España no ha aportado escuelas de renombre, ni grandes corrientes intelectuales a la historia del pensamiento universal, pero sí que ha ofrecido filósofos originales, independientes, heterodoxos, contradictorios, irreductibles y, en ocasiones, vehementes. El saldo filosófico español se cuenta por individualidades, más que por escuelas y movimientos.
Filósofos como Lucios Anneo Séneca, Isidoro de Sevilla, Ramón Llull, Maimónides, Miguel de Servet, Francisco de Vitoria, Juan Luis Vives, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset o María Zambrano son algunas individualidades representativas de la historia del Pensamiento filosófico español con una influencia internacional y una repercusión posterior.
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| PERFIL FILOSÓFICO ESPAÑOL |
El pensamiento filosófico de cada país no es homogéneo y definido ni a lo largo de su historia nacional ni semejante para cada uno de sus representantes en cada periodo histórico. Está condicionado a las circunstancias sociales, políticas, económicas, culturales y religiosas que se van desarrollando con el tiempo, y estos factores han ido estableciendo su propio sistema de ideas. En todo caso, han existido tendencias, escuelas, corrientes y movimientos entre pensadores de un mismo país.
Lo que si es cierto que el pensamiento del filósofo está muy condicionado por el entorno en el que se desarrolla, siendo un agente intelectual de sus propias circunstancias. Como escribió José Ortega y Gasset "yo soy yo, y mi circunstancia".
Miguel de Unamuno reúne en su perfil al pensador independiente español, originario, asistemático y solitario, cuyas ideas eran bastante sinceras. Su propia sinceridad le llevaba a la contradicción, y su personalidad vehemente lo aproximaba al cinismo. Frente a este perfil de pensador español-español está el de español-europeo que representa la figura de José Ortega y Gasset. Este último popularizó su filosofía del Existencialismo del Yo en torno a la expresión: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo".
Ambos son complementarios a su manera, siendo el primero de uso interno, y el segundo de alcance externo. Otra diferencia entre ambos es que Unamuno no creó una escuela, mientras que buena parte del pensamiento filosófico español del siglo XX es tributario de las ideas de Ortega. Por eso, Unamuno es un pensador al que admirar, y Ortega es no al que seguir.
Mantuvieron una amarga polémica sobre el tema de la "europeización de España o españolización de Europa", de la que se ha difundido sobre todo la lapidaria expresión unamuniana: "¡Que inventes ellos!", que Ortega percibía como una "desviación africanista del maestro y morabito salmantino".
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| JOSÉ ORTEGA Y GASSET |
Además de original e independiente, el filósofo español se ha caracterizado por ser libre frente a convencionalismos, por romper con estructuras establecidas, lo que generó su persecución y en muchas ocasiones su detención, enjuiciamiento y ejecución. Fue el caso de Prisciliano, que tiene el triste privilegio de ser el primer hereje condenado a muerte por la Iglesias cristiana. Lo que predicaba Prisciliano en la Hispania romana de siglo IV era algo inconcebible para la jerarquía religiosa: la libertad de interpretación del Evangelio y la libertad moral de los fieles. Buscaba también un entronque con la antigua religión celta, reuniendo a sus seguidores en bosques para hacer ritos que incluían la danza. Estas prácticas fueron interpretadas como herejía y Prisciliano fue perseguido, torturado y ejecutado por la Iglesia en Tréveris.
El cordobés Lucio Anneo Séneca ocupó los más altos cargos políticos de Roma imperial. Las envidias y conspiraciones de emperadores y enemigos le llevaron al exilio. Con la llegada de Nerón, Séneca dirigió la política romana durante ochos años, se hizo rico, y esto le acarreó envidias y reproches. En su tratado Sobre la vida bienaventurada: "Deja, pues de prohibir a los filósofos las riquezas, que nadie condenó a la sabiduría a que fuese pobre". Pero sus riquezas le condenaron a muerte. El propio Nerón codiciaba sus riquezas, por eso el emperador le acusó falsamente y ordenó su detención. El filósofo hispano decidió responder a esta injusticia mediante el suicidio. Con tranquilidad estoica se asfixió en un baño de vapor, ya que era asmático.
Pero al margen de su suicidio como solución contra los delirios de un emperador enloquecido, la filosofía senequista es vitalista, expresa lo conveniente para disfrutar de la vida en plenitud, huyendo de los excesos. Muchos de su textos podrían utilizarse en la actualidad como enseñanzas de autoayuda.
Esta característica filosófica basada en su utilitarismo y puesta en práctica para las personas ha sido muy desarrollada en la historia del pensamiento español, sobre todo por los pensadores religiosos. Eruditos como Jaime Balmes, Baltasar Gracián o los escolásticos de la Escuela de Salamanca, fueron herederos de una tradición que comenzó con Isidoro de Sevilla.
Pero los mayores logros del pensamiento por religiosos no pertenecieron al ámbito de la filosofía, sino de la mística, que es consecuencia de lo que se siente más que de lo que se piensa. Juan de la Cruz o Teresa de Jesús son los máximos representantes de esa corriente.
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| RAMÓN LLULL |
La originalidad es otra característica típica de la historia de la filosofía española. Paradigma de ello es la enorme figura del mallorquín Ramón Llull. Fue filósofo, misionero, alquimista, astrónomo, teólogo, fraile, poeta, novelista, médico, botánico, catedrático, agitador de las cruzadas en el siglo XIII. Incluso, anticipó ligeramente conceptos como la gravedad y la evolución de las especies. Construyó un artefacto automático, el Ars Magna, que era una especie de ordenador medieval, capaz de responder de forma mecánica a preguntas conceptuales. Murió como otros muchos pensadores españoles, perseguido y ajusticiado durante una prédica en Chipre.
Otro innovador fue el hispano-musulmán Guadix Ibn Tofail, del siglo XII. Debe su originalidad a una sola obra: El filósofo autodidacta, un libro que describe cómo un joven abandonado en una isla desierta es capaz de construir por sí mismo una visión lógica del mundo que requiere la existencia de Dios. Su estructura es la de una novela filosófica, un género nuevo al que siglos después desarrollarían autores como Voltaire con su Cándido.
Un gran teólogo y científico del siglo XVI fue el aragonés Miguel Servet, que desarrolló su talento abordando cuantos conocimientos tenía a su alcance. Se distinguió por su reflexión teológica y humanista, siendo el primero en describir la circulación pulmonar de la sangre. Pero tenía ideas propias sobre algunos dogmas del Catolicismo y entró en contacto con el propio Calvino. El líder reformista le envió uno de sus libros, el cual devolvió lleno de rectificaciones a los márgenes rebatiendo muchos argumentos. Se repetía la historia del pensador español acusado y perseguido por romper con la ortodoxia oficial establecida. Fue detenido en Ginebra, juzgado por hereje y desgraciadamente quemado vivo en Champel.
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| MIGUEL DE SERVET |
En el siglo XVIII entró en la extremadamente católica España un rayo de luz. En algunas ciudades se formaron núcleos de intelectuales defensores de los principios la Razón. Los ilustrados, hombres cultos y bienintencionados, trataron de modernizar la nación española y de amoldarlo en lo posible a los ideales que surgían en Europa, y sobre todo en Francia. Gaspar Melchor de Jovellanos, Benito Jerónimo Feijoo, Pablo de Olavide y muchos otros consiguieron avances decisivos durante el reinado de Carlos III, pero cuando estalló la Revolución francesa pasaron a ser considerados traidores, y el resultado de su esfuerzo emprendido durante décadas de luz y razón quedó empañado por la oscuridad del ideal reaccionario.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, aparecen las primeras mujeres con gran influencia en el ámbito de la cultura, la política y el pensamiento. En el ámbito de la filosofía destacó una discípula de Ortega llamada María Zambrano. Era una pensadora aguda y delicada, que exploró aspectos tan difíciles como la mística y la poesía. Fiel a la causa del Republicanismo, partió al exilio con 35 años y regresó con 80. Apenas tuvo tiempo para disfrutar de su país, que le otorgó el Premio Cervantes sólo un año antes de su muerte.
Fue uno de tantos intelectuales que sufriría el exilio ante el Régimen franquista, una cabeza pensante más que cortar, como tantos otros españoles durante la historia del pensamiento patrio. Para Miguel de Unamuno, "la Razón es la muerte del Fascismo", y así lo expresó el 12 de octubre de 1936, en la Universidad de Salamanca, enfrentándose dialécticamente al general Millán Astray. Frente al "¡Muerta la inteligencia! ¡Viva la muerte!" del militar golpista, el catedrático de filosofía declaró: "Éste es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que nunca tendréis: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho."
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| MARÍA ZAMBRANO |





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