ESPAÑOLAS EN LENGUA FRANCESA

A comienzos del siglo XVII, Francia se encaprichó con lo español hasta el punto de que Miguel de Cervantes pudo escribir en el Persiles: "En Francia, ni varón ni mujer deja de aprender la lengua castellana." Sin duda es exagerado, pero sitúa perfectamente un momento excepcional en la historia de las relaciones culturales entre ambos países.

La influencia de la literatura española en Francia comenzó ya desde el siglo XVI, cuando se realizaron las primeras traducciones de autores españoles en los años que siguieron a la cautividad del rey francés Francisco I en Madrid, tras su derrota por las armas españolas en la batalla de Pavía. Durante su presidio, ese rey, primo de Carlos I de España, cogió gusto por ciertas novelas que le habían ofrecido en español, o tal vez traducidas al francés.

Tres géneros consiguieron el aplauso del público francés: el ensayo, la novela, el teatro y, en menor medida, la historia. En ensayo estuvo representado por Pero Mejía (Pierre Messie) y más aún por Antonio de Guevara. De este último las Epístolas familiares, el Marco Aurelio, el Reloj del príncipe y el Aviso de privados y doctrina de cortesanos, traducidos de 1531 a 1540, fueron éxitos de librería. Michel de Montaigne debió mucho a esos dos autores y la fábula de La Fontaine El campesino del Danubio atestiguaba aún, un siglo después, la novela en todas sus formas: relatos psicológicos como la Cárcel de amor de Diego de San Pedro; novelas sobre el tema caballeresco que ponían en escena a caballeros moros y cristianos a cuál más bravo, más generoso y más galante durante la última guerra de la Reconquista, la que acabaría con la toma de Granada; François-René de Chateaubriand lo recodaría al escribir las Aventuras du dernier des Abencérages.

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DON QUIXOTE DE LA MANCHE

Dos géneros novelescos cautivaron más en particular a los franceses: la novela pastoril y la de caballerías. El modelo a seguir de la novela pastoril fue el de la Diada de Montemayor, publicada en 1542 y traducida en 1578, y La Galatea de Cervantes en 1584. En cuanto a novelas de caballerías, el Amadís, sus continuaciones e imitaciones, encantaría a varias generaciones de lectores desde la primera versión francesa, obra de Nicolas D'Herberay des Essarts, en 1540.

Las aventuras heroicas o galantes de los caballeros andantes y los pastores brindarían un pretexto para muchas diversiones a los asiduos del Hôtel de Rambouillet. Aspectos fundamentales del preciosismo o de la novela de análisis franceses, de Honoré d'Urfé a Madame de la Fayette, resultan incomprensibles sin esa influencia española. En menor medida, la vena realista (La Celestina, la novela picaresca, Cervantes,…) inspiraron a Charles Sorel antes de Lestage.

El teatro español, el de Lope de Vega, Guillén de Castro, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, etc., proporcionó a los dramaturgos franceses del reinado de Luis XIII temas, situaciones, adaptaciones, por no hablar de plagios. Ejemplos claros se encuentran en la obra de Hardy, de Rotrou, de Boisrobert, de Scarron, de Thomas Corneille…; ejemplos también son el Don Juan de Moliére y El Cid de Pierre Corneille.

Pierre Cornielle representó la inspiración del teatro español, asimiló sus lecciones de heroísmo y temas novelescos y los transformó en expresión del genio francés. Al parecer, aprendió el español en Ruán para leer el texto de Guillén de Castro y el romancero.

Juan Moliére Corneille Cid novela francesa
DON JUAN DE MOLIÉRE Y EL CID DE CORNEILLE

La espiritualidad francesa del siglo XVII debió mucho también a fuentes españolas. Pierre de Bérulle introdujo en Francia la reforma carmelita. Mandó a llamar a Francia a seis religiosas, dos de las cuales (Ana de Jesús y Ana de San Bartolomé) habían sido discípulas directas de Santa Teresa de Ávila; fueron las que fundaron el primer Carmelo francés, en la Rue Saint-Jaques de París, calle dedicada Santiago, apóstol de España.

En 1622, se tradujo en francés el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz y varios pasajes de los Pensamientos de Blaise Pascal. Estos parecen directamente inspirados en autores españoles: Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, etc.

La influencia española en Francia siguió manifestándose durante algún tiempo con la boga del cortesano de Gracián, cuyo Héroe se tradujo en 1645, pero el clasicismo le debió poco.

En adelante, fue Francia la que tomó el relevo de España como modelo cultural, como también la suplantó en el plano diplomático. La hegemonía cultural de España reflejó una civilización superior que no descansaba solo en la fuerza de las armas, sino también en la de las letras.

BLAISE PASCAL Y PIERRE DE BÉRULLE

Los pensadores españoles del siglo XVI también ejercieron una enorme influencia en la filosofía francesa, especialmente en su máxima figura René Descartes, considerado como el padre de la filosofía moderna y de la geometría analítica. Es evidente que el pensamiento filosófico cartesiano tuvo claros antecedentes en Luis Vives, Antonio Gómez Pereira, Francisco Sánchez el Escéptico, Francisco Vallés, Miguel Sabuco y Sebastián Fox Morcillo, entre otros.

Luis Vives influenció a Descartes en la teoría de las pasiones; Francisco Sánchez en la duda metódica y el primado gnoseológico o repliegue en la propia conciencia; y Antonio Gómez Pereira en el concepto de silogismo o entimema y el automatismo de las bestias. Este último formuló casi de modo idéntico y con anterioridad a Descartes, en 1554, el célebre principio cogito ergo sum ("pienso, luego existo"), idea esencial del Racionalismo occidental, mediante la frase: Nosco me aliquid noscere. At quidquid noscit, est. Ergo ego sum. (Conozco que yo conozco algo. Todo lo que conoce, es. Luego yo soy.)

No porque Descartes copiara o se inspirara en estos autores españoles, sino porque trató desarrollar los mismos objetivos: reformar métodos, combatir sutilezas, abrir nuevos horizontes a la especulación filosófica, etc. Además, el pensamiento español del siglo XVI se había difundió por las imprentas europeas, dejando una marcada herencia en sus círculos intelectuales.

Vives estuvo enseñando en las universidades de Lovaina, París, Oxford y Brujas, publicándose sus obras en estas ciudades. Sánchez vivió también casi siempre fuera de España, enseñando en la universidad de Toulouse. Fox Morcillo residió hasta su muerte en los Países Bajos.

La Sacra Philosophia de Vallés tuvo en poco tiempo ocho ediciones en Francia, Italia y Alemania. La Quod nihil scitur de Sánchez tuvo cuatro, también en poco tiempo. La Nueva Filosofía de Miguel de Sabuco se reimprimió seis veces. Y la Antoniana Margarita de Gómez Pereira se editó en Francfurt am Meim en 1610.

En materia de economía, la teoría cuantitativa del dinero fue enunciada por Martín de Azpilcueta en 1556, en su Comentario resolutorio de usuras, doce años antes que la pronunciada por Jean Bodin en 1568, en la Réponse.

RENÉ DESCARTES Y JEAN BODIN

TRATADO DE MANIOBRAS NAVALES POR SANTIAGO DE ZULOAGA


Santiago Agustín de Zuloaga fue capitán de fragata de la Expedición de Límites al Orinoco de 1751, maestro de la Academia de Guardiamarinas, y escritor náutico que publicó Cartilla marítima para instrucción de guardiamarinas en 1763, y Tratado práctico de maniobras navales en 1766.

TRATADO DE MANIOBRAS NAVALES POR SANTIAGO DE ZULOAGA

Santiago Agustín de Zuloaga era natural de San Sebastián, donde nació en 1715.

En 1729, a los catorce años de edad, comenzó sus servicios en la Real Armada española como grumete junto a su tío, el teniente de navío Jorge de Echevarría. Allí aprendió conceptos de pilotaje y matemáticas, y consiguió habilidades en maniobra y táctica de bajeles. Sus primeros servicios los hizo en los buques de la Real Armada de la Carrera de Indias, por el Atlántico y las Antillas.

En 1730, realizó su primera navegación atlántica hasta La Habana, embarcado en la fragata Potencia, también llamada Blandón, cuyo capitán era Ignacio Danteville. Al año siguiente, regresó a Cádiz en el navío Gallo Indiano, al mando del teniente general Rodrigo de Torres, siendo su capitán de navío Antonio Escudero. Tras trasbordar al navío Reina en Cádiz, en la escuadra de Rodrigo de Torres, partió hacia Barcelona y Liorna.

En 1732, embarcó en el navío Sanfranco, cuyo capitán de navío era Francisco Álvarez Cuevas. Partió de Cádiz en operaciones de persecución de piratas, y tras llegar a cabo Francés, volvió a Cádiz en los galeones del teniente general Manuel López Pintado.

Continuó en la fragata Galga, de la división del jefe de escuadra Andrés Reggio, con la que salió para Barcelona, Liorna y Puerto Especie, donde invernó aquel año. Tras trasbordar al navío Guipúzcoa, llegó a la isla de Malta, para formar parte de una flotilla de cuatro navíos de la Orden de Malta. Su misión era alcanzar el cabo Bodo y la isla Pantelaria, en la búsqueda de una escuadra y convoy otomanos en la ruta de Constantinopla a Argel, que no se apresó por culpa de un temporal.

En Alicante, trasbordó al navío Reina del capitán de fragata Bartolomé Armaolea, en la escuadra del teniente general Antonio Serrano. Al atracar en el puerto de Barcelona, se embarcaron tropas que condujo a Especie, Nápoles y otros puertos de Italia, regresando a Cádiz a finales de 1734.

TRATADO DE MANIOBRAS NAVALES, POR SANTIAGO DE ZULOAGA

En 1735, trasbordó a la fragata Incendio del capitán de navío Francisco Liaño, siendo su comandante era el capitán de fragata Agustín de Iturriaga. Ambos marinos vascos navegaron hasta el puerto de Portobelo, en el Virreinato de Nueva Granada, regresando a Cádiz a inicios de 1736.

En la primavera de 1736, formaría parte de una expedición al Virreinato del Río de la Plata. Se encontraba en la fragata San Esteban al mando de su tío segundo Jorge de Echavarría, siendo comandante José de Arratia. La nave zarpó desde Cádiz a Buenos Aires, trasportando tropas de dragones, sostuvo varios combates contra navíos portugueses.

Uno de aquellos combates tuvo lugar al entregar un contingente de armamento para expulsar a los portugueses que habían ocupado las islas de Martin García y las Vacas, bajo las órdenes del teniente de navío Agustín Alduncín, en 1738. En esta expedición solicitó el mando de alguna embarcación, y consiguió dirigir una balandra, en la que permaneció diez y ocho meses desempeñando diversas comisiones a Montevideo, Maldonado y Rio de la Plata y en acciones de castigo de los portugueses.

A finales de 1739, siendo segundo piloto, embarcó en una nave capturada a los portugueses con el nombre La madre de Dios y el Señor de los Poderes, al mando del alférez de fragata Martín de Lastarria. Junto a las fragatas Hermiona y San Esteban, partió de Buenos Aires con destino a Cádiz, pero a falta de víveres y agua, hizo escala en Santa Cruz de Tenerife, en marzo del 1740. En el puerto canario, el buque fue carenado y artillado con 8 cañones, 50 fusiles y 120 hombre que el capitán general del archipiélago le proporcionó. Tras salir en enero de 1741, al mando del capitán Pedro Sainz de Sagardia, mantuvo combate contra un corsario inglés de 14 cañones y 24 pedreros al que puso en fuga, y fondeó en Cádiz en febrero.

TRATADO DE MANIOBRAS NAVALES, POR SANTIAGO DE ZULOAGA

En marzo de 1741, Zuloaga fue ascendido a primer piloto en el Departamento Naval de Cádiz, pasando a la escuadra del almirante Francisco Laño. Embarcó en el navío Poder del capitán de fragata Juan Beaumont, con la que hizo el crucero al cabo de San Vicente. Después, continuó en el navío Poder del capitán Rodrigo de Urrutia, en la escuadra del general Juan José Navarro, para llegar al Departamento Naval de Ferrol y de regreso al de Cádiz, en verano del mismo año. Entonces, España estaba en pleno enfrentamiento con Inglaterra en lo que fue la Guerra del Asiento, entre 1739 y 1748. A finales del 1741, zarpó con la escuadra para Bucelona, donde embarcó tropas que condujo a puerto Especie. Terminadas las operaciones de mar por el descalabro que experimentó la escuadra, entraron todos en el puerto de Tolón.

En febrero de 1744, Zuloaga tomó parte en la acción que la escuadra combinada franco-española del general Navarro y el vicealmirante De la Court sostuvo contra la inglesa del almirante Mathews, sobre las costas de Provenza en aguas de cabo Sicié. En este combate de Tolón, se hallaba en el Poder del capitán Urrutia, quienes se batieron con 5 navíos ingleses. Como el navío Poder fue muy dañado, transbordó al navío Constante en el Departamento Naval de Cartagena.

Y desde entonces hasta 1748, Zuloaga se dedicó a realizar expedición en corso por el Mediterráneo, además de una comisión a la plaza de Orán en 1745.

En marzo de 1748, partió en el navío León haciendo escala en Canarias, donde escoltó a 16 embarcaciones de convoy del general Liaño que formaban la Armada de la Carrera de Indias, llegando a Veracruz en junio. Al año siguiente, volvió a realizar la misma Carrera indiana en la armada del teniente general Andrés Reggio, fondeando en La Habana y regresando a Ferrol.

En 1750, estaba a bordo del navío Nueva España en la escuadra del general Pedro María de la Cerda, con el que realizó actividad en corso sobre aguas de los cabos San Vicente y Santa María, y sobre las costas berberiscas.

RAUDALES DE MAIPURES EN EL RÍO ORINOCO

En 1751, fue comisionado para participar en la Expedición de Límites al Orinoco, organizada por José de Iturriaga, al mando de la fragata Inmaculada Concepción, de 275 toneladas de capacidad. Esta expedición científico-política partió desde Cádiz a Cumaná, en la Provincia de Venezuela, perteneciente al Virreinato de Nueva Granada. Durante la misión, Zuloaga actuó como capitán de fragata, piloto, maestre y contador mayor, realizando también trabajos cartográficos.

Al término de esta comisión, en marzo de 1756, describió el desarrollo del mismo con estas palabras:
"Eolo regaló a su soberano la llave del subterráneo en que tenía aprisionados los vientos furiosos y sólo daba licencia a las auras pacíficas y regocijadoras que llevaban al navío en mares de leche; obsequio estimable, pero no necesario, para la seguridad de aquella escuadra, no gobernada por pilotos ni palinuros oscilantes, que refiere Virgilio, al avistarse con la flota de turno, sino gobernada por una trenza visible y fortísima, tejida de hilos más finos que el coral, más preciosos que el oro y duros que el diamante que eran los pensamientos, los amores y deseos que constituían el cable fortísimo de las ansias de España, que, prendiendo del tajamar al Fénix , hacía por atraer y sincopar la extensión de los mares y lograr cuanto antes el día feliz de ver al rey venir de Levante a Poniente."

SANTIAGO AGUSTÍN DE ZULOAGA

En verano de 1756, Zuloaga fue nombrado maestro de maniobras de la Academia de caballeros Guardiamarinas de Cádiz, en cuyo . En este cargo estuvo empeñado varios años, realizando salidas marítimas de forma intermitentes, mientras desarrollaba una importante actividad pedagógica y redactaba reglamentos para el uso de guardiamarinas, obras de las que luego se hicieron reglamentarias para los oficiales. Entre estas obras destacaron dos:

1. Cartilla marítima para la breve instrucción de los Guardias Marinas, impresa en Sevilla, en 1763, y reeditada en 1778. Era un manual para oficiales que se inician en la práctica marinera. El texto está acompañado de ilustraciones acerca los nombres y funciones de las partes de un navío sus ligazones más principales, los nombres, usos y método de colocación de los palos y vergas, las jarcias y cabos de labor, las obligaciones del oficial de mar, las voces con que se manejan los marineros en sus faenas.

2. Tratado instructivo y práctico de maniobras navales para el uso de los caballeros guardias marinas, publicada en 1766 en dos volúmenes, de la que luego se hicieron varias ediciones. Fue texto oficial de la Escuela Naval e influyó en los trabajos de otros profesionales de la navegación como Antonio Gabriel Fernández y Gabriel Ciscar.

En 1759, formaba parte del contingente de oficiales que escoltaron al rey Carlos III en su viaje de toma de posesión al trono español desde Nápoles a Barcelona. Siendo ascendido a teniente de navío, estaba al mando del navío Fénix, y demostró sus habilidades literarias en la redacción de esta real singladura:
"No quiso asomarse Neptuno sobre las espumas volubles para descubrir su rociado semblante y sus líquidas y cristalinas barbas; no se atrevió a mandar siquiera que estuviese sin inquietarse el piélago, porque comprendió que sería inútil su imperio y quedaría ocioso y desairado su afamado tridente. Por instinto iban y venían las olas del mar en volúmenes nevados de espuma al deshacerse al contacto del Fénix…"

santiago agustín zuloaga tratado maniobras navales
TRATADO INSTRUCTIVO Y PRÁCTICA DE MANIOBRAS NAVALES

En 1761, volvió a paralizar su actividad docente en la academia para salir en expedición en corso por la costa portuguesa en el navío Aquiles del capitán Juan Ignacio Salaverría. Después, pasó al navío Septentrión del capitán Hermenegildo de Orte para llegara a las islas Azores. Tras regresar, prosiguió en la Academia gaditana.

En 1775, recibió el paquebote San Juan Nepomuceno, buque-escuela utilizado para la enseñanza de las maniobras navales a los guardiamarinas, donde continuó con la docencia.

En 1778, fue ascendido a capitán de navío y se le asignó el navío San Rafael, con el que participó en las campañas de los tenientes generales Miguel Gastón, primero, y Luis de Córdova, después. A inicios de 1780, tuvo que desembarcar por motivos de salud.

Santiago Agustín de Zuloaga murió en la isla gaditana de León, el 4 de julio de 1780. Había servido a la Armada española durante 52 años, en el transcurso de los cuales realizó 24 campañas por aguas europeas y americanas, tomando parte en bastantes combates navales, también dedicado a la docencia de maniobras y tácticas navales en la Real Academia de Guardias Marinas de Cádiz, y a la redacción de textos para la enseñanza.

Se había casa con María Antonia Yurramendi, natural de la villa de Hernani, empezando un saga de marinos que destacaron al servicio de la Armada española. Sus hijos fueron Lucas, Manuel y Santiago, que ingresaron en la Real Compañía de Guardiamarinas.

Santiago de Zuloaga y Yurramendi, nacido en 1768, llegó a ser teniente de navío y murió al mando del Real Carlos en el estrecho de Gibraltar en 1801. Su nieto Lucas de Zuloaga fue jefe de escuadra y su biznieto Enrique de Zuloaga fue capitán de navío.

CARTILLA MARÍTIMA PARA INSTRUCCIÓN DE GUARDIAS MARINAS