Martín Óñez de Loyola gobernador de Potosí en 1578, gobernador y capitán general del Río de la Plata en 1581, y gobernador y capitán general de Chile en 1591 y fundador de Santa Cruz de Óñez en 1594.
Capturó al rey inca Túpac Amaru durante la expedición a la fortaleza de Vilcabamba en 1572, pero fracasó en la Expedición colonizadora de la región La Araucanía al morir luchando en la batalla de Curalaba en 1598.
![]() |
| EXPEDICIÓN COLONIZADORA DE LA ARAUCANÍA POR ÓÑEZ DE LOYOLA |
Martín García Óñez de Loyola era natural de Azpeitia, Guipúzcoa, donde nació en 1548. Procedía de un linaje nobiliario de gran alcurnia derivado de la fusión de dos casas solariegas en el siglo XIII: los Óñez y los Loyola. Fue caballero de la Orden de Calatrava, mientras que su tío, san Ignacio de Loyola, fue el fundador de la Compañía de Jesús y patrón de la provincia de Guipúzcoa.
En 1568, a la edad diecinueve años, Óñez de Loyola emprendió un viaje al Virreinato del Perú acompañando a su tío Francisco de Toledo, recién nombrado virrey, con el cargo de capitán de su guardia.
En 1572, Óñez de Loyola recibió el encargo de formar parte de una expedición que debía capturar al último príncipe inca, Túpac Amaru, sucesor del caudillo Munco-Inca, que se encontraba refugiado junto a sus hombres en la remota Vilcabamba. La expedición estaba formada por doscientos soldados al mando del capitán Martín Hurtado de Arbieto. Otros virreyes y capitanes habían fracasado en este objetivo.
La expedición partió desde Cuzco y se adentró en la selva para atravesar altas montañas de los Andes. Tras recorrer unos 118 kilómetros hacia el noroeste y dejar a la derecha el Santuario de Machu Picchu, encontró la Fortaleza de Vilcabamba la Grande. Era la llamada "ciudad perdida de los incas", en la actualidad se encuentra la Selva Alta de Cusco (Espíritu Pampa) y en la provincia de La Convención, cerca del río Vilcanota (Urumbaba).
![]() |
| MARTÍN HURTADO DE ARBIETO |
El 26 de junio de 1572, la expedición de Hurtado de Arbieto consiguió reducir el último bastión de la resistencia inca y a la mayoría de los solados. Túpac Amaru partió en fuga con algunos de sus hombres y familiares. Según carta de Óñez de Loyola al rey Felipe II en 1576, escribió que marchó al mando de un destacamento formado por veinticinco expedicionarios elegidos por él mismo en busca y captura "hasta llegar al pueblo de panquies con grande trabajo por la grandeza de las montañas donde prendí dos hermanos del inca Topa Amaro y mujer suya y quatro sobrinos y al capitán Cuxi Paucar" y desde allí llegó al "embarcadero de los Guambos" donde apresó a varios indios, por quienes supo que Tupac Amaru estaba en el "valle de Momori" donde se sentía seguro creyendo "que no era posible prenderle por la fragosidad de tierra y ríos".
Sabiendo que los indios huidos iban a alertar al cacique inca, Óñez de Loyola ordenó que hicieran cinco balsas para navegar el río Vilcabamba abajo. Más tarde, continuaron el rastro caminando hasta conseguir capturar al inca Túpac Amaru "con todos sus indios que llevaba con su gobernador y los demás capitanes mujeres e hijos". No se conoce el lugar exacto de la captura de Tupac Amaru, que según diversos testimonios fue junto al río Picha, afluente del Vilcanota. Óñez de Loyola llevó apresado a Túpac Amaru junto a su familia y séquito hasta Cuzco, donde finalmente fue procesado injustamente por el virrey Toledo y decapitado. Sus familiares y sirvientes fueron personados, pero obligados a partir.
![]() |
| TUPAC AMARU I |
Como recompensa, el virrey nombró a Óñez de Loyola corregidor de Charcas y de varios pueblos del Perú y le organizó un matrimonio con una sobrina de Túpac Amaru, hija del príncipe inca Sayri Tupac, descendiente de Atahualpa y heredera del Señorío de Urubamba. Había sido bautizada con el nombre de Beatriz Clara Coya, pues Coya significaba reina en idioma quechua.
Con ese enlace matrimonial, los Óñez de Loyola emparentaron con la antigua nobleza de aquel Imperio precolombino. Entre el señorío de Urubamba heredado por su nueva esposa y las tierras y los bienes que le fueron concedidos por sus servicios, el matrimonio acumuló una gran fortuna, sustentada y ampliada además porque Óñez de Loyola fue nombrado gobernador de Potosí, en 1578, en sustitución del general Juan Pereira.
El matrimonio sólo tuvo una hija, Ana María Coya Óñez de Loyola, nacida en Cuzco, a quien Felipe III concedió el marquesado de Oropesa. A partir de 1593, Ana María vivió junto a su madre Beatriz Clara en Concepción, y se casó con Juan Henríquez de Borja, hijo del III marqués de Alcañices y de una hija de san Francisco de Borja. Estos enlaces entre aristócratas y nobles procedentes de imperios precolombinos y del Imperio español tenía la finalidad de unificar ambas estirpes en una sola, de conseguir la legitimidad política en la gobernación de aquellos territorios.
En el Museo Pedro de Osma en Lima, se conserva un impresionante lienzo que representa las bodas entre la nobleza hispana y la incaica: Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola. La pareja de la izquierda es la de Martín Óñez de Loyola con Beatriz Clara Coya.
![]() |
| MATRIMONIO ENTRE MARTÍN ÓÑEZ DE LOYOLA Y BEATRIZ CLARA COYA |
En 1581, se le otorgó el cargo de gobernador y adelantando del Virreinato del Río de la Plata, en sustitución del corregidor Eulogio de Zúñiga. Sin embargo, retrasó la toma de posesión del cargo y la actividad de sus funciones por retrasos en la aprobación de su matrimonio por parte del Obispado de Perú.
En 1591, fue nombrado gobernador de Paraguay por el virrey Toledo, pero antes de haber jurado el cargo recibió una real cédula de Felipe II que le convertía en gobernador y capitán general de la Capitanía General de Chile, en sustitución de Alonso de Sotomayor y Andía. Las órdenes de la Corte nombraban a García Hurtado de Mendoza y Manrique en sustitución de Francisco de Toledo.
Óñez de Loyola tenía la difícil misión de someter a los rebeldes indios araucanos, pacificar Chile y defender los puertos marítimos y la ruta mercante hasta El Callao de los asaltos de piratas ingleses. Después de partir del puerto de El Callao y seguir la ruta marítima marcada con anterioridad por el piloto Juan Fernández, recaló en Valparaíso, el 23 de septiembre de 1592. Desde ahí se trasladó por tierra hasta la fortaleza de Santiago, y tomó posesión de sus cargos en el cabildo el 6 de octubre. Nombró secretario a Domingo de Eraso, sargento mayor a Miguel de Olaverría, y obispo electo a fray Pedro de Arzuaga, todos ellos de origen vascongado.
Lo que se encontró al llegar allí fue una cruenta guerra con los hostiles indios araucanos. Aquellos enclaves, los más meridionales del Imperio español, estaban sumidos en la pobreza y carecían de las tropas necesarias para frenar los ataques de los araucanos y los piratas ingleses. Por si fuese poco, el virrey había prohibido a todos los gobernadores del virreinato la subida de los impuestos ni contribuciones extraordinarias a sus moradores.
![]() |
| MARTÍN GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA |
A inicios de 1593, Óñez de Loyola se estableció en Concepción, un enclave portuario a mitad de distancia entre Santiago y Valdivia, en la desembocadura del río Biobío. Tras analizar el modo de vida y estado económico-social de los indígenas, decidió imponer dos reglamentos de actuación, uno para las administraciones y otro para la protectoría de indios.
Se distinguió por su buen trato a los indios a los cuales consiguió reducir a cambio del abandono de las armas. Sentó así un importante precedente de política de negociación entre los españoles y los naturales, aplicado de manera masiva en el siglo XVII. Durante su gobierno, se establecieron en Chile los evangelizadores de la Orden de San Agustín y de la Compañía de Jesús.
Otra de las primeras acciones fue analizar la situación del conflicto con los indios hostiles al sur del Biobío, junto a los soldados más veteranos, en el marco de la Guerra de Arauco. Óñez de Loyola comprobó que vivían una situación insostenible porque se estaba defendiendo la ciudad con tan solo 200 soldados. Existía un riesgo de alzamiento por parte de los indios que vivían en Concepción, también aparecían enfermedades y la deserción de solados. Por eso, envió al sargento mayor Miguel de Olavarría con destino a Lima para la entrega de un mensaje solicitado al virrey Hurtado de Mendoza un refuerzo de tropas militares. Olavarría regresó con la aprobación, pero con nuevas limitaciones para sufragar los gastos y reclutamiento de tropas. Además, aquellos refuerzos tardarían en ser enviados.
A finales del siglo XVI, sobre las costas de Chile y el mar del Sur se fue incrementando la presencia de embarcaciones de piratas inglesas, que había seguido los pasos de su precursor Francis Drake. España estaba enfrentada a varias potencias europeas, en el caso del Reino de Inglaterra era la Guerra anglo-española de 1585-1604, y la actividad corsaria fue un utilizada por los piratas de Ilizabeth I para debilitar las rutas comerciales del imperio de Felipe II.
En abril de 1594, el pirata Richard Hawkins desembarcó en el puerto de Valparaíso, procedente de Plymouth, después de haber pasado por el estrecho de Magallanes. Al mando de 75 mercenarios que llevaba a bordo de su buque The Dainty, la ciudad fue asaltada, tomando por botín un barco de transporte cargado con polvo de oro y alimentos, además de otras embarcaciones menores.
Desde Santiago se conoció la noticia y se dispuso la preparación de una embarcación al mando del capitán Jua Martínez de Leiva para llegar El Callao e informar cuanto antes al virrey en Lima. Gracias a esta rápida reacción, se pudo capturar al Hawkins en la bahía de Atacama, en la costa ecuatoriana, en julio de aquel año. El corsario inglés fue llevado a la España peninsular para someterse a juicio.
![]() |
| FUNDACIÓN DE SANTA CRUZ DE ÓÑEZ POR ÓÑEZ DE LOYOLA |
Este éxito permitió un tiempo de relativa tranquilidad en los puertos marítimos peruanos, y que Óñez de Loyola centrase sus esfuerzos en pacificar el territorio de Chile. El problema es que no podía organizar una campaña militar contundente por falta de efectivos. Las autoridades locales de Santiago y demás enclaves chilenos se negaban a efectuar levas de vecinos armados para entregárselos a las escasas tropas del gobernador, y los refuerzos provenientes de Lima no terminaban de llegar. Ante esta situación, el gobernador se limitó a la lanzar una serie de ataques selectivos y dispersos a enclaves indios, logrando algunos éxitos.
Para asentar y custodiar el pequeño avance español sobre el territorio de la Araucanía, Óñez de Loyola estableció el fuerte de Santa Cruz, en mayo de 1594. Estaba situado al sur de Concepción, en la confluencia de los ríos Biobío y Laja, permitiendo controlar las áreas de Catirai y Mereguano. Un año después, el virrey le concedió el título de ciudad bajo el nombre de Santa Cruz de Óñez. A finales de ese año, también fundó el fuerte Jesús, en la ribera norte del Biobío.
A finales del 1596, llegaron algunos refuerzos militares provenientes de Perú, que sumados a los que había en Santa Cruz, el gobernador Óñez de Loyola reunía a unos 300 soldados más otros 300 indios de servicio. No eran muchos, pero suficientes para comenzar la definitiva Expedición de Pacificación a la Araucanía.
![]() |
| REGIÓN DE LA ARAUCANÍA |
En enero de 1597, la expedición se adentró hacia el sur para recorrer las ciénagas de Purén, hasta fundar el fuerte San Salvador de Coya, también llamado fuerte Lumaco. Quedó defendido por un grupo de soldados al mando del capitán Andrés Valiente.
En esos territorios, el toqui Pelantaro se había levantado en contra de los nuevos asentamientos españoles, lanzando diversos ataques sobre los fuertes en colaboración con otras tribus nativas. Se mostraron disconformes con la estrategia seguida por Óñez de Loyola basada en fundar una línea de fuertes para aumentar el dominio que décadas antes había comenzado el adelantado Pedro Gutierre de Valdivia. Por eso, atacaron el fuerte Lumaco por un superior grupo de indios mapuches al mando del toqui Paillamapu, aplastaron a los colonizadores y consiguieron un botón de guerra basado en piezas de artillería, arcabuces y otras armas.
Entre mediados de 1597 y finales del siguiente, se interrumpieron los avances territoriales y cualquier tipo de ataque, limitándose a resistir y esperara a la llegada de provisiones desde Santiago. Pero desde esta ciudad fue imposible el envío de tales vituallas por el desbordamiento del río Mapocho.
En diciembre de 1598, con el objetivo de aplastar la rebelión, la expedición de Óñez de Loyola continuó su marcha para alcanzar las arriesgadas ciénagas de Lumaco y Tucapel, bastión de los araucanos. Estaba revisando el estado de las fundaciones más meridionales: Valdivia, Osorno, Villarrica y La Imperial. A la vez, trataba de incorporar a cuantos soldados pudiese a fin de aumentar su reducido batallón y continuar la expedición.
![]() |
| BATALLA DE CURALABA |
Se encontraba en La Imperial cuando llegó un mensajero desde la villa Los Confines de Angol, fundada por Valdivia en 1553, que pedía la rápida ayuda del gobernador a petición del capitán Hernando Vallejo. Las tribus de Purén se habían sublevado y amenazaban aquel baluarte hispánico. A toda diligencia, el 21 de diciembre partió Óñez de Loyola al mando de una fuerza de auxilio compuesta por unos 150 soldados españoles y 300 indios auxiliares.
Esta zona entre los bastiones de La Imperial y Angol estaba siendo muy disputada en lo que fue toda la Guerra de Arauco. Su riesgo incrementaba al estar formada por abundantes ciénagas y humedales de difícil recorrido, entre los ríos Lumaco y Tucapel.
La noche del 22 de diciembre, la expedición decidió pernoctar en un paraje llamado Curalaba, que en idioma mapuche significa "piedra partida". Estaba ubicado junto al río Lumaco, rodeado de cerros abruptos, en un lateral del Camino Real. A poca distancia se podían ver las ruinas del fuerte Lumaco (San Salvador de Coya), fundado el año anterior y arrasado por los indios mapuches unos días antes. Por tanto, la opción más favorable para Óñez de Loyola era acampar a las afueras y confiar en la superioridad de las armas españolas.
Pero, una avanzadilla de centenares de guerreros mapuches al mando de los tokis Paillamapu y Pelontrarü avanzaban hacia el campamento expedicionario, mientras por otro lado los de Ankanamün y Huaquimilla pretendían rodearlo. En la madrugada del 23 de diciembre, estos lanzaron un sorpresivo ataque sobre el desorganizado campamento español. Los soldados españoles no tuvieron tiempo ni para cargar los arcabuces, ponerse armaduras o poner la silla a los caballos, y algunos trataron de huir despeñándose por un barranco cercano. El capitán general y gobernador de Chile, Martín García Óñez de Loyola, alcanzaba la muerte por el golpe de una macana y una lanza de Ankanamün, durante la Emboscada de Curalaba.
![]() |
| ÓÑEZ DE LOYOLA Y LA BATALLA DE CURALABA |
Murieron todos los expedicionarios, el corregidor Juan Guirao de Angol, el capitán Antonio de Galleguillos y Villegas, los indios auxiliares, y los sacerdotes Miguel Rosillo y Juan de Tovar, de la Orden de San Francisco, siendo este último más tarde considerado un mártir en la evangelización chilena. Según la tradición, sobrevivieron solo dos españoles, el clérigo Bartolomé Pérez y el soldado Bernardo de Pereda. El toki Pelontrarü que ya guardaba el cráneo de Valdivia, añadió el de Óñez de Loyola.
Con esta victoria de los indios araucanos, la rebelión se extendió a todos los bastiones españoles al sur del río Biobío. Las siete ciudades destruidas fueron: Arauco, Tucapel, Angol, Imperial, Villarrica, Valdivia y Santa Marina, además de la ya tomadas Lumaco y Osorno. Solo sobrevivió Castro, por su condición insular en Chiloé.
La desastrosa campaña generó un efecto desmoralizador en los gobernadores chilenos y virreyes peruanos, quienes olvidaron la idea de colonizar la región de la Araucanía. Se limitaron a defender lo conseguido mediante la organización de un ejército profesional permanente al mando del general Diego de Ribera, veterano de las guerras en Flandes. También se implementó una estrategia de pacificación mediante parlamentos con los tokis araucanos.
Por tanto, la Capitanía General de Chile quedaría formada por los territorios al norte del río Biobío, además de la isla de Chiloé. En 1645, se refundó la ciudad de Valdivia, y en el siglo siguiente se estableció el Camino Real que uniría la isla chilota y las principales ciudades de la capitanía general.
![]() |
| MATRIMONIO ENTRE MARTÍN GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA Y BEATRIZ CLARA COYA |










No hay comentarios:
Publicar un comentario