Médico y mercader de profesión, Antonio Gómez Pereira fue un humanista que se dedicó también a la filosofía y la ingeniería, y escribió dos destacadas obras:
Novae Veraeque Medicinae sobre medicina, en 1558, demostró ser un pionero en rechazar los conceptos clásicos y medievales como Aristóteles y Galeno, proponiendo la aplicación del Método empírico-analítico como base de investigación. Abordó la relación que existe entre la fiebre y las enfermedades en el cuerpo humano.
Antoniana Margarita sobre filosofía, en 1554, fue precursor del Método racionalista y precedente de la corriente cartesiana. Suya fue la cita "Pienso, luego existo", por lo que está considerado el más genuino de los precursores de René Descartes, quien copió esta máxima en su Discurso del método, en 1637.
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| RACIONALISMO EXISTENCIALISTA DE GÓMEZ DE PEREIRA |
Antonio Gómez Pereira nació en Medina del Campo (Valladolid), en 1500. Posiblemente fuese descendiente de una familia de judíos conversos procedentes de Portugal y dedicados al comercio textil, era el segundo de cinco hermanos.
Estudió filosofía natural en la Universidad de Salamanca, siendo discípulo del profesor Juan Martínez Silíceo, posterior arzobispo de Toledo, e intervino en las disputas entre teólogos realistas y nominalistas, inclinándose por la defensa del Nominalismo. También estudió medicina en la misma universidad.
Tras concluir los estudios en 1520, regresó a Medina donde trabajó como médico. Mientras, se ocupaba de los negocios familiares relacionados con las telas y los tejidos, otros propios de bodegas y vinos, y se relacionaba con mercaderes que comerciaban en la Feria de Medina, una de las más importantes de España. Como médico alcanzó gran fama, llegando a ejercer en Burgos, Segovia, Ávila y otras ciudades importantes de Castilla, incluso en la Corte de Felipe II.
Como ingeniero elaboró algunos aparatos hidráulicos. El más relevante fue un molino de sifón capaz de moler con la fuerza del agua sin ocupar el cauce del río Zapardiel que fue diseñado junto al ingeniero Francisco Lobato, que patentado en 1563.
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| UNIVERSIDAD DE SALAMANCA |
Pero Gómez Pereira ha pasado a la Historia sobre todo por sus ideas filosóficas, que dejó escritas principalmente en dos destacadas obras: Antoniana Margarita y Novae veraeque Medicinae. En él influyeron clásicos como Aristóteles y Platón, y escolásticos como Averroes, San Agustín y Ockam. En la Edad Moderna se le consideró miembro de la Escuela de Salamanca.
Su original pensamiento surgió de la unión de filosofía y medicina, que rechazaba el criterio de autoridad de los teólogos clásicos y medievales frente al conocimiento mediante la aplicación de la razón, la lógica y la experiencia. Así, combatió el supremacismo que tradicionalmente estaban ejerciendo Galeno en la medicina y Aristóteles en la filosofía, para optar por el Razonamiento como principal guía de conocimiento de las ciencias humanas.
Para la exposición de sus ideas recurría con frecuencia al uso de paradojas y silogismos que describían los errores de aquellos a quienes cuestionaba, en un tono más crítico que positivo.
El historiador y ensayista Marcelino Menendez Pelayo afirmó que:
"En psicología experimental, Gómez Pereira está, a no dudarlo, más adelantado que la filosofía de su tiempo, más que la del siglo XVII, más que Bacon, más que Descartes. Ninguno observa como él los fenómenos de la inteligencia."
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| ANTONIO GÓMEZ DE PEREIRA |
Novae Veraeque Medicinae Prima Pars fue escrita en latín y publicada en Medina del Campo, en 1558. Es un tratado exclusivamente médico, nada filosófico.
Es un estudio sobre el origen de las fiebres y la tipología de varias enfermedades, como la lepra o la viruela. Para el estudio de la ciencia, utilizó el Método empírico y racional, basándose en su experiencia profesional como criterio supremo de verdad, y desarrolló métodos curativos sencillos. Por el contrario, rechazaba los tradicionales textos de los maestros medievales y de los clásicos de la medicina como Aristóteles y Galeno. Así lo expresó: "En no tratándose de cosas de Religión, no me rendiré al parecer y sentencia de algún filósofo, si no está fundado en la razón."
Gómez Pereira consideraba que el calor que emana un cuerpo humano cuando tiene fiebre es la reacción como sistema defensivo para expulsar la enfermedad que le afecta, con la finalidad de que el organismo restablezca su equilibrio natural. Se trata de una concepción totalmente moderna de la fiebre como un efecto generado por el cuerpo para erradicar las enfermedades. Llegó a elaborar conclusiones a cerca de las enfermedades que años más tarde fueron elogiadas por el historiador y médico del periodo ilustrado Antonio Hérnández Morejón.
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| ANTONIANA MARGARITA, POR ANTONIO GÓMEZ DE PEREIRA |
Antoniana Margarita fue también escrita en latín y publicada en Medina del Campo, en 1554. Fue titulada así en memoria de sus padres Antonio Pereira y Margarita de Medina, y dedicada a su maestro salmantino Juan Martínez Silíceo. Pero el subtítulo explica a quienes está dirigido este trabajo: Opus nempe phisicis, medicis ac teologis, non minus utile quam neccessarium (Una obra tan útil como necesaria a médicos, físicos y teólogos).
Es un tratado realmente filosófico, de orientación nominalista por influencia de Martínez Silíceo, una mezcla de psicología y metafísica. Expuso ideas que parten del Empirismo hasta acercarse al Materialismo. Se desarrolla en base a tres temas principales: el "automatismo de las bestias", la teoría del conocimiento humano y la inmortalidad del alma.
Su estructura es anárquica, sin apartados ni capítulos, ya que al ser un cristiano nuevo (judeoconverso), Gómez Pereira quiso esconder de alguna manera sus razonamientos personales, evitando el riesgo de ser perseguido por alguna institución eclesiástica.
En teoría del conocimiento defendió el método psicológico de la observación interior, un principio de los nominalistas, identificando intelección e inteligencia, negando el sentido común, y admitiendo la imaginación o fantasía como facultad interior. No admitió por tanto distinción real entre la facultad sensitiva y la intelectiva, ni entre el conocimiento de lo singular y el conocimiento por reflexión. En suma, el médico de Medina redujo todos los fenómenos psicológicos al pensamiento, y éste para él no es otra cosa que el alma misma modificada diversamente por los objetos.
Pero su importancia está en que abordó por primera vez en la historia de la filosofía una serie de cuestiones sobre psicología experimental y, sobre todo, porque despreciaba a los filósofos clásicos como base de conocimiento, prefiriendo el Razonamiento crítico. Se esforzó en buscar por sí mismo la verdad, mediante la observación atenta de la naturaleza y de los fenómenos conscientes.
En su obra, ya advertía al lector la importancia de la observación interna para el estudio de la ciencia psicológica:
"Antes de explicar las funciones internas y externas del debo advertir que juzguen de la verdad de lo que voy a exponer por lo que ellos mismos en el sentir o en el entender hayan experimentado, porque no se trata aquí de esta o la otra situación del orbe en que es preciso dar crédito a aquellos que la han visto, sino que se discuten y explican los actos del alma, de que cada cual tiene conciencia tan clara…, la ciencia psicológica es la más cierta de todas."
Para Gómez Pereira, mediante el conocimiento mismo de cualquier objeto el hombre llega a adquirirlo, puesto que por el mero hecho de existir en nosotros el pensamiento, tiene que existir el alma, es decir, el sujeto pensante.
En el hombre ha de preceder siempre alguna noción de cosa extrínseca al conocimiento con que el alma se conoce a sí misma. Y de aquí se seguirá que esa noción sólo puede servir de antecedente conocido, de donde saque el alma la consecuencia de que se conoce a sí misma, procediendo de este modo: "Conozco que yo conozco algo; todo lo que conoce es; luego yo soy." (Nosco me alquid noscere, et quidquid noscit est; ergo sum.)
Esta doctrina del médico de Medina es igual a la de Descartes y hasta se parece a la del filósofo francés en la forma de la exposición, puesto que Gómez Pereira, al deducir la propia existencia del pensamiento, condensaba su argumentación en un silogismo que viene a coincidir con el famoso cogito; ergo sum del pensador de La Haye Touraine.
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| RENÉ DESCARTES |
En esta obra, Gómez Pereira formuló el célebre principio "pienso, luego existo", elemento esencial del Racionalismo occidental a través de esta sentencia: "Todo lo que conoce existe, luego yo existo." (At quidquid noscit est, ergo ego sum).
Esta máxima fue copiada un siglo después por el filósofo francés René Descartes en su Discurso del método, de 1637, donde escribió una sentencia de igual razonamiento: "Pienso, luego existo." (Cogito, ergo sum). La misma idea de Gómez Pereira, pero acotada y rescrita con otras palabras.
Las semejanzas entre la obra de Descartes y la de Gómez Pereira son evidentes, tanto en el modo de definir el alma de las bestias, su automatismo, como en el método y el silogismo utilizado.
El filósofo español había sido estudiado por numerosos intelectuales de prestigio durante los siglos XVI y XVII. Así, varios eruditos contemporáneos de Descartes, como Pierre Daniel Huet, Isaac Cardoso o François-Marie Arouet Voltaire entre otros, cuestionaron la originalidad y autoría de sus razonamientos, acusándole de haber plagiado a Gómez Pereira. Descartes se defendió asegurando que no conocía la obra del español.
En palabras de Menendez Pelayo, el filósofo Descartes utiliza las mismas palabras y ejemplos que Gómez Pereira:
"Si en las primeras líneas Descartes glosa a G. Pereira, en las últimas compendia lo que había dicho Vallés, copiando hasta sus palabras textuales y sus ejemplos: quare cum illorum peritiam non agnoscamus, superest ut ad peritiam authoris referatur velut quod horologium, motu gnomonis et pulsatione cymbali, metiatur et distinguat nostra tempora, refertur ad peritiam artificis."
El primero en sugerir la excesiva coincidencia con los escritos del español fue obispo de Avranches, Pedro Daniel Huet, primero seguidor y después opositor a la filosofía cartesiana. Este afirmó:
"Nadie defendió con más calor, ni enseñó más a las claras esta doctrina (la del Automatismo) que Gómez Pereira en su Antoniana Margarita, el cual rompiendo las cadenas del Lyceo en que había sido educado, y dejándose llevar de la libertad de su genio, divulgó en España ésta y otras muchas paradojas."
Otra apreciación interesante sobre Gómez Pereira fue la del abate y erudito jesuita Francisco Javier Lampillas, quien afirmó que fue el primer médico en rechazar el Aristotelismo en filosofía y el Galenismo en medicina como bases de conocimiento.
Ante estas acusaciones, Descartes se tuvo que defenderse, por ejemplo, una carta que escribió a su amigo el filósofo y matemático Marin Mersenne, en 1641.
Para otro médico de la Universidad de Cophenague, Olaus Boorrichius, que Descartes hubiera tomado esas ideas sobre el cogito y el automatismo animal sin mencionar a Gómez Pereira suponía un descrédito, como escribió en una de sus epístolas, en 1667.
En cambio, Descartes fue defendido y respaldado por los filósofos de la Ilustración francesa, como el escritor Pierre Bayle, y los enciclopedistas Denis Diderot y Jean Le Rond d'Alembert, quienes realizaron esta reseña en su Enciclopedia:
"Descartes fue el primer filósofo que se atrevió a tratar a las bestias como puras máquinas: pues, Gómez Pereira, que lo dijo un tiempo antes que él, apenas merece que se hable aquí de él, cayó en esta hipótesis por puro azar."
Llegó a ser tanta la influencia de los enciclopedistas que hasta el ensayista ilustrado Benito Jerónimo Feijóo admitió el relato de que Gómez Pereira había llegado por azar a ese razonamiento. Y el filósofo y matemático Gottfried Wilhelm Leibniz afirmó en sus correspondencias que las tesis de Descartes son coincidentes con las de Gómez Pereira, pero que no creía que el francés leyese al español previamente, antes de redactar su Discurso del método, ocho décadas más tarde.
Otras críticas efectuadas en España fue la publicación del libro Endecálogo contra Antoniana Margarita, publicado por Francisco de Sosa en 1556, médico contemporáneo de Gómez Pereira y vecino suyo de Medina del Campo. Es un diálogo renacentista en el que realizó una crítica del libro del filósofo mediante la burla y la sátira, para que "sea sepultado en los infiernos".
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| ANTONIANA MARGARITA, POR ANTONIO GÓMEZ DE PEREIRA |
Claro que tampoco fueron los primeros en proponer esta idea. Los teólogos escolásticos San Agustín y Santo Tomás ya habían abordado la imposibilidad de dudar de la propia existencia, basándose en que la afirmación de ésta va implícitamente contenida en todo pensamiento, y, por consiguiente, en el acto mismo de dudar.
San Agustín: "Si me equivoco, existo, pues quien no es, ciertamente no puede equivocarse, y, por lo tanto, existo si me equivoco." (Si enim fallor sum, nam quinon est utique nec falli potest, ac per hoc sum si fallor.)
Santo Tomás: "Nadie puede pensar que no existe con asentimiento, pues en lo que piensa percibe que existe." (Nullus potest cogitare se non esse cum assensu; in hoc enim quod cogitat percipit se esse.)
La citada obra de Pereira únicamente ha sido traducida del latín al español en el año 2000, lo que ofrece una idea de la importancia que se le ha dado en su país natal. Pero, en la actualidad Gómez Pereira no ha sido suficientemente reconocido como el primer intelectual en formular la sentencia "Pienso, luego existo".






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