Los acontecimientos decisivos en el nacimiento de la nueva generación son dos acciones públicas de quien fue la cabeza visible y caudillo espiritual, José Ortega y Gasset. En 1914, publicó el filósofo madrileño su primer libro, Meditaciones del Quijote, que llevaba en su seno una nueva filosofía y toda una teoría de la realidad. No es cierto, sin embargo, lo más importante en aquel momento; mayor transcendencia inmediata tuvo desde un punto de vista social la conferencia que dio en Madrid el mismo filósofo el 23 de marzo de 1914 bajo el título Vieja y nueva política. Esta conferencia fue el acto público de lanzamiento de la recién creada Liga de Educación Política, en otro de 1913, cuyo prospecto fundacional tenía un carácter de clara ruptura con el pasado y de incitación a un provenir más dinámico y esperanzado.
El panorama que presentaba de la Restauración en ambos textos, Prospecto de la Liga de Educación Política y Vieja y nueva política, tenía el carácter de algo muerto o en vías de definitiva defunción. Así lo explicaba Ortega en sus Obras completas:
"Nuestra mocedad se ha deslizado en un ambiente ruinoso y sórdido. No hemos tenido ni se nos ha enseñado la disciplina de la esperanza. Hemos visto en torno, año tras año, la miseria cruel del campesino, la tribulación del urbano, el fracaso sucesivo de todas las instituciones, sin que llegara hasta nosotros rumor algunos de reviviscencia."
En su conferencia, Ortega fue aún más radical:
"Toda una España con sus gobernantes y sus gobernado, con sus abusos y con sus usos, está acabando de morir (…). Asistimos al fin de la Restauración, crisis de sus hombres, de sus partidos, de sus periódicos, de sus procedimientos, de sus ideas, de sus gustos y hasta de su vocabulario; en estos años, en estos meses concluye la Restauración la liquidación de su ajuar; y si se obstina en no morir definitivamente, yo os diría a vosotros… que nuestra bandera tendrá que ser esta: la muerte de la restauración; Hay que matar bien a los muertos."
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| GENERACIÓN DE 1914 |
Esta crisis de la Restauración se manifestó en la incapacidad de los partidos políticos. Ortega fue radical al respecto; si al partido liberal se limita a desearle "una muerte feliz", con relación al conservador se muestra insobornable al declarar que "representa la exacta contradicción de nuestra sensibilidad", razón por la cual la trajo "menos que ningún otro de los grandes partidos". A pesar de lo cual creyó que sólo de la política puede venir la salvación de España, y de ahí su iniciativa pública lanzada para "defender, por medio de una crítica atenta y sin compromisos, cuando va surgiendo en nuestro país con caracteres de aspirante vitalidad, contra las asechanzas que mueven en derredor todas las cosas muertas o moribundas". A ese fin se propuso la creación de "una minoría encargada de la educación política de las masas", puesto que toda "verdadera educación nacional” debe ser “educación política". Y estos como consecuencia de que "no existe en nuestro país otro órgano de socialización fuera de la política"; frente a los que ocurría en Francia, donde la literatura y los valores literarios ejercían una función social, lo mismo que en Alemania ocurría con la ciencia y la industria o en Inglaterra con el comercio y la técnica, "en España, por el contrario, son los políticos los únicos valores dotados de plena energía social".
Ahora bien, ¿cuál es el contenido doctrinal de esa educación política? Las indicaciones al respecto no son muy precisas; hay que tener en cuanta que no se trata de un partido y carece de una vocación inmediatamente electoralista.
"Somos un grupo nacional y todavía extraparlamentario, formado por gentes de oficio conocido y libres de apresuramientos (…). Nos aproximamos como contingente auxiliar a aquellos partidos de gobierno que circunstancialmente coincidan con nuestras opiniones o que menos las contradigan. Dispuestos a no divinizar vocablos, vemos en la eficacia la norma de acción pública."
Desde un punto de vista doctrinal, se mueven entre el Liberalismo y el Socialismo. Por un lado, decían: "Estamos ciertos de que un gran número de españoles concuerdan con nosotros en hallar ligada la suerte de España al avance del liberalismo", pero al mismo tiempo rechazaban "la forma individualista de liberalismo" y esto parece acercarles al Socialismo, si a continuación no dijesen: "tampoco el credo socialista es suficiente". El resumen de este debate puede hacerse diciendo que asumían el impulso genérico y moral del Liberalismo, poniéndolo al servicio de una nueva organización de España, pretensión organizativa que envidiaban al partido socialista; de aquí su afirmación:
"Nuestra asociación marchará junto al socialismo sin graves discrepancias. Pero no podemos coadyuvar a sus negociaciones. Pero nosotros, existe el problema nacional; más aún; no acertamos a separar la cuestión obrera de la nacional."En una palabra: Liberalismo y Nacionalización, como lemas básicos de su "educación política". Es esta actitud precisamente lo que explica su posición ante las formas de gobierno que tanto envenenaba la opinión de la época; para ellos, se trata de una cuestión de medios y formes, y por eso se declaran "monárquicos sin lealismo", es decir, monárquicos con una condición: que la monarquía se nacionalice; precisamente por no haberse ésta nacionalizado acabarían todos ellos demandando el advenimiento de la República años después.
Por el momento, se limitaron a pedir un cambio, una "nueva política" frente a la "vieja": "Nueva, desde sus bases hasta sus cimas, desde sus axiomas a sus últimos corolarios, desde sus emociones hasta sus términos". Esta novedad consistió, en primer lugar, en recusar la Restauración y sus males congénitos:
1. el amo a la ficción jurídica y al orden público, contentándose con la exterioridad y las apariencias.
2. la corrupción organizada y el turno de los partidos como motor de esa corrupción.
3. el estímulo de la incompetencia, en todos los sectores y a todos los niveles.
El resultado de este cambio ha de ser una nueva actitud histórica y una llamada a la vitalidad nacional; frente a una "España imperante", simplemente "una España en buena salud, nada más que una España vertebrada y en pie".
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| JOSÉ ORTEGA Y GASSET, POR JOAQUÓN SOROLLA |
En realidad, bajo este impulso funcional de Ortega se ocultaba una nueva formulación del Liberalismo, a la que venía dedicándose desde unos cuantos años antes. Como escribió Juan Marichal en La crisis de fin de siglo. Ideología y literatura, de 1975, "sus esfuerzos políticos, entre 1907 y 1909, van a centrarse en la elaboración de una teoría del nuevo liberalismo".
Para Ortega, Liberalismo es:
"aquel pensamiento político que antepone la realización del ideal moral a cuanto exija la utilidad de una porción humana, sea esta una casta, una clase o una nación."
Ahora bien, esta idea del Liberalismo ha sido mejor recogida por el Partido Socialista, representante de "la comunidad del antiguo liberalismo", mientras que ha sido traicionada por el Partido Liberal; de aquí que ponga la creación de una Partido Liberal Socialista, que de haga cargo de ese impulso moral de cambio y de renovación. En esa aspiración se anclaba el Socialismo ortegiano, donde se fundía la idea de Socialismo como fuerza europeizadora de España con función central de carácter educativo. Así lo expresa explícitamente:
"Para mi socialismo es cultura… El hombre es hombre en cuanto es capaz de cultura… tiene el socialismo en España esta tarea que cumplir: imponer la cultura, es decir, la seriedad científica, la justicia social. El partido socialista tiene que ser el partido europeizador de España."
Por otro lado, Marichal reconoció "la admiración que sentía su autor (Ortega) por la labor educativa de los socialistas". El vínculo que establecía Ortega entre educación y Socialismo como vías para la reforma española fue patente en su predilección por dos grandes figuras de su tiempo, como se refleja en este párrafo:
"Hay (en España dos) santos laicos: Pablo Iglesias es uno. Don Francisco Giner es otro: ambos los europeos máximos de España."
Socialismo y educación iban juntos, si bien su admiración por el primero se vio recortada por el hecho de ser un partido de clase y tener un carácter internacionalista; sólo si abandona ambas opciones y se nacionaliza plenamente podría ejercer plenamente la función que le está encomendada. En Obras completas, Ortega reconocía que:
"El día que los socialistas españoles abandonaran las palabras abstractas y reconocieran que padecen, no sólo como proletarios, sino como españoles, harían del partido socialista el partido más fuerte de España."
Las relaciones de Ortega con el Socialismo fueron, sin embargo, enfriándose a partir de 1913. La adscripción de los socialistas al republicanismo, alejándose de las tesis "accidentalistas" que defendía Ortega, así como la fragmentación de los partidos tradicionales, abrieron la oportunidad a los grupos intelectuales que fundaron la Liga de Educación Política, cuyo primer acto público tuvo lugar el 23 de marzo de 1914 en el teatro de la Comedia. Su conferencia Vieja y nueva política congregó a un amplio grupo de intelectuales y su texto incluía una lista de intelectuales pertenecientes a la Liga muy significativa. Entre estos estaban: Manuel Azaña, Pablo Azcárate, Ramón de Basterra, Constancio Bernaldo de Quirós, Américo Castro, Enrique Díez-Canedo, Manuel García Morente, Lorenzo Luzuriaga, Salvador de Madariaga, Federico de Onís, ramón Pérez de Ayala, Gustavo Pittaluga, Cipriano Rivas Cherif, Frenando de los Ríos, Pedro Salinas, etc.
Posteriormente salieron de este movimiento la fundación de la revista España, en 1915, por Ortega (luego dirigida por Luis Araquistain y Manuel Azaña) y el diario El Sol, fundaron Nicolás María Urgoiti y José Ortega y Gasset, en 1917. Entonces, la Generación de 1914 estaba ya constituida y en pleno ejercicio de sus actividades. Y, como escribió Marichal en La generación de los intelectuales, en esas publicaciones se expuso "la teoría de una nueva España liberal que se transformó finalmente en una realidad institucional en 1931".


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