PILAR MILLÁN-ASTRAY ESPÍA DEL SERVICIO SECRETO ALEMÁN


La dramaturga Pilar Millán-Astray fue una de las literatas más exitosas en el periodo de entreguerras, en las décadas de 1920 y 1930, gracias a obras teatrales como El juramento de la primorosa y La tonta del bote.

Sin embargo, ha pasado más desapercibida su actividad de espionaje durante la I Guerra Mundial en 1914-1918, enrolada en el Servicio Secreto alemán establecido en España con base en Barcelona, cuya principal víctima fue el embajador británico Arthur Henry Hardinge.

PILAR MILLÁN-ASTRAY DRAMATURGA Y ESPÍA

Pilar Millán-Astray y Terreros nació en La Coruña, en 1879. Pertenecía a una familia relacionada con el Ejército español, pues su hermano menor, José Millán-Astray, fue el fundador de la Legión Española.

Se había criado en la alta sociedad coruñesa de inicios del siglo XX, y poseía un algo nivel cultural e intelectual. Pertenecía a una familia de convicciones profundamente conservadoras y monárquicas. Cuando su padre fue nombrado director de prisiones de Madrid, tuvo que instalarse en la capital junto a su familia. A los veinte años, contrajo matrimonio con un aristócrata valenciano, Javier Pérez de Linares, con quien tuvo tres hijos: Javier, Carmen y Pilar.

Después de haberse trasladado a Valencia, a inicios de 1910, su marido murió, quedándose sola al cargo de los tres hijos, y con escasos recursos. Su vocación como escritora aún no le permitía mantenerse económicamente de forma profesional. Al estallar la I Guerra Mundial en 1814, Pilar Millán-Astray se involucró de forma activa, pero pacífica, en las estructuras bélicas de las potencias enfrentadas.

En esta contienda, el Reino de España se mantuvo neutral, pero no ajeno a su desarrollo. Tuvo un papel relevante en la fabricación de armas y en el abastecimiento de metales para la industria armamentística de los Aliados, como el plomo y el wolframio, pero también fue el escenario de los servicios secretos de ambos bandos.

La labor de la red de espionaje alemán establecida en España consistió fundamentalmente en boicotear el tráfico comercial hacia los países Aliados, y en servir de plataforma para las acciones de espionaje y sabotaje a desarrollar no sólo en España, sino también en Francia, Marruecos e Hispanoamérica. Por el contrario, los países Aliados crearon sus redes secretas de contraespionaje, para combatir el espionaje alemán, entorpeciendo e impidiendo sus acciones, poniendo en evidencia la composición y actividad del enemigo.

PILAR MILLÁN-ASTRAY Y EL GRAN HOTEL COLÓN DE BARCELONA

En esta importante actividad, ambos bandos emplearon gran cantidad de recursos económicos y humanos. Y los españoles participaron directamente en los servicios de información, de inteligencia y de espionaje y contraespionaje, unos para los Aliados y otros para los Imperios centrales. Más allá de defender ideologías, la motivación principal fue la gran cantidad de dinero a percibir, de forma rápida.

Una vez que un civil se enrolaba en el Servicio Secreto alemán, se le impartían algunas nociones básicas de forma rápida y se establecían unos objetivos bien claros, pues no había tiempo para largos cursos de formación. En cuanto a las mujeres, eran preferibles con alto nivel cultural pues eso implicaba un mejor acceso a personas y grupos objetivos. Ese fue el caso de Millán-Astray.

Decidió aprovechar su preparación cultural y su posición social para servir como espía en el Servicio Secreto alemán con base en Barcelona. El trabajo era delicado y arriesgado, pero los beneficios a obtener eran rápidos y abundantes. Además, le permitía seguir escribiendo literatura, una vocación que nunca perdió.

Desde un principio, la red de información alemana se centraba en vigilar los movimientos de los aliados en el puerto y la ciudad. Pero con el tiempo, la estructura de espionaje se hizo muy sofisticada. Llegaron a situar a una mujer en cada uno de los principales hoteles de Barcelona. Sin levantar sospechas, se encargaban de vigilar la entrada de todos los huéspedes, poniendo especial detalle en aquellos que pudiesen resultar objetivos de espionaje. Cuando se identificaba la identidad de una persona de interés, se movilizaba a una o varias mujeres espía para someterla a constante vigilancia.

Una de las tácticas más eficaces para controlar a la persona objetivo consistía en entablar alguna relación de interés mutuo y ganarse su confianza, al objeto de conseguir toda la información posible. Esta fue la misión que tuvo que desempeñar en varias ocasiones Pilar Millán-Astray.

MANUEL BRAVO PORTILLO Y ARTHUR HENRY HARDINGE

Posiblemente, el personaje más relevante al que tuvo que contactar fue el embajador del Reino Unido de Gran Bretaña en España en 1913-1919, sir Arthur Henry Hardinge. Durante una de sus estancias en el Hotel Gran Colón de Barcelona, le contactó de forma interesada con apariencia casual y entabló algunas conversaciones amistosas. Aprovechando una ausencia del diplomático en el hotel, consiguió entrar en su habitación y copiar los documentos secretos que encontró en su cartera.

Cada vez que conseguía una información de esta índole, debía de entregarla al policía Manuel Bravo Portillo y al dirigente de espionaje alemán Alberto Hornemann, que había adquirido la nacionalidad española y era colaborador con su homólogo Hans von Krohn, de la embajada en Madrid. Cada vez que entregaba un resultado así, cobraba la importante cantidad de 1.000 pesetas, lo que suponía bastante dinero en aquella época.

Además de estar protegida por uno de los jefes de policía más destacados de Barcelona, Manuel Bravo Portillo había sido subordinado de su padre, José Millán-Astray, durante su mandato como jefe del Cuerpo de Seguridad de Barcelona. Su padre tuvo a Bravo Portillo por uno de sus hombres de confianza.

Sobre la actividad de espionaje de Pilar Millán-Astray, el historiador Fernando García Sanz publicó el libro España en la Gran Guerra, en 2014.

PILAR MILLÁN-ASTRAY

Al término de la I Guerra Mundial y el comienzo de los años veinte, Millán-Astray se fue convirtiendo en uno de los símbolos de la derecha culta e intelectual española. Comenzó a alcanzar relevancia en la literatura nacional destacándose en la dramaturgia. Y de pasar penurias durante la neutralidad española, a ser una de las literatas más exitosas en el periodo de entreguerras, en las décadas de 1920 y 1930. Llegó a escribir una cincuentena de obras, principalmente comedias y sainetes, que retrataban las costumbres madrileñas y las clases trabajadoras, logrando una gran conexión con el público de su tiempo.

Su primera obra relevante fue La hermana Teresa, con la que ganó el premio Blanco y Negro de 1919 y significó el impulso a su carrera. A partir de entonces, comenzó a colaborar en esa revista y en algunos diarios, como ABC, La Nación, El Espectador o El Sol, y publicó su primera colección de cuentos Todo amor.

En 1921, publicó La llave de oro en la editorial de Juan Pueyo. La revista La Esfera se fijó en ella y en su libro para ponerlos en la portada de la edición de febrero de 1921, con una pintura de Julio Romero de Torres. Este pintor volvería a retratarla para la cubierta de su comedia La mercería de la dalia roja.

Algunas fuentes cuentan que fue promovida por el escritor teatral Jacinto Benavente, quien le llegó a decir: "Hay en usted una gran dramaturga. Haga una cosa para el teatro. Yo se lo mando." Y terminó escribiendo El rugir del león, en 1923, obra de ambiente costumbrista gallego.

PILAR MILLÁN-ASTRAY DRAMATURGA Y ESPÍA

Probablemente, la obra más aclamada fue El juramento de la primorosa, publicada en 1924, y estrenada por la promotora teatral Irene Alba. En esta pieza definió las características de su comedia: comedia costumbrista, protagonistas femeninos, ambiente madrileño, novela rosa, acción melodramática, corrección moral y conclusión positiva. Fue el inicio de una amplia producción que conseguiría estrenar hasta veinte títulos en diferentes teatros.

Su otra gran obra de éxito fue La tonta del bote, estrenada en 1925, y que fue adaptada al cine en 1970, protagonizada por Lina Morgan. En estos dos títulos de El juramento y La tonta, mezclaba con habilidad comedia y melodrama para recrear el mito de la Cenicienta, consiguiendo superar el centenar de representaciones teatrales de cada una. Aquel año de 1925, sus obras se representaron hasta en cuatro teatros madrileños a la vez: Lara, Comedia, Apolo y Cómico.

Obras dramáticas escritas en aquellos años fueron La galana, Una chula de corazón, La mercería de la Dalia Roja, Por los flecos del mantón, y Magda la tirana; y la novela La mujer que vendió su caballo.

Tras el inicio de la II República española, fue empresaria de compañía con actuaciones en el Teatro Muñoz Seca de Madrid durante la durante la temporada 1932-1933.

Como tenía ideas conservadoras, no dudó en apoyar el alzamiento del general Francisco Franco en julio de 1936, al que se unió su propio hermano José Millán-Astray. Durante los años que duro la contienda civil estuvo recluida en una prisión de mujeres que el gobierno republicano había construido en el pueblo alicantino de Alacuás y después en el murciano de Cehegín. Coincidió con otras prisioneras como Rosario Queipo de Llano, Carmen Primo de Rivera o Pilar Jaraiz Franco, vinculadas con maridos y familiares adheridos a la sublevación militar.

Después de recobrar la libertad en 1939, escribió una obra biográfica sobre sus experiencias en prisión que publicó con el nombre Cautivas. 32 meses en las prisiones rojas, en 1940.

En la posguerra comenzó su declive. Se retiró en Madrid con problemas de salud derivados de su estancia en la cárcel. Todavía escribió una veintena de títulos, pero su creatividad ya empezaba a declinar y el desastre económico que vivía el país impedían su representación ante el público. Cuando participaba en un homenaje a la actriz Josita Hernán, el 22 de mayo de 1949 en Madrid, fallece repentinamente.

Por haber sido una de las socias pioneras de la Sociedad General de Autores Españoles, fue propuesta para recibir un reconocimiento institucional como víctima de la represión en la Guerra Civil.

OBRAS DE PILAR MILLÁN-ASTRAY

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