La Lógica renacentista española del Quinientos se desarrolló entre los años 1550 y 1600. Se caracteriza por los ataques de la línea ultraortodoxa de los aristotélicos-escolásticos contra la nueva Lógica. Estos ataques se producían ya desde el siglo XV por parte de humanistas y literatos, algunos combatían el Aristotelismo, aunque la mayoría se limitó a pedir una vuelta al Estagirita, suprimiéndose las cátedras de Súmulas y los tratados añadidos por los moderni.
Cicerón y Quintiliano fueron considerados superiores a Pedro Hispano. Hernando Alonso de Herrera, en su Disputa de ocho levadas contra Aristótil y sus secuaces, arremetió también contra las Súmulas, contra la escuela de París y contra Prisciano, prefiriendo comentar a Jorge de Trebisonda y Lorenzo Valla.
Antonio de Nebrija, en su Artis rhetorica y en De liberis educandi, criticó la barbarie de gramáticos, lógicos y filósofos en las Universidades de Salamanca y Alcalá de Henares, tratando de reivindicar la tradición del Humanismo italiano. Una misma dirección siguió Juan Luis Vives desde Brujas, quien en su In pseudodialecticos arremetió contra los españoles de París, tachándolos de sofistas, malos gramáticos y peores filósofos.
La reacción comenzó en la Universidad de Salamanca con la obra De inventione Dialéctica de Rodolfo Agrícola, de 1479, con primera edición en Burgos, en 1554, aunque anteriormente había circulado en manuscritos y copias, suplantando a Pedro Hispano y sus Súmulas. El introductor de la obra de Agrícola fue Narciso Gregorio Arciso, que también editó el Organon aristotélico, añadiendo escolios de Jorge Valla y Joaquín Perión. La fama de Agrícola fue inmensa. Alonso de la Vera Cruz, profesor en Salamanca y México, le consideró un segundo Aristóteles, cuyos Tópicos se volvieron a estudiar en las versiones de Temistio, Boecio y Cicerón. Entonces, la Lógica se dividió en inventiva y judicativa, y se estudió a Porfirio bajo una nueva luz.
La reacción desde la Universidad de Alcalá de Henares fue más moderada. Gaspar Cardillo de Villalpando reconoció que la Lógica debía empezar con la exposición de Aristóteles, incluía en sus explicaciones parte de las Súmulas, estuvo muy influido por la Lógica de la inventio et iuditium (inventiva y judicativa), e interpretó las categorías y los predicables como loci arguendi.
La nota más predominante fue la vuelta a Aristóteles, que siguieron Juan Cantero en Alcalá de Henares, Luis de Lemos en Salamanca, y Pedro de Fonseca en Coimbra; pero conservando muchos elementos que no son aristotélicos, sino estoicos, como se sucedía en las Institutiones Dialecticae de Fonseca.
La corriente ramista tuvo también gran influencia en España, sobre todo en Francisco Sánchez el Brocense, Pedro Núñez Vela y Pedro Juan Núñez. Otros, como Antonio de Guevara, Luis de Lemos y Antich Roca de Gerena defendieron a Aristóteles.
En general los lógicos renacentistas españoles tenían gran admiración por Cicerón y sus Tópicos, estos fueron sus principales seguidores:
Sebastián Fox Morcillo en In Topica Ciceronis paraphrasis, Eiusdem scholia in Ciceronis Topica (Amberes, 1550), o De philosophici studii ratione (Lovaina,1554)
Aquiles Estacio en Silvulae duae quibus adiunta sunt praefatio in Topica Ciceronis et Oratio quodlibetica eusdem (Lovaina,1547), Castigatione atque explorationes in Topica M.T.Ciceronis, De optimo genere oratorum, Topica, De fato atque Observationes rerum aliarum (Amberes, 1533)
Francisco Sánchez de las Brozas en Topica Ciceronis exemplis et definitionibus ilustrata (Amberes, 1582)
Antonio de Gouveia en In Topicam Ciceronis et criticam logices partem (París, 1545)
Pedro López de Guevara en Marci Tullii Ciceronis Topici Petri Veleii notis explicita (Sevilla, 1573)
Pedro Simón Abril en Lógica (Alcalá de Henares, 1587)
En la literatura de la época aparecían con frecuencia las críticas de los escolásticos, por influencia de los humanistas de tipo erasmista. El tono irónico de algunas de estas obras, junto con su carácter dialogado, evidencian en sus autores el influjo de Luciano de Samosata. En este tipo de obras son destacables El Scholastico, atribuido a Cristóbal de Villalón, y El Crotalón, que es anónima.
Muchos renacentistas se manifestaron en contra de la Lógica tradicional, pero sin aceptar plenamente el programa renacentista. Así surgieron numerosas Súmulas reformadas con un moderado criterio renacentista, que resultaron difíciles de distinguir de las anterior, meras introducciones a Aristóteles, con carácter propedéutico.
A finales del siglo XVI se hacía notar el influjo del Concilio de Trento. Comenzaba un nuevo predominio tomista en el que se restablecía la Lógica como ciencia de la razón, anunciando los grandes tratados del siglo XVII. La Lógica como ciencia plenamente desarrollada (scientia rationalis) empezaba a tomar cuerpo frente a la Lógica de los humanistas (scientia inventionibus et iudicii) y la Lógica del siglo XV y primeros del XVI (scentia sermocinalis).
En realidad, coexistieron varias de las tendencias mencionadas, aunque siempre hubo alguna predominante en cada etapa. En Portugal casi todas las corrientes de la Lógica fueron renacentistas y posterior a la fundación de la Compañía de Jesús, mientras que en España se dio un mayor predominio por la Lógica prerrenacentista.
Además de los filósofos lógicos anteriormente citados, se consideran renacentistas españoles los siguientes: José de Acosta, Antonio de Antioquia, Alejandro de Afrodisia, Alfonso de Alvarado, Benito Arias Montano, Domingo Báñez, Bartolomé Barrientos, Miguel Calvo y Salonia, Melchor Cano, Gaspar Cardillo de Villalpando, Luis de Carvajal, Melchor de Castro, Cristóbal Egidio, Francisco de Escobar, Miguel Ferrer, Fadrique Furió Ceriol, Alonso García Matamoros, Gaspar Gutiérrez de los Ríos, Juan de Guzmán, Juan Huarte de San Juan, Antonio Jordana, Diego Mas, Tomás de Mercado, Juan Bautista Monllor, Vicente Montañés, Jerónimo Montes, Pedro Juan Monzón, Juan Lorenzo Palmireno, Juan Pérez, Jerónimo Pla, Francisco Ruiz, Juan Sánchez Sedeño, Martín de Santolaria, Jorge de Trebisonda, Pedro de Valencia, Evaristo Valles, Alonso de la Veracruz y Diego de Zúñiga.
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