España, deja que te nombre
y que queme en tu amormis palabras son odio,
puras y sin muerte,
pero rojas de sangre cálida.
En tus planicies y en tus ríos,
en tus bosques y tus montañas,
pero más en tus hombres, vivos y muertos,
en sus nobles almas, sobre las hondas ruinas,
veo un rostro hermoso ¡España, España!
A esa hermosura llamada España se refería Eugenio Nora, mientras Luis Rosales, habitado por la tragedia de la Guerra Civil, volvía su mirada al paisaje:
Y España son los ríos, y los montes azules,
y los valles y el mar que ciñe su alegría,
y España son los árboles y los trigos sonoros,
y el cielo como espejo de la tierra denuda.
Y España son los ríos, y los montes azules,
y los valles y el mar que ciñe su alegría,
y España son los árboles y los trigos sonoros,
y el cielo como espejo de la tierra denuda.
España del mar y de la mar, cuyas olas son esperanza de paz en la pluma de Blas de Otero:
El mar alrededor de España,
verde Cantábrico,
azul Mediterráneo,
mar gitana de Cádiz,
olas lindando
con la desdicha, mi verso
se queja al duro son
del remo y de la cadena,
mar niña de la Concha,
amarga mar de Málaga,
borrad los años fratricidas,
unid en una sola ola
las soledades de los españoles.
Aquellas esperanzas de paz y democracia se materializaron el 9 de junio de 1976, en un discurso sobre la Ley de Asociaciones Políticas ante las Cortes, cuando Adolfo Suárez recitó unos versos de Antonio Machado antes de su elección como presidente:
Está el hoy abierto al mañana
mañana al infinito.
Hombres de España:
ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana ni el ayer escritos.
Aquellos Campos de Castilla, con sus murallas roídas y castillos arruinados sobre el Duero, que los poetas habían cantado en su esplendor, atraviesan de tristeza los poemas de Antonio Machado:
Caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor!
¡Campos de Soria!
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!
Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía.
Los pensadores de la Universidad de Salamanca, plaza mayor de la época, trató de explicar los fundamentos morales de la conquista de América y de dar respuesta a los graves problemas políticos, económicos y religiosos resultantes de las empresas de la monarquía en Europa o la Reforma luterana. Discusiones que tenían siempre en la teología el único camino para estudiar al hombre y que, con Francisco de Vitoria a la cabeza, enriquecieron el pensamiento universal, derivándolo hacia cuestiones jurídicas, origen del moderno Derecho Internacional y de Gentes. La Escuela de Salamanca fue la primera institución dedicada al análisis macroeconómico en la historia de la Humanidad.
Poema de Miguel de Unamuno su Fuenterrabía soñada:
El mar alrededor de España,
verde Cantábrico,
azul Mediterráneo,
mar gitana de Cádiz,
olas lindando
con la desdicha, mi verso
se queja al duro son
del remo y de la cadena,
mar niña de la Concha,
amarga mar de Málaga,
borrad los años fratricidas,
unid en una sola ola
las soledades de los españoles.
Aquellas esperanzas de paz y democracia se materializaron el 9 de junio de 1976, en un discurso sobre la Ley de Asociaciones Políticas ante las Cortes, cuando Adolfo Suárez recitó unos versos de Antonio Machado antes de su elección como presidente:
Está el hoy abierto al mañana
mañana al infinito.
Hombres de España:
ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana ni el ayer escritos.
Es la travesía de puertos y rostros en la pluma de Antonio Machado:
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino,
sino estelas en la mar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino,
sino estelas en la mar.
Y soledades de panteón para el poeta-guerrero Jorge Manrique:
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar
que es el morir,
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales
allí los otros medianos
y más chicos
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar
que es el morir,
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales
allí los otros medianos
y más chicos
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
España de ríos caudalosos y ríos chicos. La emoción de Manuel Machado ante el río Guadalquivir, que contempla, lejano, la primera estrofa de la civilización hispana:
¡Oh Guadalquivir!
Te vi en Cazorla nacer;
hoy, en Sanlúcar morir.
Un borbollón de agua clara
debajo de un pino verde
eres tú: ¡qué bien sonabas!
¡Oh Guadalquivir!
Te vi en Cazorla nacer;
hoy, en Sanlúcar morir.
Un borbollón de agua clara
debajo de un pino verde
eres tú: ¡qué bien sonabas!
Y el romance que el río Duero susurra al oído de Gerardo Diego:
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
Se funden con la música de agua del río Tajo, cantando siglos atrás por Garcilaso de la Vega en su Égloga tercera:
Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta el altura
y así la teje arriba y encadenada
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
alegrando la hierba y el oído.
Estaba puesta en la sublime cumbre
del monte, y desde allí por él sembrada
aquella ilustre y clara pesadumbre,
de antiguos edificios adornada.
De allí con agradable mansedumbre
al Tajo va siguiendo su jornada
y regando los campos y arboledas
con artificio de las altas ruedas.
Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta el altura
y así la teje arriba y encadenada
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
alegrando la hierba y el oído.
Estaba puesta en la sublime cumbre
del monte, y desde allí por él sembrada
aquella ilustre y clara pesadumbre,
de antiguos edificios adornada.
De allí con agradable mansedumbre
al Tajo va siguiendo su jornada
y regando los campos y arboledas
con artificio de las altas ruedas.
Mares, ríos, campos, ciudades, iglesias, mezquitas, castillos… España refleja en su piel las huellas de viejas civilizaciones que le dieron su savia mejor. La vieja Iberia, gran monte de plata y arcilla, mejoró su fortuna al convertirse en cuba de sedimentación de pueblos, culturas y religiones. Hispania, Toledo, Al-Ándalus, Sefarad, sería su nombre. Todo comenzaba con la llegada de marinos procedentes de Oriente a la bahía de Cádiz, odisea de barcos y metales preciosos que canta Rafael Alberti en su Ora marítima:
Y así naciste, oh Cádiz,
blanca Afrodita en medio de las olas.
Levantadas las nieblas del Océano,
pudiste en sus espejos contemplarte
como la más hermosa joven aparecida
entre la mar y el cielo de Occidente.
Traías en tus manos fenicias el olivo
y un collar para Tarsis,
para su poderosa garganta plateada.
En ella se abrasaron tus ojos, sobre ella
reclinaste la frente y fuiste rica,
la avara marinera que en el viento
a Nuestro Mar tendía, victoriosa, su nombre.
Memoria de los profetas:
Como reina de todos los metales,
reluciste en el trueno y el relámpago
de la celeste voz de los profetas.
La plata que de Tarsis alzaban tus navíos
llena está de sus sílabas ardientes.
Dijo Ezequiel a Tiro, oh Cádiz, madre tuya:
"Tarsis contigo comerció, debido
a la gran multitud de sus productos.
La plata, el plomo, el hierro y el estaño,
ella los dio en tus ferias."
Y también Isaías dijo a Tiro,
oh Cádiz, madre tuya:
"Y las naves de Tarsis
salen para traer tus hijos de muy lejos
cargados con su plata."
Y dijo Jeremías,
alabándote, oh Cádiz, tus tesoros:
"De Tarsis traerán la plata amartillada,
que vestirán de cárdeno y de púrpura
la mano del artífice."
Y así naciste, oh Cádiz,
blanca Afrodita en medio de las olas.
Levantadas las nieblas del Océano,
pudiste en sus espejos contemplarte
como la más hermosa joven aparecida
entre la mar y el cielo de Occidente.
Traías en tus manos fenicias el olivo
y un collar para Tarsis,
para su poderosa garganta plateada.
En ella se abrasaron tus ojos, sobre ella
reclinaste la frente y fuiste rica,
la avara marinera que en el viento
a Nuestro Mar tendía, victoriosa, su nombre.
Memoria de los profetas:
Como reina de todos los metales,
reluciste en el trueno y el relámpago
de la celeste voz de los profetas.
La plata que de Tarsis alzaban tus navíos
llena está de sus sílabas ardientes.
Dijo Ezequiel a Tiro, oh Cádiz, madre tuya:
"Tarsis contigo comerció, debido
a la gran multitud de sus productos.
La plata, el plomo, el hierro y el estaño,
ella los dio en tus ferias."
Y también Isaías dijo a Tiro,
oh Cádiz, madre tuya:
"Y las naves de Tarsis
salen para traer tus hijos de muy lejos
cargados con su plata."
Y dijo Jeremías,
alabándote, oh Cádiz, tus tesoros:
"De Tarsis traerán la plata amartillada,
que vestirán de cárdeno y de púrpura
la mano del artífice."
Tierra de aluvión humano, de ríos, montañas y valles de frondosos rumores, Ibn Hazm de Córdoba escribió en el siglo XI sobre el territorio de la actual Andalucía:
Yo soy de una tierra dura y pedregosa,
reacia e insumisa a toda vegetación;
pero si algunas plantas afincan sus raíces,
no han de cuidarse de que abunden las lluvias de primavera.
Yo soy de una tierra dura y pedregosa,
reacia e insumisa a toda vegetación;
pero si algunas plantas afincan sus raíces,
no han de cuidarse de que abunden las lluvias de primavera.
Dos siglos después, Gonzalo de Berceo refrescaría su verso dulce y grave en la sombra de los álamos de La Rioja, tierra de monasterios y soldados:
Manaban cada extremo fuentes claras, corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.
Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas.
Había muchas frutas de diversas monedas,
pero ninguna había ni podrida ni aceda.
Manaban cada extremo fuentes claras, corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.
Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas.
Había muchas frutas de diversas monedas,
pero ninguna había ni podrida ni aceda.
Aquellos Campos de Castilla, con sus murallas roídas y castillos arruinados sobre el Duero, que los poetas habían cantado en su esplendor, atraviesan de tristeza los poemas de Antonio Machado:
Caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor!
¡Campos de Soria!
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!
Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía.
Continuó describiendo Castilla Desde mi rincón:
¡Castilla, España de los largos ríos
que el mar no ha visto y corre hacia los mares;
Castilla de los páramos sombríos,
Castilla de los negros encinares!
Labriegos trasmarinos y pastores
trashumantes, arados y merinos,
labriegos con talante de señores,
pastores del color de los caminos.
¡Castilla, España de los largos ríos
que el mar no ha visto y corre hacia los mares;
Castilla de los páramos sombríos,
Castilla de los negros encinares!
Labriegos trasmarinos y pastores
trashumantes, arados y merinos,
labriegos con talante de señores,
pastores del color de los caminos.
El mismo sentimiento, pero empañado de inviernos y rebeldía, empuja el verso de Rosalía de Castro, que defendía, a orillas del Sar, su Galicia, presa del hacha y la deforestación:
Los que ayer fueron bosques
y selvas de agreste espesura
donde envueltas en dulce ministerio
al rayar el día flotaban las brumas,
y brotaba la fuente serena
hoy son áridas lomas que ostentan
deformes y negras
sus hondas cisuras.
Los que ayer fueron bosques
y selvas de agreste espesura
donde envueltas en dulce ministerio
al rayar el día flotaban las brumas,
y brotaba la fuente serena
hoy son áridas lomas que ostentan
deformes y negras
sus hondas cisuras.
Joan Manoel Pintos también a Galicia dedicó en 1861:
Da patria e religion o fogo santona
gente de Galicia atéa tanto,
que morrer só deseja,
primeiro que sufrir á negra mingua
de que os Mouros lle manchen a sua lingua.
Nin as leis, nin costumes, nin a Igrexa...
En toda las edades os Gallegos
de España muy leales defensores
probaron po lo mar e po la terra
que non se presentaban nun-ha guerrra
soldados mais valentes nin mellores.
Non te acòres ti pois, nobre Galicia.
Quizais teus fillos inda che precuren
un novo menumento,
E ardendo no amor patrio que eu che juro
resóe traspasando o firmamento
O nome de Galicia santo e puro.
D' aqui non nos arrincan herejes nin gentios,
Nin tod' os protestantes con mouros e judios.
Cantabria la indomable y Cuba hermosa
floridas ramas son del tronco hispano;
separarlas quisieron, más en vano,
vibrante amor en ambas hoy rebosa.
Da patria e religion o fogo santona
gente de Galicia atéa tanto,
que morrer só deseja,
primeiro que sufrir á negra mingua
de que os Mouros lle manchen a sua lingua.
Nin as leis, nin costumes, nin a Igrexa...
En toda las edades os Gallegos
de España muy leales defensores
probaron po lo mar e po la terra
que non se presentaban nun-ha guerrra
soldados mais valentes nin mellores.
Non te acòres ti pois, nobre Galicia.
Quizais teus fillos inda che precuren
un novo menumento,
E ardendo no amor patrio que eu che juro
resóe traspasando o firmamento
O nome de Galicia santo e puro.
D' aqui non nos arrincan herejes nin gentios,
Nin tod' os protestantes con mouros e judios.
Cantabria la indomable y Cuba hermosa
floridas ramas son del tronco hispano;
separarlas quisieron, más en vano,
vibrante amor en ambas hoy rebosa.
Cantabria fue conocida durante siglos como La Montaña, la provincia de Santander. A la tierra de los indómitos cántabros dedicó unos versos Federico Iriarte de la Banda:
Cantabria la indomable y Cuba hermosa
floridas ramas son del tronco hispano;
separarlas quisieron, más en vano,
vibrante amor en ambas hoy rebosa.
Cantabria la indomable y Cuba hermosa
floridas ramas son del tronco hispano;
separarlas quisieron, más en vano,
vibrante amor en ambas hoy rebosa.
Una de las canciones más importantes del folclore montañés es:
Viva La Montaña, viva!
viva el Pueblo montañés,
que si La Montaña muere,
España perdida es.
Si vas a Reinosa
paras en Pesquera,
verás qué mozucas
más guapas te esperan.
Viva La Montaña, viva!
viva el Pueblo montañés,
que si La Montaña muere,
España perdida es.
Si vas a Reinosa
paras en Pesquera,
verás qué mozucas
más guapas te esperan.
Y entre los campos, las ciudades, muchas de ellas milenarias, capaces de renacer de sus cenizas para ofrecer una imagen semita, romana, visigoda, musulmana, cristiana… Cuando ya había pasado su grandeza romana y omeya y antes de que los galeones la renovasen como puerto de la abundancia europea, Sevilla era capaz de inspirar al palentino marqués de Santillana este soneto:
Roma en el mundo y vos en España
sois solas, ciudades ciertamente,
fermosa Ispalis, sola por fazaña
corona de la Bética excelente.
Roma en el mundo y vos en España
sois solas, ciudades ciertamente,
fermosa Ispalis, sola por fazaña
corona de la Bética excelente.
También son tradicionales de la ciudad los versos inscritos sobre el arco de la Puerta de Jerez, que, traducidos, resumen la historia de Sevilla de este modo:
Hércules me edificó,
Julio César me cercó
de muros y torres altas,
el Rey Santo me ganó
con Garci Pérez de Vargas.
Hércules me edificó,
Julio César me cercó
de muros y torres altas,
el Rey Santo me ganó
con Garci Pérez de Vargas.
El monopolio de los negocios con las Indias convirtió a Sevilla en epicentro de los intercambios comerciales del mundo conocido, atrayendo a numerosos extranjeros europeos y españoles como cuenta Luís de Góngora en su Gran Babilonia de España:
Gran Babilonia de España,
mapa de todas las naciones,
donde el flamenco a su Gante
y el inglés halla su Londres;
escala del Nuevo Mundo,
cuyos ricos escalones,
enladrillados de plata,
son navíos de alto borde.
Con sus grandezas Sevilla
diez días nos tuvo o doce,
y dejámosla al fin de ellos,
pagada en admiraciones.
Gran Babilonia de España,
mapa de todas las naciones,
donde el flamenco a su Gante
y el inglés halla su Londres;
escala del Nuevo Mundo,
cuyos ricos escalones,
enladrillados de plata,
son navíos de alto borde.
Con sus grandezas Sevilla
diez días nos tuvo o doce,
y dejámosla al fin de ellos,
pagada en admiraciones.
Las partidas de oro y plata que desde las minas americanas llegaban al puerto marítimo de Sevilla eran despilfarradas por los Austrias mayores en los campos de batallas, esfumados en manos de los prestamistas flamencos e italianos que adelantaban el dinero para sufragar los gastos de las guerras de la religión católica o del concepto patrimonialista de la Corona de los Habsburgos. Tal proceso lo describe Francisco de Quevedo en Poderoso caballero es don dinero:
Nace en las Indias honrado,
donde el mundo el acompaña,
viene a morir en España
y es en Génova enterrado.
Nace en las Indias honrado,
donde el mundo el acompaña,
viene a morir en España
y es en Génova enterrado.
No se queda atrás el bilbaino Miguel de Unamuno al referirse a Salamanca, ciudad que guarda entre las paredes de sus edificios renacentistas y barrocos el eco de los más brillantes pensadores de que puede gloriarse la cultura hispana, desde el "decíamos ayer" de fray Luis de León, al "venceréis, pero no convenceréis" del mismo Miguel de Unamuno.
Patrimonio de la Humanidad y Capital Europea de la Cultura, desde la época romana hasta hoy, Salamanca no ha dejado de ser un punto de encuentro cultural. Así, pasó de ser hace siglos un importante núcleo mercantil en la Vía de la Plata a convertirse en la capital española universitaria, del pensamiento y del saber, sede de la primera Escuela Económica europea. Unamuno dedica a esta ciudad estos versos en sus Poesías:
Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.
Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.
Alto soto de torres que al ponerse
tras las encinas que el celaje esmaltan
dora a los rayos de su lumbre el padre
Sol de Castilla.
Bosque de piedras que arrancó la historia
a las entrañas de la tierra madre,
remanso de quietud, yo te bendigo
¡mi Salamanca!
Al pie de tus sillares, Salamanca,
de las cosechas del pensar tranquilo
que año tras año maduró en tus aulas
duerme el recuerdo.
Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos.
Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
tú mi recuerdo.
Alto soto de torres que al ponerse
tras las encinas que el celaje esmaltan
dora a los rayos de su lumbre el padre
Sol de Castilla.
Bosque de piedras que arrancó la historia
a las entrañas de la tierra madre,
remanso de quietud, yo te bendigo
¡mi Salamanca!
Al pie de tus sillares, Salamanca,
de las cosechas del pensar tranquilo
que año tras año maduró en tus aulas
duerme el recuerdo.
Los pensadores de la Universidad de Salamanca, plaza mayor de la época, trató de explicar los fundamentos morales de la conquista de América y de dar respuesta a los graves problemas políticos, económicos y religiosos resultantes de las empresas de la monarquía en Europa o la Reforma luterana. Discusiones que tenían siempre en la teología el único camino para estudiar al hombre y que, con Francisco de Vitoria a la cabeza, enriquecieron el pensamiento universal, derivándolo hacia cuestiones jurídicas, origen del moderno Derecho Internacional y de Gentes. La Escuela de Salamanca fue la primera institución dedicada al análisis macroeconómico en la historia de la Humanidad.
Lope de Vega escribió sobre Salamanca en El laurel de Apolo:
Tormes, de bellos álamos ceñido
que el sirven de sombra, y él a ellos
de espejo claro y puro
sobre pizarras frágiles tendido
corriéndose cristales los cabellos,
con que de Salamanca ilustra el muro,
cuyas islas de arena
canté llorando mi amorosa pena.
Estudiante de amor en sus riberas
más que de sus escuelas celebradas,
flores del tiempo en nieves transformadas,
invierno ya de verdes primaveras.
Tormes, de bellos álamos ceñido
que el sirven de sombra, y él a ellos
de espejo claro y puro
sobre pizarras frágiles tendido
corriéndose cristales los cabellos,
con que de Salamanca ilustra el muro,
cuyas islas de arena
canté llorando mi amorosa pena.
Estudiante de amor en sus riberas
más que de sus escuelas celebradas,
flores del tiempo en nieves transformadas,
invierno ya de verdes primaveras.
La ciudad imaginada por la burguesía del XIX quedaría personificada en la Barcelona que inspira su oda a Maragall y en aquella nostalgia de palacios, parques, avenidas de tilos, tristes edificios y pérgolas por donde pasea en los años cincuenta su culpabilidad de clase Gil de Biedma.
Algo de aquel momento queda en estos palacios
y estas perspectivas desiertas bajo el sol,
cuyo destino nadie recuerda.
Todo fue una ilusión, envejecida
como la maquinaria de sus fábricas,
o como la casa en Sitges, o en Caldetas,
heredada también por el hijo mayor.
Algo de aquel momento queda en estos palacios
y estas perspectivas desiertas bajo el sol,
cuyo destino nadie recuerda.
Todo fue una ilusión, envejecida
como la maquinaria de sus fábricas,
o como la casa en Sitges, o en Caldetas,
heredada también por el hijo mayor.
Oda a Barcelona por Jacinto Verdaguer:
Y por bandera a España
de la suya un jirón
nunca cruzó del mar
la anchura serena
un pez que no luciese
las barras de Aragón.
Y por bandera a España
de la suya un jirón
nunca cruzó del mar
la anchura serena
un pez que no luciese
las barras de Aragón.
La Villa y Corte de Madrid emprendió una serie de reformas urbanísticas a finales del siglo XVIII, bajo el reinado de su ilustrado rey alcalde Carlos III, que su resplandor y brillo llegaba "de Madrid al cielo". Así lo contaba el entremesista Luis Quiñones de Benavente en su obra Baile del invierno y el verano, cuyo cuarto verso dice:
Pues el invierno y verano
en Madrid sólo son buenos.
Desde la cuna a Madrid,
y desde Madrid al cielo.
Pues el invierno y verano
en Madrid sólo son buenos.
Desde la cuna a Madrid,
y desde Madrid al cielo.
A un Madrid más modernista e industrial escribió Blas de Otero en su Túmulo de gasoil:
Hojas sueltas, decidme, qué se hicieron
los Infantes de Aragón, Manuel Granero, la pavana para una infanta,
si está Madrid iluminado como una diapositiva
y sólo en este barrio saltan, ríen, berrean sesenta o setenta y cinco niños
y sus mamás ostentan senos de Honolulu, y pasan muchachas con sus ropas chapadas,
faldas en microscuro, y manillas brillantes y sandalias de purpurina,
hojas sueltas, caídas
como cristo contra el empedrado, decidme,
quién empezó eso de cesar, pasar, morir,
quien inventó tal juego, ese espantoso solitario
sin trampa, que le deja a uno acartonado,
si la plaza de Oriente es una rosa de Alejandría,
ah Madrid de Mesonero, de Lope, de Galdós y de Quevedo,
inefable Madrid infestado por el gasoil, los yanquis y la sociedad de consumo,
ciudad donde Jorge Manrique acabaría por jodernos a todos,
a no ser porque la vida está cosida con grapas de plástico
y sus hojas perduran inarrancablemente bajo el rocío de los prados
y los graves estrofas que nos quiebran los huesos y los esparcen
bajo este cielo de Madrid ahumado por cuántos años de quietismo,
tan parecidos a don Rodrigo en su túmulo de terciopelo y rimas cuadriculadas.
Hojas sueltas, decidme, qué se hicieron
los Infantes de Aragón, Manuel Granero, la pavana para una infanta,
si está Madrid iluminado como una diapositiva
y sólo en este barrio saltan, ríen, berrean sesenta o setenta y cinco niños
y sus mamás ostentan senos de Honolulu, y pasan muchachas con sus ropas chapadas,
faldas en microscuro, y manillas brillantes y sandalias de purpurina,
hojas sueltas, caídas
como cristo contra el empedrado, decidme,
quién empezó eso de cesar, pasar, morir,
quien inventó tal juego, ese espantoso solitario
sin trampa, que le deja a uno acartonado,
si la plaza de Oriente es una rosa de Alejandría,
ah Madrid de Mesonero, de Lope, de Galdós y de Quevedo,
inefable Madrid infestado por el gasoil, los yanquis y la sociedad de consumo,
ciudad donde Jorge Manrique acabaría por jodernos a todos,
a no ser porque la vida está cosida con grapas de plástico
y sus hojas perduran inarrancablemente bajo el rocío de los prados
y los graves estrofas que nos quiebran los huesos y los esparcen
bajo este cielo de Madrid ahumado por cuántos años de quietismo,
tan parecidos a don Rodrigo en su túmulo de terciopelo y rimas cuadriculadas.
Poema de Miguel de Unamuno su Fuenterrabía soñada:
Si no has de volverme a España,
Dios de la única bondad,
si no has de acostarme en ella,
¡hágase tu voluntad!
Como en el cielo en la tierra,
en la montaña y la mar,
Fuenterrabía soñada,
tu campana oigo sonar.
Es el llanto del Jaizquibel
sobre él pasa el huracán,
entraña de mi honda España,
te siento en mí palpitar.
Espejo del Bidasoa
que vas a perderte al mar,
¡qué de ensueños te me llevas!,
a Dios van a reposar.
Campana Fuenterrabía,
lengua de la eternidad,
me traes la voz redentora
de Dios, la única bondad.
¡Hazme, Señor, tu campana,
campana de tu verdad,
y la guerra de este siglo
me dé en tierra eterna paz!
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