DIMENSIÓN POLÍTICA DE LA GENERACIÓN DE 1914


Manuel Azaña lideró la lista de socios de la Liega de Educación Política, aportándole así un carácter eminentemente político de la Generación de 1914, la primera generación intelectual española deliberadamente política. Si para Ortega, la política es la labor de determinación que realizan los más cultos sobre los menos cultos de una nación, resulta evidente la necesaria función política de los intelectuales.

Esta fue la primera generación española plenamente universitaria, que contaba con un filósofo como José Ortega y Gasset. Como escribió en Obras completas, había propuesto a los miembros de su propia generación una triple alternativa: "O se hace literatura, o de hace precisión, o se calla uno."

Ante esta tesis, Azaña eligió la segunda opción al objeto de aplicarla a la actividad política, reclamando para la inteligencia en España un papel semejante a la que esta tiene en Francia. El intelectual Azaña quería "hacer precisión" en el ámbito de la política como otros miembros de su generación lo hicieron en otros ámbitos profesionales; con ello no hacía sino ser fuel a uno de los rasgos que caracterizaron dicha generación y que ya había sido señalado por Ortega cuando afirmaba el predominio de los valores políticos en el área de la socialización española.

GENERACIÓN DE 1914

Azaña escribió que "nada es más urgente en España que el concurso de la inteligencia pura en las contiendas civiles". Por eso, para él, la acción política se presentí como "un movimiento defensivo de la inteligencia". La diferencia con Francia era abismal; mientras allí la inteligencia ostentaba una evidente afinidad emocional con el resto de la sociedad como cabeza de un mismo cuerpo, en España cabeza y cuerpo están disociados, los que exigía un esfuerzo mucho mayor de la inteligencia española, pues su función política era más amplia y ambiciosa.

El afán de Azaña era convertirse en un científico y un técnico de la política, siguiendo la norma ortegiana del "hacer precisión". En este afán se inspiró su elogio de El Escorial como producto del "esfuerzo atinado" y de "la pericia profesional". Todo esto le llevó a buscar su inspiración en Maurice Barrés, donde convergían sensibilidad y razón, si bien en sentido distinto al propugnado para España. En el barresismo de Azaña, la sensibilidad política tenía un carácter modernista que la convertía en el punto más alto de la cultura personal, mientras que la razón de Azaña era la razón europeísta del buen científico y del político acertado. Esta unión de sensibilidad y razón fue el "precepto que orientó la actividad política y reformista de la generación de 1914", según La vocación de Manuel Azaña, escrita por J. Marichal. Ambos fueron encarnación de la doble aspiración de esa generación: "hacer precisión" y "hacer literatura", al mismo tiempo. La frase de Marichal es muy esclarecedora:
"Aquellos nobles españoles de la generación de 1914 querían realizar un proyecto vital quizá quimérico, pues quisieron ser simultáneamente "lengua" y "manos" de una nueva España."

En palabras de Ortega, se diría que trataron de dar una nueva vida a "la gema iridiscente de la España que pudo ser", dando a esta expresión todo su sentido utópico, que culminaría con el segundo intento republicano. Como escribió Marichal, una vez más:
"El Azaña de 1931 representó, sin duda, la continuidad de la "nueva visión política" de los intelectuales españoles de la generación de 1914."

En este sentido, Azaña además de encabezar la lista de miembros de la Liga de Educación Política, terminó siendo primer ministro y símbolo del Régimen republicano.

MANUEL AZAÑA

El símbolo de esta dimensión política de la Generación del 14 y de su afán de renovación cultural fue el Monasterio de El Escorial. A este monumento se refirió reiteradamente Ortega y Gasset, que iniciaba la "Meditación preliminar" de sus Meditaciones del Quijote con una evocación del monasterio a la que llamaba "nuestra gran piedra lírica" y del bosque que lo circunda "la Herrería", para transmitirnos sus primeras ideas filosóficas. Pero quien mejor supo reconocer este valor simbólico de la obra de Felipe II fue sin duda Manuel Azaña. En Obras completas, publicado por Ángel Gavinet, Azaña dejó escritas inspiradas frases sobre la misma:
"El monasterio es obra española, aunque no lo parezca por su rara perfección, su intensidad y la armonía de esfuerzos que publicaban. En España, cubierta de proyectos en ruinas, no hay obra de su grandeza concebida, trazada y hecha con tales orden y tino, sin desmayo, pegotes, cortes ni fracaso. Ni acción comparable, ideada con brío mental del genio y resulta con la elegancia de una demostración geométrica. Es bueno que San Lorenzo pregone la realidad del esfuerzo, la tensión conducente a la verdadera maravilla de la obra: su importancia en el orden de la creación espiritual… No basta que el rey mande construir San Lorenzo. Mucha gente ha de quererlo además (aparte de la sabiduría profesional) el triunfo de voluntades múltiples fijadas por el fin común. Sin el saber ni la destreza periciales, la voluntad pujante habría sido impotencia, monstruoso delirio, fracaso. El placer más vivo es contemplar como el impulso original clamante se resuelve en la armonía grave donde yace el prisionero. Uno es el voto del rey, otra la energía espiritual creadora. Fundador es el esfuerzo atinado, no el rey que promete. Lo español permanece en la obra. El voto regio es político y se disipa. La energía cuajada en El Escorial se petrifica la voluntad de dominio, cobran estilo el esfuerzo tumultuoso de las armas, la razón política que las mueve… La Corona se valió de la energía combatiente, de la energía colaboradora, pero se gota mucho antes que los fines europeos y católicos. De suerte que lo español se despliega en ocasiones que no son españolas puramente. La acción exterior no impidió al genio español manifestarse; antes, le dio motivo para que se manifestara."

MONASTERIO DE EL ESCORIAL

Esta fuerza inspiradora de El Escorial impulsó la obra política de Azaña. Siendo presidente del Ateneo madrileño, estaba ya pensando en esa obra y en la aportación a ella que desde el Ateneo se puede realizar.

La II República no se había fundado aún, pues estaba en noviembre de 1930, ni se podría imaginar el papel que Azaña jugaría en ella, y sien embargo terminó siendo presidente.

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