RENACIMIENTO FILOSÓFICO


La Filosofía derivada del Renacimiento europeo del siglo XVI se caracterizó por una serie de rasgos distintivos, de los cuales hubo tres que siempre destacaban:

1. Una crítica a fondo de las doctrinas filosóficas medievales, en especial del Escolasticismo y del Aristotelismo, lo que llevó a una renovada influencia del Platonismo, del Neoplatonismo e incluso del Agustinismo.

2. Una vuelta a la filosofía grecolatina en sus fuentes originales, lo que llevó con frecuencia a sustituir las doctrinas medievales por otras que consideraban más acordes con su interpretación original.

3. Un rechazo del criterio de autoridad del que tanto se había abusado durante la Edad Media. Por supuesto, esto llevó a una actitud de libertad intelectual desconocida durante todo el período medieval, si bien nunca se rechazaría totalmente dicho criterio. En gran parte, lo que ocurrió no es que se rechazasen las autoridades, sino que se negaban las autoridades medievales para apoyarse sólo en las autoridades de filósofos clásicos. En cualquier caso, el aumento de libertad crítica fue considerable con respecto a la etapa histórica anterior.

El historiador y filósofos Menéndez Pelayo definió como caracteres los siguientes:

1. reacción contra el Escolasticismo

2. estudio y difusión de las lenguas antiguas, lo cual es más cierto desde el punto de vista filosófico que desde el literario, pues en lo que tocaba a este último se potencian mucho las lenguas vulgares

3. búsqueda de la inspiración filosófica en fuentes originales, procurando alejarse de las interpretaciones tradicionales

4. desarrollo de trabajos de investigación filosófica, que buscaban apoyo y esclarecimiento en la hermenéutica filológica

5. rechazo de las sutilezas y sofisterías de la última escolástica medieval

6. importancia de los métodos de observación, procurando que la razón no se disociase nunca de la experiencia natural

De acuerdo con estas características, el éxito de la filosofía renaciente estuvo determinado por su aspecto negativo (crítica de las consecuencias extremas de la filosofía medieval) que por su aportación positiva. En este sentido, se ha considerado el Renacimiento filosófico como una etapa de tránsito entre la Edad Media y la Edad Moderna, que preparaba el terreno para el gran desarrollo filosófico del siglo XVII: Empirismo británico y Racionalismo continental.

Sin embargo, existió una actitud filosófica coherente que caracterizó el Renacimiento y en la que figuran unos cuantos pensadores eminentes. Esta actitud estuvo dada por el profundo origen religioso de la actitud renacentista.

El término de "Renacimiento" fue acuñado por el historiador Jules Michelet en el siglo XIX no solo para referirse al resurgir de las artes y la literatura, sino también para denominar al nuevo hombre de la Modernidad que escapó del oscurantismo del Medievo. También Hildebrand aludió a la palabra "Renacimiento" como el segundo nacimiento del hombre, tratándose del hombre nuevo y hombre espiritual, al que aludían san Juan y san Pablo.

En este sentido, el Renacimiento se interpreta como el nacimiento del hombre a una vida verdaderamente humana, que se busca mediante un regreso del hombre a sí mismo: regreso a los orígenes, a lo natural, donde el hombre toma pie para desarrollar sus potencialidades. Así se produce el retorno a la Naturaleza en el arte, la consideración directa y empírica del mundo en la ciencia y la vuelta a la Antigüedad clásica como inspiración.

Desde este punto de vista, no hay en el Renacimiento una imitación histórica en un encuentro del hombre consigo mismo y un desarrollo indefinido de sus posibilidades. En definitiva, se trata de lograr es esta actitud una potenciación de la personalidad y de la individualidad humana, lo que sólo puede hacerse mediante un acrecentamiento de la libertad crítica y creadora, que caracteriza radicalmente al Renacimiento. El hombre libre, y el Humanismo que centró en él su atención, fueron el eje de la filosofía renacentista que hizo del hombre un microcosmos, con una función mediadora y central en la economía del Universo, convirtiéndolo en “cúpula del mundo”, según los filósofos renacentistas Marsilio Ficino, Pico della Mirandola y Pietro Pomponazzi.

Ahora bien, esta libertad crítica no podía mantenerse dentro del carácter gremial que tenía la reflexión filosófica en la Edad Media, encauzada a través de las distintas órdenes religiosas: dominicos, franciscanos, agustinos. La actividad filosófica se convirtió en patrimonio de la libertad creadora de los individuos, que deben acogerse a la protección de los grandes de la época: corte, mecenas, burgueses, etc. Así, en el orden concreto de la filosofía se comprueba el carácter “flotante” de la inteligencia en la nueva sociedad y cómo el pensador humanista se encontraba necesariamente vinculado al nacimiento del Capitalismo.


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