En el siglo XX surgió un debate sobre el Renacimiento español debido a la aparición de una corriente de pensamiento que negaba de forma sistemática su existencia.
En Alemania apareció una línea de pensadores que negaron la existencia del movimiento renacentista en España. Su promotor fue Wantoch con su libro Spanien, das Land ohne Renaissance, publicado en Munich, en 1927.
En esa línea Henrik Morf, en su libro Die Kultur des Gegenwrt, publicado en Leipzig, en 1909, escribió:
"La península Ibérica no tuvo un verdadero Renacimiento. Tomó de Italia muchos elementos renacentistas, sin consumar un rompimiento con la Edad Media."
V. Klemperer, en el capítulo Gibt es eine spanische Renaissance de su libro Logos, publicado en 1927, negó este movimiento porque no veía en el Renacimiento español "un liberarse el hombre terreno de las cadenas dogmáticas".
En la famosa Grundriss der Geschichte der Philosophie (Historia de la Filosofía), de F. Überweg, publicado en 1953, se siguió repitiendo la misma idea cuando afirmó que "Spanien hat keine eigentliche Renaissance erlebt" (España no ha experimentado un verdadero Renacimiento).
Hasta un filósofo español germanófilo como José Ortega y Gasset se contagió de esta idea cuando, escribió que "en España no ha habido de verdad Renacimiento ni, por tanto, subversión", en La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva, en Madrid, en 1958. Es evidente que Ortega, pensador intensamente germanizado, sólo seguía una tradición de origen alemán.
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| DEBATE DEL RENACIMIENTO ESPAÑOL |
La negación en bloque del Renacimiento español es totalmente exagerada. Nadie puede negar la existencia en España de un Renacimiento literario. Ahí están las obras de Boscán, de Garcilaso, de Quevedo o de Cervantes, los cuales no sólo visitaron y vivieron en Italia, sino que se hicieron eco ampliamente de la influencia italiana renacentista. Y no sólo en el ámbito literario; lo mismo puede comprobarse en los campos del arte y de la sociedad. El estilo plateresco en arquitectura o la pintura española de los siglos XVI y el XVIII constituyen amplia muestra de lo que ha sido.
En algunos aspectos, España ofreció incluso aportaciones propias y originales de su genio al espíritu renacentista. La novela picaresca es una de esas aportaciones características. Pero quizá la más importante y decisiva no sea ninguna de todas estas manifestaciones artísticas y literarias, sino el descubrimiento de América. Con este hallazgo, España contribuyó no sólo a la ampliación del horizonte geográfico del globo, tan característica del Renacimiento, sino a alguno aún más importante: la ampliación de los horizontes literarios y culturales. Ahí están los cronistas e historiadores de Indias, los planteamiento de nuevos problemas físicos, naturales y antropológicos, la vuelta a la mitología clásica por la evidente conexión de su hazaña con el mito de la Atlántida, de la Edad de Oro, del Paraíso Perdido, etc.
Sin duda, la obra La cultura del Renacimiento en Italia, que Burckhardt publicó en 1860, ha influido mucho en la negociación del Renacimiento español. Determinó el italiano como modelo renacentista, quedando automáticamente desechado todo el que no se ajustase al tópico. Pero se entraba así en contradicción con uno de los rasgos típicos del Renacimiento, como es el desarrollo de las nacionalidades. Naturalmente que el desarrollo del espíritu nacional implicaba la existencia de una personalidad diferencial en cada país, quedando así destruida la idea de un modelo único y fijo de Renacimiento para todos los países. Se negaba así la existencia de un modelo ejemplar de Renacimiento, considerándose, por el contrario, que lo característico de éste sería la manifestación nacional de una serie de tendencias que adquieren peculiaridades propias de cada país. El desarrollo de las distintas literaturas europeas en lengua romance no representaría más que una manifestación entre otras de esas peculiaridades nacionales. La conclusión es que España no se ajustase a un modelo de Renacimiento previamente establecido sobre el ejemplo de uno o varios países, nada indica en contra de su existencia.
Esta conclusión fue muy similar a la que definió Federico de Onís en el apartado El concepto de Renacimiento aplicado a la literatura española de su obra El sentido de la cultura española, publicada en Madrid, en 1932:
"Se han traído a la literatura española los conceptos de épocas de la historia literaria español los conceptos de épocas de la historia literaria de otros países en forma estereotipada y rígida, y se ha tratado de encajar lo español en un marco que a veces no corresponde a sus peculiaridades."Y este juicio, válido para toda la literatura española, lo consideró espacialmente pertinente aplicado al Renacimiento, sobre todo entre fines del siglo XV y principios del XVI, época en que:
"España crea y desarrolla su propia cultura, de la que proceden muchos elementos esenciales de la cultura europea, sin contar con los cuales esta no puede explicarse."
Onís tiene la certeza de la originalidad de España en ese periodo, en que esta se separa de Europa, en lucha moral y espiritual con ella. Ahora bien, si es cierto que esa lucha de ejércitos y principios está escrita en la historia universal. Lo está sólo "en los países que representan el triunfo de la actitud más opuesta a la de España", por lo que:
"no se puede esperar de ella una inteligencia y comprensión de los valores afirmativos y positivos que España creó y representó. La valoración de todo lo español que no es coincidente con lo europeo tiene que ser, naturalmente, negativa, y de ahí que se mire e España como una fuerza reaccionaria."
La conclusión que se impone es que, a fin de valorar las manifestaciones positivas, es necesario llenar esa laguna y escribir la historia del Renacimiento español desde el lado español. Por eso Onís dijo:
"Lo mismo se iluminó y se aclaró la historia de la Europa moderna desde el momento en que se descubrió a Italia y se partió de su Renacimiento como una base originaria de la comunidad de espíritu moderno, sería necesario descubrir a España y partir de su Renacimiento para explicar y entender otros desarrollos modernos que en España tienen su origen. Si no se ha hecho estos todavía sino muy insuficiente, ha sido porque la historia de España de este período ofrece un problema más difícil que ningún otro por su misma originalidad."
Aunque Onís reconocía que la idea del Renacimiento español es contradictoria y confusa, hasta el punto de decir "podemos saltar de un autor que nos habla como cosa natural y corriente de las grandezas del Renacimiento en España a otro que niegue que en España haya habido Renacimiento".
Su conclusión es que la alternativa negadora es absurda.
"Esta solución tan simplista está en contradicción con el hecho de que no hay en toda la historia un pueblo que haya sufrido en tan poco tiempo una transformación tan honda, general y duradera como la que España sufrió desde 1492 a 1536."
Y no solo esto, sino que:
"España, por virtud de su historia peculiar (su medievalismo más débil e imperfecto) y por las condiciones de su carácter, de adelantó entonces a todos los países."
En concreto, Onís señaló que:
"la monarquía hispánica y la conquista y la colonización de América son los fenómenos políticos más capitales del Renacimiento, donde se vio realizado perfectamente lo que antes parcialmente habían intentado algunos países y lo que después ha seguido siendo la aspiración de todos los demás, mejor o peor lograda en los siglos sucesivos."
Incluso, Onís hizo ver que el fenómeno religioso que se ha considerado como exclusivo de España es un aspecto en el que también se adelantó nuestro país a otros:
"La religión como función del Estado ha sido la fuerza más característica de la historia moderna, más aún en los países protestantes que en los católicos."
En definitiva, no se puede negar la existencia de un Renacimiento español en el campo de la literatura, del arte, e incluso de la historia.
Pero es más, el desarrollo cultural surgido en la primera mitad del siglo XVI bajo el movimiento erasmista demuestran la existencia de un Renacimiento filosófico español. Las obras de Luis Vives, Fernán Pérez de Oliva, Francisco Vallés, León Hebreo, Miguel de Servet, Juan Huarte de San Juan, Miguel Sabuco, Francisco Sánchez de las Brozas, Antonio Gómez Pereira, fray Luis de León, san Juan de la Cruz, etc., demuestran que realmente el Renacimiento se instauró en España. Es verdad que muchos de los autores de obras filosóficas y científicas vivieron en perpetua controversia con la Inquisición, igual de cierto es que al final pudieron realizar toda su obra, demostrando una vez más la existencia del Renacimiento filosófico.
Si se ha negado tal existencia desde la crítica y la investigación germánica fue debido a que sus autores han evaluado este hecho desde una perspectiva protestante y agnóstica. Estos tomaron los conceptos de Renacimiento y de Reforma como equivalentes. Es evidente que el Renacimiento español no se ajusta a los módulos alemanes e italianos impuestos por la crítica, y por tanto, esto conlleva a la inexistencia. Es más, llegaron a considerar que la Contrarreforma española representó una reacción contra el Renacimiento y la Reforma, sin analizar que esto no es así. Por el contrario, la Contrarreforma es una forma peculiar, y "nacional", de acuerdo con el más puro espíritu renacentista de entender el Renacimiento, y no es antagónica con la Reforma.
Todo esto planteó el problema de lo acertado o desacertado del término de Contrarreforma. Así, Marcel Bataillon, en la obra Erasmo y España, publicada en México, en 1966, rechazó este término:
"El erasmismo, tratado por Menéndez Pelayo y otros como una corriente aberrante, heterodoxa, está en estrecho contacto con los más granado de la Reforma católica, tan engañosamente llamada Contrarreforma."Y en otro lugar afirmó de manera rotunda que:
"Reforma y Contrarreforma son dos movimientos solidarios, a menudo difíciles de discernir."
El filósofo Federico de Onís coincide con estas afirmaciones, cuando caracterizó el Renacimiento español como un intento de integrar la cultura antigua (clásica, hebraica y primitiva cristiana) en una síntesis superior, y que "España logró en una grado superior a ningún otro pueblo". Y en este sentido reafirmó que:
"el catolicismo no fue tampoco en la España del Renacimiento un peso muerto del pasado, un poder negativo y reaccionario; fue, por el contrario, un poder activo y fecundo que no llegó nada, y menos que nada, la necesidad de su reforma."
En conclusión, la Contrarreforma española fue muy erasmista, y Erasmo de Rotterdam fue un gran renacentista. El Catolicismo fue un poder activo y fecundo, aunque la Iglesia católica lo llamaría muchas veces heterodoxia, y lo persiguiese con la Inquisición, que también existió en países como Alemania y Suiza. Pero la Contrarreforma no fue pues reacción contra la Reforma protestante, sino afirmación del renacimiento religioso hispánico, con reinados que potenciaron la separación cultural entre catolicismo y luteranismo o calvinismo. Si no es posible hablar de Reforma católica, la Contrarreforma fue catolicismo renacentista que sintetizó Renacimiento y Medievo, incluso con formación de una conciencia disidente, que ahogó el catolicismo por la fuerza.

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