PSICOLOGÍA DIFERENCIAL Y CARACTERIOLOGÍA POR JUAN HUARTE DE SAN JUAN


Médico, filósofo y humanista Juan Huarte de San Juan fue un innovador de la Caracteriología, considerado como el primer iniciador de la Orientación fisiológica y experimental de la Psicología moderna. Su obra Examen de ingenios para las ciencias, publicada en 1575, tuvo una enorme repercusión en Europa desde el Renacimiento hasta la Ilustración. Su objetivo fue examinar las disposiciones y temperamentos de los individuos, aconsejando que cada cual se dedique a lo que está más capacitado de forma natural. Estas condiciones son deducidas de la constitución fisiológica del sujeto.

En este aspecto, Huarte es universalmente reconocido, junto con Luis Vives, es universalmente conocido por ser el precursor de la Psicología diferencial y aplicada y de su aplicación práctica fundamental en la Orientación profesional y Eugenesia, con interesantes aportaciones a la Neurología, Pedagogía, Antropología, Patología y Sociología. Fue uno de los primeros filósofos modernos en ocuparse a fondo de la estructura antropológica, fisiológica, anatómica y psicológica del hombre sobre bases científicas.

PSICOLOGÍA DIFERENCIAL Y CARACTERIOLOGÍA POR JUAN HUARTE DE SAN JUAN

Juan Huarte de San Juan nació en 1529, en San Juan de Pie del Puerto, villa que aún pertenecía al Reino de Navarra. Provenía de una familia hidalga vascoparlante. Estudió Humanidades en algún colegio de Huesca, donde probablemente fuese regidor y donde comenzó sus estudios de Medicina. Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Alcalá de Henares desde 1553, y se graduó de bachiller en 1555 y de doctor en 1559. El resto de su vida debió pasarlo ejerciendo como médico entre Linares y Baeza. En esta última ciudad andaluza estuvo desde 1571, allí se casó con Águeda de Villalba, y tuvieron varios hijos. Murió en Baeza, en 1588, y está enterrado en la iglesia de Santa María de Linares.

Huarte estuvo influenciado por la Filosofía griega (especialmente por Platón, Aristóteles, Hipócrates y Galeno), por los clásicos romanos y por santo Tomás. Intentó conciliar el método experimental de conocimiento con sus convicciones religiosas y su concepción espiritual de la vida. Para establecer las bases de su tesis, recurrió tanto a la historia sagrada como a lo que él llamaba Filosofía natural, pero la verdad última corresponde a la fe religiosa: "Sólo nuestra fe divina nos hace ciertos y firmes para siempre jamás", señalando en este contexto que "la filosofía y la medicina son las ciencias más inciertas de cuántas usan los hombres".

Estuvo a favor del conocimiento objetivo de la realidad, frente a tanta corriente subjetiva de la Europa de su tiempo: "la verdad no está en la boca del que la afirma, sino en las cosas de que se trata". Concedió una importancia primordial a las leyes de la naturaleza, fuente irrenunciable de verdad, y quien la observa con atención "aprenderá mucho en la contemplación de las cosas naturales".

Siguiendo a Pitágoras y a Platón, partió del supuesto de que el alma es inmortal, mientras que el cuerpo no debe ser entendido como un mecanismo dotado de una casualidad irreversible y superior al espíritu. Por eso, concluyó que el hombre es un animal racional capaz de dominar sus pasiones y reflejos irracionales. Huarte había leído a Erasmo y su filósofo preferido fue Durando, aunque sentía preferencia por las enseñanzas de san Pablo, el cual era también iluminado y empírico.

UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES

Su gran obra fue Examen de ingenios para las ciencias, publicada en Baeza, en 1575. Estableció su doctrina filosófica en lo que definió como Organicidad del entendimiento, según la cual el ejercicio de la inteligencia depende del temperamento cerebral. Era muy evidente el posible Materialismo de Huarte. Creyó en la espiritualidad del alma humana, y admitió cierto grado de inteligencia animal. Rozó el dogma católico al hablar del temperamento de Jesucristo.

Por estas y otras cuestiones, Huarte adquirió un pensamiento empírico en cuestiones que tocaban peligrosamente a dogmas u opiniones religiosas vigentes en la época. Fue este Empirismo el núcleo de su tesis doctrinal.

En base al método empírico, muy utilizado por los médicos renacentistas, rechazó el argumento de autoridad, prefiriendo la Filosofía natural:
"El filósofo natural que piensa ser una proposición verdadera porque lo dijo Aristóteles, sin buscar otra razón, no tiene ingenio, porque la verdad no está en la boca del que afirma, sino en la cosa de que se trata, la cual está dando voces y grita enseñando al hombre el ser que Naturaleza le dio, y el fin para que fue ordenada... El que tuviera docilidad en el entendimiento y buen oído para percibir lo que Naturaleza dice y enseña con sus obras, aprenderá mucho en la contemplación de las cosas naturales, y no tendrá necesidad de precepto que le avise y le haga considerara lo que brutos, animales y plantas, están voceando."

En la misma línea de pensamiento se encuentra su afirmación por la cual no hay que buscar causas sobrenaturales cuando se pueden encontrar naturales, porque hasta "Dios se acomoda a los medios naturales, cuando con ellos puede hacer lo que quiere".

Estas ideas empíricas llevaron a Huarte a considerar que el entendimiento es potencia orgánica, que se asienta en le cerebro con sequedad, lo que levantó una gran oposición ya en su tiempo, sobre todo entre los filósofos de la Escolástica.

Fue uno de los primeros filósofos modernos en ocuparse a fondo de la estructura antropológica, fisiológica, anatómica y psicológica del hombre sobre bases científicas. Y, al igual que el gran humanista Luis Vives, su obra está destinada a la pedagogía. Para Huarte: "Tienen los hombres dos géneros de nacimiento. El uno es natural, en el cual todos son iguales, y el otro es spiritual", una máxima contendida en todo el ideario de la educación en la época de la Ilustración. Pero limitaba el culto a la razón: "El entendimiento es la potencia más noble del hombre y de mayor dignidad, pero ninguna hay que con tanta facilidad se engañe acerca de la Verdad."

Su concepto del hombre respecto a la sociedad es democrático y anti-jerárquico, rechazando la hidalguía, tan característica de los vascos y navarros de su época: "Porque hay infinitos hijos dalgo pobres, e infinitos ricos que no son hidalgos." Para Juan Huarte, el mérito de un hombre debe medirse únicamente por lo que hace en su vida: "Y así todo el tiempo que el hombre no hace ningún hecho heroico se llama hijo de nada, aunque por sus antepasados tenga nombre de hijo dalgo." Y el mismo criterio crítico aplica a la institución monárquica: "Porque no basta que el Rey o Emperador explique su voluntad, porque si no es justo y con razón, no se puede llamar Rey."

EXAMEN DE INGENIO PARA LAS CIENCIAS, POR JUAN HUARTE DE SAN JUAN

Al inicio del Examen de ingenios, explica lo que entiende por "ingenio", palabra que deriva de ingenero, "que quiere decir engendrar dentro de sí una figura entera y verdadera que represente al vivo la naturaleza del sujeto, cuya es la ciencia que se aprende". Según Huarte, el entendimiento, que diferencia a los humanos de los animales y las plantas, es la capacidad que engendra las ciencias y las artes, a las que definió como "imágenes y figuras que los ingenios engendran dentro de su memoria, las cuales representan al vivo la natural compostura que tiene el sujeto, cuya es la ciencia que el hombre quiere aprender".

De acuerdo con esta idea, existe una estricta correspondencia entre el sujeto que aprende y la ciencia aprendida, lo cual justifica la diferencia entre unos hombres y otros en los que corresponde a su vocación y profesión, si bien no en cuanto a sus almas, en lo que todos son originalmente iguales. Así, lo puso por manifiesto en la dedicatoria a Felipe II y expresó como fines últimos de su obra:
1. "que naturaleza es la que hace a un hombre hábil para una ciencia, y para otra incapaz"
2. "cuántas diferencias de ingenio se hallan en la especie humana"
3. "qué artes y ciencias corresponden a cada uno en particular"
4. "con qué señales se había de conocer"

En resumen, Huarte trataba de establecer una auténtica tipología, que fue su examen y clasificación de los ingenios; tipologías que sólo pueden darse sobre la base de una serie de conclusiones que Huarte dio por ciertas desde el inicio.

En este punto del libro, Huarte se dirigió al lector para hacerle consciente de su forma directa de estas conclusiones que le afectan personalmente:
"La primera es que de muchas diferencias de ingenio que hay en la especie humana, sólo una te puede, con eminencia, caber."
"La segunda, que a cada diferencia de ingenio le corresponde, en eminencia, sólo una ciencia, no más; de tan condición, que si aciertas a elegir la que corresponde a tu habilidad natural, tendrás de las otras gran remisión aunque trabajes días y noches."
"La tercera, que después de haber entendido cuál es la ciencia que a tu ingenio más le corresponde, te queda otra dificultad mayor por averiguar, y es si tu habilidad es más acomodada a la práctica que a la teoría; porque estas dos partes (en cualquier género de letras que sea) son tan opuestas entre sí y piden tan diferentes ingenios, que la una a la otra se remiten como si fuesen verdaderos contrarios."

PLACA DE JUAN HUARTE DE SAN JUAN EN LINARES

Como un primer acercamiento a su tipología, distinguió entre tipos hábiles e inhábiles. Los hábiles podían ser: buen ingenio; ingenio excelente; e ingenio excelente con manía o excelentísimo. Entre los inhábiles estaban: torpes; capaces de aprender con aplicación, pero sin memoria; capaces de memorizar, pero sin orden intelectual; y capaces de aprender, retener y ordenar los conceptos, pero sin penetrar en las causas.

También distinguió tres tipos de ciencias
1. Ciencias del entendimiento: teología, escolástica, dialéctica, filosofía natural, filosofía moral, teoría de la medicina y práctica de la jurisprudencia.
2. Ciencias de la memoria: lenguas, teoría de la jurisprudencia, teología positiva, cosmografía y aritmética.
3. Ciencias de la imaginación: poesía, elocuencia, música, práctica de la medicina, astronomía, arte militar, matemáticas, arte de gobernar, pintura, urbanidad, arte de rezar, técnicas y arte de decir buenas palabras.

Huarte se preguntaba de dónde podían surgir tantas diferencias, "siendo todos los hombres de una especie indivisible, y las potencias del alma racional, memoria, entendimiento y voluntad, de igual perfección en todos". Basándose en que las actividades mentales partían del cerebro, concedió una gran importancia al clima, que ejercía una enorme influencia sobre el carácter y conducta del hombre. Y fue en esta doctrina de los temperamentos orgánicos donde halló la respuesta.

Se trataba de la Teoría de los cuatro humores, que el llamaba "espíritus vitales", (lo seco, lo húmedo, lo caliente y lo frío), que se disponen en el cuerpo mediante los cuatro líquidos básicos del organismo (la cólera, la bilis, la flema, y la sangre). A su vez, estos cuatro humores eran combinados con la doctrina clásica de las facultades: memoria, entendimiento y voluntad.

Según el médico navarro, cada facultad requería el predominio de un tipo de humor: el calor determina la imaginación, de modo que los imaginativos tienen el cerebro caliente; la humedad era responsable de la facultad de la memoria; y la sequedad determina el entendimiento, la más notable de las potencias del alma. Así, cada una de estas facultades da origen a un tipo específico de ingenio, que a su vez se diversifican según la proporción de humedad, sequedad o calor de cada uno de ellos. Las variedades que se producen constituyen una amplia gama de diversidades humanas, aptas para unas ciencias e ineptas para otras.

Afirmaba que "Del calor y la frialdad nacen todas las costumbres del hombre", para concluir que "estas dos cualidades alteran nuestra naturaleza más que ninguna." Según el predominio de estas tres facultades en el cerebro (imaginativa, memoria y entendimiento) determinaba una persona imaginativa, memoriosa o inteligente.

Pero para Huarte, una equilibrada combinación de facultades y humores produce un hombre equilibrado y perfecto, atribuyendo la grandeza de la Grecia clásica a su clima templado.

De esta idea, surge esta otra conclusión:
"... es necesario que el hombre sepa (...) a qué ciencia corresponde en particular; porque con esta alcanzará la vedad, y con las demás hará juicios disparatados. Los hombres templados tienen capacidad para todas las ciencias, con cierta mediocridad, sin aventajarse mucho en ellas; pero los destemplados, para una y no más, a la cual si se dan con certidumbre y la estudian con diligencia y cuidado, harán maravillas en ellas, y si la yerran, sabrán muy poquito en las demás."

Un elemento interesante de la doctrina de Huarte es la íntima conexión entre lo orgánico y las disposiciones psíquicas del sujeto. En este sentido, cobra singular valor su Tesis del carácter orgánico del entendimiento, situado en el cerebro. Y explica cómo ha de estar organizado el cerebro para que sea intelectualmente valioso:
"Cuatro condiciones ha de tener el celebro para que el ánima racional pueda con él hacer cómodamente las obras que son de entendimiento y prudencia. La primera es buena compostura; la segunda que sus partes estén bien unidas; las tercera que el calor no exceda a la frialdad, ni la humedad a la sequedad, la cuarta que la sustancia esté compuesta de partes sutiles y muy delicadas."

EXAMEN DE INGENIO PARA LAS CIENCIAS, POR JUAN HUARTE DE SAN JUAN

Por tanto, el Examen de ingenios para las ciencias es un tratado que puso en relación la morfología y fisionomía del cerebro con las capacidades psíquicas de las personas. Su intención era averiguar y especificar la vocación y aptitud que cada hombre posee para desempeñar una determinada profesión: "Y hallé por mi cuenta que cada ciencia pedía su ingenio determinado y particular." Para Huarte, todo individuo que se dedique a una actividad en desacuerdo con su disposición natural no podrá ser nunca feliz y se dañará tanto a sí mismo como a la comunidad.

El objeto final de sus enseñanzas y el de la ciencia general "es ordenar la vida del hombre y enseñarle qué es lo que ha de hacer y de qué se ha de guardar, para que, puesto en razón, se conserve en paz la República". Para ello, escribió sobre higiene, alimentación, sexualidad, estructura del cerebro, cambios producidos en el hombre por la edad y otros asuntos relacionados con el organismo físico y psíquico.

Es decir, para Huarte, las cualidades de los individuos (rasgos psicológicos) dependen de la estructuración de los humores y, por tanto, el cuerpo determina las capacidades neurológicas y facultades psicológicas. Si en cada individuo predomina una determinada facultad psicológica frente a otras, deberá emplearse en aquellas profesiones que mejor pudieran desarrollarlas dependiendo de su constitución corporal y no solo de su vocación personal.

De manera resumida, su examen de ingenios para las ciencias consiste en analizar las cualidades que necesita el desempeño de cada oficio y profesión, al mismo tiempo conocer las habilidades innatas de cada individuo, y orientar a cada cual hacia aquel sector de la producción que ejercite mejor su ingenio. Resulta una profesiografía: el estudio de la profesión desde el punto de vista de las tareas que se ejecutan y las habilidades humanas requeridas (ingenios).

PSICOLOGÍA DIFERENCIAL Y CARACTERIOLOGÍA POR HUARTE DE SAN JUAN

Huarte se adelantó a su época al proponer un método científico para el diagnóstico y evaluación de la inteligencia basado en la Medicina tradicional de Hipócrates y Galeno y en la Filosofía natural. Ha pasado a la historia de la ciencia y la filosofía por ser el precursor y anticipador de una disciplina que hasta el siglo XX no se ha desarrollado realmente.

Por ser el primer médico en describir una Teoría organicista, según la cual la inteligencia está determinada por su fisionomía, ha sido considerado el precursor de la Caracteriología, la Psicología diferencial, la Psicología aplicada y la Orientación profesional. Además escribió interesantes aportaciones a la Eugenesia, Neuropsicología, Pedagogía, Antropología, Patología y Sociología. Otro humanista español que innovó en Psicología moderna fue Luis Vives, unas décadas antes.

El Examen de ingenios para las ciencias se convirtió en uno de los tratados científicos más importantes y leídos de su tiempo, con gran influencia y repercusión en Europa. Sus intuiciones influyeron posteriormente a filósofos como Bacón, Descartes y Montesquieu. Efectivamente, en el siglo de la Ilustración, el filósofo francés Montesquieu repitió esta Teoría de los cuatro humores en su obra De l'esprit des lois: "Comment les hommes sont différents dans les diverses climats", con diferentes palabras, pero el mismo mensaje del español, aunque no lo cite la Enciclopedia Larousse. También influyó a dos grandes literatos como el novelista Miguel de Cervantes y el dramaturgo isabelino inglés Ben Jonson.

Los estudios de Huarte sobre el cerebro humano hicieron que psicólogos como Lavater, Cabanis y Gall le considerasen precursor de la Frenología. En cuanto a la Filosofía, fue el innovador inconsciente de no pocos sistemas materialistas y del Empirismo sensualista.

Llegaron a publicar más de 70 ediciones y traducciones del Examen de Ingenios en los principales idiomas de la Europa de la Modernidad; se tradujo al francés en 1580 (24 ediciones), al italiano en 1582 (7 ediciones), al inglés en 1594 (6 ediciones), y se publicaron varias ediciones en flamenco, latín y alemán. Al alemán, por ejemplo, fue traducido por Lessing. Marcial Solana, en su publicación Historia de la filosofía española, ha contabilizado hasta veintiséis ediciones españolas hasta 1930.

EXAMEN DE INGENIO PARA LAS CIENCIAS Y EXAMINATIONA OF MENS WITS

En 1583, el Examen de ingenios fue incluido en el Índice de libros prohibidos por el inquisidor general Quiroga, a causa de sus teorías sobre lo que la Inquisición entendió como un determinismo materialista del hombre. Esta institución religiosa no podía permitir que la libertad de acción y espiritualidad humana quedase condicionada por unos rasgos físicos y psicológicos innatos, sin voluntad de decisión. A pesar de que fue prohibido en Portugal en 1581, y en España en 1583, circularon ediciones clandestinas venidas de Leyden (1591), Amberes (1593 y 1607), y Amsterdam (1652).

Durante su estancia en Baeza, Huarte había coincidido con la expansión del Iluminismo en su universidad, protegida entonces por san Juan de Ávila. Esta ciudad era un centro impresor de literatura iluminista y erasmista, corrientes confundidas en la represión de fin de siglo. Además, la doctrina del Erasmismo había calado con fuerza entre los humanistas españoles del siglo XVI, y Huarte no quedó excluido. Toda una serie de hechos que podrían sospechar ante las autoridades inquisitoriales de estas influencias en el pensamiento huartiano.

En el Índice, se señalaron las modificaciones y supresiones que deberían realizarse para que la obra pudiese circular nuevamente. Por eso, se permitió que circulase por el territorios del Imperio español una edición expurgada con las correcciones pertinentes, redactada por Huarte, y publicada por su hijo en Baeza, en 1594.

En esta segunda edición, la parte que sufrió la expurgación más intensa estuvo en la primera, donde quedaron definidas las bases filosóficas. En especial, el capítulo VII fue suprimido de forma íntegra, donde Huarte trataba de demostrar que el dogma de la inmortalidad del alma quedaba a salvo, a pesar de la "organicidad" que atribuía a aquella en capítulos anteriores. Fue arriesgado que abandonase el campo científico para pasar al metafísico y aún al metapsíquico.

Estaba dedicado a Felipe II, a quien aconsejó poseer las cualidades y las facultades necesarias para ser un buen monarca: "gentilhombre, mediano de cuerpo, virtuoso, sano y de vida muy larga, que este necesariamente es prudentísimo, y que tiene el ingenio que pide el cetro real". Se unía así Huarte, desde un punto de vita muy original, a la elaboración doctrinal de la Idea del Príncipe cristiano, que durante el siglo XVII tendría su pleno desarrollo en tratadistas y arbitristas del Barroco como Diego Saavedra Fajardo o Pedro de Ribadeneyra, .

En la dedicatoria al "rey prudente" le aconsejaba textualmente:
"Queriendo, pues, reducir a arte esta nueva manera de filosofar y probarla en algunos ingenios, luego me ocurrió el de Vuestra Majestad, por ser más notorio, de quien todo el mundo se admira, viendo un príncipe de tanto saber y prudencia, del cual aquí no se puede tratar sin hacer fealdad en la obra. El penúltimo capítulo es su conveniente lugar, donde Vuestra Majestad verá la manera de su ingenio, y el arte y las letras con que había de aprovechar la república, si como es rey y señor nuestro por naturaleza, fuese un hombre particular."

FELIPE II Y MIGUEL DE CERVANTES

El Examen de ingenios influyó en Miguel de Cervantes, como queda reflejado en el siguiente párrafo del Persiles:
"Posible cosa es que un oficial sea poeta, porque la poesía no está en las manos, sino en el entendimiento, y tan capaz es el alma del sastre para ser poeta, como la de un maese de campo, porque las almas todas son iguales y de una misma masa en sus principios, criadas y formadas por un Hacedor, y según la caja y temperamento del cuerpo, donde las encierra, así parecen ellas más o menos discretas, y atienden y se aficionan a saber las ciencias, artes o habilidades a que las estrellas más las inclinan."

No es un párrafo aislado, pues toda la obra literaria de Cervantes contiene ideas del pensamiento de Huarte. Así lo ha demostrado Rafael Salillas en el documento Un gran inspirador de Cervantes: el Doctor Juan Huarte y su Examen de Ingenios, publicado en Madrid, en 1905, y M. de Iriarte, en el capítulo VII de su libro El Examen de Ingenios y el Ingenioso Hidalgo.

Es evidente que el calificativo de "ingenioso" empleado por Cervantes parece inspirado en la obra de Huarte, sobre todo cuando se aludía con un trastorno mental en don Quijote, que ya fue explicado en el Examen.
"… se enfrascó tanto en su lectura, que se pasaba las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio, y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamiento como de dependencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo."
(Don Quijote, I, 1)
En esa descripción se puede comprobar que la sequedad del cerebro le produce un trastorno de la de la imaginativa, que no del entendimiento, que genera el trastorno de don Quijote, pero que es en definitiva una destemplanza de los humores por la que perdió la "razón y proposición de las potencias interiores con sus objetos" (Huarte, capítulo XI). Es decir, que toma como realidad lo que sólo está en la imaginación. Por lo demás, don Quijote razona perfectamente en todo lo que se refiere al objeto de su locura, es decir, en lo que afecta al entendimiento y así se manifiesta a lo largo de toda la obra quijotesca.

Otro ejemplo es el asombro del personaje Diego Miranda, que cuando su hijo le pregunta por el caballero andante, sólo sabe responder con la incertidumbre más completa:
"No sé lo que diga, hijo; sólo te sabré decir que le he visto hacer cosas del mayor loco del mundo, y decir razones tan discretas que borran y deshacen sus hechos; háblale tú, y toma el pulso a lo que sabe, y pues eres discreto, juzga de su discreción o tontería lo que más puesto en razón estuviere; aunque, para decir verdad, antes le tengo por loco que por cuerdo."
Y tras hablar largamente con él, el hijo llega a la conclusión de que "es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos" (Don Quijote, II, 18).

En definitiva, don Quijote parece una ejemplificación literaria casi perfecta de las doctrinas del doctor Huarte, que indudablemente se hallan en la mente de Cervantes al crear su personaje.

ESCULTURA A JUAN HUARTE DE SAN JUAN

Este monumento a Juan de Huarte fue inaugurado el 15 de octubre de 1933, en cuya ocasión ofreció una conferencia en el Ateneo Navarro de Pamplona Gregorio Marañón con el título Notas sobre Huarte, atribuyendo al doctor homenajeado las cualidades de "bondad, modestia, serenidad, reflexión y sabiduría", cualidades que el escultor Fructuoso Orduña quiso plasmar en este conjunto escultórico. En la actualidad es Patrón de las Facultades de Psicología de la Universidades españolas.

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