GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA A TRAVÉS DE LA LITERATURA


Tras el Tratado de Fontainebleau en octubre de 1807, el ejército imperial de los aliados franceses entraron en España con el pretexto de invadir Portugal, aliada de Inglaterra. Madrid fue ocupada por las tropas del general Murat el 23 de marzo de 1808, y al día siguiente el rey entrante Fernando VII y el abdicado Carlos VI fueron forzados a reunirse con Napoleón en Bayona, donde se produjeron las Abdicaciones de Bayona y entregaron la corona a José I Bonaparte.
La noche del 1 al 2 de mayo, Murat ordenó el traslado a Bayona de los dos hijos de Carlos VI que quedaban en la ciudad: María Luisa y Francisco de Paula. A la mañana siguiente, los soldados franceses trataban de llevarse al último de los Borbones desde el Palacio de Real. Una muchedumbre se concentraba en la plaza frente al palacio para impedir su salida. Murat no dudó en ordenar la dispersión del tumulto haciendo uso de sus Guardias Imperiales y de artillería que abrieron fuegos contra la multitud. Al deseo del pueblo de impedir la salida del infante, se unió el de vengar a los muertos y el de deshacerse de los franceses. Con estos sentimientos, la lucha se extendió por Madrid.

El primer poeta en difundir esta heroica hazaña fue el sacerdote y escritor zamorano
 Juan Nicasio Gallego, diputado de las Cortes de Cádiz que proclamaron la Constitución de 1812. Vivió aquellas horas febriles siente todo el horror, dolor y deseo de venganza, a pesar de sus hábitos sacerdotales en una gloriosa Elegía al Dos de Mayo. El mejor poema que sobre los hechos se escribiera y que tuvo diecisiete ediciones en el siglo XIX. Tal es el arrebato romántico y a la vez clásico de su expresión de dolor:

¡Horrible atrocidad!
Treguas ¡oh musa!
Que ya la voz rehúsa
embargada en suspiros mi garganta.
Y en ignominia tanta,
¿será que rinda el español bizarro
la indómita cerviz a la cadena?
No, que ya en torno suena de Palas
fiera el sanguinoso carro,
y el látigo estallante los caballos
flamígeros hostiga.
Ya el duro peto y el arnés brillante
visten los fuertes hijos de Pelayo.

Fuego arrojo su ruginoso acero.
¡Venganza y guerra! resonó en su tumba.
¡Venganza y guerra! repitió Moncayo.
Y al grito heroico que en los aires zumba,
¡Venganza y guerra! claman Turia y Duero.
Guadalquivir guerrero
alza al bélico son la regia frente,
y del Patrón valiente
blandiendo altivo la nudosa lanza,
corre gritando al mar: ¡Guerra y venganza!
¡Oh sombras infelices
de los que aleve y bárbara cuchilla
robo a los dulces lares!
¡Sombras inultas que en fugaz gemido
cruzáis los anchos campos de Castilla!

La heroica España,
en tanto que al bandido que a fuego
y sangre, de insolencia ciego,
brindo felicidad, a sangre y fuego
le retribuye el don, sabrá piadosa
daros solemne y noble monumento.
Allí en padrón cruento
de oprobio y mengua, que perpetuo dure,
la vil traición del déspota se lea,
y altar eterno sea
donde todo español al monstruo jure
rencor de muerte que en sus venas cunda,
y a cien generaciones se difunda.

ENTRADAS DE LAS TROPAS FRANCESAS POR FUENCARRAL

El pueblo madrileño inició un levantamiento espontáneo que prendió mecha en la plaza del Palacio Real, pero que se propagó como el fuego hacia las plazas del Sol y Mayor, y desde estos centros neurálgicos hacia todos los rincones.

Fue un alzamiento largamente calentado a fuego lento desde la entrada en el país de las tropas francesas pero que estalló improvisando soluciones a las necesidades de la lucha callejera. Se constituyeron partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos: comerciantes, curas, amos de posada, capataces, etc.; que buscaron armas de fuego ya que no resultaría efectiva una descompensada lucha de navajas contra fusiles y bayonetas. Escopetas de caza y armas de épocas pasadas exhibidas en los museos fueron utilizadas para la ocasión. En el Parque de Artillería de Monteleón armas y municiones eran entregadas por algunos militares que desobedecían las órdenes de no beligerancia ante las demandas de ciudadanos. Era vital bloquear las principales entradas a la ciudad para evitar la entrada de las miles de agilas imperiales acantonadas a las afueras.

Murat envió a 30.000 hombres acantonados a las afueras de la ciudad, la rodearon, entraron por las principales puertas y accesos y se dirigieron a los centros neurálgicos.

El pueblo madrileño luchó durante toda la jornada utilizando cualquier objeto que pudiera ser utilizado como arma, como piedras, agujas de coser, macetas arrojadas desde los balcones, etc. Así, los acuchillamientos, degollamientos y detenciones se sucedieron en una jornada sangrienta.

Mamelucos y lanceros napoleónicos pasaron a la acción y varios cientos de madrileños, hombres y mujeres, así como soldados franceses, murieron en la refriega. Francisco de Goya reflejó en su lienzo La carga de los mamelucos la embestida de este cuerpo de jinetes egipcios y la resistencia de civiles armados justo en el lugar donde la calle Alcalá desemboca en la plaza del Sol.

Los mamelucos eran un cuerpo de egipcios que apoyaron a Napoleón tras su invasión. En esta obra, cargan contra los madrileños en la calle Mayor dirección plaza del Sol el 2 de Mayo de 1812, para sofocar el levantamiento popular.

LA CARGA DE LOS MAMELUCOS, POR FRANCISCO DE GOYA

Poco a poco, los focos de resistencia fueron cayendo, pero también es verdad que el avance francés fue mucho más lento e ineficaz de lo que Murat previó, especialmente en la Puerta de Toledo, en la Puerta del Sol y en el Parque de Artillería de Monteleón. Su operación de cerco le permitió someter a Madrid bajo la jurisdicción militar y poner bajo sus órdenes a la Junta de Gobierno.

Mientras se desarrolló la lucha por civiles armados, los militares españoles permanecieron acuartelados y pasivos, no beligerantes, siguiendo órdenes del capitán general Francisco Javier Negrete.

Sólo los artilleros del parque de Artillería de Monteléon decidieron desobedecer las órdenes y apoyar a la población insurrecta encabezados por Luis Daoíz y Pedro Velarde. A ellos se unieron medio centenar de soldados, el teniente Ruiz, los alféreces de fragata Juan van Halen y José Hezeta, y los fusileros del capitán Goicoechea, más dos o tres centenares de civiles armados llenos de ira y cólera. Aguantaron hasta dos embestidas francesas, al mando del general Lefranc, pero finalmente murieron luchando heroicamente ante los refuerzos enviados por Murat.

Reprimido el levantamiento por las agilas napoleónicas presentes en la ciudad, se extendió por todo el país una ola de proclamas de indignación y llamamientos públicos a la insurrección armada que desembocarían en la Guerra de la Independencia española.

Dos años más tarde, en 1810, el poeta y ex oficial de artillería Juan Bautista Arriaza escribió, en sus Poesías patrióticasuna Oda heroica: El 2 de mayo de 1808en la cual exalta como insignia hispana al fiel Daoíz, al leal Velarde, que no supieron sin honor vivir. Esos versos expresan la sangre del insurrecto derramada, el espíritu de independencia y el deseo de venganza en aquel día de cólera. Su poesía épica se expandía a lo largo y ancho de la vieja España durante la guerra contra el francés, convirtiéndose en alma y esperanza de guerrilleros y soldados, mujeres, ancianos y niños, se recitó desde los santos púlpitos y desde las más bajas tabernas, para lanzarse a la batalla:

Día terrible, lleno de gloria,
lleno de sangre, lleno de horror,
¡nunca te ocultes a la memoria
de aquel que tenga patria y honor! 

Este es el día en que con voz tirana
"¡Ya sois esclavos", la ambición gritó.
Y el noble pueblo, que le oyó indignado,
"¡Muertos, sí", dijo, "pero esclavos, no!" 

El hueco bronce, asolador del mundo,
al vil decreto se escuchó tronar;
mas el puñal, que a los tiranos turba,
¡aún más tremendo comenzó a brillar!

Esos que veis que maniatados llevan
al bello Prado, que el placer formó,
son los primeros corazones grandes
en que su fuego libertad prendió.

Vedlos cuán firmes a la muerte marchan,
y el noble ejemplo de morir nos dan.
¡Sus cuerpos yacen en sangrienta pira!
¡Sus almas libres al Empíreo van!

Por mil heridas sus abiertos pechos,
oíd cuál gritan con horrenda voz:
"¡Venganza, hermanos, y la madre España
nunca sea presa de invasor feroz!"

Entre las sombras de tan triste noche
este gemido se escuchó vagar.
"Gozad en paz, ¡oh, del suplicio gloria!
¡Aun brazos quedan que os sabrán vengar!"

Pero no contento con esto escribió varios himnos que enardecían y glosaban los ejércitos victoriosos de la Provincia de Madrid.


Tras el levantamiento y la represión del ejército francés, los resistentes se amotinaron en el parque de artillería de Monteleón (actual barrio de Malasaña), junto a un grupo de militares que decidieron apoyar al pueblo encabezados por los capitanes Luis D´Aoiz y Antonio Velarde y que Joaquín Sorolla retrató en la Defensa del Parque de Artillería de Monteleón.

DEFENSA DEL PARQUE DE ARTILLERÍA DE MONTELEÓN, JOAQUÓN SOROLLA


Fernando Sor fue un músico barcelonés que luchó contra los franceses en la Guerra de la Convención, y más tarde en la Guerra de la Independencia española. En Madrid tomó parte de la insurrección popular del Dos de Mayo de 1808, lo que le llevó a alistarse en el ejército. Sin embargo, sus mayores éxitos tuvieron lugar en el campo musical, componiendo canciones patrióticas como el Himno a la Victoria, dedicado a la victoria española en la batalla de Bailén, o Los defensores de la Patria

El Himno Los defensores de la Patria fue escrita por Juan Bautista Arriaza y compuesta por Fernando Sor en Sevilla, en 1809:

Partamos al campo, que es gloria partir.
La trompa guerrera nos llama a la lid.
La Patria oprimida con ayes sin fin
convoca a sus hijos, sus ecos oíd.

¿Quién es el cobarde, de sangre tan vil,
que en rabia no siente sus venas hervir!
¡Quién rinde sus sienes a un yugo servil,
viviendo entre esclavos, odioso vivir!

Sabrá el suelo patrio de rosas cubrir
los huesos del fuerte que expire en la lid.
Mil ecos gloriosos dirán: Yace aquí
quien fue su divisa triunfar o morir.

Vivir en cadenas
¡cuán triste vivir!
Morir por la patria
¡Qué bello morir!


Otro literato y también capitán de infantería madrileño fue Cristóbal de Beña quien escribió en 1812 una Memoria del Dos de Mayo cuyo coro y primera estrofa dicen así:

¿Quién reprime su enojo y su llanto
recordando aquel fúnebre día,
que la noche con cárdeno manto,
empapado de sangre, cubrió?
¿Cuándo Mantua a sus hijos veía
oponer a la bárbara gente
la desnuda, la impávida frente,
Que el tirano del orbe arredró?

Cien falanges, de acero cubiertas,
avezadas al pérfido halago,
no creyeron que frágiles puertas
abrigasen valor sin igual;
y, sedientas de ruinas y estrago,
de su rostro la máscara tiran,
y en las calles, frenéticas, giran
esgrimiendo el oculto puñal.

Beña ironizaba de forma burlona a La Marsellesa en esto cuatro versos:

A las armas corred, españoles
de la gloria la aurora brilló,
la nación a los viles esclavos
las banderas sangrientas alzó.


Por orden del mariscal Joachim Murat, cuñado de Napoleón y máxima autoridad en la capital, comenzaron las detenciones a sospechosos que fueron fusilados durante todo el día hasta entrada la noche en la montaña del Príncipe Pío, como reflejó Francisco de Goya en la obra Los fusilamientos del 3 de Mayo, al término de la Guerra de la Independencia, en 1814.

LOS FUSILAMIENTOS DEL 3 DE MAYO, POR FRANCISCO DE GOYA


Las poesías de Gallego, Arriaza y Beña, escritas durante el transcurso la Guerra de la Independencia fueron las pioneras de una temática que se desarrollaría con pasión y gloria en los sucesivos años. Numerosos son los poetas de ensalzan el Dos de Mayo: Espronceda, Navarro Villoslada, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Amparo López de Baño, Hartzenbusch, Zorrilla, Zea, López García, Villergas, De-Gabriel, Corrandi, Ramírez (Braulio Antón), Tejado, Ribot y Fontseré, el Marqués de Torreorgaz, Romero y Larrañaga, Albuerne, Villanueva, el general Guillén Buzarán, Rodríguez García (Arcadio), Olave, etc. Todos ellos creyeron en el deber patriótico-literario de difundir unos versos aconsonantes como por ejemplo Velarde con arde, Mayo con desmayo o con los hijos de Pelayo, o Daoíz con oíd. 

Los héroes Daoíz y Velarde son recordados en el Memorial histórico de la Artillería española, del general y escritor Ramón de Salas, y de la Reseña histórica del 2 de Mayo de 1808, escrita por Rafael Arango. Este último fue teniente de Artillería que tomó parte en la defensa del parque de Monteleón, sin alcanzar la justa celebridad que por este hecho merece.

En 1840, el más romántico de los poetas españoles, José de Espronceda, escribió un poema Al Dos de Mayo, que generalmente se acepta como conmemorativo. Pero es un error ya que dicho poema no tiene ninguna relación con tan luctuosos hechos sino con los sucesos políticos que en las Cortes de 1840 ocurrieron.

En 1855, el sacerdote Manuel José Quintana no se sintió concernido por los héroes madrileños y se conformó con exaltar a las Provincias españolas armadas contra los franceses, quizá alejado del calor de la lucha, grita su Despierta España y saluda a:


Asturias que fue quien arrojó primero
los ecos liberadores
vuelan, cruzan, encienden
los campos olivíferos del Betis,
y de la playa Cántabra hasta Cádiz
álzase España.

Se refería a la España organizada en Juntas provinciales en todos los lugares de más de dos mil vecinos.

Otro sacerdote que se encontraba en Madrid fue el sevillano José María Blanco que huyó en cuanto pudo a su ciudad natal, sin tener un recuerdo para los mártires madrileños; quizá por compromiso escribió La Oda a la instalación de la Junta Central de España y las Indias a quienes no aprecia, excepto a su presidente Francisco Arias Saavedra y, seguidamente, huye por Cádiz a Inglaterra donde murió, habiéndose pasado al anglicanismo y luego al unitarismo.

Los militares y escritores del siglo XIX siempre creyeron elogiar las hazañas de sus compañeros. Es el caso de Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, teniente coronel de Artillería y ex gobernador civil de Málaga, quien ha consagrado para entrelazar los gloriosos recuerdos del Conde de Gazola, fundador del Colegio de Artillería, cuyo soneto dice así:


Truena el cañón, intrépido Velarde
corre a afrontar la muerte en la pelea;
el acero en su diestra centellea;
fuego divino en sus miradas arde.

Muere, de patrio amor en santo alarde,
que Europa un día con asombro vea;
signo de paz el extranjero ondea,
y Daoiz sucumbe a su traición cobarde.

Rásgase entonces el alto firmamento,
y del egregio Conde de Gazola
suena la augusta voz: "¡Sublime día!"
exclama en celestial arrobamiento.

¡Estos mis hijos son: ésta la sola
ventura que restaba al alma mía!
¡Tu inspiraste, señor, tan grande hazaña!
¡Siempre en mis hijos las encuentre España!

ENFRENTAMIENTOS EN LA PUERTA DEL SOL

Otro ex oficial de Artillería, José Navarrete, en 1860 recordó el generoso brío característico del militar español al contemplar, a la entrada de Madrid, el sencillo monumento dedicado a la jornada del Dos de Mayo:

Alta hazaña, en que probamos,
más de medio siglo atrás.
Que si laureles ganamos,
vencedores, alcanzamos,
si somos vencidos, más.

El jienense Bernardo López García fue uno de los poetas andaluces más reconocidos del siglo XIX. Su patriótica Oda al Dos de Mayo se publicó en 1866 en el periódico El eco del país, para el que era redactor. Su éxito fue tan clamoroso que alcanzó una gran popularidad en toda España, hasta el punto que se le comenzó a identificar como "el cantor del Dos de Mayo". Empiezan sus décimas con:

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron¡
a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.

En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

MUERTE DE DAOIZ EN EL PARQUE DE ARTILLERÍA DE MONTELEÓN, MANUEL CASTELLANO

Continúa describiendo de este modo el entusiasmo bélico de los españoles que defendían la independencia nacional. El grupo de rock nacional Estirpe Imperial puso música a la letra de esta oda bajo el título Guerra al invasor:

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor,
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
"¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere,
tu madre te vengará!"

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!


Continuaba Bernardo López García con Napoleón y los héroes del 2 de Mayo:

Ellos murieron con la frente erguida;
también la tumba devoró al coloso
que humilló con su brazo poderoso
la cabeza de Europa enardecida.

Ellos cedieron con afán su vida
por el patrio blasón, noble y hermoso
él, por regir con cetro belicoso
segundo Dios la humanidad vencida.

Una corona altiva y esplendente,
del tercer Bonaparte el culto abona,
regia brillando en su blasón potente,
de ellos la tumba la virtud pregona.

¡Héroes, dormid en paz! para el que siente,
vuestra tumba es mejor que su corona!


Bando Móstoles Andrés Torrejón 1808
BANDO DE MÓSTOLES

El madrileño Juan Eugenio Hartzenbusch Martínez fue uno de los más destacados representantes del drama romántico en la España del siglo XIX. Aunque es conocido principalmente por su pieza Los amantes de Teruel, no menos meritorios son sus Recuerdos del dos de mayo:

Allí, donde tiene asiento
sobre estériles arenas
el tardío monumento,
viejo ya por el cimiento,
por la cima juvenil,
allí fue donde inhumanos
los que dieron a la Europa
nuevas leyes y tiranos,
contra inermes ciudadanos
asestaron el fusil.

Sangre allí por mano aleve
derramada, formó arroyos,
y encerraron anchos hoyos
sacerdotes con la plebe
confundidos a la par.
¿No escucháis esa campana
que se mece en lento giro?
Cada son recuerda un tiro
que una vida castellana
dejó al mundo que llorar.

Fementidos extranjeros
que aguzaban solapados
contra España los aceros,
falsamente encaminados
a talar otra región,
desnudáronse aquel día,
que enlutó su verde a mayo,
del disfraz que los cubría,
y del trono de Pelayo
profanaron el blasón.

Generoso y no prudente,
tuvo el hijo de los Cid
esa sus plantas la serpiente,
y por no temer su diente,
cariñoso la halagó:
Y a su salvo la traidora
derramó en el seno amigo
la ponzoña matadora.
¡Cruda herida que aún se llora,
Porque el tiempo la enconó!

Sin defensa abandonado
viose entonces el Ibero:
su monarca deslumbrado,
por escrúpulos de aliado
se olvidó de que era rey.
Nos mandaron las legiones
del isleño codicioso,
con la voz de sus cañones,
abatir nuestros pendones,
renegar de patria y ley.

Y al insulto ardiendo en saña,
fulminó su rayo España
y en refriegas pertinaces
disipáronse las haces
que juntó el gran adalid:
Y a las puertas de Vitoria
completose al fin la gloria
que los cielos prometieron
a los tristes que murieron
en el Prado de Madrid.

Nobles mártires, que ahora
nueva guerra por Castilla
veis cundir asoladora,
que os conturba en vuestra silla
levantada sobre el sol:
vuestro fin labró la fama
del guerrero esclarecido
que por grande el mundo aclama;
grande, sí, porque vencido
tarde fue del español,
su grandeza, donde a una
con empeño trabajaron
la ambición y la fortuna,
fue un altar que consagraron
lazos mil a su interés.

Si del corso estremecieron
las miradas fulminantes
a los pueblos que le vieron,
fue porque hombros de gigantes
sustentábanle los pies.
Esa audacia desmedida
que te alzaba hasta el imperio
devastando un hemisferio,
preparaba tu caída,
destructor Napoleón:
Que a cometas refulgentes,
como tú, pero fatales,
los decretos celestiales,
protectores de inocentes,
dan fugaz aparición.

Tú en el último destierro
solitario te subías
a la cúspide de un cerro;
tú mil veces dirigías
las miradas hacia el mar:
Y con hórrida congoja
convertirse acaso viste
de azulada el agua en roja,
y la sangre conociste
que mandaste derramar.

De discordia y de rencilla,
y tu sombra rencorosa
de sus creces cuida aún.
Asentaron en las olas
mil cadáveres las plantas,
y con voces españolas
resonaron sus gargantas
que el cuchillo atravesó.
Y envidiaste aquel instante,
precursor de horrible fallo,
al peón que, palpitante,
bajo el pie de tu caballo
el espíritu rindió.

Tu memoria maldijeron:
que entre todas las naciones
donde huellas imprimieron
sus aciagos batallones
por su mal y mal común,
fue la España en quien semilla
prodigaste más copiosa
codiciosos tus paisanos,
como tú de nuestra ruina,
fomentaron entre hermanos
lucha bárbara intestina
que enflaquezca su valor:

Que aprendieron con vergüenza,
combatiendo contra España,
que como ella no se venza,
no le es dado a gente extraña
producir su vencedor.

ESPAÑA CONTRA EL INVASOR FRANCÉS

Aunque el diplomático y escritor Andrés Bello participase en el proceso de independencia de la actual República de Venezuela junto a Simón Bolívar, no pudo evitar componer Los sonetos a la victoria de Bailénpues, como escribió el cronista Juan Soriano, "Tras Bailén nos sentimos una nación, todos uno". Bello realizó un claro homenajes a los defensores de su patria originaria:

Rompe el león soberbio la cadena
con que atarle pensó la felonía,
y sacude con noble bizarría
sobre el robusto cuello la melena.

La espuma del furor sus labios llena,
y a los rugidos que indignado envía,
el tigre tiembla en la caverna umbría,
y todo el bosque atónito resuena.

El león despertó; ¡temblad, traidores!,
lo que vejez creíste, fue descanso;
las juveniles fuerzas guarda enteras.

Perseguid, alevosos cazadores,
a la tímida liebre, al ciervo manso;
¡no insultéis al monarca de las fieras.


El 3 de julio de 1809, toda la artillería francesa rompía fuego contra el castillo de Montjuich, clave de la conquista de Barcelona según los planes de Saint-Cyr. Un ángulo del baluarte donde se alzaba la bandera española fue destruido por los cañonazos, ante lo que el subteniente Mariano Montoro, de los voluntarios de Vich, se arrojó por la brecha en medio de la lluvia de balas francesas y regresó con la bandera hecha jirones para volver a clavarla en lo más alto del castillo.

Este hecho de valentía y patriotismo fue publicado aquellos días por Raimundo Ferrer en su revista Barcelona cautiva, que empezó a publicarse en marzo 1808, y que fue impresa por Antonio Brusi. Según la cual, toda Cataluña "desde Tortosa a Puigcerdá y desde Lérida a Rosas, grita entusiasmada ¡Viva la Religión!, ¡Viva Fernando VII!, ¡Viva la Patria!"

Durante el asedio a Gerona se podía oír por toda España este canto:

Al arma, españoles, al arma corred,
salvad a la Patria que os ha dado el ser.
Haciendas y vidas todas ofreced,
si os llamáis sus hijos mostradlo otra vez.
¡Viva nuestra España, perezca el francés,
muera Bonaparte y el duque de Berg!
Recuerdo de Sagunto excita nuestro ardor
y cual ella perezca todo buen español.
A Numancia imitad, renuévese su horror,
y antes que ser esclavos muramos con honor.


Los gerundenses conseguían incluso tener humor para cantar coplas como ésta, a pesar del infierno que estaban viviendo a causa del asedio francés:

-Digasme tu, Girona,
si te n´arrendirás…
-¿Com vols que m´rendesca
si Espanya no vol pas?


(-Dime tu, Gerona,
si te nos rendirás…
-¿Cómo quieres que me rinda
si España no quiere?)


Otra de las coplas populares en lengua catalana sobre el patriotismo de los soldados del Reino de España:

Barcelona ciutat gran, bandera n´hi ha parada
bandera de foc i sang, que es senyal de guerra mala,
Som soldats
Som soldats del Rei d´Espanya
Som soldats.
No serà tan mala, no, com el Rei l´ha cridada
A barcelona anirem, minyons, a sentar-ne plaça,
uniforme portarem, per servir al rei d´Espanya:
espardenya blava al peu, veta fins a mitja cama,

el barret engalonat, com a mossos de l´esquadra.


El escritor más señero del Romanticismo catalán de finales del siglo XIX, Jacint Verdaguer, también dedicó el soneto a la batalla de El Bruc:

Dalt al bell cim del Pirineu un dia
son vol parava l´àliga francesa,
i girant a l´entorn l´ullada encesa
vegé el lleó d´Espanya que dormia:

¡Ara és hora (cridá), l´Espanya es mia!;
i afalconant-la amb pèrfida escomesa,
de sa corona i d´ella i tot feu presa
que de ferro amb ses urpes estrenyia.

Lo ferreny català, que estava alerta,
sa mare pàtria al al contemplar cautiva
exclamà, al coll posant-se lo trabuc:

Mentre el lleó d´Espanya se desperta,
jo alçant-te el sometent, àgila altiva,
vaig a esperar-te en los turons del Bruc.

(En castellano)

Sobre la bella cima del Pirineo un día

posó su vuelo el águila francesa,
y girando al entorno la mirada encendida
vio el león de España, que dormía:

¡Ahora es tiempo (exclamó), la España es mía!;

Y agarrándola con pérfida acometida
de su corona y de ella y todo hizo presa
que de hierro con sus garras estreñía.

El férreo catalán, que estaba alerta,

su madre patria al contemplar cautiva,
exclamó, al cuello poniéndose el trabuco:

Mientras el león de España se despierta,

yo alzándote el somatén, águila altiva,
voy a esperarte en las peñas del Bruc.


Otro escritor contemporáneo a Verdaguer fue Francisco Navarro Villoslada, posiblemente también el literato más significativo del Romanticismo navarro del XIX. Su Dos de Mayo es un soneto fue compuesto en 1842:

Cual palma orillas del fecundo Nilo,
árbol de libertad crece en España.
Y con su pompa tiende en la campaña
plácida sombra y bienhechor asilo.

En brazos de los céfiros tranquilo,
no temas, no, del huracán la saña.
Ni que blandiendo asome gente extraña
contra tu erguido tronco aleve filo.

¡No!, que el pueblo español alzado al punto
a tu defensa volará cual rayo,
del pueblo de otros tiempos fiel trasunto.

Será cada español un don Pelayo,
será cada ciudad otro Sagunto,
y cada nuevo sol un Dos de Mayo.


Un poco más tarde, en 1868, el cordobés Antonio Fernández Grilo, movido por cierta efeméride crea El Dos de Mayo con la emoción en el tiempo, el recuerdo de lecturas. El poema es estimable y mantienen la llama heroica y culta.

Y ya en el siglo XX, el conde de Miraflores de los Ángeles, Fernando Villalón, perteneciente a la generación del 27 dedicó en 1927 un precioso y breve romance exaltando los garrochistas de las Marismas de su Andalucía la baja, como había hecho Arriaza en el himno Los lanceros de Jerez con música de F. Sor.

Casi medio siglo posterior para conmemorar una efeméride, el santanderino Gerardo Diego, poeta, músico y catedrático exaltó a su coterráneo, el capitán Velarde, de Muriedes, en el poema Dos de Mayo poniendo de relieve un mundo heroico y poético en que se aúnan vida, libertad, sacrificio, muerte y gloria.


Toda la vida cabe entre dos hojas,
entre un 2 y un 3 de mayo.
La vida, el heroísmo, la ilusión,
la libertad y la muerte.
Mas, ¿no es la muerte libertad suprema?
¿No es ilusión el heroísmo?

No quiero ver el 2 de mayo
ni con ojos de Goya o su criado
ni con la telescópica retórica
de los poetas del Rey Deseado.
Sino visión directa y espectral,
ultravisión más allá de la Puerta
abierta del Sol.

Sin colorines majos, mamelucos,
sin oleosos epítetos
ni gritos roncos de herida venganza.
Visión del alma calibrada
al alma inmensa de
la madre Madrid de libertad.

Gracias a ti, Madrid de todos,
castiza no, sí abierta,
universal por española,
gracias a ti, España tuvo centro,
centro de gravedad,
centro de floración,
centro de libertad,
centro de majestad.

De abajo arriba irrumpe el tallo humano
y estalla en flor total de rebeldía.
Y las acacias que ese día florecían,
salpicadas de sangre sus melenas,
sacuden delirantes sus cadenas.

Y el 3 de mayo luego,
la salida a la vida por la muerte,
semilla de martirio en los derrumbos.

Y allá en Muriedas, paz de mi horizonte,
un pino redondea
su oreada sombra al blasón de Velarde.
Verdor perenne, historia que es niñez.


El toledano José García Nieto, en un soneto clásico Dos de Mayo, siente el horror que invade su alma al pasear por el Salón del Prado ya que, en su Plaza de la Lealtad, se sobrecoge con el recuerdo de los viles fusilamientos de aquella noche triste.

El también toledano Rafael Morales puso de relieve el contraste de la madrileña primavera de 1808 transformada cruelmente en triste y sangrienta lucha que jamás se olvidará en un soneto exacto Dos de mayo, Madrid, la primavera, escrito en 1943.

ESPAÑA CONTRA EL INVASOR FRANCÉS

Otros tantos literatos rindieron homenajes con su pluma a las diversas ciudades y villas que resistieron al invasor detrás de sus murallas hasta la extenuación o derramaron su sangre en los campos de batalla: Zaragoza, Bailén, Bruc, etc.

A Zaragoza rendida por el hambre y la peste, más bien que por el valor francés, es un soneto de Juan Nicasio Gallego:

Viendo el tirano que el valor ferviente
domar no puede del León de España,
ni al lazo odioso de coyunda extraña
dobla el fuerte Aragón la invicta frente,
juró cruel venganza, y de repente
se hundió en el Orco, y con horrible saña
del reino oscuro que Aqueronte baña
alzó en su ayuda la implacable gente.

De allí el desmayo y la miseria adusta,
de allí la ardiente sed, la destructora
fiebre salieron y el contagio inmundo.

Ellos domaron la ciudad augusta;
no el hierro, no el poder. ¡Decanta ahora
tu triunfo, oh Corso, y tu valor al mundo!


Terminada la anterior exposición de poesía culta, las clases bajas también crearon coplas, seguidillas, romances, poesías de todo tipo sobre heroicas acciones de Madrid, Cádiz, Gerona, Zaragoza, etc. Es la poesía popular de la Guerra de la Independencia, en general, y del Dos de Mayo, en particular.

Hombres y mujeres, para enardecerse a sí mismos, cantaban con desenfado en medio del horror:
¡Viva la alegría!
¡Viva el buen humor!
¡Viva el heroísmo
del pueblo español!

Para no perder la esperanza, se acuerdan de sus santos y vírgenes:
Ya vienen las provincias
arrempujando
y la Virgen de Atocha
trae a Fernando.

Canciones que traen anhelo de victoria eterna:
Napoleón subió al cielo
a pedir a Dios la España,
y le respondió San Pedro:
¿Quieres que te rompa el alma?

Nunca se olvidó el pueblo de la brevedad del reinado de José I Bonaparte:
Anda, salero,
no durará en España
José Primero.

Y algunos, como las manolas de la calle Barquillo, se mofan de él:
El día de su santo
a José Primero
le dejaron obscuras
los faroleros.

Caricatura José Bonaparte
CARICATURA A JOSÉ I BONAPARTE


Continúa la burla a José I. Por utilizar monóculo unos le llaman tuerto y otros borracho:
Ya se fue por las Ventas
el rey Pepino
con un par de botellas
para el camino.

Pepe "el botella" el enemigo de todos, y hasta los niños crearon canciones infantiles de verdadero valor onomatopéyico, como esta en la que imitaba el canto del gallo:
¡Franceses vienen!
¿Cuántos son, di?
Son más de mil...
¡Triste de mí...!

Los más ilustrados, hasta se burlaban de su lengua:
Dicen que el Murat
está acostumbrado al fuego;
digo: ¡si tendrá costumbre
quien ha sido cocinego!

Y ennoblecen el insulto con su heroísmo, dignificando los guerrilleros que glorificaron a María por su ayuda:
El día de la Virgen
de los Dolores
vencieron los brigantes
a los dragones.

Los brigantes en su sentido neto francés, también llamados bandoleros por los españoles (los guerrilleros) una vez más se mofaban del ¿invicto? Napoleón:
La Virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa
que quiere ser capitana
de la tropa aragonesa.


ALUSIÓN A JOSÉ I

Volviendo a los sucesos del Dos de Mayo madrileño:
¡Paredes del verde Prado,
murallas del Buen Retiro,
cuántas almas inocentes
murieron en vuestro sitio!

En ocasiones los poetas cultos se sintetizaban con los populares y surgieron poemas bellísimos. Lanceros y cuidadores, pastores de toros, caballistas, hombres del pueblo, centauros aldeanos que vivían sobre el caballo cuidando el icono hispánico y mediterráneo: El Toro.

La musa popular recordaba a un lancero perteneciente a la guerrilla de don Julián:

Es mi novio un lancero
de don Julián.
Si él me quiere mucho
yo le quiero más.

Este don Julián, fue un líder salmantino que dirigía a un grupo de guerrilleros en el ejército de Wellington, por Castilla:
Cuando Don Julián Sánchez
monta a caballo
se dicen los franceses
¡ya vienen el diablo!

Los guerrilleros de Jerez se enfrentaron ferozmente victoriosos en Bailén contra Dupont e inspiraron a Fernando Villalón. Son todos guerrilleros capitaneados por don Jerónimo Merino:
Desde que el cura Merino
se ha metido a guerrear
los asuntos de España
van marchando menos mal.

Incluso las mujeres de la Cádiz liberal que reunida en Cortes redactó la Constitución de 1812 se mofaban de las tropas napoleónicas en esta seguidilla simple:
Con las bombas que tiran
los fanfarrones
hacen las gaditanas
tirabuzones.

A veces utilizaban una forma poética tan arcaica que hunde sus raíces en la antigüedad centro africana:
Síguela, síguela,
guerrillero de Saormil,
síguela, síguela,
yo te daré mi fusil.

PEACE OR WAR. NEGOCIATION SEE SAW

El exaltado pueblo de Cádiz también inventó sus proclamas y canciones tal como lo hicieron en su tiempo los revolucionarios franceses. Una canción del estilo de la Marsellesa, decía:
Recordemos, amigos, la gloria
que logramos un tiempo ganar:
nuestro brazo la Europa temía,
nuestro brazo enfrenaba la mar.
Hijos somos de aquellos valientes,
cuyos hechos el orbe admiró,
cuyo esfuerzo la América y Flandes
y la Italia y la Francia domó.

Si el francés con ficciones villanas
nuestro Rey consiguió cautivar,
no por eso consienta soberbio
que podrá su inocencia burlar.
La virtud le cubrió con su escudo;
la Justicia su espada sacó,
de Fernando defiende la vida,
y del Corso la ruina juró.

Los fuertes aceros,
patricios guerreros,
al punto empuñad:
marchad, sí, marchad.
Resuene el tambor,
veloces marchemos,
y la sangre Española venguemos
derramada con ciego furor.


Algunas composiciones lírico musicales fueron, por ejemplo, el himno que para el primer I Aniversario escribió Antonio Saviñón, para ser cantado para renovar la augusta memoria, y las loas líricas, abundantes en el teatro, inspiradas por el glorioso recuerdo como El Dos de Mayo de 1808 de Leopoldo Vázquez. En 1908, el maestro Federico Chueca escribió un magnífico pasodoble: El Dos de Mayo.


En narrativa destacó Benito Pérez Galdós, uno de sus Episodios Nacionales estuvo dedicado a El 19 de marzo y el 2 de mayo, escrito en 1873. En el capítulo XXVII:
Ánimo, hijas mías. No lloréis. En este día el llanto es indigno aún en las mujeres. ¡Viva España! ¿Vosotras sabéis lo que es España? Pues es nuestra tierra, nuestros hijos, los sepulcros de nuestros padres, nuestras casas, nuestros reyes, nuestros ejércitos, nuestra riqueza, nuestra historia, nuestra grandeza, nuestro nombre, nuestra religión. Pues todo esto nos quieren quitar. ¡Muera Napoleón!

No hay comentarios:

Publicar un comentario