TRATADOS ARISTOTÉLICOS DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA


Pedro Martínez de Brea fue escritor, filósofo y teólogo, seguidor del pensamiento de Aristóteles y miembro del grupo de los aristotélicos cultos. Doctor por la Universidad de Alcalá, su obra más importante fue Tractus de animorum immortalitate (Tratado sobre la inmortalidad del alma) publicado en 1575. Fue continuador de la obra de Gaspar Cardillo de Villalpando, el gran restaurado del Aristotelismo español del Renacimiento.

TRATADOS ARITOTÉLICOS DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Pedro Martínez de Brea nació a principios del siglo XVI en Brea, Comunidad de Madrid. Fue conocido como Petri Martinez Toletani a Brea, su nombre latino con el firmaba sus obras. Su tío Sebastián Martínez de Brea fue partícipe del Concilio de Trento.

Estudió y enseñó Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares. En 1535, impartió clases de Física y ocupó la cátedra de Sumulas.

Posteriormente, fue catedrático de Prima de Teología en la Universidad de Sigüenza, Guadalajara, donde también desempeñó el cargo de cargo de canónigo magistral del cabildo de su catedral. Felipe II le presentó para obispo de Plasencia, y finalmente fue elegido obispo de Guadix sin que llegara a tomar posesión, pues falleció en 1581, en su villa natal de Brea.

Su obra es parte de una continuación de la obra aristotélica de Gaspar Cardillo de Villalpando. Con la intención de completar la labor de éste, realizó comentarios sobre varios tratados aristotélicos: Commentarii in libros Aristotelis de coelo et mundo, publicado en Alcalá, en 1561; Comentarii in libros Aristotelis de generatione et corruptione, en Alcalá, en 1561; In libros tres Aristotelis De anima commentarii, en Sigüenza, en 1575.

COMPLUTENSIS THEOLOGI DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Como Villalpando, se ocupó también de la controversia sobre la inmortalidad del alma en su libro Tractus celebérrima controversia de animorum immortalitate (Tratado más famoso sobre la controversia de la inmortalidad del alma), que publicó conjuntamente con el comentario De anima. El libro empieza señalando la dificultad de la cuestión y cómo el mismo Aristóteles es bastante oscuro al respecto, como si pretendiera ocultar su opinión o no la tuviese muy clara. Antes de entrar en la cuestión de la inmortalidad, expuso también la opinión que sobre el asunto tuvieron varios filósofos clásicos. Estas opiniones las redujo a tres:

1. en el hombre hay dos almas: una racional, espiritual e incorruptible, y otra sensitiva, material y corruptible.

2. el alma humana es sólo una, y ésta, de suyo, simpliciter, corruptible y mortal.

3. el alma humana es tan sólo una, y ésta simpliciter, incorruptible y mortal, y secundum quid, corruptible y mortal. Este última es la opinión del doctor Martínez, que se apoya para sostenerla en varios textos aristotélicos.

El argumento de Martínez de Brea se apoya en la siguiente disyuntiva: Si el alma humana tiene operaciones propias realizables sin el concurso del cuerpo, entonces es separable de éste y, por tanto, inmortal; si, por el contrario, no tiene operación alguna de esta naturaleza, no es separable del cuerpo ni inmortal. Ahora bien, es evidente que existen actos del alma que no requieren el cuerpo, como son las operaciones intelectivas, en las cuales el cuerpo no sólo no ayuda, sino que estorba la intelección, pues el entender no es acto que se reciba en ningún órgano corporal. En conclusión, el alma humana es separable del cuerpo y, por tanto, inmortal.

Martínez de Brea sostuvo que esta es también la opinión de Aristóteles, y para eso cita pasajes de diversas obras, aunque fundamentalmente se apoyaba en el De anima. Se basaba, especialmente, en los argumentos del libro III sobre la inmaterialidad del entendimiento agente; también lo hacía apoyándose en el análisis de las facultades apetitivas del hombre. Señalaba las diferencias entre el apetito sensitivo, que sólo atiende al tiempo presente, y otro intelectivo, que atiende al presente, pasado y futuro; de aquí se deduce que el alma humana trasciende el tiempo, por el apetito intelectivo; luego, es inmortal.

Aunque con defectos, la obra de Pedro Martínez destaca por su gran erudición sobre Aristóteles y sus comentaristas de todos los tiempos (clásicos, medievales, cristianos, árabes y contemporáneos suyos) y por su enorme capacidad de síntesis. A pesar de su Aristotelismo, consideraba siempre por encima a su santo Tomás de Aquino, como lo manifestó expresamente: "Et ratio Santo Thomas ob ipsius auctoritatem, magis me movet et amplius urget, quoniam et Aristotele erat Sapientior."

PHILOSOPHIA MAGISTRI DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

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