La Guerra civil española (1936-1939) provocó una ruptura en nuestras letras: algunos autores murieron en el transcurso, fusilados, encarcelados o de muerte natural y otros continuarán su labor en el exilio. Sólo unos pocos de los que escriben tras el conflicto eran principiantes en 1936.
La más difundida en un principio sería la poesía de los vencedores, donde destacó el gaditano José María Pemán con su Poema de la Bestia y el Ángel, extraña mezcla de épica política.
Los temas más frecuentes de esta época son el amoroso, el religioso y el imperial, que a menudo se refleja en descripciones de ciudades o lugares destacados en la guerra.
La más difundida en un principio sería la poesía de los vencedores, donde destacó el gaditano José María Pemán con su Poema de la Bestia y el Ángel, extraña mezcla de épica política.
Los temas más frecuentes de esta época son el amoroso, el religioso y el imperial, que a menudo se refleja en descripciones de ciudades o lugares destacados en la guerra.
Miguel Hernández dedicó al pueblo español el poema Vientos del pueblo me llevan:
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada;
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada;
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
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| LA GUERRA CIVIL, POR CELSO LAGAR |
Guerra en los vergeles de España, por Rafael Alberti:
Por los vergeles de España, muerte y sangre.
Se han puesto rojos los azahares.
A raíz de la mar, a raíz de los huertos,
de los mediterráneos jardines de Levante,
las gentes de la costa tranquila ven abrirse
las primeras trincheras junto a los naranjales.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Grandes y hermosas son las tierras de la Patria,
millonarias de olivas, hondas de minerales,
anchas de pan, extensas de viñas y ganados,
de varones y hombres, largas, interminables.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Necesarias serán nuestras más bellas vidas,
que los ríos tumbados en sus lechos se paren,
que en el campo en sus entrañas removido no crezca,
que el sol se descamine y se despeñe el aire.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Eso y más, si es preciso, hasta que paralicen de asombro
los que aúllan por que España se acabe.
Esto y aún más veríamos…
Pero lo que veremos será en verdes laureles abrir los azahares.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Por los vergeles de España, muerte y sangre.
Se han puesto rojos los azahares.
A raíz de la mar, a raíz de los huertos,
de los mediterráneos jardines de Levante,
las gentes de la costa tranquila ven abrirse
las primeras trincheras junto a los naranjales.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Grandes y hermosas son las tierras de la Patria,
millonarias de olivas, hondas de minerales,
anchas de pan, extensas de viñas y ganados,
de varones y hombres, largas, interminables.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Necesarias serán nuestras más bellas vidas,
que los ríos tumbados en sus lechos se paren,
que en el campo en sus entrañas removido no crezca,
que el sol se descamine y se despeñe el aire.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Eso y más, si es preciso, hasta que paralicen de asombro
los que aúllan por que España se acabe.
Esto y aún más veríamos…
Pero lo que veremos será en verdes laureles abrir los azahares.
Se han puesto rojos los azahares,
pero se volverán laureles frescos y verdes.
Madrid, corazón de España
Madrid, corazón de España,
late con pulsos de fiebre.
Si ayer la sangre le hervía,
hoy con más calor le hierve.
Ya nunca podrá dormirse,
porque si Madrid se duerme,
querrá despertarse un día
y el alba no vendrá a verle.
No olvides, Madrid, la guerra;
jamás olvides que enfrente
los ojos del enemigo
te echan miradas de muerte.
Rondan por tu cielo halcones
que precipitarse quieren
sobre tus rojos tejados,
tus calles, tu brava gente.
Madrid: que nunca se diga,
nunca se publique o piense
que en el corazón de España
la sangre se volvió nieve.
Fuentes de valor y hombría
las guardas tú donde siempre.
Atroces ríos de asombro
han de correr de esas fuentes.
Que cada barrio, a su hora,
si esa mal hora viniere
-hora que no vendrá-
sea más que la plaza más fuerte.
Los hombres, como castillos;
igual que almenas, sus frentes,
grandes murallas sus brazos,
puertas que nadie penetre.
Quien al corazón de España
quiera asomarse, que llegue,
¡Pronto! Madrid está lejos.
Madrid sabe defenderse
con uñas, con pies, con codos,
con empujones, con dientes,
panza arriba, arisco, recto,
duro, al pie del agua verde
del Tajo, en Navalperal, en Sigüenza,
en donde suenen balas y balas
que busquen helar su sangre caliente.
Madrid, corazón de España,
que es de tierra, dentro tiene,
si se le escarbara, un gran hoyo,
profundo, grande, imponente,
como un barranco que aguarda…
Sólo en él cabe la muerte.
Madrid, corazón de España,
late con pulsos de fiebre.
Si ayer la sangre le hervía,
hoy con más calor le hierve.
Ya nunca podrá dormirse,
porque si Madrid se duerme,
querrá despertarse un día
y el alba no vendrá a verle.
No olvides, Madrid, la guerra;
jamás olvides que enfrente
los ojos del enemigo
te echan miradas de muerte.
Rondan por tu cielo halcones
que precipitarse quieren
sobre tus rojos tejados,
tus calles, tu brava gente.
Madrid: que nunca se diga,
nunca se publique o piense
que en el corazón de España
la sangre se volvió nieve.
Fuentes de valor y hombría
las guardas tú donde siempre.
Atroces ríos de asombro
han de correr de esas fuentes.
Que cada barrio, a su hora,
si esa mal hora viniere
-hora que no vendrá-
sea más que la plaza más fuerte.
Los hombres, como castillos;
igual que almenas, sus frentes,
grandes murallas sus brazos,
puertas que nadie penetre.
Quien al corazón de España
quiera asomarse, que llegue,
¡Pronto! Madrid está lejos.
Madrid sabe defenderse
con uñas, con pies, con codos,
con empujones, con dientes,
panza arriba, arisco, recto,
duro, al pie del agua verde
del Tajo, en Navalperal, en Sigüenza,
en donde suenen balas y balas
que busquen helar su sangre caliente.
Madrid, corazón de España,
que es de tierra, dentro tiene,
si se le escarbara, un gran hoyo,
profundo, grande, imponente,
como un barranco que aguarda…
Sólo en él cabe la muerte.
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| TROPAS FALANGISTAS, POR FERRER DALMAU |
Los primeros años de la posguerra, los años 40 y principios de los 50, la producción literaria fue pobre, aunque la poesía mantuvo una cierta riqueza artística.
Miguel Hernández se convirtió en el principal literato de la posguerra, perteneciente a la Generación del 27 y al del 36. La mayoría de los autores pertenecientes a esta última generación continuaron su obra en el exilio, otros se quedaron en España y siguieron dos caminos:
La poesía arraigada expresa una visión del mundo optimista y esperanzada. Sus poetas se agrupan en torno a la revista Garcilaso que trataron temas tradicionales como el amos, el paisaje o la religión, compuestos en una métrica clásica como sonetos, tercetos y cuartetos. Sus principales representantes fueron Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, José García Nieto, Rafael Morales, etc.
La poesía desarraigada muestra en disconformidad con la realidad, en conflicto con el mundo y la realidad social que le toco vivir. Se encuentra lejos de la armonía y serenidad, y presenta un gran desasosiego existencial e indicios de protesta. Con un lenguaje violento y a veces tremendista exponen sus angustias y sus inquietudes históricas, muestran la solidaridad con el hombre y piden de manera exasperante a Dios una respuesta a su dolor. Es una poesía desazonada que se enfrenta con el mundo. Destacaron Vicente Aleixandre con Sombra del Paraíso y Dámaso Alonso con Hijos de la ira. Otros autores fueron: Ángela Figueroa, Eugenio García de Nora, Gabriel Celaya o Blas de Otero.
Ángela Figuera Aymerich utilizó un lenguaje llano, cuando en España estaban tan de moda los juegos y las lujuriosas metáforas de un García Lorca, de un Vicente Aleixandre, de un Rafael Alberti. Esta bilbaína sufrió toda clase de agresiones personales, y sobrevivió aún después de haber defendido valientemente su posición de libre-pensadora en una España fascista. En su Salve a España, se advierte esa voz desgarrada, abiertamente social, de la misma manera que, sin deseos de hacer de su poesía un canto personal, resulta personalísima:
A ti clamamos
los desterrados de ti,
que en ti vivimos extranjeros,
de tu raíz de ayer desposeídos,
de tu verdad de hoy eliminados,
a tu factura herencia no admitimos.
A ti llamamos
los huérfanos de ti en tu propios entraña,
los que a diario te aman y te sufren,
los que te llevan, ácida, en la sangre,
los que sus huesos sueldan con tus huesos
y no saben salvarte y balbucean
"que Dios te salve" por si Dios escucha.
A ti clamamos
los desterrados de ti,
que en ti vivimos extranjeros,
de tu raíz de ayer desposeídos,
de tu verdad de hoy eliminados,
a tu factura herencia no admitimos.
A ti llamamos
los huérfanos de ti en tu propios entraña,
los que a diario te aman y te sufren,
los que te llevan, ácida, en la sangre,
los que sus huesos sueldan con tus huesos
y no saben salvarte y balbucean
"que Dios te salve" por si Dios escucha.
Eugenio García de Nora fue el principal artífice de la poesía comprometida de la Posguerra. Publicó en otras revistas poéticas de la postguerra española, como Cisneros o Corcel. Su Pueblo cautivo, publicado anónimo en 1946, contenía una incisiva crítica del régimen franquista.
El principal exponente de la llamada poesía desarraigada fue su España, pasión de vida, escrita en 1953. Se trata de una poesía comprometida social y políticamente que tiene componentes noventayochescos y regeneracionistas, como muestran los siguientes versos:
¡España, España! ¡Pasión de sangre!
Amor de vida, amor de libertad
te canta en una aurora de destino.
Amor amargo de la patria
¡España, España! ¡Pasión de sangre!
Amor de vida, amor de libertad
te canta en una aurora de destino.
Amor amargo de la patria
Antonio Machado:
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.Españolito que vienes
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Aquel Pueblo cautivo inauguró la poesía social de los años 50, un tipo de poesía que se caracteriza por su objeto testimonial y por su intenso compromiso social y político: denunciar injusticias sociales, y analizar los problemas de España, siempre desde una óptica de solidaridad con los demás hombres, frente al intimismo y los problemas individuales.
El guipuzcoano Gabriel Celaya y el vizcaíno Blas de Otero fueron sus dos máximos representantes.
La biografía de Blas de Otero es la historia de una pasión creadora y la materialización de la salvación humana por la poesía. El verso se había convertido en una herramienta para tratar de cambiar el mundo:
Que mi voz brille libre,
letra a letra restregué
contra el aire las palabras.
Ah, las palabras.
Alguien heló los labios
bajo el sol de España.
Que mi voz brille libre,
letra a letra restregué
contra el aire las palabras.
Ah, las palabras.
Alguien heló los labios
bajo el sol de España.
Su extraño sentimiento hacia España, de amor y repulsión a la vez, lo llevaron al autoexilio a París afiliándose en 1952 al Partido Comunista, en él ve cristalizados sus ideales humanistas. Y a conocer al pueblo llano: convivió y trabajó con mineros, recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, y trabajó en lo que surgía. Su compromiso con el pueblo le hace escribir: Pido la paz y la palabra y escribir En castellano.
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| BANDO NACIONAL, POR JOSÉ FERRE CAUZEL |
Gabriel Celaya defendió la idea de una poesía no elitista, al servicio de las mayorías, "para transformar el mundo":
Cantemos como quien respira.
Hablemos de lo que cada día nos ocupa.
Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra.
En el poema debe haber barro,
con perdón de los poetas poetísimos.
La Poesía no es un fin en sí.
La Poesía es un instrumento,
entre otros, para transformar el mundo.
España en marcha es una de las poesías de la obra Cantos íberos publicada en 1555.
Nosotros somos quien somos.
Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.
Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.
¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.
Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.
No quiero justificarte
como haría un leguleyo,
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.
España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.
Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.
¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.
Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.
No quiero justificarte
como haría un leguleyo,
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.
España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.
El escritor guipuzcoano José Bergamín fue uno de los grandes literatos de la Generación del 27, siendo amigos de Salinas, García Lorca, Alberti, Cernuda, etc. Durante los primeros años de la restauración democrática y sus últimos años de vida en Fuente Heridos en Huelva, había escrito un estremecedor poema:
Fui peregrino en mi patria desde que nací,
y lo fui en todos los tiempos que en ella viví.
Lo sigo siendo, al estarme ahora y aquí,
peregrino de una España que ya no está en mí.
Y no quisiera morirme aquí y ahora,
para no darle a mis huesos tierra española.
Fui peregrino en mi patria desde que nací,
y lo fui en todos los tiempos que en ella viví.
Lo sigo siendo, al estarme ahora y aquí,
peregrino de una España que ya no está en mí.
Y no quisiera morirme aquí y ahora,
para no darle a mis huesos tierra española.
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| EL FRENTE, POR AURELIO ARTETA |





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