La llamada Lógica española del Quinientos es la antecesora de la Lógica contemporánea. Se trata de una lógica incipiente que no debe considerarse por una lógica “decadente y degenerada” como dijo Menéndez Pelayo. En cambio, Vicente Muñoz Alonso analizó el gran florecimiento de esta disciplina de la filosofía, distinguiendo la lógica prerrenacentista y la renacentista en su análisis Fuentes impresas de Lógica hispano-portuguesa, incluido en la obra Repertorio de Historia de las Ciencias eclesiásticas en España I, publicada en Salamanca, en 1967.
La Lógica prerrenacetista es continuación de la lógica española de siglos anteriores, cuyos representantes más destacados, como Ockham, Buridán, Alberto de Sajonia, o Pablo de Venecia, encontraron en España su equivalente en este siglo. Fue desarrollada entre los años 1490 y 1550, momento en el que fue continuada por la plena Lógica renacentista, que prosiguió hasta el 1600.
La enseñanza de la Lógica en las Universidades de la época quedaba dividida entre las cátedras de Prima o de Vísperas. En la cátedra de prima la enseñanza se centraba en las Súmulas de Pedro Hispano, y dentro de ellas se concedía gran importancia a los tratados De exponibilibus, De consequentis, De insolubilis, De oppositionibus, etc. Y en la cátedra de vísperas se enseñaba la Lógica Magna y los tratados que de ella se ocupan: la Isagoge de Profirio y el Organon de Aristóteles.
Dentro de la Lógica prerrenacentista destacaron los siguientes grupos o escuelas:
1. Los lógicos españoles en París, entre 1490 y 1525.
Entre tomistas y nominalistas, los más significativos estaban Juan Buridán, Juan Raulin, Martinus de Magistri, Tomás Bricot y Jorge de Bruselas. Las bases de su enseñanza fueron: el rechazo de la multiplicación de entidades, la atención con preferencia al análisis de los términos y de sus propiedades lógicas, la preocupación especialmente del estudio de las consecuencias, las obligaciones y los temas insolubles, y el análisis de los razonamientos a través del lenguaje en que están expresados.
La reforma del Colegio de Monteagudo, hecha por Standock, dio un gran impulso a este florecimiento de la Lógica. La figura central de este renacimiento fue el escocés Juan Mayor, en torno al que se reunió un nutrido grupo de españoles. Entre otros temas, se ocuparon de la triple división de los términos en mentales, orales y escritos; de la subdivisión del concepto "ultimado" y "no-ultimado", del significado natural de los conceptos mentales y el convencional del lenguaje; del complexe significabile y la naturaleza de la proposición mental; del silogismo como consequentia; de las múltiples aplicaciones de la doctrina de la suppositio; de la teoría de la oposición y cuestiones anejas; y del tema de los insolubles. Y por lo que se refiere a la Lógica Magna, siguieron las vías de Guillermo de Ockham, Juan Duns Scoto y santo Tomás de Aquino.
Aunque el centro neurálgico del movimiento estaba en el Colegio de Monteagudo, también hubo españoles en los Colegios de Coqueret, Lisieux, Santa Bárbara y otros de París. Aunque preferían la vía del Nominalismo, también estudiaron las otras vías de conocimiento con sus correspondientes autoridades.
Entre los españoles de este grupo destacaron: Juan de Celaya, los hermanos Antonio y Luis Núñez Coronel, Juan Dolz, Fernando de Enzinas, Juan Gélida, Gaspar Lax, Andrés Limos, Jerónimo Pardo, Agustín Pérez de Oliván, Antonio Ramírez de Villaescusa y Juan Luis Vives.
2. La Lógica en la Universidad de Alcalá de Henares, hasta 1550.
El cardenal Francisco Jiménez de Cisneros organizó los estudios en esta universidad según el modelo de París, por lo que se enseñó en ella una Lógica idéntica a esta. La mayoría de los lógicos españoles del grupo parisino terminó enseñando en sus aulas hasta mediados del siglo XVI. De hecho, la Lógica alcalaína es una prolongación de obra de los lógicos parisinos.
De París llegaron Sancho Carranza de Miranda, hermano del arzobispo Bartolomé Carranza, Antonio Ramírez de Villaescusa, Agustín Pérez de Oliván, Fernando de Enzinas, Domingo de Soto y otros. Los que no habían estudiado en París eran discípulos de parisienses, como Rodrigo de Cueto, discípulo de Sancho Carranza; o Martín Pérez de Ayala, de Evaristo de Enzinas. Curiosamente, los autores más citados por estos lógicos son los criticados por Luis Vives y Desiderio Erasmo.
La Lógica Magna se explicaba según las tres vías, y se imprimían indistintamente libros en París o en Alcalá de Henares. Y entre estos profesores, además de los citados antes, se encuentran Gaspar Cardillo de Villalpando, Bartolomé de Castro, Pedro Sánchez Ciruelo, Juan Clemente, Gonzalo Gil, Hernando Alonso de Herrera, Jacobo de Neveros, Antonio Polo, Alonso de Prado y Juan Tardivel.
3. La Lógica de Salamanca, entre 1509 y 1550.
La penetración del Nominalismo en la Universidad de Salamanca fue difícil por la oposición que mostraron los dominicos. En 1507, estos se pronunciaron contra ella, y ordenaron que las Súmulas se leyeran por Pedro Hispano, con los Comentarios de Juan Versor, autor preferido de los tomistas. En cuanto a la Lógica Magna pidieron que se explicara a Aristóteles por las vías tomista y escotista, aunque en 1508 se vieron obligados a importar la vía nominalista, organizándose entonces los estudios de Lógica al modo de París y Alcalá de Henares.
Desde el curso 1508-1509 empezaron a proveerse las cátedras con nominalistas, debiendo citarse al respecto a Juan de Oria, Alonso de Córdoba, Domingo de San Juan de Pie de Puerto, Juan Martínez Silíceo, el portugués Pedro Margallo, Pedro López de Espinosa y Cristóbal de Medina. Muchos de los profesores de la vía nominalista, como Silíceo, Margallo y Espinosa, explicaban además Filosofía de la Naturaleza con gran éxito, conocida también por Domingo de San Juan.
El predominio de la Lógica al modo parisiense en Salamanca duró hasta 1550, año en que comenzó el predominio de la Lógica renacentista, con la introducción en España de la Lógica de Agrícola. Esta obra fue publicada por Gregorio Arcisio en Burgos, en 1554, que contenía un prólogo dedicado a sus alumnos salmanticenses. El modo parisino consistía en combinar la lección del profesor con preguntas de alumnos y conversaciones entre ellos sobre las materias explicadas. Las clases duraban dos horas, y solían darse paseando.
4. Las otras Lógicas de la misma tendencia en la península Ibérica.
La penetración del Nominalismo en España no sólo afectaba a las Universidades de Alcalá y Salamanca. Muchos otros pensadores se mostraron partidarios de la nueva corriente, entre los que también hubo dominicos. Así, los dominicos Ángel Estanyol y Agustín de Esbarroya compararon la doctrina tomista con las otras vías.
Juan Aznar, en su Termini secumdum vian realtium, de 1513, expuso por la vía real (Nominalista), pero teniendo en cuenta las otras dos (Tomista y Escotista).
Juan Ruiz de Boix estuvo muy influido por Pedro de Ally y Guillermo de Ochham en su Tractatus conceptum et signorum, de 1493.
Y tanto Aznar como Boix reflejan en sus obras las controversias acerca de los modos, defendidos por Aznar y refutados por Boix. Cultivaron también la temática de los modistae.
Entre los autores que destacaron, junto a los antes citados, estuvieron Benito de Mallorca, Franciscus Mayronis, Juan de Miravento, Fernando Monsalve, Serafín Montenegro, Pedro Oleza, Luis Pitoys, Francisco de Prato, Rodrigo Sineto y Juan Versor.
5. El grupo de españoles en Italia.
La misma temática preocupó a los profesores españoles en Italia, algunos de los cuales, como Cipriano Benet, habían estudiado en París. Todos tienen en cuenta para sus explicaciones la vía nominal, aunque se opusieran a ella, como ocurrió con los tomistas y escotistas. Bernardo Jordán, agustino valenciano, se excusó de no comentar literalmente a Pablo de Venecia, aunque le tuvo presente en sus Logica Magna y Logica Parva. Juan Hidalgo comentó las Consequentiae de Strode y la Lógica Parva de Pablo de Venecia. Y Pedro da Cruz, Thomas Dalmanticense y Miguel de Villanueva y Renés siguieron directrices parecidas.
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