La Rendición de Granada fue el proceso de capitulaciones y negociaciones efectuadas entre Boabdil del reino nazarí de Granada y los Reyes Católicos durante la Guerra de Granada (1482-1492). Los diez años de guerra tuvieron un ritmo estacional de campañas iniciadas en primavera y detenidas en el invierno. Además, el conflicto estuvo sujeto a numerosas vicisitudes bélicas y civiles. Mientras en la corte musulmana hubo enfrentamientos internos, en el cristiano fue decisiva la capacidad de integración en una misión común de las ciudades y la nobleza castellanas y el imprescindible impulso del clero bajo la autoridad de la emergente Monarquía Católica. La participación de la Corona de Aragón, presente bajo la figura del rey Fernando, consistió en la colaboración naval, la aportación de expertos artilleros y algún empréstito financiero. Era evidente la naturaleza de la empresa y la integración en la Corona de Castilla de la última porción de territorio peninsular en poder islámico.
La protocolaria entrega de las llaves de la ciudad por Boabdil a los Reyes Católicos y la fortaleza-palacio de la Alhambra, el 2 de enero de 1492, se sigue conmemorando todos los años en esa fecha con un tremolar de banderas desde el Ayuntamiento de la Ciudad de Granada.
La Rendición de Granada fue pintado por Francisco Padilla en 1882, para decorar el Palacio del Senado, con el objetivo de buscar la "representación de la unidad española; punto de partida para los grandes hechos realizados por nuestros abuelos bajo aquellos gloriosos soberanos".
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| LA RENDICIÓN DE GRANADA, POR FRANCISCO PRADILLA |
El suspiro del moro presenta la escena posterior a la de La Rendición de Granada, es decir, el llanto de Boabdil tras haber rendido la plaza. Es un óleo sobre lienzo también de Francisco Pradilla que elaboró en 1892 debido al éxito que tuvo con su precedente. El emir de Granada aparece en el centro, vestido de blanco y en cierto modo apartado de los demás; su caballo blanco, en escorzo, tiene un gran protagonismo.
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| EL SUSPIRO DEL MORO, POR FRANCISCO PRADILLA |
El tema de los nazaríes y los vencidos de la Reconquista fue muy seguido por los pintores contemporáneos, como por ejemplo Joaquín Espalter y Rull, quien también realizará una versión de este tema. También Manuel Gómez-Moreno González retrató este episodio tan trascendental en la historia de España mediante una meritoria Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra.
Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla, fue pintado por Francisco Pradilla en 1910 y se expone en el Museo del Prado.
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| CORTEJO DEL BAUTIZO DEL P´RINCIPE DON JUAN, POR FRANCISCO PRADILLA |
Tras culminar la Reconquista, expulsar a los judíos y patrocinar el descubrimiento de América, Isabel la Católica fallecía en 1504. Días antes, redactó un testamento en el que pedía a sus sucesores que conquistasen el norte de África para la Cristiandad, así como que se convirtiese al catolicismo a los habitantes de América y no fuesen esclavizados.
Eduardo Rosales retrató el momento, en el que aparece acompañada del rey Fernando con semblante abatido en su sillón, junto a su hija Juana. Detrás del escribano, aparece atento el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.
Doña Isabel la Católica dictando su testamento es un óleo sobre lienzo fue pintado por Eduardo Rosales en 1864, y se expone en el Museo Nacional del Prado.
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| ISABEL LA CATÓLICA DICTANDO SU TESTAMENTO, POR EDUARDO ROSALES |
La Reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina fue pintado por Francisco Pradilla en 1906, y se expone en el Museo del Prado.
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| JUANA LA LOCA EN TORDESILLA, POR FRANCISCO PRADILLA |
Doña Juana la Loca, pintado por Francisco Pradilla en 1877, se encuentra en el Museo Nacional del Prado. Es un notable exponente del género histórico español. Obtuvo la Medalla de Honor en la Exposición de 1878 y grandes premios en las ciudades de París, Berlín y Viena.
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| DOÑA JUANA LA LOCA, POR FRANCISCO PRADILLA |
A pesar de que Isabel la Católica no lo dejó escrito en el testamento, su hija Juana la Loca accedió al trono español. Poco tiempo después, en 1506, murió su marido Felipe el Hermoso, lo que la sumió en una profunda depresión. Pradilla supo representar en su lienzo de forma magistral el dolor de Juana, erguida de cuerpo, enjuta de rostro, con manos crispadas, y vista hacia el féretro, velando por el cadáver de su esposo Felipe a campo raso. En torno de ella, se agrupan los cortesanos en varias actitudes, en un ambiente de tristeza, frío y hastío ante la situación.
La entonación es calurosa y los efectos de luz recuerdan algún tanto a Rembrandt. Pero lo más admirable del cuadro y lo que desde luego impresiona tanto a los profesionales como a los aficionados es la maestría de la composición resultando las figuras todas armónicamente dispuestas y hábilmente adecuadas a las circunstancias del lugar y de la patética escena que en él se desarrolla.
Cisneros y los Grandes fue pintado por el madrileño Víctor Manzano y Mejorada en 1864. Un óleo sobre lienzo que participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1864 y 1867.
El personaje representado es Francisco Jiménez de Cisneros, cardenal de Toledo desde 1495 y consejero de los Reyes Católicos. El Catálogo de aquellas exposiciones describía la pintura esta manera:
"Otros muchos émulos tenía el venerable prelado; y en especial algunos señores principales de España, que le preguntaron un día con gran arrogancia, que cómo la gobernaba, que exhibiese y enseñase los poderes que tenía para tan gran oficio. El entonces, señalando unas escuadras de soldados que traía de ordinario consigo, les respondió: Los poderes con que yo gobierno á Castilla, mediante la voluntad del Rey mi Señor, son aquellos..."







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