Étienne Gilson definió al Socratismo cristiano al interés de los humanistas del siglo XV por la Antigüedad clásica, en Le socratisme chrétien de su obra L’esprit de la philosophie médiévale, publicada en París en 1932.
José Antonio Maravall, escribió que "literalmente, ese socratismo no se apoya en el recuerdo de Sócrates, ni prácticamente es socrático, aunque sea cierto que estas posiciones sólo pueden suscitarse en círculos culturales que tengan mucho de común con el precedente helénico". Cita escrita en La estimación de Sócrates y de los sabios eclesiásticos en la Edad Media español, dentro de su obra Estudios de Historia del Pensamiento español, publicado en Madrid, en 1967.
En Sócrates y en la estima generalizada por él viene a resumirse y simbolizarse toda una corriente de admiración y de interés por los sabios de la Antigüedad clásica y, en especial, por los que se mueven en una dirección moralizante: Cicerón, Virgilio, Ovidio, pero sobre todo Séneca. En gran número de casos, el Socratismo cristiano y el Senequismo pueden identificarse perfectamente.
Alfonso de la Torre, en su Visión deleitable de la filosofía, explicaba que al entrar al Entendimiento en casa de la Naturaleza, la encuentra presidida por Aristóteles, mientras que al entrar en casa de la Razón la presidencia la ocupan Séneca y Sócrates conjuntamente. De hecho, De la Torre expresaba así una corriente de la Baja Edad Media que incitaba a Giannozzo Manetti a "escribir paralelamente las vidas de Sócrates y Séneca, al modo de Plutarco, como ejemplos ambos de virtud y maestros de doctrina moral." Este político y filósofo italiano de tendencia platonizante fue autor de un tratado De dignitate et excelentia hominis, en 1452.
La valoración cristiana de Sócrates, que aparece en la Primera Crónica General de Alfonso X, está en la misma línea que la de Séneca y, en cierto modo, es consecuencia de ella. La actitud de Sócrates en el Critón, que muere por negarse a admitir una pluralidad de dioses, es reiteradamente comparada con Cristo y, por su puesto, con la del Séneca que se vio obligado a abrirse las venas. En los tres casos hay un enfrentamiento con el poder público y quien lo detenta, que es lo que a su vez les llevó a la muerte, de forma aceptada, serena y heroica, en consciente sacrificio voluntario por la comunidad.
Esta tendencia a la Cristianización de Séneca, que predominaría sobre Sócrates en la Baja Edad Media española, y aún durante el periodo prerrenacentista, aparece en los primeros siglos medievales, y muy sintomático de ella es la atribución al filósofo romano de la obra de san Martín de Braga, Formula vitae honestae, atribución que se prolongó hasta el siglo XVI.
Con todo, el tema fue adquiriendo fuerza y alcanzaría uno de sus períodos culminantes en los que fue la esrasmización de Sócrates, en el siglo XVI, momento en quedó establecido un Sócrates precristiano. Se trata de la famosa exclamación de Erasmo de Rotterdam en uno de los Coloquios bajo el título Convivium religiosum, donde escribió que cada vez que leía el pasaje del Critón en que Sócrates se dirige a este antes de beber la cicuta no puede por menos de exclamar: "¡San Sócrates, ruega por nosotros!".
El Sócrates medieval, donde éste aparece como un modelo de perfección cristiana, y no como un maestro del análisis racional, es el que va preparando el terreno para la versión erasmista. Según Maragall:
"De todas las posibles imágenes socráticas, Erasmo se atiene a la de un Sócrates tan inmediato al Cristianismo que puede considerarse sobrenaturalmente dentro de él, y cuya calidad personal sería tan admirable, que Dios le habría permitido adelantarse, en el conocimiento de ciertas verdades, a la fundación histórica del Cristianismo. Como precristiano, pues, y no como filósofo pagano, le admira Erasmo."
En el siglo XV, los escritores italianos ya habían valorado el elemento ético-religioso de Sócrates por encima de su aportación filosófica racional, pero sólo sería Erasmo quien se atreviese a elevarlo a la esfera de la santidad, si quiera sea por la vía de hipérbole retórica. Así lo expresa Raymond Marcel en Saint Socrate, patron de i’Humanismo, de la obra Umanesimo e Scienza Politica, de Marzorati, publicada en Milán en 1951.
La relación entre Senequismo y Socratismo es el factor básico que promueve el fenómeno de dicha erasmización. Por ello, no debe hacernos olvidar la que este fenómeno tiene en deuda con esa personalidad medieval de Sócrates, en la que éste aparece estrechamente vinculado a Séneca. Maragall fue tajante en este aspecto:
"La fuente principal para este aspecto de la personalidad medieval de Sócrates se halla en Séneca, cualquiera que sea la alteración que haya sufrido. En Séneca, Sócrates es, siempre que aparece citado, un modelo de moral heroica, cuyas acciones, y no ya sólo sus palabras, son de un alto valor adoctrinante."
El Sócrates medieval es en gran parte, un Sócrates senequista, y así se refleja en algunos autores españoles. Algunos de ellos son García de Castrojeriz, Francesc Eiximenis, Pablo de Santa María y Bernat Metge. Para estos, la cristianización de Séneca y de Sócrates van siempre unidas, en una tendencia moralizante de carácter estoico.
Casi todos los humanistas del siglo XV hablan de noster Séneca, ya tal "hispanización" de Séneca empezó con autores como Mena y Pérez de Guzmán, quienes estaban orgullosos del origen hispanorromano del filósofo.
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