Juan Fermín de Guilisasti fue ingeniero industrial, maestro mayor ancorero e inspector de la Real Fábrica de Anclas de Hernani en 1752, que, después de ejercer el espionaje industrial en las ferrerías de Holanda, pudo introducir las técnicas de fabricación de grandes anclas para buques de guerra de la Real Armada española, convirtiéndose en el mejor maestro ancorero de su tiempo desde su ferrería de Aya.
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| JUAN FERMÍN DE GUILISASTI |
Juan Fermín de Guilisasti era natural de Aya, villa de Guipúzcoa, donde nació en 1705. Pertenecía a un linaje de ferrones y ancoreros establecido en las orillas del río Oria, que se dedicaban a la fabricación de anclas desde siglos atrás. Los primeros años de su vida profesional los realizó, básicamente, en la ferrería del barrio de Arrazubia, en su pueblo natal, situada junto al río que partiendo de las estribaciones del Ernio desemboca en la ría de Orio. Estaba al frente de una de las muchas ferrerías que abastecían de anclas de pequeño y mediano peso a embarcaciones de los astilleros de Pasajes y San Sebastián y que exportaban parte de su producción a Francia e Inglaterra.
En la década de 1730, solicitó a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas una pensión para realizar una misión de espionaje industrial en las Provincias Unidas de los Países Bajos. El objetivo era estudiar los avances técnicos en el sistema de producción de anclas marinas de gran tamaño de las ferrerías holandesas, entonces a la vanguardia en Europa.
El siglo XVII fue la época de la expansión comercial holandesa por el mundo, despuntando también en la construcción naval que incluía elementos tan necesarios como las anclas, surtiendo de estas herramientas a otros países, como Francia o España. Ya, en el XVIII, los buques de guerra experimentaron un considerable aumento en dimensiones y tonelaje, provistos con mayor número cañones, que necesitaban anclas cada vez más pesadas. Debido a la incapacidad de las ferrerías guipuzcoanas para fabricar piezas de tanta envergadura, los constructores de grandes galeones y navíos de línea tuvieron que recurrir a fabricantes extranjeros.
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| FERRERÍA DE GRANDES ANCLAS |
Por eso, bajo este contexto apareció la figura de Juan Fermín de Guilisasti dispuesto a visitar aquellas ferrerías. En unos meses aprendió los métodos de fabricación de las grandes anclas, incluyendo sus técnicas en soldadura. Difícil tarea tuvo que ejecutar, pues las autoridades holandesas descubrieron sus intenciones, y tuvo que abandonar precipitadamente aquel país ante el riesgo a ser capturado y procesado por espionaje industrial.
Tras completar su misión, Guilisasti pudo regresar al puerto de San Sebastián. Entre los instrumentos que trajo consigo estaban un pescante mayor (brazo de grúa sobre embarcación), un mazo grande de 20 arrobas, y otras herramientas para fabricar grandes anclas. Entre los conocimientos técnicos estaba la utilización del carbón piedra como combustible del proceso productivo, cuyo sistema estaba revolucionando la metalurgia en Centroeuropa. Estos fueron puestos en práctica en su propia fábrica de anclas del barrio de Arrazubia de Aya.
A finales de la década de 1730, su ferrería era la más importante de Guipúzcoa en este sector industrial. Así, las anclas labradas por Guilisasti fueron adquirieron gran fama y prestigio en los astilleros y puertos marítimos de España, no solo por sus dimensiones y formas, sino además por su calidad técnica.
En 1739, consiguió un hito en esta industria al fabricar un ancla de 72 quintales, el más grande construido para un barco español, por lo que fue felicitado por algunos generales del ejército, en ellos el ministro de Marina, Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada. A partir de este momento, comenzaría a fabricar anclas con destino a los navíos y fragatas de la Real Armada española y la Real Compañía de Caracas, convirtiéndose en el maestro ancorero más importante de España.
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| REAL FÁBRICA DE ANCLAS DE HERNANI |
Ante el creciente aumento de la demanda de grandes anclas por parte de la Real Armada, en 1749, el ministro Somodevilla se interesó por su actividad y programó la instalación de una Real Fábrica de Anclas en Guipúzcoa por cuenta del Estado, con sede en Rentería.
En 1750, se fundó la Real Fábrica de Anclas de Hernani, uniendo las tres ferrerías de Fagollaga, Ereñozu y Picoaga. Por real orden de 1750, Juan Fermín de Guilisasti fue nombrado maestro mayor e inspector técnico de la Real Plaza de Hernani, un sueldo de 40 escudos mensuales. El inspector de anclas residía generalmente en San Sebastián, era oficial de la armada y no solamente hacía inspección en las ferrerías, sino también en los mismos muelles o lonjas antes del embarque. Durante su estancia, reglamentó quince clases de anclas, que variaban entre los 7 y los 12 quintales de peso.
Más tarde, Guilisasti fue apartado del cargo debido, entre otras cuestiones, a los problemas que surgieron con los asentistas de las oficinas, las imperfecciones aparecidas en algunas anclas, y la reestructuración de trabajadores de la fábrica. Esta fábrica estuvo funcionando hasta 1857, por algún tiempo posterior se usó como fábrica de cemento, en la actualidad sólo quedan las ruinas.
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| TRABAJADORES ANCOREROS DE HERNANI |
Guilisasti regresó a su negocio privado en la ferrería de Arrazubia. Su reconocimiento en el sector industrial le sirvió también para asociarse con otros empresarios y armadores. Así, se asoció con Jerónimo de Goicoechea para fundar una sociedad ancorera con sede comercial en Caparrena, Usurbil. Continuó fundando varias fábricas en Guipúzcoa, llegando hasta el número de doce las que funcionaban en 1787, entre las suyas y las de otros industriales.
Gracias a sus resultados en el espionaje industrial, varios talleres siderúrgicos de Guipúzcoa comenzaron a desarrollar anclas de grandes dimensiones, que fueron compradas por todos los astilleros de las provincias del Imperio español e incorporadas a las embarcaciones que construían. No solo distribuían este producto metalúrgico a la Real Armada española, incluso abastecieron al Ejército francés, coaligados con el español a través de los Pactos de Familia, aunque también a Portugal e Inglaterra, evitando su importación desde Holanda.
La trayectoria industrial comenzada por Juan Fermín de Guilisasti fue continuada por su viuda, su hijo Juan Antonio de Guilisasti y su nieto Juan Fermín de Guilisasti, en la fábrica de Arrazubia.
Años más tarde, Juan Fermín de Guilisasti nieto fue nombrado por el Rey Carlos III, inspector de anclas por real orden de Carlos III. Este no sólo simplificó los innumerables tipos de anclas que entonces se fabricaban, sino también sus correspondientes pliegos de condiciones, fijando tolerancias en peso y medida, ensayos de choque, etc.
A fines del siglo XVIII, el número de ferrerías de anclas en Guipúzcoa alcanzaba la cifra de dieciocho, la mayoría estaba establecidas sobre los ríos Urumea, Oria y Leizarán. Aparte de los pedidos particulares, el Estado, en un periodo aproximado de un año, encargo más de 400 anclas por un valor de 1.200.000 reales de vellón. En esta época llegó a fabricarse en Guipúzcoa el ancla mayor que se había hecho en España, el cual pesó 9.560 libras.
El emprendimiento e ingeniería de este industrial guipuzcoano consiguió la implantación de una nueva industria de la marinería en la España del siglo XVIII, en plena Ilustración científica.
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| JUAN FERMÍN DE GUILISASTI |





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